Capítulo 3: Dejar ir
"Grief is the price we pay for love"
(El dolor es el precio que pagamos por el amor)
Reina Isabel II
El Mausoleo de la familia Greengrass estaba ubicado en una zona estratégica dentro el cementerio de Highgate, al igual que los de la mayoría de las antiguas familias de brujos de Inglaterra.
Era una estructura hexagonal, construida a partir de bloques de mármol negro con vetas blancas. Los huecos en las paredes marcaban los sitios donde habían sido colocados los féretros de los antepasados. Todavía quedaban algunos lugares libres.
La cúpula del mausoleo contaba con un tragaluz que permitía que los rayos del sol se filtraran al interior sin necesidad de encender las antorchas. A pesar de ello, el lugar tenía un aspecto lúgubre y frío. Impersonal y distante.
Scorpius sentía que su madre no encajaba en ese lugar. Ella había sido todo menos fría. Había sido una luz cálida y reconfortante. Pero se había apagado, de una manera lenta e inevitable.
Escuchó unos pasos resonando sobre el piso de mármol, anunciándole que alguien más había entrado al mausoleo. Segundos más tarde, sintió la mano tibia de Rose entrelazándose con la suya. La sujetó con fuerza. Se quedaron unos minutos así, tomados de la mano y en silencio, los únicos seres vivos en medio tanta muerte.
—Sabes que estoy aquí para lo que necesites, ¿verdad? —susurró Rose, con delicadeza. Sus palabras retumbaron en la quietud de la tumba—. Todos lo estamos —agregó, haciendo un gesto con la cabeza hacia el exterior del mausoleo, donde Scorpius sabía que aguardaban el resto de sus amigos y de su familia. O lo que quedaba de ella.
—Estaba recordando la vez que apareció un boggart en el ático de nuestra casa en Versalles —le contó repentinamente, su mirada todavía puesta en el ataúd frente a él. Percibió cómo Rose se tensaba a su lado, atenta a lo que decía, temerosa de interrumpirlo ahora que por fin había dicho algo—. Recuerdo que mi padre subió para desalojarlo, pero el tiempo pasaba, y él no volvía… Así que decidí subir para ver porqué se tardaba tanto… La puerta el ático estaba entreabierta, pero mientras me acercaba escuché la voz de mi padre… Murmuraba algo por lo bajo, yo no lograba entenderlo, pero parecía estar llorando… Me asusté sólo de escucharlo. Y entonces, entré en la habitación y lo vi.
—¿A tu padre? —inquirió Rose, sin poder contenerse, sumergida en la historia. Scorpius negó con la cabeza.
—Al boggart de mi padre —respondió él, una sombra posándose sobre su mirada gris—. Había adquirido la forma de un hombre alto… Si es que se lo podía llamar humano. Tenía la fiel pálida y grisácea y una cara como una calavera, con orificios en lugar de nariz. Pero lo más terrible eran sus ojos… rojos, con pupilas como las de un animal…
—Voldemort —comprendió su novia. Scorpius sonrió débilmente. Rose era simplemente brillante.
—Pero lo peor no fue verlo a él —confesó Scorpius, pasándose una mano sobre los labios en un gesto nervioso. Un sudor frío le corría por el cuerpo mientras recordaba—. Fue ver a mi padre, de rodillas en el suelo, pálido y temblando, con el rostro desfigurado a causa del pánico.
—Oh, Scor…
—Empecé a gritar llamando a mi madre, y el boggart giró ese rostro demacrado hacia mí. Mi padre reaccionó entonces, interponiéndose en el camino para que no pudiera llegar a mí. El boggart levantó la varita y apuntó a mi padre… Y entonces, llegó mi madre y mi abuela Cissa —Scorpius tomó una bocanada de aire antes de continuar. Su cuerpo se relajó, consciente de que la peor parte de la historia había pasado—. Mi madre le ordenó a la abuela que me sacara de ahí, y se encerró dentro del ático con mi padre y el monstruo. Yo no quería irme, pero mi abuela me aseguró que todo estaría bien y me arrastró hasta mi cuarto.
—¿Cuántos años tenías? —le preguntó Rose consternada.
—Siete.
—Por Merlín… Eras muy pequeño para entender —dijo.
—Lo era —coincidió él—. Pero aún así, cuando terminó de deshacerse del boggart, mi madre vino a mi cuarto para hablar conmigo. Esa fue la primera vez que escuché hablar de Voldemort y de la guerra.
—¿Te contó la verdad? —percibió la vacilación en el tono de voz de Rose mientras formulaba la pregunta.
—Sí, o al menos me dijo todo lo que se le puede contar a un niño de siete años… Pero nunca me mintió ni me escondió nada —afirmó Scorpius, y nuevamente inhaló profundamente para soltar el aire lentamente—. Me habló del rol que mi padre había tenido en la guerra, y de cómo eso lo había… cambiado.
—Tenía razón. Él ha cambiado.
—Sí… Aunque creo que no fue sólo la guerra —consideró Scorpius—. Creo que fue ella. Ella lo ayudó a cambiar. Ella lo mantuvo cuerdo. Sin ella… no sé qué será de mi padre.
Rose le dio un estrujón a su mano y se acercó más, hasta que los brazos de ambos estuvieron tocándose. Scorpius agradeció internamente el contacto. La calidez que emanaba del cuerpo de ella, en contraste con la frialdad impenetrable del mausoleo.
—¿Necesitas más tiempo para despedirte? —le preguntó Rose, apoyando su cabeza sobre el hombro de él. Scorpius torció el rostro para mirarla, y le depositó un besó en la coronilla.
—No —respondió—. Ella ya no está acá.
Draco se asomó por la ventana para mirar hacia el exterior. Tenía que reconocer que los Longbottom habían hecho un trabajo formidable con los jardines de la Mansión. Estaban casi tan deslumbrantes como en sus años de gloria, cuando el apellido Malfoy todavía significaba algo para la sociedad que no fuese ser un mortífago.
Reconoció a la figura alta y estilizada de su hijo caminando entre los rosales. Estaba solo y parecía deambular sin rumbo alguno. Pero no tardó en alcanzarlo un muchacho de cabello negro. Albus Potter se limitó a caminar junto a Scorpius por los jardines, simplemente haciéndole compañía. Los seguía el perro enorme de la familia Potter, que cada tanto empujaba su cabezota contra la mano de Scorpius, demandándole una caricia. Su hijo le correspondía el pedido, rascándole de forma ausente detrás de la oreja.
—Ten —le ofreció la voz de Harry Potter a su espalda. Draco despegó la mirada de su hijo y giró para enfrentarse a su interlocutor.
Potter se encontraba de pie frente a él, extendiéndole un vaso corto con una medida de whisky de fuego. Draco la aceptó. Potter levantó su propio vaso hacia él, en señal de reconocimiento, y bebió todo el contenido del mismo. Draco lo imitó. Recibió el calor del alcohol como una sensación reconfortante. Empezaba a pensar que todo su cuerpo estaba entumecido, y que ya no podría sentir absolutamente nada. Era gratificante saber que todavía podía sentir aunque sea el alcohol cuando quema en la garganta.
Harry tomó la botella de whisky y volvió a servir. Le hizo un gesto con la mano señalado los sillones, y Draco lo siguió sin resistencia.
—¿Quieres hablar? —le preguntó Potter con cautela. Draco curvó una ceja.
—¿Y decir qué, exactamente, Potter? —respondió con desdén.
Potter se encogió de hombros y bebió un sorbo de su vaso. Draco se inclinó hacia delante sobre el asiento, apoyando el vaso en la mesa, y encerrando la cabeza entre las manos. Transcurrieron unos segundos en silencio.
—No sé que voy a hacer sin ella —susurró con voz ronca. La garganta volvía a escocerle, pero esta vez, no era por el alcohol.
—Lo siento mucho... De verdad —le respondió Harry.
—No quiero tu lástima, Potter —resopló Draco, con las manos todavía enredadas en su pelo rubio.
—No es lástima, Draco —suspiró Potter, haciendo un claro esfuerzo para no ceder bajo la provocación de Malfoy—. Es solo que… Entiendo lo que se siente. Perder a alguien que amas… Y sentirte desorientado sin esa persona.
