Disclaimer: la historia que leerás a continuación es de mi propiedad, pero los personajes no.

Inspirado en fanfics Helsa y en el capítulo 5 de Red Dead Redemption 2; el viaje a Guarma.

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Advertencia: Contenido ligeramente explícito.

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Había pasado un tiempo desde que el decimotercer príncipe de las islas del sur llamado Hans, había intentado poner en riesgo la vida de la joven e inexperta reina de las nieves, Elsa, y su hermana, la princesa Anna.

Su comportamiento hostil había desencadenado que la joven soberana se sintiera culpable y descuidará a su propio reino. Hans cuando estaba al mando, hizo lo que quiso, todo con el fin de regresar el verano y autoproclamarse como el legítimo héroe que el reino necesitaba.

Su autoproclamación, su cinismo, su egoísmo y su traición, trajo consigo que se le aplicará un castigo ejemplar; un castigo no tortuoso, pero si que le sirviera de lección.

Dicho castigo era devolverlo a las susodichas islas y que trabajará ahí como peón de sus malvados hermanos, que era lo único que se le había impuesto una vez que llegará a su destino.

Por ello se preparo un barco donde, Hans dentro de su celda, observaba todo, tratando de reflexionar y pensando que fue lo que salió mal.

Era irreverente que quisiera escapar, pues estaba bien cuidado y bien vigilado por los numerosos marineros.

Cuando el barco partió, se notificó del mantenimiento programado del navío, esto con el fin de verificar y constatar que el príncipe no intentara escapar o salir de su celda, además también si el vehículo marítimo estaba en óptimas condiciones para despegar del puerto.

Al cerciorarse de que todo estaba en orden, incluyendo al ex príncipe, la tripulación en tanto movía el barco en un vertiginoso viaje a las islas, se constato de que Hans había estado impasible y no se había movido de su lugar, desde que había sido colocado ahí.

Hans durante el viaje se mantuvo callado, no pretendiendo comer, ni dormir, sino queriendo volver a Arendelle y conseguir la tan ansiada corona.

El acalorado viaje, hizo que todo hombre, pelo en pecho, lobo plateado y fortaleza de bestia, tuviera que trabajar y mantener en óptimas condiciones el navío desde la cubierta y dónde yacía la celda del pelirrojo, siendo esta apreciada por todos los tripulantes, y siendo así la manera en la que Hans escuchaba los parloteos y las habladurías de parte de la camaradería del navío; esas palabras que fraguaban al decepcionante príncipe, iban cargadas de indignación, repudió y algunas de admiración, pero solo tan pocos elogios eran aquellos que la mayoría de esas tantas cosas habladas eran las sensaciones que estaban en su contra, esas muchas que el mismo bermejo aludía y no quería tomar en cuenta.

– Capitán. El príncipe ha rechazado toda la comida que se le ha dado, ¿Pretende que hagamos algo, como obligarlo a comer?– sugirió un fornido hombre de barba muy pronunciada y de aspecto algo demacrado y envejecido, a su alto mando.

Sin sentirse preocupado, sino tranquilo el líder del navío, le responde, mientras observaba a los tripulantes trabajando – No es necesario… Dejen la comida ahí, no hagan ni obliguen a Hans, el sabrá cuando es y cuando será el tiempo apropiado para comer–.

El barbudo sin más asintió – Entendido– pasando adelante hacia la cubierta del navío y con la finalidad de ayudar a sus compinches y terminando esa pequeña sugerencia.

– Tengo un mal presentimiento. Se que algo pasara– dijo uno de los marineros, mientras intuía que algo no anda bien, sabía que probablemente un tormento peor que los poderes de la reina, sucedería.

Uno de sus compañeros, al oírlo decir su mal presentimiento, se burló de él – No me digas… ¿Qué? Vendrán piratas y subirán a la cubierta del barco– mientras continuaban refregando el suelo de madera de la cubierta, el hombre del mal augurio o que intuía un por venir trágico, le respondió algo malhumorado – No lo se… Faltan algo de tiempo para llegar a las islas–.

Ante esa pequeña plática, el capitán del barco, los tranquilizo a sus inquietos hombres – Tripulantes, continúen con el trabajo. Espero que tú mal presentimiento no nos atormente, John– el mencionado o el que tiene la intuición de que algo malo iba a ocurrir, le contesto de forma controlada – Si, espero que no pase nada, capitán–.

Por parte del prisionero de cabellera rojiza, este se debatía entre comer y no comer.

Sabiendo que necesitaba regresar a Arendelle más fuerte que nunca, decidió tomar la primera decisión: Comer.

– Necesito comer, me animaré para poder planificar mi regreso a Arendelle– cauteloso y como un perro salvaje, se acerco al plato de comida que yacía en el suelo, una vez cerca; tomo el plato y comenzó a devorar lo que contenía el recipiente. Lo que yacía en el plato y luego en el estómago del pelirrojo era algo de pollo, con arroz y caldo.

Satisfecho, sonrío y mientras descansaba.

Ante la sensación de tristeza y soledad, no pudo evitar estar así, en eso se recostó en el suelo de metal de su celda y comenzó a llorar, sin parar, sin detenerse y sin que nadie lo viera en ese estado, no queriendo aceptar su regreso a sus lejanas tierras natales, de hacerlo de manera obligada, sería un esclavo para sus hermanos.

Hans sabía que es lo que le iban a hacer sus familiares una vez que estuviera ahí, en este caso, lo obligarían a hacer trabajos duros que solo los desdichados y la servidumbre quería o hacían por necesidad.

El como príncipe y fiel heredero de la corona, no era un desdichado; era un máximo potencial y un ejemplo que todos podrían admirar, como rey; pero que ahora estaba decaído, por el error, de haberse topado con la gran reina de las nieves y su malnacida hermana.

Entrando en una desesperación, que estaba presente incluso en el momento en que estaba comiendo; como en el momento en que había terminado su pequeño festín y se había recostado en el suelo para llorar y sollozar, pensó de manera repentina en golpear la puerta e intentar forzar la cerradura de la misma, usando tanto las manos como sus pies para y con el fin de derribar la puerta de metal – ¿Debe haber algo?–.

Al no conseguir que su intento diera el resultado esperado, buscando ayuda y tratando de convencer a un sujeto, se fijo en uno de los marineros y lo intento llamar – Eh, marinero…–.

– ¿Cuánto falta para llegar a las islas?– ante el llamado, y la pregunta muy deficiente, el hombre le respondió con fastidió al príncipe – Trece días, imbécil–.

Hans comprendiendo el enfado y el malhumor del hombre, asintió algo asustado – Entiendo–.

El marinero añadió de mala gana – Sí, trece días para llegar. ¿Qué esperabas? ¿Qué llegaríamos mañana? No, claro que no… Están tan alejadas que necesitamos tiempo para llegar–. Hans denotando fastidió y repudió no pudo evitar ponerse melancólico; agradeció la información de su traslado de Arendelle a su pesadilla – Si. Gracias, señor–.

Cabizbaja, procedió a sentarse contra la pared y musitar – Rayos, cómeme tierra–.

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El paso de los días habían ocurrido y transcurrido con normalidad, el capitán del navío, felicito a su tripulación con ron y aguardiente, de forma consiente y prometiendo mejores momentos para todos – Han transcurrido 7 días caballeros, nos faltan 6 días para llegar a las islas… Bueno brindemos por nuestro recorrido– sin más alzaron sus copas llenas de los espumosos líquidos y brindaron – La recompensa que nos llevaremos, cuando entreguemos a ese infeliz, traidor y malnacido, será jugosa… Otro brindis por ello– añadió el hombre.

Exclaman la camaradería del navío, otro brindis – Sí, ¡Oh, sí!–.

Hans algo indignado y con su atuendo que denota fragilidad y malsano honor, aún intenta forzar la puerta de metal – Tengo que salir de aquí– no consiguiendo abrir la puerta y solo viendo como los marineros se divierten bebiendo y jugando entre ellos. intuye que algún ingenuo se quedará dormido y así intentará usar su propia suspicacia que lo caracteriza para poder salir del encierro que lo mantiene en el barco.

La tripulación de hombres se divierte con tanta satisfacción que tan solo uno de los pocos hombres cuerdos ante la embriaguez se da cuenta de algo que logra avistar en las aguas del extenso mar – ¡Capitán!– grita a su mayor y este al instante hace acto de aparición, además hace caso al llamado de inquietud –¿Qué sucede?–.

El hombre cuerdo le informa – Un bote señor, se acerca a nuestro barco– el capitán, incrédulo ante la información de su marinero, piensa en no creerle, pero cuando lo ve un poco el horizonte de dónde viene el pequeño bote, le pide el catalejo – Bien, deme el catalejo, deprisa– su leal hombre le entrega el objeto solicitado, sin chistar – A la orden señor–.

El capitán durante un pequeño rato observa al bote que poco a poco acorta la distancia entre su barco – ¿Qué observa, señor?– pregunta el marinero que le entrego el catalejo.

De manera instantánea responde ante la belleza que ve – Es una doncella... Debió haberle pasado algo…– tal como lo dijo, una doncella, el capitán descubre a una mujer que parece que duerme tranquila ante algo que transcurrió y la obligó a lanzarse en el pequeño bote.

Su descripción es de piel inmaculada, casi de un tono blanquecino, labios de color magenta y cabello de color castaño con una franja rojiza suelta.

El capitán no creyendo que una mujer este abandonada, pareciendo un cuento de damiselas en apuros, le ordena a sus hombres aparentemente cuerdos, que suban el bote dónde yace la despampanante doncella – Suban el bote– ante la orden establecida, los borrachos y sinvergüenzas marineros, acatan de forma inmediata la orden.

Una vez que se hacen las maniobras correspondientes para subir la pequeña embarcación de tan solo una persona, proceden al instante a rescatar a la dama – Debe estar herida– comenta el capitán al sacar a la joven mujer del bote, cargándola entre sus brazos.

– Dios, tengo que salir de aquí…– dice Hans, continuado con su intento de escapar, al no poder continuar de nuevo, de forma espontánea y sutil, observa como los marineros; todos estos corren alterados y desesperados ante lo que el capitán sostiene en sus manos, lo cual, el pelirrojo no lo logra avistar.

– Hey... ¿Qué pasa?– pregunta algo extrañado a uno de los hombres que pasan por delante de él, este hombre le responde al sureño – El capitán, vio un bote. Al parecer su tripulante es una mujer– al ser informado por el hombre, Hans incrédulo no cree lo que acaba de informarle el marinero, interrogante, se pregunta asimismo – ¿Una mujer en el mar?–.

El marinero con prisas, no queriendo perderse el espectáculo, responde vagamente – Si, señor– Hans ve a la multitud que rodean a la doncella, aunque él no la logra avistar.

En los brazos del capitán, los marineros alardean de la belleza de la chica – Dios, es hermosa– ante los alardes y cuchicheos, el jefe del barco, los hace callar al instante – Cállense– ante la orden de que cierren la boca todos; se inclina el jefe del navío y logra recostarla a la dama en el suelo, en un intento en vano, la golpea ligeramente con su palma para que despierte – Señorita… Despierte. Por favor– la joven aún yace durmiendo y no responde ante la solicitud de que despierte.

Ante los continuos golpes ligeros con la palma, la chica despierta poco a poco; la joven abre sus enormes ojos del mismo color que su cabello y mira lo que yace a su alrededor, varios hombres viéndola, como un espectáculo – Eh… ¿Dónde…?–.

– ¡Ayúdenme, unos piratas asaltaron mi barco!– de repente y sin justificación aparente, la chica de forma instantánea y trémula exclama.

Ante la peligrosa ayuda que exige la chica, el capitán alterado junto con su tripulación, pregunta tratando de tranquilizarla – ¿Qué? ¿Unos piratas? ¿Dónde?– la chica responde – Más al norte. Por favor ayúdenme–.

El capitán insiste al verla casi sollozando, que se calme – Señorita, tranquilícese… La podemos ayudar, pero díganos su nombre, primero– logrando calmarla, hace que por un momento dude la joven, pues se siente amenazada de decir quién es realmente – ¿Mi nombre, este… Soy…?– no logra pronunciar su nombre, ante algo evidente que uno de los marineros logra captar en el navío.

– Señor, algo entro debajo de la cubierta– Informa el hombre a su capitán; le avisa de que un segundo bote ha entrado por la parte del sótano y el almacén, donde se sitúan los cañones, en sus aberturas y en la zona de los establos, donde aparentemente se resguardan a los caballos.

Algo atemorizado, pregunta el encargado del navío, es decir, el capitán – ¿Qué dices?–.

Es ahí, entonces donde la despampanante mujer, revela quien realmente y verdaderamente es – Mi nombre, caballeros es… Señorita Caine–.

– Caine...– exclaman los marineros y el mismo capitán del barco, ante la negativa presentación de la joven – Oh no, la pirata y ladrona más buscada de Corona…– dicen aterrados los marineros al unísono.

Sin percatarse, uno de los tripulantes grita un último aliento – ¡Señor!– su grito dirigido al jefe del barco es de desesperación y dolor ahogado. El hombre grita y al instante cae al suelo de madera, su espalda queda al descubierto cuando cae, está muestra una cortada que rebana parte de la nuca y la espalda.

Asustados los marineros, logran escuchar a la chica decir – Encárguense de ellos, muchachos–.

Al escuchar la orden de su jefa, unos 10 hombres ingresan al barco de manera ilegal y de forma espontánea.

Lo primero que hacen es matar a todo lo que se mueva.

Un hombre con máscara de calavera, rebana a otro con su espada, como si fuera una naranja.

Otro hombre de proporción enorme, usa un martillo de combate para aplacar la cabeza de un marinero.

Y así sucesivamente, van matando y deshaciéndose de los verdaderos tripulantes del barco.

– Muere– es lo que vocifera un pirata con una capucha como máscara, mientras cercena a otro marinero.

Entre el caos, la señorita Caine, entra al camerino del capitán, al entrar lo hace cotoneando sus caderas y con pasos delicados.

En el camerino, el capitán entra cobardemente ahí, para resguardarse durante el ataque. A las afueras del mismo, Hans intentando escapar logra captar todo desde su celda, un caos desenfrenado y sublevado por parte del poder de los piratas.

Intentando continuamente escapar, escucha como desde el camerino del capitán, este grita horriblemente, como si la joven lo lastimara – ¡Ayuda!– Hans entre esos gritos audibles y el caos que fraguan en el barco, logra ver cómo los pocos hombres sobrevivientes intentan en vano huir – ¡Corran a los botes!– alerta un marinero que por un descuido, su cabeza es cortada a la mitad.

Asustado ante lo que vio, el pelirrojo, observa como un enorme hombre, con una complexión física de un verdadero monstruo, les ordena a sus compinches que no se detengan – Acaben con ellos–.

Hans estando verdaderamente asustado, intenta forzar la cerradura, al no conseguirlo y al avistar a mas marineros que intentan escapar, les pide que lo ayuden – Oigan, sáquenme de aquí– los marineros sobrevivientes; heridos algunos, lo ignoran al pelirrojo.

Algunos de estos, saltan al agua para y con el fin de salvar sus vidas. Grave error.

Porque comienzan a ser baleados y atacados por los 10 hombres de Caine, hasta que mueren ahogados o desangrados por los ataques con munición de alto poder.

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Al acabar con los que intentaron escapar, los hombres ven su cometido; una cubierta estampada con varios cuerpos de marineros inocentes.

Comienzan los piratas a sonreír y exclamar su triunfo.

Hans asustado y con muchísimo miedo, comienza a patear la puerta, hasta que de tantos golpes, la logra derribar.

La señorita Caine, en esos instantes abre el camerino y de este sale caminando tranquilamente, con la cabeza del capitán en sus manos; la mujer se acerca a sus leales hombres y les ordena con autoridad – Bien, muchachos. Desvalijen los cuerpos y desháganse de ellos tirándolos al mar– ante la orden establecida por la joven pirata, los leales camaradas de la chica, acatan la orden – Si, nuestra señora. Como ordené–.

