Partitura XIX.
Llegó a la academia un poco más tarde de lo usual, pero aún temprano para la llegada de los alumnos. Supuso que el trabajo diario le ayudaría. Después de la sesión nocturna con Sherlock y la contienda de la mañana con William, su mente era un nudo. Necesitaba algo de rutina para centrarse.
Dejó algunas cosas en su oficina y se dirigió a uno de los auditorios, ahí se encontraría con Bill para la práctica, habían quedado temprano. El recital sería pronto, así que debían ensayar todo lo que fuera posible y eso significaba llegar antes de su jornada e irse después de la misma. Obviamente, eso se traducía en la desazón de no poder pasar tanto tiempo como quisiera con Sherlock en las siguientes semanas. Si quería forzarse a ser positivo, pensaba en como eso ayudaría a despistar a William sobre su relación, más no le consolaba.
El ensayo le estaba cansando, no porque Bill no fuera talentoso. En realidad, era extremadamente talentoso. Había sido bueno descubrirlo y becarlo después de todo. Pero el motivo de su cansancio era, porque en ese momento, su mente estaba en otro lugar y en otro momento. Seguía una parte de él en ese eclipse que vivió en la madrugada.
Tan así, que temía que ese recuerdo se tradujera en erotismo dentro de su interpretación musical. De pronto, observó algo en su compañero:
— Debes quitarte ese hábito que tienes con las manos. Tu mano izquierda debe moverse para tocar esa nota, no la derecha.
— Lo siento.
— No te preocupes. Me habías dicho que aprendiste de manera autodidacta ¿cierto? Es normal acoger algunos hábitos inconvenientes cuando es así. Yo también tuve el mismo problema.
— Gracias — dijo Bill de la nada, llamando la atención del joven profesor.
— ¿Por qué?
— Por darme la oportunidad de tocar con usted.
— Ni lo menciones, me alegra poder tocar junto a un músico de tu calibre.
Mencionó mientras anhelaba el sonido lunar sincronizándose con el suyo. La música era especial solo cuando tocaba con Sherlock, cuando no lo hacía, daba la sensación de ser una cadena hermosa e invisible que lo ataba a un sitio donde no quería estar, y al mismo tiempo lo mantenía lo suficientemente cohesionado para no desvanecerse.
-o-o-o-o-o-o
Por su parte, Sherlock arribó a su lugar de destino con puntualidad. Algo que se había convertido en su nueva normalidad desde que estrechó su relación con Liam. Estaba ansioso por verlo y también, necesitaba hablar con John.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando escuchó un sonido, era Liam. Podía saberlo incluso sin verlo. Lo anhelaba.
Un cosquilleo en su estómago y una sonrisa se abrió paso en sus labios. A su mente vinieron un par de palabras:
"Te amo"
Quedó anonadado.
Es decir, sabía que sentía algo por él, era obvio, llevaba cortejándolo semanas y con lo sucedido esa madrugada, era imposible decir lo contrario. No obstante, nunca había puesto en palabras sus emociones, solo en sonidos. Eran otros quienes insistían en darle nombres que ellos mismos nunca habían dicho.
Sonrió de nuevo. Así que esa sensación era el amor. Era…extraño. Pero estaba satisfecho con el resultado. Después de todo, se había tardado un buen tiempo en poder asimilarlo como tal. Pero ahora que entendía que eso iba más allá de solo "gustar" y que esa "conexión" era algo más grande, no se detendría.
Quería verlo. Lo anhelaba. Desde esa mañana que su corazón no encontraba tregua. La inigualable melodía del sol lo llamaba justo en ese momento. No obstante, todo se oscureció cuando otro sonido se unió al de Liam y su corazón se estrujó dolorosamente. Su sangre se fue hasta sus pies, haciéndolo palidecer.
Ese sonido era de…¿Bill? Recordó todo y estrelló su palma contra su frente. Gracias a su tozudez, ¡era otro quien compartía sonidos con Liam!
Golpeó la pared con el puño, seguidamente la agitó por el dolor. Se alegraba que nadie lo hubiera visto. Liam sin duda lo reprendería. Es decir, era violinista, no podía arriesgar así sus manos. Comenzó a abrir y cerrar la mano, tratando de asegurar que mantenía su funcionalidad.
Luego, se reprendió mentalmente, es decir, era estúpido ponerse celoso porque Liam tocaba con alguien que no era él. Eran músicos, eventualmente tocarían con otras personas. Sabía que no debía hacerlo, pero no podía evitar la fase creciente de su ira.
