Red Velvet
Capítulo 58: Ofrenda
…
"Debo admitir que no he comprado muchas cosas con el dinero que he ganado."
Miró a Ruby mientras la seguía por el pasillo hasta llegar al cuarto principal. Todo parecía estar igual que la vez pasada que estuvo ahí, solo que notaba un joyero en el escritorio al fondo de la habitación, y sabía que ahí debía de estar la joyería que usó para la fiesta.
"Normalmente las cosas me las compraba Coco, sin pedirlas ni nada, pero ahora, luego de darle la membresía a Yang, me di cuenta de que debería usar mi dinero para mí misma."
Dudaba que esta hiciese aquello, ya que tampoco lo usaba mucho cuando ganaba dinero en el Red Velvet, solo compraban cosas para la casa, pero esta se rehusaba a comprar cosas por mero placer, aunque bueno, compró una cuerda para usarla con ella, eso le seguía sorprendiendo. Sus mejillas volvieron a teñirse con el pensamiento. Estar así no le agradaba del todo, pero si que fue una experiencia única, y la repetiría sin duda con Ruby.
Ruby abrió su closet, y se agachó, tomando una caja, y la dejó sobre el velador.
No la abrió, simplemente se dio la vuelta para mirarla, y se vio saltando. Siempre se ponía a la defensiva cuando notaba a Ruby así, tan intensa, tan deseosa, tan ilegible en sus movimientos.
Esta le sonrió, acercándose.
Tembló cuando las manos pasaron por sus piernas, rozando su piel con la yema de los dedos.
Estaba usando un vestido claro y unas botas largas. No se había dado cuenta de que no se las había sacado, ya que normalmente lo hacía cuando veía a Ruby descalza, y, de hecho, ahora podía fijarse que era más alta que ella en ese segundo, aun así, la mirada de cazador seguía poniéndola nerviosa, así como ese abrazo que le dio en la entrada que la hizo sentir pequeña, aunque no lo fuese en ese instante.
¿Habían sido sus botas las que habían provocado a Ruby?
No tenía idea, pero sentir las uñas de la mujer raspando el cuero le hacían dar esa sensación.
Ruby le sonrió, mientras que se le acercaba lo suficiente para dejar el mentón al lado de su cuello. Podía sentir el calor ajeno traspasando su ropa, así como las manos iban subiendo poco a poco, buscando la forma de deshacerse de la prenda.
"Voy a serte honesta. Hay veces que tengo el impulso de destrozar la ropa que llevas puesta."
Se quedó paralizada, sintiéndose arder. Podía sentir el aliento cálido en su cuello y cerca de su oreja, y eso la hizo sentir aún más estimulada.
¿Qué pasaría si Ruby hacía eso? ¿Si esas manos grandes y fuertes abrían su vestido con salvajismo?
Se dio cuenta que estaba jadeando cuando Ruby se alejó lo suficiente para mirarla, una de sus manos habiendo bajado el cierre que estaba al costado de su torso. Esta de inmediato le sonrió, captando su gesto involuntario.
"Ahora tengo muchas más ganas de hacerlo, gracias por darme tu visto bueno."
Miró a Ruby, entrando en pánico. No sería bueno que hiciese eso, ya que no tendría otra prenda para usar.
Las manos comenzaron a bajar su vestido con esa habilidad innata, mientras esta se acercaba de nuevo, los labios dejando besos en su mandíbula, dejándola sin palabras, sin protestas.
"Al destrozarte la ropa, pretendo que te des cuenta de cuanta impaciencia tengo de hacerte mía."
Y una mierda.
Podía andar con un cambio de ropa en el bolso, no había problema.
Rodeó el cuello de Ruby, estando en la posición ideal, y a la altura ideal de hacerlo, y esta de inmediato la sujetó de vuelta. Se miraron, y sintiéndose jadear de nuevo, la besó. La lengua ajena entró en su boca, sin darle tiempo de hacer esa misma acción en la boca de la mujer, pero la dejó tomar la iniciativa, siguiéndole el juego, uniéndose a ella, siguiendo sus movimientos, siguiendo su ritmo.
