Red Velvet

Capítulo 26: Unidas

Se sentó en la cama, esperando.

No hallaba que otra cosa hacer.

Iba a empezar a sacarse la ropa, pero se iba a sentir injusto que le dijese a Ruby que no se pusiera el juguete y ella misma aprovechar de sacarse la ropa mientras estaba sola.

Le daba vergüenza hacerlo frente a la mujer, pero disfrutaba de sobremanera el sentir los ojos plateados observar cada rincón de su cuerpo. Era eso mismo lo que la hacía sentir más cómoda con su propio cuerpo. No es que se encontrase fea, por el contrario, pero a veces se sentía poco atractiva, y Ruby le demostraba lo contrario, incluso con algo tan simple como su cicatriz.

Si no, tenía que mirar aquella foto que estaba guardada en su celular. Guardada como archivo oculto y bajo clave, porque no iba a permitir que cayese en manos equivocadas.

No era capaz de borrarla.

Escuchó los pasos toscos subir las escaleras. Ruby parecía relajada, pero siempre notaba por sus pasos cuando estaba nerviosa. Al parecer no era la única. Esta se detuvo al final de las escaleras, y al parecer entró en el cuarto de la hermana. No supo porque, pero no se demoró demasiado en volver con ella.

"Hola."

Ruby le dijo, sonriendo, y con esa sonrisa notó el nerviosismo que había predicho. Le sonrió de vuelta.

"¿Me extrañaste?"

Notó la clara burla en la voz de la mujer, y decidió pagarle con la misma moneda.

"Por supuesto, te tardaste una eternidad."

Ruby se sonrojó ante eso, y aclamó ese momento como una victoria. Se levantó de la cama, y dejó su jersey en la silla que estaba frente al escritorio, también aprovechó para cerrar un poco las cortinas, al menos para el lado de la cama, para darle algo de oscuridad. Iba a asegurarse que ninguna de las dos tuviese pensamientos impropios sobre mostrar una escena frente a los vecinos.

Cuando volvió a mirar a Ruby, esta había calmado sus nervios y había abandonado su chaqueta de cuero en el suelo, y tuvo un pensamiento respecto a verla solamente con esa chaqueta.

Se estaban enloqueciendo mutuamente.

Los plateados la observaban, intensos. Se acercó un poco a ella, sintiéndose más cómoda, menos nerviosa, esa energía tan adictiva rodeándolas, en esos momentos donde no se sentía una mujer inexperta y torpe.

Se miraron a los ojos, y se sacó la camiseta que tenía puesta, dejando ver su sujetador blanco. El blanco era su color, estaba en su nombre, en su esencia, pero en esos momentos se sentía tan irónico usarlo, un color tan puro para algo tan impuro. Si, eso le gustaba. Le gustaba mancharse. No le molestaba bañar su blanco de rojo.

Ruby le sonrió con lujuria, observando su torso, y la vio sacarse la sudadera que llevaba encima, quedándose con una camiseta de tirantes. Podía ver sus brazos fuertes, y se vio sujetándolos con sus manos, su cuerpo moviéndose por inercia. Se veían contrastantes ahí, sus manos tan pálidas, sus dedos tan delgados. Pero no le importaba. Enterró un poco sus uñas, y comenzó a bajar por los brazos de la mujer, dejando unas marcas más pálidas en la piel bronceada y sonrojada. Se sentía bien, le gustaba eso. Ruby se removió, tal vez con nervios, o tal vez acalorándose, pero disfrutó esa reacción.

Se deslizó desde las muñecas gruesas de Ruby hasta llegar a su pantalón, sus manos trabajando en el cinturón que mantenía la prenda en su lugar, hasta que logró desatarlo, ahí recién volvió a mirarla a los ojos. Ahora esta le sonreía, su cuerpo evidentemente rojo. Sujetó los ambos finales del cinturón y jaló. El cuerpo de Ruby se movió automáticamente hacía el propio, reaccionando lo suficientemente rápido para no chocarla, pero demasiado lento para que sus rostros estuviesen pegados al otro.

