Red Velvet

Capítulo 32: Autosatisfacción

El corazón le latía en la garganta.

Sentía el rostro hirviendo, como si estuviesen a pleno verano.

Sus piernas y brazos temblaban.

"Quiero verte, Weiss."

Tragó pesado, sintiendo su boca seca.

Levantó la mirada. Se sentía débil, vulnerable, pero usó algo de coraje para mirar a la mujer que estaba en el otro lado de la habitación. Ruby estaba sentada en el escritorio, con los brazos cruzados, esperando. Sus ojos plateados la observaban, fijamente, prácticamente sin pestañear. Un depredador.

Tragó de nuevo, bajando la mirada, observándose a sí misma.

No era la primera vez que se desnudaba frente a Ruby, pero sabía lo que iba a ocurrir en cuanto se quedase desnuda sobre la cama. Sus manos temblaron cuando comenzó a sacarse las prendas superiores. Antes, Ruby iba a hacerle algo, ella no tendría que hacer nada, y la última vez, se desnudó llevaba por la confianza y por sentirse una sin vergüenza, de todas formas, también era Ruby quien iba a penetrarla.

¿Pero ahora?

Se acomodó en la cama, con el torso descubierto. Los borrosos moretones decoraban su piel, algunos cerca de sus pezones, otros en el seno de su pecho, algunos en sus clavículas. Le dio una mirada de reojo a Ruby, la cual tenía una mano frente a sus labios, parecía querer ocultar la enorme sonrisa que decoraba su expresión lujuriosa, más no era posible del todo. Podía ver la evidente satisfacción en la mujer al ver las marcas que creó en su piel, y ni siquiera podía creer que Ruby no era de ese tipo de personas que marcaba a las personas.

Pero la marcaba a ella.

"Tu piel se ve hermosa así, más que antes."

No supo que contestar, sus mejillas ardiendo aún más, al igual que sus orejas. Quería decirle alguna cosa en respuesta, pero no podía. Nunca había estado tan nerviosa.

Se deshizo de su falda, lentamente, no para seducir a Ruby, sino porque era motrizmente incapaz de hacer las cosas más rápido. Por una parte, se sentía bien la mirada plateada en su cuerpo, al igual que tantas otras veces, pero por otra no estaba preparada para hacer aquello que Ruby quería que hiciera.

Nunca lo había hecho.

Se quitó la última prenda, con cierta inseguridad.

Podía ver el líquido en su ropa interior, dejando una marca húmeda en la tela. Tal vez se sentía por primera vez ligeramente incomoda en la situación, pero, aun así, su cuerpo reaccionaba de esa forma ante la simple mirada de Ruby, y su clara impaciencia.

Se quedó inerte, desnuda, sentada en la cama de la mujer.

Se vio sujetando uno de sus brazos, físicamente afectada por el nerviosismo y la vergüenza.

"No te ocultes, Weiss, eres hermosa, dejame mirarte."

La voz de Ruby sonó suplicante, pero tan genuina. Sabía que esta no le decía todas esas cosas, todos esos halagos, como si se tratase de un servicio, para nada, iban dirigidos hacia su persona, con honestidad. Ruby realmente la encontraba hermosa, y si bien sabía que lo era, no podía evitar que su corazón latiese al escucharla. Se sentía bonita, y en ese instante solo le preocupaba la opinión de esa mujer. Quería que esta la halagase, que la encontrase bonita, que le gustara su interior y su exterior.

Quería que Ruby la amase como ella la amaba.

Se vio sonriendo para sí misma, pensando que había cierta posibilidad que fuese así. Su situación era complicada, siempre lo sería, pero cada día tenía menos dudas de que sus sentimientos fuesen recíprocos. Ruby la quería, si, era evidente. ¿Cuanto? Eso no lo sabía.

No podía exigir más que eso.

La hacía feliz, el que eso no fuese solo sexo sin amor.

Sabía lo que era eso, y todo era demasiado bueno, agradable, y especial para que lo fuese.

Volvió a mirar a Ruby a los ojos, esta se estaba mordiendo el labio, tenía claro que se estaba conteniendo, que lo hacía para controlar su impaciencia. Se miraron durante unos momentos mientras le daba en el gusto, alejando los brazos de su cuerpo.

Había otra cosa más que debía hacer.

Respiró profundo, abriendo las piernas, lo suficiente para dejar su cuerpo completamente expuesto para la mujer, y notó de inmediato como los ojos de esta se oscurecieron, como su postura se volvió más tensa, como una de las manos de esta se aferraba a su brazo, enterrando los dedos en su carne.

Estaba enloqueciéndola, y esa impaciencia en la mujer la enloquecía a ella.

