Red Velvet
Capítulo 64: Exterior
…
Le costó salir de casa.
Se sentía como una adolescente, como aquellos años cuando escapaba de casa para hacer cosas que su familia consideraba prohibido. Y si, era algo similar. No prohibido del todo, pero se sentía prohibido.
Tuvo que mentalizarse mucho, de repetirse una y otra vez que sus reacciones y la situación debía ser similar a como era cuando se juntaba con Coco. Si, era lo mejor que se pudo decir a sí misma, lo más coherente. Nada de tactos inapropiados, ni miradas lujuriosas, solo debían ser dos socias que se juntaban, o amigas, si, amigas estaba bien, ya todo Atlas debía de considerarlas a ambas amigas. Si.
Pero era difícil.
Se había dado cuenta que su personalidad cambiaba rápidamente cuando estaba con Ruby, de hecho, ahora en su propia casa le costaba mantener su máscara Schnee, pretender que era la misma persona que antes, por supuesto que le iba a costar al estar toda una tarde con la razón de su cambio.
Pero debía ser fuerte.
Ruby le comentó que pensó en eso mientras estaba en el gimnasio, que debía intentar mantenerse serena sin importar que pasara, ya que estaban caminando en hielo fino, y ya ni siquiera era su padre el problema, al menos no del todo, pero si se enteraban que había un romance o algo similar, la gente se volvería loca, y adiós privacidad, y eso era mirar el panorama suave, porque lo peor que podría pasar es que toda la comunidad Atlesiana homófoba se le tirase encima, y conociendo a los amigos de su padre, era una opción.
Si, ya veía una nueva careta de su padre, pero aun así seguía siendo el mismo que la lastimó en el pasado, y ahora estaba a salvo, ya que estaba cumpliendo sus deberes correctamente sin necesidad de tener un hombre a su lado, ¿Pero una mujer? Oh no, hace mucho que no había un tema similar en casa, y como recién ahora escuchaba a su padre del todo, no tenía idea de cuáles eran sus opiniones respecto al tema.
Que la echase de casa tal vez sería lo más leve.
Al menos su posición en la empresa ya estaba segura, pero si todo se iba abajo, tendría que huir de Atlas, viajar a otro continente y empezar de nuevo, y no se creía capaz de empezar de nuevo al vivir durante tantos años en una burbuja.
Si, Ruby reventó un poco esa burbuja, pero aún quedaba la otra mitad del iceberg bajo el agua. Era difícil siquiera pensar en eso. No quería.
Pero tendría a Ruby, ¿No?
De acuerdo, sobreviviría, pero iba a evitar lo que podía evitar, solo necesitaba un poco de auto control, nada más.
Manejó hasta el subterráneo del centro comercial y buscó un lugar donde estacionarse, de preferencia cerca de uno de los elevadores que la llevaría a su punto de reunión.
Siempre veía modelos lujosos esos lugares, autos nuevos y relucientes, estaba acostumbrada, pero podía reconocer ese auto en particular a penas lo vio, su auto, el Red Velvet. Se estacionó cerca, pero no lo suficiente para que no fuese sospechoso, o tal vez estaba siendo demasiado precavida, paranoica incluso, pero lo prefería. No quería que su cita se arruinase por un montón de paparazzis a la salida del estacionamiento.
Apretó uno de los botones, y fue llevada por los dos pisos de estacionamiento y luego por los siguientes que eran de tiendas. Habían decidido juntarse en el décimo piso, donde había varios restaurantes, los más exclusivos por así decirlo, y empezar la cita por el almuerzo, y estaba tan nerviosa que apenas había desayunado, así que estaba hambrienta y probablemente Ruby también lo estuviese luego de esas horas que se tomaba en el gimnasio.
Salió del elevador y se vio buscando el lugar designado.
Normalmente ese lugar solía ser bastante exclusivo en general, ya que había grandes tiendas, diseñadores, relojerías, estilistas, aun así, pensó que estaría más desierto, aunque no tenía sentido el querer salir con Ruby a la superficie si iban a volver a estar solas, perdía el sentido.
Al parecer le costaba dejar su zona de confort.
Notó el lugar designado, frente a una famosa heladería, porque Ruby la había visto cuando Coco la obligaba a comprar atuendos, y se le antojó desde ese entonces. Coco le había dado a escoger, o pedirle a un diseñador que le hiciera atuendos a medida, o probarse atuendos en grandes tiendas, incluso una con los diseños de Coco, y esta prefirió el ultimo sufrimiento antes de quedarse inerte mientras un sujeto le tomaba las medidas para hacer ropa excesivamente cara.
