Disclaimer: los personajes no son de mi propiedad, pero la idea si.
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Encontrándose completamente dentro de la comisaría, tanto Anna como Elsa se terminan dando cuenta de la innegablemente soledad que acaban abarcando gran parte de la rutina diaria de los agentes de la ley.
Acercándose hasta el escritorio donde estaba sentado Agnarr, el cual era ni más ni menos que el padre de la pelirroja, este se encontraba ocupado en el papeleo de mil y un denuncias que recibía constantemente en el pueblo que protegía y supervisaba, en ese momento en que se acerca la joven pelirroja hasta su posición, no duda en saludarlo al mencionado hombre.
Al voltear su cabeza y ver la presencia de su hija en el sitio; un tanto inseguro, Agnarr le corresponde el saludo, pero le reitera a la joven, el peligro de estar en un sitio donde, debes en cuando, entran hombres con la ley por los suelos – Anna, hija. ¿ Qué haces aquí? Sabes que no puedes entrar aquí– ante la cuestión, la chica antes mencionada le responde con un semblante un tanto nervioso – Papá, lo sé, lo sé, lo sé… Bueno, vengo aquí para que dejes que mi amiga se quede en casa, está noche–.
Al mencionar a la platinada, Agnarr gira su cabeza levemente y en ese instante ve a la joven antes mencionada.
Dignándose a darle los detalles necesarios, Anna le informa a Agnarr, lo siguiente – Su padre no está…– comprendiendo el punto expresado por su hija, el hombre asiente en tanto la mira a la joven blonda, quién estando con un semblante tímido y nervioso, le dedica una mirada introvertida.
Intentando quitar sus nervios delante del hombre, en ese instante, Elsa resopla y lo termina saludando al mencionado hombre y padre de la joven pelirroja – Hola, señor–.
Ante el saludo de la chica, Agnarr la empieza a mirar a la joven, de arriba hacia abajo, como si la estuviera analizando; una vez termina de mirarla así, Agnarr le pregunta – Hola, jovencita. ¿Eres nueva aquí, verdad? ¿Cómo te llamas?–.
Con las interrogantes a flote, después del saludo, Elsa le dice tomando algo de valentía y reconociendo que su progenitor estuvo ahí – Si, vine con mi padre. Él creo entró aquí, hace poco y bueno, es de cabello pelirrojo con un mechón de cabello castaño. Me dejo sola para ir a cumplir un trabajo de cazarrecompensas– añadiendo mientras ya casi olvidaba lo más importante: su nombre – Por cierto, me llamo Elsa, Elsa Har… Westergaard–.
Presentándose delante del hombre, no duda la joven platinada en extenderle su mano para un apretón de manos.
Viendo Agnarr, la mano de la joven en el aire, y sin vacilar, el mismo hombre se levanta de su asiento como sheriff de un gran y orgullo pueblo, y le corresponde el apretón de manos – Soy el sheriff Agnarr–.
– Mucho gusto, sheriff Agnarr– le responde la platinada en tanto se sonroja y casi se esconde dentro de su ropa e incluso hasta dentro de su piel.
Siendo tan gentil con la joven platinada, Agnarr le asienta con la cabeza como si fuera un rey comprometido con su pueblo, al grado de que deja entre ver, un comportamiento pasivo y caballeroso con la dulce jovencita.
Mientras la saluda, agitando su mano con la de la chica, Agnarr le replica con gentileza – Al contrario, jovencita, el gusto es…– pero no llega a concluir su respuesta debido a que en ese instante sucede algo que lo deja completamente atónito.
Al darle una mirada, cara a cara e incapaz de concluir sus últimas palabras, Agnarr vislumbra a través de su mente e imaginación (una ilusión, en pocas palabras) como el rostro de la joven platinada deja de ser femenino y de un momento a otro, pasa a convertirse en un rostro masculino con cicatrices y con una mirada arrogante en lugar de una dulce y tímida.
Atónito ante lo que sus propios ojos observan, Agnarr escucha en ese instante en la nada, la voz masculina del mítico pistolero, Red Harlow, decirle – Nunca fue por dinero–.