Ruby se mordió el labio de nuevo, para luego sonreírle. Los plateados observaban su centro con detención, y luego volvieron a mirar a sus celestes.

"Tú me viste la última vez, ¿No? Desde ese momento que quise verte a ti hacerlo."

Si, sabía a qué se refería.

Quería verla mientras se masturbaba.

No supo que contestarle, sintiéndose hervir. ¿Era capaz de hacer algo así?

El rostro de la mujer se suavizó, tal vez leyéndola o algo similar, esa conexión tan fuerte entre ambas. Ahora se veía empática, en calma, conciliadora.

"Nunca lo has hecho, ¿No?"

¿Como iba a hacer algo así? ¡Jamás se le habría pasado por la mente! Nunca se encontró en una situación tentadora, excitada o algo así, jamás al punto de necesitar alivio, aunque tal vez lo pensó esa vez cuando tenía insomnio y con Ruby empezaron a enviarse mensajes que la calentaron.

Pero no hizo nada.

Ruby le sonrió, no como la sonrisa de hace un rato, si no una muy suave y cálida.

"No te avergüences, te conozco, así que imagino que puede pasar por tu mente al yo haberte pedido que hicieras esto. Si no te sientes cómoda, no tienes que forzarte."

Oh.

Si, eso era algo que siempre le daba calma. Ruby nunca la obligaba a nada, la esperaba, confirmaba su necesidad y actuaba conforme a eso. Por algo se sentía a salvo con Ruby.

Por eso mismo quería hacerlo.

Por eso mismo quería que Ruby la viese tocándose.

Cuando vio a Ruby así, se sintió encendida, el saber que esta estaba sintiendo placer fue suficiente para energizarla, para hacer que su cuerpo se activase, que su orgasmo se intensificara.

Quería que Ruby la viese.

"Tal vez necesite ayuda, no sé lo que debo hacer."

Ruby se bajó del escritorio, caminando hacia ella, sentándose en el suelo, justo en frente de su zona expuesta, teniendo su cuerpo por completo expuesto. Esta se acomodó ahí, sus piernas cruzadas y sus manos aferradas a sus pantorrillas, los dedos tan firmes en la zona que su piel empezaba a ponerse blanquecina. Esta tenía una mirada suave, su rostro calmo, pero su cuerpo seguía con esa impaciencia, con esa locura que tanto la encendía.

Quería que fuese ella quien se tocase, no quería interferir de ninguna forma, por eso atacaba su cuerpo para mantenerse a raya.

"Cierra los ojos, y usa una de tus manos, yo te guiaré."

Lo intentó, cerró los ojos, y llevó la mano izquierda a su entrepierna. Se sentía muy sensible, pero apenas se acercó demasiado, dio un salto. Era extraño hacer algo así. Ya había abierto los ojos, sintiéndose un desastre para algo tan simple. Era lo más básico del mundo, pero simplemente no podía.

Ruby se levantó, y se movió por la habitación, primero abrió uno de los cajones y parecía decepcionada de no encontrar lo que iba a buscar, y luego fue hasta el armario, y ahí pareció encontrarlo. Era una corbata. La sujetó y luego se acercó.

"Quizás esto te ayude, si te molesta, dímelo."

Sintió el calor de Ruby acercándose, pero estando tan increíblemente lejos que la hacía sentir ansiosa. La tela llegó a sus ojos, y ahora solo sentía las manos de Ruby encargándose de la prenda mientras la anudaba, dejándola sin visión.

Era primera vez que no veía nada, y se sintió tan aterrada como emocionada. Sintió el aliento de la mujer en su cuello, y luego fue claro que esta dejó un beso en la zona. Se vio temblando. Su piel mucho más sensible de lo usual. Los otros sentidos haciéndose más definidos ante la pérdida de su visión.

Podía decir rápidamente que no le gustaba del todo no ver, porque quería ver a Ruby, y el simple hecho de tenerla cerca la hacía sentir bien, ver sus plateados brillando, su sonrisa cálida, su expresión cariñosa, así como su expresión lujuriosa. No verla, era algo que no le agradaba, pero podría dejar pasarlo por esta vez.

"Ahora, Weiss, muéstrame como esos hermosos dedos trabajan. Te recompensaré con lo que tú quieras después de esto."

La voz de Ruby fue atrapada por sus oídos. No sabía dónde está estaba, ni que estaba haciendo, pero esta sonaba impaciente, deleitada, y la idea de poder elegir que hacer después le daba cierto poder. Ya sabía lo que quería que Ruby hiciese por ella.

