Capítulo 10: Oídos sordos
People at war with themselves will always cause collateral damage in the lives of those around them.
(Las personas en guerra consigo mismas siempre causarán daños colaterales en las vidas de quienes las rodean.)
John Mark Green
Afuera del tren, la lluvia caía como una cortina de agua. El viento golpeaba contra los cristales de los vagones haciéndolos vibrar. De a intervalos, la oscuridad gris del cielo se veía recortada por un relámpago brillante, seguido por el resonar ensordecedor del trueno que lo acompañaba.
Adentro del tren, en cambio, el clima era alegre. Los alumnos volvían a encontrarse después del receso de verano. A pesar de los meses de vacaciones, el recuerdo del ataque a Hogsmeade seguía fresco en el aire, sobre todo teniendo en cuenta las consecuencias que había tenido sobre la comunidad mágica. Era lo único de lo que parecían querer conversar.
La directora del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería había muerto, dejando a cargo del castillo a su vicedirector, nada menos que el Profesor Longbottom. Si bien el profesor contaba con el antecedente de haber peleado y sobrevivido a una guerra en el pasado, no era exactamente el tipo de persona que uno describiría como belicoso. En tiempos de paz, seguramente los padres y el Consejo de Hogwarts habrían estado de acuerdo con que Neville sucediera a Minerva McGonagall en el puesto. Pero ya no estaban en tiempos de paz, y la duda se había alzado entre muchos: ¿Era Neville Longbottom el indicado para hacerse cargo de la seguridad y protección de sus hijos ante la inminencia de una guerra civil?
Luego de largas discusiones y demoras en tomar una decisión, finalmente el Consejo había accedido a que Neville conservara el cargo de Director. El Auror Potter había jugado un rol fundamental al mostrarle su apoyo incondicional. Pero su permanencia en el puesto iba a estar supeditada a cómo se desempeñase durante el entrante curso lectivo. Su lugar como director no estaba asegurado.
Para afianzar la tranquilidad de los padres y recuperar la confianza del pueblo, el nuevo jefe del Departamento de Seguridad Mágica, Linus Cavenger, había implementado una serie de rigurosas modificaciones en las leyes para la seguridad mágica.
El equipo ERIC estaba recibiendo entrenamiento de combate y sus fuerzas se habían duplicado. Por cada auror con que contaba el cuartel, el ERIC tenía tres de los suyos. Estaban autorizados a detener y arrestar a cualquiera que consideraran peligroso o sospechoso, y a multar cualquier acto que supusiese un peligro para la comunidad. Se les había entregado un nuevo uniforme de color púrpura, fabricado en el mismo material con que se producían los uniformes de los aurores, capaces de repeler una gran cantidad de hechizos. Era ropa de combate. Incluso estaban autorizados a circular con una varita de repuesto por la vía pública, un permiso que hasta entonces se había reservado exclusivamente a fuerzas armadas.
Todos comentaban sobre la presencia de estos nuevos oficiales de púrpura que habían controlado el ingreso de cada una de las personas que entraban a la Plataforma 9 ¾, exigiendo la documentación pertinente, y escaneando la marca mágica de algunos para asegurarse que efectivamente eran quienes decían ser.
Dentro del Expreso de Hogwarts, sin embargo, solo había uniformes escarlatas con insignias de Aurores en sus chaquetas. Pero el hecho de que el tren escolar tuviese que ser escoltado por las fuerzas de seguridad del Ministerio también daba mucho que hablar entre los alumnos. La última vez que semejante medida había sido necesaria, Voldemort se encontraba con vida.
El camarote donde Albus se encontraba reunido con Scorpius, Hedda, Rose y Lysander no era la excepción. Allí también todo comentaban sobre los nuevos cambios y sus posibles implicancias. Pero Albus encontraba imposible concentrarse en la discusión que estaba teniendo lugar entre sus amigos. Poco le importaba en ese momento el crecimiento del ERIC y su adquisición repentina de facultades y de poder.
Hacía más de una hora desde que habían dejado Londres atrás, y Elektra todavía no aparecía. Eso era lo único en lo que Albus podía pensar en ese momento.
No habían vuelto a hablar desde la pelea el día que recibieron sus TIMO. Elektra no había regresado a la Mansión Malfoy para su cumpleaños, ni le había escrito. El Amuleto seguía sintiéndose anormalmente frío cuando Albus intentaba conectar con ella. Sabía gracias a Zaira Levington que Elektra se encontraba a salvo en la casa de sus padres, pero cuando Albus no la localizó en el andén esa mañana, temió que Ely hubiese tomado la terrible decisión de abandonar el mundo mágico.
Hedda y Rose lo tranquilizaron, asegurándole que ellas sí habían hablado con Elektra, y que planeaba volver a Hogwarts y continuar con su educación. Pero no se la cruzó en el andén, y cuando ocuparon el vagón habitual de todos los años, ella no se sumó al grupo. Si estaba dentro del tren, lo estaba evadiendo.
—Voy a dar una vuelta —anunció Albus, impaciente e incapaz de seguir aguardando en su asiento. Su anuncio fue seguido de un extraño silencio por parte de sus amigos.
—Nos han solicitado que circulemos lo menos posible por los pasillos durante el viaje… Ya sabes, por nuestra seguridad —le recordó Rose con cautela. Albus chasqueó la lengua e hizo un gesto con los hombros indicando que poco le importaba.
—Soy Prefecto, Rose. Puedo hacer lo que se me dé la gana —respondió de mala manera.
Se abrió paso entre sus amigos y abandonó el compartimento antes de que alguno pudiera esgrimir otro argumento en su contra.
Efectivamente, había poca gente transitando los pasillos del tren. En cambio, era fácil distinguir a los aurores con sus uniformes impolutos, deambulando de un lado al otro, en un estado de alerta constante.
Albus espiaba por las ventanas de los compartimientos a medida que avanzaba a lo largo del tren. Encontró el vagón donde su hermana Lily se hallaba reunida con sus amigos, y Nina lo saludó con la mano al reconocerlo. Albus devolvió el saludo con un gesto ausente, y continuó avanzando.
Esquivó velozmente el camarote donde sabía que solía estar Tessa con su grupo de Hogwarts. Se habían separado apenas habían llegado al andén. Su novia había salido inmediatamente en búsqueda de su mejor amiga Circe, con quien prácticamente no había tenido comunicación durante todo el verano. Aunque Albus no podía evitar sentir cierta reticencia hacia cualquier persona que se apellidara Zabini después de lo que había sucedido en Hogsmeade, no hizo ningún comentario a su novia.
Las cosas entre ellos no estaban yendo del todo bien. La relación lentamente se estaba enfriando y distanciando. Y por primera vez, a Tessa no parecía importarle. La joven Nott había encontrado su nueva vocación, y se había pasado todo el tiempo posible estudiando y practicando para lograr las calificaciones que sabía que necesitaría si quería convertirse algún día en aurora. Albus se sentía aliviado en cierta forma. La relación con Tessa empezaba a resultarle sofocante, y le alegraba que ella tuviera algo que la motivara. Cada día se volvía más evidente que ella necesitaba todo el apoyo que pudiera conseguir para seguir adelante después de perder no sólo a sus padres, sino también a su tía Astoria. Y cada día, Albus era más consciente de que él no podía darle lo que ella requería. El regreso a Hogwarts era un bálsamo para su relación: al menos allí, Tessa tenía a Circe, alivianándole la responsabilidad de Albus.
Siguió avanzando sin detenerse en el vagón de Tessa. Tuvo que recorrer tres vagones completos antes de encontrar a quién buscaba. Cuando finalmente lo hizo, descubrió que Elektra Cameron no estaba sola en su compartimiento.
Louis Weasley estaba con ella.
Albus los observó a través de la ventana como hipnotizado. Supo por el movimiento de los labios que Elektra estaba hablando, y por la expresión en su rostro, dedujo que era sobre algo que la preocupaba. Sentado frente a ella, Louis la escuchaba con atención y una suave sonrisa empática en su rostro perfecto. Repentinamente, Ely pareció trastabillar con las palabras, mordiéndose el labio inferior, y las lágrimas comenzaron a formarse en sus ojos negros. Estaba más apagada de lo habitual, como si su piel dorada hubiese perdido ese brillo que la caracterizaba. Louis extendió una mano gentil y envolvió con ella la mano de Elektra, reconfortándola.
Albus irrumpió en el camarote sin pensarlo. Abrió la puerta corrediza con más fuerza de la necesaria y tanto Ely como Louis se sobresaltaron ante la repentina y brusca interrupción. Inmediatamente se soltaron las manos.
Durante unos segundos, nadie dijo nada. Albus podía sentir algo gorgoteando dentro de su pecho, un enfado que no tenía razón de ser, pero que no podía evitar sentir. Elektra había superado el impacto inicial y ahora lo miraba con una mezcla de sorpresa e indignación. Louis tenía todo el aspecto de estar deseando poder desaparecer de allí en ese mismo momento. La tensión en el aire era palpable.
—Creo que los voy a dejar para que conversen tranquilos —rompió finalmente el silencio Louis, poniéndose de pie e introduciendo sus manos en los bolsillos del pantalón, visiblemente incómodo.
—No tengo ganas de hablar con él —soltó Elektra. Albus se sorprendió de la dureza con que las había pronunciado. No estaba acostumbrado a que Ely le hablara de esa forma. No recordaba nunca haberla escuchado hablarle así a nadie.
