Disclaimer: Historia completamente mía; personajes de sus respectivos autores.

Inspirado en un Fanfic Helsa y en el futuro incierto de Jack Marston.

No sé cómo haya quedado lector, espero esté bien.

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Advertencia: Delicadeza, locuras y más locuras.

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Hacia tiempo que Hans había sido devuelvo a las islas del sur para cumplir con su castigo.

Tenía por ley que trabajar día y noche, constándole miradas de odio y humillaciones más viles que los que se les hacen y pueden hacer a una mula.

Destinado a la peor vida de su patética existencia, todo cambio cuando conoció a la hermosa, ladrona, duquesa y estafadora alemana de nombre Laura Caine.

Una hermosa y atractiva mujer que era muy frecuentada para consejos y labores dentro del reino pequeño de las islas del sur.

Verla rondar por todos lados era de lo más jugoso para Hans, pues le encantaba mirar sus atrayentes atributos como sus hermosas facciones, su cuello blanquecino y sus exuberantes curvas perfectas y pechos casi descubiertos por el corsé del vestido.

Era una Diosa perfecta para Hans.

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La primera vez que le dirigió una mirada y una llamada fue cuando la despampanante mujer, estaba leyendo en el patio del enorme salón.

Verla tan distraída y con los ojos tan relajados, mostrándose con mejor calidad sus enormes pestañas, fue algo totalmente imprevisto para Hans. Nunca había tenido la osadía de verla tan sexy.

– Sirviente. Tráigame más té– perdido en la inquebrantable belleza que mantenía la chica, Hans pestaño y reaccionó confundido, estaba más que claro que se había dejado llevar por la atrevida mujer.

– Eh, eh, como ordene. Madam– le respondió, en tanto no quería en ningún momento apartarse de ella, pero viéndose obligado a hacerlo.

Caminando torpemente para ir y traerle lo que le había ordenado, se topo con su hermano Lars, quien al parecer también estaba fascinado por la increíble belleza de la hermosa chica – Fíjate por donde vas… Escoria– le pronuncio mientras trataba de mostrarse elegante, en tanto iba hasta donde estaba la hermosa mujer.

Al verse humillado como un perro maltratado, lo único que pudo hacer Hans, fue inclinar su cabeza e irse cobardemente en busca de la tasa y los instrumentos de té.

Estando en la cocina preparando el té y unas cuantas galletas para dárselas a la hermosa mujer. Hans se enlisto para volver con la jovial castaña, pero al regresar, vio algo que perdidamente lo dejo atónito.

Su hermano estaba penetrando literalmente por detrás a la chica.

Casi desnuda, y siendo un espectáculo para el pervertido de Lars, a Hans le quedó muy en claro que la mujer que el deseaba, no era más que una cualquiera.

Escondiéndose detrás de los prominentes arbustos que rodeaban el lugar, espero a que Lars se retirará.

Al irse el despiadado y algo pervertido pelirrojo, de unos cuantos años mayor, Hans entro en escena, fingiendo que no había visto nada.

Vislumbrando su rostro de la joven, con un semblante de satisfacción tan candente y rosando con el placer sexual, Hans le informo con la vajilla de té y galletas, que ya traía lo que la joven le había pedido – Su té, madam–.

Caine al estar algo atontada por lo que le había pasado, lo único que le dijo fue – Llévatelo, creo que necesito despejarme–.

Atónito y parado enfrente como todo un idiota, presenció el momento en que la joven se largaba, rechazándole el té y yéndose de manera un tanto torpe por el acto que tiempo atrás había hecho.

Hans en ese instante se dio cuenta de que la duquesa no solo era hermosa, era una mujer que podría hacer lo que quisiera con cualquiera de los ineficientes pelirrojos que habitaban por todo el lugar.

Algo desilusionado, se marchó a seguir recibiendo órdenes de sus capataces.

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Por la noche no podía dejar de pensar en lo hermosa que era la chica.

La había observado manosear a Lars, a Caleb y a su mismo hermano mayor, Klaus.

Era una mujer muy libertina.

También no podía dejar de pensar en librarse de sus hermanos y estar con la joven, y hacerla suya.

Mil veces pensaba en huir y secuestrarla, pero nunca llegó a eso, o al menos no podía intentarlo.

Acostado en las afueras del castillo, vislumbro la figura perfecta de la joven.

Reflejada dicha figura a través de las cortinas y la luz del fuego, era la imagen perfecta de toda una verdadera mujer.

Algo satisfecho, volteo a todos lados, para ver si nadie le impedía lo que estaba a punto de hacer.

Viendo en todas direcciones que no había nadie que lo pudiera frenar, Hans se trepó a la columna alta hasta llegar hasta el ventanal de la hermosa chica.

Perdido en la belleza de la joven, se vio sorprendido al ver que la chica estaba montando de manera repentina al desquiciado y loco de Lars Westergaard.

Hans al mirar a la castaña montar con total libertad y placer al maldito de Lars, no podía contener las ganas de entrar y estrangular a su hermano, pero no lo hizo.

Estando algo enfado al observar a Caine montar en un vaivén salvaje a Lars, Hans lo único que pudo hacer fue bajar de la columna.

Pero al bajar, no contó que el capataz y los que lo traían con la regla en mano, lo fueran a castigar – ¿Qué demonios estabas haciendo allá arriba?– le pregunto un hombre corpulento y barbudo, acompañado de una mujer regordete.

Incapaz de decirles algo y responder ante su presencia ahí arriba y cerca del ventanal de la joven, Hans se quedó mudo.

Un castigo duro le esperaba.

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Días después…

Limpiando el estiércol de los caballos en el establo y con una marca grande y morada en su ojo izquierdo; se mostraba Hans muy deprimido.

Su deseo de estar con la joven y de mirarla a más no poder, lo había llevado a un castigo duro.

Por pervertido y obsceno, su castigo implicó en darle una brutal paliza, también en golpearlo con el látigo, una y otra vez, y en no darle de comer en días.

Prácticamente Hans se lo había merecido.

Adolorido e imposible en mantenerse de pie, intento continuar trabajando, hasta que miro con su único y sano ojo, como alguien se acercaba hasta donde estaba él.

Era la hermosa señorita Caine, quien había llegado para alimentar a su fiel corcel de nombre Axel.

– Hola. ¿Quería saber si ya estaba limpio el lugar donde mi adorable Axel, esta?– le pregunto, después de haberlo saludado y mientras lo observaba con sus brazos en sus caderas y mostrándose ella misma algo arrogante delante del torturado pelirrojo.

