Disclaimer: los personajes no son de mi propiedad, pero la idea si.

Inspirado en Bully, un juegazo de Rockstar games.

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Cómo cualquier día escolar en el que se calificaba el empeño de los estudiantes en su cumpliendo con las clases y sus labores académicas, el colegio de Bullworth se apuntó a la evaluación avanzada de las nuevas instituciones académicas de hoy en día, teniendo en pocas palabras que entrar en la modernización y abandonar el viejo hábito que tenía desde la década de los 70s, para evaluar y calificar.

Al tener puro malandro en sus filas académicas (hasta los profesores eran algunos una lacra) y con la mayoría de estudiantes siendo unos desobligados, la escuela tenía por regla y ley evaluar a sus alumnos con lo último en tecnología, siendo está brindada por el gobierno para verificar y cerciorarse del desempeño de sus estudiantes.

Nada era miel sobre hojuelas para todos los chicos que estaban en la institución, sobre todo para la hermosa Caine Quintonia.

Una chica de 17 años que era vista por algunos de sus compañeros como una mujerzuela, ya que tenía el mérito de conseguir lo que quisiera, incluso ofreciendo su pequeño y algo desarrollado cuerpo.

Aquellos días en que tenía que cumplir con los nuevos sistemas que había implementado su escuela, la joven Caine, yacía sentada en el garaje de su novio de 18 años, Hans Westergaard, fumando un cigarrillo mientras veía a algunos chicos molestar a otros como si fueran hormigas en un pan azucarado.

Con su uniforme algo deshecho y mostrando sus algo exuberantes piernas, la joven no dejaba de mirar a los chicos matones, al punto de que le relajaba verlos en acción, molestar y golpear a otros.

Siendo muy hermosa y arrogante al punto de burlarse de los pobres chicos que estaban sufriendo los actos de los matones del colegio, en ese preciso momento se vio interrumpida en su observación por sus molestas hermanas menores, Elsa y Anna Quintonia, quiénes eran unas niñas tan inseparables.

Siendo la joven rubia platinada de unos 15 años y la colorada de unos 13 años, eran las típicas hermanas que eran tan unidas que era imposible separarlas, una de la otra.

– ¿Qué hacen aquí?– les termino preguntando la joven castaña al notar la presencia de sus hermanas pequeñas.

Y en tanto se levantaba del sitio donde estaba sentada.

Tirando su cigarrillo al suelo y pisándolo, mientras se ponía sus manos en su cintura.

Algo temerosas debiendo a que la joven Caine era la mayor, decidieron informarle, aunque supieran lo que suponía ser regañadas por la joven castaña – Tenemos que volver a casa. Sabes que si uno de tus amigos nos golpea, no podremos defendernos–.

No importándole la seguridad de sus pequeñas hermanas y burlándose al punto de ignorarlas, la joven castaña les termino diciendo a las chicas – Váyanse ustedes solas, ¿Acaso no pueden?– ante la cuestión formulada, ambas muchachitas se miraron temerosas y mutuamente, sabiendo que no le podían decir nada a su molesta hermana mayor.

Temiendo por el comportamiento de la joven castaña, Elsa la llamo por su segundo nombre a la joven Caine – Laura…– siendo un completo error para la pobre e inocente platinada.

Ante el nombramiento del segundo nombre de la joven castaña, Elsa recibió una bofetada en su pequeño rostro de porcelana, al punto de que el golpe la tiró al suelo.

Aterrada la pequeña Anna, y entre miles de temblores que producía su pequeño y endeble cuerpo, le pregunto a su hermana mayor – ¿Por qué siempre nos lastimas?– tratando de ayudar la colorada a su hermana, la joven Caine le respondió, advirtiéndole – Váyanse o las acusaré con mamá de que me molestan–.

Habiendo hecho llorar a sus pequeñas hermanas (en especial a Elsa, con la bofetada), la castaña observo el momento en que las dos chicas se daban la vuelta y se iban solas a casa.

Burlándose de que sus pequeñas hermanas son esas niñas tontas e inútiles, la joven rápidamente empieza a coquetear con Hans, quién sin dudarlo, se le termina acercando para tocarla y manosearla a la joven como si está hubiera hecho algo correcto.

