Disclaimer: La historia es de mi propiedad, pero los personajes no me pertenecen.
No sé cómo haya quedado lector, pero espero les guste.
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Disfruten la lectura y Feliz Navidad.
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Hace mucho tiempo, en un no tan lejano y ni cercano inicio de la dura época invernal y la tan esperada Navidad, las personas merodeaban por las calles concurridas de Saint Denis; Lemoyne, abrigadas con suéteres, chamarras, gabardinas y bufandas.
Comprando regalos, paseando en sus coches, a pie o divirtiéndose como nunca; era el paraíso de los ricos y de los trabajadores que buscaban disfrutar sus vacaciones.
Al ser frío incluso ese clima pegaba tan duro y de forma tan agresiva al jovial y apuesto, Hans Westergaard, un hombre de cabellera pelirroja y dueño de una librería que alguna vez había pertenecido a su abuelo.
Concurriendo el colorado por las calles enormes de la pequeña ciudad, sus pasos eran rígidos y no precisamente por el frío, sino por arrepentirse de no saber que hacer con la chica que presumiblemente amaba.
Tenía ansias de estar con la hermosa y perfecta, Elsa Arendelle; una chica rubia, arrogante y casi igual a él, en cuanto a carácter.
Aunque le atraía en cierta medida, sabía que ella no lo amaba del todo, pues a veces lo manipulaba, por ello y para despejarse cualquier percance y momento que tuvo con la chica, Hans salió de su hogar, y se dispuso a pasear por toda la ciudad.
Al sentirse muy inquieto e incluso infeliz al tratar de que en verdad, Elsa lo amara, se intentó completamente quitar la molesta carga que traía todo ese tiempo, distrayéndose, pero la carga le era muy difícil.
Mientras entraba a una tienda para comprar algunas latas de soda y algo de comer, se percató de la empleada que lo atendía.
Recurrentemente iba a comprar alimentos a la tienda en donde se encontraba, y casi siempre miraba al encargado de cobrarle por los productos que él compraba, pero al mirar a la chica que lo atendía quedó algo atónito.
Era demasiado joven, asimismo, hermosa y casi como Elsa, pero un año mayor que la antes mencionada rubia.
En tanto lo atendía, la muchacha de la caja, le informo del precio total de lo que sería por todos los productos – Y bien, serán 20 dólares–.
Al desenfundar su billetera, sacar su respectivo dinero y efectuar el pago, Hans no puedo evitar tan siquiera mirar de reojo el gafete de identificación de la chica.
Pudo notar y leer el nombre de la joven de cabellera castaña, en voz baja.
Una vez que tomo sus pertenencias y se dirigió a la salida, no fue capaz de querer quitarle un ojo de encima a la ocupadísima chica.
Sabía que era hermosa y perfecta en muchos sentidos.
Mientras abandonaba el establecimiento, estuvo divagando mentalmente sobre una nueva idea que tal vez le gustaría a la muchacha trabajadora, pero que no le gustaría a la joven que supuestamente amaba: Invitarla a salir a la joven empleada.
Aunque no la conocía en lo absoluto a la castaña, pues no la había contactado antes como a la blonda, Hans sabía que la chica de nombre Caine, necesitaba descansar, y más con la inevitable llegada de las festividades Navideñas.
Por ello y durante su camino a su recóndito lugar de residencia, Hans no podía evitar dejar de pensar en eso, y tomo la iniciativa de idearlo bien y efectuarlo.
Si quería hablarle a la castaña, lo intentaría.
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Al llegar a su residencia, Hans se quitó su abrigo, lo puso en el gancho que yacía cerca de la puerta de entrada de su hogar e ingreso más a fondo a su hogar.
Le basto con tan solo oler el aroma a galletas, el cual le termino despertando el apetito, pero sabía, el pelirrojo, que la dueña de esas aromáticas galletas recién horneadas, era ni más ni menos que la propia y mismísima blonda.
Para su propia fortuna, Hans encontró algo incómodo estar en su propia residencia.
Pues si, Elsa no lo amaba, ya no la obligaría a que lo ame a la fuerza, así que volvió a tomar su abrigo, se lo colocó nuevamente y volvió a abrir la puerta por donde entró.
