Red Velvet

Capítulo 48: Compras

Eso era nuevo.

Se metió en la cabeza que vería a Ruby el sábado, como solía ser antes, pero ahora se vio sorprendida con un cambio de último momento, un cambio que no imaginó y ni siquiera se creyó.

Se vio inerte, en medio de esa gran tienda, desconocidos a su alrededor, su mejor amiga a su lado, y Ruby en frente, con sorpresa en los plateados, prácticamente reflejando el mismo sentimiento que sus celestes. ¿Qué hacía ahí?

Era extraño verla tan seguido, tanto que se vio confundida. Era como si se tratase de un sueño, donde esta no dejaba de aparecer. No se estaba quejando, pero dudó un poco de su cabeza.

Miró a Coco, la cual ya estaba distraída mirándole el atuendo a un maniquí.

Volvió la vista donde Ruby, preguntándole que ocurría, todo en un gesto, y está en respuesta se levantó de hombros.

¿Era una trampa de Coco? Podría ser.

Ya ambas dijeron que era un infierno ir de compras con Coco, y que ocurriese tan pronto era una especie de maldición. Esperaba que esta no hubiese puesto micrófonos en el departamento de Ruby, y las hubiese espiado y así decidiese traerlas a ambas de compras. Bueno, de ser así, el que escuchase esa conversación de todo lo que hablaros e hicieron, era la menor de sus preocupaciones.

Salir con Ruby a algún lugar siempre había sido algo que quería hacer, pero estaba segura de que ir de compras con Coco no estaba en su lista. Prefería hacer algo a solas, sin ser arrastradas por ese martirio.

Carraspeó luego de unos minutos, seguían en público así que debían de pretender un poco y no estar ahí embobadas mirándose.

"Que sorpresa verla aquí."

Ruby de inmediato dio un salto, cambiando su expresión infantil a una más seria, más laboral.

"Digo lo mismo."

"Por favor, no hagan esto que voy a vomitar."

Se iban a dar la mano, como siempre, y Coco se interpuso entre ellas, sus brazos largos capturándolas a ambas. Notó pánico en los ojos de Ruby, y podía sentir su propio ceño fruncido crecer a cada segundo.

Coco no estaba ayudando.

"Nadie las está mirando, mientras no se den besos nadie sabrá nada."

Esta dijo, su voz en un susurro, seria, pero su rostro seguía con esa mascara misteriosa que siempre tenía encima.

Tenía razón, de cierta forma.

Ruby se calmó un poco, pero ella misma no pudo, y empujó a Coco con la intención de liberarse.

"Ya lo sabemos, pero estamos siendo precavidas."

Coco asintió, moviéndose de su lugar, acercándose a otro perchero, llevándose con ella a Ruby bajo el brazo, esta sin poder hacer nada más que seguirle el paso a tropezones. Soltó un suspiro, masajeándose las sienes. Esa iba a ser una larga tarde.

"Ser muy precavidas también es sospechoso, no se preocupen, ambas son mis compañeras, nada extraño hay aquí."

Odiaba cuando Coco tenía la razón.

Se acercó a Ruby, tirando de su camisa para liberarla del agarre de la más alta. Esta parecía feliz de ser libre, pero su cabello había sufrido las consecuencias, y se mordió el labio para contener las ganas de peinarla. Eso si era algo que no haría con un conocido, por ejemplo, no lo haría con Coco, aunque era su amiga, y aunque quisiera, tampoco alcanzaba.

"Ruby, podrías al menos defenderte, si sigues así te va a arrastrar por todos lados."

Esta la miró, sus cejas levantándose en cierto pánico.

"¿Qué quieres que haga? ¡Es mi jefa!"

Ruby estaba gritando, pero en un tono muy bajo. Nuevamente quiso reír, pero no era muy buena riendo en público y eso se vería extraño.

Abrió la boca para decirle que prácticamente ella también era su jefa, pero si hiciese aquello con Ruby, sabía que esta se iba a dejar por ser ella e iba a ser felizmente arrastrada, así que cerró la boca. No era un buen ejemplo.

"Exacto, lo soy, y puedo abusar de mi poder."

Escuchó a Coco hablar, claramente esta estaba atenta a ellas, aunque pareciera entretenida mirándose al espejo mientras ponía una chaqueta frente a su reflejo.

Rodó los ojos, acercándose a Coco para darle una palmada en el brazo, esta ni siquiera se inmutó ni en lo más mínimo.

"Sabes cómo es Ruby, no te aproveches de ella."

