Disclaimer: Los personajes no son míos, todo es de Disney, Dreamworks y Rockstar, a excepción de varias ideas que si son mías.
Inspirando en un Fanfic Helsa, en otras dos misiones de Red Dead Redemption 1 y en mi anterior fic, donde Elsa asesino cruelmente a Norman Deek, la mano derecha de Bill Williamson (es una continuación del anterior fic)
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Disfruta.
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Advertencia: Algunas pequeñas partes están ligeramente subidas de tono.
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Esa misma noche y después de la inspección al cuerpo de Norman Deek; su deceso a manos de la joven platinada y el descubrimiento de la posible ubicación de Bill Williamson, los muchachos empezaron con la planificación y la organización del segundo plan.
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Al abrirse la puerta de la cabaña después de unas cuantas horas y con el fin de no dejar algún rastro de Norman Deek, logran salir Hans, Kristoff, Dimitri, Hipo, Aladdin, Eugene, Philip, Naveen, Alistair y Jack del susodicho lugar en tanto cargan el cadáver y órganos internos del hombre asesinado cruelmente por la inocente blonda.
– No lo soporto más…– les dice Hans mientras empiezan a cavar juntos el pozo donde posteriormente arrojarán el cadáver de Deek.
En tanto trabaja en conjunto con sus compañeros, Hans intenta taparse la boca para contener sus náuseas, pero al final y después de regurgitar un poco mientras realiza el trabajo, termina vomitándose, y en tanto sus amigos lo miran algo sorprendidos.
Incrédulo Hans, después de darse cuenta de que su ex novia es demasiado peligrosa, comenta mientras se limpia los rastros de vomito de su boca – ¡Maldita sea! Me alegró mucho que ya no seamos novios, porque si continuáramos con esa relación infructuosa, seguramente me hubiera hecho lo mismo que a este idiota–.
Uniéndose a dicho comentario del pelirrojo, Naveen, quién le dice – Y yo que pensaba que no mataba ni una mosca– añadiendo también en forma de comentario, Dimitri, en tanto clava la pala en el suelo, a la par de sus compañeros – Es increíble. Pensé que mi novia era la peligrosa, y resulta que Elsa fue capaz de hacer esto–.
Escuchándose los comentarios atónitos de cada uno de los chicos, rápidamente y en ese preciso instante, Jack les llama la atención debido a que él es el único que termina reconociendo que lo que hizo su novia, si que estuvo mal – Oigan, esto no fue divertido. ¿Qué pasa si la policía viene y nos arresta a todos por lo que hizo?–.
Un tanto enfadado el peliblanco e intentado tranquilizarlo, Philip toma la palabra, diciéndole en tanto deja de cavar – Jackson, tranquilízate–.
Negándose rotundamente a calmarse, Jack al instante cuestiona al castaño y novio de la joven Aurora, respondiéndole con indignación – ¿Qué me tranquilice? Me arrestaron una vez por usar una licencia de conducir falsa–.
Enojado a tal punto de querer irse del sitio debido a que fue el único de todos los chicos que termino reconociendo que fue arrestado en el pasado, Jack arroja la pala en el suelo, en tanto Eugene se une a Philip para al menos intentar calmar al encabronadísimo peliblanco – Vamos, Jack, esto no se compara con eso–levantando la pala, Hipo, en ese momento y procediendo a entregársela al molesto peliblanco.
Intentando en más de una ocasión tranquilizarlo el trigueño, Jack le responde con un señalamiento – No, pero… Créanme que no iré de nuevo a prisión– después de responderle al muchacho y novio de Rapunzel, Jack le arrebata al inocente y jovial Hipo, la pala y luego la termina clavando en el suelo de forma brusca y frustrante.
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Ya habiendo cavado completamente el sitio donde arrojarán el cadáver de Norman Deek, Eugene decide preguntar en tanto se limpia el poco sudor que le escurre en su rostro – Bien, ya cavamos el pozo, ¿Ahora qué sigue?–.
Con nervios ante la cuestión, los muchachos se giran para y con el fin de tomar el cuerpo de Deek, siendo en ese instante en que Alistair declara – Arrojar el cadáver de Deek al lugar–.
Tomando el cuerpo de Deek, de sus brazos y piernas; Hans rápidamente les comenta nuevamente con náuseas y mientras no le da cabida a lo que la joven platinada hizo – ¡Maldita loca! Y creí que siendo de Europa del este, podría haberme guardado todas mis penas y secretos. No creí que fuera capaz de matar a un hombre. Ahora me doy cuenta de que nunca podré volver a estar con ella–.
– Vamos, Hans, ella te considera un amigo, jamás te lastimará. Tal vez si te grité y humille, pero jamás te matará…– le dice Eugene, en tanto ya todos los muchachos tienen el cuerpo de Deek y lo terminan arrojando definitivamente al sitio donde cavaron el pozo.
– Tienes razón– le contesta, el pelirrojo al joven y apuesto trigueño.
Una vez arrojado el cuerpo del hombre asesinado por la muchachita, Alistair dice mientras se limpia las manos – Ya está–.
Con el cuerpo de Deek en el sitio, rápidamente los chicos se preparan para tapar el cuerpo completamente con la tierra que removieron y escarbaron.
– Chicos, empiecen a tapar el cadáver– les indica, el mismísimo Alistair a los muchachos.
Más que listos para tapar el cadáver con tierra, Jack al instante lo detiene a Alistair, y una vez que interfiere, con el miedo que tiene, le sugiere – Espera, Alistair… ¿Qué tal si lo quemamos?–.
Observando el rubio, el semblante del peliblanco, un tanto nervioso y aterrado, decide cuestionarlo con una ceja inclinada al mencionado peliblanco – Oye, Frost. Desperdiciamos tiempo cavando un pozo para arrojar el cuerpo de este malnacido y apenas se te ocurre quemarlo. Estás tan loco como Elsa–.
Sintiéndose algo ofendido debido a que no aprobó el rubio, su sugerencia, Jack se defiende, diciéndole – ¿Qué...? A ver, Alistair… No voy a volver a prisión, solo porque mi novia mato a un hombre ligado con Bill Williamson–.
Señalándolo Jack, mientras se enfadaba nuevamente, rápidamente Hans, interfiere y tratando de tranquilizarlo, le dice – No irás a prisión, Frost, mi cabaña, solo la conocemos nosotros. Las fiestas donde has follado con Elsa, nadie las ha visto… Solo nosotros y tú–.
– Desde que se creo está puta idea de la banda, me dio muy mala espina esto– le termina confesando, Jack al pelirrojo, mientras niega y casi está apunto de lamentarse y arrepentirse de haberse unido a la susodicha banda.
Un poco entristecido, Jack, debido a que cree que la policía llegará hasta donde ellos están, en ese instante, Alistair quién tratando de aligerar la tristeza de Jack, le dice a este último – Vamos, Frost…–.
Poniéndose a pensar, si ayudar o dejar de ayudar, al instante, Jack le señala en tanto agita su mano, al rubio mientras lo mira con un decaimiento – Mierda… Eres tan malo como Bill–.
– No, solo soy alguien justo. Ahora… Tapemos el cuerpo de Deek– le termina contestando el arrogante rubio, mientras lo invita a Jack como al resto de muchachos, a tapar el cadáver de Deek con la tierra que escarbaron y quitaron.
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Volviendo a la cabaña todos los chicos, y una vez adentro, se percatan que la joven Rapunzel, no ha despertado.
– ¿No ha despertado?– les pregunta Alistair al notar como la joven rubia está en el suelo y no se ha levantado en ningún momento.
– Alistair. Para Rapunzel fue muy fuerte haber visto sangre e intestinos de alguien que estaba vivo, hace poco– le justifica la joven asiática de nombre Mulan, quién teniendo la mano de Rapunzel para medirle el pulso; está cerciorándose de que la rubia este viva.
Cambiando de tema por un pequeño momento, Merida estando a lado de la joven rubia desmayada, decide preguntarles a los chicos que se llevaron el cadáver de Deek, lo siguiente – ¿Qué hicieron con el cuerpo de Norman Deek?–.
Inclinándose Hipo para tratar de ayudar a su amiga, le dice este mismo a la chica de melena alborotada – Lo enterramos detrás de la cabaña–.
Afirmando la joven pelirroja melenuda, rápidamente Hipo es él, el que ahora decide preguntarle por el paradero de la asesina – ¿Y Elsa?–.
Tomando la palabra, la joven Caine, está última le dice el lugar donde se encuentra la mencionada platinada – Está dentro de uno de los cuartos con el mapa que tenía Deek–.
Dejando de hacerse preguntas en cuanto a Norman Deek y Elsa, rápidamente todos los muchachos dirigen su atención a la joven rubia desmayada, quién adquiriendo un tono pálido en su cuerpo debido a las náuseas, el miedo y el desmayo, producto de haber visto el cuerpo de Norman Deek, siendo asesinado de manera sangrienta, empiezan a preocuparse por la joven.
Siendo Astrid, una de las chicas que nota un malestar en la joven rubia, rápidamente les sugiere con algo de preocupación – Oigan muchachos, deberíamos llevar a Rapunzel con un médico, está fría. No está muerta pero me da miedo que no despierte–.
Viendo el pelirrojo que la joven no soporta ver ni un poco de sangre, termina dando un suspiro de hartazgo en tanto les comenta a los demás chicos – Mierda. Trajimos a alguien tan inútil a nuestra banda–.
Cruzándose de brazos el molesto colorado, rápidamente Eugene, interfiere y con el fin de defender a como de lugar a su novia de alguna otra probable ofensa de parte del pelirrojo, le dice con un poco de ira – Westergaard, mi florecita no es una inútil. Ella no sabía que iba a suceder todo esto–.
– No, pero… es tan estúpida– le termina contestando, el mencionado cobrizo, mientras levemente se exalta.
Teniendo un miedo equiparable al de la joven Astrid, Cenicienta o Cindy les termina sugiriendo a sus amigos y de igual forma a Astrid, que Rapunzel sea llevada directamente y rápidamente a un hospital – Llevémosla con un médico, es en serio…–.
Estando completamente en desacuerdo con las muchachas, Hans les dice sumamente molesto y reiterándoles – No, no pienso ir de vuelta a la ciudad y decirle a los médicos "Mi amiga Punzi se desmayo porque vio un cadáver"–.
Siendo la decisión de casi todos los jóvenes contra la de Hans.
Es la joven Mulan, quién viendo la negativa del líder de ayudar a la joven, decide informarle, molesta – Si, tu no la llevas, nosotros, si la vamos a llevar–.
Levantándola todos a la joven rubia, es en ese preciso instante en que Hans se da cuenta de que si se llevan a Rapunzel con un médico, este último no dudará en preguntarles qué fue lo que vio y que fue lo que le pasó.
Por ello y para evitar llamar la atención, Hans se abalanza hasta la muchacha inconsciente.
Aterrados al verlo al pelirrojo tomar a la joven rubia en sus manos e intentando llamarle la atención; todos lo nombran al colorado – Hans… ¡Hans!–.
Recostándola en el suelo, Hans en ese instante decide subirse a horcajadas sobre la chica, y sin dudarlo, darle una bofetada tan fuerte que la terminan despertando como si se hubiera ahogado o hubiera tenido una pesadilla.
Ante tal fuerte golpe, la joven despierta, solo para al final empezar a llorar y empujar a Hans, mientras corre hasta esconderse en una de las habitaciones de la cabaña.
– ¡Eres horrible!– le termina diciendo la joven Anastasia al pelirrojo, en tanto todos los muchachos al menos saben que la joven rubia está viva y se encuentra bien.
Excusándose el pelirrojo al ver que ninguno de sus amigos le agradecen, les dice – Era la única forma de que se levantará, chicos–.
