Disclaimer: la historia me pertenece pero sus personajes no.
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Eran las diez de la noche, rondando por el departamento de Adrien y Marinette.
Mi visita era algo llamativa puesto que había llegado con el fin de que el inútil de Adrien me ayudará con mis trabajos y tareas del instituto.
Por dentro veía el jugueteo incesante de los dos chicos antes mencionados; personalmente para mí, era comparado con ver Ed, Edd y Eddy.
Mientras los veía tan activos (como si se hubieran drogado o bebido), ronde una última vez por todo el lugar y sin más me retire afuera del departamento.
Era evidente que estaba molesto, y se podía notar a simple vista.
Mientras estaba afuera, escuchando los grillos, las pocas gotas de agua y los pequeños pero imperceptibles golpes en el ambiente departamental del vecindario, me percata de mi acompañante.
Era una chica que al parecer se notaba incómoda.
Lo único que podía ver en ella eran su poca falta de ropa; siendo únicamente su sostén, sus bragas y sus medias de un tono negro, con zapatos de tacón de un color casi gris o blanco.
Su increíble cabellera castaña suelta en un mar de ondas, y su increíble glamour femenino.
En tanto la miraba con los brazos cruzados y fumando, me pregunte si ella ya me habría visto o que hacia vestida así, teniendo en cuenta que la temperatura era cada vez más gélida.
Intentando llamar su atención, de inmediato, me le acerque.
Debido a que había una cerca que delimitaba su área con la mía, tuve que tomar una diminuta piedra y luego se lance para que captará mi atención.
Al sentir el pequeño golpe en su cabello, la chica de manera vanidosa, se giró y me miró con algo de rabia; supuse que estaba de muy mal humor con alguien o algo.
No sabiendo que decirle, inicie con – ¿Sabes? Eh… Eh, la luz de la luna habla con nosotros…–.
Intentando quedar bien con ella, la misma chica se aparto suavemente del lugar donde se encontraba.
Estaba por irse pero antes de que lo hiciera, salte lo que nos impedía estar juntos.
Al llegar a su lado, la tomé de su mano y rápidamente la jale suavemente hasta mi cercanía.
Estupefacta, la hermosa chica no me reprochó por lo que había evitado que hiciera y en su lugar, se me quedó viendo unos cuantos segundos.
Incapaz de contener sus lágrimas, ella comenzó a llorar.
Era evidente que alguien la había lastimado en su momento donde tomaría importancia su belleza.
Antes de que tratará de abrazarla, me quito mi agarré sobre su mano.
Casi estaba a punto de dejarla ir sin resistencia, pero reafirme mi fuerza y la atraje hacia mi, con el fin de tranquilizarla.
Sus ojos brillantes y nublados por los celos, la ira y la decepción la hicieron explotar en llanto sobre mi abrigo.
Intenté mirarla pero dejé que acabará y se tranquilizara en mi pecho, mientras la reconfortaba con pequeñas palmadas en su espalda desnuda.
Me sentí en el momento en que la tranquilizaba, desdichado, pero cuando ella se digno a mirarme, cambie de perspectiva y me empecé a sentir como un hombre fuerte y justo.
– Noo...– el llanto había provocado que tartamudeara y diera un leve ceceo en sus palabras.
Parecía que no era capaz de discernir lo que iba a decirme.
Mientras la tenía aferrada a mi cuerpo, extendió una de sus pequeñas manos para tomar mi mano que no había hecho contacto con su cuerpo.
La tomó y después de acurrucarse dulcemente en mi cuerpo, comenzó a trazar con sus pequeños deditos las líneas de mi palma de mi mano.
– Realmente, ¿Crees que soy hermosa?– me murmuró de manera interrogativa, y en tanto sus emociones fuertemente adoloridas se aflojaban, cada vez más.
Podía ver que deseaba más de una vez que alguien pudiera decirle lo preciosa que era.
Con su corazón entristecido en su pecho y sonriendo tristemente; retiro lentamente sus diminutas manos de mi mano.
