Edit: 2022


Capítulo dos


Incomodidad

Hasta una simple mirada hace feliz a un puro corazón.


Se está tan a gusto en la cama cuando llueve…

Por ese mismo motivo apretó las mantas contra su cuerpo y abrazó la almohada. Hacía un rato largo que el despertador había sonado sobre su cabeza, colgado de la pared. Lo había apagado al tercer sonido. No tenía ningunas ganas de levantarse. Fuera estaba húmedo y pegajoso por la humedad de la lluvia. Sí. Los mejor para esos días era quedarse en la cama y no salir por nada del mundo. Bueno, quizás para orinar y algo más, pero eso no era una prioridad en ese momento.

—¡NARUTO!

Excepto esa. Esa sí que era una prioridad. Levantó primero el culo y después la cabeza, justo a tiempo para escapar de la espumadera que golpeó de lleno la cama. Unos cabellos rojos, largos y lacios, se mecían en el viento, como colas.

—¿Cuánto tiempo piensas remolonear en la cama? ¿¡Qué horas crees que son!?

Tardó varios segundos en reaccionar. ¿Horas? ¿Por qué no podía remolonear?

¡Demonios, las clases! ¡Llegaré tarde, Dattebayo!

Logró convencer a su madre de que saliera del dormitorio y con torpeza, mientras el olor del desayuno se incrementaba, buscó la camisa, la corbata y los pantalones. Entre el rebuscar vio la fotografía, sobre la mesita de noche, caída. Hacía un año ya de ella, ni siquiera se acordaba. La levantó y pasó los nudillos por encima para quitar el polvo.

En ella estaban todos los integrantes de la clase. Fue tomada ese verano, antes de que ocurriera aquella desgracia. Sakura tenía el cabello largo por aquel entonces y sonreía mucho más que ahora. Ino llevaba el cabello suelto, sujeto únicamente por una banda en la frente. Sujetaba del brazo a Shikamaru que había hecho intento por huir. Sasuke estaba rodeado por Karin y por Tayuya con una cara de pocos amigos. Temari estaba junto a Tenten. En aquel tiempo parecían llevarse bien pero ahora ni se dirigían la mirada. Kiba daba un salto cuando se tomaba la foto. Hinata y su primo estaban a un lado. Ella toda tímida y él revisando los alrededores de la chica. Shino estaba detrás, sentando bajo una sombrilla mientras parecía leer algo. Lee aparecía en la parte de atrás intentando saltar del trampolín más alto.

Y Sai era el que hacía la fotografía. No le gustaban las fotos. Siempre alegaba que era algo macabro y que daba miedo, aunque personalmente, Naruto pensaba que él a veces daba más miedo. Antes eran frecuentes las peleas entre ellos, especialmente, cada vez que tenía oportunidad de preguntarse si Naruto era un varón o no. Más de una vez estuvieron a punto de llegar a las manos, pero después de aquella fotografía Sai dejó de ir a clase y ya no formó más parte de su familia.

Sí, porque para él eran eso.

Primero habían sido él y Sasuke. Siempre solos, luchando por ser entendidos. Con sus más y con sus menos, pero eran hermanos. No de sangre, desde luego, pero ambos habían caminando dentro del círculo de la oscuridad casi de la mano. Por eso habían llegado a entenderse casi con simples miradas. Y era el mejor compañero que podía tener durante una pelea. Sabía que con él detrás suyo nadie tocaría su espalda.

Luego llegaron las chicas. Ino y Sakura, dos chicas que se peleaban hasta porque pasara una mosca por su lado. Se encaprichó automáticamente de la chica de cabellos rosas y pensó que Sasuke se interesaría por la rubia, pero para su desgracia, el chico de cabellos oscuros solo las aceptó como compañeras de clase nada más. Sin embargo, a medida que pasaron los días, los cuatro se habían convertido casi como en uña o carne, o eso pensaba él, claro.

Más tarde se unieron Shikamaru, Kiba, Choûji y Aburame. Con Kiba tuvo sus más y sus menos, pero todo terminaba rápidamente tras unos cuantos gritos por parte de Sakura e Ino. Aprendieron que decirle gordito a Choûji estaba prohibido y que Shikamaru era bueno escuchando, un vago, pero cuando hacía falta estaba ahí.

Más tarde llegaron Karin y Tayuya. Ambas rebeldes sin causa que no tardaron en tener sus más y sus menos con Ino, pero al final, todo terminó en una pequeña pelea con unos cuantos tirones de oreja, Sasuke metiéndose por medio sin querer y las pelirrojas quedaron pausadas. Al menos Karin, que se dedicó a perseguir a Sasuke fuera a donde fuera y Tayuya a maldecir entre dientes a Shikamaru por algún motivo que todavía desconocían.

Con la llegada de Tenten la cosa se calmó un poco más, aunque la chica cambió drásticamente justo con la llegada de los primos Hyûga. Neji era el típico tío que miraba todo demasiado antes de decidirse y sin embargo, Hinata la chica tranquila que no te molestaba tener al lado dando vueltas. De algún modo, siempre tenía preparada una sonrisa para alguien y su bondad provocaba que no encajara al principio con las demás. Sin embargo, como las chicas son seres incomprensibles para él, de una forma casi mágica todas terminaron adorando a la chica de cabellos cortos, porque si mal no recordaba él, antes eran cortos y ahora largos.

Y, por último, llegaron Sai, Temari y Gaara y Lee. Los hermanos eran recelosos, muy cerrados para sí mismo. Temari solía llegar con heridas y cada vez su mirada era más fría. Gaara nunca abrió la boca y repentinamente, dejó de venir a clases. Lee se quedó para irritación de Sakura, quien lo descartó como hombre en el mismo instante en que una palabra de amor salió del de pelo tazón, quien siempre podría hacer cosas drásticas por tal de llamar la atención de la chica.

Sonrió y dejó la foto de nuevo sobre la mesita. Aquella era su familia.

—¡NARUTO!

Y la que gritaba con tanto frenesí especialmente. Corrió escaleras abajo y se sentó para engullir la comida. Su madre llevó un plato con algo de comida a un altar. Naruto lo miró de reojo, lo suficiente para ver como su progenitora sonreía con tristeza y acariciaba con sus dedos una placa de policía de aspecto desgastado. Cuando tenía once años su padre había muerto en acto de servicio. Aquella placa fue lo último que se encontró de él. Su madre tenía una losa fría con una tumba vacía por marido.

Apretó los dientes y los puños.

—Mamá, yo…

Kushina se volvió hacia él con una sonrisa increíble. Revisó que su hijo se hubiera comido todo el desayuno que preparó para él y luego le besó los cabellos rubios. Naruto la miró con culpabilidad. Cada día que pasaba estaba seguro de que se parecía más a su padre. Aquello debía de otorgarle sumos problemas a su madre. Una vez se había teñido el cabello de negro. A su madre se le llenaron los ojos de lágrimas y lo abofeteó tan fuerte que le dolió el carrillo durante más de tres días.

Desde entonces dejó que la naturaleza fuera sola y continuó siendo rubio y de ojos azules como lo fuera su progenitor. Fue entonces cuando también empezó a abarcar su sueño. Él también sería policía. Uno de los mejores.

—¡Bieen! ¡Me voy! — anunció y abrió la puerta de la calle.

Un nuevo día de clases esperaba por él.

(…)

Ponerse la dichosa corbata era un suplicio. Especialmente si de fondo escuchabas a tus padres discutir. Le habían despertado los gritos de su madre cuando demandaba a su padre que se callara. Sin embargo, éste había continuado insistiendo en lo que fuera que hablara, porque al principio quedaba extinguida su voz con los chillidos de su progenitora.

Años atrás había observado la situación escondido tras una de las puertas, con los ojos abiertos como platos hasta que su hermano aparecía para llevárselo, ponerle unos cascos con música relajante y darle palmaditas para que se durmiera.

Pero ahora ya no era un niño y últimamente, tenía que ponerse a escuchar música Rock para poder hacer que los gritos de ambos quedaran aplacados. Parecía que no les importara absolutamente nada que los vecinos se enterasen.

—¡Tienes que hacer algo para impedirlo!

