Red Velvet
Capítulo 27: Vulnerabilidad
…
Sintió su cabello empapado, lo sentía caer por su espalda, pegándose a su piel, a sus hombros, impregnándose en su cuerpo desnudo.
El agua caía sobre ella, sobre ellas.
Sus piernas intentaban hacer lo posible por aferrarse a las caderas ajenas, así como sus brazos se esforzaban por aferrarse al cuello ajeno, evitando que cayese. No podía ocurrir eso, no lo iba a permitir. Las manos grandes y fuertes la sujetaban, ayudándola, manteniéndola en su posición.
Sus cuerpos estaban húmedos, y no solo por el agua que caía de la regadera.
Sintió la espalda helada en un principio, cuando chocó con los azulejos, pero luego de unos momentos estos se calentaron tanto como su cuerpo, tanto como el agua que caía sobre ellas. Normalmente la prefería más cálida, pero creía que con el calor propio de sus cuerpos ya era suficiente. Ruby la mantenía firme contra la pared de la ducha, una mano manteniéndolas estables en la posición y la otra sujetándola de la espalda baja. Las piernas entrenadas de esta debían de hacer prácticamente todo el trabajo, y le encantaba saber cuan capaz era su compañera.
Ya no sabía cuánto rato llevaban haciéndolo ahí, pero jamás había sudado tanto en toda su vida, así que el que tomaran una ducha juntas parecía una buena decisión, pero las cosas se fueron de las manos. No podía creer siquiera que su cuerpo estuviese aguantando tanto, tal vez el saber que ambas estaban sintiéndolo la hacía esmerarse más. Soportar más.
Por dios, su cabello era un desastre, tendría que ir a la peluquería antes de ir a casa. ¿Le preocupaba eso? No iba a poder sentarse en lo que quedaba del mes, su cabello era la menor de las preocupaciones.
Se aferró al cuerpo de Ruby, una vez más, mientras sentía el éxtasis esparciéndose por su ser. ¿Era la quinta vez? No lo sabía, llevaban mucho rato haciéndolo, ronda tras ronda. Si estaba en esa posición fue porque sus piernas apenas la mantenían de pie y Ruby insistió en levantarla.
Ahora Ruby la sujetaba con otra intención, evitando que cayese, su cuerpo débil ante el cansancio y el reciente orgasmo.
No podía más.
Empezó a sentirse agotada, e incluso nauseabunda. No entendía que estaba pasándole, o al menos le costó un momento el despejar su cabeza y poder resaltar lo que ocurría. Tenía la mente nublada, y era obvia la razón, así que entendía la lentitud en sus pensamientos.
Sus brazos y piernas cayeron por su propio peso, otra pista más de lo que ocurría.
"Me voy a desmayar."
Logró decir, con la intención de prevenir a la mujer que la sostenía. De avisarle sobre lo inevitable. Estaba segura, y necesitaba que Ruby lo supiese. Que estuviese al tanto de su situación, aunque la idea de quedar inconsciente y a la merced de alguien nunca fue algo que le agradaba. Al menos ahora confiaba lo suficiente.
Notó pánico en los ojos plateados y luego simplemente cerró los ojos, dejándose llevar por el cansancio.
…
Su cuerpo dolía, se sentía adormecida, se sentía fría.
Abrió los ojos, removiéndose.
Se vio acostada en la cama de Ruby, y creyó que todo lo que había ocurrido era un sueño, pero el dolor en sus partes bajas era demasiado para que lo fuese. Se intentó acomodar, un dolor agudo en su cuerpo, en su cabeza.
Se había desmayado, hace tiempo que no le ocurría, y al menos no le había pasado en ese ámbito nunca. Hubiese sido algo vergonzoso con algunas citas que tuvo. Con Ruby confiaba lo suficiente para encargarle su cuerpo inconsciente. Otros podrían haber hecho quien sabe qué barbaridad con su cuerpo inerte.
Se miró a sí misma, sin reconocer el color en su ropa. Estaba vestida con la sudadera de Ruby, la de aquella vez, la que le quedaba inmensamente grande, y ahora, a ella, le quedaba aún más grande. Le llegaba a las rodillas, podía ser un vestido sin problema. Llevó una mano a su cabello, esperando lo peor luego de perder el conocimiento, pero este estaba seco, había sido peinado y trenzado. Al parecer Ruby cuido de ella mientras estuvo dormida.
