Disclaimer: los personajes no son de mi propiedad, pero la idea si.

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Advertencia: Contenido Fuerte y Algo Gráfico, tomar precauciones.

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Corría una tarde de viernes por las afueras del colegio de Bullworth.

Siendo demasiado aventurera, aquel día, la joven Caine Quintonia de ahora unos 21 años de edad, había estado mirando su reflejo en un espejo por bastante tiempo.

Anhelando ser perfecta como antes y un poco sensacional para ese día; su ideal para ese día se había cumplido al pie de la letra, con una camisa blanca y unos jeans de mezclilla, además resaltando su perfecta figura con una gabardina grisácea y sus pies con unos zapatos tipo botas.

Incapaz de creer en la forma en la que estaba vestida, incluso optando por faldas o blusas muy reveladoras y que la expusieran en su totalidad, Caine eligió ese atuendo por ser únicamente viernes y porque ya no era una niña, ahora tenía que mantener a Elsa y a Anna, después de que las tres muchachas tuvieron un pasado tormentoso.

En tanto entraba aquella tarde al restaurante El Comensal Feliz ahora modernizado para los nuevos albores del año nuevo, Caine al instante decidió tomar asiento en una de las mesas y mientras esperaba, la chica optó por extraer su cuadernillo pequeño para empezar a organizar las cosas de su viejo y aún habitable hogar.

Mientras empezaba enmarcar con un bolígrafo sus planes y lo que deberá hacer por Anna (en especial porque la chica es la más pequeña de las tres; teniendo 17 años ahora), la joven se termina dando cuenta de que el esperar a la persona que está esperando le está demorando y quitando mucho tiempo.

Un tanto frustrada comienza a re memorizar lo que la llevo a cuidar de Elsa y Anna, aún siendo una joven adolescente que solo pensaba en divertirse como cualquier chica de su edad.

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Flashback.

Ostentando los 17 años y habiendo mejorado su relación con sus hermanas, mientras piensa en Hans, en el hermano de esté, Lars y su amigo Leopold de Weselton, la joven Caine lentamente se termina y va quedando profundamente dormida en el asiento trasero en el vehículo de su padre.

Mientras sus padres de la misma chica están al tanto en los asientos principales del vehículo y en su relajante trayecto se logra escuchar la fluyente música de los Bee Gees, la joven castaña rápidamente sonríe por lo bien que le ha ido, tanto académicamente como familiarmente; siendo la música un toque nostálgico inigualable.

Manteniéndose los señores al pendiente en todo momento sobre la compra de alimentos y mantenimiento de su hogar, aquel día algo oscurecido por las recientes neblinas empiezan a denotar un clima cada vez más gélido y para nada agradable.

En tanto la joven castaña duerme acurrucadamente y debes en cuanto se despierta por algún pequeño ruido, consigue captar en ese preciso momento una llamada de parte de su madre.

Queriendo saber la mujer y madre de la afortunada chica, cómo se encuentra está última y si está en condiciones para ayudar con las cosas que necesitan, Iduna se termina girando levemente para verla a la joven muchacha y le acaba inquiriendo con un tono dulce y comprensivo – Oye, Laura, ¿Tienes frío?–.

Tratando de mantenerse callada y más tiempo adormilada, la joven trigueña le termina confirmando con algo de molestia a su madre – Si, ¿Podrías dejarme descansar?–.

Un tanto enternecida por la dulce imagen de su adorable hija castaña, de inmediato, Iduna procede a volver a girarse y acomodarse de manera adecuada en el asiento del copiloto.

Una vez llegan al mercado y se disponen a bajar, Iduna y Agnarr deciden dejar a la chica en el auto mientras la arropan con una manta que trajeron de su hogar.

Pasando una hora, finalmente Agnarr e Iduna vuelven a aparecer y por fin logran regresar al vehículo con todas las cosas que se propusieron comprar para reabastecer su tan alejado hogar.

Al verlos la chica a sus progenitores, ingresar al vehículo con una sonrisa muy tranquila y satisfecha, rápidamente y con mucha alegría, la adorable muchacha, procede a preguntarles con ansias – ¿Me compraron algo?–.

Introduciendo todo lo que compraron en el mercado, y casi aún lado y donde se encuentra sentada la joven, y entrando al vehículo; mientras los señores toman sus asientos, Agnarr le acaba respondiendo a su hija, señalándole – Hay un pequeño panecillo de chocolate en una de las bolsas, espero te guste, princesa–.

