Red Velvet

Capítulo 74: Incomodidad

Siempre recordaba aquel pañuelo en el traje de su padre.

Siempre lo tenía encima, siempre rojo en su perpetuo blanco.

No se había percatado de eso, pero sentía que era algo más que su abuelo le heredó.

Esa familia necesitaba del rojo.

El infierno, la sangre, pero también la pasión, el amor.

Ahora él usaba aquel pañuelo rojo en ella, limpiándole el rostro cuando el propio era un desastre. Nunca había visto a su padre tan despeinado, su rostro levemente rojo, sus ojos hinchados, se veía desprolijo, pero humano, y le agradaba verse humana a sí misma, y sentía la misma felicidad de ver a su padre así.

Su tacto era delicado, aun parecía aterrado de tocarla, y lo entendía.

Diez años alejándose de él, temiéndole, por supuesto que iba a estar inseguro de acercarse, de hacer un movimiento en falso que pudiese gatillar aquello.

Pero ya no más, nunca más.

Su padre le dijo que comiese, que terminase su cena, pero ya no tenía hambre alguna, se sentía tranquila, como si se hubiese quitado un gran peso de los hombros, y no creía que pudiese tragar nada, su garganta aun obstruida por el llanto.

"Gracias por haber hablado conmigo, padre."

Los ojos tan claros como los propios la observaron con un dejo de sorpresa, mientras se volvía a guardar el pañuelo en el bolsillo. Este parecía algo incomodo con la situación, y no lo juzgaba, ella misma se sentía incomoda de cierta forma.

Iba a tomarles un tiempo el acostumbrarse el uno al otro, el ser una familia sin más.

Su padre asintió finalmente, una pequeña sonrisa notándose ante el movimiento de su bigote.

"Cuando quieras, Weiss."

Se quedaron unos segundos mirándose, hasta que la incomodad volvió a crecer entre ambos.

Si, les tomaría tiempo.

Pero ahora sentía que tenía todo el tiempo del mundo.

Su padre soltó una risa nerviosa que ocultó con una tos, mientras desviaba la mirada.

"Deberías buscar a la señorita Rose antes de que engañe a tu hermano con una de sus jugarretas."

Al parecer su padre era el más incómodo, sin duda, y aceptaba que usase a Ruby como distracción para zafarse de la conversación que venía luego del largo llanto. Honestamente, tampoco quería hablar más de eso, ya se habían dicho todo, no era necesario nada más.

Ahora solo debían mirar hacia adelante, no más hacia atrás.

Se vio riendo mientras salía del comedor, buscando a su novia perdida en su gran mansión.

¿Pero dónde podían estar?

Esa era una pregunta difícil de responder.

Buscó su teléfono guardado en su cárdigan, y buscó el nombre de Ruby. Conociéndola, podría estar en cualquier lado. Y eso de que Whitley iba a ser el guia del tour, lo dudaba bastante, era claro que iba a ser la mujer quien iba avanzando conforme a su curiosidad.

Le mandó un mensaje, preguntándole donde estaba, y no pasó mucho tiempo para recibir una respuesta.

"En la sala de la serpiente extraña."

De acuerdo, esa era una descripción suficiente para ella, y agradecía que el lugar estuviese relativamente cerca.

Caminó por los pasillos, y llegó finalmente a la sala de la serpiente extraña, un espacio abierto con sillones, un lugar tranquilo, pero lo más llamativo de ese lugar era una escultura de una serpiente de dos cabezas.

La serpiente extraña.

El salón tenía un nombre, como todo en la casa, pero jamás podría dejar de pensar en aquel nombre.

Ruby estaba a los pies de la escultura, conteniéndose a penas de tocarla con sus manos, no se iba a romper, no se había roto en todo ese tiempo, aun así, era un miedo comprensible. Whitley estaba a su lado, al parecer contándole sobre lo que había visto, haciendo su labor de guia.

A penas sus pies resonaron en el lugar, los ojos plateados se fueron donde ella. Podía notar una sonrisa relajada en esta, sin embargo, podía notar la preocupación oculta detrás de su expresión, su máscara cordial, su máscara profesional. Esta quería preguntarle mil cosas, pero no lo hacía, se contenía, dándole su espacio.

Y le gustaba como Ruby respetaba sus tiempos.

Se acercó lo suficiente, viendo a ambos, su hermano seguía pareciendo confundido con lo ocurrido, y en realidad dudaba que tuviese mucha idea de lo que pasaba con su padre.