—Sí… Bueno, aún así creo que es mejor que me vaya —insistió Louis con una sonrisa nerviosa. Albus tenía la mirada clavada en Ely.
—Gracias, Louis —masculló sin siquiera mirarlo. Louis hizo una mueca tensa, y se abrió paso junto a Albus para salir del compartimiento y cerrar la puerta detrás de él.
Albus y Elektra quedaron a solas, atravesándose con las miradas.
—Pensé que tú y Louis habían cortado —señaló Albus, y sus palabras le sonaron agrias incluso en su boca. Elektra resopló, como si no pudiera creer que eso era lo que tenía para decir.
—¿Qué quieres, Albus? —le preguntó con un dejo de resignación.
—No viniste a mi cumpleaños —remarcó él, dando un paso más hacia el interior del vagón. Elektra desvió la mirada hacia la ventana. Afuera, la lluvia seguía cayendo de forma constante y brutal.
—No —respondió ella secamente.
—¿Por qué? —insisitió Al. Elektra meneó la cabeza y se pasó una mano por su largo cabello dorado.
—¿Realmente necesitas preguntarme eso? —suspiró Cameron, y cuando volvió a girar su rostro hacia él, Albus notó que volvía a tener los ojos llenos de lágrimas.
Fue como recibir una cuchillada en el pecho. Verla de esa forma lo desarmó completamente. Se sentó en el mismo lugar donde minutos atrás había estado Louis para quedar cara a cara con ella.
—Estuve preocupado por ti —confesó Albus—. No podía conectarme contigo a través del Amuleto… Temí lo peor, Ely.
—Me saqué el Amuleto, Albus —respondió ella, intentando que su voz sonara indiferente. Pero Albus podía leer a través de ella. Sabía que no había sido una decisión fácil de tomar para ella. —Necesitaba tiempo para estar tranquila y… pensar las cosas.
—¿Qué cosas? —inquirió Potter, frunciendo levemente el ceño con preocupación. Elektra volvió a morderse el labio.
—Todo —respondió con absoluta sinceridad—. Este mundo… A veces, es demasiado, ¿sabes?
Pero Albus no sabía. No podía saberlo. Ni tampoco entenderlo. Este era su mundo, y también el de Ely. Ella pareció percibir su confusión, porque esbozó una sonrisa triste, y la decepción en sus ojos obligó a Albus a desviar la mirada, avergonzado.
—Yo sé que tú no lo entiendes, Albus —le concedió ella—. Pero el mundo muggle es mi mundo también. Es donde crecí, donde están mis padres, mis amigos de la infancia… Me gusta ese mundo. No quiero abandonarlo. No voy a abandonarlo.
Albus asintió con un movimiento de cabeza, y Elektra soltó el aire que había estado conteniendo en los pulmones. El espacio entre ellos pareció relajarse.
—No debí decir lo que dije ese día en la Mansión cuando discutimos —susurró finalmente Albus. Esta vez, era él quien encontraba difícil mirarla a la cara mientras hablaba. Pero podía sentir los ojos negros de Ely sobre él, atentos y expectantes.
—El problema no es lo que dices, Albus. El problema es que lo piensas —le corrigió ella, recuperando esa gentileza que la caracterizaba.
—Fue egoista de mi parte pedirte que te quedaras en la Mansión… —continuó Potter, rascándose la nuca con una mano. No estaba acostumbrado a disculparse.
—Sí, lo fue —coincidió ella. Albus inspiró profundo, comprendiendo que iba a necesitar más que eso para conseguir su perdón.
—No tengo nada contra los muggles, Ely —aseguró él. No podía creer que estaba haciendo esa aclaración a Elektra entre todas las personas. Pero ella entrecerró los ojos contemplativamente, sopesando lo que acababa de decir.
—Simplemente te crees mejor que ellos —aclaró. Albus se había esperado que ese tema surgiera nuevamente en algún punto de la conversación.
—No se trata de quién es mejor, en realidad. Ellos tienen sus habilidades, y nosotros las nuestras, Ely. Pero en una guerra mágica, necesitas magia para pelear —había meditado mucho esa respuesta, seleccionando cuidadosamente las palabras, asegurándose de que su tono no fuese arrogante o peyorativo, sino simplemente informativo—. No era mi intención menospreciar a tu familia. Sólo quería protegerte. No quiero… —las palabras se le atragantaron a mitad de camino. Elektra lo miraba fijamente, dificultándole todavía más las cosas. Había una pureza en esa mirada que Albus siempre había encontrado fascinante—. No puedo permitir que algo malo te suceda. A ninguno de ustedes.
—No puedes protegernos a todos, todo el tiempo, Albus. Eres un adolescente de dieciseis años que todavía no ha completado su formación, y ellos… ellos son más fuertes —le recordó Elektra, un chachetazo de realidad. Esas palabras, sobre todo viniendo de los labios de Elektra, le hirieron profundamente el orgullo.
—Por ahora —masculló en un tono brave, entre dientes apretados.
—¿Qué?
—Son más fuertes… por ahora —repitió Albus, con absoluta seguridad. No supo bien por qué lo hizo, pero algo dentro de él lo impulsó a sujetar la mano de Elektra frente a él, de forma similiar a como lo había hecho Louis antes—. Pero hasta entonces, necesito que uses el Amuleto, Ely. Puedes seguir enojada conmigo si lo deseas. No tienes que volver a hablarme siquiera. Solo… lleva contigo el Amuleto. Por favor —agregó, casi desesperado.
La mirada de Elektra se desvió hacia su mano entrelazada con la de Albus, y durante unos segundos, pareció quedarse sin palabras, aturdida.
—Por favor —repitió Albus, dándole un suave apretón a la mano de su amiga. Ely cerró los ojos y respiró hondo, exhalando el aire lentamente por la nariz.
—Lo usaré —aceptó mientras abría sus ojos negros y los enfocaba en él. Albus sonrió, aliviado.
—Gracias —dijo Albus sin poder esconder su felicidad. Notó que Ely se sonrojaba levemente y retiraba la mano, liberándose de su agarre. Albus vaciló, sin saber bien qué hacer ahora. Se aclaró la garganta antes de volver a hablar: —Entonces… tú y Louis…
—Somos amigos —se apresuró a aclarar ella. Albus se contuvo de sonreír más de lo pertinente. Internamente, no podía evitar sentirse contento. No le gustaba la idea de que Elektra y Louis volvieran a estar juntos.
—No tienes porqué quedarte aquí sola el resto del viaje, ¿sabes? Puedes ir al camarote de siempre con el resto del grupo. Si prefieres yo puedo buscar otro lugar… —se atrevió a sugerir, envalentonado por la respuesta anterior.
—Iré en un rato —le respondió ella con una media sonrisa.
Albus comprendió que quería estar a solas. Se puso de pie pero antes de salir, agregó:
—Ya sé que dije que podías seguir enojada conmigo y que no tenía que volver a hablarme si no lo deseabas…
—No estoy enojada contigo, Albus —lo interrumpió ella, con infinita paciencia—. Me preocupo por ti.
Albus no pudo evitar que una risa suave escapara entre sus labios. Pero Elektra lo miraba con extrema seriedad. No era una broma. Estaba hablando en serio.
—No tengo mucha experiencia en el mundo mágico, pero en mi mundo las personas que se creen superiores al resto son quienes más daño terminan causando —vaticinó Cameron.
Albus abrió la boca para responder, pero nada salió de ella. Esta vez, había sido Elektra quien lo había dejado sin palabras. Un poco descolocado, abandonó el camarote para regresar al suyo.
Las cosas habían cambiado mucho en Hogsmeade desde la última vez que Albus había estado ahí. Para empezar, el pueblo ya no se encontraba bajo asedio y en llamas. En cambio, ahora se encontraba desbordado de seguridad, tanto Aurores como miembros del ERIC, destinados a escoltar a los alumnos hasta el castillo.
Al igual que lo habían hecho en el Andén 9 ¾, los aurores volvieron a inspeccionar las identidades y los equipajes de todos los pasajeros del tren. Para cuando finalmente llegaron junto a los carruajes, Albus se sentía un tanto exasperado y solo deseaba poder recostarse en su cama y descansar. La conversación con Elektra lo había dejado inquieto, y no podía dejar de darle vueltas a la cuestión en su mente.
Trepó al primer carruaje que encontró libre con Hedda siguiéndolo. Rose y Lysander se habían separado para ir a buscar a Elektra, quien a pesar de haberle dicho que iría al camarote, no lo había hecho. Pero Albus volvía a sentir la conexión que del Amuleto entre ellos, lo que significaba que Ely al menos había cumplido con su promesa de volver a usarlo.
—¿Scorpius? —llamó Albus, sin esconder la irritación de su voz, al ver que su amigo no subía al carruaje. Cuando no obtuvo respuesta de su amigo, giró sobre su asiento para buscarlo.
Scorpius se encontraba estático, con la mirada fija en la parte delantera del carruaje, donde unos escalofriantes caballos alados aguardaban para acarrearlos hasta la escuela.
—La primera vez siempre es un poco impresionante —comentó Hedda, con sorprensiva empatía.
Scorpius tragó saliva y asintió, trepando finalmente al carruaje. Los thestrals sacudieron sus cascos delanteros y comenzaron a avanzar. Las ruedas del carruaje crujieron mientras se deslizaban por el camino adoquinado.