Entre besos y caricias, la joven recibe como interrogante una cuestión algo dura de parte del pelirrojo, quién no dejaba de besarle el cuello casi blanquecino que la joven poseía – ¿Por qué siempre las tratas mal? Ellas se preocupan por ti, y tú siempre las tratas como cerdos en un matadero–.

Molestándose ante la interrogante formulada por su novio, y separándose la joven, de los dulces besos que el chico le brindaba, le termina diciendo, en tanto levemente arruga su nariz en forma de rechazo – Yo era hija única hasta que me arruinaron mi vida, en especial, Elsa. Ella arruinó mi vida–.

Atacando ferozmente a su pequeña hermana, la joven, Hans le dice mientras la toma de la cadera a la chica y la mira fijamente, en tanto trata de que no se moleste con él – Ella no tiene la culpa de nada. Sabes que soy el menor de trece hermanos. Muñequita, no tienes que lidiar con trece hermanos, solo con dos dulces niñas, como lo son tus hermanas–.

Pegando la joven castaña su frente con la de Hans y habiendo escuchado lo anterior, la chica le dice mientras se victimiza, lo siguiente – No sabes los problemas que me han hecho–.

Conociendo el pelirrojo en el fondo que es todo lo contrario, le responde en tanto niega dulcemente – Quizás no, pero ellas te aman en el fondo–.

Teniendo en claro que su novia es demasiado grosera con sus hermanas, Hans decide ya no más tocarla ni besarla, al punto de empujarla e informarle – No voy a besarte más–.

Confundiéndose la joven al pensar que su novio ya no la ama, al final se da cuenta de que la está rechazando por su comportamiento agresivo hacia sus pequeñas hermanas.

Cuestionándolo por aquello, la joven lo llama por su nombre, esperando recapacite y se le acerque para que la toque sin siquiera detenerse – ¿Hans?– pero el pelirrojo siendo firme en su decisión, le dice mientras niega con su cabeza – Eres afortunada en tener a Elsa y a Anna como tus hermanas. Si fueran parte de mi vida, haría lo que fuera por ellas, pero créeme que no es así. Quieren tu amor, no tu rechazo– advirtiéndole a la joven castaña mientras empieza a caminar hacia atrás, evitando que la joven se le intenté acercar – No quiero verte en una semana, hasta que las perdones–.

Una vez que Hans se da la vuelta y se retira caminando lentamente hasta su hogar, le dice como última cosa – Te veré pronto, así que compórtate o nunca más nos volveremos a ver. Adiós–.

Dejándola sola, confundida y algo pensativa, decide la joven volver a su hogar, teniendo en claro que debe lidiar con sus pequeñas y algo molestas hermanas.

Al llegar a su casa y una vez que abre la puerta e ingresa a su hogar, es repentinamente tomada bruscamente de su arete redondo en su oreja, por parte de su madre, Iduna, quién habiendo sido informada por sus hijas menores por lo ocurrido, no puede evitar llevar a la castaña hasta su habitación para reprenderla.

– ¡Dijiste que llevarías a casa a tus hermanas, Caine Laura Quintonia!– le termina gritando la mujer a su hija en tanto la arrastra hasta su habitación.

Sintiendo la chica que está casi cerca de perder su oreja, Iduna la lanza levemente contra la cama a la joven castaña.

Finalmente y una vez que la mira con algo de enojo y tristeza a su madre, la joven Caine no puede evitar decirle como si ella fuera la víctima – Ellas me golpearon–.

– ¡Mientes! Elsa me dijo que le diste una cachetada. Y lo pude notar al ver a mi niña con ese moretón en su rostro– le responde la mujer a la joven mientras se señala su rostro como si fuera el de su hija platinada, añadiendo en ese instante – ¿Por qué siempre tratas mal a tus hermanas? Juro que tú padre y yo nos las llevaremos de aquí y haber que haces después–.

Colocando sus manos en su cadera y sabiendo que su hija está sin saber que hacer o decir, le dice la mujer a la joven – Eres una desobligada. Anna me dijo que estabas fumando, ¡¿Cuántas veces te he dicho que tú abuelo murió por eso mismo?!–.

Incapaz de soportarla a su progenitora que le siga llamando la atención, la joven decide tomar un impulso y confrontarla – ¡Ya cállate! ¡No me quieres, solo las quieres a ellas!–.

