Antes que nada: ¡Muchas gracias por sus rw y sus follows!


Capítulo 3


Horas

Nada detiene el paso del tiempo, ni siquiera el amor.


La última vez que miró el reloj junto a la mesita de noche en forma de flor, marcaba las tres y media de la mañana. Las ventanas continuaban cubiertas con el vaho de la calefacción y su cuerpo estaba demasiado rígido y caliente como para ayudarla a descansar. No es que estuviera excitada sexualmente, pero sí emocionalmente.

Por más vueltas que le diera a la cama o a la almohada, su mente continuaba en las sensaciones vividas ese día. Su corazón palpitaba de forma irrefrenable y hasta se había vuelto tan emocionada que casi se había caído varias veces de la cama. Ni siquiera la taza de leche caliente con miel la ayudaba a conciliar el sueño.

Y es que, tras ser cargada de ese modo por Naruto, no podía dejar de imaginarse las mil y una maravillas con él. Su corazón estaba repleto de acciones del rubio por ese día. Se podía decir que era uno de sus preferidos. Quitando que su padre la hubiera regañado por tener que volver al médico para revisar sus heridas.

Pero había estado como una nube todo el día. Especialmente, desde gimnasia.

(Flashback)

Naruto había tirado de ella, algo brusco, para alejarla del enfado que su primo parecía tener hacia ellos. Hinata no podía comprender por qué se molestaba tanto con Naruto cuando no era el culpable de lo que sucedió, así como tampoco Neji debería de sentirse afectado por no estar atento a ella. Siendo sincera, a veces, la presión de tener a su primo todo el día detrás de su cogote era asfixiante.

Hinata.

Levantó la mirada hacia él sabiéndose sonrojada. ¿Por qué su cuerpo siempre parecía estar al rojo vivo cuando el rubio estaba cerca? Ya hacía tiempo que conocía a Naruto, ¿por qué no se calmaba?

¿Sí?

¿Estás bien? — Naruto enarcó las rubias cejas y la miró con atención, centrándose en la zona donde horas antes había visto sangre.

Hinata se sonrojó terriblemente.

Sí… sí. No es nada.

Naruto suspiró aliviado y se rascó la mejilla mientras miraba a otro lado. Hinata tragó pesadamente. Era su oportunidad. Tenía que agradecer a Naruto su buena fe y que la llevara a la enfermería.

Mhn, Naruto-kun…— El rubio volvió a mirarla con interés. Aquella preciosa sonrisa en forma de zorro se dibujó en su rostro. Su corazón dio un vuelco.

Vamos, Hinata, respira. Tú puedes. Solo es dar las gracias. Como cuando vas a comprar pan y das las gracias por la atención… Ah, pero tú no compras el pan. Maldición….

¿Hinata? — Naruto arqueó una ceja, dubitativo.

¡Ah, sí! — Volvió en sí y jugando con sus dedos, tragó. Tenía que ser ahora o nunca. — Naruto-kun, yo… ehm… quería darte las…

¡Ey, ey, ey! Pero mirad eso. Una declaración de una tetuda. Anda que no tiene suerte el rubio ni nada.

Hinata sintió como el mundo se le caía a los pies. Giró la cabeza con los ojos abiertos de par en par para ver a un grupo de chicos mayores, señalándola descaradamente. Las lágrimas se agolparon en sus ojos. Ella no tenía la condenada culpa de que su cuerpo y grasas hubieran decidido instalar en sus senos dos buenos ejemplares.

Tragó, sofocada.

Oh, no. Naruto-kun pensará que…

¡Naruto-kun!

Alargó la mano hacia el rubio. Naruto había dado dos pasos hacia los chicos pero se había retenido. Los puños empuñados, los hombros temblando y la boca tensa. Hinata alcanzó a sujetarle de la camiseta antes de que continuara. Si por su culpa Naruto volvía a ser expulsado…

Es… espera, por favo. — rogó. Naruto se detuvo, tenso.

Era como un lobo que espera el momento exacto para atacar.

Sí, por favor, espera — canturreó otro de los chicos imitando su tono de voz. — Yo no la rechazaría, ¿Sabes? Con esas domingas* que me calza…

De repente, Hinata sintió como Naruto se soltaba de ella. Cerró los ojos y apretó las manos contra su pecho dispuesta a gritar. Quería detenerle, como fuera. ¡Naruto había sufrido ya bastante!

Sin embargo, algo empujó de ella hacia atrás bruscamente. Su espalda dio de lleno contra la pared y algo cálido presionó su cuerpo. Sus piernas temblaron cuando otras se interpusieron entre ellas y al abrir los ojos, se vio frente a frente al torso del Uzumaki.

Naruto había apoyado un brazo contra la pared con el puño cerrado y se mantuvo entre ella y el grupo de chicos. Sus ojos destilaban la promesa de darles una buena paliza cuando la escuela terminara.

Cierto, eso hace que sea demasiada chica para vosotros. — Hinata pudo sentir su aliento rozarle el oído. Se estremeció. — Largo.

Un murmullo inteligible llegó desde el grupo de chicos. Escuchó sus pies arrastrarse mientras desaparecían y lentamente, la presión del cuerpo de Naruto dejó de ser existente para su cuerpo. Temblaba como un flan cuando él terminó por apartarse y estuvo a punto de perder el equilibrio si no llegaba a ser por la pared que la sujetaba.

Malditos…— blasfemó Uzumaki escupiendo en el suelo. — Esos cabrones salidos.

¡Gracias!

¿Eh? — Naruto volvió su atención a ella.

Por… por llevarme antes a la enfermería y… y por lo de ahora. Siento que… hayas tenido que pasar por esto…— soltó a tropel.

La azulada mirada la miró perpleja. Naruto levantó las manos hacia ella.

Es… Espera, Hinata. En realidad eres tú la que se ha visto en un momento incómodo con esas basuras. Y lo de llevarte a la enfermería no es nada. Vi sangre y actué. Al fin y al cabo, — se rascó la nuca avergonzado pero su voz fue completamente orgullosa y llena de una promesa—, próximamente seré un buen policía.

(fin del flashback)

Hinata era consciente de que Naruto había hecho esa acción por su capacidad y lucha contra las malas acciones. Pero igualmente ella había estado completamente feliz durante el resto del día y a causa de esa increíble vivencia, era incapaz de hundirse en el mundo de los sueños.

Su móvil vibró en medio de la noche. Aprovechando que el sueño no la vencía, se dijo que al menos se distraería con un mensaje de propaganda o alguna actualización en las redes sociales. Sin embargo, cuando aferró el aparato de carcasa blanca y flores azules, nada más leer el contenido del mensaje, éste cayó sobre sus sábanas y la angustia esa vez fue lo que no le permitió conciliar el sueño.

(…)

Las heridas le escocían y, aun así, continuaba corriendo hacia el parque. Aquella maldita noche estaba siendo tremendamente jodida. No solo se terminó metiendo en una pelea, si no que encima tenía que complicársele. Su madre le había dado una buena regañina acerca de las discusiones con los puños y luego le mandó a la cama sin cenar. Y el estómago le rugía una barbaridad.

Debió de empezar a llover haría cosa de cinco minutos después de que saliera de su casa y a él no se le había ocurrido salir con una chaqueta. Nada más recibir el mensaje salió corriendo sin pensarlo.

Mierda, Teme…

Miró el móvil nuevamente mientras corría sin mirar si quiera. La luz continuaba tintineante. La llamada sin descolgar y perdida y el mensaje que le había llegado continuaba estrangulándole.

Sus pasos chapoteaban sobre los charcos y el césped olía terriblemente a tierra cuando llegó. Una de las muchas caras que decoraban la ciudad como artes de figuras pasadas, de gente importante que hizo algo por la ciudad o héroes ya fallecidos, le recibió. Podría pasar como algo que siempre estaba ahí si no hubiera visto la marca de sangre que goteaba desde la nariz del susodicho busto hasta el suelo. Además de la figura encogida junto a la piedra.

—¡Sasuke!

Corrió lo más rápido que pudo y cayó de rodillas junto al cuerpo. El móvil del moreno estaba a su lado, destrozado. El Uchiha había intentado llegar a él, pues una de sus manos estaba puesta sobre la carcasa rota. Naruto no se detuvo demasiado en pensar en él. Tiró del chico hasta que su oreja quedó cerca de su cara.

—Maldita sea, responde, Teme.

Un gruñido escapó de la garganta del malherido. Naruto agudizó el oído.

—… Hn. Llegas tarde, Dobe.

El Uzumaki sonrió y se lo cargó al hombro. Sasuke protestó entre dientes y escupió algo de sangre contra el suelo. Tenía la camisa llena de sangre y la mano izquierda. La derecha tenía los nudillos casi en carne viva.

—¿Qué demonios ha pasado?

Sasuke guiñó los ojos y rechinó los dientes. Una clara señal de que no contestaría. Una barrera que marcaba que él estaba excluido de la historia.

