¡Gracias por leer!


Capítulo cuatro


Inesperado

No todo lo inesperado es maravilloso.


Sasuke miró hacia el cristal con desinterés, mientras que Naruto no cesaba de hablar y hablar sobre cualquier tema al que él no le prestaba especialmente atención. Algo de una pelea había comenzado el relato, luego, una charla sobre cómo llegó al parque y cuando las preguntas comenzaron él simplemente respondía con gruñidos o monosílabos.

No iba a explicarle absolutamente nada. No quería que su amigo se viera inmerso en su situación. Porque algo le decía que conocía los motivos. El rostro del culpable volaba en su mente como si de un recuerdo mal hallado se tratara. O quizás es que simplemente eso era.

Sin embargo, ese recuerdo se vio truncado cuando el nombre de aquella mujer apareció en los labios de Naruto. El calor indiscutible con el que su amigo lo pronunciaba era la marca clara de sus sentimientos. Por ese mismo motivo, Sasuke se sentía terriblemente hastiado, enfadado consigo mismo y deseando volver a poner los puntos sobre las íes a Sakura Haruno.

No obstante, si por un casual hacía eso, se delataría a sí mismo. No podía hacer saber a la chica que él estaba despierto cuando sus labios se habían encontrado.

—Y, entonces… ¿Teme, me estás escuchando?

Sasuke suspiró ya por quinta vez mientras el rubio meneaba una mano frente a su rostro, como si quisiera asegurarse de que estaba presente y no en la luna, donde Sasuke estaba muy lejos de estar. Por un instante, echó de menos los canturreos de la madre del chico y de las frases extrañas de ésta.

—Ya veo que no. — Fue el turno de su mejor amigo de bufar. — Sea como sea, no hablarás.

—No.

Naruto se frotó el ceño con el pulgar y el índice antes de pasar su ancha mano por sus cabellos y alborotarlos. Sasuke no era gay, ni bisexual, pero siempre había reconocido que si el chico no fuera tan atolondrado, probablemente le ganaría en conquistas. Ojos azules, rubio y piel bronceada… ¿Cómo demonios hacía Sakura en no darse cuenta? Él era mil veces mejor.

Pero a Sakura parecía gustarle lo oscuro. Los cabellos negros y ojos por igual. Y una tez que resaltara por su falta de color.

El chico tuvo que sacudir la cabeza varias veces para volver a sacarse de la cabeza la escena. Naruto era quien tenía que haber obtenido su primer beso. No él. Por un momento, empezó a sentirse desesperado.

—Oí, Dobe — llamó. Naruto clavó sus ojos en él, esperanzado—. Haz algo con esa mujer. Ya.

Naruto casi se cayó de la silla. Abrió los ojos tanto que parecieron a punto de salírsele y la boca se movió cual pez fuera del agua.

—¿Qué estás…? ¿Con qué mujer? Quiero decir, la ayudé y tal… pero… bueno, no es que diga que es fea, pero…

Sasuke entrecerró los ojos. ¿Se había perdido algo de esa absurda pelea que Naruto le había relatado? Para empezar: ¿Por qué se había peleado y con quién? Y, ¿de qué mujer estaba hablando? ¿Naruto era capaz de pensar en otra chica que no fuera Sakura?

—¿De quién estás hablando? — zanjó los balbuceos de Naruto.

—Pues de…

Alguien llamó a la puerta, interrumpiendo la respuesta. Cuando ésta se abrió, tanto Sakura como Hinata entraron en la habitación. La incomodidad se acentuó todavía más en él. Lo que menos deseaba era ver aparecer a esas dos. Y sabía perfectamente por qué ambas estaban ahí. Motivos diferentes pero presencia igual de molesta.

—Ah. — Naruto se puso en pie y miró hacia ambas estupefacto—. Chicas… ¿qué hacéis aquí? Hoy es sábado.

Sakura y Hinata intercambiaron una mirada dudosa, como si escondieran algo entre ambas.

—Nos hemos encontrado en la entrada y terminado aquí juntas — explicó Sakura acercándose hasta Naruto. Una leve mirada fue todo lo que a él le dedicó— ¿Y tú? ¿Cuándo vas a salir? Pareces su novia.

Naruto se desinfló.

—Sakura-chan... Sabes que eso no es así. Que tú a mí…

—Bueno, como sea — interrumpió la chica tirando del cuello de la camiseta de Naruto hacia la puerta—. Nosotros nos vamos. Nos vemos luego, Hinata-chan.

Hinata dio un respingo, como si estuviera en las nubes y asintió.

—Ah, hasta luego, Sakura-chan. Na… Naruto-kun…

Pero esto último quedó dicho hacia la puerta. La chica siempre era lenta para esas ocasiones. Sasuke no era tan estúpido como para no haberse dado cuenta del dato de que la Hyüga estaba enamorada de Naruto. Sin embargo…

—Lárgate.

