Disclaimer: lo clásico, historia mía, personajes que son de sus respectivos creadores.
Este fic fue una locura, por lo tanto estoy loco, je je.
Inspirado en Frozen 1 y en Red Dead Redemption 2.
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Advertencia: Final Malo, aún falta el Final Bueno.
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1840.
Arendelle, el reino noruego más asombroso del que se tenga conocimiento, resplandecía como una flor de luz, siempre y por siempre.
Era el reino más grande en sus tiempos de gloria, con un comercio muy rentable y muy bien estructurado, un pueblo fiel a sus reyes y estos últimos; unos reyes sabios y leales en toda la palabra.
Padres de dos hermosas niñas llamadas Elsa y Anna, que eran las futuras herederas en el gran y respetuoso reino europeo.
Elsa y Anna eran las princesas más juguetonas y queridas en todo el reino de Arendelle.
Como hermanas se querían, por ello siempre jugaban y se hacían bromas como cualquiera de las niñas de su edad y del reino.
Todo la diversión, el jugueteo y el lema que manejaban las pequeñas, "¿Y si hacemos un muñeco?" se había caído a un precipicio del que nunca iba a salir.
Había ocurrido el accidente que marcaría a las dos chicas, por siempre y para siempre.
Elsa había lastimado accidentalmente a su hermana, por ello cuando los padres de las pequeñas se enteraron y vieron con sus propios ojos lo que había ocurrido, llevaron a la pequeña pelirroja accidentada con los trolls.
Fue tratada y salvada de manera mágica.
Pero las tragedias no dejarían de venir…
La pequeña Elsa fue encerrada por sus padres para que controlará sus inestables poderes.
Los reyes mismos, un tiempo después se propusieron ir en busca de lo desconocido para saber que era lo que le estaba pasando a su pequeña hija rubia, sin saber que ese sería el último día que volverían a ser vistos.
La muerte que les llegó fue irreparable y marco para siempre a las dos pequeñas niñas del reino de Arendelle.
Comenzando una nueva era para el gran reino noruego.
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Las islas del sur.
Un reino pequeño y colorido; ahí, los reyes no eran padres de 13 hijos, sino de 14 hijos.
Uno de los dos hombres solteros debía ir a proponerle matrimonio a una de las solitarias princesas del sostenible reino de Arendelle.
Debido a que todos ya tenían a sus propias parejas, e incluso ya varios príncipes ya tenían a sus propios hijos, solo dos príncipes estaban solos en ese mundo.
Hans y Micah Bell.
Hans, el decimotercer príncipe era el indicado para ir y proponerle matrimonio a la joven heredera al trono, pero todo cambio cuando una princesa alemana y ex duquesa se enamoró profundamente de él y le propuso que no fuera a Arendelle, pues la joven se convertiría en reina y el puesto para Hans estaba ya asegurado.
Entonces si Hans no podía ir a Arendelle, su hermano menor Micah Bell III Westergaard, sería el que iría en su lugar.
Micah era la oveja negra en la familia.
Diferente a Hans, era un hombre violento y más fuerte que sus propios hermanos mayores, ya que no era del todo hijo del rey sureño, y en su lugar era hijo de un bandido asesinado en una persecución cuando el joven Micah tan solo era un niño, aunque se había ganado el respeto total de todos y del mismo rey de las mencionadas islas.
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Los planes para todos cambiaron, no se enviaría a Hans, sino a Micah, el cual era el hombre perfecto para conquistar a la princesa heredera única y disponible.
Con un cuerpo tan fuerte como el de Hans, un semblante serio y diferente a este último y de cabellera rubia, Micah era el hombre perfecto para ser el futuro rey o príncipe consorte de Arendelle.
Fue enviado en la ceremonia de coronación de Arendelle, siendo el sustituto de Hans y siendo alguien diferente a este.
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En plena coronación, Elsa miro a Micah sonreírle y saludarle.
Realmente le habían dicho a la blonda que el que estaría en el asiento no sería el rubio, sino el pelirrojo, pero realmente a la joven no le inquietaba ni le importaba mucho eso, sino que lo que le importaban eran sus propios poderes.
Iniciando poco tiempo después con el baile y la celebración, la joven princesa después de haber bailado con el duque Weselton y haber conversado con la joven monarca, no mide muy bien sus pasos y se termina cayendo de forma desprevenida al suelo, pero el "viejo Micah Bell" como le dicen y le decían sus colegas, la termina sosteniendo.
Previamente ya la había conocido, pero ahora iba a conversar más a fondo o un poco con la joven.
Tomando las solapas de su saco, el rubio le dijo a la joven princesa – Es una suerte que la encuentre nuevamente, princesa–.
En tanto se miran y Anna lo intenta invitar a bailar, Micah se muestra indiferente a estar con la chica en la danza, pero si dispuesto a conversar posiblemente con ella; incluso incomodándola.
Mientras la mira con un ligero gesto de satisfacción, la joven decide preguntarle – ¿Usted no se aburre estando aquí parado? Pensé que un caballero como usted me invitaría a bailar, tal vez…–.
Negando que la chica se quiera divertir, Micah le dice en respuesta – Me temo que no, princesa. La verdad quiero relajarme de otra manera–.
Asintiendo de manera incómoda, Anna le dice con un tono un tanto penoso – entiendo–.
Continuando su relajante mirada y casi ignorándola, la joven princesa decide ofrecerle unos cuantos chocolates, pero nuevamente Micah declina su ofrecimiento – No gracias, princesa–.
Comenzando a sentirse un poco mal al ver como Micah la rechaza constantemente, Anna decide entonces preguntarle – Micah. Tengo entendido que vendría su hermano Hans, me preguntó ¿Cuántos hermanos son en su familia?–.
No pudiendo evitar rodar sus ojos, el rubio le revela con un tono algo molesto, pero sin dejar de ser descortés – Somos suficientes como para llenar por completo este… Lugar–.
– Oh, entiendo– le contesta la joven pelirroja al dar por hecho que Micah no pretende revelarle casi nada de su pasado o de su vida.
Estando nerviosa e indecisa en continuar insistiéndole, Anna termina quedándose sin palabras, en cambio Micah le pregunta con un tono elegante – ¿Algo más?–.
Ladeando sus labios y sin palabras para decirle algo relativo, Anna le termina diciendo como última cosa – Discúlpeme– después de eso, la joven se termina retirando.
En efecto, probablemente si Hans hubiera estado las cosas hubieran sido de otra forma, pero no fue así.
Micah al parecer no era como lo que tal vez hubiera sido Hans ni como ningún otro noble, era más difícil de convencer y era la vívida imagen del hombre duro y serio. Por y para la acción.
Intentando pensar en llamar su atención, decide tomar esfuerzos y llevarlo al hombre hasta la reina – Eh, princesa…– termina expresándose Micah, al sentirse como un muñeco manipulado.
Al llegar hasta la reina, Anna le dice a su hermana – Elsa, este…–.
Sin siquiera dejar que la joven princesa termine, Micah rápidamente interviene y le dice a la joven monarca – Es un gusto conocerla, reina Elsa de Arendelle–.
Una vez que la nombra, el hombre ligeramente se inclina a manera de respeto, mientras la joven le responde con una ceja inclinada – El gusto es mío, señor…–.
No sabiendo del todo su identidad la joven platinada, es el hombre quien le dice su nombre con total tranquilidad y confianza – Micah Bell–.
– Señor Bell– pronuncia la joven albina, ya convencida del fortuito nombre que lleva el rubio.
Después de afirmar de manera veraz con la cabeza, Elsa dirige su atención a Anna, y ante eso le pregunta – ¿A qué venías, Anna?– sintiéndose apenada y apretando fuertemente su mandíbula, la joven pelirroja le dice en un titubeo – Eh…–.
En un tono también vacilante y eterno, Elsa le replica la cuestión de su presencia – ¿Tienes algo que contarme?–.
Apenada y difícil decirle lo que quiere, Anna da por hecho que Micah no es como pensó y como cuando lo vio afuera del palacio.
Cabizbaja y mostrándose un tanto nerviosa, le informa para finalizar – Micah y yo, nos… olvídalo Elsa, digo… Reina. Creo que necesito tomar algo de aire–.
Asintiéndole, la platinada le dice – De acuerdo–.
Retirándose a paso apresurado del sitio y sintiéndose un poco mal, Anna se retira para hablar con otros invitados.