– Ya…– le respondió con algo de dificultad y debilidad.

Asintiendo ante su afirmación de que todo estaba limpio, la joven castaña, le dijo – Muy bien– sin ningún preámbulo, entro al pequeño sitio donde estaba su caballo, y luego de eso, comenzó a alimentarlo con algunos frutos secos y dulces.

Hans estando un poco cansado, espero a que la chica terminara de alimentarlo al caballo.

Después de unos cuantos minutos, la joven salió triunfal del pequeño sitio, mirando con elegancia a Hans, en tanto este último estaba casi desmayado por la falta de alimentos y por los golpes que no habían sanado y que traía en todo el cuerpo.

Un tanto preocupada, se sentó a su lado y le pregunto con algo de curiosidad – ¿Estás bien?– incapaz de responderle, Hans solo se le quedó viendo, en tanto se terminaba por desmayar por completo.

Algo asustada al verlo al instante caer de manera fatídica al suelo, la chica le insistió en que se levantará, pero Hans no se levantó.

Con el miedo escalando por todo su cuerpo, la joven decidió irse y no volver.

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Por la noche, la chica volvió al establo, solo para encontrarse que Hans estaba aún desmayado en el mismo sitio.

Estaba más que claro, todos lo habían dejado casi morirse, pero la chica se empezó a preocupar por él.

Sin importarle nada más que salvarlo, Caine entro con valentía al establo, y lo comenzó a atender como era debido al pobre pelirrojo.

Le dio un poco de agua y algo de alimentos.

Comiendo y bebiendo el líquido de manera dificultosa, y en tanto sus propios ojos aún están cerrados.

Algo tensa y un poco satisfecha al verlo que aún estaba vivo, le informo – Voy a tratar de cuidarte– agregando mientras miraba, si no había alguien por ahí – ¿Qué clase de hombre le puede hacer esto a otro hombre?–.

Casi incapaz de hablar, Hans le respondió con la voz inentendible y con los ojos llorosos – Lars…– al verlo hablar, la joven no dudo en taparle la boca y decirle – Cállate tonto. Si alguien te oye, me dirán de cosas. Por favor guarda silencio–.

A partir de ese momento, la joven en secreto lo estuvo cuidado sin que nadie se dieran cuenta.

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Con el pasar de los días, Caine logro curar a Hans y fortalecerlo a como era antes.

Debido a su increíble recuperación, la joven se sorprendió mucho al ver como el cuerpo algo escuálido de Hans había nuevamente adquirido sus atractivos músculos.

Sin lugar a dudas, lo había ayudado y se había maravillado ella misma.

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Aquella noche, después de una larga jornada de trabajo en el palacio y en los establos.

Durmiendo en la paja dentro de la misma estructura del establo, Hans fue visitado por la chica, quien llego para felicitarlo por su sorprendente recuperación – Hola, Hans. Venía a traerte algo de comer–.

Mirando su muestra de afecto y cariño, Hans no duda en agradecerle – No te hubieras molestado, Caine. Gracias–.

Al ver su ligera sonrisa y escuchando como si fuera música su voz aterciopelada, la joven le niega de manera juguetona y le dice – No, de verdad, necesitas comer más–.

Afirmando plenamente ante lo que le dijo, Hans se sienta en una pequeña mesita que tiene ahí dentro del lugar, y luego espera a la chica a que se una a su pequeño festín de alimentos.

Comiendo a su lado, la joven le dice – Me sorprendiste mucho, Hans. Pensé que eras un hombre horrible, pero ahora me doy cuenta de que eres tan lindo. Me gustaría pasar más tiempo contigo–.

– Gracias, señorita Caine– le contesta, en tanto también come lo que la joven le trajo de obsequio.

Aliviados mientras consumen el preciado y nutritivo alimento con algo de carne y verduras, Hans para tratar de romper el silencio, le pregunta – Lars, ¿No sabe que estás aquí?– parpadeando un par de veces, la mismísima chica le dice – No. Me monte arriba de él, para que se quedará durmiendo un rato–.

Un tanto convencido por la declaración de la chica, Hans no puede evitar soltar un suspiro, sumado con una afirmación – Entiendo, espero no se de cuenta de nada–.

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Después de un momento de haber comido y saciado su apetito, la irracionalidad de Hans va haciendo acto de presencia.

Al parecer al estar por fin sano después de días en los que estuvo agonizante y cerca de la muerte, por fin empieza a dejar entre ver su verdadera cara.

Cerrando la puerta, y arrinconándola contra la pared a la joven, Hans le dice mientras está detrás de ella y la empieza a toquetear a más no poder – Eres hermosa, no se porque te metes con mis patéticos hermanos. Ellos te ven como una cualquiera, pero yo…–.

– Tú también me ves como una golfa… ¡Aaaahhh!– le responde, interrumpiéndolo y mientras siente en ese preciso instante, el momento en el que Hans le introduce su mano por debajo de la falda.

Excitado al verla y deleitándose al observar como la misma chica se le ofrece de manera exponencial, acercándole su redondo trasero hasta el regazo de Hans, este último le declara mientras le retira y le deja caer el vestido al suelo – Eres mía–.

Jadeando a más no poder e incapaz de responderle ante lo dicho, la chica le abre las piernas a Hans para que esté empiece con el acto.

Esperando a que el pelirrojo la penetre, la joven grita muy sorprendida al sentir como el miembro masculino de Hans es más grande y duro que el del mismísimo Lars Westergaard, que es un tanto pequeño.

Moviéndose rápidamente y estampando sus glúteos contra una parte de la cintura de Hans, la joven castaña logra reprimir un grito un poco fuerte, al conseguir taparse su boca, con ambas manos.

Sintiendo que Hans está cerca de derramarse por una ligera tensión que siente de su parte, rápidamente la chica le pide que se descargue afuera – No, sácalo, sácalo… ¡Aaaaaahhhhh!–.

Una vez que grita la hermosa chica castaña, el pelirrojo le hace caso omiso y se descarga dentro de la antes mencionada joven, logrando así, salirse con la suya.