—Mierda, ya hablaremos. Por ahora te llevaré al hospital.

Logró detener un taxi cuyo taxista estuvo a punto de marcharse pese a ver la situación. Por algún motivo, el hombre terminó siendo coherente y los llevó al hospital. Ya no se molestaba en preguntarse cómo alguien podría ser incapaz de auxiliar a otra persona. Los adultos siempre le fallaban…

En la sala de espera se descubrió a sí mismo moviéndose inquieto de un lado a otro para luego ser secuestrado por una enfermera que se encargó de sus heridas. Cuando le preguntaron cómo se las había hecho fue incapaz de decir la verdad.

¿Cómo podía explicar que unos imbéciles le habían hinchado las pelotas al insultar a un miembro de su familia? No había golpeado a esos energúmenos delante de Hinata porque no quería que ella se viera envuelta, pero cuando tuvo oportunidad y ellos mismos se lo buscaron, dio rienda suelta a su furia reprimida.

Mal para ellos. Algunas heridas y la victoria para él.

Pero Sasuke…

"Reúnete conmigo en el parque del Sandaime, dobe. No estoy solo."

Y Naruto sabía que esa última advertencia significaba que estaba en problemas. Si hubiera llegado un poco antes…

De todas maneras, tenían que ser más de cuatro. Él había visto a Sasuke pelear anteriormente con cuatro tíos y salir casi ileso, con algún que otro rasguño o labio roto, pero siempre ganaba. Por eso, estaba seguro de que, o eran más o le atraparon a traición. Cosa extraña, teniendo en cuenta que tuvo tiempo de enviarle un mensaje en mitad de la noche.

Naruto miró el reloj y maldijo entre dientes. Eran las cuatro y media de la mañana. Si su madre despertaba y veía que no estaba en la cama se armaría la de dios. Vislumbró el nombre "casa" dentro de su listín y movió el pulgar varias veces antes de decidirse a presionarlo. Lo que menos necesitaba su madre era otra llamada como esa, pero tampoco quería ver su rostro en las noticias con "se busca hijo perdido" porque no apareciera en la cama esa mañana.

—Casa Uzumaki. — Escuchó a su madre jadear. Casi podía imaginársela, en bata, con el auricular en la oreja y temblando, mirando hacia las escaleras con temor. Si el teléfono fuera inalámbrico seguramente ya estaría en su dormitorio gritando.

—Mamá — nombró.

—¿Naruto? ¿Naruto, eres tú?

—Sí.

—¿Qué demon…? ¿Dónde estás? ¡Baja aquí ahora mismo! ¡No es divertido hacer bromas a las cuatro de la mañana! ¿Es que estás borracho de nuevo o qué? ¡Ttebane!

Naruto se mordisqueó el labio inferior. Su historial era una completa mierda. Y no era agradable que su madre estuviera de nuevo en esa situación.

(Flashback)

Con catorce años y borrachos. Así es como se encontraban, en el cobertizo trasero de la casa de Sasuke. Las cervezas estaban abiertas y tiradas de cualquier modo sobre el suelo. Sasuke eructó a su lado, lo que provocó que las carcajadas se extendieran desde su pecho hasta sus labios. Pero aquello fue malo para su cabeza.

Ey, Dobe. — Sasuke intentó ponerse en pie de una forma muy cómica, aleteando con sus brazos y trastabillando con sus pies. — Hagamos algo.

Naruto le había mirado con atención y luego de sopesarlo, asintió.

Vamos a casa del viejo Ônoki — soltó a media lengua pero lo suficientemente claro para que Sasuke captara la idea.

Ambos salieron del cobertizo dando patadas a las latas y aprovechando la oscuridad.

El viejo Ônoki era un refunfuñón que vivía dos casas más debajo de la de Sasuke. Conocido por su amor al arte y desprecio a todo aquel que le llevara la contraria. Se convirtió rápidamente en una víctima de los dos años rebeldes que llevaban ambos juntos. Siempre Salían corriendo cuando él aparecía lanzándoles trozos de arcilla húmeda y gritos poco propios para un anciano decente.

Sasuke se detuvo antes de llegar a la casa para recoger un bate de beisbol que su madre le había regalado esas navidades, al parecer, con deseos de corregir su mala conducta e incitarlo a unirse a algún deporte que le gastara las energías. Sasuke únicamente lo usaba para pelear cuando eran demasiados. De ahí que siempre lo tuviera a mano.

Sin embargo, fue él quien lo agarró mientras caminaba cantando alguna absurda canción de a saber quién, con un brazo rodeando los hombros de Sasuke. Y fue él quien levantó el bate cuando llegaron a la verja y rompió el cierre. Fue él quien animó a Sasuke a entrar y romper todos los cristales de la casa mientras cantaban, bajo los efectos del alcohol y empujaban al anciano contra el suelo.

La policía tardó menos de un minuto en llegar.

Naruto se las ingenió de algún modo para cubrir a Sasuke y llevarse todos los cargos. Ônoki, presa de los nervios, juraba haberle visto tan solo él, pues sus rubios cabellos resaltaban más que los oscuros de Sasuke.

Una hora después estaba sentado en una sala de interrogatorio, echando la pota en una cubeta que apestaba a tabaco y congelándose hasta los huesos. Su madre entró acompañada por un viejo amigo, al parecer.

Solo por esta vez, Kushina. Y por la amistad que nos atañe.

Muchas gracias, Shikaku. — Su madre inclinó el cuerpo en una reverencia vertiginosa.

El que era padre de Shikamaru, un compañero de clases, frunció el ceño con severidad cuando le miró.

Por esta vez te protegeré las espaldas, gracias a la gran amistad que me unía a tu padre, Naruto. — Simplemente con nombrar el nombre de su padre torció el gesto. ¿Qué sabrían esas personas de su padre? — Normalmente tendrías que pasarte un buen tiempo en la cárcel o se te enviaría a un reformatorio.

Pero Shikaku ha sido amable con nosotros — terció su madre acercándose peligrosamente a él. — Y solo tendrás que hacer trabajos para la comunidad.

Shikaku suspiró y llevó una mano al picaporte.

Asegúrate que los haga, Kushina.

Su madre asintió.

Oh, desde luego que los hará, ttebane — prometió. Cuando la puerta se cerró le dio la mayor colleja de la historia. — Y no volverá a probar el alcohol hasta que le salgan pelos verdes en los huevos.

Naruto había levantado la pálida cara hacia su progenitora. Hubiera deseado contestarla, maldecir y alegar un montón de excusas que cubrieran su terrible falta. Pero su madre le miraba con el rostro repleto de lágrimas, temblorosa y con la mano que le había golpeado tan temblorosa como enrojecida.

(fin del flashback)

Después de aquello su madre se tiró casi un año sin volver a hablarle hasta que se tiño el cabello de negro. El tiempo pasó con él castigado, teniendo que recoger heces de perro hasta que casi la nariz se le hizo inmune al olor.

—No. Estoy en el hospital.

Su madre ahogó un gemido en la garganta.

—No es por mi, Dattebayo.

—Entonces… ¿Sasuke? ¿Es grave?

Naruto se pasó una mano por los rubios cabellos.

—No lo sé. Todavía no me dicen nada. Supongo que porque…

—Espera. Iré ahora mismo.

Y le colgó.

Unos minutos más tarde apareció, vestida con simples vaqueros y una camiseta, empapada por la lluvia y buscándole con la mirada. Naruto solo tuvo que ponerse en pie y levantar una mano, aprovechando su estatura. ¿Cómo podía tener solo 18 años y medir uno ochenta?

—Aquí estás — exclamó revisándole de arriba abajo. Al comprobar que no había ninguna herida nueva más que las de la tarde, se volvió hacia el mostrador. — Perdone, estoy buscando a Sasuke Uchiha. Lo han traído antes bastante herido y todavía no nos han dado información de su situación.

La enfermera que tantas largas le había dado clavó la mirada en su madre y arqueó una ceja.

—¿Y usted es…?

—Un familiar — respondió su progenitora sin achantarse. La enfermera dudó pero pareció darse cuenta que no sacaría nada con hacerle frente.

—Está en urgencias, en el pasillo. Solo un familiar puede pasar — advirtió.

Su madre volvió con él y miró hacia el interior del pasillo. Quizás recordó sus días atrás o quizás no. Naruto no estaba seguro.

—Iré yo. Te diré por móvil cualquier cosa.

—Mamá…

—No, Naruto. No vas a entrar en urgencias. Es más, puedes irte a casa.

Antes de que pudiera protestar su madre se adentró al interior de la zona de urgencias. Naruto sabía que, si la desobedecía, sería todavía peor el resultado. Y lo más desastroso de todo, es que terminaría arrastrando a Sasuke con él.

Se dio la vuelta con las manos en los bolsillos. El reloj del hospital marcaba las cinco y cuarto.

Sabía que ella lo mataría… pero necesitaba contárselo.