Estando solos, tanto Elsa como Micah, es la mismísima reina quien para romper un poco el silencio, le pregunta – Micah Bell. Vienes de las islas del sur, ¿No es así?–.
Sintiéndose orgulloso, no puede evitar responderle con algo de sinceridad, en tanto la observa con detenimiento a la joven – Si. Así es–.
Dando por hecho su lugar de procedencia, Micah rápidamente voltea a todos lados, y luego le comenta, en un elogio – Reina Elsa, me halaga su forma de ser. Puedo intuir que usted será la mejor reina que Arendelle haya alguna vez tenido–.
Negando con una leve sonrisa, Elsa le dice mientras se mantiene firme – No creo ser la mejor–.
Ante su evidente declaración, Micah al instante la toma del hombro con su mano y luego de eso procede a preguntarle con ese mismo tono que uso de elogio – ¿Puedo confiar en usted?–.
Ladeando su cabeza sin perder su sonrisa ligera, la joven, le dice con algo de pena – No lo sé–.
Mientras trata de confiar en la chica, Micah le declara lo que verdaderamente es – Vamos… Soy un sobreviviente–.
No sabiendo nada a lo que se refiere, la joven procede a cuestionarlo ante tal cuestión – ¿Sobreviviente?–.
Soltándola del hombro y tomando algo de impulso, rápidamente le dice lo que cree – ¿Sabe, reina Elsa? En este mundo hay ganadores y perdedores, y usted, créame… Es una ganadora–.
No creyendo para nada en la frase de Micah, Elsa le dice – Ya quisiera, Micah–.
– Lo es. Usted es una ganadora– le informa mientras el mismo rubio le termina afirmando plenamente con su cabeza, agregando – Confío en usted–.
Confiando en que la reina quiere gente seria en su labor, rápidamente Micah se ofrece a ser su mano derecha.
Por ello, le levanta la mano para estrecharla con la de la chica.
Viéndola en el aire su gran mano masculina y dudando en saludarlo y ser descortés debido a que sus poderes probablemente se liberen y se salgan de control si Micah le jala el guante; le da la mano de manera temblorosa.
Elsa al estrechar su mano con la de Micah, no dura ni un segundo cuando esté último de manera intencional le jala el guante y la desprende de el.
Sintiéndose como un monstruo y no pudiendo evitar liberar sus poderes, rápidamente Elsa se intenta retirar del lugar, en tanto la gente la mira con detenimiento y asombro.
Tratando de disculparse, Micah intenta controlarla pero es demasiado tarde – Disculpe, yo…–.
Negándose a aceptar su ayuda y su disculpa, y siendo el centro de atención, Elsa le dice con mucho miedo – No, no, no…–.
Corriendo rápidamente y escuchando a sus espaldas, "Es una hechicera" de parte del duque Weselton, la joven blonda decide abandonar definitivamente todo y buscar su propia liberación y destino.
– ¡Reina Elsa!– grita Micah al observar la huida de la joven.
Habiéndose enterado de todo, la princesa rápidamente llega al lugar en cuestión, y al instante interroga a Micah por lo sucedido – ¿Y mi hermana, qué le pasó?–.
Atónito por los poderes de la rubia, Micah casi muerto de miedo, decide tomar algo de valor y decirle a la joven princesa inquieta – Creo que se fue, no se preocupe. La buscaré–.
Corriendo detrás de la joven, el rubio es detenido por la princesa, quien le informa que ella será quien hable con Elsa – Yo primero. Señor Bell... Con permiso–.
Deteniéndose y convencido de que entre hermanas se entienden, rápidamente Micah da unos pasos hacia atrás, y ante eso, se retira lentamente y de nuevo al palacio para controlar a la gente que se resguardando ante los poderosos poderes de la joven reina.
Con cambios importantes asume los deberes que por rango le corresponden a Elsa.
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Yendo en busca de Elsa, la joven princesa, se embarca en un viaje mágico donde se encuentra con un repartidor de hielo carismático y su reno.
Asimismo, Elsa estando en las montañas se libera a través de su propia entonación vocal para intentar y tratar de aceptarse, sabiendo que es diferente ante los demás.
En su búsqueda hacía la montaña, Kristoff, Sven y Anna se encuentran con Olaf, un muñeco parlante y hecho completamente de nieve que fue creado por la propia reina Elsa, y que fue dejado a la intemperie, buscando también a su creadora.
Asimismo se encuentra con Jack Frost, un amigo de la infancia de Elsa, que ha ido a ese mundo debido a una profecía que dice que "Todos están condenados".
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– ¿Jack? No creí encontrarte. Bueno creo que buscas a Elsa, tanto como yo– le dice la chica al peliblanco, el cual está recargándose en su bastón.
– Exacto, no vendría… pero… Algo indica que necesitamos alertarla a Elsa, antes de que todo se salga de control– le responde e informa sobre su deber ahí.
Caminando junto a la joven, Jack agrega – Hay que apresurarse–.
Asintiendo y sabiendo que deben saber su paradero, no se detienen a pesar de la gran nieve y las grandes tormentas de nieve que la joven blonda genera con sus poderes.
Enfrascándose en la búsqueda de la reina, Jack, Anna, Kristoff, Sven y Olaf, continúan su larga travesía para detener el invierno y lo inevitable.
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Volviendo a Arendelle y congelándose debido a las fuertes oleadas de frío y nieve, Micah logra ayudar a la gente, en tanto trata y se mantiene firme en que nadie morirá mientras él esté ahí.
– El castillo está abierto, hay sopa y chocolate caliente en el gran salón. Tenga, reparta esto…– le indica a uno de los pueblerinos, el rubio, mientras le entrega unas mantas.
Una vez que se encuentra con el duque y estando este último acompañado por sus esbirros, este le dice – Príncipe, acaso espera que todos nos congelemos mientras reparte los bienes comerciales y ofrece Arendelle–.
Girándose en dirección hacia el duque y acercándosele para entablar una conversación con este, Micah le informa sobre lo que la princesa Anna le dejo en claro – Anna, espero la habrá escuchado, dejo muy en claro todo… Viejo–.
Escuchando la palabra "Viejo" de la boca de Micah y casi poniéndose a la defensiva igual que sus hombres, le dice con un tono hostil – Eh… ¿Viejo?, Oiga, lo que haya dicho es otra cosa, no se le ocurrió que tal vez quiera conspirar con esa hechicera para destruirnos–.
Riéndose del comentario del duque, Micah le responde con un tono algo agresivo – No, y tal vez creo que usted está loco. No cuestione a la princesa, ella me dejo a cargo y no dudaré en proteger a Arendelle de la traición–.
– ¿Traición?– le pregunta Weselton al no saber a que se refiere.
Sonriéndole maliciosamente el rubio y casi listo para confrontarlos, tanto a Weselton como a sus hombres de este, Micah se ve interrumpido por la llegada de un guardia quien trae al caballo blanco de la princesa – ¡Wow! Tranquilo, cálmate– le pide al equino mientras lo logra estabilizar.
Mientras tranquiliza al caballo, Micah le comenta al duque – La princesa está probablemente en peligro, necesitaré voluntarios que me ayuden a buscarla–.
Sabiendo que probablemente encuentren a la reina y a la princesa, Weselton no duda en decirle – Yo ofrezco a dos hombres, mi señor. Prepárense para lo que sea y si se encuentran con la reina, denle fin a este crudo invierno, ¿Les quedó claro?–.
Trayendo a su caballo, Baylock y subiendo a este, Micah no duda antes de comenzar la marcha, en ir a ver a sus colegas, los cuales viajaron desde las islas hasta Arendelle.
Una vez que los ve a sus compañeros, Micah no duda en saludarlos y comentarles – Cleet, Joe… Me alegra verlos. No hay tiempo para las formalidades, les platicaré en el camino lo que sucede, vamos…–.
Mirándose mutuamente los mencionados y siguiendo a su compañero, Cleet y Joe asientan mientras se mantienen detrás de él.
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Yendo en su búsqueda y logrando encontrarla en el enorme castillo de hielo que la joven platinada erigió, Anna, Kristoff, Sven, Olaf y Jack, llegan para tratar de convencerla de que detenga la tormenta.
Después de una serie de discusiones e intentos de convencimiento, asimismo una entonación que alude a sus propias infancias de ambas chicas, Jack interviene para tratar de hacerla a la joven blonda entrar en razón, interrumpiendo a Anna – Elsa…–.