Draco levantó la mirada. Harry sostenía su vaso de whisky con las dos manos y su mirada estaba perdida en el líquido que bailaba en el interior. Por un instante, Malfoy creyó ver de nuevo al muchacho de diecisiete años que habían arrastrado los Carroñeros hasta aquella misma Mansión para que él lo identificara.
—Gracias —masculló. Harry levantó la mirada y una tenue sonrisa curvó sus labios.
—¿Cómo lo está llevando Scorpius? —preguntó.
—Mejor que yo —confesó Draco, una risa agria y sin humor escapándose de sus labios—. Es un chico fuerte.
—Es un chico bueno—señaló Harry. Draco sonrió con tristeza.
—Sí, lo es —coincidió mientras se reclinaba contra el respaldo de la silla—. Y tiene la suerte de tener buenos amigos —agregó significativamente. Harry acentuó su sonrisa.
—Si me hubiesen dicho hace veinte años atrás que uno de mis hijos sería mejor amigo de un Malfoy jamás lo habría creído —se rió Potter. Draco también rió por lo bajo.
Un breve silencio se posó sobre ellos mientras cada uno retomaba su bebida. Draco no pudo evitar sumergirse en los viejos y amargos recuerdos de su pasado.
—Por Merlín, cómo te odiaba, Potter —confesó Draco, arrastrando las palabras volviéndolas casi un siseo. Harry arqueó las cejas, asaltado por la abrupta sinceridad.
—Bueno, nunca te molestaste en disimularlo —estuvo de acuerdo Harry, todavía riendo entre dientes—. Te aseguraste de hacerme la vida imposible en Hogwarts.
—Te odiaba porque tú eras todo lo que yo quería ser —continuó Draco, frunciendo levemente el entrecejo—. Eras famoso y poderoso sin siquiera intentarlo… Un maldito mártir… El puto salvador del mundo mágico. San Potter... —aún después de todos estos años, seguía doliendo—. Mierda, cómo te envidiaba, cabeza rajada —exclamó mientras tiraba la cabeza hacia atrás y contemplaba el techo sobre él.
—Lo habría cambiado todo por tener una familia como la tuya —confesó también Harry de manera abrupta. Draco enderezó bruscamente la cabeza al escucharlo.
—¿Unos padres mortífagos y fanáticos de la pureza de sangre? —dijo con sarcasmo, aunque sentía curiosidad por lo que había querido decir. Harry revoleó los ojos.
—Me refiero a unos padres vivos —corrigió Potter—. Tú tenías todo lo que yo no tenía: unos padres que te amaban y te consentían, una casa donde habías crecido feliz y rodeado de magia…
—Sí, bueno… Eso no resultó muy bien que digamos, tampoco —le recordó Malfoy.
—¿Sigues odiándome? —le preguntó de repente Potter. Draco torció una sonrisa de lado.
—No, Potter. Hace mucho dejé de odiarte —le respondió con pesadez, como si la respuesta fuese obvia. A pesar de ello, Harry se mostró complacido al escucharla. Draco vaciló, pero finalmente tomó coraje para preguntar algo que llevaba demasiados años preguntándose internamente—¿Crees… crees que podríamos haber sido amigos, tú y yo?
Harry lo observó seriamente. De repente, Draco se sentía de nuevo un niño de once años, aguardando ansiosamente la respuesta del muchacho más famoso de la historia.
—¿En aquella época? —preguntó Potter.
—En Hogwarts —confirmó Malfoy. Harry lo meditó unos segundos.
—No, no lo creo —respondió finalmente.
Draco lo sintió como un puñetazo en el estómago. Estiró su mano para tomar el vaso que había dejado sobre la mesa.
—Ya… Claro que no —masculló por lo bajo, dándole un sorbo a la bebida.
—Pero creo que podríamos serlo ahora —agregó Potter. Draco lo observó atónito durante una fracción de segundo.
—Sí, supongo que podríamos —dijo Malfoy, fingiendo indiferencia mientras intentaba ocultar la cauta sonrisa detrás del vaso, bebiéndose lo que quedaba de su trago. Harry rió entre dientes, meneando suavemente la cabeza.
Bebieron sin decir nada, simplemente haciéndose compañía. Draco no dejaba de sentir todo aquello un tanto extraño, como algo sacado de un universo alternativo, donde él y Potter nunca habían sido enemigos. Donde nunca habían intentado matarse mutuamente. Donde él había sido otra persona. Una mejor persona.
A Astoria le habría encantado este nuevo universo, pensó con nostalgia.
—¿Cómo está Ginevra? —preguntó, recordando que él no era el único que sufría en esa habitación. Harry hizo una mueca, un intento de forzar una expresión neutra, pero el dolor era demasiado evidente como para esconderlo.
—Mejor… O eso dicen los Sanadores —respondió—. Hoy ha logrado mantenerse despierta por una hora completa.
—Está progresando —reconoció Draco.
—Sigue estando en coma la mayor parte del tiempo —la frustración era evidente en la voz de Potter.
—Lo logrará, Potter. Estamos hablando de la misma chica que esperó durante años que te dignaras a salvar al mundo para poder estar juntos —le recordó Malfoy, logrando que un atisbo de sonrisa se asomara en el rostro de Potter—. Hay que reconocerle que es perseverante.
—Sí, lo es —coincidió Harry, exhalando pesadamente. Draco le permitió perderse en sus recuerdos durante unos minutos antes de volver a hablar.
—Lily tiene que retomar las clases de Oclumancia cuanto antes —soltó. Notó que sus palabras tensaban el aire en la sala. Potter se enderezó en su silla.
—Sí… Hermione se ha ofrecido…
—No seas ridículo. Yo la entrenaré —lo interrumpió Draco. Harry lo miró desconcertado.
—Pensé que querrías tomarte un tiempo para… —masculló nerviosamente. Draco arqueó una ceja desdeñosa.
—Lloraremos a nuestros muertos cuando ganemos esta guerra, Potter —dijo con una entereza que lo sorprendió incluso a él. Harry, sin embargo, seguía observándolo con reticencia, no del todo convencido.
—Lily ha sufrido mucho durante éste último año.
—Es la segunda vez que intentan secuestrarla —se exasperó Draco—. El Mago de Oz planea algo con ella. No sabemos qué, pero sabemos que está relacionado con su Visión. Ella tiene que aprender a controlar esas visiones, y los dos sabemos que yo soy el mejor para enseñarle cómo.
Harry se llevó una mano a la nuca contemplativamente, despeinando aún más su ya descontrolado cabello. Draco contuvo el aliento mientras aguardaba el veredicto. Potter había confiado en él antes para que entrenar a su hija, pero ahora era diferente. O al menos, Draco lo sentía diferente. Más importante. Más determinante. Era el momento de ver su Potter verdaderamente confiaba en él como para delegarle el futuro de su hija, y tal vez, de la guerra.
—Cuando era pequeña, Lily solía contarme todo, hasta los más mínimos detalles de lo que había sucedido durante el día cuando llegaba a casa —habló Potter, la voz levemente ronca—. James y Albus siempre fueron más independientes, cada uno a su manera… Pero Lily… —la voz finalmente se le quebró—. Es mi pequeña, Draco, y siento que la estoy perdiendo. Y cada vez que intento hablar con ella es como si de repente hubiese una pared entre nosotros… Creo que no quiere hablar conmigo porque no quiere preocuparme…
—No quiere decepcionarte —lo corrigió Draco. Harry meneó la cabeza.
—Eso no tiene sentido. ¿Cómo podría decepcionarme? —se negó a aceptar. Draco suspiró.
—Eres Harry Potter, el niño que vivió, el mago que derrotó al Lord Oscuro —respondió encogiéndose de hombros. Aquello pareció enfurecer a Potter. Sus ojos relampaguearon peligrosamente.
—¿Y crees que eso fue fácil para mí? —su voz se había convertido en un gruñido.
—No —reconoció Draco, manteniendo la compostura—. Pero supongo que tú más que nadie entiendes lo difícil que es cargar con las expectativas de lograr algo que parece imposible.
