Red Velvet
Capítulo 53: Realización
…
Estaba mirando una escena que parecía salida de una película surrealista.
Bajó la mirada, buscando su copa a medio tomar, era la segunda. Hace solo unos minutos había ido al bar a pedir otra ronda. Así que no, no estaba ebria, no totalmente. Levantó la mirada de nuevo, observando la mesa frente a ella, donde había un grupo de personas jugando a las cartas, y no, no era nada extraño, todo parecía estar en orden, las fichas estaban en juego y los jugadores se miraban los unos a los otros para averiguar quien tenía la mano más alta.
Lo que le sorprendía era ver a su padre y a Ruby jugando lado a lado.
"Espero no haya cometido el error de apostar todas sus fichas en una mano débil, señorita Rose."
Ruby miró a su padre, sus cartas bien pegadas a su pecho, evitando que nadie pudiese verlas, podía notar una mueca divertida en su rostro, además de algo de sonrojo en sus mejillas.
¿Estaba ebria?
No tenía idea, hasta donde sabía, lo que había tomado no tenía alcohol, y dudaba que Ruby fuese a beber, sin embargo, se veía llena de ánimo, lo que empezaba a darle a entender que Coco tenía razón, tal vez fue demasiado azúcar. Peor que un coma etílico, un coma diabético.
Su padre también parecía entonado, un vaso de whisky ya terminado en su lado de la mesa.
No entendía que le pasaba a su padre, pero hace tiempo que no lo veía de esa forma, no, de hecho, jamás lo había visto así. Tenía la sensación, la leve sensación, que ahora que no era parte de la compañía Schnee, al menos no legalmente, este se había relajado un poco más.
No dejaba de ser su padre en casa, de ser molesto, por supuesto, pero creía que ahora que había vuelto de su largo viaje, parecía ser un hombre distinto.
Empezó a tener cierto pánico, creyendo que a lo mejor estaba en su lecho de muerte y había decidido cambiar por completo su forma de ser.
O ella misma había sido drogada, no es que fuese la primera vez que tenía esa sensación en el cuerpo.
O tal vez él solo estaba poniendo a Ruby a prueba.
O quizás, como su padre siempre le decía que debía tener socios para seguir creciendo en el mundo, debía aceptar a Ruby de cierta forma, ya que significaba que le había hecho caso en algo.
De acuerdo, solo tenía teorías locas, y no iba a preguntarle a su padre, 'Oye, ¿Qué te pasa que estás menos acido de lo normal?' porque no iba a sabotear el momento. Mientras no le dijese nada feo a su Ruby, iba a dejar el tema ahí. Solo ahí iba a reaccionar, y, por supuesto, que intentase una movida con esta, ya que no soportaba que este la mirase más de lo debido.
"Puede ser que sí, puede ser que no, quien sabe."
Cualquiera diría que Ruby estaba jugando con el resto de la mesa, haciéndolos dudar, para que estos se retirasen o algo similar.
Por inercia se movió tras ella, intentando averiguar si la sensación que tenía era correcta, pero no podía ver nada, las cartas aún muy pegadas al pecho de esta. Ruby notó este hecho, y giró el rostro lo suficiente para que sus ojos conectaran.
"¿Qué te parece, socia? ¿Nos repartimos el botín?"
Su padre frunció el ceño, pero para nada era la expresión que le daba antes. La expresión que recordaba.
"No te atreverías a traicionar a tu padre."
Este le dijo, y al principio sintió algo de vértigo, pero rápidamente se dio cuenta que no era como las amenazas que le daba en el pasado, y ahí, en ese preciso instante, en ese lugar lleno de personas, de música, de diversión, de gritos, tuvo una gran revelación.
El último tiempo, los últimos años, tenía esa voz dándole vueltas en la cabeza, siempre que algo salía mal, siempre que sentía su cuerpo llevarle la contraria, la vida llevándole la contraria, esa voz, su voz, la de su padre, resonaba, tornando su realidad aún más oscura, más tenebrosa, y al final se sentía mucho más entumecida por la realidad, ahora, sin embargo, se sentía limpia, Ruby la había ayudado, sentía su vida resuelta y ya no tenía aquellos problemas de confianza, esos recuerdos atormentándola.
