Disclaimer: los personajes no son míos, pero, la historia sí.

Inspirado en Frozen 1 y 2, y en Red Dead Redemption 2.

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Advertencia: Final Bueno.

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1840.

El floreciente reino noruego de Arendelle miraba siempre hacia un futuro prometedor, resplandecía como una flor de luz, viva y fuerte como siempre.

Era conocido como el reino más grande y honrado en toda Europa, asimismo era conocido como el gran reino dedicado al comercio y a sus nexos con otros reinos importantes.

El pueblo tenía fieles reyes los cuales eran padres de dos hermosas niñas llamadas Elsa y Anna, que eran las futuras herederas en el gran reino noruego.

Elsa y Anna eran las princesas más juguetonas, hermosas, tiernas y queridas en todo el reino de Arendelle.

Como hermanas se querían, por ello siempre jugaban y se hacían bromas como cualquiera de las niñas de su edad.

Todo la diversión y el jugueteo se habían caído a un precipicio del que nunca iban a salir, después de lo que había ocurrido en el accidente que las marcaría a las dos chicas, por siempre.

Elsa había lastimado accidentalmente a su hermana, por ello cuando los padres de las pequeñas se enteraron y vieron con sus propios ojos lo que había ocurrido, llevaron a la pequeña pelirroja accidentada con los trolls para que fuera tratada y salvada de manera mágica.

Eso era tan solo el comienzo, porque las tragedias no dejarían de venir…

La pequeña Elsa fue encerrada por sus propios padres para que en un intento un tanto infructuoso controlará sus inestables poderes.

Asimismo, los reyes del floreciente reino, un tiempo después se propusieron ir en busca de lo desconocido para saber que era lo que le estaba pasando a su pequeña niña de cabello rubio, sin saber que ese sería el último día que volverían a ser vistos con vida.

La muerte que les llegó fue irreparable y marco a las dos pequeñas niñas del reino de Arendelle de una forma trágica.

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Las islas del sur.

Un reino pequeño y colorido de nacionalidad danesa, era el reino con un mayor número de príncipes, destinados a encontrar su propio destino en otro lado.

Uno de los hombres solteros y busca fortunas, era el ideal para ir a proponerle matrimonio a una de las solitarias princesas del reino de Arendelle.

Debido a que todos ya tenían sus propios destinos marcados, solo dos príncipes estaban solos en ese mundo.

Hans y Micah Bell.

Hans, el decimotercer príncipe era el indicado para ir y proponerle matrimonio a la joven heredera al trono, pero todo cambio cuando una princesa alemana y ex duquesa se enamoró perdidamente de él y le propuso que no fuera a Arendelle, pues la joven se convertiría en unos cuantos días en reina y el puesto para el pelirrojo estaba ya más que asegurado.

Entonces si Hans no podía ir a Arendelle, su hermano menor y adoptado, Micah Bell III Westergaard, sería el que iría en su lugar, para asumir la responsabilidad y traerle paz a ambos reinos.

Micah era diferente a Hans, pues resulta que era un hombre violento y más fuerte que sus propios hermanos mayores, ya que no era del todo hijo del rey sureño, y en su lugar era hijo de un bandido asesinado en una persecución cuando el joven Micah tan solo era casi un niño, aunque se cree que él mismo Micah emboscó a su propio padre.

Aún así fue adoptado por el rey sureño y se había ganado el respeto total de todos y todas, dentro del vanagloriado reino.

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Los planes para todos cambiaron, no se enviaría a Hans, sino a Micah, el cual era el ideal para conquistar a la princesa heredera única y disponible.

Con una fuerza tan equiparable como la de Hans, un semblante salvaje y diferente a este último y de cabellera rubia, Micah era el hombre perfecto para ser el futuro rey o príncipe consorte del reino de Arendelle.

Fue enviado en la ceremonia de coronación de Arendelle, siendo el sustituto de Hans y siendo alguien diferente a este.

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Aunque Micah, no era el único pretendiente.

La corona inglesa, tenía también a su propio candidato y también fiel caballero para asumir la corona de Arendelle.

Jackson de Frost, un príncipe inglés tan joven y más apuesto que Micah.

Un chico que sería el polo opuesto de los nobles sureños, y que destacaría como el único pretendiente limpio en la corona de su propio reino.

Jack era tan jovial como la joven heredera al trono, asimismo y al igual que la joven, ocultaba el hecho de que tenía los mismos poderes que ella, pero siendo totalmente más fuertes y poderosos que los de la propia chica.

Jack al igual que Elsa, había nacido con esos poderes, pero diferente a la joven, Jack supo y aprendió a como usarlos.

Su deber no solo sería convertirse en el príncipe consorte o rey, sino mostrarle a la joven Elsa, como manejar sus poderes.

Por ello, el día de la coronación había llegado y era el perfecto escenario para conversar con la chica.

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En plena coronación y con los nervios de punta de tener que asumir el puesto y teniéndose que quitar los guantes para asumir el cargo, Elsa miro en un reojo a Micah, el cual le termina sonriendo y saludando de manera sutil, asimismo, ve a Jack, el cual y de igual forma, le dedica una sonrisa, pero en este caso, le muestra su excelente y perfecta sonrisa blanquecina.

Temerosa después de mirar a ambos hombres, acepta sin ningún remordimiento el duro cargo que recae en dirigir un enorme reino que alguna vez comando su difunto padre.

Iniciando después de la coronación, en poco tiempo después el baile y la celebración, la joven princesa Anna después de haber bailado con el duque Weselton y haber conversado con la joven monarca, mientras parlotea y se pasea por todo el palacio, no mide muy bien sus pasos y se termina cayendo de forma desprevenida al suelo, pero Jack, que estaba en escena, aparece y la logra atrapar como todo un caballero, impidiendo así que la chica estampe su delicado rostro contra el suelo.

Previamente ya se habían conocido, pero ahora iban a conversar más a fondo.

Tomando las solapas de su saco, Jack le dice a la joven princesa – Es una suerte que la encuentre nuevamente, princesa–.

En tanto se miran mutuamente y Anna lo invita a bailar, Jack se muestra como todo un verdadero hombre, siendo el amo en la danza junto a la joven pelirroja.

Mientras bailan, Jack le comenta – Se ve hermosa, princesa Anna– sintiéndose honrada ante la declaración del peliblanco, la joven le dice con un ligero sonrojeo – Gracias, usted también se ve genial, príncipe…– mirándose en ese instante con un ligero gesto de satisfacción, la joven no duda en preguntarle – ¿Viene de muy lejos, no es así?–.

Asintiéndole mientras la lleva a través de la danza por todo el lugar abarrotado de nobles, Jack le dice en respuesta – Así es, princesa. La verdad vengo de Inglaterra. Mi familia es muy adinerada–.

Asintiendo con ese resplandeciente sonrojeo, Anna le dice con un ligero ladeo de ternura – Entiendo–.

Continuando con su relajante danza y dándose una mirada de comprensión mutua, una vez que pasan cerca de uno de los que ofrecen bocadillos, la joven princesa decide ofrecerle unos cuantos chocolates, siendo muy respetuoso Jack y aceptando su ofrecimiento – Mmm, muchas gracias, princesa–.

Comenzando a reírse la chica, mientras Jack come con delicadeza los suaves y cremosos chocolates, en ese instante aparece Micah con un semblante sereno y tan elegante como el que rara vez muestra Jack.

Apareciendo el rubio y ofreciéndole su mano a la joven princesa.

Anna claramente y negándose a ser descortés, en ese preciso momento decide aceptar la mano de Micah.

Siendo avisada del hombre, Anna decide probar con el susodicho hombre, su gentileza.

En tanto bailan con un poco más de tranquilidad, Anna le pregunta – Micah, ¿no es así?. Tengo entendido y me notificaron que vendría su hermano Hans, me preguntó ¿Cuántos hermanos son en su familia?–.

Mientras dan giros delicados por todo el escenario, el rubio le dice con un tono aterciopelado y sumamente suave sin dejar de ser descortés – Somos suficientes como para llenar por completo este lugar–.

– Oh, entiendo– le contesta la joven pelirroja al dar por hecho que Micah no pretende revelarle casi nada de su pasado o de su vida.

Estando un poco nerviosa e indecisa mientras bailan con tranquilidad, Anna termina dedicándole una sonrisa algo nerviosa, en cambio Micah le pregunta con un tono elegante – ¿Necesita que le cuente algo más, princesa?–.

Ladeando sus labios y sin palabras para decirle algo relativo, Anna le termina diciendo como última cosa – Discúlpeme, fue agradable bailar con usted– después de eso, la joven se termina soltando de Micah y retirando.

Mientras camina, nuevamente se dirige hasta Jack, quien sin dudarlo, la acepta para continuar bailando y comiendo uno que otro chocolate o bocadillo.

En tanto se divierte con Jack, la misma chica mira una vez que gira su cabeza, el momento exacto en el que Micah se acerca a Elsa para cortejarla presumiblemente.

Pensar en su hermana y sabiendo que Micah la incómoda demasiado, decide, ir hasta la posición de la mencionada platina.

Con Jack distraído, y sin importarle nada, decide arrastrar a Jack hasta donde esta Elsa.

Estando casi cerca de decirle algo a Micah, Elsa se ve interrumpida por Anna y un incómodo Jack Frost que aparentemente estaba distraído.

Al llegar hasta la reina, Anna le dice a su hermana – Elsa, te presento al príncipe Jack Frost…–.

Mirando a Jack en ese instante en que se lo presentan y viendo el momento en que este último se inclina ligeramente a manera de respeto, Elsa le dice con un poco de nervios que van apareciendo ligeramente en su rostro – Eh, mucho gusto, príncipe Jack…–

Sin siquiera dejar que la joven monarca pronuncié una palabra, Micah rápidamente interviene y le dice – Disculpe, reina Elsa de Arendelle, pero yo llegue aquí primero para conversar con usted–.

Una vez que la chica lo voltea a mirar a Micah ante sus aterciopeladas palabras, Elsa en tanto le asienta, le dice rápidamente – Discúlpeme, señor…–.

No sabiendo del todo su identidad del rubio, la joven platinada. Es el hombre quien le dice su nombre con total tranquilidad y confianza – Micah Bell–.

– Señor Bell– pronuncia la joven albina, ya convencida del fortuito nombre que lleva el rubio.

Después de afirmar de manera veraz con la cabeza, Elsa dirige su atención a Anna y a Jack, quien rápidamente decide quedarse ahí para tratar de conversar de igual forma con la joven.

Decidido en que estará un buen rato con la platinada, Jack le pregunta – ¿Puedo conversar también con usted, reina Elsa?– sintiéndose afortunada de hablar con ambos caballeros, Elsa un tanto apenada y apretando ligeramente su mandíbula, le dice en respuesta – De acuerdo…–.

Dando por hecho que conversaran sobre el reino, la joven princesa decide retirarse, no sin antes decirle a su hermana – Bueno, Elsa, creo que esto te compete más a ti que a mí, así que te dejo sola… nos vemos… Elsa, digo, lo olvidaba… Reina. Creo que necesito tomar algo de aire para continuar con la diversión aquí–.

Asintiéndole, la platinada le dice – De acuerdo, no te preocupes–.

Retirándose a paso un tanto apresurado del sitio, Anna se retira para hablar con otros invitados.

