Red Velvet
Capítulo 63: Suplica
…
No podía entender como Ruby podía cambiar tanto de un segundo a otro.
Obviamente todos los lados de la mujer eran agradables, y si bien estaba deseando tener al lobo ahí con ella, no podía evitar que su cuerpo palpitara deseoso cuando esta se hacía la inocente mientras rozaba su piel lentamente, suavemente, la yema de los dedos rozando sus muslos, su abdomen, la liga roja en sus piernas o el musculo erguido y ansioso.
No solía rogar, su ego lo suficientemente alto, sin embargo, se le hacía fácil con Ruby, por mucho que se mordiese la lengua para evitarlo.
Recordó la conversación nocturna que tuvieron el día anterior, como Ruby le rogaba, y sintió su cuerpo temblar aún más.
Se sentía ansiosa.
Lo último que su piel recordaba eran sus propios dedos, y quería sentir algo diferente.
Se vio rodando los ojos, fastidiada y encendida, y escuchó una leve risa salir de los labios de la menor, y eso la hizo enojar aún más.
"Por favor, tocame."
Ya podía ver mucho mejor a Ruby, así que podía ver su rostro ahí, a solo unos centímetros de su centro, y fue claro cuando esta levantó una ceja.
De acuerdo, probablemente esa fue la súplica con menos tono de súplica de la historia, pero en ese momento, no se sentía capaz de rogar.
Ruby se acercó, subiendo, poniéndose ahora frente a ella, sus rostros pegados, y esta le dio un beso. Pudo sentir como esta rio cuando sus labios se unieron, y quiso soltar un bufido, pero ya no podía, la lengua ajena impidiéndolo. La besó de vuelta, no es como que pudiese negarse algo similar, por muy indignada que estuviese.
Adoraba esos besos.
Cuando se separaron, esta se quedó frente a ella, mirándola fijamente, una sonrisa en sus labios.
"Te doy otra oportunidad, Weiss."
Ruby se acercó más, y por suerte aún tenía las manos aferradas al mesón, evitando que su cuerpo perdiese el equilibrio, más ahora que el cuerpo ajeno volvía a lanzarse contra el propio.
Sintió la lengua de Ruby pasar por su oreja, lentamente, saboreándola, y su cuerpo tembló, sus piernas cerrándose por inercia, exigiendo fricción, pero el torso ahí ubicado evitó la tarea. Eso la hizo sentir aún más molesta.
Necesitaba algún tipo de fricción.
"Hazme perder la razón, Weiss."
Oh. Su voz…
Eso si era algo que le gustaría hacer, más que suplicar.
Solo tenía que perderse a sí misma para lograrlo. Y adoraba perderse a sí misma.
No necesitaba suplicar, sabía de una forma de enloquecer a Ruby que funcionaría incluso mejor.
Movió sus caderas, su centro rozándose con el pantalón de la mujer, y ansiaba tanto la fricción que lo disfrutó aún más. Ahora sí que no tenía ninguna duda que la estaba manchando, y no le importaba. Podía escuchar sus propios líquidos resonar en sus partes bajas, y sabía que Ruby también lo escuchaba.
Mantuvo su peso con solo una mano, teniendo fe en su propia resistencia, y usó su mano ahora libre para llevarla a la nuca de Ruby. Podía sentir la tela de la camiseta de esta, y quiso que esta desapareciera, así que la sujetó y tiró de esta. La mujer se movió junto como quería, librándose de la prenda mientras que seguía el ritmo con la pelvis, creando más fricción.
Esta parecía hipnotizada, sus ojos grisáceos observándola ligeramente distraídos, pero no era difícil saber que esta estaba concentrada en los movimientos de su pelvis, y el evidente sonido que salpicaba entre ambas.
Ruby recién la miró a los ojos cuando usó sus uñas para raspar la nuca de esta, y luego bajó, rasguñando entre sus omoplatos. Esta ardía, como siempre, y era una sensación, esa piel contra sus manos, que disfrutaba desde siempre. La escuchó soltar un gruñido ronco cuando volvió a rasguñarla, justo en el largo de su columna. Al subir, la sujetó de sus cortos cabellos, y se vieron frente a frente de nuevo.
Se acercó y pasó la lengua por los labios a su disposición, lamiéndolos, para luego sujetarlo con los dientes, tirando de la delicada piel, provocando otro gruñido.
"Follame, Ruby."