Potter se restregó la cara con las manos. Cuando volvió a mirarlo, tenía el aspecto de un hombre desesperado.
—Este don que tiene… La está consumiendo, Draco.
—Entonces déjame ayudarla —rogó Malfoy. Harry asintió.
Albus estaba dormitando en la silla cuando escuchó un crujido. Se enderezó de forma instintiva, sus sentidos alertas, sus ojos desviándose de forma automática hacia la cama donde se encontraba Scorpius. No se había movido. Seguía durmiendo, aunque tenía el ceño suavemente fruncido, señal de que no se trataba de un sueño placentero. Su mirada saltó inmediatamente hacia la puerta justo a tiempo para ver entrar a Lysander por ella, cargando con una bandeja de comida.
El muchacho de Gryffindor se detuvo en el umbral al percatarse de que Scorpius se encontraba descansando.
—Pensé que podía tener hambre… No ha comido nada en todo el día —habló Lysander en un susurro preocupado. Albus meneó la cabeza.
—Lleva días sin dormir también —respondió con pesadez. Lysander cerró la puerta con extremo cuidado para no hacer ruido y se aseguró de amortiguar sus pisadas mientras recorría la distancia hasta la mesa de luz para apoyar el plato de sándwiches.
—Puede comerlos cuando despierte. Son sus favoritos —dijo Lysander con una sonrisa cálida. Albus intentó responderle de igual manera, aunque su sonrisa que no llegó a sus ojos. Lysander se balanceó sobre los talones, mordiéndose el labio inferior. Era evidente que había algo más, y su actitud dubitativa solo hizo que Albus se pusiera más alerta.
—¿Qué sucede? —lo presionó Potter al ver que no decía nada. Lysander tomó una bocanada de aire y ocupó la silla junto a él.
—Solo quería saber si tú estás bien, Al —le dijo en un suspiro. Toda la vacilación había desaparecido de sus ojos azules y enormes, que ahora estaban fijos en Albus.
—No es por mi por quien debes preocuparte, Lysan —le advirtió Albus, frunciendo casi imperceptiblemente la frente. Lysander no se intimidó.
—¿Estás seguro? —insistió al respecto.
Albus podía sentir esos ojos turquesas atravesándolo. Era una mirada sincera. No había maldad detrás de sus palabras. No había segundas intenciones. Pero aún así, la pregunta se clavó dentro de Albus como un aguijón filoso.
—Nos conocemos de toda la vida, Al —Lysander volvió a tomar la palabra al ver que Albus se demoraba en responder, su voz un sonido apenas audible—. Puedes… puedes hablar conmigo… de lo que sea…
—Estoy bien, Lysan —lo interrumpió, su voz elevándose un poco más de lo que habría deseado. Scorpius se removió entre las sábanas, girando en la cama.
—No hemos tenido oportunidad de discutir sobre lo que sucedió en Hogsmeade —le recordó Lysander, entornando los ojos. Albus sintió que el aguijón se clavaba un poco más profundo. Tuvo que hacer un esfuerzo para contener su temperamento y no responder algo de lo que luego podría arrepentirse.
—No hay mucho que discutir —aún así, su respuesta se escuchó más fría de lo que necesario.
—Casi nos matan —le recordó Scamander. No sabía cómo, pero el muchacho de Gryffindor se las arreglaba para sonar amable y duro al mismo tiempo—. Y tú casi matas a alguien también.
El recuerdo de la batalla se desplegó en su mente como una avalancha imposible de contener. Los ruidos de la batalla, las calles de Hogsmeade sumidas en el más puro de los horrores, túnicas rojas por todas partes, y ese olor penetrante y metálico, una mezcla nauseabunda de sangre y cenizas. El rostro de Blaise Zabini con una sonrisa despiadada. Scorpius desangrándose en un callejón. Él mismo extendiendo su varita mientras lo desbordaba un odio visceral como nunca antes había sentido. Esa sed de venganza nublándole la razón, encegueciéndolo. Y la excitante y adictiva sensación que lo había sorprendido al caer en cuenta de que tenía en sus manos el poder para saciar esa sed. Podía reclamar su venganza y cobrarse una vida por el daño que le habían hecho a Scorpius.
Lo había deseado. Lo habría hecho de no ser por Rose. Y por Lily. Por su visión.
Pero la semilla de algo peligroso había echando raíces dentro de él ese día. Hedda lo había visto el día que marcaron a Dimitri Kurdan. Y en el fondo, Albus estaba seguro de que Scorpius también lo sabía aunque pretendiera que no. Sin embargo, Albus había pensado que Lysander y Elektra, engullidos en el calor de la batalla, no se habían percatado.
Los había subestimado.
—Hice lo que había que hacer para mantenernos vivos —susurró Albus con mesura, sabiendo que estaba caminando sobre la cuerda floja de su amistad. Pudo ver cómo la nuez de Adán de Lysander subía y bajaba mientras que éste tragaba saliva al escucharlo.
—Sí, lo sé —reconoció Scamander.
Pero todavía persistía cierta reticencia en su mirada. No, Albus no creía que verdaderamente lo entendiera. Las personas como Lysander difícilmente podían entenderlo. "Es demasiado bueno para su propio bien" pensó para sus adentros.
Extendió una mano para acortar el espacio que los separaba y la apoyó sobre el hombro de Lysander. Lo sintió estremecerse ante el contacto. El corazón de Albus se encogió adolorido al comprender que Lysan estaba asustado.
—Tienes razón —le concedió finalmente Albus. Su amigo lo contempló con evidente confusión, y Albus no pudo resistirse a esbozar una tenue sonrisa—. Iban a matarnos… A todos.
Finalmente, Lysander desvió la mirada.
—¿Lo habrías hecho? —le preguntó con sorprendente serenidad. Albus sabía perfectamente a qué se refería.
Siguió la mirada de Lysander hasta Scorpius. La cicatriz de su rostro había empalidecido gradualmente con el paso de los días, pero todavía podía distinguirse con claridad, larga y blanca, surcando su lado izquierdo, desde la frente, cortando su ceja rubia y bajando por su mejilla. Albus estaba seguro que nunca terminaría de desaparecer, al igual que las heridas del tío Bill nunca se habían borrado por completo. Al igual que la cicatriz en la frente de su padre todavía estaba allí. Esa magia dejaba marcas.
—No lo sé —mintió. Lo sabía. Lo había sentido. Lo habría hecho. Habría matado a Zabini de no ser porque Scorpius lo necesitaba.
—Yo no creo poder hacerlo, Al —confesó Scamander, sus hombros cayendo, su pecho desinflándose en una larga exhalación. La mano de Potter todavía se encontraba apoyada sobre el hombro de su amigo, y le dio un suave apretón a modo de consuelo.
—Tal vez nunca tengas que hacerlo —le concedió indulgentemente. Aunque lo dudaba. Albus tenía el presentimiento que esta guerra los llevaría a todos al extremo. Pero Lysander siempre había sido diferente a todos. Si alguien podía salir con el alma indemne de todo aquel desastre, era él.
Lysander torció la cabeza hacia él y sonrió, agradeciéndole silenciosamente. Los dos permanecieron varios minutos allí, simplemente contemplando a Scorpius mientras dormía un sueño intranquilo. Balbuceó algo inentendible, un sonido lastimero, casi un gemido y Albus amagó con ponerse de pie para acercarse. Pero Scorpius volvió a girar en la cama, dándoles la espalda, y continuó durmiendo.
—Sabes, él no es el único que está sufriendo —soltó repentinamente Lysander, llamando una vez más su atención—. Me crucé con nuestra prima Lucy cuando venía hacia aquí. Me ha dicho que Tessa la está pasando feo… Ha sido un golpe duro la muerte de Astoria también para ella.
—Pensé que… Que lo estaba llevando bien—balbuceó Albus, incómodo, esquivando la mirada de su amigo. Lysander frunció los labios.