Bueno, por supuesto que estaban ahí, pero ya no los oía, no retumbaban, su mente no parecía querer hacerle más daño del que ya le había hecho.
Se dio cuenta, que cada vez que su padre le hablaba, su propio cuerpo y mente reaccionaban, y quizás, no lo sabía con claridad, pero su cabeza debía de hacerle ver cosas que no estaban ahí. Tal vez su padre ya no era tan duro con ella, tal vez ya no estaba tan en peligro como antes. Su cabeza debió de ejercer suficiente presión, para hacerla sentir vulnerable, para hacerla sentir en un constante estado de alerta.
Se sentía sana el último tiempo, y apenas y había visto a su padre, así que era como si acabase de conocerlo en esa velada, al fin lo veía realmente, lo veía a los ojos, sin dudar, sin sentir ese miedo en su columna. ¿Estaba a salvo realmente o su nueva forma de ver el mundo le había hecho ver a su padre como un santo? Quizás él seguía siendo el sujeto de siempre, el villano, el abusador, y su mente limpia le hacía ver cosas que no era, o quizás debía de confiar en su sensación, en su instinto, y realmente creer que su padre ya no era el malo de la historia, quizás había cambiado, así como ella misma cambió.
Todos tenían el derecho a cambiar.
Pero si era realmente así, si su padre había cambiado y su mente había manipulado la percepción que tenía de él, impidiendo que pudiese ver los cambios, ¿Qué significaba para ella ahora que podía ver la verdad?
¿Estaba sana?
¿Se había recuperado?
Tal vez se quedó mucho tiempo ahí, inerte, sin palabras, que forzó a que alguien más hablase.
Y fue Ruby.
"Creo que la respuesta ya está dicha, una mujer como su hija no dudaría en ponerse del lado de la mano más fuerte, sé que la crío para eso."
Su voz sonó segura mientras sonreía. Notó aquello como un acto, ya que notó el atisbo de preocupación en su rostro, oculto tras su máscara. Ruby siempre lo notaba, incluso su más mínima preocupación, obviamente se iba a dar cuenta que algo andaba mal, y agradecía que hubiese hablado.
No dijo nada, pero al parecer su padre parecía convencido, ignorando su silencio y volviendo a enfocarse en Ruby, en el juego, en su propia decisión.
Ahora ya no podía ver a Ruby con total definición, pero el solo saber que esta estaba ahí en un momento así la hacía sentir tranquila, con los pies firmes en el suelo. Ruby era su roca después de todo. Tal vez sola, habría colapsado ante la abrumante cantidad de sentimientos que la sofocaban en ese instante. Dudar de sí misma, de sus recuerdos, de su mente, era algo imposible de definir. Era extraño. La hacía sentir insegura a unos niveles impensados.
Pero no podía hacer nada. Tenía claro que, si forzaba su memoria, el dolor no la dejaría siquiera estar en pie, y no quería eso.
Respiró profundo, y se concentró en Ruby, en el juego, luego tendría tiempo para auto analizarse.
"Tiene que prometer que no habrá rencores entre nosotros, señor Schnee."
Ruby habló, la sonrisa capaz aun en sus labios. Sus palabras parecían honestas, y no las sentía como un insulto, como pudo haber sido dicha por otra persona. Ruby sabía cosas de su padre, y aun así parecía cordial. Si su mujer tenía la oportunidad de conocer a una persona, de aprender de esta, de entenderla, lo iba a hacer, y su padre no era la excepción.
"No lo tomaré personal. Paso."
Su padre soltó un suspiro, dejando las cartas en la mesa. Rindiéndose en el juego de poderes.
Algunos de los otros jugadores, que aun tenían la intención de igualar la apuesta o subirla, se contuvieron, y bajaron sus cartas, pasando. Al final, la única en juego, fue la mujer.
Ruby soltó una risa, su rostro auténticamente divertido, mientras bajaba sus cartas, mostrándolas ante todos, y lo único en la mano que era importante, era un As de trébol, nada más.
Jacques llevó una mano a la sien, parecía estupefacto, mirando las cartas de Ruby y las propias, donde tenía un par de As, y con eso ya habría sido suficiente para llevarse todas las fichas de Ruby. Algunos otros también miraron sus manos, dándose cuenta de que perdieron la oportunidad de ganar con incluso una mano débil.