Fatigada un poco por la rudeza con la que Hans la trato, le dice con algo de nervios y un poco temblorosa – Tengo que irme– levantando sus cosas, incluyendo su ropa, Hans le avisa como última cosa antes de dejarla ir, y en tanto suspira aliviado de que por fin se complació con la joven – Te veré dentro de poco. Dije que eres mía, así que todo lo que sea tuyo me pertenece. Si te a través a abandonarme, le diré a mi hermano que eres una cualquiera y que te acuestas hasta con el capataz. ¿Te ha quedado claro que me tienes que follar, todas las noches?–.

– Si– le responde, finalizando y saliendo a duras penas y manteniendo su semblante de nervios y miedo, y en tanto se viste y regresa hasta el palacio.

Al verla irse de manera repentina y torpe, y sabiendo que no la dejara sola nunca, Hans sonríe ligeramente, dando por hecho que la chica es de su propiedad y que hará lo que quiera con ella.

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Tiempo después…

Días, semanas, meses, sirvieron para que muchas veces, la joven señorita Caine lo fuera a buscar a Hans, para mantener relaciones íntimas y sexuales con este último.

Tantas veces fueron las veces que lo consulto al grado de que tanto el pelirrojo como la misma joven se complacieron perdidamente y satisfactoriamente.

Que ella lo montará, le practicara felaciones, y lo complaciera, era toda una regla avariciosa, incluso dejando a Lars y describiéndolo a este último como un impotente, prefiriendo a Hans, miles de veces.

Por su parte Hans, la había penetrado por detrás, una y otra vez, e incluso le encantaba también masturbarse o introducirse por debajo de la falda de la chica para satisfacerla de forma oral, era algo que no podía detener y evitar.

Tanto fueron sus encuentros que no estimaron en lo presumiblemente indescriptible: Que la chica quedará embarazada.

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Después de sus innumerables encuentros, se sabía que Caine estaba por dar a luz a su futuro bebé.

Por el palacio y castillo ya se sabía de antemano y ya se corría el rumor de que el padre del bebé, era probablemente uno de los hermanos de Hans, pues no sé sabía quien era, solo se sabía que el niño probablemente sería pelirrojo.

Por otra parte, la chica, ella misma trato de ocultar su evidente y exponencial vientre, pero estando tan abultado y grande le fue imposible.

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A poco tiempo antes de dar a luz, en la noche en la que estaba cerca, se escabullo de su habitación del palacio hasta el establo donde, siempre mantenía sus encuentros con Hans.

Sabiendo el mismo pelirrojo que el era el padre, tenía por ley que asumir su responsabilidad, pero era muy arriesgado.

– Hans, ¿Qué haremos si descubren que tú eres el padre?– le pregunto, la chica, mientras estaba acostada en la paja, y dentro de uno de los establos para algún caballo, mirando la joven con detenimiento a Hans.

Buscando soluciones para afrontar la situación de tener a su hijo en las islas, sabiendo que ninguna le brindaría ayuda, Hans le informo – Trataremos de huir– tomando asiento a un costado de donde estaba la joven, está última le dice que no puede irse – No puedo, me comprometí con tu hermano Lars– agrega, en tanto lo toma del rostro al apuesto pelirrojo – Piensa él, que el es el padre. Solo me acosté con él, pocas veces– le menciona.

Teniendo la sensación de que están perdidos, Hans le dice – Oh, bueno…– en tanto se pone de pie y mira por un hueco en la pared le comenta – Cuando des a luz, te ayudaré a salir de aquí–.

Preocupada ante su comentario, la chica lo intenta corregir, diciéndole que no puede irse.

Pero Hans la interrumpe, mientras se inclina y se sienta a su lado, en tanto la toma del rostro para darle un beso dulce y decirle – Te amo mucho, Caine. Podré quedarme a cumplir mi condena, pero no dejare que mi hijo muera o lo estigmaticen aquí–.

Cautivándose por sus palabras, la chica le dice después de exclamar con algo de adoración – Oh, Hans… Gracias. También, yo te amo– al instante le corresponde el abrazo y el beso, volviendo este último muy apasionado.

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Horas después…

Empieza la laboriosa labor del parto.

Siendo tan joven como la gran reina de las nieves, la joven castaña de manera inexperta intenta dar a luz a su primer bebé.

Mientras está aferrándose a una especie de barrillas de madera, la chica empieza con la labor rápidamente de pujar.

– ¡Hazlo! ¡Ya casi!– le pide Hans, mientras la sostiene de la mano y le da la motivación para que pueda conseguir expulsar al pequeño ser que estará lleno de vida, dentro de poco.

Gritando por el dolor y la dificultad, la joven termina expulsando a su pequeño ser.

El bebé ha nacido.

Escuchando el llanto repentino del pequeño bebé, Hans rápidamente acude a cortarle el condón umbilical y arroparlo con una manta.

Dando por hecho que el hijo de ambos a nacido.

– ¿Dime qué es?– le pregunta la joven mientras no para de sudar y con la curiosidad de saber y conocer a su pequeño bebé – Es una niña– le responde Hans, mientras mece a la pequeña nena en sus brazos.

Conociendo a su hija, la joven sonríe ligeramente y un tanto débil, para posteriormente cerrar sus ojos y dormir.

Decidido a entregarle a la pequeña niña, Hans no duda en preguntarle – Caine, muñequita. ¿No te gustaría, cargar a nuestra hija?– mientras la mece se la intenta ofrecer a la joven castaña, pero…

Algo anda mal…

– Muñequita, ¿no quieres a nuestra hija?– le vuelve a preguntar, el pelirrojo, intuyendo algo indescriptible – Caine, Caine…– a partir de ese momento en que ve que la joven, no le responde, Hans, empieza a llamarla, una y otra vez.

Aterrado se da cuenta de lo más escalofriante que le puede pasar a una mujer después de dar a luz – ¡No, no, no, no, no! ¡Caine!– se da cuenta de que ya no se mueve, la chica.

Se da cuenta de que está muerta.

Asustado al ver a su amante y madre de su hija, Hans deja a la pequeña junto a su madre, en tanto la nena empieza a llorar a más no poder.

Hans al ver que su chica que ha fallecido, abandona el establo, para no regresar.

Lamentándose miles de veces, ya que le prometió a la joven que nunca la abandonaría.

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A la mañana siguiente…

Una sombra misteriosa se acerca lentamente, y sin más, recoge a la pequeña niña envuelta en una manta mientras está duerme – Hola, bebita– le dice una voz femenina de una de las sirvientas, mientras la mece.

Mientras abandona el establo, la chica de la servidumbre, pasa delante de los encargados del lugar.

