Red Velvet
Capítulo 34: Pesadilla
…
"¿Quién te crees que eres, Weiss Schnee?"
Se quedó de piedra, escuchando a la chica frente a ella.
Los ojos plateados la miraban con intensidad y eso era suficiente para que su corazón se apretase en su pecho. Podía sentir esa ira, que sintió tantas veces en tantas personas, como la miraban con rencor, por su actitud o por ser quien era. Estaba acostumbrada a esas miradas, pero no a esa. Incluso recordaba ese tono cuando alguien la llamaba por su apellido, con odio, rencor, a veces envidia, pero Ruby jamás sonó así.
Ruby nunca sonaba como en ese preciso instante.
"Tú has estado desde siempre en tu castillo, alejada de todo, tú no sabes cómo es la vida, lo cruel que es el mundo."
Si, si lo sabía. De hecho, esa soledad que tuvo, que sintió, era la razón de todos sus problemas. La presión de su familia, de ser perfecta…Todo el abrumante peso que fue puesto en sus hombros desde que era una niña.
"Tú no sabes lo que es perderlo todo, Weiss. Perdí a mi madre, a mi padre y a mi tío. Estuve vagando por las calles, buscando que comer, buscando como vivir, como sobrevivir. Tuve que ver a Yang mientras esta vendía su cuerpo para alimentarme, como se arriesgaba para mantenerme con vida. Hicimos cosas de las que nos arrepentiremos por siempre. Esa vida cruel que jamás has conocido y me ha invadido desde que nací. Dices tener problemas, Pero ¿Qué es eso en comparación? Solo has sido una niña mimada, con tus estúpidos problemas, haciéndote la víctima. Tú no sabes lo que es sufrir."
Su voz era cruel, era dura, era rencorosa. Nunca creyó que escucharía a la dulce Ruby hablar de forma similar. Su adorable Ruby jamás sonaría así, no podía ser verdad. Ni siquiera podía creer en esa imagen frente a ella, como el cuerpo de la mujer se erguía, como su pecho se hinchaba, como sus manos se empuñaban, como su postura estaba llena de agresividad, llena de ira.
"Todos sufren de manera diferente, Ruby. Cada uno tiene su versión diferente del dolor y la soledad."
"Solo te preocupas de tu maldita reputación, mientras que yo, a estas alturas de mi vida, no tengo ni siquiera una pizca de dignidad luego de todo lo que he tenido que hacer."
Intentó mantenerse firme, intentó no desmoronarse con las crudas palabras que eran dichas, pero era difícil. Le tenía demasiado aprecio a esa mujer y escucharla así, era insólito. ¿Como era posible que esa Ruby y la Ruby que veía usualmente fuesen la misma persona?
No debía ser real. No. No lo era. No podía ser real.
Pero eso no evitaba que su dolor aumentase con cada palabra, con cada mirada. Su pecho apretándose entre sus costillas, las lágrimas poco a poco llenando sus ojos. Amaba a esa mujer, que la tratase así, no podía soportarlo. Muchas personas la trataron mal en su vida, pero no quería a nadie de ellos, solo a Ruby.
La vio acercarse, intimidante. El cuerpo que tanto adoraba, que le daba escalofríos, que la hacía sentir tan bien, ahora era completamente distinto. Su rostro ni siquiera era similar a esa ira actuada, a esa ira sexual que vio algunas veces, no, para nada, era sádico, pero a un extremo opuesto, no había ni una pizca de cariño en la mujer.
Se le congeló la sangre.
Ruby nunca la lastimaría, ¿No?
Podía sentir que se equivocaba, que esa Ruby iba a herirla, incluso más de lo que ya la había herido con sus palabras. Sabía que era verdad, sabía que había algo de razón en lo que le era dicho, lo sabía. Ambas venían de mundos muy diferentes, Ruby debió haber sufrido de maneras imposibles de asimilar, pero, aun así, no imaginó que sería tratada así. No podía ni siquiera decir palabra.
