Red Velvet

Capítulo 52: Gala

Su día pasó en relativa tranquilidad.

El vuelo de su padre llegaría en la tarde, así que podía disfrutar de una mañana sin él.

Alcanzó a ir a hacerse las uñas y a que le hicieran el peinado, y no podía controlar sus nervios, sobre todo cuando Ruby no había dicho nada desde el día anterior, ni un solo mensaje, y eso era bastante extraño. Ya estaba empezando a preocuparse.

¿Qué pasaba si Ruby se arrepentía?

¿Si decidía no ir?

Era una opción, y honestamente, no la juzgaría. Llevaba solo un tiempo conociendo ese mundo, avanzando poco a poco, e ir a una fiesta era algo complicado, sobre todo considerando los que iban a asistir. Su padre incluido.

Se miró al espejo, luciendo el vestido rojo.

Era muy rojo, muy Ruby, y para nada ella.

Era extraño.

Al menos tenía unos pendientes de rubís, así que podía combinar todo correctamente. Se puso unos tacones negros, no teniendo ninguno de ese color rojizo, pero al menos podía combinarlo con su bolso negro. Como Coco solía decirle, siempre hay que tener algo de color negro. Un color adaptable, al igual que el blanco.

Curiosamente no recordaba la ultima vez que usó algo negro, podría acostumbrarse.

Su cabello se veía ligeramente diferente de lo usual, teniendo su cola de caballo usual, solo que ahora tenía un moño en lo alto, afirmado con una diadema. Su peluquero hizo un buen trabajo, se veía diferente, pero no demasiado.

Por inercia miró sus uñas, cortas, pero bien arregladas.

Se sintió de inmediato sonrojar.

No, no, no.

Nada de pensamientos fuera de lugar, que iba a estar bajo la mirada de su padre y no debía dejar que su rostro mostrase lo que pasaba por su cabeza, o más de alguien se desmayaría. Poder ver dentro de la mente de Weiss Schnee no era algo bueno.

A veces le daban ganas de hablar con Coco a cerca de lo que pasaba por su cuerpo, de lo que sentía, esas ganas incontrolables, esos pensamientos inadecuados y vulgares, pero era claro que no sería capaz de siquiera mencionarlo. Era demasiado vergonzoso, y no sabía cual iba a ser la reacción de Coco, probablemente esta se iba a burlar o a hacer otros comentarios inadecuados y no podría mirarla a la cara. Siempre se había considerado muy reacia en esos temás, desinteresada incluso, y su amiga lo sabía, y ahora soltar una información completamente opuesta era demasiado para ella misma como para el mundo.

No, no podía.

Tal vez debería hablarlo con Ruby…

Bueno, dudaba que fuese necesario, era claro que esta notaba de inmediato cuando sus pensamientos sucios salían a flote, porque esta aprovechaba de apuntarlos. Lo notaba, y le avergonzaba ser leída así de fácil. Si una tonta como Ruby podía notarlo, probablemente más de alguien tendría esa capacidad.

¿O no?

Quería pensar que no, que era algo que solo Ruby podía hacer, porque conocía cada rincón de ella. Al menos así sentía sus secretos más seguros.

Miró su teléfono, abandonado sobre la cama, sin ningún tipo de aviso o notificación.

Ya estaba asumiendo que Ruby no iría a la fiesta, y no podía evitar sentirse decepcionada.

Quería verla…

No salió de su cuarto, pero sabía que su padre ya había llegado, su querido Klein siempre le avisaba, era su espía personal. Probablemente debía de estarse arreglando para la velada, al igual que ella, que se encontraba frente a su espejo, decidiendo que hacer con su rostro.

Su padre solía decirle que se tapase la cicatriz, no le gustaba que la llevase notoriamente en el rostro, así como no quería que su pequeño problema saliese a la luz. Aunque era ridículo esconderla, ya todos sabían de su existencia. Y, además, él la causó, le causaba cierta ira que este le hiciese que la ocultase. La herida que él creó.

