Red Velvet
Capítulo 56: Realidad
…
Por primera vez en su vida, en una fiesta, lamentó que la noche terminase.
Miró a Ruby una ultima vez, disfrutando de lo que sus ojos veían. No sabía cuando volverían a encontrarse, así que quería grabarse esa imagen en su mente. Era algo que no quería olvidar.
"Fue un placer haberlo conocido, señor Schnee, espero nos veamos de nuevo, pero no para jugar póker."
Ruby le dio la mano a su padre, y esta se la estrechó sin problema. Lo notó hacer una mueca que no distinguió muy bien desde su posición, pero Ruby rio, así que no debía ser una de odio.
"Creo que no jugaré póker nunca más en mi vida."
Su voz sonó divertida, y tuvo que asegurarse de que fuese realmente su padre quien hablaba y no aquel suplantador que se había imaginado.
"Quizás haré lo mismo."
Ruby siguió riendo, hasta que se giró para mirarla a ella, sus ojos chocando. Coco tomó el momento para despedirse de su padre, así que ella lo aprovechó para despedirse de su mujer.
"Señorita Schnee, ojalá podamos hacer equipo de nuevo, pero evidentemente no en el póker."
No pudo evitar reír, escuchando el tono de esta. Se veía realmente relajada, y lo agradecía. Si hubiese sido unas fiestas como las que hacía su padre hace años, a esta le habría costado más el lucir tranquila. De hecho, probablemente estuviese siendo un manojo de nervios, con vasos rotos y chismes al día siguiente.
"Ser socio es un trabajo que nunca duerme, o eso dicen."
Ruby giró el rostro, curiosa, por un momento volviendo a ser ella misma, y contuvo la risa para que no fuese tan notorio. Esta asintió, recuperando su personaje, no sin antes que sus mejillas se llenasen de color.
Era extraño pretender ser solo conocidas cuando habían hecho de todo.
"Entonces seguiremos haciendo equipos, eso me deja tranquila."
Ruby sujetó su mano y le dio un suave apretón, y por su parte ni siquiera se dio cuenta cuando ofreció su mano, pero disfrutó cada segundo del agarre. Los dedos parecían acariciar su mano, de la forma menos notoria, pero para ella, era notorio.
Se separaron cuando su padre ya la alentaba a que salieran, así que le hizo caso, mientras Coco se despedía con una mano. Ruby no la despedía, pero su sonrisa era tan calma y cálida que le costó darle la espalda, queriendo disfrutar más y más de su presencia.
Siempre le costaba separarse, sin importar el contexto o el tiempo que las distanciaría.
La extrañó al tomar caminos separados luego de ese momento en el baño, por supuesto que la iba a extrañar ahora.
Se subió al vehículo, acomodándose al lado de la ventana, su padre en la otra, ambos acomodándose en los asientos de cuero. Se sentía agotada, por obvias razones, en otra circunstancia se quedaría dormida, de todas formas, era un largo camino para llegar a su casa en la punta de la montaña.
Miró una vez más al casino, sabiendo que ese momento iba a quedar plasmado en su memoria. Hace mucho que no tenía recuerdos agradables de una fiesta, excepto aquella vez en el antro al que Coco la invitó, o la forzó, y bueno, también fue con Ruby.
Esa mujer hacia todo mejor, no tenía duda.
Era un don o algo similar.
"Noté que te desapareciste."
Dio un salto al escuchar a su padre, buscándolo con la mirada. Este miraba por la ventana, no podía ver sus ojos, pero si notaba su bigote moverse. Su voz sonaba…normal aún, o no normal, dependiendo de cómo uno lo viese.
¿Era su momento de descubrir la verdad?
No se sentía tan lista, para ser honesta.
Más allá de descubrir la verdad, le aterraba descubrir las mentiras, y saber quien tenía culpa de todas ellas.
La culpable iba a ser ella misma. Su cabeza, más específicamente.