Le hizo recordar su propio traspié días atrás, en el que había compartido la canción secreta, con alguien que no era su pianista misterioso. Él seguía apostando por el sonido y la habilidad de Liam, pero mientras no pudiera comprobarlo, seguía siendo un supuesto.
— Al menos no es esa canción — pensó en voz alta, visiblemente infeliz.
Debía pensar en qué hacer. Se sintió avergonzado y exhaló profundamente antes de llevarse un cigarrillo a la boca. Cuando terminó de encenderlo, sintió que le fue arrebatado.
— ¡Oye!
— ¿Mmh? — Lestrade arqueó la ceja con autoridad.
— ¡Lestrade! — por reflejo dijo el nombre con una mirada agria.
— ¡Director Lestrade, Holmes! ¡Háblame con respeto! ¡Sabes que está prohibido fumar aquí adentro!
Sherlock se limitó a chasquear la lengua. El ceño fruncido y el leve sonrojo anunciaban que había algo más detrás. Pero lo que llamó en realidad la atención del director, fue lo dócil que parecía comportarse.
— ¿Te sucede algo, Holmes?
— Si yo… — se paró en seco — No nada, nos vemos — dijo avanzando.
— Está raro — murmuró el director para sí mismo.
No obstante, no apartó su mirada del violinista quien se dirigía como "no queriendo" al salón donde practicaba Liam.
— No tan rápido Holmes — dijo sujetándole de la parte de atrás del cuello de su camisa, como si sostuviera a un gato— Tienes prohibido acercarte al profesor Moriarty.
— ¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!
— Porque lo distraes.
— ¡¿Qué?!
— Recibí quejas de los estudiantes de sus clases, dijeron que hacías sonidos molestos con tu violín.
Sherlock se recordó haciendo sonidos del relinchar de un burro cuando se equivocaban y el sonido de una mosca zumbando. No era una mentira… tenía ganas de golpear a su yo del pasado.
— No creerá que…
— Sí, sí lo creo, Holmes. Tú hermano me advirtió que este recital debía salir realmente bien si quiero conservar mi empleo— dijo señalándolo con su índice— Es la oportunidad de algunos chicos de despegar su carrera musical y no voy a permitir que estés pululando a su alrededor ¿entiendes?
— ¡Tch! — chasqueó la lengua — Bien, lo veré en su descanso.
— Estará ocupado con Bill.
— ¿Después de clases?
— Ensayando.
— Bien. Lo veré en su casa a media noche. Tengo algo que decirle.
— ¡Holmes…!
La mirada dura de Lestrade fue el indicativo para no presionar más el botón y solo despistarlo lo suficiente para reunirse con el sol en el ocaso. Si ese día no sería el día para verlo, ya se las arreglaría. Nadie le decía a Sherlock Holmes qué hacer. Se retiró con un par de pisotones a un salón contiguo que estaba justo del otro lado del que estaba Liam.
Al llegar, sacó su instrumento de su estuche, sabía que la acústica de esos dos salones se mezclaba. Preparó su violín, practicó a destiempo algunas notas de una canción que apenas recordaba, pero quería tocarla apropiadamente, así que sacó su teléfono y buscó la partitura.
— Clave de sol, primero compás de 4/4 y luego cambia a 2/4. Do do do do do mi la la la… Lo tengo.
Colocó su celular de manera en que no se cayera y pudiera seguir viendo la partitura y comenzó a tocar "Te amo" de Franco de Vita.
El sonido agridulce del violín producía una confesión tan chismosa, que cualquiera que la escuchara sabría que estaba gritando a los cuatro vientos su amor. Aunque pocos podrían deducir al destinatario.
— ¿Es Holmes?
Lestrade alcanzó a escucharlo también en la distancia.
— ¿Adolescencia de acción retardada? — rio— Ya veo, está enamorado y quería pedirle al joven Moriarty ayuda para tocarle algo a la persona que le gusta. Qué inesperado lado suyo.
El hombre se fue riendo entre dientes, sintiendo un poco de arrepentimiento de no permitirle ver al joven profesor.
— Es para mejor, Holmes. No es bueno que lleves a un músico que compita contigo en habilidad, podría robarte a tu chica.
Lestrade rio de nuevo. Sabía que, Sherlock, siendo joven, tendría más oportunidades para declarársele a la afortunada. Caminó con tranquilidad. Esperaba que el amor cambiara para bien al brioso muchacho. Quizá así haría menos travesuras.
— Quizá deba averiguar quién es la chica para darle un empujón.