Negó, mirando los productos en la mesa.

No quería pensar en su padre, ni en esos días, era un día especial, era una fiesta de Coco y era la primera vez que estaba en una fiesta con Ruby, sin que esta fuese de incognito. Quería que fuese perfecta, y para eso debía quitar de su cabeza los pensamientos rencorosos que aún mantenía.

Volvió a mirar su cicatriz, no quería taparla, porque iba a ver a Ruby, y no le gustaba ocultarla cuando estaba con ella, sin embargo, decidió echarse una leve capa de maquillaje para que esta no fuese tan notoria. Eso sería suficiente para calmar a su padre, lo tenía claro.

La fiesta era a las siete de la tarde, y el tiempo pasaba increíblemente rápido, tanto así que empezó a sentirse más y más nerviosa. En algún momento iba a tener que salir de su cuarto usando ese vestido rojo y a su padre se le iba a caer la mandíbula, y a ella misma se le iba a caer la mandíbula cuando viese a Ruby.

Se sentía avergonzada de solo pensarlo.

Cuando subieron a la limosina, no sintió tanta tensión como creía. Su padre no le dijo nada del vestido, sin embargo, si puso una mueca de sorpresa cuando la vio, y aquella expresión iba a ser su favorita para reírse en sus tiempos libres.

Estaba silencioso, el viaje y su compañía, y se sintió inesperadamente tranquila, pero había algo tras de su cabeza que le hacía sentir tensa, como si estuviese esperando que todo cambiase, que todo se tornase desagradable, pero solo miró hacia afuera, intentando calmar la ansiedad de algo que aún no ocurría.

No iba a permitir que su padre le volviese a arruinar una velada.

Este siempre quería quedarse hasta tarde en las fiestas, quizás porque cuando él era el anfitrión debía quedarse hasta que la última persona se fuese, así que estaba acostumbrado. A veces era molesto aquello, porque iban juntos y se debían ir juntos, y era angustiante el tener que esperar horas eternas a que este se aburriese.

La última vez que Coco los invitó a una de sus fiestas, este se quedó con ella, teniendo un largo duelo de cartas. Al final no era una fiesta como cualquiera, era una fiesta de Coco, por ende, iba a haber muchas cosas divertidas para hacer, aunque en lo personal, siempre terminaba siendo un momento molesto. Si estaba su padre, sería un momento molesto y frustrante, sin duda. Apenas y recordaba que ocurrió esa vez, ya que aprovechó de beber ese día, sabiendo que su padre y prometido estaban entretenidos jugando pool, y no tendría que ser ella quien los llevase a casa, teniendo un chofer para hacer ese trabajo.

Al menos ahora solo tenía que lidiar con su padre y no con la peste de su ex prometido.

Pudo ver el lugar crecer a cada momento, la limosina acercándose a su destino. Era un edificio que lucía como una cúpula desde la distancia, y por dentro era un casino de juegos. Si, Coco usaba un casino para hacer sus fiestas, ¿Por qué? Pues porque había un restaurante, comida, bar y variedad de juegos, y a Coco le gustaba que todos disfrutasen. Y claro, el lugar tenía su propia pista de baile, así que se podría decir que era su lugar ideal.

Los autos comenzaban a dar vueltas en la pileta que estaba frente a la entrada, dejando a los asistentes y volviendo a la ruta, algunos otros pedían al valet que estacionase sus autos en el estacionamiento subterráneo. Le impresionaba la cantidad de gente que ahí había, al parecer Coco se había excedido con las invitaciones.

Su chofer se bajó del auto para abrirle la puerta, ofreciéndole la mano, así que aceptó, saliendo del vehículo, su padre tras ella. Uno podía ir con un acompañante, al menos esa era la razón por la que iba con su prometido, y si bien le ofreció a su hermano si quería asistir, este se negó, y le causó gracia la mueca que este puso cuando le preguntó, como que no se podía quitar la sorpresa del rostro.

Había sorprendido a su padre y a su hermano en un mismo día, se daba por satisfecha.