Ruby se alejó, o al menos cambió de dirección, besando de nuevo su mandíbula, mordiendo levemente la zona, raspándole la piel con los dientes, y así siguió por su cuello y en el lóbulo de su oreja. Se sentía hervir, y ni siquiera sucedía lo que Ruby quería hacer.
"Traeré un cambio de ropa la próxima vez."
Ruby se detuvo al escucharla, de inmediato quedó paralizada. Los plateados buscaron a sus celestes, completamente atónitos.
Tal vez debía verse descompuesta, roja, sudada, y evidentemente jadeante ante aquella propuesta, así que lo que parecía incredulidad en el rostro de la mujer cambió radicalmente, volviéndose deseo puro.
"No voy a contenerme, señorita Schnee."
Le sonrió, adorando la forma en la que esta decía su apellido, ahora le gustaba aún más, ese apellido ya no se sentía tan malo.
Volvió a apegar su cuerpo al ajeno, dándole un rápido beso en los labios.
"No espero que lo hagas."
Y hablaba completamente en serio.
…
Soltó un suspiro, un jadeo, o algo similar.
Miró al frente, viendo la pared.
Se sentía…castigada, de alguna forma.
Pero no era un castigo, o al menos no quería verlo así.
Tembló, sintiendo las manos de Ruby acariciar sus brazos, las uñas raspando delicadamente, causándole escalofríos, mientras los labios pasaban por su espalda, por su columna.
Aún estaba en ropa interior, así que no se sentía tan expuesta, sin embargo, Ruby siempre la hacía sentir expuesta.
Le gustaba sentirse expuesta, por muy extraño que sonase.
Ruby la sujetó, llevando sus manos tras su espalda, entonces sintió algo suave en su muñeca. Quiso darse vuelta, pero le había prometido a Ruby que iba a mirar a la pared hasta que esta le avisara. Eso de seguir reglas no era lo suyo, para nada, pero Ruby no lo hacía sentir agobiante como siempre lo fue.
"Muy bien, hermosa, solo un poco más."
Asintió, sintiéndose hervir.
Ruby podía hacer lo que quisiera con ella si la trataba así de bien. Nunca se aburriría de esta diciéndole cosas bonitas, estaba segura.
Sus dos manos quedaron atadas tras su espalda. No era una cuerda, ya que recordaba como eso se sentía en su piel, si no que era una tela suave y ancha. Debían de ser muñequeras o esposas, o una mezcla de ambas. Juntó un poco sus manos, y una cadena se sintió en su espalda baja, el frio haciéndola saltar. Bueno, más la sensación repentina que el frio, que bien acostumbrada que estaba a eso.
Ruby volvió a acariciar sus brazos, y la boca volvió a sentirse en su espalda.
"Voy a buscar algo y vuelvo, ¿Puedes esperarme en esta posición hasta que vuelva, cariño?"
Cariño.
Seguía sonando tan poco natural, pero a la vez tan amoroso que no había que pensar. Se estaba acostumbrando a esa palabra, la estaba haciendo propia.
Le gustaba, claro que le gustaba.
Asintió, sabiendo que sus orejas ya deberían de estar rojas.
Cerró los ojos, con la intención de calmar su corazón acelerado. Estaba nerviosa. Sentía que Ruby nuevamente se estaba vengando de ella al tenerla en una pose similar a la que ella la tuvo en aquel baño. No la culpaba, si tuviese la confianza y la iniciativa, tal vez le haría cosas a Ruby que esta le hizo en el pasado.
Se sintió arder aún más, y apoyó la frente en la pared, sintiendo el frio pasar por su piel.
No iba a calmarse así.
Escuchó como la mujer hurgaba en su closet y en la caja que seguía sobre la mesa, pero ningún sonido le hizo descifrar cual era el plan maestro. Se conocía, era una controladora, así que quería saber todo lo que estaba ocurriendo de principio a fin, aun así, le gustaban las sorpresas si se trataba de Ruby. Esta se movió, al parecer dirigiéndose al baño, y ahí escuchó la puerta cerrarse, quedando solo ella ahí, ella y sus pensamientos.
Pasó minutos eternos en esa posición, inerte, sus brazos tras la espalda, mientras miraba a la pared. Dio un salto cuando la puerta del baño se abrió, entonces sintió pasos fuertes. Ya no eran los pasos de una persona descalza, si no que eran los pasos de Ruby cuando usaba esas grandes y pesadas botas, podía recordar aquel sonido.