Ruby no le iba a levantar la voz, aunque estuviese enojada, la conocía lo suficiente para saberlo, y era muy respetuosa en eso de los rangos, así que mucho menos iba a desafiarla si era su jefa. Era simplemente una buena persona que no esperaba nada malo de nadie, por lo mismo las personas podían aprovecharse de ella y no lo iba a permitir.

Coco soltó un suspiro luego de unos momentos, dejando la chaqueta en su lugar, ahí recién la miró, bajando sus anteojos para que sus ojos estuviesen completamente descubiertos. Se sintió temblar, teniendo la sensación de que la había hecho enfadar, o por el contrario…

"¿No crees que la cachorrita tiene la edad suficiente para que su dueña la esté cuidando?"

Oh.

Se quedó ahí, mirando a la mujer, sin poder creer lo que esta acababa de soltar. Abrió la boca para contestarle, pero antes miró a Ruby, la cual estaba a unos pasos de ambas, mirándolas, no sabía si esta había oído o no, pero el gesto que hizo cuando sus ojos se encontraron, fue ladear el rostro, y aquello fue lo más cachorro que pudo haber hecho en ese instante. Y de nuevo, odiaba que Coco tuviese la razón. Miró a la mujer de nuevo, enfrentándola, lista para responderle, y notó como esta también había mirado a Ruby, en su expresión se notaba que quería reírse. Realmente la idea de ser la dueña de Ruby no le molestaba y ahora era notorio. Sentía el rojo subirle por el cuello rápidamente.

"¡No soy su-!…Ruby es perfectamente capaz de cuidarse sola, es una adulta hecha y derecha, no necesita que yo la proteja, sin embargo, te conozco y sé que puedes ser muy difícil, y ella no se merece que la trates de forma indebida."

Coco notoriamente se mordió la lengua, calmando la risa que parecía querer salir de su boca. Si algo odiaba mucho era que no la tomaran en serio, y esta lo sabía, así que estaba intentándolo. Esta levantó su mano enguantada y le hizo una seña a Ruby, y esta de inmediato, con lo obediente que era, se acercó.

"Si hay algo que te haga sentir incomoda, dímelo."

Coco ni siquiera miro a Ruby, sus ojos aun peleando con los propios. Ruby asintió notoriamente, emocionándose, y Coco sonrió, maliciosamente.

"Porque voy a usarlo para molestarte."

"¡Por favor!"

Gritó desesperada, alejándose mientras Coco reía. Sentía que eso de volverse más cercanas con los años era para peor, porque ella mejor que nadie la conocía y sabía que aquello era cierto, que se iba a burlar. Y, honestamente, podía permitir que Coco la molestase, pero que molestase a Ruby la hacía sentir mucho más enfadada.

Se quedó ahí, lanzándole dagas a Coco, la cual seguía disfrutando de la situación, y luego sintió la mano de Ruby en su hombro, el tacto de inmediato haciéndola sentir más calmada, menos irritada. Esta le sonreía, con esa expresión tan madura.

"Estaré bien, no te preocupes por mí."

¿Cómo no iba a preocuparse? ¿Acaso era posible? Ruby realmente era un cachorro que había salido al mundo real hace unos meses, nada más. No estaba lista para Atlas, mucho menos estaba lista para Coco, y no pudo protegerla antes, pero lo iba a hacer ahora.

La más alta apareció de la nada detrás de ambas, y con sus brazos las comenzó a empujar hacía otra zona de la tienda.

"Realmente eres afortunada, es primera vez que veo a Weiss protegiendo a alguien."

Coco hablaba bajo y no andaba gritando las cosas, así que lo agradecía, que ya bastante que le costaba a Ruby mantenerse en su rol de conocidas para que alguien más generase problemas.

Ahora que pudo procesar por completo la frase de la modista, su rostro comenzó a tornarse rojo.

Cuando fue aquello de la fiesta, Coco debió haber notado como Ruby se apegaba a ella y le pedía permiso para todo. Había cierta dependencia, y era obvio que iba a usarlo para burlarse, pero el ahora ella mostrar un lado diferente, protector, debía ser incluso más divertido para la mayor.

Miró a Ruby de reojo, y esta miraba al frente, sus ojos plateados relativamente serios, pensativos, pero brillantes. Notó como esta asintió, su sonrisa creciendo.

"Lo soy."

Ahora estaba el doble de roja.