Scorpius se mantuvo en un taciturno silencio durante todo el viaje, y ni Albus ni Hedda se atrevieron a sacar el tema de los thestrals de nuevo. Ambos eran conscientes de la persona a quien Scorpius había visto morir durante ese verano.
Como era de esperar, el Gran Comedor era un absoluto caos de gente y barullo, mientras los alumnos buscaban un lugar en sus respectivas mesas y conversaban entre ellos, un poco más distendidos ahora que se encontraban tras la seguridad de Hogwarts. Allí adentro, solo había un par de Aurores custodiando la puerta.
Neville Longbottom ocupaba el lugar reservado para el Director del colegio y su nerviosismo era evidente mientras contemplaba a los alumnos acomodarse en las mesas.
Las puertas del Gran Salón se abrieron, al igual que todos los años, para permitir el ingreso de los nuevos estudiantes que pronto serían seleccionados a las cuatro casas. Esta vez era Spike Gray quien encabezaba la fila de diminutos estudiantes. Lucían todos aterrados y fascinados en partes iguales.
Ni Albus ni Scorpius prestaron demasiada atención a la Selección. Ya no quedaba ninguno de los primos de Albus por llegar a Hogwarts, y no conocía a ninguno de los nuevos estudiantes. Pero Hedda lo codeó y lo hizo prestar atención cuando la Selección llegó a su fin. Era el momento del discurso de comienzo de ciclo lectivo.
En las mesas, todabvía vibraba la excitación que generaba la llegada de nuevos integrantes. Neville se aclaró la garganta ruidosamente, intentando llamar la atención del público para que guardaran silencio, con poco éxito. Lanzó una mirada desesperada hacia sus colegas.
—¡SILENCIO! —salió a su auxilio Hagrid, su voz retumbando por el salón sofocando cualquier sonido. Todos obedecieron al instante, los más pequeños que no conocían al guardabosques un tanto asustados. Neville hizo una inclinación de cabeza hacia el semigigante, y se puso de pie.
—Buenos días… En realidad, debería decir buenas noches… —comenzó a hablar el director Longbottom, transpirando visiblemente mientras se peleaba con las palabras. Varios estudiantes soltaron risas ahogadas, provocando que Neville se sonrojara todavía más.
—Vamos, tío Nev —susurró Albus por lo bajo, dándole aliento.
—Bienvenidos a un nuevo año en Hogwarts —continuó el director, con dificultad—. Sí, otro año…
—Por Merlín, esto es patético —Albus escuchó a Leyla Warrington, su compañera de año, susurrar por lo bajo entre sus amigas. Todas rieron maliciosamente.
—¡Los anuncios! —exclamó Neville, recordando finalmente lo que se suponía que debía decir—. Por favor, démosle una cálida bienvenida a la Profesora Ainhoa Cruz, quien estará dictando la materia de Herbología este año —señaló a una mujer sentada un par de asientos a su derecha.
Ainhoa Cruz se puso de pie para recibir los aplausos de bienvenida de los estudiantes. Sonrió levemente a modo de agradecimiento, y volvió a sentarse. Vestía una túnica de terciopelo plateado, sobria pero elegante. Su cabello castaño estaba peinado prolijamente y recogido a nivel de la nuca. Llevaba unos anteojos de marco delgado y cristales que aumentaban el tamaño de sus ojos, resaltando un detalle en ellos que no pasó desapercibido para Albus: eran de diferente color. Tenía un ojo azul y el otro marrón. Albus estimaba que debía de encontrarse en sus treinta tardíos.
—Para los que son nuevos en el colegio, está prohibido circular por el castillo durante la noche. Se aplicarán castigos y se restarán puntos a sus casas si lo hacen, así que… no lo hagan, por favor —dijo Neville, restregándose las manos entre sí para disipar los nervios—. Tampoco está permitido ingresar al Bosque Prohibido sin autorización o compañía de un docente —hizo una pausa, como si estuviera tomando coraje para continuar—. Y este año sólo podrán asistir a Hogsmeade los estudiantes a partir de quinto año —soltó de forma precipitada, seguramente deseando que de esa forma el golpe fuera menos doloroso.
Sin embargo, el efecto entre los alumnos fue instantáneo. Varios empezaron a quejarse en voz alta, reclamando que era una medida injusta. Neville intentó acallarlos con las manos, pero la reacción era demasiado grande como para que eso pudiera contenerla.
—Lo siento, pero esta nueva medida ha sido una decisión tomada en conjunto con el Consejo Escolar para garantizar vuestra seguridad —dijo a modo de disculpa el nuevo director.
Los reclamos fueron cediendo gradualmente, aunque persistió un murmullo bajo entre los alumnos.
—¿Qué más? ¿Qué más? —balbuceó Neville, golpeteando su barbilla con dos dedos.
—La seguridad —le chistó por lo bajo el profesor Gray, sentado a su izquierda.
—¡Oh, sí! —le agredeció Neville—. Hemos reforzado aún más la seguridad del colegio este año, y contamos con la colaboración del departamento de Seguridad Mágica para vigilar y proteger a todos aquí…
—¿Creen que habrá otro ataque como el año pasado? —preguntó un muchacho desde la mesa de Hufflepuff.
—No, no… —intentó aclarar Neville.
—¿Entonces por qué están los aurores aquí? —saltó otra voz, esta vez desde la mesa de Ravenclaw.
—Son simplemente medidas de precaución... —trató de responder Neville.
Pero ya era demasiado tarde. Un murmullo constante recorría ahora entre las filas de los alumnos, mientras comentaban entre ellos inquietos.
—¡SILENCIO! —volvió a gritar Hagrid. El murmullo disminuyó, pero no desapareció por completo. Neville respiró hondo y entrecerró los ojos, calmándose. Cuando volvió a abrirlos, tenía una expresión mucho más decidida que hasta entonces.
—Como seguramente muchos de ustedes ya saben, nuestro país se encuentra amenazado por un movimiento radical que se hace llamar la Rebelión de los Magos. El Ministerio está tomando todas las medidas necesarias para detener a esta gente, pero no podemos ignorar que, hasta que eso suceda, nos encontramos viviendo en una situación de peligro —les habló con franqueza. Su voz estaba tranquila, y la transparencia y honestidad de su discurso logró acaparar la atención de todos los presentes y finalmente silenciarlos. —Créanme cuando les digo que entiendo cómo se sienten en este momento. La incertidumbre. El miedo. Yo también he estado ahí. Pero les pido que también me crean cuando les digo que no existe lugar más seguro que este castillo. Hogwarts ha sobrevivido incontables ataques, múltiples guerras… Sobrevivirá también a ésta —les prometió.
Los alumnos se alzaron en aplausos. Muchos de ellos incluso se pusieron de pie. Albus sonrió aliviado y se unió a la ronda de aplausos.
—Podría haber sido peor, ¿no? —comentó Hedda a su lado, aplaudiendo con suavidad.
Albus suspiró con resignación. A su lado, Scorpius seguía ausente. Albus sospechaba que el encuentro con los thestrals le había traído de regreso recuerdos sobre la muerte de su madre. Pero no llegó a hablarlo con su amigo, ya que por ser Prefectos, tanto él como Hedda debían ocuparse de guiar a los nuevos estudiantes y al resto del grupo hacia la sala común de Slytherin y establecer la nueva clave. Tal vez podría sacar el tema a colación más tarde, cuando estuvieran tranquilos en la sala común.
La primera noche de regreso a Hogwarts siempre era un tanto caótica. Los estudiantes de primer año encontraban el castillo completamente desconcertante, y Albus y Hedda debían prevenirlos de cada detalle en el camino hasta la Sala común. Uno de los ellos se demoró demasiado en cruzar una de las escaleras y tuvieron que esperar a que esta terminara de dar la vuelta para poder recuperarlo. Otro tropezó con un escalón invisible y derribó a dos de sus compañeros, causando una nueva demora.
Cuando lo habían nombrado prefecto en quinto año, Albus se había sentido orgulloso de sí mismo. Ser prefecto dentro de Hogwarts daba cierto estatus social, y sin duda, era una posición relativa de poder por encima del resto de sus compañeros. Pero ahora, comenzaba a parecerle un tanto tedioso y absurdo. No había nada de grandioso en tener que cuidar a un montón de niños de once años que ni siquiera podían seguirlo sin tropezarse.
Por suerte, los prefectos de séptimo año se hicieron cargo de mostrarle las habitaciones a los nuevos estudiantes, y Albus y Hedda se vieron finalmente liberados de sus tareas para reencontrarse con Scorpius. Ocuparon su lugar habitual en los sillones a la izquierda de la chimenea, la cual se encontraba encendida con una luz mágica que iluminaba pero no generaba verdadero calor. A pesar de que el clima seguía siendo agradable afuera, allí abajo, siempre estaba más fresco y húmedo.
—¿A qué materias se van a anotar? —preguntó Hedda, repasando el calendario con los horarios de las clases. —Yo seguiré con Pociones y Herbología, por supuesto. Longbottom era un buen profesor, es una lástima que no pueda continuar. Pero tengo que confesar que estoy emocionada con la llegada de Cruz como su reemplazo.
—¿La conoces? —preguntó Albus, sorprendido. Hedda le lanzó una mirada incrédula.