"Esa es mi chica, muy buen trabajo. ¿Me extrañaste?"
Su chica.
Iba a hacer una lista de todas las cosas que adoraba con locura que Ruby le dijese.
Asintió de inmediato.
"Mucho."
Escuchó a Ruby soltar una risa, de esas maduras y graves.
"Yo también."
Ahí recién sintió algo cerca de su cuerpo, específicamente, en sus manos. Algo resbaloso, algo largo, algo duro, algo ancho.
Sabía que era eso.
Y si bien sabía que eso no era nada más que un trozo de plástico, lo sentía aún más real al sentirlo moverse entre sus manos, resbalando en su espalda baja, justo sobre su trasero.
Se vio jadeando, mientras sus dedos, de manera automática, rodeaban el juguete.
Sabía que Ruby tenía aquel dildo, era imposible que olvidase cuando lo hicieron aquella vez y lo que pasó después de eso. Pero por un momento olvidó que seguía ahí y que podía ser usado nuevamente.
Las manos de Ruby estaban pegadas en su cadera, los dedos incrustándose en su piel, y podía sentir los movimientos de esta al mover el dildo sobre su trasero.
Una de las manos se movió, subiendo por su torso, masajeando uno de sus pechos durante unos breves momentos para luego subir por su cuello hasta su rostro. Dos de los dedos de Ruby se adentraron en su boca, sin pedir permiso, y no le importó, su lengua de inmediato recibiéndola, y luego llegó la boca ajena, besando su nuca, y luego su oreja. Ahora estaba más alta, estaba segura que se había puesto botas.
"Sabes que decir si algo te incomoda, ¿No?"
Por un momento sintió su mente nublada, mientras los dígitos se movían dentro de su boca, jugando con su lengua. Recién pudo darle forma a la pregunta cuando esta salió de ahí, dándole espacio para que contestase.
"Red Velvet."
Pudo escuchar la sonrisa de Ruby, o más bien, el resoplido que salía de la boca ajena siempre que le sonreía, que le sonreía de esa forma tan cálida, tan abrasadora.
"Muy bien, ahora, ¿Podrías caminar hacía la cama?"
Honestamente, no quería. Aun sentía a Ruby embestir sus manos y su espalda, y la sensación era agradable a pesar de lo poco familiar que era para ella. Pero asintió, más que por hacerle caso, si no que, para poder verla finalmente, ya que todo ese rato Ruby fue un completo misterio.
Se dio la vuelta, sabiendo exactamente cuál era su destino, pero sus ojos vagaron, buscando a la mujer.
Se vio inerte, mirando a Ruby, su cuerpo paralizándose. La miró de abajo hacia arriba, encontrándose con esas grandes botas, ahora ambas teniendo la misma altura. En sus piernas llevaba unos jeans negros rasgados, no sabía si ya los había visto o no, pero si eran los que vio antes, estos estaban aún más rasgados, mostrando aún más piel, estaban además desabrochados, dejando ver el juguete que se levantaba imponente. Y en su torso, no llevaba nada, solamente una chaqueta de cuero, y estaba cien por ciento segura de que era la misma chaqueta que esta usó y tuvo aquel pensamiento, aquel día, que quería verla con nada más que con esa chaqueta en su torso y no se arrepentía de aquello, porque la imagen era aún mejor que sus expectativas.
Ruby le sonrió, siendo capaz de leer su expresión, de notar lo caliente que estaba al verla así. Tal vez esta iba a sudar ante la cantidad de ropa, pero eso le parecía aún mejor.
Abrió la boca, sintiéndola seca, y ni siquiera sabía que iba a decir, simplemente fue un impulso.
Esta le hizo una seña, apuntándole a la cama, una mueca divertida en su rostro, y se dio cuenta que debió quedarse perpleja durante varios momentos, y ahora sí que se sentía hervir. Miró la cama, y se acercó, robóticamente, luchando consigo misma para no quedarse en esa posición mirando a Ruby por lo que le quedaba de vida.