Observándolo con algo de incomodidad y casi rozando con el miedo, la joven blonda, al verlo al sheriff algo aturdido por alguna aparente confusión, le termina preguntando – ¿Sucede algo, señor? ¿por qué me mira de esa forma?–.
Sintiendo el mismo temor que su amiga, Anna, no duda en ese momento en interrogar a su progenitor – ¿Papá?– con una ceja inclinada y algo perturbada por como Agnarr la mira a la joven platinada, Anna rápidamente se le acerca a la mencionada platinada, con el fin de que no suceda nada perjudicial para esta última.
Quitándose las ilusiones de su cabeza una vez que la agita, Agnarr reanuda todo diciéndole a la joven blonda, y tratando de disculparse – No pasa nada. Tú rostro jovencita, me recuerda al de alguien…–.
Pasando de asustada a confundida, Elsa le dirige una mirada sería a su amiga, en tanto escuchan a Agnarr decir y continuar – Si, si te preguntas, ¿Si puedes quedarte? Claro por supuesto, faltan unas horas para la cena, pero… Efectivamente, puedes quedarte mientras tú padre no esté; no creo que llegue a tardar. Fue acompañado por varios hombres que lo van a estar cuidando durante todo el camino–.
Sonriendo la joven ante el permiso de quedarse con la familia del hombre, Elsa le termina agradeciendo, mientras le dedica una mirada emotiva a su amiga – Oh gracias, señor. Juro que no le causare problemas–.
– Eso espero– le contesta, Agnarr, en tanto le da una sonrisa algo vacilante a la susodicha jovencita.
Reuniéndose ambas chicas como si fueran verdaderas hermanas. Anna en ese preciso momento le sugiere a la platinada, una vez que se agarran de las manos ambas y se miran mutuamente – Ven, Elsa, quiero mostrarte como es mi habitación. Todavía podemos divertirnos–jalándola en ese instante la jovial pelirroja a la blonda del sitio hasta llevarla hasta su habitación que se encuentra algo alejada de la mismísima comisaría.
– Si…– le responde la platinada, en tanto ensancha una pequeña sonrisa, y la sigue a la colorada.
Algo cohibido ante la presentación y aparición de la misteriosa y desconocida jovencita; hija del cazarrecompensas que vino a su comisaría hace poco, Agnarr se levanta de su escritorio, en tanto se queda con la interrogante "¿Esa niña es la nieta de Red Harlow?".
Dubitativo y haciéndose más preguntas que respuestas, es en ese preciso momento en que es interrumpido en ese transe por su afortunada mujer, Iduna.
Pareciendo que la hermosa mujer es quién dirige más la comisaría que el propio Agnarr, es la mismísima fémina quién le pregunta a esté último – Agnarr, ¿Sucede algo?–.
Incrédulo ante todo lo sucedido y con un mal sabor de boca, Agnarr le confiesa a Iduna, mientras se le acerca y la mira a la cara – Una nueva amiga que conoció, Anna. Su rostro me recordó el rostro de aquel pistolero–.
Incapaz de reconocer el nombramiento de aquel pistolero que le mencionó, Iduna le dice a Agnarr, con su ceño ligeramente fruncido y algo fastidiada por el trabajo – ¿Cuál pistolero?– tratando al menos de recordar al mítico Red, Agnarr le responde a su mujer, diciéndole – El del escorpión en la mano– agregando mientras parpadea algo sorprendido – Esa niña se detuvo cuando me iba a decir su apellido…–.
Reconociendo varias cosas sospechosas entorno a la joven blonda, Agnarr añade mientras su mujer se empieza a impacientar – El padre de esa niña, es el que vino por la licencia…–.
Recordando al hombre pelirrojo que el mismo Agnarr le estaba negando la licencia hace poco, rápidamente Iduna abre sus ojos con algo de impresión y sin dudarlo le pregunta – ¿Te refieres al hombre de cabello pelirrojo que vino acompañado de una mujer, verdad?–.
– Si… No sabía que la chica que vino acompañado a nuestra hija, fuera la hija de aquel hombre. De hecho, no se parecen…– le responde Agnarr, en tanto le afirma espontáneamente con su cabeza a la hermosa castaña, con algo de asombro.