Ruby volvió a tomar sus fichas, levantándose de hombros.
"Yo aquí quería hacer un acto benéfico y nadie lo aceptó."
Todos creyeron que Ruby tenía una mano fuerte, pero no, por el contrario. Ruby no se llevó más fichas, pero si se llevó las caras de sorpresa de todos los otros jugadores incluyendo la de su padre. Al parecer tenía razón a cerca de la mujer, como su rostro inspiraba confianza, como uno podía creer en Ruby, sin importar nada, y ahora parecía ser suficiente prueba de eso.
Se veía divertida, lo cual era bueno, le agradaba que esta pudiese relajarse un poco, a pesar del pánico que tuvo previo a la fiesta.
Se vio soltando una risa, que no pudo contener, mientras Ruby le pasaba la mitad de sus fichas.
"Casi nos dejas en bancarrota."
Le dijo, y esta parecía de aun mejor humor, su índice levantándose.
"Pero no lo hice."
Pudo notar como los plateados se quedaron un segundo de más mirando sus ojos, conectando, y luego se levantó de la mesa, mirando al resto de jugadores. Su padre aun no podía creer que fue engañado por una mano inexistente.
"Fue un placer jugar con ustedes, pero me detendré aquí porque las bromas nunca funcionan dos veces."
"No voy a olvidar esto, no tengo duda."
Escuchó a su padre decir, y Ruby soltó una risa. Realmente la veía más cómoda, debía de ser el azúcar en su sangre. Esta volvió a hacer ese gesto con su dedo, apuntando al cielo, su voz sonando madura, pero con el mismo burbujeo que tuvo durante toda la partida.
"Sin rencores, las promesas no se rompen."
Su padre solo asintió, dándole las cartas al dealer.
Ruby se acercó a ella, podía notar como sus plateados brillaban con intensidad, y notó el cambio brusco que tuvo. Si, la preocupación por ella seguía ahí.
"¿Me acompañas al baño?"
Asintió de inmediato, y le causó gracia porque Ruby parecía tener la iniciativa, pero probablemente esta no tenía la más mínima idea de donde estaba el baño, solo se alejaba de las mesas, y ella, por suerte conocía el baño más alejado y desocupado de todo el casino. La última vez que estuvo ahí, prácticamente huyó a ese lugar y se quedó varios minutos ahí. No era como si alguien se fuese a darse cuenta, sobre todo siendo el lugar tan grande.
Pasaron al otro lado de los juegos, de ahí a otra sala que llevaba a un lugar solo para fumadores, y volteando a la derecha estaba el baño. La zona parecía desértica, la gran mayoría estando en la pista de baile, como lo estaba Coco, o en la sala de juegos donde estaba su padre.
Ahora que estaban solas, Ruby parecía emocionada al ver el baño, siendo bastante elegante, las puertas talladas con los dibujos de las cartas, todo muy propio de un casino. Recordaba haberse quedado ahí, acompañada de la figura de un joker esculpido, durante más tiempo del que consideraba normal. Al final se escondió en una de las maquinas, tirando de la palanca, completamente harta de la vida, contando los minutos para poder irse.
Esta vez era diferente.
Durante toda la velada intentó mantener la distancia de Ruby, al menos por algún rato, pero al final se terminaban encontrando. La idea de no levantar sospechas era genuina, pero poco funcional. Casi como si una fuerza fuera de su control las uniera, y a estas alturas podía darse el lujo de creer en eso.
Estuvieron haciendo diferentes cosas, como darle la vuelta a la pista de baile, aunque por su parte se rehusaba a bailar ahí, y Ruby se rehusaba a morir con sus tacones, luego fueron a la ruleta. Le ganó a Ruby, así que se daba por pagada. Probaron algunas máquinas y luego llegaron a la mesa de póker, su padre animándolas a jugar.
Era divertido, si, por primera vez estaba pasando un buen momento.
Obviamente era gracias a Ruby.
Luego de terminar sus necesidades, aprovechó para retocarse el maquillaje, y Ruby intentó bajar un mechón de pelo que insistía en levantarse.
