Red Velvet
Capítulo 55: Preocupación
…
El azulejo tras su espalda estaba cálido.
Su piel podía sentir los vestigios del calor que dejó Ruby al haber sido apoyada durante tanto en la zona.
Soltó un suspiro, sabiendo que no podía emitir sonido alguno, pero le sorprendía lo difícil que era callar cada uno de los gemidos que querían salir de su boca. No debió disfrutar tanto que a Ruby se le escapasen si a ella misma le iba a suceder, y obviamente la venganza que tuvo iba a seguir en un ciclo eterno.
Miró al frente, sintiendo la mirada plateada penetrándola.
Ruby estaba frente a ella, sus ojos se veían bestiales, y entendía el salvajismo e irracionalidad que esta tenía encima. Ella misma tuvo comportamientos erráticos cuando su dominancia se veía vulnerable. Sin embargo, por más que quisiera que esa bestia salvaje la consumiera, aun debían mantener la compostura, ella pudo antes, y Ruby debería ser capaz ahora.
Pero no estaba realmente convencida, no por nada la tenía sujeta del rostro, tapándole la boca con una de sus manos.
Podía sentir el aliento hirviendo en su palma, cada uno de los jadeos que golpeaban su piel. Obviamente esa boca quería atraparla, y ya estuvo a solo unos segundos de aferrarse a su cuello y tal vez no la dejaría ir impune. Conocía a Ruby, conocía al lobo feroz con el que se veía acostando hace mucho.
La mujer la sujetó de las caderas, dejando de lado las caricias que llevaba administrándole los últimos segundos, haciéndola entrar en calor, pero ni siquiera necesitaba juego previo, no luego de lo que habían hecho con anterioridad. Ruby se sentó sobre la tapa del inodoro, y la arrastró con ella. Terminó sentada en sus piernas, una mano ajena de inmediato metiéndose bajo las capas de tela de su vestido.
"Realmente me calienta verte con mi color."
La voz de Ruby salió como un susurro ronco, su aliento nuevamente chocando con su palma, la lengua aprovechando de pasar por la zona, provocándole una extraña mezcla de nervios y cosquillas.
"Digo lo mismo."
Le dijo, en calma, intentando ser la que mantenía la compostura. No la veía, pero la sonrisa era evidente en el rostro de la menor.
Dio un salto, cuando la mano ajena llegó a su centro, no sin antes pellizcar la piel de sus muslos mientras iba subiendo. Parecía intentar contenerse, sin mucho resultado.
No entendía cual era la razón del bestialismo que tenían ambas al hacerlo en un lugar prohibido, ¿Era el que fuese prohibido? Pero por dios, le preocupaba que algún día fuesen encontradas con la piel llenas de moretones y rasguños.
Le preocupaba aun más que la idea le agradase.
Soltó un gemido cuando dos de los dedos de Ruby entraron en ella, pudiendo controlar a duras penas el volumen de su voz.
Ruby parecía saborearse los labios cada vez que sus dedos se movían, cuando los sacaba levemente, y luego los introducía.
No podía dejar de mirarla a los ojos, esa mirada siendo capaz de hacerla hervir, incluso más que el tenerla dentro. Pero no se quejaba, adoraba tenerla dentro. Le gustaba sentirla presionando en sus paredes, embistiéndola con fuerza, intentando llegar más profundo, intentando moverse más rápido.
"Dejame besarte."
Ruby habló, luego de un rato, podía notarla inquieta, más que ella misma, que estaba siendo penetrada en ese instante, pero estaba siendo honesta cuando dijo que iba a ser quien mantenía la compostura. Aun debía percatarse si alguien entraba al baño, o aun peor, se acercaba dónde estaban.
Notó que se estaba mordiendo el labio al intentar contener su voz, y ahora era clara la razón de porque Ruby quería besarla con tanta necesidad, su voz sonando con ese tono de cachorro, pero lo que tenía frente a ella no era nada como un cachorro.
Liberó su agarre, solo para tomarla de las mejillas con ambas manos, sus pulgares moviéndose hasta la boca de la mujer, rozando los dientes que parecían estar listos para incrustarse en su piel. Pero la mera idea la hacía arder, adoraba cuando sucedía, pero debía mermar un poco su increíble necesidad de sentir esos dientes en su cuello, así que los enterró en la yema de sus pulgares, el dolor calmándola levemente, pero no suficiente.