Mirando de repente a Jack y de forma detenida, la joven pronuncia el nombre del chico de cabello blanco – Jack… Yo...– mientras la mira mutuamente y con un semblante entristecido, Jack le pide de manera reiterada, igual que Anna, que debe regresar al reino – Tienes que volver, el reino de Arendelle te necesita–.
– Jack, no sabes nada. Soy un peligro para Arendelle. Si regreso lastimare a gente inocente– le informa la joven una vez que lo ve al chico acercársele y tratando de convencerla.
Negando que la joven misma se considere un peligro para su propia nación, Jack le dice mientras la corrige – No, Elsa. No es así–.
Tomándola del hombro y mirándola mutuamente le informa sobre lo que vendrá, si no regresa – Hay una profecía que dice que…– conmocionado ante lo que vio previamente en la pantalla de la sala de los guardianes y sabiendo que algo se saldrá de control, se queda mudo ante lo que vio.
Esa cosa que llegó a ver era signo de muerte en Arendelle.
Queriendo saber que es lo que sucede y lo que lo paralizó, Elsa le insiste en que le cuente – ¿Qué, Jack? ¡Jack!–.
Tomándolo bruscamente de sus hombros y moviéndolo con agresividad para que le diga que es lo que sucederá, Jack solo le dice – Que…– aún con el mismo semblante, Elsa le dice lo que cree que realmente pasará en esa profecía – Jack, tu profecía, tal vez dice que congelare a todos. Claro que sucederá, por eso debo estar lejos–.
Recapacitando después de quedar perplejo ante sus horribles visiones y presentimientos que tiene, el peliblanco la corrige, diciéndole mientras la toma de los hombros – No, Elsa, tienes que regresar. La profecía dice que… Todos estamos condenados. Alguien que no debe estar, está. Y ese alguien, desatará la condena más grande y fuerte que nuestros propios poderes no podrán solucionar. Hay que regresar para evitarlo–.
Algo confundida y sorprendida la joven, no duda en preguntarle – ¿Quién es ese alguien?–.
Observándola con sinceridad, le dice en tanto niega lentamente con la cabeza – No lo sé–.
Después de contestarle que desconoce al causante del caos que se desatará, Jack traga un poco de saliva y nuevamente le insiste que vuelva – Tienes que volver. Elsa te suplico que pares y regreses, por favor–.
Algo perpleja y no sabiendo quien estará detrás del caos que vendrá, e incluso convenciéndose de que es ella la causante de ese futuro caótico, le responde a Jack mientras se suelta de él y lo empuja – No me iré–.
Negándose a abandonar definitivamente su castillo de hielo y observando como Anna y Jack le ruegan a más no poder, Elsa congela el corazón de su hermana, asimismo crea a su enorme monstruo de nieve gigante.
Este último termina sacando de su castillo a Jack, Anna, Kristoff, Sven y Olaf.
Siendo perseguidos por la criatura durante un largo y prolongado tiempo, logran tiempo después librarse de la mencionada criatura de nombre Malvavisco.
Temerosa, Elsa se refugia en su castillo, sabiendo que está empeorando la tormenta.
Después de su encuentro con la criatura, la maldición que recae en Anna producto del hechizo que hizo Elsa sobre la joven pelirroja, empieza a hacer efecto, por ello se topan y se dirigen al bosque donde habitan los trolls para que la ayuden.
Mientras entonan una melodía, le brindan su apoyo y se divierten con Kristoff, Sven, Jack y Olaf, asimismo también con Anna, ninguno de los trolls les confiesa sobre la condena que hará presencia en todos, pues, nadie sabe que es lo que sucederá, pero si les dicen sobre la liberación gracias a un acto de amor verdadero.
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En las lejanías, Micah junto al grupo de hombres que van en busca de ambas chicas, logran encontrar el enorme castillo de hielo de la joven monarca.
Al detenerse y mirar a todos lados, Micah les indica rápidamente, mientras baja de su corcel negro con blanco – Buscaremos a la princesa Anna, estén alertas. Si ven a la reina no deben lastimarla, ¿todos entendieron?–.
Asintiendo ante sus indicaciones todos los hombres, no duda Micah en preguntarles a sus compañeros – Cleet, Joe. ¿Listos?– siguiéndolo y estando también alertas, ambos hombres no dudan en responderle al unísono, diciéndole – Si, Micah–.
Mientras suben por las escaleras, aparece el monstruo de hielo que creo la reina.
Luego de una serie de enfrentamientos, Micah, Joe y Cleet logran vencer al susodicho monstruo, pero al derrotarlo, los hombres del duque Weselton, se les adelantan y se adentran al castillo para acabar con la joven blonda.
Intentando defenderse, Elsa intenta detener a todos sus atacantes, lanzándoseles sus poderes y bloqueándolos con paredes de hielo.
Luego de un férreo enfrentamiento entre los hombres de Weselton y la joven reina, Micah aparece y al hacer acto de presencia, empujando a sus compañeros, le grita a la joven – ¡Reina Elsa, no sea el monstruo que todos piensan que es…!–.
Aterrada mientras está en posee defensiva, Elsa pronuncia el nombre del hombre rubio, en tanto este último, lentamente se le va acercando.
Intentando disuadirla y convencerla de que se controle, Micah logra llegar hasta la joven, mientras está aún está en posee defensiva.
Mientras están distraídos Micah y Elsa, uno de los hombres y guardia de Weselton, no duda en apuntarles a ambos con su arma, dispuesto a matar a Micah y a Elsa.
Antes de que jale el gatillo de la ballesta, Joe, logra levantarle la mano al hombre y exclama el nombre de su compañero – ¡Cleet!– este último le dice mientras toma la flecha antes de que salga disparada – Lo tengo, Joe–.
Logrando hacer que se tranquilice, Micah le dice mientras la trata de controlar – Reina Elsa, recuerde lo que platicamos…–.
Aterrada y aferrándose a que todos la lastimaran, Elsa intenta retroceder, pero Micah la toma del rostro y le pide que se calme – tranquila. Eso es, no la voy a lastimar–.
Consiguiendo tranquilizarla lentamente y poco a poco, Micah rápidamente la abraza mientras le re memoriza la plática pequeña que habían tenido – Todo estará bien, confíe en mí. Shhh, tranquila. Es una ganadora, recuerde eso. Ya les ganó a todos, usted solita– en tanto es abrazada por el hombre, Elsa intenta en vano soltarse, pero en eso, Micah le dice mientras le da unas palmadas en la espalda – Shhh, todo estará bien–.
Negándose rotundamente a aceptar su abrazo e intentando removerse de la muestra de afecto del hombre, Elsa intenta empujarlo, pero Micah no la deja ir.
Pensando que ya está tranquila y estable después de unos cuantos segundos, Micah le informa mientras lentamente la va soltando del abrazo – Venga… Tengo que decirle algo…–.
Guiándola hasta afuera del castillo, no se sabe que es lo que le dirá Micah a la joven, por ello mientras se retiran, los guardias los observan alejarse.
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Regresando de vuelta a Arendelle, Micah logra convencer a Elsa, asimismo logra esconderla para que nadie la vea, mientras se adentran al gran reino de Arendelle.
Al regresar, tiene miradas de odio de parte de los hombres de Weselton, pero de parte de Micah y sus compinches no existen esas miradas de odio, sino de admiración.
Al lograr conversar con ella durante el largo camino y en gran medida también en el castillo de hielo, Micah consigue darle un punto de vista distinto sobre Anna a Elsa.
Logra decirle muchas cosas sobre la libertad y la lealtad.
Aunque negándose, una y mil veces a regresar, y diciéndole la joven que ella misma es un monstruo y un peligro para Arendelle, Micah la logra convencer de volver y de que nada de lo que ella piensa y dice es así.
Micah logro lo innegable.
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A sabiendas de que Anna está mal debido a la maldición y ha empezado a debilitarse, Kristoff y Jack la llevan a la joven hasta Arendelle, donde debe el príncipe en turno, en este caso, Micah, debe salvarla de una muerte segura y agonizante.
– Manténgala a salvo– les pide Kristoff a Kai y Gerda, mientras la llevan devuelta al interior del palacio.
Preocupado por el bienestar de la chica, Kristoff se queda pensando únicamente en el probable dolor que la joven a de sentir.
Pensando únicamente en la chica, se ve interrumpido por Jack quien oculto en un atuendo similar al del chico rubio, le dice – Vamos, Kristoff, esperemos que todo salga bien…– retirándose ambos del lugar.