– No es así. Las quiero a las tres, pero tú siempre me las tratas a mis niñas como si ellas no fueran nada– le puntualiza la mujer a su hija mayor.

Estando sumamente molesta e incapaz de levantarse de su cama, la joven toma una de sus almohadas y la coloca sobre su rostro en tanto se recuesta y empieza a sollozar – Siempre hablas bien de ellas, por eso las odio– le dice mientras su voz se distorsiona por la presión de la almohada.

Dando un suspiro la madre de la chica y negando ante el comportamiento un tanto inadecuado de su propia hija, Iduna le replica a la joven, con lo siguiente – Caine. Lo que siempre haces es lastimarlas, créeme que no te diría nada, si no hicieras eso, pero como tú madre, tengo que reprenderte para que dejes de hacerlo; dejes de hacer lo que no es correcto–.

Tentándose a ya casi a lamentarse y llorar como su hija, Iduna escucha de la boca de su niña, una vez que se remueve en la cama, lo siguiente – Ellas arruinaron está familia… Estaba bien sola–.

Dudando en lo último expresado por su hija adolescente e incapaz de continuar con la discusión, Iduna le termina respondiendo, re memorizándole su pasado a la joven – Cuando eras una niña, me pedías un hermanito, y yo te lo di. Elsa y Anna son tus hermanas, Caine, y la verdad es que estoy satisfecha de haberte dado tanto lo que pedías. No te defraude, pero tú si me defraudaste al enterarme que aún sigues rechazando a mis hijas, ¿Sabes? No quiero seguir discutiendo. Hija, no puedes vivir toda tu vida rechazando a tus hermanas, ellas te necesitan. En algún momento de tú vida también las necesitarás–.

Dando unos pasos hacia atrás y estando dispuesta a dejar a su hija en su habitación para que reflexione acerca de lo último dicho, Iduna antes de ya casi irse le termina rogando, lo siguiente – Quiero que te disculpes con ellas, y te comprometas a ayudarlas en todo lo que te pidan. Si lo haces y logras entenderlas, quizás deje de enojarme contigo–.

Saliendo de la habitación de la muchacha y agarrando el pomo de la puerta desde afuera, logra observar el momento justo en que su hija se quita la almohada de su rostro, y entre un momento vacilante y mirándola fijamente con su maquillaje corroído, le dice con un titubeo – Yo, no quiero…–.

Dándole esa negación necesaria como madre y ya casi cerca de irse y cerrar la puerta de la habitación, Iduna, no duda en reafirmarle de una vez y por todas – No hay de otra, Caine. No toda tu vida las estarás rechazando– agregando mientras ya casi está a punto de cerrar la puerta y retirarse – Voy a la cocina. Voy a prepararles algo de comer. Por favor, piensa en ellas y reflexiona, te necesitan y te quieren más de lo que crees–.

Una vez se marcha y termina cerrado la puerta la madre de la joven castaña, está última no puede reprimir más sus sentimientos y sin dudarlo más, nuevamente vuelve al llanto, esperando no tener que conversar con sus molestas hermanas.

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Transcurriendo toda la tarde y gran parte de la noche, la joven castaña después de haber concluido con sus tareas y labores pendientes, finalmente decide ir y darles una visita a sus hermanas, las cuales conviven y viven en la misma habitación que ambas tienen.

Dudando la castaña por un momento acerca de tan siquiera hablarles y convivir con las chicas, al final decide tomar una bocanada de aire y continuar con lo que tenía en mente.

– Hola, Elsa y Anna– les logra dar un saludo a sus hermanas, la castaña, en tanto y una vez que abre la puerta y las visita, observa a las jóvenes hacer estás últimas, sus tareas.

Correspondiéndole el gesto al tímido pero respetuoso de su hermana mayor, las chicas finalmente le dicen sin siquiera distraerse – Hola, Caine…–.

Triste al ver lo inocentes que sus hermanas son y lo dulce que desprenden en todo su ser, e incapaz de tan siquiera moverse; recordando las palabras de su madre, se ve interrumpida en ese instante por su hermana muchísimo más pequeña, Anna, quién le pregunta algo incomoda – ¿Qué haces ahí parada?–.

Despejando un poco su mente y pensando en cómo responderle, la joven castaña rápidamente y en un carraspeó, le dice a manera de respuesta – Eh… Venía a ver cómo estaban–.