—Claro que la conozco, Albus. Es una de las Botánicas más reconocidas de estos últimos años. Tiene varios libros publicados, e incluso ha desarrollado una reclasificación de las plantas exóticas y sus posibles usos, no sólo medicinal sino también doméstico, que si me lo preguntas, tiene mucho más sentido que la anterior —soltó Hedda en un tono un tanto petulante. Albus sonrió condescendientemente.
—Alguien está emocionada con la nueva profesora —se burló de ella Albus. Hedda le lanzó uno de los almohadones del sillón, pero Albus lo atajó con facilidad.
—Es raro igual —meditó Le Blanc, contemplativamente.
—¿Tu fascinación con la profesora Cruz? —volvió a provocarla Potter. Hedda esbozó una sonrisa irónica.
—Me refiero a que aceptara un puesto como profesora en Hogwarts. Hasta donde yo tenía entendido, estaba llevando a cabo una investigación en el Amazonas para su nuevo libro —señaló la pálida muchacha. Pero se encongió de hombros, restándole importancia, y giró a mirar a Scorpius—. ¿Qué hay de ti?
Scorpius se enderezó en su asiento, la pregunta de Hedda tomándolo desprevenido. Seguía estando distante.
—Yo seguiré con Aritmancia, seguramente… Y voy a consultar a Slughorn que EXTASIS me recomienda tomar para rendir para Leyes cuando terminemos el colegio —respondió desapasionadamente. Hedda frunció de forma casi imperceptible el ceño.
—¿Y por qué aritmancia? —se atrevió a preguntar Albus. Scorpius se removió incómodo en el sillón.
—Podría llegar a necesitarlo, ya sabes, para adminitrar los negocios familiares… —balbuceó sin mucho convencimiento.
—Pensé que no querías hacerte cargo de los negocios familiares —lo enfrentó Albus. Scorpius chasqueó la lengua.
—No es tan simple, Al. No se trata de lo que yo quiero…
—Eso es exactamente de lo que se trata, Scor —lo contradijo Albus.
Malfoy le clavó los ojos grises. Abrió la boca para responderle, pero no llegó a decir nada, porque su charla se vio interrumpida por la aparición de Portus Cardigan, Taurus Zabini y Dimitri Kurdan.
—Así que has decidido volver, ¿eh, Malfoy? —dijo Portus ponzoñosamente. Scorpius levantó el mentón en un gesto orgulloso.
—¿Por qué no habría de hacerlo, Cardigan? —le retrucó.
Albus tenía la mano lista para sacar la varita en cualquier momento. Durante el verano, Zaira le había enseñado cómo guardarla con un sujetador en el antebrazo, escondida bajo la manga de la túnica. Bastaba con que hiciera un simple movimiento de muñeca para que la varita se deslizara hacia su mano.
—No creí que tuvieras las agallas de volver después de que te mutilaran el año pasado —soltó sin reparos Cardigan y su mirada recorrió intencionalmente la cicatriz en el rostro de Scorpius.
—Es entendible que un cobarde como tú no lo entienda —saltó Albus con una sonrisa burlona. Portus frunció el ceño, sus ojos chispeando con odio contenido.
—No lo sé, Portus —dijo repentinamente Taurus, llevandose una mano al mentón en un falso gesto contemplativo—. Yo creo que es una mejora. Al menos ahora que está desfigurado ya no se parece tanto a su padre. Incluso puedes fingir que no eres su hijo, Malfoy —dijo saboreando las palabras.
Albus se puso inmediatamente de pie. Hedda se apresuró a seguirlo, aunque estiró una mano para tomarlo del antebrazo, pidiéndole silenciosamente que se contuviera.
Scorpius, en cambio, continuó sentado en el sillón, observando alternativamente a Cardigan y a Zabini. Los segundos se prolongaron entre ellos con lentitud, volviendo el ambiente dentro de la sala común denso y expectante. Albus era consciente de que los demás estudiantes los estaban observando. Esto era mucho más que una riña entre compañeros que se llevaban mal. Esto eran las dos caras de una guerra enfrentándose dentro de Hogwarts.
Su amigo se puso de pie lentamente, sus movimientos tranquilos y controlados, como si no existiera ninguna amenaza frente a él. Scorpius era notablemente alto, por lo que una vez de pie, parecía estar mirando a sus contrincantes desde arriba.
—Al menos mi padre nunca ha tenido que cumplir condena en Azkaban —soltó Malfoy en un tono relajado, casi casual—. Dicen que es un lugar espantoso… Pero supongo que tu padre ya está acostumbrado, Zabini. Después de todo, es su segunda estadía allí, ¿no?
Taurus se lanzó hacia delante con toda la intención de atacar a Scorpius. Para sorpresa de Albus, fue el propio Portus Cardigan quien lo contuvo. Malfoy se limitó a sonreírles con aireada superioridad mientras tomaba sus cosas y encaraba hacia la habitación. Albus y Hedda lo siguieron. No habían llegado a las escaleras cuando Zabini volvió a hablar.
—Escuché que tu madre prefirió morir a seguir casada con el fracasado de tu padre —dijo con voz ronca, cargada de ira. Scorpius se detuvo en seco a mitad de camino. —No la culpo. Debe ser insoportable vivir bajo la vergüenza de un traidor y un cobarde —siguió provocándolo Taurus, disfruntando de poder infligir también dolor en su oponente.
Albus notó que la respiración de Scorpius se aceleraba y sus puños se cerraban con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Durante una fracción de segundo, estuvo convencido de que su amigo se daría la vuelta y confrontaría a Zabini.
Pero no lo hizo. En cambio, mantuvo su cabeza en alto y continuó su camino hacia la habitación, ignorando completamente lo que Taurus había dicho. Albus cruzó una rápida mirada con Hedda, quien le hizo un gesto con la mano indicándole que lo siguiera, y se apresuró detrás de su amigo.
—Ese hijo de puta de Zabini lo hizo para provocarte —exclamó Albus, furioso, cerrando la puerta de la habitación detrás de él.
Scorpius se estaba desajustando la corbata frente al espejo de forma parsimoniosa.
—Lo sé —respondió con mesura Malfoy, girando a mirar a Albus significativamente mientras continuaba desabrochándose los botones de la camisa.
—Están marcando el territorio, intentando dividir al colegio —continuó diciendo Potter, paseándose como un animal enjaulado dentro de la habitación.
—Sí —coincidió Malfoy, removiéndose la camisa y colocándose una remera para dormir.
—Debemos responder —dictaminó Albus. Scorpius suspiró.
—No —lo contradijo su mejor amigo.
Albus se detuvo en seco. No estaba acostumbrado a que Scorpius lo contradijera de esa forma.
—Si respondemos a su violencia con más violencia, desataremos una guerra dentro de Hogwarts —le explicó Malfoy con cautela.
Albus chasqueó la lengua y se dejó caer sentado sobre su cama. Scorpius tenía razón.
—Muchos miembros de la Hermandad han egresado en los últimos años, y hemos perdido a nuestro espía dentro de los Hijos… No tenemos idea de cuánta gente los apoya verdaderamente, pero algo me dice que nos superan en número —puntualizó Scorpius, sentándose en la cama frente a él.
—Crees que si intentamos enfrentarnos a ellos, perderemos —acusó Albus, con cierto resentimiento. No le gustaba sentirse en inferioridad de condiciones. Siempre había estado en el lado ganador.
—Lo que digo es que talvez es hora de considerar reclutar más gente para la Hermandad —sugirió Malfoy.
—Ya hemos tenido esta charla antes, Scorpius —resopló Albus, tajante.
—Sí, y ya sé que prefieres tener sólo a personas en quienes confías en la Hermandad… Pero las cosas han cambiado desde la última vez que hablamos sobre esto. Lo viste hoy durante el banquete: los alumnos están asustados. Todo el mundo está asustado. Y el discurso de la Rebelión cada vez se escucha entre más magos y brujas, sobre todo entre los más jóvenes —argumentó a su favor Scorpius.
—Lo pensaré —le concedió finalmente Albus. Scorpius esbozó una media sonrisa, complacido con la respuesta.
Albus tardó en conciliar el sueño. Las últimas palabras de Scorpius habían quedado resonando en su cabeza. Nuevamente, su amigo había dado en la tecla. La ideología del partido político liderado por Zafira Avery había encontrado especial acogida entre la población más joven del mundo mágico.
En cierta forma, Albus lo entendía. La Rebelión prometía un regreso hacia épocas gloriosas, infinitas oportunidades de crecimiento… y sobre todo, libertad. Contra su propia conciencia, Albus tenía que reconocer que era una perspectiva atractiva.
Un mundo donde los magos no debían esconderse. Donde la magia no tenía límites… Era sin duda una propuesta seductora.
"No tengo mucha experiencia en el mundo mágico, pero en mi mundo las personas que se creen superiores al resto son quienes más daño terminan causando" la voz de Elektra resonó dentro de su cabeza como un eco distante pero cargado de renovado significado.
La biblioteca estaba prácticamente vacía, lo cual tenía absoluto sentido para Lily. Después de todo, era el primer día de clases. Pero por supuesto que Amadeus Relish se encontraba allí, sentado en la mesa más alejada de todas, inmerso en una pila descomunal de libros, pasando las hojas velozmente y tomando notas en su cuaderno casi sin mirar lo que escribía.