Mientras saquean los cuerpos y se deshacen de ellos, tirándolos al mar, uno por uno, la castaña fija sus orbes en dirección a la celda vacía dónde se encontraba el pelirrojo – ¿Dónde está?– pregunta seriamente, y en eso le responde uno de sus compinches – ¿Quién, señora?–.

Caine mira a su colega y le responde muy enojada – El hombre pelirrojo que estaba en la celda– sin saber el paradero del pelirrojo, la chica exclama un – Búsquenlo–.

Hans estando escondido, no sabe que hacer, logro escapar de la celda, pero no ha logrado irse del barco.

Ante la amenaza latente que impone la despampanante castaña, Hans debe buscar la forma de quitar de su camino a la señorita Caine y su séquito de fieles admiradores.

Mientras busca armamento para defenderse, musita – Oh mierda…–.

Temeroso en caso de que lo lleguen a encontrar, toma un cuchillo para cortar filetes o carne y se prepara para defenderse, mientras tanto los hombres de Caine lo buscan por todo el barco.

Uno de los hombres, lo llama – Niño bonito… ¿Dónde estás?– Hans respirando profundamente y exhalando, se prepara para atacarlos.

Desde su escondite, observa a los piratas leales a la castaña, merodear el barco.

Tomando todo el valor que tiene, le responde al rufián que continuamente lo llama "niño bonito" – Aquí estoy– salta del escondrijo y comienza su desenfrenada lucha contra los hombres de Caine – Malditos asesinos de mierda– exclama entre asustado y furioso.

La señorita Caine al verlo, ordena de manera espontánea que lo maten – Acaben con él–.

Hans mata de las formas más degradantes a los hombres de Caine.

A uno de ellos le clava el cuchillo en el ojo y lo mueve bruscamente como si de un batillo alimenticio se tratase.

A otro, después de matar al anterior, usa la espada del primer muerto para rebanarlo como filete.

Con la misma arma le corta la cabeza a uno más, mientras que a otro lo corta por la mitad y a un quinto individuo, lo corta de forma vertical por el abdomen.

A este último muerto, le arrebata su revolver y con este le vuela los sesos al grandulón monstruoso, cayendo al suelo de manera repentina.

A los otros tres hombres, les hace lo mismo que al anterior; les vuelva la cabeza de un solo disparo con el revolver.

El último hombre que queda es asesinado cuando Hans le dispara en la mano, el torso y la cabeza.

Al estar muertos todos, la chica murmulla de forma cínica y un poco triste – No...–.

Sin importarle mucho que sus hombres estén muertos, Caine se lanza contra Hans y lo derriba de un golpe – ¿Quién te crees que eres, guapo?– le pregunta con seducción y ligera rabia en su interior.

– Vas a ver quién verdaderamente soy– responde, viéndola, mientras está acostado por culpa de la chica pirata.

Hans la aparta de un golpe.

Al ser el pelirrojo más fuerte que ella, está última se desmaya momentáneamente por el susodicho golpe.

Por su lado, Hans corre hasta la rueda del timón e intenta controlar el barco.

Mientras trata de estabilizar el navío; la fuerza del agua, sumando la poderosa tormenta que se va poco a poco empezando a formar, impiden que se pueda controlar el barco de manera correcta – No, el barco va a chocar– el cielo de un momento a otro se nubla y de repente provoca que la lluvia empiece a caer, y poco a poco se vaya intensificando hasta provocar que la marea golpe con tanta fuerza la embarcación.

Hans no pudiendo controlar adecuadamente el navío y mientras trata de mantenerlo correctamente un golpe y empujón lo ciegan al instante.

– Voy a impedir que salgas de aquí con vida, imbécil– declara La señorita Caine, la cual después de que se desmayó se reincorporo al instante y lo golpeó en la cabeza al cobrizo y aunado a eso, lo jalo para tirarlo al suelo.

La joven mujer, le es el turno de estabilizar el navío, pero sin darse cuenta, Hans está de vuelta a la acción y la somete con mucha facilidad – Así…–.

Intentando quitárselo de encima, no se percatan ambos que el navío va incursionar en una pequeña costa con enormes rocas.

Ni el, ni ella, se percatan del choque, hasta que sucede.

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Isla desconocida

(Paraíso perdido)

El clima se ha normalizado, el pelirrojo yace abandonado a su suerte en el caluroso suelo tierroso.

Sin importarle nada, más que estar vivo, se levanta con algo de dificultad.

El choque que se suscito el día anterior, provoco que tanto el, como la joven, salieran disparados afuera del navío.

Una vez que Hans está de pie, observa su escenario. Luce tranquilo y algo caótico, pareciendo que nadie sobrevivió.

Mientras camina, poco a poco, comienza a toser – Maldita sea, cof, cof, cof…– mira parte de sus alrededores y se percata de la misma soledad dónde se encuentra – ¿Dónde demonios estoy?–.

Sin previo aviso, la chica, pareciendo que es un sueño que no se la cree, procede la misma joven a atacarlo.

Intenta en vano derribarlo al suelo – ¡Perro!– pero solo recibe un puñetazo directamente en la cara, la cual la noquea y la deja inconsciente.

Hans suspira aliviado de que la haya contenido pero ahora debe de buscar una forma más prestigiosa de mantenerla a raya.

Después de inspeccionar el navío, se encuentra con unos grilletes de metal que yacen adentro de un baúl, cuando los saca de la caja de madera los enrolla alrededor de un árbol y los aprisiona en los brazos delgados de la despampanante castaña.

Mientras está encadenada, poco a poco va adquiriendo conciencia, hasta que despierta.

Cuando está ya despierta enteramente y observando su aprisionamiento, intenta en vano zafarse – Por tú seguridad contrólate…– le pide el pelirrojo al verla el como intenta liberarse de los grilletes.

Apretando los dientes, lo mira fijamente con desprecio – Vete a la mierda– Hans, que se encontraba con una fogata improvisada le explica con sencillez, porque la encadenó – No tuve otra opción, señorita…– Caine no queriendo admitir que está así, lo continua insultando – Púdrete, hijo de puta–.

Hans en eso se relaja y no le importa como la despampanante mujer lo llama, por lo que le pide con cordialidad que se tranquilice – Modere su lenguaje, señorita–.

Pataleando y con tanta rabia en su ser, le responde – Tú no me vas a decir como tengo que hablar–.

Mirándola con satisfacción mientras coloca pequeños troncos y pedazos de árbol en su fogata improvisada – No... Pero olvida que solo estamos, usted y yo– sin importarle quienes están en la pequeña isla, le responde.

Caine en cambio lo amenaza – Cuando me liberé de esto, yo misma lo voy a castrar– añade mientras relaja su semblante – Voy a usar sus bolas, como aretes–.

Hans con algo de miedo se aparta de su sitio y se posiciona en otro, esto porque le teme un poco a la joven; estando seguro de que no se sentirá amenazado por la castaña, le informa – Bueno, dejare las formalidades…– Hans sonriendo y viendo que tiene el poder en la palma de su mano, la reta – Quiero ver que lo intentes–.

Caine relamiéndose los labios y mirando con seducción, le confiesa – Créeme que mientras duermas te arrancaré las bolas– Hans sonríe y hasta se carcajea de solo escucharla – Ya lo creo, ja, ja, ja– la chica le corresponde el gesto y le informa – Me pones a prueba, hijo de puta–.

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Horas después, Hans empezó a reunir madera y provisiones del navío destruido y naufragado en la costa.

Durante la tarde, empezó a pensar en hacer una casa en la isla, esto porque sabía que no podría escapar del lugar y la marea alta, contenida en demasiada fuerza como para destruir cualquier tipo de barcaza, aunado a eso, sabía que era recomendable no pisar tierra civilizada debido a su traición.

Mientras usa un hacha que encontró en el barco para cortar madera, le comenta a Caine la cual sigue encadenada – Para ser una mujer hermosa, es muy maleducada y grosera– aburrida y casi sin energía, pues han pasado horas desde que había comido.

Comió cuando sus hombres aún estaban con vida, pero al estar muertos y ella atrapada en un árbol, por culpa de un hombre de cabello rojizo, no había oportunidad de liberarse.

Tan fastidiada le responde con cansancio – Jodete–.

– Eso siempre me decían mis hermanos– le dice Hans, recordando a sus pedantes hermanos, mientras corta la madera con el hacha.

Caine al escuchar lo que dijo, se mofa del pelirrojo – Si, pues ellos tal vez tenían razón–.

Momentáneamente se detiene Hans y se muerde el labio, incómodo y sin mirarla directamente, le declara, mientras recuerda las caras horribles de sus hermanos – Créeme que no–.

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Durante la noche, Caine se sofoca, no ha comido nada y está cansada ya que, una mujer encadenada es presa fácil ante un hombre, en pocas palabras, si se decide quedar dormida, puede quedar desprevenida y puede ser objeto fácil ante una violación de parte del bermejo.

Clamando que la liberé, respira aceleradamente por el cansancio y la falta de alimentos – Si, me liberas. Te perdono la vida– no queriendo creerlo, Hans se da festines pequeños en la fogata; habría trabajado bastante para recompensarse asimismo.

– Me crees tan ingenuo para hacerlo– responde, sin dirigirle la vista.

Muy concentrado en su persona que en la pobre joven, como suele ser.

Desesperada le confiesa con bastante cansancio – Nadie se resiste a mi– Hans al escucharla, se ríe con ligereza y le informa – Sabes, no voy a caer en tus encantos–.

Mientras se prepara para dormir, Hans le echa una mirada a la joven y después de varios segundos de mirarla, procede directamente a dormirse cerca de ella para evitar que está intente algo, como liberarse.

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Durante el venidero amanecer, Hans despierta con tanta energía, sonríe porque consolidó el sueño de forma satisfactoria pero al fijarse en la señorita Caine, la mira sollozando y debilitada.

No pudo conciliar el sueño – Me muero de hambre, por favor. Te pido algo de comer– clama débilmente mientras sufre por la falta de alimentos en su organismo.

Hans al escucharla clamar y sollozar, la cuestiona con una sonrisa presuntuosa – ¿Por qué, tú me dijiste que me castrarías…?– se cruza de brazos y añade – No te creo en nada–.

Caine respirando con debilidad y sufriendo mucho, adolorida se queja considerablemente de su estómago por lo que continúa clamando por comida mientras aprieta con sus piernas su zona, pues también resulta complicado mantenerse controlada en la descarga de líquido amarillento – Por favor, te pido tan solo poquita comida, después ya no te molestaré– sin creerle y pensando en dejarla así, la mira mientras se concentra en lo que hará con ella.

Pensando en como controlarla, observa como ella grita, porque al no aguantar, se termina orinando.

No pudiendo resistir y controlar adecuadamente su organismo, descarga su orina, escurriendo está, por la falda que trae puesta.

– Déjame pensarlo– dice Hans al verla empapada en ligero sudor, en eso se retira ante lo último dicho, dejándola sola.

Mientras piensa lo que sucederá, procede a investigar como son los alrededores de la isla.

Descubre que es pequeña, con vegetación suficiente para mantenerse unos cuantos años ahí, además descubre la poca reserva animal que existe en la isla, la cual se conforma por reptiles pequeños, aves pequeñas y pequeños mamíferos salvajes, suficientes para subsistir.

Una vez que indaga en la isla, es el turno de indagar a fondo en el navío que se estrello.

Encuentra muchas cosas útiles, incluso joyas, las cuales a través de notas, estas últimas irían destinadas a Corona.

Mientras inspecciona, comienza a limpiar todo, incluso la sangre que quedó impregnada en la madera; los últimos cuerpos de los hombres de Caine, quedaron prendados ahí en el navío, por lo cual tiene la necesidad de sacarlos del barco.

Las armas de los hombres de Caine, las toma y adopta como suyas en especial, adopta un revolver con un grabado de escorpión en el mango del arma.

Está arma la toma como suya.

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Un rato después de indagar y explorar, regresa hasta donde está la señorita Caine, la cual luce dormida, Hans viendo como la joven esta impasible, saca de su bolsa de su pantalón, las llaves para abrir los grilletes y liberarla – Bien, te voy a liberar. Pero si intentas algo como intentar castrarme o matarme, acuérdate que yo seré el primero en hacerlo– una vez liberada se arrastra por el suelo, se siente ella misma, humillada y jodida.

En ese instante Hans la mira con detenimiento y se inclina hasta donde esta ella, ofreciéndole algo de carne y hierbas, sin medirlo, la chica consume el alimento con salvajismo.

Al no haber comido por horas, come el poco alimento como perro que nunca ha probado tan a fondo algo.

– Parece que no habías comido en días– comenta el pelirrojo mientras se mofa de haberla dejado encadenada, sin comida.

La chica saciando su apetito lo voltea a ver y le informa – Soy una pirata, no puedo descansar…–.

Hans no queriendo interrumpir el festín de la chica, le responde – Ya veo. No quiero ser descortés pero ¿Por qué atacaste el barco, donde yo iba?– ante la pregunta formulada por el bermejo, la chica responde mientras sacia su apetito, pero negándose a admitir porque lo hizo – Necesito… No te incumbe–.

Sin importarle, Hans suspira profundamente – Está bien– añade dirigiendo su vista sobre la doncella – Hice una exploración mas detallada de la zona, mientras dormías. Solo estamos tu y yo, no hay nadie más–.

No queriendo creer que solo están solos en el lugar, lo cuestiona la chica – ¿Qué?– Hans le responde asintiendo levemente su cabeza – Así es. Estamos solos– agrega – No hay nadie con vida, salvo nosotros, señorita…– sin saber su nombre, la joven castaña le dice – Caine. Señor...– asimismo, ella tampoco sabe su nombre del bermejo, por lo cual, provoca que él también le diga como se llama – Hans... Mucho gusto, señorita Caine–.

No tomándose en serio, Caine y Hans asientan, pero la misma castaña contesta con – Si, lo que diga– pensando que tal vez haya alguien a quien pueda estafar la joven; lo cree de inepto al cobrizo – Estoy segura de que me miente– Hans no queriendo decepcionarla en cuanto a su soledad en el lugar, le declara que no miente – No lo hago, llevamos apenas dos días aquí, hay suficiente alimento y suministros en el barco, también hay armas, ropa, libros, joyas entre otras cosas– explica su exploración que hizo en el barco y le sugiere que tal vez ambos puedan usarlas – Podemos compartirlas– no queriendo aceptar su sugerencia, la joven niega con la cabeza mientras termina de comer – Como pirata, no lo haría–.

Hans sonríe levemente y le aclara – Pero mientras estemos juntos aquí, no eres más que una mujer perdida en una isla con un desafortunado hombre, como lo soy yo– Caine le corresponde el gesto y le responde – Bien. Espero que ese desafortunado hombre, no se atreva a tocarme ni a molestarme– la chica ante lo último, señala un sitio – Ves ese sitio. Tu estarás allá y yo estaré aquí–.

Hans no comprendiendo el porque se quiere apartar, le dice – No coincido contigo– añade mientras se acerca con cautela – Ambos compartiremos todo– en un afán de aliarse con ella, le extiende la mano – Mientras estemos juntos, podremos subsistir aquí– la chica mira fijamente la mano extendida del hombre y niega directamente – No pienso estar con usted, señor Hans– el mencionado y dubitativo le contesta con tanta tranquilidad – No digo que estemos juntos como pareja, sino como equipo. Aliados–.

Intentando que la joven estreché su mano con la de él, le confiesa con sinceridad el pelirrojo – Será la única forma de mantenerse vivos– inclinando una ceja y muy dudosa, lo mira titubear con algo de incomodidad – Lo que quiero decir, es que usted se vaya por su lado y yo por el mío, Caine, pero siendo aliados– captando lo que quiere Hans, ella le dice – Entiendo, bueno, está bien. Que así sea–.

Ambos estrechan sus manos, siendo la de Hans la que rodea toda la mano de Caine.

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Hans, después de haber trabajado bastante tiempo y por largas horas, el anochecer le llega como recompensa.