Solo se quedó ahí, esperando el ataque.
"Tú no vivirías ni un solo día en mi piel."
Su voz sonó tan fuerte, retumbando en su cabeza, como un gruñido iracundo, gélido, sin ningún sentimiento aparte de ira y rencor. Se vio llena de pánico, de miedo, de tristeza y dolor, mucho dolor. Incluso pudo sentir el cuerpo de esta abalanzándose al propio, pero ya no era cálido, si no que era frio, dolorosamente frio.
Despertó de madrugada, su cuerpo bañado en sudor frio.
Se quedó ahí, sentada, recuperando el aliento, el corazón latiéndole fuertemente, dolorosamente.
No era la primera vez que soñaba algo similar, pero este fue mucho más temible que los anteriores. Antes era solo la voz en su cabeza atormentándola, pero ahora se veía demasiado real. No era como las otras veces. ¿Cuántas habían sido ya desde que empezó esa relación con Ruby? Muchas sin duda, pero al final, se había acostumbrado a ocultarlo tras su cabeza, esperando que ver a la mujer se llevase sus preocupaciones, así como acallaba la voz en su cabeza.
No puedes huir de la verdad.
Ahora era diferente.
Algo se estaba rompiendo dentro de ella, y ya no sabía por cuanto más podría retener esos pensamientos alborotados en su cabeza.
Por inercia sujetó su ojo izquierdo, aunque ahora eran pesadillas diferentes a las usuales. Ahora se trataban de Ruby. Ahora era un nuevo tormento que la agobiaba por las noches. Ya no era su padre acercándose a ella aquella vez, dejándola sin poder ver, bañando todo de rojo. No, ahora veía a esa mujer que tanto alivio le daba, pero a la noche tanto daño le hacía.
Cada vez que abría los ojos se sentía aliviada de que fuese una imaginación nefasta de su cabeza y no era algo real, esa Ruby solo podía estar en su cabeza, ¿Cierto? No podía siquiera imaginar a Ruby hablando de semejante forma. Ruby jamás haría algo así. Ruby era cálida, amable, y ni siquiera dijo nada malo acerca de la mujer que la atacó en el Red Velvet.
Pero… ¿Había cierto rencor de Ruby hacia su persona?
¿Había una posibilidad?
Ruby jamás se lo diría, pero tal vez su cabeza tenía algo de razón, de todas formas, sus vidas si eran diferentes.
Ella te odia.
Siempre que sentía dudas, esos pensamientos aparecían en su mente, a veces mencionando el trabajo de Ruby, y otras veces la vida difícil de esta. Estaban ahí para hacerla dudar, para forzarla a cambiar de ruta, a desviarse de lo que su corazón ansiaba.
¿No podía simplemente dejar eso en una mera amistad y nada más? ¿No podía vivir y disfrutar de lo que tenía sin amargarse por cosas sin sentido alguno?
Y si no era eso lo que la agobiaba, era…
No te pertenece.
Iba a visitar a Ruby ese mismo día, sin embargo, la pesadilla le había dejado un sabor amargo, un dolor en su cabeza, en su cuerpo, en su alma. No era capaz de moverse, sintiéndose pesada, débil. Ese sueño se sintió más real que ningún otro, más doloroso que ningún otro.
¿Ir a verla iba a cambiar sus sentimientos confusos?
No, probablemente no, pero si no la veía, sentía que la imagen ficticia de esta iba a abarcar toda su conciencia, pero, si la veía, su corazón enamorado iba a volver a influenciarla, y finalmente su cabeza iba a destrozar cualquier tipo de bienestar emocional para priorizar su reputación.
Si, su reputación siempre se iba a meter en el medio de todo lo que amase.
Su reputación era lo más importante.
