Red Velvet

Capítulo 61: Mensaje

La semana pasó tranquila.

Cada día la comunicación con su familia parecía mejorar, y eso le daba alivio.

También decidió tomar las riendas del asunto, de las ganas que tenía de ver a Ruby, así como también el hacer cosas fuera de su casa, ambas, juntas en el exterior. Honestamente, no quería estar el fin de semana entero en la calle, si no que decidió que se vieran el sábado en la casa de Ruby y que el domingo se juntasen a almorzar en el centro comercial.

No iba a ser estúpida, que ya se conocía cuando sabía que iba a pasar tiempo sin tener intimidad, y podían terminar haciendo algo de lo que podían arrepentirse, como hacerlo en un lugar público, y no, ahora podía evitarlo antes de sentir la culpa de ser encontrada finalmente por las autoridades.

A Ruby le pareció genial la idea, ya la veía con ese rostro emocionado, y por su parte, tampoco podía controlar las ganas de que los días pasaran rápido para verse.

Pero, cuando llegó el sábado, o más bien, el día viernes, algo pareció cambiar.

No era nada malo, solo que le tomó por sorpresa.

Desde que iniciaron su vida de pareja, o aquello que eran sin serlo oficialmente, todas sus conversaciones por mensajería eran tiernas en su mayoría, aunque no habían cambiado mucho desde que se conocieron. Se saludaban en la mañana, se preguntaban que iban a almorzar, como iba el trabajo, hablaban un poco del día y luego se daban las buenas noches.

Y ese viernes en la noche no iba a ser diferente.

"¿Puedo ser honesta contigo, Weiss?"

El mensaje la descoloco. Por un momento creyó que Ruby iba a posponer su reunión, o quizás tenía algo que hacer y no podrían verse, o quizás simplemente no quería ir. Obviamente su cabeza, como siempre, pensaba lo absoluto peor, era una mala costumbre sin duda. Le dio una respuesta corta, sin asumir nada, ya que tampoco quería que la mujer se enterase de las cosas extrañas que pasaban por su cabeza.

Se sintió una tonta cuando el mensaje llegó.

"Ya quiero que sea mañana para hacerte mía."

Oh.

Era sin duda uno de los mensajes más ardientes que le había llegado desde que empezaron a tener una relación. Creyó por un momento que lo que tenían cambiaría luego de que Ruby le contase sobre su pasado, sobre lo que la atormentaba, y le alegraba que no fuese así. Ahora sabía que nada cambiaría entre ellas, sin importar lo mucho que ardiese el mundo a su alrededor. Y la prueba era que incluso rompiéndole el corazón y estar separadas por más de cuatro meses no cambió en nada la química que ambas tenían.

Se acomodó en la cama, tapándose con las frazadas.

Incluso en esa época del año, ahí en la montaña, su casa seguía siendo fría.

Oh, pero sus orejas, estas estaban ardiendo.

Había olvidado por un momento del caos que Ruby podía causar en su cuerpo, incluso estando a kilómetros de distancia la una de la otra. Recordó la primera vez que estuvo ahí, en su cuarto, sudando bajo las sabanas mientras observaba una pantalla.

Le sorprendía sin duda.

"¿Demasiada honestidad?"

Un tercer mensaje llegó, y se dio cuenta que estuvo demasiado rato ahí mirando el mensaje, obviamente este delatando que ya lo había visto. Ahora ardía aún más.

Se apresuró a escribir, sus dedos escribiendo incorrectamente una estúpida y diminuta palabra.

"No."

Tragó pesado, reviviendo una sensación perdida hace meses.

"Solo me sorprendió."

Y demasiado.

"¿Te irás a dormir?"

Le sorprendió el cambio de tema. Miró la hora en la parte superior de su teléfono. Aún era temprano, pero se había ido a acostar apenas pudo porque quería descansar lo más posible, ya que siempre terminaba cansada cuando iba a ver a cierta mujer, así que quedarse ahí, sin mover un musculo, le ayudaba.

"No aún."

"Entonces, ¿Puedo seguir siendo honesta?"

Oh. Ahí estaba la trampa.

¿Qué planeas, Ruby Rose?

Le mandó una breve afirmación, sintiendo sus dedos sudar sobre la pantalla. No sabía que era lo que la mujer le iba a decir, pero se quedó expectante mientras leía 'escribiendo' en la parte superior de la conversación, y así, segundo tras segundo. Se vio tragando pesado, incluso miró hacía la puerta de su habitación, siempre cerrada, pero aun así le seguía dando cierta sensación de que la observaban.

