Red Velvet
Capítulo 49: Mascota
…
Estaba emocionada, y también nerviosa de cierta forma.
A diferencia de antes, donde sus nervios venían al haber pasado tanto tiempo sin ver a Ruby. Ahora era lo opuesto, con esta iba a ser la tercera vez que veía a Ruby en la semana, y casi parecía mentira. Era un cambio muy grande considerando que antes se veían una vez cada dos semanas, a veces, con suerte, tres veces al mes. Nunca creyó que algo así ocurriría, era extraño, pero iba a aprovecharlo. No quería aburrir a Ruby, ya que sabía que las parejas que pasaban todos los días juntos solían aburrirse del otro, o al menos eso le ocurrió a ella, y a sus padres, evidentemente, aunque por razones mayores a la convivencia.
Su padre aun no estaba, así que podía quedarse a dormir en la casa de Ruby, una vez más, debía aprovechar, como esta misma le dijo. Luego no es que no pudiese, era estúpido no poder salir, ya no era una niña, pero realmente le apestaba la actitud de su padre en esos momentos y le quitaba todas las ganas de salir.
Al menos de tener que hacerlo, valdría la pena el regaño.
Aun sentía algunos músculos tensos desde la última vez, aunque fuese buena ocultando el dolor o simplemente empujándolo a un lado por las ganas renovadas. Como sea, no estaba tan segura si su cuerpo podría tener esa calidad de sexo todas las semanas. En algún momento iba a recuperar la energía que tenía antes. La semana pasada tuvo suerte, si hubiese tenido ese sexo a penas y vio a Ruby nuevamente, su cuerpo hubiese sido destruido en la primera ronda y se desmayaría sin duda. Ahora al menos se alimentaba mejor, se sentía mejor, y eso hablaba bien de su nueva persona.
Se estacionó en el lugar designado, al lado del Red Velvet y se quedó unos momentos mirando el auto. Hace mucho que no iba de copiloto, prácticamente ni siquiera recordaba la última vez, pero se le pasó por la cabeza el que Ruby la llevase a algún lado y poder ver sus aptitudes frente al manubrio. Tal vez en un tiempo más, cuando las cosas se calmasen, cuando pudiese decir frente al mundo que estaba en una relación con su socia sin que fuese sospechoso, ya que empezar a penas se sabe de su sociedad daría a entender al público que estaban juntas de antes, y quería mostrar lo opuesto.
Subió por el ascensor y se dirigió a la puerta, ya sentía sus nervios calmándose, estando en un lugar conocido. Había visitado a Ruby en el Red Velvet, luego en su antigua casa, luego en su taller, y ahora en su nueva casa. Esperaba poder seguir visitándola mientras estuviesen juntas.
Se sentía raro el asumir que lo que tenían podía acabar, pero al menos no era por la misma razón de antes. Suponía que era un pensamiento arraigado en su cabeza al haberse separado, y era inevitable pensarlo. Sin embargo, aunque el amor se acabase, aunque se aburriesen de la otra, no tenía duda que iban a seguir unidas. Habían compartido muchas cosas, y tirar eso a la basura era algo que no se podía hacer así de fácil.
Iba a atesorar esa relación, sin duda, y sabía que Ruby iba a hacer lo mismo, no por nada arriesgó toda su vida por ella.
Golpeó la puerta, y Ruby no se demoró en abrirla, dándole la bienvenida con una de esas sonrisas. Tuvo la misma sensación que la última vez, ya que esta parecía fresca, recién salida de la ducha, su cabello húmedo y desordenado. Tenía puesta una camiseta sin mangas y un pantalón de deporte, se veía casual y adoraba verla así en privado.
Eso sí, extrañaba la gargantilla de cuero.
Ruby la dejó entrar, ayudándola con su bolso y luego también con su chaqueta, dejándola solo con su camisa y una falda. Realmente ahí era cálido en comparación con su casa, al menos tomó una buena decisión en salir menos abrigada que la última vez.
Le gustaba el aroma que había en el lugar, el olor a rosas impregnado en las paredes, antes no pudo darse cuenta de eso, pero ahora le llegaba el aroma de golpe, nunca intenso para ser agobiante, siempre suave, agradable.
