Red Velvet
Capítulo 57: Calma
…
"Sé que saldrás hoy, pero ¿A qué hora llegarás?"
Levantó el rostro, dejando de lado su desayuno para mirar a su padre, el cual estaba en la punta de la mesa, en su lugar usual.
Por un momento su cabeza vagó, intentando saber cómo habría tomado esa frase en el pasado, intentando recordar como solía pensar hace un tiempo.
Su terapeuta parecía feliz de que volviese a verlo, y honestamente, ni siquiera recordaba su rostro, a pesar de verlo desde que era adolescente. Algo estaba mal con ella, y pensar que tenía que enamorarse para arreglar su situación. O al menos, desafiar la voz en su cabeza, y hacer lo opuesto a lo que esta le decía.
Él parecía orgulloso de sus avances, ya que le contó más o menos lo que había aprendido en esas semanas, aunque aún no lograba resolver el misterio del accidente, las imágenes aun borrosas, confusas, las voces distorsionadas, como un video mal grabado y corrupto en su memoria. Este dijo que se lo tomara con calma, que no debía agobiarse tanto, que si se sentía bien no debía forzarse, ya que sería peor, que podría llegar a lastimarse. Al menos este le desveló algunas inconsistencias de su memoria, siendo él quien la había atendido. Ahora sabía que su padre había insistido en ir con él para ayudarla a superar el trauma de aquel accidente.
Genuinamente preocupado. ¿Era así? ¿Podía creerle? Le costaba aceptarlo, su desconfianza aun al acecho.
Le habría encantado que este le dijese lo que ocurrió ese día, pero él no estaba ahí, solo su padre. Y no estaba preparada para escuchar la versión de él, no estaba preparada para poner las manos al fuego.
Se obligó a no darle más vueltas al tema, era lo mejor.
Su ojo le iba a dar problemas si hurgaba demasiado en su memoria, y Dios como sabía que eso era verdad.
"¿Por qué lo preguntas?"
Los ojos de su padre la miraron con sorpresa ante su contestación, formando una leve sonrisa que solo pudo desvelar por el movimiento de su bigote.
Era extraño verlo sonreír, casi como si se tratase de parodia de la realidad.
¿Cuántas sonrisas se perdió por estar cegada de esa forma? No lo sabía.
"Quería ver si podíamos salir los tres a cenar. He pasado mucho tiempo fuera de casa, creí que sería un buen momento para reconectar, pero si no quieres, lo entenderé."
Su padre volvió a mirar su taza de té, dándole un sorbo, y juraba que podía notar cierto dejo de dolor en su mirada. Decepción quizás.
Sentía algo de culpa por verlo así, ya fuese algo real o ficticio.
Pestañeó, mirando su taza, y luego miró a Whitley, el cual parecía incomodo, tal vez no se imaginó que su padre iba a querer hacer algo los tres juntos.
Tal vez fue demasiado reacia con ellos, con lo que su cabeza le mostraba, pero si ahora le mostraba cosas buenas, iba a dar lo mismo que recibía, era lo menos que podía hacer, seguir el juego. Disfrutar de esa parodia y convertirse en un actor más.
"No sé a qué hora llegue, tal vez demasiado tarde, pero ¿Y el domingo? Estaré en casa, ¿Tú puedes ese día, Whitley?"
Su hermano levantó el rostro, golpeándose el pecho, al parecer se había atorado con lo que sea que se había metido a la boca. Por un momento le recordó a aquel chiquillo con el que jugaba cuando era niña. Este siempre fue estoico, bueno, todos en esa casa lo eran, pero ahora parecía incluso más expresivo que antes, o tal vez la sorpresa de que le hablase normalmente, sin ironías, sin ira contenida.
Si, era agradable ver esa realidad.
"Si, estoy libre este domingo."
Asintió cuando este le contestó, finalmente librando su tráquea. Entonces volteó el rostro hacia su padre.
"Entonces salgamos a comer el domingo."
Su padre parecía sorprendido, entonces asintió rápidamente. Parecía temeroso de que fuese a negarse, o de que se arrepintiese.
"Ya tengo que irme, ¿Quieres que haga una reservación para mañana?"
Le dijo mientras se levantaba de la mesa, su desayuno abandonado. No iba a decir que no comió, porque creía haber comido más que todos los días de su vida, pero tal vez metió en su plato más de lo que podía comer, y era verdad. Tal vez su apetito había ido mejorando día a día, pero seguía siendo una mujer de contextura pequeña y no podía meter tanto en su cuerpo.