Mereciéndose un descanso – El día se desmorona y renace la noche– tararea, posteriormente se sienta en un tronco de madera que yace junto a una fogata improvisada y agrega de forma contenta – Estoy cansado, Señorita, trabajar y trabajar. Creo que me merezco un buen descanso, aunque me da miedo, porque es probable que usted, intente matarme–.

Caine calentándose en el fuego de la fogata, siente que su día fue equivalente al de Hans, pero no tan rudimentario, porque la misma chica se negó a trabajar; mientras descansa le responde con delicadeza – No lo haré. Descanse señor Hans–.

– Sigo sin creerte en nada de lo que dices…– le dice el pelirrojo en tanto se recuesta cerca de la fogata y se cubre con su saco blanco mientras observa el horizonte oscuro del anochecer.

Caine por su lado, lo mira fijamente, suspira a los pocos segundos, en ese instante Hans le comenta con franqueza – Eres una pirata muy lista y por lo que veo, muy manipuladora– la castaña ante lo que dijo, responde con interrogantes y recordando viejas caras – ¿No cree? El último hombre que creyó en mi, murió y me sentí algo culpable–.

Hans se acomoda, para escucharla – ¿Quién era ese hombre que la hizo sentir culpable?– pregunta, provocando que la joven no quiera ni contestar – No era nadie. Era mi novio, el fue quien me ayudó en muchos de mis asaltos a barco, hasta que… Descanse– finaliza Caine con incomodidad.

– Creo que no puedo, para ser temida por todos, veo una mirada de sufrimiento en usted, señorita Caine– le confiesa antes de entrar al mundo de Morfeo.

La joven en ese bochornoso momento lo mira con resentimiento y no duda ni un segundo en preguntarle, su estancia en una celda – Señor Hans, ¿Por qué estaba en esa celda?– el mencionado da una pequeña pausa, hasta que confiesa – Una larga historia, en la que intente matar a la mujer más poderosa de toda Noruega... Y a su hermana–.

– Mmm, ya veo– le dice la castaña al oírlo, y asintiendo.

Pasando unos cuantos segundos, Hans cierra sus ojos, poco a poco, pero eso no evita que quiera saber de la despampanante mujer – Señorita Caine, ¿Cuántos años tiene y de que país es…? Se ve muy joven– incómoda y sintiendo que no es correcto que la tache de vieja, le responde con un sentido agridulce – Hans… No es correcto preguntarle a una dama, cuantos años tiene– al escucharla, Hans ensancha una ligera sonrisa y escucha atento la procedencia de la chica – Pregunta de que país soy, soy de Alemania, hija de un gran hombre. Un buen…–.

Hans aún con los ojos cerrados, la interrumpe y se mofa del nombre de la joven – Caine, no creo que ese sea su nombre. Es un apellido. ¿Cómo realmente te llamas?– interrogante el bermejo, provoca que la chica le asegure que en efecto, ese si es su verdadera identidad – Ese es mi nombre, señor Hans–.

El pelirrojo no creyendo que la chica tenga ese nombre, le dice bromeando – Caine, parece el nombre de un hombre con honor por los suelos– provocando un malhumor en la castaña, está lo amenaza – Siga burlándose, lo voy a castrar cuando despierte–.

Hans deja aun lado su lado bufonesco y la tranquiliza – Está bien, ya me callo. Buenas noches– ante eso último, procede directamente a ya dejar de moverse y a consolidar el sueño.

– Buenas noches– finaliza Caine, fijándose en la plácida y relajada figura del pelirrojo.

{-}

El día amanece con cielo limpio, un sol palpitante y brillante.

Ante eso – Que buen descanso– dice, el colorado mientras se va levantando poco a poco, después de que tuvo un buen descanso.

Mientras se talla los ojos para recomponerse, mira con su vista esmeralda a todos lados, al mirar el punto donde supuestamente debería estar la joven, está última, no se encuentra.

Supuestamente y creyendo que se había dormido cerca de la fogata, descubre que ya no está – Señorita…–.

Al no verla, se levanta de forma brusca e instantánea – Señorita Caine…– exclama anonadado ante el paradero desconocido de la joven. En ese instante comienza a buscarla por toda la isla, mientras se cuestiona sobre su paradero – ¿Dónde se metió?–.

Durante varios minutos la busca, creyendo que algún tiburón la tomo como su alimento hasta que la avista intentando fugarse en un bote de madera con pequeñas provisiones – ¡¿Qué rayos está haciendo?!– exclama mientras cuestiona lo que va a hacer la joven, asimismo corre hasta donde esta ella con el fin de detenerla.

– Me voy de aquí– responde fastidiada y subiendo una bolsa de tela con provisiones, al pequeño bote.

Al escuchar la respuesta de la chica, e intentando evitar que huya, le pregunta – ¿Irse de aquí?– al no escuchar una respuesta audible y no queriendo obedecerlo, Hans intenta en vano bajarla del bote – Baje, señorita de ese bote–.

Ella muy molesta, por el impedimento del hombre, lo patea en la cara; tirándolo al suelo – ¡Vete al carajo!– una vez que pronuncia eso, comienza a movilizar el bote, hasta que logra alejarse a varios metros de distancia.

Hans mientras se levanta después del golpe, con desesperación e intriga, le ruega que regrese – Baje, la marea está alta, no podrá huir y si lo intenta en el camino, su bote será destruido– no tomando en serio lo dicho por el pelirrojo e ignorándolo, le informa la castaña – He sobrevivido a peores condiciones–.

El bermejo al ver que huye, le recalca el peligro que se avecina – Pero está es mucho peor. Puede incluso morir– sus orbes esmeraldas, están cargados de desesperación, cuestionándola con intriga – ¿Acaso, quiere morir?–.

Caine no haciéndole caso mientras se alejaba, observa detenidamente al pelirrojo y le exclama una respuesta de odio – Quiero estar lejos de usted– en eso, ríe la despampanante mujer ya que por fin ha logrado escapar.

Hans al verla tan lejos, patea una ligera roca y maldice – Me lleva…–.

Hasta que le llega a la mente algo…

El revolver Scorpion.

El cobrizo, desenfunda el arma antes mencionada y la apunta en dirección al bote, dónde huye la chica – Regrese para acá o la mato con esta arma– amartilla el susodicho revolver, mientras marca los puntos, dónde disparará.

– Hágalo– lo incita la chica a que dispare, asimismo su sutileza, la hace no tenerle miedo a la muerte.

En gran medida, Hans no planea matarla a la señorita Caine y en su lugar baja el arma. Pero una vez que la baja, vuelve de forma consiente a apuntar el revolver hacia el bote.

Al hacerlo, comienza a disparar contra la madera de la pequeña embarcación, provocando que está, se empiece a hundir.

Caine, creyendo que se liberaría de Hans, no contó con la astucia y el ingenio de este último, por lo que sorprendida exclama – No, no, no, no… El bote se hunde– ante el cometido, la despampanante mujer lo fulmina con una mirada de desprecio, gritándole – ¡Perro! ¿Qué es lo que acaba de hacer?–.

Hans, negando con su cabeza, corre hasta donde esta la chica y le responde – No voy a dejar que mueras, solo porque quieres huir. Primero viva antes que muerta– la chica al verlo acercarse, hace todo lo posible para alejarse, eso incluye remar con sus delgados brazos – No, quiero estar aquí– declara mientras trata de huir.

Hans sin importarle nada, se acerca como avalancha – Acérquese– la joven, tentándose a no tenerlo más de cerca, contesta con un simple grito – ¡No!– Hans al acercarse hasta la chica, comienza a jalar el bote de forma indispensable hasta la orilla, mientras le responde de antemano, con el mismo tono, que ella uso – ¡He dicho que se acerque!– ella acurrucándose en el borde del bote, exclama – ¡Le he dicho que no!–.

El cobrizo al conseguir llegar hasta la orilla, musita – No. Con esas tenemos…– agrega, mientras la toma como costal de papas; colocándola sobre su hombro – Venga para acá– ella al verse nuevamente humillada, lo golpea en la espalda con sus finas manos, no provocándole daño alguno al bermejo – ¡No!–.

Al llegar y caminar sobre la arena, dice con satisfacción – Ya estás de vuelta– estando en los brazos fornidos del hombre y poniendo resistencia, consigue exclamar con sus labios color magenta – ¡Suéltame!– Hans al sentir como la chica golpea con debilidad su espalda, le responde, algo divertido – Contrólate, con un demonio–.

Al no hacerle caso ante lo último ordenado, Caine lo continua insultando y gritando – ¡Jodete, malnacido!– Hans, no sintiéndose mal ni culpable, camina en dirección hasta donde tiene la fogata improvisada y hecha con la poca madera suelta de la isla.

{-}

Al medio día, Hans, había atado por completo a Caine, temía mucho de que intentará escapar y lo dejara ahí, o que lo intentará matar, cumpliendo con sus innumerables amenazas.

Mientras calienta algo de caldo con los instrumentos necesarios, para un guiso, le pregunta a la joven – ¿Por qué sigues poniendo resistencia?– ante lo mencionado, no deja de intentar zafarse, la chica, Hans la mira de reojo muy ocupado como para prestarle atención, es en ese momento en el que le informa la condición del agua – La marea esta muy alta y seguirá así, por bastante tiempo…– agrega, cuando se quema la lengua por accidente, al probar el guiso que preparó – Hubieras muerto–.

Caine lo continua fulminando con la mirada, atenta a lo que le dice – ¿Acaso eso es lo que querías?– pregunta, el hombre.

Sin importarle, poner su vida en riego y respondiéndole, le grita con rabia – ¡Déjame en paz!– la castaña intenta liberarse en vano y le informa – Ese bote, estaba en perfectas condiciones como para que me pudiera largar–.

Hans sin ningún recelo la observa con plato en mano, preparándose para comer su propio guiso y sin más le responde con suma tranquilidad – Si, al menos no pensaste que tu vida estaba en peligro–.

Dándole una cucharada a su propia comida, le recalcá – Te salve la vida. Agradece. Si hubiera estado alguien más, tal vez me hubiera agradecido–.

Caine muy estresada y fastidiada de tenerlo que ver comer, le exclama – No me importa eso– por un momento se ríe el pelirrojo y le pide que deje de ser grosera – Caine. Reacciona y deja de comportarte como una niña–.

Al escuchar, la forma en la que la llamo, la mismísima chica se exalta – ¡No soy una puta niña!– además trata sin más y en ese preciso momento en zafarse del lazo con el que está atada.

Hans al mirarla, niega con la cabeza y le contesta con el mismo tono – ¡Entonces admite que te salve!– la joven no aceptando lo cometido por el pelirrojo, niega y lentamente comienza de forma intencional a sollozar, justificando los actos que el hombre cometió – Destruiste mi bote con el arma de uno de mis hombres–.

El bermejo saciando su apetito con delicadeza y sutileza, y recordándole el estado de los que la seguían, le menciona – Tus hombres están muertos– no queriendo aceptarlo, Caine con una desbordante lágrima, agrega con desesperación y decepción – Tú, los mataste–.

Dejando su plato aún lado, Hans la corrige – Si. Y lo hice porque ellos iban a matarme– agrega mientras coloca más leña a la fogata – Tú les diste la orden de hacerlo–.

Atrapada y casi al borde del llanto, murmulla con desprecio – Ojalá lo hubieran hecho– no muy audible lo que escucho, interroga el bermejo lo que la chica dijo – ¿Qué cosa?–.

– Ojalá te hubieran matado– dice con recelo.

Con bastante seriedad y furioso, le justifica lo que nadie hubiera hecho por ella; salvarla – Si, y tal vez hubieras estado sola aquí, sin poder planificar como volver– Caine lo vuelve a mirar y con tanta rabia, le contesta – Tú no sabes nada, tengo asuntos pendientes–.

Con mofa, cambia su semblante, de uno serio a uno feliz – ¿Qué, "asuntos pendientes"?– causándole gracia, se muerde el labio con satisfacción Hans y añade – Eres una pirata, que solo piensa en ella misma y no le importa nada. Ni siquiera le importa que la hayan salvado de la poderosa marea alta–.

La chica, al no soportarlo reír y verlo contento, lo intenta hacer que cierre la boca – ¡Ya cállate! Cuando me desate, te voy a castrar– lo amenaza, mientras lo fulmina, por su parte Hans vuelve al semblante serio y la contraataca – Primero te mato, antes de que me toques–.

Atenta ante lo dicho, le exige entonces que termine con ella – Si, ¿Por qué no me matas en estos instantes?– poniéndolo contra una pared invisible, Hans niega y sin más se acerca, mirándola fijamente y cara a cara; logra ver un rostro dulce que cambia cuando se siente amenazado – No– dice, el pelirrojo.

Se aleja y luego procede a apagar la fogata con tierra, provocando que Caine le diga lo ineficiente que es – No eres más que un gato que intentaba matar a una pobre mujercita– ante lo último, Hans le llegan recuerdos de Anna y Elsa.

Sin más, no puede evitar cerrar sus orbes esmeraldas y abrirlos con enfado – No sabes nada–.

Ignorándola en este último punto, procede a cargar la olla donde elaboró su guiso y se la lleva a otro sitio, la castaña por su lado, se burla de él – No, pero tal vez algún día me cuentes, porque lo intentaste hacer– Hans la ignora y continúa con su trabajo de cortar madera con un hacha, el cual había dejado para preparar su guiso, mientras expectante lo mira la chica.

– Nunca te lo diré– contesta, el pelirrojo mientras corta con precisión los pequeños troncos de madera.

Muy risueña y con burla, continúa la chica – Ja, ja, ja, no eres más que un cobarde– Hans fastidiado ante las risas de burla de Caine, tira el hacha al suelo y la observa con demasiada intriga – Y tu no eres más que una puta, disfrazada de pirata–.

La mencionada, deja de reírse y sonreír, y le confiesa cínicamente – Si, lo soy– Hans asiente con la cabeza y vuelve a tomar el hacha para continuar con su trabajo, mientras le reitera – Lo eres–.

{-}

Durante la tarde del acalorado día, después de una larga jornada para establecerse en la isla.

El pelirrojo decide nuevamente preparar un guiso, solo para el, dejando con ansias y babeando del antojo a la joven – Tengo hambre, señor Hans– le ruega, mientras siente como su estómago plano, ruge por la falta de alimentos.

El pelirrojo con una sonrisa cínica la mira con gracia, lo que le causa a Caine que se retuerza por el inminente dolor que siente en el vientre; mientras aprieta sus dientes la chica le pregunta – ¿Me va a dar algo de comer…?–.

Continuando con su mirada, el cobrizo dirige sus orbes esmeraldas al busto redondo de la chica, este se comprime y expande de forma deliciosa, provocando que el pelirrojo se excite ligeramente y este a pocos centímetros de intentar tocar los redondos pechos de la joven, recubiertos por la tela del vestido.

Al darse cuenta la castaña de como Hans la observa de manera lasciva y como la intenta manosear, exclama, muy molesta – ¡Pervertido, deja de mirarme así!–.

El mencionado, al escuchar la audible molestia de parte de la castaña, agita suavemente su cabeza y se muerde el labio, incómodo baja el brazo y le dice – Disculpa– pareciendo que no le importo como la veía y como intentaba tocarla, Caine le continúa rogando de forma malhumorada – Tengo hambre–.

Hans en ese instante se excusa, pues sencillamente, le teme a la joven – Si te desato, vas a intentar castrarme– Caine lo corrige y trata de convencer una vez más – Créeme que no– pero sin creerle, el pelirrojo insiste, fruncido el ceño – No te creo nada–.

Caine estando fastidiada lo mira con desaprobación; el audaz caballero le justifica, mientras deja vacío el plato de alimento sobre el guiso que preparo – Intentaste matarme, me amenazas constantemente, intentaste huir y por último, apestas a orina– la joven, no soportándolo y viéndolo que la dejara sin comer, le grita muy fastidiada – ¡Tengo hambre!– por su lado, el pelirrojo niega con la cabeza – No te voy a soltar– procede a sentarse mientras la mira cara a cara.