Ahora empezaba a sentir la calidez llenar su cuerpo.
Miró por la ventana, recién estaba atardeciendo, lo que agradecía. Desaparecerse ya era algo normal en su casa, pero no llegar a dormir, eso sí era algo preocupante. Al menos perdió el conocimiento por poco rato. Pudo haber sido mucho peor.
Sintió a Ruby subir las escaleras, la vio entrar a la habitación con la pequeña camiseta de antes y un short, también tenía una toalla en su cuello, su cabello aun húmedo. Se veía cálida a pesar de todo el frio que había en el ambiente, debía aun estar llena de calor ante todo el ejercicio que hicieron, y el claro cuidado que le dio. En sus manos llevaba una bandeja, asumiendo que traía agua o algo para comer o ambas. Debió de preocuparla.
Sus ojos brillaron de inmediato al verla.
"¿Estás despierta? ¿Estás bien?"
Ruby se apresuró a su lado, dejando la bandeja en el velador. La sintió cerca, sujetándola de las mejillas, peinando un par de mechones fuera de su flequillo. Se sentía tan bien aquello. Intentó mantenerse concentrada, disfrutar de caricias mientras la mujer estaba tan preocupada era muy egoísta de su parte. Aunque, era una mujer egoísta, al fin y al cabo.
"Si, lo estoy. Siento si te asusté, mi cuerpo no es muy resistente."
"Me he dado cuenta. Lo siento, me entusiasme demasiado."
Podía notar el arrepentimiento en sus plateados. Negó de inmediato, sujetando las manos ajenas con las propias.
"Nos entusiasmamos, Ruby. No te eches toda la culpa. Somos adultas para tomar la responsabilidad por lo que ocurrió."
En serio, esa mueca de cachorro arrepentido era adorable, y le seguía sorprendiendo el ver esa expresión luego de haber tenido sexo sin control como si se trataran de animales en celo.
Ruby se sentó a su lado, abrazándola con uno de sus brazos, sujetándola, o más bien, ejerciendo la función de cojín humano. No iba a desperdiciar la oportunidad, y acomodó su rostro en el pecho ajeno. Se sentía aun agotada. Podría simplemente quedarse dormida para siempre. Ruby era tan suave, sobre todo en esa zona.
Nada de pensamientos vulgares, Weiss, suficiente. Se regañó a sí misma.
La mano ajena pasaba por su espalda, por su cintura, trazando círculos. Se sentía calmada en su agarre. Se sentía ahora mucho más cálida, su cuerpo recordando la ducha que había tenido, el agua cálida en su piel. Espera, se desmayó en la ducha, en la ducha del primer piso.
"¿Me subiste aquí por ti misma?"
Levantó un poco el rostro para observar a la mujer, y esta lo bajó un poco para encontrar su mirada. Su mente estaba tan sorprendida para siquiera poner atención a los labios de Ruby.
"Claro, no sabía cuánto ibas a demorarte en despertar, ¿Creías que iba a dejarte ahí botada hasta que llegase Yang? No, no. Además, no pesas mucho, así que no tuve problema. Excepto cuando casi caemos ambas de la escalera, pero no es la gran cosa."
Oh, eso sonaba a una gran cosa.
Igual lo agradecía, no soportaría la vergüenza de que Yang llegase y la viese. Se sentía de por si mal por hacer eso en esa casa, era como pisar el territorio ajeno, y no tenía duda que la hermana mayor podía tomar eso como un insulto.
Y sobre su peso, Ruby siempre la ha levantado con facilidad, así que no tenía dudas de lo que esta era capaz.
Aprovechó de que los brazos de Ruby seguían expuestos para pasar una mano por uno de ellos, sintiéndolo. Ya lo había hecho, pero no podía aburrirse. Rara vez podía ver tanta piel.
"Eres saludable, Ruby. ¿Te ejercitas?"
Ruby hizo un sonido de duda, mientras seguía acariciándola, manteniéndola cerca. Podía imaginarla pensando, ni siquiera tenía que mirarla, se sabía por completo esa expresión.