Ante la impresión exagerada del hombre, Iduna le replica pasando su semblante de uno algo sorprendido a uno nuevamente con el mismo semblante de intriga y fastidio – Creo que estás confundido–.
– Puede ser…– le dice, Agnarr mientras le vuelve a asentir a su esposa.
Cambiando de tema después de unos cuantos segundos, Iduna inmediatamente le indica a Agnarr, después de que se dirige por una canasta con algo de comida – Volveremos en unas horas, dile a tus hombres que cuiden la comisaría–.
– De acuerdo…– le contesta Agnarr, al verla a Iduna dirigirse afuera de la comisaría y con la mencionada canasta en sus manos, siguiéndola a la susodicha mujer, y antes dándoles las indicaciones a sus hombres, de cuidar el lugar de trabajo.
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Un tiempo después y ya estando ambas chicas dentro de la habitación de la antes mencionada joven pelirroja, la cual está llena de juegos, libros y recuerdos de quiénes fueron o eran los antepasados de la joven antes mencionada.
Ambas chicas juegan y se divierten como nunca.
Jugando juegos de azar, leyendo uno que otro libro, jugando con los pocos juguetes para niños que hay, entre otras actividades más.
Después de jugar un rato y tomando algo de aire para descansar, ambas chicas se recuestan en el suelo y en tanto miran mutuamente el techo de la habitación, forrado con un papel tapiz de color azul con naranja; empiezan a reflexionar ante la vida que les depara a ambas como amigas.
Sintiéndose conmovida ante todas las cosas que tiene la colorada, Elsa le comenta de un momento a otro y mientras parpadea y con una de sus manos acariciando con tranquilidad algunos mechones de su propio cabello – Tú habitación es muy grande y bonita–.
Sonriendo ante el comentario positivo y algo tímido de la platinada, Anna rápidamente le responde y comenta con un tono dulce y sin dejar de mirar el techo de su propia habitación – Gracias. Seguramente antes de venir aquí a Blackwater, tú habitación en aquel lugar de donde provenías, era también muy bonita–.
Empezando a recordar su vida en Armadillo, la misma platinada no duda en confesarle con algo de tristeza y comenzando a derramar algunas lágrimas – No era tan grande, pero tenía una vista increíble hacia el horizonte. Me dolió un poco tener que abandonarla. Muchos de mis libros los dejé ahí y mi muñeca, Molly, también se quedó ahí. La tumba de mi perro cada día le dejaba una piedrita como una muestra de despido. No había casi flores por Armadillo, así que le dejaba pequeñas piedras en su tumba– una vez ya habiéndole confesado lo que alguna vez fue su vida en aquel lugar polvoriento, su confesión hace que una pequeña muestra de tristeza se terminen viendo en la quisquillosa pelirroja.
Conmovida por la vida que tenía y que probablemente no volverá a tener, Anna le dice con cariño y entendiendo mucho la situación con la que vive la joven blonda – Eras feliz. Me pones triste, Elsa, al saber que perdiste muchas cosas… Perdiste más de lo que yo he perdido. ¿Sabes? No quiero que te sientas triste, puedes entrar aquí cuando tú quieras y si quieres puedes hacer que está habitación también sea tuya. Puedes tomar cualquier cosa de aquí, sin sentirte mal–.
Con lo dicho por la colorada, Elsa se levanta del suelo hasta quedar sentada únicamente.
No sabiendo como agradecerle, únicamente le dice – Gracias, Anna–.
Tomando también asiento y mirándola fijamente a la inocente albina, Anna le dice con dulzura y mientras le da un fuerte abrazo – No, no te preocupes, Elsi– correspondiéndole el gesto cordial a su amiga, Elsa le dice en forma de respuesta – Está bien–.
En tanto refuerzan su cordial y respetuoso abrazo, en ese preciso momento escuchan la fuerte voz femenina de la madre de la pelirroja, exclamar – ¡Anna, a cenar!–.
Separándose lentamente y cordialmente de la joven blonda, Anna no duda en invitarla a comer a su amiga, por ello una vez que se levanta del suelo y la ayuda a ponerse de pie a la jovial albina, le dice – Ven, vamos a comer algo–.