Lentamente, Hans se retiró de su hogar.
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En tanto se escondía detrás de unos arbustos, Hans observó la llegada de un chico algo delgado, con cabellera blanca y con un suéter colorido, típico de la época navideña.
El muchacho peliblanco, tocó el timbre de la puerta de la residencia y sin mirar a su alrededor por mucho tiempo, en ese justo momento, la joven blonda, vestida con un vestido rojo y un abrigo típico de las fiestas navideñas, le acaba abriendo la puerta al muchacho.
Sintiéndose algo celoso y muy pero muy enfadado, Hans, en ese instante, se le ocurre espiar por la ventana más cercana, todo lo que ocurre por dentro de su querido hogar.
Mientras observa el bermejo a "Su chica" y al posible amante de esta última, logra escuchar con buena calidad, la conversación de los dos chicos.
– Gracias por venir, Jack– le acaba diciendo, la hermosa chica, en señal de bienvenida y mientras lo abraza, correspondiéndole el gesto cordial, el muchacho – No te preocupes. Emma, no me quería dejar venir, pero pues… No voy a dejarte sola, y más cuando…– insinuando que la joven platinada está en cinta, Jack con su mano derecha, (y estando está libre) repasa suavemente el delgado pero no abultado vientre plano de la joven blonda.
Causándole algo de cosquillas la mano del muchacho peliblanco, Elsa le reitera con un tono juguetón pero marcado, que no está en cinta – Jackson, por favor… No estoy embarazada–.
Acercándola más a su cuerpo y sintiendo su irrádiate calor, Jack al final acaba dándole un suave beso en sus labios rojos a la hermosa muchacha, en tanto está última enrosca su esbelta y atractiva pierna en una de las fuertes piernas del chico.
Mientras recorre, Jack, sus labios sobre la tersa y suave piel de la joven, desde su boca, barbilla, cuello y clavículas, hasta el inicio de sus pechos; la misma joven, le dice con algunas carcajadas y una clara señal de excitación – Jack, detente… ¡Me haces cosquillas!–.
Tomando en cuenta el pedido tierno de la albina, Jack de inmediato se termina deteniendo.
Justamente y una vez que lo hace, levemente se logra separar de la chica, y cuando la mira fijamente a sus ojos, tomándola de sus mejillas con ambas manos sin pellizcarlas, Jack le pregunta al instante sobre el colorado – ¿Has pensado en dejar a Hans, cierto?–.
Sintiendo la muchacha, que la pregunta es un tanto sofocante, decide tomar algo de aire, y una vez que está lista para responderla, le dice a Jack – Desde hace meses. Creo que lo nuestro no va por un buen camino. Él es tan… Extraño–.
Añadiendo la misma platinada, en tanto se separa lentamente del chico, y decide caminar unos cuantos centímetros de la distancia de Jack, dándole la espalda y mostrándose insegura – Rara vez se fija en mí. Además, yo también ya perdí el interés hacia él. Finjo que lo amo, cuando realmente me siento que no hago química con él. Lo admiro por su capacidad de liderazgo, valentía, fuerza y caballerismo, pero finjo delante de los empleados de su librería, que realmente lo amo, pero… Creo que lo mejor será que nos separemos, él y yo–.
Cayendo en un pequeño mar de decepción, Elsa de inmediato se percata de la inevitable aparición del hombre del que le estaba hablando al peliblanco.
Al notar la presencia de Hans, Elsa lo mira algo aterrada y apenada, pero en ese momento escucha como el joven colorado le dice muy decepcionado y soltando los productos que compró con anterioridad – Copito, ¿Es verdad que no me amas?–.
Incapaz de mantenerse tranquilo y respirando de una manera un tanto acelerada, e Incluso dirigiéndole una mirada de melancolía a la despampanante rubia y a su amante de está, Hans al final decide abandonar su hogar; cargando con la falta de honradez de su "novia".
Lográndolo ver que se retira rápidamente y sin que pueda hacer nada, Elsa intenta detenerlo, pero Hans se apresura en su marcha para que la misma platinada no intente nada – ¡Hans, no escuchaste nada, yo puedo explicarlo!– acaba exclamando, la joven, mientras en vano intenta perseguirlo, añadiendo – Hans, yo… ¡Hans!–.
