Disclaimer: los personajes no son de mi propiedad, pero la idea si.

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Advertencia: Escenas algo subiditas de tono (No violentas)

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Como vecino de Eugene Fitzherbert, ninguna chica se resistía en verlo al apuesto trigueño, mostrándose este último como un verdadero hombre fuerte, caballeroso y muy pero muy sexy.

Para Rapunzel era el sueño de toda chica; su sueño y anhelo de ella.

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En una ocasión y tarde en su casa desde muy temprano, la joven rubia amante de los camaleones y algunos pequeños reptiles, había decidido cambiar un poco el fondo decorativo de su casa a pedido de su madrastra.

En tanto lo hacía, era observada la quisquillosa jovencita por el intrépido chico de cabellera castaña, quién en tanto la miraba a la joven, esté yacía sentado y recostado en su silla plegable.

Mientras disfrutaba su día, Eugene fue incapaz de querer despegar sus ojos de la adorable muchacha, siguiéndola en todo momento y al parecer sintiendo lo ameno en su totalidad aquel día.

Acompañado su descanso con una buena lata de cerveza, y comenzando a deleitarse con la brillante imagen que tenía la adorable jovencita.

Mientras arreglaba su hogar, la chica irremediablemente se terminó percatado de la elegante mirada del chico, por lo tanto y sin dudarlo, rápidamente opta en coquetear con el apuesto muchacho hasta que esté no puede evitar quedar cautivado con la belleza, las curvas y la brillante piel de la joven rubia dorada.

Teniendo puesta la mirada encima, Rapunzel de inmediato comienza a dedicarle bailes intercalados con sensualidad y perversión al límite, e incluso siendo más obscena al punto de desprenderse poco a poco, parte de su floreciente vestido hasta casi quedar en ropa interior.

Por su lado y sabiendo que la chica lo está atrayendo fuertemente con su indomable cuerpo femenino, Eugene al instante empieza a mirar para todos lados buscando ser el único ahí y sin nadie más que lo moleste o pretenda quitarle a la chica.

Una vez que termina su instantánea observación, Eugene se acaba levantando de su asiento plegable y sin ningún pudor alguno, se retira lentamente su camisa blanca, con la única finalidad de enseñarle su fuerte y muy bien ejercitado cuerpo a la hermosa chica.

Sintiéndose muy provocativa y al límite (Al punto de que el muchacho debe hacerla rogar con un acto impuro), rápidamente en ese preciso momento, la joven le continua con sus pasos sensuales de baile.

Mientras comienza a bailarle con más fuerza desde su hogar al chico, Rapunzel inevitablemente llega al sitio indicado donde está a punto de revelar lo impuro y que escandalizaría a cualquier persona que no toleran ese tipo de actos: Mostrarle sus pechos al chico.

Pasando detrás de su espalda, sus pequeñas manos, luego desabrochando los pequeños ganchos que sujetan su sostén y finalmente jalando sus tirantes a cada lado de sus brazos, la hermosa muchacha hace lo impuro a los ojos expectantes del atractivo trigueño.

Abriendo la boca al punto de caérsele la baba por lo que mira, Eugene en ese instante termina quedando atarantado con la extrema y resplandeciente firmeza y belleza de los pechos de la joven.

Ansioso por devorarlos como un fruto prohibido y volviendo a tomar asiento en su silla plegable, Eugene no puede evitar ser capaz de contener una inevitable erección.

Mientras lo observa la joven al trigueño y viendo lo estúpido que se ve y luce, de inmediato la misma, Rapunzel, se termina dirigiendo a su cocina por una botella de agua.

Al tardarse la joven, un poco en ir por el líquido vital, esto le hace creer a Eugene que la chica se asusto o alguien la llamó pero en ese momento vuelve a ser avistada nuevamente en el mismo lugar donde se quitó la ropa.

Empezando a abrir la botella de agua y rociándose un poco en su atractivo cuerpo, nuevamente la muchacha comienza a bailarle otra vez al torpe trigueño.