"Le mostré a Ruby las esculturas que hay en el lado oeste del casino, y luego fuimos a bailar un rato con Coco, estaba muy animada, así que nos arrastró con ella."
Su padre la miró, sus ojos parecían curiosos. No supo si era por lo que le dijo, o por el hecho de llamar a Ruby por su nombre. De hecho, era extraño llamarla señorita Rose, sentía que iba a sonar como su padre, ¿Siquiera la había llamado así? Solía evitar formalidades innecesarias, tal vez por la misma rebeldía que sentía hacía ese mundo. No iba a ser igual a esa gente que trataba a todos con respeto, pero todo era falso, solo una burla más.
"¿La señorita Rose no había entrado al casino anteriormente?"
Oh.
Era eso…
¿Alguien en Atlas no había ido al casino?
Se le olvidó aquel detalle. Parecía más importante que la cercanía con su socia, claramente más sospechoso.
"No le gusta mucho eso de apostar, ni es muy buena en eso, como habrás notado."
Su padre soltó una risa, más parecida a una tos, mientras su bigote se movía. Sus ojos fueron a la delantera de la limusina.
"Debiste decirme eso antes de comenzar a jugar con ella, o le habría dado una buena lección de póker, quizás así habría aprendido un par de trucos que le harían ganar la apuesta."
Este parecía…animado.
Se sentía extraña ahí, como si estuviese con un completo desconocido. Nunca había sido tan cómodo estar al lado de su padre. ¿Era imposible que fuese un sustituto? Aun no estaba segura si debía descartarlo.
"¿Qué te pareció Ruby?"
Jacques la miró de nuevo, su expresión pensativa.
"Me recordó mucho a la señorita Adel. Me llamó la atención como no parece encajar con la descripción de los Atlesianos, mucho menos trabajando en un taller. Y los tatuajes, eso si me abrumó. No se que pensar de una mujer tan joven que se hace eso en el cuerpo."
Se quedó absorta.
Había escuchado palabras más feroces en su propia mente.
Vulgar.
Marimacha.
Mujerzuela.
Pero no, esta vez no, de hecho, nunca había visto una expresión tan calma en ese rostro, en el rostro que siempre significó brusquedad en cada etapa de su vida.
"Se que Coco se la trajo a Atlas en uno de sus viajes, probablemente la encontró en Vale y le ofreció una oportunidad para crecer. Tiene un buen ojo para las personas."
Se quedó expectante, esperando a que reacción tendría su padre, pero ese soltó una risa, dejándola absorta.
Aun no podía creérselo.
"No me extrañaría de la señorita Adel. Pero realmente me alegro de que al fin decidieses asociarte con ella de manera oficial. Se conocen hace años, y esperaba a que hiciesen algo similar, es una unión significativa a favor de ambas. Por otra parte, no se que tan buena será la señorita Rose en su trabajo, pero parecía una persona carismática."
¿Se…alegraba?
Sin darse cuenta comenzó a pellizcar la piel de su brazo, sintiendo que todo lo que estaba ocurriendo era un sueño.
Debería seguir hablando, seguir aprovechando de eso, fuese mentira o no.
Tal vez, a la mañana siguiente, cuando despertase, todo volvería a ser como antes, todo volvería a la normalidad, a la normalidad de siempre, y tal vez perdería la oportunidad de hablar con un hombre que parecía solo un hombre normal, no el sujeto que la hizo sufrir durante toda su vida.
"El otro día fui a ver el tema del vestido con ella, y el taller estaba atestado de gente, ya que es nuevo y están tanteando cuando personal va ingresando, así que ella misma tuvo que dedicarse a ayudar a los mecánicos en su trabajo."
Su padre la observó, una mueca de sorpresa e incredulidad en su expresión. Parecía absorto. Y no lo culpaba, también le impresionaba.
"¿También es mecánica? Ella nos comenzó a contar algo de autos en algún momento de la velada, pero pensé que era algo que como dueña tenía que saber."
