Disclaimer: los personajes no son de mi propiedad, pero la idea si.
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Al amanecer en El Presidio…
Ya habiendo amanecido y empezando todos los cazarrecompensas a preparar los cuerpos y los pocos sobrevivientes de la banda que atacaron el día anterior.
Los mencionados cazarrecompensas entre parloteos y humillaciones, se acaban dirigiendo hacia los caballos y vehículos que consiguieron.
Mientras cargan uno a uno los cuerpos de cada uno de los hombres muertos y amenazan a los sobrevivientes, entre los agentes y cazarrecompensas, sobresale Brock Thunderstrike, el cual y en tanto amenaza a uno de los hombres sobrevivientes, a punta de pistola, le dice con un tono amenazante y entremezclado con uno cómico – Mueve tu trasero, imbécil–.
Mientras se movilizan los hombres con algunos contratiempos, Weselton arriba de su caballo y amenazando a unos cuantos de los hombres de igual forma; les procede a indicar a sus colegas que se apresuren – Carguen los cuerpos de esos bastardos–.
Una vez que consiguen entrar varios de los maleantes sobrevivientes a uno de los carros penitenciarios, Brock en medio del encadenamiento y el reforzamiento de la puerta del vehículo, les comenta a sus amigos que lo ayudan, lo siguiente – Me llevaré una buena plata con la cabeza de cada uno de estos hijos de puta, je je je je–.
Iniciando, Brock, con su elocuente carcajada, en ese instante le termina siguiendo dicha causa emocional, Cassandra, Stalyan, Varían, Andrew, Martha, Erik y la señorita Caine.
No parando ni un segundo para tan siquiera respirar, en ese instante y a pocos metros de donde se encuentran con el resto de sus amigos, logran visualizar todos los cazarrecompensas, la llegada de otros agentes de la ley.
Tan singulares e iguales a ellos.
Llegando los nuevos visitantes en sus corceles y saludando a la par – Buenos días, señores– rápidamente, en ese momento, Weselton se pronuncia delante de los dos hombres que acaban de llegar.
En tanto el viejo y barbudo Weselton les estrecha la mano y conversa con ellos, en ese instante, Hans no duda en acercársele a la fémina de cabellera castaña.
Al darles una mirada mutua y un tanto extraña, Caine le pregunta a Hans, con muchas interrogantes, lo siguiente – ¿Unos Detectives de la agencia de Pinkerton? ¿Qué hacen aquí?–.
Una vez que concluyen de hablar y socializar con Weselton, los dos hombres de la mencionada agencia, no pueden evitar acercárseles a los cazarrecompensas con el único fin de conversar con ellos y conocerlos o hablar de algo verdaderamente imprevisto.
Al lograr acercárseles, en ese momento y sin rodeos, uno de los dos hombres inicia presentando y presentando a su compañero al resto de individuos que yacen en el lugar – Hola, mi nombre es Leopold Akerman y el joven que me acompaña es mi amigo, Lars Johansson Aleksándrovich. Ambos somos Detectives de la agencia de agentes de Pinkerton–.
Siendo tal cual, Leopold es descrito como un hombre un tanto viejo pero con bigote y una cabellera rubia casi blanquecina; enfundado en un atuendo elegante y con un bombín como sombrero.
Por otro lado, Lars, es descrito como casi idéntico a Hans, pero con un traje elegante algo grisáceo y sin sombrero.
Una vez que se presentan ambos hombres con el resto de tipos peligrosos, el joven Varian, al instante opta por preguntarles casi un tanto molesto y desconfiado – ¿Y ahora qué?–.
Exhibiéndose los dos agentes como verdaderos caballeros; el mismísimo Leopold (quien sirve de momento como interlocutor para su amigo, Lars) le responde a Varian, en tanto extrae de su fino saco, un documento – Tenemos una orden escrita y directa del gobierno de los Estados Unidos–.
Dándose una vuelta, Leopold, mientras consigue ver a Weselton acercarse al círculo donde están los demás cazarrecompensas rodeándolos a los dos agentes antes mencionados.
