Red Velvet

Capítulo 23: Regalo

Se sentía sucia.

Se sentía una pecadora.

Se sentía…

Ni siquiera podía describirlo.

Era la sensación que tuvo al mensajearse con Ruby aquella noche, la misma, pero mucho peor. Estar en su casa, con ESA COSA, era algo que no imaginó jamás. Se mordió el labio, mirando la caja que estaba dentro de su bolso. Era su cartera más grande, y no parecía que llevase algo inusual, pero ella sabía que había algo prohibido ahí dentro, así que obviamente iba a andar paranoica.

Respiró profundo.

Debió pagarle un extra a Coco, por comprarle aquel artefacto y por no decir nada al respecto. Su silencio vale caro, y no era dinero lo que esta quería. Le prometió que iban a salir a uno de esos lugares bohemios donde esta iba seguido, y que iba a quedarse en silencio sin huir despavorida. Hubiese preferido simplemente pagarle con dinero, pero para alguien prácticamente tan rica como ella, eso era innecesario.

Obviamente Coco iba a apreciar más el poder burlarse de ella en persona, ver su rostro aterrado o disgustado o algo así. Era una sádica, aunque fuese una muy buena amiga.

Ir ella misma a comprar a un lugar así, era impensable, no sabía ni que pedir ni podría pronunciarlo siquiera, ¿Sería capaz de hablarle al vendedor? Probablemente no. No quería ni imaginar a alguien viéndola entrar. Lo otro era comprar con su tarjeta, si, había sacado una diferente a la usual, a escondidas de su padre, en caso de que este espiase sus cuentas bancarias, sin embargo, le aterraba que llegase el paquete a su oficina, o que llegase a su casa. Oh no, no podría. No podía confiar en que tan discretos eran esos lugares.

Al final, Coco fue a su oficina, calmada como siempre, y le entregó el paquete. Eran cercanas, la gente sabía que ambas eran amigas desde hace tiempo, así que no era extraño el verla en su oficina a veces sin anunciarse, o simplemente exigiendo una cita con ella.

Le agradeció, y solo esperaba que esa salida no le costase la vida.

Salió de su casa, ocultando el paquete en su bolso. Ya había entrado con el a su casa, pero salir, ya para ser ocupado, era aún peor. Se mordió el labio y salió deprisa. Incluso salió más temprano de lo normal para que no entrase nadie a su habitación a limpiar y lo encontrase.

No, no, se lo imaginó una vez y fue horrible.

Se sentía tan paranoica respecto a todo el tema de usar ese juguete con Ruby que ni siquiera asimiló aquellos desagradables momentos con los periodistas acercándose a ella por la entrevista de ese día. Era como que su cerebro estaba tan consumido por la adrenalina y la ansiedad que no tenía espacio para más preocupaciones. Agradeció a Ruby por eso.

Era algo fuera de personaje, lo sabía, y tampoco le gustaba que pensaran de ella de una forma similar. Prefería que siguieran pensando en ella como una mujer dura y rígida, al menos eso le daba algo de poder frente a otros. Sentirse humana y vulnerable no era lo que quería mostrarle a los demás.

Por eso le gustaba Ruby, por eso le gustaba estar junto a ella, porque podía sentirse humana y vulnerable, pero se sentía a salvo, se sentía bien, se sentía como ella misma, no como la persona que fue criada para ser. Y Ruby, ella no la iba a juzgar, por eso mismo quería pagarle con la misma moneda.

Aún así…

Llegó a la casa de Ruby, y sintió que su rostro estaba completamente rojo de pura anticipación. Se paró frente a la puerta, cambiado su pie de apoyo a cada segundo, sintiendo su cuerpo sudar bajo su ropa, incluso ante lo frio del ambiente. Pronto llegaría el invierno, y siempre sufría en esta época, con las nevadas, con las heladas, pero jamás se había sentido así de hirviendo bajo su abrigo.

Si la cosa seguía de esta forma, no pasaría un frio invierno.

No golpeó la puerta, así que cuando Ruby abrió la puerta, dio un salto. Estaba avergonzada, moviéndose nerviosa, así que aquello la hizo perder el equilibrio. Creyó que iba a caer, pero no contaba con los buenos reflejos de la mujer. Sintió la mano ajena en su cintura, sujetándola, los ojos plateados observándola con preocupación, grandes, atentos.