(…)

Sakura despertó con el tercer golpe en su ventana. Estaba cubierta hasta la cabeza por el edredón y abrir los ojos le costó. Se había pasado casi la mitad de la noche repasando el tema que Kurenai les había puesto a última hora para un examen tan solo, según ella, comprobar su nivel. Sakura ya conocía ese tipo de exámenes. Los adultos catalogaban como de tonto eras y te trataban a raíz de su información. Aún así, tras que Naruto diera su consentimiento ante esa oportunidad, decidió enfocarse al cien por cien en traer unas buenas notas, graduarse, encontrar un trabajo estable y salir de esa condenada ciudad cuanto antes.

Aferró el reloj y guiñó los ojos para poder ver la hora. Las seis menos cuarto. Le quedaba una hora y media de sueño y alguien decidía entretenerse a tirar piedras en la ventana de su dormitorio. Como se tratara de algún imbécil iba golpearlo tan fuerte que lo lanzaría hasta la luna.

Se arrastró casi por la cama para salir y tiritó cuando sintió el aire helado de la estancia. Aunque su madre permitiera tener la calefacción encendida durante la cena, el resto del tiempo era calentarse a base de bebidas calientes, una bombona de agua y rezar porque el verano regresara. Con lo que a ella le gustaba la primavera.

Abrió el cristal cuando otra piedra golpeó contra este y se asomó dispuesta a mandar al lugar más sucio y defecado del mundo. Sin embargo, sus labios se cerraron con presión cuando reconoció los rubios cabellos bajo la farola.

—¿Naruto? — susurró. El rubio asintió y saltó hacia las enredaderas que subían hacia su dormitorio.

No era la primera vez que él entraba de ese modo. Él y Sasuke lo habían hecho alguna que otra vez cuando Ino y ella hacían alguna pequeña noche de chicas, sin que sus padres descubrieran que los chicos se acoplaban cuando hacían dos horas que se habían ido a dormir. Gracias a dios, sus padres tenían el sueño pesado.

Siempre era ella la que se despertaba cuando pasaba algo en la casa durante la noche, y ese algo solían ser los ruidos típicos de una casa medio en ruinas.

—¿Qué haces aquí a estas horas? — cuestionó ayudándolo a entrar.

Cerró la ventana para evitar que más frio entrara. Y al volverse, ahogó un gemido de sorpresa entre sus manos.

—¿Te has vuelto a pelear, Naruto?

Naruto se rascó la nuca y sonrió con aquella sonrisa zorruna que tan solo él era capaz de poner.

—Algo así. Pero no he venido por eso — añadió serio. Sakura tragó temerosa. — Vengo del hospital.

—¿Tu madre…?

Conocía perfectamente a la madre de Naruto. A veces su carácter provocaba que se distrajera y tuviera algún que otro percance.

—No. Bueno, mi madre está allí, pero… es Sasuke.

—¿¡Qué!? — exclamó con voz amortiguada.

Naruto asintió mientras se sentaba en su cama con toda la confianza del mundo. El chico desconocía lo que en el pasado había pasado entre ella y Sasuke. En que la relación entre ambos estaba fría desde que ella había sido tan idiota como para confesarle. Sin embargo, los sentimientos que todavía albergaba por él estaban torturándola en ese mismo instante.

El rubio se frotó las manos y expulsó el aliento para calentarse las manos, irritándola.

—Termina de explicármelo, Shannaro — demando asiéndolo de la camiseta.

Se dio cuenta de que estaba manchada y de sangre y Sakura no tardó en comprender que no era de Naruto precisamente.

—No lo sé exactamente. Me envió un mensaje diciendo que quería verme en el parque a eso de las tres o las cuatro. Mierda, no sé ni qué hora es ahora mismo.

—Las seis menos diez.

—Bueno, como sea. Me advirtió de que no estaba solo y tú sabes qué él es capaz de cargarse a unos tipos por su cuenta. Le has visto pelear igual que yo.

Y he sufrido con cada golpe que le han dado como él mismo, Naruto.

—Sí — confirmó.

—Por eso estoy convencido de que o han sido muchos o le han atacado a traición. Había mucha sangre y… si llego a tardar más…

Sakura tuvo que sentarse. Podía imaginarse perfectamente cómo se lo había encontrado. La cantidad de sangre que Naruto tenía en su ropa era mucha para ser una simple heridita. Tembló y no fue solo por el frio.

—Está…

—Mi madre entró con él y me recomendó marcharme — protestó con un deje infantil.

Sakura conocía las invitaciones de Kushina a marcharse. Era de las que, si no lo hacías, temías por tu vida el resto de ésta.

Se pasó una mano por los despeinados cabellos y suspiró angustiada. Volvió a mirar el reloj y por primera vez, pensó que iba demasiado lento.

—¿Y sus… padres?

Naruto negó con la cabeza.

—Ni los he llamado. Seguramente no irán. Su padre porque no quiere saber nada y su madre…

—Por miedo.

—Exacto — confirmó Uzumaki echándose hacia atrás hasta quedar medio tumbado.

Sakura y Naruto eran los únicos que conocían la situación en casa de los Uchiha. Sakura recordaba vagamente haber visto al hermano mayor de Sasuke, del cual el moreno siempre hablaba maravillas, pero cuando él se marchó, fue cuando Sasuke cambió drásticamente. Había ido tan solo una vez a casa de los Uchiha y la experiencia no fue nada grata.

(…)

¡Mira, Sakura-chan! — Había gritado Naruto como si fuera su propia casa la que mostraba.

La joven tuvo que admitir que era una casa impresionante. A la antigua usanza japonesa, con más habitaciones que un hotel. Un precioso jardín decorado exquisitamente, trasteros y cobertizos increíbles. Además de que los coches que descansaban en la entrada no eran nada discretos ni baratos.

Para aquella joven Sakura todo era increíble. Si recordaba su maltrecha casa que había pasado de generación en generación, no podía evitar sentir envidia. Se preguntó si estaría realmente bien que estuviera ahí. Aunque iban con el uniforme escolar, se sentía sola tan solo con los dos chicos. Si Ino no hubiera tenido que ayudar esa tarde en la tienda, estaría junto a ella.

La primera impresión siempre es lo que cuenta, se dijo a sí misma cuando entraron. Sin embargo, la que se llevó la impresión fue ella.

Nada más entrar se escucharon los gritos y Sasuke abrió tanto los ojos que parecían dos pequeños puntos. Naruto tiró de Sakura hacia la habitación del moreno y éste los siguió casi como un robot.

¡Déjalo ya! ¡Sasuke iba a traer hoy amigos! ¡Vete! —La voz de la mujer se alzaba cada vez más.

¡Me iré de mi casa cuando me de la santa gana! A ver si ahora tengo que estar a expensas de mis hijos.

Al menos, ten un poco de decencia.

¿Decencia? — Un golpe sordo provocó que Sakura saltara sobre sus rodillas y se aferrase a Naruto, quien todavía la sostenía, asustada.

Sí. — La voz de la mujer dudó. — Al fin y al cabo, también hay una chica.

Entonces hubo un instante de silencio y después, unos pasos lentos, otros rápidos y un grito terrible. La puerta se abrió tras Sasuke, quien no levantaba la mirada del suelo. Un hombre de aspecto amenazante y serio les miró con atención. Para su gusto, con demasiada atención.

Es solo una cría — dijo una voz femenina tras él.

Alcanzó a ver unas piernas y una figura sobre el suelo que hacía amán de levantarse. El hombre emitió un gruñido y clavó la mirada sobre la pequeña espalda de su hijo.

Esperaba algo mejor de ti.

Y después cerró la puerta con un golpe sordo. Naruto maldijo entre dientes y señaló con el puño la puerta, que volvió a abrirse. Fue entonces cuando pudo ver levemente otra figura, de un poco más de estaturas que ellos y al parecer, el clásico estilo Uchiha de cabellos y ojos negros.

Naruto, llévate a la chica. — dijo una suave voz.

Naruto entonces tiró de ella para sacarla de la casa. La puerta terminó de abrirse, pero nunca vio que más sucedió allí.

(…)

—Cuando sea la hora, iré a visitarle.

Naruto enarcó una ceja.

—Mi madre…

—Lo sé. Pero yo no soy su hija, así que…— Encogió sus hombros. — No tendría por qué reñirme demasiado. Además, no quiero que Sasuke esté solo. Conoce a tu madre, lo sé, pero… los adultos…

—Mi madre es diferente — garantizó rápidamente el Uzumaki incorporándose. Se pasó una mano por los cabellos y maldijo entre dientes. — Mierda, perdona, Sakura-chan.

Sakura mordisqueó su labio inferior y negó con la cabeza.

—De todas maneras, iré.

(…)

Cuando el despertador sonó ella ya estaba en pie y poniéndose el uniforme. La cama hecha y la maleta preparada. Apagó la ruidosa alarma para revisarse en el espejo y tras encontrarse en perfecto estado salió del dormitorio maleta en mano. Era entonces cuando él entraba en la casa. Olía a alcohol y tabaco.