Estando solos, Elsa, Micah y Jack, es en ese instante en que la mismísima reina quien para romper un poco el silencio, decide preguntarle al rubio mientras está en medio de los dos chicos – Micah Bell. Vienes de las islas del sur, ¿No es así?–.

Sintiéndose orgulloso, no puede evitar responderle con algo de sinceridad, en tanto la observa con detenimiento a la joven – Si. Así es–.

Dando por hecho su lugar de procedencia, Micah rápidamente voltea a todos lados, y luego le comenta, en un elogio – Reina Elsa, me halaga su forma de ser. Puedo intuir que usted será la mejor reina que Arendelle haya alguna vez tenido–.

Negando con una leve sonrisa y mirando a Jack, quien espera algo impaciente para hablar e intervenir rápidamente, Elsa le dice mientras se mantiene firme – No creo ser la mejor–.

Ante su evidente declaración, Micah al instante la toma del hombro con su mano y luego de eso procede a preguntarle con ese mismo tono que uso de elogio, mientras Jack ya empieza a evidenciarse un poco tenso y algo duro en su semblante – ¿Puedo confiar en usted?–.

Ladeando su cabeza sin perder su sonrisa ligera, la joven, le dice con algo de pena – No lo sé–.

Mientras trata de confiar en la chica, Micah le declara lo que verdaderamente es – Vamos… Soy un sobreviviente–.

No sabiendo nada a lo que se refiere, la joven procede a cuestionarlo ante tal cuestión – ¿Sobreviviente?–.

Soltándola del hombro y tomando algo de impulso, rápidamente le dice lo que cree – ¿Sabe, reina Elsa? En este mundo hay ganadores y perdedores, y usted, créame… Es más que eso–.

No creyendo para nada en la frase de Micah, Elsa le dice – Ya quisiera, Micah–.

Cruzándose de brazos, Jack rápidamente interviene tomando la palabra y diciéndole a la joven, sin siquiera dudarlo – Reina Elsa, siento con todo respeto, que el príncipe aquí, Micah, le está ocultando algo– girándose al instante ante lo dicho por el peliblanco, Elsa le dice – Bueno, creo que solo fue un comentario del príncipe Bell–.

Negando una y mil veces, Jack rápidamente ya no mira con visto bueno a Micah, por ello y estando un poco molesto, al instante aparta a Elsa de en medio y la pone detrás – Usted príncipe Bell, no me da buena espina con su discurso mediocre de que usted es un sobreviviente– le recalca el peliblanco, mientras Micah se mantiene firme y sereno.

Mofándose del malsano tono agresivo, Micah le informa – Lo soy. Dígame, ¿Si usted también es un sobreviviente?– ante la pregunta que le realiza a Jack, mientras esté último mantiene a Elsa detrás, le dice apretando fuertemente y con rabia los dientes, lo siguiente – Disculpé mi mala lengua. Pero, no soy esa mierda que dice…–.

Siguiendo con su mismo semblante, Micah le dice con mofa y soltando una ligera risita – Entonces es usted débil–.

No soportándolo más y desconfiando totalmente del arrogante rubio, Jack le da un fuerte puñetazo a Micah, lo cual lo deja casi besando el suelo.

Al ver tan osada forma en que ambos se han tratado, e intentado evitar que se peleen, Elsa les grita aterrada – ¡Príncipes…!– tapándose la boca con sus dos manos y también presenciando el momento en que todos los invitados en la celebración también se sorprendieron, intenta separarlos.

Confiada en que los logrará detener, no lo logra conseguir debido a que ambos la terminan empujando contra una de las mesas de los bocadillos.

Atónita ante el fuerte empujón que recibió, intenta detenerlos, pero al hacerlo, termina lanzando sus gélidos y poderosos poderes congelantes.

Aterrándose al ver que perdió uno de sus guantes al intentar intervenir, Elsa se asusta mucho y sin más se levanta del lugar donde cayó y se estampo, para al instante correr y huir rápidamente del lugar.

Sintiéndose como un monstruo, rápidamente Elsa se logra retirar del lugar, en tanto la gente la mira con detenimiento y asombro, perdiéndole el interés a Jack y a Micah.

Mientras éstos últimos la ven huir, e intentando disculparse, la joven no les hace caso y se termina perdiendo en la soledad de la noche.

Negándose a aceptar que este huyendo del sitio, Jack rápidamente corre y al igual que la joven, se pierde en la soledad de la noche, mientras trata de comprender todo lo que sucedió.

Corriendo rápidamente y escuchando a sus espaldas, "Es una hechicera" de parte del duque Weselton, Jack se da cuenta de que la chica ha decidido abandonar definitivamente todo y buscar su propia liberación y destino.

– ¡Reina Elsa!– grita Micah al observar la huida de la joven y también al observar mientras lentamente se va levantando del suelo, como Jack va detrás de la susodicha joven.

Habiéndose enterado de todo, la princesa Anna, rápidamente está última llega al lugar en cuestión, y al instante interroga a Micah por lo sucedido – ¿Y mi hermana, qué le pasó?–.

Atónito por los poderes de la rubia y la valentía y fiereza del peliblanco, Micah un poco asustado ante todo lo sucedido, decide tomar algo de valor y decirle a la joven princesa que se encuentra algo inquieta – Creo que se fue por un problema que tuvimos, no se preocupe. La buscaré–.

Corriendo hacia ese lugar tan sórdido y negro, el rubio es detenido por la princesa, quien le informa que ella será quien hable con Elsa – Yo iré, Señor Bell... necesito que resguarde la seguridad del reino, mientras no estoy. Con permiso–.

Deteniéndose y convencido de que entre hermanas se entienden, rápidamente Micah da unos pasos hacia atrás, y ante eso, se retira lentamente y de nuevo al palacio para controlar a la gente que se ha resguardado ante los poderosos poderes de la joven reina.

Con cambios importantes asume los deberes que por puesto y ley le corresponden a Elsa.

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Yendo detrás de Elsa, Jack consigue detenerla embistiéndola contra la nieve e inmovilizándola.

Teniendo a Jack encima, rápidamente, la joven se voltea y le advierte con mucha preocupación – Por favor, vete y déjame en paz. No ves que soy un peligro–.

Tomándola de ambas manos y pasándolas arriba de su platinada cabeza, Jack le informa – No, no creo que seas un peligro. Se que no pudiste evitar eso, pero creo que necesitamos hablar–.

Resistiéndose a hablar con el chico, la joven blonda le insiste en que no quiere nada, más que estar sola – No, no quiero hablar de nada contigo. ¡Suéltame!–.

Casi apunto de empezar a llorar, Elsa en ese instante logra percibir las atractivas facciones de Jack, el cual al estar arriba de ella y teniéndola inmovilizada, le logra acercar su rostro para tener un mejor contacto visual.

Presenciando el momento en que la chica ladea su cabeza para empezar a sollozar por la culpa que siente de sentirse como un monstruo para el resto, Jack en ese preciso instante le confiesa toda la verdad que lo rodea, mientras lentamente va dejando de hacer presión sobre sus pequeñas manos de la joven – Elsa, escúchame… Elsa… tengo que decirte que… Yo también tengo poderes tan parecidos a los tuyos–.

Negándose a creerle, la chica solo se limita a lamentarse cada vez más.

– Se que te parece loco, pero… Déjame demostrártelo– le informa, en tanto lentamente le va haciendo aparecer hielo sobre sus manos a la joven platinada.

Atónita al darse cuenta rápidamente de que Jack también tiene los mismos poderes que ella, Elsa le pregunta con algo de asombro y con un poco de miedo – ¿Cómo?–.

Casi manteniéndose cerca del rostro de la chica, Jack le responde con una pequeña sonrisa – Es una larga historia–.

Parpadeando en más de una ocasión al no darle cabida y respuestas del porque Jack también tiene poderes; Elsa rápidamente lo vuelve a cuestionar – Tienes los mismos poderes que yo… ¿Por qué…?– perpleja ante el peliblanco, es este último quien se logra reincorporar, asimismo la ayuda a levantarse de la nieve en donde la tenía recostada.

– Te contaré todo, pero primero, tranquilízate– le dice Jack, mientras trata de abrazarla y conciliarla ante todo lo sucedido.

Estando aún nerviosa y con algo de miedo, Elsa voltea para todos lados, y al darse cuenta de la soledad donde se encuentran ubicados; no habiendo nadie ahí, decide sin más rechazar el abrazo de Jack y comenzar a caminar mientras reflexiona a lo que acaba de presenciar.

No dándose por vencido al verla alejarse, el peliblanco, decide ir detrás de la joven. A sabiendas de que está confundida, aterrada y paralizada por todo lo sucedido.

– Elsa, necesito platicar contigo…– le vuelve a mencionar, mientras va detrás de ella, y con un semblante un tanto serio.

Mientras la sigue, Jack le dice con algo de pena y arreglándose su saco distinguible de noble – Yo me disculpó por la pelea que tuve en el palacio, en verdad–.

Sin detenerse, y no importándole lo más mínimo a la joven platinada, está última le responde con un tono ligeramente agresivo – No necesitas hacerlo, Jack. Créeme que no me interesa–.

En tanto caminan con algo de dificultad en la nieve, Jack se adelanta unos pasos hacia adelante y en eso la detiene a la chica, posicionándose delante de ella – No me fie de lo que decía, Micah– ignorándolo en ese punto, Elsa lo aparta hacia un lado y continua la marcha; en eso le dice – Jack, parece que nunca te fías de nadie. Incluso podrías desconfiar de mí–.

Nuevamente estando unos pasos delante de él, Jack no duda en responderle y marcarle con su mismo tono serio – Desde que la vi, reina. He tomado la decisión de confiar en usted, no en desconfiar. Me disculpo de todo lo que le hice–.

Al escucharlo, Elsa lo continua ignorando.

Mientras ambos continúan caminando, llegan a un punto en el que la joven no soportando más la larga caminata a un rumbo desconocido e incierto, se detiene y le señala – Está bien. No soporto más esto. Toda mi vida, he estado ocultándome. No, no soy libre aún–.

Exhalando una y otra vez después de caminar difícilmente por la nieve, no nota el momento exacto en el que Jack se pone a su lado y la ayuda a reincorporarse, en tanto le contesta con una sonrisa también algo cansada – Entonces, déjeme ayudarla para que sea libre–.

– Jack, tu no puedes a…– le reitera, pero abruptamente es interrumpida por el mencionado peliblanco, quien sin siquiera dudarlo, le tapa la boca con su dedo índice, mientras la sostiene de ambos brazos y la mantiene cerca de su cuerpo masculino – Créeme que si. Déjame demostrártelo…– le contesta.

Estando tan alegre, Jack se separa ligeramente de Elsa.

Sintiendo como fluye un poder que la conecta con Jack, Elsa empieza a recitar lo que parece ser una canción.

(Sugerencia colocar muéstrate, un clásico de la cinta de Frozen 2… Aunque también pueden poner Bad Voodoo (Es broma)

En mí cada parte tiembla.

Mas no es por frialdad

Ambos comienzan a moverse libremente, mientras comienzan las primeras entonaciones de la canción.

Elsa se libera de su ropa y crea en un abrir y cerrar de ojos, su atuendo azulado de hielo.