Lily lo observó desde la distancia con atención. Habían pasado tres meses desde la última vez que lo había visto, y a pesar de que había algunos cambios sutiles en su apariencia, a grandes rasgos, seguía siendo el mismo chico raro que ella recordaba. Había crecido en altura, pero era imposible apreciarlo ya que se encontraba encorvado sobre los libros. Sus rasgos habían empezado a cambiar también, dejando atrás las líneas suaves de la infancia y empezando a mostrar un rostro más adulto. La sombra de una incipiente barba podía vistumbrarse en su mentón.
Pero la escencia de Amadeus seguía allí. Todavía llevaba puestos esos enormes anteojos que se deslizaban continuamente sobre su nariz, obligándolo a empujarlos con dos dedos de regreso a su sitio. Era evidente que no dedicaba demasiada atención a su cabello, más que para peinarlo un poco por la mañana. Tenía la corbata de Ravenclaw mal anudada, y se había colocado el chaleco al revés, señal de que se había vestido apresuradamente y no se había detenido siquiera a examinar su aspecto en un espejo. Lily podría apostar que se había apurado para tener más tiempo en la biblioteca antes de la siguiente clase.
Lily caminó hasta quedar de pie junto a la mesa de Amadeus y aguardó. El muchacho ni siquiera pareció percatarse de que había alguien allí. Tras unos segundos, carraspeó intentando llamar su atención. Amadeus siguió leyendo, sin levantar siquiera la cabeza.
—Hola —susurró finalmente Lily.
La pluma en la mano de Amadeus se detuvo abruptamente, dejando de escribir. El muchacho levantó lentamente la cabeza para observarla por encima del borde de sus anteojos. Su rostro mutó gradualmente hacia una expresión de sorpresa que Lily encontró casi cómica.
—Ho-Hola… —tartamudeó Amadeus, casi dudando de que esa conversación verdaderamente estuviera teniendo lugar.
—¿Estás ocupado? —preguntó Lily, pero no esperó a su respuesta para sentarse frente a él y hacer a un lado los libros que se alzaban entre los dos sobre la mesa. Amadeus tragó saliva.
—¿Cómo has estado, Lily? —preguntó Relish, en ese modo extraño que tenía él de hablar, directo y sin preámbulos. Pero Lily percibió el genuino interés en la pregunta. Una curiosidad casi inocente.
—Lamento no haberte escrito durante el verano… Estuve… incomunicada —se disculpó ella, intentando explicarse a pesar de que Amadeus no le había pedido que lo hiciera. Sintió la mirada del muchacho recorrerla de arriba abajo metódicamente.
—Te ves bien —dijo Amadeus de forma práctica, casi impersonal, como lo haría un sanador que evalúa a un paciente.
—Me siento bien —reconoció Lily, levantando el mentón, casi desafiándolo a contradecirla. Amadeus simplemente asintió.
—Asumo que las pociones sirvieron —dijo él. La sonrisa se acentuó en los labios de Lily.
—Sí. Me han servido para mantenerme enfocada. Incluso he mejorado mucho en Oclumencia —confesó la pelirroja, emocionada.
—Eso es bueno… Muy bueno —meditó más para sí mismo que para ella.
—Voy a necesitar que me consigas más, Amadeus —soltó Lily, sin poder esconder la ansiedad de su voz. Relish la examinó durante unos segundos antes de volver a hablar.
—¿Cuánto te queda de lo que yo te di antes de la vacaciones? —indagó el joven de Ravenclaw. Lily se removió en su asiento, desviando la mirada hacia la mesa.
—Nada —confesó.
—Debería haberte alcanzado hasta que volviéramos a Hogwarts —dijo Amadeus, frunciendo el ceño pensativo, posiblemente preguntándose si había cometido un error de cálculo.
—Tuve que aumentar la frecuencia de las dosis—explicó Lily, su voz más tensa. Amadeus entornó la mirada y algo en su postura cambió. Parecía más alerta.
—¿A cuánto? —le preguntó en ese tono práctico y casi robótico.
—¿Importa? —empezó a molestarse Lily.
—Sí —respondió él, incapaz de notar la reticencia de Lily a hablar sobre el tema. En cambio, había tomado uno de sus anotadores de la mesa y estaba pasando las hojas, buscando entre sus anotaciones.
—Noche por medio… Algunas veces la tomé dos noches seguidas —respondió de mala gana Lily.
—Mhm —masculló Amadeus, mientras hacía una serie de cálculos rápidos en su anotador—. Eso significa que te quedaste sin reservas hace semanas.
—Conseguí más poción de otro… proveedor —balbuceó Lily. Amadeus detuvo nuevamente su escritura para mirarla.
—¿Es un proveedor confiable?
—Sí… Sí —afirmó Lily, cada vez más incómoda.
—Debes tener cuidado a quien le compras ese tipo de pociones, Lily. Algunos fabricantes usan ingredientes de baja calidad para abaratar los costos, lo que resulta en pociones de mala calidad y mayor riesgo de… —le explicó Relish en un tono impersonal. Lily chasqueó la lengua.
—Eran de buena calidad, créeme —lo interrumpió Lily, ansiosa por dejar el tema atrás.
Amadeus suspiró, y se agachó para revolver dentro de su mochila. Sacó un frasco pequeño y lo deslizó por debajo de la mesa para que Lily lo tomara.
—Tendré otra tanda lista la próxima semana —le prometió.
—Gracias —dijo Lily visiblemente aliviada, mientras se guardaba el frasco en su propia mochila.
—Pero tienes que empezar a espaciar más las dosis, Lily —le advirtió Amadeus.
—Sí, sí, lo sé. Lo haré. Lo prometo —dijo de forma atolondrada Lily. Amadeus la contempló unos segundos antes de asentir.
—He estado… investigando —dijo él casi en un susurro conspirativo, cambiando de tema. El rostro de Lily se iluminó, esperanzado.
—¿Sobre…? —preguntó para asegurarse, señalándose a sí misma. Amadeus asintió con entusiasmo y los anteojos volvieron a resbalarse por el puente de su nariz.
—Me he pasado todo el verano buscando alguna respuesta a tu… —tratasbilló con el final de la oración, sin saber bien cómo definirlo.
—Problema —lo ayudó Lily, haciendo una mueca.
—Habilidad —la corrigió Amadeus gentilmente, pero sosteniéndole la mirada. Lily sintió que le ardían las mejillas.
—¿Y bien? —lo instó a continuar. Esta vez, fue Amadeus quien esbozó una tímida pero radiante sonrisa.
—Creo que he encontrado algo que puede servirnos —reconoció Relish. Lily soltó un gritito agudo y se llevó rápidamente las manos a la boca para contener la emoción. Amadeus lanzó una mirada hacia ambos lados del pasillo, temeroso de haber atraído la atención de alguien.
—¿Cuándo podremos probarlo? —preguntó la pelirroja, impaciente. Amadeus hizo una mueca.
—Aún necesito terminar de investigar… —señaló la pila de libros que había sobre la mesa.
—¿Qué puedo hacer para ayudarte? —se ofreció Lily. Amadeus abrió los ojos desconcertado. Era como si nadie nunca le hubiese ofrecido ayuda antes.
—Sigue practicando Oclumencia —sugirió él.
—Pero… Pensé que estabamos buscando una forma de acceder a las visiones, no bloquearlas —se quejó Lily. Amadeus se mordió el labio inferior y se acomodó de forma refleja los anteojos.
—Le he estado dando vueltas al asunto… Y creo entender por qué tu padre desea que aprendas Oclumancia —dijo. Lily puso los ojos en blanco.
—Si vas a decir que lo hace para protegerme… —empezó a quejarse.
—No, no era eso lo que iba a decir —la interrumpió Amadeus, sorprendiéndola—. La Adivinación es… verdaderamente compleja.
—Sí, sí, ya me lo has dicho cientos de veces, Amadeus —lo apresuró ella. Fue el turno del chico de Ravenclaw de sonrojarse.
—No creo que se trate simplemente de bloquear las visiones… O sea, sí lo es al principio, cuando careces completamente de control sobre tu mente… —intentó explicarse, pero Lily lo miraba con un claro gesto de confusión. Amadeus tomó aire profundamente, mientras que buscaba las palabras correctas para darse a entender. —Creo que en realidad, se trata de bloquear todo lo demás.
Lily se quedó momentáneamente sin palabras.
—¿Crees…?—vaciló, un tanto temerosa de la respuesta que podía obtener—. ¿Crees que se puede utilizar la oclumencia para bloquear el resto de pensamientos y acceder al Ojo?
—Es una posibilidad —le concedió Amadeus, aunque a Lily no se le escapó el esceptisismo en su voz—. Pero eso requeriría de una destreza en la ciencia que todavía no manejas, Lily.
—Pero puedo hacerlo. Drac… Mi entrenador cree que puedo lograrlo —se apresuró a corregirse.
—Posiblemente —aceptó con fría objetividad su amigo.
La campana resonó en el castillo, anunciando el inicio de una nueva hora lectiva. Amadeus empezó a guardar sus pertenencias dentro de su mochila.
—Habrá una visita a Hogsmeade en Octubre —se apresuró a decir Lily, mientras se levantaba de su silla y seguía a Amadeus hacia la salida de la biblioteca, rumbo a sus respectivas clases.
—Eres estudiante de cuarto año. No tienes permitido ir a Hogsmeade —puntualizó Amadeus, frunciendo el entrecejo confundido. Lily torció una sonrisa traviesa.