Un tanto indignados todos los chicos por lo que Hans hizo, son alertados por la joven Diane, quién los llama únicamente a Hans y a Alistair – ¡Hans, Alistair! El teléfono de Deek está sonando–.
Siendo la joven Diane quién se quedó y estuvo inspeccionando las pertenencias y objetos personales de Deek (entre estos objetos, el diario, el teléfono, algo de dinero, algunos condones y un collar de colmillo dorado), al avisarles a los mencionados muchachos, todos corren a verificar el teléfono un poco ruidoso del hombre asesinado.
Rápidamente y tomando el teléfono para contestar la llamada, Alistair les pide a los chicos que no se muevan y no hagan ruido – Shhh… Silencio–.
Al contestar la llamada, al instante la voz de Williamson se hace escuchar en el teléfono; saludando y tratando de entablar una comunicación con el hombre asesinado – Deek. He estado buscándote, ¿Dónde estás?–.
Bajando la joven platinada por su propia cuenta y dándose cuenta de que todos los chicos están reunidos escuchando la voz de Bill en el teléfono, Elsa se abalanza hasta la pequeña multitud de sus amigos y amigas, y decide escuchar todo lo que Bill tenga que decir.
Escuchándose una aparente preocupación en el semblante del bigotudo y megalómano hombre, este lo nombra a su mano derecha con el fin de que le responda, sin saber que ya está muerto – ¿Deek?– añadiendo mientras todos los chicos escuchan y esperan a que diga más, asimismo a que no descubra que ellos lo secuestraron al mencionado sujeto – Responde…–.
Esperando unos cuantos segundos para que continúe y cruzando los dedos con el fin de que no se dé cuenta de nada, al final escuchan a Bill declarar – Está bien. Será mejor que me digas el sábado en la mansión "La escalera" de Allende, porque no me respondiste. Te veré allí, maldito idiota…–.
Estando a punto de colgar, todos los chicos y chicas se empiezan a mirar mutuamente, en tanto esperan a que Bill diga o dé más información – Voy a colgar. Últimamente siento que me persiguen por la muerte de esa mocosa barata. Sé que su hermanita está detrás de mi. Cuídate, Deek, en caso de que la veas. Hasta luego– después de eso último, finaliza la llamada.
Un tanto nerviosa, Tiana decide preguntarles a Alistair y Hans, cual es el siguiente paso – ¿Y ahora qué?–.
Manteniéndose firmes y basándose en el mapa que traía Deek, Alistair les dice – El plan se mantiene, ¿No es así, Westergaard?–.
– Por supuesto…– le responde el pelirrojo al rubio en tanto asiente de forma espontánea.
Sabiendo todos los jóvenes que deben capturar a Williamson a como de lugar, Alistair declara y afirma mientras sabe que el plan de captura no ha cambiado en lo más mínimo – Como Norman Deek lo tenía previsto y puesto en su mapa… Acabaremos con Bill Williamson en…–.
– "La escalera"– concluye y añade de forma molesta la joven platinada.
Volteando todos los jóvenes a verla a la chica, y asintiendo ante lo dicho.
Continuando así con el plan.
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Con el transcurrir de toda la mañana y comienzos del amanecer, terminaron su encuentro necesario para lo que eventualmente sería el plan de captura contra el megalómano.
Cayendo en unas horas el día siguiente, en específico, el día miércoles; todos los chicos volvieron a clases, como era costumbre.
Durante los tiempos libres, entre clase y clase, muchos de los chicos implicados, reclutaron a más jóvenes para la banda, aunque, cuidando de no decir de más o delatar los planes de la misma.
En medio de las horas de la comida, les explicaron a los reclutados, el motivo y las causas.
Sabiendo que irían varios muchachos a las prácticas de la empresa del joven Alistair Krei, ahí sería el lugar ideal para concretar aún más el plan que se tenía fijado.
Antes de comenzar las prácticas, unas cuantas horas antes, asimismo, Alistair y Diane, de forma oficial fueron invitados a la mansión de Allende, con el único objetivo de hablar con el alcalde sobre algunos inventos o ideas sobre la seguridad del estado.
Ya teniendo el momento justo para reunirse con sus amigos, Alistair y Diane, comenzaron las prácticas profesionales de sus empresas.
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Después de las prácticas por la tarde del día miércoles, en Krei tech, Alistair mientras finaliza, les dice a las personas que no estén involucradas en sus planes; tanto de sus amigos, como de él – Bien. Es todo, muchachos. Retírense los que tengan que hacerlo–.
Tomando varios chicos y chicas sus pertenencias, y retirándose en tanto le desean un buen día al empresario e instructor rubio, este da por concluidas las prácticas de ese día.
Quedándose en su clase Hans, Elsa, Jack Frost, Caine, Kristoff, Olaf, Rapunzel, Eugene, Belle, Adam, Aladdin, Jasmine, Eric, Ariel, Tiana, Naveen, Moana, Macintosh, Merida, Hipo, Astrid, Charming, Cenicienta, Pocahontas, John Smith, Philip, Aurora, Snow White, Florián, Maui, Diane Amara, Mulan, Li Shang, Varian, Cassandra, Mateo, Elena, Dimitri, Anastasia, Tadashi Hamada, Hiro Hamada, Gogo Tomago, Fred, Wasabi, Honey Lemon, Roland, Miranda, Tack y Yum Yum. Todos estos se quedan para eventualmente escuchar todo lo que Alistair tenga que decir.
– Cierren la puerta…– estando ya únicamente los chicos interesados, Alistair les pide lo anterior, en tanto se acomoda su corbata.
Con la puerta cerrada para que nadie los escuche o llegue a interferir en lo establecido, Alistair reanuda todo, diciendo – El día sábado habrá una fiesta en "La escalera". La mansión del alcalde Agustín Allende; cazaremos a Williamson, en ese lugar. Pregunto y sean sinceros conmigo…–.
Observándolos a los chicos y chicas, uno a uno, y después de analizarlos, Alistair no duda en preguntarles a todos los muchachos – ¿Quiénes saben manejar un fusil, una pistola, una metralleta…? Bueno, simplifiquémoslo… ¿Un arma? ¿Quiénes saben manejar un arma de fuego?–.
Levantando la mayoría de los chicos, sus manos, Alistair asienta en tanto, Hans se le acerca hasta su posición, en el escritorio.
– Bien, ¿Alguna otra cuestión?– les pregunta, después de que la mayoría de todos los muchachos que alzaron sus manos; rápidamente las terminan bajando.
No sabiendo que más decir o declarar, Alistair empieza en ese preciso momento a murmurarle y platicarle ciertas incomodidades al pelirrojo.
En tanto platican con cierta duda de que es lo que harán, el muchísimo más joven que Hipo, Tack, decide preguntarles, una vez que alza su mano – ¿Estamos por lo de Anna, cierto?–.
Deteniéndose en su silenciosa plática, y al instante, Alistair le afirma al muchacho – Tack, estás en lo correcto– dispuesto a escuchar otra duda, Alistair empieza a mirar para todos lados, mientras espera a que otro chico tome la palabra o le formule otra pregunta.
Siendo Olaf, quién toma relevancia, rápidamente le pregunta al rubio – Y los que no saben manejar un arma, ¿Qué es lo que van a hacer?– no aclarándole, Alistair, del todo esa cuestión; este último solo se limita a decirle – Es urgente que lo sepan…–.
Empezando todos los chicos a cuchichear entre ellos, Maui, este último decide preguntarle a Alistair, con cierto aire de aburrimiento – ¿Y si matan a cualquiera por este tipo de tonterías?–.
Tomando en cuenta la cuestión del gran chico moreno, inmediatamente Hans toma la palabra y le responde al enorme muchacho – No creo, Maui. Tadashi Hamada y su hermano, Hiro, ya lo tienen todo listo, y les he pedido que hagan escudos y blindajes para los trajes que usaremos. Debo decir que Alistair, los adquirió del almacén de su empresa–.
Entendiendo la explicación del pelirrojo, Maui al final se termina decepcionando, debido a que su cuerpo es enorme y los trajes seguramente no le vendrán del todo bien a su gran contextura física – Oh, ya veo–.
Retomando su capacidad de liderazgo, Hans rápidamente les termina diciendo a sus amigos – Chicos. Compañeros, necesitamos entrenar y planificar el plan lo más pronto y correcto posible, solo tenemos una oportunidad. Le he pedido a Honey Lemon que use un dron para identificar áreas de la mansión de Allende. Está blindaba, la mansión, por lo que necesitamos para este mismo plan, la opción de infiltración–.
Dubitativo ante la cuestión, Varían le pregunta a Hans – ¿Infiltración?–.
Teniendo no solo que aclararle al muchacho ingeniero, dicha problemática, sino a todos los demás chicos y chicas, Alistair nuevamente toma la palabra para decirle y aclararle – Si. Para saber como se mueve el sistema de vigilancia de la mansión. Las fotografías que tomamos y el mapa que traía Norman Deek solo nos muestran algunas áreas del lugar y como llegar a dicho lugar de forma fácil, debido a que es ilegal identificar áreas que en pocas palabras… Son restringidas. Necesitamos movernos dentro de ella. Diane y yo, hemos acordado que iremos–.
Sabiéndose que el plan para infiltrarse está en marcha y ya están apuntados Alistair y Diane al mismo, la joven platinada intenta al instante intervenir, diciéndole al rubio – Yo quiero ir contigo–.
Conociendo lo que hizo el día anterior, rápidamente Alistair se pronuncia al respecto y le informa a la joven blonda, sin pretender faltarle al respeto – No, no puedes, Elsa. Si, Williamson te llega a ver, no dudará en atacarte–.
– No me importa, voy a matarlo– le dice, estampando la joven rubia, sus puño contra su mano; dispuesta la chica a matar de una vez y por todas al asesino de su hermana.
Viendo lo valiente que es su novia, Jack se le acerca, para luego tranquilizarla, en tanto la abraza con el fin de que no se exalte – Con calma, Elsi. Al haberse metido contigo, se metió también con nosotros–.
Molesta la joven, está misma le corresponde el abrazo al peliblanco, mientras deja entre ver lo triste y lo decepcionada que está.
Tomando la palabra nuevamente, Hans rápidamente vuelve a la plática, solo para señalarles – La infiltración será el día sábado. Justo como lo acordamos, necesitamos saber que tiene en mente Williamson, y luego después de eso, se efectuará el ataque para capturarlo–.
Levantando su mano para tomar la palabra en ese momento, la joven Elena, decide interrogar está misma, a sus instructores con lo siguiente, en tanto se muestra un tanto dudosa – Alistair y instructora Diane, ¿Quién los invito a esa fiesta? Ya se que irán de forma encubierta y…– respondiéndole a su cuestión, Diane es quién toma la palabra y le dice a la muchacha – Allende. Hace unas horas, antes de las prácticas, Allende, nos recordó y reitero nuestra invitación. Es el momento perfecto, para ir y efectuar la infiltración–.
Con todos los puntos aclarados, Hans nuevamente toma la palabra – Bien, todos vamos a mi cabaña. Guarden sus cosas, diríjase al estacionamiento y vayan directos al lugar. No sé detengan. Andando–.
Acatando la orden del pelirrojo, todos los muchachos empiezan a abandonar el salón de prácticas para rápidamente dirigirse al estacionamiento.
Todo con el fin de ir a la cabaña del susodicho colorado.
Mientras están por abandonar el lugar, la hermana pequeña de la joven Elena, aparece en la puerta de entrada y salida – Elena, ¿Puedo ir con ustedes?– le termina preguntando, la pequeña Isabel a su hermana mayor, mientras entraba al salón y en pleno momento en que su hermana mayor estaba ya abandonando junto a su novio, el lugar.
Negándose a ponerla en riesgo a su pequeña hermana, Elena le dice a esta última – Eres una niña, no puedes ir con nosotros–.
– Yo quiero ir– le insiste a la joven, en tanto le empieza a hacer pucheros de suplica.