No supo que le impresionó más, la sorpresa o el interés, en el rostro de su padre. Se sentía extraño el hablar con él así, y mucho más el hablar de Ruby, que Ruby fuese el centro de su conversación. Era inaudito.
"No sé cuál es su nivel educativo respecto al tema, pero era claro que tenía experiencia. Coco no pondría a alguien trabajar de algo que no es conocedor al menos en cierta medida."
Su padre asintió, digiriendo sus palabras. Se veía pensativo mientras se volvía a acomodar en el asiento, cruzándose de piernas.
"Sorprendente. No lo habría esperado de una jovencita."
Se quedó en silencio, sin saber que más decir. No recordaba haber hablado tanto con su padre en toda su vida. Miró sus manos enlazadas en su regazo, y notó la marca rojiza que se dejó de adrede en la piel.
No era un sueño.
¿Qué le estaba pasando?
¿Estaba viendo las cosas con un filtro, o antes veía las cosas con un filtro?
Le preocupaba la respuesta. No estaba segura si quería saberlo.
Tal vez simplemente debía ignorarlo, hacer que nada había pasado.
"No recuerdo la última vez que me hablaste con normalidad, ¿Te pasó algo bueno?"
Dio un salto, volviendo la mirada donde la de su padre. Este parecía otra persona, tanto así que se veía confundida. Pero por lo que le había dicho, parece que ella misma era otra persona, y a esta altura no le sorprendía.
¿Quién era el extraño? ¿Él o ella?
Negó, fingiendo demencia.
"Solo me siento de buen ánimo."
"Quizás no es lo correcto aprovecharme de tu buen ánimo, ¿Pero podemos hablar un momento? Sería tonto no aprovechar la oportunidad."
¿Aprovechar? ¿Oportunidad?
Asintió por inercia, sin saber que más decir al respecto, estaba demasiado confundida. Su padre apretó uno de los botones a su izquierda, levantando el vidrio que los separaba del conductor, dándoles privacidad. Evitando que este pudiese oír lo que hablaban.
Por un momento sintió pánico, el pánico de antes, volver a su cuerpo. Cuando no había miradas, siempre se sentía vulnerable de estar sola con su padre. Le pasaba aún más después del accidente. No podía confiar, ni por un solo segundo.
Pero esta vez no era como aquella.
Al menos de eso se dio cuenta cuando vio tranquilidad en los ojos de su padre, que eran similares a los suyos, y nunca se había fijado en eso, en el color.
"No recuerdo la ultima vez que me miraste al hablarme, los especialistas decían que esa era una buena señal para seguir adelante, así que asumo que todo ha ido bien con tu terapeuta."
¿Qué?
¿Señal?
¿Especialistas?
Lo miró, absorta, sin entender ni una palabra de lo que acababa de decir. Claro que recordaba haberlo mirado a los ojos. ¿Cómo no lo había hecho?
No. Claro que no, o al menos se habría dado cuenta del color de sus ojos, acababa de darse cuenta de eso, por supuesto, tenía sentido.
De hecho, recordaba una vez que lo miró a los ojos, y fue para atacarlo.
Su mente se sentía tan abrumada. Un montón de pensamientos pasando por su cabeza, una y otra vez, confundiéndola aún más.
El problema era ella, siempre fue ella, ¿Eso le estaba diciendo?
Jacques frunció el ceño, lo notó.
"No has ido donde tu terapeuta."
Este se respondió a si mismo, un dejo de decepción en su rostro. Y ahora que lo pensaba, sentía incluso ella misma se sentía decepcionada de su falta de preocupación en ese ámbito. Si tenía un terapeuta era por algo, ¿En qué momento pasó a un segundo plano la razón de tenerlo?
"No recuerdo haber ido, hace al menos un año."
Tal vez más.