Se quedó ahí, mirando la cama, mientras sentía como Ruby se acercaba, una mano de esta pasando por su trasero, acariciándola levemente.
"Siéntate de rodillas en la cama, y muéstrame lo que tienes para ofrecerme."
¿Qué?
No entendió, no lo comprendió, su mente demasiado nublada para pensar, así que simplemente lo hizo, se sentó de rodillas, como aquella vez al ser amarrada y ahí recién se dio cuenta de cual debía de ser el movimiento adecuado, y eso lo intuyó porque era imposible de ignorar como las manos de Ruby pasaban por su trasero.
Pero si lo hacía, iba a quedar muy expuesta.
Volteó a mirar a Ruby, buscando sus ojos, tal vez así entendería, y esta sin dudarlo se acercó, para ayudarla, para acomodarla, y lo hizo con tal suavidad que ignoró por completo la posición descarada en la que quedó, con su rostro en la cama mientras que quedaban todas sus partes íntimas expuestas.
Ya había estado en una posición similar, y como sabía que a Ruby le gustaba aquello.
"No lo tomes a mal, Weiss, pero últimamente, cierta parte de ti ha crecido bastante, y ya me es imposible contenerme."
Oh.
Últimamente estaba comiendo mejor, comiendo más, estaba ganando peso.
Y su trasero estaba obteniendo parte de ese peso.
No sabía si sentirse orgullosa de eso o no, pero estar tanto tiempo en un peso más bajo de lo que debería, debía darse el mérito.
"Dime si te molesta."
¿Molestar qué?
Entonces lo sintió.
La mano de Ruby chocó con su trasero, el sonido resonando en la habitación como un eco.
Se quedó inerte, digiriendo lo que acababa de ocurrir.
Le acababa de dar una nalgada.
No era la primera vez, pero antes solo era un acto impulsivo ante el éxtasis, sin embargo, ahora Ruby parecía en calma, controlada, y el movimiento fue preciso, y el sonido…
Sintió la zona arder levemente cuando los dedos agarraron la zona, para luego dejarla en paz, o así fue por un momento, hasta que la mano volvió a golpear, esta vez al lado contrario. Resonó incluso más fuerte, y cuando la mano se alejó, aun sentía el calor de esta en la zona.
No se dio cuenta, pero soltó un gemido.
"¿Te molesta?"
Dios, no tenía idea, no sabía cómo contestar a eso.
Ruby le estaba dando nalgadas, y no podía decir con claridad como se sentía al respecto, así que fue incapaz de responder.
Dio un salto al sentir los dedos aferrándose a su ropa interior, y como esta iba siendo retirada, lentamente, y luego, volvió a saltar, cuando algo frio comenzó a caerle en el trasero, justo en la piel recientemente atacada, y se sintió refrescante. No sabía si era crema, o lubricante, pero le agradó la sensación. Un poco del líquido cayó en sus manos, y por la textura, si debía tratarse de un lubricante. Nunca había sentido esa sensación, pero si había usado muchas cremas y no era nada similar.
El dildo volvió a pasar por su trasero, esparciendo aún más el líquido, volviendo a pasar entre sus dedos, y por su parte, simplemente la recibió, temblando cada vez que el miembro de plástico entraba entre sus manos, embistiéndola en un ritmo lento y suave.
No quería admitirlo, sintiéndose un poco confusa con lo que ocurría, pero como quería tener a Ruby dentro lo antes posible, pero tenía la sensación de que no obtendría lo que quería pronto.
Las manos volvieron a sujetar su cadera, mientras la sentía embestirla cerca, lo suficiente para sentir la tela de los jeans en su piel desnuda, el juguete a veces pasaba por su zona intima, rozándola, sin entrar, tanteando, incluso a veces podía sentir la cabeza rígida rozar su clítoris, haciéndola temblar.
No supo cuánto rato estuvieron ahí, en ese ritmo tortuoso.
Le abrumó la repetición, y cuando creyó que debía decir algo para acabar con eso, volvió a sentir una de las palmas estallar contra su piel, resonando con fuerza una vez más.