Jack solo la observa y se cautiva por la valentía que empieza a demostrar la joven.

Hoy veo muy cerca.

Lo que siempre soñaba alcanzar.

Yo te siento allá.

Como un amigo leal.

Me aproximo.

Y al fin encuentro paz–.

Ambos se acercan y se miran mutuamente, en eso, Jack erige las primeras partes del castillo, empezando con las primeras estructuras y el piso de hielo.

Elsa también empieza y le va dando forma a las creaciones de Jack.

Enterneciéndose con cada sofisticación.

Yo habité detrás de un muro.

Helado enigma en mí.

Al igual que tú.

Mas hoy podrás salir.

¡Muéstrate!

Que muero por verte.

¡Muéstrate!

Te oiré.

Eres a quien esperé y empecé a buscar.

¡Muéstrate!

Espero entender.

¡Ah-ah, ah-ah!

¡Ah-ah, ah-ah-ah!

Rápidamente, Jack la toma de sus manos y van dando vueltas, hasta que en cierta parte de las vueltas, inseguro en hacerlo, aún así valientemente o hace, le da un beso a Elsa.

La joven se sorprende e intenta alejarse de los belfos de Jack.

Sonrojada, rápidamente y en poco tiempo le corresponde el beso.

Ya voy por fin, seguros.

Que completos estaremos.

Por un motivo vengo.

Y es por lo que nací, tal vez.

Nunca fui como los otros.

Lo normal yo no viví.

Tú lo dirás, se aclarará.

¿Por qué hay esto en mí?–.

Danzando, divirtiéndose mientras crean el hielo, por fin comprenden lo que es la libertad y la lealtad a lo que más importa.

¡Muéstrate!

¿Ya ves que no tiemblo?

Aquí estoy por primera vez.

Eres quizá la respuesta que hay que buscar.

¡Oh, muéstrate!

Te voy a conocer.

A mí ven ya.

Abre y sal.

No esperaré.

Ni un poco más.

Woah, a mí ven ya.

Abre y sal.

No esperaré.

Ni un poco más.

A tu hogar has de volver.

Soy quien fui.

¡Muéstrate!

Admite tu fuerza.

¡A crecer!

Y algo nuevo ser.

Tú eres lo que deseabas más.

No hay que buscar.

No hay que buscar.

¡Oh, muéstrate!

–.

Danzando a un ritmo acogedor y como si fueran parte del viento, ambos descubren que están conectados.

Elsa junto a Jack da varias vueltas mientras ambos se dezlisan por el hielo. Cerrando la joven sus ojos y sintiendo una brisa de aire cálida.

Concluyendo ya casi su castillo.

¡Ah-ah, ah-ah!

¡Ah-ah, ah-ah-ah!

¡Ah-ah, ah-ah!–.

En tanto erigen el gran y hermoso castillo de hielo, juntos, Jack y Elsa juguetean y entre esos jugueteos, ambos crean a Olaf.

Pero está pequeña creación la dejan a su suerte.

Mientras bailan y se mueven por la pista de hielo, como bailarines profesionales, Jack le confiesa lo que siente a la joven platinada – Elsa. Te amo– guiándose también en esos suaves movimientos cargados de esperanza y lealtad, Elsa le contesta y le confiesa casi lo mismo – Creo que yo también. Jack. ¿Puedes volver a besarme otra vez?– le pide, y sin negarse el peliblanco, este último la complace con un beso tan apasionado y hermoso.

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En su larga búsqueda por parte de la joven princesa, está misma se embarca en un viaje mágico, duro y peligroso donde se encuentra con un repartidor de hielo carismático y su adorable y enternecedor reno.

Yendo hacía el paradero desconocido de Elsa, Kristoff, Sven y Anna se encuentran con Olaf, un muñeco parlante y hecho completamente de nieve que fue creado por la propia reina Elsa, y que fue dejado a la intemperie, buscando también a su creadora.

Sabiendo que deben saber su paradero de la platinada, no se detienen a pesar de los problemas que se ameritan y los enfrascan en la búsqueda de la ya mencionada reina.

Anna, Kristoff, Sven y Olaf, recorren una larga travesía para ir en busca y la ayuda necesaria que tanto necesita Elsa.

Asimismo, desconociendo la joven princesa, el trayecto que presumiblemente tomo Jack, cuando fue detrás de la joven monarca.

Esperando en su viaje, encontrarse con el mencionado peliblanco.

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Regresando al escenario de Arendelle y congelándose debido a las fuertes y accidentales oleadas de frío y nieve, Micah logra ayudar a la gente, en tanto trata y se mantiene firme en que nadie morirá mientras él esté ahí.

– El lugar ya está abierto, hay sopa y chocolate caliente en el gran salón…– le indica a uno de los pueblerinos, el rubio, mientras le entrega unas mantas.

Una vez que se encuentra con el molesto e incómodo duque y estando este último acompañado por sus esbirros, este le dice – Príncipe Bell, acaso espera que todos nos congelemos mientras reparte los bienes comerciales y ofrece Arendelle–.

Girándose en dirección hacia el duque y acercándosele para entablar una conversación con este último, Micah le informa sobre lo que la princesa Anna le dejo como orden – La princesa Anna, espero la habrá escuchado, dejo muy en claro todo, viejo…–.

Escuchando la palabra "Viejo" de la boca de Micah Bell y casi poniéndose a la defensiva igual que sus hombres, le dice con un tono hostil, el duque – Eh… ¿Viejo?, Oiga, lo que haya dicho la princesa es otra cosa. No se le ocurrió que tal vez, ella quiera conspirar con esa hechicera para destruirnos. Además, tal vez el que ya está del lado de esa bruja, el príncipe Frost, probablemente ya sea parte de esa conspiración–.

Riéndose del comentario del duque, Micah le responde con un tono un tanto hostil – No, y tal vez creo que usted está loco, viejo de mierda. No cuestione a la princesa, ella me dejo a cargo y no dudaré en proteger a Arendelle de la traición–.

– ¿Traición? ¿Viejo de mierda?– le pregunta Weselton al no saber a que se refiere.

Sonriéndole con demasiada arrogancia el rubio y casi listo para confrontarlos, tanto a Weselton como a sus hombres de este, Micah se ve interrumpido por la llegada de un guardia quien trae al caballo blanco de la princesa – ¡Wow! Tranquilo, cálmate– le pide al corcel mientras lo logra estabilizar.

Mientras tranquiliza al caballo, Micah le comenta al duque – La princesa está probablemente en peligro, necesitaré gente que me ayuden a buscarla. Tal vez me encuentre con el príncipe Frost, también–.

Sabiendo que probablemente encuentren a la reina, a la princesa y al príncipe de cabello blanquecino, Weselton no duda en decirle – Yo ofrezco a dos hombres, mi señor– agregando mientras los empuja a sus hombres para la misión – Prepárense para lo que sea y si se encuentran con la reina, denle fin, ¿Les quedó claro?–.

Trayendo a su caballo, Baylock y procediendo a montarlo sin ningún rodeó, Micah no duda antes de comenzar la marcha, en ir a ver a sus colegas, los cuales viajaron desde las islas del sur hasta Arendelle.

Una vez que se encuentra con sus compañeros, Micah no duda en saludarlos y comentarles – Cleet, Joe… Me alegra verlos. No hay tiempo para las formalidades, les platicaré en el camino lo que sucede, vamos…–.

Mirándose mutuamente los mencionados y siguiendo a su compañero, Cleet y Joe asientan mientras se mantienen detrás de él.

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Yendo en su búsqueda y logrando encontrarla en el enorme castillo de hielo que la joven platinada erigió con ayuda de Jack. Anna, Kristoff, Sven y Olaf, llegan para tratar de convencerla de que detenga la tormenta.

Después de una conversación entre las dos hermanas, una disputa del duro invierno que hay afuera y aterroriza al monumental reino de Arendelle; una entonación musical de lealtad entre ambas chicas; llega el momento en que debe detener la tormenta.

Después de insistirle, una y otra y otra vez e ignorándola a la joven pelirroja, estando un tanto alejado del conflicto entre las dos chicas, Jack le puntualiza a la joven blonda, después de que toma la decisión de intervenir; de que recapacite y piense – Elsa, creo que tiene razón. Deberías hacerle caso–.

Reconsiderando su comentario, la joven se limita únicamente a decirle – No sé como detener esto. Créeme, Jack–.

Entendiendo que la chica aún está insegura y algo resignada, el joven peliblanco decide abrazarla e insistirle nuevamente pero con un tono más dulce – Por favor…–.

Siguiendo con su inseguridad, logra ver las atrayentes facciones del peliblanco, un rostro varonil joven con ligeras e imperceptibles pecas que enmarcan con fascinación su rostro, unos ojos azules con motitas de un pequeño e imperceptible tono ámbar y una cabellera y cejas peliblancas desordenadas ligeramente. Mordiéndose el labio al final toma una decisión.

Negándose a abandonar definitivamente su castillo de hielo y observando como Anna le ruegan e incluso se inclina a más no poder, Elsa repentinamente vuelve a entrar en conflicto con la joven pelirroja y sin siquiera saberlo le congela el corazón a su hermana, asimismo crea a su enorme monstruo de nieve gigante, y en el acto, este último toma a Kristoff, Anna, Sven y Olaf y los termina expulsando por los aires y afuera del castillo.

Jack al presenciar el hecho que se ha atrevido a hacer la joven, la mira con una mirada autoritaria.

Con la tentativa de discutir con ella, pero no haciéndolo por temor a que el monstruo de la platinada lo tome y lo expulse del mismo castillo.

Ante la creación del monstruo, y su inevitable expulsión del castillo empiezan a huir de las garras del peligro, Anna, Kristoff, Sven y Olaf.

Siendo perseguidos por la criatura durante un largo y prolongado tiempo, logran tiempo después librarse de la mencionada criatura de nombre Malvavisco.

Temerosa, Elsa se refugia en su castillo aún más, sabiendo que está empeorando la tormenta.

Mostrándose algo incomprendida, abraza a Jack para que no la deje, estando este último indispuesto con ella, pero comprometiéndose a protegerla y cuidarla, aceptándole la muestra de afecto.

Después de su encuentro con la criatura, la maldición que recae en la joven Anna, producto del hechizo que hizo Elsa sobre la mencionada pelirroja, empieza a hacer efecto, por ello se topan y se dirigen al bosque donde habitan los trolls para que la ayuden.

Mientras entonan una melodía, le brindan su apoyo y se divierten con Kristoff, Sven y Olaf, asimismo también con Anna.

Los trolls le dicen a la joven sobre la liberación de su maldición gracias a un acto de amor verdadero.

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En las lejanías congeladas y aledañas al reino, Micah junto al grupo de hombres que van en busca de ambas chicas y que también encuentren posiblemente a Jack, logran encontrar el enorme castillo de hielo de la joven monarca.

Al detenerse por unos segundos y mirar a todos lados, Micah les indica rápidamente, mientras baja de su corcel – Buscaremos a la princesa Anna, estén alertas. Si ven a la reina no deben lastimarla, ¿todos entendieron?–.

Asintiendo ante sus indicaciones todos los hombres, Micah no duda en preguntarles a sus compañeros – Cleet, Joe. ¿Listos y seguros?– siguiéndolo y estando también alertas, ambos hombres no dudan en responderle al unísono, diciéndole – Si, Micah. Estamos listos–.

