Partitura XVII
Salió de bañar y llegó a su habitación. Ahí notó la pequeña luz titilando desde su teléfono, indicándole que tenía un mensaje nuevo. El nombre del contacto hizo que su corazón latiera muy fuerte como si hubiera sido atrapado cometiendo un crimen. En su expresión facial, no podía leerse la sorpresa que en su interior se esparcía por su cuerpo a modo de cosquilleo.
Abrió el mensaje con curiosidad, ¿qué querría el violinista, de él, a esa hora? Sus ojos se toparon con un delicioso mensaje que resultó ser una liga a una canción, justo en el segundo cuarenta y ocho. Un aleteo en sus entrañas casi echaba a perder su ducha fría cuando escuchó la letra marcada:
"I get I get I get the feeling /Entiendo, entiendo, entiendo el sentimiento.
I get I get I get the dreaming /Entiendo, entiendo, entiendo el sueño"
El título de la canción era por sí mismo una invitación: "Come" de Namie Amuro. Una petición franca y sensual: "Ven".
Una sonrisa emergió desde las profundidades de su alma.
— Me has derrotado, Sherly — murmuró al tiempo que escribía una respuesta.
Con sumo cuidado de no hacer ruido, se vistió, tomó las llaves, su billetera y salió a su encuentro.
Iba un poco nervioso. Es decir, no había forma de que hubiera mal interpretado el mensaje. Bajo esas circunstancias, sería más improbable malinterpretar que acertar.
No obstante, dudó si debía tomar en cuenta la parte que hablaba sobre entender el sueño, es decir, estaba incluida en el coro de la canción, pero, considerarlo como parte del mensaje, sería aceptar dos cosas: la primera, que Sherlock sugería haber tenido sueños con él, quizá de la misma naturaleza y la segunda, que Sherlock sabía de los suyos. Pensar en ambos puntos le evocaba una ansiedad que nunca antes había sentido.
Del otro lado, el violinista lo esperaba igualmente ansioso, pero con una sonrisa en el rostro que no podía esconder. La respuesta enviada por Liam, había sido breve. Menos disimulada que su comportamiento en la academia. Pero aun envuelta en un dulce misterio, fácil de resolver "Interstella 5555 11:50".
Era una vieja película animada del grupo Daft Punk que recreaba visualmente el album Discovery. El nombre del disco, era también una respuesta. Liam admitía haber sido descubierto y estar descubriendo algo. Pero más importante, el minuto 11:50 tocaba Digital Love. Específicamente una frase:
"We'll make this dream come true / Haremos este sueño realidad."
— Fanfarroneas mejor que yo.
Llevó sus dedos de vuelta a las cuerdas del violín y emuló lo mejor que pudo en su violín, aquella melodía escrita para flauta por James Horner, a modo de llamado. Se sintió como el flautista de Hamelin, llamando a alguien en medio de la noche a seguirlo en una aventura nocturna. Pero él no era flautista y no estaba hechizando a nadie, era solo una guía para encontrarse con su persona más preciada.
La música se escuchó por todo el parque, logrando con ello, funcionar como guía para orientar al pianista en su búsqueda. Y supo que lo había hecho, cuando percibió la suavidad del sol cubrir sus ojos con el calor de sus manos. Podía distinguirlas con facilidad, las había explorado con anterioridad.
Por un momento, no se decidió a calificar si había pasado mucho o poco tiempo entre la respuesta y la llegada de Liam, pero al final, optó por una tercera opción: carecía de significado saberlo. Liam estaba ahí con él. Eso era lo más importante.
Interrumpió la canción, bajó el violín y sujetó las manos del hijo del sol, entre las suyas para llevarlas a sus labios y depositar un beso en cada una.
— Gracias por venir, Liam.
Los ojos de ambos pudieron encontrarse y desplegaron sus armas a modo de sonrisas. Sherlock se sintió extasiado con la vista frente a él. El rubio se presentó con ropa más casual de la que solía usar en la academia. Llevaba una camiseta holgada, encima, una camisa abierta y un chaquetín con capucha, eso alcanzaba a ver desde donde estaba, sentado en la banca. "Demasiadas capas de ropa que quitar" reflexionó el moreno, escaneándolo con la mirada.