Ruby era fuerte, y sentir esa fuerza en su trasero, era algo difícil de precisar. No sentía dolor, al menos no el que imaginaría, e incluso antes sintió más dolor, al estar también más delgada, pero ahora nada. Tal vez solo el ardor que debía dejar el golpe, pero nada más, y rápidamente lo olvidaba al sentir el otro lado siendo atacado, y luego venía aquel líquido, solo unas gotas eran suficientes para hacerla sentir refrescada.
No imaginó que se sentiría bien ser humillada de esa forma.
Bueno, con Ruby era así.
La pelvis de la mujer estaba en la posición precisa para moverse sin problema, el juguete siendo capaz de moverse por toda la zona con precisión.
El proceso volvió a repetirse.
Ruby se estaba tomando su tiempo, y como lograba hacerla sentir irritada al no sentirla dentro, porque maldición, no tenía tanta paciencia.
La llamó, le dijo por su nombre, su voz probablemente sonando más irritada de lo que pretendía, la impaciencia sacando lo peor de ella.
Giró su rostro lo suficiente para mirar a los plateados, y se irritó aún más al ver una sonrisa divertida en el rostro ajeno. Esta estaba disfrutándolo, disfrutando de su impaciencia, y si Ruby quería desgarrar su ropa y follarla de inmediato, pues ella misma quería exactamente lo mismo. Su cuerpo reaccionaba naturalmente a la cercanía, y no necesitaba lubricante alguno, ya estaba lista, lo estuvo cuando se quedó semi desnuda mirando la pared.
Ruby dejó de sonreír cuando sus miradas se toparon, cuando esta debió ver la necesidad en su rostro, y de inmediato los plateados se volvieron grises, su sonrisa cambiando, ya no era la sonrisa inocente y divertida, si no que era una mucho más madura, sádica incluso.
Estaba jugando con fuego, y siempre se arrepentía de abusar de la mujer, de tentarla, de hacerla perder el control, así que iba a pagar por sus actos.
La mano ajena tomó la cadena que unía sus manos, y en un rápido movimiento, el juguete entró dentro de ella. Soltó un grito, más de sorpresa que de dolor, porque su lubricación propia y la que la misma Ruby le había estado echando, hicieron la tarea fácil.
Se sentía extraño sentir el dildo en esa posición, no era lo mismo, pero tampoco iba a decir que se sentía mal, porque no era así.
Ruby la embistió, y los gemidos se le escapaban cada vez que sentía la cabeza chocar contra sus paredes. Sus manos quedaron inertes, siendo sujetadas con firmeza, así que no podía moverse, ni un solo musculo, además de que una de las manos de la mujer estaba en su trasero, afirmándola en su posición, y a la vez, aprovechando de apretar cuanta piel podía.
Ya estaba gimiendo con las nalgadas, y ahora gemía aun más, sin control incluso.
Ya no era capaz de mirar a Ruby, su mirada la hacía hervir aún más, y su mente comenzaba a nublarse. No era capaz de soportar tales estímulos.
Se tomó un segundo para mirar su entrepierna, y podía ver la mezcla de líquidos caer con cada embestida. Como si no estuviese lo suficientemente nerviosa de estar en la posición que se encontraba, ahora ver eso la hacía sentir aún más avergonzada.
Sentía sus manos perdidas, quería tocarla, quería sentir la piel ajena en sus yemas, pero no podía. Sin embargo, estas se empuñaban cada tanto rato, debido a los estremecimientos de su cuerpo, de su nerviosismo, de sus temblores. Volvió a concentrarse en la cama, donde estaba tirada, notando como un hilo de saliva caía bajo su rostro ante sus gemidos desbocados, sus gritos que salían cuando Ruby la embestía con más fuerza, con más bestialidad.
No se quejaba, porque se sentía bien.
Sus piernas comenzaron a temblar, por eso sabía que estaba cerca de llegar al orgasmo.
Su cuerpo temblando, su centro hirviendo, sus extremidades acalambrándose.
Entonces, se sintió vacía por dentro.
Se quedó inerte, un gemido desvaneciéndose en su boca, sin poder salir, y su orgasmo desapareciendo.
Recuperó el aliento, intentando descubrir que había ocurrido, porque las cosas no habían ocurrido como deberían. Ahí recién, luego de respirar con profundidad, tuvo la fuerza para mirar a Ruby.