Dándole una sonrisa de amabilidad, Elsa la termina acompañado a la joven colorada hasta el comedor.
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Una vez reunidos Agnarr y Iduna en el comedor y con la cena en la mesa, la mismísima y hermosa mujer, no duda en empezar con su llamativo y evidente estado de molestia, al darse cuenta que su hija no ha bajado a comer – Tarda tanto en bajar a comer, ¡Anna!–.
Habiendo exclamado el nombre de la quisquillosa colorada, está misma le contesta con nervios – Mamá, mamá, estoy bajando…–.
Acatando la orden a como dé lugar y escuchándose los pasos de la chica de manera acelerada, asimismo, bajando en compañía de su amiga, una vez que se presentan ambas chicas en el comedor; no puede evitar saludar la traviesa pelirroja a su progenitora – Mamá, hola…– molesta la aludida, está última le dice con un tono autoritario – Jovencita...–.
Perdida la susodicha mujer en ira y seriedad al límite; al instante y una vez que gira su cabeza en dirección a la joven platinada, está última no duda en levantarle la mano y saludarla con algo de miedo – Hola, señora…–.
Dándole una mirada similar a la que un depredador le da a su presa, inmediatamente y sin pensarlo detenidamente, Iduna la termina interrogando a la joven, con la siguiente cuestión – Disculpa, ¿Y tú quién eres y cómo entraste aquí?–.
Un tanto apenada la joven blonda e incapaz de darle una respuesta clara a la mujer, y viendo lo irritada que está esta última, en ese preciso instante, Agnarr interfiere y le aclara a su mujer – Iduna… Es una nueva amiga de nuestra hija. Su nombre es Elsa–.
Una vez que recibe la aclaración y recordando la pequeña conversación que tuvo con su marido, Iduna dice un tanto sorprendida y aclarándose sus pensamientos – Oh, es la chica que me mencionaste– sabiendo quién es la chica, al instante, Iduna no puede evitar extenderle su fina mano a la joven y saludarla en el acto.
– Una disculpa… Elsa. Bueno no sabía nada…– le termina aclarando, la mujer, mientras se comienza a rascar la nuca, en tanto evidencia nerviosismo y pena.
– No sé preocupe, señora "Iduna"– le dice, la joven platinada, mientras niega levemente con su cabeza.
Observando la joven blonda, lo nerviosa que se termina poniendo la sofisticada mujer, no puede está misma, preguntarle a la platinada – Está bien, supongo que mi hija te invito a pasar la noche aquí y a cenar, ¿No es así?–.
– Sí, así es– le responde la blonda, en tanto le afirma suavemente con la cabeza.
– Muy bien, ven. Espero te guste la comida que vamos a cenar está noche– le dice la sofisticada mujer, mientras la invita a la platinada a tomar asiento.
Elsa en tanto toma asiento y se acomoda de manera elegante en la mesa, le comenta – Creo que estará deliciosa– dándole una tímida sonrisa a la madre de la colorada.
Ante el comentario de la albina, Anna le dice con orgullo y plenitud – Toda la comida, que mi madre prepara es deliciosa, ¡Mmm, que rico!–.
Preparándose todos para la cena, Iduna les dice – Vamos a comer–.
Tomando cada integrante de la mesa, su propio plato y sirviéndose una cantidad considerable de comida, terminan todos la noche con una cena tranquila y reconfortante.
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Después de lo que había sido la cena y el postre, Elsa acompañó a Anna nuevamente a su cuarto, para el descanso de aquella noche.
La convivencia con la familia de la joven pelirroja había sido muy buena a tal punto que los padres de su amiga le relataron su rutina diaria y su labor completa en la comisaría.
Siendo ya completamente de noche, todos en el lugar debían por fin descansar y/o dormir, en especial ambas muchachas.
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Al estar nuevamente en la habitación y con algunas horas ya contadas e incluso pasadas, y mientras ambas chicas estaban ya acostadas en la misma cama y al parecer, ya estando aparentemente durmiendo, Elsa por un momento observó la habitación de su amiga con más detenimiento.