Le respondió, y sintió una especie de culpa pasando por su cuerpo, embriagándola. Empezó a asistir después del accidente, y por supuesto que era una obligación el asistir, pero apenas recordaba el haber ido consistentemente después del accidente, un año tal vez, hasta que pudo volver a ver con mediana normalidad, y de ahí le pareció innecesario.
Ahora entendía que era algo mucho peor, que el asistir la ayudaba con más cosas, y era claro que tenía un problema, o al menos solía tenerlo, incrustándose en su cuerpo, en su cabeza, corrompiéndola, haciéndole daño, destruyéndola.
Nunca tuvo interés en mejorar, o tal vez asumió que todo aquello era normal.
Quiso negar la primera opción, porque le parecía desagradable la mera idea de hacer eso para sentir lastima de sí misma, para seguir enferma. Prefirió escoger la segunda opción, que era mejor, que justificaba más sus actos, sus pensamientos intrusivos, de todas formas, no recordaba el haber estado realmente bien en toda su vida, así que no tenía forma de comparar.
Su padre comenzó a masajear su sien, y el acto la hizo salir un poco de su cabeza, de las vueltas que le estaba dando a las cosas. Quiso masajear su propia sien y aliviar un poco el dolor que empezaba a crecer. No era bueno atacar su memoria de esa forma.
"No tengo el derecho de obligarte a ir, porque sé que llevé a tu madre a uno, y jamás mejoró, así que nada nos asegura que saldría todo correctamente. Pero, Weiss, ¿Cómo te sientes?"
El padre que conocía, jamás le habría preguntado por su sentir.
¿Quién era ese hombre? O ¿Quién era el hombre que estaba plasmado en su cabeza?
¿Ese siempre fue su padre?
No quería seguir pensando, solo quería dormirse y despertar con sus pensamientos más claros.
"No lo sé. Cuando rompí mi compromiso todo parecía caerse a pedazos, pero ahora me siento mejor, aunque me siento confundida por muchas cosas."
¿Por qué siquiera le estaba hablando? ¿Por qué le contaba su vida? No tenía que hacer eso, no se suponía que tenía que hacer eso. No confiaba en ese hombre, no podía llegar y abrirse a él.
Eso le decía ese lado de ella, ese lado que se esmeraba por sobrevivir, por mantenerse al margen, para evitar conflicto, sin embargo, ya no sabía que pensar. Si todo era culpa de sí misma, si eran sus recuerdos y memorias las que estaban contaminadas con lo que sea que tenía que no trató a tiempo, ¿Podía confiar en que la imagen de su padre, plasmada en su cabeza, era la real? No, no estaba segura.
El presente parecía ser lo único real, o al menos era lo único palpable en lo que podía creer.
Su padre soltó un suspiro pesado, y se vio mirándolo, temerosa de su reacción.
"No voy a negar mi culpa en todo lo que te ocurrió, Weiss, pero estoy seguro que esa copia barata de hombre te arruinó aún más la vida."
Pestañeó dos veces, confusa, imágenes de su padre y su ex prometido pasando por su mente, hablando de negocios, hablando de ella.
"Pero tú te pusiste de su parte."
Notó honesta sorpresa en los ojos de su padre, así como indignación. Lo vio cruzarse de brazos mientras soltaba un bufido.
"¿Perdón? Ninguna persona con un mínimo de cerebro se pondría del lado de ese hombre. Por supuesto que quería que te casaras, pero él no hacía nada más que lamerme los zapatos para poder acostarse contigo, de hecho, era asqueroso ver como a él eso era lo único que le importaba, meterse a la cama con alguna mujer, incluso con una cualquiera como hizo el desgraciado, sin siquiera velar por su futuro ni los planes que teníamos como familia."
Realmente no se podía sacar la sorpresa del rostro. Estaba segura de que su padre lo apoyaba…
No, ya no estaba tan segura.