Reafirmando su "No", Elena le dice a su hermana – Isabel, regresa a casa. Vas a preocupar a nuestra familia– negándose la pequeña niña a hacerle caso, la misma pequeña le reitera que quiere estar a su lado – ¡No, yo también quiero ir con ustedes!–.
Empezando, la pequeña niña a derramar unas cuantas lágrimas debido a las insistencias, Elena prácticamente en ese momento no le termina importando hacer llorar a su hermana.
Y mantenerse en su firme "No", en tanto le grita mientras le señala a la pequeña que se retire a casa – ¡Te he dicho que no!–.
Poniéndose a llorar aún más, la pequeña Isabel, no duda en gritarle una amenaza a su propia hermana mayor – ¡Si, no me dejas ir, le diré a mamá!–.
Poniéndolos en aprietos a todos los chicos mientras abandonan el lugar, Alistair rápidamente interfiere, nombrándola a la joven – Elena– al ver que el rubio prefiere correr el riesgo de llevarla a la niña a la cabaña en lugar de dejarla en casa para que los delate a todos, le termina llamando la atención a la joven, con lo siguiente – Prefiero consentirla a dejar que nos delate. Si le dice algo a alguien más, arruinará los planes–.
Comprendiendo lo mucho que le importa a los demás chicos y chicas, el capturar a Williamson a como de lugar, Elena al final sentencia – Ah, está bien. Puedes venir con nosotros–.
Decepcionada la joven por consentir a su pequeña hermana, en un asunto fuerte y serio, está última no importándole, exclama alegre – ¡Yupi!–.
Brincando de la alegría, Alistair en ese momento, se inclina ligeramente para hablar con la pequeña niña, y pedirle – Si. Quiero que nos hagas un favor, Isabel…– sonriendo de manera enternecedora la pequeña, rápidamente le responde al rubio ante el pedido que solicita – ¿De qué trata el favor, señor Alistair?–.
Aclarándose la garganta el mencionado rubio, este mismo le termina pidiendo – No le digas a nadie. Lo que haremos no será para nada lindo. Capturaremos a un hombre y…– entendiendo en una parte lo que quiere el joven empresario, Isabel lo interrumpe para luego afirmarle que se portara bien – Está bien, no diré nada. Seré una niña buena–.
Poniéndose alegre ante la niña dulce que es Isabel, Alistair le dice a la pequeña – Buena chica–.
Saltando como si no hubiera un mañana, la niña abandona el lugar, en tanto espera a su hermana y a los demás chicos.
– Vamos, Elena. Perdemos tiempo– le dice Mateo, tomando a la mencionada chica, de la mano, mientras abandonan de igual forma, el lugar.
Estando completamente solo el salón y en definitiva, quedando solo y únicamente Olaf, Alistair rápidamente lo termina llamando al chico – Eh, ¿Qué? ¿te quedas Olaf?–.
Negando el pelinegro, al instante toma sus pertenencias y sin dudarlo abandona también el salón.
Retirándose todos los muchachos a la cabaña del atractivo y arrogante pelirrojo, para continuar con el plan.
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Llegando a la cabaña del pelirrojo, todos los chicos y chicas implicados en la operación de captura; empezaron con el entrenamiento con el armamento y los atuendos.
Durante los entrenamientos, varios jóvenes, ayudaron a Rapunzel y algunas chicas sensibles a que superarán los horrores de ver lo que es en si, la sangre.
Una vez que concluyeron los entrenamientos, las planificaciones y las pruebas, y como buenos estudiantes que son, varios muchachos empezaron con sus rutinas de hacer sus trabajos y tareas pendientes.
Posteriormente y con el día concluido, volvieron todos los chicos a sus hogares.
Repitiendo el día jueves y viernes, la misma rutina, las clases, las prácticas con el empresario joven, la reunión en la cabaña del colorado, los entrenamientos, las planificaciones, las pruebas, entre muchas otras cosas más.
Aunque siendo viernes, pospusieron su regreso a sus hogares y sus tareas. Quedándose en la cabaña y sin necesidad de hacer tareas, ni trabajos académicos.
Con el día sábado, fue la misma rutina, aunque está vez volvieron a sus hogares y tomaron toda la tarde libre para divertirse y librarse de cualquier cosa estresante, solo para que en la noche se volvieran a reunir, los jóvenes, una vez más.
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Siendo ya de noche en aquel día sábado, Elsa decide prepararse para ir a ver a sus amigos y amigas, en la cabaña de su ex novio.
Poniéndose sus zapatos en la sala de su hogar, es en ese instante en que aparece su madre, Iduna – Elsa, ¿A dónde vas?– le termina preguntando, la mujer, la cual está de brazos cruzados y con una bata rosada y con su rostro levemente pálido por haber llorado en más de una ocasión, por la muerte de su hija asesinada.
Negándose a revelarle siquiera lo que hizo y sus planes de venganza, la joven platinada le dice como excusa a su progenitora – Tengo que reunirme para un proyecto de ciencias con mi instructor, Alistair Krei–.
Ante la mención del joven empresario rubio, Iduna inclina una de sus cejas de forma espontánea y un tanto molesta, y al instante le empieza a reafirmar con autoridad – Elsa, es de noche. Has estado regresando muy tarde–.
Evadiéndola a su madre, la mencionada chica, y tomando está última sus cosas para ir a la cabaña de Hans, rápidamente, Iduna actúa y sin pensarlo, pero reafirmando su deber como madre, le quita la mochila a la joven platinada.
Siendo urgente para Elsa, tener que ir a la cabaña de Hans, se sorprende mucho al sentir que su madre le quita sus pertenencias, no pudiendo evitar la muchacha hacer un puchero de molestia e indignación.
Exigiéndole sus pertenencias con la mano extendida, Elsa le dice – Mamá, es importante–.
Negándose completamente la hermosa mujer a entregarle sus pertenencias a su propia hija, le responde a esta última, reafirmándole su compromiso como madre – Tienes prohibido salir–.
Atónita, Elsa, al ver que su madre no le da permiso de irse, le dice tratando de cuestionarla – ¡¿Qué?! Pero, ¿Por qué?–.
Sosteniendo su solemne "No", Iduna le dice con autoridad – No voy a dejarte ir. Elsa, no quiero tampoco perderte como a tú hermana–.
– No me vas a perder, mamá– le contesta la joven platinada, en tanto junta sus manos e inmediatamente le empieza a rogar que le devuelva sus cosas y la deje ir – Tengo que ir, por favor, es importante–.
Observando Iduna, como su hija le ruega aún más, nuevamente le reafirma que un "No es un No" – Elsa, no vas a ir a ningún lado. Punto–.
Tomando, Iduna, las cosas de su hija y decidida a llevárselas a su habitación con el fin de que no pretenda irse, su niña, en ese preciso instante aparece Agnarr con una bata gris y con su rostro sin rasurar, debido a que al igual que Iduna, se la paso llorando bastante tiempo.
Intentando pedirle, Elsa ahora a su padre, Agnarr, que convenza a Iduna, de devolverle sus cosas y dejarla ir, al instante le dice con un poco de desesperación y señalándola – Papá, convéncela–.
Abrazándolo al hombre con el fin de que esté último haga cambiar de parecer a su propia mujer, Elsa le vuelve a insistir pero está vez con la mirada.
Un tanto decaído, Agnarr, decide preguntarle con una ceja inclinada a Elsa, mientras está última, lo aprieta en su abdomen – ¿Qué quieres que le diga?–
Analizando los ojos de su hija, y observando la insistencia de irse de casa, Agnarr al instante se da cuenta de que su hija, quiere correr el riego de aventurarse esa noche, en un mundo salvaje y hostil.
Siendo firme igual que su mujer, Agnarr rápidamente le informa y reafirma lo mismo que Iduna, mientras la voltea a ver a esta última – Tiene razón, no podemos arriesgarnos a perderte. Aún no nos hemos recuperado de la perdida de Anna. Sería muy doloroso para nosotros perderte también a ti–.
Viendo la negativa de ambos, Elsa les empieza a insistir para que la dejen ir a ver a sus compañeros, pero siendo protectores, Agnarr y Iduna, le reafirman ese simple: No.
Antes de retirarse a su habitación, Agnarr le dice como última cosa a la joven, y en compañía de la madre de está última – Lo siento, Elsa. No tienes permiso de salir–.
– Vuelve a tú habitación– añade, la mujer de cabello castaño mientras le da la señal a la joven platinada, de que regrese y se acueste en su cama.
Viéndose forzosamente a obedecerlos y con la cabeza agachada, Elsa les responde demasiado triste y desilusionada – Si, papá y mamá. Buenas noches–.
Retirándose lentamente y sumamente decepcionada a su habitación, Elsa escucha a sus padres decirle al unisonó – Buenas noches, hija–.
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Unas horas después…
Acostada en su cama y habiendo llorado bastante por no poder irse y reunirse con sus amigos para concretar su venganza.
Elsa decide después de unos cuantos segundos tomar cartas en el asunto.
Inmediatamente y de forma valiente, se limpia sus lágrimas; sin hacer demasiado ruido, se levanta de su cama, se pone sus zapatos, baja lentamente a la cocina y al ver su mochila ahí, sin dudarlo, la toma y se la coloca en su espalda.
Volviendo a su habitación y cerrando la puerta sin hacer el más mínimo ruido posible, la joven rápidamente abre la ventana, para al instante decidir abandonar su hogar.
Saltando a un árbol cercano y bajando de manera apresurada, Elsa logra llegar y salir de la casa de su familia.
Decidida a concretar sus planes, la joven blonda, murmulla – No puedo quedarme, papá, mamá. Tengo que hacer esto por Anna. Tengo que vengar su muerte–.
Debido a lo lejos que está la cabaña del pelirrojo, Elsa se dirige al jardín que alguna vez compartió con Anna, y ahí mismo, toma la bicicleta que usaba está última cuando se le hacía tarde para ir al colegio.
Tomando la bicicleta como su transporte, Elsa, viaja sin mirar atrás, hasta su destino.
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Habiendo llegado todos los chicos implicados al lugar, y siendo el día perfecto para la operación, se prepararon todos los muchachos, para lo que sería el plan.
Tardado cerca de dos horas en llegar, consigue la joven platinada de manera exitosa llegar a su destino.
Estando ya todos los implicados en lo que supondrá la futura captura del megalómano, todos los chicos, terminan saludando a la joven platinada, una vez que entra al lugar.
– Ya estás aquí, Elsa– le dice Tadashi mientras teclea y configura a lado de su hermano, los artefactos de infiltración.
– Tardaste mucho– agrega, la joven Miranda mientras está comiendo una rebanada de pizza que extrajo del refrigerador del mencionado lugar.
Dejándoles entre ver a los chicos que su tardanza y la decepción que presenta fueron a causa de que sus padres no querían dejarla ir, Elsa les dice – Mis padres no querían dejarme salir. Tuve que escabullirme– asintiéndole varios de los chicos; en ese instante se ven interrumpidos por la llegada de Alistair, quién llega ya preparado para la misión.
Usando un fino traje elegante con moño rojo.
– ¿Están listos…?– les termina preguntando el rubio al resto de jóvenes.
Afirmando todos los muchachos en tanto se preparan para reunirse en la sala principal donde podrán ver la acción a través de las cámaras escondidas.
Alistair en ese momento se dirige hacia los hermanos Hamada – ¿Indicaciones, Tadashi y Hiro?– al ser nombrados, es el segundo de los dos chicos, quién toma relevancia y le indica a Alistair, lo siguiente – Bien, señor Alistair y señorita Diane, hemos fabricado cámaras especiales para la infiltración. Usted señor Alistair, llevará las gafas y usted, señorita Diane, llevará el collar. Deberán tener cuidado– añadiendo inmediatamente, Tadashi – A través del collar y las gafas, en todo momento los estaremos siguiendo de cerca–.