Se duchó y se vistió, casi como si estuviese llegando tarde a algún lado, aunque no fuese el caso. Necesitaba mantener su cabeza ocupada, y eso iba a hacer. Si, tenía algo de miedo, vacilaba sin duda alguna. Incluso cuando iba llegando al domicilio, tuvo la intención de dar la vuelta. Alejarse.
Ese sueño se había visto tan real, que temía que al verla se diese cuenta que sí, que era así, que Ruby siempre fue así, que le tuvo rencor, que no podían aceptarse mutuamente porque eran personas muy distintas viviendo vidas muy distintas. Nunca podría haber amor genuino entre ambas por lo mismo.
¿Porque cada vez que sentía algo agradable, llegaba un sentimiento diferente a destruir su momento de felicidad? ¿Tanto se odiaba a si misma?
Eres una desgracia para el mundo.
Si, se odiaba.
Pero debía ser honesta, Ruby no era de su propiedad, sus vidas se juntaban, pero jamás estarían unidas. Tener esos momentos con ella la hacía feliz, aunque hubiese tantas cosas que le molestaban de la situación. ¿No podía solamente cerrar los ojos y disfrutar de esa tan ansiada compañía?
Tal vez no.
Quizás no estaba hecho para disfrutar, solamente para martirizarse.
Era una víctima, justo como aquella Ruby le había dicho.
Escuchó un golpeteo en su ventana. Se había acomodado en el manubrio del auto, cuando había llegado a su destino. Se quedó ahí, inmóvil, sin energías. Pero aquel sonido se repitió de nuevo, y se vio en la obligación de levantar el rostro.
Era Ruby.
Sus cejas estaban fruncidas en preocupación, y sus ojos brillaban incluso a través de las ventanas ligeramente oscurecidas. Dio un salto, sintiéndose avergonzada de verse nuevamente tan cabizbaja en la presencia de la mujer, tal y como cuando se conocieron.
Sacó sus cosas del auto y decidió bajar finalmente, intentando no prestarle demasiada atención a los ojos plateados que la miraban consternados. Al menos no había logrado verla con claridad. Debía lucir completamente devastada.
"¿Weiss? ¿Estás bien?"
Bien no, probablemente tampoco estaba mal. Solo se sentía ajena, extraña, como si estuviese dentro de una ilusión, de otro sueño, uno donde Ruby en cualquier minuto iba a dar rienda suelta a sus emociones y le iba a decir cuanto la odiaba. Iba a destruirla.
Le das asco.
Las manos de Ruby se posaron en su rostro, nuevamente sin importarle la distancia entre ambas. Siempre atravesando su metro cuadrado. Pero no le importaba, ella podía hacerlo, la iba a dejar hacerlo. Al menos, el tener las manos cálidas en su rostro, le hizo sentir de inmediato más tranquila.
No era un sueño, era la realidad.
Esa Ruby no era la de su sueño, y no lo sería.
Las manos se movieron por sus mejillas, y bajaron hasta su cuello, y solo bastó un pequeño movimiento para terminar acercándose lo suficiente para que esta la abrazase. Se vio apoyándose en el hombro de la menor, y se quedó ahí, inerte, cerrando los ojos, concentrándose en los movimientos que hacía esta para apaciguar su dolor.
Si tan solo supiese que era la misma Ruby la que la hacía sentir tanto.
No supo cuánto rato estuvo ahí, arropada en los brazos de Ruby, pero tuvo que levantar el rostro, sus propias dudas llenando su cuerpo. Si alguien la veía… ¿Porque mierda pensaba eso ahora? Hace solo unos días que había estado en ese mismo lugar coqueteando con la mujer a plena vista de todo el vecindario y le importó una mierda.
Te van a ver pecar. Van a ver tu suciedad.
Ruby notó de inmediato su incomodidad, y la soltó, manteniendo su distancia.
Esa incomodidad propia pasándose a la menor. Amargándola.
"Vamos adentro, Weiss."
Asintió, y la siguió.