No se salvó de los vestidos, pobre Ruby.
Y hablando de ella, la vio en el lugar que escogieron, bien vestida, elegante pero casual, pero le sorprendió no verla sola. Había una mujer a su lado, una mujer mayor que ellas, en sus cuarentas, podía reconocer lo pomposo de su estilo por los accesorios brillantes. Por suerte no era como esa mujer, tan extravagante en su forma de vestir, si, usaba atuendos caros, accesorios caros, pero no abusaba de ellos.
Como sea, los plateados la miraron por una fracción de segundo, y notó como esta sacó el teléfono del bolsillo. La mujer parecía enfrascada contándole algo a Ruby mientras esta le daba respuestas cortas, su rostro mostrando esa faceta cordial que acostumbraba a ver en esta cuando la conoció en lo más escondido de Atlas.
Miró su propio teléfono cuando sonó.
"Ayuda."
Usó una mano para ocultar su boca, para que nadie viese la risa que se le escapó. Ruby estaba en un aprieto y debía salvarla.
Se acercó, determinada, hacía donde las dos mujeres estaban.
"Lo siento, ¿Te hice esperar demasiado?"
Habló más fuerte de lo que pretendía, pero logró sacar a la mujer de su trance. Sintió la mirada de esta, pensó que le iba a decir algo, pero debió notar quien era, así que simplemente la saludó cordialmente como toda la elite se solía saludar.
Fingiendo.
Ruby se excusó con la mujer, de la manera más agradable que sus ojos habían visto, y le causó ternura. Ruby era demasiado buena para ese mundo.
Comenzó a caminar, Ruby siguiéndola, pudo escucharla soltar un suspiro pesado apenas estuvieron lejos de la mencionada mujer.
"Me salvaste la vida, ya no sabía cómo seguirle la conversación, estaba entrando en pánico."
Volvió a soltar una risa, mientras miraba a Ruby, los ojos de esta se veían aliviados, y le causó aún más ternura.
"Parecías estar haciéndolo bien."
Ruby rio también, mientras llevaba una mano a su nuca, la cual alejó rápidamente, una mala costumbre al parecer.
"Me estaba hablando de política, se pocas cosas de Atlas, pero de política aún menos."
Y si, se lo imaginaba. Ella misma apenas sabría de esos temas de no ser porque la mayor parte de los contactos de su padre eran políticos, y él estaba demasiado metido en esos temas, prácticamente uno más entre ellos. Menos mal que no tenía que lidiar con esas cosas, le pagaba a personas para que se hicieran cargo.
"¿Y quién era ella de todas formas? Parecía conocerte."
Sintió la mirada plateada en ella, pero la ignoró. No quería admitir que había cierto toque de celos en su voz, no quería ser la novia tóxica del año ni ser una carga para la que en ese instante debía ser solo su amiga.
"Una de mis clientas."
Volteó a ver a Ruby, sintiendo cierto pánico subirle por la garganta, y notó cierta mueca burlesca en la mujer, lo que la hizo sentir irritada y avergonzada al mismo tiempo.
Pensó en las clientas de antes.
"Ha llevado el auto del marido al taller unas tres veces, la última vez era porque este hacía un 'ruido extraño' pero no era nada, falsa alarma." Ruby soltó una risa mientras volvía a sonreírle, burlesca. "Creo que solo quería ir a verme."
Se detuvo de golpe.
Miró alrededor antes de apuntar a Ruby con su dedo índice.
"No se te ocurra, Ruby, ya habíamos llegado a un acuerdo."
El acuerdo de controlarse y no aumentar el riesgo de que alguna de las dos hiciese algo indebido, y Ruby la estaba tentando de una manera con su simple mirada. Esos ojos eran demasiado expresivos, no podía evitar sucumbir ante estos.
Ruby solo le sonrió, ahora normalmente, pero seguía viendo esa mueca divertida en esta. Si, estaba divirtiéndose sin duda alguna.
Era bueno que al menos una de ellas estuviese relajada en esa ocasión.
"Lo siento, verte celosa es algo que te vuelve irresistible."
No le quitó la mirada de encima, ni le importaba que su rostro estuviese completamente rojo. No sabía si quería darle una palmada en el brazo o simplemente besarla para quitarle esa mueca satisfecha del rostro, al final tomó la decisión madura de respirar profundo y seguir caminando, como si nada hubiese pasado.
"No voy a caer en tus artimañas, Ruby. Alguna de las dos debe mantener la compostura."
