Red Velvet
Capítulo 33: Prisa
…
Soltó un suspiro, sintiendo el placer abarcando su cuerpo, una vez más.
Podía ver la ventana cuyas cortinas estaban medianamente abiertas. No sabía si alguien la podía verla en esa posición, pero honestamente no le importaba. Se sentía demasiado bien para coartarse.
Miró hacía abajo, viendo su cuerpo desnudo, y bajo de ella, estaba la cabeza de Ruby. Los plateados estaban cerrados, su cabello estaba desordenado sobre la almohada, y su rostro lucía rojo y húmedo. Podía sentir la lengua de esta entrando en ella, moviéndose, saboreándola sin parar.
No era la primera vez que Ruby la devoraba de esa forma, pero esta vez se sentía aún mejor, tal vez porque acababa de tener un orgasmo y se encontraba sensible.
Usó su mano izquierda para ayudarla en su trabajo, acariciando el musculo hinchado que rogaba por tener atención. Las manos de Ruby se aferraron a su cadera, manteniéndola en posición, pero era inevitable, sus cuerpos necesitaban más fricción, era un impulso incontrolable. Se vio gimiendo fuertemente, el éxtasis atacándola sin previo aviso. Se sentía muy sensible, pero no creyó que tanto. Ruby abrió los ojos, tan sorprendida como ella misma.
Usó sus brazos para evitar que su cuerpo cayese hacía adelante, pero estos temblaban, todo su cuerpo temblaba. No estaba acostumbrada a seguir tan pronto luego de tener un orgasmo, y, de hecho, tampoco tuvo orgasmos antes de conocer a Ruby.
"Lo siento."
Escuchó a Ruby decir, pero no entendió a lo que se refería y estaba demasiado cansada para pensar y darle vueltas a sus palabras, o al menos preguntar.
Se dio cuenta muy tarde.
Ruby usó sus manos para levantar su cadera, y en esa posición esta la penetró de la nada. Los dedos de la mujer la llenaron por completo.
"¡Ruby!"
No alcanzó a decir nada más que el nombre de la mujer, mientras la buscaba con la mirada. Ruby seguía bajo de ella, su rostro justo abajo de su centro, los plateados observando detenidamente el trabajo manual que estaba haciendo. No podría durar mucho más, era imposible. ¿Porque Ruby la estaba tocando? No entendía nada, pero aun así hizo el esfuerzo de mantener su posición, sus brazos queriendo resistirse y dejarse caer. Intentaba contener su cuerpo, sus sensaciones intensas, evitar que su orgasmo llegase tan pronto como antes. No podría soportar todas esas sensaciones tan rápido la una después de la otra, pero Ruby no parecía vacilar. No lo entendía del todo, pero no podía decir nada, se sentía demasiado bien, y estaba dispuesta a pasar por aquel cansancio solo para sentir los dedos de Ruby dentro suyo.
Volvió a venirse, y sintió su cuerpo desmoronarse en la cama, sus extremidades siendo incapaces de funcionar correctamente.
No podía hacer nada más que no fuese recuperar el aire.
Había sido demasiado.
Se quedó ahí, varios minutos, temblando de manera incontrolable, sintiendo su cuerpo entumecido, cada parte de su humanidad.
Notó el rostro de Ruby en su abdomen, los brazos de esta rodeándola, abrazándola. La intentó mirar, intentó cuestionarla, pero esta lucía tan tranquila ahí, tan relajada, tan feliz, que no quiso regañarla y quitarle eso, así que llevó una mano al cabello de esta, acariciándola. Ni siquiera sabía si su mano iba a ser capaz de responderle, así que fue una sorpresa.
Ruby se removió, con la exclusiva intención de mirarla, sus ojos grandes y brillantes, felices. En momentos así se daba cuenta que no era la única disfrutando de todo eso. Ambas disfrutaban.
"Me pasé un poco, lo siento. Te habías venido tan rápido que me vi queriendo hacértelo de nuevo."
Soltó un suspiro, llena de indignación, porque si, estaba indignada, pero se sentía tan bien que no podía quejarse más allá de eso. Su cuerpo era débil, pero aún más su cabeza cuando se trataba de Ruby. Podía permitirle lo que sea, aunque estuviese en contra de sus principios, los cuales cada día estaban más enterrados.