— ¿En qué piensas, Sherly? — preguntó el pianista, atrapándolo infraganti.
Pero Sherlock lo sabía, esa tranquilidad era fingida, lo percibía en las manos marfiladas que, comenzaban a ponerse inusualmente frías. El hijo de la luna jaló un poco al hijo del sol para que se agachara a besarlo, así como estaba, aun detrás de la banca.
El muchacho de hebras doradas, cumplió el deseo del violinista, robando sus labios y paseando una ellas por el cuello del violinista, quien se animó a intentar acariciar el cabello ajeno, deslizando su mano desde la quijada del pianista hasta su nuca, donde percibió la humedad en los hilos de oro.
Su cerebro se puso a sobremarcha. Esa ducha nocturna podía significar muchas cosas.
Quiso profundizar el beso, en cambio, sintió los labios de miel alejarse. Y él, como el adicto que era, quiso retenerlo. Pero no había notado, que hábilmente, las manos tersas del pianista habían retirado las suyas, imposibilitando el mantenerlo consigo.
— Vamos, Sherly.
Sherlock se puso de pie, no hizo preguntas, solo se dejó guiar por aquel muchacho frente a él. La mirada escarlata lo invitaba.
Entre cálidas caricias de manos y acaramelados besos, llegaron a un hotel. En la entrada permanecieron un par de segundos, cada uno distraído con diferentes cosas, uno miraba hacia la puerta, el otro hacia el camino del cual habían llegado.
Observando el edificio, era amplio, no de cinco estrellas, pero tampoco un lugar de mala muerte. Un lugar sobrio, pero, que definitivamente cumpliría sus funciones.
El anfitrión, era un hombre mayor quien, sin hacer preguntas, deslizó sobre la barra, la cuenta, una caja de preservativos y una botella de lubricante. Sin intercambio verbal, ni darle oportunidad al moreno de moverse, el rubio sacó su billetera y pagó por todo. El hombre canoso, tomó una llave y se las entregó. Una transacción llena de silencio y complicidad.
Sherlock fue quien tomó la llave y caminó en dirección a la habitación que coincidía en número.
Los pasos de ambos eran constantes, rítmicos. Sin embargo, pese a ello, sus movimientos se percibían un tanto mecánicos, marcando el nerviosismo que los invadía.
Sherlock abrió, sin embargo, fue Liam el primero en entrar y tomar su mano para apurarlo. Cerraron la puerta de un leve empujón con el pie y produjeron un eclipse con sus labios. La mano del pianista simuló una medialuna que presionó y acarició la entrepierna del de ojos zafiro, acción que expandió un hormigueo por todo el cuerpo lunar.
La premura de Liam le pareció inusual y deliciosa al moreno, casi como en ese sueño que lo había llevado a estar ahí en ese momento. Pero, esta vez fue él quien mermó el contacto.
— Sé bueno y espérame ahí— susurró sobre sus labios, señalando la cama.
Los pechos de ambos inhalaban y exhalaban aire caóticamente. Cada vez más conscientes de sus cuerpos.
Liam sintió su rostro enrojecer ¿se estaría apurando demasiado? ¿habría malinterpretado algo? No. Por más que repasaba todo en su mente, estaban ahí porque ambos deseaban eso. Aun su mente le atormentaba con esa vergonzosa reprimenda que no quería admitir y que, sin embargo, pensaba: "Aun siendo tan inteligente, su cuerpo no dejaba de ser un conjunto de carne con terminales nerviosas". Siempre cuestionaba el por qué la gente hacía estupideces, como lastimar a otros, con tal de obtener los pocos segundos que dura el éxtasis del orgasmo, permitiendo que la carne dominara sobre la mente. Pero, él mismo estaba ahí, deseando experimentarlo, deseando vivir un eclipse total con el hijo de la luna.