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Dentro del palacio e impaciente, Micah le dice a uno de los sirvientes, en tanto se acomoda sus solapas de su saco – Está todo listo. Iré a buscar a la princesa Anna– mientras se encamina para ir en busca de la joven.
Indispuesta la servidumbre y mirándose mutuamente, una de las chicas de la misma servidumbre le comenta – Pero eso es muy peligroso…–.
Afirmando plenamente sobre su comentario, Micah le responde – Si, lo sé, pero, si algo le pasa…– quedándose sin palabras, la sirvienta le dice – Si algo le pasa a la princesa, Arendelle solo lo tendrá a usted…–.
Asintiendo todos, tanto Micah como los sirvientes, es en ese preciso momento en que Micah le notifican sobre la princesa – ¡Princesa Anna…! Esta congelada– exclama al instante y al verla, estando algo aterrado y sorprendido al observarla casi débil e incapaz de sostenerse en pie.
– Micah, ayúdeme. Es usted un príncipe, por ello tiene que besarme– le insiste la chica, en tanto intenta besarlo a Micah, debido a que el es un noble y un príncipe.
Viendo su exigencia de que él la tenga que besar, Micah se niega – ¿Qué? Créame que no haré eso–.
Aferrándose más a él, Anna le vuelve a insistir mientras se retuerce de dolor – Ahora, ahora. Me muero–.
Nervioso ante su evidente insistencia y pedido, Micah mira perplejo todo lo que lo rodean, en tanto exclama un – Pero…–.
Siguiendo con los intentos, Anna lo intenta besar, pero no lo consigue.
Incapaz de hacerlo en ese instante, Micah observa a la servidumbre, la cual al final le informan como última cosa – Hay que darles privacidad–retirándose de la habitación, dejan solos a Micah y a Anna.
Estando disponibles para consolidar el beso, Micah recuesta a Anna sobre el sofá, mientras le pregunta a la joven pelirroja – ¿Qué le pasó Anna?–.
Retorciéndose del dolor e incapaz de decirle que fue lo que le pasó, Anna le dice con algo de dificultad – Micah, Elsa me hizo esto con sus poderes–.
Observando el cabello blanco que le está empezando a salir y aparecer, Micah solo expresa una inquietud – ¿Qué? Oh menos mal–.
Mientras le observa el mechón de cabello de tono blanco, Anna lo interrumpe, siendo en ese instante en que grita un inaudible sonido gutural de dolor – ¡Aaaaaahhhhh! Duele…–.
Sintiéndose culpable por lo que le está pasando, Micah solo se limita a nombrarla a la joven, en tanto la misma chica se retuerce del fuerte dolor que siente.
– Congelo mi corazón y solo un acto de amor, me salvará– le comenta, la chica.
Decidido en que la debe besar, Micah lentamente se le acerca, mientras le dice – Un beso, okey…–.
Tomándola de su mentón con ambos dedos, y estando cerca de pactar sus belfos con los de la joven.
Micah…
Micah…
Micah…
Se detiene y luego se reincorpora, mientras le dice como última cosa antes de retirarse de la habitación – Discúlpeme...–.
Atónita al ver que el rubio abandona la habitación, Anna le reprocha por ello, incluso sintiéndose más mal de lo que ya está – ¿Eh? Creí que me podría ayudar. Es usted un príncipe, ¿No?– cuestionándolo por abandonarla, y mirando la puerta siendo cerrada, de repente una voz masculina distinta a la de Micah le responde y la corrige – Temo que no es un príncipe, señorita Anna de Arendelle–.
Girándose levemente para ver a los intrusos dentro de la habitación, no duda la joven en cuestionar lo que está sucediendo – ¿Eh, qué significa todo esto?–.
Siendo un grupo de 10 hombres dentro de la habitación, el líder de estos se le acerca a la joven, y no se tienta en darle su nombre – Me presento, Andrew Mikhail…– agregando en tanto señala a sus hombres de confianza – Mis colegas, Edgar Ross y Archer Fordham. Somos del grupo Anti nobles. Provenientes de Estados Unidos–.
Los Anti nobles, un grupo de hombres que van contra la corona de cualquier reino y que atentan directamente contra la seguridad de cualquier reino, teniendo en su historial muertes, traiciones y conspiración.
Habiéndose presentado delante de la joven pelirroja, es está última la que los cuestiona con una pequeña interrogante al no saber que es lo que quieren – ¿Qué?–.
Débil por la maldición que se cierne sobre su cuerpo, presencia el momento en que Mikhail le comenta – Por fin nos conocemos en persona, princesa– agregando mientras varios hombres la rodean a la joven, dentro de la habitación – Sabemos bastante sobre usted y su familia. Usted si fuera una criminal, probablemente valdría mucho–.
Mientras es rodeada, dos hombres de Mikhail se le acercan y la toman de los brazos y los hombros, en tanto la colocan con rudeza, en una silla y la atan con una soga para seguirla interrogando – ¡Suéltenme! ¡No!– exclama al ser atada como una prisionera, destinada a la peor de las torturas.
Ya estando atada y atrapada por los numerosos hombres, Mikhail reanuda su conversación – Escuché, princesa. Queremos a su hermana. Ella será la reina en todos los sentidos, por ello la queremos–.
Acercándosele peligrosamente el hombre, la chica no duda en cuestionarlo por el cautiverio y la tortura que sufre – ¿Qué demonios son todos ustedes para que me traten así?–.
Mofándose sin que la chica lo noté, Mikhail le responde, mientras se le acerca y la toma del mentón – Somos hombres que pescan hombres… o mujeres– agregando en tanto la aprieta de sus mejillas – Bien, estamos aquí para que usted decliné todo lo relacionado con la reina Elsa, así que… está es nuestra oferta. Retírese de Arendelle y juramos que no la lastimaremos–.
Poniéndole sobre la mesa de que la liberarán si se larga del reino, la joven piensa en tanto le responde; que todo se trata de una broma – No voy a jugar a sus reglas. No voy a irme a ningún lado. Se suponía que…– intentando continuar con su respuesta, se ve interrumpida por Mikhail quien le tapa la boca con la mano, y en tanto le pide con algo de caballerosidad – Ahórrese sus palabras, señorita Anna–.
Una vez que le retira lentamente la mano de su boca, la chica no duda en corregirlo y decirle sobre su rango – Soy una princesa…– mirándolo fijamente y en esos instantes con odio, mientras el malvado sujeto se le acerca cara a cara y la contraataca, diciéndole – Es usted una mujer, como cualquier otra que pasea por todo este maldito reino–.
Matándose furtivamente con las miradas, es en ese instante en que la pelirroja le exige al hombre que traigan de vuelta a Micah – Micah, tráiganlo…–.
Ante la exigencia y la presencia del rubio, Mikhail le niega esa solicitud – Temo que no puedo hacer eso, ¿Quiere saber porque no la beso?– ante la pregunta, y dejándola con un semblante entristecido a la chica, Mikhail le responde a su propia interrogante; comentándole – El príncipe Hans, bueno, debía estar aquí, pero no creo que el haya querido desperdiciar una oportunidad en oro, como la de casarse con la princesa Caine. La reina Caine–.
Atónita ante ese comentario, Anna agacha la cabeza, en tanto le pregunta sumamente molesta – ¿Qué? ¡¿Acaso disfruta jugar conmigo?!–.
Casi a la tentativa de reírse, Mikhail le contesta – Disfruto de la sociedad, señorita Anna. Con sus defectos y con todo– agregando definitivamente mientras se le acerca y la encara nuevamente, y en tanto también la toma con sus manos, de las mejillas – ¡Usted venera la barbarie y morirá como los bárbaros. Usted y todos los que la siguen…!–.
– Todos vamos a morir entonces, señor…– le responde la joven pelirroja, mientras observa al malvado hombre soltarla y dirigiéndose a la salida – Probablemente, solo que algunos antes que otros– le dice mientras abre la puerta y se retira lentamente; no sin antes indicarles a sus compañeros – Hay que vigilarla. Nada puede estropear el plan…–
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Reuniéndose poco tiempo después con Elsa, y nuevamente, Micah al llegar hasta la habitación donde la tiene encerrada, aparece abriendo la puerta y luego de eso, la termina nombrando – Reina Elsa– aburrida la joven mientras está sentada viendo todo lo que sucede por la ventana, voltea a ver al hombre, en el instante en que entra a la habitación.