—Lo sé. Pero mis hermanos y gran parte de los estudiantes no estarán en el colegio ese día. Creo que es una buena oportunidad para practicar lo que que sea que estás investigando —sugirió ella. Amadeus pareció sopesarlo internamente. —Debo irme o Hugo y Nina empezarán a preguntarse dónde me he metido. Hablaremos más tarde. ¡Gracias! —se despidió Lily, aferrándole suavemente una de las manos a modo de despedida, y soltándola inmediatamente para salir a toda prisa hacia el lado opuesto.
Amadeus se quedó mirando su mano boquiabierto.
—¡Lily! —la llamó Hedda.
La había estado esperando a la salida de la clase de Encantamientos. Era la última clase del día, y de la semana, por lo que sabía que Lily estaría disponible para hablar.
La pelirroja la miró un tanto desconcertada. Aunque Hedda y Lily siempre habían tenido una buena relación, no eran exctamente lo que se podría decir amigas.
Lily se despidió de Nina Raven acordando que se encontraría con ella más tarde, y se acercó a donde Hedda la aguardaba, apoyada en la pared junto a una puerta.
—Hedda… ¿Sucede algo? —le preguntó Lily Luna, la frente levemente arrugada.
—¿Tienes un minuto para hablar? —le devolvió con otra pregunta Le Blanc, abriendo la puerta de la sala junto a la que estaba parada y señalando hacia el interior. Lily curvó una de sus cejas, intrigada, pero entró.
—Me estás asustando un poco con tanto misterio —bromeó Lily, intentando relajar la situación. Pero Hedda se mantuvo firme.
—Victoire me comentó algo mientras estuve ayudándola con la fabricaciones de nuevas pociones en la Mansión —decidió ir directo al punto. La sonrisa se desdibujó de los labios de Lily—. Por lo visto, hay un faltante de varios frascos de Poción para Dormir. Quien sea que los tomó, no lo dejó asentado en el libro de registros del Boticario.
—Vaya… Bueno, espero que puedan solucionarlo —dijo Lily con sorprendente autodominio. Hedda entornó los ojos.
—Te lo advertí el año pasado, Lily —insistió Hedda, sin creerse una palabra de lo que decía Lily—. Te dije que este tipo de pociones eran peligrosas… Muy adictivas.
—Sí, lo recuerdo perfectamente. ¿A dónde quieres llegar con esto, Hedda? —comenzó a molestarse Lily, cruzándose de brazos en una actitud defensiva. Hedda exhaló pesadamente.
—Tú te robaste las pociones del boticario de Victoire —dijo finalmente. No era una verdadera pregunta, porque Hedda ya sabía que era verdad. Lily empalideció.
—No tengo idea de lo que hablas —dijo en un hilo de voz ronco, sus ojos chispeando peligrosamente. Intentó avanzar hacia la puerta para escapar de allí, pero Hedda se cruzó en su camino, bloqueándola.
—Necesitas tomarlo todas las noches o de lo contrario sientes que no puedes dormir, que tus pensamientos van a volverte loca, ¿verdad? —la encaró Hedda con dureza. Lily le mantenía la mirada, desafiante—. Es posible que incluso hayas empezado a sentir deseos de tomarla durante el día, ¿me equivoco? ¿Ya has empezado a sentir un cosquilleo debajo de la piel? ¿Has empezado a experimentar temblores en las manos? ¿O a sentir que tu corazón se acelera y todo a tu alrededor se vuelve más intenso, más fuerte, más incómodo, a medida que pasan las horas del día?
Lily dio un paso hacia atrás. Todo su ser irradiaba una energía intensa, mezcla de ira y miedo. Hedda podía sentirla, hasta podía olerla. Era como un animal acorralado. Debía tener cuidado. Un animal acorralado era capaz de cualquier cosa.
—Te sugiero que no te metas, Hedda. Esto no es asunto tuyo —gruñó Lily, enarcando los hombros y levantando el mentón con decisión. Volvió a intentar pasar junto a ella para alcanzar la puerta, pero Hedda la retuvo, tomándola con firmeza del brazo.
—Apuesto a que incluso tienes un frasco contigo ahora —susurró la pálida chica. Lily se estremeció e instintivamente llevó su mano libre hacia la mochila en un gesto protector. —Mierda, Lily...
—Suéltame —dijo la pelirroja mientras sacudía el brazo para librarse del agarre. Hedda la soltó.
—Tienes un problema grave. Necesitas ayuda, no puedes seguir manteniendo esto oculto —determinó Hedda con decisión. Para su sorpresa, Lily soltó una risa cargada de amargo sarcasmo.
—No soy la única que esconde algo, ¿verdad? —soltó abruptamente Lily, en un tono peligrosamente bajo—. Tú también tienes un pequeño y bastante oscuro secreto, ¿no?
Esta vez fue el turno de Hedda de dar un paso hacia atrás, aturdida. Eso había sido un golpe bajo, pero asestado con tal precisión que la dejó boquiabierta y sin palabras. Era el tipo de respuesta que se habría esperado de otras personas más calculadoras, más frías... Alguien como Albus, incluso. Pero nunca de la dulce e inofensiva Lily. Sonaba peligrosamente como una amenaza.
—Agradezco tu preocupación, Hedda. Pero puedo cuidarme sola —continuó Lily, con una fría calma que contrastaba con el brillo intenso de sus ojos castaños.
—Ya veo —gruñó Hedda por lo bajo.
—Te recomiendo que hagas lo mismo y te ocupes de tus propios problemas —Lily soltó el disparo final.
La pelirroja dio un paso hacia delante, y esta vez, logró pasar junto a Hedda sin resistencia y llegar a la puerta. A último momento, giró para mirarla por sobre el hombro, sonriéndole con falsa cortesía. Hedda sintió el fuego de la ira crepitando dentro de ella, sus ojos azules tiñéndose peligrosamente de rojo. Respiró hondo, controlándose, hasta que Lily abandonó la sala. Un gruñido de impotencia reververó en su garganta mientras golpeaba con el puño una mesa cercana. La partió por la mitad con la misma facilidad que si se hubiese tratado de un delgado palillo de madera.
Me ha tomado varios días terminar de cerrar este capítulo porque es INTENSO. Volvemos a Hogwarts (finalmente) y como pueden ver... hay mucho drama. Una mezcla de contexto adolescente esperable sumado a una guerra inminente. Creo que es en estos momentos, cuando nos encontramos en las situaciones límites de la vida, cuando mostramos lo mejor y lo peor de cada uno.
*Albus y Elektra: Era una charla que se debían. Creo que tenemos la oportunidad de ver un poco más en profundidad qué es lo que piensa cada uno de los personajes, sus dudas y sus miedos. Y también queda claro que hay una genuina preocupación por parte de ambos hacia el otro. Ely se preocupa por Albus, y Albus se preocupa por Ely. Aún así, es evidente que aún no está dicha la última palabra en este tópico. Ya me darán ustedes sus opiniones al respecto.
*Hermandad/Hijos: lo pongo así para no tener que nombrar a todos los que participan en este segundo fragmento, que son fundamentalmente los Slytherin. Aquí profundizamos un poco más en la situación actual en la que se encuentra Hogwarts, y también podemos ver un poco más de Scorpius y las repercusiones que ha tenido la pérdida de su madre en él y en su personalidad. Y tenemos nuestro primer "enfrentamiento" entre los dos lados opuestos dentro de Hogwarts: por un lado, Albus que lidera a la Hermandad, y por otro lado, Cardigan que ha logrado reclutar a muchos alumnos hacia el grupo que llaman los Hijos de la Rebelión. Creo que es bastante evidente que en esta escena ambos lados se están midiendo.
*Lily: tiene dos escenas en este capítulo. Y recibimos muchaaaaaa información sobre ella. Cuando digo mucha, es mucha. Empezamos a ver también un cambio de actitud en el personaje en comparación con el libro anterior. Parece haber recuperado cierta confianza en ella misma, y su progreso en oclumancia la ha envalentonado. Lo suficiente como para plantarse frente a alguien como Hedda (que vamos a ser sinceros... Es bastante aterradora cuando quiere). Podría remarcar varias cosas de estas dos escenas (ella y Amadeus/ella y Hedda), pero voy a limitarme a señalar el contraste entre ambas charlas, y la forma diferente de abordar un mismo tema que tienen Amadeus y Hedda.
Hay varios detalles también sueltos por ahí que sirven para poner un poco en contexto sobre la situación actual en el país, y cómo ha evolucionado todo en los últimos meses, así como también pequeños detalles sobre los personajes y sus vínculos afectivos (amistades/relaciones amorosas/enemistades). A ver que piensan ustedes...
Esto es solo una degustación de lo que será Hogwarts este libro, jeje. Espero que lo disfruten.