En tanto le reitera sus movimientos sumamente indebidos y tan desenfrenados, el agua empieza de inmediato a mojar y escurrir con más fuerza, varias partes del cuerpo de la quisquillosa chica; comenzando así a notar y resaltar con más definición cada pigmentación de pequeñas pecas que posee la adorable jovencita.

– ¡Eso es, no pares, muñeca!– le acaba gritando, Eugene a la joven y cuando está misma continua moviéndose con más sensualidad.

Mientras continua moviéndose al punto de quedar completamente húmeda incluso en su cabellera, la chica le acaba reafirmando con más provocación sus movimientos atrayentes.

Guiñándole un ojo, mandándole algunos cuantos besos, haciéndole gestos sexuales y hasta introduciéndose ella misma sus propias manos en sus pequeñas bragas.

Todo esto siendo un completo festín de perversión para el torpe trigueño, quién no puede evitar gritarle a la joven, nuevamente – ¡Esa es mi chica!–.

En tanto, pretende continuar la joven con sus refinados pasos; llega un momento donde hay un límite para todo.

Incapaz de percibir a su madrastra, en ese preciso momento, acaba apareciendo a sus espaldas, la decrépita mamá Gothel (Incluso asustando un poco al chico).

Quién en lugar de golpearla a la joven, rápidamente la voltea y la comienza a regañar sin que el apuesto chico pueda escuchar lo que la mujer le dice a la chica.

Mirando solamente como la mujer le da un escarmiento a la chica, está última termina cerrando las cortinas de su ventana y en tanto deja entre ver que la mujer al parecer la regaño muy feo.

Preocupándose Eugene, este mismo queda aterrado al pensar que la mujer no solo obligó a que la chica cerrará las cortinas de su hogar, sino que también y es probable que la malvada mujer la haya atacado a la indefensa chica por quitarse está última su ropa y mojarla con la poca agua que había.

Queriendo saber sí se encontraba bien, de inmediato, el chico decide acercarse al hogar de su florecita.

Mientras trepa parte del techo que conducen a la ventana de arriba, logra percatarse de que la ventana está abierta.

Al entrar al hogar de la joven, se encuentra con está última muy decepcionada y al parecer murmurando un profundo odio a aquella mujer.

El trigueño justamente y una vez que la tiene ante sus narices a la joven, decide acercársele a la inocente chica, quién sollozando, no se termina dando cuenta de la presencia del chico en su hogar.

Queriendo saber si se encuentra bien la desafortunada chica, Eugene de inmediato, le da un saludo y luego le pregunta – Hola… ¿Te encuentras bien? Vi a tu tía y al parecer estaba muy molesta–.

Sorprendiéndola la fuerte presencia del chico (También aterrándola), al instante, la joven Rapunzel se termina cubriendo su cuerpo y en tanto le formula otra interrogante – ¿Cómo entraste aquí?–.

Siendo un chico demasiado atractivo y también muy sincero, le dice simplemente a la joven casi desnuda aún – Por la ventana–.

Creyendo la joven en ese momento, que no estuvo bien la acción del chico: Saltar y llegar hasta donde ella se encontraba, rápidamente la misma joven, toma cartas en el asunto y le comenta – Oye, no es correcto. Puedes traerme problemas y malas intenciones estando así, además, si ella viene, te lastimara, créeme–.

Conociendo de antemano a quién se refiere, Eugene a manera de burla le acaba diciendo a la inocente chica – Esa tía tuya, no me lastimara. Es más plana que el viejo falopa que vive en mi casa. Creo que se llama Uncle o que se yo…–.

Riéndose ligeramente ante lo dicho por el apuesto muchacho, Punzi le termina corrigiendo lo que en verdad es la malvada mujer que vive en su casa – Es mi madrastra y se llama Gothel, además tampoco es mi tía. Ya quisiera–.

Mientras ambos se acaban carcajeando como verdaderos amigos y lentamente van cediendo sus incontrolables risas; rápidamente en ese momento, Eugene toma la palabra y le dice a la chica – ¿Sabes? Eres preciosa, me gustas como ni te imaginas–.