Los ojos grisáceos se abrieron de la sorpresa, así como su rostro empezó a enrojecerse aún más, y luego esta cambió de expresión, a esa que vio hace solo unos minutos, se transformó en esa mueca salvaje que la hacía temblar en anticipación.
Lo había conseguido.
Sintió una de las manos de Ruby apoyarse en su cintura, afirmándola, y luego sintió unos dedos entrar en su interior de una forma tan estrepitosa que la dejó sin aliento.
Se afirmó de la espalda de Ruby, mientras que con su otra mano seguía aferrándose del mesón. Ahora la mano de Ruby la ayudaba en la tarea, y no había nada más agradable que esas manos en su cintura, en su cadera, en todo su cuerpo.
Ruby soltó un gruñido, y los dedos en su interior entraron profundo y se vio jadeando. Los sentía moverse lentamente, pero eran empujados dentro con una fuerza que le impresionaba que su cuerpo lo resistiese y no sintiese dolor alguno. Se sentía llena. Se sentía llena por Ruby. Sus piernas seguían ahí, firmes, sus pies aun sobre los taburetes, dándole a la mujer todo el espacio que era capaz.
Sus gemidos se comenzaron a volver indecentes rápidamente, estaban prácticamente en la cocina, y el sonido retumbaba como un eco, sobre todo cuando comenzó a mover la pelvis, combatiendo los movimientos de la mujer con los suyos, provocando que las embestidas fuesen aún más fuertes, más profundas, y tenía la sensación de que no iba a poder sentarse en lo que quedaba de día.
Pero no se arrepentía de nada.
Ruby soltó un gruñido, nuevamente, y la buscó con la mirada.
Esta estaba en el agujero entre su cuello y su hombro, acomodada ahí.
No era un gruñido extasiado, era un gruñido frustrado, y no tenía idea como era ahora capaz de distinguirlos.
Los grises chocaron con los propios, y notó de inmediato como esta estaba planeando algo. ¿Algo malo? Podía ser cualquier cosa. Sus interiores palpitaron con su mera sospecha, y Ruby le sonrió, obviamente de la manera más lujuriosa que podía.
Las embestidas se acabaron, y ahora eran los tres dedos de Ruby moviéndose dentro de ella, chocando el punto exacto para hacerla venir. Oh no.
Si Ruby hacía eso se iba a venir enseguida.
¿Eso planeaba?
Soltó un improperio, la situación saliéndose de control, los dedos removiéndose dentro de ella con la intención de hacerla venir de inmediato, incluso podía oír sus propios líquidos a punto de ser expedidos.
Ahora entendió.
Ruby se alejó.
Y luego se arrodillo, su rostro de nuevo quedando frente a su centro, los dedos aun moviéndose fervientemente, con evidente intención.
No podía contenerlo más.
Los ojos grises brillaban desde su posición.
Iba a mojarla.
Se sentía llena por dentro, rebozando, y necesitaba sacar todo eso.
Se aferró al mesón, y simplemente disfrutó de la sensación, su cuerpo extasiado al sentir ahora la lengua de Ruby moviéndose de un lado a otro, con la intención de aumentar su orgasmo, y como lo estaba logrando.
Soltó un grito, su cuerpo temblando, vibrando.
Pudo escuchar con claridad el líquido saliendo de su cuerpo con más fuerza que nunca, este cayendo al suelo, no sin antes caer sobre Ruby. Se sentiría avergonzada de no ser por los gruñidos extasiados de la mujer, la cual seguía lamiéndola, limpiando hasta el último rastro de su orgasmo, y por su parte, solo podía intentar recuperar el aliento, porque estaba segura de que esto no se había acabado.
Para cuando pudo enfocar la mirada, ya podía ver con más claridad, así que disfrutó cada segundo del cuerpo de Ruby frente a ella, su mentón empapado al igual que su torso y su sujetador, así también como su pantalón.
Esta le sonrió mientras pasaba una de sus grandes manos por su torso húmedo, subiendo, para luego llevar sus dedos, antes ya empapados y ahora aún más, a su boca.
Se acababa de venir, pero ya ansiaba más.
No, no.
Necesitaba un descanso, por supuesto.
Ruby se acercó, y sintió las manos de esta pegándose a su trasero, sujetándola.
"Aun no termino contigo, preciosa."
Oh.
De acuerdo, quizás tenía energías para un poco más.