Mientras suben de manera lenta por las escaleras, repentinamente aparece el monstruo de hielo que creo la reina.

Luego de encararlo, Micah, Joe y Cleet logran vencer al malvado y mencionado monstruo, pero al derrotarlo, los hombres del duque Weselton, se les adelantan y se adentran al castillo para acabar con la joven chica de cabello rubio platinado.

Intentando defenderse, Elsa intenta detener a todos sus atacantes, lanzándoseles sus poderes y bloqueándolos con paredes de hielo, asimismo, Jack estando a su lado, también le ayuda y la defiende con lo que tiene.

Observando que ambos tienen poderes como para congelar al mundo entero y luego de un férreo enfrentamiento entre los hombres de Weselton, el peliblanco y la joven reina, ven a Micah aparecer y hacer acto de presencia, empujando a sus compañeros e interviniendo para evitar más conflictos – ¡Reina Elsa, no sea el monstruo que todos piensan que es…!– le grita a la joven y en esa potente presencia del peliblanco.

Aterrada mientras está en posee defensiva, Elsa pronuncia el nombre del hombre rubio, en tanto este último, lentamente se le va acercando de manera pacífica.

– Elsa, retrocede. No confíes en él– le exige Jack en esa misma posee defensiva que adoptó la chica.

Intentando disuadirla y convencerla de que se controle, Micah logra llegar hasta la joven, mientras está aún se encuentra en posee defensiva.

Indispuesto Jack en que la joven le crea al rubio, intenta tomarla del brazo y apartarla del mencionado hombre rubio.

Mientras están distraídos Micah, Elsa y Jack, uno de los hombres y guardias de Weselton, no duda en apuntarles a ambos con su arma, dispuesto a matarlos a todos, y estando aprisionado gracias a los poderes de los chicos gélidos.

Antes de que jale el gatillo de la ballesta, Joe, logra levantarle la mano al hombre, pero al hacerlo, consigue desviar la flecha hacia el candelabro de hielo, el cuál yace en el techo y cae en donde están Micah, Elsa y Jack.

Segundos antes de que caiga el candelabro desde arriba de ellos, Jack y Micah logran salvarle la vida a Elsa, pero ella no queda inconsciente, sino Jack.

Después del desastre por parte de la gran estructura, Elsa se levanta lentamente y con ayuda de Micah, pero al levantarse no piensa en nadie más que en Jack – ¡Jack!– exclama el nombre del chico, al verlo yaciendo en el suelo inconsciente y muy mal herido.

En un intento por ir y tratar de ayudarlo, Micah interviene y le dice mientras logra hacer que se tranquilice – Reina Elsa, todo estará bien, necesito platicar con usted y sacarla de aquí, de inmediato…–.

Aterrada por el desmayo del peliblanco, Elsa intenta retroceder de la intervención y agarre del rubio, pero este último la toma del rostro y le pide que se calme con un fuerte agarre – tranquila. Eso es, no la voy a lastimar–.

Consiguiendo tranquilizarla lentamente y poco a poco, Micah rápidamente la abraza mientras le re memoriza la plática pequeña que habían tenido y cuando se llego a topar con Jack – Todo estará bien, confíe en mí. Shhh, tranquila. Es una ganadora, recuerde eso. Ya les ganó a todos– en tanto es abrazada por el hombre, Elsa intenta en vano soltarse para ir y auxiliar a Jack, pero en eso, Micah le dice mientras le da unas palmadas en la espalda – Shhh, todo estará bien–.

Negándose rotundamente a aceptar su abrazo e intentando removerse de la muestra de afecto del hombre, Elsa intenta empujarlo y decirle que necesita ayudar a Jack, pero Micah no la deja ir.

Pensando que ya está tranquila y estable después de unos cuantos segundos, Micah le informa mientras lentamente la va soltando del abrazo – Venga… Tengo que decirle algo…–.

Guiándola con algunos detenimientos en el camino hasta afuera del castillo, no se sabe que es lo que le dirá Micah a la joven, por ello mientras se retiran, los guardias los observan alejarse.

Asimismo, mientras se retiran, levantan del suelo a Jack, quien incapaz de estar de pie por el fuerte golpe, es llevado junto a Elsa, de vuelta a Arendelle.

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Regresando de vuelta a Arendelle, Micah logra convencer a Elsa y decirle unas cuantas cosas extrañas que supuestamente descubrió de Jack, asimismo logra esconderlos a ambos para que nadie los vea, mientras se adentran al gran reino de Arendelle.

Al regresar, tiene miradas de odio de parte de los hombres de Weselton, pero de parte de Micah y sus compinches no existen esas miradas de odio, sino de admiración.

Al lograr conversar a duras penas con la joven, durante el largo camino y en gran medida también en el castillo de hielo, Micah consigue darle un punto de vista distinto sobre Anna y Jack a Elsa, aunque está última duda un poco de la veracidad de las palabras del hombre.

Micah logra decirle muchas cosas sobre la libertad y la lealtad.

Aunque negándose, una y mil veces a regresar, y diciéndole la joven que ella misma es un monstruo y un peligro para Arendelle e incluso insistiéndole que necesita ver el estado físico de Jack, después del ataque al castillo de hielo, Micah la logra controlar para que no intente nada y en su lugar se tranquilice.

Micah logra a partir de ese momento lo innegable.

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A sabiendas de que Anna está mal debido a la maldición y ha empezado a debilitarse, Kristoff, la llevan a la joven hasta Arendelle, donde debe el príncipe en turno, en este caso, Micah, debe salvarla de una muerte segura y agonizante.

– Manténgala a salvo– les pide Kristoff a Kai y Gerda, mientras la llevan devuelta al interior del palacio.

Preocupado por el bienestar de la chica, Kristoff se queda pensando únicamente en el probable dolor que la joven a de sentir.

Pensando únicamente en la chica, se ve interrumpido por su reno quien lo lame para ya irse del sitio.

– Vamos, Sven, esperemos que todo salga bien…– sin más que puedan hacer, ambos se terminan retirando del lugar.

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Dentro del palacio e impaciente, Micah le dice a uno de los sirvientes, en tanto se acomoda sus solapas de su abrigo elegante – Está todo listo. Iré a buscar a la princesa Anna–.

Indispuesta la servidumbre y mirándose mutuamente, una de las chicas de la misma servidumbre le comenta – Pero eso es muy peligroso…–.

Afirmando plenamente sobre su comentario, Micah le dice – Si, lo sé, pero, si algo le pasa…– quedándose sin palabras, la sirvienta le recalca con un tono tembloroso – Si algo le pasa a la princesa. Arendelle solo lo tendrá a usted…–.

Asintiendo todos, tanto Micah como los sirvientes, es en ese preciso momento en que Micah le notifican sobre la princesa – ¡Princesa Anna…! Esta congelada– exclama al instante y al verla, estando algo aterrado y sorprendido al observarla casi débil e incapaz de sostenerse en pie.

– Micah, ayúdeme. Es usted un príncipe, por ello tiene que besarme– le insiste la chica, en tanto intenta besarlo a Micah, debido a que el es un noble y un príncipe y sabiéndose que Jack prefirió quedarse a hacerle compañía a Elsa.

Viendo su exigencia de que él la tenga que besar, Micah se niega – ¿Qué? No–.

Aferrándose más a él, Anna le vuelve a insistir mientras se retuerce de dolor – Ahora, ahora. Me muero–.

Nervioso ante su evidente insistencia y pedido, Micah no duda en observar todo lo que lo rodean, en tanto exclama un – Pero…–.

Siguiendo con los intentos, Anna lo intenta besar, pero no lo consigue.

Incapaz de hacerlo en ese instante, Micah observa a la servidumbre, la cual al final le informan como última cosa – Hay que darles privacidad–retirándose de la habitación, dejando solos a Micah y a Anna.

Estando disponibles para consolidar el beso de liberación y amor verdadero, Micah recuesta a Anna sobre el sofá, mientras le pregunta a la joven pelirroja – ¿Qué le pasó Anna?–.

Retorciéndose del dolor e incapaz de decirle que fue lo que le pasó, Anna le dice con algo de dificultad – Micah, Elsa me hizo esto con sus poderes–.

Observando el cabello blanco que le está empezando a salir y aparecer, Micah solo expresa una inquietud – ¿Qué? Oh menos mal–.

Mientras le observa el mechón de cabello de tono blanco, Anna lo interrumpe, siendo en ese instante en que vocifera un inaudible sonido gutural de dolor – ¡Aaaaaahhhhh! Duele…–.

Sintiéndose un tanto mal por lo que le está pasando, Micah solo se limita a nombrarla a la joven, en tanto la misma chica se retuerce del fuerte dolor que siente.

– Congelo mi corazón y solo un acto de amor, me salvará– le comenta, la chica.

Decidido en que la debe besar, Micah lentamente se le acerca, mientras le dice – Un beso, okey…–.

Tomándola de su mentón con ambos dedos, y estando cerca de pactar sus belfos con los de la joven.

Micah…

Micah…

Micah…

Se detiene y luego se reincorpora, mientras le dice como última cosa y revelando su verdadera faceta – Discúlpeme... Pero creo que en este mundo donde hay ganadores y perdedores. Usted es una perdedora y una chica muy débil, je je je je–.

Atónita al ver que el rubio se atreve a decirle eso, Anna le reprocha por ello, incluso sintiéndose más mal de lo que ya está – ¿Eh? Creí que me podría ayudar. Es usted un príncipe, ¿Acaso?– cuestionándolo por la ofensa, y mirando como este se inclina para verla exclamar sus fuertes síntomas productos de la maldición, de repente una segunda voz masculina distinta a la de Micah le responde y la corrige – Temo que no es un príncipe, señorita Anna de Arendelle–.

Girándose levemente para ver a los intrusos dentro de la habitación, no duda la joven en cuestionar lo que está sucediendo – ¿Eh, qué significa todo esto, Micah?–.

Siendo un grupo de 10 hombres aproximadamente dentro de la habitación, el líder de estos se le acerca a la joven, y no se tienta en darle su nombre – Me presento, Andrew Mikhail…– agregando en tanto señala a sus hombres de confianza – Mis colegas, Edgar Ross y Archer Fordham. Somos del grupo Anti nobles. Provenientes de Estados Unidos–.

Los Anti nobles, un grupo de hombres que van en contra de la corona de cualquier reino y que atentan directamente contra la seguridad de cualquier majestuoso sitio, teniendo en su historial y haber muertes, traiciones y conspiración. Decide hacer planes para tomar el futuro del reino de Arendelle.

Habiéndose presentado delante de la joven pelirroja, y siendo los aliados mejor preparados en cuanto a estrategia, de Micah. Anna, no duda en cuestionarlos con una pequeña interrogante al no saber que es lo que quieren – ¿Qué?–.

Débil por la maldición que se cierne sobre su cuerpo, presencia el momento en que Mikhail le comenta – Por fin nos conocemos, princesa– agregando mientras varios hombres la rodean a la joven, incluyendo el rubio, dentro de la habitación – Sabemos bastante sobre usted y su familia. Usted si fuera una criminal, probablemente valdría mucho. Quizás 5000 o 10, 000. Ni idea–.