Su madre había abofeteado a su padre por primera vez en mucho tiempo al parecer, como pudo comprobar cuando abandonó su habitación harto de batallar con la estúpida corbata. Su padre había levantado la mano justo cuando él salía para devolverle el golpe. Sus miradas se encontraron por un instante. Lentamente, el hombre bajó la mano.

—¿Qué estás haciendo todavía en la casa? — exigió saber, — vete a clases.

Sasuke bufó. Un día más sin desayunar. Salió y cerró con un ruidoso portazo. Los gritos volvieron a comenzar.

No iba a llamar a la policía como hizo la última vez. Terminaron llevándoselo a él en vez de a su padre. Él era el hijo problemático que anteriormente estuvo detenido, así que la policía no dudó en creer que se le había ido un poco la mano con su madre. Su padre pagó la fianza y cuando regresó a su casa todavía le demandó que le diera las gracias.

Desde entonces, había vivido el mayor tiempo fuera de aquel lugar. Se pasaba tardes y días en el exterior y únicamente regresaba para dormir por el simple hecho que era las únicas horas del día en que realmente podía estar en ese lugar. Estaba seguro de que si no fuera por aquel maldito pacto, su padre se habría deshecho de él en menos que canta un gallo.

Cruzó la calle principal hasta llegar al parque. Naruto ya estaba allí junto a Sakura. De nuevo, la chica tenía aquel aire melancólico mientras Naruto intentaba que un gato que sostenía entre sus manos le hiciera caso. ¿Debería de hablar con ese estúpido y explicarle que la chica que le gustaba estaba deprimida?

Cuando llegó hasta su altura ambos le miraron y saludaron. Sakura profirió una sonrisa forzada que le hizo gruñir y Naruto lo aferró de los hombros con un brazo y levantando la mano animadamente, gritó.

—¡Bieeen! ¡Directos a clases!

—Naruto. — regañó Sakura frotándose el entrecejo con el pulgar y el índice—, diablos, qué energía de mañana.

Demasiada. En esos momentos él solo quería llevarse algo a la boca, echarse una siesta y olvidar que existían sus padres. Ni siquiera tenía ganas de ir a clases. Total, algún nuevo profesor se inventaría cualquier excusa para que fuera expulsado como la última vez.

—Sasuke-kun.

La voz de la chica le sorprendió. Estaba tan metido en sus pensamientos que ni se había dado cuenta de que se había acercado. Sus ojos verdes estaban clavados en él con atención y tenía el ceño fruncido.

—¿Ha pasado algo?

Aquello le sorprendió. ¿Es que llevaba un cartel escrito donde ponía que estaba harto? ¿Por qué demonios se tenía que dar cuenta ella?

—Nada— respondió lo más seco posible. No necesitaba compartir sus problemas con nadie y tampoco necesitaba que su secreto saliera a la luz—, no te duermas.

Comenzó a andar tras Naruto, que ya se había detenido junto a Shikamaru, quien con una cara de sueño arrastraba los pies en dirección a clases. Lo saludó con la cabeza justo cuando la chica de cabellos rosas y él se unían.

Realmente no había esperado que Sakura se preocupara por él, quitando que ella tenía claramente problemas, la muchacha había dejado de acosarlo hacia tiempo atrás, cuando se percató de que nunca le interesaría como mujer. En aquel tiempo era feliz, no tenía preocupaciones y se distraía más con una pelea que con cualquier otra cosa. Especialmente, si tenía piernas y tetas en crecimiento.

Si miraba atrás, podría acordarse de aquel rostro estrangulado...

(Flashback)

¡Sasuke-kun!

Como de costumbre, la chica de cabellos rubios entró como un huracán en la clase. Estaba sentado entre Naruto y la pared, mirando un videojuego de Ninjas que había llevado el rubio. Justo cuando la chica ponía las manos sobre la mesa su ninja murió aplastado por un enorme Shuriken.

Ne, ne, Sasuke-kun—. Movió una mano para llamar su atención frente a sus ojos—, en la parte trasera del colegio hay una chica que te busca.

Naruto rápidamente metió sus narices mientras él suspiraba harto. ¿Cuántas eran ya?

¡Demonios, Teme! ¿¡Por qué siempre a ti se te declaran!? — Le había gritado a medida que se levantaba— ¡Algún día me pasará a mí! Seguro que Sakura-chan termina confesándome.

Sasuke sonrió torcidamente mientras metía las manos en los bolsillos. Desde que Sakura había crecido el rubio se había fijado demasiado en ella y hacía todo lo posible por llamar su atención. Ino golpeó al Uzumaki.

Ni de coña pasaría eso, Naruto. Hazte a la idea.

Sasuke los dejó ahí con sus tonterías y se dirigió a la parte trasera del edificio. Era el lugar típico para confesarse, debajo del enorme árbol de temporada. Las chicas solían preferir ese lugar, aunque él no lo comprendiera.

Bien, la escuchas y la mandas a paseo, se dijo.

Pero su sorpresa fue inmensa cuando llegó. Quien le esperaba no era una cualquiera. Apretaba las manos en su falda, dando pellizcos a la tela y jugando con sus pies. Cuando escuchó sus pasos levantó la mirada hacia él con una sonrisa que se borró lentamente.

Seguro que Sakura-chan termina confesándome, las palabras de Naruto se repitieron en su mente, retorcidas, puntualizando los sentimientos del rubio hacia ella.

Y sin embargo, ella estaba ahí, delante de él, con intenciones de soltar por su boca todos aquellos sentimientos.

No se lo permitiré, apretó los dientes.

Casi corrió hasta su altura, la sujetó de la nuca y presionó su mano contra sus labios. Los ojos jades se abrieron con sorpresa, clavando una mirada confusa en él.

No te atrevas a decirlo— susurro fríamente—, no. Nunca podré… nunca podrás… interesarme.

Las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas y mojarle la mano. La boca femenina tembló bajo su palma. El rostro lleno de pánico y dolor se clavó en su mente para toda la vida. Acababa de romperle el corazón.

(Fin del flashback)

Desde entonces, su relación había llegado a cambiar un poco. Ella se mantenía apartada y él la seguía con la mirada. No es que le gustara, claro que no, pero le preocupaba. Para Naruto ella formaba parte de su familia. Si por su culpa terminaba destrozando ese sentimiento por una absurda confesión… Además, estaban los sentimientos de Naruto.

Él era su amigo desde que tenía uso de razón. Las peleas, las risas, los destrozos. Todo. Pero existían cosas que no se podían compartir y las mujeres eran una de ellas. Sasuke nunca tomaría algo que le perteneciera. Nunca.

Por supuesto, él estaba muy lejos de comprender que el destino siempre gira en una dirección inesperada.

(…)

Sakura apretó las manos contra el agarre de la mochila. Sacudió la cabeza y se encaminó con el resto hacia la escuela. Olía a frio y estaba segura de que no tan solo era el frio que sentía en el cuerpo lo que se acercaba. Hablar con Sasuke era perder toda la calidez. Él siempre parecía dispuesto a ofrecerle témpanos de hielo como respuesta y su frase preferida para ella era "eres una molestia".

Había tenido la loca idea de que Sasuke necesitaba desahogarse con algo, porque su rostro estaba más tenso que de costumbre y su forma de caminar era la que solía poner cuando estaba a punto de entrar en una pelea. Con las manos en los bolsillos, el cuerpo ligeramente inclinado hacia delante y la cabeza en alto, mirándolos de forma superior. Probablemente ningún otro se habría dado cuenta, pero ella sí.

Caminó detrás de ellos, observándoles. Shikamaru bostezaba quejándose por todo, Sasuke iba algo alejado, pero dentro del grupo gracias a las idas y venidas de rubio. Ella era la que se quedaba atrás. ¿Cómo podía continuar adelante? *Miró la espalda de Naruto. Era tan…

—Sakura-chan.

Se volvió y se encontró con Lee. Su siempre inamovible peinado y sus enormes cejas. Los grandes ojos del chico se clavaron en ella con estudiada fijación. Sakura suspiró.

Otra declaración no, por dios, rogó.

—¿Qué te ocurre?

Aquello la sorprendió.

—¿Qué? — exclamó deteniéndose y mirándole con atención. Él frunció el ceño.

