Partitura XIII
Volvió a soñarse a sí mismo saltando de un puente. No recordaba del todo, pero, sí sabía que había saltado detrás de alguien. Su interior se inundó de una imperiosa necesidad de sostener a una persona desconocida. Arrancarla de los brazos de la muerte.
No tenía idea de quién era, pero en su sueño, era una persona muy preciada. Si bien, su objetivo era salvarle, estaba seguro de que su "yo" del sueño, seguiría saltando cada vez, solo para estar con esa persona. Su cuerpo se sentía envuelto por la frialdad húmeda y tenía como única conexión con la vida, un calor leve entre sus brazos.
Abrió los ojos con parsimonia y se encontró recostado en su habitación. Su cuerpo aun percibía el contraste de calor y frío. En su mente, solo se encontraba la melodía y letra de "Koe" de Tsukiko Amano. Si había una canción que representara lo que en ese momento sentía, era esa.
Recordó la noche anterior, él mismo charlando con Liam en el bar. "Lo haría de nuevo" había sido una confesión que no controló. Y en ese momento de recién despertar, no lograba recordar del todo la respuesta que el rubio le había dado. Ni siquiera estaba seguro de si le había respondido. Incluso no tenía memoria de lo que había sucedido después. ¡Cómo deseaba recordarlo!
Sintió la vibración de su celular y escuchó un fragmento de una preciada canción que hacía mucho no oía. La había grabado algún tiempo atrás de aquella casa que solía espiar. Si lo pensaba, no había vuelto al lugar, gracias a su hipótesis sobre que, el músico podría ser Liam.
No.
Se mentía. No era solamente su hipótesis, más bien, era por su fascinación con Liam. No podía pensar en alguien más que compusiera y tocara así. Ya habían tocado juntos varias veces, conocía su sonido. Era casi una huella digital.
Revisó la pantalla, era su alarma. Hora de alistarse.
Aún si no estaba seguro de recordar todo lo de la noche anterior, si lo estaba de haber quedado de ir con él a un evento nocturno. Tomó su violín, se acicaló un poco y se dirigió a la academia
De camino, se detuvo en "la casa". No había sonido alguno saliendo de ella. Así había sido desde que Liam comenzó a dar clases en la academia. No podía ser una coincidencia. No podía ser solo su deseo de que lo fuera.
Pese a que desconocía la dirección del pianista, sabía que vivía por esa área y estaba seguro de que, a esa hora, Liam se encontraba ya en la academia. Así que, con resolución, comenzó a tocar. Incluso si era evidencia circunstancial, no podía haber respuesta de quien no estaba ahí
Acarició las cuerdas del violín con sus dedos y el arco, reproduciendo la amada melodía. Sus sentidos se enfocaron en eso y por un momento, se fundió completamente con la melodía. No esperaba una respuesta.
Sin embargo, llegó.
Su cuerpo se petrificó por breves momentos, pero aun como piedra, se las arregló para seguir tocando. Su sospechoso no debía estar en casa, entonces ¿la canción no era de Liam?
Continuó interpretando la melodía, mientras trataba de disipar la niebla de su mente. Era la canción, debía ser él, pero no compaginaban sus sonidos como lo imaginó varias veces. Se sentía decepcionado, traicionado incluso.
Al término de la composición, Sherlock esperó, más nadie salió. Suspiró cansina e irasciblemente, se frotó la nuca con fuerza y se fue a la academia con rabietas infantiles, como si fuese pateando una piedra invisible. Estaba de mal humor y se sintió observado
Ese que había tocado con él, no era Liam. Pero, tampoco era su pianista misterioso ¡no podía serlo! El sonido no era igual. El sonido que anhelaba era melancólico, nostálgico, una invitación, una pregunta, el inicio de una contraseña que esperaba respuesta.
En cambio, "eso" que tocó con él… no había huella del pianista. Sí, tenía una técnica impecable y sí, era la misma canción; pero el sonido era superficial, mezquino, totalmente desprovisto de vida. Podía pensar en muchos adjetivos más, pero no quería guardar en su memoria el haber compartido su violín con ese piano.
Y luego comprendió algo: no se sintió traicionado, se sintió como un traidor. No se supone que tocara esa melodía con nadie más que con aquel pianista anónimo. Sin embargo, lo hizo.
Faltó a clases ese día. No estaba con ánimo de asistir, en cambio, fue a la dirección de la academia, llenó algunas formas y pidió prestado un piano plegable.
Esperó en la azotea hasta que llegara la hora de reunirse con el hijo del sol y sus manos marfiladas como las teclas del piano que se unían a su él. Bajó hasta la puerta del aula en la que daba clases y tan pronto, el pianista puso un pie afuera, Sherlock le sujetó del antebrazo.