Al saber que no la va a dejar libre, sonríe con malicia y agrega – Si, no me vas a soltar… Entonces, cuando alguien nos rescate, les contare…– se relame los labios y le advierte – Soy testigo, de como me mirabas–.

Hans sin importarle nada y no sintiendo ninguna culpa que lo carcoma, la observa a la castaña con cierto grado de felicidad, ella por su parte, declara con un tono de seducción y advertencia – Eres un degenerado que se aprovecha de las mujeres– ante esto último, Hans la corrige sin cambiar su semblante – Eso no es verdad–.

Caine ríe ligeramente y le aclara – No, pero, ¿Por qué me estabas viendo mis pechos, e incluso, por qué intentabas tocarlos?– carraspeando y sin saber que contestarle, Hans le dice – Yo... Este...–.

La castaña seductora le informa, mientras le resulta extraño que Hans muestre su lado desvergonzado – Muñequito. No eres más que un pervertido y degenerado– al escucharla, Hans responde levantándose del tronco de madera donde se encontraba sentado, observándola.

Procede directamente a continuar con su trabajo de cortar leña y mantenerse en la isla, esto con el fin de limpiar su nombre un tiempo – Si, pues sigue diciendo que soy un degenerado. No pienso desatarte–.

– Si, no lo haces, yo misma lo hare– amenaza la chica atada – Hazlo. Le puse doble ajuste– responde de forma efusiva, el pelirrojo, provocando que la misma chica, exclame furiosa, mientras intenta liberarse – ¡Perro!–.

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Al anochecer, nuevamente, Hans se sienta cerca de la fogata mientras prepara nuevamente su guiso; el día a transcurrido con normalidad, mientras la señorita Caine le ruega como una inocente menor de edad – Señor Hans, si me desata, le prometo que seré una buena niña–.

Ante los ruegos y los pedidos de libertad, Hans niega y le contesta llanamente – No– la chica insiste una vez más – Por favor… Seré obediente– pero siendo fiel a su palabra, Hans le recalca con sencillez su continúa negatividad – No–.

Esto último provoca que Caine se altere; enfadada y con pretensiones de intentar matarlo nuevamente, en eso le grita – ¡Hijo de puta! ¡Me salvas la vida y no me das nada de comer...! ¿Qué clase de hombre es usted?– la pregunta, lo hace responder a Hans con cinismo – El mejor…– añade de manera espontánea y malsonante, la joven – El mejor pendejo–.

El pelirrojo sisea al escuchar el insulto y en ese instante le informa – Te salve la vida, pero no dejas de ser cruel. Se suponía que estaríamos juntos como aliados…– Caine negando con tanta rabia en su ser, lo ve tallarse los ojos y añadir – Pero no creo que sea así–.

En ese momento, Caine escupe un poco hacia un lado y le dice con recelo – Si, pero estoy atada aquí y me torturas dejándome así… Sin comer y casi muriéndome– Hans, casi mordiendo su labio y avergonzado, le responde – Si te desató, intentaras matarme y huir–.

Ante la respuesta audible, la joven le recalca – Y sigues con eso, ¡Ya dije que no lo haré!– Hans seriamente se acerca hasta ella y le pide que sea sincera – Pues dilo, di que no lo harás– la chica lo mira con detenimiento y le contesta con algo de seriedad – ¡No lo haré! No voy a matarte ni intentar huir– insiste por su parte el pelirrojo – Dilo otra vez–.

La chica fastidiada, suspira profundamente y le informa con un tono de lealtad – Señor Hans, por mi buen honor y gentileza. Yo, la señorita Caine, no voy a matarlo, ni me daré a la fuga– finaliza, pero Hans en tono de broma le pide que lo vuelva a decir – Otra vez–.

La castaña se niega rotundamente mientras le responde, Hans sin dudarlo la mira con detenimiento.

El semblante de la chica es de disconformidad cuando se niega – ¡¿Qué?!, ¡No!–.

El pelirrojo detiene su propia broma y le dice – Está bien, te voy a desatar, pero una vez que has admito que no lo harás. Debes cumplir, con que nunca lo harás– cumpliendo con su palabra, la desata de la cuerda, pero una vez que lo hace, Caine se sobre salta y una vez que está liberada, toma el revolver Scorpion de la funda que tiene en el cinturón, el desprevenido pelirrojo, esto con el fin de intentar matarlo, provocando que Hans la incite a que lo haga – Si, vamos. Mátame, fue un error haberte desatado–.

Después de varios segundos de apuntarle con el arma, la misma chica, baja el revolver y le contesta – No, no lo haré– Hans al ver que la chica no tiene las agallas y el valor necesario para matarlo, suspira de tranquilidad – Fiu. Sabía que no tendrías el valor para hacerlo– la mujer lo fulmina con ligereza y le informa mientras se coloca de espaldas, reflexionando – No me tiente, señor Hans. En cualquier momento lo puedo hacer– procede a girarse en dirección a la olla, para directamente servirse parte del guiso que preparo el pelirrojo, el hambre es tan grande que debe saciarla.

Mientras come con tranquilidad, Hans cruza los brazos y le informa de forma autoritaria – Una vez que termines de comer, preparas algo de agua…– agrega y viendo, como la chica ladea su cabeza, confundida – Apestas a orina–.

Ante la declaración de su fuerte olor a orina, de parte del hombre, Caine, responde sin dejar de comer – Ajá– el pelirrojo la mira con autoritarismo y añade – Hay jabón en el barco– una vez que dice esto, se da la vuelta, decide irse a descansar cerca de la fogata, al verlo caminar y retirarse unos cuantos pasos, no queriendo ser descortés con el cobrizo, lo interroga – Si, ¿Y qué harás?– Hans responde con cansancio y sencillez – Descansar–.

Por unos segundos se detiene la chica y se despide de él – Ajá, lo veo después, señor–.

{-}

Después de que la noche transcurrió con suma tranquilidad; la chica había tomado el respectivo baño y también había acompañado a Hans al mundo de Morfeo.

La mismísima chica, durante la mañana despierta enteramente satisfecha de haber consumado también su apetito pero a la vez, despierta algo inquieta, después de llamarlo al cobrizo en repetidas ocasiones – Señor Hans...– al no responder, lo vuelve a llamar una vez más, levantándose sobre sus codos pero mirando su pecho y abdomen hacia adelante y buscando con sus orbes al pelirrojo – Señor Hans…–.

Mientras lo llama continuamente, mira en dirección en donde se encontraba la apagada fogata, al ver comida regada en el suelo, exclama interrogante y un tanto nerviosa – ¿Qué rayos ha pasado?–.

Al mirar hacia el barco naufragado, sin dudarlo, se dirige hasta el.

Mientras lo llama continuamente al pelirrojo, logra escuchar en unos cuantos segundos un disparo, proveniente del sótano del barco.

Alarmada ante el estrepitoso disparo, baja al sótano tan rápido como puede y al llegar se encuentra con una dantesca escena indescriptible.

Hans había matado con su arma a uno de los sobrevivientes del barco. Le había prácticamente volado la tapa de los sesos.

Al ver la escena, la chica le procede a preguntar – ¿Creí que solo estábamos únicamente, nosotros…?–.

Hans al estar tan ensangrentado y golpeado le dice mientras la observa con rabia dentro de su ser – Temo que no–.

Queriendo saber lo que verdaderamente sucedió, Caine le pregunta – ¿Estás bien, qué pasó?– Hans negándose en parte a decirle que fue lo que pasó, escupe algo de sangre y al final le confiesa – Cuando tú estabas durmiendo, este maldito aprovecho que yo ya no estaba, y fue directamente a robar comida. Luego de que lo atrapé con las manos en la masa, e incluso intentando escapar; lo perseguí. Intento matarme–.

Comprendiendo toda la explicación, Caine asiente y sin más, decide proponerle algo – Estás herido. Puedo si quieres curarte, pero mientras lo hago, espero no se te ocurra nada–.

Viendo como le extiende la mano, Hans la toma y consecutivamente, se dirige junto a la joven hasta una de las camas del sótano del barco.

Una vez que se sienta, Hans se retira lentamente su camisa, en tanto le arden las puñaladas que el marinero le propinó.

Caine al mirar con detenimiento los músculos, el abdomen bien marcado, los bíceps y demás, queda casi impactada. No puede creer que Hans sea tan apuesto, es el sueño de toda chica.

Habiéndose quedado paralizada, decide no hacer caso ante el atractivo cuerpo del pelirrojo y en su lugar, decide ayudarlo y curarlo de sus heridas.

En tanto lo cura, Hans suspira profundamente y le dice – Creí que podía contar con él, pero nos pusimos agresivos…–.

No creyéndole del todo, Caine se atavía al tocar los bíceps de Hans, por lo cual, aprieta sus dientes y se niega a continuar trabajando sobre la pronunciada herida – Señorita...– Caine un poco asustada, deja de moverse, es en ese instante en que Hans agrega mientras se relaja y la mira con detenimiento – De sé prisa–.

Por un momento, y pensando que le diría algo subido de tono o con cierto aire seductivo, la joven reanuda su labor de curarlo de sus heridas.

Después de vendarlo y lavarle sus heridas. Hans se levanta y le menciona en tanto se coloca ropa limpia que hay dentro de un cofre – Ya no hay nada seguro. Y pensar que tú pudiste haberme hecho lo que este maldito intento hacer–.

Mientras se retira lentamente, Caine lo llama algo azorada ante el cuerpo del pelirrojo. Nunca en su patética existencia había visto a un hombre como lo era Hans, tal vez habiendo una excepción: el tal Eugene Fitzgerald – Pude, pero creo que no hubiera podido. Usted me hubiera matado de un solo golpe–.

Sonrojada ante lo que observó, lo mira cautelosamente e incluso trata de evitar hacerlo, en cambio Hans no sabe de su sonrojeo y en su lugar la ignora.

Pensando que podría burlarse, después de que Hans se retira lentamente del sótano, la mujer sisea y en pocos segundos empieza a titubear sin que nadie esté ahí para verla – Yo, este…–.

{-}

A las afueras del navío destruido Hans se aleja tranquilamente en tanto carga el cuerpo del hombre que mató.

Después de arrojarlo al suelo y desvalijarlo, se gira y ve llegar a la joven Caine, quién continuando con su sonrojeo, se acerca hasta él y coloca su delgada mano en el hombro del apuesto y varonil pelirrojo – ¿Qué se supone que hará?– ante eso último, Hans se gira nuevamente hacia el cuerpo del fallecido sujeto y sin más, vuelve a cargar el cuerpo y lo arroja al mar.

– Pensaba en cocinarlo, ahora mismo, pero… Soy omnívoro, no caníbal– le responde el colorado mientras por su mente pasaba la idea de descuartizar el cadáver y usarlo como alimento – Yo de mi parte estaba dispuesta a hacer eso… Me comí una vez a un hombre. Primero le realice una felación y luego lo degollé– le comenta Caine, en tanto Hans se niega a creerle.

– ¿Una felación? Fiu, menos mal que no fui yo…– le dice Hans en tono de broma mientras la mira fijamente y expresando una sonrisa con un ligero ceño fruncido; conociendo la inutilidad que la joven desborda.

Dándose ligeramente cuenta de que Hans se está burlando de ella, la señorita Caine le pregunta de manera repentina y marcada, mientras inclina una de sus ligeras cejas – ¿Disculpe?–.

Riéndose para sus adentros, Hans niega de manera dócil y sin más que hacer, mordiéndose su labio inferior.

Negando que Caine pueda decirle la verdad, y más teniéndola libre y no encadenada, le dice durante el pequeño camino que transita hacia la fogata improvisada y después de ver como la fuerza del agua arrastra el petrificado cadáver de su adversario – Escucha, Caine...– siguiéndolo a él, debido a la soledad del lugar y estando en compañía del pelirrojo, con algo de fatiga por su parte, es ella quién presencia el momento justo en el que el mismo pelirrojo le reanuda lo que le iba a decir, informándole – No hay nadie, y no digas nada si llegara a venir alguien, no tiene derecho a saber nada. Ahora y en adelante, usted y yo estamos hechos, el uno para el otro– con pereza reprocha Caine frunciendo nuevamente su ceño – ¿Por qué no?– Hans le aclara con un semblante serio – No podemos salir de aquí. Desde que me di cuenta de que no había escapatoria y conociendo muchas cosas de mi natal pueblo, en especial, que soy un criminal. Igual que usted. Decidí que lo mejor sería que nos quedemos aquí, hasta que todo pase y podamos volver a la civilización–.

Al escuchar eso último, con un semblante de maldad y preocupación al mismo tiempo, Caine pregunta por simple curiosidad – ¿Mmm... Cuánto durará estar aquí?– el bermejo niega con lentitud y le aclara – No lo sé–.

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Estando en el lugar donde Hans se estableció y habiendo pasado unas cuantas horas, Caine estando sentada y tejiendo una prenda para ella, observa sentada de igual forma al cobrizo solo que este está comiendo, sin más, la chica le pregunta a este último algo que lo incómoda con respecto a porque estaba encerrado la primera vez que lo vio – Hans, platícame, si vamos a vivir aquí un tiempo, dígame ¿Quién es verdaderamente usted?– el pelirrojo que se encuentra devorando con ansias lo que yace en su plato, no toma en cuenta la pregunta y en su lugar la evade.

Evadiendo la pregunta, y negando mentalmente y pensativamente, le dice en tanto la observa con un mal sabor de boca – Soy un simple hombre, señorita Caine– agrega mientras termina de comer – Soy malvado como todo en este patético mundo…– mientras la observa, llega a apreciar pequeños detalles que lo dejan posteriormente con un sabor agradable en su boca y que también lo dejan satisfecho en su subconsciente; lo hacen sentirse diferente.

Observa como la chica ignorando como él la mira mientras teje, ella en un descuido se pincha un dedo y trata de curarlo chupándolo, al hacerlo se aprecia la inocencia y docilidad que manifiesta la chica, asimismo observa Hans con lujo de detalle, el como está sentada la chica; está se encuentra con sus largas y esbeltas piernas cruzadas, las cuales se enmarcan por la falda de noble desgarrada; también observa las curvas de su cuerpo, como se delinean de forma deliciosa, recordándole a la desquebrajada reina de las nieves además también mira la redondez de su busto, apreciando el como este se comprime ligeramente con cada respiración que da.

Perdido en la belleza de la despampanante mujer, la misma lo interrumpe en su letargo – Créame que en este mundo no hay solo gente mala, también hay gente buena– ante ese comentario Hans reacciona espontáneamente agitando su cabeza levemente y respondiéndole a su compinche mientras la mira con algo de nervios – Nada de eso, la bondad a veces no existe. Y si la hay, ¿Por qué somos criminales para el resto de las personas...?– a viendo escuchado eso, y con una ceja inclinada, la chica cuestiona a que se refiere – No somos malas personas. Viéndolo desde un punto reflexivo. Simplemente somos personas que sencillamente no nos comprenden. A veces pienso señor, que todos tenemos doble cara– Hans comprendiendo, carraspea por unos segundos después de haberla visto muy atrevidamente; tratando de evitar mirarla aún le confiesa con bastantes nervios – Creo que tiene razón…–.

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Llegando la noche, y después de haber convivido durante todo el día de manera más amable y sana, Hans y Caine se logran respetar mutuamente.

Por un momento Hans creía que Caine lo intentaría matar, pero luego de resolver sus asuntos de la manera más pacífica, lograron concretar un lazo más estrecho de su casi enemistad y alianza.