Aunque bien sabía que necesitaba esa energía, al menos por hoy.
Su padre negó deprisa, y contuvo las ganas de reírse. Todas sus muecas de sorpresa eran muy graciosas.
"No, yo lo haré, un amigo me debe un favor, no te preocupes, Weiss. Ten un buen día."
Asintió, mirándolos a ambos.
"Ustedes también."
Y así, se dio vuelta, tomando el camino hacia su cuarto, aun le faltaba recoger sus cosas antes de salir.
Era extraño.
Esa nueva vida…
Había pasado exactamente una semana desde la fiesta de Coco, de su gran realización, y creía sentirse mejor de lo que se sintió cuando se dio cuenta de la verdad. Al menos ya no era tan insegura consigo misma, o al menos, tenía la voz de Ruby para consolarla, para guiarla por el camino correcto. Si bien no pudieron verse, ya que usó todo su tiempo libre disponible para estar con su terapeuta, eso no significo que no hablaron por mensajería todos los días, tal y como lo hicieron cuando empezaron su relación.
Cuando llegaba a casa, le hablaba un poco de cómo fue su sesión, y muchas veces le hizo ver todo el odio que tenía por su propia cabeza, la traición que era el que ella misma se denegase la realidad y la trasformase en una tortuosa versión de su existencia. Obvio que sentía ira, ¿Quién no? Sin embargo, Ruby la animó, le dijo que no era su culpa, que no debía culparse por eso, que era muy joven cuando pasó todo, y solo se trató de un mecanismo de defensa mezclado con todo lo que le dijeron cuando niña, su crianza.
Todo se mezcló en su cabeza, haciéndola estar alerta a cualquier cosa, y, sobre todo, forzándose a ser la mujer perfecta que sus padres querían que fuese. Al final esas dos cosas, ocasionaron todos sus problemas.
Pero ya no era así, y Ruby se aseguró de hacerle saber eso.
Te voy a apoyar en todo este nuevo camino, esta le dijo.
Como amaba a esa mujer.
Y era gracioso como tenía claro que, sin Ruby, jamás habría mejorado. Fue el gatillante para todo, para lo malo, pero también para lo bueno.
Quizás si hubiese seguido en esa relación falsa, nunca se habría dado cuenta de cuan mal estaba, seguiría viviendo en esa red de mentiras, odiando a todos, sintiéndose presa de todos, y al mismo tiempo, sin darse cuenta de lo que la voz ausente en su cabeza significaba. Estaba haciendo tal cual lo que la hacía enfermar más.
Por suerte, ya no era así, y jamás se había sentido mejor en su vida, de hecho, cada día era mejor.
Se quedó mirando su bolso por un momento eterno, soltando un suspiro pesado.
Si, su vida estaba bien, podía hablar con su padre y con su hermano, mirarlos a los ojos y no sentirlos como enemigos, y tenía a una mujer maravillosa a su lado. Sin embargo, lo que pasó con su madre y con su hermana, no eran un invento de su cabeza, su familia se fue haciendo mierda con los años, y ellas dos no resistieron.
Era la única que había pasado por todo lo malo, para llegar a ese pacifico punto de su vida.
Ojalá ellas hubiesen podido también.
Respiró profundo, embriagándose con el aroma típico del verano que ya estaba impregnado el aire, el cual rara vez podía disfrutar en esa casa, y no sabía si ese calor que sentía en la mansión era por su cambio o por el clima cálido al fin llegando.
Como sea, era agradable.
Condujo por la montaña, hasta llegar al centro, y de ahí se dirigió a la casa de su novia.
Se sentía extraño el ir y no quedarse a dormir, pero ya había prometido una comida familiar, y honestamente, deseaba algo similar. Quería probar un poco de esa realidad, una parte de ella, la más insegura, temiendo que eso se acabase, por algo lo prefería antes de quedarse con Ruby.
Al menos, sabía que Ruby no había cambiado ante ella, así que estaba segura de que su relación seguiría igual que antes, incluso mejor, de eso si no tenía ninguna desconfianza.
Ruby era lo único permanente en su realidad, y no la perdió antes, así que no la perdería ahora.
Le daba gracia su seguridad en ese tema, pero era verdad.
Simplemente confiaba en Ruby, en la relación que tenían y en el cariño que se profesaban mutuamente. Su cabeza no podría inventarse algo tan bueno, algo tan cálido, algo tan perfecto.