"Vas a hacer que me desmaye de nuevo."
Ruby de inmediato usó sus ojos de cachorro, mientras impulsaba su cuerpo más arriba en la cama, ahora apoyando la cara entre sus pechos. Se veía tan adorable para el lugar donde estaba. Era irresistible en más de un sentido.
"¿Me perdonas?"
Rodó los ojos, y no dudó en tirar de la oreja de esta, rozando los aros que esta tenía en la zona.
Esta rio, mostrando sus dientes. En ese momento se veía demasiado joven para su edad. Siempre se salía con la suya, pero debía asumir la responsabilidad, le estaba dando demasiada permisividad, ambas haciendo cosas sucias gran parte del día.
"Te perdono por ser adorable, pero no voy a dejar que me pongas una mano encima por el resto del mes."
Ahora Ruby ya no reía. El cuerpo de esta se movió rápidamente, posándose sobre ella, mientras ponía sus manos a los costados de su rostro, encerrándola, aprisionándola. Ruby era un cachorro, pero si había algo que quería, se transformaba en algo aún más salvaje, más intenso. De inmediato sintió su cuerpo reaccionar a ella, lo cual creía que era imposible debido a su condición.
"¿Hablas en serio?"
Ruby no tenía ninguna mueca en su expresión, nada, era como que había quedado en estado de shock. Tragó pesado, y asintió.
"Es tu castigo."
Luego vio la mueca suplicante de esta, bañando todo su rostro. Sus ojos plateados brillaban casi al punto de las lágrimas, y ese puchero.
Uhg.
Nuevamente había cambiado solo para conseguir su cometido. Y Dios, funcionaba de maravilla, era irresistible, le daban aún más ganas de besarla.
"Pero eso es más que un castigo. ¡Es un suplicio!"
Intentó componerse, controlar su rostro, ignorar lo mucho que la afectaba esa mujer. Debía mantener su posición. Si. Por supuesto. Claro.
Mas fácil decirlo que hacerlo.
"Estoy hablando en serio. Ni un solo dedo tuyo va a volver a tocar mi cuerpo."
Creyó que Ruby pondría una mueca triste o algo similar, pero se sorprendió al verla pensativa. Su mirada era distante, y temió que esta se hubiese enojado. Pero no fue así. O eso creía. Sintió el cuerpo de la mujer acercarse más al propio. Los pechos ajenos se acomodaron sobre los suyos, sus estómagos pegándose, sus piernas rozándose, el calor ajeno pasando al suyo. Se vio temblando con la cercanía, era realmente débil ante esa mujer. Ruby le sonrió, picara, pero seria, aun manteniendo la faceta herida, la faceta suplicante, pero sin poder controlar del todo su expresión.
Lo siguiente que sintió fue la rodilla de esta en su entrepierna, el calor sorprendiéndola, así como la fricción.
Miró a los plateados en busca de respuestas. ¡Pero si se lo acababa de prohibir! Pero esta solo fingió inocencia, mientras frotaba su cuerpo con el propio de una forma para nada inocente. Sintió el aliento de esta en su oído.
"Dijiste que no pusiera ninguna mano, pero puedo usar mi cuerpo, ¿No?"
Un vacío legal.
"No, espera, eso no-"
No alcanzó a terminar de hablar, la rodilla ajena haciendo fricción de nuevo. Ruby se acomodó en su cuello, mordiendo cerca de su hombro, dejándole otra marca más. La lengua mojando la zona.
"Puedo ser tan obediente como quieras, pero no me quitaras esto. No podría resistirlo."
Su cuerpo.
Hubiese negado. La hubiese detenido, pero el cuerpo de esta frotándose con el propio la hacía sentir cada vez más encendida, perdiendo así el raciocinio, y su voz. Las palabras de la mujer la dejaron realmente sorprendida, esa necesidad en su voz, desesperación. Podría indignarse pensando que Ruby solo la quería por su cuerpo, pero era claro que no era así, pero la mera idea la hizo sentir irresistible y le infló el ego. Notaba como la rodilla de esta se llenaba de sus líquidos y se volvía cada vez más resbaladiza, cumpliendo la función de estimularla. Se vio temblando, una vez más en ese día, temblando ante las sensaciones, ante la necesidad de más. Debería de estar satisfecha, pero Ruby había logrado cautivarla. Nunca estaría completamente satisfecha. Siempre iba a querer más de ella.