Había estado con ella durante la ceremonia de despedida en el Mausoleo Greengrass. Tessa había estado inusualmente silenciosa. No había llorado, algo que lo sorprendió. La última vez que habían estado en un entierro, había sido durante la ceremonia de sus padres, y en aquella ocasión, Tessa había sido un mar de lágrimas. En ese momento, Albus pensó que tal vez Tessa se había acostumbrado a la muerte. Pero ahora, se le ocurría que tal vez ya no le quedaban más lágrimas para llorar su dolor.
Poca gente se había reunido para darle un último adiós a los restos de Astoria Greengrass. A Albus le pareció injusto. La madre de Scorpius había sido una mujer increíble, amable y llena de luz. Se merecía más que una bóveda en un triste mausoleo y un puñado de personas llevándole flores.
Pero la vida de los padres de Scorpius no había sido fácil. Después de la guerra, Draco se había convertido en un marginado de la sociedad inglesa, repudiado por aquellos que antes se habían deleitado en asociarse con el apellido Malfoy. Pocos de sus amigos habían salido indemnes de la guerra, y muchos de quienes había considerado amigos habían demostrado no serlo verdaderamente.
Las hermanas Greengrass habían tenido una suerte más indulgente. Ni sus padres ni ellas se habían vinculado directamente con el régimen de Voldemort, y no había evidencias que apuntaran hacia ellos tampoco. No se presentó ningún cargo contra la familia, pero aún así, la vida en Londres se volvió difícil para ellos. Su grupo social se vio abruptamente reducido. Su condición de sangres puras se convirtió en un estigma. No dudaron en migrar hacia Francia en cuanto tuvieron la oportunidad.
La guerra había golpeado fuerte a Daphne, la mayor de las hermanas. Había perdido a la mayoría de sus amigos, pero la que más lamentaba era la pérdida de Pansy Parkinson. La hermana de Astoria se convirtió rápidamente en una princesa de hielo, distante e inalcanzable, abrumada por la melancolía de la vida que podría haber tenido si las cosas hubiesen sido diferentes, por lo que habían perdido y nunca recuperarían. Se casó un par de años más tarde con un mago francés de buena posición social y económica, e intentó reconstruir su vida en la sociedad francesa. Jamás volvió a hablar de la Segunda Guerra Mágica.
Astoria podría haber hecho como su hermana. Se podría haber casado con algún prestigioso mago sangre pura de estirpe francesa, pretendiendo que la guerra nunca había sucedido.
En cambio, se enamoró de Draco. Y no le importó lo que objetaran sus padres o la sociedad. Se casó con él, desafiando al mundo entero, siguiéndolo en su camino de marginalidad. Muchas puertas se le cerraron, y muchas amistades le fueron negadas después de eso. Pero ella era feliz. Tenía todo lo que necesitaba.
—Circe no ha podido venir —continuó hablando Lysander con infinita paciencia.
—Sí, lo sé —reconoció Albus.
La mejor amiga de Tessa no había estado presente en el funeral. Eso había sido inusual e inesperado. Albus sabía perfectamente el cariño que Circe Zabini profesaba por Tessa Nott. Era más que simple amistad. No había nada que Circe no estuviese dispuesta a hacer por ella.
Pero después de la batalla en Hogsmeade, su padre Blaise Zabini había sido capturado por los Aurores. Siendo su segundo crimen contra la sociedad mágica inglesa, esta vez el Wizengamot no tuvo piedad: fue condenado a veinte años en Azkaban sin posibilidad de libertad condicional. El escándalo había ocupado la primera plana de todos los periódicos, y la madre de Circe se había visto forzada a regresar a Italia, llevando a sus dos hijos con ella. Circe tenía prohibido volver a Inglaterra hasta el inicio de las clases. Su madre se había asegurado de que así fuera, sellando con potentes hechizos la vivienda y dejando a elfos domésticos como vigilantes de sus hijos.
Sabía que Tessa lo necesitaba en ese momento. Pero también lo necesitaba Scorpius. Después de todo, era su madre la que había muerto. El debate interno de Albus debió de volverse evidente en su rostro.
—Descuida. Yo puedo quedarme con Scor, por si despierta y necesita algo —ofreció Lysander, como leyendo su pensamiento.
—Gracias —aceptó Potter. Lanzó una última mirada a su mejor amigo antes de salir de la habitación. Seguía profundamente dormido.
A pesar de que era tarde, y hacía rato que la noche había caído sobre la Mansión Malfoy, no encontró a Tessa en su habitación. Sin embargo, su prima Lucy se encontraba recostada en una de las camas, pasando las hojas de la última edición de El Quisquilloso. Levantó la mirada y lo contempló por encima del borde de la revista con una expresión crítica.
—¿Sabes dónde está Tess? —le preguntó Albus. La forma en que Lucy lo observaba en ese momento lo hacía sentir incómodo.
—Dijo que necesitaba distraerse —le respondió finalmente—. También dijo que quería estar sola —agregó de forma significativa.
Albus ignoró la última parte. Cerró la puerta y volvió tras sus pasos, descendiendo por la escalera que llevaba a los dormitorios para llegar a la planta baja. Tenía una sospecha sobre dónde había ido su novia, y decidió seguir su instinto.
Efectivamente, encontró a Tessa en la Sala de Entrenamiento, donde un año atrás, Scarlet Raven les había dado clases personalizadas.
Tessa se había cambiado el vestido negro con el que había asistido a la ceremonia de Astoria y ahora llevaba ropa muggle, una camiseta y unos shorts deportivos simples y de color gris. Sacudía su varita con gran destreza frente a ella, lanzando una salva de hechizos contra uno de los muñecos de entrenamiento. Uno tras otro, los ataques daban en el blanco, y lentamente, el muñeco empezaba a desarmarse. Estaba tan concentrada que no escuchó entrar a Albus. Él se limitó a sentarse a un costado y contemplarla.
Siempre había sabido que su novia era inteligente, posiblemente más inteligente que él, y también hábil con la varita. Había logrado clasificar para el Torneo de Merlín, después de todo. Aún así, Albus se sorprendió de lo mucho que parecía haber progresado durante el último año. Era como si la muerte de sus padres le hubiese dado el estímulo y las fuerzas necesarias para llevar su técnica de duelo a un nivel más elevado. La había motivado a ser mejor bruja.
Cuando el muñeco finalmente colapsó bajo el último ataque e Tessa, Albus decidió que era buen momento de hacerle notar su presencia. Aplaudió suavemente, y el sonido de sus palmadas hizo eco dentro de la enorme sala. Tessa se giró bruscamente, con la varita todavía en alto.
—Eso fue… muy bueno —la felicitó Albus.
Tessa bajó la varita. Se había recogido el pelo para entrenar, pero varios mechones se habían escapado de la goma elástica que lo sujetaba y caían de forma errática sobre su rostro. Se llevó una mano a la frente para empujarlos hacia atrás, despejándose la cara. Tenía la frente perlada de sudor y las mejillas arrebatadas. No estaba sonriendo.
—¿Qué quieres, Albus? —jadeó mientras intentaba recuperar el aliento después del extenuante entrenamiento. La pregunta lo tomó por sorpresa, pero intentó disimularlo.
—Venía a chequear cómo te encontrabas —respondió como si fuese obvio, levantándose y caminando hacia ella. Tessa respiraba agitada, sus ojos oscuros escapándose de él.
—Qué considerado de tu parte —dijo Nott, dándole la espalda y caminando hacia una silla donde había una toalla y una botella de agua. No se le escapó el sarcasmo que impregnaba esas palabras.
—Estas enojada, y lo entiendo —señaló Potter. Tessa suspiró y tiró su cabeza hacia atrás, mirando hacia el techo.
—No, Albus —lo contradijo—. No estoy enojada. Estoy cansada.
—Has pasado por unos días muy difíciles, Tess. Claro que estás cansada —repuso Albus, todavía avanzando hacia ella. Pero Nott soltó una risa amarga que lo hizo detenerse en seco.
—No —volvió a contradecirlo—. No estoy cansada del viaje, ni del funeral, ni del entrenamiento. Estoy cansada de nosotros. De ti —se aseguró de mirarlo a la cara cuando dijo lo último.
Por unos segundos, Albus no supo qué decir. No se había esperado eso.