Al estacionarse al lado del Red Velvet, sintió sus mejillas enrojecer, los recuerdos de la fiesta llegando a su cabeza, dando vueltas. Lo que habían hecho superaba cualquier otra cosa, y no podía creer que había hecho algo tan prohibido.
Y Dios, como adoraba no escuchar a nadie en su cabeza que le repitiese lo mal que estaban sus actos reprochables.
Golpeó la puerta, y dio un salto cuando esta fue abierta de golpe. Se vio sorprendida por lo repentino y brusco del movimiento. No alcanzó a hacer nada, ya que los brazos fuertes la sujetaron, abrazándola, adentrándola en la casa, sin darle ni un segundo para entrar por su propia cuenta.
Se calmó al darse cuenta de que no era nada grave, solo era Ruby, sujetándola con fuerza.
Hace tiempo que esta no se le lanzaba así, y recordó momentos donde pasó aquello, donde Ruby no lograba contenerse, y simplemente le saltaba encima a penas la veía. Y nunca se quejó de aquello, porque siempre era porque esta o estaba agradecida o quería consolarla de alguna forma, y no podía encontrar negativo aquel gesto.
Ruby no había cambiado.
No se demoró en rodear a la mujer con los brazos, sujetándola de la camiseta que esta tenía puesta, sin poder verla, pero sintiendo la tela en sus dedos y en su rostro, así como el aroma de Ruby que tanto la hacía volver al pasado y pensar en el futuro.
Se dejó querer, apegándose a la mujer, enterrando el rostro en el cuello ajeno, disfrutando de las caricias que las manos le daban en el cabello, en los hombros, en la espalda y en los brazos. Nuevamente se sentía mimada, y le gustaba sentirse así, querida, abrumada por sentimientos positivos.
Pasaron minutos eternos para que Ruby finalmente la soltara, aunque se notaba reticente. Pero conociéndola, de ser por ella se quedaría ahí por horas, y honestamente, estaría feliz de ser el objetivo de su afecto.
Los plateados la miraron, suaves, cálidos, y se vio perdida en ellos.
Ruby parecía analizar su rostro, tal vez con el fin de encontrar tristeza, inseguridad, mil sentimientos que le profesó los días anteriores, pero no, ya no se sentía así, ya estaba mejor, ahora que estaba con esa mujer, podía olvidar todos esos sentimientos amargos que había decidido desechar. De hecho, esa misma era la razón por la cual la iba a ver en el pasado, a pesar de lo culpable que se sentía de hacerlo.
Con Ruby no pensaba en nada, solo pensaba en sus sentimientos, en el amor que sentía por esa mujer.
No le dijo nada, solo la miró de vuelta, hasta que la mujer asintió, terminando de leerla.
"Estoy orgullosa de ti, Weiss."
Pestañeó un par de veces, analizando las palabras dichas, sintiendo su estómago apretándose. La voz de la mujer sonó tan suave, tan segura, tan cariñosa, que se vio sin palabras.
Quería llorar.
De hecho, pudo sentir como una lagrima se escapó, bajando por su rostro, pero no alcanzó a seguir su camino, el pulgar de Ruby deteniéndola mientras acariciaba sus mejillas, su cicatriz.
Asintió, cerrando los ojos, notando como otra lagrima se escapaba de su otro ojo, y nuevamente las manos de Ruby se movían para limpiar su rostro. Se sentía tan cómoda y segura ahí.
Se sentía libre, a pesar de estar entre las manos de alguien. Confiaba en ella sin duda. Quería seguir sintiéndose libre.
Ruby dejó un beso en su cabello, para luego apoyar las frentes de ambas.
"Gracias, Ruby."
Se quedó ahí, con los ojos cerrados, simplemente escuchando la respiración de Ruby, y el aroma que provenía de esta.
"No agradezcas, Weiss. No te das el crédito que te mereces. Eres muy fuerte, realmente fuerte, más de lo que puedes imaginar, y me alegra poder estar a tu lado y verte crecer aún más."
Abrió los ojos, y se vio sonriendo.
"Tú me hiciste crecer, Ruby."
Esta soltó una risa, negando, mientras veía como esta dejaba un beso en la punta de su nariz.
"No creo que sea así, pero si te ayudé en algo, entonces me siento tranquila. Eres lo más importante de mi vida, y si soy capaz de hacer algo por ti, lo haré sin dudarlo."
Asintió de nuevo, acercándose a la mujer lo suficiente para que ahora fuesen sus labios los que se juntaban.
El beso solo duró unos momentos, y como quería seguir besándola.