Ruby se sentía afortunada, eso la dejaba sin palabras. Siempre creía que ella era la única afortunada, porque gracias a la mujer había logrado cambiar, había logrado ser feliz, sentirse libre, pudo ser una nueva versión de sí misma. Su vida se tornó por completo con la existencia de Ruby en su vida, pero no creyó que también había sido importante para Ruby, o sea, era claro que esta la amaba, ¿Pero influir en su vida? Sentía que hacía muy poco por la mujer para que esta pudiese sentirse afortunada.

Se quedó pensando, durante varios segundos, mientras una idea se iba incrustando en su cabeza.

Iba a esforzarse para hacer algo por Ruby, para hacerla sentir aún más afortunada, porque Ruby se merecía lo mejor y quería ser lo mejor.

Se sentía hervir.

Se cruzó de brazos, viendo como poco a poco la montaña de atuendos colgando de la puerta iba creciendo. No quería que ese momento llegase, probarse ropa era un gran dilema siempre, sobre todo en esa situación.

Había dos montañas de ropa, de atuendos diferentes.

"¿Qué se supone que hacemos aquí?

Preguntó, sintiendo su rostro arder cada vez más.

Ruby, a su lado, dentro del mismo probador, tomó una de las ropas, mirándola, teniendo la intención de probársela, claramente para darle en el gusto a su jefa. Los plateados la miraron, ladeando el rostro, su expresión pensativa.

"Se supone que iba a llevarnos con un sujeto que nos tomaría las medidas para la fiesta, o al menos eso me dijo a mí. No se porque quiere que nos probemos más ropa."

La miró, entrecerrando los ojos.

Eso no era lo que le molestaba.

"Me refiero, ¿Qué hacemos las dos aquí dentro, juntas?"

Ruby dejó de ladear el rostro, notó en cámara lenta el instante exacto cuando esta pareció tener la realización de su vida.

Ya estaba avergonzada, sobre todo teniendo en cuenta que la menor tenía la intención de sacarse la ropa como si no pasara nada. No creía que decirle fuese algo bueno, porque ahora ambas tenían aquello en la cabeza.

"Por favor, son chicas, tienen lo mismo, no se avergüencen."

Escucharon la voz de Coco y se contuvo de decirle que ese no era el problema. No le sorprendería que esta también quisiese entrar al probador con ellas, y no estaba dispuesta a aceptar eso. Podía admitir a estas alturas que sí, el año pasado había aprendido ciertas cosas de sí misma, que era más sucia de lo que creyó posible y todas esas cosas, pero añadir a alguien más a la relación le parecía demasiado. No solo tendría que confiar en Ruby, si no que ambas tendrían que confiar en la otra persona.

Si hubiera dos Ruby no se lo cuestionaría tanto, evidentemente, aunque dudaba que resistiese algo similar, ya terminaba muerta con la energía de una, si fuesen dos moriría sin duda.

Además, no quería que nadie más viese a Ruby sin ropa, así que tenía eso descartado. Era posesiva en ese ámbito, la quería solo para ella, y fue así incluso cuando no eran nada más que amigas.

"¿No podemos ir al grano y ver el tema de la fiesta en vez de perder tiempo en ropa?"

Escuchó a Coco reír al otro lado de la puerta ante sus palabras, y ya sentía que la vena en su sien iba a explotar.

"Oh, querida, uno jamás pierde el tiempo en ropa, y si no se prueban al menos un atuendo, no nos iremos a ningún lado. Mi sastre aun no llega así que tenemos tiempo para todo."

Soltó un suspiro pesado, dándose cuenta que no iba a poder ganar, así que sin fuerzas sacó un par de prendas desde encima de la puerta y así decidir que se iba a probar primero. Miró de reojo a Ruby, la cual le daba la espalda mientras se deshacía de su camisa para probarse una diferente.

Intentó desviar la mirada, pero le fue imposible.

Le gustaba la espalda de Ruby.

Se vio acercándose, dejando todo de lado, sus manos moviéndose automáticamente hasta llegar a la piel bronceada de la mujer. Esta dio un salto, no supo si era por la sorpresa o porque sus manos debían de estar frías, muy contrastante a lo cálida que era la piel de la mujer. Apoyó la frente en la nuca de esta, mirando hacia abajo, donde estaba aquel tatuaje nuevo, y ahora si podía verlo con el detenimiento que quería, notando los detalles de los dragones, de las rosas y del cuervo. Sus manos estaban aferradas a la cadera de la mujer, sujetándose del cinturón, con claras intenciones de no soltarla. Quería estar ahí y no moverse más.

Ruby simplemente se rindió en la tarea de ponerse la prenda, así que sus brazos quedaron a sus costados, inmóviles.