—Pensé que… —titubeó Potter. Estaba fuera de su elemento, y no había ido preparado para tener esa conversación. Carraspeó, intentando recuperarse—. Pensé que estábamos bien.
—Yo también —coincidió Tessa, quitando sus cosas de la silla y sentándose pesadamente en la misma. Albus sintió que el corazón se le estrujaba al verla con esa expresión de desconsuelo. —Pensé que podía lidiar con… con todo lo que implica estar en pareja contigo. Y lo intenté, Albus. Verdaderamente lo intenté, porque te quiero y quiero que esto funcione. Pero…
—¿Pero qué? —preguntó Albus al ver que ella no encontraba las palabras para continuar. Lo contempló con ojos vidriosos.
—No creo poder seguir así. Me siento sola, Albus —dijo Tessa con cruda sinceridad—. Necesito a mi novio conmigo en este momento. Y necesito saber si puedes hacer eso o no.
Se sintió que lo ponían entre la espada y la pared. Su relación con Tessa había experimentado altibajos desde los comienzos, y Albus sabía que gran parte (si no toda) la responsabilidad de ello era suya. Nunca había logrado darle a Tessa el lugar que merecía, o al menos, el lugar que ella necesitaba. Y no estaba seguro tampoco de poder hacerlo. Una guerra se estaba desatando a su alrededor. La cabeza de Albus era como un nido de abejas zumbando, cientos de preguntas, teorías, preocupaciones, planes y estrategias reclamando de su atención.
Pero tras la muerte de los padres de Tessa, la relación entre ellos había entrado en una especie de estabilidad. Había pensado que Tessa finalmente había logrado aceptar que Albus tenía otras cosas importantes de las cuales ocuparse, muchas de ellas más importantes que la relación de ellos. En realidad, había sido la calma que antecede a la tormenta.
La desesperación lo envolvió, sofocándolo. No quería perderla. No podía perderla. No ahora. No estaba listo para dejarla ir. Y sabía que ella no quería eso tampoco. Podía leerlo en lo profundo de sus ojos gatunos. Podía percibir cómo se aferraba a los últimos restos de esperanza que quedaban. Ella quería creer en él. Quería creer en ellos. Había dicho que lo quería. Todavía lo quería. No estaba todo perdido.
Recorrió la distancia que los separaba con decisión, y tomándola por la cintura, la levantó de la silla y la besó.
No fue un beso de esos que acostumbraban a darse, impacientes y sedientos. Fue una caricia, sus labios deslizándose con cuidado sobre los de ella, su lengua explorando delicadamente su boca, como si fuese su primer beso. Sintió cómo Tessa se relajaba entre sus brazos y finalmente entrelazaba sus manos alrededor del cuello de Albus. Él deslizó una de sus manos hacia arriba, recorriendo su espalda hasta llegar a su cabello, y tiró de la coleta que lo sujetaba, liberándolo. Le fascinaba cuando el cabello de Tessa le caía libre sobre los hombros, envolviéndolo con ese aroma marítimo.
Cuando finalmente rompieron el beso, no se separaron sino que permanecieron abrazados. Tessa apoyó su cabeza sobre el hombro de Albus, y éste la envolvió todavía más con sus brazos, acercándola a él.
—No estás sola —le susurró Albus al oído. La sintió estremecerse entre sus brazos, y la humedad en su hombro le dijo que Tessa estaba llorando.
Era la primera vez que lloraba desde que Astoria había fallecido.
La noche estaba calurosa y húmeda. A pesar de ello, Elektra prefirió quedarse en la terraza que se abría desde las puertas traseras de la Mansión hacia el jardín en lugar de ir directo a la habitación que compartía con Rose y Hedda. Necesitaba un poco de aire. Los últimos meses se habían abalanzado sobre ella sin darle respiro, sin tiempo para poder procesar todo lo que estaba sucediendo. La muerte de la madre de Scorpius había terminado por desestabilizarla, dejándola con una sensación opresiva en la garganta y un dolor sordo en el pecho.
Era la primera vez que visitaba la Mansión Malfoy donde la Orden del Fénix había instalado su base de operaciones. Y si el ataque que había presenciado en Hogsmeade no había sido suficiente para hacerla caer en la realidad de la guerra, llegar a esa casa sin duda terminaba por afianzarlo. Se respiraba en el aire. Se podía leer en los rostros de todos los que transitaban la mansión. Y eran muchas personas, sobre todo ahora que los más jóvenes habían llegado.
Inconscientemente, Elektra se llevó una mano hacia el antebrazo. Acarició con suavidad las cicatrices que marcaban su piel bronceada. Recordó el dolor quemante y abrasivo que la había atravesado cuando ese látigo mágico se enroscó alrededor de su brazo. Recordó la desesperación de sentirse atrapada e indefensa. Ese momento de puro pánico cuando había pensado que no había salida. Recordó a Scorpius, desangrándose sobre la calle adoquinada de Hogsmeade. A Rose, llorando desconsolada mientras intentaban contener la hemorragia sin éxito. A Lysander, peleando por respirar contra una maldición sofocante. Y a Albus…
Un escalofrío le recorrió la espalda a pesar del intenso calor que la rodeaba. Nunca lo había visto como ese día. Albus se había mostrado decidido a la hora de pelear… Y peligroso. Estaba muy por encima del nivel de duelo de Elektra, y posiblemente por encima del de todos ellos. Albus le había salvado la vida. Había derribado al Rebelde que la tenía atrapada con un lazo de fuego mágico, y la había ayudado a correr hasta la casa de Victoire. Y Elektra no sabía que hacer con todo lo que sentía ahora, una ovillo de sentimientos que no podía desenredar.
Alguien golpeteó suavemente contra el cristal de la puerta de la terraza, a pesar de que se encontraba abierta. Elektra se encontró con Louis Weasley sonriéndole tímidamente, recostado contra el marco de la puerta de vidrio, sus nudillos todavía apoyados contra el vidrio allí donde había tocado.
—¿Se puede pasar? —le preguntó con ese aire travieso y alegre que lo caracterizaba.
—Es una terraza abierta, no tienes que pedir permiso —Ely intentó devolverle la sonrisa, aunque sabía que no lucía del todo convincente. Louis se encogió de hombros y se despegó del marco.
—Te veías muy concentrada y no quería interrumpir lo que fuese que estabas pensando —confesó mientras que caminaba lentamente hacia donde Elektra permanecía apoyada contra la barandilla de piedra.
El grupo de Elektra no eran los únicos que estaban hospedándose en la Mansión Malfoy. Los hermanos de Albus también se habían trasladado allí luego de pasar tan solo unos días en el Valle de Godric, para no levantar demasiadas sospechas. Y como era de esperar, James contaba con la compañía de dos de sus mejores amigos, Lorcan y Louis, cuyas familias también estaban involucradas en la Orden del Fénix.
Elektra había llegado justo a tiempo para asistir al funeral, y durante el día, ella y Louis no habían tenido espacio para conversar a solas. Elektra había estado enfocada en acompañar a Scorpius en su dolor, y Louis lo había respetado, manteniéndose al margen. Ese era el primer momento a solas que tenían desde que se habían despedido en el Andén 9 ¾ al final del año escolar.
Tenía que reconocer que la presencia Louis a su lado era reconfortante. Siempre lo había sido. Louis había llegado a la vida de Elektra sin que ella se lo esperara. Había sido un romance progresivo, pausado y cauteloso. Louis era paciente y atento. Era inteligente y gracioso, y compartía el amor por la música con Elektra. A su lado, era imposible pasarla mal. Louis exudaba alegría y energía positiva. En todo el tiempo que llevaban juntos, jamás habían tenido una pelea. No habían tenido motivos siquiera para pelear. No había nada que Elektra pudiera recriminarle. Él era el novio perfecto.
Y sin embargo, Elektra no había logrado enamorarse.
Lo había intentado. ¡Por Merlín, que lo había intentado! Nada le habría dado más alegría que poder enamorarse de él. Pero si algo había aprendido durante los últimos meses, era que no se podía forzar al corazón a sentir algo que no era capaz de sentir… Ni a la inversa.