Tenía claro que, aunque Ruby no fuese la persona que era, no trabajase en lo que trabajaba, seguiría teniendo dudas respecto a todo eso, a todo lo que sentía. Toda su vida le dijeron que estaba bien y que estaba mal. Le dijeron como debía ser su vida, y lo que hacía, lo que llevaba haciendo durante meses ya, estaba realmente en el polo de lo incorrecto.
Estar con una mujer de por si estaba mal visto, pero el tener este tipo de relación abierta, lo era aún más, y si a eso se le añadía el tipo de vida que Ruby tenía, su baja clase social y su trabajo claramente reprochable, estaba en lo más bajo de la pirámide. ¿Porque seguía ahí entonces? Era la misma respuesta que tuvo aquel día cuando se enteró de lo que su prometido.
Que ya no le importaba. Que era infeliz haciendo todo lo que le decían, incluso lo que se le había metido tan profundo en la cabeza. Aquello que ya hacía como un mero acto de costumbre. Incluso ahora, si no tuviese esos pensamientos arraigados desde que era niña, podría simplemente ser feliz y sentirse llena con la simple compañía que tenía en sus momentos más difíciles. Con tener a Ruby al lado, el verla de vez en cuando y disfrutar la una con la otra, debía de ser suficiente.
No es suficiente.
Pero nunca era suficiente, y nunca lo sería.
Se odiaba a si misma por ello, y a toda su familia y a la mismísima sociedad por convertirla en esa clase de persona.
Sin embargo, tampoco era capaz de negar esa pizca de felicidad.
Podría dejar todo de lado, dejar de sufrir al respecto, de lo que estaba bien y de lo que estaba mal. Simplemente cambiar de rumbo, y no ver más a esa mujer, ¿Pero que conseguiría? Nada, tal y como vivió toda su vida, sin conseguir nada. Tal vez para las personas que la veían desde afuera, podían pensar lo contrario, pero no era así. Nunca consiguió nada que la hiciera sentir completa por dentro. Algo que realmente significase algo para sí misma. Todo era estatus, reputación y clase. En eso se basaba toda su vida.
Y era triste.
Tenía todo lo exterior, pero siempre le faltó lo interior.
Estás vacía, siempre lo estarás.
¿Porque seguía escuchando esa voz ahora? ¿Por qué no se detenía? Se había acostumbrado a la paz que Ruby le daba, el silencio, solo su cuerpo actuando por instinto, ¿Pero ahora? ¿Por qué no había silencio? ¿Paz?
Se había terminado de romper.
Entró a la casa, sintiéndose bienvenida. Esa comodidad que le recordaba tanto al Red Velvet. Era un lugar seguro, donde nadie la juzgaría, donde nadie le diría que hacer o como sentirse. Si hubiese nacido al otro lado, en el lado de Ruby, a pesar de la dificultad, ¿Habría sido feliz?
Ruby era feliz a pesar de no haber tenido suerte en la vida, de haber perdido mucho. En su caso, tenía todo, pero existencia era vacía e infeliz. Ruby perdió todo y sigue siendo capaz de dar, y ella, no era capaz de ceder ni siquiera consigo misma.
No vales la pena.
Se odiaba.
"No luces bien, ¿Te pasó algo? Si te sentías mal deberías de habérmelo dicho."
Negó, pesadez en su cabeza. Incluso ahora, era solo Ruby la que aportaba a la relación que tenían, si es que eso se podía llamar relación.
Uno de sus grandes problemas era ese.
Era el querer más.
Pero era solo su egoísmo y sus raíces hablando por ella. Era como la criaron, para tener todo, para conseguir todo lo que se le antojaba.
Irónicamente, tenía que querer solamente lo que era considerado correcto.
Ruby era feliz viviendo de esa forma, no iba a forzarla a ser alguien que no era ni a elegir un camino por alguien que solo le había pagado su cariño con sucio dinero. Además, si su propia cabeza la rechazaba, ¿Qué clase de relación podrían tener? Era imposible. No podría aportar en esa relación, no tenía sentido ni siquiera pensar en eso.
