Partitura XV
Amalgamaron sus labios con docilidad. Los sonidos crearon una atmósfera que los llevó a un lugar lejano. Sus manos, dignas de músicos prodigiosos, se volvieron inquietas e indiscretas. Como si el cuerpo ajeno fuera un nuevo instrumento musical qué explorar.
El violinista paseó su mano desde la quijada hasta la nuca soleada, ávido de hacer contacto con piel. Por su parte, una de las manos del pianista, se había posicionado sobre la rodilla del hijo de la luna.
— Sherly… —susurró sobre sus labios.
— Me gusta cuando tú me llamas así — reafirmó.
Sus pupilas se adulteraron con el reflejo de la mirada ajena y lo supieron: continuaban en la academia. Seguir era inconveniente para Liam como profesor y por su situación familiar. Con desazón se separaron, buscando sus instrumentos, Liam con la mirada, Sherlock con sus manos.
Para el violinista, que no perdía vista del pianista, los labios enrojecidos por la fricción y humedecidos por la saliva del beso, agraciaban más el rostro solar. Sin embargo, detectaba algo. La mente de Liam mantenía un pensamiento que parecía distraerlo.
— ¿Qué te preocupa?
— No es nada. Gracias por el beso, Sherly — susurró.
Un cosquilleó afloró en el estómago del violinista, pero no se permitiría ser distraído por el encanto natural del sol frente a él. Quería convertirse en su apoyo. Brindarle a Liam algo de lo que su existencia le había convidado a él. No solo quería ser su igual, anhelaba retenerlo y vivir un eclipse eterno con él.
En ocasiones, la existencia del sol frente él, se presumía tan efímera que encendía en su cabeza señales de alarma. Por donde lo viera, Liam luchaba contra sí mismo. ¿Soledad o libertad? ¿Qué sería?
Tomó su violín y así, sentado como estaba junto a él, entonó "The World". Una melodía épica y solitaria, tan hipnotizante como el pianista. Liam escuchó con atención mientras su corazón empatizaba con el ritmo de la melodía hasta su inminente fin.
— No había escuchado esa canción ¿cuál es?
— ¿Quieres oír la original? ¿no te gustó mi interpretación? — bromeó.
— Es precisamente porque me gustó que quiero escucharla, Sherly — dijo con una sonrisa, dándole un beso rápido en los labios.
Sherlock había quedado tan perplejo, que, no tuvo oportunidad de responder. Un tiempo, que el pianista aprovechó para tocar una canción tan melancólica como brillante. Era la caricia de una brisa primaveral en el rostro del violinista, quien no tuvo más opción que escuchar la respuesta a su interpretación.
La dulzura del piano, generó un hechizo que le permitió moverse apenas terminó la interpretación, se puso de pie con el fin de ir a la sala de maestros sin que su camino fuese bloqueado.
Sherlock, quien continuaba encantado con los gestos tan francos del hijo del sol, sonrió inevitablemente y se apuró a alcanzarle.
— Hey, Liam, va…
Una nueva interrupción por parte de Lestrade llegó apenas salieron de la sala con piano.
— Joven Moriarty.
— ¡Otra vez tú, Lestrade! — señaló Sherlock con el ceño fruncido y chasqueando la lengua. Liam dio un suspiro para ocultar su risa.
— ¡Soy el director! ¡Dirígete a mí con respeto! — regañó el hombre.
— Sí, sí. ¿Qué necesita?
— Ahora no es contigo, Sherlock — dijo Lestrade haciendo un ademán con la mano, como corriendo a un animal — Shoo, Shoo.
Sherlock asomó un ceño fruncido y una sonrisa sarcástica. Más que el gesto, era el hecho de que volvía a interrumpir su estancia con Liam.
En cambio, el director Lestrade, ajeno a la tormenta mental de Sherlock, volteó con el pianista y con evidentemente mayor respeto, habló de nuevo.
— Joven Moriarty, necesitamos hablar del recital. Pasemos a mi oficina.
— Nos veremos después, Sherlock — se permitió llamarlo por su nombre frente al director.
Sherlock suspiró al verlo irse. Esa melodía que había escuchado recién, le parecía familiar.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
El resto de la tarde, entre sus tiempos libres y luego de sus clases, Sherlock se aseguró de encontrar aquella canción que Liam había tocado. El título era: "Fake Wings". Le sorprendía cómo todo lo que Liam tocaba para él, le producía un encantamiento del que se prendaba sin remedio.
Cuando la encontró, la enlistó junto a The World. Estaba preparado. Aguardó la hora de la salida para reunirse con él.
— Vamos — pidió extendiéndole una mano, mientras en la otra llevaba su violón.
— ¿A dónde?
— Vamos — repitió sin mayor explicación.
Liam se limitó a sonreír y seguirlo. Confiaba en él y por sobre todo, añoraba pasar tiempo juntos.
Sherlock sabía que no podía robar mucho del tiempo de Liam. Aunque el rubio no lo mencionara, entendía que, por su situación, podría ocasionarle problemas en casa si lo retenía demasiado.
Lo llevó al parque al que usualmente iban. Aunque desconocía la dirección de Liam, sabía que vivía en los alrededores de ese parque, lo cual, aseguraba que pudiera marcharse rápido si lo necesitaba.