"¿Estás bien?"

Asintió, su voz desapareció por completo. Ya se sentía avergonzada, y ahora era mucho peor. Intentó recobrar su postura, su control, más no era capaz. Se vio abrazando su bolso, ardiendo. Ruby la sostuvo hasta que tuvo ambos pies bien parados en el suelo. Tembló de nuevo con la cercanía, con el calor de la mujer a través de su ropa.

Ruby llevaba una chaqueta de cuero sobre una sudadera y jeans. Se veía muy adulta, y muy linda. Verla así de cerca la dejó con las rodillas débiles. Sentía que se iba a desmayar si la cosa seguía así. La mujer la hizo pasar, pero en cuanto esta cerró la puerta, el calor ajeno la atacó. Ruby tenía las manos apoyadas en la pared, a los costados de su cuerpo, y se vio acorralada. Su bolso era lo único que separaba sus cuerpos, e incluso podía sentir aquella caja a través del material, haciendo presión en su estómago.

La expresión de Ruby la hizo sentir de inmediato húmeda, y no podía creer como podía ser tan débil ante la mujer. Esta le sonreía, sus dientes brillando al igual que sus ojos, notaba la lujuria expirando de su cuerpo.

"¿Estás nerviosa por algo, Weiss?"

Oh.

No pudo aguantar la mirada, y de inmediato la bajó, llegando de nuevo a su bolso.

Era demasiado obvio, ¿No?

Ruby le había dicho exactamente que quería de regalo y ella lo compró, así que era obvio que esta sabía lo que había traído y cuál era la razón de su vergüenza. Sintió la mano ajena en su mandíbula, y se vio levantando la mirada. Los ojos plateados estaban observándola, devorándola, incluso notó como esta se relamía los labios.

"Vamos, Weiss, ¿Lo estás?"

Tragó pesado, entrando en calor, aún más calor. Asintió levemente. Notó como esta se mordió el labio en respuesta, y eso fue una de las cosas más sexys que la mujer había hecho, y si no estaba húmeda antes, ahora ciertamente lo estaba. La vio mientras esta soltaba un suspiro, su expresión candente cambiando por un momento. Recuperando su compostura.

"Me estás volviendo loca, en serio, yo tenía autocontrol antes de conocerte ¿Que me has hecho? Te veo y no puedo alejarme de ti."

Ruby se acercó más, dirigiéndose a una de sus orejas. Su voz sonó rasposa, intensa. El bolso seguía separando sus cuerpos, pero eso no evitó que la mujer se abalanzara sobre ella.

Abrió la boca.

Quería decírselo.

Comunicación.

"...Me pasa igual..."

La mujer la miró, y notó incredulidad en su expresión, pero al final esta pareció notar la honestidad en sus palabras y le dio una sonrisa.

"Entonces me alegro de que tengamos eso en común."

Sintió su corazón latir con fuerza. Una vez más Ruby haciendo que se enamorase más. Esperaba que esta no escuchase sus latidos, pero era obvio que podía oírla. Estaban muy pegadas, y podía sentir su propia yugular palpitar en su cuello.

No le importaba no estar en una relación, la que tenía ya era suficiente, y Ruby se sentía tan ensimismada en lo que tenían que no era de un solo lado o algo similar. Ambas sentían algo por la otra. Ya fuese amor o lujuria. No, ahora que lo pensaba, Ruby debía quererla bastante y apreciaba cada acto que hacía por ella. Insistía, era más de lo que otras personas hacían por ella. De una u otra forma, eran más que amigas, y era más de lo que necesitaba. Ambas recibían algo de la otra, en un mutuo acuerdo.

Pudo sentir los labios cálidos de Ruby en su cuello. Aun ni siquiera se sacaba el abrigo, así que el sudor comenzaba a aumentar poco a poco, con cada beso. Se sentía hirviendo. Las manos ajenas seguían en la pared tras ella. Empezaba a perder el aliento, sentirse así, era algo único que jamás había experimentado. Estaba realmente acorralada, sintiendo el torso ajeno abalanzándose sobre ella.

No sabía en qué punto su relación se había vuelto tan sexual, pero para ser honesta, no le molestaba. Al fin estaba teniendo todo el sexo que se propuso hacer cuando entró por primera vez al Red Velvet. De hecho, estaba teniendo el sexo que no tuvo en todos esos años. Que ilusa el perderse algo así.