Ruby la siguió, riendo, para luego volver a tomar el control de sí misma, ambas ahí, fingiendo, haciendo ver que sus sentimientos eran más inocentes de lo que eran de verdad, y sí que eran retorcidos en más de un sentido, ya ni siquiera podía engañarse a sí misma.
Todo podía tener doble sentido o ser usado a su favor.
Y estaba bien, no le molestaba ser una mujer retorcida, pero entre cuatro paredes, no en un lugar público, y ya lo de la fiesta de Coco y aquella vez en el auto, le reafirmaban lo peligroso que era y lo mucho que podía arruinar su situación.
Obviamente eso lo pensaba con la mente fría, porque en el momento poco le importaba.
"Lo siento, señorita Schnee, prometo que me comportaré por el resto del día."
Oh, si, la iba a perdonar, por supuesto. Ya cuando estuviesen a solas de nuevo iba a dejarle un par de cosas en claro.
"Más te vale."
El ambiente logró relajarse cuando llegaron al restaurante. Habían aprovechado de pedir una reserva el día anterior, en una de las mejores ubicaciones. El lugar tenía buenas vistas, desde ahí se podía ver el océano en el horizonte. Su oficina solía estar más alto que eso, la ciudad solía taparle cualquier atisbo de lo que había más allá.
Así que era bueno variar de vez en cuando.
Ruby parecía interesada por la vista y se quedó viendo con los ojos infantiles de siempre. Al parecer Coco no la había traído ahí, así que podía dar ese día por ganado. Le gustaba darle primeras veces a Ruby.
No así, no de esas…
Detente, Weiss.
El mesero les ofreció la carta y Ruby comenzó a leer, se veía madura en esa posición, mientras se cruzaba de piernas, sus ojos plateados escaneando el libro en sus manos. Parecía tener todo bajo control, como si hubiese ido a restaurantes así desde siempre. Cuando el mesero se alejó para traerles algo para beber, esta la miró por una fracción de segundo, cierto pánico en sus ojos.
La situación económica de Ruby había subido bastante, pero esta aun pedía a domicilio comida barata o cosas a las que acostumbrase comer, como sándwiches. Lo más cercano de esas comidas elegantes eran las que el Red Velvet ofrecía, y no estaban al nivel del lugar donde estaban ahora.
Coco debió haberla llevado a lugares así para ayudarla a acostumbrarse a esas situaciones, pero conocía a Coco, y muy rara vez comía en público, con ella tal vez había salido a almorzar unas diez veces desde que se conocieron, y eran bastantes años ya. Pero como no se veían mucho, era una especie de ocasión especial.
Le era difícil creer que esta llevaría a Ruby por el simple acto de enseñarle el mundo, y si, ya tenía claro que eso no lo había hecho, salvo cuando le dijo que la invitó a comer dulces porque Ruby estaba triste. Probablemente entró en el primer lugar que vio y se limitó a comprar un café mientras le compraba cosas a la menor.
Miró a Ruby, y le empezó a decir, en susurros, de que se trataba cada uno de los platos ahí descritos. La mayoría estaba en alemán y era imposible de entender para esta.
"No es un idioma muy usado últimamente, pero quizás deberías aprenderlo, ahora que vives en este lado de Atlas."
Ruby bajó la carta, sus hombros caídos, rendida.
"Nunca lo creí necesario. En todos estos años solo aprendí cosas que me gustaban cuando niña, para sentir algo de comodidad al estar en un lugar que no conocía, y para lo único que me sirvió fue para saber cómo se decía Blanca nieves y así poder conquistarte, pero en lo bajo de Atlas nadie lo habla."
Se vio soltando una risa, recordando aquella vez.
Le asombró como Ruby reconoció su nombre por ser un cuento de niños, que por ser el apellido de una de las empresas más grandes del país. Esta siempre tuvo la cabeza en un lugar completamente opuesto que el resto de personas que conoció, y tal vez fue por lo mismo que se vio tan atraída.
Ruby decía en broma lo de conquistar, pero tenía razón.
Fue una de las cosas que la conquistó.
Se vio sonriendo, sintiéndose melancólica, y los ojos plateados cambiaron al verla, pasando de estar rendidos a tener una mueca más suave en su expresión, de nuevo, leyéndole la mente probablemente. Tenían esa conexión y no podía aburrirse de ella.
Ruby se movió, movió su mano en particular, acercándola a ella, a sus manos que sostenían la carta. Uno de los dedos apuntó uno de los platillos del menú, pero no era esa su intención. Sintió el roce suave de los otros dedos de Ruby en su mano. Tal vez no podían tener demostraciones de afecto ahí, pero ese tacto delicado fue suficiente para sentir la felicidad desbordando de la mujer, y honestamente se sentía igual.