– No creí que mi mujer, mi chica… le fuera a pasar esto y que fuera también la zorra de Hans…– exclama, Lars al tener enfrente el cuerpo inmóvil de la joven castaña.

Estando en presencia la reina de las islas sureñas, algunos guardias, sirvientes y hermanos del hombre que se lamenta aparentemente, la mujer y antes mencionada reina le dice – Debiste haber elegido a alguien más apta. Llévense el cuerpo de esta inútil– ante lo último dicho, los guardias toman el cuerpo de la castaña y lo llevan a un hueco donde lo van a posteriormente a enterrar.

Negando todo y maldiciéndose a más no poder, la reina al instante le pregunta a uno de sus guardias – ¿Y mi hijo?–.

Algo conmocionados, por como lo encontraron, le confiesa el susodicho guardia – Está muerto. La sirvienta del turno de la madrugada lo encontró lamentándose, intento evitar que lo hiciera… Se colgó en la cocina–.

Negando sutilmente, es en ese instante en que pasan unos guardias con una camilla y un cuerpo, recubierto con una manta.

Al retirar la manta, la reina ve a su hijo. Hans Westergaard, ex príncipe sureño, muerto. Aparentemente se colgó con una soga, ya que no había soportado la perdida de la mujer que le dijo alguna vez "Te amo".

Sería al ver a su hijo con ese tono blanco y pálido, la reina, lo único que hizo fue darle la orden a los guardias de que se deshicieran del cuerpo.

Dando por hecho que Hans y Caine eran los padres de la pequeña niña.

Y también quedando marcado que la pequeña niña, nunca sabría quienes fueron sus padres.

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Tiempo después…

En una visita diplomática, los reyes de Arendelle arribaron a las islas del sur para tratar temas de suma importancia.

Como parte del la instrucción y preparación que tenía que tener Jack, quien había sido elegido rey por parte de la joven albina, empieza a refunfuñar – No entiendo, ¿Por qué tenemos que venir?–.

Dándole la respuesta mientras caminan al palacio de las islas del sur, Elsa le dice con un tono coqueto y casi bufonesco – Jack, Jack. Es importante que aprendas cómo dirigir y tratar asuntos de nuestro reino–.

Casi burlándose la joven, provoca que el chico peliblanco termine refunfuñando aún más que cuando estuvo en el barco que lo trajo a las islas – Esto es detestable–.

Riéndose como una niña traviesa, Elsa le dice – Claro que no, Marion– ante ese llamado, Jack la corrige, diciéndole – Soy Jack– finalizando, la joven con – Está bien, Jackson Marion Frost–.

Estando en la entrada principal del palacio, se quedan a la espera de que los habitantes o uno de estos los reciba con los brazos abiertos, siendo el quien los recibe, ni más ni menos que el mismísimo Lars Westergaard, quien los saluda, una vez que les abre la puerta y los ve – Bienvenidos, rey y reina de Arendelle. Veo que vienen a firmar para el reabastecimiento y el equipamiento para su gran y esplendoroso reino–.

Manteniéndose formal como toda una verdadera reina de un valeroso pueblo, Elsa le responde con elegancia – Si, príncipe Lars, vera…–.

Comenzando con las formalidades, es interrumpida por Jack, quien a manera de broma le pregunta a Lars – ¿Es usted muy parecido a un tipo llamado, Hans, verdad?–.

Confundido e incapaz de reconocer a su hermano, Lars solo le dice – ¿Disculpa?–.

Mirándose mutuamente ambos hombres, siendo uno de ellos quien está a la espera de que el otro le de una respuesta clara sobre Hans, se ven interrumpidos por la intervención instantánea de Elsa, quien le dice a Lars – Nada, mi marido, dice cosas sin sentido… A lo que íbamos–.

Dando una visita completa para los futuros acuerdos entre sus respectivas naciones, y después de las elecciones que toman en cuanto a la economía de sus pueblos.

Llega el momento de pasar a la sala de juegos o salas de recreación, donde Lars los lleva tanto a Jack como a Elsa, para que descansen un poco y se des estresen.

– Y bien está es nuestra sala y guardería infantil, si quieren pueden llevarse a uno de los miles de bastardos que vinieron a traer mis putos hermanos, a este mundo– le informa con haraganería a los dos chicos, en tanto los mira con un semblante burlón.

Algo inquieto por la manera en que Lars se dirigió a sus hermanos, es el mismísimo peliblanco, quien le pregunta al sureño antes mencionado – Eh, ¿Por qué les dices así?–.

No queriendo revelarle nada sobre porque el odio hacia sus hermanos, Lars le dice vagamente – Por nada, olvídenlo, los voy a dejar. Disfruten la maravilla–.

Retirándose del lugar, deja a Jack y a Elsa para que observen a los pequeños niños jugar y correr por todo el lugar.

Muy enternecidos ambos al observar que la mayoría de niños son bebés, es en ese instante en que Jack le indica a Elsa – Se ven adorables, pero todos son…– añadiendo Elsa con un semblante tierno y algo inquieto – Pelirrojos, un poco rubios, castaños…–.

En tanto la joven platinada mira a todos los niños, niñas e incluso bebés, jugar y gatear por el suelo, es en ese preciso instante en que observa a una pequeña niña de cabello castaño y con un mechón rojizo y muy diferente a los demás niños, jugando ella solita con unos cubitos de madera.

Enterneciéndose al mirar a la pequeña niña hermosa y solitaria, Elsa no duda en jalar a Jack para que dirija su mirada hacia la pequeña – Jack, ¿Qué me dices de la nena que está jugando con esos cubitos pequeños de madera?–.

Observándola por unos cuantos segundos y dándose cuenta de que la pequeña es diferente a todos los demás niños, Jack le dice a Elsa – Se ve adorable–.

Enternecida la joven blonda a más no poder, exclama en tanto ladea su cabeza y la mira a la pequeña niña jugar – Ah, Jack...–.

Fijándose la joven platinada en que ningún niño juega con la pequeña, decide acercársele.

– ¿Qué haces, no me digas que la irás a ver más de cerca?– le pregunta el joven peliblanco a la chica, debido a que está no se resiste ante la dulzura e inocencia que desprende la pequeña niña.

– Se ve linda, es una bebita– le dice, la chica, y con la idea en mente de convivir un rato con la pequeña.

Caminando unos cuantos pasos, logra llegar hasta la pequeña y distraída niña.

Al dirigirse, en ese instante los niños dejan de jugar y lo único que hacen es quedársele viendo únicamente.