Al llegar el atardecer y con ello la noche; cenado cerca de la fogata y consecutivamente sin poder decirle algo, la misma chica en tanto se calienta con el calor que irradia la fogata, le pregunta algo incómoda por el frío que siente – Señor Hans... Hace mucho frío, ¿Por qué no nos refugiamos en el barco? Tal vez podamos calentarnos mejor que aquí, estando en la intemperie del frío y los caimanes– Hans sin querer evitar soltar una risa, lo hace de manera involuntaria y en ese instante le responde con sarcasmo – No hay caimanes, esos solo habitan en ríos y pantanos– sin decirle nada la misma joven y en su lugar riéndose, observa a Hans tomar el valor necesario para comentarle – señorita Caine. Creo que usted y yo, nos estamos entendiendo. Cada uno tiene su espacio. Llevamos poco aquí y no se que es lo que vaya a pasar– mirando a Hans con mucha confianza, no puede evitar la joven informarle – Claro, usted y yo nos estamos entendiendo. Desearía salir de aquí. Yo soy temida por todos, señor Hans, pero… Pero ahora que estoy afuera de mi espacio de confort, desearía volver. Soy famosa, si me quedo más tiempo aquí con usted, dejaré de serlo– señala la chica en tanto se recuesta y se acomoda, dándole la espalda al pelirrojo – No sólo eres famosa, Caine, también… También eres muy hermosa– le comenta Hans en tanto coloca su mano en la espalda de la joven castaña.

Habiendo escuchado esa última frase que la halaga como una chica muy atractiva, Caine se tensa y al final se sonroja bastante, sin llegar a mostrarle ese gesto al pelirrojo.

Hans después de tener su mano sobre la espalda de la chica, la procede a retirar en tanto le dice – Duerma señorita Caine, hay cosas que tenemos que hacer mañana…–.

Mientras también logra al final recostarse a lado de la chica y le da la espalda de manera mutua, Hans parpadea unos segundos antes de intentar conciliar el sueño y en eso, de forma premeditada, la chica le pide – Tengo frío, señor Hans. ¿Cree que podría calentarme? No lo voy a matar, ni…–.

Hans dudando si abrazarla o no. Algo inquieto pero con sus ojos cerrados e indecisos, se gira y al final toma el valor para decirle una advertencia en tanto la abraza con el calor de su cuerpo – Si intentas algo, no dudaré en lastimarte. Más te vale no hacer nada estúpido– al escuchar la advertencia, la mismísima castaña, le termina respondiendo mientras lo tranquiliza – No, no voy a hacer nada, Hans. Solo quiero que me caliente un poco. No soy como usted, en especial mi cuerpo. Mi cuerpo es frágil y absorbe más rápido el frío, que el de usted–.

Hans percatándose de que se siente algo incómodo abrazarla, al poco rato y con el pasar de las horas se termina calentando también con el poco calor que irradia la chica, sin más le musita una cuestión – ¿Por qué, estás algo tensa?– sospechando un posible sonrojeo, es la misma joven quién ante la pregunta, no puede evitar afirmarle con un poco de nervios y algo cansada, un breve – Tengo frío, simplemente…–.

Hans junto a Caine terminan durmiéndose en esa apabullante noche.

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Calculando la hora, Hans se había separado de Caine después de que la estuvo abrazando, cuando despierta se levanta con algo de sudor y sabiendo que el clima es desfavorable para ambos, en tanto le dirige una mirada a la joven señorita Caine, la cual ronronea en ese letargo inquebrantable de sueño.

Observando con un mínimo detalle la posición en la que está; mira cauteloso la cabeza ladeada de la chica, una de sus manos ligeramente cerca de su busto redondo, otra mano en su vientre, y ambas piernas ligeramente dobladas.

Respirando profundamente, Hans alucina por un momento que es Elsa. Recordando el trágico momento en que la llevo al calabozo y la estuvo contemplado hasta que se despertó.

Mientras la observa cerca del tronco de madera que usaron en la noche para cenar y como asiento y aún lado de la apagada fogata, Hans traga saliva deseoso ante la belleza que la chica desprende y enaltece – Caine– murmulla en tanto se acerca con cautela hasta la durmiente joven.

Mirándola fijamente y con un semblante lascivo, observa el sucio vestido que lleva y que poco la cubren del frío.

Sin pensarlo más tiempo, Hans acerca su rostro al hueco del cuello de la chica, además de que poco a poco procede a olfatear su aroma, que por un momento lo embriaga en un aroma arenoso y envuelto en una pequeña brisa perecible de flora dulce.

Jadeando ante el aroma que irradia la chica, Hans se levanta de su posición cercana a la joven, y sin más, mira a todos lados como si hubiera alguien ahí, pero no habiendo nadie.

Después de fijarse suspicazmente de que no haya nadie, Hans toma las manos de Caine y las coloca arriba de su cabeza.

Sintiendo un leve tirón, la chica despierta al instante cuando siente que Hans se posiciona arriba de ella y le da un dulce beso en su cuello.

– Señor Hans, ¿Qué rayos está haciendo?– le pregunta una vez que lo siente.

Después de haberla besado en distintas áreas, las cuales incluyen: cuello, clavículas, el inicio de sus pechos y rostro. Hans se alarma y sin pensarlo dos veces, se reincorpora y se aleja de la alterada joven castaña.

– Discúlpeme, yo…– tratando de disculparse con la chica, Hans suspira profundamente y sin más trata de justificar sus actos.

Procede a verla directamente y muy temeroso ante lo que estaba haciendo, dejando en claro, su perversidad como hombre.

Rotundamente convencida de que Hans es un pervertido, le niega tantas veces, hasta que le dice sumamente molesta – No sé atreva a tocarme. No soy nada de usted, solo su compañera en esta maldita isla, ¿Quedó claro?–.

– Está bien, no lo vuelvo a hacer– le responde Hans negando y mirando a otro lado, y mientras está sentado aun lado de la fogata negra y carbonizada.

Observando perpleja y recordando que lo último que sintió fueron los dulces labios masculinos de Hans, Caine sin importarle nada, le sonríe con malicia y le reitera – Más le vale–.

Volviendo a recostarse, pero está vez despierta e incluso intranquila ante lo que se le ocurra a Hans y ante lo que intenté hacer, al final la joven señorita Caine intenta dormir nuevamente, pero no logra conciliar el sueño.

Pensando en como estaba a su merced, la chica castaña se levanta ligeramente sobre sus codos y en ese instante procede a mirar a Hans, el cual sigue sentado, y sin haberse movido, muy ataviado por lo que hizo.

Suspirando aceleradamente, Caine se levanta lentamente del lugar donde se encuentra y sin más, camina hasta Hans.

No camina de manera normal, su andar es seductor y moviendo sus caderas de manera atrevida y sexy.

En el fondo de su mente, está necesitada y por lo tanto estando en la isla, sin nadie ni nada, más que ellos dos, Caine en ese instante ya siente algo por Hans, y poniéndolo al pelirrojo también en evidencia de que él también siente algo por ella.

Al llegar hasta el pelirrojo, sin siquiera dudarlo, se sienta a horcajadas sobre las piernas de Hans.

El aludido al tenerla a su disposición, y ya no de forma amistosa sino meramente sexual, le pregunta – Creí que quería, señorita Caine, que la dejara en paz, y no intentará nada. ¿Acaso está segura de esto que hará?– mirando a Hans con demasiada lascividad y seducción, en tanto le acaricia con sus finas manos su pecho masculino, le responde a su interrogante también seductiva – Debo confesarle que… Desde que lo vi herido, su cuerpo me gustó, sus músculos, sus bíceps, su cuerpo muy bien ejercitado. Usted señor Hans, es el sueño de toda mujer. Me gusta–.

Al estar juntos, el jadeo de ambos empieza a sentirse de manera acelerada y chocando mutuamente en sus respiraciones rápidas e indecisas.

Plenamente convencidos de que solo están ellos dos en la isla, y sin ningún rodeó, deciden unirse, ya no como enemigos, aliados, compañeros, sino como amantes.

En tanto cierran sus ojos y acercan lentamente sus rostros, acortando más su distancia, logran acercar sus labios hasta que chocan mutuamente sus labios de ambos.

Logran concretar un beso apasionado y cargado de amor y necesidad placentera.

Hans en ese instante la abraza con tanta pasión y fuerza, apretándola de sus caderas, y Caine lo rodea del cuello con sus pequeños brazos y enrollándole sus esbeltas piernas alrededor de sus caderas masculinas, en tanto sigue sentado en el suelo arenoso.

El abrazo entre los dos se trata de un beso, en el cual, las lenguas de ambos bailan a un ritmo desenfrenado; tratando de seguirse mutuamente, pero en su lugar consiguiendo más un deseo sexual que un descubrimiento fraternal y amoroso.

El apasionado beso entre ambos hace que la joven lo deje de abrazar y en su lugar, le rompa su camisa en un intento de intentarlo por primera vez con el atractivo hombre pelirrojo.

Jadeando y sin siquiera intentar detenerla, Hans siente como su pecho al descubierto es tocado por los suaves belfos de la joven.

Caine al inclinarse y proporcionarle dulces besos con sus labios en el pecho le dice mientras le reitera las suaves caricias – Me gustan los hombres fuertes, guapos y sexys como usted, señor Hans…–.

Sus labios femeninos de la joven trazan besos cálidos, que poco a poco le alteran la libido masculina a Hans, asimismo traza con su lengua caricias que lo excitan al pelirrojo y le exigen que se libere de la presión que sus propios pantalones ejercen.

Jadeando cadenciosamente, Hans le exige que no se detenga, mientras siente como la chica le proporciona besos y caricias a sus pequeños pezones que tiene en su tonificado pecho.

Después de un lapso apasionado y cargado de caricias en su pecho masculino, la señorita Caine nuevamente eleva su rostro para observarlo al pelirrojo mutuamente.

Sin más que decir o hacer, procede a abrazarlo nuevamente y besarlo apasionadamente en tanto, Hans tomándola desde la parte trasera de su vestido, le desabrocha y desata los nudos de la prenda a la joven castaña.

– Esperé, señor Hans… ¿Dígame…?– anonadada, antes de empezar el acto, la chica lo detiene; separándose ligeramente de él y observándolo fijamente mientras está con un semblante de inseguridad, dirigiéndole una mirada de compromiso, Hans le dice con un tono aterciopelado y entendible – Sí, Estoy seguro, no se preocupe. La amo a usted, señorita Caine– ante esto último declarado, nuevamente y sabiendo que solo están ellos dos en esa isla, pactan sus nexos y sus necesidades en un acto de pasión y desenfreno, siendo así y teniendo como resultado que ambos se den un beso todavía más apasionado que los anteriores.

Durante el momento en que ambos acortan su distancia y respiración mientras sienten la piel suave y mutua de cada uno, la joven lo va incitando a que el mismo pelirrojo se recueste enteramente en el suelo.

Mirando las estrellas, el destino de ambos en esa isla está marcando y no hay vuelta atrás ante lo que harán y seguirán haciendo, mientras estén de pie en esa isla.

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Tiempo después…

Hans Westergaard, había dejado de pensar en ser rey y sus ideales de serlo ya no existían, en vivencia y convivencia dentro de la pequeña isla en la que náufrago con la joven señorita Caine tiempo atrás; su estancia tanto de él como de la joven, los emparejó en pocos días y los unió de manera repentina.

Intentando matarse la primera vez que se vieron y encontraron, tan solo fue suficiente para que en una noche ambos pactaran un estrecho compromiso de amistad y amor en el que no estarían solos en la isla, sino que ahora en adelante serían lo que en el mundo civilizado nunca fueron y estarían con esto más unidos que nunca.

Hans y Caine se enamoraron perdidamente y sabiendo que no había nada que impidiera su amor, quedaron convencidos de que lo volverían a repetir en más de una ocasión, dando como resultado en corto tiempo lo que en esencia es el mejor regalo que una mujer puede darle a un hombre: Un hijo, un bebé.

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Estando ellos dos en la isla, y la joven quedando embarazada y asimismo siendo esos días en los que daría a luz después de unos tormentosos 9 meses atrás y después de haberse entregado de manera placentera tantas veces ante el pelirrojo, y recordando como este último la hacía gozar y gritar a más no poder de puro placer desenfrenado e indescriptible, ahora se quejaba y necesitaba ayuda para su futuro parto.

Dentro del ya humedecido y descuidado barco que ambos habían adoptado como su propio hogar, la chica castaña yacía acostada aquel día, acariciando con un poco de dolor su redondo vientre, pero estando convencida de que teniendo un bebé sería lo más importante y seguro para alejar a Hans de la corona de Arendelle, y para ella misma alejarse de la corona de Corona.

– Hans. Estoy pensando, ¿Si es niño cómo se llamará?– le pregunta mientras yace acostada y mirando fijamente y emotivamente al pelirrojo, quien la sostiene de su pequeña mano – Muñequita, me pones a pensar también en eso. ¿Si fuera niño, se llamaría Alexander? Como mi segundo nombre– le responde después de haberle besado los nudillos pequeños a la joven.

Parpadeando y mostrando una media sonrisa mezclada con dolor inimaginable, Caine le pregunta otra interrogante – ¿Y si fuera niña?–.

Pensando en unos cuantos minutos la cuestión planteada por la chica, Hans le responde rápidamente una suposición – Tal vez, Mary Beth…–.

Sonriendo más de lo que el dolor le permite, Caine le dice mientras muestra su agrado por el nombre – Ese último me gusta–.

Sin lugar a dudas, Hans la toma de la barbilla y mientras le observa sus atrayentes facciones debilitadas por el dolor que siente, le dice halagado – Te ves hermosa–.

Asintiendo ante su comentario, la joven le corresponde con el mismo tono – Y tu te ves estupendo–.

Perdidamente enamorado de la chica castaña, Hans se inclina ligeramente y estando cerca del vientre de la joven, levanta la tela que lo recubre.

Contento de que Caine dará a luz dentro de poco y más que nada convencido, Hans procede a besarle su vientre a la joven, en tanto está última al ver el cariño que recibe en su abultado vientre, lo abraza de la cabellera rojiza que tiene mientras no deja de pensar en lo feliz que ambos serán.

Después de darle besos suaves al vientre de la chica, suspirando de manera placentera, se da cuenta de que formar una familia en la isla será algo irrepetible.

Hans tan satisfecho, sin ningún rodeó le pregunta con un pensamiento furtivo –¿Aún piensas en matarme?–.

Ladeando sus labios del mismo color magenta de tiempo atrás y moviendo sus ojos hacia arriba, le dice con bufonería – Claro que sí, cuando nazcan mi bebé, trataré o probablemente continuaré intentando matarte–.

No soportando y conteniendo las ganas de reír, terminan riéndose a carcajadas; Hans en ese admirable momento, no duda en recostarse a su lado en tanto no deja de reírse.

Sumida en la gracia que le produce su propio comentario, no basta el tiempo para que en unos cuantos segundos jadee por un dolor que siente.

Jadeando adolorida y sudando un poco, le dice con mucho esfuerzo – Ne- necesito descansar, ¿podrías dejarme sola?–.

Percatándose del punzante dolor que produjo que la joven jadeara, Hans sin responderle, solo lo único que hace es asentirle con la cabeza.

Comprendiendo que su amada mujer que lo acompañó por meses en esa isla, estaba a punto de dar a luz, en su presencia, Hans decidió mejor retirarse.

– Descansa, necesitas hacerlo. Nuestro hijo te necesitará, créeme…– le dice Hans mientras se retira hacía la puerta de la pequeña habitación.

– Gracias, Hans…– finaliza la joven castaña mientras cierra sus ojos y poco a poco se va quedando dormida.

Enternecido por la manera en que se termina relajando y durmiendo, Hans sonríe ligeramente y sin más, abandona la habitación.

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Después de una extenuante labor para pescar, cazar, recolectar frutos que hay en los pocos árboles y palmeras, plantar las pocas semillas que hay en las bolsas de suministros y limpiar las armas en caso de que haya un invasor en la isla; por la noche regreso para atender a Caine quien aburrida estuvo levantándose constantemente de la cama y estuvo observando en el espejo que poseía en la habitación, su abultado y marcado vientre.

Al regresar al barco hogar, Hans le preparo algo a la chica, con la única finalidad de mantenerla fuerte y que no decayera.

Después de comer con un poco de dificultad y habiendo conversado un rato, Hans en lo que habitualmente serían la media noche, la cargo hasta la cama, y ahí la recostó a la castaña en tanto la consolaba para que no se alterará.

– Estarás bien. Nuestro hijo no tardará en nacer– le comenta mientras le acaricia la cabellera y le mueve en círculos sus dedos en los pequeños mechones sobresalientes de cabello.