No necesitaban palabras.
Estuvieron esperando mucho tiempo para algo así, para poder estar juntas, para poder ser como una pareja normal, y era agradable el simplemente existir al lado de la otra sin tener que esconderse.
Pronto iba a ser diferente, pronto ni siquiera iban a tener que ocultar algo tan simple como un tacto, se iba a asegurar de eso, aunque tuviese que irse de ese continente y alejarse lo suficiente para poder ser libre al lado de Ruby sin tener miedo de nada ni de nadie. Quería ser su propia persona en ese mundo, aunque tuviese que poner de cabeza a Atlas, y sin duda lo haría, con gusto incluso.
El mesero se acercó con sus bebidas y unos aperitivos, ahí Ruby alejó su mano y no se vio sospechoso como creyó que se vería. Le tenía poca fe a la mujer en ese sentido, demasiado honesta para su propio bien.
Ambas estaban haciendo un buen trabajo, aunque apenas llevasen tiempo en su pequeña aventura, aun les quedaban pequeños desafíos que eran realmente enormes para ambas, difíciles.
Cuando el mesero volvió a alejarse, las miradas de ambas se fueron al paisaje. Siempre veía, sin ver, y aprendió eso cuando conoció a Ruby. Todo se veía mejor así, a través de sus ojos enamorados, y creía que esa debía de ser la razón de porque todo dejaba de ser monótono como solía ser antes.
Aprovechó para señalarle algunos lugares en ese mapa que tenían a su disposición. Había algunos edificios que eran importantes, más allá del propio que solía levantarse más alto que la mayoría. Había lugares que eran importantes para la ciudad, históricos como algunos los llamaban, y se los señaló a Ruby.
No quería darle una clase de historia aburrida ni nada así, pero Ruby no parecía aburrida, por el contrario, sus ojos se iban de inmediato al lugar señalado y asentía cada vez que le daba alguna información.
Le causaba cierta lástima que viviendo ahí durante tantos años aun no conociese su alrededor. No podía decir mucho al respecto, ya que vivía yendo de su casa a la empresa, y al centro comercial a hacerle las uñas y comprar ropa, lo normal. Aun así, debía conocer su país, y le enseñaron cosas desde que era una niña, así que se podría decir que conocía Atlas al derecho y al revés, aunque no visitase ni el uno por ciento de estos.
Pero sabía lo básico, y podía darle esa información a Ruby.
"Me gustaría visitar todos esos lugares contigo."
Ruby dijo, luego de un rato de silencio, mientras llevaba su copa a la boca. Jugo, solo jugo.
Su mirada seguía en el paisaje, sus ojos como siempre brillando, llenos de vitalidad, de energía, de fuerza. Parecía determinada a pesar de lo suave de su rostro.
Probablemente no fue capaz siquiera de mirar el paisaje, porque ni eso podía ser mejor que la mujer que tenía en frente. Podía pasar todo el día mirándola, observando cada cabello fuera de su lugar, cada una de sus sonrisas o las diferentes muecas tan expresivas que ponía. Si, la amaba, lo tenía claro desde hace mucho, pero cuando se quedaba inerte, observándola, como si Ruby fuese el único ser vivo en el universo, le hacía darse cuenta de que no necesitaba nada más en su vida.
Solo quería pasar tiempo con Ruby, estar a su lado, sentir su calor, escuchar su risa. Si fuese capaz, le regalaría el mundo, sí, eso quería hacer, regalarle el mundo entero.
Le asombraba sentir esa devoción por Ruby, pero le asombraba aún más que esta estuviese ahí, mirándola a ella, haciendo planes, dejando su vida entera de lado para poder estar con ella. No creía ser así de afortunada, pero lo era.
Ahora se sentía mejor consigo misma, y estaba feliz de ese progreso, porque de esa forma le daba a Ruby una mejor versión de sí misma. Si, quería mejorar incluso más. Quería ser digna. Quería sentir orgullo de sí misma, y así sentirse orgullosa de ser lo mejor para Ruby.
Ruby se merecía todo.
Ruby se merecía lo mejor de ella misma.
Y quería dárselo.
Capitulo siguiente: Planes.
N/A: Si, todo cursi, todo bonito, pero… el siguiente…
Si, sé que no les debo poner el parche antes de la herida, pero creo que sirve bastante en algunas situaciones. Como ahora. No considero ser muy de cliffhangers, pero lo que se viene podría llamarse así. De todas formas, espero que lo disfruten, no hay mal que por bien no venga, dicen por ahí.
Nos leemos pronto.
