Red Velvet

Capítulo 28: Fiesta

Cerró los ojos, respirando profundo, mientras acomodaba su cuerpo en el asiento.

El masaje que el sillón en el que estaba le hacía doler en algunas zonas, pero no era tanto como la primera vez y ultima que la probó. Estaba más delgada en ese entonces. No estaba diciendo que ahora estaba gorda, pero había ganado más masa muscular, y era claro el porqué. Además, ahora era más cuidadosa con sus horas de comida, se preocupaba más de eso, tal vez porque no quería que Ruby descuidase su alimentación y no iba a ser hipócrita y no comer mientras le decía a esta que comiese.

Se sentía bien, se sentía saludable, eso era algo positivo.

Desde que comenzó a ver a Ruby, se sentía lo suficientemente animada para cuidarse.

Le hubiese gustado usar esos momentos para hablar con ella, pero sus manos estaban ocupadas.

"¿Que le hizo cambiar de opinión respecto a sus uñas?"

Escuchó la voz de la mujer que estaba a cargo de su manicura. Siempre iba al mismo lugar, y se atendía con la misma persona, así que imaginó que a esta le llamaría la atención.

Su rostro debió de enrojecer un poco, aunque intentó quitarle importancia a la pregunta, o más bien, a la razón de haber cambiado sus uñas, o, mejor dicho, el largo de sus uñas.

Aun podía recordar el cuerpo de Ruby, su espalda ancha, fuerte, bronceada, junto con las marcas que habían dejado sus uñas. Estaban por todos lados, en lo más bajo de su espalda, como en lo más alto. Un grupo de rayas rojizas cruzando prácticamente todo ese lienzo. Algunas más rojas, otras menos notorias, pero incluso notó que unas de ellas habían logrado perforar la capa de piel, formando un hilo de sangre. Ahí ya no le resultó tan llamativo.

Si, aprendió en ese momento que le gustaba ver marcas en el cuerpo de Ruby, el provocarlas ella, el marcarla como propia, así como Ruby hizo con ella, ¿Pero llegar a hacerle daño? No, eso no se lo perdonaba.

Era sexy hasta cierto punto.

No tenía que responderle eso a la mujer, porque respetaba mucho su privacidad, aun así, se sentía mal el no contestarle nada a una persona que trabajaba hace mucho para ella, y no había tenido problema alguno, así que siempre privilegiaba a los buenos trabajadores, mostrándoles cierta cordialidad que no les daba a todos.

"Algo me ha estado dando alergia últimamente, y no me gustaría hacerme daño mientras estoy dormida."

Le dio un vistazo a la mujer, esta no la miraba, completamente concentrada en sus manos y en el procedimiento que estaba llevando a cabo. La notó asentir.

"Ya veo. A mi hijo también le ocurre, se llena de heridas al dormir. Cuidar la piel es primordial. Pero descuide, le van a quedar muy bien a pesar de estar cortas."

"Cuento con usted."

Le dijo, volviendo a cerrar los ojos.

Se sentía algo mal por soltar esa mentira, pero no tenía más opción. Al menos la mujer la entendió. Y si, no tenía duda que le quedarían bien. Se había acostumbrado a las uñas largas, pero estaba dispuesta a cortarlas para evitar lastimar a Ruby.

Se vio sonriendo apenas pensó en ella y se forzó a calmar su expresión y simplemente relajarse con el masaje que le era dado. No es que lo necesitara, se sentía más relajada últimamente, menos estresada, y era tal vez porque ahora tenía un lugar donde huir, una persona con la que podía hacer desaparecer todo lo malo a su alrededor. Aun le sorprendía lo buena que fue cuando tuvo el problema con su ojo.

No quería pensar en su ex prometido, pero este no reaccionaba muy bien cuando tenía esos problemas. Pero quien lo culpaba, cuidar de uno mismo ya es un peso suficiente como para también cuidar a otra persona. ¿Como era eso de los votos? ¿En la salud y en la enfermedad? Dudaba que él hubiese seguido aquella promesa.

Bueno, ni siquiera siguió los más simples como amarla o respetarla, pero bueno, ella tampoco lo amaba para mentir frente a Dios.