Intentando responderle, no lo hace debido a que Hans la toma de la barbilla y la besa profundamente en tanto el pulso de la joven se acelera un poco, por la excitación.

– Te amo– le confiesa Hans mientras le lame sus labios a la chica.

Sin más que hacer o decir se recuesta a su lado y con una media sonrisa la abraza, colocándole su brazo por encima de su busto.

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Pareciendo haber transcurrido horas y después de la madrugada, el abrazo que habían tenido con el paso del tiempo, lo habían disuelto en esas horas.

Durmiendo de lado, Hans soñaba con volver a Arendelle, ser el rey que tanto el reino necesitaba y ser el padre de números hijos pelirrojos igual que él, hasta que sus triunfales sueños se vieron interrumpidos por unos jadeos fuertes y acelerados.

– Hans, Hans, ¡Aaaaaahhh! ¡despierta, me duele… me duele mucho!– grito la aterrada voz de la señorita Caine.

Abriendo lentamente sus ojos, Hans parpadea confundido, y después de que Caine volviera a gritar, la miro al rostro, mientras el presenciaba cansancio en su semblante – No es nada, linda. Es solo una mala pesadilla. Duérmete quieres–.

Volviendo a gritar y tomándolo bruscamente de la manga, la joven le aclara y le insiste que no es una pesadilla, mientras lo jala – ¡Hans, Hans. El bebé, ya bien!–.

Aclarando su visión después de haberse tallado los ojos, Hans despierta completamente alarmado y sin más le pregunta – ¡¿Qué dices?!–.

Jadeando con mucho dolor, le responde con dificultad – Ya… ya viene, nues… nuestro bebé–.

Reincorporándose rápidamente para auxiliarla, Hans corre por el interior del barco por un trapo con agua y una manta para cubrir al bebé una vez que nazca.

Gritando la castaña, Hans logra llegar hasta la chica y sin pensarlo le dice rápidamente en tanto le restriega el trapo húmedo por la frente – Debes esperar a que se dilate y tener algo de tiempo–.

Apretando su mandíbula, Caine le dice con dificultad – No puedo aguantar demasiado tiempo, me duele mucho–.

Alterado y acelerado en su semblante, Hans al ver a Caine con un rostro lleno de miedo y terror, intenta hacer que haga todo lo que el le dice.

– Tranquila, todo saldrá bien– le informa mientras la consuela y tranquiliza.

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Habiendo pasado el tiempo para prepararla e instruirla en el parto, Hans le ordena que es el tiempo justo para empezar – Ya es hora. Debes pujar–.

Aterrada, empieza a apretar sus dientes con tanta fuerza y sin más, logra suprimir sus gritos con su dentadura pero consigue exclamar sus jadeos, en tanto empieza a pujar con dificultad.

– Puja, Caine, ¡Vamos!– le ordena con fuerza Hans mientras se posiciona para recibir al bebé.

– ¡Eso intento…!– le contesta mientras más se esfuerza y mientras más aprieta sus dientes; tratando de casi explotar.

No logrando soportar el dolor, Caine grita con tanta fuerza, en tanto hace un esfuerzo sobre humano para expulsar al niño que está por nacer.

– Vamos, ya casi lo logras– le dice Hans, animándola a que no se detenga.

– ¡Aaaaahhhh! Duele muchísimo– exclama la castaña, mientras siente que algo abandona su cuerpo.

Al instante, un llanto empieza a gritar mientras Caine logra exhalar con un cansancio asolador su liberación del ser que acaba de expulsar.

– Caine…– le dice Hans mientras consuela al ser que no deja de exclamar llantos y en tanto él sonríe con ternura.

– Hans, ¿Dime si…?– responde mientras Hans se levanta y mece al pequeño ser que lleva en sus brazos – Felicidades, somos padres de una hermosa niña–.

Fatigada por el cansancio, el esfuerzo y el sudor, Caine levanta su ánimo y sin más le pide ver a su propio obsequio que ha concebido – Hans, déjame ver…–.

Acercándose a la joven castaña, Hans le informa con delicadeza – Es hermosa, ¿no es así?–.

Mirando a la pequeña niña que poco a poco deja de llorar y empieza a dormirse, Caine sonríe y le dice – Es hermosa, este…– no sabiendo que hacer y alegre por lo bonita que se ve la bebé durmiendo, casi petrificada, Hans le sugiere con suma tranquilidad y sabiduría – Creo que es mejor que la conozcas más de cerca–.

Entregándole a la niña sin tratar de despertarla del cómodo sueño que le ha impregnado con esos movimientos delicados pero necesarios, Caine recibe a su hija en tanto la mece y la acerca hasta uno de sus descubiertos senos blanquecinos que posee.

Tan dormida la niña, no hace contacto con el pezón de su madre hasta que lo siente restregarse en su rostro. Respingando ligeramente su nariz en forma de diminuto botón.

Hans mientras limpia el desorden que hizo para recibir a su hija, no puede evitar ladear su cabeza con admiración mientras abandona la habitación con el único propósito de dejar descansar a madre e hija, como debe ser.

En efecto, tanto Hans como la señorita Caine se han convertido en padres.

Contentos ambos, tanto Hans como Caine, saben que su hija ahora a nacido, pero la duda de poder continuar en la isla los hace a partir de ese momento a dudar sobre su permanecía más tiempo en la isla.

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Meses después…

La isla perdida de la que se desconoce todo, incluso si está habitada; ha pasado por momentos difíciles y relajados.

La familia Westergaard, conformada por Hans y la señorita Caine ya había y seguía viendo el paso del tiempo de forma fructífera.

Después del nacimiento de su única hija, ambos padres viven felices ahora, pero la tranquilidad que viven día con día se desvanece cuando ambos en poco tiempo saben que no tardará en crecer la niña que y intentara conocer más a fondo lo que le rodea.

Viéndose en la forzosa necesidad de abandonar definitivamente la isla, y con esa decisión tomada desde de que nació la niña, saben que su estancia ha llegado prácticamente a su fin, por ello se preparan para el final.

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La bebé después de haber nacido, fue nombrada Mary Beth. Su fisionomía indicaba que se parecía más a su madre que a su padre, pero con los ojos verdes de este último.

Su nacimiento de la pequeña, cambio más aún la vida de sus progenitores.

Caine de ser una pirata fría y malvada, se había convertido en esos tiempos en toda una progenitora que siempre estaba al tanto de lo que la bebita que tenía hacia.

Jugaba con la pequeña, la alimentaba como era debido y la mecía mientras trataba de hacer que se durmiera, en tanto la relajaba a la bebé con su voz aterciopelada.

Asimismo, Hans había cambiado drásticamente. Por un momento siempre quiso tener a Elsa como su mujer, pero su cinismo y arribismo e incluso su traición lo llevaron a ese barco donde después de un encuentro hostil entre él y la despampanante y glamurosa señorita Caine, el tiempo los hizo enamorarse.

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Hans mientras trabaja y corta con un hacha troncos de madera, observa al instante a Caine, la cual está sumamente contenta y en el suelo, en tanto la llama a la pequeña Mary Beth gatear, pidiéndole juguetonamente que se acerque – Vamos, Mary. Acércate– atendiendo el llamado de su madre, la niña entre balbuceos y mostrando su sonrisa hermosa pero sin dientes aún, se acerca con torpeza y con curiosidad.

– Mary, mi dulce bebita– dice la joven castaña mientras le da palmadas a sus piernas, esto con el fin de que su hija se acerque más.

Al gatear y llegar hasta su madre, al instante es cargada por su despampanante progenitora quien la levanta en brazos a la pequeña y la abraza mientras ríe y le dice con alegría – ¡Esa es mi niñita, te quiero mucho mi dulce y adorable bebita!–.

Escuchando la risa de su madre, la pequeña niña exclama una pequeña risa adorable.

Hans no pudiendo evitar sentirse conmovido, murmulla después de continuar con su trabajo – Las quiero…–.

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En la noche, mientras están cerca de una fogata que Hans encendió, la chica castaña le pregunta – ¿Entonces saldremos de esta isla?– en tanto le pregunta eso, la misma chica amamanta a su pequeña niña mientras está misma se sostiene de la piel de su progenitora, con su pequeñita mano.

Comiendo algo de carne asada después de haber pescado un pequeño pescado, el mismísimo pelirrojo le responde con algo de tristeza – Es probable. Mary Beth va a crecer, y no tardará en querer saber como es el mundo exterior. Podríamos ser sus instructores, pero no sería suficiente–.

Comprendiendo que dentro de poco tiempo su hija dejará de ser una bebé, Caine le asienta y en eso le menciona – Tienes razón. Creo que no nos queda otra–.

Recordando por un momento y después de una pausa que una vez que abandonen la isla, Hans le propondrá matrimonio, sin pensar mucho en que decirle, le dice con cierto aire de disconformidad e incredibilidad – Nunca pensé en ser mamá, y probablemente esposa. Era la mujer más peligrosa de Alemania y ahora no soy más que un mito– entendiendo lo triste que la chica está, el pelirrojo le refuta a la mujer que ama, lo que totalmente la ha hecho cambiar en su vida, asimismo le refuta con suma tranquilidad y mientras se acerca y la abraza, y en tanto también toma de la cabeza a la pequeña niña que se está alimentando con la leche del pecho de su progenitora – Tal vez eres un mito. Pero recuerda, muñequita… Como familia, ni Arendelle, ni Corona, nunca nos podrán separar. Les será difícil y además de que la gente ya no estará interesados en nosotros–.

Mirándose fijamente y mutuamente, mientras ensanchan unas sonrisas confortantes y comprometidas, es la mismísima joven quién le responde con algo de entendimiento – Tienes razón– mientras se miran, no pueden evitar acercar sus rostros y darse un completo beso de amor.

Hans después de que se separa un poco de su profundo beso, le pide con cierto aire de excitación y jadeos acelerados – Tócame muñequita…–.

Convencida la joven castaña de que Hans la necesita en ese acto de pasión y amor verdadero, retira lentamente a su pequeña bebita de su pezón después de haberla alimentado y completamente dormida, y siendo en ese instante cuando la chica la coloca a la bebita en una pequeña cuna improvisada con madera y telas del navío destruido tiempo atrás.

Mientras Caine siente los labios de Hans recorrer sus clavículas y su cuello, dirige su rostro hacia el cielo, sabiendo que todo saldrá bien.

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Con planes de abandonar la isla, durante meses preparan un barco y preparan suministros y provisiones para el desalojo.

Sabiendo que probablemente la marea incremente y suba el nivel del agua, alistan un barco mediano, creado e improvisado a partir del barco destruido tiempo atrás, esto con el fin de abarcar más espacio, tanto para ellos como para su hija.

La preocupación de ambos, tanto de Hans como de la joven Caine, no es si sobreviven, sino que la bebé sobreviva. Si uno de los dos padres muere, al menos intentara uno de ellos criar a la niña, pues la pequeña es lo más importante en este caso.

Llegando el tiempo para partir y abandonar definitivamente la isla, y después de haber vivido tranquilamente durante más de un año ahí, el tiempo ha llegado.

Con tristeza, Caine carga a su bebita hasta el barco, mientras espera a Hans preparar la barcaza y abandonar definitivamente el lugar – Mary, dile adiós a nuestro hogar. Dile adiós al lugar donde naciste. Dile adiós…– dice la joven castaña algo entristecida mientras mece a su pequeña hija y le muestra mientras la sostiene en sus brazos, el lugar que la niña no volverá a ver ni nunca volverá a visitar.

– ¿Listas?– les pregunta el pelirrojo posicionándose en la rueda del timón – Listas… Rojito– le responde la joven mientras le sonreía y se dirigía al pequeño camerino que fue construido a partir del camerino del capitán que tiempo atrás, Caine había asesinado.

Empezando las maniobras para despegar de la costa, el tiempo de irse de la isla había llegado – Adiós…– mientras se alejan, Hans pronuncia esto último en tanto sonríe y recuerda las vivencias que tuvo con la señorita Caine, asimismo recordando el momento en que se enamoraron y tuvieron a su hija.

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Entre un clima de terror y aguas agresivas, logran después de días de haberse alejado de la isla que habían adoptado como su hogar; llegar a aguas oceánicas.

Entre gritos de terror y miedo, el barco ya tenía problemas abordo, asimismo, en un intento por escapar y darle una mejor vida a su hija, durante su nuevo viaje, nuevamente una gran tormenta golpeó el barco, causando que la nave estuviera al borde de hundirse.

En última instancia y escuchando llantos desgarradores de su hija, la pareja decidió hacer lo último que podían hacer: resguardarse en el camerino y esperar a que cesará todo.

Con terror, sintieron como una avalancha hizo girar el barco una sola vez, causando que fragmentos y partes del navío se desprendieran, asimismo también causando que muchas de las provisiones se perdieran en el fondo del mar.

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Continuando horas después el largo viaje a un nuevo mundo, Hans y Caine logran sobrevivir junto a su hija, de la catastrófica tormenta que ya había hecho estragos.

Teniendo como último recurso tratar de continuar a pesar de las condiciones adversas y desfavorables que el barco ya tenía, en un último intento creen no poder continuar más la travesía, puesto que incluso otra tormenta no tardará en hacer acto de aparición y en esta ocasión ahora sí sin rodeos los terminará matándo en el acto.

Entristecidos y muy conmovidos ambos; Hans de un momento a otro y tratando de animarla se acerca hasta Caine, mientras ella intenta hacer que descanse su pequeña, meciéndola en su cuna con el fin de que no se altere y no rompa en llanto.

Acercándose por detrás y rodeando su delgada cintura, en tanto la olfatea de su delgado y blanquecino cuello, Hans le comenta con entusiasmo y a la vez con nervios – Lo logramos, muñequita. Estamos cerca–.

Demasiado cansada para hacerle caso y no queriendo quitarle un ojo de encima a su bebita, Caine inclina ligeramente una de sus cejas y en ese instante lo cuestiona sobre su comentario – ¿Cerca? ¿De dónde?– girándose en dirección hacia Hans, y deshaciéndose del agarre de este último, logra provocar que el mismísimo pelirrojo ya no tenga ni una mínima idea de que decirle, titubeando al no saber que decir – Ehhh, este…–.

Furiosa y pensando únicamente en su hija, Caine lo corrige y le dice – No estamos cerca de nada, casi perdemos la vida. No voy a separarme de Mary Beth. Preferiría Hans que murieras tú, en lugar de nuestra hija– plenamente convencida de que no dejará que le pase nada a su niña, y después de haberlo encarado al pelirrojo, Caine nuevamente se gira en dirección a la cuna y continúa meciéndola, en tanto Hans se queda paralizado al no saber que decir o que hacer.

Perturbado al darse cuenta de que la chica está más preocupada por su bebé que por él, parpadea varias veces confundido y en eso mientras se vuelve a acercar a la joven, le pronuncia – Está bien. No te enojes, muñequita, escucha. Hay que tratar de continuar… Ya no hay marcha atrás. Si regresamos, incluso moriríamos–.

No prestándole total atención al pelirrojo, la chica le responde hostilmente mientras no le quita ni un ojo de encima a su pequeña, que después de varios minutos logro por fin descansar – Hans, entiendo eso, pero… También vamos a morir aquí. No voy a morir y dejar sola a Mary Beth–.

Por un momento recordando que Caine solo se preocupaba por ella misma en el pasado y siendo de un carácter tan egoísta como él, al final y en ese instante se termina dando cuenta de que la joven castaña a cambiado mucho. Preocupándose demasiado por su hija que por ella misma. Comprendiendo su preocupación, le responde con firmeza – Está bien, tranquila. Vamos a tratar de continuar. Espero que las provisiones que sobraron después de la tormenta, todavía sirvan– señala.

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El paso de unas horas, lo va separando más en su relación con la chica, principalmente porque no hay nadie que pueda ayudarlos en su sustento con el fin de encontrar el tan ansiado nuevo mundo.