LAS RESPUESTAS A LOS REVIEWS:
Garrick Gregorovitch: siempre es bueno volver a recibir reviews de los lectores habituales jeje. Entiendo perfectamente que puede ser difícil encontrar el momento para dejar un review. A veces hasta me es difícil encontrar tiempo a mi para escribir la historia! ¿Es posible alcanzar un nivel de excelencia como para poder bloquear las visiones? Sí, es posible. ¿Sería Katya de ayuda para Ted en su entrenamiento? Sí, seguramente. Katya se siente mucho más comoda en la piel del vampiro que en la de la bruja. Y ya sabemos que durante los meses que Ted vivió en el bosque, ella lo ayudó a conectarse con su mitad de lobo. Sobre la charla entre Felicity y Thomas donde él le asegura que la encontraría en cualquier lugar, en cualquier cuerpo, en cualquier tiempo... Sí, hay cierta fatalidad en esa afirmación. Pero siento que es algo lógico que suceda teniendo en cuenta el contexto en el que están viviendo. Felicity se ha convertido en un premio que seguramente los Rebeldes intentarán atrapar, y no es difícil de imaginar que la guerra podría terminar cobrándose la vida de muchos de los miembros de la Orden. Así que es de esperar que muchos de ellos se planteen la posibilidad de la muerte, y lo que ello implica. Y encaja a la perfección con Thomas el concepto de la reencarnación :) ¿Qué piensa Dom del Mago? Uff... Ya escucharemos un poco de esto eventualmente. Pero ella es muy perceptiva, como ya nos hemos dado cuenta. Tiene un talento para leer a las personas. Sin duda tiene un perfil bastante acertado sobre el Mago, y también sobre sus lugartenientes. Capítulo 8: la carpeta que Harry le da a Zaira. Sí, está relacionado a lo que conversan después. Y sí, no lo he puesto de casualidad. Posiblemente en el próximo capítulo lo entiendas mejor. ¿Cada cuanto se elige a un nuevo ministros? ¿Cómo son las elecciones? Creo que JKR no nos deja mucha información al respecto, así que aquí voy a hacer uso de mi imaginación y a plantearlo como me conviene a mí, jaja. Pero sí, hay elecciones, cada cuatro años. Sin embargo, el Comité de Jefes puede retirar su apoyo a un Ministro y exigir su renuncia con antelación a cumplir su período si considera que no está cumpliendo con su función. A su vez, el Ministro puede renunciar en cualquier momento. Si eso sucede, el Comité votará a uno de sus integrantes para que lo reemplace de forma transitoria hasta convocar nuevas elecciones. No hay limitaciones para las re-elecciones (Kingsley lleva en el gobierno desde que terminó la Segunda Guerra Mágica, por ejemplo). Sobre el Wizengamot... En mi historia, representan lo que sería el poder judicial dentro de un gobierno, y prefiero no involucrarlos en el poder ejecutivo. Es por eso que el Wizengamot en mi historia no decide sobre el siguiente ministro. Las primeras elecciones después de la Segunda Guerra Mágica se realizaron en 1999, así que las próximas serían en 2023 (actualmente, la historia está transcurriendo en el 2022). ¿Es posible bloquear la conexión del Amuleto por completo para que el otro no se entere? Mmm... En el caso de Elektra, la ausencia de conexión es porque ella no quería recibir mensajes de Albus y se quitó directamente el Amuleto. Y sí, alguien podría quitarse su pieza y actuar libremente. Pero tomando como ejemplo el caso de los Merodeadores, Sí, Peter se podría haber quitado su pieza para traicionar a los Potter, pero en el momento en que Voldemort los encontró, James se habría dado cuenta de que los había traicionado, y su pieza habría transmitido ese sentimiento hacia el resto de los dueños. Remus y Sirius habrían sentido lo mismo que sintió James antes de morir. De una u otra manera, se habría sabido. Capítulo 9: ¿qué edad tenía Katya en ese momento de la historia? Katya puede ser engañosa a la hora de estimar su edad. Tiene más años de los que aparenta. Ella ha elegido vivir como una vampiro, y por lo tanto, envejece diferente al resto de las personas. Pero en ese recuerdo, ella era joven... todavía adolescente. ¿Por qué Katya nunca sintió curiosidad por aprender a usar la varita si su madre era bruja? La madre de Katya tampoco era amante de la magia. Usaba su varita sólo cuando era indispensable. Había aprendido a conectar con la magia del bosque, y eso fue lo que le enseñó a sus hijos. Y después de la muerte de su padre, el odio de Katya hacia los brujos solo se incrementó. No quiso saber nada con su parte mágica. ¿Qué tan entrenada está en canalizar la magia de otras formas sin varita? No demasiado. Tienes que pensar que Katya rara vez abandonaba el bosque. Este capítulo también fue una forma de mostrar un poco más lo que Ford es capaz de hacer. Es brillante, a su manera sádica. Es capaz de torcer la mente de las personas, hacerles creer cosas que no son reales, convencerlos de mentiras e ilusiones. La mente humana tiene su propia forma de torturarse. ¿Qué implicancias tiene que Katya bebió sangre humana (y mágica)? Muchas. ¿Por qué le dice a Lancelot que no puede seguir llamándolo brujo? Hasta entonces, había mantenido su distancia de él. No saber los nombres de las personas hace que en cierta forma se vuelvan seres anónimos. Pero saber su nombre... lo vuelve algo personal. Establece una conexión. Ya no es cualquier brujo. ¿Se establece algún tipo de conexión con la persona al beber su sangre? No. ¿Qué consecuencias tiene sobre Lancelot? Vimos algo de esto cuando Hedda tuvo su despertar y Ted la ayudó a controlar su sed. Las mordidas de los híbridos son venenosas. Pueden matarte, pero no pueden convertirte en un vampiro. Sobre Lancelot: sí, él verdaderamente creo los ideales que pregona la Rebelión... ¿está completamente de acuerdo con los métodos? Bueno, el capítulo pasado nos hace pensar que no tanto... Ayudó a escapar a Katya después de todo. ¿Naomi puede lanzar hechizos con su acero samurái? Hay varias particularidades sobre el acero samurai que todavía no he explorado en la historia, así que no puedo responder esta pregunta. Pero hemos visto algo de lo que es capaz de hacer durante el libro pasado :)
Marri: ¡Por fin volvemos a ver a Katya! Y no solo eso, sino que además es Lancelot quien la ayuda en esta ocasión. ¿Mató a Lancelot? No lo sabemos todavía jaja. Ya saben que no me gusta adelantar este tipo de cosas ;) ¿Crees que Lancelot terminará salvando a Hedda Y A JAMES? jaja bueno, eso es tenerle mucha fe, sin duda. Nos estamos leyendo!
reinierguzman879: ¡Gracias por tan lindas palabras! Que bueno que disfrutaras del capítulo pasado, y espero que también disfrutes del regreso a Hogwarts. Muy curioso el fragmento que elegiste para señalar el momento en que comprendiste que se trataba de Lancelot, porque creo que ese párrafo lo representa muy bien como personaje. Lancelot siempre fue, y sigue siendo, una gran contradicción. Por un lado, vemos su versión más amable, más dulce, más humana, cuando decide ayudar a Katya. Pero también ella nos hace saber que Lancelot no es ningún santo. ¿Por qué Lancelot está con la Rebelión? Porque verdaderamente cree que es el mejor camino, o al menos, el que menos daño causará y el que mejor parado puede dejarlo a él y a las personas que quiere. Él es sincero durante su última charla con Hedda, y volvemos a verlo también en su conversación con Katya. Intenta convencerlas a ambas de que se unan a la Rebelión. Les dice que un poder como el de ellas será valorado en esta nueva sociedad que promete el Mago. Estarán a salvo. Lancelot es, posiblemente, el más práctico y realista de los jóvenes. Sabe que hay una guerra en camino, y que no podrán detenerla. Y si ha de elegir de qué lado pelear, lo hará del lado que le promete un mejor futuro: un futuro donde el mundo mágico ya no deberá ocultarse. Por supuesto que eso tiene su precio, como él está descubriendo ahora.
RomahRomione: ¡Tanto tiempo! El capítulo pasado fue nuestra primera inmersión de lleno en el personaje de Katya. Hasta ahora, siempre habíamos visto su historia de a fragmentos. Sabíamos que algo malo había pasado en su vida para que odiase la magia de esa forma. Ahora empezamos a entender un poco más qué fue lo que sucedió. Y sí, Katya es leal, pero no se trata simplemente de Ted. Sino también de ella misma. Ella verdaderamente prefiere morir a colaborar con aquellos que destruyeron su hogar. Lancelot... No, no hemos visto mucho desde su punto de vista, y talvez por eso termina siendo una gran incógnita para muchos. Pero me gusta que sea así. Lo hace un personaje un tanto impredecible ;) Y efectivamente, a pesar de que el capítulo está contado desde la perspectiva de Katya, logramos percibir que Lancelot está atravesando un conflicto interno cuando está con ella. Desde el primer encuentro, hasta el final, él está debatiéndose entre ayudarla o traicionarla. Salvar la vida de una chica inocente o cumplir su deber como miembro dentro de la Rebelión. ¿Se enterará Hedda algún día de que Lancelot ayudó a Katya a escapar? Sería bonito no? ¿Si tuviese que ordenar por talento natural el dominio de la magia de los 7 del amuleto, ¿cómo los ordenaría? Mmmm, que pregunta difícil. Por talento natural... Creo que a Albus y Rose. James ha quedado muy dañado después del accidente, aunque sigue siendo un buen mago. Y Hedda tiene su propio "talento natural", pero nose si eso aplica a "dominio de la magia". Si vamos a limitarnos exclusivamente a la magia, diría que el más talentoso es Albus, y segunda la pondría a Rose, porque a pesar de que gran parte de su habilidad se debe al estudio, se necesita de mucho talento para llegar a ese nivel de excelencia.