Ante las indicaciones, Alistair y Diane asientan en tanto se preparan.
Aún no vestida de manera formal, la joven Diane les comenta a los chicos, mientras se maquilla y se encuentra en ropa interior, lo que Alistair le propuso en lo que fue la semana – Chicos, antes de que hagamos esto… Queríamos decirles que Alistair y yo, nos vamos a casar…–.
Tomándolos por sorpresa a muchos de los muchachos, dicha noticia; más de uno de los chicos se les acercan para felicitarlos.
Abrazándola la joven Caine a Diane, mientras le dice – Que bien–.
Dándole el joven Eric, un apretón de manos y preguntándole a Alistair – ¿Cuándo va a ser la boda?– no sabiendo en que momento se hará la dichosa celebración, el mencionado rubio le responde al pelinegro – Aún no lo sabemos, pero pensamos invitarlos a todos–.
Asintiéndole, Eric, rápidamente en ese momento, Rapunzel emocionada les exclama a los dos chicos que confirmaron la noticia – ¡Que emoción!– dándole un merecido abrazo a Alistair y otro a Diane.
En tanto felicitan a la futura pareja de novios y estando distraídos todos los muchachos, no se dan cuenta en el momento en que Elsa se prepara para ir a la mencionada fiesta del alcalde Allende, sin siquiera estar invitada.
Poniéndose el vestido negro que revela una parte de sus pechos redondos, soltándose su cabello y colocándose los zapatos de tacón, la joven platinada les termina diciendo – Yo iré por ese bastardo…–.
Incrédulos al ver que la joven pretende ir a la mansión del alcalde, y sabiendo que en caso de que aparezca Bill; no dudará este último en lastimarla.
Hans en ese instante le pregunta atónito y perplejo ante la hermosa belleza que desprende la joven, a pesar de estar enojada – ¿Elsa? ¿Qué demonios?–.
Tomando el collar que Diane se iba a poner, Elsa les recuerda lo que va hacer una vez que vea a Williamson – Voy a matar a ese hijo de perra–.
Mirándose cada uno de los muchachos de forma espontánea e incrédula, rápidamente empiezan a cuchichear entre ellos para siquiera intentar detenerla.
Teniendo miedo de la muchacha rubia, Jack interfiere y se le acerca a su chica, mientras le recuerda el peligro que representa Bill Williamson – Elsa, no puedes ir. Sabes que si te ve, Bill, te intentará matar– no importándole en lo más mínimo, la platinada le informa como si el trabajo fuera fácil – Lo voy a matar antes siquiera me intente tocar–.
Incapaz de hacerla cambiar de opinión, Jack trata nuevamente de insistirle – No, no te dejaré ir–.
– No tienes control sobre mi, Jack– le contesta la chica, mirándose en el espejo más cercano y procediendo a pintarse sus finos y algo carnosos labios de un color rojo.
Mirándola con algo de miedo cada uno de los chicos y chicas que se encuentran en el sitio, Jack es quién no duda en gritarles a sus compañeros que la detengan ante semejante locura que cometerá la platinada – ¡Hay que detenerla, chicos!–.
Atónitos, la joven Diane se pronuncia al respecto, al señalar el vestido que ella se iba a poner pero que ahora, Elsa, tiene en su atractivo cuerpo – Se puso el vestido que me iba a poner…–.
Ya no sabiendo que hacer y viendo que ninguno de sus amigos, lo ayudan a tan siquiera detenerla a la joven blonda, Jack decide tomar la fuerza y la valentía necesaria para decirle a la joven platinada, mientras se le acerca – No tengo otra opción, Elsa…–.
Tomándola de la cintura y sorprendiéndola, Jack pacta sus labios con los de la joven, en tanto la misma chica, no puede creer lo que está haciendo, Jack.
Entrelazado su lengua con la del peliblanco, por un momento desea dejarse llevar, pero reconsiderando que tiene el deber de matar a Bill Williamson, Elsa intenta separarse del beso que le da Jack.
Siendo un momento de distracción, Jack rápidamente sube una de sus manos que está en la espalda de la joven, y al instante le termina bajando el sierre que asegura el vestido.
Observando el pelirrojo que su amigo le está quitando el vestido a la joven blonda y lo logra tirar al suelo, rápidamente Hans lo toma el susodicho vestido y se lo entrega a la joven Diane para que de forma inmediata, se lo ponga – Diane, rápido. El vestido…–.
Poniéndose el vestido, Diane; durante un momento determinado, el sierre del vestido se atora en su espalda, al grado de que la desesperación en el pelirrojo que observa aquello, se avivan.
Provocando que le exija velocidad a la mencionada rubia dorada – Apúrate, Diane…–.
Tratando de subir el sierre y viendo Diane a Jack, hacer un gesto de tic en su ojo, suponiendo dolor, se da cuenta de que no tiene mucho tiempo.
Incapaz de separarla, por un momento, Jack siente un sabor metálico, producto de que la joven platinada le termina mordiendo la lengua, mientras su beso se mantiene.
Logrando subir por fin el sierre en su vestido, Diane al instante se dirige a quitarle los zapatos de tacón a Elsa y el collar que usará para el trabajo.
Estando ya listos, Hans sin siquiera dudarlo, acompaña a Alistair y a Diane a la salida del lugar.
A las afueras del sitio, el pelirrojo les dice como última cosa, antes de despedirse – Bien, Alistair, Diane. Suerte, estaremos observándolos en todo momento. Tengan cuidado–.
– Gracias, Hans– le responden al unisonó los dos chicos, apresurándose a irse hasta su coche elegante y sin más, encendiéndolo y dirigiéndose hasta el lugar en cuestión.
Ya habiéndose retirado los muchachos, Hans cierra la puerta, y sin más se dirige hasta Jack y Elsa.
No soportándolo más, Jack se separa de la joven blonda, en tanto respira de manera acelerada ante el dolor en su lengua y ante la falta de aire.
Vislumbrándose a partir de ese momento, furiosa la joven, no tarda en nombrarlo al peliblanco, en tanto se cubre sus pechos con ambas manos – ¡Jackson!–.
Estando molesta, no duda en ese preciso momento, en darle una bofetada al peliblanco, dándole a entender que este mismo lo arruinó todo.
– No iba dejarte ir, de todos modos– le termina confirmando, Jack mientras hace pequeñas muecas con su boca, y le levanta el mentón a la muchacha para luego darle un dulce beso en la comisura de sus labios.
Recibiendo el beso de su novio, Elsa no se tienta en lo más mínimo, y en ese instante le termina recriminando un simple – ¡Te odio!– dándole un empujón, se retira a una de las habitaciones para ponerse su ropa que originalmente traía.
En tanto la ve a la chica, subir por las escaleras, Jack no duda en decirle con cierto aire seductor – Te ves hermosa… Así desnuda. Me calientas–.
Habiéndose ya retirado completamente del sitio y estando ya dentro de una de las habitaciones, la misma chica le responde con un grito que suena como un ligero eco y evidencia ira – ¡Era mi oportunidad!–.
Quedando algo sorprendido por la innegablemente belleza de su ex novia, Hans voltea a ver a su novia, a los demás chicos y chicas, y a la pequeña Isabel, la cual antes de que le quitarán el vestido a Elsa, Elena le había tapado los ojos para que no viera desnuda a la platinada.
Tratando de quitarse los malos pensamientos que habían surgido en su ser, Hans, rápidamente les señala a los chicos expertos en tecnología, que inmediatamente comiencen con la operación – Empecemos…–.
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Llegando a la fiesta debido al percance que tuvieron con la platinada, Alistair y Diane, logran llegar a la mansión del alcalde Allende.
Descendiendo del vehículo y mientras son recibidos por un aparcacoches.
Ingresan destellantes y aparentando una sonrisa, al lugar.
Mientras suben las escaleras para reunirse con el alcalde, al instante escuchan a este gritarle a alguien – ¡Eres llorón, afeminado, me das asco! ¡Hablas de lealtad, pero eres transparente! ¡Estarás aplaudiendo cuando mi cabeza este siendo apaleada! ¿Verdad?–.
Siendo el individuo que pronuncia dichas palabras, ni más ni menos que el mismísimo alcalde Agustín Allende; este desde hace horas no deja de insultar a su mano derecha: Vicente De Santa.
Como perro con la cola entre las patas, Vicente le dice con timidez a su jefe, después de los fuertes y malhablados insultos – No, no mi excelencia excelentísima. Mis hombres y yo, estamos trabajando noche y día, por su honor y…–.
Incapaz de cuestionar o darle una razón buena a Allende (de porque se quedaron dormidos sus hombres en la hora de vigilancia), este último le reitera con más ira, aún – ¡¿Honor?! ¡¿Qué eres?! ¿Un hombrecito? ¡Sinvergüenza!–.
Siendo sádico, enfermo y malhablado, Allende es en pocas palabras; un corrupto y que es descrito perfectamente como un hombre abusivo y cruel, que captura jovencitas para satisfacer su apetito sexual, asimismo es un hombre un tanto torpe y que le gusta mandar con mano firme, aunque pareciendo que pone la vida de los demás delante de la suya. Ya habiendo contactado, Alistair y Diane a Allende, este último se le conoce por ser de una familia pobre, haber vivido toda su infancia en México, y que siendo pobre, al llegar al poder se olvido de lo que fue alguna vez, tratando pésimo a quienes son como él alguna vez fue.
Una vez estando arriba para aparentar felicidad y saludar al anfitrión de la fiesta, este voltea a mirarlos y a maldecir, como suele ser en su propia lengua y comportamiento – ¿Qué diablos estos cabrones?–.
Mirándolos fijamente e inmediatamente, Vicente De Santa le informa a Allende, de quienes se tratan; presentando a los dos muchachos y empresarios jóvenes – Es el señor Alistair Krei y la señorita Diane Amara, unos fieles inversionistas, mi señor… Su excelencia excelentísima–.
Ante la presentación de los dos chicos, Allende como todo un haragán, masculla con un tinte bufonesco – Aaaarrrrrhhhh–.
Mostrándose diferente a Allende, De Santa procede al instante a saludar con más respeto y cordialidad a sus invitados – ¡Bienvenido, caballero y señora!– siendo de igual forma cordiales y respetuosos, Alistair y Diane, no se quedan atrás y rápidamente saludan tanto a Allende como a De Santa – Hola. Buenas noches–.
Descrito como tal: un hombre grosero, Allende inmediatamente toma la palabra y les dice a los dos muchachos, en tanto los saluda – Hola, ruso y señorita. ¿Con que vienen a conversar sobre el proyecto inútil y fallido que se financió e hizo en San Fransokyo?–.
Burlándose ante la interrogante, Allende al instante decide formularles otra interrogante, la cual termina incomodando a ambos chicos – ¿Vienen hasta mí, eh…? ¿Por qué no pueden soltar sus mierdas o adherirse a ellas en otro sitio? ¿Vienen a causarme problemas con lo de la muerte de la mocosa de nombre Annita?–.
Mirándolo a Allende, tanto Alistair como Diane, como los muchachos que pueden ver todo a través de las gafas de Alistair y el collar de Diane; en ese momento se dan cuenta de lo retorcido y grosero que es el alcalde.
Dándose, Alistair y Diane una mirada mutua y un tanto incómoda, al final el joven rubio, le responde a Allende – No, solo venimos a la invitación que usted nos hizo–.
Vislumbrando inocencia ambos empresarios se dan cuenta de lo horrible que es el sujeto, pero sabiendo que no pueden hacer nada, lo dejan hablar.
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Mientras lo miran los chicos en la cabaña de Hans, a través de las cámaras en los anteojos de Alistair y el collar de Diane, todos los muchachos observan el momento preciso, en el que Allende dice con la mala lengua que tiene y mezclando de manera horrible el inglés, el español y el danés – Oh, por lo que veo es que no son como esos pinches viejos culeros que vienen a causarme problemas con eso. Bien, los negocios son negocios, quieren hablar sobre los desmadrosos que pelean como pendejos–.