No estaba haciendo nada malo, aún.

Al fin llegó el mensaje.

"Weiss, quiero desnudarte a penas te vea, sujetarte contra la puerta y besarte hasta dejarte sin aliento. Quiero tocar cada parte de tu cuerpo, y hacerte temblar con mis caricias. Quiero tener tu cuerpo solo para mí, al igual que tus gemidos extasiados. Quiero hacerte mía sin parar."

Oh.

OH.

Diooooooos.

Su teléfono cayó, sus manos ahora ocupadas tapándose el rostro.

Le vino de inmediato el recuerdo de la última vez, cuando Ruby le dijo que quería romperle la ropa, y Dios, en ese momento le pareció tan agradable la idea. Incluso ahora, solo quería eso, que Ruby entrase por la puerta y le rompiese la camisa con sus manos grandes y fuertes.

Se vio de nuevo mirando la puerta, expectante, una parte de ella agradeciendo que nadie había entrado.

Tomó el celular, sin saber que decir, pero debía decir algo, no quedarse ahí sin responder.

Pero si seguía el juego, ¿Qué pasaría?

Se vio respirando profundamente, y cuando soltó todo el aire, este salió tembloroso.

Ya estaba afectada, sin duda.

"Me encantaría que lo hicieras."

Sintió más vergüenza de lo que escribió que de lo que Ruby le dijo. Aceptar todo eso…si, lo aceptaría todo.

De todas formas, no sería la primera vez que se dejaba llevar.

"¿Sí? ¿Qué más te encantaría que yo te hiciera?"

Oh Dios. Oh Dios.

Había, sin duda alguna, cometido un error enorme.

Se mordió el labio, mientras sentía las piernas rozarse la una con la otra. Era evidente que ya estaba húmeda, nunca necesitó mucho para sentirse lista para tener a Ruby dentro, fue así desde el comienzo y eso no iba a cambiar.

Cerró los ojos un momento.

Tal vez no necesitaba ser tan seria para dar una respuesta así, pero quería sentirlo, quería realmente decirle lo que quería. Ya se podría decir que tenía experiencia en todo ese tema sexual, no tenía que ser tan tímida al respecto. ¿Cierto? Abrió los ojos, ya sintiéndose lista, o al menos, levemente preparada.

"Quiero que me toques."

Obvio, no tenía ni siquiera que decirlo, el dónde era lo importante. Tragó pesado, antes de continuar.

"Ahí abajo."

Dios, le costó demasiado escribir eso para que le llegase lo siguiente.

"¿Dónde? ¿Puedes ser más específica, por favor?"

Ruby, maldita sea.

Hablar sucio no se le daba bien para nada, pero la forma en la que Ruby le preguntaba, la hacía sentir obligada a responder. Bueno, era su deber de una u otra forma. Sabía lo que estaba haciendo, y si no quisiera ser parte le habría dicho que se iba a dormir temprano y listo. Pero no. La curiosidad mató al gato, y ese dicho se le repetía una y otra vez desde que la conoció.

Se sintió arder, una parte de ella teniendo el impulso de escribir 'ruega', pero al mismo tiempo quería guardarse eso para otra oportunidad para escuchar a Ruby, en vez de solo leerla. Si, eso le gustaría también. Quizás debería anotar esas cosas, para no olvidarlas, ya que mientras pudiese, quería hacer muchas cosas con Ruby, aunque si iba a limitar las más retorcidas, que ya estaban cruzando el limite de la ilegalidad.

Por ahora, tenía otras cosas en que enfocarse.

Respiró profundo, su aliento siendo más cálido de lo que recordaba. Miró, una vez más, a la puerta, y estaba segura de que no iba a dejar de mirarla durante los próximos minutos, o horas.

Solo eran palabras, Weiss, por Dios, nada más. Calmate.

"Quiero sentirte en mi vagina, Ruby."

Dios.

Lo hizo.

Ruby escribió…uh…algo indescifrable e ilegible. Al parecer se sorprendió tanto como ella misma, y agradecía el causar esa reacción en esta. Ambas se volvían locas mutuamente, lo sabía, pero le gustaba que el mundo se lo demostrase con cosas así.

