Red Velvet
Capítulo 54: Venganza
…
Jamás creyó que estaría ahí, en ese lugar, a menos que estuviese, claramente, haciendo sus necesidades.
¿Esa era una necesidad?
Estaba empezando a creer que sí.
Se sintió como todas esas veces en las que estaba en el Red Velvet, sintiéndose hervir ante la mujer que tenía en frente, y solía mirar su escote descaradamente, ahora lo hacía de nuevo, pero no era su culpa, si no que era la culpa del vestido ahora desabrochado que comenzaba a bajarse poco a poco, revelando más y más de las rosas rojas.
"¿Esto será suficiente para que dejes de comerme con la mirada en frente de todos?"
Sintió su ceño fruncirse ante la clara burla de la mujer. Soltó un bufido, su cuerpo pegándose al ajeno. Ni siquiera era capaz de sentirse asqueada por donde estaba, porque en otra circunstancia lo estaría, sin importar lo limpio que estuviese el lugar en comparación a otros. Estaba muy enojada, su ego algo herido, porque era plenamente consciente que no pudo controlar del todo sus instintos, no lo logró antes de esa fiesta, y mucho menos ahora con Ruby luciendo así.
Incluso llegó a sentir celos de su propio padre, ¿Qué tan retorcido era eso?
Bueno, últimamente todo lo retorcido terminaba siendo parte de ella, ni siquiera le sorprendía.
"Lo haces sonar como si tu fueses una experta controlando tus impulsos."
Tomó a Ruby de la mandíbula, desafiando esa sonrisa que la estaba sacando de quicio. Estaba sudando, y por muchas emociones diferentes.
"Por supuesto, tuve que controlar los impulsos de hacerte mía a penas apareciste frente a mí. Tengo experiencia en esto."
Ruby sonrió aún más, capaz, fuerte, incluso al estar mostrando su piel.
Si, realmente la sacaba de quicio.
Se acercó al rostro ajeno, no para besarla, si no para quitarle esa sonrisa del rostro. Su frustración sexual la hacía sentir enojada, ¿Era normal? No lo sabía. Usó sus dientes para sujetar el labio inferior de la mujer, mordiendo poco a poco, cada vez mas fuerte. No dejó de conectar su mirada con los plateados, y los plateados hicieron exactamente lo mismo, ahora más y más grises.
La soltó luego de unos segundos, el labio de esta claramente rojo.
Como le quedaba bien ese color.
Ruby no se enojó por lo que acababa de hacer, por el contrario, siguió sonriendo, una sonrisa diferente, no era burlesca, más bien era abrasadora. La lengua de esta pasó por su labio herido, al parecer disfrutando del desplante. Y por su parte, tomó aquello como una señal para hacerlo de nuevo, asegurándose de morder en un lugar diferente, al menos para dejar el labio inferior igual de rojo en todas partes.
Sintió las manos de Ruby en su cintura, apegándola más. Podía escucharla jadear cada vez que mordisqueaba la zona, y el gesto la hacía jadear también.
Pasó la lengua por el labio hinchado, sintiéndolo ligeramente afiebrado, y la lengua ajena se encontró con la propia. Así de rápido comenzaron a besarse, al principio solo sus lenguas rozándose, pero luego no dudó en entrar en la boca de Ruby. Podía sentir el dulzor del trago favorito de Coco, ahora también el favorito de Ruby, y como siempre, lo dulce era agradable si podía saborearlo en la boca ajena.
No se había dado cuenta, pero sus manos estaban firmes en la pared tras el cuerpo ajeno, prácticamente impidiéndole escapatoria alguna, como si la caseta no fuese lo suficientemente estrecha para mantenerlas aun más apegadas.
Sabía que tenía que tener cuidado con su voz, con la voz de ambas, sus sentidos agudizándose, alerta a cualquiera que pudiese entrar. Así que logró percatarse cuando unos tacones resonaron a la lejanía, acercándose poco a poco a los baños.
"Silencio."
Le dijo a Ruby, en un susurro, y esta parecía confundida, sin haber escuchado aun que alguien venía.
La mujer finalmente entró en el baño, y ahí recordó algo que Ruby le hizo tiempo atrás. Esa vez cuando la tenía sobre el escritorio mientras hablaba por teléfono.