– Hola, nenita linda. ¿Cómo estás?– le pregunta Elsa a la pequeña niña, mientras se inclina hasta sentarse en el suelo y mirarla con mucho enternecimiento.

No pudiendo la pequeña, sonreírle y comenzar a balbucear, la pequeña le muestra sus pequeños cubitos de madera y de colores, como si le dijera que está jugando con ellos.

Sintiéndose tan halagada de que la nena le intente decir algo, Elsa le dice con ese férreo enternecimiento – Oh, eres una cosita hermosa…–.

Continuando con sus balbuceos, la pequeña niña, sin siquiera pensarlo, le extiende sus pequeñas manitas para que la joven la levanté y la cargue.

Casi cerca de mostrarle esa muestra de afecto, la joven platinada se ve interrumpida por la voz rasposa y decrépita de una mujer – Veo que quiere a la hija de mi hijo, ¿No es así?–.

Dándose la vuelta mientras aún está sentada en el suelo, Elsa se levanta y le pregunta a la mujer que le hablo – ¿Disculpe, usted es…?–.

Estando la dichosa mujer en compañía de sus hijos, unos cuantos guardias y sirvientes, no puede evitar recordarle a Elsa, su verdadera identidad – La madre y reina de este maldito reino–.

Recordando ahora sí a lo que se refiere, Elsa pronuncia casi en un tono como el de un murmullo pero audible – Catherine–.

Mirando la reina madre del reino sureño por unos cuantos segundos a la pequeña niña, decide comentarle a Elsa – Si. Veo que quiere a mi entre comillas, "Nieta"–.

Un tanto perpleja, al ver que la reina madre aparentemente no acepta del todo a la pequeña niña, Elsa le pregunta un poco confundida – ¿Quiénes son sus padres?– a lo que la reina madre la corrige en esa interrogante – ¿Quienes no son sus padres?–.

Atónita la platinada ante esa nueva cuestión, le pregunta – ¿Qué quiere decir?–.

Manteniéndose elegante como siempre, la reina madre, está misma le informa – La zorra de su madre de esa niña, se acostó con mi estúpido e inútil hijo, que estuvo apunto de matar a la innombrable que tengo, aquí adelante, y con la que estoy hablando–.

Sabiendo a quien se refiere y dando por hecho que la mujer a pesar de ser reina, es muy estricta y aparentemente muy grosera, Elsa dice – Hans…–.

Mostrándole una sonrisa maliciosa la decrépita mujer, al darse cuenta de que Elsa no es del todo tonta como aparenta, le dice – Si, así es. Mi hijo y una golfa, tuvieron a esa mocosa– ante eso la señala a la pequeña, con la cabeza, agregando en tanto no le quita ni un ojo de encima a la joven platinada – No entiendo porque tenerla aquí, en mi guardería. Si es una deshonra para mí familia, y probablemente para la inexistente familia de su madre–.

Sabiendo con esas frías palabras, que la mujer es una persona falta de emociones, sin escrúpulos y muy resignada a faltarle el respeto a otros, se da cuenta de que odia a la pequeña niña y que al parecer no la quiere y no la quera nunca.

Elsa no puede evitar cuestionarla, ya que la pequeña niña no tiene la culpa de lo que sus progenitores hicieron – Es una niña. Ella no le hace nada–.

Casi lista para congelar a la malvada mujer, rápidamente se ve interrumpida por Jack, quien interviene para evitar que la joven albina cometa alguna sensatez – Elsa, ¿Sucede algo?–.

Furiosa e incapaz de decirle a Jack lo que pasó, la chica solo se limita a decirle – No, ya nos íbamos–.

– Muy bien, espero no volver a ver pestes en mi reino– le responde la reina madre, en tanto ladea ligeramente su labio a manera de sonrisa perversa, y en tanto se da la vuelta y se retira, dando por hecho que estaba esperando a que Elsa la congelara para en ese instante cortar nexos con sus respectivas naciones.

Tanto Elsa como Jack caminado de vuelta hasta el barco que los trajo hasta ahí, deciden irse de regreso a Arendelle.

La pequeña niña, habiendo contemplado como los adultos aparentemente discutían, no se quejo ni un segundo, pero al observar que la chica platinada estaba por largarse y dejándola solita, no puedo evitar empezar a llorar.

La pequeña estaba casi todo el día sola, los sirvientes venían y le daban de comer, para nuevamente dejarla sola, y nunca saber de la boca de la servidumbre: ¿Dónde estaba su madre?

Observando a Elsa como si fuera su madre, la pequeña niña con su llanto la empezó a llamar a la joven para que regresará.

Elsa casi lista para largarse definitivamente e incluso subiendo la rampa para subir a su barco, se detuvo cuando escucho a la pequeña niña llorar, una y muchas veces en ese instante.

Deteniéndose mientras ingresaba al barco, Elsa se dio la vuelta y en una caminata acelerada regreso.

– ¿Qué?– le pregunto Jack al mirarla muy decidida al volver.

Caminando seriamente y escuchando como un llamado los lloriqueos fuertes de la pequeña, Elsa le informo a Jack lo que pasaba – Jack, si dejamos a esa pequeña ahí, la matarán. No durará nada, si a su padre probablemente lo mataron y a su madre también, necesito llevarla a esa bebita conmigo–.

Dándose cuenta de la valentía de la joven blonda, Jack intenta detenerla y evitar que se la lleve a la niña – Pero, no es nuestra hija– excusándose, pero Elsa dando por hecho que no la abandonará – Será parte de nuestras vidas, yo la quiero, y juro que no la dejaré aquí…–.

Algo petrificado por la contundente decisión que tomo, no le queda a Jack otra opción que aceptar todo lo que quiera Elsa.

Elsa al llegar hasta la pequeña niña y cargándola definitivamente en sus brazos, al instante en que la abraza y la mece una y otra vez, le dice con un tono dulce y aterciopelado – Tranquila…–.

Dándole un cobijo con su cuerpo, es en ese instante en que la pequeña poco a poco se va quedando dormida, dejando de llorar.

– Es adorable…– dice Jack al acercarse y aceptar lo que por un momento no iba a aceptar.

Abrazando a Elsa por detrás y mirando junto a está última a la pequeña, Jack decide con un poco de nervios preguntarle a Elsa – ¿Cómo se llamará?–.