Mientras es rodeada, dos hombres de Mikhail se le acercan y la toman de los brazos y los hombros, en tanto la colocan con rudeza, en una silla y la atan con una soga para seguirla interrogando – ¡Suéltenme! ¡No! ¡Micah!– exclama al ser atada como una prisionera, destinada a la peor de las torturas.

Ya estando atada y atrapada por los numerosos hombres, Mikhail reanuda su conversación después de mirar a sus compañeros – Escuché, princesa. Queremos a su hermana. Llegamos aquí para tratar con o contra ella–.

Acercándosele peligrosamente el hombre, la chica no duda en cuestionarlo por el cautiverio y la tortura que sufre – ¿Qué demonios son todos ustedes para que me traten así?–.

Mofándose sin que la chica lo noté, Mikhail le responde, mientras se le acerca y la toma del mentón – Somos hombres que pescan hombres y mujeres, como usted– agregando en tanto la aprieta de sus mejillas – Bien, estamos aquí para que usted decliné todo lo relacionado con la reina Elsa, así que… está es nuestra oferta. Retírese de Arendelle y juramos que no la lastimaremos–.

Poniéndole sobre la mesa de que la liberarán si se marcha del reino, la joven piensa en tanto le responde; que todo se trata de un chiste – No voy a jugar a sus reglas, y no se saldrán con la suya. No voy a irme a ningún lado. Se suponía que…– intentando continuar con su respuesta, se ve interrumpida por Micah quien le tapa la boca con la mano, y en tanto mira a Mikhail, quien le pide con algo de caballerosidad a la joven – Ahórrese sus palabras, señorita Anna–.

Una vez que le retira lentamente la mano de su boca, el rubio. La chica no duda en corregirlo y decirle sobre su rango al malvado individuo – Soy una princesa…– mirándolos fijamente y en esos instantes con odio, tanto a Micah como a Mikhail, este último se le acerca cara a cara y la contraataca, diciéndole – Es usted una mujer, como cualquier otra que pasea por todo este maldito reino–.

Matándose furtivamente con las miradas, es en ese instante en que la pelirroja le escupe al hombre en la cara.

Ante el refinado comportamiento de la chica y la presencia bufonesca del rubio, Mikhail le niega en repetidas ocasiones.

– Temo que no vivirás para contarlo– ante lo dicho, y limpiándose el resto de saliva impregnada, agrega – Creo que te hubiera gustado ver al príncipe Hans, bueno, debía estar aquí, pero no creo que el haya querido desperdiciar una oportunidad en oro, como la de casarse con la reina Caine–.

Furiosa y no importándole eso, Anna agacha la cabeza, en tanto le pregunta sumamente molesta – ¿Qué? ¡¿Acaso disfruta jugar conmigo?!–.

Casi a la tentativa de reírse, Mikhail mira a Micah, y en eso el primero le contesta a la pelirroja – Disfruto de la sociedad, señorita Anna. Con sus defectos y con todo– agregando definitivamente mientras se le acerca y la encara nuevamente, y en tanto nuevamente la toma con sus manos, de las mejillas – ¡Usted venera la barbarie y morirá como los bárbaros. Usted y todos los que la siguen…!–.

– Todos vamos a morir entonces, caballero…– le responde la joven pelirroja, mientras observa a los dos malvados hombres – Probablemente, solo que algunos antes que otros– le dice mientras se retira y abre la puerta; no sin antes indicarles a sus compañeros – Hay que vigilarla. Nada puede estropear el plan…–.

Abandonando el lugar, se lleva consigo a Micah para hablar con él sobre el futuro del reino.

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Reuniéndose poco tiempo después con Elsa, y nuevamente, Micah al llegar hasta la habitación donde la tiene encerrada, aparece abriendo la puerta y luego de eso, la termina nombrando – Reina Elsa– reflexionando una y mil veces más sobre Jack y Anna, la joven mientras está sentada voltea a ver al hombre, en el instante en que entra a la habitación.

Resignada a decirle algo, Elsa toma el valor necesario y al instante no duda en cuestionarle por el paradero de su hermana y el sitio al que fue llevado Jack después de ese trágico accidente que tuvo, a Micah – ¿Dónde está Anna? ¿Dónde llevaste a Jack– negando, aparentemente, sobre los mencionados, Micah le responde mientras se le acerca y la toma de las manos, intentando tranquilizarla ante la inquietud que poco a poco va apareciendo en la chica – No puedo decir más, Anna está en el bosque y Jack, por su propia seguridad está en el calabozo… He llamado a varios grupos de búsqueda y algunos reinos para que nos ayuden a encontrarla a Anna–.

En tanto mira con detenimiento su hermoso y atractivo rostro, la joven mientras mira hacia otro lado, no puede evitar pronunciarle lo que siente respecto a Anna y Jack, y una vez que los vuelva a ver – No puedo creer que Anna, me haya hecho eso, no creí que fuera a… ¡Dios! Jack, nunca me dijo de una prometida. Y pensar que nos besamos en mi castillo…– tragando dificultosamente lo que Anna le ha ocultado y lo que Jack también no le ha dicho con sinceridad, asimismo, aceptando las confesiones y secretos de Micah. Elsa niega ante todo, sabiendo que las cosas no marchan bien.

Observando como la joven empieza a sentirse mal de manera emocional, el mismo Micah le pide en ese instante en que le aprieta las manos a la joven; que está misma se tranquilice, ya que sus propias emociones están siendo reflejadas con el acto de aparición de pequeños fractales de hielo alrededor de toda la habitación – Tranquila. Aún hay un plan…–.

Sintiéndose culpable e incapaz de todo, la joven platinada junto al hombre son interrumpidos, por uno de los compañeros del rubio, el cual aparece desde la entrada de la habitación para informar sobre el apoyo – Micah. La ayuda ya está aquí, irán a buscar a la princesa Anna– ante la notificación, Micah rápidamente le dice a Elsa mientras la guía hasta la salida de la habitación – Vamos, reina Elsa. Busquemos a Anna–.

Resignada completamente, la joven lo obedece confiada, aún con el sentimiento entristecido por Jack y Anna.

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Tratando de encontrar a la princesa Anna, y pasando desapercibido, el muñeco de nieve. Al intentar entrar a la habitación donde está se encuentra, se lleva la sorpresa de que la joven está siendo custodiada e interrogada de manera agresiva mientras está atada y amordazada, por unos hombres muy bien vestidos.

Atónito ante lo que observa, Olaf no duda en exclamar sin que nadie lo escuché – Oh, no… Tengo que alertar a Kristoff– y mientras tiene sus pequeñas manos de rama en su gran boca de nieve.

Sabiendo que algo no anda bien, Olaf rápidamente en la forma en que llegó a la habitación, es la misma forma en que se va en busca del antes mencionado joven rubio, para que este último le salve la vida a la joven pelirroja.

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Ante la tormenta de nieve que se marca afuera del reino, Kristoff y Sven, con algo de dificultad logran continuar, mientras el primero se sienten algo mal emocionalmente por la condición física con la que la entrego a la joven pelirroja.

Mientras camina lentamente, Kristoff le comenta a su querido amigo de cuatro patas – ¿Sabes? Está tormenta no se detiene. Tenemos que volver–.

Mientras ambos intentan moverse con rapidez, Kristoff añade – Esto nos está demorando–.

Convencidos de que Elsa está en su castillo y movilizándose hasta el susodicho monumento de hielo, se ven detenidos por el muñeco parlante, quien llega hasta ellos de manera indescriptible e increíble, en tanto les grita que se detengan – ¡Oigan!–.

Lidiando con la tormenta, Kristoff y Sven se voltean instantáneamente al ver al muñeco llamarlos de manera aterrada.

– Olaf… Se suponía que…– le dice Kristoff, pero no logra concluir sus palabras debido a que el muñeco le informa lo que sucede – ¡Hay que salvar a Anna! Unos hombres la tienen prisionera–.

Sorprendido ante la noticia de que la joven pelirroja está en peligro, exclama – ¿Qué?– en eso, agrega – No dejaremos entonces sola a Anna–.

Sabiendo que la chica está en peligro, decide movilizarse.

Asintiendo, da vuelta para ir a Arendelle y salvar a Anna de los malvados hombres que la tienen retenida.

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Mientras Kristoff, Sven y Olaf van en busca de la chica, Micah logra contactar con otros nobles y príncipes de otros reinos para que lo ayuden a encontrar a la princesa Anna.

En tanto van en su búsqueda, y teniendo Micah a Elsa de su lado, el mismo individuo no deja de meterle ideas a la joven blonda, de que su hermana es una chica conflictiva y ha estado hablando de más, por ello la idea es encontrarla y darle un escarmiento para que se comporte.

Asimismo, también le informa sobre la "prometida" de Jack y los romances que este ha tenido con otras chicas alejadas del reino, y dándole como información verás de que el peliblanco solo piensa en ser el príncipe consorte, y no le importa otra cosa más que eso.

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Después de haber despertado del fuerte golpe que se dio en el suelo, mientras le salvaba la vida a Elsa, Jack despierta en el calabozo donde Micah lo confinó.

Reflexionando y sabiendo de antemano que dejó a Elsa en las manos de Micah, decide el valiente peliblanco idear un plan para abandonar definitivamente el calabozo e ir en busca de Elsa.

Observando a su alrededor y viendo que tiene en sus manos unos enormes grilletes que le cubren completamente las manos, esto con el fin de repeler y evitar que libere sus poderes, Jack hace el intento de liberarse, pero no lo consigue.

Intentándolo y jalando las cadenas una y otra vez, al final maldice en voz baja.

Al darse cuenta de que puede congelar rápidamente el metal y bajar aún más la temperatura, Jack comienza a usar todo su poder para congelar los grilletes.

Con todo su poder al máximo, consigue con éxito bajar la temperatura y congelar en su totalidad los grilletes. Costándole un poco de esfuerzo.

Una vez congelados, los estampa contra la pared, y ante eso consigue liberarse de los metales que aprisionaban sus manos.

Estando ahora sí y completamente libre de los grilletes y cadenas, se acerca a la puerta, pero al instante maldice por no tener una llave – ¡Maldita sea, necesito salir de aquí!–.

Creando una llave hecha enteramente de hielo, consigue meterla por los engranajes.

Mientras intenta abrirla la puerta, empieza a cruzar los dedos.

Al escuchar el ligero e inconfundible "Click", Jack consigue abrir la puerta y salir.

Rápidamente corre y se aleja del lugar, no sin antes cerrar la puerta con el fin de no dejar evidencia de que ha escapado.

Desesperado por encontrar a Elsa y saliendo del lugar hasta llegar a las afueras del mismo. De manera sorpresiva se encuentra con Kristoff – El repartidor de hielo…–.

Al verlo, Jack rápidamente opta por acercársele y volverlo a llamar.

Estando distraído y al sentir al peliblanco de manera sorpresiva e espontánea; una vez que siente la palma del mencionado en su hombro, el rubio le corresponde el llamado – Usted. El príncipe de hielo–.

– Tenemos que salvar a Anna…– le avisa Kristoff a Jack, también con esa misma desesperación que tiene este último.

– Y a Elsa…– le añade el peliblanco.

– Bien, ¿Qué estamos esperando? Vamos…– le informa rápidamente, y en tanto se encaminan para salvarle la vida a las dos chicas.