Al observar que el colorado acaba abandonando su hogar, y sabiendo que está muy triste, suponiendo que pasara su Navidad muy decepcionado, Elsa en ese preciso momento trata de insistir en ir por el muchacho colorado, pero es detenida en ese momento por el peliblanco, quién le dice comprendiendo todo – Está bien, Elsa. Por favor…–.
Dándole una afirmación la chica, y justamente una vez que se reúne con más cercanía al cuerpo del peliblanco, Elsa le responde con un semblante algo dolido – Está bien, tal vez, tienes razón…– agregando mientras recoge la comida que Hans había comprado pero que tiró ante la sorpresiva confesión – Vamos a cenar. Que sea algo que al menos me animé mucho–.
Finalizando en ese momento el peliblanco, mientras se termina retirando con la misma muchacha para efectuar su pequeña celebración – Antes que nada, mi Copito… Feliz Navidad– correspondiéndole, la joven, con la misma frase – Feliz Navidad, Jack–.
Sabiendo ambos chicos que su velada y su noche de Navidad al menos será de las más bonitas y muy tranquilas.
Teniendo en mente que Hans, encontrará su felicidad, tomando en cuenta que no es tarde aún.
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Vagando por las calles ya casi solitarias de Saint Denis, Hans decide ir en busca de la joven trigueña que estaba trabajando en la pequeña tienda; sabiendo el pelirrojo que la joven tal vez necesite también algo de tranquilidad y amor un tanto navideño.
Al no encontrarla en su trabajo y escuchando de parte de los encargados del establecimiento, que la chica salió muy temprano para dirigirse a su departamento, Hans opta por seguir en su búsqueda hasta encontrarla.
En tanto camina por una parada de camiones que conducen por todos lados, hasta incluso la estación de trenes de Saint Denis, Hans logra por fin encontrar a la hermosa castaña.
Pudiendo visualizarla lo sola que se encuentra, incluso fumando y esperando su transporte, Hans sin más, decide acercársele, no sin antes saludarla – Hola, señorita. Buenas noches–.
Observando el colorado, el abrigo de la chica, que se enmarca de manera deliciosa en su cuerpo femenino y lo que son unas pequeñas botas negras que hacen un buen juego con su pantalón de Lycra negra; sin duda, Hans llega a la conclusión de que la joven es una verdadera obra de arte.
Sintiéndose un tanto nerviosa y retrocediendo levemente en tanto no le quita un ojo de encima al apuesto caballero, la joven le replica el saludo pero con desconfianza – Hola, señor. Buenas noches–.
Incapaz de tan siquiera alejarse de la chica y presenciando su innegablemente desconcierto de parte de está última, Hans le dice – Eh, es un poco raro de mi parte pero desde que la vi en su trabajo atendiéndome. Me pregunte, ¿No podría invitar a esta hermosa mujer a una cena romántica?–.
Pareciéndole un tanto extraño el pelirrojo, Caine de inmediato le termina negando su invitación, informándole con un tono desafortunado y triste – Lo siento, señor, no puedo aceptar su invitación. Gracias, pero no. Tengo que volver con mi hijo. Él me está esperando–.
Ante la declaración de parte de la joven; de que está última tiene un niño, Hans queda algo atónito, al no poder pensar ni creer que la bellísima muchacha sea madre – ¿Su hijo?–.
Con la cuestión muy sorpresiva, la joven le cuenta con más compromiso en su semblante – Es Navidad y le prometí a mi pequeño que estaría con él–.
Teniendo en cuenta, Hans, la sensación de que la chica solo pasara su noche completamente sola y con un niño, y sin ningún adulto que le haga compañía, el mismo cobrizo toma la decisión de sugerirle a la chica, si puede pasar la noche con ella – ¿Puedo acompañarla? Por favor… Le he de confesar que mi pareja me obligó a irme de mi hogar y créame que no tengo a donde ir–.
Sorprendiéndola a la joven con todo lo expresado, Caine le dice simplemente al colorado, y mientras se coloca ligeramente su pequeña mano, muy cerca de su boca – Señor…– agregando inmediatamente al no tener otra alternativa más que invitar al colorado a su reunión – De acuerdo, espero que no se moleste mi pequeño–.
