Capítulo 26
-¿Por qué duele tanto? –Fue el primer pensamiento de Sumika al despertar. Luego de eso fue consciente de su alrededor. El olor a desinfectante, sábanas blancas pero no de seda, su propia desnudez cubierta solo por una sencilla bata de hospital. Por un momento se sintió como si fuera parte del capítulo piloto de una serie televisiva de zombies, claro que ella estaba lejos de ser una sheriff así que hizo un esfuerzo por recordar cómo es que había llegado al hospital. –Cierto, tropecé como una estúpida.
Y eso solo se lo admitía a sí misma en voz alta porque se encontraba sola en esa habitación. Aunque pronto se dio cuenta que estaba equivocada.
-Debí tener una cámara a la mano para inmortalizar esa caída. –La mujer a su lado se burló de ella sin ningún reparo.
Sumika se ruborizó al instante y cubrió su rostro con la sábana intentando que la vergüenza desapareciera, por supuesto que no funcionó y la mujer se burló aún más.
-No te burles, por favor.
-Necesitaba hacerlo. –Le restó importancia a la petición de la karateca y empezó a reír suavemente lo cual resultó reconfortante para Sumika. –Siempre quise saber cómo sería tu rostro avergonzado.
Esta declaración llamó la atención de la pelinegra y descubrió su rostro para observar detenidamente a su visita. Le resultaba conocida, pero no podía precisar dónde la había visto antes.
Internamente maldijo con frustración su amnesia que seguía dando problemas a pesar de que su accidente había ocurrido meses atrás, pero que al parecer llegó para quedarse y tal vez esta última caída había empeorado las cosas. Al menos recordaba su nombre y que tenía una novia esperando por ella.
Por cierto, ¿A dónde había ido?
-Tranquila. Ella estuvo aquí toda la noche velando por ti, no sabes lo mucho protestó cuando le dije que yo la cubriría y la envié a descansar.–Sonrió buscando reconfortarla y sin esfuerzo logró su cometido, Sumika parecía tener una confianza ciega en ella. –Yo solo no quería que este fin de semana se arruinara por completo para ustedes dos, ¿Sabes?
-Gracias.
-No es nada. Es solo que ambas han pasado por mucho y creo que sería estúpido arruinar una relación que no ha podido despegar. El detino puede ser simplemente injusto a veces.
Sumika suspiró, estaba de acuerdo. Aunque no completamente.
-No podría culpar al destino. –Sacó valor de alguna parte en su ser y miró a los ojos a su visitante. –Sé que tuve muchas oportunidades, pero no he sido más que una cobarde como para afrontar las situaciones y sacar provecho de ello.
-¡Vaya! –aplaudió –Así que por fin lo notaste… No, tú eres más inteligente que eso, ¿verdad?
-Siempre he sabido lo cobarde que soy jajaja. Y por eso mismo no podía aceptarlo en voz alta
-Lo importante es que lo admites. –Palmeó su hombro tratando de transmitir lo orgullosa que estaba de ella. –Mereces cosas buenas Sumika. Mereces el amor y afecto que te ofrecen las personas que te rodean, ¿Sabes cuántas personas te están esperando en el pasillo esta noche?
Esta vez la karateca miró a la mujer sin entender cuál era el punto de esa repentina charla motivacional.
Y no, en realidad no sabía cuántas personas la esperaban en el pasillo. ¿Acaso era relevante?
-Yo no…
-¡Por supuesto que es relevante! -Adivinó su línea de pensamiento - Cambiaste la vida de esas personas, si lo notaras entonces estarías segura de lo que vales y no tendrías miedo de lo que te rodea.
-¿Y cómo se supone que reúna el valor para hacerlo? –Preguntó Sumika, aunque la pregunta que en realidad quería hacer era otra, pero por el momento la había olvidado.
-En realidad no se requiere una gran estrategia. De hecho no lo pienses, solo hazlo. –Con cariño revolvió el cabello de la pelinegra mientras hablaba.
-Bien, lo intentaré.