Ruby le quitó el bolso de las manos, dejándolo sobre uno de los sillones, haciendo cada uno de los movimientos sin soltarla lo suficiente, y le causaba gracia.
Ella tampoco se quería alejar.
Hacía calor, sobre todo en el departamento, así que Ruby también la ayudó con su chaqueta, y las manos grandes no dudaron ni un momento en pasar por sus brazos ahora descubiertos. Debería tener la piel fría a pesar del calor, pero había aprendido que a Ruby le gustaba sentirla helada para usar su propio calor corporal para temperarla.
No entendía la razón, pero no necesitaba entenderlo, así la quería.
"¿Quieres hablar de eso?"
Se vio tomada desprevenida por la pregunta, la voz ajena sonando ligeramente seria, o más bien, como si intentase con todas sus fuerzas el crear un ambiente propicio.
Negó, sonriendo.
"Creo que ya te conté todo, no tengo nada más que decir. Estoy tomándolo con calma, disfrutando de lo que tengo en frente, nada más."
Ruby asintió, las manos ahora sujetando las propias, apretándolas suavemente.
"Me alegro, creo que es una buena decisión."
Dio un salto, recordando lo que habló con su padre en la mañana.
"Por cierto, mi padre me pregunto si quería que saliésemos a comer hoy."
Ruby parecía sorprendida.
Antes tal vez habría estado asustada y triste de que su padre la obligase a ir y no pudiesen pasar tanto tiempo juntas, pero ahora, tanto Ruby como ella misma, eran conscientes que iba a aceptar aquello, considerando lo que estaba ocurriendo. Iba a aprovechar la oportunidad de reconectar con lo que quedaba de su familia.
"Él sabía que saldría, así que me preguntó a qué hora iba a llegar, le dije que tarde, pero que podíamos salir juntos el domingo."
Ruby cambió su mueca a una más relajada, y luego su sonrisa creció.
"¿Te dijeron que sí?"
Asintió, y los brazos de Ruby volvieron a enrollarse en su cuerpo, ahora no le tomó tan por sorpresa.
Ruby estaba feliz por ella.
Esta se alejó luego de unos minutos de esas silenciosas felicitaciones, podía notar en sus facciones como estaba genuinamente contenta al respecto.
"Me alegro de que puedan salir juntos, sé que debe ser extraño para ti, pero es una buena forma para acostumbrarte. Yo no desperdiciaría una oportunidad así."
Notó como los plateados se bañaron de melancolía, a pesar de que su rostro siguiese con esa mueca de cachorro feliz.
Sintió un dolor en el pecho de inmediato.
Por un momento se vio cegada por la felicidad de haber recuperado a la mitad de su familia, y no tomó en cuenta que Ruby no tenía posibilidades de recuperar la propia, o al menos eso entendía, menos ahora, que por su culpa perdió a su hermana también.
Bueno, no del todo.
Ahora fue su turno de sujetar las manos de Ruby en las suyas.
"Lo siento."
Esta pareció sorprendida. Ruby era buena leyéndola, y ella misma era buena leyendo a Ruby. No era una sorpresa.
Esta negó, soltando una risa.
"No te preocupes por mí, debes aprovechar, y quiero que me cuentes todo."
Solo quería abrazarla, pero no debía hacer el tema aún más grande.
No sabía aun todo lo que Ruby tuvo que pasar cuando perdió a su familia, y no quería forzarla a hablar, todo a su tiempo, de hecho, ella misma aun no podía hablar de todo porque en su mayoría aun habían manchas borrosas.
Esperaba que pronto pudiesen decirse las cosas, desvelar sus pasados, y así poder seguir adelante juntas.
"¿Cómo está Yang?"
Quiso preguntarle, al menos intentando menguar un poco el dolor que debió pasar por la cabeza de Ruby en esos momentos.
No era una pregunta mala, considerando que Ruby había encontrado la forma de verse con Yang sin que hubiese problema alguno, y su idea fue el comprarle una membresía en un gimnasio de la zona. El edificio donde estaban tenía un gimnasio propio, pero Ruby creyó que sería mejor el que pudiesen encontrarse en un lugar intermedio, donde solo serían dos conocidas ejercitándose y hablándose de manera normal.
Al menos había funcionado.
Ruby aun debía cuidar su cara publica, y Yang había vuelto de sus vacaciones hace poco, así que habían decidido verse algunos domingos y pasar unas horas en el gimnasio para charlar de la vida.
La más agradecida con eso era Yang, que había aprendido que adoraba eso de entrenarse y esas cosas.