Se vio sujetando su ojo izquierdo, sintiendo un dolor agudo atravesándola. Su padre no notó su gesto, sus ojos observando algún punto en el paisaje. Tenía claro que el dolor iba a aumentar conforme se cuestionase a sí misma, conforme indagara más y más en su cabeza, pero no podía evitarlo, tenía demasiadas preguntas.
Finalmente, el dolor pasó, y se vio dispuesta a seguir la conversación, sin importarle que el dolor fuese a aparecer de nuevo. No tenía su medicamento, pero no sabía si eso le iba a ayudar o no, probablemente iba a nublarle la cabeza aún más, y le iba a ser imposible meditar a cerca de todo lo que había ocurrido.
"Entonces… ¿Por qué insistías en que me casara?"
Su padre frunció el ceño, sus ojos ya no miraban el paisaje, si no que miraba los asientos que estaban frente a ellos. Este soltó un suspiro, sus brazos relajándose, y no recordaba haberlo visto tan humano nunca.
"Nunca hablé de esto, para no hacerme la víctima, pero fue mi padre quien me enseñó, quien me metió en la cabeza, que una mujer no podía liderar por si misma. Así mismo fue él quien me crio de esta forma, y lo maldigo cada día al darme cuenta que me convertí en él, un hombre que no era capaz de amar, que hacía todo para conseguir un beneficio, y lamentablemente cometí el error de adiestrarlos a ustedes de la misma forma."
No recordaba haber oído de su abuelo paterno, su padre jamás hablaba de eso. Era una especie de tabú. Su padre cortó todo sobre su pasado, incluso su apellido.
Los ojos de su padre la observaron por un momento, este parecía resignado, tal vez notando la curiosidad en su rostro.
"Él era un don nadie, Weiss, y me crio para ser todo lo que él no había podido. Yo nunca me enamoré de tu madre, ni de ninguna otra mujer, sin embargo, él me dijo que debía casarme para conseguir todos mis objetivos, y no solo eso, que debía acostarme con ella, tener hijos con ella, no uno, no dos, si no que me detuviese cuando tuviese a un varón que pudiese seguir su legado. En ese entonces, yo ni siquiera quería tener hijos, yo no quería casarme, pero terminé siendo padre, y por lo mismo fui uno pésimo. Él dejó de hablarme cuando empecé a criar a mis hijas de la forma en la que él quería que criase al varón, dándoles oportunidades y haciéndolas participes de la empresa familiar. Tu madre era capaz, así que ahí aprendí que ustedes podrían hacer de todo si seguían la perfección. A estas alturas no sé qué habría sido mejor."
Se quedó mirándolo, digiriendo cada una de sus palabras. Nunca lo había oído así, jamás, y nuevamente se veía atrapada en un plano de la realidad diferente a la propia, por inercia pellizcándose otra vez.
Tenía tantas preguntas, y no podía decir palabra alguna, ni siquiera era capaz de ordenar sus pensamientos, así que simplemente vociferó su primera teoría.
"Si no nos hubieses criado a nosotras para ser herederas, todo el peso hubiese caído sobre Whitley."
Su padre asintió, sus ojos nuevamente dirigiéndose a la nada. Sus ojos eran claros, como los propios, pero los notó tan carentes de color en ese instante, cansados, los ojos de un hombre que había pasado por muchas cosas.
"Luego de lo que ocurrió contigo, lo del accidente, luego de que me vieses de esa forma, me di cuenta de que los había convertido en lo mismo que yo era. Ahora que me retiré, la voz de mi padre ya no estaba tan presente, pude liberarme de ese peso, y apenas pude hablé con Whitley, le dije que no se convirtiera en mí, que siguiera su propio camino, lamentablemente era muy tarde para ti…para ustedes…"
Este soltó un suspiro pesado, notó sus ojos blandos, descongelados, notó esa mirada que vio en si misma más de alguna vez, cuando se sentía liberada, y al mismo tiempo sentía lastima de su propia existencia, de todo lo que le ocurrió.