Resignada a decirle algo, Elsa toma el valor necesario y al instante no duda en preguntarle por el paradero de su hermana a Micah – ¿Dónde está Anna?– negando, aparentemente, sobre el paradero de la joven pelirroja, Micah le responde mientras se le acerca y la toma de las manos, intentando tranquilizar ante la inquietud que poco a poco va apareciendo en la chica – No ha regresado… He llamado a varios grupos de búsqueda y algunos reinos para que nos ayuden a encontrarla–.
En tanto mira con detenimiento su hermoso y atractivo rostro, la joven mientras mira hacia otro lado, no puede evitar pronunciarle lo que siente respecto a Anna, y una vez que la encuentren – No puedo creer que Anna, me haya hecho eso, no creí que fuera a…– tragando dificultosamente lo que Anna le ha ocultado y aceptando las confesiones y secretos de Micah, Elsa niega ante todo, sabiendo que las cosas no marchan bien.
Observando como la joven empieza a sentirse muy mal de forma emocional, el mismo Micah le pide en ese instante en que le aprieta las manos a la joven; que está misma se tranquilice, ya que sus propias emociones están siendo reflejadas con el acto de aparición de pequeños fractales de hielo alrededor de toda la habitación – Tranquila. Aún hay un plan…–.
Sintiéndose culpable e incapaz de todo, la joven platinada junto al hombre son interrumpidos, por uno de los compañeros del rubio, el cual aparece desde la entrada de la habitación para informar sobre el apoyo – Micah. La ayuda ya está aquí, irán a buscar a la princesa Anna– ante la notificación, Micah rápidamente le dice a Elsa mientras la guía hasta la salida de la habitación – Vamos, reina Elsa. Busquemos a Anna–.
Resignada completamente, la joven lo obedece confiada.
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Tratando de encontrar a la princesa Anna, y pasando desapercibido, el muñeco de nieve. Al intentar entrar a la habitación donde está debe de estar, se encuentra con la sorpresa de que la joven está siendo custodiada e interrogada de manera agresiva mientras está atada y amordazada, por unos hombres muy bien vestidos y trajeados.
Atónito ante lo que observa, Olaf no duda en exclamar sin que nadie lo escuché – Oh, no… Tengo que alertar a Jack y a Kristoff– y mientras tiene sus pequeñas manos de rama en su gran boca de nieve.
Sabiendo que algo no anda para nada bien, Olaf rápidamente en la forma en que llegó a la habitación, es la misma forma en que se va en busca de los antes mencionados chicos, para que estos últimos le salven la vida a la joven pelirroja.
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Ante la tormenta de nieve que se marcaba muy fuertemente afuera del reino, Jack, Kristoff y Sven, con algo de dificultad logran continuar.
Mientras caminan lentamente, Kristoff le comenta a Jack – Está tormenta no se detiene– respondiéndole de manera súbita, Jack – Es Elsa, tenemos que detenerla y hablar con ella–.
Mientras ambos chicos intentan moverse con rapidez, el mismísimo rubio le informa – Esto nos está demorando–.
Convencidos de que Elsa está en su castillo y movilizándose hasta el susodicho monumento de hielo, se ven detenidos por el muñeco parlante, quien llega hasta ellos de manera indescriptible e increíble, en tanto les grita que se detengan – Jack, Kristoff… ¡chicos!–.
Lidiando con la tormenta, ambos chicos se voltean instantáneamente al ver al muñeco, llamarlos de manera aterrada.
– Olaf… Se suponía que…– le dice Kristoff, pero no logra concluir sus palabras debido a que el muñeco le informa lo que sucede – ¡Hay que salvar a Anna! Unos hombres la tienen prisionera–.
Sorprendidos ante la noticia de que la joven pelirroja está en peligro, ambos chicos exclaman – ¿Qué?– en eso, Kristoff les dice – No dejaremos sola a Anna–.
Asintiendo y estando totalmente de acuerdo, Jack le contesta con – Estoy de acuerdo…–.
Como si fueran hermanos, ambos chicos se miran mutuamente, en señal de confianza y valentía, y ante eso dan vuelta para ir a Arendelle y salvar a Anna de los malvados hombres que la tienen retenida.
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Mientras Kristoff, Jack, Sven y Olaf van en busca de la chica, Micah logra contactar con otros nobles y príncipes de otros reinos para que lo ayuden a encontrar a la princesa Anna.
En tanto van en su búsqueda, y teniendo Micah a Elsa de su lado, el mismo individuo no deja de meterle ideas a la joven blonda, de que su hermana es una chica conflictiva y ha estado hablando de más, por ello la idea es encontrarla y darle un escarmiento para que se comporte.
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Al llegar al lugar donde la tienen retenida, Kristoff le indica a Jack que no lastime a nadie con sus poderes o sospecharan – No uses tus poderes, Jack–.
Afirmando plenamente, el peliblanco le dice – Okey–.
Mientras están escondidos y logrando llegar hasta el sitio en donde se encuentra la joven, los chicos se ponen a elaborar un plan.
– Yo la salvaré, me necesita– les informa Kristoff mientras les deja en claro que el es más fuerte y más valiente.
Viendo que el joven rubio ha tomado la decisión de ir a salvar a la joven, Olaf no duda siquiera en preguntarles a ambos lo que el hará – ¿Qué haré yo?–.
No sabiendo que hacer con él, y temerosos los chicos de que el muñeco estropeé todo, Jack le indica mejor que se refugie – Escóndete, Olaf, no podrás…–.
Haciendo pucheros como todo un niño y comenzado a insistirles, Olaf les logra rogar de que no quiere esconderse – ¡Ah!, quiero ayudar…–.
Queriendo librarse del muñeco parlante, al final no les queda de otra a ambos chicos que aceptar a que ayude – Está bien, ven. Vamos– le dice finalmente Kristoff, mientras ambos corren hasta la puerta de la habitación donde la tienen encerrada contra su voluntad a la jovial pelirroja.
Observando desde una distancia considerable y percatándose de que se han tardado, Jack logra ver como un hombre de los Anti nobles lleva amordazado a Kristoff, en tanto lo obliga a entrar a la habitación.
Negando que todo eso sea real, el joven peliblanco exclama una maldición – Oh, no… Kristoff, Olaf… ¡Con un demonio!– afrontando a los hombres que tienen retenidos a Kristoff, Anna y Olaf, Jack se encamina para ir y liberarlos.
Viéndose obligado a usar sus poderes, logra detener a 7 de los hombres de los Anti nobles, evitando así que sigan torturando a Anna y que ya estén a poco de empezar a torturar a Kristoff y Olaf.
En un intento de liberarlos, Jack les dice mientras los tranquiliza con un tono calmado – Okey, chicos. Vámonos de aquí–.
Estando a poco de liberar a Kristoff, un arma aparece y le apunta en la cabeza, viéndose interrumpido por el individuo armado que está detrás a sus espaldas.
– Cálmese, señor…– le pide cordialmente el sujeto, que no es ni más ni menos que el mismísimo Andrew Mikhail, quien con una ballesta, amenaza la vida del peliblanco.
Dándose la vuelta para conocerlo en persona al sujeto, Jack se percata de que el arma está rociada en polvo antimagia, la cual disemina y elimina la magia en algún individuo que sea tan fuerte o poderoso como él – ¿Polvo antimagia?– le pregunta confundido al sentir como una vibra débil se apodera de su cuerpo.
– ¿Otro tipo como Elsa?– le pregunta Mikhail a Jack, mientras lo retiene y lo amenaza.
– Si. Aunque usted no lo crea– le responde mientras levanta el peliblanco, las manos en señal de rendición. Agregando en tanto da unos cuantos pasos hacia atrás, chocando ligeramente con la silla en donde esta la joven pelirroja – Adelante, máteme. Total, usted también estará muerto, señor…– no sabiendo su nombre, el hombre trajeado le dice de forma elegante y sin ser descortés – Mikhail. Usted estará muerto, téngalo por seguro, pero yo no– añadiendo mientras parpadea como si el día transcurriera de forma normal – Le ofrecimos un trato a la princesa Anna, pero lo rechazo–.
Negando mientras se ve amenazado e intimidado por el arma, al instante Jack se mofa en un tono inocente – Somos torpes, señor Mikhail– corrigiéndolo mientras le estampa la ballesta en su abdomen, le contesta el malvado sujeto – No, no todos los nobles y tipos como usted lo son, tienen algunos de ustedes, unos cuantos escrúpulos…–.