"¿Quieres hablar?"
Los ojos plateados no dejaron de mirarla con consternación, con preocupación, con cariño, con calidez. Cerró los ojos, intentando negar todo lo que estaba sintiendo. Estaba amargando su pequeño momento de felicidad con todas esas cosas innecesarias. Quería ver a Ruby, se sentía bien estando a su lado, y no iba a joder aquello también.
Pero ya lo arruinaste.
Se acabó.
Respiró profundamente y la miró.
"No importa, son estupideces. No quiero seguir pensando en esas cosas."
Ruby ladeó el rostro, como un cachorro, y asintió.
Esta miró alrededor, y le sonrió.
"¿Porque no vemos una película o algo? Así te distraes un poco."
Agradecía tanto esa preocupación innata. Lo adoraba.
"Si, me agradaría algo así. Pero nada de terror que ya tengo suficientes pesadillas."
Las palabras salieron honestas y sin filtro, como cuando estaba con la mujer, y notó la preocupación nuevamente en el rostro de la menor, la cual cambió de inmediato su expresión a una más alegre. Era consciente de esta. La leía con facilidad, así era desde un comienzo, e ignoraba muchas cosas para no incomodarla, como esto, como su pasado, como su ojo ¿Como podía negarse aquello?
Nadie jamás la iba a tratar así.
No merecía ser tratada así.
"De acuerdo. Subamos."
Escogieron una película luego de unos minutos, y agradecía el estar lo suficientemente distraída para acabar con todo aquello que la amargaba sin razón. Bueno, si tenía razones para amargarse, pero no debía ser así. Ruby cerró las cortinas, oscureciendo la habitación, evitando que el sol entrase por las ventanas. Era agradable, aún más con ese aroma a rosas tan característico de la chica.
Ruby tomó el control remoto y se acomodó en su cama, apoyándose en el respaldo. Luego le hizo un gesto, golpeando la zona entre sus piernas.
¿Era necesario que estuviesen tan apegadas para ver una película?
Pero obviamente, no podía decirle que no.
En otra circunstancia estaría feliz de eso.
Se sacó las botas y se subió a la cama, acomodándose entre las piernas de Ruby, apoyando su espalda en el pecho de esta.
La película comenzó y se acomodaron lo suficiente. Si, era cómodo sin duda, pero la cercanía era demasiada. Se sentía presionada, su cabeza ardiendo, y temía escuchar esa voz de nuevo.
Ruby acomodó su mentón en su hombro, los brazos sujetándola por la cintura.
Se sentía bien.
Siempre agradecía esa capacidad que tenía la menor para ayudarla a ignorar todo lo que le pesaba encima. Nunca podría agradecerle lo suficiente.
La película estaba bien, pero luego de unos minutos, la pantalla era lo menos importante.
Podía sentir la respiración cálida de Ruby en su cuello, su nariz moviéndose detrás de su oreja, sus brazos sujetándola con intensidad, pero con extremo cuidado, y los pechos de esta presionando en su espalda. Lo otro que podía sentir, era la clara intención de Ruby, que claramente estaba desinteresada en la película e interesada en otro tema. Tal vez ya la conocía demasiado, lo que era un hecho, y también tenía claro cuál era la mejor distracción que podía tener.
No hables, no hables, se dijo a sí misma, rogándole a aquella voz para que no arruinara eso.
A estas alturas, Ruby la conocía tan bien, como para conocer sus reacciones, para reconocer sus necesidades.
"Ruby..."
Dijo en un suspiro, intentando enfocar la vista en la película, pero más no era capaz.
Sentía su cuerpo caliente, se sentía vibrando en anticipación, sin embargo, luego de aquel sueño, acostarse con ella no parecía una buena idea. Se iba a arrepentir de eso. Sabía que la voz iba a volver y la iba a torturar como cada día. Iba a volver con más fuerza.