Rodeo el cuello ajeno con sus brazos, y Ruby la levantó, sacándola del mesón. Pudo sentir de inmediato lo húmedo en el torso pegado al propio, y se apresuró para soltar la ropa interior ajena, y rápidamente la propia. Si iba a compartir sus propios líquidos prefería hacerlo piel con piel, sin nada entre medio. Aprovechó de dejar que sus tacones simplemente cayesen al suelo, sin querer nada de ropa entre ambas, y odio de nuevo que Ruby tuviese ese pantalón aun puesto.
Avanzaron hasta la habitación, esta también a oscuras.
Recordaba que hace unos días habían hablado de pedir cortinas online, y agradeció eso, no creía que sus ojos resistiesen mucho al pasar de la sala completamente oscura a la habitación de Ruby a la cual le llegaba el sol de frente.
Le gustaba la casa así, oscura, le causaba incertidumbre, por supuesto, pero al mismo tiempo la hacía sentir incluso más extasiada.
Sintió su cuerpo caer en la cama, y agradeció la comodidad en comparación hace solo unos minutos en ese duro mesón.
No iba a poder volver a comer ahí.
Ruby se quedó de pie frente a ella, observándola, y se vio mirándose a sí misma, ahora con más definición que antes.
Ahora solo tenía puesto el portaligas rojo y sus medias oscuras, nada más, y por supuesto, la grata decoración de mordiscos en su piel. Ruby se estaba portando bien al dejar su cuello libre, y ahora entendía el gruñido que esta tuvo cuando se quedó en esa zona, controlando su impulso de morderla ahí también.
Se quedó pensando en eso, y casi se pierde cuando Ruby comenzó a desabrochar su pantalón, claramente mojado.
No quería perderse eso.
Esta le dio una sonrisa que la hizo arder, mientras se retiraba las prendas faltantes, y por su parte debió de mirarla con una mueca sucia, no tenía duda.
Cuando esta estuvo desnuda, se acercó, quedando sobre ella, y luego sintió los pechos ajenos sobre los propios, estos húmedos con la escena anterior, y la sensación de sentirlos resbalosos sobre sus pezones la hizo entrar en calor rápidamente, se sintió hervir en deseo, una vez más. Los dedos de Ruby, en cambio, seguían jugando con sus ligas, tirando de estas. No tenía duda que le iban a quedar marcas, y ya había disfrutado de la sensación de quedar marcada, así que no se iba a quejar.
Los labios de Ruby no se demoraron en llegar a los propios, y nunca se iba a aburrir de eso, de hacerlo y poder besarse.
Como anheló aquello durante tanto tiempo.
Esas ganas, esa sensación, nunca cambió, y lo agradecía.
Abrazó la espalda de la mujer, enterrando los dedos en la piel hirviendo, solamente para pegar el cuerpo ajeno más al propio, para que sus cuerpos estuviesen aún más unidos. Al hacerlo, sintió el muslo de Ruby empujar en su centro, y soltó un jadeo, este desapareciendo entre sus bocas.
Ruby se detuvo luego de unos momentos, sus ojos tomándose un momento para mirarla, y luego para mirar la pose en la que se encontraban. Esta estaba sosteniendo su cuerpo con ambos antebrazos, y un brazo dejó la tarea, la mano grande avanzando por su abdomen, despacio, resbalando aun entre lo húmedo de sus pieles, y solo pasó un rato para sentirla de nuevo en su parte más sensible, los dedos pasando por sobre su clítoris, tentándola, o quizás llamando su atención, porque los plateados, ahora grises, la miraban, y solo pudo mirarla de vuelta, intentando que su rostro no se contorsionara ante el tacto.
"Hey, Weiss…"
La voz de Ruby sonó como un susurro, y se vio hipnotizada observándola. Podía verla ya mejor, detallado, como su rostro rojo, su sonrisa calmada, y sus cabellos desordenados.
Pero había algo más que no podía definir del todo.
Se vio tan atenta a las palabras de la mujer, que por un momento se enfocó solo en eso y no en las caricias en su parte baja, lo que le sorprendió. Estaba expectante.
"¿S-sí?"
Su voz sonó horrorosamente temblorosa, y se vio tragando, intentando calmar lo seco de su garganta. Se sentía arder, y aun no entendía el por qué. Era la mirada de Ruby, que algo le decía, pero no podía entenderlo. O tal vez sí. Su cuerpo lo entendía, pero su lado racional no.