—¿Gaara?

Su hermano desvió un instante su mirada verde marina hacia ella, y parpadeó, como si necesitara enfocarla. Trastabillo al intentar dar un paso al frente. Temari corrió hacia él y sostuvo como pudo su cuerpo. No comprendía cómo demonios podía ser tan pesado, alto y fuerte si no hacía más que estar de juerga y encerrado.

—Temari, suéltame.

—Si lo hago, te caerás de bruces.

Sus ojos se encontraron de nuevo. Gaara la empujó antes de que pudiera volver a hablar. Ella dio contra el quicio de la mesa y él cayó sobre el sofá. Intentó levantarse de nuevo pero cedió ante peso y respirando agitado se dejó caer más profundo.

Temari se llevó una mano hacia la espalda, rozándose el lugar dolorido. Su hermano no volvió a mirarla ni una sola vez. Recogió la maleta y salió de la casa tras dar un portazo.

Gaara estaba más insoportable. Especialmente, cada vez que la veía con el uniforme. Para él era como si aquellas simples prendas fueran algo que temer o alejar de sí mismo.

El ascensor se abrió para encontrarse de bruces con su padre. Éste simplemente le dedicó una mirada y tras asegurarse que su próxima salida tuviera que ver con el instituto, entró en la puerta frente a la que ella había salido. Su padre nunca había vivido con ellos. Desde la muerte de su madre en el nacimiento de Gaara simplemente se había preocupado de que tuvieran dinero y una mucama. Nada más.

Kankuro fue más una figura importante para ambos hermanos que él. Aunque ella fuera la mayor siempre se apoyó en él y siempre estuvo ahí cuando lo necesitaba. Incluso cuando la gente no sacaba más que falsos rumores de ella o la apodaban de una forma extraña tras defenderse en diferentes peleas.

Al salir a la calle tuvo que detenerse y respirar. Si su padre hubiera visto a Gaara momentos antes, si se hubieran cruzado… no quería ni imaginárselo, pero se le venía a la mente. Gaara probablemente no solo entraría con una borrachera en la casa. Su padre siempre había sido un mal nacido en cuanto a Gaara se trataba.

Las últimas palabras que había tenido con él habían sido bastante dolorosas.

(Flashback)

Cuando su padre entró en la casa lo primero que hizo fue sacar su cartera. La vieja mucama ya se encontraba con las manos extendidas y las facturas. Su padre ni siquiera las miró. Posó el dinero encima de estas y volvió a guardarse la billetera. La mujer guardó el dinero dentro del delantal y luego dio paso a los niños.

Kankuro y ella no se movieron de su lugar. Sin embargo, Gaara, ajeno a la maldad que todavía mandaba en su padre, se acercó a él. Sostenía un peluche en forma de oso con su brazo derecho y el otro, tenía el pulgar dentro de su boca. Caminó irregularmente hacia su padre y le miró con sumo interés.

Su progenitor hizo una mueca. Simple y clara. Temari no comprendía por qué Gaara no la entendía. ¿Quizás era su infancia delicada lo que le impedía ver la situación?

Le vio extender la mano que momentos había estado chupando hacia él, llena de babas y con ansiedad. Temari tuvo que apartar la mirada y cerrar los ojos cuando escuchó el golpe. Sin embargo, Gaara no lloró. Se quedó ahí sentado, observando a su padre perplejo.

Eres la cosa más horrenda que pude crear. Asesinaste a tu madre y eres el mismo demonio en persona.

Después, se volvió para no regresar en un mes entero. Gaara se había agachado para recoger el muñeco y se volvió para mirarlos. Un hilo de sangre caía de su pequeña nariz. Temari no pudo moverse. ¿Debería de abrazarlo y consolarlo o dejarse llevar y romper en llanto como tanto deseaba en ese momento?

Estaba asustada.

(…)

Desde entonces Gaara se había enfocado más en Kankuro. Hasta el punto de que dentro de la oscuridad que crecía en él, Kankuro era el único que podía sostenerle. Al menos, hasta aquel fatídico día.

(…)

Shikamaru bufó cuando la secretaria tardaba en darle la llave. Y mira que era chillona, con aquella etiqueta naranja en la que estaba claramente escrito 2-b. Y él se había expresado correctamente, así que no debía de haber más lógica que la de que esa mujer lo hacía aposta.

Cuando finalmente le entregó la llave se colocaba unas enormes gafas de montura. Bufando con cansancio subió las escaleras hacia el aula. Alguien golpeó su hombro y cuando se giró, se encontró con Azuma, inclinando sobre una ventana abierta y fumando.

—¿No se supone que está prohibido fumar en los pasillos?

Azuma esbozó una sonrisa, se quitó el cigarrillo de los labios y le miró.

—Solo si tienes menos de diecinueve años.

—Tsk. — Se volvió con intenciones de seguir adelante.

—Shikamaru. — Se detuvo al escuchar su nombre y volvió al profesor.

—¿En qué año empezó la "Gran guerra"?

Shikamaru no necesitó demasiado tiempo para pensárselo.

—Veintiocho de Julio de mil novecientos catorce.

Azuma entrecerró los ojos, asintió y le hizo una señal para que se marchara. Shikamaru se preguntó por qué demonios le preguntaba eso, siendo Azuma el profesor de tecnología. Sin darle más vueltas, continuó su camino. Abrió la pesada puerta y entró. Dejó la maleta para sacar el cuaderno donde estaban indicado el listín de tareas y sus respectivos encargados.

—Uzumaki Naruto y Karin… ¿Ella se apellidaba así?

—¿Quién se apellida qué?

Levantó la mirada hacia la puerta. Temari la atravesaba jadeante mientras se quitaba los botones de la chaqueta uno a uno. Se inclinó sobre el listín.

—No importa. Los encargados son Naruto y Karin.

Temari puso los ojos en blanco.

—Menudo par. Seguro que terminan destrozando más que otra cosa.

Se giró para dejar la mochila en su pupitre mientras él escribía la fecha y los nombres respectivamente.

—Hoy se supone que hay una reunión para conocer los representantes de cada grupo — recordó no Sabaku acercándose para abrir las persianas.

—Problemático — zanjó él.

Miró de reojo hacia ella en el instante en que levantaba los brazos para coger uno de los cierres y tirar de él. La chica se encogió y se llevó la mano hasta las lumbares. La camisa se levantó ligeramente.

—¿Quieres que te lleve a la enfermería como hizo Naruto? — soltó sin pensar demasiado. Ella parpadeó y se volvió hacia él. — Sería demasiado problemático.

Temari estuvo a punto de lanzarle la silla.

—Buenas.

Se volvieron para encontrarse, con toda la sorpresa del mundo, con Naruto. El rubio se rascaba los cabellos a la par que bostezaba y arrastraba los pies. Shikamaru miró hacia el exterior por si era el fin del mundo. Temari le observó con el mismo presentimiento.

—¿Te has caído de la cama? — cuestionó. Naruto le miró arqueando una ceja.

—¿Ah? No sé ni qué hora es, Dattebayo.

—Van a dar menos diez — respondió Temari acercándose a él y mostrándole un folio. — Te toca las tareas de la clase junto a Karin.

Naruto cogió el folio pero ni le echó una ojeada.

—Hoy no puedo. He de irme temprano.

—Ya. No eres el único que tienes problemas, ¿sabes? Yo también tengo que irme temprano y aquí me tienes, dándole callo al trabajo — refunfuñó firme la chica.

—Hoy no.

Shikamaru aferró a la chica del brazo y la hizo girarse. Algo en la mirada que Naruto le dedicó le pareció peligrosa. Como si algo dentro de él estuviera a punto de saltar y comerse a cualquiera que se atreviera a llevarle la contraria. Solo le había visto así en una situación anterior y la cosa no terminó demasiado bien.

—Oye… Suéltame. He de dejarle las cosas bien claritas.

—Yo haré su parte — se ofreció tajante.

La chica movió la boca para protestar pero no salió sonido alguno de su boca. Con un bufido se liberó de su agarre y se giró para continuar preparando la clase antes de que sonara el timbre.

Shikamaru miró de nuevo hacia Naruto, quien se había apoyado en los brazos y mantenía la cabeza apoyada sobre estos para fingir que dormía. Los ojos del Nara se fueron hacia el pupitre junto al chico. Si Sasuke no estaba ahí, es que algo había pasado.

Esos dos eran como uña y carne.

—Tsk, problemático.

—Tú sí que eres problemático, cola piña. Quita de en medio.

Antes que tuviera tiempo de pensar en apartarse Tayuya le había golpeado la parte trasera de las rodillas con la mochila. Shikamaru bufó y se quitó del pupitre de la pelirroja. Empezaba a estar un poco harto ya de ella…

(…)

Ino llegó a la entrada principal y miró a su alrededor. Generalmente, Naruto y Sasuke se quedaban en esta hasta que casi tocaba el timbre pero ese día no estaban por ninguna parte. Incluso pregunto si había anuncio de alguna pelea a la que todos negaron. Entonces, eso significaba que igual habían hecho pellas.