—No te sientes bien, ¿verdad? Estás decaída o algo. Se te nota.

¿Qué se le notaba? Oh, por todos los santos. Llevaba intentando por todos los medios que nadie notara sus preocupaciones. Que su inepta depresión pasara por alto para todo el mundo. Y era Lee el que se daba cuenta. Si no podía engañarle a él, ¿qué pasaba con los demás entonces?

—Lee, por favor, no digas nada— suplicó aferrándolo del brazo. Pensó que el chico se pondría a gritar emocionado como solía hacer cada vez que le tocaba, pero mantuvo su posición seria.

—Ven, Sakura-chan— pidió.

La tomó de la mano con total suavidad y la guió hasta el interior de la escuela. Solo Sasuke miró hacia ellos con intriga, pero cuando giraron la esquina perdió cualquier contacto con él.

Lee se detuvo debajo de un árbol enorme en flor. Sakura no lo reconoció ni cuando atrapó la flor blanca entre sus manos. Se dejó caer contra el tronco y sintió los ojos humedecerse.

—Sakura-chan, sé que no soy el más indicado, pero si pasa algo, aquí me tienes. Eso ya lo sabes—. Se ofreció el chico. Sakura sonrió sin ganas. Realmente estaba agradecida, pero sus sentimientos eran un caos—, ¿Quieres que avise a Naruto?

Abrió los ojos enormemente y lo agarró de la chaqueta del uniforme. Lee casi perdió el equilibrio.

—No, Naruto no puede enterarse de que yo esté así. Él menos que nadie— suplicó.

Lee frunció las cejas interrogativamente. Por supuesto, el chico no iba a creerse que ella no quisiera tener al rubio rondando por ahí cerca.

—Verás, Lee… yo… con Naruto…

(…)

Jadeante, se escondió dentro del probador. Sacó las ropas de la mochila y empezó a desnudarse. Primero la falda, después la camisa. El lazo, las medias, los zapatos, la chaqueta. Estaba helada y las manos le temblaban cada vez que cogía una prenda, obteniendo escalofríos como resultados por el roce de sus dedos helados sobre la piel. Tenía que vestirse y salir de ahí antes que la descubrieran. Ya tenía bastantes problemas encima como para ser detenida.

Una vez se aseguró el cierre del abrigo y recogió sus cosas, esperó. Alguien estaba en el mostrador metiendo dinero en la caja. La puerta de la calle permanecía cerrada con el letrero todavía colocado. Si se quedaba más tiempo llegaría tarde a clase.

Se escurrió por el pasillo hacia los almacenes. Tendría que salir por la misma ventana por la que había entrado. Caminó de puntillas, siempre alerta a los sonidos. La ventana estaba en la misma posición que la había dejado. Dejó caer la mochila y después, salió ella.

Correr hacia el instituto fue sencillo, pero tras pasar una mala noche estaba casi sin aliento. Tan desconcertada, que apenas se dio cuenta de que cruzaba en rojo. Cuando el claxon resonó contra sus oídos y el coche estuvo a punto de golpearla, gritó.

El vehículo se detuvo justo a tiempo. Cayó de culo y miró la matricula jadeante.

—¿Se encuentra bien? — El chofer había descendido y estaba arrodillado frente a ella.

Más pares de pies se posicionaron frente a ella. Empezaba a estar asustada. No le gustaba estar rodeada. Ni que fingieran que se preocupaban por ella. Alguien la aferró de la mano con fuerza y tiró de ella. Estaba a punto de gritar y golpearle y cuando le reconoció.

—¡Neji! — exclamó.

Él tiró de ella sin cuidado y la metió dentro del coche. Dio de bruces contra Hinata, que la sostuvo con cuidado.

—Al hospital— indicó la de ojos perla.

—¡No! — retuvo—. Tenemos que ir a clase. Estoy bien y bastante que no me denuncias por mi despiste.

Escuchó la puerta cerrarse tras ella y se volvió. El chico se había sentado a su lado, cruzado de brazos y mirándola como si fuera un árbol cualquiera. Demonios, realmente odiaba a ese tipo.

—¿Seguro que no estás herida? — cuestionó la Hyûga con preocupación—, no nos importa desviarnos, Tenten.

Oh, por todos los demonios, se dijo golpeándose la frente. ¿Por qué tenía que tener siempre tan buena fe esa muchacha? Era como un ángel en medio de una manada de lobos.

—Estoy bien, en serio—. Sonrió y buscó su bolso. El chico se lo mostró con desinterés y ella casi se lo arrancó de las manos—, gracias.

Neji simplemente frunció el ceño, revisándola de arriba abajo. Tenten bufó.

—Estoy bien— repitió.

—No sería bueno que le dieras problemas a Hinata-sama— gruñó rápidamente él. Tenten bufó.

—No le causaré problemas porque no necesito nada. Estoy bien. El coche se detuvo justo a tiempo.

Hinata le apretó la mano para llamar su atención. Una sonrisa sincera le esperaba cuando posó sus ojos en ella. Casi sintió deseos de llorar. ¿Por qué, de todos los días, tenía que haberse encontrado con ella? No necesitaba amabilidad, solo, estabilidad. La amabilidad le hacía sentirse débil, solitaria y utilizada.

(…)

Cuando el coche se detuvo y bajó, Tenten casi la arrolló para salir corriendo. Sus pies tropezaron y el equilibrio se esfumó. Esperaba recibir el golpe contra su trasero, pero unas manos la aferraron con gentileza. Sopesó que sería Neji, su primo siempre tan presente. Sin embargo, cuando miró hacia arriba se encontró con la mirada más azul que hubiera visto nunca. Una sonrisa cruzaba aquel apuesto rostro, descolocándola.

—Hinata, ¿estás bien? — cuestionó Naruto sosteniéndola sin ningún esfuerzo.

La muchacha no supo que contestar. ¿Estar bien significaba estar en el cielo? Porque repentinamente se sentía así. Sabía que Naruto era fuerte, que como chico tenía un cuerpo más grande que ella, pero nunca pensó que sentirse tan maravillosamente bien sería estar entre sus brazos.

—¿Hinata? — repitió el rubio confuso.

El calor le había subido hasta las orejas. Se imaginaba que tendría un aspecto realmente tonto. Con la cara colorada, la mirada perdida y la boca medio abierta mientras soñaba pajaritos. El rubio pestañeó confuso y la dejó con cuidado en su sitio. Justo cuando Neji llegó a su lado apartó las manos y las levantó.

—No le he hecho nada— aseguró. Hinata sintió su corazón romperse.

Por supuesto. Las intenciones del chico nunca serían las mismas que las de ella. Para Naruto era tan sencillo abrazar al resto de chicas. Más de una vez lo había demostrado enterrando entre sus brazos a Sakura o a Ino. Con ella solía mantener las distancias, especialmente, si Neji estaba cerca.

Éste se posicionó a su lado y la sostuvo.

—¿Se encuentra bien, Hinata-sama?

Cabeceó afirmativamente pero tenía una terrible dolor en las sienes. Hubiera preferido quedarse volando por los mares de su emoción, con Naruto estrechándola entre sus brazos.

—Oí, dobe.

Un escalofrío helado le recorrió la espalda. Sasuke Uchiha.

—¿Qué quieres, Teme? — Gruñó el rubio acercándose a él.

Se olvidó por completo de Hinata y de su presencia para centrarse en el moreno. La chica lo agradeció. No deseaba que Naruto fuera capaz de ver su rostro de terror. Se aferró a Neji hasta llegar a las clases y ahí, suspiró. Ambos chicos siempre llegaban justo cuando el timbre sonaba. Le daría tiempo a calmarse y tranquilizarse. Si tan solo pudiera olvidar todo lo que pasó…

Se miró la muñeca derecha y apretó los labios. Casi le parecía sentir el agarre furioso del Uchiha en su piel todavía. El estómago se le revolvió y cuando posó la mano con deseos de calmarlo notó las vendas que le cubrían el estómago.

Era estresante.

Para distraerse empezó a colocar los cuadernos y los libros correspondientes para esa materia sobre el escritorio. Sakura se sentó junto a ella cuando colocaba el estuche. La muchacha la saludó y sonrió, pero era una sonrisa flácida, sin animación alguna.