Asami Black: ¡Que lindo que te gustara tanto el capítulo 9! Personalmente, a mi también me gustó mucho escribirlo. Creo que la razón por la cual lo disfruté tanto es porque llevaba mucho tiempo con la historia de Katya aguardando en mis anotaciones al momento adecuado para ser contada... Y porque me gustan los personajes como Lancelot, que son ambivalentes... Ni tan buenos, ni tan malos. Así que siempre es una alegría cuando veo que les gusta el resultado final :)
EJ-RP: ¡No te imaginas siquiera lo que sucederá antes de que termine este libro! Jajaja. Aunque están más que invitados a hacer sus mejores apuestas al respecto. ¡Claro que Lancelot verdaderamente ama a Hedda! Posiblemente ella es la única persona por la que siente verdadero amor. Y es ese amor que siente por ella lo que lo impulsa a hacer todo lo que hace... Aunque a veces no sea tan simple de entender. Katya... Otro capítulo que cierra y nos deja con la duda sobre su futuro. Pero prometo que no tendrán que esperar demasiado para conocer su destino. ¿Un final doloroso y humillante para Ford? Jajaja, creo que todos lo desean... Pero la gente no siempre recibe lo que se merece.
Rodolfo Myers: Me hiciste sonrojar con este review. En serio, no tengo más que palabras de agradecimiento a sus comentarios. Creo que a medida que los libros avanzan y los chicos crecen, yo también voy creciendo con ellos. Los voy conociendo cada vez más. Y yo también voy conociéndome a mí misma como escritora, y aprendiendo sobre la marcha. Cada tanto releo los primeros libros, o fragmentos de los mismos, para recordar dónde empecé y donde estoy ahora. Me divierte mucho cuando la gente se anima a intentar adivinar lo que sucederá y me plantea sus posibles teorías sobre el futuro. Lily: Podría escribir todo un libro sólo de ella y su Don, ¿verdad? Jajaja. Pero me resulta interesante tu teoría de que ella será la herramienta principal para la caída de la Rebelión. ¿Qué te hace pensar esto? ¡Y verdaderamente me hiciste reír con la comparación con el final de Avengers! Jajaja. Sí, es difícil ver luz al final del camino en este momento de la historia... Como ya he dicho en otras ocasiones, no puedo prometer un final feliz. Es muy probable que no todos queden conformes con lo que tengo planeado para esta historia... Pero bueno, no puedes dejar a todos contentos, ¿verdad? Y quiero creer que, llegado el momento, sabrán valorar el resultado en su conjunto. :)
Pandora Navarro: Era muy poco probable que alguien pudiera deducir que se trataba de Lancelot desde le inicio, y sí, posiblemente el primer dato contundente que nos hace pensar en él es cuando hablan sobre la condición de híbrida de Katya. Veo que muchos comparan a Lancelot con Draco o con Severus... Y es posible que tenga un poco de ambos, aunque no necesariamente lo mejor de ellos jeje. Pero me siento en la obligación de señalar que Lancelot no se vio "forzado" a tomar este camino. Fue una elección libre y voluntaria, la cual todavía sostiene. Muchos me han preguntando si Lancelot verdaderamente cree lo que pregona, y sí... Lo cree. Cree en los fundamentos teóricos sobre los cuales se sostiene la Rebelión. Pero principalmente, cree que este es el mejor camino para sobrevivir a la guerra y para que Hedda y él puedan ser felices. Esto último no le resultó como él deseaba... Pero aún así, la perspectiva de un mundo donde Hedda ya no tenga que ocultar su condición de híbrida le sigue resultando atractiva. Sigue queriendo lo mejor para ella. ¿Está equivocado en sus métodos? Posiblemente. Pero Lancelot nunca fue alguien con una gran integridad moral. Su punto de inflexión, su verdadero límite ético, siempre fue Hedda. Si hacemos un acto de bondad por los motivos equivocados, ¿sigue siendo un acto de bondad? Si él ayuda a Katya solo porque le recuerda a Hedda, ¿sigue siendo un acto bueno? Y de la misma forma, si comentemos un acto de maldad por los motivos correctos, ¿sigue siendo un acto de maldad? Si él tortura y mata para la Rebelión porque piensa que de esa forma ganaran la guerra más rápido y habrá paz y libertad, ¿sigue siendo algo malo? A veces, definir lo bueno y lo malo dentro de cada persona no es tan simple, y Lancelot siempre ha representado eso en esta historia. ¿Nunca habías escuchado la canción "Wish You were here"? Entonces me siento privilegiada de ser la razón por la cual la has escuchado. Es simplemente excelente.
Anilem12: gracias por seguir leyendo la historia. Siempre es lindo recibir comentarios de los que hace mucho siguen esta historia :) ¿Te gustan las frases/estrofas al inicio de los capítulos? Yo también le he tomado el gusto. Ahora siempre que escucho una canción o leo algo que me recuerda de alguna forma a algo que sucederá en algún momento de la historia, lo anoto y lo guardo por si quiero usarlo jaja. Sobre el ataque contra Katya que vemos en el capítulo pasado: solo su padre murió ese día. Su hermano y su madre mueren más tarde... Aunque en circunstancias no muy distintas. ¿Te spoilearon que Lancelot era el que estaba ayudando a Katya? ¡No! jajaja. Bueno, aún sabiéndolo desde el comienzo, igual es interesante leerlo, porque no sabes hasta el final qué es lo que Lance va a hacer. Y coincido con lo que dices: nadie es diablo ni santo, menos aún en una guerra.
Soar97: ¡Los ojos verdes! Esa fue otra pista de la identidad de Lancelot. Pero bueno, hay mucha gente que tiene ojos verdes, así que tal vez no era tan simple que lo adivinaran solo con eso. Efectivamente, lo que termina revelando su identidad es la forma en que se comporta con Katya, que es una híbrida. Esa dicotomía tan propia de él que le hemos visto desde que lo conocemos, donde es capaz de ser una persona completamente diferente cuando se trata de Hedda. ¿Cómo se enteró Ford de que Hedda es una híbrida? Muchos preguntaron esto. Para tranquilidad de todos, no fue Lancelot quien se lo dijo. Ford ya lo sabía desde antes. Recuerda que los padres de Hedda eran miembros de los Guardianes Negros, así que tanto el Mago como Octavius saben perfectamente que el padre de Hedda era un vampiro. Era información con la que cuentan desde el primer libro, ¿recuerdas? Cuando Brida va detrás de Hedda porque sabe que su familia tiene una de las Joyas de la Corona. Octavius era parte de esa misión. ¡Me encanta tu headcanon de un Lancelot creando una especie de ONG para ayudar a los híbridos! Jaja. Lo bueno de estar escribiendo una historia tan larga es que me da tiempo para poder desarrollar un poco más a los personajes secundarios, como Tessa o Lancelot. Les puedo dar un poco más de profundidad, más matices. Por eso siempre les pido paciencia cuando me piden saber más sobre X personaje. Es muy difícil dar igual protagonismo a todos, y hacerlo además en simultáneo. Pero de a poco, cada uno tendrá su pequeño momento... Aunque algunos tendrán más momentos que otros, inevitablemente jeje. Si Katya logró escapar, en ese momento ¿los chicos ya estarán en Hogwarts? Sí. Ellos ya están en Hogwarts. Han pasado varios meses desde que la capturaron.
Alee7: Como regla general, creo que "no declarar a alguien muerto hasta que lo diga literalmente" es una buena regla, jeje. Ya te habrás dado cuenta que juego mucho con eso, con los momentos indefinidos donde no sabemos verdaderamente qué ha pasado con un personaje. ¡Que bueno saber que cuento contigo en caso de escribir algo propio! Prometo que si me animo en algún momento, te lo haré saber. Ya me dirás lo que te parece jeje.
N. T. R: Es muy probable que, nacido en otra familia, Lancelot no habría elegido el bando en el que se encuentra ahora. Pero tampoco es todo culpa de su familia. En cierta forma, haber conocido y amado a Hedda fue un factor determinante a la hora de elegir el bando. Porque si algo nos hemos dado cuenta a esta altura de la historia, es que Lancelot siempre la protegerá. Todo lo que hace, aunque pueda ser moralmente reprochable, lo hace convencido de que está ayudándola a ella. ¿Te sorprende mucho escuchar que Lancelot ha torturado y matado para la Rebelión? No debemos olvidar que Wence siempre fue una persona propensa a la violencia, con una estrategia de duelo muy agresiva, y una tendencia a abusar de su autoridad o superioridad. Hedda era la única que parecía sacar su mejor versión. Jajaja me encanta porque te gusta más la pareja Hedda/Lancelot pero prefieres que ella termine con James simplemente porque quieres que todo le salga bien a Jamie. :) A tus preguntas: ¿dónde está la lealtad de Lancelot? Creo que todos sabemos la respuesta a esa pregunta. ¿Cómo sabe Ford que Hedda es una híbrida? Varios me hicieron esta pregunta. Y tranquilos, no fue Lancelot quien se lo dijo. Ford lo sabía porque tanto el Mago como Octavius saben que el padre de Hedda era un Guardián Negro y un vampiro. ¿Los Hijos de la Rebelión lo saben? No, no es algo que sea de público conocimiento, pero porque nadie le da demasiada relevancia a Hedda en sí dentro de la Rebelión. A Ford simplemente le interesa que Lancelot ya ha tratado con una híbrida antes, lo cual lo vuelve más empático hacia Katya, y eso podría ayudarlo a ganar su confianza y extraerle información. Y tenía razón: efectivamente, Lancelot es capaz de ver en Katya algo de Hedda y empatizar con ella. Pero el plan le sale por la culata al final, jaja.
Saludos,
G.