No se había dado cuenta de lo vengativa que era, pero Dios, sí que lo era.
Se vio sonriendo, y notó cierto pánico en los ojos de Ruby, como rápidamente le leyó la mente y supo que estaba en peligro. Ella también podía jugar ese juego.
No dudó en meter una mano bajo el vestido de la mujer, rozando el tatuaje con sus uñas, raspando cuanta piel podía.
"Date vuelta."
Le ordenó, su voz saliendo en un susurro, solamente para que Ruby pudiese oírla. Esta negó de inmediato, su instinto de supervivencia alertándola, sin embargo, cuando sus ojos conectaron, Ruby se dio cuenta que no tenía otra opción. No tenía idea cuál era su expresión, pero pensó en que tal vez era la misma expresión que ponía en el trabajo, y recordó cuando esta le dijo que era intimidante y sexy, así que si, iba a usar aquello para intimidarla y vengarse. Si. Por supuesto.
Ruby dio un salto a penas se dio vuelta, pudo notar como sus pechos se aplastaban contra los azulejos, el frio traspasándola. Sonrió al ver como se le comenzaba a poner la piel de gallina, notándolo aun más en la espalda descubierta de esta. El cierre estaba completamente abajo, permitiéndole ver el tatuaje nuevo, al cual aun no se acostumbraba.
Le encantaba la espalda de Ruby.
Se vio llevando la mejilla a la zona, sintiendo el calor de la piel ajena en la propia, sintiendo los músculos tensos levantándose.
Quiso marcarla…pero se contuvo.
Aun tenía algo de control. Aun era muy pronto para que todo el mundo viese las marcas en la mujer, para que vieran a quien Ruby Rose le pertenecía, pero eso no significaba que no tuviese unas ganas horribles de hacerlo realidad. El vestido iba a permitir que todos sus mordiscos fuesen vistos.
Quizás la haría ponérselo de nuevo, solamente para cumplir aquella fantasía.
Se limitó a pasar la lengua por cada musculo contorneado, los dientes raspando lo suficientemente suave para no dejar marca, luego no sería tan cuidadosa. Sus manos, por otra parte, seguían rasguñando los muslos ligeramente expuestos, nadie podría ver aquellas marcas, así que no se contenía y apretaba sus dedos lo más posible en la carne.
Ruby se retorcía, cada vez que enterraba los dedos en sus muslos y subía hasta su cadera, marcando la zona. Se mantenía en silencio, evitando que saliese cualquier sonido de su boca, así que debía darle mérito.
¿Era esta una recompensa para Ruby, o para sí misma?
Claramente ella estaba saliendo beneficiada y Ruby debía sufrir las consecuencias de tentarla.
Escuchó a la mujer salir del cubículo y caminar hasta los lavabos. Ruby se puso tensa al escuchar los tacones moverse, y aprovechó para usar una de sus manos y bajar la parte superior del vestido, lo suficiente para dejar expuesta la parte baja de su espalda, y ahí, volvió a usar sus uñar para raspar la zona.
Ruby dio un salto, un quejido a punto de escapársele, para luego soltar un suspiro pesado.
Se estaba conteniendo muy bien.
Se quedó unos segundos disfrutando de la vista, de cómo lucían las marcas rojizas en la piel, Dios, como le encantaba como lucía el rojo en la piel bronceada. Otra vez se sentía retorcida, pero Ruby no la detenía, así que probablemente eran un par de mujeres retorcidas, pecando en un baño público.
El agua corría, y luego de detenía, pero los tacones no resonaban, dirigiéndose a la salida. Probablemente hubiese hecho lo mismo que ella, retocarse el maquillaje o algo similar.
Aprovechó para seguir haciendo de las suyas.
Con una mano seguía rasguñando el tatuaje incoloro del muslo, mientras que la otra la movió hasta el trasero de Ruby. Nunca la había tenido tan a su disposición, y se sentiría estúpida si no aprovechaba.
Sus dedos avanzaron por inercia a aquel lugar, logrando sentir la humedad traspasando la ropa interior de la mujer.
Estaba siendo dura, marcándola de rojo, pero Ruby claramente estaba disfrutándolo, podía sentirlo.
Vio como las manos de Ruby estaban pegadas a la pared, apoyándose, sus dedos luciendo capaces de enterrarse en el azulejo con toda la tensión que parecía tener. Notaba sus músculos tensarse, y la vista no podía ser mejor.