Entrando nuevamente al mismo lugar por donde Jack salió, ahí empiezan a planificar lo que harán.

Mientras buscan por el sitio a Anna, Jack le dice su nombre a Kristoff, y este también le dice el suyo.

Al llegar al lugar donde la tienen retenida, Kristoff le indica a Jack que no lastime a nadie con sus poderes o sospecharan – No uses tus poderes–.

Afirmando plenamente, el peliblanco le dice – Okey–.

Mientras están escondidos y logrando llegar hasta el sitio en donde se encuentra la joven, los chicos se ponen a elaborar un plan.

– Yo la salvaré, me necesita– les informa Kristoff mientras les deja en claro que el es más fuerte y más valiente.

Viendo que el joven rubio ha tomado la decisión de ir a salvar a la joven, Olaf no duda siquiera en preguntarles a ambos lo que el hará – ¿Qué haré yo?–.

No sabiendo que hacer con él, y temerosos los chicos de que el muñeco estropeé todo, Jack le indica mejor que se refugie – Escóndete, Olaf, no podrás…–.

Haciendo pucheros como todo un niño y comenzado a insistirles, Olaf les logra rogar de que no quiere esconderse – ¡Ah!, quiero ayudar…–.

Queriendo librarse del muñeco parlante, al final no les queda de otra a ambos chicos que aceptar a que ayude – Está bien, ven. Vamos– le dice finalmente Kristoff, mientras ambos corren hasta la puerta de la habitación donde la tienen encerrada contra su voluntad a la jovial pelirroja.

Observando desde una distancia considerable y percatándose de que se han tardado, Jack logra ver como un hombre de los Anti nobles lleva amordazado a Kristoff, en tanto lo obliga a entrar a la habitación.

Negando que todo eso sea real, el joven peliblanco exclama una maldición – Oh, no… Kristoff, Olaf… ¡Con un demonio!– afrontando a los hombres que tienen retenidos a Kristoff, Anna y Olaf, Jack se encamina para ir y liberarlos.

Viéndose obligado a usar sus poderes, logra detener a 7 de los hombres de los Anti nobles, evitando así que sigan torturando a Anna y que ya estén a punto de empezar a torturar a Kristoff y Olaf.

En un intento de liberarlos, Jack les dice mientras los tranquiliza con un tono calmado – Okey, chicos. Vámonos de aquí–.

Estando a poco de liberar a Kristoff, un arma aparece y le apunta en la cabeza, viéndose interrumpido por el individuo armado que está detrás.

– Cálmese, señor…– le pide cordialmente el sujeto, que no es ni más ni menos que el mismísimo Andrew Mikhail, quien con una ballesta, amenaza la vida del peliblanco.

Dándose la vuelta para conocerlo en persona al sujeto, Jack se percata de que el arma está rociada en polvo antimagia, la cual disemina y elimina la magia en algún individuo que sea tan fuerte o poderoso como él – ¿Polvo antimagia?– le pregunta confundido al sentir como una vibra débil se apodera de su cuerpo.

– ¿Otro tipo como Elsa?– le pregunta Mikhail a Jack, mientras lo retiene y lo amenaza.

– Si. Aunque usted no lo crea– le responde mientras levanta el peliblanco, las manos en señal de rendición. Agregando en tanto da unos cuantos pasos hacia atrás, chocando ligeramente con la silla en donde esta la joven pelirroja – Vamos, adelante, máteme. Total, usted también estará muerto, señor…– no sabiendo su nombre, el hombre trajeado le dice de forma elegante y sin ser descortés – Mikhail. Usted estará muerto, téngalo por seguro, pero yo no– añadiendo mientras parpadea como si el día transcurriera de forma normal – Le ofrecimos un trato a la estúpida princesa Anna, pero lo rechazo–.

Negando mientras se ve amenazado e intimidado por el arma, al instante Jack se mofa en un tono inocente – Somos torpes, señor Mikhail– corrigiéndolo mientras le estampa la ballesta en su abdomen, le contesta el malvado sujeto – No, no todos los nobles y tipos como usted lo son, tienen algunos de ustedes, unos cuantos escrúpulos…–.

Al instante menciona Mikhail a su leal contacto y quien está llevando a Elsa a una búsqueda inútil e infructuosa – Nuestro contacto, Micah Bell, ya todos saben quien es. Un príncipe, je je…–.

Asintiéndole, el peliblanco y estando algo perplejo al darse cuenta de todo, escucha también de parte de Mikhail, lo siguiente – Micah Bell, lo atrapamos en las islas del sur; era tan joven cuando nos dijo todo lo relacionado con el rey George Westergaard… Se ha portado tan bien, que no sabemos que hubiera pasado si Hans hubiera estado en su lugar, señor…–.

Viéndose Mikhail interrumpido en su amena forma de expresar, hace que Jack le diga su nombre completo al malvado individuo – Jack, Jack Frost. Creo que ahora lo entiendo–.

Convencido y afirmando plenamente de todo lo que dijo el hombre, Jack por un momento finge no sentirse bien, pero al instante le levanta de forma brusca el arma en el aire, mientras ambos forcejean – ¡Agg!–.

Sintiéndose débil cada vez más, Jack se da cuenta de que el no tan corpulento hombre lo termina superando en fuerza, mientras intenta evitar que el sujeto lo intente matar con la ballesta.

– Se está volviendo débil, sin sus poderes, señor Jack Frost– le dice en un tono arrogante y de burla Mikhail, mientras lentamente le va poniendo el arma cerca del rostro.

Débil e incapaz de poder superarlo en fuerza, Jack maldice mentalmente al sujeto mientras continua forcejeando con este.

Estando a poco de acabar con la vida del peliblanco, al instante ocurre un milagro.

Un Kristoff liberado de sus ataduras le dispara una flecha en la cabeza a Mikhail, mientras esté estaba distraído.

– ¡Maldito, hijo de perra!– alude el rubio mientras libera a Olaf y ayuda a Jack a levantarse del suelo, después de que vio morir y caer al malvado individuo al suelo de forma espontánea – Levántate, Jack Frost–.

Acercándosele a la joven princesa y viéndose un tanto débil, no puede evitar Jack preguntarle mientras la libera de sus ataduras – ¿Te podemos ayudar, Anna?– afirmando y convencida de que tiene que buscar a su hermana, le dice – Si. Tengo que ir en busca de Elsa–.

Conociendo de antemano que estará en peligro si la va a buscar, y sabiendo que está débil, Jack le contesta con una negación – No, Kristoff, sácala de aquí– convencido de que el asunto lo debe manejar con Elsa, Jack le pide al rubio que se lleve a Anna para no ponerla en riego.

Un tanto débil, y observando el como no quiere Jack que se arriesgue, la joven le exclama sumamente molesta y no dispuesta a obedecerlo – ¡¿Qué?! ¡No!–.

Asumiendo la responsabilidad, Jack le dice – Tengo que ir en su búsqueda, y yo personalmente advertirle–.

Comenzando a sentirse nuevamente fortalecido y revitalizado, Jack usa sus poderes y se eleva en los aires, en busca de la joven albina, saliendo del lugar por la ventana.

Perpleja al ver que el peliblanco los ha dejado ahí solos, la chica le grita varias veces por su nombre al peliblanco, esperando que la deje ir en busca de Elsa – ¡Jack, Jack!–.

Decidido Kristoff a mantenerla a salvó, le pide a la joven, que se retiren del lugar – Vamos, Anna– indispuesta a obedecerlo, la chica le dice – No. Iré por Elsa–.

Ante eso, la joven pelirroja estando débil, logra correr para ir en busca de la antes mencionada albina.

Negándose a no dejarla ir, y queriendo cumplir el pedido de Jack, al final, Kristoff acepta acompañarla e ir detrás de la joven, en tanto la nombra en más de una ocasión – Anna...–

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En tanto están en la búsqueda de la joven princesa y con la niebla de nieve pisándoles los talones, Micah le dice a la joven blonda, en tanto sostiene una lámpara – Reina, estoy seguro que por aquí vimos a la princesa– agregando, después de que la joven lo voltea a ver – Hay que apurarse a buscar a la princesa, Anna, rápido… rápido–.

Estando a la tentativa de encontrar a la joven pelirroja y estando en el grupo varios guardias y hombres, y nobles distinguidos como Eugene, Rapunzel, Cassandra, Mateo, Elena, Esteban, Naomi, entre otros, estos últimos no paran de buscar a la chica, mientras el frío de la tormenta los ataca ferozmente.

Después de lo último dicho, y que dijo el mismísimo Micah, Jack le responde a este, en tanto y gracias a sus poderes desciende a nivel del suelo – Hay tiempo de sobra, Micah– agregando – Tenemos una charla–.

Al instante en que lo ven al peliblanco, la tormenta se detiene de manera súbita.

No dándole cabida al hecho de que esté liberado el peliblanco después de que lo dejo en el calabozo, Micah le pregunta – ¿Jack, cómo te liberaste?–.

Encaminándose hasta Elsa, y sin quitarle un ojo de encima a Micah, la joven albina por su parte lo llama de manera audible por su nombre al peliblanco y asimismo le reprocha por la prometida que tiene – ¿Jack? ¿Por qué me mentiste?–.

– ¿Qué? ¿De qué estás hablando, Elsa?– sin saber nada, Jack le responde ante esa cuestión.

Estando muy decepcionada, la joven le dice – Micah me dijo que tienes a muchas chicas desamparadas y solas en tu haber como príncipe–.

Dándose cuenta de que Micah le dijo muchas cosas sobre él, y que la mayoría son falsas, Jack a manera de defensa le dice a la joven platinada – No es verdad, nada de eso– volteando su cabeza en dirección a Micah.

– Creo que será mejor que confieses todo lo que escondes, Micah. Acabo de ver a un tal Mikhail…– le informa Jack mientras lo empieza a encarar lentamente al malvado individuo.

En tanto lo encara a Micah y sin mirar a Elsa, Jack le avisa a la joven, sobre Anna – Elsa. Anna está bien, te necesita– agregando mientras se enoja cada vez más – Todo lo que Micah te haya dicho, no son más que puras mentiras–.

Mirando a todos los nobles, guardias y hombres que en vano se fueron a buscar supuestamente a Anna, Jack no duda en decirles de manera repentina y agresiva – Todos no le crean a Micah, o serán convertidos en unas ratas– añadiendo mientras lo voltea a ver a Micah – Parece ser que usted, Micah o príncipe, era una uña junto a la carne putrefacta del tal Mikhail–.

Negando todo lo que dice el peliblanco y tachándolo todo de falsas acusaciones, le pregunta de manera molesta – ¿Pero de qué demonios estás hablando, Blanquito?–.

Respondiéndole más enojado el mismísimo peliblanco – Estoy hablando de que quieres acabar y condenarnos a todos… Eso te incluye a ti, Elsa– procediendo en ese instante a señalar y marcarle esa última parte a la joven platinada.

Negando todas esas supuestas falsas acusaciones nuevamente, Micah no duda en responderle y marcarle – Todo lo que dices son mentiras–.

Confundida y decepcionada, Elsa los empieza a mirar a ambos hombres. Indecisa en saber a quien hacerle caso o indecisa en que bando ponerse.