Incapaz de reconocer que clase de nombre le habrían puesto, le dice la chica en respuesta al joven peliblanco – No creo que le hayan puesto nombre–.

Arrullándola hasta que la pequeña niña estando un poco contenta se duerme, Elsa le dice a Jack, después de pensar en como se llama o como se llamara – Ya sé. Tu nombre es y será Mary Beth–.

Aceptando ambos chicos que la pequeña niña hermosa lleve ese nombre, después de eso, Jack declara lo que evidentemente es la más verás y correcta decisión – Eres nuestra, pequeña. Ahora y en adelante–.

Regresando con la pequeña niña hasta el barco que los llevará a Arendelle, vuelven al mencionado reino con la noticia de que criarán y cuidarán a la pequeña.

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Por la noche y después de varias actividades que concretaron con la pequeña, deciden por fin descansar.

Leyendo un poco un libro de la biblioteca, Jack observa el pequeño momento en que la joven platinada entra a la cama, y después de haberse puesto su ropa de dormir – Jack, estuve pensando que fue lo que le habrán hecho a sus padres de Mary– le menciona la chica.

Dejando el libro en la mesita de noche y listo para dormir, le menciona lo que cree – Tal vez los mataron–.

Estando de acuerdo en eso último y dando por hecho tal vez eso, Elsa le dice – Si, probablemente, aunque…–.

– Está bien, necesito descansar, Elsa. Ser rey no es fácil– le informa, interrumpiéndola y bostezando en tanto se va quedando dormido lentamente y acogedoramente.

– Está bien, hasta mañana– le responde como última cosa, sabiendo que al haberlo elegido a Jack como rey, su tarea de este último no ha sido para nada divertida ni fácil.

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Después de dormir unas cuantas horas, empieza a escuchar ligeramente los llantos de la pequeña niña.

Somnolienta la joven blonda, decide levantarse de la cama e ir a la habitación que le asignaron a la pequeña niña – Mary, hola, mi niña hermosa– la saluda al entrar a la mencionada habitación.

Cargándola al instante y meciéndola para que se tranquilice y se duerma, le dice después de varios minutos de suma tranquilidad – Yo se que será para mí muy difícil ser parte de tu vida, nunca me instruyeron para esto– agregando mientras se acerca a la pequeña ventana de la habitación, y observando fijamente a la gran y resplandeciente luna; iluminar la mediana habitación – Haré mi mejor intento…–.

En tanto la mece y la mira a la pequeña niña, Elsa le dice con un tono elegante y formal, y también como si se presentará – Soy la reina Elsa de Arendelle, tu madre. Estoy orgullosa de acogerte como mi legítima y única hija… Hasta que probablemente quiera darte un hermanito… Hasta entonces como dije, eres mi primer y única hija–.

Una vez que finaliza su presentación con la pequeña, está última en tanto lentamente se va quedando dormida, le extiende sus pequeñas manos para que la joven la abrace – ¿Quieres que te abrace?– le pregunta la joven platinada al darse cuenta de que la niña la quiere muchísimo.

Enterneciéndose al mirarla fijamente, es en ese instante en que después de balbucear un poco la pequeña, está misma le dice como primera y única cosa; siendo la palabra más dulce e inesperada – Mama–.

De manera imprevista, Elsa una vez que observa y parpadea atónita, la manera en que la pequeña niña la llamo, no puede evitar abrazarla tan fuerte al grado de que no piensa ni un segundo en desprenderse de ella.

– Ven aquí, mi dulce bebita…– le dice mientras la abraza con más profundidad y como se hace hincapié: En el amor que puede darle una madre hacia su propia hija.

Terminando así este fic…?

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Epílogo

Años después…

Siendo aún reyes, Jack y Elsa lograron críar y guiar por el buen camino a su hija Mary Beth.

Aunque desde que la antes mencionada era una niña, los dos reyes habían pensado en darle un hermanito, lo cierto es que nunca pudieron tener un nuevo bebé, principalmente porque Elsa era infértil, y perdieron las esperanzas de darle alguien con quien jugar.

El tiempo que la criaron les permitió aprender muchas cosas y ver mucho más allá, y nunca rendirse.

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Esa mañana tan temprana y tan cansada para ellos, una joven Mary Beth de 17 años, llegó a la recamara de sus padres, solo para moverlos e intentar hacer que se levantarán – Despierten, despierten… Es hoy…– les mencionó, tan emocionada.

Siendo el vívido reflejo de su madre, era como ver una versión muchísimo más joven de aquella mujer, pero sin el tatuaje de rosa con calavera que ocultaba la dichosa mujer, y sin las marcas que está obtuvo después de tantas cosas que en vida hizo.

Insistiéndoles en que se levantarán, la chica sin siquiera dudarlo les quitó las sábanas, lo cual provocó un poco de incomodidad en sus progenitores, la cual se vio reflejada en Jack, quien le pregunto un poco malhumorado – Mary Beth, ¿Es muy temprano para que nos despiertes así?–.

– Papá, es demasiado temprano para ir a ver los preparativos de mi cumpleaños– le respondió la joven, en tanto lo tomaba del brazo y lo jalaba para que se levantará.

Fatigado por el esfuerzo de levantarse temprano y después de sentarse en la cama, Jack le dijo – Está bien, danos un minuto–.

Mary Beth estando a la espera, solo se limito a sonreírles y a bajar a ver un poco más los preparativos para su cumpleaños donde cumplirá los 18 años.

Estando completamente solos a partir de ese momento y con su ropa únicamente para dormir, deciden tomar impulsos y levantarse definitivamente de la cama.

– Mierda, Elsa... Parezco Norte– le dice el peliblanco al mirarse en el espejo del tocador.

Visualizando desde el mencionado espejo, una figura que parece como si no fuera la de él, pero siendo totalmente su propia figura.

Se observa asimismo con un bigote, barba y patillas prominentes y de tono castaño, lo cual lo hace un poco parecido al guardián que casi es como una figura paterna para él.

Mofándose del pequeño parecido entre ambos, Elsa le dice – Jack... Casi eres igualito a él– después de eso, la mujer se sienta en el tocador para posteriormente maquillarse.

Observando una risita burlona de parte de la mujer que ama, Jack le responde con algo de seriedad – Espero no se burle ese maldito canguro–.

– Je, je, je– le exclama en respuesta Elsa mientras se mira en el espejo y observa desde este, como Jack se está colocando su ropa distinguida de noble.