Comenzó a caminar por los amplios pasillos, topándose con diferentes personas conocidas en el ambiente.

Ni siquiera entraba a la zona designada donde se recibían a los invitados, y ya estaba harta de sonreír falsamente.

Odiaba esos eventos.

Coco ya estaba en el salón principal, el cual estaba decorado con varios colores y mesas llenas de diferentes aperitivos y copas de champaña. Había mozos con bandejas con diversos tragos, moviéndose de un lado a otro, apresurándose para atender a todos los que iban llegando. La música sonaba a un nivel aceptable, permitiendo a las personas conversar tranquilamente, sin gritar, pero sabía que pasando uno de los arcos que guiaba al siguiente salón, ahí estaría mucho más fuerte e intensa, estando ahí la pista de baile. Ahí no se podría hablar.

En el arco que estaba al lado contrario, se encontraba la sala de juegos, probablemente el lugar donde todos los invitados terminarían en algún momento.

La anfitriona saludó a todos con cordialidad, manteniendo la compostura, al menos por ahora, ya luego de unos tragos dudaba que esta mantuviese su lado bohemio controlado. Tenía un vestido oscuro, lleno de accesorios, tanto así que parecía como si tuviese el mismo atuendo de siempre, pero mostrando algo de sus piernas. Notó sus ojos brillar cuando la vio, y se le acercó de inmediato, rauda, y la tomó de los hombros, dándole un beso en cada mejilla. Coco no era muy del contacto físico, a menos que fuese con la intención de molestarla, lo cual lograba, así que supo que había una razón tras el saludo.

"Ahí viene."

La escuchó decir, suave, en un susurro, solo para que ella la escuchase.

Se sintió tensa, y dio vuelta el rostro, observando hacía la entrada.

Y si, ahí venía.

No tenía idea si había más gente alrededor, pero sus ojos solo podían enfocarse en ella. Sus ojos plateados brillaban con las luces, pero permanecían serios, intensos, esos ojos que parecían distraídos, y sabía que era para evitar sentirse abrumada con la situación. Se veía madura. Su cabello estaba bien peinado, pero al mismo tiempo algunos de sus cabellos habían sido peinados para que se viesen salvajes. Lucía formal, pero seguía teniendo ese algo desordenado tan propio de Ruby. Ah, y la gargantilla, le gustaba demasiado verla con ese accesorio.

Lo siguiente que notó era el vestido. Ya lo había visto, y sabía como era, incluso se lo probó, pero lo que veía no era para nada lo que vio en el espejo esa vez. Estaba hecho a la medida, era evidente, el cuerpo ajeno llenándolo apropiadamente en cada lugar. Sintió sus mejillas encenderse al darse cuenta de que sí, tanto el tatuaje de su pecho como en de su pierna se asomaban lo suficiente para ser plenamente reconocibles, los colores fuertes contrastando al blanco, incluso parecía que el largo de la parte de abajo era más corto en esa pierna para que pudiese lucir las rosas.

El sastre había hecho sin duda un gran trabajo.

Le causó cierta gracia, y cierta vergüenza, que tanto sus zapatos y bolsos fuesen del mismo color, solo que eran modelos diferentes. Ambas estaban completamente a juego, y sin haberlo planeado de antemano.

Conforme Ruby se acercó, esta se dio cuenta de su presencia, sus plateados cambiando ligeramente, manteniendo su compostura, pero brillando aun más que antes, y como le encantaba ver aquello. Su postura se vio más erguida, su pecho inflándose, y casi se sentía como ser cortejada por un ave. Podía sentir como esta la miraba de arriba abajo, de la forma más disimulada que podía y se sintió arder. Al parecer a Ruby le gustó tanto como a ella aquel intercambio de colores.

"Señorita Schnee, un placer verla por aquí."