Esa familia, sin duda, había sufrido demasiado, todos y cada uno de ellos, y ahora al fin lo sabía.
"Por suerte que no te casaste, por suerte no alcanzaste a tener ningún hijo, porque ese hombre hubiese sido incluso peor padre que yo. No voy a volver a presionarte para que te cases. Ya llevas tres años en la empresa, y jamás creció tanto conmigo, así que me di cuenta que eres capaz de hacerlo por ti misma. No necesitas de nadie más para lograrlo, menos de un chupasangre como ese."
Asintió, mirando su regazo. Se sentía sentimental luego de escuchar a su padre. Su cabeza aún seguía abrumada, pero quería aferrarse a ese momento, a disfrutarlo. Probablemente en la mañana se recriminaría a si misma por creerle a ese hombre, de confiar en él, pero su presente era claro, y su pasado no, así que era evidente en quien debía confiar.
Por primera veía un padre a su lado, por supuesto que iba a aferrarse a esa realidad.
Su padre aprovechó la situación para hablar, y ella misma iba a hacer lo mismo.
¿Podía hablar libremente? ¿Podía ser honesta? ¿Podía abrirse con su padre?
Ya no tenía miedo. No más.
"Comprometerme me hizo sentir en una prisión, y no quiero volver a sentir eso, a sentirme amarrada a una persona, a una vida, solo quiero ser libre, quiero que alguien me quiera por quien soy, no por mi nombre, no por mi posición social, no quiero que haya nada más uniéndome a otra persona que no sea solo amor, amor real, nada de actos, nada de mentiras, nada de beneficios. Esta familia ha tenido suficiente de eso."
Y había encontrado a alguien, en el lugar que más tabú le dio, había encontrado a la persona indicada para ella. A alguien que no le importaban esas cosas, que no le importaba el dinero ni las posesiones, que solo quería amor, nada más, que se conformaba con la simplicidad, con el amor mutuo y el compañerismo. Nada más era necesario.
No quería que nada pudiese contaminar aquello que tenían.
Su padre soltó una risa, y lo miró. Este lucía pensativo, pero no era una risa sarcástica como recordaba cada vez que le decía lo que sentía, era algo natural.
"La vida es una sola, yo me di cuenta muy tarde. Aun eres joven, yo cuando tenía tu edad ya había arruinado mi libertad, mi vida, y ya había arruinado la vida de muchas personas, y la más grande culpa que siento es la de haberle arruinado la vida a tu madre…"
Su madre se había alejado, se había encerrado en si misma, solo con la compañía de la botella, impidiendo que ningún otro ser humano pudiese acercarse. Decidió ese camino por si misma, el de la muerte, y tal vez fue la única decisión real que tomó, y teniendo una vida así, podía entender su elección. Al menos podía acabar su vida de la forma que quería.
Nada pudo salvarla de la realidad, solo el alcohol.
"Al final, toda la gente de Atlas termina así, dándose cuenta muy tarde que toda su vida ha sido una falsedad tras otra, por eso admiro tanto a la señorita Adel, que se mantiene fiel a sí misma, sin importar lo que otros crean."
También admiraba a Coco por lo mismo, ella la ayudó a liberarse, a aceptar que había un camino diferente. Era de las pocas personas que valía la pena en ese mundo, en ese lugar. Ahí, todos estaba rotos, así como en su familia. Todo era un acto, una mentira, una secuencia de abusos y de destrucción solo por el egoísmo de unos pocos.
Como odiaba esa ciudad.
"Gracias por escucharme, Weiss. Es una pena el no haber podido hablar también con Winter."
El nombre de su hermana resonó extraño en la voz de su padre, incluso podía decir que su voz se rompió al mencionarla. Ya nadie la mencionaba, ni siquiera ella misma.
También se le rompía la voz cuando la mencionaba.
Winter odiaba a esa familia más que nadie en el mundo.