Ruby parecía querer decirle algo, lo notaba, pero se callaba, y sabía que la razón era que había una persona más en el baño con ellas, así que no quería decir nada personal que pudiese exponerlas.
Cuando terminó de echarse el rubor, al fin oyó como tiraban la cadena y el abrir de la puerta. La persona venía de la corrida trasera, así que no la vieron en el reflejo hasta que se dio la vuelta para lavarse las manos.
Su rostro le pareció familiar, aunque intentó no mirarla demasiado, concentrándose en lo suyo.
"Schnee."
La mujer habló, y se vio en la obligación de mirarla. Ahí si se dio cuenta que era alguien que conocía y no había visto durante la velada. Parecía que esta la había llamado para saludarla, un simple acto de etiqueta, de cortesía, pero se vio en aquella situación que le ocurrió miles de veces, donde más que saludarla, aprovechaban la soledad para darle una mirada, juzgándola en silencio. Se había acostumbrado a esas reacciones, era algo usual en la universidad donde tuvo que lidiar con muchas personas envidiosas.
Y honestamente, conociendo su propia vida, no entendía como alguien podría sentir envidia de ella.
"Buenas noches."
Le dijo en respuesta. No recordaba su nombre, así que no lo mencionó. Esta se dio la media vuelta y desapareció en el pasillo que llevaba a la salida.
"¿Y a esa que le pasa?"
Escuchó a Ruby hablar, su tono completamente diferente al tono que usó anteriormente, al menos durante todo el rato que llevaban en la fiesta. De inmediato olvidó el mal de boca que le generó el breve encuentro.
"Iba a la universidad conmigo, siempre le caí mal."
Ruby soltó una risa.
"Me refería a que no se echó jabón, pero si, no parecía muy amistosa."
Miró a la chica, rodando los ojos, pero finalmente rio también. Le encantaba oír la risa de Ruby, la hacía sentir en calma.
De la nada esta se le acercó, sintió la mano de esta en su hombro, el calor de su palma atravesando su fría piel. Era agradable, siempre lo era. Sin embargo, notó la seriedad en los plateados, dejando de lado el buen humor anterior.
"¿Pasó algo allá atrás? Parecías descompuesta."
Su voz seguía siendo suave, solo ella sería capaz de escucharla, incluso si el lugar estuviese lleno de personas.
Ruby se dio cuenta, lo sabía.
Volvió la mirada a su reflejo, viéndose de rojo, y a su lado, viendo a Ruby de blanco. Realmente era algo diferente, pero le encantaba. El simbolismo la hacía sentir que tenía algo de Ruby en ella, y que Ruby tenía algo de ella, y así era.
Soltó un suspiro, y cerró los ojos.
Hablar con Ruby calmaría esos sentimientos, lo sabía, pero era agotador.
"Mi padre es diferente a lo que recordaba."
Ruby hizo un sonido de duda, y podía verla en esta esa mueca tan adorable que hacía cuando estaba confundida.
"Estos últimos años han sido una pesadilla, incluso desde antes, lo que mi padre me hizo, lo que mi familia me hizo, me destruyó, me dejó aterrada, tanto así que no paraba de martirizarme, de sufrir, sin importar si alguien me hacía daño o no. La voz de mi padre estaba siempre ahí, resonando en mi cabeza, en mis oídos, era todo lo que podía oír, y sus palabras, su voz, siempre se oían tan dolorosas como el día donde me lastimó. Cada vez que se me acercaba, era como revivir aquel día."
Pudo sentir la mano de Ruby, aun en su hombro, moviéndose, apretando su piel, y al mismo acariciándola con la yema de los dedos, suavemente.
"Cuando estaba contigo, me sentía tranquila, sin embargo, la mera culpa de estar contigo, hacía que aquellas imágenes crecieran, así que al final del día, seguían atormentándome."
"Lo siento."
Ruby dijo en un susurro, y se apresuró a mirarla, negando.
"Eres lo mejor que me pasó en la vida, solo eran esos traumas los que me hacían dudar de mi felicidad. Sentía que no la merecía, que merecía lo peor. Ahora ya no lo siento, desde que volviste a mi vida, mi cabeza se mantiene tranquila, en silencio, y cuando mi padre me habló, fue como si lo escuchase como en realidad es, no como solía escucharlo, sin que mi mente lo transformase en el monstruo que me solía atormentar."