Notó que había juguetes regados por doquier, sábanas tiradas en el suelo, y un gran desorden en el cuarto de su quisquillosa amiga.
Eso era lo de menos, pues ya lo había visto desde que había entrado para quedarse en el cuarto de su amiga pelirroja.
Mientras su cuerpo se abrazaba fuertemente, y consigo misma, Elsa, inicio un análisis con la mirada y con total libertad, en cada rincón del cuarto, siendo tan curiosa como un gato.
Una vez que terminó de verificar todo a su alrededor; al final y de forma espontánea, y un tanto sorprendida con un armario que tenía una foto escondida hasta el fondo, empezó a mirarla con más detenimiento.
Curiosa por saber si se trataba de alguien cercano a su amiga colorada, Elsa ladeo su cabeza hacia un lado como una muestra de interés.
Estando completamente interesada en la foto oculta, la joven platinada en ese instante se termina reincorporando rápidamente de la cama, sin despertar a su amiguita, y sin dudarlo camina hasta el armario, hasta conseguir tomar la foto en sus manos y verla con más profundidad.
Teniendo la foto enmarcada con madera, en sus manos, Elsa la comienza a analizar la fotografía.
En dicha imagen (con escala de blanco, negro y un tono café) está al parecer la madre de la joven Anna, Iduna (siendo una niña pequeña en la foto), con una mujer con un pantalón vaquero oculto a través de unas chaparreras, una camisa blanca, guantes aparentemente negros y con un sombrero colgando por detrás de su cabeza.
Al darse cuenta de los detalles de la ropa, la joven platinada dirige por curiosidad su mirada a las facciones de la mujer que carga a esa pequeña Iduna, en la fotografía.
Logra percibir en las facciones, un rostro delicado y atrayente pero con un porte ligero a fortaleza femenina e independiente, con unos ojos grandes, una nariz ligeramente respingada, una boca con labios carnosos y con su cabello totalmente recogido en una especie de moño un poco elegante.
Atónita la joven blonda al saber un poco sobre el pasado de la madre de su mejor amiga, al instante y no pensándolo dos veces (cruzándosele como una idea que le vino a su cabeza), decide extraer la foto enmarcada con el único fin de poder apreciarla con más detenimiento y detalle.
Consiguiendo extraer la foto del enmarque, Elsa consigue ver y tocar la textura de la imagen con más libertad, asimismo consigue ver si hay algo que la identifique la imagen como única.
Mientras la analiza con tranquilidad y delicadeza; logra percibir una pequeña inscripción oculta en un dobles, la cual dice una vez que la desdobla, lo siguiente: "Ten fortaleza y responsabilidad en tus acciones. Con amor y cariño. Annie.".
Perpleja ante el nombre que logra leer, la joven platinada se da cuenta de algo verdaderamente emocionante y único.
Al parecer, ella no es la única con la descendencia de un pistolero, pues su amiga, también es descendiente de un pistolero; una leyenda del salvaje oeste.
Elsa se da cuenta, sin más que añadir, que su amiga, Anna, en pocas palabras, es la nieta de la legendaria ranchera, Annie Stoakes.
Una mujer fuerte que había participado en colaboración y como aliada, junto al legendario Red Harlow, durante la aventura de este último.
Ante el asombro, la joven platinada es sorprendida por su amiga, quién ya estando dormida, se termina despertando al darse cuenta que la mismísima platinada no estaba ya en la cama, durmiendo – Elsa…– logra pronunciar de forma débil.
Al abrir sus ojos completamente y verla parada afuera de la cama, inmediatamente, la joven colorada no duda en cuestionar a la dulce platinada – Elsa, ¿Qué haces ahí?–.
Eludiendo su inquietud, la mencionada albina decide preguntarle con el ánimo al cien y tan emocionada – ¿Sabes quién es tu abuela?–.
– Eh, no… Nunca conocí a la mamá de mi mamá– le termina confesando con sinceridad, la pelirroja, ante la interrogante que poco a poco la van levantando y haciendo que se despierte.
– Encontré esto en tu habitación, ¿La conoces?– le termina preguntando, la blonda, en tanto se le acerca a la joven pelirroja, y le muestra la foto de su abuela.