"¿Quieres que me detenga?"
La voz de Ruby salió inusual, tal como cada vez que pasaba de ser esa chiquilla atolondrada e inmadura, a esa mujer extremadamente capaz de hacerla llegar a la locura.
Tembló.
La voz de esta, como un ronroneo en su oído, tan insistente y suplicante, tan cálido.
Se tapó los labios para no incitarla con el sonido que parecía querer salir.
Solo tenía que decir que sí.
Sin embargo, no pudo.
"No."
Pudo sentir los labios de Ruby curvarse en una sonrisa, mientras estos se posaban en su piel, en su cuello, en su nuca. Se sentía tan bien. Lo deseaba. Quería más.
Sentía cada vez más.
Ahora Ruby era su amiga con derechos.
Pero...quería más.
Siempre quería más.
Pero no quería arruinar las cosas.
¿Porque tenía que ser todo tan confuso? ¿Tan malo por un lado y tan bueno por el otro?
Siempre había sido así, desde un comienzo, pero a pesar de saber eso, de ser consciente de lo que sucedería, siguió ahí. Sabía que en algún momento eso iba a tener que acabarse, lo sabía, tenía claro que esa relación o lo que sea no llegaría a ningún lado.
Pero... ¿Como irse? ¿Como alejarse de esos brazos que la sostenían?
"... ¿Estás bien, Weiss?"
¿Como alejarse de esa mujer que tanto la cuidaba?
¿Esa mujer que la leía como nunca nadie lo había hecho?
Asintió, su cuerpo siendo capaz de sacarla de esos pensamientos. La tensión, la ansiedad, la anticipación. Y lo agradecía. Quería alejarse lo que más pudiese de su mente.
Dejó su cabeza caer, acomodándola en el hombro ajeno, mientras los labios avanzaban por su cuello descubierto, aprovechando la posición, incluso podía sentir los dientes pasando por su mandíbula. Eran movimientos tan simples, que realmente la enloquecían.
No quería irse de ahí. No quería separarse. No quería que esa felicidad se acabase.
Sus piernas temblaron al sentir la mano de Ruby sobre ella. Pasando por su abdomen, por su cintura, por sus piernas, por el interior de sus muslos. Podía sentir como su vestido ya estaba siendo levantado lentamente, exponiendo su piel.
Se sentía tan expuesta, pero le gustaba estar así con Ruby, diferente a con otras personas.
Llevó las manos hasta el pantalón rasgado de la menor, aferrándose a ella.
Ruby dejó de besarle el cuello, concentrándose en su mano, en los movimientos que poco a poco comenzaba a ejercer en su cuerpo. Se mordió el labio, aun avergonzándose de los sonidos que provocaba en ella, a veces demasiado fuertes.
Un brazo de esta la sostenía por el abdomen, manteniendo la inerte. Sujeta en su posición. Impidiendo que sus temblores involuntarios pudiesen alterar la tarea de la menor.
Se sentía bien.
Siempre se sentía bien.
Sacando de lado su culpa, y sus sentimientos posesivos, todo lo que sucedía era sin duda lo mejor que le había pasado.
Y era triste, de cierta forma.
Siempre era triste.
Cuanto tiempo llevaba yendo a esa casa, estando al lado de esa mujer, era mucho más de lo que había estado con otras personas, y estaba sintiendo más de lo que había sentido nunca en su vida.
A pesar del agarre que la mantenía, tercamente cambió de posición y despojó a Ruby de su camiseta, y la menor comenzó a bajar el cierre detrás de su vestido.
Necesitaba sentir la piel ajena en la suya, luego de tantas veces, ya no podía conformarse con poco.
Quería sentir su calor.
Se pegó a ella cuando sus torsos estuvieron descubiertos. Ruby no se detuvo ahí, quitándole la ropa interior ahora húmeda. Le dio un escalofrío el sentirse descubierta, pero solo duro un segundo, esta de inmediato poniendo su mano cálida, abrigándola, calentándola. Podía sentir el líquido saliendo sin control. Sin contención, como tantas otras veces.