"No diría que soy una fanática del gimnasio, pero sí. Yang, ella está obsesionada con esas cosas, cada vez que nuestros días libres coinciden me arrastra al gimnasio. Soy bastante perezosa, debo admitirlo, y tal vez no sería tan exigente con mi cuerpo si fuese por mí misma."
Cerró los ojos, acomodándose, disfrutando de la cercanía y de las vibraciones en el pecho de Ruby cada vez que esta hablaba. Cuando vio a Yang se sorprendió.
"Tu hermana luce salida de la WWE."
Ruby soltó una carcajada, abrazándola en la acción, casi como si la felicitara.
"¡Esa fue buena! ...Bueno, te dije que mi padre era granjero, pero en su juventud era boxeador, así que siempre entrenaba, y como Yang era más apegada a él, se vio entusiasmada en ser fuerte. No sé si ella quiera pelear hoy en día, pero se entrena como si fuese a hacerlo. A veces me aterra su fuerza, sobre todo cuando anda de mal humor."
"¿Te usa de saco de boxeo?"
"La mayor parte del tiempo, sí. Al menos ahora puedo defenderme más, cuando era niña no podía, era una debilucha que pasaba leyendo libros en mi burbuja. Supongo que me vi obligada a entrenarme lo suficiente para defenderme de ella y del mundo."
"Eres adorable, ¿Lo sabías?"
Sintió a Ruby removerse, riendo nerviosa. No se contuvo, así que se movió solo para mirarla. Su rostro estaba levemente rojo y una mano estaba en su nuca. Se veía joven de nuevo.
Quiso molestarla, pero miró la bandeja. Había fruta cortada en un tazón y un vaso de agua. Ruby notó su mirada, moviéndose para pasarle el vaso. Siempre tan atenta.
"No sabía porque te habías desmayado, así que no supe si debía traerte comida, liquido o un nuevo cuerpo."
Soltó una risa ante la mueca preocupada de la mujer, aceptando el vaso y dándole un trago.
"Creo que la fruta me hará ganar fuerzas, así que no necesitaré un cuerpo nuevo, estaré bien. No tengo tanta potencia ni energía como tú."
Ruby recibió el vaso, dejándolo en su lugar y le trajo el tazón con fruta. Lo tomó con sus manos, pero Ruby no lo soltó del todo. La miró, con duda, y esta le sonrió. Le sonrió de una forma diferente, tan en paz, tan en calma. Su corazón se apretó en su pecho de pura anticipación.
"Menos mal, me gusta tu cuerpo."
Se sintió sonrojar, tomando un trozo de fruta para intentar huir de los latidos en su pecho. Intentando distraerse.
"Envejeceré como todos."
Siguió comiendo, intentando ignorar a Ruby, su mirada, pero no contó con que una mano de esta llegaría a su cabello, moviendo unos mechones tras de su oreja.
"Te dije antes que incluso arrugada te verías bella, y sigo pensando lo mismo."
Oh, Ruby.
Negó con el rostro, su rostro ahora evidentemente rojo, y usó su cuerpo, y la poca fuerza que tenía, para empujar a Ruby, sin moverla mucho, pero lo intentó.
"Por favor, intento comer, deja de coquetearme."
Ruby soltó una risa, como la mujer burbujeante que era. Finalmente, esta se quedó callada, pero su cuerpo se apegó más al propio, prácticamente abrazándola, incluso sintió la cabeza ajena en el hombro. Estaba segura de que todo Atlas se sorprendería al verla aceptar tanta cercanía con alguien, y de hecho, a ella misma le sorprendía. Le agradaba esa cercanía y ese calor y esa mujer.
Quería quedarse al lado de ella por siempre.
Cuando terminó de comer, Ruby dejó el plato en la bandeja.
"¿Vas a irte ahora?"
Hubiese imaginado que esta la estaba echando, pero como podía ver preocupación en su expresión, era claro que esa no era su intención. Más era un no te vayas a un andate.
Miró para afuera, el sol recién se había puesto. En casa ya se habían acostumbrado a que saliera por varias horas en el día, así que no había mayor problema. Y honestamente, no se sentía tan segura de manejar luego de haberse desmayado, así que le vendría bien un descanso. Probablemente Ruby pensó algo similar, era peligroso. Y también sentía una ligera molestia en su ojo izquierdo, lo que realmente podía ser un peligro para ella y otros si se ponía a manejar y dejaba de ver.