La morena dio un salto sobre sus pies, sorprendida y giró la cabeza lentamente hasta que sus ojos se encontraron. Tenía ojeras bajo estos y estaba más pálida que costumbre, sin embargo, probablemente no era algo que a él le importara.

Ella era una mujer que deseaba tener lejos con todas sus fuerzas.

—N-no puedo — respondió enderezándose—. Ellos vienen hacia aquí. Si no estoy, nos meteremos en problemas y… no quiero ocasionarte más…

Sasuke se llevó una mano a la frente, hastiado. Estaba realmente harto de tantas tonterías. De tener que soportarla. Por culpa de la mierda en la que estaba inmersa no podía aceptar a esa mujer. Aunque se intentara convencer a sí mismo de que no era una mala chica, el tan solo tenerla delante le irritaba.

La puerta se abrió de nuevo y ambos padres entraron. Sus rostros serios y firmes, sus miradas superiores y firmes. Su padre fue el primero en hablar, apoyando la mano izquierda sobre los pies de la cama, mientras con el brazo derecho sostenía la chaqueta. Hinata había hecho una reverencia para ambos, algo que agradó a ambos hombres, seguramente. Pero su insolencia era lo que hacía brillar aquel odio en los ojos de su progenitor.

—¿Estás contento con la situación, Sasuke?

Sasuke no contestó. Continuó mirando fijamente a ambos hombres.

—No parece que sea así, Fugaku.

Volvió la mirada hacia el otro sujeto. El padre de Hinata, el hombre que mantenía, a su parecer, atemorizada a su hija y que hacía con ella lo que deseaba. Hiashi Hyûga.

—Es la época rebelde. Los pone ridículamente estúpidos. Cuando se pase, se calmará. — se excusó su progenitor.

Sasuke bufó nuevamente y miró hacia el exterior. La cama crujió cuando su padre aferró los hierros de los pies entre sus dedos. Estaba furioso. Seguramente le habían llamado del hospital para informarle que su desgraciado hijo se encontraba ingresado por tener unas costillas rotas. Aquello debió de enfurecerle, especialmente, si llegó a oídos de Hiashi. Porque… ¿qué otro motivo había para que el líder de empresas Hyûga estuviera presente? Ah, sí, esa condenada cosa…

—Pero seguro que con Hinata se calmará pronto. — Fugaku miró hacia la susodicha. Hinata inclinó la cabeza con inocencia.

Si supiera que su padre no tenía buenas intenciones hacia ella, seguramente otro gallo cantaría. Sin embargo, su padre era experto en engañar a la gente de las puertas para afuera. Mientras que los de dentro los compraba con dinero, a las de fuera los engatusaba con falsas promesas y cuentas que realmente estaban vacías. Por ese mismo motivo, no comprendía el esfuerzo de su unión.

—Espero poder hacer todo lo que esté en mi mano, señor.

Su padre extendió su falsa sonrisa y sacudió una mano, quitándole importancia.

—Llámame Fugaku, por favor. Pronto seremos familia, no necesito tanto respeto cuando seremos familia.

Hinata asintió y sonrió de una forma que a Sasuke le pareció forzosa pero pasable. Lo suficiente para ambos hombres se lo tragaran. Hiashi clavó sus ojos en él, estudiándole. Esperaba que su rebeldía le dejara en claro su negativa. Pero el hombre todavía no había cedido.

Y sí, él continuaba, desgraciadamente, prometido con Hinata Hyûga.

(Flashback)

Su madre insistió en que la llevara. Aquella condenada corbata que no hacía más que estrangularle. Si ya le costaba respirar por el calor, tenía que anudarse al cuello un condenado trozo de tela que parecía remarcar que no le quedaba más remedio que ir directo al matadero. Según ella, le daba un porte elegante y le quedaba de fábula. Era un joven apuesto y eso le hacía verse realmente como un rompe corazones.

El deseaba romperle la cara a su maldito padre.

Si tan solo pudiera dejar todo atrás y largarse a jugar con el resto a la videoconsola a casa del condenado Nara. Pero no. Su padre había decidido fastidiarle el fin de semana con una reunión importante que había terminado convirtiéndose en un Miai. Según su padre, era algo sumamente importante. Y había terminado convencido a su madre de aquel asunto. Aunque seguramente simplemente con la idea de que la sacara y mostrara quién era su verdadera mujer y no aquellas tantas otras que paseaba de su brazo frecuentando fiestas a las que Mikoto nunca se presentaría.

Estás guapísimo. Simplemente, compórtate y el resto saldrá solo.