Del otro lado, mientras Liam tocaba con Bill, el sonido de Sherlock se coló entre los silencios de su música. Tardó apenas unos segundos para reconocer la melodía y su corazón latió muy fuerte. Sin quererlo, su dedo tropezó en una errata casi imperceptible. Pero que había sido obvia para Bill que estaba a su lado y para Sherlock que estaba en la otra habitación. Eran músicos de un alto calibre, era inevitable que lo notaran.
Liam se sintió azorado, pero lo disimuló bien. En cambio, Sherlock, sin dejar de tocar; rio un poco por su reacción. Con eso, sabía que Liam había reconocido su sonido y, por lo tanto, había recibido el mensaje. Ambos estaban conscientes que no podía contestar en ese momento así que Sherlock continuó la canción hasta finalizar.
Al final del ultimo acorde, cuando su música cesó, se encontró con el sonido de unos aplausos cerca de la puerta, y ahí, su amigo Billy sosteniendo una manzana en su boca, mientras seguía aplaudiendo. Luego, tomó la manzana y con la boca medio llena le felicitó.
— ¡Gran interpretación! Estoy seguro de que a William le gustará.
— ¡Billy! ¿A qué hora te metiste?
— Después del 3er acorde — terminó de deglutir el bocado.
— Es decir, desde el inicio.
— Sí, bueno— le dio otro mordisco a la fruta— Te vi cuando te escapabas de Lestrade. ¿Quieres manzana? — le extendió la fruta.
Sherlock vio la fruta mordida y se contuvo de hacer una mueca.
— No gracias. — exhaló y se talló la nuca.
Si había dos personas en el mundo con quienes podía hablar de lo especial que era Liam para él, eran Billy y John. No obstante, no esperaba en ese momento tenerlo de espectador.
— Al juzgar por el sonido del otro lado, creo que lo sorprendiste.
— Espero que de buena manera.
— Estoy seguro que sí. Escucha cómo toca.
Del otro lado, el pianista logró llevar su propia pieza hasta el final, como era de esperarse de él. Sin embargo, el sonido había sido como una maraña de notas que dejaba al descubierto su turbación y anhelo. La sensación de la piel de Sherlock contra la suya la percibió por el resto de su interpretación y la canción del otro lado del muro solo lo había vuelto la sensación más vívida.
Lujuria.
Sonrió con disimulo. Esta ronda la había ganado Sherlock. Debía darle crédito.
Terminando la canción, se disculpó un momento con Bill y se dirigió a los sanitarios. Necesitaba un momento a solas. Caminó con el mismo porte elegante de siempre hasta arribar a los sanitarios de maestros. Antes de entrar se sintió observado, así que tan pronto ingresó, se encerró en uno de los escasos cubículos para después permitirse apretar los ojos y sentir su rostro ardiendo.
— Liam…— escuchó al otro lado de la puerta poco después.
Su corazón iba tan rápido que casi era un zumbido en su interior que reverberaba por sus huesos y hacía temblar su cuerpo. La voz de Sherlock era como un catalizador ahora. Todo lo sucedido esa madrugada le abrasaba la piel. Se maldijo. Él pensaba en mantenerse lo más neutral posible, pero Sherlock se lo había puesto considerablemente difícil.
— Joven Holmes. Este es el sanitario de profesores. Si tiene asuntos conmigo, su profesor, ¿podría esperar a que salga?
EL rubio sabía que no era apropiado llamarlo como siempre. Aún era temprano, no obstante ¿qué tal si alguien entraba y los escuchaba?
— Liam… — volvió a llamar, rompiendo sus barreras.
La puerta se abrió de repente.
Sherlock intentó observar dentro, ver cualquier rastro del sol. En cambio, sintió una mano sujetarlo del cuello de la camisa y atraerlo hacia el interior del cubículo.
Un chispazo en sus labios.
— Sherly…
— Liam te…
El hijo de la luna sintió los dedos solares sobre sus labios.
— Shhh. Dilo en otro lugar ¿quieres?
La mano seductora del violinista acarició la presilla y bajó por sobre la ropa, rozando la entrepierna del profesor.
— Sherly — intentó reprenderlo, pero su voz no sonaba para nada como un regaño ni sus manos detenían al moreno — Estoy ensayando con Bill. Deberás esperar para después.
— No menciones a otro hombre cuando te estoy tocando.
— Exacto, por eso no debes hacerlo ahora.
Sherlock permaneció con una mueca disgustada por separarse tan pronto, pero encubría a su vez, el deseo y la alegría de ese fugaz encuentro. Otro beso y una rápida caricia sobre el pantalón del violinista.
— Te veo después — comentó con una sonrisa coqueta, dejando a Sherlock en él cubículo.
Una vez que Liam salió, Sherlock murmuró.
— Segundo round, tú ganas, Liam.