Causándole un disgusto a Mateo, Elena, Isabel y a la propia Elsa, se dan cuenta que están observando a la peor lacra encubridora y corrupta, que se burla de lo que en esencia no debe causar risa alguna.
Asimismo miran como incluso mientras se burla Allende, De Santa también se burla por el comentario de su jefe, el cual le causa una burla y risa incontenible.
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En tanto Alistair y Diane lo siguen mirando a Allende con algo de incomodidad, este último se voltea para reprender a su mano derecha, para y con el único fin de que deje de carcajearse.
– Bien, ¿díganme lo que quiera oír?– al instante procede a pregúntales lo anterior a los jóvenes.
Incómodos y no sabiendo como empezar, Alistair mira a la joven Diane.
Temblando ante el comportamiento un tanto agresivo del alcalde Allende, Alistair le dice con nervios y mientras comienza a sudar – La verdad he escuchado que quiere máquinas lo bastante fuertes para cuidar el estado. Diane y yo, nos hemos empeñado en demostrar lo eficiente de la tecnología que le daremos, señor… Digo…–.
Habiendo concluido en parte, Alistair está por llamarlo de una manera más apropiada y formal, pero Allende se le adelanta para que el joven rubio, lo llame – Su excelencia excelentísima–.
Ante el nombramiento con el que Allende se define, y que para Alistair resulta incómodo, este último lo termina llamando como tal y en tanto reanuda sus comentarios sobre sus proyectos – Su excelencia. Está tecnología, creemos que usted la podrá emplear de alguna forma u otra–.
Demasiado nervioso, Alistair concluye con su explicación, solo para al final, Allende no consiga recordar el nombre del joven rubio – Mmm, si. Me encanta, usted…– señalándolo al muchacho, este mismo le termina diciendo su nombre, a pesar de que ya se habían conocido con anterioridad – Alistair Krei…–.
No pudiendo contenerse, al instante Allende se termina pegando una tremenda carcajada al grado de que insulta al joven rubio – ¡Así me gusta, cabrón de mierda!– después de insultarlo y burlarse, Allende procede a mirar a la joven Diane, quién incómoda y reluciendo parte de su escote, intenta tapárselo para que Allende no se lo siga viendo.
– Usted, señorita Diane es hermosa. Sinceramente, ¿no le gustaría hacerme compañía de manera "interesante"?– procede a preguntarle a la joven, en tanto la chica rubia se muerde el labio y mentalmente, ya desea largarse del lugar.
Incapaz de saber que hacer, Allende se le acerca y la toma de la barbilla a la hermosa joven, solo para agregar el molesto y nefasto hombre, y en tanto señala a su mano derecha, quién está detrás de él – La última bruja que me trajo anoche este pendejo, me rasguño–.
Aterrada ante lo que Allende intente hacer, Diane al instante le termina diciendo con un titubeo – No, gracias… Su…–.
Negándose rotundamente, Allende, a que la joven rubia dorada lo llame por su apodo; el mismo Allende le dice a la muchacha mientras la toma de la cadera y la empieza a manosear sin el consentimiento de la misma – Ahórreselo, señorita, y dígame… Papito lindo–.
Sonriéndole Allende, de manera maliciosa y pervertida, en ese instante la joven Diane queda aterrada ante las manos del hombre, las cuales le agarran el trasero.
Separándose con un empujón, Diane de forma espontánea y con un tono nervioso, le dice a Allende – Verá, estoy comprometida. Alistair y yo, nos vamos a casar en unos meses. No creo que sea conveniente que yo le diga así, señor–.
Dirigiéndose la chica hasta el joven rubio, de inmediato este último la abraza a la mencionada chica, con el fin de tranquilizarla.
Allende, no sabiendo en lo más mínimo, nada, le dice en respuesta a la joven y mientras se mofa – Está bien, muñecota. Me encantan así de rebeldes y sensuales–.
Pareciéndole nefasto a Alistair lo sucedido, al instante toma cartas en el asunto, y no duda en lo más mínimo, en confrontar al malvado y pervertido sujeto – Oiga, creí que quería escucharme hablar del proyecto de protección al estado. ¿Por qué se mete con mi mujer?–.
Evadiendo dicha cuestión del rubio, Allende le termina comentando y confesando con total libertad, y con esa haraganería que lo caracteriza – Vamos, me vale una mierda ese proyecto, ¡ja ja ja ja ja ja! Está civilización es una mierda. Mi gente y la suya, Kai, ¡Son unos pinches monos sin cerebro…! ¡Todos los días se manifiestan por la muerte de esa mocosa barata! ¡Por el amor de Dios, como los odio! ¡¿No se dan cuenta que es un comercial?!–.
Habiendo escuchado Alistair y Diane todo lo dicho por parte del detestable sujeto, de manera instantánea; el mismísimo Alistair, con una ceja inclinada, lo contraataca a Allende, preguntándole – ¿Usted acaso quiere deshacerse de los manifestantes?–.
Sabiéndose el hartazgo que Allende trae por las consecutivas marchas que han habido en su contra por la muerte de la joven pelirroja, el mismo sujeto malhablado, le dice al rubio, en respuesta – Kai, ¡Son una molestia para mí! Lo que hizo, Williamson, estuvo… Entretenido–.
Nuevamente y pareciéndole una comedia, Allende comienza otra vez a reírse, provocando una molestia tanto a los chicos que se infiltraron a la fiesta, como a los que observan a través de los dispositivos espías.
No soportando la ira que lo empieza a consumir en lo más profundo de su ser, Alistair al instante confronta otra vez a Allende, por todo lo dicho – Vinimos a su fiesta, solo para que diga todo esto y encima, se mete con mi mujer, odia todo lo que tenga que decir en cuanto al maldito proyecto que ayudará al estado, ¿Verdad? Y habla cosas intachables de la joven que mató su fiel "amigo"–.
Indispuesto a querer siquiera estar un minuto más en la fiesta, Alistair toma a su novia de la mano, para luego intentar irse, no sin antes decirle a Allende – Discúlpenos pero mejor nos vamos–.
Estando dispuestos a irse ambos muchachos, y avanzando con el fin de no verlo al molesto hombre.
Allende, de manera espontánea y mientras los ve irse, se le ocurre preguntarle al joven rubio – Kai, la gente como usted piensa igual que esa mocosa, ¿No es así?–.
Ya habiéndose dado la vuelta, y estando de espaldas, y casi listo para irse, Alistair se gira para nuevamente confrontarlo a Allende, solo para decirle – Nadie piensa igual. Podré ser arrogante, prepotente, cínico, loco y arribista, pero no hubiera matado a esa chica, y menos le hubiera faltado al respeto ni a ella, ni a nadie. Y me hubiera empeñado más en hablar del proyecto que en lo que no pretendo hablar, lo cual es aquella joven asesinada–.
Sumamente molesto, Alistair, en ese instante mira como Allende no se inmuta ni se siente mal emocionalmente, en su lugar, este último vuelve a reírse – ¡Ja ja ja ja ja! Está bien, una disculpa… Esto es solo un chiste, Kai, disfrute de la fiesta–.
Burlándose y finalizando su encuentro con los muchachos, Allende de forma inmediata, termina extendiendo su mano, para al instante invitarlos a Alistair y a Diane, a pasar más tiempo en la fiesta.
Negándose a quedarse, Alistair, y olvidándose por un momento del plan para capturar a Williamson, el chico rubio le termina diciendo a su novia, en tanto intenta retirarse – Vámonos, Diane…– jalándola del brazo, la chica le termina acercando su rostro al muchacho, en su oído, solo para decirle en un murmullo – Alistair, no podemos irnos. Necesitamos la información y saber a que hora llegará, Bill…–.
Recordando lo mucho que se esforzaron para llegar hasta ahí, Alistair al final reconoce que lo dicho por su pareja es completamente lo que va de acuerdo al plan, por ello decide hacerle caso y seguir con el susodicho plan – Tienes razón– le dice el rubio a la chica.
Antes siquiera la pareja intenta bajar por las escaleras, Alistair le dice a Allende, como última cosa y corrigiéndole un aspecto importante – Por cierto, no es Kai. Me apellido es Krei. "Excelencia"–.
Estando conversando con su mano derecha, Allende no le presta mucho interés a la aclaración y en su lugar se termina riendo – ¡Ja ja ja ja ja ja ja ja!– pero después de reírse, rápidamente, Allende se molesta, y termina confrontando y regañando nuevamente, a De Santa – Baboso, ¿cuántas veces, tengo que decirte que no te burles de mis invitados? ¿Qué, qué quieres cabrón?–.
Volviéndose De Santa a sentir como perro con la cola entre las patas, se termina retirando, en tanto Allende lo persigue para continuar insultándolo.
Siendo una fiesta con la mayoría de caras empresariales famosas y algunas provenientes de San Fransokyo, Alistair y Diane se terminan reuniendo con otros empresarios.
Tomando capturas del lugar en cuestión, mientras se adentraban aún más al enorme sitio y mandándoles las capturas a sus colegas, que en todo momento veían todo lo que sucedía.
Durante un pequeño Vals que empezó con música dulce en la mansión, en ese momento, Alistair logra percibir como su chica, recuesta su cabeza en su pecho y sin más, la joven empieza a lentamente a sollozar – Alistair…– habiéndolo la mencionada joven, nombrado, Alistair sin dudarlo, decide preguntarle – ¿Qué tienes?–.
Recordando la hermosa jovencita empresaria, como Allende la toqueteo sin que ella pudiera hacer nada, le dice con un leve suspiro mientras no para de llorar – Nada, simplemente que… Ahora, entiendo lo mucho que Elsa odia a Bill Williamson. Todos los hombres que son como Bill, son… Unos monstruos… Me sentí indefensa cuando ese hombre me estaba tocando. He sido tan dura con Hiro y con los demás chicos en las prácticas. Pero está vez me sentí muy mal–.
Comprendiendo lo mucho que le afecto y el no haber intervenido cuando debió haberlo hecho, Alistair la separa a la joven de su pecho, para rápidamente tomarla del mentón con su mano y decirle de manera dulce, en tanto bailan con el sonido reconfortante de la música – Estoy aquí, para protegerte. No llores, mi dulce dama– mirando con lujo de detalle como el maquillaje de la chica, empieza a levemente corroerse; la misma chica no puede evitar agradecerle por haberla defendido después de que se separó del perverso hombre – Gracias. Te amo mucho, por cuidarme–.
– Yo también te amo. No dejaré está vez que nadie más te lastimé– le corresponde con las dulces palabras, mientras se quita las gafas y la logra besar a la hermosa rubia dorada.
Mientras se dan un beso, todos los demás chicos, pueden ver como la cámara del collar de la chica se oscurece por el abrazo y las gafas, estando en las manos de Alistair, les ofrecen un panorama casi completo del lugar.
Mirando como la fiesta es con puros hombres y muy pocas mujeres, logran ver como en ese instante y después de unos cuantos segundos, a Bill Williamson aparecer en escena.
Al verlo llegar, rápidamente Hans les notifica a los muchachos que se infiltraron – Ah… Es Bill Williamson, chicos… Ya está ahí–.
Recibiendo el comunicado en su comunicador que lleva en su oído, Alistair sin tantas prisas, se separa de su novia, y después de limpiarle el maquillaje corroído, se vuelve a colocar sus gafas, para al instante contestarle al pelirrojo – Recibido– agregando, Diane, en el acto – Podemos verlo…–.
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Elsa una vez que lo mira a Bill, a través de las pantallas que conectan con las dos cámaras, no duda en acercarse a las pantallas y exigirles a Alistair y Diane, que se le acerquen – ¡Traten de acercársele!–.