"Si me muerdes, me voy a parar y me iré de aquí, y no me verás por el resto de la noche."
Ruby giró su rostro ante sus palabras, digiriéndolas, y luego esta cerró la boca, dejando de exponer sus armas. Pensó que esta se había calmado, hasta que notó una sonrisa ciertamente malévola, al igual que sus ojos grisáceos, que brillaban con malas intenciones.
"Prometo que no te morderé."
No entendía.
Veía el rostro de Ruby, listo para hacer quien sabe que, pero su voz sonó tan obediente.
La rodeó del cuello, acomodándose, para luego acercarse para que esta obtuviese su tan ansiado beso.
Se vio atrapada.
Uno de los brazos ajenos rodeó su cintura, obligándola a mantenerse cerca, mientras que la lengua ajena se metía en su boca con despiadadas intenciones. Podía sentirla moverse, pasando por su paladar, incluso metiéndose más profundo, y, de hecho, no fue lo único que estaba avanzando más de lo usual.
No pudo gemir, su boca completamente taponeada por la boca ajena, pero su cuerpo saltó al sentir los dedos entrar más de lo usual, las yemas tocando un lugar mucho más allá de lo que recordaba. No se sentía como siempre, pero era impresionante como se sentía tan llena por dentro, sus piernas estremeciéndose, temblando cada vez que estos se movían alrededor, queriendo entrar más allá de los limites que le imponía su propia biología.
Estaba perdiendo el aliento.
Sentía como Ruby la llenaba más, como empujaba cada vez más profundo, y a la vez eso mismo ocurría en su boca.
Estaba agarrándose de la mujer, de sus cabellos, hasta que el agotamiento la hizo soltarse lentamente, y Ruby debió de notar su debilidad, porque retrocedió, liberando su boca, y a si mismo los dedos calmaron sus embestidas, manteniéndose en un rango seguro y usual.
Se apoyó en el cuerpo ajeno, luchando por recuperar algo de oxígeno, mientras Ruby dejaba besos en cualquier trozo de piel que estuviese a su alcance. La sentía más cálida, no abrasadora como hace unos momentos.
"¿Estás bien?"
Asintió, sin poder musitar palabra alguna.
"¿Segura? Podemos parar si así lo quieres."
Miró a Ruby, notando de inmediato un tono confuso en su voz, y era confuso porque no sonaba preocupada como cuando decía esa clase de cosas.
Notó una sonrisa divertida, esa sonrisa de niña malcriada.
¿Era una venganza por lo que le dijo antes? ¿Por lo de dejar el sexo a medias?
Oh, sí que lo era.
"Debemos dejar de vengarnos tanto con la otra, no es sano."
Ruby soltó una risa, más alto de lo que debería, y carraspeó para bajar un poco su tono. Le causó gracia y se contuvo para no reír también. Estaba intentando ser seria y no podía.
"Sano no, pero divertido sí."
Esta parecía orgullosa de su intervención y solo pudo rodar los ojos.
Era verdad, no podía negarlo.
Soltó un suspiro, el movimiento causándole escalofríos. Aun tenía los dedos de Ruby dentro de ella, y cualquier movimiento la hacía retorcerse en ansias de más.
Sujetó a Ruby de la mandíbula, quizás con más fuerza de la pretendía, y la miró a los ojos. Se acercó lo suficiente para que sus labios se rozaran, y notaba como esta parecía saborearse la boca de pura anticipación. Podría simplemente no besarla para dejarla con las ganas, pero no iba a ser tonta. También quería besarla.
"No vamos a salir de aquí hasta que me hagas venir, así que haz tu trabajo, Ruby."
Esta sonrió, pero no vio el gesto, más bien lo sintió cuando los labios de ambas se juntaron. Intentó devolverle el beso con la misma intensidad de antes, pero se sentía realmente agotada. Siempre solía necesitar descansos, a veces más urgentemente que otras veces, y ahora era así, su cuerpo no parecía tener la resistencia de siempre, e intentó buscar la razón.
"Afirmate."