El mismo Leopold le acaba entregando el dichoso documento y en tanto le informa – Tienen órdenes directas para ir a Tumbleweed–.
Siendo un poco extraño la idea de ir a un sitio frío y casi abandonado, en ese momento pronuncia un tanto dubitativa Caine, el nombre del pueblo – ¿Tumbleweed?– al desconfiar demasiado en ir a un lugar donde prácticamente no hay nada, rápidamente, la misma mujer le acaba recriminando dicha idea a los cuestionables agentes de Pinkerton – ¡Oiga! ¿Por qué quieren que estemos en Tumbleweed?–.
Empezando a ver las muchísimas caras de disconformidad de parte de los valientes cazarrecompensas, Leopold, de inmediato les consigue aclarar la molesta noticia – Señores. El gobierno de los Estados Unidos, quiere restaurar lo que queda de Tumbleweed. Se sabe que hay bandidos en ese pueblo abandonando. Tendrán que sacarlos de ahí y esperar una caravana de forajidos liderada por el fugitivo más peligroso del oeste… Pedro Buenavista, alias Pitch Black–.
Tildándolo de loco e imbécil, Hans al instante le dice un poco molesto y también en desacuerdo – Está loco, no haremos eso. Mi hija me espera en Blackwater–.
Casi listo el pelirrojo para agarrar a ambos hombres de la agencia a punta de disparos, se ve interrumpido por el fuerte descubrimiento que nadie quiere que se sepan.
Justificándole, Leopold, y poniendo en evidencia ni más ni menos la verdad de quién es Hans; le logra decir a todos la verdad de quién es este último – No tiene de otra, señor "Harlow"–.
Tomándolos a todos los hombres y mujeres por sorpresa, la verdadera identidad del atractivo colorado; el mismo ante la revelación se les queda viendo en una posee de culpabilidad.
– ¿Eh?– incrédula la hermosa castaña ante la revelación de quién es Hans verdaderamente, consigue exclamar levemente lo anterior.
Al no creer ninguno de los pistoleros cazarrecompensas la verdad de quién es Hans, más de uno empieza a musitar muchas cosas en torno a Red Harlow.
Una de ellas, ¿Cómo pudo hacerle para tener un hijo un hombre como lo era Red Harlow?
Sintiéndose por otro lado, engañada, la señorita Caine e incapaz de querer seguir a su lado como su compañera, le acaba preguntando un poco ofendida a Hans – Señor Westergaard, ¿Qué significa eso?–.
Intentando, Hans, tapar el sol con un dedo o ocultar su vínculo cercano con Red Harlow, el mismo pelirrojo le trata de negar su identidad a la valerosa mujer pero es imposible – Nada…–.
Incapaz de ocultar lo imposible, al final, Leopold nuevamente le revela a Hans quién es realmente, informándole con burla – Vamos, señor Hans Harlow. Lo identifique por sus cortadas y porque su padre fue muy lindo cuando lo vimos en los alrededores de Thiefs Landing. Su padre, Red Harlow–.
En tanto casi está a punto de reírse, el mismísimo Leopold y su acompañante, estos son interrumpidos por Hans, quién les consigue recalcar a manera de amenaza – Ustedes, no saben nada acerca de mi padre–.
Dispuesto a llegar a las últimas consecuencias y llenar de plomo a Leopold y a Lars, nuevamente se ve detenido por las palabras de Leopold quién le termina expresando – No, pero créame que sé más de lo que me imagino– añadiendo en tanto cambia repentinamente de tema y nuevamente se dirige hacia los demás cazarrecompensas y les enfatiza – Escuchen, irán a Tumbleweed y se quedarán ahí, porque yo los acompañaré y porque me cerciorare de que estén ahí. Mi compañero, Lars irá a Blackwater y acompañará a los pocos que puedan regresar. La paga que se les daría por los que mataron se pospondrá, una vez que hayan cumplido con su trabajo. Bien, andando…–.