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– Recibido– le dice, Alistair al escuchar levemente como si fuera un zumbido, la indicación de la joven platinada.
En tanto intentan los dos jóvenes, caminar hasta Bill Williamson; de forma intencionada, logran escuchar a este último mencionar a su compañero y amigo, que ahora lo ha traicionado y lo está persiguiendo igual que el resto de los jóvenes, por la muerte de la pelirroja – Marston, me ha estado persiguiendo, también…– estando completamente reunido con Allende, este último, un tanto molesto le dice quejumbroso – Eh, me vienes a decir pendejadas en mi propia mansión, Williamson–.
Allende estando en compañía de dos chicas de origen latino y estando estás últimas de forma forzosa, escucha la contestación algo molesta de Bill – Creí que tenías noticias para mí. Noticias que me ayudarían a escapar de aquí–.
Negando ante lo dicho y mientras obliga a las jovencitas a estar con él, Allende le informa – Eh, tengo a mis fieles empresarios de mierda. Ellos te podrán ayudar…– sin pensarlo mucho, Allende se dirige a su mano derecha; De Santa, y le dice – Tú, pendejo… llama a como se llame y a la fulana esa que… no se como se llama tampoco–.
Sabiendo a quienes se refiere, su jefe, De Santa asienta.
Al darse cuenta este último que los dos chicos empresarios, se están acercando lentamente, inmediatamente los llama a ambos para que se acerquen aún más – ¡Eh, señor Krei y señorita Amara! ¡El alcalde los llama, vengan aquí!–.
Pareciéndole un acto nefasto, haberlos llamado a los dos chicos con un grito, no duda, Allende, en reprimir y regañar a De Santa por lo cometido – ¡Pendejo! ¿Cuántas veces tengo que decirte que no grites?– nuevamente sintiéndose como un perro con el rabo entre las patas, este mismo niega y ya no le dirige ni una palabra.
Al llegar los dos chicos hasta el lugar donde se encuentra Allende, acompañado por De Santa, Williamson, sus hombres y los destacados, Raúl Zubieta, Carlos Borrego y el antiguo mayor y ahora capitán Espinoza, Alistair y Diane no dudan en saludar a todos los presentes, al unisonó y diciendo – Buenas noches–.
Impresionándose Bill Williamson al ver a ambos chicos en la fiesta de Allende, no duda en preguntarle a Allende – ¿Alistair Krei y su noviecita en tu fiesta, Allende?– pronunciándose este último al respecto, le responde con una interrogante que termina dirigida más a los jóvenes que al mismo Williamson – Supongo que tienen algo, ¿No es así?–.
Viendo que se dirige la cuestión hacia ellos, en lugar de que se dirija hacia Bill, al instante Alistair toma la palabra y le pregunta a Bill, mientras abraza a su novia, en caso de que uno de los locos hombres de Allende, intenten atacarla o manosearla – ¿A dónde quiere llegar, señor Williamson?–.
No respondiéndole el aludido; este en ese momento, se dirige a Allende y le indica que quiere estar a solas con los empresarios – Rrrrr, quiero hablar a solas con estos dos–.
– Menso, no inventes…– ante la indicación, Allende se pronuncia al respecto, llamándolo así a Bill.
No importándole como lo llamo, Allende, Bill le insiste mientras no duda en gritarle molesto – ¡Te dije que quiero hablar únicamente con estos dos inútiles!– dejando lo rabioso que es capaz de ponerse, Williamson, casi está por encararlo a Allende, hasta que esté último después de verlo a su aliado molesto, decide ordenarle a sus hombres – De acuerdo. Pendejos, vámonos y dejemos a las viejas, arreglar sus pinches problemas–.
Retirándose tanto Allende como sus hombres, en ese preciso momento es cuando Bill, decide preguntarles a los dos chicos – Los invito a esta fiesta, Allende, ¿verdad?– mirándose ambos muchachos y sabiendo que no pueden tan siquiera aparentar, le dicen al unisonó – Si, así es…–.
Observando por un momento que Bill Williamson está serio y repentinamente se empieza a burlar, este mismo les comenta a ambos chicos – Es divertido. Vengo de haber matado a un tal Pitch Black–.
Riéndose como un loco, y desde el punto de vista de los jóvenes, pareciéndoles, nefasto su risa del hombre, es el momento adecuado cuando Alistair, decide recordarle en medio de las risas que es lo que quiere, Williamson – Creí que querías hablar para que te ayudemos a escapar por la muerte de la chica que asesinaste–.
Atragantándose después de haberse reído de manera sádica, Bill no duda en preguntarle a Alistair, en tanto se recompone – ¡¿Qué?! ¿Acaso a ustedes dos no les gustó lo que hice?–.
Molestándose muchísimo la joven Diane, después de unos cuantos segundos, ella es quién le responde, justifica y confronta a Williamson – Era una niña–.
– Era una golfa, igual que su hermana– la contraataca a la joven rubia dorada, en tanto la señala con su enorme mano a la misma joven, casi intimidándola.
– No te arrepientes, ¿Verdad?– le termina preguntando la misma chica, en tanto tímidamente, retrocede ante la amenaza que representa el megalómano.
Dándose cuenta del miedo que le infringe a la joven rubia, Bill le dice un tanto molesto con otra interrogante – ¿Por qué arrepentirme? Yo no iba a matar a nadie, pero esa mocosa, me provocó– excusándose en cierta parte, le dice mientras logra tomarla a la chica del mentón – Hubiera matado mejor a su novio o tal vez a la zorra de su hermana–.
Apartando la mano de Williamson de su rostro, de forma brusca, Diane no duda en decirle de manera valiente y sabiendo que Alistair podrá cuidarla, en caso de que Bill la intente atacar – Eres un monstruo. ¿Y así quieres que te ayudemos a escapar…?–.
– Si, no me ayudan, juro que los voy a matar también a ustedes– les dice, en tanto los empieza a hacer que retrocedan, con algo de miedo; amenazándolos en pocas palabras.
Mirándose nuevamente ambos chicos, es en ese instante en que Alistair decide tomar la palabra y preguntarle de forma molesta a Bill – ¿A dónde quiere ir, señor Williamson?–.
Ante la pregunta en cuestión, Bill le informa mientras fantasea con tranquilidad y paz – Lejos. Escuché de un lindo lugar dónde los zombies andantes no podrán perseguirme–.
– ¿Dónde?– le preguntan al unisonó ambos chicos infiltrados.
– Madagascar– les contesta, el despiadado y megalómano; añadiendo – Ohhh, me librare de todo el mundo, y luego me olvidaré de todo. Nadie, ni nada, me impedirán ser feliz y…–.
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Desde la cabaña de Hans, Elsa y el resto de los muchachos, logran observar a través de las cámaras infiltradas, a Bill, en el momento justo en el que reanuda su comentario sin mostrar el más mínimo arrepentimiento – Gritar victorioso al darme cuenta de que fui el único hombre que pudo destrozarle la vida a esa zorra, llamada… Elsa–.
Estando furiosa la platinada desde que lo vio a Bill Williamson aparecer en aquella y dichosa fiesta, no duda en alterarse y ponerse aún más furiosa al grado de que no solo le grita al monitor que lo muestra a Bill, sonreír, sino que toma una de las sillas y destruye una de las computadoras del equipo – ¡Maldito!–.
Observando todos los chicos, como la joven blonda se altera al instante, rápidamente toman cartas en el asunto, para intentar siquiera tranquilizarla – ¡Tranquila, Elsa! Tranquilízate, Elsa…– viendo lo furiosa y encabronada que está la platinada e intentando apaciguarla, está última grita mientras trata de destruir otra computadora que muestra el rostro de Bill – ¡Voy a matarlo, voy a hacerlo pagar por lo que le hizo a mi hermana!–.
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Mirándolo cara a cara Alistair, este último ladea su rostro al escuchar en su comunicador; un fuerte zumbido.
Pareciéndole extraño a Bill, el comportamiento de Alistair, por un momento, rápidamente le pregunta – ¿Sucede algo, Krei?–.
Fingiendo que no sucede nada, le dice el mencionado – No, no… simplemente que… Vamos a pensar como ayudarte a escapar–.
Asintiendo el malvado hombre barbón y bigotudo, este mismo le dice mientras está por retirarse – Muy bien, por cierto…– deteniéndose un momento y mirando a la joven Diane.
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Desde la cabaña, tratando de controlar a Elsa, todos los muchachos se quedan atónitos y paralizados al ver como Bill mira detenidamente la cámara que se encuentra en el collar de Diane.
Cruzando todos los chicos y chicas, los dedos, con la esperanza de que Bill no se de cuenta, y rogando que no los descubra.
Al final y después de unos segundos, observan a Bill, decir – Lindo collar, señorita Amara–.
Habiéndose puesto nerviosa la joven rubia dorada, está última suspira y le agradece – Mm, oh, gracias–.
– No hay de que…– finaliza, Williamson mientras se retira lentamente.
En la cabaña de Hans, todos los chicos después de que pensaron que Bill los iba a descubrir, le dicen a la joven platinada para que no vuelva a causar problemas – Tranquila, Elsi… Shh, tranquila…–.
{-}
Alejándose lo más pronto del sitio, Alistair rápidamente no duda en comunicarse con sus amigos.
– Entonces, ¿Qué se supone que hará?– le termina preguntando, Hans al rubio, mientras esté último mira a todos lados con el fin de que nadie los descubra y con ayuda de la joven Diane, también observando.
– Planea huir… Huir a Madagascar– le contesta en tanto continúa mirando para todos lados.
{-}
En la cabaña, Hans dudando demasiado, le pregunta mientras mira a sus amigos – ¿Madagascar? ¿Para qué?–.
Escuchando en ese momento, la voz de Alistair, este le dice – Bill sabe muy bien que lo buscan… Sabe que nosotros, ni nadie seremos capaces de viajar y tocarlo en los confines del más allá–.
Ante la cuestión de la posible huida de Williamson, Tiana le comenta a todos los chicos – Suena como si Elsa y Hans, viajarán por algún problema–.
No dándole mucha importancia al comentario de la joven morena, y mirando el pelirrojo a su ex novia, este mismo le vuelve a preguntar a Alistair – ¿Estás seguro de que quiere huir?–.
– Si, estoy seguro, Hans. Si para Williamson hay una única posibilidad de que viva como aquí pero en otro lugar, nuestra única opción es intervenir y detenerlo a como de lugar. Podrá pensar que en ese sitio vivirá como antes, pero no le dejaremos que se salga con la suya– le dice a manera de respuesta, Alistair.
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En tanto en la fiesta, y mientras mira, el rubio, casi a escondidas todo lo que transcurre en la misma, este último llega a apreciar el momento exacto en que Bill Williamson se dirige a uno de los hombres de Allende, y le pregunta – Eh, tú, estúpido. ¿Has visto a Norman Deek?–.
Ante la interrogante sobre Deek, el hombre de Allende niega y simplemente le dice a Bill – No, no, señor–.
No sabiendo nada sobre su amigo y un tanto preocupado desde hace unos días, Bill dice – ¿Dónde estás, Deek?–.
Dándose cuenta Alistair de que Bill, no tardará mucho en darse cuenta de la completa desaparición de su mano derecha, les dice el rubio a sus amigos – Chicos, está empezando a sospechar… No tardará mucho en descubrir que Norman Deek está desaparecido y muerto–.
– ¡Rayos!– termina escuchando, Alistair y Diane, en tanto observan todo lo que hay dentro de la mansión de Allende.
Mientras observan las posibilidades áreas de vigilancia y de comunicaciones de la mansión, los dos chicos implicados escuchan a Hans preguntarles – ¿Estarán más tiempo?– siendo espontáneos en su respuesta; tanto Alistair como Diane, le dicen a Hans – Unos minutos más…–.
– Enterado– termina respondiendo, el pelirrojo a través del comunicador.