Negando nunca haber visto la fotografía que la platinada sostiene en sus manos, Anna le dice con un tono confuso – No sabía que esto estuviera en mi habitación. Es mi mamá y es…– al no saber nada respecto al pasado de su madre, la joven colorada se queda muda, teniendo la chica rubia que darle una explicación clara de quién es la mujer de la imagen – Es tú abuela, Anna, pero no es cualquier abuelita… Eres descendiente de una leyenda del salvaje oeste. Eres la nieta de la valiente, Annie Stoakes–.
Quedando atónita ante la noticia tan sorpresiva, la pelirroja se levanta de forma espontánea de la cama, y sin más, se dirige hasta el sitio donde se encuentra la platinada.
Sorprendida, la interroga a la joven platinada, con algo de inquietud – ¿Qué? ¿Estás bromeando, verdad?–.
Negando la albina y corrigiéndola en lo absoluto a la colorada, le dice – No es en serio, Anna. De hecho…– agregando, y en tanto decide ahora sí, y de una vez y por todas, revelarle su secreto a alguien – Te confieso que… Soy la nieta del hombre que todos los chicos admiran. Soy la nieta del cazarrecompensas convertido en leyenda, Red Harlow–.
Incapaz de creerle esto último, Anna empieza a negar una y mil veces, al no encontrarle lógica a la confesión de la blonda – Estás bromeando, no te creo– le responde.
Viendo que no le cree en lo absoluto, la joven blonda decide sin más, quitarse su cinta roja de su mano derecha y mostrarle su marca de nacimiento – ¿No me crees? Mira mi mano– le indica mientras le muestra su palma con una trazo que en lugar de parecer una cicatriz, parece una mancha que no contrasta del todo con su piel y que asimismo, se asemeja a un escorpión.
En tanto consigue mirar la marca y analizarla con lujo de detalle, asimismo, tocar los trazos de la palma de la mano de la joven albina, la colorada, recita en voz baja y recordando los relatos en torno a Red Harlow – La marca del escorpión. Se dice que Red Harlow levantó un revolver mientras esté estaba en fuego al rojo vivo–.
Ante el asombro que giran entorno a la joven platinada, Anna en ese instante se termina dando cuenta que en efecto, su amiga es la viva imagen y descendencia de aquel pistolero que en algún momento, vengo la muerte de sus padres.
– ¡Dios mío!– exclama sumamente emocionada, la chica, al darse cuenta del descubrimiento.
Incapaz de darle más respuestas o de decirle más cosas, Elsa le dice con emoción, únicamente – ¡Sí!– agregando la colorada, mientras la consigue abrazar a la joven blonda – ¡Somos las nietas de grandes leyendas del salvaje oeste!–.
– ¡Wow! ¡Claro que sí!– le responde tan alegre y sorprendida la mencionada blonda y mientras comienzan ambas a reírse a carcajadas sin parar.
Estando ambas tan alegres y activas aquella noche, no se dan cuenta que empiezan a hacer algo de ruido, hasta que la voz de la madre de la colorada, rezumba molesta en el piso de abajo – ¡Anna! ¿Qué demonios está pasando allá arriba?– agregando mientras las botas con tacón de Iduna, empiezan a subir hasta la habitación de la pelirroja, y en compañía del mismísimo sheriff que en todo momento la sigue y acompaña a su hermosa mujer – Vamos a subir, jovencita–.
Poniéndose por un momento asustadas ambas muchachas, se terminan sin nada más que hacer; sentando en la cama, hasta esperar la llegada de los padres de la mencionada cobriza.
Una vez que llegan a la habitación los padres de la joven pelirroja, y abren la puerta, Elsa es quién toma la palabra y les dice a manera de saludo – Buenas noches, señor Agnarr y señora Iduna– un tanto nerviosas ambas chicas, presencian el momento justo en el que los dos señores, terminan entrando al cuarto con un semblante serio y cargado de orden y control.
– ¿Qué son todos esos ruidos, jovencitas?– les termina preguntando sin más y con un tono un tanto hostil, Agnarr, mientras se cruza de brazos.