Lo que tenían ya no tenía límites.
Sabía que esto podría ser un problema cuando estuviese sola de nuevo…
Se tuvo que morder la lengua, incapaz de detenerla, ya no podía parar.
De la nada, Ruby se detuvo, mirándola.
Había algo en su mueca que no pudo entender. Sus interiores se estremecieron en impaciencia al no sentir nada ahí abajo rozándola. ¿Porque se detenía?
"No querías seguir, ¿Cierto? Me detendré."
Oh.
Su cuerpo reaccionó por si solo antes de entender la intención de la mujer. Simplemente se vio sujetando a Ruby de la cintura, abrazándola, obligándola a que tomase la posición de antes. Se sentía demasiado desesperada para que esta se fuese dejándola así, hirviendo, además que esa sensación de compartir el mismo espacio era algo que nunca iba a dejar de agradarle.
No le dijo nada, ignorándola, no tenía la capacidad para decirle lo que quería, lo que no quería, así que esperaba que su agarre fuese suficiente.
Y ahora, mirándola de reojo, notó que todo eso era un acto, un acto vil para saber qué tan desesperada estaba su persona por conseguir más placer. Y si, hizo exactamente lo que Ruby quería. Siempre iba a perder, ¿No? Honestamente, poco le importaba a esta altura.
Movió sus caderas para incentivar los movimientos de esta, y lo consiguió, Ruby volvió a presionar su rodilla contra su centro. Sintió algo húmedo en su piel, y notó que su propia rodilla también tenía una posición precisa para hacer la misma labor que le era administrada, así que se aferró aún más al cuerpo ajeno, para que ambas pudiesen sentirlo.
Siguieron ahí, moviéndose, rozando sus cuerpos, utilizándose mutuamente. Sentía las manos grandes y fuertes de Ruby aferradas a sus hombros para darse el impulso, y sus manos estaban en la espalda baja de esta, contribuyendo en el movimiento, y se vio rasguñando la piel que tenía al alcance cada vez que sentía un golpe de placer. Estaban sudando, cada vez más, además de la lubricación que ya bañaba sus cuerpos. Resbalaban sin problema, cada movimiento arrebatándoles gemidos a ambas.
Ya había perdido completamente la cabeza.
Esa era sin duda una locura completamente animal e instintiva.
Los movimientos se volvían más intensos, más desesperados, más duros, más feroces.
Se vio temblando cuando llegó al orgasmo, por cuarta vez en el día, y no dejó que su humanidad se debilitase hasta que su compañera también lograse conseguir su propio orgasmo.
Podría acostumbrarse a eso.
A quedarse inerte, con el cuerpo de Ruby sobre ella o bajo ella, mientras recuperaban el aliento, mientras sus esencias se mezclaban.
Al final del día, sus cuerpos encajaban a la perfección, sin importar donde estuviesen. Ellas encajaban a la perfección, eran perfectas la una para la otra, y aquello la hacía sentir inmensamente feliz. Le encantaba que fuese así.
…
Siempre era una sensación desagradable el tener que partir.
Estar acostada con Ruby, recuperando el aliento, pegadas la una con la otra, era una sensación que le gustaría disfrutar más seguido. Nunca creyó que el sexo era lo suyo, pero ahora se daba cuenta que era algo que la hacía sentir demasiado bien y se vio perdiéndose aquello durante años. Nunca iba a cometer ese error de nuevo.
Pero tenía que volver a su casa temprano, y odiaba que tuviese esa mala suerte y no pudiese disfrutar del día junto a Ruby. Odiaba a su padre, y ese día aún más. Iba a estar realmente molesta cuando viese a esos socios, no iba a poder disimular sus sentimientos.