Tuvo un estremecimiento cuando percibió algunas gotas de agua fría, que caían de la cabellera libre de Sherlock, asaltar su mejilla y la cálida humedad de su boca, prendarse de su cuello. Mientras, desde atrás, las manos cálidas comenzaban a deslizar su chaquetín de sus hombros hasta arrebatárselo completamente.
— ¿Sherly?
Las manos experimentadas con las cuerdas, e inexpertas con la carne, continuaron colándose entre sus capas de ropa, arriba y abajo, hasta ayudarlo a despojarse completamente de las barreras de la tela. La espalda del hijo del sol, sintió la piel del pecho del hijo de la luna pegársele.
Eso detonó algo, fue como una explosión en su interior cuando su piel colisionó con la ajena. Se giró y se encontró totalmente desnudo frente al violinista que estaba en las mismas condiciones que él. Ambos, hincados en el colchón, pasearon las miradas por el cuerpo ajeno.
El zafiro y el rubí, pasearon por los pezones rosados, el abdomen trabajado y el miembro a medio despertar, coronado con hebras de noche y hebras de sol.
A gatas, se acomodaron y recostaron sobre el colchón, intercambiaron un par de besos y conectaron sus miradas. Ambos pares de pupilas se dilataron.
Sherlock notó timidez en Liam, como si hubiera dado un par de pasos hacia atrás en contraste con su premura inicial. Había disposición, pero también duda.
Sherlock colocó su mano en el pecho de marfil. De nuevo, detonó al pianista, quien, enredó su pierna en una de las del moreno. Envolvió el cuello ajeno para atraerlo hacia sí, quería saborearlo, sentirlo.
El moreno exploró a su vez el cuerpo delgado del rubio, enmarcó su cintura con las manos, que deslizó por su cadera hasta llegar a los muslos que se dio gozo de acariciar y separar.
Liam alzó su barbilla, pidiendo los labios de Sherlock sobre los suyos y estiró su mano para ayudar a sus miembros a tocarse y rosarse. Un estremecimiento removió a Sherlock, ahogando un gemido.
Adictos a la sensación que les producía masturbarse juntos, se besaron y juntaron sus caderas lo más posible, tratando de evocar una y otra vez los deliciosos cosquilleos y las llamaradas internas que nublaban sus mentes lo suficiente para poder incinerar sus dudas y miedos.
La inexperiencia los llevó a terminar pronto, exhalando densamente.
— Rayos — murmuró Sherlock.
Liam solo le dirigió una mirada curiosa, tratando de leer lo que estaba mal.
— ¿Por cuánto tiempo pediste la habitación?
El hijo del sol entendió el mensaje, se acomodó un poco mejor y depositó otro beso en los labios de su pareja. Recargó su cabeza entre el hombro y pecho del moreno y deslizó la mano por el pecho y abdomen de Sherlock, de arriba abajo, con suavidad.
— Tenemos tiempo. Imaginé que lo necesitaríamos.
Permanecieron unos minutos abrazados, disfrutando el calor y la mutua compañía. Liam aun acariciaba el abdomen de Sherlock, ocasionalmente intercambiaban besos y Sherlock disfrutaba de acariciar la espalda y cadera ajena.
Ninguno hablaba.
No tenían ganas de hablar, pese a que cuando estaban juntos, adoraban hacerlo. Pero en ese momento, ese silencio, era la conversación por sí misma. Una conversación llena de palabras dulces que oían a través de sus pieles. Era casi como un tipo de sinestesia, en la que sus sentidos percibían de formas variadas las sensaciones.
Sherlock se perdió por un momento en sus pensamientos y no percibió cuando Liam se levantó. Estaba tan relajado, casi drogado. Cayó en cuenta que no lo tenía a su lado cuando sintió frío y escuchó la ducha abrirse.
Cuando lo vio volver, lucía con la piel enrojecida, probablemente por la ducha tibia que había tomado. Liam se posicionó de nuevo a su lado, como diciéndole "estoy listo para continuar". Los colores subieron un poco al rostro de Sherlock.