—Sakura-chan, ¿ocurre algo?

La chica negó.

—Es demasiado temprano. Después de todo, me acostumbre a remolonear en la cama y ahora de nuevo tenemos que despertar temprano.

—Eso es verdad. — Sonrió y guardó para sí misma que su padre no la había permitido ni una sola vez hacer el vago. Para él, no estudiar significaba poder trabajar y si para eso tampoco servías…—, hace frio también.

—La verdad es que sí—. Haruno miró por la ventana hacia las nubes grises—, y hoy tenemos gimnasia, además.

—¿Eh? ¿Gimnasia? — protestó Shikamaru detrás de ellas—, tsk, qué problemático.

—Hasta la gimnasia te supone un problema— bufó Tayuya—, eres una pena de hombre.

La chica dejó caer la mochila sobre la mesa y fulminó con la mirada al Nara, quien había chasqueado la lengua y mirado a otro lado. Tayuya simplemente se sentó de nuevo y le dio la espalda. Sakura y ella intercambiaron una mirada interrogativa.

Desde siempre habían estado en ese tipo de problema con esos dos. Si Shikamaru decía algo, Tayuya se lo recriminaba de forma fría y cortante. No era raro ver a la pelirroja echar pestes del Nara.

—Hinata-chan— llamó Ino inclinándose sobre su escritorio—, ayer no tuve tiempo de preguntarte porque te fuiste muy rápido. Pero imagino que querrás saber cómo quedó eso del voto para el delegado y subdelegada, ¿verdad?

—Ah, sí—. Aunque aquello no era verdad, simplemente, necesitaba distraerse.

Ino habló y habló mientras ella apenas escuchaba realmente. Sonreía o asentía casi a tientas.

—¡Qué no, Teme! Ya te digo yo que ese videojuego está pasado de moda—. La voz de Naruto llenó tanto la clase como el timbre.

—¿Cómo va a estar pasado de moda, dobe? Salió hace tres días.

Naruto se detuvo y empujó a Sasuke del hombro, con tan mala pata que éste tropezó con la mesa de Sakura y terminó cayéndole encima. El peso del chico fue asfixiante. De estar en la silla se encontró en el suelo, con él aplastándole el vientre y las piernas. Un quejido de dolor escapó del moreno, que ni siquiera miró sobre quién había caído.

—Maldito Usurantonkachi— exclamó lanzándose contra el rubio.

Pero Naruto lo apartó fácilmente hacia un lado. Algo parecía haber llamado su atención. Hinata tardó unos segundos en darse cuenta. La herida en su vientre se había abierto y la sangre había manchado, no solo las vendas y gasas, si no que también la tela de su camisa. Mientras Neji intentaba recriminarle, él tiró de su mano hasta levantarla.

—¡Urgencia! — gritó el Uzumaki cargándola modo princesa— ¡Quitaros!

Hinata se vio del suelo a los brazos del chico y luego siendo llevada a través de los pasillos en busca de la enfermería. Naruto le gritaba a cualquiera que encontrara y todos se encogían y no terminaban de indicarle el camino.

—Está abajo al lado de la entrada.

Jadeante, el chico se detuvo. Miró al chico frente a ellos. Un joven de cabellos rojos y ojos castaños. Le indicó una escalera con la mano y después, se dio la vuelta.

—Qué chico más raro— murmuró el rubio. Luego pareció darse cuenta de que todavía la cargaba, porque gritó bajando escaleras abajo— ¡No te mueras Hinata!

La chica estaba más lejos de morirse. Sentía su pecho martilleado por la presión de su corazón, la felicidad recorriendo cada parte de sus venas y estallando en su garganta. Deseaba gritar o simplemente marearse y desmayarse. Ni siquiera llegaba a importarle la herida sangrante. ¿Por qué Naruto era capaz de hacerla sentir así?

Llegaron a la enfermería y una joven mujer ataviada con una bata de hospital los recibió. Al ver la sangre demandó al rubio que la dejara sobre la cama y regresó rápidamente hacia un mueble. Naruto la aferró de la mano.

—¡Hinata, no te mueras! — rogó apretándole tanto la mano que los dedos se le quedaron dormidos.

—Naruto-kun, no voy a…

—¡No, no! ¡Quédate conmigo!

Un capón dio de lleno en la cabeza del chico de ojos azules. Shizune, según ponía en su placa de información, le señaló la cortina.

—¡Espera fuera! — exigió— Nadie se va a morir, demonios. Qué exagerado de chico. A ver…

Hinata sonrió mientras el chico se quedaba tras la cortina en espera, frotándose el lugar del golpe. Mientras Shizune se encarga de cambiar las gasas y curarle las heridas, Naruto se mantuvo ahí, de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho. Esos fuertes brazos que habían sido capaces de cargarla como si pesara como una pluma.

—Eres Naruto, ¿verdad? De 2-b— habló Shizune sin dejar de atenderla.

—Sí— respondió el chico desconfiado.

—Puedes regresar a clase. Esta chica se tendrá que quedar aquí unos minutos para que no se maree. No ha perdido mucha sangre, pero mejor que descanse.

A Hinata se le cayó la esperanza de poder darle las gracias correctamente a los pies. Sabía que en la clase le costaría muchísimo si quiera llamarle. Aunque nadie se burlaría de ella, se moriría de la vergüenza.

—¡No voy a irme, Dattebayo!

Abrió los ojos con sorpresa, apretando entre sus dedos la sábana que Shizune le colocó por encima. La mujer abrió la cortina con intenciones de regañarlo, pero el rubio la esquivó y se acercó hasta ella. Cuando clavó sus ojos azules sobre ella temió perder el sentido.

—¿Seguro que estás bien, Hinata? Si te duele, dilo y te llevo al hospital.

—E-estoy bien, Naruto-kun, gra…

—¡Pero bueno, mocoso! — Shizune lo agarró de la parte de atrás de la camisa y lo arrastró hacia la salida— ¡Haz caso a los que saben! Por si no lo recuerdas, somos una institución especializada en medicina y estudié aquí con notas excelentes. Sé perfectamente cuando hace falta un hospital o no. ¡Largo!

Y cerró la puerta en las narices del rubio. Hinata sonrió. Pese a no haber podido darle las gracias, la preocupación del chico por ella era suficiente.

—Diablos— murmuró la enfermera acercándose a ella para cerrar la cortina de nuevo—, tu novio es realmente impaciente.

Hinata enrojeció hasta las orejas.

(…)

Cuando abrió la puerta de la clase solo le dio tiempo a ver una sombra rubia salir corriendo. Al mirar hacia el interior vio al chico Hyûga sostener de la camiseta al moreno Uchiha. Entonces, por deducción, el que había salido corriendo era Naruto. Si ese rubio que resaltaba no estaba dentro es que había pasado algo. Tampoco vio a la prima del peligroso muchacho.

Suspiró. Si no detenía la pelea, aquello llegaría a las manos. Llegó hasta ellos y aferró las manos de cada uno para que dejaran de tocarse.

—Bien, suficiente. Hasta aquí han llegado— ordenó—, todos a vuestros sitios.

Los revisó con suma atención. Neji se sentaba tras levantar la silla de Hinata del suelo y Sasuke arrastraba los pies hasta llegar a su sitio. Se sentó y metió las manos en los bolsillos.

Kakashi suspiró aliviado. Al menos había detenido una rencilla que podría haber acabado mucho peor.

—Explicarme que ha pasado— pidió.

Todos se miraron entre ellos. Claro, hacerles hablar iba a ser difícil si no confiaban todavía en él. Esperaba que un poco de presión no fuera demasiado.

—¿Y bien? ¿Por qué se estaban peleando y faltan dos alumnos?

—Se han fugado por amor— soltó Tayuya. Kakashi esperó a que se terminaran las risas y continuó mirándola— ¿qué? Es romántico.

Suspiró.

—No tiene nada de romántico escaparse de un aula en la que está comenzado una pelea— murmuró dejando la carpeta sobre la mesa—, pero si no queréis contarlo, allá ustedes. Sin embargo— miró a Neji y Sasuke principalmente—, las peleas a veces no solucionan nada. Especialmente si no se tiene la culpa.