Ruby dejó el bolso en el sofá y se le acercó, tomando una de sus manos. Le tomó por sorpresa, pero se relajó de inmediato cuando los labios de la mujer llegaron a los suyos, besándola castamente, para luego hacer que levantase el brazo, y sentía que ya había estado en esa situación antes, de hecho, fue la primera vez que estuvo en la antigua casa de Ruby, donde esta la hizo dar una vuelta para lucir su atuendo. Era gracioso, porque la ropa que tenía puesta era un conjunto que se compró cuando salieron junto a Coco, así que era obvio que la mujer la había visto con el.
Pero le dio en el gusto, dando una vuelta, mostrándole a Ruby una vez más el atuendo.
Cuando terminó, las manos de la mujer se movieron apresuradas hacía su cadera, los plateados recorriendo su cuerpo.
"Se que te vi hace menos de dos días con esto puesto, pero apenas y podía contener mis ganas de sacártelo."
La miró, incrédula, su rostro enrojeciendo. Al parecer el recibir ataques en la entrada de la casa era algo común en su relación.
"Por favor, Ruby, no llevo ni cinco minutos aquí."
Ruby levantó la mirada, sorprendida y ligeramente arrepentida. Esta llevó una mano a su nuca mientras reía. Al parecer eso que le dijo de que no iba a estar ansiosa cuando se vieran fue una gran y vil mentira. Esta simplemente bajo el rostro, mirándola con esa mueca de cachorro arrepentido. No tenía duda que esta también había recordado lo que dijo, y como había fallado en asumir su condición.
"Lo siento, te extrañe mucho."
Claramente lo que Ruby extrañó no fue su mera presencia.
¿Se estaba indignando?
Fue ella misma quien, a penas Ruby se presentó en su oficina, se la empezó a comer con la mirada, teniendo severos pensamientos perversos, y ahí había pasado mucho menos tiempo que esta vez. No podía ser hipócrita, además, le encantaba ver esa desesperación en Ruby, siempre le encantó. Y ahora que sabía que incluso cuando se estaban conociendo, esta se esforzaba para no tocarla de maneras inapropiadas, así que era aún más agradable.
Ser irresistible para Ruby era algo que la hacía sentir bien consigo misma, y muy rara vez se sentía bien consigo misma.
A esta altura la mujer en frente de ella la miraba con el rostro ladeado, debió haber puesto diferentes expresiones que confundieron a la mujer, y para ser honesta, ella misma se confundió un poco.
Cerró los ojos y respiró profundo, y cuando los abrió, la mueca de cachorro confundo era aún mayor.
"¿Hice algo mal?"
Quiso reír, pero se aguantó.
Levantó la mano hasta llegar a la oreja de la mujer, e hizo presión en la zona, sin tirar de esta, solo presionando lo suficiente para llamarle la atención. Ruby parecía sorprendida.
"Has sido un cachorro muy malo."
Se sintió jadear esas palabras, sentía que iba a perder el toque respecto a esas cosas, pero al parecer era algo que entrenó en su tiempo con Ruby y no era algo que perdería así de rápido, o eso esperaba.
Ruby pasó de estar confundida, luego a estar sorprendida, luego sonrojada y finalmente frunció las cejas en una mueca de tristeza adorable, su rostro aun encendido. No sabía que expresión le gustó más, así que las disfrutó todas por igual.
"Lo siento."
Negó rápidamente, y dio un paso hacía la mujer, y esta retrocedió por mero instinto. Le dio un jalón a la oreja de esta, mientras intentaba mantener su mueca seria, lo que le estaba costando. Evitó tocar los aros que ahí estaban para no lastimarla, aun así, tenía las ganas de tocarlos de todas formas.
"¿Sabes siquiera de que te estás disculpando? Dímelo."
Ruby tragó pesado, y pudo ver el movimiento de su garganta. Su oreja ya estaba roja, pero no iba a culparse por eso, ya que la otra estaba igual de roja y ni siquiera la había tocado. Los plateados pestañearon, su mueca pensativa.
"Dije que me iba a portar bien."
Soltó la oreja de Ruby solamente para dejar la mano apoyada en el cuello de esta, prácticamente sujetándola de la mandíbula. Ahora fue el turno de Ruby de jadear ante el movimiento.
"¿Y qué estás haciendo?"
"Me porté mal."
"¿Por qué?"
"Porque quería desnudarte."