Esos labios se veían tan sabrosos, pero siguió mirando a los plateados.

"Espero no me decepciones."

Le dijo, sintiéndose engreída y poderosa, y Ruby, en vez de actuar como otra gente actuó con palabras similares, le sonrió, capaz, tomando las palabras como un reto personal.

"Nunca."

Soltó el cinturón y se dio media vuelta, acercándose a la cama, para seguir sacándose las prendas faltantes. Los zapatos, la falda, el sujetador y finalmente la ropa interior. Antes de sacarse la ultima prenda, decidió sentarse en el borde de la cama, para darle un breve espectáculo a Ruby. Sin embargo, mientras deslizaba la prenda por sus piernas, fue ella quien recibió un espectáculo. Ruby tenía esa ligera camiseta sobre su cuerpo, que ni siquiera le alcanzaba a taparle todo el torso, mostrando las rosas en su abdomen, y abajo de su cuerpo no había resolutamente nada, solamente el arnés de cuero negro avanzando por la mitad de sus muslos, por la misma zona donde ahora podía notar donde acababan las rosas, justo antes de su rodilla. Su cuerpo realmente se veía fuerte.

Se quedó perpleja, ya que había cierta zona que aún se mantenía secreta para su persona. Y no creyó que disfrutaría tanto viéndolo.

Disfrutó cada segundo de Ruby acomodando el juguete dentro de ella, su rostro ligeramente afectado, y quería ver más de esa expresión. Podía notar, aun desde la distancia, como Ruby estaba tan húmeda como ella misma. Le daba cierta lástima que todas las veces había sido solo ella la que logró venirse al final del día, estando ella así de mojada.

Normalmente se consideraba egoísta, pero jamás había deseado serlo menos. Nunca había deseado redimirse tanto como ahora.

Ahora ambas disfrutarían, ¿No?

Aún tenía sus dudas, pero tenía fe.

"Lo sabía, te has convertido en una pervertida, Weiss."

Salió de su estupor cuando Ruby se movió hacía ella. No alcanzó a decir nada, su mente demasiado confundida y caliente para siquiera entender lo que ocurría. Sintió las manos ajenas en sus rodillas, como esta lentamente abría sus piernas. No sabía dónde mirar, si mirarla a los ojos, si mirar la sonrisa que esta tenía, si mirar las manos en sus rodillas o si mirar aquel objeto contundente asomándose erguido. Probablemente fue al último. No había tenido algo así de grueso y largo dentro, y comenzó a sentir cierto pánico, así que decidió mirar a Ruby a los ojos, pero estos no la miraban a ella, al menos no a su rostro, si no que se habían posado en su entrepierna, y se vio siguiendo la mirada.

Podía verse totalmente húmeda, más de lo que creyó, y lo más vergonzoso de aquello, es que la lubricación estaba ya en sus muslos, así que cuando Ruby comenzó a abrir sus piernas, se formaron hilos de líquido que luchaban por no romperse. Se sintió completamente roja al ver eso, ya que jamás lo había visto así ella misma, de hecho, prácticamente ni siquiera miraba ahí abajo a menos que fuese necesario.

Oh no, la foto de su teléfono volvió a aparecer en su cabeza.

Negó con el rostro, intentando calmarse.

"Tu cuerpo parece decir lo contrario."

Casi había olvidado lo que Ruby le dijo, y claramente no pensó en eso cuando negó, porque con qué cara iba a hacer eso, claramente se había pasado al lado oscuro, ya no había vuelta atrás.

La miró, ahora los plateados si la miraban, y se vio concentrada perdiéndose en las lagunas de aluminio. Guio sus manos por sus propias piernas para llegar a las manos ajenas que ahí estaban, sujetándolas y luego moviéndolas a su antojo. Se detuvo en su cadera, dejando las manos ahí, y disfrutando el leve jadeo que se le escapó a la mujer.

"Tú me hiciste esto, así que hazte cargo."