Quiso regañarla, quiso decirle tantas cosas, quiso hacer valer su opinión al respecto y obligarla a hacerla venir, sin embargo, no vio a Ruby.
Su mente aún se sentía nublada, sus sentidos distorsionados, así que le costaba entender lo que ocurría.
Dio un salto cuando sintió las manos de Ruby en sus piernas.
No supo que ocurrió hasta que estuvo con su espalda en la cama, sus brazos presionados tras su cuerpo, inertes. Los grises la observaban, carnívoros, su cuerpo imponente levantándose entre sus piernas. Se veía fuerte ahí, capaz.
Y ahí perdió la convicción que tenía hace solo un momento.
Ruby la tomó de las piernas nuevamente, y la hizo moverse como si se tratase de una muñeca de trapo.
Ahora ya no veía a Ruby, solo veía sus propias piernas frente a ella, ambas aun sujetas, siendo pegadas la una con la otra, creando una pared, el cuero de las botas rozándose.
No entendía cuál era la razón de Ruby para hacer esos movimientos, así que le sorprendió aún más cuando la cabeza del dildo apareció en su entrepierna, pasando entre sus muslos, siendo aplastado.
Ruby ahora estaba embistiendo sus muslos.
No era algo que debía sorprenderle, o excitarle, o eso creía, pero se vio perpleja mirando aquello, notando como el dildo se movía entre sus piernas, desapareciendo de su vista, para luego ser visible de nuevo al final de cada embestida. No creyó que algo así la haría sentir excitada, ya que nada importante estaba siendo atacado.
Que inocente era.
Ruby estuvo así un buen rato, y ya había olvidado por completo el enojo que sentía al haber perdido su orgasmo, su cabeza enfocada solamente en esa acción, y en los sonidos que salían de Ruby, aunque no la pudiese ver.
El dildo bajó más, así como el cuerpo de Ruby se apegó más a su cuerpo. Ahora podía notar las piernas vestidas en esos rasgados jeans acomodados a los costados de su cadera. Tembló de placer cuando ahora la cabeza del dildo se movía sobre su clítoris, generando fricción, una y otra vez, ahora con menos brusquedad, más suavemente.
Sus gemidos volvieron, dejando de lado los jadeos que se vio teniendo al ser sus muslos embestidos. Ahora realmente sentía algo intenso. Estaba sensible, su cuerpo sintiendo aquel orgasmo que estuvo a punto de tener.
De un momento a otro, sus piernas fueron levemente abiertas, y ahora volvía a ver a Ruby, acomodada frente a ella. La rojez en su rostro era evidente, así como el sonrojo en su pecho descubierto. La chaqueta seguía en su lugar, menos prolija, pero aun colocada en su posición. Podía notar el sudor avanzar por la piel bronceada, y seguía sorprendiéndole que aquello la encendiese. Las manos de Ruby seguían en sus piernas, firmes, y se veían tan fuertes en sus piernas delgadas, tan morenas, tan grandes, y la simple imagen la hizo sentir aún más húmeda.
Ruby acomodó sus pantorrillas en los hombros, y hubiese deseado en ese instante no llevar esas botas largas puestas y así podría sentir la piel de Ruby contra la suya, más no podía hacer nada para cambiar ese hecho.
Su nueva posición hizo que su pelvis quedase más en alto, el cuerpo de Ruby levantando parte de su peso sin problema alguno. Ahora su zona intima volvía a estar justo en frente de la mujer, en particular, de ese dildo.
Esta le dio una sonrisa abrasadora antes de volver a sentir el dildo adentrarse en ella.
Soltó otro grito ante la sorpresa, ante lo profundo del movimiento, y podía notar como Ruby no parecía preocupada, como si ya se hubiese aprendido de memoria cada una de sus expresiones y lo que cada una de ellas significaba.
Podía sentirla bien adentro, de hecho, cada movimiento se sentía más profundo que el anterior. Las manos de Ruby estaban nuevamente firmes en su cadera, sujetándola en posición, y haciéndole la labor más fácil.
Y así, esta comenzó a embestirla.
Intentó mirarla a los ojos, pero ni siquiera era capaz de enfocar la mirada.
Se sentía extasiada.