Escuchó a Ruby decir, su voz escapándose entre los besos que se daban, y no entendió a que se refería, pero confiaba en ella, si le daba una advertencia era por algo, así que hizo caso. Sus piernas se apegaron al cuerpo ajeno, así como sus brazos, sujetándose de la mujer.
Esta se levantó, llevándola con ella, y Dios, como admiró su capacidad de hacer aquello. Sus piernas eran fantásticas. El pensamiento la hizo sonrojar, aún más.
Su espalda volvió a sus orígenes, a chocar contra los azulejos de la pared, ya no estaban cálidos como antes, pero el frio no le afectaba tanto al tener su cuerpo hirviendo de semejante forma. Una mano de Ruby estaba en su trasero, sosteniéndola, y la otra mano seguía metida entre sus cuerpos, los dedos dentro de ella, en la zona usual, y tembló cuando estos se movieron de esa forma…
Se aferró a Ruby, sus labios aun sin separarse, los gemidos manteniéndose silenciados por los besos, y como adoraba esa sensación.
Los dedos se movieron, en la zona precisa, trabajando rápidamente, y apenas inició esos movimientos ya se sentía lista para llegar al orgasmo.
Sus brazos y piernas hicieron lo posible para hacerle la carga más fácil a la mujer, pero no podía hacer mucho, estaba débil, su cuerpo cediendo, y no entendía por qué. Normalmente tenía más energías, y haber empezado el acto no debía hacer tanta diferencia.
Ahí se dio cuenta que había bebido, y debía de ser el alcohol que la hacía sentir así, más agotada de lo normal, por algo bebía tanto antes, para simplemente caer rendida.
Realmente a penas estaba a solas con Ruby, todo lo que pasaba a su alrededor desaparecía, incluso lo que pasó antes, su cabeza solo tenía espacio para una cosa, y era esa mujer.
No pasó mucho tiempo para que su cuerpo estallase, temblase y se retorciera de placer. Se aferró lo más que pudo, evitando a toda costa que sus manos llegasen a la espalda de Ruby, o si no iba a arañarla como nunca antes. No hubo gemido, la boca de la mujer acompañándola en todo el proceso, aunque ya no fuese capaz de responder como correspondía, pero como siempre, a Ruby no le importaba, más bien parecía disfrutarlo.
Los dedos ajenos salieron de su interior, solamente para posicionarse solo unos centímetros de la zona y apoyar a la otra mano con su peso.
Ruby la sostuvo hasta que su cuerpo ya se sentía normal, hasta que su respiración se recuperase, y nuevamente, los besos la acompañaban, ahora pasando por su mandíbula, por su cuello, por su mentón.
"Te amo, Weiss."
Aun sentía la mente nublada, pero pudo oír esa frase con la suficiente claridad, sus ojos buscando a los plateados, que se veían suaves y calmos. Satisfechos.
"Y yo a ti."
Le dijo, su voz saliendo con más dificultad de lo que creyó, y eso ocasionó que Ruby la besara de nuevo, dejando una serie de besos en su rostro.
Ya se había olvidado donde estaban.
…
Comenzó a caminar, sola, por las salas, acercándose a las zonas ya más pobladas.
Sus piernas habían ganado fuerzas, y ya no temblaban como hace unos minutos, y su rostro lucía compuesto. Estaba limpia y maquillada, como si nada hubiese pasado. Temió que su vestido se ensuciara, pero tuvieron suerte, ninguno salió herido de esa batalla por el poder.
Reconocía el lugar mejor de lo que imaginó, se sabía de memoria los lugares más tranquilos del casino, antes escapándose y buscando el lugar perfecto para quedarse sola con sus propios pensamientos, sin escuchar ni a su padre ni a su prometido.
Antes necesitaba hacer eso a menudo.
Llegó a la pista de baile, por un camino alternativo, evitando toparse con su padre. Todos parecían aun llenos de energía, a pesar de que ya llevaba tiempo la fiesta. Si podía darse cuenta de que había menos gente que antes, algunos ya yéndose a sus casas, aun así, todos seguían llenos de vitalidad.
¿O tal vez era ella la que estaba cansada? Pues con razón.
Pidió otro trago con el barman, y no pasó mucho para que el alma de la fiesta saliese de ese mar de personas y se acercase a ella, su cabello algo desarreglado, así como su vestido luego de estar quien sabe cuánto tiempo bailando. No sabía como Coco podía reconocerla tan fácilmente, pero siempre estaba agradecida de eso. Muchas veces la salvó de situaciones incomodas.