– Tengo que irme…– decidida en separarse de mi cuerpo y calor que emanaba, ella me susurró suavemente.
Tomando la decisión de irse, aún con su alma destrozada, mientras yo miraba su espalda casi de porcelana, suavemente la volví a tomar, con el fin de no dejarla ir.
– Déjame, es suficiente– me exigió débilmente en tanto trataba de apartar mi mano de su brazo.
Queriendo atacar como un pequeño hámster contra una fiera, con su puño; trato de estamparlo en mi rostro, pero no lo consiguió.
Quería saber que le había pasado, por ello le pregunté con un tono delicado – ¿Por qué estás triste? ¿Por qué estás vestida así? ¿Cómo te llamas?–.
Viéndose obligada a aquellas interrogantes, la hermosa chica, no me dijo nada, pero consiguió zafarse de mi agarré.
Mientras la miraba aterrada, ella retrocedió y me contestó con titubeos, las interrogantes que le había formulado – Eh, disculpa, me… Me llamo, Caine. Tengo que complacer a mi novio, Jack, pero…–.
Temblando ante la mención del hombre desconocido, la hermosa chica que tenía enfrente no puedo evitar volver a llorar; comenzando con un tembloroso labio superior que era incapaz de mantenerse firme.
Intenté abrazarla nuevamente, pero en su lugar, le dije como me llamaba – Hans, me llamo, Hans– añadiendo posteriormente mientras le extendía mi mano – Puedo si quieres, ayudarte. No llores, por favor–.
Mirándome como si yo fuera el culpable de sus problemas (Aunque no lo fuera en absoluto), la chica retrocedió más y más, hasta que me dijo – Mi novio, tengo que verlo… Me…–.
Supuse que la había lastimado su novio, así que, una vez que se giró y se retiró nuevamente al interior del edificio, opte por seguirla.
Sus tacones eran música para mis oídos.
Cuando caminaba a paso veloz, fantaseaba tenerla, pues la chica era preciosa y más en las condiciones en las que se mostraba.
Elegante, firme y a su vez desesperada, subió unos pisos arriba y en tanto no quería dejarla sola.
Sabía que siendo pequeña y muy frágil, ese maldito la lastimaría, así que estaba en el buen lugar y momento justo para defenderla y cuidarla de ese malnacido.
Guiándome ella por las escaleras, la perseguí con mucha valentía e incluso imaginando al novio de la joven, como un hombre bigotudo, deforme, grande y maldito.
Llegando justamente a la puerta donde debería estar el malnacido, la aparte a la joven antes de que hubiera un desenlace trágico.
Tenía mucho miedo, sabía que ese hombre probablemente, me mataría, pero al menos trataría de protegerla a la hermosa chica.
Una vez que tome el pómulo de la puerta y lo abrí lentamente, mire de reojo a la hermosa castaña.
Sin objetar y detenerme, ella me dejó abrir la puerta del departamento.
Al hacerlo, me sorprendí mucho al encontrar un lugar cálido y muy bien ordenado, asimismo con olor a vainilla y lilas, y tal vez a velas aromáticas.
De inmediato y una vez que nos adentramos al lugar, la chica se me acercó y me sorprendió muchísimo con un beso.
Era dulce, podía percibir su aroma a fresa y un poco o algo de frambuesa, pero en sí, era exquisito su aroma.
Mientras le correspondía mi beso a sus dulces labios carnosos con sabor a chocolate, la escuché murmurar, un poco desanimada – Tengo miedo…–.
Quise decirle que no lo tuviera; que no había nada que temer pero reafirme mi beso en sus suaves labios rojizos.
Tenía que confrontar al hombre que la había lastimado, así que, con valor voluntarioso, la separé de mi cuerpo y sin más me dirigí al sitio o habitación donde se escuchaban algunas cosas realmente extrañas; supuse que era ese maldito.
Al tomar esté otro pómulo de esa otra puerta que conducía a esa habitación, el maldito infeliz del otro lado de la puerta agarró el mismo pómulo y lo forzó.