Pensó que, si Sakura no se había unido a ellos, le daría una explicación cuando entrara en clase. Sin embargo, antes de que pensara en entrar en el edificio, alguien le tocó el hombro y extrañada, se volvió.

Por un instante había esperado ver a Sai, con su siempre silenciosa presencia. Sin embargo, fue un chico rubio y de ojos azules que portaba una extraña coleta en un lado de su cabeza quien la detuvo. Ino saltó rápidamente a la defensiva, dando un paso atrás y encarándole.

No era la primera vez que se encontraba a un chico extraño que la confundiera. Aunque era mono, todo debía de decir.

—Perdona. Te asusté — se excusó poniendo un lado de su mano bajo el mentón. — Me dejé llevar demasiado, Hn.

—No importa. Tengo que ir a clases.

—Espera. — Volvió a retenerla.

Ino bufó. Por muy mono que fuera un hombre odiaba cuando la hacía perder tiempo.

—Soy Deidara y estoy en bachillerato, segundo. Estoy en la rama de arte — se presentó. — Nada más verte he querido… no, tenía que pedírtelo.

Ino parpadeó.

Espera, espera… no irá a…

—Que seas mi modelo.

La chica deseó golpearse la frente. ¿Es que tenía un cartel pegado en la frente donde pusiera que estaba libre y podía dedicarse a posar para todo el mundo? Primero Sai y ahora este tipo.

—Sé que es repentino, pero entre tantas chicas, nunca se lo he pedido a otra. ¿Por qué no te pasas a ver mi exposición y después decides si lo harías o no?

Antes de que Ino contestara levantó una mano vendada como despedida y se alejó. Ino se apoyó contra la pared, pensativa. Sai era más de esconder sus dibujos, de siempre mantener esa condenada carpeta lejos de ella. Solo en escasas ocasiones, como había pasado el día anterior, le permitía ver algún boceto. Los demás, estaban totalmente censurados para ella. Sin embargo, ese chico le abría las puertas de su exposición y por algún motivo, a la chica se le antojó como si fuera su corazón.

Sai tenía el corazón cerrado. Deidara no.

—Vaya. — Una chica que había estado momentos antes tras ella se acercó— ¿De verdad Deidara-senpai te ha pedido que seas su modelo?

—Así es — respondió dubitativa. La muchacha sonrió dulcemente.

—Pues estas de suerte. Deidara-senpai tiene unos gustos muy raros. Y la única mujer que ha visto sus obras ha sido Konan, la única chica que siempre va con el grupo de senpais.

—¿Tan famosos son? — cuestionó. La chica soltó una risita.

—¡Muchísimo! Incluso los han apodado Akatsuki y todo.

Ino se mordió el labio inferior y miró hacia el lugar donde estaba el rubio junto a otro de cabellos entre gris, blanco y azul. Ese chico parecía peligroso, de algún modo, sus alarmas saltaron, sin embargo, Deidara parecía otro tema.

Algo… interesante.

Ino sonrió radiante y se recolocó el asa de la mochila con cuidado sobre el hombro. Resplandeciente, empezó a subir las escaleras hacia la clase.

Estaba empezando a ser muy popular.

(…)

Kushina observó el rostro pálido del chico. Lo habían subido a una habitación tras que ella firmara como que correría con los gastos. Estaba segura de que si el chico no hubiera estado dormido no se lo habría permitido, pero Kushina no era de las que se achantaban. No por nada tenía un hijo como el que tenía. Y Sasuke había pasado tanto tiempo en su casa que casi lo consideraba uno.

Cuando Naruto le había contado a medias la situación en la que se encontraba Sasuke desde niño, Kushina deseó partir por la mitad a su padre y abofetear a su madre. Pero su hijo le suplicó que no lo hiciera. Por aquel entonces, Naruto tenía doce años. Ahora, con dieciocho, era casi más hermano del moreno de lo que sería de uno que ella tuviera.

El médico entró momentos antes para informarle que, pese a unas costillas rotas, un labio, un corte feo en el brazo que ya habían cosido y restaurado, el chico estaba bien. Le golpearon en la cabeza, pero no había resultado grave. Lo que halagaba el hombre era que estuviera despierto con tanta pérdida de sangre, tuvieron que hacerle una transfusión, y con tanto dolor hasta que llegaron al hospital.

También preguntaron por sus padres y Kushina tuvo que explicar la verdadera situación. El médico puso cara de duda, pero como había pagado todo el tratamiento, no metió más cizaña.

Volvió a mirar hacia Sasuke y enterneció. Sasuke le recordaba tanto cuando Naruto era pequeño. La ilusión de ir a tenerlo. La esperanza de llegar hasta el final y verle su cara. Su marido había sido un gran apoyo por aquel entonces.

(Flashback)

Entonces… ¿has pensado ya un nombre, cariño?

Estaban ambos en la cama, desnudos, cubiertos tan solo por las sábanas. Minato había apoyado una mano sobre su vientre mientras acariciaba en pequeños círculos. Kushina suspiró y meditó un instante.

Solo si es chica. Pero estoy convencida de que será un varón.

Minato frunció el ceño.

¿Por qué no les dices que te digan el sexo?

Kushina sonrió y besó la mano de su marido con ternura.

Porque sigo esperando que mi marido escoja el nombre de su hijo. Eso sería maravilloso.

Minato se quedó pensativo, acariciando no solo el vientre con su hijo dentro. Su mente iba de un lado a otro, sopesando rápidamente.

Mi sensei…— balbuceó pensativo.

¿Jiraiya? Bueno, sé que te gusta leer sus historias. Aunque algunas son… no aptas para niños. No me gustaría que mi hijo llevara el nombre de un personaje pervertido.

Minato rió con ganas.

No es para nada eso. Más bien, es la historia de su vida, mientras fue policía. Ahora que se ha retirado tiene mucho tiempo para escribir sus hazañas. Y este libro es maravilloso. Cuenta muchísimas cosas de una gran persona. Me gustaría ponerle ese nombre si llega a ser varón.

¿Cuál?

—… Naruto.

(Fin del flashback)

Y así había terminado llamándose Naruto. Y ella, a los pocos años, quedándose viuda, con una paga mediocre, viviendo en el barrio bajo y cargando con un hijo que, aunque fuera idéntico a su padre físicamente, no dudaba en meterse en tantos líos como ella misma en antaño.

—Con permiso.

La puerta de la habitación se abrió para devolverla al mundo terrenal. Sakura Haruno atravesó el umbral y cerró tras ella. Nada más que sus ojos se encontraran la chica de cabellos rosas hizo una reverencia. Kushina suspiró y se preguntó cuándo aquella chica volvería a ser como en antaño.

—Sakura-chan — saludó. — Pasa, pasa.

Haruno inclinó la cabeza y se acercó hasta los pies de la cama. Su rostro estaba marcado por la preocupación cuando observó al Uchiha tumbado sobre el mueble.

—Se pondrá bien. No es nada grave.

—Menos mal…

Kushina observó a la chica con detenimiento. Cuando Naruto la llevó a casa por primera vez había gritado casi a los cuatro vientos que era su novia, que le gustaba y que en el futuro sería su mujer. Ella se sorprendió mucho, pero con el tiempo aprendió a ver que los sentimientos de su hijo no iban a ser nunca correspondidos. Porque Sakura estaba completamente enamorada de Sasuke.

—Te gusta mucho… ¿verdad?

Sakura abrió mucho sus ojos verdes, tragando.

—¿Qué? No… yo… mhn, no. No es…

Kushina sonrió. ¿Cuántas veces había negado ella amar a Minato?

—Está bien. Es natural amar a una persona, especialmente a vuestra edad.

Las mejillas de Sakura se cubrieron de un rosado precioso.

Lo siento mucho, Naruto. Pero esta chica está completamente enamorada de tu mejor amigo. Me pregunto qué harás.

—Voy a ir a por un café… ¿puedo dejártelo a cargo?

—Por supuesto — confirmó Sakura dejando a un lado su mochila. — Me quedaré el tiempo que haga falta. Vaya tranquila.

Kushina asintió y mientras sentía envidia de la juventud que Sakura poseía y la oportunidad que tenía en sus manos, salió.

(…)

Sasuke no sentía dolor en su cuerpo, pero sabía por qué era. No era la primera vez que terminaba en un hospital con anestesia. Sin embargo, hubiera deseado que su mente continuara estando en el mundo del sueño más tiempo. Así podría haberse evitado el hecho de fingir que estaba dormido y escuchar como Sakura casi afirmaba abiertamente que estaba todavía enamorada de él. Y por supuesto, no se hubiera sentido más cabrón que antes hacia su mejor amigo.