"¿Todo bien?"
Coco parecía preocupada, y no lo entendió, hasta que se dio cuenta que había pedido otro trago, y normalmente cuando bebía no era por buenas noticias.
Sonrió, intentando calmar a su amiga.
"Hablar con tantas personas me tiene sedienta. A la próxima espero que hagas un club de lectura en vez de una fiesta como esta."
Coco soltó una risa, caminando con ella, dirigiéndose a ningún lado en particular, pero moviéndose de esa zona tan bulliciosa.
"Si hiciera algo así, solo tu y Ruby irían."
Era verdad. Pero no le importaba, mejor así. Ahora que lo pensaba, de ser así, tendrían un club de lectura en un lugar amplio, porque Coco no soportaba los lugares cerrados, de hecho, por lo mismo, la oficina de esta era endemoniadamente grande. No la juzgaba, Coco tenía claustrofobia y ella tenía otros tipos de fobia, así que estaban a la par.
Pensándolo así, eran parecidas.
Se levantó de hombros, dándole un sorbo a su Martini.
"Pues ellos se lo pierden."
Empezaron a hablar de viejos compañeros de universidad que habían asistido, y Coco se sabía la vida de todos, así que no dudó en hablarle un poco de aquello, así que la escuchó atentamente. Aun sentía su garganta algo adolorida, más por gemir que por hablar, así que agradecía que esta fuese la conversadora.
Esperaba que Coco no se diese cuenta de su indisposición, o la molestaría demasiado.
Mientras escuchaba la historia de aquella mujer que la había mirado feo en el baño, notó como a la distancia estaba Ruby. Hace varios minutos que se habían separado, con la intención de no aparecer juntas luego de tanto rato desaparecidas, por si alguien notaba algo, pero la extrañaba. Sonaba muy tonto de su parte, pero era cierto.
La vio con un grupo de personas, hablando tranquilamente.
¿Era ese su padre de nuevo?
Al parecer en vez de que su padre le pusiera una orden de alejamiento a Ruby, iba a tener que ser ella quien le ponía una a su padre.
"¿Son amigos?"
Coco mencionó de la nada, sus ojos vagando al grupo. Ruby parecía estar diciéndoles algo, o explicándoles algo mientras hacía cosas raras con sus manos, y esperaba que la explicación fuese más seria de lo que parecía desde la distancia.
"Honestamente, parece que sí."
Sintió su animo decaer, o más bien, volviendo a tener aquella sensación que tuvo antes en la mesa de póker.
Levantó la mirada, buscando los ojos cafés de su amiga, y esta la estaba observando, probablemente notando rápidamente su cambio de humor.
"¿Crees que estaba enferma?"
Su pregunta sonó desgarradora, incluso para sus propios estándares, notó como Coco parecía sorprendida, estupefacta de hecho.
"¿Qué?"
Coco rara vez se ponía en modo serio, evitaba dar su opinión sobre muchos temas, pero su ceño fruncido le daba la sensación de que realmente se lo estaba pensando. Su voz sonó monótona.
Volvió a mirar al grupo en la lejanía, ahora siendo su padre quien hablaba con el resto, un grupo más joven que Ruby al menos, y luego miró al suelo alfombrado.
"Siento que por primera vez puedo ver lo que me rodea, siento que estuve cegada por una eterna década y al fin ahora puedo mirar a mi alrededor sin tener un velo distorsionando la realidad."
Miró a Coco, esta frunciendo aun más el ceño. Nunca la había visto así, así que empezó a preocuparse, rápidamente negando.
"Quiero confirmar una teoría, y luego iré con mi terapeuta para preguntarle unas cosas, tratar de entender lo que me pasa. Siento habértelo mencionado así nada más, no te preocupes."
Coco asintió, sin embargo, su rostro parecía no estar seguro de dejar el tema, así que se le acercó, quedando frente a ella. Coco era su gran amiga, desde siempre, la cuidó durante la universidad, la incluyó en su vida y le quitó un poco la soledad que la mantenía muerta en vida. No quería preocuparla, no quería que le diese vueltas a un tema así de confuso.