Terminaron ambas sentadas en el sofá, sus dedos aun enlazados, mientras Ruby comenzaba a contarle todas las aventuras que tuvo Yang en sus vacaciones, incluso se compró una motocicleta para viajar por sí misma. A Ruby le asustaba un poco que esta anduviese viajando sola en un vehículo tan peligroso, pero se dio cuenta que preocupándose solo iba empeorar las cosas y le haría sacar canas anticipadas.
Yang podía cuidarse sola, lo sabía, ambas lo sabían.
Ahora que lo pensaba, debía ser mucho más difícil verse con Yang en un lugar público que verse con Ruby en aquel tiempo, donde era una prostituta, si es que se hubiese enamorado de la hermana mayor. No quería sonar mal, pero Yang llamaba demasiado la atención, como que cegaba, así que era más probable que pudiese ser reconocida, Ruby en cambio, pasaba más desapercibida, además que solo atendía a mujeres, que eran menos probables que soltasen ese tipo de información.
Ya se oía de cosas así en noticias basura, así que pretendía que todo se mantuviese en secreto.
Si Yang quisiese finalmente cambiar de rumbo, también podía, y sabía que Ruby la iba a ayudar en eso, y ella misma también. Pero al parecer no estaba en sus planes.
No entendía a Yang.
Ruby cambió de posición, pasando un brazo por encima de sus hombros.
Al parecer la conversación había cambiado de rumbo.
Dio un salto cuando subió la mirada, topándose con los plateados y con esa sonrisa pícara que a veces olvidaba lo mucho que le afectaba.
¿Se perdió algo de la conversación?
No sabía, pero esos cambios drásticos tampoco deberían sorprenderle.
De inmediato sintió sus mejillas arder con la cercanía.
"Hey, Weiss, ¿Qué te parece si hacemos algo sucio hoy?"
Pestañeó dos veces.
Abrió la boca, tembló, y la cerró, respiró profundo, y ahí recién la abrió de nuevo, las palabras listas para salir.
"¿No crees que ya llevamos haciendo muchas cosas sucias últimamente?"
Ruby pareció sorprendida, sus mejillas encendiéndose también. Finalmente, esta soltó una risa, mirando hacia la nada, huyendo de sus celestes.
"¿Qué? ¿Cosas sucias? ¿Nosotras? Como se te ocurre, no hemos hecho nada de eso. Somos completamente recatadas."
Rodó los ojos de inmediato.
Podía saber con claridad cuando Ruby mentía, y era claro su intento de hacerlo, totalmente en vano, ni ella misma se lo creía.
No iba a hacerse la santa ahora, porque ambas sabían que mientras más sucias las cosas que hacían, más satisfechas estaban al final, lo notaba en el rostro de Ruby, y lo tenía claro que ella misma alucinaba con esas cosas, las escenas dando vueltas una y otra vez en su cabeza, provocándole escalofríos.
Bueno, siempre que tenía sexo con Ruby sentía escalofríos, pero era mucho más energizante y llamativo cuando hacían algo nuevo, algo que nunca había hecho antes. Le gustaba eso, era divertido, como diría Ruby.
Nunca se iba a aburrir de aprender cosas nuevas, sobre todo con la compañera que tenía a su lado.
Finalmente, sus ojos volvieron a toparse.
Los plateados parecían haber perdido su motivación reciente, como preparándose para ser rechazada, su rostro tornándose como el de un cachorro triste, sin embargo, su expresión cambió al verla a ella.
Se conocían.
Podían leerse la mente, y Ruby iba a notar como la idea la había encendido, su rostro debía de decirlo a gritos.
"¿Qué tienes en mente?"
Le preguntó, y la sonrisa abrasadora creció.
"Ven conmigo."
Por supuesto.
Capitulo siguiente: Ofrenda.
N/A: Weiss solo tiene que disfrutar de la vida, es lo correcto y lo que necesita. Y si, también necesitaba hablar con un profesional, todos deberíamos hablarlo con un profesional. Si, si, todo parece estar yendo bien, viento en popa y esta historia ya está en su arco final, pero por otro lado aun quiero añadir muchas cosas, y voy a hacer que hagan un montón de delicioso y que hagan sus perversiones antes de dar esta historia por finalizada, he dicho, caso cerrado.
Por cierto, ayer lunes en mi país fue feriado y creí que era domingo, así que no subí capitulo porque soy estúpida, pero ya está aquí y espero lo disfrutaran.
Nos leemos pronto.