Entre su fuerza y la mía, ambos intentamos entrar en cada lado opuesto de la puerta, pero no lo conseguimos.
Al final y después de un rato, lo deje que ganará, sin embargo, me preparé para atacarlo en caso de que saliera y me sorprendiera el primero.
Ya tenía en claro que sabía que yo estaba ahí, por el simple hecho de que forcejeamos los dos, la puerta.
Mientras se abría la puerta, lentamente me reveló lo que nunca creí que pudiera imaginar.
El tal "Jack" del que me menciono la chica que protegía, no era ni más ni menos que un chico como de mi edad pero con cabellera blanca y un rostro casi angelical; prácticamente era un Adonis para muchas chicas que se lo llegarán a encontrar en la calle.
Reluciente con una camisa grisácea y algo abotonada pero con las mangas arremangadas, y un pantalón de vestir negro (Que no hacía una buena composición con sus pantuflas), quedó petrificado con nuestra presencia.
Tanto mi presencia como la de la chica.
Resoplando lentamente hasta tranquilizarse, el tal "Jack", le recordó a la chica sin ademanes y con sinceridad, lo que probablemente había hablado con ella – Caine, te dije que se acabó nuestro noviazgo. ¿Acaso trajiste a alguien para que me lastimé?–.
Algo confundido, la voltee a ver a la chica.
Ella simplemente no me miró y en su lugar con sus ojos llorosos, le confesó a ese tal Jack, lo mucho que lo quería – No puedo dejarte, Jack. Te amo, por favor, por favor. Aún puedo estar a tu lado, por favor… ¿Me dejas estar aquí?–.
Rogándole como una niña pequeña, me dio muchísima lastima, lo que estaba haciendo.
En ese momento, me di cuenta de que el muchacho de cabellera peliblanca, había cortado su relación amorosa con la joven.
Además, me sentí manipulado al darme cuenta de que su beso que la misma chica me había dado, era como una manera de engañar y controlar.
No parando de rogarle al chico, la hermosa castaña que estaba incluso de rodillas; inmediatamente tomé la iniciativa de hablarle y aclararle unas cuantas cosas al chico – Eh, disculpa… Creo que me confundí y pues, entre aquí… Pensando que eras un abusivo o que la habías lastimado–.
Aclarándome de una mejor forma, Jack, me respondió ante lo que le había comentado, mientras la chica no paraba de llorar e insistirle – Está bien. La amaba, pero desde que lastimo a la única chica que yo realmente apreciaba, al punto de alejarla de mí, decidí corta con ella. Mi amiga, perdió a su familia y pues está tonta se burló de aquello. Por ello, decidí citarla aquí en mi departamento y confesarle nuestra ruptura–
Quedándome con la duda (Y mejor guardándomela), estaba casi en ese momento por decir algo, hasta que escuche la voz de la chica, la cual me estremeció como si fuera un rayo – ¡Jack!–.
Al dirigirle una mirada algo conmovida a la preciosa chica, note su innegablemente aceptación de separación.
En tanto la observaba como si fuera un niño pequeño e inocente, Jack al instante le reafirmó a la joven, que se fuera – Caine. Por favor, vete... Comprende que ya no te amo y no quiero nada de ti–.
No entendiendo las palabras que Jack le había dicho, Caine le siguió insistiendo, con cada vez más fuerza – Por favor, una última vez, ¡¿Si?!–.
Percibiendo su molestia e irritabilidad en su rostro, Jack, me pidió con elegancia de que me llevará a la joven del departamento – Llévatela. Por el bien tanto de ella como el mío, no quiero resultar en algo peor–.
Teniendo personalmente ese carácter justo e intuitivo, y observando la debilidad que producía lentamente la hermosa muchacha, está misma sé fue quedando dormida cerca del pantalón de Jack.
Realmente si me la iba a llevar cargando, tal vez intentaría hacerla ver que hay muchos hombres a quién conquistar, y que Jack de momento ya nunca quiere saber nada de ella.
Mientras me inclinaba y le pasaba su mano por detrás de mi cuello, y asimismo la levantaba del suelo, escuché como si fuera un quejido – No me quiero ir, por favor. No me dejes sola…–.