—Louis… —susurró Elektra, sintiendo que las palabras se le atoraban en la garganta. Se sorprendió de escuchar que Louis soltaba una risita baja y cuando torció la cabeza para mirarlo, se encontró con que una sonrisa derrotada se había dibujado en su apuesto rostro.
—Vamos a tener esa charla, entonces —comprendió Louis, exhalando todo el aire de sus pulmones. Tenía los brazos apoyados sobre la cornisa, y jugueteaba con los dedos evitando así mirarla a la cara. Elektra se mordió el labio, nerviosa.
—Hasta que sucedió lo de Hogsmeade yo no me había dado cuenta de… creo que no terminaba de tomar dimensión de lo grave de la situación —intentó explicarle, su voz entrecortada—. Esto que está pasando… Esta guerra… La gente está muriendo. Nosotros podríamos morir en cualquier momento.
—Elektra… Todos mueren. Más temprano o más tarde —la interrumpió Louis, y por primera vez desde que lo conocía, lo escuchó hablar en un tono agrio.
—Exacto —coincidió ella. Louis levantó la mirada, desconcertado—. No sé cuánto tiempo nos queda. Pero sí sé que, sea lo que sea, quiero que lo pases con alguien que sea capaz de amarte como te mereces, Louis.
—Y esa no eres tú, ¿verdad? —dijo Louis, la tristeza trasluciendo en sus ojos.
—No, no soy yo —confesó Elektra.
Le dolía decirlo porque sabía que eso significaría el final para ellos. Pero Louis se merecía más. Se merecía más de lo que ella podía ofrecerle. Se merecía una persona que lo amara con locura. Se merecía alguien que pudiera devolverle todo eso que él entregaba de forma tan desinteresada y pura. Y ella no podía hacerlo.
Louis tiró la cabeza hacia tras, mirando hacia el cielo nocturno, e inspiró profundamente. Los segundos se prolongaron en silencio, y Elektra empezó a preocuparse.
—Entiendo si estás enojado conmigo… —empezó a decir, sin poder soportar más el silencio incómodo. No estaba acostumbrada a sentirse incómoda junto a Louis. Él sonrió, con la cabeza todavía tirada hacia atrás. Tenía una sonrisa hermosa.
—No, no estoy enojado —le respondió, ese tinte divertido volviendo a su voz, como si encontrara el comentario gracioso—. Jamás podría enojarme contigo —agregó, torciendo la cabeza levemente hacia ella para guiñarle un ojo. Elektra soltó una risita de puro alivio.
—Entonces… ¿estamos bien? —quiso asegurarse Ely, y su voz titiló esperanzada. La sonrisa se acentuó todavía más en los labios de Louis.
—Sí, estamos bien —confirmó él.
Se quedaron nuevamente en silencio, aunque esta vez se sentía relajado y plácido. El aire tibio de la noche les sacudió el cabello, trayendo el aroma de los jazmines que había en el jardín debajo de la terraza. Era un aroma fresco y delicioso. En esa terraza, en la quietud de la noche, la guerra parecía algo distante y ajeno. Elektra se encontró deseando que el tiempo se detuviera para siempre en esa paz. Era un deseo infantil e idealista.
—¿Qué crees que pasará a partir de ahora? —se encontró preguntando en voz alta. Louis sopesó su pregunta un momento.
—Creo que las cosas se pondrán muy feas —respondió con absoluta sinceridad. Elektra se removió inquieta.
—Tengo miedo —confesó finalmente. Era la primera vez que lo decía en voz alta.
Louis deslizó su mano por sobre la barandilla hasta colocarla sobre la de Elektra. El contacto era suave, pero de alguna forma, íntimo. Ella le correspondió el gesto entrelazando sus dedos con los de él.
—Yo también —dijo Louis casi en un susurro—. Habría que estar completamente demente para no tener miedo, Ely.
—¿Piensas que podemos ganar? —llevaba demasiado tiempo guardándose esas preguntas, temerosa de las posibles respuestas que escucharía si las formulaba en voz alta. Louis hizo una mueca.
—Eso espero. Es lo que elijo creer —respondió finalmente, y Elektra no pudo más que admirar la entereza y la tranquilidad con la que hablaba.
Ella también quería creer que sería así.
¿Deseaban ver de regreso a los chicos? Bueno, este capítulo ha traído un poco de todos... Y sí, ha dado un cierre a las dudas que tenían y preguntas sobre el destino de Astoria.
Seguramente me decisión de dejar partir a Astoria no será aceptada de forma alegre por muchos de ustedes, y lo entiendo, porque uno se encariña con los personajes y no quiere que mueran o sufran. Pero hago un esfuerzo por mantenerme fiel a lo que originalmente había planeado, y a pesar de que muchas veces ustedes me piden en los reviews que no mate a algún personaje, o que empareje a tal con tal... No es que no quiera complacerlos, es solo que es imposible dejar a todos contentos. Y quiero escribir la historia tal como la planifiqué en sus inicios, antes de saber siquiera si llegaría algún día a terminarla.
Ahora, algunos comentarios sobre este capítulo en sí:
*Retomamos un poco con Scor y Rose. De nuevo, entiendo que es una pareja que genera sentimientos encontrados. Están aquellos que los aman, y aquellos que los odian. Personalmente, a mi me encantan juntos, pero porque siento que los personajes que cree para ellos se ensamblan muy bien, y son, como muchos señalaron, una de las parejas más equilibrada y sana de entre los jóvenes.
*Draco y Harry: en mi mente, siempre imaginé que Draco se resintió mucho cuando Harry se negó a ser su amigo, y ese fue el origen de la enemistad entre ellos. Y creo que también se alimentaba de los celos que Draco sentía por Harry, la envidia de quien era y lo que hacía. Siempre pensé que Draco se moría de ganas de haber sido su amigo, y creo que debe de haberse preguntado muchas veces en su vida que habría pasado si Harry hubiese aceptado su amistad. Así que quise reflejar un poco eso en este diálogo. Pienso que Harry y Draco de once años nunca podrían haber sido amigos. Pero el Harry y el Draco de ahora, después de todo lo que han vivido... Creo que podrían llegar a serlo, algún día.
*Tessa/Albus: oh, venían preguntándome mucho por esta pareja. Y soy totalmente consciente de lo que piensan sobre ellos, jaja. Pero creo que su relación también es bastante "realista". Es decir, tienen 15-16 años. A esa edad, es lógico que las relaciones amorosas no sean perfectas, ni maduras, y que las personas cometan errores, o no tengan una relacion de adultos... Porque básicamente, son adolescentes que no saben nada de amor jajaja. Tessa y Albus están aprendiendo sobre la marcha... Están descubriendo qué es lo que les gusta y que no, que cosas son capaces de tolerar y cuales no, y hasta donde estan dispuestos a dar en esta relación.
*Elektra/Louis: de nuevo, creo que aquí muchos me van a odiar. Pero sí, este es un final para ellos dos. Hacían una pareja perfecta, pero Ely no estaba enamorada de él... Y ella es demasiado buena como para seguir en una relación donde no puede darle a la otra persona lo que necesita. Aprecia demasiado a Louis como para hacerle eso. Y Louis se merece una mujer que lo ame, ¿no creen?
Hay un par de cosas más que se deslizan entre líneas en este capítulo, pero veremos si ustedes solos las descubren.
Gracias por la paciencia, por los mensajes y los reviews! Sus comentarios son lo que me incentiva a seguir esta historia hasta el final, así que no duden en seguir dejando reviews, aunque solo sea para hacerme saber que siguen del otro lado.
¡De nuevo! Gracias también a Celeste y a Severus 8 por armar un grupo de Telegram para la Saga! Son los mejores lectores que un escritor puede desear. Me muero por saber qué están hablando por ahí... jeje, espero que no me odien después de este capítulo. Para los que me mandaron mensajes preguntando, pueden encontrar el grupo en telegram con el nombre Saga Rebelion Gabriela LB.