Tratando de convencerla, Jack le dice a la joven – Elsa, piensa. Nunca te mentí, y si lo hice, no fue engañándote de que tengo romances en otro lado…– es contraatacado por Micah, quien le dice también a la chica – Reina Elsa. Piense en su hermana y en su futuro. No le crea a un hombre como Jack–.

Tratando en vano de convencerla, Jack le insiste – Elsa, su amigo de él, me lo contó todo–.

Mofándose de lo dicho por el peliblanco, Micah no puede evitar cuestionarlo y tacharlo de loco – ¿Y te lo crees, Blanquito? ¿Lo crees?–.

– Ahora todo tiene sentido– le comenta Jack, en tanto empieza a enojarse cada vez más.

– No… De eso nada– le dice mientras ladea su cabeza, Micah, y levemente esboza una pequeña sonrisa maliciosa.

Furioso definitivamente, Jack levanta una ballesta que potencia con sus poderes gélidos y en tanto le apunta a Micah. Asimismo, Micah no duda tampoco en desenfundar dos ballestas rociadas en polvo antimagia y apuntarle a Jack con ambas armas.

Debatiéndose entre la vida y la muerte, y sin distraerse, Jack le exige a Elsa que recapacite – Elsa… ¡Piensa!–.

Asimismo, Micah le exige también casi lo mismo – Elsa, se practica ahora–.

Fulminándose con la mirada y listos para matarse ambos, y siendo observados con asombro y perplejidad por los demás individuos, se ven interrumpidos todos por la extenuante voz de la chica que estaban buscando – ¡Elsa!–.

Al reconocerla y verla, Micah, no duda en llamarla por su nombre a la joven pelirroja, la cual está en compañía de Kristoff, Olaf y Sven – Princesa…–.

Enojada con la platinada, la chica la termina encarando – Elsa, trate de estar a tu lado… ¡Me pusiste una maldición y ahora estoy muriéndome!–.

Asombrada al ver nuevamente a su hermana, Elsa la intenta tranquilizar mientras la joven pelirroja es casi incapaz de sostenerse en pie – Anna, hermana. No sabía. Anna, no…–.

Intentando obtener su disculpa, la joven pelirroja un poco más molesta, la señala – ¡Tú!–.

Mirándola fijamente y un poco con un semblante entristecido, Elsa le dice – No sabía– pero instantáneamente, Anna completa su palabra después de señalarla – ¡Me abandonaste!–.

Atónita e incapaz de no saber que hacer, vuelve Elsa a dirigir su mirada hacia Jack, quien sentencia – Todos ustedes… Será mejor que elijan un bando, porque esto se acabó– agregando mientras no deja de apuntarle a Micah – Oh, ¿todo esté tiempo?–.

– Cállate, Blanquito, cállate… Solo dices tonterías– le responde Micah, en tanto le esboza ya una sonrisa maliciosa y definitiva.

– No. Cállese usted, príncipe Micah. Y baje sus armas– le exclama y contesta, el duque Weselton.

El duque estando indispuesto y para nada agradándole los planes de Micah, incluso todo lo que hizo. En ese momento el duque se pone de lado de Jack mientras le apunta con una ballesta también a Micah.

– Oigan. Vienen unos hombres hasta nuestra posición– les avisa Eugene, después de que volteó por unos segundos hacia atrás y logro visualizar varias figuras difuminadas acercándose hasta su posición.

Habiéndose distraído, el duque, Micah aprovecha dicha distracción y no duda en dispararle una flecha a Weselton en su cuerpo.

Cayendo al suelo y retorciéndose del fuerte y desgarrador dolor, mientras todos miran su cuerpo morir lentamente, logran escuchar la voz de la joven blonda, tomando ahora sí, una decisión y con un sentimiento de fastidio – ¡Ahora!– exclama la joven al extender sus manos en modo de defensa y lista para apuntarles a ambos bandos y congelarlos en el acto.

Los bandos de Jack, Kristoff, Anna, Olaf y Sven, y el de Micah y el resto de hombres y mujeres que están ahí, se ven interrumpidos por la joven platinada que rápidamente, debe saber quiénes son leales y quiénes no.

– ¿Quién de todos ustedes…– les pregunta mientras no deja de apuntarles, agregando, en tanto se va dando varias vueltas para mirar a ambos bandos, pero sin dejar de apuntarles con sus gélidas manos – Está conmigo…– finalizando con – Y quién está en mi contra?–.

Ante esto último, todos por fin se deciden a quien pertenecer.

– Rapunzel, Eugene, chicos, piensen, piensen en ustedes mismos– les exige con algo de miedo, el peliblanco, al observar como todos se pasan al bando de Micah, incluyendo la mismísima Elsa, y mientras les apuntan todos al antes mencionado peliblanco, a Kristoff, a Anna, a Olaf y a Sven.

Estando rodeados y siendo intimidados, Jack no deja de apuntarles con su ballesta gélida, en tanto Micah pronuncia sin dejar de apuntarles – Está mintiendo…– añadiendo nuevamente – ¡Está mintiendo!–.

Manteniéndose en un punto muerto e incapaz de matarse debido a que son de la misma clase de nobles de elite, a excepción de Kristoff y Sven, son todos interrumpidos por un grupo considerable de Anti nobles, que los atrapan con las manos en la masa – ¡Ríndanse todos y bajen sus armas!– les gritan los hombres a los nobles y demás individuos enfrascados en el enfrentamiento.

Al ver que se avecinan muchos enemigos hacia su posición, Elsa grita – ¡Maldita sea, muévanse!– en tanto retrocede con los demás sujetos, y mientras muchos de estos huyen como pueden.

Refugiándose y cubriéndose rápidamente, Jack les pregunta a sus amigos – Kristoff, Anna, Olaf, ¿Están listos?– estos últimos, le terminan afirmando con la cabeza, y en tanto le pronuncian al unísono – Si…–.

Al instante escuchan la voz del lugarteniente de los Anti nobles, Edgar Ross, gritar en una orden – ¡Bajen sus armas!–.

Visualizándose como el reino de Arendelle es invadiendo por este grupo de hombres, Jack y sus amigos logran huir como pueden hacia el mencionado reino, con el fin de ayudar a unas cuantas personas a abandonar el reino.

Evadiendo con éxito a los innumerables hombres, una vez que se refugian y esconden dentro de un negocio invadido previamente por los Anti nobles, Kristoff les grita mientras los guía a sus amigos – ¡Vamos, tenemos que irnos!–.

Deteniéndose el peliblanco y estando dispuesto a regresar hasta el lugar donde se encontró con Micah y los demás, Kristoff le exige que se mueva – Jack. No ahora–.

Con la decisión retumbando en su cabeza, Jack se decide por fin, y en eso les indica – No, váyanse ustedes, tengo que regresar con Elsa–.

Incapaz y negándose rotundamente a dejarlo solo, Anna le responde que no será así – No te dejaremos solo, iremos juntos–.

Fuerte en su decisión y voluntad, Jack le contesta con un tono agresivo, mientras les pide que se retiren – ¡No! Kristoff, llévatela ahora–.

– ¿Qué? ¡No!– le contesta la chica, en tanto observa como Jack está confiado en irse y encarar a Micah.

Retrocediendo hacia atrás para dar una vuelta e ir por Micah y Elsa, Jack les dice como penúltima cosa – Nos vemos, chicos– encaminándose hasta el sitio, Anna lo llama en reiteradas veces para que regrese – Jack, ¡Jack…!–.

– ¡Deja de ser una niña, y conviértete en la verdadera mujer que eres! Mantenla a salvó Kris...– les dice como última frase, y mientras los deja que se marchen a un lugar seguro, incapaces de dejarlo solo.

Empezando a llorar y no soportando que Jack haya tomado esa decisión, Anna le grita por su nombre al peliblanco, en tanto a duras penas Kristoff se la lleva de ahí para mantenerla a salvo.

Resignados a dejarlo con esa contundente decisión, rápidamente se retiran del lugar, y mientras lo hacen, presencian el momento en que Olaf se derrite de manera premeditada, debido a que su creadora logra controlar en esos instantes sus poderes.

Debido a que tienen que huir, Anna, Kristoff y Sven rápidamente se dirigen a las afueras de Arendelle, para nunca volver.

{-}

Afrontando lo que viene, Jack usa la ballesta para congelar a varios enemigos, mientras sube a una terraza de un edificio – ¡Vengan aquí, malditos bastardos!– les grita en tanto se tambalea, debido a que subió a dicha terraza con sus manos y no usando sus poderes.

Habiendo congelado a 4 sujetos y estando distraído, Jack al darse la vuelta es sorprendido por Micah, quien lo embiste para iniciar el combate.

– ¡Por fin te atrapó, Blanquito!– le exclama Micah, sumamente molesto, y mientras lo toma de la ropa a Jack para posteriormente golpearlo – ¡Eres una rata, una rata de mierda!– le contesta con agresividad, Jack, intentando congelarlo.

Siendo golpeado varias veces en el rostro, Jack pierde sus poderes en ese momento, debido a que Micah usa una bolsa de polvo antimagia y se la estampa en la cara, como una piedra, deshabilitando así sus poderes del peliblanco.

Ante su respuesta del peliblanco, el malvado rubio le informa con un tono fuerte y agresivo sin dejar de estampar sus nudillos en el rostro del mencionado chico – ¡No, soy un sobreviviente, y eso es lo que importa!–.

Lográndole bloquear unos cuantos golpes, Jack lo toma de sus ropas a Micah y teniendo un fuerte forcejeó, lo jala hacia su posición para luego de eso, tirarse juntos de la terraza, cayendo al suelo de manera adolorida y abrupta.

Siendo un espacio abierto, tanto para Jack como para Micah, y estando en el suelo se retuercen de dolor.

Reincorporándose lentamente, es Micah quien toma de su abrigo a Jack y rápidamente lo empieza a golpear en el abdomen y en el rostro reiteradas veces – ¡Oh, Blanquito, tanto te esmeras en ganar!–.

– ¡Eres un hombre muerto!– le responde Jack, en tanto le bloquea unos cuantos golpes y logra atacar con ferocidad.

Matándose a golpes, Micah le da con ambas manos, demostrando así que es mejor combatiente cuerpo a cuerpo que el mismísimo peliblanco.

Logrando también golpearlo, Jack a duras penas se puede defender. Usando también sus puños, logra casi derribarlo.

Intentando matarlo, Micah usa su fuerza física y sanguinaria para intentar después de tantos golpes, estrangular al peliblanco, pero este último se libra golpeándolo en el abdomen y evitando que Micah lo mate estrangulándolo.

Reiterándose sus fuertes puñetazos, después de golpearse en el rostro, pecho, abdomen y haber forcejeando, Micah nuevamente en un intento por matar a Jack, lo derriba para luego darle varios puñetazos en el rostro, en tanto Jack estando en el suelo intenta a duras penas bloquearle y detenerle varios golpes.

Quitándoselo de encima, Jack estando débil por la dura pelea que mantuvo y pareciéndole eterna, al haber sufrido más daño físico intenta arrastrarse por el arma de Micah, la cual está tirada en el suelo.

– En este mundo hay ganadores y perdedores, y nada más que eso– le menciona Micah, después de que fue apartado bruscamente por Jack, quien le dio una fuerte bofetada para quitárselo de encima.