Por el contrario, si para el mundo no fuese pecado, para Atlas, o más bien, para su padre, no tendría problema en gritarle al mundo como amaba a Ruby, una mujer, y seguía impresionándole ese hecho.

A veces se ponía a pensar, ¿Soy lesbiana?

Hacerse esa pregunta a su edad era un poco ridículo, pero, aun así, jamás se sintió atraída hacía otras mujeres en toda su vida, ni siquiera cuando logró salir de su casa y poder conocer el mundo, aun ahí seguía teniendo pensamientos arraigados de su padre, aunque fue rebelde y tuvo novios sin pedirle permiso alguno.

Le gustaba Ruby como persona, como ser humano, con esa parte tan adorable de ella y su carisma, también le encantaba lo cariñosa y empática que era. Si su trabajo y su posición social no fuesen importantes en la sociedad que vivían, no dudaría en casarse con ella. No dudaba que ella si cumpliría los votos matrimoniales sin problema alguno, era natural en su personalidad. ¿De cuántos podía decir que tenían esas características morales? Muy pocos, estaba segura, sobre todo en Atlas, donde la posición social y el dinero son mucho más importantes que los valores y el amor.

Si algún día decidía jubilarse, se iría lejos de Atlas, no le importaba como fuese la situación en otros lugares, pero esa metrópolis cada día le daba más asco y preferiría cualquier otro lugar, incluso esa isla de la que la mujer provenía. No le importaba.

No creía que la relación que tenía con Ruby durase tanto, pero si lo hacía, y ambas estaban dispuestas, se la llevaría con ella.

Si, eso le gustaría.

Llevó una de sus manos a sus sienes, sentía el golpeteo atravesar sus pies, y luego golpeaba en su cráneo.

La música estaba demasiado fuerte para su gusto. Ni siquiera podía oír sus propios pensamientos, y vaya que tenía cosas que pensar ante el lugar donde estaba. Cerró los ojos un minuto, intentando calmar su molestia, pero dudaba que esta fuese a desaparecer milagrosamente. Recién y había entrado en el recinto, aun le quedaba toda la noche.

"Vamos, Weiss, ahora que estás cambiando de bando, deberías aprovechar de cazar a un par de chicas."

Escuchó la voz de Coco. Esta estaba prácticamente gritándole en la oreja y aun así apenas y lograba entender todo lo que le decía. Abrió los ojos y la miró, con la intención de regañarla por decir eso ya que no era verdad, ¿Pero qué sentido tenía? No es como que alguien la fuese a escuchar.

Soltó un suspiro pesado, arreglando su cabello. Lo llevaba suelto, a petición de Coco. Llevaba un atuendo bastante sobrio en comparación a las personas que ahí estaban. Era un bar de esos con música y gente bailando, no le agradaba en lo absoluto, pero al menos era de gente rica, era un local que solo lo de más alta clase se permitían. No es que fuese así de clasista, ya no era así, pero al menos ahí se aseguraba que a nadie le importaría una mierda lo que hiciese, nadie la iba a fotografiar o perseguir. Solo era gente como ella y como Coco. Bueno, a Coco la perseguían más porque más que una mujer exitosa en Atlas era una celebridad que tenía su reputación formada, así que no dudaba que alguien se acercaría a ver si lograba salir con ella. Nadie desperdiciaría esa oportunidad, antes solían tener celos de su persona por ser cercana a ella.

Se aburrió de pelear con esa gente.

Coco comenzó a caminar hacía la pista, al parecer iba a la barra, pero prefería pasar entre la masa de gente para llegar ahí en vez de simplemente rodearla.

La tomó de la manga de su chaqueta, haciéndola detener su trote apresurado. Esta de inmediato se giró para mirarla, acercándose lo suficiente para oírla.

"Acepté venir, pero te voy a destrozar si me dejas sola por irte a coquetear."

Coco se demoró un poco en reaccionar, pero soltó una risa. Pudo sentir el brazo de esta rodeando cuello, obligándola a caminar a su lado, mientras pasaban entre decenas de personas que bailaban sin importarle absolutamente nada. Nuevamente se veía en desventaja de altura, aunque tuviese sus plataformas. Era imposible si iba con la mujer, y mucho menos si esta usaba tacones. Sentía su orgullo roto. Por suerte Ruby no era tan alta, o sea, sí, pero muy poco en comparación. No le gustaba verse pequeña, siempre tuvo cierto complejo con eso.