Respondiendo sus reviews:
Alee7: siempre que puedo, intento tomarme el tiempo para responder a sus dudas y comentarios. Siento que es la mejor forma de retribuirles por leer mi historia y apoyarla. A veces, hay preguntas que no puedo responder porque son importantes para el futuro de la historia, pero siempre que puedo, intento darles respuesta. ¡Te sorprendería como algunas teorías de los lectores se acercan peligrosamente a lo que tengo planeado! jaja. Es difícil seguir una historia que esta en proceso de escritura, porque requiere de paciencia como lector, y siempre existe ese miedo de que el autor abandone la historia, o se demore tanto en actualizar que uno pierda el interés en leerlo (espero no ser el caso, jaja. Estoy decidida a terminar esta historia de una vez por todas!). Gracias por el comentario y espero seguir viéndote por aquí.
Yanelyn: habrá noticias sobre lo que sucedió con Katya. Prometo que se enterarán si sobrevivió o no a la destrucción del Bosque. La semana pasada actualicé relativamente rápido porque era un capítulo que tenía muy bien planeado desde hace tiempo. Era el capítulo que daba cierre a la historia de los Domadores y a los orígenes de los hermanos Fox, así que mis dedos fluyeron excepcionalmente veloces (y además, fue relativamente corto). Esta vez me demoré un poco más porque este capítulo maneja otra complejidad, y es un poco más introspectivo... Navegamos un poco por varios de los personajes del grupo de Albus, y empezamos a ver cómo la guerra los está afectando. Espero que este capítulo sirva para saciar un poco ese deseo de saber qué ha pasado con otros personajes, jeje.
anilem12: no pasa nada si no puedes comentar todos los capítulos, ya lo sabes. Por supuesto que yo siempre me alegro cuando lo hacen, y me encanta recibir reviews, jaja. Pero entiendo que muchas veces no es fácil. ¿Descansar? ¿Qué es eso? Creo que no conozco esa palabra, jaja. No, no he descansado demasiado entre los libros... Fue un tiempo dedicado principalmente a organizar información y armar el esqueleto del libro, estructurar un poco las cosas importantes que quiero que sucedan y en qué orden deben suceder. Pero estoy en un momento de mucho impulso, y quiero aprovecharlo. Katya: sí, un personaje que vimos aparecer en Heredero de Merlín, y que causó mucho revuelo en la vida de Ted. Y ahora la vemos reaparecer, aunque brevemente. Veremos qué le depara el futuro, si es que lo tiene. La familia de los Fox... Es una familia complicada. La madre de ellos no es la madre del año, eso está claro. Y la infancia de los mellizos no fue una infancia del todo feliz. La relación entre sus padres era tóxica, y ello repercutió claramente en ellos. Se hace evidente que tanto Felicity como Rick no son las personas más funcionales al momento de formar parejas. A Felicity le cuesta mucho abrirse a alguien. Le tomó muchos años finalmente animarse a confiar en Thomas, e incluso entonces, tenía miedo. Y Rick... yo lo adoro, pero es incapaz de tener un vínculo serio y profundo. Tan pronto como una relación empieza a volverse un poco más real, él se escapa. Nunca se ha permitido enamorarse. Y sobre la relación entre Felicity y su madre... Felicity es una mujer pasional. Es intensa y feroz. Y rencorosa. Le cuesta perdonar. Lo hemos visto con Victoire, y lo volvemos a ver aquí con su madre. Pero creo que también es entendible. En el fondo, todo lo que ella quiere es una madre que la ame.
fernandadulce16: Gracias por el mensaje! Que bueno que te guste la historia. Sobre si la conducta de Felicity es o no típica de un Slytherin... Bueno, yo no soy de encasillar tan estrictamente a los personajes con sus casas. Creo que si bien hay rasgos distintivos que determinan a dónde son seleccionados, también pienso que pueden tener otras características distintas, de otras casas. Como Harry, que era Gryffindor pero en muchas cosas se parecía un Slytherin. O Hermione, que bien podría haber sido Ravenclaw. Tienes que pensar que Felicity es todavía joven, le queda mucho por crecer y madurar. Y las personas tendemos a ser mucho más exigentes y duras con aquellos a quienes queremos o son más cercanos. Felicity no deja de ser una niña herida que todavía culpa a su madre por los errores que cometió, y en el fondo, es el amor lo que la lleva a comportarse así.
Adelle Marie: Sí, lo sé, es complicado encontrar tiempo para comentar todos los capítulos, sobre todo porque yo actualizo relativamente rápido y talvez no les doy tiempo a que lleguen a comentar. Katya creo que es un personaje que llama la atención porque se sale un poco de lo que estamos acostumbrando. Es una ermitaña. Es una bruja que no quiere ser bruja. Y se puede leer entre líneas que hay una historia allí, un pasado que la ha convertido en la persona que es hoy. Sobre los personajes femeninos en mi historia... Tengo una tendencia a crear mujeres fuertes, jeje. Me gusta darles personalidad, un carácter definido, pero también me gusta que tengan defectos. Que no sean mujeres perfectas. Como Felicity.
Marcedsosa: ¿Tienes ganas de ver al trío de Camelot? Oh, no, no es muy pronto para eso. Tengo algunos planes para esos tres en este libro... Y dentro de poco tendrás algunas novedades. Ya veremos si les gustan las decisiones que tomo sobre los futuros de ese trío ;) Es verdad que en los libros de JKR rara vez vemos un poco de lo que sucede fuera del mundo de Hogwarts. No sabemos mucho de como funciona el Cuartel de Aurores, por ejemplo. Y eso fue algo que me gustó mucho explorar en mis historias porque me da mucha libertad como escritora, ya que no hay demasiado sobre el tema. Gracias en serio por ofrecerte a ayudarme. No me malinterpreten, no es que soy una solitaria que no quiere ayuda. Al contrario, toda la ayuda es siempre bienvenida. Es solo que mis experiencias con beta readers han sido... no del todo satisfactorias. Me gusta cumplir con mi historia, y entregar al menos un capítulo por semana, y para lograr eso, tengo que tener a alguien que sea capaz de comprometerse y que tenga el tiempo necesario para ayudarme a revisar los capítulos sin demorarme. No puedo estar esperando a las correcciones para actualizar. Prefiero hacerlo yo misma, aunque muchas veces eso signifique que se me deslizan algunos errores. ¡Pero ahí confío en ustedes como lectores para que me avisen cuando me equivoco! jeje.
Wander Clearwater: me gusta tu teoría sobre la posibilidad de que alguien use Excalibur para defender Camelot. Es una idea interesante. Supongo que tendremos que esperar para ver si se hace realidad, jaja. En el capítulo pasado se hacen muy claras las diferentes personalidades de Rick y Feli, y como cada uno de ellos reacciona de formas diferentes. La madre de Felicity no ha sido la mejor madre. Ha cometido muchos errores, y su familia ha sufrido las consecuencias de ello. Pero bueno... Los humanos no somos perfectos. Creo que es entendible la reacción de Felicity, y eso de recriminar a nuestros padres los errores que cometieron con nosotros. Se requiere de cierta madurez y también de una especie de duelo para aceptar que nuestros padres no son perfectos, y que no se puede cambiar el pasado. ¿Hizo bien la madre en no contarles sobre el pasado de su familia? Ella creía que era lo correcto. Fue su forma de protegerlos. Ella vio a su propia madre sufrir a causa de ese poder, y quiso evitarles un futuro peligroso. Los elfos domésticos de la familia Fox... Se los trajo Anya desde Inglaterra, cuando se mudaron durante la Segunda Guerra Mágica. ¿He pensado como están regulados en EEUU? ¿Tienen los mismos derechos que les consiguió Hermione en Inglaterra? Mmm, no lo he pensado demasiado. Pero si tuviese que plantear ese escenario: no, no tendrían los mismos derechos que en Inglaterra. Creo que EEUU está un poco más atrasada en ese sentido. ¿Sabremos algo más de la historia de Oxanna Fritzsche? Bueno, yo tengo escrito mucho de ella en mi anotador jajaja. Pero bueno, lo tengo para todos los personajes, y no necesariamente todo lo que escribo después llega a la historia.