Le costó mantener la seriedad en ese instante mucho más que antes, ya que se sintió avergonzada de lo honesta que salió la voz de Ruby. Pero no, no iba a avergonzarse, o al menos iba a intentar que no le afectase. Quería mantener el control mientras podía, o Ruby le iba a saltar encima y perdería su oportunidad.
Y ya no sabía cuántas veces Ruby la había llevado a la cama y se vio sin poder actuar tal y como quería. Necesitaba mantenerse fuerte, o se iba a arrepentir.
"¿Ves? Además, ¿Dónde está tu collar? ¿Acaso crees que puedes andar por ahí como una callejera?"
Se aplaudió a sí misma por habérsele ocurrido aquello, y así poder conseguir lo que quería.
Ruby parecía confundida, en su rostro escrito un evidente '¿Qué collar?', así que usó sus dedos para aferrarlos al lugar donde estaba la gargantilla la semana pasada. A Ruby le costó unos momentos, hasta que entendió cuál era el collar del que hablaba.
Esta giró su cuello, mirando hacia la habitación, y luego la miró, y fue esa misma expresión que le dio cuando conoció a Coco por primera vez y esta parecía pedirle permiso hasta para respirar. Que ternura de mujer la que tenía en sus manos.
Simplemente asintió, soltándola del cuello, y Ruby corrió a la habitación. Corrió literalmente. Le causó gracia, pero se aguantó la risa. Caminó a paso lento hasta llegar a la habitación, y ahí encontró a Ruby buscando en un cajón. Veía que estaba más ordenado que antes, o desordenado, dependiendo de cómo uno lo viese. Al parecer esta se había motivado con el hecho de sacar un par de sus cosas personales, pero aún no tenía mucho lugar a donde moverlas. Al parecer tendría que acompañarla a comprar algunos muebles online antes de poder hacer la cita, ya que claramente los necesitaba, y los que había eran muy pequeños y muy no Ruby.
Ruby buscó hasta al fin encontrar la gargantilla. No se la puso, en cambio simplemente se acercó a ella, pasándole el accesorio. Claro, era un perro, ¿Por qué se iba a poner el collar ella misma?
Realmente le gustaba eso de ser la dueña de Ruby, en más de un sentido.
Tuvo ese pensamiento hace mucho tiempo, y siempre volvía, intenso.
Llevó la mano hasta los cabellos desordenados, acariciándolos, recompensándola, y esta parecía feliz con las caricias. Siempre era muy receptiva en esos términos, tal y como un cachorro.
De la nada chasqueó los dedos, y Ruby dio un salto.
No tenía idea que estaba haciendo o cual era su objetivo de todo ese rol, pero le parecía demasiado divertido el ver todas esas muecas en pocos segundos. Debía dejar de divertirse a costa de la mujer, lo sabía, pero Ruby se divertía a su costa, desde hace mucho, así que era justo. Por una vez no iba a ser ella quien se tapaba el rostro de vergüenza.
¿Era esto una venganza? Probablemente.
Chasqueó los dedos de nuevo, alertando a Ruby, la cual miró su mano de inmediato, así que la usó para apuntar a la cama.
"Ruby, a la cama."
Ruby asintió, sin decir nada y fue a la cama, la vio debatirse por algunos momentos el cómo subirse, o el cómo ponerse, y tuvo que poner una mano en sus labios para impedir que la risa saliese. Lo estaba disfrutando demasiado, se sentía aún más pervertida que antes, pero esa ternura era implacable. Ruby se sentó en sus rodillas al borde de la cama, mirándola. Así ya no se veía tan imponente, eso estaba a su favor.
Se acercó para quedar frente a ella.
Ahí ya tenía la posición perfecta para poder ponerle la gargantilla sin tener que mirarla hacia arriba. Ruby parecía tensa, alerta, y nuevamente su rostro empezaba a adquirir color, sobre todo cuando le terminó de ponerle la gargantilla, ahora collar.
Se cruzó de brazos, mirándola, y luego puso una mano en su mentón, pensando, de inmediato Ruby ladeó el rostro. Estaba segura de que jamás había visto a Ruby tan silenciosa, era extraño, pero así se podía fijar en toda su expresión corporal.
"Algo no está bien, Ruby."