Ahora que lo pensaba, Ruby siempre se aprovechaba de ella en esta posición, ya que no podía hacer nada para detenerla o para pelear por el control.

Si, ahí podía hacer lo que quisiese.

Era algo que solía molestarle, el no poder hacer nada, el sentirse incapaz, un sentimiento agobiante que sentía en varios ámbitos de la vida, pero sobre todo en la intimidad, y no le gustaba sentirse así cuando se trataba de Ruby.

Ahora eran una pareja, en algún momento iba a tener que dejar ese sentimiento atrás.

Comenzó a mover sus manos, subiéndolas por el abdomen de la mujer, sintiendo cada parte de su cuerpo, cada musculo, cada relieve en su piel. Sus manos se deslizaban, lentamente, hasta llegar al sujetador negro que esta tenía puesto. Sintió su propio rostro arder, así como su sonrisa crecer.

Estaba tentada.

Podría aprovechar de ese momento a solas, aprovechándose del barullo general de la tienda, además de la música que podía hacer pasar sus susurros desapercibidos.

También sus gemidos.

Pudo escuchar como Ruby tragó pesado, casi como si le pudiese leerle la mente, y tal vez podía.

Solo tenía que pasar las manos por debajo de la tela y de ahí seguir adelante sin dudar más…

"¿Están listas?"

Soltó un gruñido cuando escuchó la voz de Coco. Parecía que esta se había ido hace apenas unos segundos y ya estaba de vuelta.

"Por favor, no es una de tus pasarelas, Coco, nos vamos a tomar nuestro tiempo."

Le dijo, sonando más enojada de lo que imaginó. Obviamente la modista estaba acostumbrada a que las modelos, y esta misma, se tenían que cambiar a una velocidad impresionante para salir al público.

"Buen punto, de acuerdo, no te enfades, veré si te encuentro unas botas nuevas."

Y así, escuchó a la mujer alejándose. Ni siquiera los dependientes de la tienda eran tan molestos, pero que más podía esperar, ese era el terreno de Coco.

Se volvió a apoyar en el cuerpo de la mujer, soltando un suspiro pesado. Se quedó ahí mientras escuchaba a su compañera reír, tanto así que se acercó a su periferia para poder cuestionar su risa.

"¿Y tu de que te ríes?"

Ruby se giró para mirarla, una sonrisa en su rostro, el cual estaba levemente sonrojado.

"Nunca pensé que estarías tan divertida para tratar así a Coco. Tu voz sonó como si fueses a golpearla."

Soltó un bufido. Si, estaba molesta, era evidente.

"Nunca tengo momentos así para disfrutar, normalmente siempre estás tan llena de energía que me cuesta encontrar el momento indicado para hacer lo que quiero."

Notó sorpresa en los ojos plateados, y le causó ternura su expresión. ¿Porque tenía que ser tan débil cuando se trataba de Ruby? Realmente no lo entendía. Ni tampoco entendía su frustración.

Ya no era la mujer que era antes, le costaba aceptarlo, sobre todo en momentos así.

Ya no tenía límites ni control.

Ruby giró su cuerpo para quedar frente a ella, y las rosas rojas la saludaron, así como la expresión suave de la mujer. No podía evitar sentir electricidad pasando por su columna cuando la tenía así en frente, ligera de ropa, sin importar donde fuese.

Si fuese al revés, Ruby tampoco habría tenido ni límites ni control.

"No creo estar tan ansiosa la próxima vez, así que prometo que seré obediente, ¿De acuerdo?"

Pestañeó, incrédula, y sintió su cuello arder.

Eso no se lo esperó.

Ruby la entendía, tal vez demasiado bien y eso le ahorraba bastantes problemas de comunicación con los que cargaba día a día.

¿Qué había hecho para tenerla?

Eran afortunadas.

Ruby sostuvo sus muñecas, quitando sus manos que seguían aferrándose al cuerpo ajeno, y luego levantó los brazos, obligando a los propios a seguirla, y ahí esta aprovechó para sacarle la ropa del torso con un rápido movimiento.

Se sintió avergonzada, pero no entendía porque le seguía ocurriendo luego de estar desnuda frente a esa mujer durante tanto tiempo.

"Ahora cambiémonos antes que Coco nos sorprenda, creo que lo disfrutará bastante si es que llega a notar que perdimos el control aquí."

Asintió, pero tenía claro que, si no fuese por su amiga, ya habría perdido la cordura.