Viéndose obligado a dirigir el barco con la gran dificultad de moverlo por la falta de la rueda del timón; por un momento, se da la vuelta y observa a la joven, la cual le dedica más tiempo a la niña que a él, dejando sus labores para continuar en el viaje.

Plenamente convencido de que probablemente no lo ayudará, suspira profundamente y en eso, cansado por no poder recuperarse después de la monstruosa tormenta se recarga en el piso y sin más como si fuera su cama, se recuesta.

No pudiendo descansar en la fría madera y mirando fijamente hacia el horizonte, observa al instante como poco a poco se va visualizando y acercando un barco.

Motivado por lo que acaba de observar se reincorpora rápidamente y sin más se dirige hasta donde esta la chica. Distraída, Hans la abraza en tanto le informa – ¡Mi dulce señorita Caine, un barco se acerca!–.

Escuchando el aviso instantáneo de que un barco que se acerca en dirección hacia ellos, la chica de manera trémula se emociona al instante, y durante el abrazo, se gira y le corresponde el gesto al pelirrojo, no evitando besarlo por su descubrimiento.

– ¡Estamos salvados…!– exclama Hans mientras la besa y le corresponde varios besos también.

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Después de unas cuantas horas de haberse acercado el barco, este último se detiene en su recorrido y dejando entre ver a sus ocupantes, conformados por marineros, algunos cuantos niños y unas cuantas mujeres. Un barco de pasajeros en pocas palabras.

Al detenerse la enorme bestia de madera y metal. El capitán del enorme navío hace acto de aparición; un hombre con pronunciado bigote y bien vestido, al verlos tanto al pelirrojo como a la castaña, los saluda, en tanto los tripulantes del enorme barco, asimismo también se asoman por los barandales del navío y los observan de manera sorprendida – Buen día. Veo que necesitan ayuda para continuar con su viaje, mis buenos adorables amigos–.

Nerviosos al mirar a hombres, mujeres y niños como espectadores, la pareja en ese instante se miran mutuamente y luego de eso, le corresponden el saludo al capitán – Buen día– dándose codazos por saber quién de los dos hablará, al final resulta ser Hans quién toma la palabra diciéndole al capitán – Buen día, señor. Verá somos unos viajeros que en busca de oportunidades salimos tan apurados de Holanda. Nuestras familias nos buscan por traición, nos gustaría saber si nos podría ayudar–.

Analizando lo dicho por el pelirrojo mientras se agarra la barbilla innumerables veces y pensando bien lo que les dirá a la pareja, les pregunta – De acuerdo. Podemos ayudarlos, pero antes de eso, podrían decirme sus nombres, ¿Cómo se llaman?–.

Temerosos de que los reconozcan, Hans toma algo de impulso y sin más le dice su nombre completo – Mi nombre es Dutch Van Der Linde, señor. Mucho gusto– mientras sostiene a Caine de la cadera, quien no puede evitar tomar a su hija y abrazarla con el fin de protegerla; logra escuchar como la castaña le dice al capitán también un nombre un tanto atractivo y sospechoso – El mío es Anabel Van Der Linde, un gusto, señor–.

Convencido el capitán de las identidades de la pareja, les asienta y en ese instante les informa con carisma y motivación – Muy bien, señor Dutch. Mi barco va de regreso a los Estados Unidos. Nuestro viaje partió desde Italia, y nuestro destino será el puerto de Saint Denis. Espero lo ubiquen muy bien, mis buenos amigos– asintiendo lentamente, pero confundidos al no saber nada sobre la mencionada ciudad, Hans interviene y le responde con algo de nerviosismo, asimismo le propone – Eh, si. ¿Podríamos ir en su barco e ir hasta donde dice, señor?–.

Pensando en la propuesta del pelirrojo, el capitán, al instante frunce ligeramente el ceño, y después de haberlo pensado unos cuantos segundos, le dice con mucha confianza y amabilidad – Con mucho gusto, señor Van Der Linde...–.

Escuchando que en efecto, los dejarán subir al barco, la pareja se en contentan, pero al instante escuchan solo una condición – Pero antes, ¿Tiene con que pagar? Descuide, no soy avaricioso, sino que es para continuar financiando futuros viajes en este navío–.

Entendiendo el compromiso y el punto expresado por el capitán, Hans se gira y de una pequeña bolsa de provisiones extraer unas cuantas joyas y monedas de oro – Claro que sí…– al mostrárselas, el hombre asienta, y en ese momento le dice plenamente convencido – Muy bien, señor Dutch. Bajaremos una cuerda para que usted, su mujer y su hija, puedan abordar a mi barco–.

Ante lo declarado y mientras le ordena a los hombres del navío bajar una cuerda para ayudar a subir al pelirrojo y a la joven señorita, y asimismo dejarlos entrar al barco, la chica le dice al pelirrojo, en ese momento y en tanto lo felicita – Hans, eh digo… Dutch, lo conseguimos. Podremos vivir felices y…– alegre de que lo han conseguido, no logra terminar su frase, siendo completada por el pelirrojo, quien le agrega – Formar nuestra familia aún más, de lo que ya está…–.

Mirándose fijamente, y dándole una antesala a su nuevo destino, Hans le comenta mientras la toma de las caderas con sus dos y mientras la chica sostiene a su bebé en sus brazos – Nos casaremos y estaremos ahí para Mary Beth–.

Agrega el pelirrojo después de mirar sus atrayentes y atractivas facciones, y en tanto acorta la distancia de su rostro con el de la joven castaña – Te amo, Caine…– casi llorando de la emoción, la chica le corresponde la expresión, en tanto también lo mira y va simultáneamente acortando de igual forma la distancia de su rostro con el de el pelirrojo – Y yo a ti, Hans…–.

Felices de que vivirán una nueva vida en otro lado y alejados de Arendelle y Corona, Hans y Caine terminan en ese instante pactado un beso cargado de amor verdadero y cargado de un destino distinto al que verdaderamente estaban destinados.

Durando una eternidad su beso y provocando que las mujeres y niñas del navío los vieran; exclamando a más no poder miles de adoraciones. Provoca que el capitán del navío tenga que intervenir y decirles con entusiasmo – ¡Ya pueden subir al barco mis buenos amigos…!–.

Lentamente y separándose del beso que se habían dado de forma apasionada, miran la cuerda para subir al barco, convencidos de que será un borrón y cuenta nueva, sonríen en tanto se van acercando a la cuerda y mientras el capitán con ese mismo gesto benevolente y emotivo les exclama – ¡Bienvenidos!–.

Hans y Caine a partir de ese momento vivirían una aventura que en sus mundos nunca pudieron vivir, pero que en el corazón de la América que poco iba avanzando, lograrían concretar.

Pasando por conflictos como las peleas, las enemistades y las ofensas hasta el momento del amor verdadero, habían logrado redimirse sin la ayuda de nadie más, más que de ellos mismos, y confiando mutuamente, el uno hacia el otro.

Comenzando así su mágico y desconocido destino.

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EPÍLOGO

Años después…

Arendelle, el reino de la reina las nieves había presenciando aventuras congeladas de todo tipo, algunas eran de ensueño y otras eran de felicidad incomprensible, pero todas habían sido vividas por Elsa, su hermana Anna, el novio de esta, Kristoff, su mascota de este, Sven y el cariñoso muñeco que todos ellos admiraban, Olaf.

Vivir como nobles fue algo y casi siempre normal, no había duda en eso.

Pero ante la desaparición de Hans y los hombres que lo llevaban a su destino, la credibilidad de la reina se desmoronó.

Elsa fue acusada por su pueblo de traición y complicidad con un criminal, asimismo su propio reino le exigió el paradero de los marineros que iban a entregar a Hans a las islas.

El reino de las islas del sur también la acuso también de complicidad pero no solo eso incluso constantemente la amenazo de que romperían sus nexos comerciales con su reino.

No quedando conformes ambos pueblos, el reino de Corona la acuso de estafadora y ladrona, debido a las joyas perdidas que supuestamente el barco que transportaba a Hans, iba a entregar.

Sintiendo el peso de cada acusación de parte de los dos reinos aledaños y su propio reino, intento quitarse la vida en una ocasión, pero no lo hizo, siendo su hermana quién había intervenido para que no hiciera esa sensatez.

Viviendo su vida con una carga emocional, vivió sus aventuras como pudo, pero con el peso del desconocido paradero del pelirrojo.

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Después de meses de haber regresado del bosque encantado y haberse aliado con un guardián de hielo igual que ella, Elsa había regresado convencida de vivir tranquila y dejar atrás sus pensamientos de lo que le había pasado a Hans, tiempo atrás.

Al anochecer y aquel día, no dejaba de pensar en Hans, su desaparición era un misterio, ni siquiera el Ahtohallan le había dicho que es lo que le había pasado al pelirrojo, no había respuestas.

Atormentada por no saber que paso con Hans, se dejó caer en su viejo escritorio que ahora, Anna ocupaba en su labor de reina de Arendelle – Ha pasado mucho tiempo desde que Hans nos traicionó y desde que desapareció, estoy destrozada– cerrando sus ojos poco a poco y casi cayendo en un profundo sueño, la voz aterciopelada de un hombre resonó en la habitación; dándole una respuesta a lo que dijo – Elsa, no deberías preocuparte. Estás viva, deberías estar feliz de eso y de que no se convirtió en el rey de Arendelle– alzando su platinada cabeza y cabellera, Elsa miro a las sombras, y al instante se dejo ver al hombre que le hablo; Jack Frost, quién había llegado a la habitación para verla a la blonda.

Convencido de que ya no debe de preocuparse, Jack le comentó – Elsa, ahora eres libre. Además no olvides que no le hará gracia al bebé, que sigas preocupada– señalándole en ese instante su vientre aún plano y que en unos meses crecería.

Efectivamente, Elsa sería madre, y de antemano ya sabía quien era el padre de su futuro bebé…

Asintiendo sobre lo dicho, Elsa se levantó del escritorio y camino hasta donde estaba Jack, en ese preciso momento le dijo – Casi cometo un error. Hans provocó que la gente me odiara más. Esas personas cuando se dieron cuenta de que no iban a volver sus familiares, me atacaron. Trate de comprenderlos pero creo que no funcionó. Mis guardias buscaron a Hans por todos lados, pero nunca dieron con su paradero…– entendiendo los miles de problemas por los que tuvo que pasar la blonda, Jack asienta, pero durante ese instante, Elsa añade – Supongo que estoy convencida de que falleció… No valió la pena todo este tiempo–.

En efecto y creyendo ciegamente en que Hans está muerto en las profundidades del mar, Jack interviene y le responde mientras niega levemente y cuestiona su creencia – ¿Supones? ¿Y si te dijera que sigue vivo?–.

Confundida, ladea su cabeza y en ese preciso momento le pregunta con ignorancia – ¿Qué quieres decir?– conociendo de antemano a la joven rubia, Jack la toma de las manos y en eso, le dice la verdad sobre Hans – Elsa. Hans no murió– impasible y no pudiendo justificar semejante verdad, la chica lo interroga sobre eso – ¿Eh? Jack no entiendo, ¿Cómo sabes que no murió, no hay nadie y ni siquiera la magia puede decirme su paradero?– con el ceño levemente fruncido, observa a Jack sonreírle apaciblemente, quién le recalca – Supongo que por ser un guardián más tiempo junto a otros, nos da la ventaja de observar de más. Mi amiga, Toothiana descubrió su paradero pero, ¿te importa?–.

Perpleja ante lo que le confiesa, Elsa lo cuestiona ante su secreto – ¿Su paradero? ¿Toothiana? Estás diciéndome que Hans tiene alguien con él, por eso es que sigue vivo– cerrando sus ojos y negando en repetidas ocasiones agrega – Y si me importa, esa gente que nunca vio a sus seres queridos, siguen manifestándose– en eso Jack le informa con mucha calma y girando sus ojos, en tanto pega un pequeño suspiro – Elsa por favor, te preocupa saber donde está. Estás viva y debes dejar de pensar en él. No es de nuestra incumbencia–.

Soltándose del agarre de Jack, Elsa se gira, dándole la espalda y diciendo para sus adentros, pero logrando hacer que la escuché – No es fácil, tus amigos saben en donde esta, hasta tú– girándose e insistiéndole, Jack niega y se acerca hasta ella, para levantarla y subirla en el escritorio del lugar, en tanto ella le coloca sus manos detrás de su nuca y lo rodea con sus piernas – Lo sé, pero crees que me importa. Si Hans está muerto para Arendelle, también está muerto para nosotros. Lo sabes, Elsa, sabes que era un bastardo y lo sigue siendo–.

Insistiéndole una vez más, observa el instante preciso en que Jack vuelve a negar – Jack, te pido que me digas su paradero–.

Fuerte y decidida en saber que le había sucedido al pelirrojo, provoca que Jack, en ese instante le de un beso apasionado, para que se olvide de Hans.

Una vez que se separan del beso, Jack le responde – ¿Para qué? Se donde esta, pero pues, ya olvídalo. Su tiempo ya pasó y para todos, aquí en Arendelle. Hans está muerto– agregando mientras le reitera – No quiero que me sigas pidiendo por su paradero. Un hombre como él, ha dejado de ser lo que era, pero seguirá siendo un villano para todos nosotros. El nunca cambiará y si te viera, probablemente te lastimaría. Déjalo ir, por favor, Elsa–.

Comprendiendo que Jack no desea decirle el paradero del pelirrojo ni desea saber nada de este último, de hecho ni le interesa lo que haga en su nueva vida, provoca que Elsa lo mire muy preocupada – Jack…–.

Girando sus ojos y poniéndole en énfasis que las cosas como son, Jack le levanta la barbilla mientras la tiene en el escritorio y le informa – Elsa, todo terminó. Hans hizo el mal y lo seguirá haciendo. Ha muerto para todos. Entiéndelo– mirándolo fijamente y tomando su rostro con ambas manos, Elsa le responde con suma preocupación y tristeza, intuyendo amargamente – Me pone triste, en el fondo lo amaba. Pero creo que desde que te conocí, has sido mi alma gemela– entendiendo lo mal que se siente por el pelirrojo, el peliblanco le dice mientras asienta y mira a otro lado – Lo sé, Elsa, lo sé–.

Suspirando en un bostezo y estirándose, Elsa finalmente le dice en tanto se pega más a Jack, recargando su cabeza en el pecho del peliblanco – Ah, está bien, dejaré de pensar en Hans– asintiendo y dándole la razón, Jack le responde – Estoy de acuerdo. ¿No te gustaría pasar un rato más, aquí?–.

Negando con felicidad, Elsa se separa del pecho del peliblanco y sin más, le dice como último acto – No, y conociendo al padre de mi futuro bebé, creo que estoy dispuesta a estar aquí un rato más…–.

– ¡Esa es mi chica!– responde el peliblanco mientras la recuesta a Elsa en el escritorio y observa como la antes mencionada se ríe al sentir al peliblanco besarle su cuello de alabastro.

Antes de que Jack la despoje de su fina ropa, en la oficina de Anna y después de observar la blonda, por un momento por la ventana, reflexionando; finaliza Elsa con – Hans…– concluyendo con esto.

Sin detenerse, Jack la besa con más pasión mientras la luna es testigo de todo lo que sucederá en esa pequeña oficina.

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Saint Denis.

(Sugerencia colocar Cruel World del cantante Willie Nelson)

Había pasado bastante tiempo desde que Hans y Caine habían tenido a su hija en una isla paradisíaca y pérdida.

Volver al mundo civilizado fue lo más complicado para ambos debido a que vivían con el miedo de que los reconocieran por sus pasados. Por un lado, Hans tenía miedo de que alguien cercano a su familia lo viera y lo acusara de criminal y traidor, y con esto se le obligará a volver a las islas y que asimismo pagará por sus crímenes, y por otro lado Caine temía ser reconocida por su pasado como estafadora, pirata y asesina.

Cuando pisaron suelo americano, se sintieron aliviados de que nadie los logro reconocer, comenzando así sus planes futuros y su nueva vida.

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El día comenzó como cualquier otro, la gente de Saint Denis en Lemoine se levantaba temprano para laborar como siempre, en el caso de Hans no fue la excepción.