Al revisar lo que le compraron en una de las bolsas de papel, la joven termina encontrándose con lo que le señalo su progenitor.

Sumamente enternecida, la joven Caine, al instante, le termina dando las gracias a su padre – Gracias, papá. Te quiero mucho–.

Sintiéndose halagado por el profundo respeto que le tiene su hija, finalmente, Agnarr le acaba dirigiendo una mirada enternecedora a su mujer, quién viendo como su familia ha mejorado mucho, le termina dando una afirmación leve con su cabeza al hombre.

Dispuestos a volver a casa, Agnarr declara mientras enciende el motor del vehículo – Bien, es hora de regresar a casa– una vez encendido el motor del auto, por fin pueden irse tranquilos a su destino.

Durante el trayecto y después de haberse comido su panecillo de chocolate, y ahora estando completamente cansada al punto de querer dormirse nuevamente, la joven castaña consigue escuchar a su madre decir – Elsa, se alegrará mucho por el helado de chocolate–.

Asimismo, la joven logra escuchar a su padre, responderle a la hermosa mujer que tiene como esposa – Y ni hablar de Anna. Son esas dos niñas unas completas glotonas–.

Riéndose la joven trigueña ante el comentario respuesta de su progenitor, al instante no pueden evitar abrir sus ojos y decirle al mencionado hombre – Papá, Elsi y Anni son como mamá. Si fueran tan súper glotonas quedarían como la señora Úrsula–.

Provocando el comentario de la muchacha, una risa incontenible en la boca de su madre, está última le acaba diciendo – ¡Ja ja ja ja! Eres muy divertida, Laura–.

Mientras no puede parar de reír, la valerosa mujer, su esposo le procede a decir – ¿Sabes, cariño? Tienes una risa tan hermosa–.

Comenzando lentamente a dejar de reírse, rápidamente, Iduna le termina preguntando con una sonrisa juguetona – ¿Tu crees?– afirmándole delicadamente, Agnarr, esté mismo le acaba informando lo siguiente y mientras recuerda como fue la primera vez que la conoció a la hermosa y perfecta mujer – Claro que si. Me recuerda mucho cuando éramos tan solo unos niños. Aquella vez que me caí y pude escuchar tú hermosa, inigualable, perfecta y exquisita risa–.

Enterneciéndose la jovial castaña ante la pequeña anécdota y recuerdo de su progenitor, al instante le termina pidiendo que le diga más esté último – ¡Quiero que me cuentes más sobre como eran cuando eran jóvenes y antes de que naciera!–.

Sonriéndole completamente y dispuesto a platicarle parte de su vida a su hija, Agnarr en ese instante inicia con lo que es para él, ese trayecto importante de su vida, sin apartar su mirada del largo camino que aún le falta por recorrer – Bien. Cuando éramos tan solo unos niños, nos encantaba jugar en la oscuridad. La verdad no le teníamos miedo a nada, y pues era el mejor momento para que nadie nos molestará. Éramos unos exploradores. En nuestra adolescencia nos veíamos de vez en cuando, andábamos queriendo saber los misterios del hombre del sombrero de copa, el hombre abducido por unos seres del más allá, el Big Foot, entre muchas otras aventuras. La mejor aventura siempre fue comer en pequeños picnics que hacíamos los dos. Era hermoso, cada vez que los organizábamos. El paso por la universidad nos unió más. Fue algo frenético todo y más cuando lo intentamos muchas veces, Je je. Aún jóvenes, seguíamos siendo aventureros y aún creo que lo somos. Cuando naciste y luego tus hermanas… Cambiaron nuestras vidas. Aún recuerdo cuando eras una niña preciosa, hija mía. Eras una bebita adorable, gateando y balbuceando. Sinceramente fue el mejor momento de toda mi vida–.

Volviéndose a enternecer la joven castaña e incapaz de no poder contener sus lágrimas, inmediatamente, le confiesa con cariño a su padre – Te admiro mucho. Me siento afortunada de tenerte, papá. Te quiero muchísimo–.

Mientras le consigue brindar un abrazo a su progenitor por detrás y en tanto aún conduce el hombre y se termina la chica quedando unos cuantos segundos ahí aferrada por detrás, poco a poco comienza lo que sería el después de lo inevitable e indescriptible.