La notó de inmediato en pánico, como los plateados miraron alrededor, de hecho, esta iba a decirle algo, tal vez preguntarle, y tuvo que callarse. No le había dicho que los perros no hablaban, pero se alegraba de que esta estuviese contribuyendo en el juego.
"No se supone que los perros usen ropa."
Ahora había más color en su rostro y orejas, mientras nuevamente la oía tragar pesado. ¿Se estaba pasando? Probablemente.
Ruby asintió, y decidió hacer el movimiento antes que se lo ordenase. Al menos ahora si estaba siendo obediente.
Siempre quiso tener una mascota, ahora que lo pensaba.
Ruby se sacó la camiseta en un movimiento rápido, sus hombros ya sonrojados, al igual que su pecho. Realmente nunca le iba a dejar de impactar el verla. Le costó mucho tiempo admitir que estaba interesada en un cuerpo femenino, le costó mucho tiempo aceptar su sexualidad dudosa.
La vio mientras se sacaba el sujetador, quedando con el torso desnudo, y sus manos de inmediato avanzaron hacía sus pantalones.
Se vio sonriendo.
Debía de ser una mueca extraña, ya que no era común en ella el sonreír, y tenía claro que esa mueca no la había hecho antes, incluso notó como los plateados la observaron por un momento, y sin duda debió de verla, ya que, si su rostro no estaba rojo antes, en ese momento sí que lo estaba. Esta simplemente bajó la mirada y siguió en lo suyo como si hubiese visto un fantasma, aunque su mueca más que de miedo era de pánico, esa clase de pánico.
¿Una nueva faceta de Weiss? Si, y ahora también veía una nueva faceta de Ruby, lo que era agradable y refrescante.
La mujer no se demoró mucho en terminar con su labor, quedando en esa exacta posición, pero ahora toda su ropa estaba a un lado, ya no más en su cuerpo.
Volvió a acercarse para acariciarle el cabello, y esta de inmediato siguió su mano, sus ojos cerrados, disfrutando. Al menos eso fue suficiente para calmar un poco la tensión que esta tenía encima, su espalda parecía que se iba a romper de lo recta que estaba. Pero esa era la postura de un cachorro bien entrenado.
No tenía duda que iba a usar esto mismo para enseñarle algo de protocolo y cosas aburridas, así al menos esta iba a estar tensa e iba a estar obligada a aprenderse las lecciones. Pero eso ya sería más tarde, por ahora simplemente quería regocijarse un poco, aprovecharse de ese control.
Se quedó pensando en cual iba a ser su siguiente paso, ya que su principal objetivo ya había sido cumplido, y era ver a Ruby en nada más que ese collar, y no se sentía decepcionada. Mientras pensaba en que quería hacer, se vio pasando una mano por el largo tatuaje de la mujer, las rosas sin color que avanzaban por su pierna. Era una obsesión hacer eso, sin duda, y si la mujer se seguía entintando el cuerpo, pues seguiría haciendo lo mismo con cada uno de ellos.
Ruby tenía experiencia, siempre se lo decía a sí misma, porque era una realidad, pero era claro que con experiencia o sin ella, esta parecía estar haciendo un trabajo intenso por mantenerse en su papel, sentía que en cualquier segundo el lobo iba a superar al cachorro, y no podía permitir eso.
Al menos no por ahora.
"¿Te vas a comportar?"
Le preguntó, sin dejar de acariciar los mechones rojizos. Los ojos plateados se abrieron, se veían brillosos, y sentía en ese instante cierta culpa, como si la estuviese torturando de alguna manera, y con lo linda que se veía le dolía inmensamente en el corazón. Esta asintió a su pregunta, y nuevamente se vio sonriéndole, sonriéndole con esa mueca desconocida para sí misma, y como respuesta, los plateados se vieron ligeramente más oscuros, más encendidos.
"¿Vas a hacer todo lo que diga?"
Le preguntó otra vez, sin controlar su jadeo involuntario, mientras pasaba sus dedos por el rostro de la mujer, acariciándola, moldeando su piel, sus labios. Esta asintió de nuevo, y simplemente no se pudo mantener lejos, así que se acercó para besarla, para explorar su boca, la cual estaba hirviendo. Le causó ternura cuando se alejó y fue evidente el lamento que salió de la mujer.
Le encantaba, sin duda.
Quería disfrutar un poco más.