Fue difícil decir adiós, Ruby se aferraba a su abrigo rogando que eso fuese suficiente para que no pudiese irse, sin embargo, tampoco la forzó a quedarse. Era comprensiva, simplemente se merecía el mundo entero por ser así. La adoraba. No podía imaginarse una vida sin Ruby.
Ruby no es tuya.
Finalmente se despidió y volvió a su auto, el cual estaba estacionado a solo unos pasos del lugar. Se subió, se puso el cinturón y giró la llave. Este hizo un sonido chirriante, pero no sucedió lo que usualmente ocurría, pues, que prendiese. Oh no. Se quedó unos momentos ahí, congelada frente al manubrio. Realmente tenía mala suerte y ese no parecía ser su día. Probó una segunda vez, obteniendo el mismo resultado, nada.
Desde ese mensaje en la mañana, supo que su día iba a ser una maldición. Si no fuese por el sexo siempre perfecto que tenía con la mujer, daría ese día por perdido.
Volvió a intentarlo, girando la llave, y sucedió exactamente lo mismo.
Miró la hora. Se había retrasado un poco al no querer separarse de Ruby, pero creyó que si aceleraba más de lo usual no tendría problema en llegar. ¿Pero ahora? No tenía tiempo para llegar a la reunión, y honestamente, tampoco quería ir, nunca quiso. No era realmente importante, ya que no tenía que ver concretamente con ella o con la empresa, solo supuestos socios. Dejó caer su cabeza en el manubrio. Debería llamar a una grúa o algo. Le dijo a su padre que no iba a alcanzar a llegar a la reunión, y le adjuntó un audio de lo horrible que sonaba su auto, este probablemente no vería el mensaje pronto, pero mejor así. Podría irse en taxi para llegar a tiempo, pero a su padre no le gustaba que los usara, siempre creyendo lo peor del conductor.
Antes de buscar algún taller cercano, recibió un mensaje de Ruby, al parecer se había dado cuenta que no había partido y que iba a llegar tarde, entonces le dijo lo que había pasado, que su auto no respondía.
Le sorprendió que esta le dijese, '¿Puedes abrir el capó? Lo revisaré.'
Y eso fue sin duda era una de las cosas más sexys que la mujer le había dicho. Estaba en su top de cosas sexys.
Lo abrió, sabiendo como hacerlo, pero jamás en su vida lo había hecho. Se bajó del auto cuando Ruby salió de la casa de prisa, sin ni siquiera ponerse una chaqueta o algo, quedándose con la ropa que tenía cuando llegó. La notó como saltó los últimos escalones y llegó a su auto en cosa de dos zancadas. Rápidamente levantó el capó y lo sostuvo con una vara de metal que ni siquiera sabía que ahí existía. Miró, pero no supo nada de lo que veía. Le enseñaron como manejar, pero nada más. Todas esas piezas y cables no tenían ningún significado para ella.
Ruby escaneó por encima, pero al parecer no encontró el problema, notó como esta apoyaba sus manos en el borde, y usó la fuerza de sus brazos para levantar su cuerpo y prácticamente saltar hacía adentro. Podía ver sus músculos tensarse por el esfuerzo.
Vaya...
Se mantuvo en esa posición durante un rato, y la notaba mover el rostro, indagando.
"¿Puedes intentar encenderlo?"
Hizo caso de inmediato, saliendo de su estupor, y el auto sonó de la misma forma, sin prender al hacer contacto con las llaves. Cuando volvió donde Ruby, la notó pensativa, una mano en su mentón. Esta hizo una mueca, y volvió a lanzarse dentro del auto. Al menos no era tan alto como el auto de su padre, o hubiesen tenido que ir a buscar una silla para que la chica pudiese trabajar.
Ruby volvió a tierra, al parecer determinada, lo había encontrado.
Esta arremangó la manga de su camiseta con su mano izquierda, dejando algunas manchas oscuras en su piel y luego usó el brazo descubierto para meterlo profundo en el auto.
Si, eso también fue sexy.
Se quedó ahí, mirando, inútilmente, hasta que Ruby parecía haber logrado su cometido. Cuando sacó su brazo este estaba aún más manchado que antes, pero a esta no parecía importarle, ni siquiera que sus dedos estuviesen ahora negros. Su auto estaba limpio por fuera, pero debería asegurarse que lo estuviese por dentro también. Eso era algo que iba a anotarse en su cabeza.