A veces olvidaba lo gratificante que era el decir cosas así, el dejarse llevar, el simplemente dejar de lado su decencia y volverse lo que a ella misma le gustaba llamar, una sucia.

¿Desde cuándo aquello la hacía sentir bien? No lo tenía claro, pero adoraba ensuciarse, que Ruby la ensuciara.

Que ambas se arrastrasen por el mismo lodo.

"¿Cómo quieres sentirme, Weiss?"

Ruby recuperó la compostura, y encontró una forma de hacerla sentir aun más nerviosa. Se giró en la cama, solamente para poder mirar a la puerta con aun mayor facilidad. Sus manos temblaron, al igual que sus piernas cuando las movió para acomodarse, sus muslos rozándose, y sintió que su pijama le estaba complicando aún más cosas, ¿O facilitándoselas? No tenía idea, pero si usara pantalones para dormir la sensación sería diferente al sentir tela en sus piernas, no como ahora.

Sujetó con firmeza el celular, sus dedos rozando las teclas, pero sin hacer presión suficiente para escribir nada.

Estaba nerviosa.

Cerró los ojos de nuevo, dejando que sus instintos, sus impulsos y sus pensamientos más pecaminosos tomaran el control, porque con su vergüenza tomando el timón, Ruby se iba a dormir antes de recibir una respuesta decente.

Cuando los abrió, soltó un jadeo.

Eso se estaba escapando de sus manos, era evidente.

"Quiero que empieces con tu lengua, mientras sujetas mi cadera con tus manos."

Podía imaginarse la escena sin problema alguno.

Nunca iba a olvidar la primera vez que tuvo con Ruby, aquella vez en el Red Velvet. ¿Era casi un año de eso? La imagen seguía nítida en su cabeza, por más que intentó no mirar tanto, pero Dios, nunca nadie la había tocado así, nunca nadie había estado tan atento a sus reacciones, a sus necesidades, a sus gustos, y ahora, era exactamente lo mismo. Ruby siempre la priorizaba, aunque también le gustaba ver ese lado egoísta en ella, donde estaba dispuesta a todo para sentirse satisfecha.

Le encantaban todos los lados de Ruby.

"Estaría encantada de hacerlo, tu sabor es adictivo."

Ciertamente le fascinaba esa honestidad.

Debería ser igual de honesta.

Sus ojos a cada segundo miraban la puerta, en serio, debía dejar de hacerlo, nadie iba a entrar o a saber lo que ahí sucedía, a menos que sus sonidos fuesen lo suficientemente fuertes para traspasar las anchas paredes.

Soltó un suspiro, este ardiendo. Su cuerpo, en general, estaba ardiendo.

"Muy bien, porque planeo venirme en tu boca."

Eso fue demasiado, incluso para sí misma.

Enterró el rostro en la almohada, dejando salir un chillido que no pudo ser escuchado ni por sí misma. Se había excedido. Miró el teléfono de reojo, casi como si estuviese asustada de leer la respuesta, la cual se estaba demorando en llegar. El 'Escribiendo' de la parte superior aparecía y luego desaparecía, y con eso aumentaba su ansiedad. Temía haberse pasado, el haber asustado a Ruby de alguna forma, o peor, hacerla perder el raciocinio, y de ser así, no iban a dormir pronto, para nada.

"Me sentiría decepcionada si no lo hicieras."

Esa respuesta no la esperó. Ni mucho menos la siguiente.

"No puedo esperar hasta mañana."

Era... ¿Desesperación? Si, lo era.

Pero lo entendió con claridad.

No era un dicho, o una forma de decir, o tal vez una frase que demostraba la impaciencia de Ruby. No. Sabía que no lo era. ¿Cómo? ¿Intuición? Podía ser. Pero sabía que era tal y como lo escribió, literalmente.

Aun así, necesitaba asegurarse.

Podía conocer a Ruby como la palma de su mano, pero, aun así, asumir algo escrito sin ver a la mujer al rostro, era mucho más difícil de acertar. Eso significaba que debía escribir algo más, y recordó la conversación de semejante índole que tuvo meses atrás.

"¿Acaso ya estás húmeda?"

No entendió porque escribió así, porque claramente sonó de una forma diferente a la que pretendía, pero le agradó más que si lo hubiese escrito diferente. Fue una inercia que se alegró de tener. Pensar de más no le serviría de nada en una situación así. Con Ruby no tenía que pensar, solo sentir.