"Gracias por darme un momento, Ruby."

Esta asintió, sonriéndole, ya más tranquila. Probablemente podía ver como se había quitado un peso de encima con solo mirarla, y era así.

Hablar con su padre, era algo que se había dicho que haría, pero no creyó que lo haría tan pronto, pero al ver a Ruby a su lado, al sentir su valentía y su apoyo, no pudo controlarse.

Luego iba a ser demasiado tarde, así que iba a aprovechar cualquier ocasión que tuviese.

Se lo había prometido a sí misma.

"Cualquier cosa por ti, Weiss. Pero dale las gracias a Whitley, que no sé cómo pudo soportarme a solas durante tanto tiempo."

Su hermano dio un salto de inmediato, tenso, sin saber que decir ante eso.

Le causó gracia, porque sabía que Ruby solo lo hacía para alivianar las cosas, y eso le alegraba, así que pobre de su hermano que sufría con las consecuencias, y no podía evitar soltar una risa al verlo así. Al parecer era una tarde de incomodidades.

"Me impresionas, Whitley, esa no es una tarea que cualquiera podría lograr."

Su hermano negó, su rostro enrojeciendo, aun sin nada que pudiese decir. Cualquier cosa que dijese sería como si insultara a Ruby, y al parecer no quería verse en esa tesitura. Aunque Ruby no lo iba a tomar personal, lo sabía.

Se quedaron en silencio un momento, y luego se acercó a Whitley, mirándolo, y este la miró de vuelta, ahora avergonzado y confundido.

Le debía una explicación.

"Te contaré algún día lo que ocurrió, pero no tienes que preocuparte por nada, desde ahora en adelante ya no habrá más problemas en la familia."

Y lo decía con seguridad, porque se iba a encargar de eso.

Se iba a asegurar de que las cosas siguiesen así, para mejor, cada día mejor.

Whitley asintió, poniéndose más serio, pero al mismo tiempo calmando esa incertidumbre que tenía encima. Siempre los veía, a ella y a su padre, en una constante tensión, pero ya no tendría que verse en medio de una tormenta, ya no habría momentos así, incomodos. Ahora serían una familia, una familia normal y feliz, eso era lo que deseaba y no iba a dejar que nada ni nadie se interpusiese entre ellos de nuevo.

Empezaron a caminar por los pasillos, volviendo a la entrada, ya se estaba haciendo tarde, y Ruby aún tenía que conducir hasta su casa bajo la montaña.

Por suerte Ruby estaba ayudando a que la situación dejase de lado esa incomodidad, a su única forma igual de incomoda, pero le agradaba verla así.

"Le estaba mostrando a Whitley unos mapas que encontré en una tienda, ya sabes, para eso de los juegos de rol. Ya nos prometimos que lo haríamos."

Ruby parecía divertida, y notó algo de emoción en los ojos de Whitley. Él no solía tener mayor expresión en el rostro, siempre enfocado en sus deberes, sin permitirse distracciones. Solo lo había visto así cuando eran niños, cuando se permitía hacer cosas que hacían otros niños de su edad, o también cuando tocaba el piano, realmente le gustaba antes de que terminase abandonándolo, como ella abandonó el canto.

Deberían volver a hacer lo que les hizo felices, ¿No?

Podían hacerlo, eran libres de hacerlo.

Y ahora, veía esa mueca de emoción, la cual intentaba ocultar en su mueca estoica. Pero ella misma, que sabía cómo ocultar sus expresiones, por eso se le hacía fácil descubrir a su hermano.

Le dio una mirada, esperando que él hablase, y este lo notó, carraspeando intentando disimular su interés.

"La señorita Rose…" Whitley empezó a hablar, y se detuvo, frunciendo los labios. "La señorita Ruby encontró una de las mesas de la biblioteca perfecta para usarla para jugar, y ahí empezó a mostrarme unas cuantas ideas para diseñar un mapa."

Asintió, sin entender demasiado, pero creía que de una manera u otra se le haría más familiar.

Miró a Ruby, notando como esta parecía orgullosa, inflando el pecho, pero creía que era más por el hecho de que su hermano la llamase por su nombre, tenía claro que esta le había corregido. Se había vuelto tal y como Coco, impidiendo que la gente le llamase Adel porque la hacía sentir vieja, solo que Ruby quería evitar formalidades innecesarias.