Los plateados se oscurecieron, y la sonrisa de esta se agrandó ante sus palabras intensas. Si estuviese más cuerda, más controlada, tal vez habría decidido evitar ese encuentro, sintiendo desconfianza de aquel objeto, pero teniendo a Ruby así frente a ella, no le importaba. Realmente no le importaba. Lo que sea que pasara, iba a aceptarlo.

Las manos se aferraron a su carne, y sintió como esta la movía a su antojo y se vio colgándose de su cuello, facilitándole la tarea. Su cabeza cayó en las almohadas, y pudo notar como su cola de caballo se desarmaba. Ruby se acomodó entre sus piernas, y comenzó a sentir el calor en su centro, anticipación enloqueciéndola.

No era la primera vez que estaba en esa posición con alguien, así que no se sentía extraño. Era algo conocido, y eso la dejó un poco más tranquila, menos ansiosa. ¿Qué tan diferente podía ser?

Liberó el cuello de Ruby, mientras esta se acomodaba. Parecía buscar la posición perfecta o algo similar, se veía concentrada. Sentía las manos en su trasero, moviéndola, ajustándola. Luego cuando esta quedó conforme, la miró. Los plateados la miraron a los ojos, y notó como una de las manos de esta se iba a su escote, pasando la ligera capa de tela, al parecer buscando algo. Cuando sacó la mano, notó que era.

Un condón.

Su cabeza comenzó a funcionar como loca. No tenía sentido usar un condón, ¿No? Era un juguete, y era nuevo, no podía embarazarse ni enfermarla de ninguna forma al estar recién lavado, además que de por si era muy responsable con esas cosas.

Cuando Ruby llevó el paquete a su boca y lo abrió con sus dientes, notó que la única razón lógica para hacer eso, era para seducirla, para encenderla, y había funcionado.

Notó como esta puso el condón en la punta del juguete y comenzaba a bajar el plástico. Ruby era lesbiana, así que no tenía idea como parecía tan buena en eso, ya que sabía que muchos que usaban no sabían ponerlo como correspondía.

Oh, Ruby solo quería lucirse con ella, ¿Cierto?

"¿Lista?"

Ruby le preguntó, sacándola de sus pensamientos morbosos, y asintió.

Su interior estaba rogando por tener a Ruby dentro, no sabía si era capaz de esperar más. Se apoyó en sus antebrazos, solamente para poder ver lo que la mujer hacía. Esta se acercó, sus piernas sintiendo el calor de las ajenas, piel con piel. Una mano fue a su abdomen, dejando leves caricias que la hicieron calmarse, mientras la otra sujetaba la punta del dildo. Se vio nerviosa e impaciente. No es que quisiese que apareciera la Ruby salvaje que la había penetrado con furia, pero no necesitaba a la Ruby súper mega cuidadosa en ese instante.

La mano cálida en su abdomen comenzó a subir, y dos dedos apretaron su pezón con la suficientemente fuerza para llamar su atención. Se sintió medianamente indignada con el gesto.

"No frunzas tanto el ceño, Weiss, también estoy impaciente pero no quiero lastimarte."

¿Estaba frunciendo el ceño? ¿Así de desesperada estaba? Oh por Dios, Ruby se había percatado de su desesperación, que vergüenza.

Tembló cuando al fin sintió algo en su entrada. Podía sentir lo rígido y resbaloso del juguete, tanteando la zona.

Se fijó en Ruby, en su rostro, en lo concentrada que estaba, tanto así que mordía su labio con fuerza y temió que pudiese romperlo. Conocía la fuerza de esa mordida.

Dio un salto cuando el juguete entró con facilidad dentro de ella. Apenas y sintió la cabeza dentro y luego todo entró muy rápido. Notó cierto pánico en los ojos de Ruby. No lo había hecho de adrede, era claro. Al parecer no era lo suficientemente grande y grueso para lastimarla o no poder ingresar dentro de ella. Además, con lo lubricada que estaba, no le sorprendía.