Los plateados la miraban fijamente, preocupación en su rostro, y al mismo tiempo podía notar como su cabeza intentaba con todas sus fuerzas el entenderla, y pensándolo bien, ni ella misma lo entendía, era demasiado complicado.
No quería volver donde su terapeuta, pero necesitaba entender esto, necesitaba darle sentido a lo que le sucedía, o a lo que ya no le sucedía.
"Es como si, cada vez que él se me acercaba o me hablaba, yo veía una versión distorsionada de él, o al menos la versión de él de hace años atrás, diez años atrás. Ahora, luego de todo lo que ocurrió, de lo mucho que cambió mi mentalidad, lo empecé a ver y a oír como el hombre que es."
Ruby asintió, al parecer entendiéndola mejor. Pudo sentir las manos ajenas conteniéndose, y quiso que esta la arropase en sus brazos, aunque sabía que no era lo mejor si alguien entraba ahí y las veía abrazadas.
"¿Entonces ya no te aterra como antes?"
Negó ante la pregunta.
"Por ahora, no. No sé si yo cambie lo suficiente para ya no temerle, o si el cambio lo suficiente para no temerle. Tengo muchas dudas, y me gustaría poder entender lo que ocurre conmigo, con el presente. Solo sé que ese hombre ya no es el padre que me lastimó, y aunque lo fuese, ya no tiene poder sobre mí."
No dejaré que tenga poder sobre mí.
Ya se había roto muchas veces, y ahora, con Ruby a su lado, iba a poder levantarse, sin importar cuanto peso le cayese encima, iba a ser capaz de sobrellevarlo.
Nada ni nadie le iba a quitar esa felicidad que sentía.
No lo iba a permitir.
Ruby se le acercó un poco más, rodeando sus hombros, sintió como esta dejaba un beso en su cabello. La cercanía no era correcta, pero poco le importaba. Se sentía cálida, se sentía bien, se sentía segura. Siempre estaba segura entre esos brazos. Ahí sus pensamientos se calmaban. Ahí todo su ser se calmaba.
Mirándolo fríamente, este estaba realmente molesto al tener una secretaria fauno, pero nunca hizo nada para sacarla de ahí, teniendo la capacidad de hacerlo en ese momento.
Tal vez su padre no era el asesino en serie que su cabeza imaginó cuando era adolescente.
De hecho, ni siquiera recordaba las circunstancias que la llevaron a tener la cicatriz. Era claro que fue su padre, sí, pero ¿Cómo ocurrió? Su mente siempre lo exageraba, siempre pensaba lo peor, pero si su padre hubiese querido hacerle daño, no habría perdido solo su visión. Si su padre fuese tan malo como su cabeza se lo decía, ella ya estaría muerta, sobre todo cuando hizo tantas cosas para merecer el odio de este.
Es rivalidad que se tenían mutuamente.
Si, ya estaría muerta si él fuese aquel monstruo.
No podía bajar la guardia con él, probablemente nunca sería capaz de bajar la guardia con él, sin embargo, tampoco le iba a creer a su cabeza, que la martirizó durante tanto tiempo.
Su mente siempre fue el verdadero enemigo.
Su cabeza no era de confiar.
"Bueno, ahora que lo conocí, puedes quedarte tranquila, que te voy a proteger de él. Con un golpe bastará."
Miró a Ruby, la cual le sonreía, su expresión llena de confianza, mientras se golpeaba el pecho con uno de sus puños. Se vio soltando una risa, mientras tomaba aquella mano con las suyas, sujetándola.
Se sentía segura con Ruby, ahora más.
"Ya lo engañaste en el póker, puedes hacer lo que sea."
Ruby asintió, inflando el pecho, su expresión aun llena de confianza y su sonrisa sin vacilar. Si, probablemente su padre no tendría oportunidad contra Ruby.
Esta dejó su postura y ambas soltaron una risa. Le causaba felicidad el poder bromear a cerca de eso, de que ya no fuese algo doloroso.
No iba a dejar que fuese doloroso.