No se podía sacar a Ruby de la cabeza, era imposible.

Esta volvió a acercarse a su oído, y aquello le molestaba, mucho, con cualquiera, pero debía aceptarlo porque de otra forma no la escucharía.

"Soy tu mejor amiga, Weiss, jamás te haría eso."

Se sintió feliz por una parte de que Coco le dijese eso, pero obviamente le dio cierta rabia cuando esta, segundos después, bajó sus gafas para mirar con detenimiento a un grupo de chicas. No dudo en golpearla en el estómago. Era obvio que lo hacía solo para molestarla, y lo lograba. Esta parecía divertida. ¿En qué momento accedió a ir a ese lugar?

Ah sí, cuando decidió comprar un juguete para usar con Ruby y tener un día entero de sexo desenfrenado hasta literalmente perder el conocimiento.

Si, eso sucedió.

Se sintió enrojecer, pero nadie podía notarlo con lo oscuro del lugar, lo que agradecía. Al menos su cuerpo ya estaba mejor, luego de una semana de aquello, los primeros días se veía quejándose cada vez que se sentaba, o que caminaba en su defecto.

Llegaron a la barra, y Coco pidió de esos tragos tan exorbitantes que tanto le gustaban. Por su parte, pidió un trago suave. Había dejado el alcohol, casi por completo, así que no iba a caer tan fácilmente, sin importar que fuese una fiesta donde la mayoría estaba ebrio, además, debía manejar a casa, no iba a llamar a un chófer.

No quería recordarse a la versión de sí misma de hace meses.

Tomó un poco de la mezcla que le fue dada, sintiéndolo algo desabrido, lo que en lo personal era mucho mejor que el de Coco, que parecía ser una bomba de sabores.

"¿Cuál es el plan?"

En esa zona la música no era tan fuerte como en la entrada y en la pista, así que la mujer no tenía que acercarse tanto, pudo oírla sin problema.

"No lo sé, tú me trajiste aquí."

Coco asintió, pensativa mientras le daba un largo trago a su vaso. Esta parecía pasar sus ojos por toda la gente, escaneando. Probablemente conocía a más personas ahí de lo que se hacía notar. Era una mujer popular, todos siempre eran atraídos ante su aura misteriosa y genial. Era gracioso verlas juntas, incluso cuando eran más jóvenes, todos se cuestionaban como podían ser amigas.

Se quedó mirando a Coco, y esta lo notó. Pudo ver una sonrisa en sus labios, una llena de malicia. Se sintió sonrojar de vergüenza y molestia, porque sabía que Coco iba a hacer algo para molestarla, ya estaba acostumbrada.

Esta se acercó de nuevo, no a su oído, sino que, a su rostro, pudo oler de inmediato el dulce de su trago. Aun con las gafas podía notar los ojos de esta, brillando divertidos.

"¿Acaso quieres probar conmigo a ver si de verdad cambiaste de bando?"

Oh no.

La miró con fastidio, alejándola con una de sus manos, la que no tenía su vaso.

"No seas estúpida, tengo mi sexualidad muy bien definida."

Le dijo, ¿Pero era así? Ella misma se lo había cuestionado, variadas veces.

Se quedó inerte, sin sacar la mano del rostro de Coco, aun observándola.

¿Era solo Ruby o de verdad habían cambiado sus gustos?

Se quedó muda, los pensamientos confusos pasando por su cabeza, sentía que estaba teniendo una gran crisis de identidad en ese ruidoso bar. Soltó el rostro ajeno solo para poner la mano en su mentón, pensando. Miró a Coco, de arriba a abajo. ¿Quería ver a Coco desnuda tanto como quería ver a Ruby? El pensamiento la hizo sentir amarga. Coco era su amiga, y la quería mucho, pero conocía muchas cosas de ella, y sabía que esta era desligada con esas cosas. La cuidaba y la quería, sí, pero porque eran amigas, si tal vez fuese su pareja...no, no, Coco no tenía parejas estables, nunca, no era de esas personas. Era una mujer libre, y tal vez en eso las comparaban a ambas, con el 'no tener sentimientos'.