Hubo una pregunta silenciosa cuando se miraron, y solo puedo asentir, sintiéndose llena por dentro, una sensación que hace tiempo que no experimentaba.

Ruby acomodó las manos a los costados de su torso, preparándose, y por su parte se aferró a las sabanas, con anticipación en cada poro de su humanidad. No sabía que esperar, pero ya el tener a la mujer cerca de su cuerpo era suficiente para disfrutarlo.

El primer movimiento fue débil, pero fue suficiente para sentirlo profundo, haciéndola jadear. Ruby lo disfrutó, lo notó, y de inmediato vino el siguiente. Lo sintió salir un poco, y luego volver a introducirse. Soltó un gemido.

Si, había sentido algo similar antes, aunque jamás de esas dimensiones.

Antes de darse cuenta, Ruby ya había comenzado a embestirla con movimientos constantes. Podía verla mover su cadera, el movimiento encendiéndola. Cada vez que lo sentía llenarla, se escuchaba gimiendo. Se sentía bien, y más que por el juguete en si, si no por la cercanía que tenía con la mujer, y por lo mucho que había estado esperando sentir a Ruby dentro suyo. Estaba sensible, receptiva.

También había algo en la expresión de Ruby que la hacía sentir aún más.

Podía notarla afectada cada vez que se movía, causando que jadease al sentir el otro juguete ejerciendo presión.

No supo cuánto rato estuvieron ahí, pero su orgasmo ya empezaba a crecer en su interior. Tal vez ese era el problema antes, el tiempo y la interacción previa.

En ese momento, le causó rabia el ver a Ruby parcialmente vestida. Se había quedado la camiseta puesta para ocultar el pequeño paquete, lo sabía, pero ahora no tenía sentido el tenerla puesta. Se vio sujetándola de la cintura, sorprendiéndola ligeramente. Subió las manos, levantando la prenda, y aprovechando de disfrutar la sensación de la piel hirviendo junto a la suya. Ruby paró las embestidas solamente para levantar los brazos y así poder ella sacarle la prenda. Esta esperó ahí, obedientemente, hasta que también se deshizo del sujetador sobrante. Le costó un poco, pero lo logro. Por suerte esta dejó de moverse o no habría sido capaz de mover las manos con precisión alguna.

Con Ruby ahora en la misma situación que ella, decidió abrazarla, decidió que los cuerpos de ambas debían de estar lo más cerca posible, y la mujer hizo caso, enterrando la cabeza en su cuello, y ahí recién siguió moviéndose.

El cuerpo de Ruby se sentía duro contra el suyo, pero luego de moverse así de cerca, comenzó a sentir el sudor de ambas mezclándose. El mero pensamiento de aquello no le agradaba, pero estando en esa situación parecía alentador. Los pechos de Ruby pasaban sobre los propios, resbalando con el sudor de ambas, la piel de ambas enrojecida por los movimientos, por el cansancio, por la cercanía.

Simplemente lo que fuese a hacer con Ruby le agradaba más, porque era ella, y le gustaba.

Intentaba acallar sus propios gemidos solamente para ser capaz de oír los de Ruby, que al igual que los propios, comenzaban a aumentar.

Estaba cansada, e incluso le sorprendía como su cuerpo era capaz de aguantar tantas embestidas. Ruby jadeaba en su oído, cada tantos segundos moviéndose más rápido, y a veces más fuerte. Podía sentir las manos de esta aferradas a la cama, al lado de sus hombros, dándose el impulso para seguir moviéndose, para seguir satisfaciéndola. ¿Era suficiente? Aun no lo sabía, pero podía comprobarlo. Movió sus piernas, abrazando la parte baja de su compañera, obligando a que sus caderas se juntasen, por ende, que entrase más adentro.

Soltó un grito ahogado, sintiendo el objeto en su totalidad dentro de ella.