Ahora iba a dejar todo ese tema, ya que no tenía sentido darle más vueltas hasta consultarlo con un profesional. En ese instante tenía a Ruby Rose frente a ella, y no iba a perder la oportunidad que tenían de estar en soledad.
Se giró para quedar frente a Ruby, y llevó las manos hacía ella, dejándolas en la cintura de esta.
Ya sabía cómo era la textura de ese vestido, pero era mucho mejor con un cuerpo usándolo. Los plateados de inmediato parecían cambiar, siguiendo su ánimo con mucha facilidad. Así era Ruby, una experta en leerla, así como ella era una experta en leer a Ruby.
Notó como esta miró a la entrada, asegurándose que no viniese nadie, y luego le dio una sonrisa coqueta, las manos de esta se movieron hacia las suyas, sacándolas de donde estaban tan bien afirmadas. Frunció el ceño de inmediato. Se sentía molesta, ya que rara vez podía tomar la iniciativa de sujetarla como lo había hecho, así que era decepcionante. Ruby parecía aún más divertida con su enojo, sus plateados tornándose ligeramente grises.
Las manos ajenas tomaron sus muñecas, y se vio sin poder hacer movimiento alguno, pero antes de poder quejarse, Ruby acercó sus inmóviles manos hacía su cuerpo. Se sintió hervir de inmediato apenas sus dedos tocaron parte de la tela blanca, y su mano izquierda, la más afortunada, rozó la piel tatuada que el vestido dejaba ver. Se vio jadeando, sus ojos vagando por el espejo, observando hacía la salida, temiendo que alguien pudiese entrar y la viese ahí, con las manos en la masa.
Y por una parte le agradaba la idea.
Ruby era su mujer, y quería que todos lo supieran.
"Dijiste que este era uno de los baños más aislados, ¿No?"
Se vio asintiendo, la voz de Ruby sorprendiéndola, sus ojos sin dejar de mirar a la entrada, esperando que alguien entrase y se sintió arder con la idea, mientras sentía su mano izquierda ser manejada, la yema de sus dedos sintiendo más piel, subiendo más y más, más allá de lo que el vestido dejaba ver.
Ruby se detuvo de la nada, soltando sus manos, y se vio perpleja, tanto así que la miró con sorpresa, si, también indignada. No vio nadie en la entrada así que no entendía porque había parado.
No debería sentirse así de indignada, pero no podía controlarse.
La mujer le sonreía, podía notar cierta malicia en sus ojos, tanto así que se quedó perdida en ellos, como siempre.
Sus miradas conectando.
Ruby caminó, alejándose, entrando al pasillo que las llevaba al otro set de baños que estaba en la parte trasera. Obviamente la siguió, porque esta caminaba de espaldas, sin dejar de mirarla, así que tampoco quería romper esa conexión. No iba a romper esa conexión.
Estaba pecando al seguirla, lo sabía, se estaba quemando, estaba ardiendo, pero no podía hacer otra cosa que seguirla. Notaba en su sonrisa sus viles intenciones.
Ruby parecía tan pura vestida de blanco, pero su rostro seguía siendo el de una pecadora.
El rostro de su mujer.
Ruby se dio media vuelta, mientras abría la última puerta de todas. Se quedó inerte mientras veía en cámara lenta como las manos que tanto adoraba iban a la parte trasera del vestido blanco, sujetando la cremallera. Notó los músculos de la espalda de esta tensarse. Esa piel bronceada resaltaba aún más en el blanco, luciendo demasiado tentadora.
El cierre comenzó a bajar.
"¿Me vas a dar mi recompensa?"
La recompensa que dijo que le daría cuando terminase de hablar con su padre.
Si, se la daría. Lo que sea que Ruby quisiera se lo daría.
No tenía ningún problema en pecar, le gustaba, se sentía bien, correcto a pesar de todo.
Era una pecadora, al igual que su mujer.
Capitulo siguiente: Venganza.
Si, lo sé, digamos que le amargué un poco la vida a Weiss, un poco más, si, si, admito mi culpa, pero tiene que cuestionarse a sí misma, es la única forma en la que podrá seguir adelante. A pesar de eso, espero ganarme el perdón con este final de capitulo, y bueno, con lo que vendrá después.
Nos leemos pronto.