Neji murmuró una palabrota por lo bajo y cruzó sus brazos, mientras que Sasuke se dedicó a mirar la pared. Esperó que algo de razón les entrara en esas cabezotas por pulir.

—Bien—. No le dio más vueltas y pensó en continuar la clase—, hoy empezaremos con literatura. Pero antes, vamos a hacer la votación para los delegados de clase.

—Un momento—. La voz de Sakura interrumpió lo siguiente que iba a decir—, ¿cómo entonces, si no es con una pelea, demuestras que no es tu culpa en una situación extrema?

Ah, el tema de antes. No van a dejarlo pasar, por supuesto. Cuando le das curiosidad, ellos la toman como si de información se tratara.

—Con palabras— respondió. Todos le miraron incrédulos.

Por supuesto, ellos ya habían intentado expresarse de todos los modos posibles y estaban hartos de que no confiaran en ellos.

—¿Y si las palabras no funcionan? — Cuestionó Chôji mientras sacaba una bolsa de patatas fritas.

—Con hechos.

—¿Hechos? — Se interesó Ino— ¿qué quiere decir?

—Quiero decir, que aquel que está seguro de que su verdad es auténtica y no se escuda tras una mentira, siempre se tienen hechos que garanticen su verdad. Estos hechos pueden ser pruebas perfectamente.

—Y si no tienes esos "hechos", ¿qué otra cosa puedes hacer? — Tenten clavó en el sus ojos castaños. Parecía ansiar una respuesta a esa pregunta.

Kakashi lo sopesó. ¿Cómo explicar algo tan difícil que para ellos era tan importante?

—No rendirte, jamás.

La sorpresa fue general. Los murmullos casi ahogaron su voz.

—Si te rindes es como si admitieras que el mentiroso tiene razón… ¿Golpearle para callarle? eso es fácil. Lo difícil y de lo que verdaderamente te has de sentir orgulloso, es de ser fiel a tu palabra y encontrar las mil vueltas para demostrar que eres el que no miente.

El silencio reinó en la clase. Todos absorbiendo las palabras, al menos, eso esperaba. Si eran capaces de comprenderlas madurarían, no solo como personas o niños. Sería un gran paso para hacerles comprender que no eran deshechos como siempre les habían dicho.

La puerta se abrió de golpe. El rubio alocado de la clase entró mirándolos con curiosidad. Tenía la camisa manchada de sangre y se rascaba la nuca como si acabara de recibir un buen coscorrón.

—¿Qué ha pasado? — Le preguntó.

—Ah, llevé a Hinata a la enfermería, por eso llego tarde— respondió corriendo hasta su asiento.

Así que eso era lo que había pasado. Por la sangre, habían llegado a más. Más tarde se encargaría de preguntarle a Shizune qué había encontrado. Si hubiera sido algo más peligroso estaba seguro de que la ambulancia personal del centro se habría llevado a la chica. Sin embargo, la tranquilidad era lo que anunciaba que no había nada drástico. Y que Neji se encontrara ahí sentado, también.

—Bueno, sigamos con lo de antes. La elección de delegados. A ver... — Miró por encima y soltó al tanteo—, Tenten, Kiba, salid a la pizarra.

—Espere, sensei—. Ino levantó la mano—, nosotros ya hemos decidido quienes serán. Decidimos escoger a Temari y Shikamaru.

—¿¡Qué!? — La rubia de coletas casi fulminó a la otra—. Dije que no pensaba hacerlo.

—Tsk, ¿por qué nos metes en líos tan problemáticos? — cuestionó Shikamaru girándose hacia Ino.

—Bueno, bueno—. Dio una palmada para amainar los nervios y miró a su alrededor—. ¿De verdad habéis elegido eso? ¿Sin consultarlo con ellos?

—Sí les informamos— refutó Ino retorciéndose el cabello.

—Eso no fue información— protestó Temari poniéndose en pie. El golpe que dio contra la mesa con ambas manos hizo a la rubia dar un bote en el asiento—, simplemente has hecho lo que más te ha convenido. Tengo muchos problemas como para encargarme de ser un delegado.

—Vale, vale, tengamos paz— demandó sacando una cajita—. Precisamente porque temía que esto pasara, hice esto—. Metió la mano y sacó un papelito con un nombre cualquiera escrito—. Todos estáis aquí dentro. Kiba y Tenten serán las manos anónimas que saquen el papel. No hay ni trampa ni cartón— señaló sacando otra caja—. Una para chicos y otra para chicas. Para que no digáis luego que es tongo y que solo varones o solo mujeres, ¿estamos?

Temari bufó.

—Temari, ¿no confías en tu suerte? — picó Ino con una sonrisa malvada.

—Ino— llamó la atención Kakashi antes de que la hija de los herederos de industrias Arenas se lanzara sobre ella—. Bien, a sacudir cajones, chicos.

Les entregó las cajas, una a Tenten y otra a Kiba. Ambos posaron la mano sobre el agujero de salida y lo sacudieron. Los papeles golpearon contra la caja.

—Que no salga mi nombre, que no salga mi nombre— rogaba el Uzumaki en la parte de atrás con las manos unidas en ruego.

—Serias demasiado estúpido para el cargo, dobe—. Sasuke esquivó el zarpazo que le envió el otro.

Las cajas dejaron de sonar casi a la vez. Más bien, porque momentos antes Kiba casi tiene un percance con su ímpetu. Posaron las cajas a la vista de todos y metieron las manos, moviéndolas sin mirarlas, fijos en las paredes. Finalmente, sus dedos aferraron uno de los papeles.

Kiba fue el primero en hablar.

(…)

Cuando su nombre fue dicho maldijo interiormente su mala suerte. ¿Qué clase de maldición era esa? Arrastró los pies hasta colocarse junto a Kiba, quien le dio unas palmaditas en la espalda como comprensión, pero sin borrar esa ridícula sonrisa.

—Shikamaru, existen cosas peores, créeme— le dijo el chico de los animales. El Nara bufó.

Se preguntó qué cosas podrían ser peores que dar siempre la cara con los profesores, tragarse asambleas extra largas y tener siempre papeleo en marcha, además de asegurar que el aula estuviera en buenas condiciones y, para su desgracia, tener que cargar con una de las chicas de esa clase problemática.

Interiormente rogó porque fuera Hinata. Era la más tranquila y la que no solía ocasionar problemas, al menos que le ocurrieran como momentos antes. Tayuya le odiaba terriblemente, Sakura era demasiado estricta, Ino le tocaba ya la moral, por muy vecinos y amigos de la infancia que fueran, Karin parecía siempre a punto de morder también y Temari casi había explotado cuando Ino sugirió que fuera la delegada.

Demonios, era demasiado problemático todo eso.

—Temari. — Resonó la voz de Tenten.

—¿Qué? — exclamó la nombrada. Shikamaru se dio cuenta de que no se había sentado.

Tenten volvió el papel para que viera que no mentía. La situación entre ambas chicas también era problemática, así que la duda se tejía por si sola cuando se trataba de ellas. Temari leyó su nombre y fulminó con la mirada a Ino, quien aplaudía por lo bajo y, lentamente, mientras Temari llegaba hasta donde él estaba, se unían más aplausos.

Kiba y Tenten dejaron las cajas sobre la mesa, detrás de Kakashi. Parecía que a ese profesor le gustaba sentar su trasero en el filo de la mesa en vez de comportarse como el resto de profesores y optar por protegerse detrás de la mesa.

—Bien, pues estos son los resultados de la suerte— puntualizó mirando a Temari con atención, — nadie ha votado ni nadie ha hecho trampas… ¿estás más conforme?

Temari balbuceó por lo bajo pero asintió con la cabeza. Shikamaru empezaba a tener dolor de cabeza.

—Entonces, a la hora del patio les espero en la sala de profesores — informó—. Ahora, comencemos la clase.

Regresó a su asiento detrás de la chica. Temari caminaba apretando los puños y con el rostro, a saber cómo, pero seguramente la furia remarcaba en él. Se dejó caer sobre su asiento y abrió el libro por la página indicaba. Mientras Kakashi se dedicaba a describirles la literatura él deseó hundirse en un apacible sueño.