— ¡Hola, Liam!
— Sr. Holmes, creí que no había venido hoy.
— ¡Es Sherlock!
El rubio le sonrió.
— Quedamos en ir al evento de hoy ¿recuerdas?
— Oh, ¿era hoy?
La expresión de Sherlock se agrió en un curioso puchero que evocó compasión en Liam. El pianista liberó su antebrazo del agarre de Sherlock, deslizando su mano hasta atrapar la del moreno.
El moreno sintió su corazón latir fuerte ante el acto, seguido de ello, vio al rubio alzar su mano y observarla, como él mismo había hecho, muchas otras veces en el pasado.
— Las manos de un violinista — le liberó.
Eso era todo lo que el hijo de la luna necesitó. Es como si solo con eso, su malestar se hubiese despejado.
-o-o-o-o-o-o-o-o
Al cabo de media hora, se encontraban caminando por una vereda tan luminosa que irrumpía la noche. Habían ido juntos a un evento luminiscente, con enormes inflables y atracciones con variadas figuras que brillaban, dándole al lugar un aspecto de cuento de hadas.
Hombro con hombro, avanzaron con sus ojos extasiados por aquel lugar hasta que arribaron a un tablero de ajedrez enorme y luminoso, con piezas del tamaño de un niño pequeño.
Sherlock le lanzó una sonrisa ladina a Liam y extendió su mano para declarar su desafío.
— ¡Liam! ¡Si te derroto en una partida, me dejarás escuchar la canción que Lestrade quiere que toques en el recital! — dijo apuntándolo con el dedo.
Los ojos de Liam destellaron y su sonrisa se amplió gatunamente. El reto había sido aceptado.
A falta de cronometro y para aumentar la dificultad, desplegaron sus instrumentos musicales. Mientras uno pensaba y hacía su jugada, el otro tocaba una canción que evitara que su contrincante se concentrara.
Una apertura italiana contra una defensa húngara, chocaron en un tablero gigante y luminoso. Los comandantes de ambos ejércitos de jardín, se intercambiaban miradas cómplices y melodías antagónicas, un contraste que sus sentidos degustaron a completud.
Era como una danza que los seducía con ocasionales roces de mano cuando perdían piezas y sonrisas únicas que terminaron en un empate.
Rey contra rey.
Sherlock cruzó el tablero mientras tocaba en su violín la entrada de Koe. Se paró frente a su contrincante al tiempo en que cantaba la primera estrofa de la canción. Y mientras lo hacía, recordó finalmente lo sucedido en el bar: un ebrio derramó su bebida sobre ellos y comenzó a fastidiarlos, lo cual, derivó en que tuvieron que hacerse cargo del asunto, cerrando con ello, el paso a la respuesta.
Tatoeba umi no soko de / Si vivieras
Anata ga ikiteru no nara / En las profundidades del océano
Watashi wa nihon no ashi wo kitte/ Me cortaría los pies
Sakana ni narou / Y me volvería un pez
Fukami e ochiru hodo ni / Descendería hasta lo más profundo
Anata ga chikazuku no nara / Vagaría en la oscuridad
Hate nai yami wo samayou kage ni / Como una sombra
Nattemo ii / Solo para estar contigo.
— Lo haría de nuevo — repitió su confesión del día anterior, mientras continuaba tocando — ¿Responderás hoy, Liam?
Sintió su corazón estrujarse cuando vio al rubio dar media vuelta y cruzar el tablero alejándose. No paró de tocar. Pero entonces, lo vio ir a donde el piano plegable. El sonido del piano se unió y la aterciopelada voz de Liam, respondió con otra estrofa de la canción:
Tatoeba kono kotoba ga / Si tan solo pudiera
Anata ni todoku no naraba/ Transmitirte estas palabras
Watashi no seitai wo toriagete / Sacrificaría mi voz
Sutetemo ii / Con gusto
Azayaka na kizu wo nakushita ima wo/ Ahora que tu calor se ha robado mi todo
Nanimo kamo ubau anata no ondo wo / He perdido mis heridas
Motomete ita / Y ansiaba tanto esto
Motomete ita / Lo ansiaba tanto
Maboroshi demo / Aunque sea una ilusión
Sherlock dejó su violín y tomó el rostro del pianista entre sus manos, hasta deslizarse a su nuca. Algo en su cuerpo actuó por sí mismo, tal cual la noche en el bar. No pudo detenerse. Precipitó sus labios a unirse contra los del otro rey, dejando una leve presión sobre ellos.
Silencio. Las manos en el piano se detuvieron.
Liam estaba rígido. Tímido inicialmente. No obstante, su cuerpo se relajó a la brevedad y sus labios se movieron con sed. Se abrió una puerta que no esperó abrir.