Ruby soltó una risa, una suave, al parecer notando el cambio en su propio rostro, y eso la hizo sentir aún más roja de lo que ya estaba.
Realmente le agradaba la risa de Ruby, se sentía en casa, cómoda.
"¿Hagámoslo juntas?"
Se quedó un momento estupefacta.
La voz de Ruby sonó de nuevo como un susurro suave, cuidadoso, despacio, e incluso algo suplicante.
Oh.
Ruby si era buena para suplicar.
Miró hacía abajo, notando el cuerpo ajeno pegado al suyo, notando la posición de ambas.
Se refería a…
Oh.
Su cuerpo era mucho más rápido que su cabeza afectada por el calor, sin duda.
No dijo nada, ya que sabía que su voz iba a salir aún peor que antes, y simplemente movió su mano izquierda, llevándola a su destino.
Pudo notar como Ruby sonrió de reojo, pero no era capaz de mirarla, se sentía ardiendo y sabía que su humanidad iba a entorpecerse aún más. No se detuvo hasta que sus dedos sintieron la humedad ajena, y Dios como estaba de húmeda. Siempre se sentía bien el sentirla así, el saber que lo que hacían le encendía.
Eran parecidas.
Dio un salto cuando sintió la mano de apoyo de Ruby acariciando su mejilla. La tomó por sorpresa, o estaba demasiado concentrada para perderse en el momento. Miró a Ruby, la cual le sonreía, mientras los dedos ajenos seguían pasando por su mejilla. Esta se acercó, y la besó, y nuevamente se quedó cautivada por esos labios.
Fue un beso suave, lento, hasta que poco a poco comenzó a arder más, la lengua entrando más, y se vio siguiendo el ritmo, así mismo cuando los dedos ajenos entraron en su interior. Soltó un jadeo, este desapareciendo nuevamente entre sus bocas. Era demasiada estimulación, pero no quería quedarse petrificada ahí, quería hacerlo, y eso hizo.
Sus dedos también entraron, y disfrutó del calor que sentían, así como el calor que sentía su boca y el calor creciendo en su pelvis.
Solo cerró los ojos del todo, disfrutando cada cosa por sí misma.
La mano de apoyo de Ruby se aferró de su nuca, y también disfrutó del calor en esa zona, y por su parte movió su mano libre, aferrándola a la espalda baja de Ruby, sin importarle enterrar las uñas en la zona.
No supo cuánto rato estuvieron así, moviéndose, besándose, gimiendo en la boca de la otra, pero se le hizo eterno, lo que era un milagro, porque no quería que eso se acabase. Era demasiado bueno, demasiado agradable, y le sorprendía que no hubiesen hecho eso antes. Tal vez lo repetiría.
Poco a poco, los besos eran menos certeros, y ya debía aceptar que el momento iba a acabarse de una u otra forma. Pero no se quejaba tampoco. Quería venirse, quería que se viniesen. Ruby soltó un gruñido antes de separarse, sintió el rostro de esta en su cuello, gimiendo y jadeando de tanto en tanto, y como adoraba esos sonidos, la hacían temblar. Sus propios gemidos ya no podían ser detenidos tampoco, ni sus caderas.
Los movimientos se volvieron más fuertes, más erráticos, más salvajes. Y si bien la estimulación evitaba que pudiese concentrarse tanto como quería, tampoco creía que pudiese olvidarlo.
Los dedos de Ruby hicieron presión, su palma empujando su clítoris, y ahí se dio cuenta que ya estaba en su límite.
"Te amo."
Escuchó la voz de Ruby, jadeante en su oído, y de inmediato su cuerpo estalló. Tal vez sus propios dedos dejaron la labor por un momento, pero las caderas de Ruby los mantuvieron en movimiento, lo que la hizo seguir a pesar de sentir su cuerpo temblar. Soltó un grito, y solo segundos después escuchó a Ruby soltar un gruñido, los dientes de esta enterrándose en su hombro.
Se quedaron ahí, en esa posición, sus cuerpos pegados y jadeantes.
Realmente no podría aburrirse de eso.
Se sentía temblar, se sentía acalambrada, y apenas y sentía sus piernas, pero lo que si sentía eran los labios de Ruby dejando besos en su hombro, luego en su cuello, y finalmente en su mejilla. El acto le causó ternura, y se vio soltando una risa por las cosquillas que los besos causaban en su piel. La abrazó con ambos brazos, sin querer que el momento acabase, queriendo estar aún pegadas, por el resto del día si era posible.