Ruby se detuvo, claramente preocupada, pero la sujetó con más fuerza contra su cuerpo, su mano enredándose en los cabellos de la menor, al igual que movió las caderas, alentándola a seguir. Esta hizo caso, moviéndose, siguiendo el ritmo de su cuerpo. Podía sentir los dientes de nuevo mordiéndola, aun entre jadeos.

Solo pasaron unos pocos segundos, su interior acostumbrándose al tamaño, su orgasmo a punto de estallar, entonces Ruby la miró, y notó en ella, una vez más, una expresión que no había visto antes. Su rostro estaba rojo, sudado, su cabello desordenado, sus ojos humedecidos, sus labios hinchados.

Podía ver su propia expresión en el rostro de Ruby. Y Dios, hubiese dado lo que sea por besarla en ese mismo momento mientras compartían un orgasmo. Se contuvo a duras penas mientras la sujetaba de la nuca, apoyándola en sus clavículas.

Quiso estar ahí por siempre, pero ya no podía más, no podía contenerlo más.

Soltó un grito cuando Ruby se movió rápidamente, profundamente, con la exclusiva razón de hacerla venir, y lo logró. Enterró las uñas en la espalda baja de Ruby, así como en su cabello, mientras sentía su cuerpo temblar en éxtasis. Sus piernas se abrazaron con todas sus fuerzas de la cintura ajena hasta que ya no tenía fuerza alguna, dejándolas caer.

Ruby se siguió moviendo, alargando su orgasmo, hasta que la escuchó soltar un gemido agudo. Se vio temblando al escucharla tan cerca, y se sintió tan endemoniadamente bien que no podía creer que otra mujer le causara tanta excitación.

El cuerpo sobre ella se quedó inerte, agotado, al igual que el propio. Ambas intentando recuperar el aire que habían perdido. Cerró los ojos, calmándose, aun sintiendo el objeto en su interior, ardiendo, pero no quería apresurar a Ruby que debía de estar agotada. No le molestaba tenerlo dentro, más le aterraba el que tuviese ganas de seguir y su cuerpo se descompensara. Usó sus uñas en el cuero cabelludo de Ruby, rasguñando levemente, peinando algunos mechones. La sintió soltar un suspiro, esta aun acomodada en su cuello.

"Esto fue mejor de lo que imaginé."

La escuchó decir, su voz grave por el cansancio.

Quiso reír, pero no supo si lo logró, su garganta desgastada.

"Digo lo mismo."

Ruby se levantó un poco para poder mirarla, y le sonrió. Se veía tan adorable.

"¿Ves? Te lo prometí."

Rodó los ojos, sus manos aun jugando con el cabello de Ruby, esta como un cachorro siguiendo las caricias.

"No te vuelvas engreída."

Ruby le sonrió.

"¿Porque no? Me siento orgullosa de poder hacerte sentir bien."

Oh.

Eso si le agradaba.

Ruby, o tal vez ella misma, hizo un movimiento con su cuerpo que ambas pudieron sentir ahí abajo, que les hizo soltar un gemido de la sorpresa. Se quedaron mirando, y podía sentir su propia vergüenza en la mujer. Esta le dio una sonrisa nerviosa.

"Tal vez sea mejor que salga."

Le asintió, aun sin estar segura de que era eso lo que quería.

Tal vez se había vuelto más resistente con el ejercicio que estaba haciendo últimamente, pero ese movimiento casual la hizo sentir energizada.

Ruby comenzó a sacar el juguete de su interior, y pudo notar como el movimiento también le afecto. Era agradable verla así.

No, estaba segura, no quería parar del todo, ahora que estaba vacía por dentro, lo tenía claro.

La mujer se liberó y se dejó caer a su lado en la cama, al parecer ligeramente molesta con sus propias piernas que hicieron gran parte del trabajo.

Verla ahí, acostada sobre su espalda, su pecho descubierto, la ligera capa de sudor sobre su piel, y aquel objeto levantándose erguido, fue suficiente para incitarla. Un poco más, se dijo.

Se levantó un poco, observando a Ruby, y lo decidió. Quería estar sobre ella.