(…)

Ino todavía podía sentir la mirada fulminante de Temari en su espalda cuando salieron para ir a clases de gimnasia. Era tercera hora y mientras se cambiaban en clases, lejos de las miradas de los chicos, temía que la chica se le tirase encima. Conocía el historial de Temari a la hora de pelearse. Es más, existía un rumor que antiguamente se decía de ella: "La chica de la arena es como un vendaval, cuando pelea parece que usara el viento". Casualmente, todos los que decían eso pasaron de visita por el hospital debido a su causa.

No quería una pelea a esas alturas y con el curso recién empezado. Iba a terminar rindiéndose y disculpándose si ella no salía escogida, pero algún misterioso genio de la suerte había querido que terminara siendo elegida junto a Shikamaru. Aquello era más que suerte. Y lo peor es que se había salido con la suya.

Corrió para ponerse a la altura de Sakura e Hinata. La chica se había unido a ellos a segunda hora y aunque llevaba puesto el uniforme de gimnasia no participaría en ella. Al parecer, su herida se había abierto y le prohibieron automáticamente los ejercicios.

—Jo, qué suerte. — expresó atándose la coleta más arriba para evitar molestias en gimnasia—, yo también querría que un príncipe me cargara hasta la enfermería y luego no tener que hacer gimnasia.

—Prin…. Princi…

Ah, lo había olvidado por completo. Hinata y su facilidad para sonrojarse o marearse cada vez que se atribuía a ella y Naruto en alguna conjetura romántica. Ino se golpeó la frente con una mano y con la otra le dio palmaditas en la espalda.

—Tranquila, tranquila — susurró.

No iba a negar que fue terriblemente emocionante. En lugar de seguir molestándose porque Sasuke le llevara la contraria, Naruto se había dado cuenta el primero que Hinata estaba sangrando y la tomó en brazos para llevarla urgentemente a la enfermería. Todavía se reía de haberle escuchado por medio de los pasillos que no se muriera.

Y aunque el rubio ahora echara pestes de que Kiba se burlara de él, Hinata parecía feliz. Aunque su perro guardián no. Neji había estado demasiado silencioso, incluso mientras Lee le exigía correr y hacer un montón de esas cosas estúpidas que solían hacer los chicos cuando querían llamar la atención de la chica equivocada.

—De verdad que nos has dado un buen susto, Hinata — confesó a la par que bajaban las escaleras hacia el gimnasio. — Creíamos que te habías recuperado ya de aquello. Imagino que no querrás hablar de ello, pero…

Hinata se mordió el labio inferior y negó con la cabeza. Ino recibió la protesta en la mirada de Sakura. Suspiró y negó con la cabeza.

—Bueno, al menos ya sabemos que tenemos alguien que la cargará sin problemas hasta la enfermería — canturreó.

Hinata enrojeció y jugó con sus dedos. Ino sonrió. No es que disfrutara metiéndose con ella, pero es que desde que llegó tiempo atrás era como un libro abierto, solo que el rubio era idiota y no se enteraba de nada. Hinata se enamoró de él nada más verlo. Los balbuceos y las torpezas que cometía era simplemente amor nervioso. Y era adorable cuando la hacías sonrojar simplemente por un comentario.

Y estaba segura de que la actuación del rubio hoy la tenía por las nubes.

Por su parte, no cesaba de darle vueltas a la frase dicha por Sai. Era cierto que fue su padre quien se negó y no ella. Pero, lo que él le pedía, ¿qué era exactamente?

Se detuvo en el rellano de la primera planta y miró por la ventana. Un enorme árbol se encontraba en la parte trasera y el moreno que precisamente estaba confundiendo el ser buena chica o mala, se encontraba ahí, arrodillado, mirando el pie del árbol con sumo interés.

¿Qué diablos pasaba con aquel chico?

Descendió las escaleras y tras avisar a Sakura e Hinata, corrió hacia el lugar. Sai murmuraba palabras entre dientes mientras tanteaba la corteza con sus manos.

—¿Qué haces? — cuestionó inclinándose para poder ver.

Sai parpadeó antes de mirarla. Siempre con su rostro imperturbable.

—Ah, Ino — murmuró como si fuera la primera vez que la viera en todo el día.

—¿Por qué estás ahí agachado?

—Ayer vi algo muy interesante y quería recrearlo mediante un dibujo. Sin embargo, hay ciertos detalles que tengo que revisar muy bien.

—Oh, ¿una declaración?

Dado el lugar, que tanto se asemejaba a su anterior escuela, parecía el idóneo para declaraciones de amor, con las hojas invernales cayendo sobre ellos, el sonido del viento…

—No — interrumpió sus pensamientos—; abuso.

Ino se estremeció. La imagen incorrecta se formó en su mente y Sai la aferró de la muñeca antes de que escapara.

—No esa clase de abuso. De chicos contra un chico.

—Ah— suspiró.

Era natural que en un colegio tan grande hubieran grupos de chicos que preferían abusar del débil. Ella los había visto desde lejos, agradeciendo que en su clase no hubiera esa clase de problemas, al menos, que ella conociera. No se imaginaba a Naruto, Sasuke y Shikamaru, por ejemplo, haciendo eso contra cualquier pobre muchacho sin una razón.

—¿Conoces los motivos?

Sai negó a la par que se levantaba.

—Los vi desde la ventana, nada más. — Clavó la mirada en ella— ¿has decidido ya?

Ino enrojeció. ¿Por qué simplemente no se olvidaba de querer dibujarla? Ya hacía demasiado tiempo de eso.

—Eres muy insistente ¿sabes?

La sorpresa se dibujó en el rostro de Sai. Sus ojos se abrieron levemente y por primera vez, se dio cuenta de que eran realmente hermosos.

—¿He sido molesto? — cuestionó perdido. Ino suspiró.

—Algo pesadito, sí. He de suponer que lo haces por interés en mi persona.

Sai inclinó ligeramente la cabeza hacia la derecha. Ino bufó. ¿Por qué le costaba tanto comprender lo que quería expresar?

—Me refiero a que estás interesado en que pose para ti sea como sea. ¿Por qué? Muchas otras chicas podrían hacerlo.

Sai negó.

—Ninguna tiene lo que busco.

Después, recogió sus bártulos y la dejó ahí, a cuadros.

(…)

El profesor de gimnasia era de lo más extravagante. Vestía una especie de traje verde que debería de dar muchísimo calor y tenía el mismo corte y cejas que Lee. Éste lo había elogiado nada más verlo y se había hecho su amigo casi al instante. Por un instante agradeció que se olvidara de él y se centrara más en otra persona. Él tenía que remedirse y prestar más atención a Hinata.

La chica se acercó con el informe de que no podría ejercer gimnasia firmado por la profesora y cuando el profesor había asentido, se apartó del grupo para sentarse bajo la sombra de un árbol. Neji deseaba ir con ella y disculparse por su falta de atención. Si hubiera estado más atento Sasuke nunca se habría caído encima de ella, sus heridas no se abrirían y Naruto no tendría que haber hecho de ambulancia ruidosa.

¿Qué clase de guardaespaldas era para ella?

—Bien, primero que nada, vamos a estirar un poco— indicó el profesor levantando el pulgar— ¡Que no decaiga la juventud!

Muchos protestaron por tener que mover el cuerpo, otros se posicionaron dispuestos a estirar y quitarse de encima la clase. Cuando el hombre decidió que estaban lo suficientemente estirados, les indicó qué harían. A las chicas les entregó pelotas de voleibol y a los chicos balones de futbol. Las chicas fueron al instante a la zona de las redes del juego indicado, mientras ellos se quedaron en el centro del campo de futbol.

—Os informo de paso que jugaremos, que tenemos plaza para aquellos que deseen jugar al futbol en el club—. Gai alzó la voz lo suficiente para que le escucharan y guiño los ojos con brillo — ¡No os cortéis! Ahora ¡a correr!

Dio un soplido al silbato y todos empezaron a correr. Shikamaru junto a Choûji perezosamente y él, junto a Naruto y Sasuke. Se negaba a perder contra ellos, pero tampoco haría el loco como Lee, que decidió que podría tardar el menor de los tiempos en dar más vueltas al campo que ellos, cosa que animó el profesor antes de dirigirse al grupo de las chicas.