Naruto le había salvado la vida, porque no era tan idiota como para creer que con la pérdida de sangre y los golpes iba a estar como unas castañuelas. Le llevó hasta el hospital y hasta pidió a su madre que se encargara de él, con lo que a Naruto le costaba esas cosas. Mucho más, pedirle algo a su madre que significara gastar dinero. Sasuke buscaría el modo de devolvérselo, aunque tuviera que trabajar en la construcción.

—Sasuke-kun.

Por un momento había olvidado que Sakura continuaba estando en la misma habitación. No se atrevía a abrir los ojos, no quería ver su dolor o preocupación. Él no merecía eso. Era Naruto quien merecía sus atenciones.

—¿Qué es… lo que te ha pasado? — continuó la chica. — No importa. Sé que nunca me lo contarías. Eres el tipo de chico que carga con todo sobre sus hombros y nunca habla con nadie. Si te duele, callas. Si sangras, te pones tú mismo la tirita y continuas adelante.

¿Sakura pensaba de él de ese modo?

La realidad era que no era de los que necesitaba apoyarse en nadie. Quizás porque cuando lo hizo, la persona en cuestión no tardó en abandonarle. Ahora, solo contaba con Naruto para cubrirle las espaldas. Pero no se veía capaz de sentarse con Sakura y contarle todo. No. Ella no tenía por qué conocer toda la mierda que él vivía.

¿Cómo podía contarle lo que había sucedido esa noche?

(Flashback)

El mensaje había llegado a su móvil justo antes de que abriera la puerta de su casa. Desde fuera ya se escuchaban los gritos de sus padres. El primer pensamiento que cruzó por su cabeza fue la de darse una ducha rápida, dejar sus cosas, ponerse ropa de calle y marcharse. Sin embargo, el mensaje rompió todas sus intenciones.

Si alguien quería pelea estaba buscando en mal momento. Y no podía creer que fueran ellos. O, mejor dicho, él.

El mensaje era claro y conciso, invitándolo a presentarse en el parque. Solo. Sasuke había dejado la maleta en la puerta de su casa y cargado el móvil como única posesión. Generalmente tanto Naruto como él eran los que solían llamar a las ambulancias.

Cuando llegó, el parque estaba a oscuras. No había señal alguna de presencias y aunque fue cuidadoso y solo alcanzó a enviarle un mensaje a Naruto, le sorprendieron. Primero llegaron tres por delante y "él" por detrás. Tan sigiloso que no pudo escucharle. El golpe en su cabeza le hizo ver las estrellas rápidamente y caer hacia delante. Ninguna parte de su cuerpo le obedeció y dio de lleno contra el suelo.

No te molestes, chico — susurró la voz contra su nuca. — He bloqueado tu cuerpo. No podrás moverte, pero sí que sentirás.

Se rio con una extraña carcajada y se apartó para que el resto de tipos pudiera hacer lo que quisieran con él. Patadas, puñetazos, insultos, escupitajos. Y de repente, lo más peligroso. Una navaja entró en su campo de visión. El sujeto acercó el lado cortante hacia su rostro.

Este tipo tiene una cara demasiado guapa, me dan ganas de rajársela.

Nah, mejor déjale seguir siendo guapo, pero cápalo. Dudo que las chicas quieran seguir persiguiéndole mientras va por el mundo sin polla.

Alguien le dio la vuelta de forma que pudo ver el cielo oscuro, con la lluvia cayendo sobre sus heridas. Alguien tiró de la hebilla de sus pantalones y otro forcejeó contra sus calzoncillos. Pero antes de que alguno pudiera atrapar la parte más importante de un hombre, "él" los detuvo, golpeando a ambos.

¿Sois imbéciles? ¿Vuestro cerebro no llega a más? — gruño y clavó la navaja junto a él, con tan mala pata que le hirió el brazo. — Os dije que solo le golpearíais. Nada más. Larguémonos.

Tras darle una última patada en las costillas el grupo comenzó a marcharse. "Él" sin embargo, se detuvo un instante para mirarle con aquellos extraños ojos.

No te lo tomes a mal, chico. Esto es más bien venganza. Saluda de mi parte a Itachi, ¿Vale?

Con un último puñetazo se despidió. Algo crujió en su cuerpo, como si el bloqueó que momentos antes le hubiera hecho el tipo saliera de su cuerpo. Entonces, un grito ahogado salió de su boca cuando todo el dolor recibido empezó a ser sensitivo por sus huesos. Intentó levantarse, marcharse, en medio de su agonía, pero solo llegó hasta la roca en forma de cara.

Unos segundos después apareció Naruto.

(Fin del flashback)

Ni por un millón de tomates le contaría esa patética historia a Sakura. Ella continuaba creyendo que era invencible, que nadie podía toserle. Que continuara creyéndolo, pero que se decantara más hacia Naruto. Él seguramente hubiera sido capaz de hacer algo, de defenderse al menos. Pero él no. Se quedó ahí tirado por aquella maldita cosa del bloqueo que le hizo y dejó casi le cortaran hasta el miembro.

¿Qué clase de figura patética sería para ella? Él no era el chico que podía hacerla feliz.

Tan metido estaba en sus pensamientos que dejó de ser consciente para él lo que sucedía a su alrededor. Incluso llegó a olvidarse de la presencia de Sakura. Si no hubiera sido por el ruido de la cama al crujir a su lado, no habría regresado al presente y si no fuera porque ella había posado sus labios sobre los de él, su corazón no latería como un tren en marcha.

(…)

Era el segundo recreo cuando tuvo oportunidad de hablar con ella. Ino había estado acosando a Sakura desde que esta había llegado a tercera hora. Al parecer, sus preguntas eran cada vez más preocupadas y por su tono de voz, ansiosas. Lo peor de todo es que parecía que Haruno no poseía las respuestas que Yamanaka deseaba.

Hasta entonces, Sai había estado dando vueltas sobre cómo podría advertir a la rubia de aquel extraño sentimiento que tenía hacia aquel superior rubio. Porque desde que los había visto hablar en la entrada por la mañana, sentía cierta picazón molesta.

Y, según había leído en muchos libros, decir la verdad a sus amigos era algo que siempre importaba. Una persona mentirosa no era más que rastrera. Claro que tampoco sabía que la chica se tomaría su consejo de tal modo que terminó por cruzarle la cara.

Con la mano en la mejilla la miró con sorpresa.

—¿Por qué?

—¿Por qué? — repitió ella sarcástica. — No lo dirás en serio.

Algunos curiosos estaban empezando a detenerse.

—Sí.

Ino bufó y cruzó los brazos bajo su pecho, resaltándolo aún más.

—Apareces de la nada y me sueltas que el senpai quiere algo conmigo simplemente porque has escuchado como se lo comentaba a Hinata y Sakura.

—Los amigos hacen eso. Lo leí…

—¡Siempre lees todo y no te das cuenta de quién eres realmente! O…— Entrecerró sus azulados ojos. — lo que te pasa es que simplemente no puedes aceptar que otra persona que también sepa hacer algo relacionado con el arte esté interesada en mí. Solo porque no logré responderte.

—Eso no es así— aclaró. Ella negó con la cabeza. Continuaba sin entender el tortazo, pero Ino no estaba por la labor de explicárselo.

Dando grandes zancadas se terminó de alejar de él con Hinata siguiéndole los talones e intentando que no diera patadas a todo aquello que viera.

—Sai. — Sakura se acercó a él frotándose el ceño con el pulgar y el índice. — Tu manera de decirlo, ha hecho ver que Ino es una cualquiera que se va con cualquier tipo que le diga que es bonito. Y tú mejor que nadie sabes que no es así.

Demonios si lo sabía. Llevaba detrás de que ella posara para él mucho tiempo. Y no era sencillo convencerla.

—Piénsalo, Sai.

Sakura le dio un suave toque en el hombro y se alejó. Sai solo pudo pensar en qué era exactamente lo que se hacía en esos casos.

(…)

Tsunade colgó el teléfono con la maldición en la boca. Shizune tuvo que sostenerlo antes de que terminara de romperse contra el suelo.

—¿Qué ocurre? — cuestionó con cierto temor. La directora era un demonio cuando se enfadaba.

—Uno de mis alumnos está en el hospital y… adivina qué.

Shizune tragó y revisó la ventana que daba al recreo.

—2-b. — dudó.

—Correcto.

La taza de té que sostenía Tsunade crujió por la fuerza de esta.

—¿¡Tan pronto!? — exclamó. — ¿Quién es?

—Sasuke Uchiha.

Shizune buscó rápidamente en los historiales al susodicho. Tenía varias expulsiones por violencia y siempre expuesto a peleas. Generalmente se ausentaba de clase y ni una sola vez sus padres acudieron a una reunión entre padres y profesores. Según una nota, debe mantenerse alejado de Naruto Uzumaki si se quiere que sea controlado.