Dándose una mirada mutua ambas muchachas menores e incapaz de creerle a la castaña, sabiendo que es muy hostil; en ese momento toma la palabra la joven platinada y dice – Vaya, parece que alguien te dijo algo– burlándose las dos chicas y hablándose sus dudas en tan solo murmullos, la joven castaña decide confesarles lo que pasó y porque fue a verlas – Fue mamá quién me pidió que las ayudará con sus tareas–.

Nuevamente dándose una mirada mutua y de hermanas inseparables, Anna decide tomar la palabra e informarle con algo disgusto a la castaña, lo siguiente – Podemos solas, Caine. Aún así gracias–.

Sintiéndose algo apenada la joven castaña ante la contestación de la colorada y mordiéndose el labio al no saber que hacer, decide posar su mirada en su hermana platinada, Elsa.

Mientras la mira a la chica que siempre la llama por su segundo nombre, Caine decide señalarle y preguntarle en el trabajo que la blonda está haciendo en su cuaderno – ¿Puedo ver que haces?–.

Dudando en entregarle su cuaderno a su hermana mayor, al punto de apretar su libreta contra su pecho, al final y después de observar el rostro algo decaído de su hermana, Elsa finalmente decide entregarle de buena voluntad su cuaderno a su hermana.

Al tomarlo de forma espontánea y respetuosa, y por un momento pensando en destruirlo el cuaderno, la joven castaña termina observando los apuntes de su hermana menor.

Viendo que algunas operaciones aritméticas están erróneas, la joven castaña rápidamente le indica mientras toma asiento en la pequeña mesa con las que cuentan las chicas en su habitación – Está bien. Esto no está tan difícil, está mal, pero puedo ayudarte–.

Sintiéndose algo apenada al darse cuenta de que su hermana mayor sabe un poco más que ella, y sintiendo un poco de celos en su contra, la platinada decide cuestionarla ante el porque está mal – Hice todo lo que dice en el manual, ¿Pero por qué está mal?–.

Tomando un lápiz que está en la mesa y señalándole el error, Caine le dice – Te faltaron algunas operaciones a tomar en cuenta, Elsa–.

Teniendo en claro que no se fijó muy bien en el procedimiento de su trabajo y pegándose mentalmente por lo despistada que fue, la joven blonda termina preguntándole – Oh, ¿Entonces puedes ayudarme?–.

– Por supuesto…– le termina respondiendo la joven castaña a su hermana, en tanto coloca su mano en el hombro de la chica.

Añadiendo la misma castaña lo siguiente, y mientras logra presenciar la duda en el rostro de su hermana menor – Elsa, no te voy a regañar, te voy a ayudar…–.

Sintiendo la duda agarrarla y envolverla en su totalidad, Elsa, no puede evitar preguntarle a su hermana, lo siguiente, sabiendo que la castaña es un tanto extraña – ¿Qué pides a cambio, Laura? ¿Me vas a golpear?–.

Mostrándose dócil y nerviosa e incluso arrepentida, Caine rápidamente le dice a manera de respuesta, y mientras refuerza su mano en el hombro de la chica – Yo… Eh, simplemente… Te voy a ayudar, hermana–.

Pidiéndole que se acerque mientras le empieza a señalar en el trabajo – Mira…–.

Dudando por unos cuantos segundos en hacerle caso y pensando en mejor no aceptar su ayuda, al final, Elsa termina aceptando la ayuda de su hermana mayor, diciéndole finalmente – Está bien, Laura–.

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Habiendo pasado la semana que le había dado como límite para cambiar, Hans decide ir por fin a visitar a su novia, y todo con el fin de saber como le había ido.

Una vez que toca el timbre de la residencia donde vive su chica, y espera pacientemente a que alguien le abra la puerta, al final quién le termina abriendo la puerta es ni más ni menos que el padre de su novia.

Quién le abre la puerta es el señor Agnarr.

Sin siquiera dudarlo, Hans inmediatamente lo termina saludando al hombre – Hola, señor Agnarr…–.

Por un momento e incluso ya casi no reconociéndolo al colorado, Agnarr le dice – Hans. Muchacho, milagro que vengas a visitarnos–.