Durante las vueltas, visualizó a Hinata. Ésta le sonrió y saludó con la mano. Él simplemente inclinó la cabeza y continuó hacia delante. Sin embargo, a medida que daba más pasos, se percató de algo: el Uzumaki no estaba con ellos. Se volvió para ver cómo había corrido hasta Hinata, que se mostraba nerviosa y colorada mientras el rubio intercambiaba algunas palabras con ella, hasta el punto de tomar el descaro de sentarse junto a ella mientras se limpiaba la barbilla con el filo de la camiseta. ¿Es que acaso quería matarla de un paro cardiaco?

Para empezar, el accidente de Hinata había sido culpa suya. Naruto había empujado a Sasuke contra Hinata en medio de su disputa por un dichoso videojuego, ¿cómo podía estar ahora como si nada hablando con ella cuando era claramente el culpable?

Harto y con la paciencia a punto de terminársele, corrió hasta donde estaban ambos. Hinata levantó los ojos hacia él con preocupación.

—Neji-nii-sama, estás colorado— puntualizó— ¿Te encuentras bien?

—Sí—. Clavó su mirada en el rubio quien simplemente enarcó una ceja—. Vuelve a correr y deja a Hinata-sama en paz.

—¡Neji-nii-sama! — La vocecita aterrada y sorprendida de Hinata no cambió para nada su orden. Continuó mirando al rubio en espera.

—¿Por qué debería? — gruñó éste poniéndose en pie empuñando las manos.

—Creo que ya has hecho suficiente por Hinata-sama hoy.

Esperaba sinceramente que el rubio no amortiguara contra él, que se marchara y la dejara en paz. Pero simplemente, Naruto no era alguien a quien se pudiera predecir. En lugar de obedecerle volvió a cagar a Hinata y se marchó corriendo mientras la chica gritaba con sorpresa. Maldijo entre dientes apunto de perseguirle pero alguien lo aferró de la camiseta. Cuando se giró, se encontró con los oscuros ojos del Uchiha.

—¿Qué quieres? — gruñó soltándose.

—Déjalo.

Arqueó una ceja y se giró. Desde su altura le sacaba una cabeza al moreno, pero estaba seguro de que no tardaría en obtener la ventaja hacia sí mismo si fuera necesario.

—Precisamente tú no deberías de permitírselo— recordó cruzando las manos en el pecho.

Si las miradas matasen, Neji ya estaría muerto. El moreno era experto en maldecir a la gente con la mirada. Pero aun así, no se amedrantó.

—No tengo por qué explicarte nada.

Sasuke escupió en el suelo, cerca de sus pies. Neji estaba perdiendo la poca paciencia que le quedaba. ¿Qué mierda se creía? Era el primero que hacía sufrir a Hinata y la dejaba largarse con el primer tío que pasaba para su beneficio.

Antes de que pudiera hablar, Sasuke se había marchado, regresando al campo de futbol para unirse al resto y jugar. Advirtió de que Naruto regresaría pronto y se enfocó en el partido. Neji deseó estrangularlo.

—¡Cuidado!

Giró justo a tiempo de esquivar la pelota que una de las chicas había enviado erróneamente hacia ellos. Tenten llegó a por ella, jadeante.

—Se escapó de control— explicó—. Sakura tiene demasiada fuerza cuando se enfada. ¿Me la das o qué? — cuestionó al verle embobado mirando la pelota.

Neji la observó un instante. Tenía una marca en la muñeca, una pequeña herida, probablemente efectuada cuando esa misma mañana estuvieron a punto de atropellarla por su descuido. Entonces, ella había mentido. Realmente estaba herida. Frunció el ceño y la miró. Deseaba poder echarle un rapapolvo. Por lo menos alguien debía de tener sentido común en ese maldito colegio. Sin embargo, simplemente le entregó la pelota y se concentró en verla desaparecer.

(…)

Temari sentía que deseaba subirse por las paredes. Estaba que trinaba. Nada más ducharse y ponerse el uniforme Ino le recordó sus deberes como delegada. Deseó estrangularla, aunque ya sabía que no era culpa de ella. Su maldita suerte había querido que terminara siendo escogida por mucho que se negara.

Cuando salió de los vestuarios para dirigirse a la sala de profesores se encontró con Shikamaru esperándola junto a la puerta. Lo primero que hizo fue quejarse porque tardara y ella deseó estamparle la maleta en las narices. Ella no era un chico que disfrutara ir por el colegio oliendo a sudor después de las clases de educación física.

—Sabes, al menos, ¿dónde está la sala de profesores?

Shikamaru torció el gesto ante su pregunta. Temari bufó. Por supuesto. Ambos eran nuevos. Ninguno se conocía todavía el lugar y mucho menos se interesaban en todo lo que tuviera que ver con profesores.

Caminaron en silencio hasta el edificio principal. Según Hinata había comentado a Sakura durante el descanso del partido de vóley, la enfermería estaba cerca de la entrada, así que los profesores no deberían de estar muy lejos.

Shikamaru se detuvo nada más entrar, ella bufó molesta. No necesitaba un compañero que se detuviera de charla o simplemente a ligar cuando viera a una chica guapa. Quería terminar con eso cuanto antes, pero primero, encontrar aquella dichosa dirección y después, dejar claro que no quería saber nada de por qué el Nara se había detenido.

—Maldición, ¿dónde…?

Una mano se posó sobre su hombro con cierto cuidado. Giró la cabeza para ver quién era y se encontró con los ojos oscuros del chico. Le vio levantar la mano y señalar hacia un pasillo.

—Es por ahí— indicó.

Pero… ¿qué demonios? ¿No estaba ligando?

Se volvió hacia el lugar donde momentos antes había estado Shikamaru. No había ninguna chica suspirando o esperando por un silbido o una promesa. En su lugar había un cartel con direcciones. Temari se sintió más estúpida que nadie en esos momentos y siguió al chico con la cabeza cabizbaja. Odiaba cuando sus impulsos provocaban que pensara mal de las personas. Aunque casi siempre acertaba.

Lo siguió hasta el lugar indicado, ignorando las miradas interrogativas y los cuchicheos. Al parecer, todos se habían colgado el mismo nombre. Ya no eran unidades con respectivos nombres, no. Ahora simplemente eran la clase 2-b. Nada más. Y por sus gestos cuando les devolvía la mirada pudo comprobar que era realmente miedo lo que sentían algunas. ¿Quizás la estúpida fama que logró ganar años atrás ahora repercutía? Bueno, no le extrañaría.

Shikamaru llamó a la puerta y ambos entraron cuando les dieron permiso. Nada más entrar tosieron. Cerca de la ventana, apoyado contra una columna, un profesor fumaba, tirando la ceniza por la ventana mientras sostenía una revista en la mano libre. Pese a todo, la sala no era demasiado grande, así que el sofá estaba casi a sus pies, donde Kurenai estaba sentada, revisando algunos papeles. Ambos levantaron la vista hacia ellos.

—¿Sucede algo? — cuestionó Kurenai.

—Kakashi-sensei nos dijo que viniéramos a la hora del recreo. Somos los delegados de su clase — explicó.

—Ah, Kakashi—. El profesor del tabaco expulsó el humo a la vez que rodaba los ojos—, tardará un poco, sentaros si eso.

—Tenemos algo de prisa—. Agarró a Shikamaru de la camisa al ver que tenía intenciones de sentarse. Shikamaru arqueó una ceja y chasqueó la lengua—, volveremos en un rato si eso.

La puerta se abrió tras ellos y la cara de sorpresa de Kakashi se dibujó al verlos.

—¿Qué hacéis aquí?

Temari deseó patearle.

—Nos dijo que viniéramos a la hora del recreo por lo de los delegados— expresó con la poca paciencia que le quedaba.

—Mnnn, es verdad.

O ese tipo era un estúpido extraño o un idiota sin remedio.