Le gustaba que la mujer fuese obediente, y aun más, le gustaba verla tan fuerte, tan capaz, tan experimentada, frustrándose con sus caricias. Siempre le gustó aquello, incluso en un comienzo de esa extraña relación que tenían.
Era la prueba de que estaba haciendo las cosas bien.
Siguió moviendo sus dedos sobre la tela, poco a poco humedeciendo más la zona y su propia piel. No creía haber tocado la zona estando cubierta, pero incluso más divertido, y si bien no entendía bien el porqué de eso, podía llegar a creer que era la satisfacción de saber que la otra persona quería más, y Ruby quería más.
Por lo mismo se detuvo.
Era bastante cruel, debía admitirlo.
Curiosamente, en perfecta sincronía, el teléfono de la desconocida mujer comenzó a sonar, y esta decidió contestar, sus tacones resonando, pero sin irse, dándose vueltas, inquieta, mientras le respondía a su receptor.
"Creo que es hora de volver."
Le dijo a Ruby, en un susurro, aprovechando la voz de la mujer.
No, no lo decía en serio, de hecho, se había ausentado más tiempo aun en el pasado, así que no tenía problema en inventar algo, además, llevaba desde el sábado pasado queriendo tocar de nuevo a la mujer, y ya se había frustrado lo suficiente, y no sabía cuándo tendría una oportunidad como esta. Sin embargo, obtuvo exactamente lo que quería, y era ver como Ruby daba un salto, girando su rostro, sus plateados desesperados buscando sus celestes. Notó los ojos vidriosos, sus mejillas rojas y sus labios, ahora hinchados, humedecidos.
"¿Hablas en serio?"
Sintió su corazón latir en el cuello apenas escuchó la voz de la mujer, la cual sonaba tan confundida como triste. Podía reconocer esa expresión, esa mueca de cachorro abandonado que esta solía poner, y no creyó que la vería en una situación así, y le gustó. Se sintió culpable, su corazón doliendo al verla sufrir, pero no podía evitar sonreír.
Debería intentar ser buena y no romperle el corazón a su cachorro, pero no podía evitarlo, sentía que ya había empezado y ya no podía detenerse.
Solo un poco más.
"Si, nos iremos, así que arréglate el vestido."
Le dijo, le ordenó, tirando levemente de la gargantilla que esta tenía en el cuello. Escuchó un quejido, pero más que de dolor, era de pena. Ya estaba poniendo esa mirada triste, manipulándola en silencio y no podía resistirse. Ruby volvió a mirar a la pared, su cuerpo seguía tenso, y su respiración parecía más agitada que antes.
"No puedo salir así, Weiss."
Esta habló muy bajo, y se vio apegándose más, el cuerpo cálido llamándola una vez más.
"¿Por qué no?"
Le preguntó, sabiendo cual podía ser la razón, pero queriendo escucharlo.
"Estoy…demasiado caliente. No podré mantener la compostura ahí afuera, no seré lo suficientemente fuerte."
La escuchaba jadear, sus hombros temblando, casi parecía que se pondría a llorar, y se vio abrazándola, sin poder aguantarse. Era adorable.
"¿Qué quieres que hacer entonces?"
Le preguntó luego de unos segundos, enterrando el rostro entre los omoplatos de la mujer. Esta se removió, podía sentir desde esa posición como sus rodillas parecían querer ceder, o juntarse lo suficiente para crear la fricción necesaria para calmarse.
Sabía cuál era esa sensación.
La escuchó tragar pesado, y se vio sonriendo, expectante.
"Por favor, hazme tuya."
Sintió que se quedó pasmada por una eternidad en esa misma posición, mirando a Ruby, la cual la observaba de reojo, su rostro completamente llevado por la desesperación. La presión de sus latidos en su garganta era abrumante, y era claro que su rostro debió de enrojecer rápidamente, tan rápido como la velocidad de su corazón al palpitar. Su cuerpo hervía, y no creyó que unas meras palabras iban a causar estragos en ella, mucho menos cuando era ella quien estaba manteniendo la dominancia en ese momento.