Al instante menciona Mikhail a su leal contacto y quien está llevando a Elsa a una búsqueda inútil e infructuosa – Nuestro contacto, Micah Bell, ya todos saben quien es. Un príncipe, je je…–.
Asintiéndole, el peliblanco y estando algo perplejo al darse cuenta de todo, escucha también de parte de Mikhail, lo siguiente – Micah Bell, lo atrapamos en las islas del sur; era tan joven… Se ha portado tan bien, que no sabemos que hubiera pasado si Hans hubiera estado en su lugar, señor…–.
Viéndose Mikhail interrumpido en su amena forma de expresar, hace que Jack le diga su nombre completo al malvado individuo – Jack, Jack Frost–.
Convencido y afirmando plenamente de todo lo que dijo el hombre, Jack por un momento finge no sentirse bien, pero al instante le levanta de forma brusca el arma en el aire, mientras ambos forcejean – ¡Agg!–.
Sintiéndose débil cada vez más, Jack se da cuenta de que el no tan corpulento hombre lo termina superando en fuerza, mientras intenta evitar que el sujeto lo intente matar con la ballesta.
– Se está volviendo débil, sin sus poderes, señor Frost– le dice en un tono arrogante y de burla Mikhail, mientras lentamente le va poniendo el arma cerca del rostro.
Débil e incapaz de poder superarlo en fuerza, Jack maldice mentalmente al sujeto mientras continua forcejeando con este.
Estando a poco de acabar con la vida del peliblanco, al instante ocurre un milagro.
Un Kristoff liberado de sus ataduras le dispara una flecha en la cabeza a Mikhail, mientras esté estaba distraído.
– Maldito, hijo de perra– alude el rubio mientras libera a Olaf y ayuda a Jack a levantarse del suelo, después de que vio morir y caer al malvado individuo al suelo de forma espontánea – Levántate, Frost–.
Acercándosele a la joven princesa y viéndose un tanto débil, no puede evitar Jack preguntarle mientras la libera de sus ataduras – ¿Te podemos ayudar, Anna?– afirmando y convencida de que tiene que buscar a su hermana, le dice – Si. Tengo que ir en busca de Elsa–.
Conociendo de antemano que estará en peligro si la va a buscar, y sabiendo que está débil, Jack le contesta con una negación – No, Kristoff, sácala de aquí– convencido de que el asunto lo debe manejar con Elsa, Jack le pide al rubio que se lleve a Anna para no ponerla en riego.
Un tanto débil, y observando el como no quiere Jack que se arriesgue, la joven le exclama sumamente molesta y no dispuesta a obedecerlo – ¡¿Qué?! ¡No!–.
Asumiendo la responsabilidad, Jack le dice – Tengo que ir en su búsqueda, y yo personalmente advertirle–.
Comenzando a sentirse nuevamente fortalecido y revitalizado, Jack usa su bastón y nuevamente se eleva en los aires, en busca de la joven albina, saliendo del lugar por la ventana.
Perpleja al ver que el peliblanco los ha dejado ahí solos, la chica le grita varias veces por su nombre al peliblanco, esperando que la deje ir en busca de Elsa – ¡Jack, Jack!–.
Decidido Kristoff a mantenerla a salvó, le pide a la joven, que se retiren del lugar – Vamos, Anna– indispuesta a obedecerlo, la chica le dice – No. Iré por Elsa–.
Ante eso, la joven pelirroja estando débil, logra correr para ir en busca de la antes mencionada albina.
Negándose a no dejarla ir, y queriendo cumplir el pedido de Jack, al final, Kristoff acepta acompañarla e ir detrás de la joven, en tanto la nombra en más de una ocasión – Anna...–
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Mientras están en la búsqueda de la joven princesa y con la niebla de nieve pisándoles los talones, Micah le dice a la joven blonda, en tanto sostiene una lámpara – Reina, estoy seguro que por aquí vimos a la princesa– agregando, después de que la joven lo voltea a ver – Hay que apurarse a buscar a la princesa, Anna, rápido… rápido–.
Estando a la tentativa de encontrar a la joven pelirroja y estando en el grupo varios guardias y hombres, y nobles distinguidos como Eugene, Rapunzel, Cassandra, Mateo, Elena, Esteban, Naomi, entre otros, no paran de buscar a la chica, mientras el frío de la tormenta los ataca ferozmente.
Después de lo último dicho, y que dijo el mismísimo Micah, Jack le responde a este, en tanto desde su bastón desciende a nivel del suelo – Hay tiempo de sobra, Micah– agregando – Tenemos una charla–.
Al instante en que lo ven al peliblanco, la tormenta se detiene de manera súbita.
No sabiendo de quien se trate, Micah le pregunta – ¿Quién eres?–.
Encaminándose hasta Elsa, y sin quitarle un ojo a Micah, la joven albina por su parte lo llama de manera audible por su nombre al peliblanco – ¿Jack?–.
– Creo que será mejor que confieses todo, Micah. Acabo de ver a un tal Mikhail…– le informa Jack mientras lo empieza a encarar lentamente al malvado individuo.
En tanto lo encara a Micah y sin mirar a Elsa, Jack le avisa a la joven, sobre Anna – Elsa. Anna está bien– agregando mientras se enoja cada vez más – Aunque te veo despreocupada–.
Mirando a todos los nobles, guardias y hombres que en vano se fueron a buscar supuestamente a Anna, Jack no duda en decirles de manera repentina y agresiva – Todos ahora sean convertido en unas ratas– añadiendo mientras lo voltea a ver a Micah – Parece ser que usted, Micah o príncipe, era una uña junto a la carne putrefacta del tal Mikhail–.
Negando todo lo que dice el peliblanco y tachándolo todo de falsos testimonios, le pregunta de manera molesta – ¿Pero de qué demonios estás hablando, Blanquito?–.
Respondiéndole más enojado el mismísimo peliblanco – Nos condenaste a todos… Eso te incluye a ti también, Elsa– procediendo en ese instante a señalar y marcarle esa última parte a la joven platinada.
Negando todas esas supuestas falsas acusaciones, Micah no duda en responderle y marcarle – Todo lo que dices son unas estúpidas mentiras–.
Confundida con Micah y Jack, Elsa los empieza a mirar a ambos hombres. Indecisa en saber a quien hacerle caso o indecisa en que bando ponerse.
Tratando de convencerla, Jack le dice a la joven – Elsa, piensa…– es contraatacado por Micah, quien le dice también a la chica – Reina Elsa. Piense en su hermana y en su futuro–.
Tratando en vano de convencerla, Jack le insiste – Elsa, su amigo de él, me lo contó todo–.
Mofándose de lo dicho por el peliblanco, Micah no puede evitar cuestionarlo y tacharlo de loco – ¿Y te lo crees, Blanquito? ¿Lo crees?–.
– Ahora todo tiene sentido– le comenta Jack, en tanto empieza a enojarse cada vez más.
– No… De eso nada– le dice mientras ladea su cabeza, Micah, y levemente esboza una pequeña sonrisa maliciosa.
Furioso definitivamente, Jack levanta su bastón como si de un arma se tratase y no duda en apuntarle a Micah. Asimismo, Micah no duda tampoco en desenfundar dos ballestas rociadas en polvo antimagia y apuntarle a Jack con ambas armas.
Debatiéndose entre la vida y la muerte, y sin distraerse, Jack le exige a Elsa que recapacite – Elsa… ¡Piensa!–.
Asimismo, Micah le exige también que sea rápida – Elsa, se practica ahora–.
Fulminándose con la mirada y listos para matarse ambos, y siendo observados con asombro y perplejidad por los demás individuos, se ven interrumpidos todos por la extenuante voz de la chica que estaban buscando – ¡Elsa!–.
Al reconocerla y verla, Micah, no duda en llamarla por su nombre a la joven pelirroja, la cual está en compañía de Kristoff, Olaf y Sven – Princesa…–.
Enojada con la platinada, la chica la termina encarando – Elsa, trate de estar a tu lado… ¡Me pusiste una maldición y ahora estoy muriéndome!–.
Asombrada al ver nuevamente a su hermana, Elsa la intenta tranquilizar mientras la joven pelirroja es casi incapaz de sostenerse en pie – Anna, hermana. No sabía. Anna, no…–.
Intentando obtener su disculpa, la joven pelirroja un poco más molesta, la señala – ¡Tú!–.