Ruby le dijo, su sonrisa sin poder ser disimulada del todo, y no podía evitar sentir que su propia sonrisa tampoco. Estaba feliz de verla, y vaya que estaba encantada con su apariencia. Era diferente a lo usual, pero igual de agradable. Para esta tener cero experiencias en vestidos y tacones y bailes, parecía manejarse mejor de lo que imaginó.

Ahora que lo pensaba, últimamente los zapatos que esta usaba tenían cierto tacón, al parecer idea de Coco para que fuese acostumbrándose. No lo había pensando así, pero parecían haber cumplido con el objetivo. Ruby aun no se caía, lo que era bueno.

"El placer es mío."

Le dio una mirada de reojo a su padre, el cual parecía estupefacto. Obviamente había visto a Ruby, y se había quedado perplejo mirándola. Era evidente que no era el tipo de persona que él solía conocer, pero si el tipo de persona que solía familiarizarse con Coco. Aun así, este ya debía de tener claro que se trataba de la nueva socia, fueron noticia durante un tiempo, así que debía de saberlo.

Debía decir algo, ella o Ruby, para presentarse con su padre, pero no tuvo que hacerlo, fue la misma Coco la que se dio la vuelta, pasando un brazo por los hombros de Ruby, haciéndola dar un salto, la sorpresa en su rostro no pudo ser disimulada del todo y se vio mordiéndose la lengua para no reír, o en el caso contrario, para atacar a Coco por tocar a su mujer.

Cualquier cosa que fuese, no podía hacerlo frente a su padre.

"Señor Schnee, aprovechando que está aquí, quería presentarle a mi protegida, Ruby Rose."

Su padre miró a Coco, y luego a Ruby. Sus ojos escaneándola.

Incluso prefería que este la insultase, porque ya incluso parecía que este se la comía con la mirada, y no, padre, es mía, ni siquiera se te ocurra.

Hace tiempo que no lo veía tan absorto al momento de conocer a alguien, y esa vez debió ser cuando vio a su secretaria. La edad lo estaba volviendo más honesto en sus muecas, no como antes, que podía fingir por completo, sin importar la ocasión.

Ruby le sonrió, su rostro cordial, mientras extendía una de sus manos.

"Señor Schnee, hace mucho que quería conocerlo, he escuchado muchas cosas de usted."

Su padre de inmediato reaccionó, estrechándole la mano, podía notar su bigote moverse ante su sonrisa.

"Espero hayan sido cosas buenas, señorita Rose."

"Por supuesto."

…que no. Casi podía ver el resto de su frase en su boca, pero lo ocultó bastante bien. Ruby había aprendido a fingir a su propia manera. No le gustaba mentir, pero se había acostumbrado a decir las cosas con honestidad, sin embargo, se cortaba antes de que pudiese decir algo que la dejase comprometida.

Porque si que había escuchado cosas de su padre.

"Ruby es la jefa a cargo en el taller mecánico que levanté hace unos meses, por ende, también es la socia de Weiss, imagino que escuchó sobre aquello." Esta guiñó a su padre y este le respondió asintiendo. No era un misterio para nadie esa sociedad que armaron, menos a su padre que le gustaba mantenerse al tanto de la más mínima cosa que ocurriese en la compañía. "Debo asumir que se dio cuenta de mi gran idea en cuanto a los vestidos, yo misma los diseñe para enunciar esa unión, es algo que se esta haciendo mucho en otros continentes, ¿No le parece fascinante?"

Coco ya empezó a hablar con su padre como si fuesen amigos de toda la vida. Notó como su padre miró los vestidos de ambas de reojo, y era obvio, era claro que se había dado cuenta, obviamente no era su color, y era evidente que el blanco no era el color de Ruby, aunque se veía hermosa en el.

"Ya me parecía sospechoso que mi hija usara un color tan llamativo, debí de darme cuenta de quien había sido la idea."

"Me declaro culpable. Pero quien soy yo para restringir la moda y los colores, ¿No? Por cierto, hay alguien que quisiera presentarle, creo que podría interesarle, ya que sé que siempre anda en busca de nuevos socios."