Incapaz de darles a los dos señores una simple explicación, ambas chicas se miran mutuamente y teniendo en mente, darles una excusa a ambos.
Tomando la palabra con un semblante un poco temeroso y tragando saliva, Anna le pregunta a su padre – Papá, discúlpanos por el ruido que hicimos, pero, ¿Eh? ¿Quién es esta mujer para ti?–.
Una vez que toma la foto que traía, Elsa, y se la muestra la joven pelirroja a su progenitor, este último no logra darle una respuesta clara, y al contrario se queda mudo al ver la fotografía que su hija le termina enseñando.
Quién decide hablar es la madre de la chica, quién le pregunta con algo de miedo y titubeos – Anna, ¿De dónde sacaste está foto?–.
Sintiéndose un poco apenada, la joven mencionada, le termina confesando e informando – Mamá, Elsa y yo encontramos está… Es decir, Elsa encontró está foto en mi armario–.
No sabiendo quién es la mujer de la fotografía, Agnarr, toma la foto en sus manos, y en tanto decide preguntarle a su mujer, por la identidad de la mujer de la foto; reconociendo a Iduna, pero no a la mujer – Cariño, ¿Quién es la mujer de la foto?–.
Sintiendo que la tierra está por tragársela, al final la castaña, no tiene de otra, que reconocer que la mujer de la foto es su progenitora – Es mi madre–.
Sabiendo la joven platinada quién es en verdad la mujer de la foto, rápidamente interviene e intentando aclararle, le dice – Señora Iduna, su madre, bueno…– viéndose interrumpida abruptamente por Iduna, está le dice con nervios a la joven platinada – Lo sé, jovencita–.
Mirando la foto con mucha intriga y algo de miedo, y después de resoplar con decepción, Iduna decide confesarle la verdad a su marido, en tanto lo obliga a que la mire – Agnarr, nunca he querido decirte esto, pero… Mi nombre completo es… Iduna Stokes, soy la hija de la legendaria pistolera que participó junto a Red Harlow en el derrocamiento al gobernador Griffon en Brimstone–.
Viéndose incapaz de confiarle esa confesión a su mujer, Agnarr no puede evitar cuestionarla, al punto de casi pensar en no creerle – ¡¿Qué?! ¿Acaso me estás tomando el pelo? ¿Por qué nunca me dijiste eso y por qué apenas me lo estás diciendo?–.
Estando con algo de miedo e incluso casi incapaz de poder hablar, le dice la valerosa mujer – Temía mucho que me descubrieran, en especial los enemigos prófugos de mi madre, los cuales, juraron venganza después de todo lo sucedido con el rancho en el que crecí. Todo lo que hice, lo he hecho para protegerte, Agnarr–.
Un poco aterrada, Iduna decide abrazarlo al hombre, mientras esté termina algo confundido e impávido, y mientras le corresponde el abrazo.
No pudiendo responderse ambos señores algunas cuantas interrogantes y explicaciones a fondo; en ese preciso momento la joven colorada, es quién estando aún sentada en la cama, no puede evitar levantarse de su cama e intervenir y aclararle a su madre – Mamá, yo ya sabía que la gran Annie Stokes era mi abuela, apenas lo descubrí y sinceramente estoy contenta por ello, pero me hubiera gustado que desde que era pequeña me lo hubieras dicho–.
Manteniéndose aún abrazados ambos señores, por un momento, Iduna, inmediatamente no puede evitar tomar a su hija de su brazo y jalarla para darle un fuerte abrazo y decirle – No lo hice, Anna, porque no quería ponerte en peligro. Te quiero hija pero para protegerte, lo indispensable es no ser lo que mi madre alguna vez fue–.
– Lo entiendo, entonces– le termina diciendo con algo de inquietud, la joven pelirroja, al dar por hecho que su madre no quiere que nadie la reconozca por quién alguna vez fue su antepasado.
Mientras la pequeña familia logra reunirse con ese gran secreto revelado y se están abrazando de forma conciliadora, Anna decide voltear a mirar a su amiga.