Ahora que lo pensaba, conocía tanto a Ruby, que tenía una idea de cuál podía ser su expresión.

Respiró profundo, y volvió a intentarlo. Su mano estaba fría, pero rápidamente sintió como los dedos de Ruby se entrelazaban con los suyos, la calidez rápidamente expandiéndose hasta su piel. Pasaron unos segundos, cuando sintió como esta dejaba un beso en su dorso de la mano y finalmente la soltaba. Podía captar como la animaba a seguir, y se sentía tranquila con eso.

Se acomodó, y se acercó. Sintió su cuerpo temblar cuando dos de sus dedos llegaron a su centro. Sus piernas de inmediato se cerraron por inercia, pero no lograron cerrarse del todo, Ruby estando ahí preparada para evitarlo.

Ruby seguía ahí, mirándola. Quería hacerlo, claro que quería.

Debía explorarse, esa era la primera labor, así que eso hizo, recordando lo que Ruby hacía con su cuerpo, como la tocaba, como se sentía, así que pasó los dedos por la zona, denotando cada descubrimiento.

Sus jadeos fueron aumentando conforme tocaba cada una de las partes, las cuales estaban húmedas y resbalosas. Soltó un gemido cuando pasó las yemas de sus dedos por lo que asumía que era su clítoris, haciéndola dar otro salto. Eso se sentía agradable, pero la hacía sentir temblorosa, demasiado sensible para sus movimientos primerizos.

Poco a poco comenzó a sentirse más cómoda, moviendo los dedos de arriba a abajo, usando su propia lubricación para hacer los movimientos más agradables, resbalando sus dedos por algunas zonas.

"¿Te gusta, Weiss?"

Le sorprendió escuchar la voz de Ruby, pero la hizo sentir bien el oírla. La ayudaba a que su cabeza pensara aún más en ella, en lo que hacía con su cuerpo.

"Si..."

Dijo en un susurro, soltando leves gemidos.

Si, se sentía bien, aunque claramente no era lo mismo. Pero Ruby estaba ahí, así que seguía sintiéndose como si esta fuese la que la tocaba. Eso era suficiente.

"Estas tan húmeda…mis dedos podrían entrar fácilmente…"

No tenía idea de dónde venía la voz de Ruby, no tenía idea de donde estaba, pero tenía su oído tan reforzado que casi la podía escuchar a su lado, su voz como un eco rebotando en todas las partes de su cerebro. Tembló. Tal vez debería intentarlo. Le encantaba cuando Ruby la penetraba, ¿Porque no intentarlo? Quizás si lo hacía, y lograba darse placer a sí misma, podría hacerle el favor también a Ruby. Esa idea la dejó vibrando.

No pudo decir nada, simplemente llevó uno de sus dedos a su entrada, sintiendo como sus paredes se tragaban su dedo, resbalando con facilidad. Se sintió vibrando ante la sensación conocida. Sus piernas de nuevo insistieron en cerrarse, pero de nuevo ahí estaban las manos, impidiéndolo. Ruby no se lo iba a perder.

"Otro, Weiss..."

Nuevamente la voz rasposa de Ruby llegaba a sus oídos. Otro dedo. Se vio temblando más, sobre todo cuando los dedos de Ruby se enterraron en su piel.

Y le dio en el gusto.

Metió otro dedo, y su espalda se curvó ante la sensación. Los sacó lentamente para luego volverlos a meter. Se sentía bien, claro que sí, entraban tan fácil, por algo a Ruby le fascinaba aquello. Ahora podía entenderla.

Empezaba a agotarse, su cuerpo teniendo poca resistencia como siempre, así que se tiró hacia atrás, y le sorprendió caer sobre unos cojines. Abrió sus piernas, en esa posición, recostada, y notó como ahora podía mover sus dedos con más facilidad. Sus brazos eran largos, al igual que sus dedos, así que parecía tener esa ventaja ante su inexperiencia.

"Curva tus dedos, te prometo que te sentirás mejor."

¿Curvar los dedos?

Sabía lo que era eso, lo recordaba, así que, aunque aún no supiera muy bien cómo hacerlo, iba a seguir su consejo.

Su cuerpo entero tembló, sintiendo como el orgasmo empezaba a formarse en lo más bajo de su estómago. Soltó un gran gemido, escuchando el eco de su voz dar vueltas por la habitación.

"Eso, Weiss, ¿Lo sientes?"

Asintió, soltando un gemido, sin poder decir nada.

Ahora lo entendía.

Esa era la sensación que buscaba.