"¿Puedes probar ahora?"
Asintió, luego de haber estado inmóvil por largos momentos, simplemente devorando a Ruby con la mirada, en silencio.
Esta vez el auto sonó como normalmente lo hacía, y el motor logro prenderse. Ruby cerró el capó y cuando la vio por el parabrisas, esta le sonreía, levantando sus pulgares. Se bajó de nuevo para agradecerle, o más bien para disfrutar un momento más de esta nueva Ruby que acababa de aparecer frente a ella.
"Solo se soltó un cable, nada grave. Pudo haber pasado en el camino, en algún salto o algo."
"No sabía que te manejabas con los autos."
Ruby le dio una mirada de sorpresa, y luego soltó una risa nerviosa.
Sabía que Ruby encontraba bonito su auto, pero no que era capaz de hacerlo funcionar desde dentro.
"Hubo un tiempo donde trabajábamos en un taller de autos. Al principio estábamos ahí para lavar los autos porque los clientes amaban a Yang, pero yo terminé aprendiendo mucho del funcionamiento y de los motores de estos. Al final, me volví bastante buena en eso, incluso el dueño me decía que tenía talento, aunque él era un patán y a la mayoría de mecánicos les decía que debían arruinar el auto un poco para que el cliente volviese. No vayas jamás con él."
Se quedó sin saber que decir, digiriendo todo. Imaginaba a Ruby más joven, más inocente, llena de aceite, metiendo su cabeza curiosa en los vehículos.
Se enamoró un poco más, si eso era posible.
Ruby se rascó la mejilla, algo nerviosa. Dejó una mancha justo en ese lugar. Se había quedado en silencio por mucho rato al parecer. Podía estar horas pensando en ella sin aburrirse.
"¿No tenías prisa, Weiss? No vayas a llegar tarde, tu auto no debería de tener más problemas."
Ruby sabía cuánto le molestaba llegar tarde. Por su parte no despegó la mirada de ella, y de cómo lucía. Se tomó un segundo para volver al auto y apagarlo del todo y cerrarlo. La mujer parecía preocupada, pero acalló cualquier replica cuando se acercó y le rodeo el cuello con los brazos. Simplemente no se podía aguantar. Ni siquiera le importó si alguien las veía, le daba igual, solo quería estar cerca de esa mujer y nadie iba a detenerla.
"Creo que puedo dejar eso pasar."
Ruby parecía sorprendida, pero solo fue cuestión de segundos para que esta entendiese el tono de sus palabras, y le dio una sonrisa pícara en respuesta. Rápidamente comprendiendo sus viles intenciones, sus sucias intenciones, sus intensas intenciones.
"Pero señorita Schnee, su vehículo ya está reparado."
Oh, Ruby.
Le sonrió, siguiéndole el juego. Las voces de ambas completamente sincronizadas.
"Necesito que arregle una última cosa para mí."
"Pero no quisiera mancharla, estoy algo sucia."
La miró, y era verdad, ¿Pero necesitaba las manos de Ruby? Le habría prohibido usarlas, y estaba segura de que esta también lo recordaba. Igual, tener las marcas de las manos de Ruby en su piel, como una gran marca negra, se sentía atrayente. Al parecer tendrían que volver a la ducha, pero no tenía problema con eso.
"Mientras haga bien su trabajo, eso no debería ser problema."
Notó como Ruby pasó la lengua por sus labios, humedeciéndolos, y ya quería tener esa lengua en ella.
Solo bastaron unos segundos, y ya estaba dentro de la casa.
Capitulo siguiente: Pesadilla.
Yo creo que ni siquiera era necesario saber el título del capítulo siguiente, con solo haber encontrado cierta frase en cursiva debía ser suficiente para que se dieran cuenta que algo malo iba a ocurrir, eso y que vengo días avisándoles, poniéndoles el parche antes de la herida.
Soy cruel pero justa.
Espero que hayan disfrutado de esta paz y momentos íntimos entre estas dos porque… porque…Ya lo verán.
Nos leemos pronto.