Solo que no quería que todos fuesen informales con Ruby, quería esa informalidad solo para ella, aunque sonase posesivo de su parte.

"Si empiezas a jugar con Ruby, espero que me invites y no te quedes con toda la diversión."

Su hermano reaccionó, sonrojándose y negando al mismo tiempo. Realmente lo estaba poniendo en aprietos y era gracioso verlo así, esperaba que no fuese demasiado lejos para que este la odiase por una razón completamente diferente a como cuando eran adolescentes.

Ruby soltó una risa, intentando contener su volumen, ya que debía de haber entendido que ahí todos los sonidos hacían eco.

Y no, no quería recordar lo que hicieron hace unas horas, mucho menos con su hermano al lado.

No, no, fuera pensamientos retorcidos.

"Te invitaremos, además, ha pasado mucho desde que ambos hemos jugado, así que es bueno aprender de nuevo."

Llegaron a la entrada, y notó como Klein se apresuró para despedir a Ruby, y no tenía idea de cómo se había dado cuenta que eso harían, pero que podía decir, Klein sabía todo lo que ocurría en la mansión.

¡No! ESO no lo sabía, y no quería que lo supiese.

Su padre también había aparecido, o se había quedado cerca.

Se sentía como en las fiestas que solían hacer, fiestas que no le agradaban para nada, pero se sentía el revuelo al momento de tratar con los invitados, saludarlos, despedirse de ellos, cosas así, estar pendientes, y ahora era similar, solo que no era como antes, y se alegraba de que le diesen atención a Ruby, o de que Ruby se robase la atención, mejor dicho.

Era contrastante ahí, en su casa, con su familia, y era sin duda algo que la dejaba tranquila.

"La contactaré mañana por lo de la entrevista."

Su padre fue el primero en acercarse, ofreciéndole la mano a Ruby, quien la tomó sin dudarlo, su agarre firme en respuesta.

"Gracias por ayudarme a solucionar este embrollo, señor Schnee. Estoy en deuda."

Estar en deuda con su padre, eso no sonaba bien, hasta hace unos días.

Como cambiaban las cosas.

Ruby se despidió, pero se vio acercándose, sin querer despedirse aún.

Un poco más.

Solo un poco.

"Te acompaño hasta tu auto."

Ruby solo le sonrió en respuesta, sin poder negarse.

Las puertas se cerraron tras ellas, y siguieron caminando a paso lento. El auto no estaba realmente lejos, pero quería disfrutar de la cercanía un poco más, un segundo más, un rato más a solas con Ruby.

"¿Te sientes mejor?"

Ruby le preguntó, su voz suave, cálida, y asintió en respuesta.

"Me habría arrepentido si no tomaba acción de inmediato, realmente gracias por haberme apoyado, necesitaba un empujón."

Los ojos de ambas chocaron, como tantas otras veces, sonriéndose con la mirada, hablándose sin decir palabra alguna. Era algo que disfrutaba, el que no necesitasen nada más para expresarse, solo mirarse, solo verse la una a la otra.

"Sabes que estaré aquí siempre que lo necesites."

Iba a abrir la boca, el pensamiento que tuvo antes volviendo, el futuro de ambas.

Pero no.

No era capaz de entrar en un tema así ahora, mucho menos sin haber solucionado el tema de los rumores, del video, de su ex. Ruby tendría una entrevista y ya debía tener suficiente peso en sus hombros para ponerle esas preguntas sobre el futuro, sus inseguridades y miedos. Y ella misma, sabía que si entraba en esos temas, volvería a llorar, y no quería hacer otra escena.

Además, el auto cada vez estaba más cerca, no tenía tanto tiempo para discutir algo similar.

Así que se limitó a algo tranquilo.

Pensando en su familia, en como Ruby se había metido ahí con una facilidad, con ese carisma innato. La adoraba, y si su familia llegaba a adorarla, entonces todo estaba mucho mejor de lo que imaginó que estaría.

"Realmente lograste conquistar a mi hermano."

Le dijo, sin poder evitar poner algo de celos en su voz, aunque ya habían quedado ahí las cosas claras, pero bromear un poco no estaba de más. Miró a Ruby, esperando que esta la molestase, pero notó una sonrisa incomoda en su rostro, mientras ponía la mano en su nuca.