Siguió así, moviendo sus dedos, curvándolos, empujando sus paredes. Se sentía extraño, pero también se sentía natural. Prefería que Ruby la penetrase, pero el que esta estuviese ahí, era lo suficientemente estimulante. Cada vez que lo hacía, soltaba un gemido, y quería más, quería sentir más, así que comenzó a usar sus caderas para aumentar la rapidez de sus movimientos.

Estaba cansada, pero el orgasmo acercándose era suficiente para seguir, y no solo eso, si no que escuchaba a Ruby jadear, y notaba la desesperación en esta. No entendía como era capaz de controlarse, pero quería darle su espacio para lograr su cometido, sin intervenir ni quitarle la gloria.

Se sentía bien, cada vez mejor, su orgasmo acercándose.

Ahora solo podía decir el nombre de Ruby entre gemidos, queriéndola cerca. Y esta, al parecer, no se resistió a sus llamados.

Sintió los labios de esta en sus piernas, así como las manos ajenas en su cadera, ayudándola con sus movimientos.

"Weiss, vente para mí."

Podía sentir mucha emoción en la voz de la mujer, claro que lo notaba. Estaba tocándose pensando en ella, y ahora que lo estaba logrando, ahora que lo estaba haciendo, quería volverlo a hacer, teniendo a Ruby en su mente, tal vez eso podría calmar esa ansiedad que tenía cuando no la podía ver. Simplemente se había vuelto adicta a esa sensación.

"Muéstrame tu rostro cuando te vienes pensando en mí."

La voz de Ruby llegó al lado de su oreja, estaba cerca, muy cerca, en un movimiento que no predijo, y sus palabras, tan graves, tan intensas, tan llenas de pasión fueron suficientes para hacerla llegar.

Soltó un grito, los dedos que usaba para penetrarse los presionó en sus paredes, mientras el líquido salpicaba en su mano. Su cuerpo tembló, se removió, pero las manos ajenas seguían sujetándola, sin abandonarla ni por un segundo.

Cayó en las almohadas, sus dedos incapaces de seguir haciendo nada, saliendo de su entrada tan fácilmente como habían entrado. Se quedó sin aire. Hacérselo a si misma era doblemente más agotador que simplemente recibir. Tal vez pensaría dos veces antes de hacerlo, su cuerpo no resistiría.

Le costó reponerse, y no supo cuánto rato estuvo ahí, luchando por tener más oxígeno.

Cuando abrió los ojos, se vio recibida por la luz natural de la habitación, así como por la mirada de Ruby. Esta lucía feliz, inmensamente feliz, y su rostro estaba completamente rojo. La mano de esta acaricio su mejilla, moviendo un par de cabellos de su rostro.

"Lo hiciste bien, Weiss. Fue un honor poder haber visto tu primera vez."

Si, fue su primera vez. Se sintió hervir, y no sabía de donde sacaba energías su cuerpo para avergonzarse. Se removió, quedando sentada. Sentía su cuerpo tenso, agotado, pero aun así quería seguir, ahora que tenía la adrenalina aun en ella.

"Dijiste que ibas a hacer lo que yo quisiera, ¿O me equivoco?"

Ruby le sonrió, deleitada.

"Si hay algo que debes saber de mí, es que nunca rompo una promesa."

"Entonces desnudate y acuéstate en la cama mientras yo me repongo."

Ruby abrió los ojos, con cierta sorpresa, y luego notó como esta soltaba una de esas risas nerviosas.

"Y yo que creí que la señorita Schnee no iba a interesarse en el cuerpo de esta humilde servidora, pero me equivoqué."

Se sintió enrojecer. Si se ponía en su lugar, debía de tener claro que a ella no le gustaban las mujeres, así que el que se interesara en un cuerpo femenino debía ser muy poco probable. Igual notaba la broma en el tono de Ruby, y no tenía duda que esta debió haber notado su interés incluso desde mucho antes. No tenía mucha fe en manera de ocultar sus deseos, así como ocurrió en el Red Velvet, varias veces, donde se quedó inerte mirándole el escote. Oh no, ahora que pensaba en eso, debió notarse demasiado. ¿Como pudo ser tan desvergonzada? ¿Como podía seguir siendo así de desvergonzada?

Ocultó su rostro en una de sus manos, mientras escuchaba a Ruby reír como una niña pequeña. Debió ver su pequeño momento de pánico.

Era una mandona desvergonzada.

Sintió el peso de esta en la cama, y se giró para mirarla. Esta se estaba desabrochando las zapatillas, en su torso solo tenía un sujetador negro. Los plateados le dieron una mirada furtiva.

"Me alegra que seas más honesta con las cosas que quieres hacer, temía que te hartases de mi por salirme con la mía."