Al verla un poco triste a la joven blonda, por el hecho de que está sola, sin su padre y su madre; quizás sin familia, decide la joven colorada, pedirle a sus padres, lo siguiente – Papá, mamá, yo… Creo que Elsa, tienen que escucharla. También tiene algo que decirles en cuanto a quién es verdaderamente–.
Sintiendo una motivación, una vez que la joven colorada le pide a sus padres que la escuchen, Elsa le termina dedicando una sonrisa enternecedora, en tanto toma algo de aire y les confiesa sin remordimientos – Mi nombre no es Elsa Westergaard… Mi verdadero nombre es Elsa Harlow, soy la nieta del mítico y legendario pistolero del revolver del escorpión dorado, Red Harlow–.
Sorprendiéndose ambos señores al punto de no desconfiar de la inocente albina, ambos se miran mutuamente y asimismo miran a su propia hija, quién ya sabiendo la identidad verdadera de la joven platinada, decide corresponderle a su sonrisa de esta última.
Incrédulo por un corto tiempo, Agnarr niega un poco, pero luego termina aceptando lo dicho por la joven, al reconocer que su ilusión e imaginación que había tenido, era verdad – ¡Dios mío! No me equivoqué con que fueras su nieta. Eres casi idéntica a él–.
Sorprendida Iduna, al igual que su marido, al final también se suma a este y logra reconocer con asombro, lo siguiente – De verdad, nunca creí que tú abuelo fuera Red Harlow, jovencita, digo, Elsa. Es un halagó que nuestros antepasados alguna vez convivieron juntos–.
Un tanto afortunada al confiar en la familia de su amiga y no sintiéndose discriminada por su confesión, Elsa les dedica una sonrisa y una mirada coqueta, en tanto Agnarr interviene nuevamente y le dice mientras decide acercársele a la mencionada joven y la observa más de cerca – Tú rostro, tus ojos, tus marcas… Eres él o mejor dicho, él vive en ti–.
Tomando la decisión de acariciar el rostro de la joven platinada, Agnarr decide tocarle levemente el rostro a la joven, trazándole únicamente con su dedo pulgar, las cicatrices que heredó, la chica, del mítico pistolero.
En tanto se acerca Iduna y la joven pelirroja, Agnarr les da una mirada dulce a ambas chicas, mientras decide sugerirles, después de una leve pausa – Bien, ¿Quieren saber la historia de Red Harlow?–.
– Yo conozco mucho acerca de las grandes hazañas de mi abuelo– les informa, la joven blonda, mientras les sonríe y les reconoce que sabe la historia del gran Red.
Teniendo en claro lo dicho por su amiga, Anna interviene y en tanto hace un puchero de disgusto; diciéndole – No es justo, Elsa, yo no conozco totalmente la historia de lo que hizo tu abuelito. Por favor, papá, cuéntanos la historia de Red–.
Rogándole como una niña pequeña, Anna decide tomar asiento en su cama, en tanto Agnarr se dirige hacia la joven blonda, y le dice – Elsa, lo haré por mi hija, en especial porque no conoce el hombre que fue en verdad tú abuelo. ¿Espero no tengas ningún problema?–.
– Está bien, no estará mal volverla a escuchar– le termina respondiendo, la joven platinada, mientras se levanta en hombros sin darle tanta importancia.
Preparándose para escuchar la historia del mítico pistolero, rápidamente Iduna se posiciona en el centro de la cama, y en tanto se recarga en la cabecera de madera.
Asimismo las dos chicas se terminan acurrucando en cada lado donde se encuentra la mencionada mujer; dándoles un abrazo a ambas chicas, y mientras están atentas al relato.
Tomando algo de aire, rápidamente, Agnarr toma asiento en el borde de la cama, mientras empieza con el mítico relato – La historia de Red Harlow comienza hace mucho pero mucho tiempo…–.
Terminando así este capítulo.
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Notas del autor:
Hola lector, nuevamente con ustedes.
Este fic no lo iba a publicar aún, pero pues la historia de Red Dead Revolver necesito checarla para saber que partes se verán, por ello publique está parte y la próxima tendrá algo del gran Red Dead Revolver.
Cambios, no hubo casi.
Sin más que agregar, me despido y nos leemos pronto.