Se vio encendida, aún más, sobre todo asumiendo la respuesta que le iba a llegar. Ruby no le mentiría con eso.

"¿Húmeda? Mucho más que eso, cariño."

Bueno saberlo.

Se mordió el labio, relamiendo la zona, sintiendo su cuerpo temblar ante el gesto. Estaba enloqueciendo sin duda. Se vio mirando bajo las sabanas, notando como incluso con su cuerpo escondido ahí, podía notarse el movimiento inconsciente de sus piernas, sus muslos rozándose lo suficiente para generar algo de fricción.

"¿También lo estás?"

El segundo mensaje vibró en sus manos, y se vio saltando, como si hubiese sido atrapada haciendo algo indebido, y era tal cual.

Oh, Ruby, si tan solo pudieses verme.

"Si."

Sentía una especie de Dejavú, pero esa vez, ahí terminó. Sin embargo, dudaba que Ruby fuese a detenerse. Realmente tenía la sensación de que esta no esperaría hasta mañana, y ya se lo había dejado claro explícitamente. Se vio soltando una risa, similar a un bufido. No es como que hacer cosas ahora fuese a quitarles las ganas mañana, por supuesto que no. Al menos Ruby tenía la suficiente energía para seguir una y otra vez.

"¿Puedo ver?"

Estaba segura de que Ruby le leyó la mente, o al menos detectó a la distancia su 'si tan solo pudieses verme' y lo usó a su favor. Con esa conexión que ambas tenían, no le sorprendía.

Apretó los labios, releyendo el breve mensaje una y otra vez.

Ahora volvió otro pensamiento que tuvo hace unos minutos, golpeándola de nuevo, y en realidad, ¿Por qué esperar?

"Ruega."

Obviamente no quería hacer nada sucio ahí, estando ahí, pero al menos ya no sentía ese lugar un sitio enemigo, una cárcel, una fortaleza ajena, ¿Pero pasar de un extremo al otro? Al menos podría intentarlo, si es que Ruby la convencía, porque o si no, no pensaba darle absolutamente nada, y bien podía quedarse con las ganas hasta el día siguiente. No faltaban tantas horas para verse, aun así…

Quería ver que tan lejos podía llegar Ruby.

"Por favor, ¿Puedes mostrarme?"

Prácticamente se podía imaginar el rostro desesperado de Ruby, el cual ya había visto anteriormente. Y la imagen siempre la hacía sentir extasiada.

"Ruega más."

Pero no era suficiente.

"Te lo ruego, Weiss, dejame verte."

"Más. No es suficiente."

"Por favor, necesito verte."

"¿Por qué quieres verme?"

"Porque eres irresistible, y estoy tan caliente que solo quiero asegurarme de que estás tan caliente como yo."

Esa respuesta la dejó boquiabierta, o más bien, jadeante.

Apretó las piernas, de nuevo, ahora de adrede, sintiendo su interior palpitar con la acción. Tuvo que morderse el labio para que ningún sonido pudiese escaparse.

"Quiero que me folles, obviamente estoy tan caliente como tú."

No quería sonar tan agresiva, pero se sentía así. Agresiva, deseando que Ruby entrase por la puerta y la hiciese suya con toda la fuerza que ese cuerpo podía ejecutar.

Sus piernas de nuevo volvieron a apretarse la una contra la otra.

Pero ahora…necesitaba abrirlas, no apretarlas.

Se acomodó de espaldas, mirando de reojo a la puerta, una vez más, y se subió el vestido de dormir, lo suficiente para dejar su ropa interior expuesta. Estaba húmeda, era evidente. Tomo el celular, y apunto, sin embargo, no tomó la foto.

Se quedó un momento ahí, sintiendo algo de frio entrar a ese lugar cálido bajo las sabanas, cálido en su mayoría por su calor corporal.

Sujetó el borde de su ropa interior, y la levantó lo suficiente para dejar parte de su intimidad expuesta, ahí recién tomó la foto, el flash de la cámara dándole la suficiente luz para que todo fuese visible en la oscuridad que ahí había, dejando expuesto su clítoris, así como el líquido que se mantenía unido a la ropa interior, este brillando con el mismo flash.

No observó demasiado la foto, ya que no necesitaba ver con esa claridad para saber el desastre que ahí había.

Podía imaginar el rostro de Ruby cuando recibió la foto. Sus ojos tornándose grises, intensos, más pequeños de lo usual, mientras observaba con los labios levemente abiertos, controlándose a duras penas. ¿Se estaba controlando siquiera?