Sus manos soltaron su bolso de piel y llegaron al cuero sintético de la chaqueta de Ruby, aferrándose a ella, y a la vez acercándola más a su cuerpo, deseándola aún más cerca, pero el bolso seguía entre ellas, evitando que sus cuerpos se unieran por completo. Tal vez era lo mejor, una señal o algo, no lo sabía, pero era difícil pensar en ese momento. Su cerebro se llenaba de bruma, y solo podía pensar en la cercanía. Ruby mordió su cuello, parte de lo que era visible, y se vio soltando un gemido. No quiso soltar ningún sonido, porque sabía que la mujer perdería el control por completo, si es que no lo había perdido ya. Sus jadeos resonaban por todo el lugar, así como sus manos raspaban la pared, sentía la urgencia en esta, como un animal hambriento.

Miró a su alrededor, no quería hacerlo en la entrada como esa vez. Si, le avergonzaba ese hecho, pero aún más el haber manchado el piso con su orgasmo, y que pasara eso era inconcebible, quería mantener algo de dignidad.

Necesitaba encontrar una forma de detener a Ruby.

Algo que de verdad la hiciese controlarse.

Recordó algo que pensó antes, sobre defensa propia. Tal vez era una buena opción.

Subió las manos, contorneando la figura de Ruby por sobre su ropa, y aunque se quiso quedar ahí, tuvo que seguir subiendo hasta llegar al cuello de esta. Aferró sus manos en la cálida zona, y mantuvo la presión suficiente para llamar la atención de la mujer. Pensó en sus clases de defensa personal, en como desmayar a alguien, y sabía exactamente que tenía que hacer como que no tenía que hacer. Por algo tenía claro donde apretar sin causar daño alguno, y si bien era solamente para detenerla, se sentía demasiado bien el tener el cuello grueso de Ruby en sus manos, el sentir los latidos en sus palmas y lo duro de su tráquea en sus dedos.

Eso era egoísta de su parte, sí, pero cuando Ruby levantó la mirada, notó una mueca de satisfacción en su rostro, cierta emoción incluso. Las manos ajenas se movieron finalmente para sujetarla de las muñecas, y creyó que iba a hacer que la soltase, sin embargo, esta solo sonrió, sin hacer movimiento alguno para zafarse, más bien, parecía mantenerla en esa posición. Estaba presionando la carne, pero solo sujetándola, nada más que eso, sin ejercer más presión de la necesaria.

Oh, pero las manos de Ruby, y el rostro de esta, parecían querer más de eso.

"¿Perdí el control de nuevo?"

Ahora que lo pensaba, si, había sido así. Por un segundo olvidó la razón de su movimiento.

Notaba los plateados más despejados que hace unos momentos, pero notaba la emoción en su rostro, y realmente no sabía qué hacer. Ruby estaba acostumbrada a estas cosas, sabía sus propios límites, sin embargo, ella no era así, no tenía idea de que estaba haciendo. Todo era por instinto, prueba y error. Le molestaba tanto como le agradaba.

Intentó quitarse la imagen lujuriosa de la mujer de su cabeza, y enfocarse en la razón por la cual la tenía sujeta. Debía decirlo.

"No quiero hacerlo en la entrada."

Ruby pestañeó, volviendo en sí. La vio como esta comenzó a mirar alrededor de reojo, dándole una sonrisa de disculpa, volviendo a tener ese aire infantil. Al notar esa expresión, soltó su agarre del todo, y se vio dejando sus manos en el pecho de Ruby. Estaban tan cerca, que quedó ahí de manera natural, e intentó no pensar demasiado para no entrar en calor, como si fuese cualquier otra parte de su cuerpo. Cualquier parte inocente de su cuerpo.

La piel de Ruby era más bronceada que la propia, pero aun así podía notar la marca pálida de sus dedos en el cuello de esta, poco a poco desapareciendo. Le gustó ver marcas de Ruby en su cuerpo, pero no creyó que le gustaría de la misma forma el ver sus marcas en la piel de la mujer. Quería dejar más marcas en ella, esperaba tener una oportunidad para eso.

Al menos ahora podía dar por hecho que su agarre era capaz de detener a Ruby en su instinto más primario.