Mirándola fijamente y un poco con un semblante entristecido, Elsa le dice – No sabía– pero instantáneamente, Anna completa su palabra después de señalarla – ¡Me abandonaste!–.
Atónita e incapaz de no saber que hacer, vuelve Elsa a dirigir su mirada hacia Jack, quien sentencia – Todos ustedes… Será mejor que elijan un bando, porque esto se acabó– agregando mientras no deja de apuntarle a Micah – Oh, ¿todo esté tiempo, Elsa, para esto?–.
– Cállate, Blanquito, cállate… Solo dices tonterías– le responde Micah, en tanto le esboza ya una sonrisa maliciosa y definitiva.
– No. Cállese usted, príncipe Micah. Y baje sus armas– le exclama y contesta, el duque Weselton.
El duque estando indispuesto y para nada agradándole los planes de Micah, incluso todo lo que hizo. En ese momento el duque se pone de lado de Jack mientras le apunta con una ballesta también a Micah.
– Oigan. Vienen jinetes hasta nuestra posición– les avisa Eugene, después de que volteó hacia atrás y logro visualizar varias figuras difuminadas acercándose hasta su posición.
Habiéndose distraído, el duque, Micah aprovecha dicha distracción y no duda en dispararle una flecha a Weselton en su cuerpo.
Cayendo al suelo y retorciéndose de dolor, mientras todos miran su cuerpo morir lentamente, logran escuchar la voz de la joven blonda, tomando ahora sí, una decisión – ¡Ahora!– exclama la joven al extender sus manos en modo de defensa y lista para apuntarles a ambos bandos y congelarlos en el acto.
Los bandos de Jack, Kristoff, Anna, Olaf y Sven, y el de Micah y el resto de hombres y mujeres que están ahí, se ven interrumpidos por la joven platinada que rápidamente, debe saber quiénes son leales y quiénes no.
– ¿Quién de todos ustedes…– les pregunta mientras no deja de apuntarles, agregando, en tanto se va dando varias vueltas para mirar a ambos bandos, pero sin dejar de apuntarles con sus gélidas manos – Está conmigo…– finalizando con – Y quién está en mi contra?–.
Ante esto último, todos por fin se deciden a quien pertenecer.
– Rapunzel, Eugene, chicos, guardias, piensen, piensen en ustedes mismos– les exige con algo de miedo, el peliblanco, al observar como todos se pasan al bando de Micah, incluyendo la mismísima Elsa.
Y mientras les apuntan todos al antes mencionado peliblanco, a Kristoff, a Anna, a Olaf y a Sven.
Estando rodeados y siendo intimidados, Jack no deja de apuntarles con su bastón, en tanto Micah pronuncia sin dejar de apuntarles – Está mintiendo…– agregando nuevamente pero en una exclamación engreída – ¡Está mintiendo!–.
Manteniéndose en un punto muerto, son interrumpidos por un grupo considerable de Anti nobles, que los atrapan con las manos en la masa – ¡Ríndanse todos!– les gritan los hombres a los nobles, guardias y demás individuos enfrascados en el enfrentamiento.
Al ver que se avecinan muchos enemigos hacia su posición, Elsa grita – ¡Maldita sea!– en tanto retrocede con los demás sujetos, y mientras muchos de estos huyen como pueden.
Refugiándose y cubriéndose rápidamente, Jack les pregunta a sus amigos – Kristoff, Anna, Olaf, ¿Están listos?– estos últimos, le terminan afirmando con la cabeza, y en tanto pronuncian – Si…–.
Al instante escuchan la voz de Edgar Ross, gritar en una orden – ¡Bajen sus armas!–.
Visualizándose como el reino de Arendelle es invadiendo por este grupo de hombres, Jack y sus amigos logran huir como pueden hacia el mencionado reino.
Evadiendo con éxito a los innumerables hombres, una vez que se refugian y esconden dentro de un negocio invadido previamente por los Anti nobles, Kristoff les grita mientras los guía a sus amigos – ¡Vamos, tenemos que irnos!–.
Deteniéndose el peliblanco y estando dispuesto a regresar hasta el lugar donde se encontró con Micah y los demás, Kristoff le exige que se mueva – Jack. No ahora–.
Con la decisión retumbando en su cabeza, Jack se decide por fin, y en eso les dice – No, váyanse ustedes, tengo un asunto que atender–.
Incapaz y negándose rotundamente a dejarlo solo, Anna le responde que no – No te dejaremos solo, iremos juntos–.
Fuerte en su decisión y voluntad, Jack le contesta con un tono agresivo, mientras les pide que se retiren – ¡No! Kristoff, llévatela ahora–.
– ¿Qué? ¡No!– le contesta la chica, en tanto observa como Jack está confiado en irse y encarar a Micah.
Retrocediendo hacia atrás para dar una vuelta e ir por Micah, Jack les dice como penúltima cosa – Nos vemos, chicos– encaminándose hasta el sitio, Anna lo llama en reiteradas veces para que regrese – Jack…–.
– Mantenla a salvó– le dice a Kristoff como última frase, y mientras los deja que se marchen a un lugar seguro.
Empezando a llorar y no soportando que Jack haya tomado esa decisión, Anna le grita por su nombre al peliblanco, en tanto a duras penas Kristoff se la lleva de ahí para mantenerla a salvo – ¡Jack!–.
Resignados a dejarlo solo, rápidamente se retiran del lugar, y mientras lo hacen, presencian el momento en que Olaf se derrite de manera premeditada.
Debido a que tienen que huir, Anna, Kristoff y Sven rápidamente se dirigen a las afueras de Arendelle, para nunca (probablemente) volver.
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Afrontando lo que viene, Jack usa su bastón para congelar a varios enemigos, mientras sube a una terraza de un edificio – ¡Vengan aquí, malditos bastardos!– les grita en tanto se tambalea, debido a que subió a dicha terraza con sus manos y no usando sus poderes.
Habiendo congelado a 4 sujetos y estando distraído, Jack al darse la vuelta es sorprendido por Micah, quien lo embiste para iniciar el combate.
– ¡Por fin te atrapó, Blanquito!– le exclama Micah, sumamente molesto, y mientras lo toma de la ropa a Jack para posteriormente golpearlo – ¡Eres una rata, una rata!– le contesta con agresividad, Jack, intentando congelarlo.
Siendo golpeado varias veces en el rostro, Jack pierde sus poderes en ese momento, debido a que Micah usa una bolsita de polvo antimagia y se la estampa en la cara, como una piedra, deshabilitando así sus poderes del peliblanco.
Ante su respuesta del peliblanco, el malvado rubio le informa con un tono fuerte y agresivo sin dejar de estampar sus nudillos en el rostro del mencionado chico – ¡No, soy un sobreviviente, y eso es lo que importa!–.
Lográndole bloquear unos cuantos golpes, Jack lo toma de sus ropas a Micah y teniendo un fuerte forcejeó, lo jala hacia su posición para luego tirarse juntos de la terraza, cayendo al suelo de manera adolorida y brusca.
Siendo un espacio abierto, tanto para Jack como para Micah, y estando en el suelo se retuercen de dolor.
Reincorporándose lentamente, es Micah quien toma de su abrigo a Jack y rápidamente lo empieza a golpear en el abdomen y en el rostro reiteradas veces – ¡Oh, Blanquito, tanto te esmeras en ganar!–.
– ¡Eres un hombre muerto!– le responde Jack, en tanto le bloquea unos cuantos golpes y logra atacar.
Matándose a golpes, Micah le da con ambas manos, con las rodillas, demostrando así que es mejor combatiente cuerpo a cuerpo que el guardián de la diversión y de los poderes gélidos.
Logrando también golpearlo, Jack a duras penas se puede defender. Usando también sus puños y rodillas, logra casi derribarlo.
Intentando matarlo, Micah usa su fuerza física y bruta para intentar después de tantos golpes, estrangular al peliblanco, pero este último se libra golpeándolo en el abdomen y evitando que Micah lo mate ahorcándolo.
Reiterándose sus fuertes puñetazos, después de golpearse en el rostro, pecho, abdomen y haber forcejeando, Micah nuevamente en un intento por matar a Jack, lo derriba para luego darle varios puñetazos en el rostro, en tanto Jack estando en el suelo intenta a duras penas bloquearle y detenerle varios golpes.