Esperó una respuesta, luego de segundos eternos. Podía sentir la ansiedad en su cabeza, así como en su cuerpo, su intimidad palpitando deseosa.

No iba a poder dormir así.

"¿Puedo tocarme, Weiss?"

Oh.

Le estaba… ¿Pidiendo permiso?

Podía sentir esa sonrisa sucia plasmándose en su propio rostro.

Buena chica.

Nuevamente le vinieron situaciones pasadas, donde esta le preguntó algo similar, ¿Y quién era ella para negar algo que fue dicho de una forma tan respetuosa? Adoraba eso, sin duda. La sola idea de imaginar a Ruby haciéndolo, la hizo sentir unas ganas horribles de hacer lo mismo, y no recordaba haberlo vuelto a hacer desde que Ruby la hizo tocarse frente a ella. ¿Debería? Ni siquiera sabía si aguantaría la tentación.

"Solo si me dejas hacer lo mismo."

Ruby leyó el mensaje, y pasaron unos segundos para recibir respuesta, pero no fue lo que imaginó.

"Weiss, ¿Tienes audífonos a la mano?"

¿Audífonos?

Claro que tenía unos en su velador, en caso de necesitarlos. Estiró la mano, y los encontró, de inmediato los conectó al teléfono, poniéndose cada auricular en su respectiva oreja. Luego le envió un mensaje a Ruby, diciéndole que los tenía ya puestos.

Y la respuesta que siguió fue; 'No tienes que decir nada.'

No entendió absolutamente nada, y cuando estaba escribiendo una pregunta para esta, para entenderla…

Recibió una llamada.

Tembló, y recordó de nuevo lo último mandado. Ahora tenía sentido. Ruby sabía que no podía hacer ruido en una casa con oídos por todos lados, así que ahora comprendía que era una llamada de un solo lado, ya que esta si vivía sola.

Se ocultó en las sabanas antes de contestar la llamada, todo en total oscuridad ahí oculta, el calor embargándola.

No escuchó nada durante los primeros segundos.

Pero luego escuchó algo.

Un gemido.

Estaba oscuro, no veía nada, aun así, cerró los ojos, concentrándose en el sonido que tanto le gustaba y que había oído ya suficientes veces para reconocerlo. Detrás de los gemidos, podía oír un sonido difuso, lejano, pero lo suficientemente claro para entender de qué se trataba. Podía escuchar a Ruby tocándose, podía escuchar con claridad como los dedos ajenos se movían sobre la zona húmeda, y se vio temblando de solo imaginarlo.

Ya no aguantaba más.

Ya se había tocado a sí misma, así como había tocado a Ruby, así que no era un trabajo desconocido, mucho menos ahora que se sentía arder, su mente sin tiempo para procesar siquiera que iba a hacer y cómo hacerlo, solo moviéndose por inercia.

Dos de sus dedos se fueron a su clítoris, sujetándolo. Estaba duro y grande, palpitante, y más que nada, sensible. Intentó no gemir, no hacer ruido alguno, pero no pudo contener un jadeo. Notó de inmediato como su interlocutora escuchó aquello, y se quedó unos momentos digiriéndolo. No tenía que hacer demasiado ruido para que Ruby la oyese, el micrófono del teléfono a solo centímetros de su rostro, lo cual era un alivio.

No quiso meter los dedos aún, así que se quedó afuera, mojando sus dedos con su lubricación, luego subiendo, luego bajando, moviéndose alrededor, explorándose tal y como hizo antes. Su cuerpo temblaba aún más cuando oía un gemido de Ruby sincronizándose con el leve sonido propio, y se vio siguiendo el ritmo, intentando que los movimientos de ambas les causasen placer al mismo tiempo.

Su propio aliento chocaba con las sabanas y el calor subía en ese pequeño espacio, el oxígeno reduciéndose, y la misma acción nublaba aún más su cabeza. Pero no le importaba.

Weiss.

Ruby sabía lo mucho que le gustaba oír su nombre, lo tenía claro, y ahora era más obvio que lo hacía de adrede, solo para darle en el gusto, y funcionaba.

Si, funcionaba de maravilla.

Sus piernas temblaban, su cuerpo consumido por la excitación de la voz de Ruby, de lo que su mente se imaginaba, y además de sus propios dedos moviéndose por la zona, tirando y acariciando todo lo que podía.