—¡Tonterías! — rugió Tsunade dejando la taza. — Naruto ni siquiera estaba con él. Según su madre, su hijo había estado en casa hasta que recibió un mensaje alertándole de que algo pasaba. Llevaron a Sasuke al hospital. Esto ha sido confirmado por un buen director amigo mío. ¡Shizune!

—¡S-sí!

—Ya deberías de saber la sarta de mentiras que contienen los informes que nos han pasado.

—Todos excepto uno — habló una voz desde la puerta.

Shizune tras levantarse se volvió hacia la puerta. Había entrado tan silenciosamente que no se percató de su presencia. Tsunade gruñó al verle y unió sus manos bajo su barbilla. El hombre caminó hacia el escritorio a paso firme y con seguridad. Shizune se inclinó.

—Jiraiya-sama.

—Ah, Shizune, cómo has cambiado ¿Eh? Estás realmente hermosa.

Shizune enrojeció. Aquel hombre siempre tenía la lengua lista para alagar a las mujeres, pero nunca lo había hecho con ella, menos delante de Tsunade.

—Al grano, Jiraiya — ordenó Tsunade. El hombre se acercó hasta las sillas y se dejó caer en una.

—He estado investigando como me has pedido a una de tus alumnas. Tenten, según su historial. Es lo que me pediste, ¿no?

Shizune se sorprendió. Jiraiya era uno de los mejores detectives del mundo que se había retirado tras un incidente gravísimo con uno de sus alumnos. Se había dedicado a vagar de ciudad en ciudad. Ni siquiera ella era consciente de que Tsunade hubiera estado en contacto con él. ¿Qué hacía la directora cuando ella estaba en la enfermería?

—Así es — confirmó Tsunade.

Jiraiya sacó una carpeta oscura de hombre y la extendió hacia ella. Tsunade la abrió con cierta reticencia y empezó a ojear. Shizune se acercó con curiosidad. En ella había diversas fotografías en las que la chica de moños de 2-b aparecía. Y no eran nada agradables.

En una de ellas salía de un club de piscina casi corriendo, con la cabeza mojada y la mochila colgando. En otra, que parecía anterior, estaba rebuscando entre contenedores de basura. En otra, comía algo que había sacado de aquel lugar. En otro, salía por la ventana de una tienda de ropa, llevando el uniforme. Y así, sucesivamente.

—He hablado con la mujer que la adoptó, una prima hermana de su padre. Al parecer, desde que recibió la carta que enviaste a cada uno de ellos, Tenten abandonó su casa. Quería estudiar, pero la mujer no quería que dejara de trabajar en el templo porque están faltos de personal.

—Entonces… ¿no tiene dónde vivir? — cuestionó Shizune sorprendida.

—Además, se ha escapado de casa — confirmó Jiraiya serio.

—Eso puede traer problemas. ¡Shizune!

—¡Sí! — exclamó sorprendida a la par que daba un respingo.

—Envía a Iruka para que hable con su familia adoptiva. Entrégale el informe correspondiente de que Tenten pasa bajo nuestra responsabilidad. Y también, haz que los delegados de su clase le informen que tiene que presentarse en mi despacho a última hora… ¿¡Entendido!?

—¡Sí!

Y salió corriendo de la instancia a toda prisa. Por nada del mundo quería llevarle la contraria a la directora.

—Ahora, háblame acerca de ese chico… Sabaku no…

(…)

Tenten esquivó por tercera vez el intento del chico de hablar con ella. No comprendía por qué demonios tenía que ser tan pesado. Ya le había dado las gracias a Hinata y no tenía por qué darle explicaciones de nada más. Pero por desgracia, Neji parecía ser de los chicos cabezones que cuando se les metía algo en la cabeza, no paraban. Y al parecer, ella era lo que se le había metido en la cabeza.

Desgraciadamente, cuando ibas en la misma clase de la persona que te acosaba, era muy difícil esquivarlo, por no decir casi imposible. Para más irritación, le tocó sentarse a su lado cuando Ebisu-sensei decidió sentarlos juntos para un proyecto. Aunque Lee estuviera con ellos, Neji le había dejado bien claro sus intenciones de hablar una vez terminara la clase.

Ella solo quería que tocara el timbre y poder marcharse a cualquier lugar. Tenía hambre y no había podido pillar nada de alguna mesa en la que hubieran dejado sobras. Ni siquiera Sakura, quien siempre le ofrecía algo, había comido por su tremenda preocupación hacia el Uchiha.

Miró el reloj nuevamente y casi suspiró aliviada al ver que quedaban escasos cinco minutos para la hora de salida. Nerviosa, golpeó con el lapicero las líneas de su trabajo. Neji observaba el libro distraídamente y Lee se sacudía en la silla, esperando la información que el Hyûga expusiera para escribirla.

—Tenten.

Miró por encima del hombro hacia Temari. Aunque tiempo atrás se llevaran de maravilla su relación estaba algo fría ya. Y le pesaba bastante, pues Temari, cuando la conocías bien, era una chica muy agradable. Había sido colocada en el grupo con Tayuya y Hinata.

—¿Qué?

—Recuerda que nada más terminen las clases tienes que ir al despacho de la directora.

Tenten rodó los ojos.

—Lo sé, lo sé.

Temari asintió y dejó de molestarla.

Se lo había dicho nada más comenzar la penúltima clase, pero Tenten había hecho oídos sordos, especialmente concentrada en esquivar a Neji. Pero en esos momentos le parecía que tener una reunión con la directora no sería una mala cosa, teniendo en cuenta que así podría deshacerse del chico.

Sin embargo, su as bajo la manga, Hinata, quien era la que siempre terminaba llevándoselo a cualquier lado, no había acudido a clases. Así que Neji estaba libre para acosarla todo lo que deseara.

El chico, ajeno a sus pensamientos, describió lo importante de ese tema para que ambos lo escribieran y así, sin darse cuenta, sonó el timbre que anunciaba su libertad. Agarró sus cosas lo más rápido que pudo y las metió de cualquier modo en el interior de la mochila. Neji tiró de una de las asas cuando estaba ya en la puerta.

—Tenemos que hablar.

—No tengo nada que hablar — zanjó. —Además, la directora me espera.

Se lo sacudió de encima con un gesto y corrió escaleras arriba. Jadeante, ante la puerta del despacho, miró por última vez. Para su desgracia, Neji planeaba esperarla fuera hasta que terminara.

Al entrar, la directora estaba inclinada sobre unos papeles que manoseaba inquieta. Al verla, los dejó aparte y agarró una carpeta oscura de hombre.

—Pasa — invitó.

Tenten tragó y se sentó en uno de los sillones. La mujer abrió lentamente la carpeta y empezó a extender sobre la mesa diferentes fotografías. Tenten no necesito demasiado para reconocerse y recordar las diferentes situaciones. Aunque no se sintiera orgullosa, fueron muchas de las que tuvo que hacer para sobrevivir.

—Eres tú, ¿Verdad?

Suspiró.

—Sí.

Tsunade se echó hacia atrás, como si decir la verdad fuera lo que esperase.

—Hemos hablado con la prima hermana de tu padre, que cuidaba de ti, al parecer, te escapaste de casa para venir aquí… ¿Por qué? Y quiero que seas tan sincera como lo has sido ahora mismo.

Tenten apretó sus manos, una contra otra.

—¿Va a devolverme si se lo digo?

—No.

Tenten dudó. ¿Cómo podía confiar en un adulto cuando muchos otros ya la habían traicionado? Su padre, el primero.

—¿Por qué?

Tsunade se echó hacia delante, mirándola con firmeza. Seguridad y… ¿quería asegurarse de que viera que no mentía?

—Porque fui yo quien se esforzó en traerte hasta aquí. Quiero que termines tus estudios como Dios manda.

Tenten casi dio un respingo en el sillón. Su corazón comenzó a latir rápidamente y las lágrimas lucharon por salir de su control. Cogiendo aire necesariamente, comenzó su relato, mientras que una interesada Tsunade prestaba atención a todo, sin perderse detalle de nada.

(…)

No. No era un acosador. Nada de eso. Pero quería asegurarse de que Hinata estaría libre de cualquier problema con el accidente y Tenten. La sangre no era una tontería y hasta una pequeña herida podría llegar a complicarse si no se cuidaba bien. Sin embargo, no entendía por qué diantres esa chica tenía que ser tan escurridiza.

Lo que ella no parecía comprender es que él no descansaría. Porque por Hinata él podría hacer muchas cosas. Muchas.

Al menos, Neji le debía eso.

(Flashback)

Llovía como nunca. El pueblo era un completo torrente grisáceo y húmedo. La gente ya comenzaba a recogerse en sus casas. Los presentes a marcharse. Las campanas daban su último adiós. Él continuaba ahí, de pie, con los puños apretados, los cabellos pegándose a su rostro y el resto del traje empapándose.

Todos los Hyûga le habían dicho lo mismo. Que lo sentían mucho, que si era un buen hombre, que si la familia lo quería mucho, que si no se merecía eso. Pero todos eran falsos, del mismo modo que lo fue el sacerdote.