Sabiendo que la joven no se negaría, Hans al instante acaba exclamando muy alegre, un – ¡Si!– pero al dirigirle la mirada, y viendo en la castaña mucha tranquilidad sutil, Hans de inmediato decide darle las gracias, extendiendo su mano – Gracias, señorita. Me llamo, Hans–.
Con su nombre dicho, Hans insta a que también la joven le diga su propio nombre – Soy Caine, señor Hans. Encantada– una vez que le dice su nombre, la chica le toma su mano a Hans, y de inmediato lo saluda.
Siendo todo un caballero y galán, Hans decide en ese momento inclinarse y besarle el dorso de la mano a la chica.
Teniendo un cosquilleo en su pequeño dorso, la misma muchacha, ladea su cabeza de manera coqueta, y en tanto escucha a Hans decirle en un murmullo – Oh, su piel es tan suave…–.
Riéndose ligeramente la joven ante lo dicho por el gentil chico, poco después de retirar completamente su mano del tacto y los labios de Hans, le dice de inmediato y con los ánimos completamente levantados – Vamos, no quiero dejar por más tiempo solo a mi niño–.
Sonriéndose mutuamente y mirándose con coquetería, al final ambos terminan entrando al camión que por suerte logra llegar y los consigue llevar a su destino.
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Llegando justo al edificio de complejo de departamentos que conectan muy de cerca con la residencia donde vive el alcalde y justamente donde se encuentra el cementerio local de la ciudad, Hans por un momento no puede ni imaginar que la chica, viva un poco acomedida; lo que quiere decir que ella sola se ha levantado sin ayuda de nadie.
Una vez que aguarda a que la joven trigueña abra la puerta con su llave de su pequeño hogar, Hans de inmediato se empieza a poner en alerta, moviendo su cabeza ante cualquier adversidad y para cerciorarse de que el lugar sea seguro.
Al encontrar tranquilidad y paz, Hans deja de estar alerta y se prepara para lo que sigue.
Justamente y una vez que abre la puerta, la chica e ingresa junto a Hans al pequeño departamento, al instante ambos presencian la llegada de un niño rubio y con mechones de cabello castaños y de alrededor de unos 6 años de edad y vestido con un suéter colorido de los Vengadores, un pantalón de mezclilla y unos tenis rojos con suelas blancas; acompañado el pequeño niño de un perro de raza Rottweiler con un collar que dice "Axel".
Caine al ser sorprendida por su pequeño niño, en ese momento, logra escuchar de los pequeños labios del pequeño (claramente en alemán), una exclamación muy emotiva y feliz – ¡Mami!–.
Como un saludo y recibimiento, la joven castaña de inmediato se termina inclinando para recoger en un abrazo fuerte y lleno de calor materno a su hijo, asimismo acaba comiéndoselo a besos a su niño.
Al cargarlo, apretarlo con todas sus fuerzas y besarlo en sus pequeñas mejillas al pequeño niño, Caine le corresponde la exclamación, diciéndole con entusiasmo – ¡Noah, mi niño precioso!– mientras deja la muchacha que su pequeño hijo se acurruque en su cuerpo, decide también darle un saludo a su mascota – ¡Axel!–.
El perro al ver a su ama de regreso, le da la bienvenida, ladrándole de manera amistosa, dándole un lengüetazo en la mejilla y un saludo con su patita canina.
En tanto se enorgullece por el gesto del lomito, la joven castaña opta por jalarlo a Axel para también darle un merecido abrazo.
Mientras los abraza a sus seres queridos, el hijo de la joven, le dice con alegría – Te extrañamos mucho, mami– correspondiéndole sus palabras, la bellísima chica a su pequeño con – Yo también ya quería verlos, mi dulce bebé–.
Causándole ternura el niño y su madre, Hans de inmediato decide acercárseles y sin más, saludar más que nada al pequeño niño – Hola, amigo, ¿Cómo estás?–.