"Cierto, cierto, lo siento. ¿Quieres subir entonces?"

Ruby le preguntó, mientras la ayudaba a sacarse el abrigo, caballerosamente como usualmente era, para luego colgarlo. Realmente había cambiado de un segundo a otro. Asintió en respuesta, volviendo a sujetar su bolso como si tuviese un tesoro dentro.

Bueno, lo era, en parte.

Se vio caminando, avanzando por la casa hasta las escaleras, subiendo, la mujer siguiéndola de cerca. Podía sentir la mirada de esta en sus piernas, ya tenía experiencia notando aquello. Muchos la miraron así, pero solo quería esos ojos plateados observándola, ningún otro.

Dejó su bolso en el escritorio, sintiéndolo aún más pesado que antes, y se quedó mirándolo, sin saber cómo proseguir. Dio un salto cuando las manos ajenas se acomodaron en su cintura, y el rostro se acomodaba sobre su hombro, observando también el bolso. Soltó un suspiro, controlando su respiración. Abrió la cremallera y sacó el paquete envuelto de adentro. Coco había sido lo suficientemente atenta para ponerte un lazo, para que pareciese un regalo, aunque no sabía si era un regalo o no, nunca se lo mencionó. Apreció el gesto de todas formas.

Iba a darse vuelta para entregárselo a Ruby, pero esta la tenía tan sujeta, y se sentía tan bien el tener su cuerpo en su espalda que tampoco era capaz de moverse, no quería moverse.

"Feliz cumpleaños, Ruby."

Su voz salió rígida, profesional, y le impresionó ya que normalmente con los nervios le salía bastante extraña y débil. Al parecer estaba en un nivel de nervios superior a lo usual, o esa era su teoría. Ruby sonrió, pudo notarlo de reojo.

"¿Puedes abrirlo por mí?"

Miró a Ruby, confusa.

"Pero es tu regalo."

Las manos en su cintura se movieron, y se enlazaron frente a su abdomen, abrazándola en un agarre firme. Se sintió temblar.

"Pero tengo las manos ocupadas, ¿Por favor?"

Ahí, esa voz suplicante. No podía, en serio no podía contra esa voz, e incluso podía notar el puchero sobre actuado de reojo.

Dios. Cuantas cosas hacía por esa mujer.

Miró el paquete y comenzó a abrirlo, quitándole el lazo y la cinta adhesiva que mantenía la caja cerrada. Sus manos se sentían torpes, y no podía culparse. Los pechos de Ruby apretados contra su espalda, los brazos rodeándola con firmeza y el aliento de esta en su cuello eran demasiado estímulo para que se no se viese afectada. Adentro, acomodado en papel burbuja, estaba aquel juguete.

No lo había visto en persona, solo en la página, y ni siquiera lo miró demasiado, siendo incapaz de ver aquello por más de dos segundos sin sentirse observada. Ahora, estaba frente a ella.

Era un arnés con dos dildos, uno para quien lo tenía puesto y otro para quien recibía. Era clara su utilidad, así que su nerviosismo fue mayor al darse cuenta de aquello. Si hubiese sido algo extraño que era imposible deducir para que servía, tal vez se había sentido algo asustada o algo similar, pero no, tenía absolutamente claro su uso, así que su mente había vagado en torno a eso.

"Guau, que sorpresa, justo lo que quería."

Ruby rio, cantando sus palabras. Obvio que no había ninguna sorpresa.

Le habría dolido de cierta forma el regalarle algo así a la mujer sabiendo que no lo usarían juntas, pero no era el caso, la misma Ruby le había dicho que quería usarlo con ella, porque no tenía con quien más.

Pero tenía una duda al respecto…

"No creo que lo disfrute."

Le dijo, o más bien se le escapó de los labios, su honestidad desbordante frente a la mujer. No podía evitarlo cuando se sentía tan cómoda, y a veces le costaba mantener sus pensamientos dentro de su cabeza, donde debían estar. Ruby la soltó, solo para poder acomodarse a su lado y observarla, podía notar preocupación en su rostro.

"¿Porque lo dices?"

Si, podía decirlo, pero explicarlo era mucho más difícil. Masajeó sus manos, las sentía frías a pesar del calor que emanaba.