Elsa mientras se maquilla se mira algo y ligeramente distinta, viéndose ya no como una joven, sino como una mujer madura decidida y muy sabía.

Y al igual que Jack, Elsa se nota con su alguna vez resplandeciente cabello rubio platinado un poco despintado, obteniendo el color que su madre fallecida, alguna vez tuvo.

Poniéndose su ropa de digna reina de un colorido reino fuerte y próspero, baja en compañía de Jack, hacia el salón donde se preparaban los preparativos para el cumpleaños de la joven castaña.

Observando como va gente de un lado a otro, logran ver a su hija, diciendo una y mil veces – Tiene que ser perfecto, perfecto–.

Estando en el lugar la ex princesa y también alguna vez reina, Anna. Elsa se reúne con la antes mencionada pelirroja, madre de dos niñas de casi 10 y 8 años, y escucha de parte de parte de esta misma – Veo muy ilusionada a Mary Beth, Elsa–.

– Es su cumpleaños, hoy– le contesta la albina mientras toma asiento y no le quita ni un ojo de encima a la joven castaña, la cual juega y convive con sus primas, hijas de la ex princesa Anna.

– ¿Cómo lo sabes?– le pregunta debido a que nunca les revelaron el dato de cumpleaños y día de nacimiento de Mary Beth.

Algo conmovida y mirando de reojo a la pelirroja, Elsa le dice – Su dizque abuela, me lo dijo. Después de una visita diplomática–.

Refiriéndose en su totalidad a la reina madre sureña, Anna le afirma a Elsa, con la cabeza – Oh–.

Manteniéndose tranquilas y serenas en los asientos donde se encuentran, miran el momento exacto en el que su prima de ambas, Rapunzel, se le acerca a la joven Mary Beth y le dice unas cuantas cosas inentendibles.

Un tanto inquieta, por ver el semblante molesto de parte de la alguna vez cómica Rapunzel, Elsa le pregunta a Anna, en tanto mira algo perpleja el momento – ¿Qué hace…?– mirando como la señala y aparentemente la estigmatiza, es en ese instante en que observan como Rapunzel la hace llorar a la joven castaña.

Atónitas ambas hermanas, exclaman al unísono – ¡Dios! ¿Qué le dijo a Mary Beth?–.

Decidida en saber porque la joven castaña se larga entre sollozos y lágrimas, Elsa se reincorpora de su asiento y le dice a su hermana como última cosa, en tanto está última está sorprendida – Discúlpame, Anna, vuelvo enseguida…–.

Dirigiéndose con Jack para que esté también trate el asunto – Jack…– y estando este último ocupado con los preparativos, este mismo acata al llamado de su mujer – Elsa, ¿Sucede algo, cariño?–.

Sintiéndose incapaz de responderle, Elsa le dice – Nuestra hija, se fue corriendo– agregando mientras le pone sus pequeñas manos en el pecho al mencionado peliblanco – Sabes, habla con Rapunzel, yo hablaré con nuestra hija–.

No sabiendo porque tiene que hablar con Rapunzel, Jack intenta preguntarle, pero al final solo le dije – Entendido–.

Dándose la vuelta, Jack se dirige hasta Rapunzel, la cual se muestra molesta ante todo, incluso se muestra furiosa con su esposo Eugene.

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Un poco temerosa por como debe de hablar con su hija, Elsa se queda parada en la habitación de la joven.

– Mary Beth, Mary Beth...– la llama después de escuchar sus sollozos y llantos ligeramente audibles.

Dándose cuenta de que está triste su hija, Elsa abre la puerta lentamente y al mirar por toda la habitación, al instante ve a su hija tumbada en su cama mientras no deja de llorar.

Volviéndola a llamar, la joven Mary Beth le responde con tanta furia, al grado de que le levanta la voz, y estando aún tumbada en la cama – ¡No me hable!–.

Al escuchar su fuerte grito, Elsa le pregunta por la manera en que la joven se dirigió hacia su persona – ¿Por qué me hablas así?–.

En ese instante, la chica le contesta, diciéndole el porque está tan furiosa y sumamente triste – ¡La tía Rapunzel, me dijo que no soy tú hija!–.

– ¡¿Qué?!– exclama Elsa al darse cuenta de que Rapunzel le dijo algo a Mary Beth que nunca debía saber.

Sorprendida ante algo inevitable, escucha a su hija añadir, estando aún molesta – ¡Dijo que soy hija de una prostituta!–.

Poniendo su rostro aún más atónito de lo que ya está, intenta Elsa convencerla de que la "vieja" Rapunzel se ha equivocado, diciéndole – Mary Beth, lo que dijo la tía Rapunzel son puras mentiras. Eres mi única hija–.

Pero no creyéndole en ninguna de sus palabras, la chica le grita, a sabiendas de que le miente – ¡No me mientas, dime si eres mi verdadera madre! ¡No tengo tú cabello, ni tus poderes, ni los de papá!–.

Incapaz de saber que hacer, Elsa le dice perpleja – Mary Beth, hija mía…–.

Parpadeando un par de veces y dispuesta a decirle la verdad y nada más que la verdad, Elsa toma asiento en la cama de la joven, y a partir de ahí empieza.

(Sugerencia, colocar el tema de Deadman's Gun de Ashtar Command)

– No quería decirte esto, ni tampoco quería revelarte nada… pero ya que has dejado de ser una niña y ahora eres casi una mujer, una chica muy fuerte y muy decidida, he decidido que es tiempo de decirte la verdad… Lo cierto es que… Eres la hija de una ex duquesa que antiguamente estafo y le robó al reino de Corona– le confiesa la verdad.

– ¿Qué?– exclama ligeramente la joven, y luego de levantar su cabeza tumbada sobre las sábanas; asombrada ante dicha parte.

Manteniéndose aún incapaz en confesarle todo, Elsa le agrega – También eres hija de un ex príncipe… Que había intentado matarme a mí y a tu tía Anna. Tus padres murieron hace mucho tiempo. Uno de sus hermanos de tu verdadero padre hizo una inspección a sus cuerpos. Tú padre se quitó la vida colgándose con una soga y tú madre perdió la vida después de haberte dado a luz. Te recogí de las islas del sur porque tú abuela Catherine y sus hijos, probablemente te hubieran matado y no te cuidarían, debido a que eres para ellos casi una vergüenza–.

Al escuchar todo eso, la joven se levanta y se sienta en su propia cama. Mirando a Elsa, no puede creer que todo lo que ella le diga, sea verdad.