Viendo el mismísimo rubio, como el guardián se arrastra débilmente, lo toma de la parte de atrás de su abrigo y lo levanta bruscamente.

Pero al levantarlo del suelo, Jack le da un fuerte golpe en el rostro a Micah con su propia arma de este último, después de que la logro tomar estando en el suelo.

Cayendo al suelo y totalmente agotado, débil y adolorido por el combate, Jack comienza a jadear excesivamente por el gran esfuerzo físico que tuvo que hacer para enfrentarlo al rubio, y sabiendo que perdió la mayoría de sus poderes.

Consiguiendo darse la vuelta, comienza a arrastrarse por la misma arma que tomo después de que la lanzo más lejos de su posición, debido al fuerte golpe que le había propinado a Micah – Oh, Blanquito, perdiste– le dice Micah, en tanto se reincorpora y lo sigue lentamente por detrás mientras lo ve a Jack arrastrarse difícilmente por el suelo.

– Probablemente, Micah… pero gane más de lo que te imaginas…– le contesta mientras está cerca de tomar el arma que está en el suelo.

Mientras se arrastra con el fin de tomar el arma de Micah, como última forma de defenderse, Jack débilmente se ve interrumpido por una zapatilla de cristal gélido y celeste que no es ni más ni menos que de la gran reina de las nieves – Es suficiente, Jack. Se acabó– le dice la joven después de pisarle la mano a Jack y mientras lo observa moribundo al debilitado peliblanco.

– Oh, Elsa. Es una rata, tu lo sabes, yo lo sé– le responde mientras la observa desde el suelo, estando ya muy mal herido.

Intentando convencerla de que no caiga en ninguna de las palabras de Jack, el mismísimo Micah le dice – Vamos, reina Elsa, está delirando y además dice puras tonterías. Vamos, podemos lograrlo– añadiendo mientras intenta acercársele pero estando casi incapaz de caminar hasta la joven – Vamos, ganamos–.

Volteándose ligeramente en posición decúbito dorsal y tosiendo sangre, mientras mira desde esa posición el pequeño mentón y el atractivo busto redondo de la chica, Jack interfiere en lo último dicho por Micah, y le dice a Elsa – Kristoff y Anna, ganaron. Yo lo intente, y al final al menos lo intente. Te di toda mi confianza. Te ame, Elsa, y te sigo amando–.

Entristecida al no saber que hacer, Elsa retira su pie lentamente de la mano de Jack, en tanto dice a secas – Yo...–.

Mirando como agoniza el peliblanco y estando sumamente decepcionada, levanta su mirada y al instante la dirige hacia Micah, el cual sigue alabando que han triunfado – Vamos, reina Elsa, podemos lograrlo, solo tenemos que irnos de aquí…–.

Mostrándose indecisa, su mano empieza a temblar, tentándose en acabar de una vez y por todas con el conflicto, pero al final, la joven decide hacer una última cosa…

Decide dar un paso hacia adelante…

Y luego varios pasos hacia atrás…

Hasta darse la vuelta…

Y retirarse definitivamente…

Viendo Micah que Elsa no confía en nadie más y observando el como la joven se ha decepcionado de todo y de todos, el mismo Micah le empieza a insistir que regrese, considerando que aún son ganadores – Elsa… ¡Reina Elsa!–.

Negando que la joven ya no crea en él, Micah empieza a casi hacer un berrinche por la decisión que tomo.

Decidido en terminar con todo y asumir la victoria que le corresponde, Micah toma su arma y al acercársele a Jack, no se tienta el corazón en vociferarle – ¡No eres mejor que yo, Jack!–.

Débilmente e intentando levantarse, Jack con algo de esfuerzo únicamente logra levantar su cabeza para decirle con un tono algo débil y rasposo – Lo que tú digas, tonto…–.

– Te condenó…– le responde Micah, en tanto prepara la ballesta y se la encañona a Jack, cerca de su cabeza.

– ¡Nos condenaste a todos!– le grita de manera valiente, Jack, siendo así la última cosa que termina saliendo de sus labios.

Una vez que Jack le grita, Micah no duda en jalar el gatillo y terminar con todo de una vez y por todas, pero…

Pero…

Pero…

Pero ocurre algo imprevisto e inesperado para Jack.

Con la espera de morir a manos de Micah, Jack descubre que Micah no jalo el gatillo por un motivo poco favorable para este último.

Débil y adolorido, observa al instante una figura…

Una figura completamente hecha de hielo, delante de él…

Micah Bell…

Esa figura de hielo es Micah…

Congelado e irremediablemente detenido antes de que lo mate a Jack, este último se sorprende al ver la estatua de hielo de la rata.

Arrastrándose al ver que Micah ya no podrá hacerle daño alguno porque está muerto, Jack al instante escucha una voz – Jack...– esa voz es de aquella persona que lo abandonó…

Pero a regresado.

Jack estando cansado, levanta la cabeza en tanto se continúa arrastrando por el suelo, pero al hacerlo, observa una figura femenina acercándosele rápidamente.

Elsa ha vuelto, reconsiderando su decisión.

– Elsa. ¿Qué? ¿Qué demonios?– al verla inclinándose para ayudarlo, no puede evitar quedar sorprendido, asimismo, no puede evitar cuestionarla por su intervención.

– No iba a dejar que se saliera con la suya. No iba a dejar que te matará. Te amo, desde que me besaste. No confiaba del todo en sus palabras, y sigo sin confiar. Ahora… Acompáñame, tenemos que sacar a esa gente que trajo…– esclareciéndole el porque ha vuelto, la joven platinada después de que lo ayuda a levantarse y le da un beso cargado de amor verdadero, logra hacerlo que se recomponga.

Con esto último consiguiendo que salga a luchar y defienda el reino contra la gente que Micah trajo.

– Tenemos que salvar Arendelle– le dice la joven blonda en tanto corre valientemente.

Estando un poco débil y al lado de la mencionada platinada, Jack le responde con dificultad – Si, Elsa…– mientras corre se detiene ligeramente, un tanto débil, pero nuevamente reanuda la carrera y continua junto a Elsa para salvar a Arendelle de los hombres de Micah Bell.

{-}

Después de lograr salvar Arendelle, Anna y Elsa se reencuentran.

Liberándola de su maldición a la pelirroja, Elsa por fin entiende el significado de estar juntas y asimismo por fin entiende que Anna siempre ha sido y será su hermana.

Por fin logra perdonarla.

Dándose un merecido abrazo y sabiendo que tienen las dos hermanas un futuro prometedor y por delante, decidiendo dar un paso hacia adelante y superar sus problemas.

{-}

Con los hombres de Micah encarcelados, muertos y siendo llevados a distintas naciones para que paguen por sus actos, Arendelle por fin puede brillar nuevamente a como era antes, pero ahora mucho mejor.

{-}

Enamorada de Jack, Elsa sabía que no lo iba a dejar morir, por ello le salvó la vida, tal y como él le salvó la suya cuando estaban en el castillo de hielo.

Siendo ahora pareja y con el tiempo habiendo transcurrido con demasiada rapidez, la joven platinada por fin respira con tranquilidad, sabiendo que ha solucionado todos sus problemas y que por fin será feliz.

Lo ha conseguido.

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Tiempo después…

Después de que fue en busca del más allá, vivió aventuras increíbles con su hermana, con Jack y regreso a Arendelle sabiendo que Anna ahora era la nueva reina. La joven platinada por fin pudo respirar tranquilidad con tanta pasión.

{-}

Mirando desde el ventanal de su habitación la increíble mañana.

Observando las maravillas que sus padres le dejaron, al instante no puede evitar sentirse afortunada.

Sonriendo con demasiado orgullo y abrazándose ella misma; sabiendo que tiene gente que la ama y la respeta con tanto cariño y esmero, conociendo incluso de antemano que no está sola y nunca lo estará, siente al instante a alguien, quien la abraza por detrás y le da un dulce beso en el cuello.

– Jack…– lo llama al hombre que está detrás, y mientras lo siente acurrucarse sobre ella.

– ¿Qué haces aquí, copito?– le pregunta el mencionado peliblanco a la joven mientras la continúa besando en el cuello y no le da cabida al verla cerca del ventanal enorme.

– Estaba recordando el pasado. Recordaba a Micah– le contesta la chica, en tanto logra darse la vuelta y verlo a Jack.

– Elsa, ha pasado tanto tiempo desde que se fue de nuestras vidas. Lo mejor es dejarlo. No quiero pensar que hubiera pasado si me hubiera matado…– le dice Jack, mientras no para de besarla apasionadamente y mientras le va bajando lentamente una parte del vestido.

Riéndose y con los pensamientos sobre la rata, al final le da la razón a Jack.

Antes de que las hormonas de Jack se salgan de control, la joven le insiste en querer despejar su mente – Jack… No estoy segura de querer hacerlo aquí–.

Separándose ligeramente de la chica en tanto ya la había estampado contra el vidrio del ventanal, Jack le pregunta con curiosidad – Si no quieres hacerlo, no te voy a obligar. Bueno, ¿Qué quieres hacer, si no quieres tener…?–.

– ¿Podemos salir a pasear?– le sugiere como una niña curiosa y juguetona, mientras se acomoda su ropa.

Observando con detenimiento a Elsa, y teniendo una sensación de ternura, Jack le responde con un tono coqueto y dulce – Me parece una buena idea. Vamos…–.

Decididos en salir y entretenerse en lugar de tirar sus ropas y entregarse en cuerpo y alma. Caminan lentamente hasta llegar a las afueras del lugar.

Afuera, Jack le dice como última cosa mientras toma una flor y se la coloca en el cabello a Elsa, para que la misma joven se vea más hermosa – Todo el pasado que nos relaciona con Micah fue un largo viaje. Un largo viaje que no me gustaría volver a repetir o vivir–.

Asintiéndole ante todo lo dicho, antes de continuar con su bello y fraternal paseo por el jardín, Elsa le pide como última cosa – Jack, ¿Podrías besarme?–.

Tomándola de la cintura y acercándosele a la joven, le da con tantas ansias un dulce beso tan suave, apasionado, y cargado de lealtad y amor único y verdadero.

Sabiendo que nada los separará y que ahora están juntos, por siempre.

Y por fin siendo libres.

Terminado así este fic.

{-}

Notas del autor:

Hola nuevamente, lector.

Este fic fue una sorpresa y una locura, no se cómo quedó así que si… Una locura.

Este fic es el final bueno.

¡Por fin!

Hubo muchos cambios para esta historia, no diré cuántos, pero está vez agregue bastantes cosas buenas y diferentes al fic malo o final malo.

Solo una cosita diré, reemplace la canción de Let it go o Libre soy o Suéltalo, por la de Muéstrate.

Esto se debió a un vídeo Jelsa de una youtuber que hace unos vídeos Jelsa requeté para chuparse los dedos.

Y bueno, solo escuché la canción dos veces, pues trabaje con la canción de Bad Voodoo y de hecho hasta cantaba Muéstrate pero con la melodía de rock o metal de Bad Voodoo.

Y bueno, si lo disfrutaron, bueno para ustedes y bueno para mí.

Sin más, me despido y no olviden que…

¡Forajidos Por Siempre!

No olvidó traerles más fanfics (algunos largos y otros cortos, y otros aún más cortos).

Nos leemos pronto y hasta pronto.