Coco tomó la iniciativa, guiando a su padre hacía una de las mesas, donde había un grupo de personas, bastante jóvenes por decirlo así.

Se habían quedado ambas en completo silencio mientras Coco alejaba a su padre de ellas, y agradecía el gesto.

Ruby fue la primera en moverse, golpeando el suelo con la punta de su tacón.

"No fue tan horrible como creí."

Su voz era un susurro, solo para que ella la oyese.

"Estoy acostumbrada a mi padre, a la forma en la que observa a las personas cuando las esta juzgando, pero ya estaba harta de que te mirase."

Ruby soltó una risa, caminando lentamente, guiándola, a una de las mesas que estaba al lado contrario de donde había ido su padre. Esta tomó uno de los aperitivos y se lo comió, pareciendo refinada, pero sabía que esta quería lanzarse a la comida y devorarlo todo. Imaginaba que esta no había comido mucho para evitar algún malestar, los nervios siempre jugaban una mala pasada.

"¿Celosa de tu padre?"

Notó la burla en el rostro de su novia, y no pudo evitar soltar un bufido. Podría negarlo, más no lo hizo, ya había fingido lo suficiente apenas entró, era el momento para respirar un poco y ser honesta. Siguió a Ruby, tomando uno de los aperitivos para comérselo, no sin antes morderlo lentamente, sin dejar de mirar a los plateados. Noto como esta apretó uno de sus puños de manera inconsciente.

"Eres mía, solo yo puedo mirarte de esa forma."

Acción y reacción, Ruby sonrió, con esa sonrisa que la hacía hervir, esa sonrisa abrasadora. Esta notó el cambio en su propia expresión y llevó una mano a su rostro, fingiendo toser, su rostro enrojeciéndose.

"¿Cómo fue lo que dijiste el otro día? Si querías frustrarme, lo conseguiste."

Esta volvió a tomar un aperitivo de la mesa, ocultando su risa.

Se sintió hervir.

Algo no estaba bien con ella, eso era claro, pero al menos se daba cuenta que estaban ambas en la misma frecuencia. No sabía que tan bueno era aquello, pero se podía quedar tranquila al saber que no estaba sola, frustrándose.

Vivió cosas similares antes, donde algunos hombres se veían frustrados, en ese aspecto, y ella no sentía absolutamente nada. Ahora se podía poner del lado de ellos, de sentir esa necesidad, esas ganas de tener relaciones con alguien, y si Ruby no tuviese esas mismas ganas, esa misma locura, se sentiría bastante mal.

Por suerte no era así.

Dio una mirada hacía el otro lado de la sala, su padre hablando bien entusiasmado con un chico unos años más joven que ella. No quería sonar mala, pero al lado de ese chico, se veía aun más viejo. Aguantó la risa.

Ya no le temía como antes, eso la hacía sentir cierto alivio.

"Creí que no vendrías, como no dijiste nada en todo el día."

Ruby la miró, su rostro pensativo, pero notaba cierto atisbo de vergüenza.

"Lo siento, estaba muy nerviosa, y Coco mandó a una de sus amigas a mi casa, una estilista, y honestamente me aterró cada segundo de su visita. Era pequeña, pero me sentí profundamente amenazada. Era como esos pequeños perros elegantes que si te les acercas pareciera que quieren matarte."

Así que eso había ocurrido. Las personas que trabajaban en esas áreas, eran sin duda imponentes. Normalmente la gente que su padre contrataba era de la misma índole, personas demasiado estrictas y perfeccionistas, y si dices que no te gusta una sola cosa de lo que hacen, son capaces de tirarte las cosas en la cara, sin importarles en lo mínimo si eres famoso o poderoso. Aterradores como dijo Ruby.

"¿Debo preocuparme de que estuvieses toda una tarde a solas con una mujer?"

Los ojos plateados la miraron, y notó las intenciones de esta salir de cada uno de sus poros. Ruby se movió, acercándose, usando de excusa el sacar uno de los aperitivos que estaban en su lado de la mesa.