No creyó que vería una mueca tan Ruby en su propio hogar, aunque solo se tratase del jardín delantero, y lo que era el estacionamiento de invitados.

Esta siempre estaba alerta, significaba que ahí, sin ningún ruido ni nadie alrededor, logró calmarse, y se sentía agradable el verla así, sin embargo, seguía siendo una mueca preocupante. Una mueca que no solía ver, solo en algunas ocasiones.

"Supongo que es un mal hábito."

La miró, cuestionándola, y esta la miró de vuelta, dándose cuenta de que se había atrapado a sí misma. Esta puso las manos en sus bolsillos, sus hombros gachos, derrotados de cierta forma, sin la posición erguida y forzada que solía utilizar cuando había miradas ajenas.

No entendía, pero la veía avergonzada.

"Cuando trabajaba en el Red Velvet, tenía aquella costumbre de memorizarme algo de los clientes, algo que les gustase, para poder usarlo y sobreexplotarlo, y así no estar en aprietos a la hora de comunicarme con ellas, algo así como una carta bajo la manga para no hacer incomoda la conversación. Sigo haciéndolo, sin darme cuenta."

Entendía el punto, a Ruby siempre le costó comunicarse con las personas, lo notó con ella, lo notó con otros, y debió hacer lo posible para poder sobrevivir en ese mundo, y sobre todo si su sueldo dependía de que tan bien se sintiesen los clientes.

Sin embargo, por primera vez notaba algo, algo en el rostro de Ruby, algo en su postura ¿Por qué Ruby se veía tan avergonzada al hablar del Red Velvet? No recordaba haberla visto hablar así de eso. Nunca en la vida. Ni siquiera en situaciones que quizás si debió sentir algo de vergüenza, donde era realista sentir vergüenza, común, algo normal de sentir.

Pero ¿Por qué ahora? ¿Por qué así?

Y no pudo quitárselo de la cabeza.

"¿Te avergüenzas de haber trabajado en el Red Velvet?"

Los plateados no la miraron, pero notó algo de sorpresa en ellos. Esta bajó el rostro, su mano volviendo a la nuca, una risa nerviosa escapándose de sus labios.

Si. Podía notarlo.

Era evidente.

Era Ruby, la conocía lo suficiente para darse cuenta.

"Supongo que ahora, viviendo aquí, viviendo de esta forma, me siento algo arrepentida de haber trabajado ahí. De haber sido, pues, ya sabes, lo que era, ser lo que era. A veces me dan ganas de que esa parte de mi vida pudiese desaparecer."

Se vio deteniendo el paso, obligando a que Ruby también se detuviese, obligándola a mirarla. Estaban prácticamente en la puerta del Red Velvet, este brillando como si fuese aun nuevo, y quería evitar que esta se fuese, que se alejase sin darle sentido a su actitud, a su repentina vergüenza.

No quería eso.

No quería que Ruby se avergonzara de su pasado, y si se avergonzaba del Red Velvet, probablemente también se avergonzaba de las otras cosas que tuvo que hacer para sobrevivir en lo más bajo de Atlas. Su vida fue difícil, nunca la juzgó, jamás, entendió desde el primer día que la conoció, que esta tuvo que hacer cosas para seguir adelante, que tuvo que arriesgar su vida y su cuerpo para seguir viviendo, para seguir comiendo, para seguir respirando, así como también sabía que, en ese entorno, en esa vida, el Red Velvet fue lo mejor que pudo encontrar.

Si sentía vergüenza de eso…

Tal vez estaba muy sensible con todo lo ocurrido, pero no podía quitárselo de su cabeza.

No le importó si alguien la veía, simplemente tomó una de las manos de Ruby en la suya, sujetándola, sin dejar de mirarla. Probablemente su rostro se veía molesto, pero lo estaba de cierta forma.

"No deberías sentir vergüenza de lo que hiciste, Ruby. No importa lo que piense la gente de eso, de lo que viviste, tuviste que hacerlo para sobrevivir y eso requiere mucho valor, y creeme que cualquiera que lo juzgue no sería capaz de pasar ni por el uno por ciento de lo que tu pasaste."

Los ojos de Ruby brillaban, era ese rostro de cachorro triste al que están regañando, y si, en parte lo estaba haciendo. No iba a permitir que Ruby sintiese vergüenza de sí misma, de su vida.

De lo que la transformó en la persona valiosa que tenía a su lado.