El profesor se sentó en el sofá que momentos antes estaba por ocupar Shikamaru, abrió la carpeta que llevaba bajo el brazo y les hizo señas para que se acercaran. En pocos momentos explicó su tarea. Tenían que encargarse de abrir a primera hora el aula, que estuviera limpia y correctamente colocadas las mesas. Llevar al día la pizarra y las listas de clase, encargarse de que el consejo estudiantil tuviera datos de sus clases, acudir a las reuniones de festivales, excursiones o nuevas entre alumnos y profesores.

Un rollo. Mucho trabajo y tiempo ocupado.

Cuando salieron, Shikamaru ya estaba bostezando y quejándose del trabajo. Temari se preguntó cuánto tiempo duraría su paciencia teniendo que aguantar con todo. Revisó el cuaderno de faltas que tenía en su mano y se preguntó cómo diantres iban a hacer para convencer a los chicos para que trabajaran cada semana dos de ellos en limpieza y algunas tareas extras.

—Va a ser…

—… problemático.

Con sorpresa, intercambiaron una mirada entre ambos. Habían estado pensando exactamente lo mismo. Sin darse cuenta y en mucho tiempo: sonrió.

(…)

El lápiz fue rápido y ágil por encima de la DN-a4. Era tan sencillo para él dibujar que fue casi más fugaz que el resto de veces. Quizás su memoria estaba más llena de ella de lo que pensaba. Dibujarla se estaba convirtiendo en algo que necesitaba hacer. Casi un sueño. Porque nunca podía terminar con ella.

Formaba su cuerpo en cualquier situación, o como esa precisamente en la que ella comía inclinada hacia la ventana, arqueando su cuerpo de forma maravillosa mientras miraba a los chicos con sumo interés. Tenía algunos bocetos en su casa inacabados. En diferentes poses. Pero ninguno le llenaba. Algo faltaba.

—Ey, ese es un buen dibujo.

Levantó los ojos hacia la persona en cuestión y no tardó en reconocerlo. Era uno de los matones del árbol. El rubio con aquella coleta extraña que, para su ver, parecía más una mujer que un hombre.

Guardó el bloc de dibujo y se preparó para marcharse.

—Es de pocas palabras— opinó una voz por detrás del rubio.

—Eso parece— contestó este poniendo las manos en sus caderas. — ¿Tienes problemas con nosotros?

Sai inclinó la cabeza pensativo.

—Para nada.

El rubio dio un paso al frente. Estaba a punto de cogerle del cuello de la camisa cuando un brazo le rodeó los hombros. El mayor se detuvo.

—Ey, Sai. — Naruto sonrió hacia los mayores con la menor de las preocupaciones. — Estamos aquí, vente.

Sai terminó de colocarse la mochila mientras los demás intercambiaban miradas de advertencia. El pelirrojo se acercó hasta Naruto para sorpresa de su compañero.

—Oí, Sasori— regañó. El pelirrojo lo ignoró.

—¿Encontraste la enfermería?

Naruto sonrió pese a que su cuerpo demostraba estar listo para cualquier rencilla.

—Ah, sí, sí. Muchas gracias, Dattebayo.

—La chica ¿está bien? — se interesó el llamado Sasori.

—Sí— respondió animadamente Naruto levantando el pulgar.

Sasori sonrió y suspiró aliviado. Se giró hacia el otro rubio y lo aferró de la coleta para tirar de él.

—Nos vamos, ya le mostrarás tu arte otro día al chico, Deidara.

El nombrado pataleó con sorpresa y aferró el brazo del pelirrojo con intenciones de soltarse más fue imposible. Sai les miró marcharse con interés, especialmente, cuando una chica se acercó a ellos e indicó con un gesto una de las tantas mesas de la cafetería, donde otro chico de cabellos anaranjados esperaba.

Naruto le dio un tiró con el brazo para hacerle mirar al lugar donde les esperaban el resto.

—Sai, a comer— ordenó más que invitó.

El chico le miró por un instante y luego dirigió la vista hacia la mesa de los mayores. Deidara se arreglaba la coleta mirando en su dirección con el ceño fruncido. Sai suspiró y siguió a Naruto hacia la mesa.

(Flashback)

Eres un chico que no expresa sus sentimientos, lo que piensa y eso hiere a la gente. Por ese mismo motivo te crea serios problemas a la hora de socializar. Deberías de cambiar para los demás o te quedarás solo.

¿Te has peleado con Uzumaki? ¿Es eso? No me extraña. Tanto él como tú necesitaríais que os internarais en un reformatorio. Dime, ¿Quién empezó?... ¿No vas a hablar? No me digas que ahora vas a defenderlo como si fuerais amigos. Hace nada te estaba golpeando, ¿recuerdas? ¿O es que eso ya no significa nada?

Tu problema social es demasiado grave para que nosotros lo tratemos. Si no te abres, si no expresas lo que sientes, asustas. Eres un ser terrorífico, Sai. Siempre vas a estar en medio de turbulencias por lo mismo. Algún día, te darán una buena paliza. Entonces, dime, ¿qué harás? ¿Llorarás? ¿Reirás?

(Fin del flashback)

Sacudió la cabeza para quitarse aquellos pensamientos de encima. Buscó con la mirada de nuevo a la rubia chica, que sonreía junto al resto cuando se acercaron. De algún modo, aquella simple presencia para los demás, para él era una salvación.

(…)

Clavó sus ojos sobre el moreno, que tan concentradamente observaba a la intrigante chica sin que esta se percatara y era cubierto por el resto de chicos. Había visto sus dibujos de una simple ojeada y bastó para garantizarle que sería un peligro. Había visto el árbol y las figuras a boceto de los chicos. El riesgo de que los profesores los descubrieran era demasiado alto como para fingir que no pasaba nada.

No quería volver al despacho de la bruja de la directora. Puede que el resto de chicos no la conocieran, pero él sí. La había visto cabreada y daba muchísimo miedo. Si ese tipo por un casual enseñara sus bocetos, estaba clarísimo que se verían inculpados enseguida. Y lo que menos necesitaba de nuevo era una expulsión. No ahora que había conseguido un excelente y una buena recomendación para su taller.

—Deja de comerte la cabeza con ese tipo— recomendó Sasori mientras se sentaban frente a Pain y Konan.

—¿Acaso no has visto el dibujo que tenía? Es claramente de lo que hicimos el otro día.

Konan los miro con esa superioridad que solo ella podía darse frente a Pain.

—Si tanto miedo tienes ahora de tus actos, haber pensado antes de efectuarlos.

—Lo dices porque tú no estuviste presente. — Bufó y se apoyó el brazo para arañar la mesa con la uña. — Ese tipo destrozo una obra de arte porque le salió de los cataplines. No iba a permitírselo. Además, Pain estuvo de acuerdo conmigo.

—Solo dije que hicieras lo necesario. — Pain se inclinó hacia delante para recoger su zumo y le miró en advertencia.

Por supuesto. Él nunca se mojaría para luego recibir una buena regañina por parte de su novia a solas. Deidara los dio por perdidos. Desde que ambos habían comenzado esa relación todo había cambiado para el grupo. Él nunca se fijaría en una chica si no fuera para sus beneficios.

—¡Oye, frentuda! ¡Ni te atrevas a comerte mi trozo de pan!

La voz de la muchacha llego justo en medio de sus pensamientos. Miró hacia la mesa lo justo para sonreír.

Exactamente, para mis fines benéficos. Hola, chica rubia, vamos a joder un rato al moreno.


N/a

Hasta aquí el segundo capítulo.

Muchas gracias por sus rw y por sus follow y favoritos, una alegría saber que me siguen.

¿Qué habrá pasado entre Naruto y Sakura en el pasado? ¿Podrá esta recuperarse de sus sentimientos? ¿Llegará a conocer Naruto algún día que fue un obstáculo en la que pudo haber sido, relación de sus dos mejores amigos? ¿Qué habrá pasado entre Naruto e Hinata cuando se marcharon? ¿Tenten será capaz de abrir su corazón? ¿Neji entrará en razones? ¿Temari seguirá sorprendiéndose con Shikamaru? ¿Qué pasará con Gaara? ¿Sasuke terminará matando a alguien con tanto estrés en su casa? ¿Qué ocurrirá con Sai e Ino? ¿Deidara llevará su plan adelante?

¡Más respuestas en el próximo capítulo!