Ahora se había dado cuenta que esa descripción era incorrecta para su persona.

Estos últimos meses, sentía demasiado.

"¿Y qué tal?"

Coco le preguntó luego de un rato, ambas se quedaron en silencio. Entendió de inmediato a que se refería, la conocía después de todo.

Negó con el rostro.

"Eres mi amiga hace demasiados años, no podría verte de esa forma."

Coco asintió, tomándose el resto de su trago en un gran sorbo. Hizo lo mismo, tomando un poco más del líquido.

"¿No quieres tener sexo entonces?"

El trago se le fue por la nariz.

Se quedó ahí, tosiendo, desesperada por recuperar la normalidad en su garganta y nariz, mientras Coco soltaba una gran carcajada, prácticamente doblándose de la risa. Cuando se recuperó, la miró, enojada. Esta poco a poco dejó de reír.

"Lo siento, me pasé un poco."

"¿Un poco?"

Coco le ofreció un pañuelo que llevaba escondido en uno de los bolsillos de su chaqueta y lo aceptó a regañadientes. Estaba furiosa y avergonzada. Se limpió el rostro, aun sintiendo todo incomodo dentro de su sistema, pero al menos ya no había más liquido atrapado en lugares donde no debía estar.

"No seas tan seria, sé que si quisieras hacerlo conmigo ya lo habríamos hecho."

Rodó los ojos. Esa mujer siempre era miss ego.

"Lo que tú digas, Coco."

Notó como esta se puso seria de la nada, mientras acomodaba los antebrazos en la barra. Podía notar sus ojos mirando algún punto en la pista, sus ojos cafés se veían aún más oscuros. Hace mucho que no veía esa mueca de odio frio en la mujer, la última vez fue hace años, atrás de la universidad, donde se peleó con alguien, y luego de dejarlo en el suelo, le escupió. Se quedó impactada aquella vez y la escena volvió a su cabeza y se sintió preocupada, lo suficiente para mirar a esa dirección, pero no vio a nadie, o sea, vio a muchas personas, pero a nadie en particular que pudiese ser algún conocido o algo. Alguien que causase estragos en Coco.

No, espera, sí.

Él estaba ahí.

Podía verlo bailar con un grupo de chicas, parecía lo suficientemente ebrio para que sus pasos fuesen erráticos. Bailar no era su fuerte, siempre apestaba no importaba cuantas clases tomara, pero al menos tenía el coraje de fallar con honor al tener algo de alcohol en su cuerpo.

A veces lo recordaba cuando se quedaba en el estudio de su padre, los dos bebiendo Whisky y hablando hasta tarde. Era asqueroso sentir el aroma del whisky, así como el aroma de su padre en él. Le daba nauseas. Tal vez si no hubiesen vivido bajo el mismo techo, las cosas habrían sido diferentes.

Se vio mirándolo, sin tapujo alguno, sintiendo asco de siquiera estar bajo el mismo techo que él. De respirar el mismo aire.

Notó como este las miró, y era claro el miedo en sus ojos, tanto así que volvió a mirar a una de las chicas con las que bailaba con desesperación, como si intentase huir de ellas. No lo culpaba, las miradas de Coco y de ella debían ser lo suficientemente duras y frías para aterrar a cualquiera. Todo Atlas sabía lo que ambas eran capaces de hacer con todo el poder que tenían bajo sus manos.

Sintió el calor de Coco en su oído una vez más, susurrando.

"¿Quieres bailar?"

Podía adivinar la sonrisa maliciosa de Coco con solo oírla hablar. Eran claras sus intenciones. Soltó una risa, sintiéndose poderosa, su estado de ánimo cambiando drásticamente, tal vez el leve rastro de alcohol y la clara ira en su ser eran suficientes para hacerla actuar. Ruby la hacía sentir así, sin necesidad de ningún otro factor colateral.

Le gustaba sentirse poderosa, en control.

"Solo imagina que tu chica de rojo está aquí."

Sintió sus latidos golpear en su pecho, color subiendo a sus mejillas.

Coco lo sabía.