Se acercó a la cama, y se acostó cómodamente, apoyando la cabeza en las almohadas y cruzando las piernas, mientras los plateados la observaban bien abiertos, curiosos y confundidos. Cuando quedó en el medio de la cama, volvió a chasquear los dedos, y Ruby se puso alerta de inmediato.
Si, era un buen entrenamiento. De inmediato golpeo su pecho con esa misma mano.
"Ven aquí. Procura mantenerse sobre mí."
Ruby parecía algo confundida, o más bien, cauta. Se removió, acercándose usando sus manos y sus rodillas, y comenzó a acomodarse sobre su cuerpo, hasta quedar frente a ella, apoyándose para no tirar su peso sobre el propio, podía notar de inmediato los músculos de sus brazos y muslos tensarse. Se quedó mirando el cuerpo a su disposición, y lo primero que se topó en frente era con los pechos de la mujer, los cuales caían con la gravedad, y a esa altura era imposible el no querer tocar, sobre todo si se mostraban de esa forma.
Así que eso hizo.
Ruby jadeaba con cada tacto, con cada caricia, y era realmente divertido hacerlo, lo comprobó antes, y ahora de nuevo, solo que esta vez no era una pelea de poderes, simplemente era ella controlando a la mujer, haciendo lo que quería sin interrupciones. No le dejaba de impresionar la diferencia entre sus cuerpos, y mientras más diferencias encontraba, más le gustaba.
En un segundo tiró los pezones de esta, tal vez con más fuerza de la que pretendía, y cuando se dio cuenta, los ojos antes cerrados, el rostro nervioso, cambió. Los ojos tornándose grises, y eso solo podía significar una cosa.
Ruby abrió la boca, sus ojos fijos en los suyos, los ojos de un depredador listo para atacar.
Pero no era tonta, claramente sabía que eso iba a ocurrir, que Ruby intentaría volver a luchar por el dominio, como usualmente, pero no iba a perder, se lo había propuesto.
Chasqueó los dedos.
"Red Velvet."
Los ojos frente a ella cambiaron, sorprendidos, al igual que toda su expresión.
La primera vez que vio ese lado salvaje de la mujer, esta le dijo que, si quería que se detuviese, tenía que decir esas palabras, y tenía claro que esta se había dado cuenta de lo que eso significaba. Esta respiró, jadeando incluso, y cerró los ojos, su rostro arrepentido, entendiendo que debía mantener su lugar.
"Si no te comportas, no dejaré que me toques, ni hoy, ni mañana. ¿Oíste?"
Los plateados se abrieron de golpe, horrorizados, y luego asintió, sin ninguna otra opción, haciendo un notorio puchero.
Realmente Ruby no podía mantener las manos alejadas de ella, y eso se sentía muy bien.
La mujer se calmó, y pudo seguir con lo suyo. En un momento miró las partes bajas de esta, pensando nuevamente en cual sería su siguiente movimiento, y notó algo que le llamó la atención, y era como esta estaba literalmente goteando sobre ella. Podía notar incluso unas gotas en su falda, y se habría indignado, quizás usarlo para el mismo rol, pero no podía quitarse la impresión. Era una prueba física de que Ruby estaba disfrutando de eso, y se alegraba. Ruby siempre la hacía sentir bien, y era el momento de devolverle el favor.
A diferencia de otras veces, esta vez era su propio trabajo.
Aun no se sentía con la confianza de hacer su deber de una manera experimentada, porque no tenía casi experiencia, pero al menos iba a intentarlo. Quería intentarlo.
"No tienes que hacerlo, Weiss."
Miró a Ruby, la cual le sonreía, su rostro igual de rojo que hace unos momentos, pero parecía estar ligeramente más compuesta. Debió ver su rostro, ver sus intenciones, como siempre leyéndole la mente. No tenía que hacerlo, lo tenía claro, y Ruby conocía sus limitaciones, y no la iba juzgar. Sin embargo, se lo había propuesto. Si no era ahora, sería después, pero no iba a mejorar si no lo intentaba.
Ya eran una pareja y el día iba a llegar si o si.
Resopló, mirando a la mujer, intentando lucir lo más compuesta y determinada que era capaz, ocultando su inseguridad respecto al tema.
"Pero quiero y lo voy a hacer, así que cállate y déjame hacer mi trabajo."