Una vez le dijo eso a Ruby, y vio como esta perdió los estribos de inmediato, atacándola, y ahora se veía a si misma en los zapatos de la mujer. En otro momento, antes de ser una pareja, lo habría tomado como un simple efecto del calor del momento, pero ahora, lo tomaba de una forma diferente.
Iba a hacerla suya, literalmente.
Se movió por inercia, su cuerpo tenso, caótico, nervioso, fuera de sí. Su humanidad estaba bañada en adrenalina, y no podía siquiera creer que tenía tal habilidad.
Sujetó a Ruby de la cintura, mientras su mano izquierda volvía su posición anterior, llegando a la tela, pero sin detenerse ahí, sujetándola y sacándola del camino lo más rápido que pudo. Se sentía tan inestable que temía lastimarla, de todas formas, tampoco tenía mucha experiencia, sin embargo, Ruby le haría saber si hacía algo mal, lo tenía claro. Eso la dejaba más tranquila.
La posición era diferente a la ultima vez, al menos supo donde debía ingresar, y no cometió un error en eso. Dos de sus dedos se deslizaron con demasiada facilidad dentro de Ruby, tanto así que sintió su propio centro humedecerse.
Ruby se movió, se retorció, y finalmente llevó una de sus manos a su boca, evitando que algún sonido pudiese salir. Se alegraba que esta tomase esa decisión en vez de morderse el labio como otras veces, porque considerando que ya estaba lastimado, una mordida más y terminaría rompiéndose del todo, y no era la primera vez que Ruby se lastimaba con esa bestialidad tan característica.
¿Bestialidad la de Ruby?
Debía de empezar a mirarse a si misma, porque la forma en la que se estaba moviendo era demasiado errática para considerarse propia de Weiss Schnee.
Estaba embistiéndola, y sabía que la fuerza de su brazo no era suficiente, así que usaba la de todo su cuerpo para lograr hacerlo con la intensidad que quería, y eso era lo más errático sin duda. Si no estuviesen contra el muro, tal vez las frágiles paredes que rodeaban el cubículo estarían vibrando como si se tratase de un terremoto.
Tener a Ruby ahí, contra la pared, embistiéndola con todo su ímpetu, mientras esta usaba todo su control para mantenerse en silencio, era algo demasiado provocativo.
Podía hacer que Ruby llegase al orgasmo, pero no creía ser capaz de sentirse satisfecha con eso. Dios, ahora entendía tanto por qué Ruby seguía tocándola luego de hacerla venir, una y otra vez. Entendía tantas cosas.
Al final, si sentía esas sensaciones que creyó que era incapaz de sentir.
Al parecer iba a tener que encontrar la forma de que se viesen de nuevo, lo más pronto posible para que lo hicieran sin descanso.
No sabía como iba a lograr mantenerse viva luego de tanto, pero iba a hacer su máximo esfuerzo.
Recibir era agotador, pero dar lo era aun más. Se sentía agotada, pero poder ver a Ruby así, le daba las fuerzas que necesitaba para continuar. Dios, como quería hacerla venir. Dejó de sujetarla de la cintura, solamente para usar esa mano para seguir con las administraciones, para aportar a su trabajo.
La mujer desconocida siguió su camino a la salida, alejándose, y aprovechó esto para tocar el clítoris de la mujer con su mano desocupada.
El gemido que se le escapó a la mujer resonó, al menos en su cubículo, no tenía duda que también más allá. Los plateados la miraron, llenos de pánico y vergüenza, pero por su parte simplemente pudo sonreír, disfrutando de los sonidos que ahora eran solo para si misma.
Siguió en eso, embistiéndola, empujando sus dedos lo más profundo que era capaz, mientras usaba su índice y su pulgar para acariciar el miembro hinchado que palpitaba en necesidad.
Ruby hacía lo posible para no emitir sonido, pero aun así más de alguno se lograba escuchar, al menos lo suficientemente despacio. Tenía sentimientos encontrados, y nuevamente entendía a la mujer en el pasado, porque en ese instante, quería que esta gritase su nombre, que todos supieran lo que ahí estaba ocurriendo, pero, por otra parte, no quería que nadie en su vida pudiese escuchar los gemidos de Ruby Rose, porque era suya, toda su existencia le pertenecía, contando sus sonidos.
Estaba hirviendo.
Sus movimientos fueron en aumento, sus pensamientos grotescos dominando su cabeza.