El pelirrojo trabajaba en la construcción y junto a sus compañeros, habían estado trabajando en el teatro del estado de Lemoine, presumiendo ser los primeros en hacer también la penitenciaria que estaba a lado del enorme complejo.

Ese medio día, se encontraba descansando después de haber trabajado demasiado – Eh, Hans, ¿Ya terminaste amigo?– le pregunto uno de sus compañeros, en tanto se dirigía a comer y a descansar, junto al resto de hombres encargados de la construcción.

Degustando su sandwich, el pelirrojo le respondió en tanto le asentía y estaba sentado tranquilamente en una pequeña silla junto a una fogata y casa de campaña que era ni más ni menos que del jefe de la construcción – Claro. ¿Qué día?–.

Motivados por el comportamiento positivo del bermejo, sus compañeros halagados por este se sientan a comer sus almuerzos junto a él.

Mientras comen sus mejores almuerzos preparados por sus mujeres o por ellos mismos, y puestos en pequeñas loncheras de metal, algunos cuantos platican, hacen bromas y hablaban del sueldo que se llevarán por la construcción.

Finalizando su almuerzo y limpiándose sus labios con una pequeña servilleta, Hans mientras guarda sus cosas en su pequeña lonchera, no puede evitar sacar una foto donde está él junto a la señorita Caine. Una foto donde ambos presumen ser lo que nunca hubieran podido ser en Arendelle y Corona, una foto donde se les muestra sonriendo y como marido y mujer. Mientras observa la foto y acaricia el rostro inmóvil de su mujer en la foto, uno de sus compañeros le comenta, en tanto también mira la foto – Tienes una mujer muy bonita– interrumpido ante la intromisión de su compañero, lo voltea a ver y le dice con algo de nervios – Gracias, colega…–.

Contentos sus compañeros de que Hans es un hombre afortunado y platicando con él, cosas sobre la vida, llega un momento en que dirige su vista hacia su reloj de bolsillo y se percata de algo que debió haber hecho, pero que no ha cumplido – ¡Dios!– recordando su deber, rápidamente tomo sus cosas y sin darles explicaciones tan complejas, se movilizó rápidamente afuera de la construcción.

Confundidos al verlo tan nervioso y alejado de la construcción, uno de sus compañeros le cuestiona su repentina forma de actuar algo irrelevante – ¿Qué sucede, amigo?– sin pretender faltarle al respeto, le responde en un grito su situación – ¡Tengo que irme… Nos vemos mañana…!–.

Perplejos ante su comportamiento apresurado, su compañero de trabajo que le pregunto que es lo que le sucedía, se despide de él, diciéndole – Está bien. Cuídate mucho, Hans. Nos vemos mañana…–.

Despidiéndose fugazmente, se dirige a paso apresurado hasta lo que es una institución.

En las afueras de dicha institución, niños y jóvenes van saliendo muy alegres después de las largas horas de haber estado en las aulas.

Siendo muchos de esos niños acompañados por sus padres de familia, destaca una niña en particular, la cual impaciente mira a todos lados, esperando a alguien.

Al encontrar con la mirada a Hans, este último le pregunta con esperanza de que no se moleste la pequeña niña de tan solo 7 años – ¿Tarde…?– sumamente molesta, la pequeña niña le responde con un tono dulce pero marcado – Papá, ¿Por qué siempre te tardas? Salgo temprano y casi siempre llegas tarde…–.

Presenciando desde que estaba en dirección al lugar; el regañó que le iba a dar su propia hija, Hans le dice con algo de nervios, tratando de tranquilizarla – Discúlpame, Mary Beth. Sabes mi niña hermosa que tengo que trabajar–.

Negando como si fuera una adulta, y siendo el vivo reflejo de su madre, le termina respondiendo después de haber suspirando fastidiada por la tardanza que siempre comete su progenitor – Está bien, papi, no necesito explicaciones–.

Entregándole su bolsa donde lleva sus materiales y libros escolares, le extiende sus brazos con el único fin de que Hans la cargue y la suba sobre sus hombros – Estoy cansada, quiero volver a casa y ver a mamá–.

No evitando decirle una negación, Hans la toma a su hija y la carga sobre sus hombros, en tanto ambos se dirigen hacía su hogar.

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Admirando su nueva vida, Caine habiendo dejado su vida de criminal atrás en su propio y recóndito pasado, ahora se dedicaba al hogar; algo que en alguna ocasión aludió a que nunca haría, ahora estaba comprometida con su familia.

Mientras está leyendo sentada una novela del inicio de la era de los forajidos en Estados Unidos, escucha la puerta de su hogar abrirse, sabiendo de quienes se tratan, ante eso deja de leer su novela y se dirige a la entrada a recibir a su familia.

Inclinándose, recibe a su hija en un fuerte abrazo, en tanto se alegra de verla – ¡Mi niña hermosa!– exclama.

– ¡Mamá!– grita emocionada la pequeña niña al ver a su atractiva progenitora, y mientras le corresponde el abrazo, casi acurrucándose la pequeña en el pecho de su madre.

Después de ese abrazo entre madre e hija, la mujer interviene con una pregunta – ¿Cómo te fue?– queriendo saber como le fue en el colegio, su hija le dice con algo de confianza y disgusto – Bien, pero, papá siempre se tarda…–.

Provocando un ligero enfado en ambas, Hans se estira el cuello de su camiseta, mientras les dirige unas miradas de pena y vergüenza a ambas.

Enfadada, Caine se reincorpora después de haberse inclinado para recibir a su hija, y en eso le reprocha sobre su compromiso – Hans, otra vez tardándote…– nervioso al ver su semblante serio, el mencionado le responde con un ligero titubeo – Discúlpame, es que tengo…– no logrando concluir su excusa, la mujer castaña le dice completando su excusa – Lo sé. Tú trabajo…–.

Mirándolo fijamente y con desaprobación, es el momento en que su hija interviene y le dice con el fin de que no lo regañé a su padre – Mami, tengo mucha hambre–.

En contentándose al instante por el llamado de su pequeña hija, Caine le sonríe nuevamente a Hans, y en eso toma la mano de su hija y se dirige a la cocina, mientras el pelirrojo suspira aliviado y luego las sigue en dirección también a la cocina.

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Llegando el tiempo para dormir y prepararse para el día siguiente. Hans prepara a su hija mientras está a pocos segundos de dormirse completamente.

Sentado a uno de sus costados, su propia hija le pregunta mientras se acurruca con las sábanas y las cobijas que la recubren – Papá, ¿Cómo conociste a mamá?–.

Curiosa por saber como se conocieron sus progenitores, Hans le informa con total sinceridad, como fue el encuentro de él y de su mujer – Bueno, mi niña hermosa. Conocí a mamá cuando ambos intentábamos matarnos en una isla–.

Confundida la niña al escuchar, lo que en esencia es el secreto de su padre, le dice con mucha desconfianza – ¿En una isla? Creí que se habían conocido en un baile. Los padres de mis compañeras y mis amigas, casi todos sus papás se conocieron en un baile–.

Negando y no queriendo hacer comparaciones, Hans le reitera, que no fue su caso. Recordando las amenazas de Caine, una y otra vez – Bueno, nuestro caso fue distinto…–.

Queriendo saber la pequeña, porque intentaban matarse, le pregunta muy curiosa aún – ¿Por qué se querían matar? Yo siempre los veo felices y jugueteando…–.

No sabiendo como justificarle el porque de sus intentos en el pasado, Hans le dice – Porque…– intentando darle una justificación le confiesa con sencillez – No había nadie que nos detuviera–.

Comprendiendo la pequeña de que es duro para su padre decirle la verdad, y no queriendo saber más, le pide tímidamente – No los quiero ver pelear, nunca, ¿Me lo prometes?–.

Pidiéndole tranquilamente y de forma contenta nunca y jamás verlos intentar matarse, Hans le responde mientras la abraza a su hija – Te prometo que nunca nos verás pelear. Nunca–.

Mientras padre e hija se dan un abrazo, la misma pequeña le dice – Te quiero mucho, papá…– asintiendo lentamente mientras la abraza y sostiene con una de sus manos, Hans le corresponde el gesto – Y yo a ti, mi niña…–.

Separándose al instante, y preparándose para el día siguiente, Hans le informa con mucha tranquilidad – Bueno, es hora de que te duermas. No queras ir tarde al colegio, mañana–.

Poniéndola nerviosa por el tema y su compromiso con la escuela, la pequeña Mary Beth le responde después de un carraspeo – Oh, no, no, no. Gracias por recordármelo…–.

Levantándose de la cama, el pelirrojo, y dirigiéndose a la salida de la habitación de su hija, le dice en tanto se despide y le desea lo mejor – Que tengas dulces sueños, mi niña. Te quiero, descansa– estando cerca de cerrar la puerta, escucha las últimas palabras de su hija antes de dormirse – Hasta mañana, papi…–.

Enternecido por el respeto que le tiene su pequeña hija, Hans sonríe ligeramente, y decidido a que debe descansar su hija, concluye cerrando la puerta de la habitación de su pequeña, de manera ligera y sin hacer ruido.

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En la habitación con Caine, estando cerca de dormirse.

La mujer le menciona con algo de molestia y mientras yace ya acostada en la cama que comparte con el pelirrojo – ¿Por qué le dijiste que nos conocimos en una isla?–.

Perplejo ante la pregunta y no sabiendo como los escucho pero dándose cuenta de que lo hizo, se relaja y le dice con una sonrisa maliciosa – Caine, somos sus padres, tiene derecho a saberlo…– negando la aludida, le reitera que no es así – Sabes que no tiene todo el derecho a saberlo–.

Asintiendo y al instante poniéndose nervioso le dice – Está bien, tranquila, no le diré todo hasta que cumpla la mayoría de edad. Lo prometo–.

Mientras se acuesta al lado de la joven castaña, la misma le informa con algo de seriedad – Estoy tranquila, Hans, y estoy de acuerdo en eso…– comprendiendo que no está del todo enfadada, Hans le comenta con demasiada pereza otra cosa – Muy bien, que día–.

Dándose la vuelta y asimismo dándole la espalda, la joven castaña en ese instante le pide en tanto se acurruca en la cama – Hans, podrías abrazarme…–.

Mirando hacia el techo y no pudiendo evitar negarse, y sin más, se gira y la abraza por la espalda – ¿Por qué no…?–.

Brindándole calor a su delgado y pequeño cuerpo femenino, la joven le dice después de haberse mordido el labio e indecisa en confesarle – No sé y no creo estar segura de decírtelo…–.

Cerrando sus ojos el pelirrojo y estando cerca de dormirse, le pregunta de manera simple – ¿Qué cosa?–.

Volviendo a morderse el labio, la chica después de una pausa toma la mano enorme de Hans y la coloca en su estómago – Pon tú mano en mi vientre– indecisa, le pregunta – ¿Puedes sentirlo?–.

Negando el pelirrojo con los ojos cerrados, le responde con pereza – Eh, no…–.

Insistiéndole que si nota algo distinto, le mueve la mano con el fin de que palpé más – Dime que lo sientes…–.

Sintiendo una ligera redondez en su vientre, Hans frunce el ceño levemente y después de unos cuantos segundos, en eso abre los ojos de forma espontánea, dándose cuenta de la sorpresa – ¡Caine, no me digas que…!–.

Respondiéndole con mucho entusiasmo, la chica le asiente de manera repentina – ¡Sí!–.

No creyendo la sorpresa, Hans se levanta y la mira sin poder creer lo que le acaba de dar a entender – ¡Dios mío!–.

Tan emocionado y negando con mucha felicidad, le dice – ¡Estás…!– no pudiendo terminar sus palabras ante lo que descubrió, la joven le completa en tanto se levanta y lo abraza – ¡Si, estoy embarazada! ¿Puedes creerlo?– correspondiéndole el abrazo fuerte, le dice emocionado ante lo que sucederá – ¡Eso quiere decir que…!–.

Contento y con las palabras contenidas, la joven le completa con sencillez – Nuestra hija tendrá un hermanito–.

Al borde del colapso, Hans le dice con su respiración acelerada – Oh Dios, Caine. Abrázame...– dándose un abrazo todavía más fuerte que el anterior; no pueden evitar darse unos cuantos besos ante el futuro bebé que tendrán.

Recostándola en la cama y sintiendo mutuamente sus respiraciones, inicia Hans comentándole mientras la observa tan despampanante y atractiva – Creo que por fin seremos la familia más afortunada de todo Saint Denis…–negando un poco su comentario, la joven lo corrige, diciéndole – No solo la más afortunada, sino que seremos la mejor…–.

Asintiendo sobre lo dicho, Hans se inclina sobre la chica y sin ningún preámbulo, le procede a besar su blanquecino cuello, en tanto le dice – Después de tantos inconvenientes, por fin seremos lo que nunca fuimos en Arendelle y Corona…–.

Dándole la razón, la chica mientras siente los labios del pelirrojo, recorrer su cuello y sus clavículas, le responde con una ligera risita – Tienes razón…–.

Sacándole un jadeo involuntario Hans a la señorita Caine, está última le pide como último acto – Bésame, Hans…–.

Mirándola fijamente y nuevamente, y acatando su orden, la toma de la espalda mientras la chica lo rodea con sus finos y delgados brazos y lo aprieta con sus largas y esbeltas piernas alrededor de la cintura mientras ambos refuerzan su amor, dejando entre ver que nadie ni nada los separara de su nuevo destino.

Terminando así está historia.

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Notas de autor:

Hola de nuevo, lector. Estaba esperando bastante para subir este fic; todo esto va como viento en popa.

Les traigo el fic más largo, que me he tardado en hacer para mí perfil, bueno, me resulta complicado explicar como fue el desarrollo; vayamos por partes:

Primero, este fic es el segundo que incluye el emparejamiento entre Hans y Lady Caine. No sé lector hasta podría llamarse este emparejamiento particular, Hansaine. No lo sé, pero sería distinto al Helsa (Es una opinión y una suposición, solamente).

Segundo, antes de publicar Nacidos de una leyenda iba a publicar este fic, pues el desarrollo de este fic fue meses antes, pero lo cancelé momentáneamente por la pequeña falta de ideas.

Tercero la versión cancelada estaría fragmentada en 5 capítulos completos, los cuales irían explicando como Hans y Lady Caine se enamorarían. El primer capítulo, es el encuentro, el enfrentamiento entre los dos y la alianza, el segundo un enfrentamiento contra piratas y la reubicación en la isla, el tercero sería el enamoramiento entre los dos y la relación que tienen, el cuarto la estafa a barcos de Arendelle y Corona con el fin de nunca dejarlos salir de la isla y robarles suministros, asimismo era este capítulo en donde, después de muchas relaciones entre Hans y Lady Caine, por fin tenían a su hija, el quinto capítulo era que después de tantas desapariciones de barcos, Hans y Lady Caine eran descubiertos por Elsa y los dos reinos afectados, quiénes los encontraban y los mandaban a castigar. El final terminaba mal para Hans y para Lady Caine, quienes nunca ven a su hija crecer y Elsa la adopta a la niña como suya.

Cuarto, este fic incluiría originalmente lemon, el hecho de que no haya contenido sexual o lemon fue una decisión que yo tomé, y no es que haya estado mal, simplemente que alargaría la trama y el fic, más de lo que ya está. Así que si lo contemplé y lo incluiría pero al final no lo hice, probablemente en otro fic agregué contenido lemon o de índole sexual.

Quinto, el nombre de Dutch Van Der Linde y la ciudad de Saint Denis, son pertenecientes al juego antes mencionado, Red Dead Redemption 2.

Y bueno, creo que es todo, este fic está completo, ahora sí. Les agradezco por haber leído este fic, no me arrepentiré de traerles un fic basado en este emparejamiento que probablemente yo empecé.

Se que no tendrá ni reviews, ni favs, ni follows tan gigantescos pero al menos, es algo que al menos espero los haya entretenido.

Bueno sin más, me despido y les deseo un excelente día, tarde o noche, dependiendo del tiempo en que lo estén leyendo.

Nos leemos pronto.