Había cambiado, y era por Ruby. Si era como era en la actualidad, era gracias a Ruby. Se tomó el resto del trago que le quedaba y dejó el vaso vació en la mesa. Se arregló la ropa, se acomodó la falda, intentando lucir un poco menos recatada que como había llegado. Cuando se sintió lista, le ofreció la mano a Coco, la cual la recibió y sin demorarse la guio a la pista.

Se concentró en la música, que removía el suelo con el ritmo. No era de bailar, nunca le gustó. O sea, si, bailó cuando joven, danza y ballet, pero nunca bailaba en lugares así, no le gustaban. Las únicas veces que se acercaba a este tipo de lugares era porque Coco la invitaba.

Quería que él la viese bailar, por el simple placer de que él supiese que estaba viviendo sin él, que era libre sin él, que era sexy sin él.

Y hubiese deseado que fuese realmente Ruby quien estuviese ahí con ella. Respiró profundamente, llenando su cuerpo de confianza, y ahí recién se presentó frente a su acompañante.

Podía imaginarla sin problema.

Sus cabellos rojizos se iluminaban con las luces que titilaban sobre ellas, podía ver sus ojos plateados brillando a pesar de la oscuridad como los faros que eran, incluso con su flequillo y su capucha. Podía ver su sonrisa, esa sonrisa que le arrebataba el aire. Los ojos de Ruby la miraban a ella, más allá de sus ojos, más allá de su físico, la atravesaban y se sentía bien, se sentía vulnerable, pero confiaba plenamente en ella, en que no abusaría de eso, podía poner sus manos al fuego por ella.

Ruby la miraba a los ojos, se movía levemente, intentando seguir algún ritmo. No sabía con certeza si era buena para bailar, pero intuía que no le agradaba ese hecho, eran similares en varias cosas, no dudaba que en esto también. Confiaría en sus instintos. Al menos de algo estaba segura, y que al menos los bailes que eran hechos en su familia, en la alta clase, a esos esta ni se asomaría. Le daba algo de risa pensar en eso.

Pero ella podía moverse, ella podía bailar para ella. Se había desnudado para ella, bailar no era la gran cosa. Solo movería las caderas, rodearía el cuello de esta y se apegaría lo suficiente para sentir su aliento en el rostro. Su aroma a rosas. Podía ver con claridad la sonrisa de Ruby, como esta cambiaba de esa sonrisa cálida a esa sonrisa abrasadora, como los plateados bajarían por su cuerpo sin vergüenza alguna, comiéndosela de arriba a abajo. Sin tener tapujo alguno.

Las manos grandes y fuertes de la mujer terminaron en su cintura, se sentía temblar con el simple hecho de imaginarlo, sobre todo el sentirlo. Las manos avanzarían poco a poco, explorando su espalda baja, y pronto estarían bajando hasta su cadera, incluso rozando sus muslos. No iba a dudar en apegarse, sus aromas mezclándose, el ritmo aumentando. Sentía ese tacto único de la mujer en su cuerpo, el único que deseaba tener sobre ella.

No quería salir de ese mundo, no quería verse rodeada de personas desconocidas, solo quería seguir ahí en ese trance.

Cuanto daría porque ella estuviese ahí.

Con poder sentirse así, con ella al lado, poder bailar para ella, poder estar apegadas la una al lado de la otra, por poder…

Ruby.

Susurró el nombre, aun sintiendo el aroma de esta.

"Estoy aquí, Weiss."

Pestañeó, saliendo de esa ola de imaginaciones al escuchar esa voz.

Pero no vio a Coco frente a ella donde creía que se encontraba, porque creyó que todo ese tiempo estuvo bailando con ella, y no fue así. No estaba ahí. Nunca lo estuvo.

Volvió a la realidad, pero su realidad, era más similar a sus imaginaciones de lo que creyó, y por un momento creyó que estaba loca.

Se enfocó en las manos en su cadera, en el aroma, en los ojos que brillaban como faros en la oscuridad.

Ruby estaba con ella.


Capitulo siguiente: Presentaciones.


¿Qué pasa si en verdad esta historia tiene cierto punto de fantasía y Coco resultó ser un changeling y puede cambiar su forma física de la forma que quiera y así engañar a Weiss?

Si, probablemente simplemente la drogaron.

Quién sabe, el poder está en mis manos. Muajaja.

Nos leemos pronto.