Conduciendo a una velocidad normal y moderada.

Poco a poco, Agnarr se acaba dando cuenta de algo verdaderamente imprevisto.

El frenó lentamente empieza ser incapaz de responder ante cualquier pisotón que el mismo Agnarr le termina dando.

Al pasar por un carril algo transitado por coches e incluso algunas personas que andan a pie, Agnarr logra decir muy extrañado pero a la vez muy asustado – ¿Qué demonios?–.

Empezando las dos chicas a notar que algo no anda bien, de inmediato y muy asustada al igual que el propio Agnarr, la misma Iduna le termina preguntando – ¿Qué sucede, Agnarr?–.

Ambas mujeres al notar que el vehículo en ningún momento se detiene y/o responde a las acciones del hombre, la misma mujer le acaba informando a su marido – ¡Agnarr, me estás asustado!–.

Viendo que están en medio del carril por donde pasan los vehículos, rápidamente las chicas y el único hombre entran en pánico.

Intentando maniobrar el vehículo, Agnarr logra dar una vuelta, con el fin de hacer que el vehículo se giré y así lo pueda mover.

Siendo demasiado trabajoso moverlo el auto al punto de que el asfalto está un tanto resbaladizo, en ese preciso momento, la joven castaña le acaba gritando sumamente aterrada a su padre – ¡Papá, tienes que hacer algo!–.

Intentado quitarlo del camino, Agnarr en ese instante le acaba respondiendo a su hija con – ¡No puedo!– al punto de apretar con muchísimo más fuerza su perfecta dentadura.

Casi imposible hacer que el vehículo se giré y quemando las llantas en su lugar; logra el hombre girar el vehículo pero al hacerlo ocurre lo impensable…

¡Papá!– acaba gritando sumamente aterrada la joven castaña al ver un enorme camión acercarse hasta donde están ellos.

¡CRASH!

Siendo algo incapaz de detenerlo y como si fuera una película de acción, el enorme camión acaba aplastado con tanta fuerza, furia, destrucción y hostilidad el pequeño y algo frágil auto donde se encuentran las dos chicas y el único hombre.

Dando varias vueltas por todo el sitio, desperdigando fragmentos de vidrio y metal por todos lados y lanzando productos que llevaba por dentro (Siendo los productos que Agnarr y Iduna habían comprado), el vehículo de la pequeña familia se termina estampando contra un árbol cercano.

Ante el fuerte y aterrador accidente que acaba teniendo la familia, la joven castaña termina despertando tan asustada y de inmediato, después de la tragedia y aún atrapada en el vehículo.

Ensangrentada en algunas partes de su cuerpo y escurriendo también sangre por su frente, asimismo con su pierna atascada en medio de un fierro torcido y con fragmentos de vidrio incrustados en su cuerpo, asimismo con un trozo de metal atravesado su hombro y llena de moretones, la joven muchacha en ese preciso momento no puede evitar llamar a sus progenitores – ¡Aaaahhh! ¡Papá, mamá!– intentando en vano salir del vehículo, pero no consiguiéndolo debido a que está atorada; la joven trigueña, empieza a hacer la lucha por salir.

Pujando y forcejando con el fin de liberar su pierna y hombro atrapados, la joven termina maldiciendo muy aterrada – ¡Mierda, no puedo salir!–.

Al verse aplacada por el metal que le obstaculiza la salida, la joven en ese preciso momento no puede evitar empezar a pedir ayuda – ¡Auxilio! ¡Que alguien llamé una ambulancia!–.

Sumamente asustada y viendo que al parecer no hay nadie por donde ocurrió el accidente, la joven Caine comienza a escuchar débilmente su propio nombre de parte de la débil voz de su madre – Caine, hija…– teniendo esperanzas a partir de haber escuchado la voz algo débil de su madre, entre esos metales torcidos y vidrios esparcidos, la misma chica le dice a su progenitora – ¡Mamá, estarás bien!–.

Desangrándose en mayor medida y viendo en un vistazo rápido a su esposo al parecer inconsciente, Iduna no puede evitar llamarlo a esté para que responda – Agnarr…–.