Ruby abrió bien los ojos con sorpresa e incredulidad, y simplemente soltó una carcajada, asintiendo. No dijo nada más, aunque sabía que esta tenía muchas cosas que decir, pero prometió ser obediente y estaba haciendo un buen trabajo en eso.
Ahora sin distracciones, siguió.
No sabía cómo explicarlo, tocar a Ruby era muy similar a esa vez que se tocó a si misma, pero al mismo tiempo no. Estaba confundida, obviamente sus cuerpos no eran iguales, así que tuvo que tomarse un momento para explorar. No quería hacer algo mal, la inseguridad atacándola. Sin embargo, el sonido que salió de la boca de la mujer a penas sintió la mano ajena en su entrepierna, le hizo recobrar la motivación. Se sentía tonta pensando en esto como una prueba, cuando solo tenía que ceñirse a las reacciones de la mujer, nada más.
Ruby le había enseñado que el sexo no era tan complicado como pensaba.
Se quedó mirándola al rostro, como esta jadeaba, su rostro enrojeciendo aun más, y simplemente se mantuvo así, dejándose llevar, su mano moviéndose como si tuviese vida propia, sus dedos explorando, moviéndose, rozando e incluso entrando. No estaba pensando, simplemente se movía, y la misma mujer movía sus caderas para encontrar su mano, así que no se sentía agobiada en lo absoluto.
Ya había visto expresiones similares en la mujer, pero ahora era exclusivamente gracias a ella, y sentía orgullo.
Sentía la mente nublada, aún más, conforme pasaban los segundos, y probablemente su propio rostro estuviese incluso más rojo que el de Ruby.
Vio como los brazos de Ruby empezaron a perder fuerzas, estos temblando sin poder mantener su cuerpo en esa posición. Llevó su mano libre a los cabellos de la mujer, y ahí tiró de ella, lo suficiente para cambiase de posición, siendo ahora sus antebrazos quien sujetaban su peso y no sus manos. Podía sentir la respiración abrasadora de esta en su cuello, y disfrutó de cada segundo.
Pero su parte favorita, sin duda, era cuando escuchó su nombre resonar en la habitación, una y otra vez. Empezó a perder la concentración de pura satisfacción, y temió que sus dedos dejasen de moverse correctamente, pero al parecer no fue el caso.
No pasó mucho tiempo para que Ruby comenzara a removerse sobre ella, temblando, incluso las manos grandes de esta se aferraron a su ropa. Se sentía bien, y ahora entendía la adicción de Ruby al hacerle toda esa clase de cosas.
Realmente se iba a arrepentir si no tomaba acción de inmediato.
Ruby soltó un gemido en su oído, más fuerte que los anteriores, y le impresionó como a pesar de llegar al orgasmo, sus extremidades no fallaban como las propias, y se dio cuenta que realmente iba a tener que entrenar más su cuerpo. Ruby era fuerte. Se sintió jadear, sintiendo el cuerpo ajeno incluso más pegado al suyo que antes, sintiendo su calor exorbitante sobre la ropa, y deseó el haberla hecho suya sin ninguna tela entre ellas.
Pero, no se sintió satisfecha. Si orgullosa de sí misma, pero no satisfecha, y entendió a Ruby, como esta quería seguir, incluso después de que acabase.
Quería más, incluso ante el cansancio que sentía.
Intentó respirar profundamente para recuperar su cordura, culpando al calor del momento de sus pensamientos.
Cerró los ojos, disfrutando de la cercanía y de la respiración ajena en su cuello. Probablemente su falda debía estar más mojada que hace unos momentos, pero no le importaba, luego iba a hacer que su cachorro lo limpiase, pero por ahora le iba a dar un respiro, así que acarició esos mechones rojizos mientras esta recuperaba el aliento. Y ella misma recuperaba la prudencia.
Sentía que había tachado algo de su lista, y se sentía bien, y se alegraba de poder hacer sentir bien a Ruby, y que ya no fuese solo ella quien hacía el trabajo.
Ya no se sentía inútil.
Capitulo siguiente: Error.
Voy a ocultar cualquier tipo de vergüenza que sienta respecto a este capítulo. Se que me lo habían preguntado hace mucho, pero si, el día llegó, y esperemos que con esto Weiss aumente más la confianza en sí misma, de todas las maneras posibles.
Espero lo hayan disfrutado.
Nos leemos pronto.