"Ella tuvo todo el peso en sus hombros, incluso tuvo que cuidar de ustedes dos cuando nosotros no éramos capaces ni de soportar nuestras propias vidas. Entiendo que haya tomado la decisión que tomó, pero me agobia pensar que esta con ese sujeto. Ella haría todo por él, si Ironwood le dice que mate a alguien, ella lo hará. Es detestable. No soy un santo, puedo haber sido criado en un ambiente clasista y racista, pero no haría actos tan detestables como ese sujeto."
Su padre siempre tuvo una rivalidad con el general de las tropas de Atlas, desde un comienzo que había roces. Fue por eso por lo que, en un acto de desprecio, Winter se fue con él, traicionando a la familia, a su padre.
Hubo un tiempo donde creyó que hizo lo correcto, pero cuando ese hombre mostró sus verdaderos colores, ya no pudo saber con exactitud quien era peor.
La frase, mejor diablo conocido que diablo por conocer, llegó a su mente, y tenía sentido.
Si no había vuelto a ver a Winter, si no lograban saber nada de esta, era porque aquel hombre la mantenía alejada de todo y todos. De hecho, si su hermana llegase a fallecer en batalla, probablemente no se enterarían nunca, y aquello era agobiante. Desde que se alejó de la mansión, desde que huyó, que se integró a las tropas, fue imposible saber más de ella.
Pero si su madre tomó una decisión por sí misma, que la llevó a la muerte, y aceptaba eso, también aceptaría que su hermana hiciese lo mismo, a costa de su propia vida. Si Winter estaba dispuesta a matar y morir por alguien, debía atenerse a las consecuencias, y no iba a juzgar el camino que tomó.
Al fin y al cabo, era su propia decisión, y se alegraba que ambas tuviesen la valentía de tomar un camino diferente.
"Esa debió ser la única decisión que tomó por sí misma, sea buena o mala, pero si algún día vuelve, si algún día se arrepiente de lo que hizo, de alejarse de su familia, voy a estar ahí para apoyarla. Siempre será mi hermana, sin importar todo lo que ocurrió en estos años."
Su padre asintió, cruzándose de piernas.
"Tienes razón, no sé si esté vivo cuando ella regrese, pero también me gustaría apoyarla, estar bajo el mando de ese hombre debió de afectarle, de una u otra forma. Lamento que mis actos como padre le destruyesen la vida de esa forma, para forzarla a huir, para forzarla a alejarse de su familia. Al final, todo fue un ciclo vicioso, mi padre contaminándome, yo contaminándolo a mis hijos, y espero que el ciclo finalmente se acabe."
Si hubiese tenido un hijo, no tenía duda que habría pasado lo mismo, habría seguido el ciclo vicioso que había en la familia, y luego sus nietos serían iguales. Todos tendrían el mismo pensamiento, la misma forma de actuar, cometerían los mismos exactos errores.
Por su parte, ella no sería como su padre fue, el crear lazos solo por dinero, para crecer en la jerarquía, para ganar influencias.
Tenía una amiga que la apoyaba en todo sin importar que fuese, y tenía una novia que la amaba por quien era, sin importarle cuan rota estaba. Eras lazos reales, lazos que se mantenían firmes por el cariño que existía. No había nada corrompiendo aquella unión.
Esperaba que los lazos que hiciese en el futuro fuesen así, reales, nada más.
Lo deseaba con toda su alma.
Capitulo siguiente: Calma.
N/A: Este capítulo tenía 3500 palabras y ahora que lo revisé para subirlo terminó en 4500. Si hay algún error fue porque me emocioné y no tuve las fuerzas para volver a revisarlo por miedo a seguir añadiendo más cosas. Es que le faltó más emoción, no pude contenerme.
Necesito saber que opinan de lo que acaba de ocurrir, hasta a mí me ha impactado el cómo llegué a esto, pero quién lo diría. Aún hay cosas importantes por delante, secretos y preguntas, de las que pretendo responder la mayoría.
Nos leemos pronto.