Se incorporó un poco y reptó sus manos para hacerlas llegar hasta aquellos montículos de carne que ocasionalmente robaban su atención en la academia y mientras caminaban a cualquier lugar. Coló su mano entre ellos y acarició el ojal rosado, evocando que el rubio conectara sus ojos de la conmoción por el contacto, nunca lo habían tocado ahí.
— Liam — aunque dijo su nombre, sonaba más a que le pedía permiso.
— Sherly… — un nombre afirmativo.
Deseo.
El hijo del sol asintió. Su expresión dubitativa no era por desconfianza, era por desconocimiento de la situación. Incluso si había leído al respecto, estaba notando que la teoría, era muy distinta de la sensación que le traía la práctica.
Sherlock abrió el frasco con lubricante y alcanzó a leer de él que decía "con anestesia", arqueó una ceja mientras sonreía de lado. Luego, se echó un poco del contenido en los dedos, explorando el tacto entre el dedo índice y el dedo medio, contra su pulgar. Se sentía resbaloso.
"Obviamente" — pensó. Además, sintió un raro cosquilleo en sus dedos.
Liam respiró profundamente.
Sherlock internó un dedo explorador en su carne. Y notó, que la zona estaba muy bien aseada, incluso ya un poco dilatada. La calidez, asumió, era normal, pero sí le hizo pensar que la repentina desaparición de Liam, no había sido para mera preparación mental.
Liam frunció una de sus cejas y apretó los labios al sentir al explorador intruso, era una sensación extraña que nunca antes había tenido. Dolía, pero no tanto como había supuesto, probablemente el lubricante ahogaba algo del dolor que debía sentir.
Shelock ocasionalmente colocaba un poco más de lubricante y hacía movimientos circulares para ir dilatando la zona. Su mirada había cambiado, parecía una combinación de su curiosidad científica y su excitación tomando posesión de su cuerpo.
— ¿Cómo te sientes? — preguntó el moreno, aun explorando.
— No se siente mal, pero tampoco se siente bien… Solo es…extraño.
Sherlock siguió palpando con cuidado y aumentando el número de exploradores. Su mirada paseó por el cuerpo de su pareja una vez más y un vívido recuerdo de su previa sesión volvió a despertarlo un poco, fue entonces que sintió un sobresalto y escuchó un jadeo.
— Ahí—
Sherlock detuvo su exploración, para intentar regresarla al punto anterior.
— Se sintió muy… — otro jadeo — No…yo…
El cuerpo rubio empezó a temblar.
— ¿Es ahí?
El cuerpo aun temblaba.
— Se siente muy…
Sherlock se acercó un poco para besarlo y con la mirada pidió permiso. El silencioso "sí" lo llevó a abrir el preservativo y colocárselo con cuidado, también se sentía resbaloso.
Abriéndose paso en el interior del hijo del sol, con sumo cuidado trató de evocar el punto anterior. Pero la sensación de ser abrasado por esa calidez fue una sobrecarga también para sus terminales nerviosas. Ambos estaban muy excitados.
Sherlock ocasionalmente dejaba salir algunos quejidos, en cambio Liam, trataba de mantenerse en silencio. No obstante, le era imposible hacerlo todo el tiempo. Aun con la torpe inexperiencia de ambos, de manera ocasional, Sherlock lograba tocar ese punto.
El cuerpo de Liam fue el que cedió primero, temblando y ciñéndose más. Una explosión de sensaciones que se expandió de nuevo.
Una supernova.
Liam quedó nublado, mientras sentía su cuerpo aun mecerse gracias al violinista que aún estaba saciándose de él.
Una segunda explosión estelar llegó un poco más tarde.
Y ambos volvieron a ese punto de gravedad, como si un agujero negro los devorara. Sentían el cuerpo pesado, sumamente agotados. Si el mundo terminara en ese momento, les daría igual, estaban juntos.
Lamento la tardanza, pero estaba ocupada preparando otra sorpresa para el fandom. Probablemente lo descubrirán pronto