Una vez que da el aviso, Leopold nuevamente le dirige su mirada a Hans, pero este mientras se le queda viendo es llamado por Weselton, quién logrando captar su atención, le informa – Hans, volveré a Blackwater. La paga que me den por los malnacidos que matamos y capturamos, se los daré a tu hija. La mitad, obviamente–.
Creyendo que Weselton le será difícil identificar a la joven platinada, Hans le consigue en ese momento describir dócilmente, el aspecto de la joven blonda – Es una chica rubia, Weselton. Espero la identifiques–.
– Eso espero, bueno, nos vemos. Buena suerte– le acaba diciendo, Weselton, y en tanto le da un apretón de manos a Hans, y finaliza con esté último, para al instante retirarse hasta su caballo e irse con algunos de sus hombres.
Mientras se dispersan todos los cazarrecompensas (y va rezongando, Brock y Varian), en ese momento deciden Alistair y Diane unirse a Weselton y regresar a Blackwater, con la finalidad de verificar su propiedad que hace poco habían adquirido.
En tanto todos los demás hombres y mujeres se retiran para tomar sus respectivas pertenecías y equipan sus pistolas tanto en sus fundas como en sus caballos.
La señorita Caine, en ese momento se le consigue acercar a Hans, de nuevo, para decirle de lo que sucedió tiempo atrás cuando hablaban del mítico pistolero – Me engañaste. Ahora entiendo porque te quedaste mudo cuando hablaban de tu padre–.
Mostrándose un poco molesta y con sus pequeños brazos cruzados, y negando una y otra vez, Caine, de inmediato adquiere una posee defensiva y sin poder contenerse, le consigue dar una bofetada a Hans.
Ante la bofetada que recibe, Hans levemente comienza a sobarse su mejilla, y mientras intenta aclararle lo que realmente lo hace ocultar su identidad – Mi intención no era engañarte, era proteger a mi hija–.
No creyéndole en lo más mínimo, Caine en ese instante le acaba preguntando con ira y negación – Si, claro. ¿Qué más me escondes, Hansy?–.
Mientras Hans no deja de aliviar su mejilla, y se dispone a ir por su corcel, siendo seguido de manera molesta por la hermosa mujer, empiezan ambos una conversación algo relajada.
En tanto observan el drama de ambos, y siendo el momento idóneo, Leopold le acaba ordenando lo siguiente a su compañero – Lars. Sé que algunos pusilánimes irán a Blackwater. Acompáñalos. Una vez que estés ahí, busca a la hija de Harlow–.
Inclinando su ceja, Lars, al no saber como es la joven que menciona, rápidamente logra cuestionar a Leopold por aquello – ¿Cómo la voy a identificar?– mofándose el hombre bigotudo y rubio; este mismo le dice – Recuerda que Red Harlow tenía una foto de la chica cuando era una niña. Espero que la foto sea suficiente para que la identifiques–.
– Okey, entendido– le responde, Lars y mientras le da el visto bueno de quién se supone debe saber y conocer.
Adelantándose y yendo detrás de Weselton y sus hombres (los cuales ya están a varios kilómetros de El Presidio), Lars finaliza su encuentro con su amigo, diciéndole – Nos vemos–.
Despidiéndose, el mismo Leopold de su amigo, Lars.
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Blackwater, iniciando un nuevo día para los residentes del susodicho pueblo, cada habitante empieza con su rutina diaria y sobresaliente como siempre.
Una vez que llega el medio día en el pueblo, Elsa y Anna en la comisaría se quedan un rato ahí, todo con el fin de esperar al padre de la joven platinada que supuestamente llegaría al día siguiente.
Observando ambas muchachas como entran y salen policías, algunos cazarrecompensas y algunas de las mujeres de la mayoría de estos, las mismas chicas empiezan a impacientarse.
No pasa mucho tiempo para que empiecen a notar que el pelirrojo no se presenta en ningún lado y momento.
Al notar como llegan unos hombres liderados por el barbudo Weselton, creen en ese momento las chicas que el viejo tiene algo que ver con la no llegada del colorado.