Al llegar, descansó el estuche de su violín en una banca e hizo a Liam tomar asiento, sacó su celular y colocó un adaptador para poder conectar dos pares de audífonos. Un par se encargó de colocarlos en los oídos de Liam, un gesto que le permitió rozar la piel marfilada con tentación. El otro, lo usó él mismo, de forma en que ambos estuvieran conectados, escuchando The World.
Mientras los coros y el violín hicieron su debut en el intro, Sherlock sacó una cajetilla con cigarros y le ofreció uno a Liam, quién en un movimiento calmo y elegante, aceptó. El hijo de la luna ofreció fuego al hijo del sol y ambos acercaron sus rostros para encender sus cilindros en la misma llama.
El humo y la música, encajaron a la perfección deleitándolos en un momento espontáneo e íntimo. Sin embargo, la melodía misma anunciaba lo que había inquietado a Liam desde la mañana. Fue hasta que la letra hizo aparición, que Liam buscó la mirada zafiro.
You are here alone again / Estás aquí, solo otra vez.
In your sweet insanity / En tu dulce locura.
All too calm, you hide yourself from reality / Tan calmado, que te escondes de la realidad.
Do you call it solitude? Do you call it liberty? / ¿Lo llamas soledad? ¿Lo llamas libertad?
When all the world turns away to leave you lonely. / Cuando todo el mundo se aleja para dejarte solo.
The fields are filled with desires / Los campos llenos de deseos.
All voices crying for freedom / Todas las voces claman por libertad.
But all in vain they will fade away / Pero es en vano, se desvanecen.
There's only you to answer you, forever / Solo estás tú para responderte, por siempre.
Sus miradas se conectaron de tal manera, que Sherlock logró percibir un algo oculto tras el escarlata. Sujetó la mano de Liam de manera que terceros no pudieran verlo, y confesó:
— Escuché la canción que tocaste.
Sherlock probó a Liam. Por supuesto, podría el rubio pensar que se refería a Fake Wings, la canción que tocó por la tarde, pero también, podría pensar en que había oído la canción que desde hace tiempo se negaba a compartirle y que él se empeñaba en querer escuchar.
No importaba el haber tocado con un farsante, aun anhelaba que fuera Liam el autor de su preciada melodía. Y se apegaría a esa hipótesis hasta que comprobara lo contrario.
— ¿Lo hiciste? — dijo el hijo del sol con cautela.
Sherlock sonrió. Como siempre, el pianista se mostraba hermético respecto a ese tema, pero, también, le daba la impresión de que algo comenzaba a ceder en su interior. Fake Wings le dio esa pista.
Escucharon un carraspeó y ambos giraron su mirada al origen del sonido.
— Lamento interrumpir, "hermanito"— dijo sarcásticamente.
— Hola, William — saludó seco.
— ¿Hoy también te saltarás la práctica para venir a fumar con tu "amigo" drogadicto?
— ¡Oye! — se quejó Sherlock frunciendo el ceño.
— Este es mi hermano, William— volteó con Sherlock, y después con el recién llegado — William, este es el señor Sherlock Holmes, uno de los alumnos de la academia.
La expresión de William se descompuso por el impacto. Sus parpados se habían escindido en demasía y las comisuras de sus labios se desplomaron formando un arco rasgado por el cual se lograban ver sus dientes.
— ¿Holmes? ¿E-eres algo del rector Mycroft Holmes?
— Su hermano menor — respondió Sherlock arqueando una ceja.
El tono indiferente de su voz, contrastó con la mirada que escaneó de abajo hacia arriba al recién llegado. William estaba visiblemente molesto e impactado, como si no supiera qué hacer ante la información que acababa de recibir. Dándole a Sherlock una exposición total de sus objetivos.
Sherlock exhaló el humo de su cigarrillo hacia arriba y echó sus brazos hacia atrás para recargar uno en el hombro de Liam y el otro en el respaldo de la banca, cruzó sus piernas formando un cuatro.
Liam observó la actitud fanfarrona de Sherlock y le costó ocultar su sonrisa. Estaba consciente de lo descarado que podía ser William, pero también, sabía lo beligerante y cínico que podía ser violinista.
— ¿Qué tocas? — preguntó William, como si ordenara la respuesta.
— El estuche lo dice todo ¿no? — dijo el moreno con desagrado, mostrando el estuche del violín. Fingiendo desconocer la situación para no perjudicar a Liam, se atrevió a comentar — Lo inteligente no es de familia, ¿verdad?
En su estómago sintió un calor que se expandió por todo su cuerpo, encendiendo sus mejillas y sus pupilas, como una llamarada quemara su interior. Su mente se había inhibido, era incapaz de darle una respuesta al hermano del rector.
— Es una broma — se retractó Sherlock — Veo que tocas el piano también.
— ¿Te lo dijo mi hermano?
— No. En realidad fue fácil saberlo. Puedo darme cuenta por la forma de tus dedos, y por el hecho de que conozcas el nombre y puesto de mi hermano.
La sonrisa presuntuosa de Sherlock tuvo dos reacciones opuestas en los Moriarty. Por parte de Liam obtuvo sosiego, por parte de William, miedo.
Ambas canciones son autoría de Yuki Kajiura.