Ruby soltó una risa al sentirse atrapada, pero no hizo para para alejarse, por el contrario.
Cerró los ojos, disfrutando del momento, su cuerpo relajándose.
"También te amo, Ruby."
Pudo sentir la sonrisa en los labios de la mujer cuando esta volvió a dejar besos en su mandíbula.
Adoraba esos besos.
…
"Entonces, ¿Cuál es el plan?"
Le preguntó a Ruby, usando la voz más formal que pudo, y esta, en respuesta, la miró completamente confundida. Esta estaba devorándose un sándwich que quedó en su boca, la mujer incapaz de seguir mordiendo al concentrarse en ella.
Soltó una risa, su máscara profesional cayendo de inmediato. Lucía como una ardilla.
Ruby frunció el ceño, sabiendo que la risa era a su costa, y se tomó el tiempo que quiso para seguir comiendo lo que se había metido a la boca, y por su parte la observó durante todo ese tiempo.
Le gustaba esa calma entre ambas, esa comodidad.
Ese aire hogareño.
Se tomó un momento para mirar hacía el ventanal, las cortinas ligeramente abiertas para dejar entrar la luz anaranjada del ocaso. Realmente adoraba esa vista, el atardecer al lado de la mujer que amaba. Por inercia se acercó a esta, sin querer dejar ni un centímetro de espacio entre ambas. De inmediato sintió uno de los brazos de esta rodeándola, abrazándola.
Ahí se sentía segura.
"Nos encontraremos mañana a las dos en el centro comercial del centro, podríamos almorzar en algún lugar y luego ir a ver muebles y esas cosas. Sé que tiene que lucir lo más normal del mundo, pero me emociona el salir contigo a solas, ya sabes, como una cita."
Miró a Ruby, la cual miraba el horizonte, sus ojos plateados brillando con un color dorado en ellos. Siempre quiso salir con ella, verse en el mundo real. Pudo hacerlo una vez, pero fue tan repentino, y además con Coco, así que no tuvo tiempo para que su cerebro hiciese la conexión. Y ahora que lo recordaba, esa vez estuvo con la cabeza tan caliente que dudaba que hubiese pensado siquiera.
Siempre eran las dos, encerradas, incluso en el taller, solo se acercaban al mundo de la otra, pero nunca compartían algo ajeno, algo que fuese de todos y de nadie al mismo tiempo.
Le causaba emoción, por supuesto.
Quiso hacer algo así desde que conoció a Ruby, y eso de buscar muebles para el estudio desocupado de esa casa, solo era una banal excusa.
Le gustaría simplemente quedarse a dormir ahí, y luego que ambas salieran hacía su destino juntas, pero aún quedaba tiempo para hacer eso, no podía acelerar las cosas. Si Atlas se enteraba, iba a lidiar con eso, pero tampoco iba a poner letreros sobre su cabeza.
Ya se sentía lo suficientemente molesta con los problemas que su propia cabeza tenía para agregar el bullicio de la gente chismosa. No podría soportar algo así. Colapsaría sin duda.
Iba a ir paso a paso.
"Luego podremos tener muchas citas, Ruby."
Le dijo, sonriéndole, teniendo fe que el día llegaría más pronto que tarde, porque ya quería poder viajar con ella, mostrarle cosas que esta nunca pudo ver ante lo mala de su situación, quería que pudiese ver el mundo sin concentrarse en sobrevivir. Solo disfrutarlo. Que ambas lo disfrutasen. Quería llevarla a todos lados, a su lado, y no escondida en una maleta.
Los ojos plateados la miraron, brillantes. El agarre ajeno en su cuerpo sujetándola con más intensidad, llenándola de calidez.
"Es una promesa."
Ruby se acercó y le dejó un beso en el cabello, y solo pudo cerrar los ojos, disfrutando de la cercanía.
Ya no sería un secreto.
Iba a ser una realidad.
Capitulo siguiente: Exterior.
N/A: Adoro la calma antes de la tormenta, ¿Ustedes no?
Digo, ¿Tormenta? ¿Quién dijo eso? Como sea, se viene la cita en el mundo real, ¿Qué podría malir sal?
Nos leemos pronto.