-Me alegro de escuchar eso. -Suspiró satisfecha – Ahora… yo sé que culpas a tu amnesia de no recordarme, jajajajaja.
Había dado justo en el clavo. De hecho había adivinado tantas veces que a Sumika comenzaba a sentir pánico.
-Sí. –Admitió. –Tendría menos miedo si tan solo recordara quién eres.
-Confío en que lo recordarás –Le restó importancia. –Te prometo que vas a recordarlo.
Aunque eso no impidió que la incomodidad se instalara entre ellas dos. Sumika aprovechó esa oportunidad para mirar hacia la entrada a su habitación y preguntarse quiénes aguardaban en la sala de espera.
-Tu novia estará aquí en cualquier momento. –Rompió el silencio incómodo. –Antes de irme debo darte un mensaje.
Sumika se acomodó mejor en señal de estar atenta. Pensó que su lenguaje corporal era suficiente señal para que prosiguiera, pero era demasiado educada. –Te escucho.
-Bien, -sin preámbulos comenzó a hablar. – Escuché por casualidad a dos señoritas desear por tu felicidad.
-Yo… eh… supongo que se los agradeceré en persona cuando las vea –La incomodidad amenazaba con volver.
-Sumika. –La voz que antes era suave se volvió autoritaria, como cuando una madre está a punto de ordenarte limpiar tu habitación o terminarte la sopa. –Solo gracias a ellas dos he sido capaz de visitarte, después de todo lo pidieron de todo corazón. Como sea –volvió al punto – solamente hay una cosa que debo preguntarte…: ¿Quieres que se cumpla ese deseo?
-Sería muy estúpido de mi parte no desear mi propia felicidad.
-Estoy de acuerdo contigo. Por eso me sorprendió cuando pediste tu deseo aquella vez, hubiera preferido que en lugar de aceptar un rompimiento por mail, enfrentaras a esa chica y exigieras que te lo dijera cara a cara.
-¿Mi deseo? ¿De qué rayos…
-De todas maneras yo no venía a darte ninguna charla motivacional, -No permitió que Sumika siguiera hablando, parecía tener prisa –pero no iba a desaprovechar esta oportunidad para verte después de todos estos años. Salúdame a tu padre y dile lo amo con locura pero odio el incienso barato que usa, recuérdale que mis gustos son más refinados.
-No entiendo nada.
-Eso es porque me gusta el misterio, y porque tengo prohibido darte información… en fin, es hora de despertar. No puedo prometerte que tendrás un final feliz porque eso depende de tí, pero puedo prometerte que lo entenderás todo.
Sumika se sentía abrumada con todo lo que escuchaba, nada tenía sentido y comenzaba a sentir nauseas.
-Cuídate. –Se despidió dando un beso en la frente. –Te amo.
-Espe…
-…ra!
La karateca se despertó gritando y por alguna extraña razón estaba estirando la mano como si quisiera alcanzar algo… o a alguien. Tardó un par de minutos en notar que estaba en una habitación de hospital, bien eso no era una sorpresa en realidad. Pero había algo fuera de lugar, no podía precisar qué.
-Sumi-chan –Una mujer de cabello castaño y con busto abundante se talló los ojos tratando de despertar -¿Qué ocurre?
-Ah… Ushio. –dijo recién notando su presencia. Miró a su alrededor notando que esta no era la habitación de hospital que recordaba. –Supongo que tuve un sueño muy extraño, eso o la contusión en mi cabeza fue peor de lo que pensaba. –De pronto comenzó a llorar
Kazama se acercó con preocupación a la pelinegra y tocó su frente buscando cualquier señal de fiebre, no parecía que algo estuviera fuera de lugar, el que Sumika la viera con nerviosismo también parecía perfectamente normal. Pero no podía pecar de exceso de confianza, así que presionó el botón del comunicador para solicitar una enfermera.
-Llamaré a Rui-san, ella debería estar aquí. – No es que quisiera hacerlo, pero eso era lo más maduro y además era lo correcto.