Era más que obvio que ella tenía una obsesión.
Al mirarlo a Jack y lograr levantar a la joven, decidí darme una vuelta y retirarme del lugar, no sin antes despedirme de mi nuevo amigo – Discúlpame, espero no se vuelva a repetir esto. Fue un malentendido… Me llamo, Hans, por cierto, y… Mucho gusto y buenas noches–.
Sin siquiera responderme, Jack únicamente lo que hizo fue afirmarme con su cabeza y sin más retirarse para y con el fin de seguir ordenando, seguramente, su departamento.
Justamente, y una vez que abandonábamos el departamento de Jack, tuve que soltarla a Caine y bajarla al suelo, pero antes siquiera intentará hacer algo, ella se me abalanzó con rapidez hacia la puerta del departamento de Jack (la cual ya había cerrado) y me dijo – Si, Jack no me ama. Entonces… ¡Se que aún me amas, Jack!–.
Quedándose muda y con las ansias de regresar hasta donde estaba, Jack.
No tuve de otra que detenerla en más de una ocasión, para evitar que entrara al departamento nuevamente.
Viéndose recia a seguir con la idea de que lo amaba; de vez en cuando decía la hermosa chica castaña que no lo dejaría – Jack, no te dejaré. Eres mi vida. Te amo–.
No queriendo en lo personal y para nada que molestará a Jack, decidí abrazarla y en pocas palabras, reforzar mis labios sobre los suyos.
Mientras la besaba apasionadamente, ella se aferró a mí, y en tanto no dejaba de llamar a Jack – Oh, no me dejes, por favor. Te lo suplico, Jackson Frost–.
Verla así y llorando por el muchacho, me hizo calentar un poco mis pocos pelos de mi cuerpo, exceptuando mi cabello colorado.
Por un momento pensé que no solo era hermosa, sino que estaba loca.
Me había besado como si no tuviera novio, decía tener uno, pero realmente ya no tenía nada.
Prosiguiendo con mis besos, no puede evitar acariciar sus curvas deliciosas y bellas, únicas y probablemente alemanas.
Aunque tratará de convencerla de que dejara a Jack, en un abrir y cerrar de ojos, me acabo empujando y dándome una bofetada.
Irremediablemente, intentaba entrar de nuevo al departamento de Jack, pero siendo yo alguien que no quiere meterse en problemas o que no busca el o los pleitos, de inmediato se lo impedí.
Teniendo que contenerla, la volví a besar, pero en medio de los besos, ella lo volvió a llamar a Jack.
Quería que dejara de pensar en él, pero era imposible hasta que en un momento tenso, reaccionó y me aparto de un solo empujón.
– ¡Déjame en paz!– ante su exclamación, la mire algo confundido.
Prometiéndole a Jack que nunca la volvería a ver, mantuve mi acuerdo con él.
Mirándola en ese momento con la intención de entrar, al final se dio por vencida.
Sabiendo que Jack no quería ni verla en la sopa, Caine nuevamente reafirmó sus largos y adoloridos llantos.
En ese instante se dio la vuelta, murmuró por última vez él nombre del chico y sin más se fue caminando lentamente y con muchísima decepción.
Camine yendo detrás de ella, con la finalidad de tal vez convencerla de que fue lo mejor para ambos, pero antes de siquiera seguir caminando, la bellísima muchacha, se detuvo.
Tristemente, se dio la vuelta y se quedó unos cuantos segundos de pie y con las lágrimas escurriendo por sus delicadas cuencas en los ojos.
Sin más que hacer, corrió hasta mí y me dio un beso tan apasionado.
La abracé con todas mis fuerzas hasta que la luna nos iluminó y nos hizo uno solo.
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Terminando así está historia.
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Notas del autor:
Hola lector, nuevamente por aquí.
Les traigo algo cortito después de días y semanas de no actualizar y que salió de mi loca imaginación. Espero haya quedado bien y sin más que agregar, pásense al siguiente fic.