Observando que el hombre tiene la cabeza hacia un lado e intentando la mujer moverlo para verle el rostro, en ese momento interfiere la joven castaña, quién desesperada, consigue mover con dificultad al susodicho hombre en su asiento.

Habiéndolo movido, la chica de inmediato le dice a su progenitor pensando que la va a escuchar – Papá, ¡Papá, también vas a estar bien, confía en mí!–.

Notando la joven castaña que su padre tiene un trozo metálico atravesando una pequeña parte de su abdomen; se termina dando cuenta de que algo ya no anda bien – ¡Papá…!– termina exclamando aterrada al darse cuenta de lo impensable.

Moviéndolo una y otra vez con el fin de que responda.

Al final todo es en vano al darse cuenta la misma muchacha que su padre ha… Muerto.

Llorando y suplicando que todo se trate de un sueño, finalmente Caine exclama mientras niega en repetidas ocasiones – ¡No, no, no, no, no!–.

Al dirigirle un vistazo rápido a su madre y sabiendo que aún puede salvarla, Caine le acaba diciendo a su madre con muchísima confianza – Mamá, tú estarás bien. Te ayudaré a salir de aquí…–.

Notándose muy pálida la hermosa mujer (Por la perdida de sangre), está misma le termina pidiendo a su hija mientras comienza a derramar unas cuantas lágrimas y sabiendo que ya no podrá estar más tiempo con vida – Caine, no, déjalo. Quiero que cuides de Elsa y Anna… Aaaahhh… Te necesitan…–.

Negándose la joven castaña a que su madre se rinda, y con las lágrimas incapaces de que dejen de escurrir por sus ojos; la misma joven castaña le contesta a su progenitora, en tanto le muestra una cara llena de miedo – ¡No! ¡Te necesito! ¡No, no te quiero dejar ir como a pasado con papá, no me dejes sola!–.

Incapaz la madre de la chica, de mantenerse por más tiempo con vida, le dice sus últimas palabras antes de darse por vencida – Caine… Mi niña hermosa, fuerte y… ¡Aaaahhh! Nunca te abandonaremos, ni tu padre, ni yo. Estaremos siempre cerca de ti. Te amo y quiero mucho, mí…– no pudiendo concluir sus palabras, Iduna finalmente se detiene en seco y luego de eso, acaba moviendo levemente su cabeza mientras deja su vista completamente en la nada.

Dando a entender que… Ha fallecido.

Viéndose sola, desquebrajada, débil y marcada de por vida por la perdida de las personas que apreciaba y amaba mucho, la joven trigueña inmediatamente y sin poder evitarlo se rompe en un llanto con cada vez más fuerza, hasta que se escuchan las sirenas de emergencia de las ambulancias, bomberos y patrullas de policía.

Sabiendo que esa soledad que la acompañará por el resto de su vida, la tendrá que compartir con sus dos hermanas, Elsa y Anna.

Fin del flashback.

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Presente.

Acalorada y ya estando un tanto aburrida por esperar demasiado tiempo, la joven castaña rápidamente decide quitarse su gabardina para ventilarse del innegable calor.

Mientras vuelve a tomar asiento lentamente y vuelve al transe de espera impaciente, aparece la persona que estuvo esperando…

Jack Frost.

Un viejo compañero de instituto que intento cortejar muchas veces con la mismísima castaña.

Al verlo la joven está misma le termina dando un saludo furtivo al peliblanco y asimismo le acaba diciendo – Que bueno que viniste, te estaba esperando–.

Observándola con una ceja inclinada, Jack finalmente, toma su asiento y luego de analizar a la chica por unos cuantos segundos, empieza con la siguiente cuestión – ¿De qué necesitas hablar?–.

Terminando así este fic.

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Notas del autor:

Hola lector, nuevamente con ustedes.

Les traigo la continuación del fanfic Aprendiendo de ti (si ese fic donde Elsa, Anna y Lady Caine son hermanas).

Les soy sincero, la continuación de este fanfic sería el fic de Golpe Bajo (ese donde Jack es golpeado por la hermosa Carla Delgado) pero al final el seguimiento de la historia y es más su seguimiento no han sido muy apropiados después de todo, por ello aquí ya está la continuación de ese fic de Aprendiendo de ti.

También sube está continuación a pedido de hace tiempo por mi amiga Camila Ski, la cual aprecio mucho.

Y bueno, sin más que agregar cuídense mucho y que estén bien.