"¿Puedo quedarme un rato más y descansar un poco?"
Ruby asintió con fervor, parándose de la cama y ofreciéndole el lugar para que se acostase. Se dio cuenta en ese instante que el cobertor de la cama era uno distinto. No iba a asumir, pero tal vez mojaron más de lo que anticiparon.
Negó con el rostro, no quería pensar en eso, calentarse así luego de haberse desmayado por tener mucho sexo era como tentar su muerte.
Acomodó la cabeza en las almohadas, y sintió ese dolor agudo en su cabeza una vez más, y luego en su ojo, y se vio sujetando la zona con una de sus manos. A veces incluso sentía que su globo ocultar se saldría de su lugar, era una sensación horrible.
¿Le estaba dando una crisis justo ahora que estaba con Ruby?
No necesitaba eso. Nunca.
"¿Te duele el ojo?"
Abrió el ojo derecho solo para buscar a Ruby con la mirada. Empezaba a oscurecerse, pero aun podía verla sin problemas. Estaba frente a ella, de cuclillas en el suelo, mirándola, sus ojos tristes como un cachorro. Se vio enamorada una vez más.
Asintió, sin querer decir mucho más al respecto. Ya le había dicho lo del ojo, así que se sentía un poco más tranquila. No le avergonzaba el tener una crisis con ella, pero si le molestaba el preocuparla, porque conociéndola, se iba a preocupar, y ahora viendo su rostro, podía corroborar su teoría.
"¿Puedes alcanzarme el frasco de medicina que tengo en el bolso?"
Ruby de inmediato se levantó, como un resorte, y en una zancada llegó a su bolso, registrándolo. No debía de ver dentro al estar las luces apagadas, pero se esforzó en encontrar lo que buscaba. Se le acercó de nuevo, y esta le pasó una de las pastillas, pasándole el vaso que aún tenía agua dentro. Realmente adoraba a esa mujer.
Se tomó la medicación y volvió a acomodarse en la cama.
Por lo que veía, Ruby no parecía tener intención de prender la luz, tal vez intuía que sería doloroso para ella el tener la luz tan intensa en sus ojos débiles, como sea, lo agradecía. También agradecía el que esta se hubiese subido a la cama, y se acomodase tras de ella.
Cada vez que volvía el dolor, se sentía en igual parte feliz y triste. Feliz por la batalla que ganó en ese entonces, y triste porque fue ahí donde la relación con su padre se rompió. Pero ahora, con Ruby tras ella, abrazándola, pegándola a su cuerpo, ya no se sentía triste en lo absoluto. Ruby siempre lograba acallar sus más grandes males y ahora no era la excepción.
Sentía el rostro de esta en su nuca, acercándose más, y no pasó mucho para sentir todo el cuerpo de Ruby pegado al suyo. Se sentía bien.
"¿Vas a estar bien? Puedo llamar un taxi si lo necesitas."
Negó, apegándose ahora ella al cuerpo ajeno. Ya tenía los ojos completamente cerrados, disfrutando de la cercanía.
"El dolor se me pasa pronto. El desmayarme lo provocó, pero estaré bien en unos pocos minutos."
"Uhm, de acuerdo."
Ruby no parecía muy convencida, aun así, se movió para dejar unos besos en su oreja. Se sintió temblar, un gemido escapándose. Estaba sensible y adolorida, y sus puntos vulnerables siendo atacados iban a volverla loca. Ruby le pidió perdón de inmediato, notando que se había pasado un poco, ¿Pero que iba a hacer? La iba a perdonar siempre.
"No intentes tentarme que creo que no seré capaz de sentarme por todo un mes."
Escuchó a Ruby soltar un quejido de cachorro triste, y sintió su corazón apretado en su pecho.
Era realmente débil, sin duda.
"Si te hace sentir mejor, probablemente deba dormir de estómago hoy."
No entendió aquello, ¿Dormir de estómago? ¿Para qué?
"¿Porque lo dices?"
Ruby soltó una risa, risa que no sabía si era nerviosa o no, ya no podía distinguir bien nada en su estado aletargado por la medicina haciendo efecto. Al final, lo que más hacía la droga era calmar su cerebro.
"¿No te diste cuenta? Me dejaste toda la espalda llena de rasguños."
Se vio abriendo los ojos de golpe, girándose lo suficiente para mirar a la mujer a los ojos.