Notando al viejo con un toque de maldad a pesar de que no es un hombre malvado sino honrado y un tanto respetuoso.
Dirigiéndose el mencionado hombre bigotudo al pequeño despacho del sheriff.
Mientras ambas chicas miran mutuamente al hombre saludar a Agnarr, este último le corresponde el saludo o apretón de manos a Weselton.
Desesperándose la joven blonda al ver como ambos hombres mueven la boca en una conversación que parece infinita, decide esperar a que uno de los dos termine.
Una vez que concluyen todo, Weselton nuevamente le da un apretón de manos a Agnarr, y posteriormente procede a salir de la comisaría.
Aprovechando la joven que ya no hay nadie o nada que moleste al sheriff, Elsa decide acercársele y justamente, una vez que lo hace, procede a saludarlo algo titubeante al hombre – Buen día, Señor Agnarr, ¿No hay noticias de mi padre?– ante la súbita cuestión que la joven le hace a Agnarr, este mismo le termina informando mientras niega su cabeza de lado a lado – Temo que no, Elsa–.
Teniendo en ese momento la sensación de que su padre murió en su deber o huyó o ni idea, la joven simplemente le dice a Agnarr – Oh, bueno. Está bien, cualquier cosa, avíseme–.
En tanto la joven le deja en claro a Agnarr, que cualquier suceso se lo notifique, procede la misma chica a retirarse de la comisaría.
Siendo seguida por la joven pelirroja, y caminando con muchísima tristeza.
En ese instante, la jovial colorada le dice intentando levantarle los ánimos – No te preocupes, Els. Yo sé que tú padre vendrá por ti– añadiendo la chica mencionada y con algo de motivación – Yo también sé que vendrá a recogerme. Tengo fe–.
Estando afuera de la comisaría y extrañándoles el hombre bigotudo que vieron; observan como este en ese instante procede a acercárseles a las dos chicas.
– ¿Y ese señor?– procede a preguntar un poco incómoda, la joven cobriza.
Ya estando a unos centímetros cerca de las jóvenes, Weselton procede a preguntarle lo siguiente a Elsa, sin dejar que pronuncie nada en ese momento – Buen día, señorita, ¿Eres Elsa? ¿Cierto?– señalándola, la aludida le contesta con una afirmación.
Siendo un hombre cortes, de inmediato la procede a saludar a la jovial platinada – Buen día– una vez que la saluda a la chica, Weselton procede a entregarle una parte del dinero de las recompensas que cobró – Tú padre me pidió que te diera esto…– le logra informar en tanto le extiende su mano con un pequeño fajo de billetes.
Alterándose de inmediato al no saber nada sobre su progenitor, procede la joven blonda a cuestionar a Weselton, sobre el paradero del colorado – ¡¿Dónde está mi papá, ahora mismo?!–.
Viéndose en la difícil situación de explicarle porque Hans no se encuentra con él, Weselton le dice a la chica, lo siguiente, y en tanto trata de tranquilizarla – Jovencita, esté… Una agencia de detectives le asignó una misión. Desafortunadamente decidió quedarse y no pude hacer nada, lo siento mucho… Hans, no vendrá hasta que cumpla con su trabajo–.
Endureciéndose la joven al punto de estallar y desenfundar su pistola, en ese instante procede a tacharlo de mentiroso a Weselton – ¡No, usted miente! ¡Él me prometió que iba a regresar!–.
Levantando Weselton sus manos en señal de paz e intentando pedirle que baje el arma, en ese momento interfiere la joven colorada, quién al igual que Weselton, intentando tranquilizarla a la joven platinada, le dice – Elsa, tranquilízate…–.
Suplicándole la joven pelirroja a la blonda, que no se altere, de inmediato, Elsa sin dudarlo logra apuntarle con su arma a la joven colorada.
Quedando petrificada está última al darse cuenta de que su amiga es capaz de matar sin siquiera dudarlo.
Anna escucha en ese preciso momento como la joven blonda, una vez que amartilla su revolver le dice con tanta ira – ¡No te me acerques, Anna!–.