Se sentía algo tensa por un momento, debido a la vergüenza, pero nuevamente se vio inundada con esa comodidad tan típica que sentía con la mujer. Podían hablar de cualquier cosa, y esa era una de las razones por la que le encantaba que su relación hubiese crecido tanto.

"Tú me ayudaste a ser más honesta, y a entender lo que me gustaba y lo que no. Y, por cierto, no me agradó demasiado que me vendases los ojos."

Ruby dio un salto, mirándola a los ojos y darle toda la atención del mundo, deshaciéndose de sus zapatillas en dos movimientos.

"¿Sí? ¿Por qué?"

Ahora que la mujer la miraba, con curiosidad y preocupación, se dio cuenta que la respuesta era porque quería verla, pero si lo decía, iba a sonar demasiado cursi. Terminó llevando una de sus manos a su rostro, con la intención de acallarse. Ruby esperó unos segundos, y cuando se dio cuenta que no iba a tener una respuesta, decidió acercarse. Sintió su calor abrasador en todo su cuerpo, mientras esta acomodaba la cabeza en su hombro.

"¿Te hace sentir sola o algo así? ¿Me extrañaste?"

La miró con sorpresa. La había atrapado, otra vez más. Esta solo le sonrió, recibiendo la clara respuesta a sus preguntas.

"Eres demasiado linda, Weiss. Entonces no lo haré de nuevo, ¿De acuerdo? Gracias por decirme."

Ruby se levantó para seguir en lo suyo, y por su parte volvió a tener una crisis.

Una crisis de amor.

Eso que le acababa de decir, la forma en lo que lo dijo, fue suficiente para hacerla sentir enamorada una vez más. No creyó que iba a poder gustarle más, pero cada día se sorprendía. Cada día su corazón latía más rápido, más fuerte por ella. Y se sentía feliz de que al menos tuviese la certeza de que lo que tenían era especial, era único, tenía la certeza que Ruby también sentía cosas por ella.

Una relación que las beneficiaba a ambas, pero debía mantenerse como estaba para garantizar la permanencia de la otra en sus vidas.

Era cruel, pero debía concentrarse en lo bueno, y no en lo malo.

Cuando se dio cuenta, Ruby ya estaba acostada en la cama, sus manos cómodamente sobre su estómago, su cuerpo completamente desnudo, y aprovechó de observarla. Estaba cerca del largo tatuaje de esta, que nacía en el costado de su estómago y acababa antes de su rodilla, naturalmente llevó una de sus manos a la zona, notando si la piel se sentía tan suave como el de su pecho, y si, no había cicatrices notorias. Una parte de ella tenía esa creencia que los tatuajes eran para ocultar cicatrices, o al menos esa era la única razón por la que la gente de alcurnia de Atlas se los hacía, y la dejaba respirando en paz al notar que no era el caso de Ruby. Ya sufría cuando pensaba en su pasado, en lo doloroso que fue, como para que además hubiese sido herida físicamente.

"Nunca he conocido a nadie con tatuajes. Siento si te molesta que te toque así."

"Nup, no me molesta que me toques."

Ruby dijo, su mirada picara, y luchó consigo misma para no volver a sonrojarse de esa manera tan estrepitosa de nuevo. Esta dejó de mirarla, dándole espacio para que se repusiera de la vergüenza, y se quedó observando el techo.

"A mis padres les gustaban, así que siempre estuvieron en nuestra mente aun cuando niñas. Rose es el apellido de mi madre, por eso mi obsesión con las rosas. Con mi hermana tenemos planeando hacernos unos a juego, más simbólico."

"Suena a una gran idea."

Le dijo, sin mirarla del todo, pero volvió a enfocarse en el rostro de la mujer cuando esta se acomodó en la cama, mirándola. Había una expresión extraña en su rostro, como coqueta, pero llena de burla.

"Ahora que lo pienso, eres tan guapa que quizás debería tatuarme tu rostro por algún lado."

Era claro que era una broma, pero se vio de igual forma avergonzada. Empujó a la mujer, forzándola a que se acostase de nuevo, y también para que dejase de reír, pero no lo logró del todo.

"Que graciosa."

Rodó los ojos, algo molesta, pero aun así terminó riendo junto a ella.

Su enamorada era una gran idiota.


Capitulo siguiente: Prisa.


Si, yo también quiero tatuarme a mi novia en el cuerpo, pero como todos saben, tatuarse el nombre de alguien o el rostro no es la mejor idea, por eso siempre me hago cosas simbólicas respecto a ella. Hola bb.

¿Están disfrutando la paz?

Lo siento mucho, pero disfruten ese capítulo, y tal vez el siguiente. I'm sowwy.

Nos leemos pronto.