No sabiendo que dijo, Hans, (principalmente porque el pequeño niño no habla el mismo lenguaje que Hans) el pequeño Noah, le acaba preguntando a su madre mientras está se pone de pie y lo carga en sus brazos – Mami, ¿Quién es él?– respondiéndole a su interrogante, la joven castaña rápidamente se termina dirigiendo hasta Hans para que tanto él niño como el mismo pelirrojo se conozcan un poco más – Un amigo que conocí en mi trabajo–.
Desconfiando un poco del colorado y acurrucándose un poco más en el cuerpo de su atractiva y adorable madre, Noah le dice con timidez a esta última – No me cae bien, quiero que se vaya–.
Mostrando unos ojos de ternura y miedo a la vez, Caine al instante le termina dirigiendo una mirada dulce a su niño, en tanto le reitera – Noah. Debemos ser respetuosos con las personas y más cuando es Navidad, además… Yo lo invite a venir–.
Sintiendo que Hans es un intruso e intentando excusarse, el pequeño le grita a su progenitora de manera adorable – ¡Mami!–.
Incapaz de entenderlos a ambos, Hans al instante les acaba preguntando un poco inseguro – Eh, disculpen mi falta de lenguaje pero, ¿Qué dijeron?–.
Conociendo la joven que su hijo apenas articula su lengua natal, la misma muchacha le termina aclarando el problema al bermejo – Mi hijo, Noah… Eh… Olvide decirte, Hans, que Noah, aún no le he enseñado el idioma que todos hablan. Por lo tanto, mi bebé, habla mi lengua natal; el alemán–.
Comprendiendo lo expresado por la hermosa castaña, Hans en ese instante acaba soltando un simple – Oh, de acuerdo–.
Mientras se acicala la nuca por el inconveniente de estar en el hogar de la chica, Hans mira el momento en que la joven le puntualiza a su pequeño niño (en su lengua natal), mientras aún lo tiene en brazos – Se quedará, Noah. Es un buen hombre. Alguien muy cercano a él lo obligó a que se fuera de su propia casa, no podemos rechazarlo, hay que darle amor y esperanza, y más en estos tiempos–.
Dedicándole una sonrisa ladina la joven a su pequeño niño, este último finalmente le dice entendiendo que debe ser un buen niño – Está bien, mami–.
Terminando todos en un buen término, finalmente, la hermosa chica decide invitarlo a Hans a pasar a lo principal: La cena.
Antes de ingresar la joven a la cocina y aún cargando a su hijo, le dice a Hans mientras se dirigen a la cocina – Ven, Hans. Vamos a cenar–.
Sonriéndole el colorado con mucho cariño y entusiasmo, al final la acaba siguiendo a la chica, para y con el fin de celebrar la pequeña festividad.
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Con la cena ya concluida, Hans logra conocer un poco más a Noah.
A través de Caine quién le traduce todo lo dicho por Noah a Hans, este último logra formalizar una buena amistad con el pequeño.
Entendiendo el colorado que el pequeño niño es un chico muy travieso, pero de noble corazón y que en su país de origen, le gustaba mucho convivir con otros niños casi de su edad, asimismo comprendiendo que el niño admira mucho a los superhéroes de Marvel Cómics.
En cuanto a lo que fue la ya transcurrida cena, los platillos estuvieron conformados por un pequeño pavo asado, sodas, galletas, malvaviscos, dulces, gelatina y algo de vino, siendo esté último más dirigido hacia Hans y Caine.
Teniendo ahora sí que descansar definitivamente, Caine acaba la noche, llevando a su hijo a su pequeña habitación; preparándolo para dormir.
Mientras lo acomoda en las sábanas, la joven le dice a manera de despedida – Buenas noches, Noah– correspondiéndole el pequeño con un bostezo adorable – Buenas noches, mami. Espero que mañana, Santa me traiga el juguete del Hombre Araña, que tanto quiero y que llevo pidiendo desde el año pasado–.
Al recordar el muñeco del que tanto habla y desea su pequeño hijo, Caine inmediatamente le responde con titubeos y casi afirmándole plenamente que Santa se lo traerá – Oh… Eh, eso espero, mientras, eh, eh, necesito que descanses, sino no te traerá nada–.