¿Cuánto llevaba haciéndolo con ella? ¿Desesperada? ¿Ansiosa? ¿Enloquecida por esa mujer?
No podía controlar su voz en lo absoluto, y rogaba porque el sonido no saliese de la casa. Ruby no la ayudaba a mantenerse en silencio, por el contrario, podía notar como esta lo disfrutaba, como le excitaba escucharla gemir. Era la señal de que su trabajo estaba siendo bien ejecutado.
Y si bien no quería algo así, estaba demasiado cautivada para llevarle la contraria, y solo quería darle en el gusto.
Era lo mínimo que podía hacer por ella.
Hundió su rostro en el cuello de la menor, apegándose más y más a esta. Las manos ajenas seguían trabajando en su cuerpo, y los brazos la mantenían firme, arropándola en una atmósfera de seguridad.
Se sentía segura ahí.
"Weiss."
Ruby habló en su oído, una vez más, un susurro suave. Fuerte, cálido y suplicante. Soltó otro gemido cuando esta atrapó su lóbulo entre los dientes, tirando de este. Los dedos ajenos se movían con más insistencia en lo más profundo de su cuerpo, entrando y saliendo, veloces, y solo pudo dejarse llevar, su propia cadera moviéndose al mismo ritmo. Ya no pensaba en nada, solo se mantenía atenta a todas las sensaciones que la embargaban.
Ruby empujó una y otra vez, con intensidad, con claras intenciones de hacerla acabar, y como efecto en cadena, se aferró al cuerpo de esta, enterrando las uñas en la espalda de la menor, liberándose, gimiendo fuertemente, temblando de pies a cabeza, apegándose al cuerpo caliente que la abrasaba poco a poco.
Era adicta a esa sensación.
Se quedó inerte unos segundos, recuperando el aliento.
Lo único que podría hacer de aquello algo verdaderamente especial, era un beso.
Dios, esa maldita necesidad que aparecía siempre en ese preciso instante.
Culpaba a aquella pesadilla que la hizo vulnerable, porque en otras circunstancias no se habría acercado, habría mantenido el control, pero ahora...
Se acomodó, sentándose en el regazo de la menor, sin importarle en absoluto que pudiese humedecer la ropa ajena, y a Ruby tampoco le importo, sus manos sujetándola de la cadera, apegándola aún más. Ya con sus cuerpos pegados, la miró.
Estaba oscuro, pero los ojos plateados seguían brillando como faros, sin importar nada.
La miraban a ella, a nadie más.
No podía contra eso, no podía.
Quería que la mujer la mirase, para siempre, quería tenerla para siempre.
Así que se acercó, deseando esos labios, como nunca antes.
Sus manos pasando por el cuello de la mujer, acariciando su piel, su mandíbula, su mentón. Delineando el rostro que tanto adoraba. Sintiendo cada poro en sus dedos, cada zona, cada relieve.
Ruby.
Dijo el nombre de esta por inercia, y los labios ajenos se abrieron levemente con la intención de responder. Más no dijo nada.
Pudo notar sorpresa.
Sorpresa.
Había sorpresa en la expresión de la chica, y su corazón tembló en angustia.
¿Qué pasaba si la besaba?
¿Ruby correspondería?
¿Ruby se alejaría?
Si bien ya no era una clienta, ahora era su amiga, aunque hicieran esa clase de cosas, pero... ¿Que significaría para ambas algo tan íntimo como un beso?
Quería llorar.
No había llorado en tanto tiempo, siendo fuerte. Pero ahora, se desmoronaba por algo tan simple. Tan simple y tan complicado al mismo tiempo.