Amenazándola al punto de dejarla casi en un estado de shock, Anna presencia el momento justo en que su amiga comienza a dar unos pasos hacia atrás.
Estando la joven blonda con esa sensación de soledad, decide huir del sitio en tanto la colorada empieza a gritarle e intenta ir tras ella – ¡Elsa…!–.
Casi empezando a seguirla a Elsa, Anna es frenada bruscamente por Weselton, quién dándose cuenta de que la blonda no se encuentra emocionalmente bien, le dice a la pelirroja, lo siguiente – Déjala. Elsa necesita tiempo para procesar dicha noticia. Lo mejor será que la dejes por unos días y cuando se encuentre mejor, espero ya puedas hablar mucho mejor con ella–.
– Tiene razón…– le responde la chica mientras empieza a sollozar y no creyendo que la joven platinada fuera capaz de apuntarle con un arma.
Mientras se retira lentamente por su lado y un tanto desilusionado, Weselton le acaba asintiendo a la joven, dejándola sola y mientras está repite una y otra vez, el nombre de la albina – Elsa…–.
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Noche, otra vez.
Por la noche escuchando las pequeñas luciérnagas, vagando, sintiendo el pequeño calor que irradia Blackwater y llorando por su padre en un ciclo de caminata infinito, Elsa, de un momento a otro y ya estando cansada, decide ir al negocio y hogar del chico que la ayudo desde un principio: Jack Frost.
Logrando llegar al hogar del peliblanco y una vez que toca el pequeño timbre de campana, la joven blonda no puede evitar escuchar la voz dulce del chico, el cual acaba preguntando desde dentro de la residencia – ¿Quién?–.
Al escuchar una serie de pasos dirigirse hasta la puerta; Elsa presencia el momento exacto en que el chico le acaba abriendo la puerta.
– Hola, Jack…– lo procede a saludar la joven al chico.
Un tanto sorprendido por la llegada de la joven platinada, Jack no puede evitar preguntarle a la joven – ¿Elsa? ¿Qué haces aquí afuera?–.
Abrumada la mencionada muchacha por los nervios y la tristeza; en medio de suspiros débiles y algunas palabras difíciles, consigue decirle a Jack, en respuesta – Mi padre no volverá y no tengo con quién quedarme. Me iba a quedar con Anna, pero… Siento que necesito tiempo para comprender el porque mi padre no regresará. No quiero regresar al hotel, por ello, ¿Quisiera saber si me puedo quedar contigo hasta que yo decida decirte cuanto irme?–.
Dejándolo en ese instante sin palabras al peliblanco, este último le dice a la joven – Elsa… Oh, okey. Está bien…– añadiendo mientras la invita a pasar a su hogar a la joven platinada – Está bien, entra. Está haciendo frío. No te preocupes, te entiendo. Eres bienvenida aquí cuando tú quieras, además este también será tu hogar si así lo deseas–.
Aceptando su invitación y dedicándole una sonrisa ladina, Elsa le termina agradeciendo al chico, en tanto consigue mostrarse un poco nerviosa ante la situación – Gracias, Jack–.
– No te preocupes, Elsa. Descansa– le dice el mencionado muchacho a la joven mientras niega dulcemente.
– Te agradezco mucho, Jack– finaliza, Elsa mientras lo sigue al mencionado peliblanco hasta su habitación.
Terminando así este capítulo.
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Notas del autor:
Hola lector, nuevamente con ustedes.
La verdad me tarde mucho y pues realmente quería subir este fic, pero a la de ya.
Para esté capítulo, me inspire en la familia secuestrada de John Marston, en el momento en el que Edgar Ross obliga a John Marston a cazar a sus antiguos compañeros de banda (sucesos de Red Dead Redemption 1)
Originalmente, Hans regresaba con Elsa para enseñarle sobre la vida, pero decidí que Jack será y fuera el indicado que le muestre lo que es la vida.
Y bueno, a partir del final de este capítulo, inician capítulos protagonizados por Jack y Elsa.
Bueno, sin más que agregar, cuídense mucho y que estén bien.