Sasuke miró hacia su madre. Llevaba un traje tradicional que cubría parte del moretón que sobresalía de su hombro. Mikoto había dedicado su tiempo en cubrirlo con maquillaje, pero Sasuke llevaba demasiado tiempo reconociendo sus heridas como para que un simple montón de polvo le hiciera ver que no existía tal marca. Además, según su padre, la respuesta fácil para salir de cualquier pregunta incómoda, era aclarar que simplemente era una marca de nacimiento. Sasuke sintió como el estómago se le revolvía.

¿Cómo demonios debía de comportarse? Su padre estaba a punto de venderlo por un buen contrato y por garantizarse tener dinero para su futuro. No le importaba aplastar a los demás para conseguirlo. Por eso mismo él se marchó. Por eso mismo era su turno de estar pasando por tales disparates en contra de su decisión.

Vámonos.

Fugaku arregló su propia corbata y los miró por encima del hombro.

Los otros dos simplemente obedecieron.

Media hora después estaba sentado en una sala con aroma a incienso, en unos incomodos cojines, con los tobillos ardiendo por el peso de su cuerpo y los pies adormecidos. Su padre reía y hablaba sin cesar con el hombre frente a él, mientras su madre soltaba más estupideces por su boca para acentuar las tonterías de su padre. Como si fueran el mejor matrimonio del mundo.

Pero no era aquello lo que le molestaba realmente.

Había sentido un condenado nudo en el estómago cuando nada más entrar se había encontrado con su compañera de clases sentada frente a él en la mesa, ataviada también con un traje ceremonial y el cabello recogido. Hubiera pensado que estaba realmente atractiva, comparándola con los uniformes tan similares.

Sin embargo, era una completa… putada. Sí. Por muy horrible que sonara esa palabra, era una completa putada.

Bueno. ¿Qué tal si los futuros novios van a dar un paseo y a conocerse? — cuestionó la mujer de Hiashi sonriendo felizmente.

Hinata se levantó antes de que pudiera excusarse. Sasuke se vio obligado a caminar con ella por los que, en cualquier otro momento, le habrían parecido unos hermosos jardines. Hinata daba pequeños pasos a sus lados, intentando mantener su ritmo. Sasuke solo buscaba la condenada salida. Tenía que estar por alguna parte, entre los enormes arbustos, hasta le pareció ver un hueco en el estanque.

S-Sasuke-kun. — Hinata tiró de la chaqueta para detenerlo cuando los pasos fueron demasiado imposibles para ella y su tradicional kimono.

Se detuvo y la sintió chocar contra su espalda. Temblaba. Como si fuera un día de pleno invierno. Al volverse, se encontró con su rostro preocupado. Las mejillas enrojecidas y la nariz como un tomate tras el golpe contra su espalda. Se frotó la nariz mientras hacía un puchero.

Perdón — se disculpó al encontrarse con su mirada—. Mis padres insistieron en hacer esto. No sabía que tú… serías… se suponía que era…

Itachi — terminó él por ella. Sí. Era su hermano el que debía de estar ahí, no él. Si su hermano hubiera estado en la casa, donde debería de estar, él no tendría que pasar por todo ese embrollo.

Sí.

Sasuke sonrió torcidamente mientras metía las manos en los bolsillos. Arrogante, inclinó su cuerpo hacia ella. Hinata retrocedió, dudosa.

Es decir, si fuera Itachi entonces, estaría bien… ¿eh?

La Hyûga abrió los ojos de par en par, profundizando aquella mirada perla y extraña. Abrió la boca para decir algo, pero terminó agachando la cara y enrojeciendo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que hasta ahora había sostenido una fotografía arrugada entre sus dedos. Ante el temblor de sus manos terminó en el suelo.

Sasuke reconoció al instante aquellos cabellos y ojos negros, además de sus características marcas en sus ojos.

Itachi debía de ser su prometido, no él.

(Fin del flashback)

(…)

—Sakura-chan — protestó Naruto por enésima vez.

Tenía las manos tras la cabeza y caminaba a zancadas detrás de ella, mientras intentaba encontrar la dichosa cafetería. Quería llevarse algo al estómago para calmar sus nervios, sin embargo, con él insistiendo en una explicación era difícil si quiera concentrarse.

El rubio posó una mano en su hombro y la retuvo. Sakura chasqueó la lengua y clavó su mirada en él.

—¿Qué?

—¿Por qué nos hemos ido? Hinata se ha quedado atrás. Ah, no es que me importe tener una cita contigo, pero…

—No tenemos una cita — cortó frotándose el entrecejo—. Naruto… ¿Sasuke no te ha contado nada?

—¿De lo que sucedió esa noche? No, nada. Es como hablar con una lápida. Ni siquiera emite gruñidos y mucho menos me dirá quién le hizo eso.