Esta parecía querer decir algo, y notó que iba a refutar, pero no la dejó.

"Si no hubiese tenido tantas inseguridades y si yo hubiese sabido lo que ahora sé sobre mi familia, creeme que no habría tenido ni el más mínimo problema de seguir teniendo una relación contigo como acompañante, de estar contigo y que todos lo supieran, no me importaría, porque jamás sentí que lo que hacías fuese algo malo, y tú me hiciste darme cuenta de que todas mis creencias eran erróneas. Y si no fuese porque trabajabas ahí, jamás te habría conocido, nuestros caminos nunca se hubiesen unido, por algo le tengo cariño a ese lugar."

Volvió a apretar la mano ajena, y esta la apretó de vuelta, su postura ahora más calma, atenta. Podía notar como poco a poco los labios se tornaban en una sonrisa, una sonrisa tranquila.

Podía sentir como Ruby quería acercarse, pero no podía hacerlo, había cierto límite para lo cariñosas que eran y por lo que llevaban de día ya habían mostrado demasiado. Pero pronto lo haría, pronto la abrazaría y la besaría en esa misma casa sin que le importase.

Pero para eso, había cosas que necesitaba discutir con Ruby, y ahí recién podría seguir adelante.

"No me sentiría avergonzada de tener una relación con una acompañante, ni tampoco siento vergüenza de que tu hubieses trabajado como una, y si la gente se entera, me daría igual, me importa una mierda la opinión de los demás, sobre todo la opinión de Atlas, así que mejor aún si se llevan las manos a la cabeza."

Ruby soltó una risa ante sus bufidos, y se alegró de escucharla reír.

Notó como los plateados se fueron hacia el auto, brillante, el vehículo que veía cada día y le recordaba quien era, quien había sido, y le recordaba lo que la ayudó a resurgir. Y notó cariño en esos ojos plateados, no como hace un momento, y se alegraba de que sus palabras hubiesen sido suficientes.

"Yo te amo a ti, amo en quien te convertiste, y todo lo que tuviste que vivir, todo lo que tuviste que hacer, es lo que te hizo ser quien eres ahora, y estoy orgullosa de ti, nunca lo olvides."

Llevó una mano al mentón de Ruby, obligándola a levantar el rostro.

"Así que hazme un favor y sigue caminando con la frente en alto, Ruby, no olvides quien eres, siéntete orgullosa de la persona en la que te convertiste, con tus altos y tus bajos. Prometo hacer exactamente lo mismo."

Ruby le dio una sonrisa, mientras mantenía esa posición. Su expresión más calma, sin el agobio que sentía hace unos minutos.

Viviendo en ese mundo, el cual juzgaba cualquier trabajo que considerasen tabú, debió hacerla vacilar. Pero lo notó cuando la vio, como era feliz, incluso recordó cuando la tuvo en sus brazos, esta llorando, rogando para permanecer ahí, para seguir siendo parte de esa familia que la acogió.

Y quería que esta estuviese orgullosa, como cuando se veía en ese momento.

No había trabajos menos o más dignos, esa era solo una estupidez más que ese rebaño se inventó para sentirse superiores al resto.

"Entonces, hagámoslo juntas. Estemos orgullosas."

Asintió.

No lo quería hacer de otra forma.

Su vida fue llena de altos y bajos, y tal vez su trauma, sus heridas del pasado, la hicieron ir por un camino erróneo, pero aun había tiempo, y ahora, en ese instante, se sentía orgullosa de ser quien era, de ser capaz de pensar de la forma en la que lo hacía, y sentía orgullo de ser capaz de pelear contra las cosas que le molestaban y hacerle frente al mundo, sin miedo.

Nunca más con miedo.


Capitulo siguiente: Entrevista.


N/A: ¿Acabamos de ver un lado negativo de Ruby? Si, señor. Quién sabe cuánto tiempo llevaba Ruby sintiéndose así, y si no se le escapan sus sentimientos, jamás nos habríamos dado cuenta de aquel secreto, y me incluso, sorpresa para mí también.

(Hasta mi mamá cree que no escribo mis historias por la forma en la que escribo mis notas de Autor, pero bueno, aquí soy solo una empleada de mi cabeza, yo solo muevo los dedos.)

En el siguiente veremos qué es lo que Jacques y Ruby planearon para calmar a las masas, y si, es raro decir Jacques y Ruby, son un team ahora.

Nos leemos pronto.