Quería simplemente besarla y hacerla suya para siempre, pero eso no podría ser. No podía ser esa clase de persona, con alguien tan libre como Ruby. Hacerle eso, destruirle la vida, todo por lo que había luchado, todo lo que había sacrificado. No podía hacerle eso. No podía destruirla. Intentar amarrarla, y llevarla por su camino, solo le traería penurias, lo sabía con claridad, porque ese mundo solo le trajo penurias desde que era una niña.
Ruby no merecía eso, ya tenía que vivir esa vida que le tocó.
Su sueño no era falso, era completamente real. Ruby había sufrido demasiado, como para pasarse de un día para otro al otro lado del panorama, y seguir sufriendo. No podía. La quería demasiado como para hacerle eso.
Y por su parte, no podía sacrificar su vida entera por un amorío.
La vida de ambas.
Entonces, solo desvió su trayectoria, y volvió a acomodarse en el cuello de esta, abrazándola, haciendo de que ese extraño acercamiento jamás hubiese ocurrido.
"Gracias, Ruby."
Ruby se quedó en silencio por unos segundos eternos, para luego asentir.
Lo había arruinado, lo sabía, pero al menos, no lo había arruinado hasta el fondo.
Simplemente se removió y comenzó a vestirse, haciendo que no había ocurrido nada, y se sentía raro, ya que incluso en días normales se quedaban la una al lado de la otra, simplemente hablando de nada. Ruby tampoco mencionó nada, solo se levantó y comenzó a abrir una de las cortinas, para dejar entrar un poco más de luz, siguiendo su ejemplo.
A pesar de lo incomodo de la situación, sus ojos no pudieron quitarse del cuerpo de la mujer.
Ahí lo notó.
Vio en la espalda ajena los rasguños que le acababa de hacer, y junto a estos, otras marcas diferentes. Otras marcas hechas por otra mujer, u otras mujeres.
No es tuya, nunca será tuya.
Y ahí, en ese instante, la realidad le volvió a caer como un gran peso sobre su humanidad. Realidad que ya conocía, pero ahora, debido a todo lo pasado en su cabeza, la situación dolió aun más de lo usual.
Ruby nunca sería suya, así como ella jamás podría ser de Ruby.
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Capitulo siguiente: S̶͍̙̫̝̬̗̈́̾̉͐̈̓̎͑̍́͜͝ ̵̨̧̧̰͕̫̺͎͚̥͇̮͇̌̅̅͐͛́͊̈͂̎̓͘͠͝e̴͖̤̹͚̍̀̄̀͘ ̵͖͖̠̲͋̍̓̉̑̓̓͐͝p̴͙̟̲͈̣̣̮͎̭͎̽̎̋̈́͂̈́͋̓̾͌͝ ̸̥̯͈͑̔̇́̑́̅̉͘͘͠͠͝a̷̢̫̲͙͈̱͙̫̠͓̥̬̎̌̄̑̑͛͂͋̾̂̎̔̃̚ ̷̡͉̣͎͙͔̱̳̠̂͌̾̇̕͝ó̷̡͉̳̩͙̼̟͖̟̺̫͇͖̭̃ ̶̛̥̼̺̣̈́̑̌̈͑̿͆̀̋̚̚n̸̡̧̞̟̻̣̙͈̘͎̼̝͐̓̃̍̎̆̊̏̅̓̈́̓̅̄͘
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¡OH! ¡Al parecer hay un problema con el título del capítulo siguiente! ¡Vaya! Creo que es una buena oportunidad para que hagan sus propias teorías. No saben cómo quise cambiar esta escena para que encajara con los memes que hizo mi waifu, pero me contuve y lo deje tal cual como cuando lo escribí hace meses. O sea, un capitulo de larga duración y dolor donde faltó el vistete... :(
Este capítulo fue difícil de escribir en aquel entonces, y ahora sigue doliendo. Weiss estuvo ocultando sus problemas de Ruby, de sí misma, y de nosotros, such a strong girl.
Espero disfrutasen este capítulo, así como del siguiente.
Nos leemos pronto.