"Creeme que su hubieses sido tú quien estaba en mi casa, habría preferido faltar a la fiesta y quedarme ahí, contigo." Su voz sonó suave, pero cuando volvió a tener el rostro de esta en frente, notó lo cálido en su mirada, en su sonrisa. Obviamente había honestidad en esta, siempre hubo honestidad, y no iba a dudar. "Además, si estoy aquí, es solo por ti."

Se vio sonriendo. Lo sabía, sabía todo eso.

Ruby tuvo a muchas mujeres en su cama, y no se fue con ninguna de ellas. Tuvo la oportunidad de conocer a muchas personas, de conocer diferentes caras, diferentes personalidades, pero se quedó con ella, la buscó a ella, dejó su vida atrás por ella. Solo por ella.

Quiso besarla, pero se contuvo.

Estaba agradecida de poder tener a alguien como Ruby a su lado.

Dio un salto, así como Ruby, cuando Coco apareció de la nada, posicionándose entre ellas, abrazándolas a ambas, se veía de buen humor. Al parecer ambas estaban muy alertas, sobre todo si estaban coqueteándose, y era algo innato en su relación.

"No sean tímidas, la noche es joven, todo el lugar es suyo, pueden hacer lo que quieran, mami Coco les da permiso."

Esta fue a puro molestarlas, sin embargo, traía consigo a un mozo con dos vasos en una bandeja, notó de inmediato que uno era el favorito de Coco, y el otro, el favorito propio, un Martini. Hace mucho que no bebía, desde que conoció a Ruby, pero viendo la copa ahí, recordó el sabor amargo y agradable. Le recordó buenos tiempos cuando salía a cenar con Coco, ambas más jóvenes, más libres de responsabilidades.

Coco se apresuró en pasarle la copa a ella, guiñándole el ojo.

"Se que ya no estás bebiendo como antes, pero no tienes que manejar hoy, así que deberías aprovechar."

Rodó los ojos, obviamente esta la iba a tentar, sabía sus gustos, y bueno, esta le hubiese dado una versión sin alcohol, pero no recordaba haber probado una imitación tan buena como la original. No era para ahogar sus penas, así que eso de por si se sentía mejor que antes, lo iba a aceptar.

Tomó la copa y le dio un sorbo, sintiendo el amargo de la mezcla. Mientras tanto, Coco le pasaba el vaso restante a Ruby, asegurándole que era la versión sin alcohol de su super misterioso y explosivo cocktail lleno de dulce y color.

"Ruby, te lo advierto, no te lo acabes tan rápido esta vez, que, si bien es sin alcohol, no quiero que estés corriendo por todos lados como los niños cuando consumen mucha azúcar, o tendré que llamar a los guardias para que te controlen."

Ruby dio un salto, su rostro enrojeciendo, pudo notar como esta iba a dejar su mano en la nuca, pero se contuvo. Coco realmente se sentía cómoda molestando a su cachorra, y honestamente ella también.

"Coco, no puedes ser tan ilusa, obviamente con azúcar o no ella va a seguir igual de inquieta."

Su comentario hizo que Coco se riese, y que la susodicha hiciese un puchero. Le costaba admitirlo, pero le gustaba la atmosfera que se creaba entre las tres. Se sentía normal, correcto. Al menos era así mientras Coco no se tirase encima de ambas o las arrastrase a quien sabe dónde.

Coco sacó un vaso de la nada, y chocó el vaso de Ruby y su copa, haciendo el gesto de hacer un brindis.

"La noche es joven, chicas, hora de divertirse."

Ruby la miró, sus ojos plateados brillando.

Si, eso iba a hacer.


Capitulo siguiente: Realización.


Este capítulo viene un día tarde, pero es porque ayer tuve que ir al doctor, mi esposa ahí acompañándome, así que al final tuve la mente tan ocupada que olvidé que debía subir capítulo, pero aquí está.

Espero lo disfrutasen, la realización de la próxima semana va a estar chef Kiss.

Nos leemos pronto.