Acicalándose por un momento su cabeza ante los nervios que lo invaden, Hans al instante le termina preguntando al hombre, sobre el paradero de la chica castaña – Si, ¿Está su hija, Caine?–.

Pensando por unos segundos, Agnarr, que su hija no está en casa y estando dispuesto a mentirle a Hans, al final le dice – ¿Mi hija? Claro que sí. Vamos pasa, adelante–.

Una vez que Agnarr lo deja ingresar a su hogar al atrevido muchacho; en ese instante empiezan a escuchar risas dulces de la boca de muchachitas dulces como la mismísima novia del pelirrojo.

Dirigiéndose hacia el sitio donde continúan escuchando las elocuentes carcajadas de las chicas; una vez que llegan al lugar, observan como las tres chicas están jugando con las cosas de una de las jóvenes, en este caso, la joven castaña.

– ¡Laura, me haces cosquillas!– le termina diciendo la hermosa platinada a su hermana mayor, mientras no para de reírse, y en tanto la mencionada le está haciendo cosquillas en el estómago y el cuello.

Enterneciéndose Hans al verla a su novia muy cambiada desde la última vez que la vio, no cabe duda y se da cuenta de que su chica en ese momento le da la idea de lo hermosa y perfecta que es.

Mirándolas a las chicas aún, se logra dar cuenta por un momento que la quisquillosa platinada, mientras recibe la ola de cosquillas en su estómago y cuello, se encuentra abrazando un retrato del actor favorito de la joven castaña, el cual es Tyler Hoechlin.

Enterneciéndose Hans al punto de querer entrar a la habitación y jugar con las chicas, en ese instante termina escuchando a su novia decir – ¡Quédate quieta, Elsa o ya verás!–.

Riéndose la joven Caine de las cosquillas que le termina provocando a su hermana menor, rápidamente le hace lo mismo a su hermana colorada.

Jalándola y recostándola en la cama para hacerle lo mismo que a la joven blonda.

Quedando cautivado el colorado ante las hermosas chicas que Agnarr tiene como hijas, rápidamente Hans decide cerrar la puerta del cuarto donde están las jóvenes.

Reflexionando acerca de lo mucho que cambio su novia, de la noche a la mañana, en ese instante, el padre de la joven le termina preguntando lo siguiente – ¿Te apetece algo de comer, Hans?–.

Dedicándole una sonrisa ladina a Agnarr y negando de manera dulce ante el mencionado hombre, Hans le logra decir – Eh, no gracias…–.

Pensando Agnarr que Hans por un momento entraría a saludar a su hija mayor, decide preguntarle – ¿Sucede algo?–.

Negando ante la cuestión formulada y caminando lentamente hasta la salida, Hans únicamente le dice – No–.

Declinando por una parte el ofrecimiento del padre de las chicas, y negando cualquier problema e inconveniente, Hans finalmente y antes de irse, le dice – Solo quería cerciorarme de que estuviera bien–.

Casi ya a punto de irse y a abandonar el hogar de su novia, Hans añade – Antes de irme, ¿Puedo pedirle un favor?–.

Ante lo último que solicita el colorado, Agnarr de inmediato le asienta y le dice – Lo que sea, Hans– soltando este último, lo que quiere – Dígale a su hija, que la amo y… Que cuide mucho a sus hermanas, pues ellas son lo que más tiene en la vida, a parte de usted y su mujer–.

Dándole un apretón de manos, Agnarr le responde como último acto antes de que Hans se marché – Okey, así será–.

– Cuídense. Hasta luego– finaliza Hans, retirándose del lugar y teniendo en claro que a veces y casi siempre se puede cambiar y que a través de lo que se conoce como redención, las personas pueden llegar a ser o tratar de ser buenas personas.

Terminando así este fic.

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Notas del autor:

Hola lector, nuevamente con ustedes.

Les traigo una idea tan genial que nunca la he visto en un fic, bueno la idea, ¿Y si Elsa y Anna fueran hermanas de Lady Caine? Bueno lo cierto es que planee más cosas para esta idea pero al final decidí simplificarlo como un fic pequeño, aun así estoy en planes de algunas cosas tremendas.

Y bien, es todo, espero traerles más fanfics.

Sin más que agregar, me despido, cuídense mucho y que estén bien.

Nos leemos pronto.