Sus jadeos aumentaron, su orgasmo creciendo, así como sus dedos se movieron más rápido, sus caderas moviéndose sin control con la intención de acelerar la sensación, de producirle más placer, más fricción.

Pero…necesitaba más…

Y Ruby lo sabía.

"Weiss, dejame llenarte por dentro."

¿Cómo lo sabía? No tenía idea, pero como si le diese permiso para actuar, llevó su mano libre allá abajo, para que ayudarse, y no dudó en meter uno de sus dedos dentro, mientras que su otra mano seguía trabajando desde afuera.

Soltó un gemido, lo más bajo y controlado que pudo, y esperaba que nadie lo hubiese oído, solo su mujer. Y como efecto domino, sintió los gemidos de Ruby agudizándose. El placer de la otra seguía afectándoles lo suficiente, y eso era realmente satisfactorio.

Su cuerpo se encorvó, mientras que metía un segundo dedo, este entrando fácilmente. Ni siquiera sentía cansancio, tal vez estaba demasiado desorientada para darse cuenta de lo que pasaba.

Acomodó la cabeza en las almohadas, curvando la espalda, sus dedos largos moviéndose con facilidad, mientras que jugaba con su clítoris cada vez más rápido, este hinchándose cada vez más. Los sonidos que entraban por sus oídos parecían maximizarse dentro de su cabeza, siendo esto lo único que oía, como un bucle, el cual poco a poco crecía, volviéndose más rápido, más jadeante, y ya ni siquiera estaba segura de que sus propios gemidos estaban callados como pretendía.

"Vente conmigo, Weiss."

Nuevamente la escuchó suplicante, desesperada, y se sintió de igual forma.

Sus dedos se movieron de inmediato, de esa forma que tanto le gustaba. Ruby debió saberlo por el cambio en sus gemidos, y poco a poco se vieron en el mismo ritmo de nuevo.

No pasaron muchos segundos para sentir su cuerpo tensándose, listo.

"Me vengo, Ruby."

Lo dijo, pero no fue capaz de escucharse, pero si sabía que Ruby la escuchó, y no necesitaba saber nada más.

Entonces llegó.

Apretó los dientes, intentando que ningún sonido pudiese salir, o al menos no tan fuerte como parecía querer, y si bien no se escuchó a sí misma, si escuchó un gemido que rivalizó el propio, causando estragos en sus partes bajas y escalofríos es su columna. Levantó las caderas, sus dedos enterrándose lo más profundo que era capaz, y así alargó lo que más pudo su orgasmo, su espalda tensándose, así como sus piernas, durante los siguientes segundos.

Luego cayó.

Se dejó caer en la cama, agotada, sus manos quedando acomodadas al lado de su cuerpo y su respiración se volvió agitada, luchando por tener algo más de oxígeno. Logró escapar de su pequeño escondite para poder respirar un aire menos viciado, y así recuperarse pronto, aun así, lo dudaba. Masturbarse seguía siendo una de las cosas que más la agotaban.

Cuando logró calmar su respiración, notó como la respiración en sus oídos ya se había calmado lo suficiente. Ruby seguía teniendo más energía.

Ni siquiera tuvo energías para tomar el celular y terminar la llamada, para nada, y probablemente Ruby entendió su cansancio y el agotamiento que debía sentir, porque Dios, sus parpados se sentían muy pesados y ya no era capaz de abrirlos.

Escuchó a Ruby reír, su voz sonando suave, tan cerca.

"Te amo, Weiss, buenas noches."

Ruby sonaba burbujeante, como siempre, así como divertida, pero feliz, y podía imaginarse la expresión de esta sin problema.

Abrió la boca para contestarle, para decirle que también la amaba, para darle las buenas noches y desearle dulces sueños, pero ni siquiera sabía si lo había hecho o no.

Solo supo que se quedó dormida prácticamente en seguida.

Pero durmió excelente.


Capitulo siguiente: Provocación.


N/A: ¿Me pasé? Ay, este capítulo me quiere hacer pecar temprano por la mañana. Se lo dedico como siempre a mi esposa, que vaya que ha tenido unos días difíciles y espero le sirva para distraerse, distraerse del bueno. Te amo bae.

La próxima semana seguirá siendo así, tranquilo, así que no se preocupen, aun no viene aquello malvado que planeo, malvado a medias, pero malvado al fin.

Nos leemos pronto.