Siguieron adelante con las prendas, mientras no hablaban de nada en particular, pero manteniendo la conversación viva para no darle tiempo a sus instintos de atacar, al más mínimo silencio la tensión sexual iba a aparecer. Coco llegó unos minutos después, con dos pares de zapatos y algunos accesorios. Se veía divertida. Cuando eran más jóvenes, le decía que lucía como una muñeca, así que quería usarla para probar atuendos, y ahora también tenía a Ruby, así que doble diversión.

Estuvieron bastantes minutos ahí, probándose ropa.

Al final, a pesar del rechazo de ambas, y el cansancio de tener que probarse una y otra vez, terminaron comprando más de alguna cosa, al menos ella, ya que Ruby no parecía muy convencida, pero Coco le compró algunas cosas sin siquiera preguntárselo, y ahí estaba la pobre como un cachorro diciéndole que no tenía que hacer eso. No tenía duda que debió suceder algo similar cuando esta le compró los atuendos actuales.

Era raro aun el verlas juntas, pero se sentía bien, por más que tuviese esos momentos protectores con la menor, seguía pareciéndole maravilloso que las dos personas importantes en su vida se llevasen bien.

Luego de comprar fueron a la oficina del sastre de Coco. No sabía si llamarle tienda o oficina a esta altura, porque bien podían ser ambas. Adelante habían vestidos de todo tipo, incluso de novia, y dos chicas que atendían. Caminaron hasta la parte trasera del lugar, donde había un sujeto bien vestido con unas huinchas de medir colgando del cuello como si se tratasen de bufandas. Estaba concentrado en un maniquí, sobre este había unas telas. Alrededor del lugar había diferentes rollos de telas.

Si, podría considerarse una oficina.

El hombre de inmediato se relajó cuando vio a Coco, y se saludaron con dos besos, los dos claramente en la misma sintonía.

No hubo mucho tiempo para conversar de nada, ya que este comenzó a trabajar de un momento a otro. Tenía un cuaderno en una mano mientras que se acercaba a ambas, sujetando una de las huinchas de medir, listo para tomar las medidas de ambas. Hicieron lo que este quería, levantando los brazos o girando. Ruby parecía muy incómoda, no tenía duda que era la primera vez que le iban a hacer un atuendo a la medida, y debía ser suficiente presión para hacerla sentir nerviosa. Por su parte estaba acostumbrada, los recitales que tuvo cuando más joven debían ser ejecutados a la perfección, y eso significaba tener un atuendo a la perfección. Recordaba a la mujer que hacia ese trabajo cuando era niña, y tenía que subirla en un lugar alto para poder tomar sus medidas, ya que su espalda no tenía la vitalidad para agacharse. Pobre mujer.

Extrañó un poco esos tiempos, donde era feliz, o al menos no se daba cuenta de su infelicidad.

Pero ahora era feliz de nuevo, y eso importaba.

Normalmente siempre sufría al ir a fiestas, y sobre todo aquellas que eran del trabajo, y no tenía duda que esta iba a ser muy similar, y saber que su padre estaría presente era realmente agobiante. Este aun seguía de viaje, pero cuando se hablaron este dijo que llegaría para la fiesta, y maldita sea, deseaba que su vuelo se atrasara o alguna cosa similar.

Bueno, con su padre o sin su padre, sabía que la fiesta iba a ser mejor que antes, porque estaría con Ruby, y eso era suficiente para transformar su realidad.

Para trasformar lo malo en algo mejor.

Ruby le dio una mirada, y sintió que se había quedado atrapada en sus pensamientos, y ahí recién volvió al mundo real. A su mundo con Ruby. Esta le sonrió, divertida, tal vez leyéndole la mente como otras veces, o quizás disfrutando de alguna expresión que hacía. No importaba, estaba feliz de ver a Ruby sonreír, esa sonrisa la hacía sentir bien, sin importar el contexto.

Ya quería verla de nuevo.


Capitulo siguiente: Mascota.


Ay el capítulo siguiente por Dios, tuve muchos mensajes al respecto, y mayday, el día ha llegado. Y lo de la fiesta ya es una realidad, ya quiero que llegue algo que he estado mordiéndome la lengua para no decir nada, pero ya llegará.

Como siempre quiero agradecerle a mi esposa, que hoy es otro mes más a su lado, y no hay nada que me haga más feliz que tenerla conmigo. De no ser por su existencia, ninguna de estas historias habría nacido ni salido de la forma que lo hicieron. Ella es mi inspiración, mi razón para respirar, mi razón para seguir creando.

Espero seguir dándote historias y momentos para tu disfrute.

Te amo.