Salió rápidamente sin dar tiempo a réplicas, quizá si hubiera volteado a ver a Sumika habría notado que algo estaba fuera de lo normal. O quizá no lo iba a notar de todas maneras, seguía bastante adormilada.
-Kazama-kun. –Una alarmada Tomoe se acercó a ella. –Vi pasar a la enfermera, ¿Murasame está bien?
-Si, solo solicitamos la revisión por si acaso. Sumi-chan despertó un poco desorientada.
-Ya veo. –La más alta suspiró con alivio. –¿No deberías acompañarla?
-¡Claro que no! –Dijo con decisión. –Es Morishima-san quien debería estar ahí, por cierto ¿dónde está ella?
-¿Quién?
-Morishima Rui-san –Dijo con impaciencia - ¿Dónde está ella? Se supone que debe estar con Sumi-chan.
-Por fin sucedió. –Miyako se acercó a ellas con la misma expresión de confusión que mostraba Tomoe. –La tonta de las bubis finalmente se volvió completamente idiota.
-¡No hay necesidad de ofenderme! – la castaña perdió la calma – solamente estoy preguntando por la novia de Sumi-chan ¿puede alguien decirme dónde diablos está?
-Aquí, frente a nosotras. –respondió Tomoe tocando la frente de Ushio para dar énfasis a su respuesta.
-¿Eh? Pero, Morishima-san es la…
-En serio Ushio, ¿quién demonios es Morishima?
-Te lo dije anoche Kazama-kun, debiste hacerte revisar ese horrible moretón. Seguramente también te golpeaste la cabeza como Murasame ¿De verdad creyeron que la orilla de un acantilado era el lugar más adecuado para tener una discusión?
"De acuerdo" Pensó "Esto es más raro de lo que esperaba, ¿no se supone que este es un buen momento para aparecer y burlarte de mí, abuela?"
Deseó con todas sus fuerzas que esa voz apareciera. Solía odiar los momentos en que la escuchaba, principalmente porque la hacía sentirse como si estuviera perdiendo la razón, además que no solía aportar comentarios que ayudaran a mejorar su autoestima. Más bien se dedicaba a lanzarle verdades dolorosas.
Ahora que sabía su verdadera naturaleza sabía que había aparecido como un ángel de la guarda. Uno muy sádico, pero ángel de la guarda después de todo.
Y ahora que estaba viviendo una situación tan poco comprensible y fuera de la realidad sentía que alguien había usado algún truco cósmico o como quiera que se llamara esto que estaba sucediendo, así que necesitaba asistencia. Pero no hubo ninguna voz.
Lo recordaba, ellos ya se habían despedido. Solo que la esperanza de volverlos a escuchar era más fuerte que la razón, sobre todo en esos momentos cuando se sentía tan desorientada.
-Tienes razón Tomoe. –Sonrió. –Iré a que un médico me revise.
-Bien.
Por supuesto que no iba a visitar al médico. Ella sabía que nadie podría explicarle qué demonios sucedía, hasta hace un día al menos Hachizuka Tomoe tenía una ligera idea de la situación, además que siempre llevaba como guía espiritual a su abuela. Pero esta vez tenía la sensación de que estaba sola en esto. Y si le contaba al doctor, lo más seguro es que terminaría encerrada en algún hospital psiquiátrico.
"Estoy en Matrix" pensó con ironía.
Tal vez todo era un sueño. No solo lo ocurrido este día, sino todo.
Después de todo se sentía fuera de sí misma cuando desbloqueó su teléfono y seleccionó el ícono de LINE.
Cada palabra era mentira, ¿por qué demonios seguía escribiendo ese mensaje de texto?
"BASTAAAAA" cada fibra de su ser le rogaba no continuar. Aun así presionó enviar mientras cerraba los ojos para así no tener que leer "Esto no va a funcionar. Terminemos"
Claro que eso no haría desaparecer ese mensaje así como así. Debía borrarlo y eso hizo. Borró todo lo relacionado a Sumika Murasame de su teléfono.