Sentándose a su lado, observa como la rubia, está empezando a desprender las primeras lágrimas, pues nunca le iba a decir esa parte, pero en ese momento se vio forzada a contarle la verdad – Créeme que he sido tú madre, desde que te traje aquí a Arendelle. Te crie junto a Jack. Ambos te criamos y te consideramos una hija…– le informa, en tanto no puede contener más las lágrimas.

Observando la joven, que para la reina le fue difícil todo eso, está última agrega, mientras le levanta la mirada y le posa su mano en su mejilla – No te culpó si a partir de ahora no nos quieres, pero seguirás siendo nuestra hija…–.

Manteniéndose en unos incómodos momentos de tristeza, soledad y silencio, estando triste, de igual forma, la chica no duda en preguntarse ella misma, pero con un tono débil – ¿Así que lo que dijo la tía Rapunzel, es verdad?–.

Elsa en ese instante, le termina negando y respondiendo, sin quitarle aún su mano de su mejilla de la joven – No, no lo es…– añade mientras no deja de llorar – Lo que tú madre fue alguna vez; una duquesa, es lo que tú nunca serás. Eres diferente, porque te crie y te cuide para que decidas ir por un camino diferente… Eres mí hija, y aunque tus hijos y sus hijos, y sus hijos de estos sean distintos, recordarán por siempre y para siempre que yo fui tu verdadera madre–.

No pudiendo ocultarle una sonrisa de esperanza, Elsa le esboza este gesto, sabiendo y dando por hecho que ella es la madre única y auténtica de la joven.

Después de dedicarse unas miradas comprensoras, y habiéndose tranquilizado, Elsa le dice – Te quiero mucho, porque siempre serás mi hija, aunque yo no te haya concebido ni te haya visto nacer, eres mi niña por siempre y para siempre…– casi incapaz de reconocer eso, al final la joven le termina dando un fuerte abrazo a su madre – Yo... También te quiero mucho, mamá. Gracias– le responde mientras ambas profundizan este enternecedor abrazo.

Después de darse esa muestra tierna y de afecto, Elsa le dice como última cosa mientras se reincorpora de la cama – Feliz cumpleaños, Mary Beth...– respondiéndole, está última con – También... Feliz día de las madres, mamá…–.

Ambas se retiran de la habitación, dejando muy en claro que son y serán madre e hija por siempre y para siempre.

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Varios años después…

Mary Beth ya no era una niña, el paso del tiempo, de los años, la habían convertido en una hermosa mujer fuerte y valiente, siendo ahora la reina de Arendelle.

Asimismo era también esposa de un decidido rey y madre de una hermosa niña que se parecía demasiado a ella.

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Estando en época invernal, de pie junto a su hija de 6 años, mirando un pedazo de piedra e inclinada ligeramente a manera de respeto, Mary Beth empieza a dedicarle a ese pedazo, unas cuantas palabras – Todo este viaje, cada momento, toda esa felicidad que me enseñaste, me ha servido para ser una buena madre, una buena mujer sabía y fuerte. Una reina leal a lo que importa. No importa si ya no me puedes ver, o si ya no estás entre nosotros, te quiero mucho, mamá, y tú nieta Elizabeth, también te quiere mucho. Ya que serás siempre nuestra motivación… En tu nombre y memoria, mamá. La reina Elsa de Arendelle. La reina de las nieves–.

Casi soltando una lágrima, Mary Beth con suma tranquilidad y delicadeza deposita unas pequeñas rosas, en la lápida de quién fue alguna vez su madre.

Dando por hecho que ahora es libre y descansa en paz.

Despidiéndose con una inclinación respetuosa, Mary Beth finaliza todo, cargando a su pequeña hija y caminando tranquilamente hasta alejarse del sitio.

En tanto se dirige de vuelta a casa, su pequeña hija le sugiere – Mami, ¿podemos ir por algo de comer?– enternecida al ver a su hija, no puede evitar decirle de forma afirmativa – Claro, mi niña–.

Continuando con su caminata, después de unos cuantos pasos, la niña le dice como última cosa y dándole un beso en la mejilla – Mami, te iba a decir que feliz cumpleaños y feliz día, mamá–.

Enternecida por la felicitación, Mary Beth le responde – Gracias, mi dulce princesita– correspondiéndole también con un beso en la mejilla.

Terminando así está historia.

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Notas del autor:

Hola nuevamente lector.

Espero estén bien.

Bueno, ¿creían que este era el final bueno del anterior fic?. Bueno, la verdad no lo voy a subir el final bueno hasta que lo tenga listo, será dentro de unos cuantos días.

Está vez les traigo un fic donde prácticamente su temática es sobre el día 10 de mayo; el día de las madres.

Bueno, los cambios son los siguientes:

Primero: Este fic originalmente sería protagonizado enteramente por Hans y Lady Caine, en la cual ambos en la idea original tenían 4 niñas, las cuales serían cada una la propia personalidad de Lady Caine.

Segundo: otra idea no era matar a Hans, ni a Lady Caine, sino que tuvieran que sufrir en las islas del sur, hasta que la chica le propone a Hans irse a Arendelle, donde esté último no es aceptado y nunca llegara, asimismo su final es que nunca llega a ver a su hija crecer.

Tercero: otra idea era que Jack y Elsa si tenían hijos, pero al final descarte eso debido a que quería centrarme en Lady Caine.

Uno de los hechos de darle el protagónico a esta villana fue porque generalmente es hasta el momento junto a muchísimos personajes, uno de los que rara vez se hablan y tratan, asimismo Lady Caine es mi personaje favorito después de Elsa, Tiana, Sadie Adler, Mercedes Cortez, María Latorre, Lola Bunny y Mary Linton.

Cuarto: durante la creación de este fic y en la parte donde coloque la sugerencia musical Deadman's Gun, me sentí emocionalmente triste, pues me conmovió.

Esto de conmoverme y llorar es porque generalmente siento que es una parte para desarrollar y encariñarse con los personajes. Es emotivo.

Puede que esté loco, pero me apasiona ver un futuro prometedor o desconocido en cualquier historia.

Quinto y último: antes de hacer este fic pensé en una historia más larga, pero realmente quería algo sencillo para este día.

Y bueno lector es todo, espero en unos días traerles el final bueno del anterior fic. Estense al tanto.

Sin más, me despido y nos leemos pronto.

Hasta pronto.

Feliz día de las madres, feliz 10 de mayo.