"¿En serio?"
Ahora que lo pensaba, si, estaba segura de haberla rasguñado la primera vez, luego la segunda...y tal vez también las otras. Oh dios.
Ruby asintió, no veía del todo su rostro, pero podía notar algo de rubor en sus mejillas.
"Sip. Es como si un gato me hubiese atacado."
Se sintió sonrojar también.
"Quiero ver."
Los plateados la miraron sorprendidos, y no solo eso, incrédulos. La notó pestañear varias veces.
"¿No te dolía el ojo? ¿No deberías descansarlo?"
Frunció el ceño, y los labios, y volvió a su posición inicial, cerrando los ojos. Sintiendo su orgullo algo roto. Sentirse débil era algo que le desagradaba, sobre todo cuando eso le impedía hacer algo, y ahora quería ver con claridad para notar las marcas en la espalda de la mujer. De todas formas, Ruby parecía divertida con su reacción.
"Prometeme que me vas a mostrar antes de irme."
"Te lo prometo, ahora descansa."
Los brazos de la mujer la arroparon, como si la estuviese protegiendo, y estaba empezando a adorar esa posición.
…
Abrió los ojos una media hora después, lo supo por el reloj digital que estaba sobre el velador. Se había quedado profundamente dormida. Estaba cansada, así que no se sorprendía. No supo porque razón despertó, pero se alegraba, o si no habría seguido de largo, y la idea no era mala en lo absoluto. Ya había dormido con Ruby en algunas ocasiones, pero pasar la noche en su casa parecía demasiado agradable para ser verdad, pero llamaría la atención de su padre, y si no era para ir a una fiesta de Coco, este iba a sospechar. Si, a Coco era la única que le perdonaba locuras, solo por los tratos que tenía con el padre de ella.
Favoritismo y conveniencia.
Podía escuchar la respiración de Ruby en su espalda, la cual estaba tranquila. Podía sentir el peso muerto de uno de sus brazos sobre su cintura, y ahí supo que esta también estaba dormida. Ella misma estaba cansada de tanto recibir, pero Ruby hizo la mayor parte del esfuerzo. Debía de estar tan cansada como ella, a pesar de estar en forma.
Se dio la vuelta, intentando no despertarla, para darse el placer de verla dormir. Eso no era algo que hubiese observado con detención.
La habitación estaba iluminada solamente con la luz del foco de la calle, no era mucha, pero era suficiente para poder notar los rasgos de la mujer. Pasó sus dedos por el rostro durmiente de esta, su piel suave, su expresión serena, sus labios entreabiertos.
Se vio tentada, una vez más.
Pero no, iba a controlarse, lo había logrado durante todo ese tiempo e iba a poder seguir haciéndolo.
Pensó en Ruby, en los besos que esta le daba, en el cuello, en las orejas, en el cabello. Ella también podía, ¿No?
Se acercó, sintiendo el aliento tibio de esta en el rostro. Estaba tan cerca, podía cumplir su sueño de besarla y hacer que nada ocurrió. Pero besarla esta estando dormida era un acto cobarde, y no estaba dispuesta a hacer algo así que claramente iba en contra de sus principios.
Así que decidió cambiar su ruta, dejando un beso en la mejilla de esta.
Era suficiente para calmarla, y era lo suficiente para agradecerle.
Ruby le había caído del cielo, no tenía dudas.
Nunca creyó que podría conocer a alguien que la aceptaba con sus problemas, con sus traumas, con su vulnerabilidad. Que la tratase así, con tanto cuidado, que la apoyase en silencio, que no la culpase de nada, era sin duda algo maravilloso. Se alegraba de que pudiese vivir aquello alguna vez en su vida.
Cerró los ojos un momento más, disfrutando la compañía.
Capitulo siguiente: Fiesta.
Les dije que lo que venía no era bueno del todo, pero tampoco malo, todo tiene su recompensa en esta historia, así que no se preocupen, no hay mal que por bien no venga dicen por ahí.
Diría que el siguiente será calmado, pero como sabrán por el nombre, cierta protagonista tendrá un desafío más donde cierta castaña va a enloquecerla, y no de buena manera. Pero prometo que habrá una sorpresa inesperada, ¿O esperada? Muajaja.
Nos leemos pronto.