Teniendo esa sensación de que es totalmente una confesión, la joven de inmediato le corresponde lo dicho al muchacho – Gracias, tu también me gustas mucho, bueno las veces que te he visto desnudo por ahí o holgazaneando. Sinceramente eres un galán–.

Sintiéndose halagado el joven trigueño, al instante le termina dando las gracias mientras se rasca su nuca – Oh gracias–.

En tanto ambos se quedan en completo silencio, de inmediato, Eugene opta por romper ese incómodo silencio, sentándose primeramente a un lado de la joven.

Sabiendo ambos chicos lo mucho que se atraen y queriendo conocerse como nunca, en ese momento, el chico le dice su nombre en un murmullo – Soy Eugene, pero puedes llamarme Flynn Ryder– causándole ternura y algo de gracia el apodo que el chico se puso, la hermosa muchacha también decide corresponderle en medio de ese murmullo – Soy Rapunzel, pero puedes llamarme Punzi–.

Una vez presentándose e incluso intentando darse un apasionante beso muy bien merecido (Incluso también acercándose más para palpar sus atractivos cuerpos), no logran concretar su tan deseoso acto debido a un ruido por afuera del cuarto de la joven.

– ¡Rapunzel! ¡Niña!– casi cerca de concretar lo que los llevo a ese contacto mutuo y casi frenético de amor, de inmediato, ambos muchachos se acaban separando y al instante, la joven se acaba dirigiendo a su armario para ponerse algo de ropa nueva.

En cambio, el muchacho se acaba dirigiendo nuevamente por donde entró.

Antes de que los dos se despidan, Rapunzel lo llama a Eugene para un último acto – Espera, aún no te vayas...– ante las palabras que lo terminan frenando al chico, la misma chica al instante acaba corriendo hasta el muchacho y sin más que le impida estar a su lado, lo termina tomando de la nuca para concretar finalmente ese beso que casi se daban.

Rodeándolo del cuello con sus pequeños brazos y pegándose al cuerpo musculoso y algo desnudo del muchacho, finalmente la chica le propone – ¿Qué te parece si te veo el día sábado?–.

Atrayéndola a la muchacha con más excitación y deseo hacia su cuerpo masculino, Eugene al instante le acaba contestando a la joven su cuestión – Me parece genial–.

Incapaz de separarse ambos por la increíble sensación que empieza a intercalar por cada uno de sus cuerpos, finalmente lo acaban haciendo, debido a que vuelven a escuchar la voz de la irritante mujer – ¡Rapunzel, maldita niña! ¡Ya te llamé varias veces, baja de una maldita vez!–.

Decididos en que no quieren ver arruinada su increíble relación, finalmente, Eugene termina saliendo por donde entró, no sin antes despedirse de la chica, diciéndole – Nos vemos, mi florcita– correspondiéndole la misma chica con algo similar – Adiós, bebé–.

Terminando así este fic.

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Notas del autor:

Hola lector, nuevamente con ustedes.

Feliz año nuevo atrasado a todos, espero se encuentren bien todos, mis queridos lectores.

Bueno, este es el primer fic que subo y actualizó este año, 2022. Y también con motivo de conmemoración este día 9 de enero, ¡Celebró el lanzamiento de mi Fanfic más exitoso de mi perfil, La Debilidad y La Culpa! Sinceramente en algún momento traeré algo Inspirado en este fic, estaré avisando.

Y bien el inicio de fics para este año comienza con un fic de nuestra querida Punzi y apuesto Eugene. Los cambios para este fic son muy pocos, pero habría una descripción algo deliciosa entre estos dos.

Bueno, para concluir, está semana espero ya traer las primeras actualizaciones de mis otros fics y también espero subir fics ya publicados en Fanfiction para Wattpad (Para los lectores de ahí).

Sin más que agregar, cuídense mucho y que estén bien, nos leemos pronto, lector.

Otro año más de fics locos.