Obteniendo en unas pocas horas más información sobre la mansión de Allende, se dan cuenta de que no está vigilada completamente y que a veces los guardias son regañados por quedarse dormidos o distraerse.
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Con la información ya almacenada y captada, Hans después de mirar su reloj y habiendo contado la hora, decide preguntarles a los chicos que se infiltraron – Chicos, creo que ya tienen la información, ¿No?–.
– Afirmativo– le dicen al mismo tiempo, los dos jóvenes que se infiltraron.
Informándole Alistair a Hans, a través del comunicador – Vamos a regresar, Hans. Si, ya tenemos lo que necesitamos–.
– Enterado, no tarden en regresar. Hans, fuera– finaliza, el pelirrojo, en tanto apaga los monitores.
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Al regresar; ambos chicos tardan cerca de dos horas en volver a la cabaña, por lo cual, y una vez que regresan, Hans les pregunta, un poco molesto – Tardaron tanto en regresar, ¿Por qué?–.
Estando completamente desarreglados, los dos chicos; en ese instante, Diane decide tomar la palabra y aclararle, el porque de la tardanza – Bueno, creo que el señor Alistair Krei, me llevo al cielo– coqueteando con el mencionado, en ese preciso momento, este último saca de la bolsa de su pantalón las bragas rosadas de la joven rubia dorada, y sin dudarlo se las entrega a la chica.
– Mi dulce inventora y dama… Te amo– le dice, Alistair, mientras se le acerca nuevamente a la joven y le da un beso apasionado en sus labios.
Teniendo una idea de lo que hicieron en las horas en que se tardaron y posteriores a la infiltración, Hans teniendo que interrumpirlos, se aclara la garganta y se dirige al rubio, diciéndole – Krei, necesitamos saber que procede–.
Siendo interrumpido por el pelirrojo, Alistair se separa levemente de su pareja, y sin dudarlo; inmediatamente se dirige a todos sus compañeros – En unas horas capturaremos a Williamson–.
Sonándoles algo loco, lo dicho en cuanto al tiempo, todos los muchachos le preguntan y dicen al rubio:
– ¿En unas horas?–.
– Estás loco…–.
– Es peligroso–.
– Pero no estamos aún preparados– dice como última cosa entre las voces de los demás chicos, la voz del joven Olaf.
Sabiendo Alistair que pronto y probablemente, Bill Williamson huya, les indica e informa – Compañeros, necesitamos capturarlo, pero ya… Tenemos la información en cuanto al sistema de vigilancia y toda la mansión. Antes del amanecer, iremos y atacaremos de forma sorpresiva la mansión de Allende. Se cortarán las comunicaciones para poder entrar y evitar que llamen refuerzos–.
Insistiendo el tímido Olaf, este le dice – Es muy temprano eso que quiere, y no todos podemos desvelarnos–.
Aterrado el pequeño Olaf, interfiere Eugene, para y con el fin de tranquilizarlo – Olaf, lo haremos por Anna. No nos queda de otra, y no dejaremos que Allende y Williamson se salgan con la suya–.
Motivándolo, la joven Yum Yum al pequeño Olaf – No tengas miedo, te cuidaremos–.
Viendo Alistair que los jóvenes, en especial Elsa, están dispuestos a vengar la muerte de Anna, el rubio al instante se dirige al pelirrojo y le dice – Hans, es hora nuevamente– asintiéndole, el mencionado pelirrojo sin siquiera dudarlo, levanta una vez más su puño al aire y exclama – ¡Compañeros! ¡Vamos a matar compañeros!– declarando con mucha valentía – ¡Hoy será el día en que capturaremos a Bill Williamson, de una vez y por todas!–.
Y gritando nuevamente – ¡Una vez más… Por Anna!–.
– ¡Por Anna!– exclaman todos los chicos; incluyendo Elsa, sabiendo que unidos como compañeros y colegas, podrán concretar sus planes de manera exitosa.
– Vamos chicos, vamos a prepararnos– finaliza Hans, motivándolos a los chicos a ponerse los trajes para el ataque a la mansión de Allende.
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Con el plan en marcha y sin ninguna cosa que lo ponga en riesgo, inician el operativo para capturar a Williamson, a como de lugar.
Tomándoles poco tiempo para llegar.
Llevando trajes de un tono gris o negro, y con cascos blindados, asimismo, gafas de visión infrarroja y blindaje corporal completo, comienzan con las primeras señales del ataque.
Armados con subfusiles, pistolas, escopetas, rifles de asalto y una minigun que en este caso carga Maui, empiezan con la carnicería.
Primero cortan la electricidad del lugar antes de iniciar el ataque, para evitar que se llamen refuerzos y se notifique a la policía.
Con las comunicaciones cortadas a tal punto de que nadie podrá saber que paso dentro de la mansión, empiezan todos los muchachos con el siguiente paso, el cual es matar sin rodeos y sin remordimientos a cualquier hombre del alcalde Agustín Allende y también a cualquier malandro del infame Williamson.
Matando a varios individuos mientras hacen estos últimos, vigilancia, y de forma silenciosa.
Cortándoles la garganta con armas punzocortantes.
Matando a otros individuos más, rompiéndoles el cuello.
Abatiendo a más de estos hombres en cuestión, con otras armas de melee como lo son hachas, algún bate de béisbol o armas tan descerebradas como katanas y dagas.
Una vez muertos los guardias, comienzan los chicos a centrarse en aquellos individuos que duermen.
Sin apiadarse en lo más mínimo, inician acribillando a punta de balazos a aquellos sujetos que duermen o se despiertan cuando escuchan los primeros disparos.
También los asesinan a los sujetos mientras los encierran dentro de las respectivas habitaciones donde duermen, para luego en ese instante, matarlos con fuego o algún explosivo.
Poniéndose dura la situación para los residentes de la mansión debido al ataque sorpresa, y en un intento por defenderse, Raúl Zubieta, Carlos Borrego, el capitán Espinoza, De Santa, Quique Montemayor, entre otros sujetos e incluidos hombres del megalómano, quedan atrapados dentro de una de las habitaciones.
Dispuestos a matar a los atacantes con las pocas armas que tienen en la habitación, en este caso, cuchillos y algunos machetes tanto de madera como de metal, mueren De Santa, el capitán Espinoza, Carlos Borrego, Quique Montemayor, y otros individuos cuando los chicos atacantes les lanzan unas cuantas granadas de humo y en tanto entran a la habitación en si, con el único fin de matar sin rodeos a todos los que estén en la susodicha habitación.
De Santa es asesinado por un disparo en la cabeza.
El capitán Espinoza muere cuando todos los chicos lo atrapan y lo matan a base de golpes.
Carlos Borrego muere cuando intenta escapar, pero recibe un disparo de escopeta en su espalda.
Quique Montemayor (el mejor amigo de De Santa y con tendencias casi "amorosas" hacia este último) muere de igual forma que Carlos Borrego, pero en este caso al morir, en más de una ocasión e intentando escapar, clama que no lo maten.
Otros hombres mueren intentando negociar con los muchachos atacantes, pero no los consiguen convencer.
Ante la cantidad de muertos y una vez que el humo de las granadas se dispersan, dejan únicamente con vida a Raúl Zubieta.
Quedando únicamente este último sujeto, este mismo dice, cuando se dispone a matarlos y mientras es rodeado – ¡No voy a morir como un perro!–.
Intentando defenderse, Zubieta muere cuando intenta usar una pistola que tenía guardada en una de sus prendas.
Siendo acribillando por las armas de varios de los muchachos.
Con la muerte de muchísimos de los hombres de Allende y Williamson, los jóvenes empiezan a destruir también la mansión con el fin de liberar el caos y asimismo advertir lo fuertes y capaces que son.
Durante su caos, logran liberar a las chicas que Allende tenía como sus esclavas sexuales, dejándolas escapar del lugar y con el fin de que estás últimas se pongan a salvo.
Muchísimo del caos que se libera no solo es producto de armas cortas, sino a causa de los explosivos y la enorme minigun del enorme, Maui.
Observando como el lugar se está desmoronando a pasos agigantados, Bill y Allende despiertan cuando escuchan los primeros disparos.
Sabiendo que no tardarán en estar rodeados y atrapados por los atacantes en cuestión de algunos minutos, Bill Williamson y Agustín Allende se disponen a intentar escapar.
Bill mientras intenta escapar, se da cuenta de que el ataque, presumiblemente es un acto de venganza por la muerte de la joven pelirroja.
Presenciando, Williamson y Allende, en ese momento en que tratan de llegar al segundo estacionamiento para abordar alguno de los vehículos que los atacantes no han tocado, la muerte de varios hombres que intentan protegerlos.
Asimismo presencian la explosión de varios complejos habitacionales dentro de la mansión y un gran caos que se extiende con rapidez y eficacia.
Acorralados y por fin pudiendo llegar a la habitación que los conduciría al segundo estacionamiento, Bill y Allende, logran cerrar la puerta de metal y blindarla desde dentro de la habitación.
Al ser perseguidos ambos hombres, escuchan desde dentro, como varios de los muchachos se conglomeran en la dichosa habitación, por fuera.
– ¡Derriben esa puerta!– les termina ordenando, Hans, a varios de sus compañeros.
Viendo que es casi imposible derribarla debido al material con el que está hecha la misma puerta, logran en un pequeño momento, escuchar a dentro de la habitación, a Allende, el cual desesperadamente le indica a Bill – ¡Vamos! ¡Aún podemos llegar a mi furgoneta!– respondiéndole el barbudo – ¡En marcha! ¡Te cubro!–.
Al lograr derribar la puerta de metal, es casi ya demasiado tarde.
– ¡Williamson!– exclama, el pelirrojo al ver que el mencionado, ya está consiguiendo escapar.
Corriendo todos los muchachos con el fin de impedir el escape, en ese instante y de manera desafortunada se encuentran con muchos más enemigos, pero de forma exitosa, los logran matar uno a uno.
Bajando por las escaleras de la mansión del cobarde alcalde, Alistair les ordena a sus amigos – ¡Chicos, atrapemos a ese bastardo!–.
Casi al conseguir llegar hasta el estacionamiento, se dan cuenta de que Bill y Allende están por abandonar el lugar y escapar exitosamente.
– ¡Se escapan! ¡Tenemos que detenerlos!– les indica, la joven Caine a los demás chicos.
Al conseguir subir a la furgoneta blindaba, Allende les da la orden a sus hombres de iniciar la marcha – ¡Vámonos! ¡Date prisa. Cabrón!–.
Un tanto rodeados y viendo como Bill escapa en compañía de Allende y sus hombres de este último, los muchachos y amigos de Hans y Alistair rápidamente se adentran a los vehículos más cercanos que tienen.
– ¡Vamos, chicos! ¡Suban a los vehículos!– les ordena apresuradamente, el pelirrojo, indicándoles en ese instante al peliblanco y a la blonda – ¡Elsa, Jack! ¡Ustedes conmigo!–.
Subiéndose al coche blindado, Hans, Jack y Elsa, estos embisten con el coche a algunos hombres de Allende, cuando intentan detenerlos.
– ¡Vamos, compañeros! ¡Vamos a matarlos todos juntos!– les exclama también, Alistair, a los demás chicos, en tanto ya varios muchachos están dentro de los vehículos.
Intentando alcanzar la furgoneta blindaba de Allende, se les complica ligeramente a los chicos.
Hans mientras conduce, le exige la joven platinada que presione el acelerador y se movilice – ¡Acelera, Hans!–.
Acatando su orden, el pelirrojo, le responde a su ex novia – ¡Aquí vamos!– .
Al darse cuenta los pocos hombres de Allende que están siendo perseguidos, intentan en vano defenderse a como de lugar.
– ¡Maten a esos hijos de puta!– termina diciendo uno de los conductores de Allende, al ver por el espejo retrovisor del vehículo, como varios vehículos, los persiguen.