Severus 8: ¿Te gusta lo de las frases del comienzo? Yo soy de coleccionar mucho frases, y también fragmentos de canciones. Creo que a veces, reflejan exactamente lo que uno quiere expresar. Jajaja tu teoría de un último año en el Instituto de Salem... No, eso no sucederá, lo siento. Pero sí puedo decirte que volveremos a ver algunas caras de ese colegio. El nombre de Thomas no tiene ningún significado particular... Quise ponerle un nombre común muggle, porque él viene de familia muggle. La magia está en su apellido. Y Scarlet... Es escarlata en inglés. Un color bastante significativo para una persona como ella... Dejaré que tú mismo saques tus conclusiones. ¡Yo no soy cruel! Jaja. Soy... ¿realista? Veo que te has encariñado con Morgana... Te prometo que le daremos un cierre a su personaje, de una forma u otra. No, Aquilanest no está protegido por el Encantamiento Fidelius. El Mago no confía en nadie para que sea su guardián secreto, y él no se expondrá a eso. Tampoco lo cree necesario. Hay muchas formas de proteger un lugar, sobre todo si estás dispuesto a usar cualquier forma de magia. Espero que estén preparados, porque si el capítulo de los Fox les pareció nostálgico... Bueno, las cosas no irán mucho mejor que eso en este libro. ¡Oh sí, Felicity tiene una visión idealizada del amor! Pero también, una visión un poco tétrica. Ella ha visto el amor cuando se corrompe. Sabe cuanto puede doler. Cuando los padres se separaron, el papá de los mellizos la pasó bastante mal, mientras que su madre rápidamente volvió a casarse. Felicity tomó partido del lado de su padre, y su resentimiento con su madre empeoró después de que él falleciera. Sobre el padre de los Fox: él ha muerto. Murió cuando ellos estaban terminando Hogwarts. ¿Es alguien importante a la historia? Solo en el sentido de que es el padre de los chicos. ¿Estuvo involucrado con los Angeles Negros? No. El padre de los mellizos era un buen hombre, demasiado bueno talvez.
Little Mess: sí! Ya sé que me sigues hace mucho, jeje. Trato de no olvidarme de aquellos que se han mantenido junto a esta historia durante todos estos años :) ¿Estabas ansiosa por ver a Albus y los demás? Bueno, espero que este capítulo ayude a calmar la ansiedad, jeje.
N. T. R : ¡Te encontraste con dos capítulos juntos! Eso siempre es una noticia inesperada y satisfactoria! Los finales... Siempre me ha gusta el drama jaja. Y soy de darle esos finales "contundentes" como dijiste. Este capítulo no es la excepción tampoco jaja. Y sí... dicen mucho y no dicen nada al mismo tiempo. Te anuncian que algo va a suceder, pero no sabes exactamente qué ni cuando. ;) Yo sé que todos acumulan ganas de ver a Albus cuando empiezo los libros, y en las últimas entregas he demorado la aparición tanto de él como del resto del grupo porque la trama se ha vuelto mucho más que Albus y sus amigos en Hogwarts. Pero sigue siendo el eje central de la historia, quédense tranquilos.
lulu0611: Estoy intentando mantener un buen ritmo de escritura. Algunos capítulos me resultan más simples que otros, y algunas semanas estoy con más tiempo libre que otras. Pero voy ha hacer lo posible por cumplir con un cronograma parecido al que llevé con Rebelión V, de subir un capítulo cada 7-10 días, aprox. A veces puede que sea menos, y otras, puede que un poco más. ¿Así que tus ganas de ver al trío de Camelot casi que equiparan las ganas de ver al grupo de Albus? Jajaja. Bueno, este capítulo saciará al menos uno de tus deseos. Para el otro, tendrás que esperar un poco más. Katya... Es un personaje que creo que atrajo la atención porque es un poco lo contrario a lo que venimos viendo de los híbridos. Tenemos a Ted y a Hedda, que ambos intentan reprimir su lado animal y escapar de sus instintos, y tenemos por otro lado a Katya, que ha elegido el camino opuesto, y reniega de su propia magia. La actitud de Felicity... No, no es la mejor. Pero carga con un pasado feo y difícil de perdonar, y ella no es tan benevolente como su hermano. ¿Se arrepentirá de ello? Posiblemente. En el fondo, este tipo de rencores solo terminan lastimando a la propia persona que los siente. ¿El padre de los mellizos está muerto? Sí. ¿Miles está colaborando con la Orden del Fénix o simplemente ayuda a Harry sin saber realmente lo que está haciendo? Un poco de ambas. Está ayudando a Harry porque sabe sobre la Rebelión y quiere prevenir que estos ganen, pero no conoce en detalle los motivos por los cuales los hermanos Fox viajaron a Estados Unidos. Solo sabe que Harry le pidió que mantuviera oculta su presencia allí y que los cuidara hasta que pudieran volver a Inglaterra.
Soar97: Lancelot es un personaje que todavía tiene un papel por jugar en esta guerra. Bueno o malo, eso está por verse. ¿Siempre tienes la sensación de que la paz de Lily tiene un precio? Bueno, todo tiene un precio en esta vida, no? Jejeje. ¿Quieres que hagamos una apuesta sobre quién será mentor de quien? Adelante, escucho propuestas! ¿Quién crees que serán los mentores de Jasper, Hamilton y Molly? Sobre el capítulo en si: No, Anya no tuvo tampoco una infancia muy feliz. Ha cargado con el peso de su herencia durante mucho tiempo. Ella misma lo dice... Es una maldición a sus ojos. ¿Justifica eso como se comportó con su familia y sus hijos? No, claro que no. Pero supongo que podemos decir que hizo lo mejor que pudo, aunque se equivocó y mucho. ¿El padre de los mellizos tuvo sus fallas? Bueno... Las parejas se hacen de a dos. Se necesitan dos personas para hacerlo funcionar. Pero en términos generales... Era un buen hombre. Y estaba perdidamente enamorado de Anya.
EJ-RP: Es una buena idea la de volver a buscar información a los libros anteriores cuando uno esta leyendo, sobre todo porque esta historia tiene muchos personajes, muchas tramas, y a veces se vuelve complicada de seguir (¡Perdón!). ¿Cómo es posible que la gente del Mago no rastree todavía el árbol genealógico de la familia Fritzche? Tienes que tener en cuenta que ellos primero tienen que descubrir la identidad de Felicity... Lo cual claramente no les tomará demasiado tiempo, teniendo en cuenta que ella era una actriz relativamente conocida en Estados Unidos. Es por eso que los hermanos Fox le dicen a su madre que tiene que esconderse cuanto antes. No tardarán en ir a buscarlos. ¿Anya fue una mala madre para proteger a sus hijos? Mmm... no. A ver, sí muchas cosas que hizo fue porque quiso protegerlos. Por ejemplo, la idea de mudarse a Estados Unidos. Pero instalarse en otro país le causó mucho resentimiento. No le gustaba vivir ahí. Y eso repercutió en su relación con sus hijos y con su esposo. Ella no era una madre cariñosa y atenta. ¿Quiere decir esto que no quería a sus hijos? No, claro que no. Los ama. Pero falló en muchas cosas durante la infancia de ellos... No estuvo muy presente, su relación con el padre de los chicos se volvió cada vez más agresiva. Se peleaban mucho. Ella lo engañó con otro hombre. Sucedieron muchas cosas. Y el cierre del capítulo... Si, es una despedida.
Camilla 740: gracias Cami! Hemos conocido un poco mejor a los mellizos, y también podemos ver un poco más sus personalidades, y cómo se diferencian a pesar de ser mellizos. ¿Anya sobrevivirá a la guerra? Oh, vamos, no puedes hacerme esa pregunta, jajaja. Sabes que no puedo responder sobre muertes. ¿Veremos a Rick poner en acción sus habilidades como Domador? Y ahora que Anya le ha confirmado que él también es capaz de controlar dragones, creo que podemos asumir que alguien como Rick intentará ponerlo a prueba. ¿Tu también tienes muchas ganas de volver a ver al trío de Camelot? Hay mucha especulación en torno a quienes serán sus mentores. ¿Tú apuestas por Harry con Jasper?
Saludos,
G.