"¿A quién le perteneces, Ruby?"
Esta la miró, sus plateados completamente húmedos, parecía intentar averiguar si necesitaba respuesta o no, y obviamente quería que esta le dijese. La mano se alejó lo suficiente para liberar los labios, los cuales se veían aun mas hinchados que antes, incluso podía ver una marca de saliva que bajaba hacia su mentón.
"A ti."
Esta dijo, manteniendo su voz baja, controlando sus gemidos, su rostro contorsionándose en placer, y siempre le agradaba ver esa mueca en Ruby, sobre todo si era solo gracias a su propio trabajo.
"Dime su nombre. ¿Quién es tu dueña?"
Movió sus dedos, girándolos dentro de la vagina resbalosa, provocando que un gemido volviese a escapársele, retumbando, por suerte no había oído a nadie anteriormente, todas las mujeres ahí debían de ir con tacones, así que las escucharía.
"Weiss…Weiss Schnee es mi dueña."
Ruby cerró los ojos, su cuerpo temblando, podía notar que estaba cerca de venirse, las paredes empezaban a consumir sus dedos, aplastándolos.
"De nuevo, dímelo de nuevo."
Estaba disfrutando aquello más de lo que imaginó.
"Le pertenezco a Weiss Schnee."
La mujer volvió a hablar, dijo esa frase antes de apretar los dientes, sus rodillas temblando, sus interiores removiéndose. Notó como esta gritó, pero sin emitir sonido alguno, su cuerpo tensándose, sus propios dedos mojándose aún más que antes.
Sintió que ella misma llegaba al orgasmo, con la mera escena que veía frente a ella.
Como le encantaba esa mujer.
Ruby se quedó apoyada en la pared, jadeando, recuperando el oxigeno perdido, y por su parte aun no podía creer lo que acababa de ocurrir, aunque fuese quien lo había provocado de una manera u otra, quitando de lado la evidente y tentadora acción de su compañera.
Quería tener sexo con Ruby, lo ansiaba, ¿Pero hacerlo en un baño? Eso iba más allá de cualquier otra locura que había hecho, o al menos eso creía en ese instante.
Ahora sentía más confianza sobre sus capacidades, sobre lo que podía hacer, sobre cómo podía hacer sentir a su pareja. Suponía que ese era un complejo de inferioridad del que le iba a costar deshacerse, sin embargo, había dado un gran paso para solucionarlo.
Eso y la revelación que tuvo, la cual había logrado quitar de su mente para no seguir dándole vueltas y ocasionar problemas, que sin respuestas sus teorías podrían lastimarla, como siempre Ruby era quien la ayudaba a olvidar todo, a concentrarse solo en su relación, y todo lo demás desaparecía.
Ya tendría tiempo para eso, pero por ahora, su prioridad era disfrutar de aquello que era tan real, palpable.
Pronto sus problemas iban a desaparecer poco a poco.
Dio un salto cuando los ojos grises, salvajes, la observaron. Se había quedado absorta, disfrutando del momento, y no notó cuando Ruby se removió, su cuerpo recuperando su grandeza y su energía.
Ahora ella estaba en peligro, y en ese pequeño espacio, no tenía mucho lugar donde huir.
"Empieza a rezar para que no te destroce el vestido con los dientes."
La voz de Ruby sonó ronca y rasposa ante el cansancio, y si, a pesar de lo que había sucedido, así de rápido los lugares se cambiaban. Ya había abusado de su poder antes, y Ruby había enloquecido, y ahora no era diferente.
La frase volvió a resonar en su cabeza caliente, débil y retorcida.
Si, le gustaría eso.
Que Ruby le destrozara el vestido con los dientes. Tal vez la dejaría.
Podría aceptar eso.
Espera, ¿Qué?
Capitulo siguiente: Preocupación.
N/A: A estas niñas uno las deja solas un rato y se ponen a pecar en un lugar público, pero ya ni siquiera me impresiona. Soy una madre en igual parte decepcionada y orgullosa.
Espero les gustase el capítulo horny, igual el siguiente tendrá su nivel, pero también habrá temas que deben ser hablados, así que espérenlo con impaciencia. Igual debo seguir escribiendo y terminar esta historia antes de tener que tomarme un hiatus para no acabarmelos todos alsjd
Nos leemos pronto.