Entonces, cuando se enteró del accidente que había sufrido su ahora exnovia sintió el terrible golpe del karma: su entera existencia había sido borrada en Sumika.
Todo resultaba tan irreal, tan imposible.
Así que debía ser un sueño, ¿no?
Porque tanto Tomoe y Miyako justo dijeron que la novia de Sumika no era otra más que ella misma. Quizá solamente había recibido la visita del fantasma de las navidades futuras el cual le permitió ver que terminar la relación con la karateca sería el error más grande de su vida.
Así que con esa experiencia había aprendido la lección. Esta vez no sería una idiota y cuidaría de su persona más especial. Trabajaría solamente en horario laboral y si lograba algún puesto como jefa editorial sería a su tiempo, no iba a presionarse. Ya estaba decidido.
-¡¿Pero qué?!
La voz enfadada de Taema Miyako la despertó.
-¿Hm?
-Llevamos horas buscándote. –se quejó la pequeña rubia. -¿qué rayos pensabas al desaparecer del hospital?
-Necesitaba tomar aire –se justificó.
-¿A seis kilómetros del hospital?
-Necesitaba mucho, mucho aire.
-Eres una idiota. –Miyako la miró con desaprobación ante su pretexto tan pobre. Aunque en el fondo lo encontraba de lo más gracioso, pero la situación demandaba seriedad y se mantendría en su papel hasta el final –Vamos, Murasame-san pregunta por ti.
-Te lo dije, -Dijo Tomoe al verlas entrar en la habitación donde se encontraba internada la karateca. –Ushio no te abandonaría. Mucho menos en un hospital.
Eso decían sus palabras, aunque la mirada acusadora de la millonaria no pasó desapercibida para ninguna.
-Tendré más fe en tus palabras Hacchi. –Sonrió con la intención de suavizar los ánimos.
-Deberías. Mis consejos son oro y te los ofrezco sin costo. –Tomó la mano de su novia y salieron del lugar para dar privacidad. Ushio y Sumika necesitaban hablar.
El ambiente se volvió bastante tenso en cuanto se quedaron a solas. Kazama estaba lista para hablar con la pelinegra, pero ella se mantenía alejando su mirada de ella. Entonces fue cuando por fin la castaña lo notó: definitivamente había algo fuera de lugar.
-Sumi… -Comenzó a hablar. Debía intentarlo o comenzarían a crear una brecha entre ellas.
-No es que no desee hablar contigo. –Interrumpió mientras buscaba el valor para mirarla a los ojos. –Es solo que me resulta difícil entender qué sucede, ¿sabes? –Aventuró una mirada buscando comprensión en los ojos de Kazama. Encontró incluso más de lo que esperaba.
-He estado ahí, -dijo- aunque quizá no te refieras a lo mismo jaja.
-Es probable que justo me refiera a lo mismo, la diferencia es que yo estuve dentro de una burbuja mientras que tú eras quien vivía las consecuencias de nuestras decisiones.
-Ok, ahora estoy confundida ¿Qué tratas de decirme?
-Recordé todo Kazama. Sé que terminaste conmigo… Y no digas que todo fue un sueño, Tomoe y Miyako podrán repetirlo hasta la eternidad, pero estoy segura de que no es así.
"Así que no fue una visita del fantasma de las navidades futuras"
Debería disculparme por el enorme hiatus. De verdad lo lamento, conseguí trabajo y me consumió hasta el alma, lastimosamente tuve que renunciar porque fue demasiada explotación y ahora estoy en busca de vacantes... otra vez.
Pero volvamos a las cosas bellas, pude terminar un capítulo del fanfic * - *
A decir verdad, escribía con la intención de que este fuera el capítulo final, pero esta historia tiene voluntad propia y hacer de este el capítulo final sería darle un tono forzado y apresurado, entonces este fanfic terminará cuando él lo decida. Ya estoy trabajando en el siguiente capítulo para no alargar la espera. Gracias por leer. Yo también extraño la voz de la abuela