"Creo que estoy curada, pero no quiero darme ilusiones en vano, pero lo siento, me siento diferente, mejor…"
Volteó, para volver a mirar a Ruby a la distancia. Esta lucía relajada, demasiado considerando que estaba hablando con desconocidos y su propio padre, y notó cuanto esta había cambiado. No era la única. Ambas habían cambiado. Sus vidas habían cambiado.
"Gracias a ella me siento libre, siento que el peso ya no es tan pesado como solía ser."
Como arte de magia, los plateados se desviaron de la conversación, atravesando el mar de personas, de desconocidos, y llegaron donde ella, atrapando su mirada. Esta parecía evitar hacer algún gesto, pero la simple sonrisa que se formó en su rostro fue suficiente para hacer que su corazón saltase.
Se vio asintiendo, tal vez validando la conexión, o a sus propias palabras.
"Gracias a ella me siento normal."
Sonrió también, esperando que los plateados lograran ver el gesto, y no tenía duda de que iba a ser así.
Sintió la mano de Coco en su espalda, su tacto siendo conocido, trayéndole recuerdos del pasado, los cuales temía que no fuesen tal como los recordaba.
Ese iba a ser su miedo constante desde ahora en adelante, al menos si averiguaba lo que tenía que averiguar. Y se lo había propuesto. Necesitaba entender ese mundo nuevo, y así superar todo lo anterior. Darle realidad a su vida.
Pero estaba casi segura, su teoría tenía sentido, y le costaba encontrar algo que fuese lógico, como que su padre había cambiado de un día para otro. No podía creer eso. Su padre no iba a ser así. Incluso parecía más razonable que mientras este se fue del país, alguien hizo un clon o algo similar, suplantando al original, y eso significaba que su frio, manipulador y abusador padre estaba aun en otro lugar vacacionando y divirtiéndose con sus socios fuera de Atlas.
Podría estar fingiendo, pero lo conocía, este no fingía tan bien tampoco.
Soltó un suspiro, llevándose una mano a la sien, cerca de su cicatriz. Darle vueltas al tema solo le iba a traer dolor, nada más, y no quería sentir más dolor, menos ahora que sentía que había cargado con un peso irreal durante años.
Tenía mejores cosas que enfocarse.
Su pasado pudo haber sido una mierda y su realidad una real mentira, pero solo podía importarle el presente, nada más que eso. Lo que sentía ahora era real, y era lo único que deseaba sentir de ahora en adelante.
"No creo que sea el momento para hablar de esto, con la cantidad de alcohol que hemos bebido, pero estoy feliz por ti, Weiss. Sabía que necesitabas a Ruby en tu vida, que eras feliz con ella, así que, si ella te hace sentir bien, más allá de simple felicidad mundana, entonces estoy orgullosa de haber confiado en mí instinto y haber arrastrado conmigo a ese cachorro."
Soltó una risa, si, eso era una forma de verlo. Si no fuera por Coco, Ruby no habría podido salir de donde estaba, y por muy feliz que fuese en el Red Velvet, sin un pase de salida le sería imposible seguir otro camino sin ser juzgada por sus vivencias.
"Gracias por apoyarme, Coco. Lo nuestro no hubiese avanzado de no ser por ti."
Y no solo hablaba por el presente, porque antes, cuando recién había conocido a Ruby, esta la apoyo para seguir viéndola, y luego la invitó a aquella fiesta, así que pudo hacer grandes progresos gracias a la castaña.
Esta asintió, su pecho inflándose con orgullo.
"Lo sé, siempre supe que ser la heroína me venía fabuloso."
Rodó los ojos, empujándola con su cuerpo, esta removiéndose, se le notaba algo ebria, así que agradecía que no fuera inamovible como usualmente lo era.
Sus ojos volvieron donde Ruby.
Si, debía de aprovechar su presente.
Aquí era feliz.
Capitulo siguiente: Realidad.
N/A: Lo siento mi querida Weiss, por hacerte cuestionar tantas cosas, y probablemente siga así, pero es la única forma, solo el dolor puede hacer sentir la felicidad más brillante. Ayyy. Así que nuestra protagonista deberá pararse frente a frente a quien le causó su mayor dolor, y esperemos que todo salga bien.
Nos leemos pronto.