Notó sorpresa en los plateados cuando tomó la iniciativa y se puso a horcajadas de ella. Esta parecía incrédula, sin creer lo que sus ojos veían. Estaba segura de que Ruby disfrutaría. Se acomodó sobre ella, sujetando el dildo húmedo y resbaloso en una de sus manos, y lo apuntó a su entrada.

Ruby parecía querer decirle algo, detenerla, notablemente preocupada. Ambas sabían que su estamina no era la mejor, sin embargo, no dijo nada, y era claro, esta estaba lo suficientemente curiosa de lo que iba a suceder.

Introdujo la cabeza del juguete, temblando en el proceso, y puso ambas manos en el abdomen de la mujer, aprovechando de sentirla bajo las yemas de sus dedos. Se apoyó y bajó sus caderas, permitiendo que el dildo entrase nuevamente. Soltó un gemido al sentirse llena de nuevo, al igual como escuchó a Ruby jadear al unísono. Los plateados la miraban concentrados, observando cada parte de su cuerpo, de su rostro, de la unión que estaban teniendo.

Nunca había hecho eso, jamás, y creyó que debió de haberlo hecho, pero no tenía la seguridad que tenía ahora, ni la compañera que tenía ahora.

Bajó y levantó sus caderas, moviéndolas en diferentes direcciones, auto satisfaciéndose mientras sentía la mirada penetrante en su cuerpo. Era agotador, sí, pero era divertido. Se sentía bien el hacerlo de esta forma, probablemente iba a repetirlo. Poder ella misma manejar su placer era su antojo la hacía sentir capaz, así como poder causar esa excitación en Ruby, porque vaya que esta lucía hipnotizada.

Podía notar como alguno de sus movimientos le daban placer a ella, pero su rostro parecía tan enfocado en su persona que prácticamente ignoraba su propio sentir.

Como recién se había venido, el nuevo orgasmo creció mucho más rápido de lo que anticipo, y Ruby pudo darse cuenta de eso, solamente por lo fuerte de sus gemidos.

Estaba distraída, mirando algún punto en las rosas de Ruby para notar el cambio en el rostro de la mujer. Las manos grandes la sujetaron de sus caderas, prácticamente enterrándose en su carne. La miró, buscando respuestas, pero no pudo. Ruby se movió bajo de ella, cambiando de posición, sentando al borde de la cama mientras con sus manos forzaba los movimientos de su cadera, los dedos ahora en su trasero, apretándola. Se vio abrazándose del cuello de esta, sorprendida, y sintiendo las embestidas descontroladas en su parte baja. Ruby usaba la fuerza de sus brazos y piernas para mover los cuerpos de ambas, acelerando las embestidas, las manos apretando y abofeteando su trasero como acto instintivo y fue cosa de segundos para que los gemidos de ambas retumbasen en la habitación. Se aferró a la espalda ajena, y cuando llegó al orgasmo se vio rasguñándola una vez más, gritando, mientras que escuchaba a Ruby soltar un gruñido extasiado.

No podía creerlo, no podía creer que estaba haciendo, era una persona completamente diferente.

Pero le gustaba. Le gustaba esta Weiss.

Ruby la abrazó, respirando agotada, y la abrazó de vuelta. Se quedaron ahí por varios minutos, recuperando el aliento, la calma. Se sentía bien, el sudor, el calor de la otra, incluso los fluidos mezclándose. Era agradable, de una forma que creía increíble.

Era eso, increíble.

Se sentía increíble.


Capitulo siguiente: Vulnerabilidad.


Ha sucedido, al fin, lo sé, impactante. Me sigue impresionando Weiss en este capítulo, y eso que lo escribí yo. Me siento sucia pero satisfecha, y, de hecho, se viene un capitulo incluso peor, o mejor, dependiendo de qué lado uno lo vea, y espero que lo disfruten. El siguiente tendrá acción, pero será triste, ¿O no? Espérenlo con ansias.

Nos leemos pronto.