Esos malditos adultos… con sus falsas sonrisas, sus falsos deseos, sus falsas palmadas en la espalda… Ninguno de ellos sentía realmente la muerte de su padre. Ninguno había llorado de verdad. Nadie comprendía su verdadero dolor.

O eso pensó.

Alguien había puesto una dulce mano sobre su hombro y cuando se giró para encararlo, le sorprendió ver a su prima, con los ojos llenos de lágrimas, la boca temblorosa y un sincero "lo siento" en los labios.

Su tío, el hermano gemelo de su padre, se posicionó a su lado, con las manos tras la espalda y el gesto severo. Su labio inferior tembló levemente mientras miraba como cerraban la lápida. El resto del clan había desaparecido. Solo ellos tres se quedaron ahí hasta el último momento.

Fue uno de ellos.

Lo sé.

Neji abrió los ojos de golpe, sin creerse esa afirmación. Giró sobre sus tobillos para encarar al líder del clan.

¿Lo sabía? ¿Por qué no ha hecho nada entonces?

El hombre le observó con delicadez, luego miró por encima a su prima y volvió la mirada a él.

Porque todavía no es el momento. Todo tiene su lugar. Ten paciencia, Neji.

Hinata tiró de su manga y sonrió con aquella dulzura tan característica de ella.

Ven a casa, Neji-nii-chan. Ven con nosotros a la ciudad.

(Fin del flashback)

Ellos fueron los únicos Hyûga que le tendieron la mano. Los únicos que le abrieron la puerta de su casa cuando se quedó sin nada. Su prima fue la única que se mostró interesada en ayudarle. Y él prometió que, dentro de lo que pudiera, la protegería y le devolvería todo el favor que habían hecho por él.

La puerta se abrió un tiempo después. Tenten salió frotándose la nariz, con la nariz colorada, como si hubiera estado llorando. Por un instante, la idea de que la hubieran expulsado le cruzó la mente.

—Eres incansable. ¿Eh? — Fue todo lo que dijo antes de bajar las escaleras.

—¿Qué sucede? — Se descubrió a sí mismo preguntar.

Ella se detuvo, suspiro y se arregló el flequillo.

—Me han pillado.

—¿Cómo que pillado? ¿Te han expulsado?

Tenten negó.

—No. Es sorprendente, pero no. Solo me han dado un lugar donde vivir.

—¿Qué vivir? — Neji enarcó las cejas y Tenten sonrió sarcástica.

—Sí. No soy el tipo de chica que crees ni la que deberías de estar persiguiendo como loco. No voy a denunciar a Hinata por nada. Soy un perro callejero, pero con orgullo. Solo eso.

Movió dos dedos hacia su frente como saludo.

—Que llegues bien a casa, Neji.

Luego se alejó de él, saltando de tres en tres los escalones.

(…)

Deidara estaba a punto de abandonar el instituto cuando la vio, apoyada contra la reja, mirando de un lado a otro como si buscara a alguien. Por un instante pensó que sería al moreno, pero tras la escena que había podido ver durante el recreo, dudaba que fuera así. Aquella chica era una mujer de armas tomar.

Había disfrutado viendo la cara perpleja del moreno, pero le molestó lo fríamente que había cambiado su gesto cuando la chica de cabellos rosas, nada mal, por cierto, le había dado algún consejo que él no había llegado a escuchar.

Pero no importaba. Esa chica parecía ser lo suficientemente salvaje como para ayudarle a fastidiar al moreno.

—¿Esperas a alguien? — cuestionó acercándose a ella.

Ino levantó los ojos hacia él y sonrió. Desde luego, tenía unos ojos preciosos.

—Te esperaba, senpai.

Deidara se sorprendió tanto que casi no pudo borrar la sonrisa de satisfacción de su boca.

—¿En serio?

—Sí — respondió coqueta.

—E imagino que tienes una respuesta.

Alguien se detuvo junto a ellos. El chico moreno los miraba con atención y tras dedicarle una extraña mirada, miró directamente hacia la rubia. Éste lo notó y muy posiblemente adrede, se volvió hacia él, le aferró de la mano y jugó con la punta de sus dedos.

—Sí, me gustaría mucho ver tu galería. ¿Cuándo podría ser?

Deidara no tuvo necesidad de borrar su sonrisa de satisfacción. Pasó el otro brazo por encima del hombro de la joven y la animó a seguirle hacia la salida. El chico moreno se quedó estupefacto en su sitio mientras él le quitaba a la chica que parecía anhelar tanto.

—Ven, creo que podremos hacer una buena agenda para nosotros, hm.

(…)

—¿Realmente necesitas más?

Clavó su verdosa mirada en la miel fríamente. A esas alturas no necesitaba que nadie le dijera qué necesitaba o más. Él mismo era quien lo sabía mejor que nadie. Extendió los billetes frente al rostro del chico.

—Está bien — suspiró éste cogiéndolos. — Pero como tu hermana se entere…

Lo aferró del cuello de la ropa y lo pegó tanto a su rostro que parecían estar a punto de besarse.

—Gaara, suéltalo.

Se volvió hacia la voz demandante y bufando, dejó caer al tipo de tres cuartos que no servía más que para ser su repartidor privado.

—Lo que él dice tiene razón. Si Temari se entera de que estas aquí pidiendo esta mierda…— Le mostró una pequeña bolsa transparente con las cuatro pastillas. — Nos matará fijo.

—Pues no se lo digas, Sasori.

El otro pelirrojo se encogió de hombros y se dejó caer sobre un sofá verde maltrecho que descansaba en un rincón de aquella bazofia de lugar. Gaara guardó a buen recaudo su compra y miró hacia el que era su primo.

—Ni siquiera se ha percatado que vamos a la misma escuela. Está demasiado ocupada con ser una buena chica. Se porta tan bien que a veces me dan ganas de ponerle mis propios hilos y moverla.

—Oye — habló el otro chico. — ¿Esa chica no es a la que apodaban algo del viento?

—Sí — respondió Sasori encogiéndose de hombros.

—¿Y está buena?

Gaara gruñó. El tipo levantó las manos rindiéndose mientras reía como si de una hiena se tratara. Sasori suspiró nuevamente.

—Sea lo que sea, Gaara… ¿por qué no vas a clases? Si a ella le llegó la famosa invitación, a ti también debió de llegarte.

Gaara sacó un cigarrillo que encendió lentamente. Estaba hasta los mismos de siempre escuchar la misma pregunta. ¿Por qué simplemente no podía dejarle en paz? Su hermana era libre de elegir qué hacer. Él era una basura. Un despojo tirado en cualquier parte. No podían comparar a su hermana con él.

—Simplemente no iré.

Se apoyó contra la pared y exhaló el humo. Su primo le miró con suma atención.

—Pues hay unas chicas increíbles. Especialmente en tu clase. Como todas sean iguales a la rubia que Deidara se ha colocado. — Se adelantó el chico del cual Gaara ni recordaba el nombre. Sasori bufó.

—Deidara es… ¿Incomprensible?

—Venga, que la chica está que se sale. Y porque no me dejáis, si no, vuestra prima y hermana.

El tipo hizo un gesto obsceno con sus caderas. Aquello fue suficiente. Gaara se lanzó contra él antes de que Sasori tuviera tiempo de reaccionar. Puede que él no fuera bueno con su hermana, que la tratara como una mierda, pero de ahí a que otros lo hicieran era ya otra cosa.

Ahora, era él el único que podía protegerla.

El único…

(Flashback)

Cuida de tu hermana, Gaara. Cuida de ella. Por… por mí.

(Fin del flashback)

Hasta que Sasori no logró detenerlo, estuvo golpeando al tipo con todas sus ganas. La maldita y condenada masa de carne era más blanda de lo que recordaba. El cigarrillo se había perdido en algún lugar del dichoso suelo. Se metió la mano ensangrentada dentro del pantalón y buscó la cajetilla. Mientras encendía otro, su primo se aseguró de que aquel bocaza continuara con vida.

Cuando lo hubo confirmado, le miró entrecerrando los ojos.

—Tio, no dejo de preguntarme quién demonios será capaz de pararte.

Gaara echó la cabeza hacia atrás mientras la nicotina pasaba a través de él.

La muerte. Ella será quien me pare.

Continuará…


Bueno, muchas cosas han pasado en éste capítulo. Algunas preguntas han sido respondidas, otras se añaden, otras no han obtenido respuesta, pero todo llegará.

¿Quién le habrá dado esa paliza a Sasuke? ¿Por qué? ¿Qué pasará con ese beso entre Sasuke y Sakura, aunque este último estaba fingiendo estar dormido xD? ¿Gaara llegará a ir a clases? ¿Quién será quien pueda detenerle? ¿Temari podrá con todo? ¿Naruto se dará cuenta finalmente de los sentimientos de Hinata y de Sakura? ¿Quién le habrá mandado un mensaje a Hinata a esas horas?

¡Y más cositas!