Poniéndose un poco nerviosa por incumplirle ante lo que lleva pidiendo, al final se termina sintiendo aliviada la joven castaña al ver que el niño ya en definitiva está agotado – Está bien, mamá. Hasta mañana– le dice el adorable niño, en tanto se acurruca en su cama y lentamente va cerrando sus pequeños ojos.
Al notar el cansancio en su hijo, Caine suspira dulcemente, y antes de siquiera retirarse de la habitación, se termina inclinando levemente para darle un beso en la frente a su hijo.
Una vez que se dirige a la puerta, donde Hans la está esperando y estuvo mirando toda la escena entre madre e hijo, y están a punto de retirarse completamente, la joven le dice como última cosa a su niño – Que duermas con los angelitos, mi nene precioso–.
Saliendo con esto último de la habitación, apagando las luces y cerrando la puerta.
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Por fin y una vez que abandonan la habitación del pequeño niño, para no perturbar su descanso, Hans de inmediato le comenta a la joven castaña, creyendo que está divorciada – Y bien. No sabía que alguna vez estuvieras casada–.
Casi riéndose y siendo muy sarcástico, el pelirrojo, ante su propio comentario, Caine le responde de forma negativa y en tanto se muestra incrédula por la manera en la que Hans piensa sobre ella – No lo estoy, simplemente que…– casi terminando de explicarle el motivo por el cual tiene un hijo; la joven sin ningún preámbulo y después de un suspiro cargado de decepción, al final le acaba confesando su triste pasado al colorado – Era una chica tonta que se enamoró del empresario más exitoso y conocido de Rusia, y fuera de ella… Alistair Krei. Creí que era mi alma gemela, pero cuando quede embarazada de él… Él me abandono, incluso mi propia familia lo hizo. ¿Sabe? Soy una deshonra para mí padre, mi madre, mis hermanas y mi único hermano. Desde que nació, Noah, he tenido muchos gastos y problemas. Mi niño quiere ese muñeco del Hombre Araña, desde hace tiempo, pero mi incapacidad de darle lo que quiere me ha hecho de vez en cuando llorar y lamentarme, por no poder cumplirle en lo que me pide. No quiero verlo triste y decepcionado, quiero verlo feliz y que me diga… 'Mamá, te quiero mucho'–.
Mirándola fijamente y sin perderse en su extensa confesión, asimismo entristeciéndose con la historia de la chica, y teniendo en claro la mención del muñeco que tanto le pide el niño, Hans finalmente le propone a la joven, lo siguiente – ¿Qué te parece sí…? Tal vez, yo pueda comprarle el juguete que tanto te pide–.
Sintiéndose culpable y muy afectada al punto de querer soltarse a llorar, Caine finalmente logra animarse al enterarse que Hans puede ayudarla, por ello le pregunta con esperanza – ¿Harías eso por mí?–.
Dedicándole el colorado una dulce sonrisa afirmativa y tomándola de sus manos a la joven trigueña, Hans en ese instante también se consigue abrir emocionalmente para contarle quién es en verdad y parte de su pasado – Claro, por supuesto. Me invitaste a comer y pues, que mejor forma de ayudarte con esto. Realmente tu hijo me conmueve y lo aprecio mucho. Me recuerda cuando era yo tan solo, un pequeño niño que no podía dejar de ser molestado por sus doce hermanos. Bueno, mi familia es y siempre será numerosa, pero me he distanciado de ella. Mi pareja la encontré siéndome infiel y hablando cosas realmente malas y pues… No lo soporté–.
Una vez que Hans le confiesa sus vivencias; lentamente no puede evitar en ese momento, acercarse a la chica.
Colocándole sus manos masculinas en el torso pequeño y sexy de la joven.
Y mientras está la muchacha casi a punto de llorar; está misma le coloca sus pequeños brazos alrededor del cuello al colorado.
Sintiendo que han sufrido mucho y por bastante tiempo; asimismo siendo casi almas gemelas, Hans finalmente y lentamente termina acercando su rostro al pequeño rostro de la hermosa chica.
Al tenerla cerca y oler su aliento de la joven a menta, y sintiendo un pequeño tacto de los labios magenta de la mismísima chica, Hans finalmente le confiesa con pasión – Bueno, tengo que decirle, señorita Caine, que desde que la vi, supe que…– incapaz de terminar sus palabras, Hans finalmente logra sellar por fin sus labios con los de la señorita Caine, quién apretándose al cuerpo del colorado, logra sentir su perfecto calor que irradia.