"Solo he tenido sexo con hombres, y nunca me he sentido muy bien que digamos, y esto es prácticamente lo mismo. ¿No?"

Obviamente en su nueva experiencia podía decir que cuando Ruby la tocaba con sus dedos o con su boca, se sentía mucho mejor que las experiencias sexuales con hombres. Su lógica le decía que al Ruby usar un arnés, sería igual de inefectiva que sus experiencias pasadas.

Ruby la miró fijamente, y luego sintió una de las manos en su hombro. Esta le sonreía, con calma, con tranquilidad, entendiéndola. Esa expresión madura y comprensiva.

"No tengo una respuesta para eso. Probablemente sea así, pero Weiss, te prometo que voy a hacer todo en mi poder para hacerte sentir mejor que esos perdedores."

La mujer parecía confiada y a la vez era honesta. Podía recordar a un novio que tuvo apenas huyó de su casa, y este le dijo que la iba a hacer sentir bien y esas cosas, pero era claro que el chico estaba portándose orgulloso frente a ella, de todas formas, seguía siendo la heredera Schnee, y él no se quería ver inferior. Aquello terminó tan pronto como empezó. Un caos. Ruby, por el contrario, no era una confianza falsa, era una confianza humilde, valoraba su experiencia y su intención de servirla.

A veces sentía que todo se seguía tratando de un servicio, pero ambas estaban disfrutando, así que no lo era.

Lo agradecía.

Ya se sentía mucho más cómoda.

Ruby miró dentro de la caja e inspeccionó el juguete, había ojo crítico en su mirada.

"Voy a bajar a lavarlo antes de usarlo, Weiss. ¿Me esperas?"

Ahora parecía madura y confiable. Le gustaba esa Ruby. Bueno, le gustaba todas las facetas de ella.

Agradecía que esta tomase la iniciativa, tal vez sabía lo reacia que era con la limpieza, la conocía, y también sabía que Ruby lucía lo suficientemente impaciente para llegar y usarlo sin importarle nada más. Esta empezó a caminar hacía la salida. Pensó en ella, bajando, lavándolo, y una parte de su cabeza asumió que esta aprovecharía de ponérselo, y no quería eso. O sea, si, obvio que quería que se lo pusiera, pero no lejos de ella. Dios, su cabeza era una maraña de pensamientos enloquecidos.

Alcanzó a tomar la mano de Ruby antes de que esta saliese por completo de la habitación.

"No te lo pongas."

Ruby pareció sorprendida y claramente confundida. Los mismos pensamientos desordenados en su cabeza intentaron formar la frase ideal para que esta la entendiese, pero fue igual de torpe que en su propia mente.

"¿No quieres que lo usemos?"

Había una mueca de confusión en su expresión, acompañada de esa suplica tan adorable que solía usar. Se derritió ahí mismo, sin saber que decir, sin saber cómo explicarse, y casi cayó en el pecado de que lo usaran de inmediato, pero debía mantener parte de su cordura.

"N-no es eso..."

Sentía su mano sudando y soltó a Ruby para que esta no lo notase.

"Me refiero a que no te lo pongas a escondidas, lejos de mí."

Ruby la entendió de inmediato, asintiendo y sonriéndole. Pudo notar algo de sonrojo en sus mejillas bronceadas.

"Ya veo, quieres verme cuando me lo ponga, sí que te has vuelto desvergonzada, Weiss."

Oh.

La risa de la mujer resonó por las paredes, mientras su propio rostro se encendía. Ruby siguió su camino por las escaleras mientras ella se quedó ahí inerte, roja y llena de vergüenza. Sus manos estaban calientes y no lograron bajar el calor de sus mejillas.

Se iba a desmayar algún día de esos, no tenía dudas.


Capitulo siguiente: Unidas.


Primero que todo, feliz año, espero que sigan acompañando esta historia este año también, aprecio el apoyo que le dan, por lo mismo espero también seguir haciendo un buen trabajo con la escritura.

Y bueno, aquí está el famoso regalo para Ruby, así que ya saben que vendrá para el siguiente, no hay misterio, pero si hay anticipación, por cierto, disfruté mucho el hacer a Weiss entrar en pánico alskdjaldj Hice una pequeña modificación en la actualización, pero es solo por hoy, no se acostumbren.

Nos leemos pronto.