Estaba más sensible, y en ese momento no recordaba que su orgasmo hubiese sido interrumpido en alguna otra ocasión, así que asumía que esa debía de ser la razón.
Se quedó ahí, sin poder hacer ningún movimiento, al igual que hace unos minutos. Insistía que le gustaba más el tener las manos libres, pero le iba a dar en el gusto a su mujer, de todas formas, se lo merecía. No es que estuviese pasándola mal, porque no era así.
Se vio mirando a Ruby, nuevamente, pero esta vez era una de las manos de la mujer quien la obligaba a hacer la acción, ya que dudaba ser capaz de hacerlo.
Sus gemidos se detuvieron cuando algunos dedos volvieron a entrar en su boca, y tampoco fue capaz de que su lengua se moviese como quería. No tenía control, estaba completamente destruida. Pero de lo que podía ver, Ruby parecía feliz de verla así de descompuesta.
"Te amo, Weiss."
Esta le dijo, su voz con una intensidad sexual que creía no haber oído nunca, casi como un gruñido encendido. Y con eso, las embestidas se volvieron más rápidas, más bestiales. Los dedos salieron de su boca, y se quedaron fijos en su nuca, sujetando algunos de sus cabellos, su rostro quedando firme mirando a la mujer a los ojos.
Sus propios gemidos crecieron, así como los ajenos, y no pasó mucho tiempo para que al fin lograse llegar a su tan esperado orgasmo.
Gimió, fuerte, sin importarle que alguien más pudiese oír, sin importarle absolutamente nada.
Todo Atlas podría oírle y le importaría una mierda.
Sus piernas cayeron, sin ser capaz ella de mantenerlas en la zona, así como tampoco eran sujetadas. Ruby quedó sobre ella, sus brazos manteniéndola en posición, para no caer, el cuero daba la sensación de que iba a rasgarse en cualquier momento ante la tensión del cuerpo de la mujer, y disfrutó de esa imagen. Por su parte, intentó recuperar el aliento, sin poder tocar a la mujer frente a ella, ni hacer algún otro movimiento ante lo cansado de su ser.
El dildo seguía en posición, dentro de ella, pero no quería soltarlo, no quería.
Debía ser su buen estado físico, pero estaba segura que ya podía seguir, y quería seguir.
"Suéltame las manos, Ruby."
Su voz sonó demandante, y notó como los plateados parecían asombrados, levantándose de su lugar solo para observarla, sorprendida. Esta asintió de inmediato, como un cachorro asustado, soltando las amarras de sus manos que seguían bajo su cuerpo, así que apenas estuvo libre, guio sus manos a la mujer, sus dedos enterrándose en el cabello rojizo, las cadenas aun firmes en sus muñecas. Ruby parecía sorprendida, confusa incluso, así que debió hacer algo más para hacerla darse cuenta de la posición en la que estaba. Decidió mover sus piernas, las cuales estaban muertas en su posición, y las movió, abrazando la cadera de Ruby.
Ruby parecía perpleja, su rostro aún más rojo que antes. Y adoraba esa dualidad.
Sus manos fueron a la chaqueta de cuero, dejando los cabellos, y la sujetó de ahí, sus dedos enterrándose en el material, y la jaló, haciendo que está prácticamente cayese sobre ella, sus manos apenas siendo capaces de resistir su peso ante la cercanía.
Ruby estaba roja y confusa como una primeriza, y como adoraba esa expresión.
"Aún no hemos acabado."
Y ahí, movió su cadera, satisfaciéndose con el dildo que seguía aun en las profundidades de su vagina.
Ruby tardó unos momentos en digerir todo, pero fue capaz de seguirla, sujetándola, acomodándose sobre ella, y así esta comenzó a embestirla una vez más.
Ahora si podía sentir su cuerpo, su piel contra la propia, y el sudor de ambas mezclándose, esa sensación que la hacía sentir tan regocijada.
Podría estar así todo el día.
Capitulo siguiente: Recuerdos.
N/A: Good soup.
No sé si escribir cosas así le hace bien o mal a mi cuerpo hormonal, pero no me arrepiento de nada, y espero ustedes lo disfrutasen. El siguiente será un poco diferente a este, así que espero estén preparados.
Nos leemos pronto.