Quitándoselo de encima, Jack estando débil por la dura pelea que mantuvo y pareciéndole eterna, al haber sufrido más daño físico intenta arrastrarse por el arma de Micah, la cual está tirada en el suelo.
– En este mundo hay ganadores y perdedores, y nada más que eso– le menciona Micah, después de que fue apartado bruscamente por Jack, quien lo golpeó para quitárselo de encima.
Viendo el mismísimo rubio, como el guardián se arrastra, lo toma de la parte de atrás de su abrigo y lo levanta bruscamente.
Pero al levantarlo del suelo, Jack le da un fuerte golpe en el rostro a Micah con su propia arma de este último, después de que la logro tomar estando en el suelo.
Cayendo al suelo y totalmente agotado, débil y adolorido por el combate, Jack comienza a jadear excesivamente por el gran esfuerzo físico que tuvo que hacer para enfrentarlo al rubio, y sabiendo que perdió sus poderes.
Consiguiendo darse la vuelta, comienza a arrastrarse por la misma arma que tomo después de que la lanzo más lejos de su posición, debido al fuerte golpe que le había propinado a Micah – Oh, Blanquito, perdiste– le dice Micah, en tanto se reincorpora y lo sigue lentamente por detrás mientras lo ve a Jack arrastrarse difícilmente por el suelo.
– Probablemente, Micah… pero gane más de lo que te imaginas…– le contesta mientras está cerca de tomar el arma que está en el suelo.
Mientras se arrastra con el fin de tomar la arma de Micah, como última forma de defenderse, Jack débilmente se ve interrumpido por una zapatilla de cristal gélido, que no es ni más ni menos que de la gran reina de las nieves – Es suficiente, Jack. Se acabó– le dice la joven después de pisarle la mano a Jack y mientras lo observa moribundo al debilitado peliblanco.
– Oh, Elsa. Es una rata, tu lo sabes, yo lo sé– le responde mientras la observa desde el suelo, estando ya casi muerto y muy mal herido.
Intentando convencerla de que no caiga en ninguna de las palabras de Jack, el mismísimo Micah le comenta – Vamos, reina Elsa, está delirando y además dice puras tonterías. Vamos, podemos lograrlo– añadiendo mientras intenta acercársele pero estando casi incapaz de caminar hasta la joven – Vamos, ganamos–.
Volteándose ligeramente en posición decúbito dorsal y tosiendo sangre, mientras mira desde esa posición el pequeño mentón y el atractivo busto redondo de la chica, Jack interfiere en lo último dicho por Micah, y le dice a Elsa – Kristoff y Anna, ganaron. Yo lo intente, y al final al menos lo intente. Te di todo, cuando eras una niña–.
Entristecida al no saber que hacer, Elsa retira su pie lentamente de la mano de Jack, en tanto dice a secas – Yo...–.
Mirando como agoniza el peliblanco y estando sumamente decepcionada, levanta su mirada y al instante la dirige hacia Micah, el cual sigue alabando que han triunfado – Vamos, Elsa, podemos lograrlo…–.
Mostrándose indecisa, su mano empieza a temblar, tentándose en acabar de una vez y por todas con el conflicto, pero al final, la joven decide hacer una última cosa…
Decide dar un paso hacia adelante…
Y luego varios pasos hacia atrás…
Hasta darse la vuelta…
Y retirarse definitivamente…
Viendo Micah que Elsa no confía en nadie más y observando el como la joven se ha decepcionado de todo y de todos, el mismo Micah le empieza a insistir que regrese, considerando que aún son ganadores – Elsa… ¡Reina Elsa!–.
Negando que la joven ya no crea en él, Micah empieza a casi hacer un berrinche de coraje.
Decidido en terminar con todo y asumir la victoria que le corresponde, Micah toma su arma y al acercársele a Jack, no se tienta el corazón en vociferarle – ¡No eres mejor que yo, "Jack"!–.
Débilmente e intentando levantarse, Jack con mucho esfuerzo, únicamente alza la cabeza para decirle con un tono algo débil y rasposo – Lo que tú digas, idiota…–.
– Te condenó…– le responde Micah, en tanto prepara la ballesta y se la encañona a Jack, cerca de su cabeza.
– ¡Nos condenaste a todos!– le grita de manera valiente, Jack, siendo así la última cosa que salió de sus labios.
Una vez que Jack le grita, Micah no duda en dispararle una flecha en la frente al peliblanco.
Muriendo el chico al instante y siendo el hazme reír de parte del malvado y enloquecido, Micah Bell – ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!–.
Habiéndose burlado, Micah se retira triunfal, de vuelta al reino de Arendelle, para posteriormente autoproclamarse como nuevo rey.
Visualizándose por otro lado el cadáver de Jack; siendo así la imagen de que al menos lo intento, sabía que todos habían sido condenados.
Y murió sabiendo que esa susodicha condena más grande y escabrosa, estaba ya presente.
Nunca debió haber sido así.
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En poco tiempo, Micah se apropio de Arendelle y se autoproclamo como rey legítimo del gran reino noruego, asimismo le declaró la guerra a otros reinos e invadió su propio reino donde fue criado, las islas del sur. Acabo con todo y de una vez y por todas, y con todos, expandiéndose de manera monstruosa hasta convertirse en un tirano, y haciendo hincapié en que los más fuertes solo sobreviven.
Por otra parte, Kristoff pudo salvarle la vida a Anna, demostrando incluso que la amaba más de lo que se imaginaba, liberándola de su maldición, y viviendo con ella, de una manera apacible y tranquila.
Por otro lado, Elsa busco esperanzas en otro lado, buscando mucho más allá.
Terminando así este fic.
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Notas del autor:
Hola nuevamente lector.
Este fic fue una sorpresa y una locura, no se cómo quedó así que si… locura.
Este fic es el final malo, nuevamente lo reitero.
Está vez les traje un fic distinto a otros antes vistos, pues en esta ocasión se me había ocurrido locamente, hacer un fic donde Hans fuera reemplazo por Micah Bell, el antagonista principal de Red Dead Redemption 2.
Hacer este fic fue un poco difícil, ya que baraje ideas e ideas para hacer este fic donde aparecerían los eventos de Frozen 1 mezclando el final de RDR2.
Los cambios para este fic son:
Primero: se elimino la mayoría de descripciones que contienen a Hans como el personaje indicado y se modificaron para poner en su lugar a Micah Bell, asimismo se agregaron personajes compañeros de este último.
Segundo: a partir del momento en que supuestamente Elsa lucha contra los hombres de Weselton, ahí se comienza con la idea de que Micah manipule a Elsa. Para la idea de que Micah manipule a Elsa consistió todo en base a la manipulación que el mismo Micah le hace a Dutch Van Der Linde. No vemos que ideas le mete en la cabeza.
Tercero: originalmente no estaría incluido Jack en el fic, pero él es parte de la razón para Elsa en varios fics que tengo pensado y que haré a futuro.
Cuarto: originalmente había dos ideas para Hans. La primera era eliminarlo completamente y la segunda era ponerlo junto a Micah, pero al final decidí ponerlo en otro sitio para así dejar entre ver que si Hans no hubiera estado, quizás otro sujeto lo hubiera reemplazado y hubiera hecho lo que en esencia Hans no pudo hacer.
Curiosamente, Hans y Micah se parecen mucho. Son arrogantes, presumidos y muy odiados por muchos y amados por otros (la mayoría quienes los admiran son mujeres), asimismo llevan prendas que indican que son los héroes de la historia (saco blanco en Hans y sombrero blanco en Micah), también se consideran aptos y mejores que sus propios compañeros y amigos, además de que manifiestan que sus propios hermanos los odian. Ambos interfirieron con los héroes de sus respectivos medios (Hans con Elsa y Anna, y Micah con Arthur Morgan y John Marston), asimismo son unos traidores muy malvados, diferenciándose mucho y también son muy manipuladores (Hans perdió contra Elsa y Anna, pero Micah ganó, matando a Arthur Morgan en Red Dead Redemption 2 y en Red Dead Redemption 1 de manera indirecta provoco la muerte de John Marston, por lo cual, Micah gano incluso cuando él mismo ya había muerto después de todos los eventos de Red Dead Redemption) Sus coincidencias me llaman la atención en todos los sentidos.
Quinto y último: este fic es el final malo, así que esperen el final bueno.
Bueno lector es todo, espero traerles más fanfics y también el final bueno, el cual me demorare en traer.
Nos leemos pronto y espero estén bien.