En medio de los apasionantes besos y cada vez acercándose al punto exacto de la pasión sexual; en medio de la muestra de algo de piel en cada uno de los dos, la joven le termina también confesando lo mucho que lo admira al colorado – Hans, yo también creo que siento lo mismo que usted… ¡Ahhh!– no pudiendo terminar sus palabras debido a las caricias, la joven es irremediablemente estampada contra la puerta de la habitación de su hijo.
Pretendiendo ir lo más lejos que pueda, Hans acaba cargando levemente una de las esbeltas piernas de la chica, en tanto también empieza a llenar de besos el cuello de cisne de la joven.
Sintiendo ambos que nada ni nadie los puede separar, Hans al final hace un intento de autocontrol, exitoso.
Por lo cual mientras detiene sus besos por el inicio de los senos de la joven, rápidamente, el mismo pelirrojo le sugiere a la chica – Vamos por el muñeco, aún hay tiempo. Después, continuamos con esto que recién iniciamos–.
Estando la chica, completamente de acuerdo con el bermejo, levemente le acaba afirmando con un simple – Está bien– lo que obliga en ese último momento a que el propio colorado se termine separando de la joven.
Una vez separados pero con el deseo de unirse una vez más, Caine al final le termina diciendo con un tono juguetón y mientras lo mira con seducción – Antes de ir, señor Hans… Feliz Navidad– correspondiéndole lo dicho a la joven con un tono sensual – Igualmente, señorita Caine. Feliz Navidad–.
Acomodándose ambos sus prendas superiores, sus pocos cabellos sueltos y decididos a hacer feliz al pequeño niño, finalmente Hans y Caine lentamente van abandonando el lugar.
Mientras salen del departamento, la chica le dice como última cosa a Hans – Vamos, tratemos de no hacer ruido…–.
Terminando así esté fic.
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Notas del autor:
Hola lector, nuevamente. ¿Cómo se encuentran? Espero que estén disfrutando esté día.
¡Feliz Navidad!
La verdad, quería posponer este fic, pero me apure a terminarlo y pues aquí lo tienen.
Los cambios son: inicialmente había una secuencia lemon entre Hans y Lady Caine, pero al final decidí eliminarla debido a que la temática navideña se vería afectada por contenido subido de tono.
Otro punto a considerar, inicialmente Lady Caine tendría dos niños. El descrito aquí en el fic y una niña que sería más una bebita. Lastimosamente tuve que borrar a la pequeña niña de la historia debido a que abarcaría más texto del debido, aún así, no descarto la idea de introducirla en un futuro fic.
La fuente de letra Italic cuando Lady Caine y su hijo hablan, significa lector que estaban comunicándose los dos en alemán (No use el traductor debido a que es indeciso y muy erróneo en muchas de las traducciones que intenta dar como resultado).
Y bueno, las últimas aclaraciones:
Bueno lector, estamos a inicios del próximo año, por lo tanto, trataré de actualizar está sección de Vamos todos juntos compañeros, lo que queda de está última semana, asimismo, aviso que mis fics largos como Nacidos de una leyenda, no tendrán actualizaciones hasta el próximo año, también el blog artístico del que conocen algunas amiguitas y he mencionado, llegará seguramente el próximo año, la verdad cada cosa que tengo no tiene una fecha establecida, y por lo tanto lo iré subiendo en tanto ya esté disponible.
Esté fic navideño al ser el primero en mi perfil, es probable que sea leído unos días después, la verdad espero sea agradable y pueda ser disfrutable tanto después como antes de lo que es Navidad.
Antes de irme, y en caso de no actualizar como prometí está próxima semana, les deseo a todos una hermosa y brillante Navidad, pásensela con sus seres queridos, sus amigos, sus compañeros de la escuela o el trabajo, diviértanse.
Como dije, en caso de no subir nada, nos leemos hasta el próximo año, el ya casi cerca, 2022.
Y bueno, sin más que agregar, cuídense mucho y que estén bien, nos leemos pronto.
¡Feliz Navidad!