Recibiendo el ataque varios de los vehículos dónde están los chicos, Hans rápidamente le ordena en un grito al fortachón moreno – ¡Maui, usa la ametralladora!–.
Estando el mencionado joven, en un auto descapotado, se levanta ligeramente del asiento con la tremenda arma o ametralladora y sin dudarlo, empieza a disparar y destruir, y hacer explotar los vehículos donde varios de los hombres de Allende, se encuentran.
Habiendo destruido los vehículos que les impedían el paso y los obstaculizaban, Maui solo deja el vehículo de Allende, para que el resto de chicos se encarguen de el.
Dispuesto a solo dejar a Williamson y Allende con vida, los chicos aceleran sus vehículos, y sin más, matan al conductor y al copiloto de la furgoneta.
Ante la muerte de los que controlaban el vehículo, Alistair le grita a Bill, mientras consiguen los chicos con uno de los vehículos; volcar la furgoneta blindaba de Allende, al suelo – ¡Estás acabado, Bill, entrégate!–.
Volcado el vehículo y explotando en la parte del parabrisas, a causa del accidente, los chicos desaceleran sus vehículos con el fin de detenerse.
Estando completamente arruinado y casi destruido el vehículo donde viajaba Williamson y Allende, todos los muchachos; Hans, Elsa, Jack Frost, Caine, Kristoff, Olaf, Rapunzel, Eugene, Belle, Adam, Aladdin, Jasmine, Eric, Ariel, Tiana, Naveen, Moana, Macintosh, Merida, Hipo, Astrid, Charming, Cenicienta, Pocahontas, John Smith, Philip, Aurora, Snow White, Florián, Maui, Alistair Krei, Diane Amara, Mulan, Li Shang, Varian, Cassandra, Mateo, Elena, Dimitri, Anastasia, Tadashi Hamada, Hiro Hamada, Gogo Tomago, Fred, Wasabi, Honey Lemon, Roland, Miranda, Tack y Yum Yum, terminan bajando de todos los vehículos en donde estaban.
Al casi rodear la furgoneta abatida de Allende, atónitos los mencionados chicos, todos se preparan para disparar a matar, si es necesario.
Casi preparados; en ese preciso momento, escuchan ruidos extraños dentro del vehículo, suponiendo, lo que sería en pocas palabras; un acto de traición – ¡¿Qué demonios estás haciendo?!– terminan escuchando la voz de Williamson, desesperada, aterrada y sintiéndose amenazada por culpa de Allende, y en el interior del mencionado vehículo.
Preparándose con sus armas y en sus posiciones, no tardan en escuchar a Allende responderle con un grito amenazante a Williamson – ¡Voy a negociar mi libertad, pendejo!– añadiendo Allende, mientras afuera escuchan los chicos, el pequeño cerrojo de la puerta trasera de la furgoneta, abrirse – ¡Ahora, cierra la puta boca, pinche simio bobo, ellos te quieren vivo por lo que hiciste, ahora entrégate y sal del carro! ¡Apúrate!–.
Exigiéndole prisa a Bill, este último les indica a los chicos, estando a punto de salir – ¡Voy a salir! ¡Por favor, no me disparen!– al abrir las puertas traseras del vehículo de forma brusca, aparece Bill, en el acto.
Una vez que se abren las puertas, Bill es empujado afuera del vehículo, por Allende; dándole este último, una patada para que abandone el vehículo.
Alarmados todos los chicos; al instante no dudan en apuntar sus armas a Bill y a Allende.
Teniendo al hombre que asesino a su hermana, enfrente, Elsa intenta ir y matar a Bill, pero Hans y Jack, la abrazan y la logran detener antes siquiera intente hacer algo contra el hombre, forcejeando en el acto.
Estando en el suelo, Bill, y arrastrándose con el fin de salvarse; no lo consigue debido a que Allende, armado con un hacha, lo detiene con un pisotón en su espalda, en tanto les informa a los muchachos que les apuntan con sus armas – ¡Aquí lo tienen! ¡Llévense a Williamson! Prometo que me iré del país–.
Entrando en conflicto, en ese momento.
Bill trata de levantar su cabeza y mirar a todos los chicos que se encuentran ahí.
Al ver a Elsa y a Alistair, y teniendo este último el collar de colmillo dorado que llevaba Norman Deek, siempre, Bill se da cuenta de la verdad y lo que le pasó realmente a su compañero, recriminándoles en ese instante – ¡Ustedes mataron a Deek!– mostrándose sumamente furioso, al instante Bill dirige su mirada a la joven platinada, quién también estando furiosa, intenta zafarse de Hans y Jack, pero no puede.
Respondiéndole ante la muerte de Norman Deek, Alistair lo confronta a Bill, diciéndole – ¡No debiste haberte metido con nuestra, amiga!–.
Dejando de mirar a la joven platinada, Bill dirige sus orbes hacia Alistair, y al instante le grita en respuesta – ¡Todos ustedes están mal de la puta cabeza! ¡Los hubiera matado a todos y así me hubiera quitado un peso de encima!–.
Amartillando sus armas, en ese instante, es el pelirrojo, quién abrazando aún a la platinada para contenerla, toma la palabra y le informa con ira a Bill, lo siguiente – ¡Vamos a acabar con tu miserable vida, así tengamos que matar a cada hijo de perra que se interponga en nuestro camino!–.
Observando con rabia cada una de las caras de los muchachos, y sabiendo que todos en lugar de tenerle miedo, le tienen odio; Bill no duda en gritarles – ¡Son unos putos mocosos que solo piensan en los lados opuestos y en los destinos mágicos! ¡Tal vez, tenía razón, Micah. Debí deshacerme de todos, porque solo estorban y no sirven! ¡Bastardos de mierda!–.
Casi separándose de la platinada y desenfundando una escopeta recortada, Hans le responde al barbudo como si fuera una amenaza – ¡Cuando estés muerto será glorioso que el mundo sepa la clase de escoria que fuiste!–.
Apuntándoles todos los chicos a los dos hombres; en ese momento intenso y no soportándolo más, la joven Diane con las ganas de ver sufrir al hombre que la tocó sin su permiso en aquella fiesta, hace lo que una mujer enojada ante tal cosa desearía o puede llegar a hacer.
Con la pistola en su mano, la joven rubia dorada, le grita a Allende – ¡Maldito! ¡¿Cómo te atreves a tocarme?!–.
Distraído por mantener a raya a Williamson en el suelo, Allende se confunde ante lo dicho por la joven y al no saber a que se refiere, le pregunta – ¿Qué?–.
Sin dudarlo y con la ira en todo su ser, Diane le termina disparando en el cuello a Allende.
Provocando en ese instante en que todos los chicos, lo llenen de plomo al malvado y pervertido sujeto.
Siendo acribillado por cientos de disparos por los jóvenes y estando a punto de caer al suelo.
Ante las miles de balas que impactan en el cuerpo del alcalde, Bill estando en el suelo, se cubre, tratando de salvar su vida.
Estando completamente lleno de agujeros por donde le corre la sangre como rio en un acantilado, Allende al instante se desploma en el suelo.
Dando a entender con esto que… Allende está muerto.
Bill al observar el cuerpo, en específico la cara de Allende, toda desfigurada por los disparos de los chicos, se levanta del suelo e inmediatamente les pide que se calmen – Está bien, chicos y chicas. Yo… yo, yo… Vamos a tranquilizarnos–.
Viéndose como todo un cobarde, Bill al no saber que hacer, intenta tomar un arma escondida que traía Allende en su ropa, pero al intentar hacerlo, Elsa toma la escopeta de Hans y sin pensarlo dos veces, le dispara al cadáver de Allende, como una advertencia.
Aterrado al verse rodeado y amenazado, Bill intenta huir, pero en ese instante, Hans les ordena a sus amigos – ¡Atrápenlo!–.
Intentando alejarlos a todos los chicos, Bill se asusta y les pide con miedo que se aparten – ¡Aléjense de mí!– al no hacerle caso, todos los chicos, logran por fin hacer lo que quisieron hacerle desde un principio… Capturarlo con vida.
Elsa al ver que ya lo tienen sus amigos y amigas, y observando como lo arrastran al malvado sujeto hasta uno de los vehículos, en tanto lo atan y amordazan, y este mismo se resiste, la joven finaliza con – A llegado la hora de morir… Bill Williamson–.
Apretando sus dientes la platinada y sabiendo que por fin logró concretar con ayuda de sus amigos, su plan, y sabiendo que por fin hará justicia.
Le espera lo más duro a Bill… La muerte.
Terminando así este fic.
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Notas del autor:
Hola lector, nuevamente con ustedes.
Les traigo la tan esperada continuación del sospechoso de la tragedia.
La verdad el desarrollo de esta cuarta parte fue complicada, debido a que descuide otros fanfics.
Los cambios son:
Primero: originalmente este fic terminaba con la captura y posterior muerte de Bill Williamson, aunque mejor decidí detenerme hasta la captura de Williamson, debido a que estoy con unas ideas muy buenas ante el destino que le depara a Williamson.
Segundo: originalmente había una escena lemon entre Alistair Krei y Diane Amara (ambos personajes de Big Hero 6: la serie), pero tuve que cortar y eliminar dicha descripción lemon debido a que alargaría el fic.
Tercero: originalmente había una descripción mucho más detallada del tiroteo para capturar a Bill, pero alargaría también el fanfic.
Cuarto: este capítulo exploraría, el sentimiento de Kristoff ante la muerte de Anna y lo que sintió al ver a Elsa matar a Norman Deek, pero también alargaría un poco la trama.
Quinto: la parte mientras los chicos enterraban a Norman Deek por detrás de la cabaña, tenía a Elsa en la descripción, pero la quite a la blonda por el hecho de que no cuadraba mucho en la descripción, asimismo, también la sugerencia de Jack era cumplida, quemando el cuerpo de Norman Deek.
Sexto: había una descripción en la que Hans entraba a la habitación donde Elsa estaba con el mapa y aún sintiendo algo por la joven, le daba un beso. Está descripción fue eliminada ya que se sentirá que Hans estaba traicionando a mi querida Cainesita.
Séptimo: durante la captura de Williamson, este último lograba defenderse, al grado de que embestía a Elsa e intentaba matarla, pero al final descarte todo esto.
Octavo: una descripción que había hecho era que una versión moderna de John Marston aparecía en la casa de Elsa, y el mismo John se ofrecía ayudarla. Aunque idee toda la secuencia e incluso escribí los diálogos, al final no la use. Una de las principales razones de porque quitar a John Marston del fanfic, se debió a que también no pegaba mucho con la trama.
Noveno: originalmente Alistair y Diane encontraban a varias niñas y chicas como las esclavas sexuales de Allende, e incluso intentaban liberarlas, pero al final decidí cortar está idea, debido a que la sentí inapropiada, aún así hay una leve descripción que indica que durante el ataque a la mansión de Allende, todos los chicos liberan a dichas jovencitas.
Décimo: toma como inspiración las dos misiones donde aparece Agustín Allende (son 5 misiones realmente), las cuales son: La bebida endemoniada y La hora señalada. Está última misión es donde muere Bill Williamson a manos del jugador, asimismo muere Allende a manos de Abraham Reyes. También cabe resaltar que Allende no es alcalde en el videojuego sino el gobernador y coronel.
Undécimo y último: varios personajes pertenecen a películas y series conocidas de Disney y algunas de Dreamworks. Los personajes Agustín Allende, Vicente De Santa, Quique Montemayor, Capitán Espinoza, Carlos Borrego y Raúl Zubieta, son personajes un tanto y demasiado antagónicos del ya antes mencionado Red Dead Redemption 1, curiosamente todos son de nacionalidad mexicana y con un pésimo inglés y/o español.
Y bien lector, es todo, espero traerles más fanfics y la quinta parte de este fic.
Sin más que agregar, me despido y hasta pronto.