Sakura se esperaba esa respuesta. Sasuke era de ese tipo de chico. El que decidía guardarse para sí los problemas y que otros contaran su historia. Era más sencillo para él esperar que alguien pudiera leerle a contar con sus propias palabras lo que lo atemorizaba, le estresaba y hasta le hacía llorar. Porque Sakura estaba segura de que, con la situación en su casa, más de una vez de niño se había escondido debajo de las mantas de su cama, llorando asustado.

Quizás por eso ahora era de ese modo. Frio, calculador, alejado, cerrado. Le había visto estar con chicas. De esas de usar y quitar. Quizás para librarse de sus necesidades y para simplemente terminar de romperle el corazón, porque de algún modo, él siempre se las ingeniaba para que ella fuera capaz de verle.

Aún así, ella continuaba enamorada completamente de él. Aún con sus desprecios. Hasta el punto de aprovecharse y besarle mientras duerme.

Estaba segura de que se había sonrojado, porque Naruto la miraba estupefacto, como si acabara de descubrir américa en medio de su cara. Sakura tuvo que carraspear para recuperar la compostura y olvidar la suavidad de aquel simple roce.

—Ese es Sasuke — indicó refiriéndose a la descripción que Naruto le había expresado con tanta molestia.

—Pero eso no explica por qué hemos dejado a Hinata atrás.

Sakura torció el gesto, pensativa.

—En realidad, no sé los motivos. Pero es algo que me ha pedido, así que simplemente la ayudé.

Naruto colocó aquella carita tan característica suya en forma de zorro que aparecía cuando intentaba comprender algo o una estúpida idea estaba por llegarle. Sakura se preguntó cuál de las dos cosas estaba a punto de suceder.

—¡Ah! — El chico golpeó la palma de su mano derecha con el puño cerrado de la izquierda— ¿Crees que a Hinata le guste Sasuke?

Sakura estuvo a punto de tirarle a la cabeza el extintor colgado a su derecha. ¿Cómo podía ser de lerdo aquel chico? Casi toda la clase conocía ya los sentimientos de Hinata por él y sin embargo, él era tan menso como para no darse cuenta. Siempre detrás de ella con sus frases hirientes hacia la Hyûga sin que se percatara.

Si no le debiera tanto a Naruto… probablemente ya le habría dado una buena paliza. Pero aquello… aquello todavía era capaz de frenarla. Agachó la cabeza para morderse el labio inferior e intentó enfocarse en la situación que los preocupaba en ese momento.

Cogió aire y le miró a los ojos. Aquellos condenados ojos azules…

—Hinata no está enamorada de Sasuke. — Al menos defendería a su tímida amiga sin confesar sus sentimientos. Era cosa de ella y de Naruto, de nadie más. — Así que no te preocupes por eso.

Repentinamente, Naruto dio un respingo y miró hacia otro lado.

—¡Yo no me preocupo por eso, Dattebayo! Es imposible que lo haga, pero, Sasuke es un lobo con piel de cordero… ¿Y si le da por hacer algo en la habitación con ella?

Sakura sintió que el corazón se le detenía. Estaba segura de que Hinata no, pero ella ya había dado ese paso al bajar la guardia. Claro que su casto beso no llegaba a la escena que se estaba formando en la mente del Uzumaki. Tuvo que tirarle del moflete para que regresara a la tierra.

—Deja de imaginar cosas. Ya te digo que Hinata es incapaz de hacer nada con Sasuke. No le ama.

Naruto protestó por el agarre durante unos segundos, hasta que su rostro se puso serio y aferrándole la mano se soltó de ella con facilidad. Con el cachete colorado miraba hacia el pasillo por el que ambos habían pasado momentos antes para salir de la zona de las habitaciones y dirigirse en busca de la cafetería. Sakura lo reconoció también.

—Ese es…

Naruto asintió y todavía tomándola de la mano, tiró de ella.

—Volvamos, Sakura-chan.

Casi corrieron para regresar. Cuando Sakura pasó a su lado solo logró apretar los dientes y fingir que era demasiado jalada por Naruto como para prestarle atención. Sin embargo, cuando volvió la mirada hacia atrás se encontró con él mirándolos con cierta sorpresa y, como costumbre en cada uno de sus escasos encuentros, la joven sintió como si la desnudara con la mirada.

Realmente odiaba a Fugaku Uchiha. Como a nadie más en el mundo.

—¡Sasuke! — exclamó Naruto abriendo la puerta de par en par.

Hinata se encontraba junto a la cama, abriendo la bandeja con la comida mientras preparaba la mesa. Sasuke los miró con cierto deje de sorpresa que borró al instante. En ningún momento prestó atención de ella o Hinata mientras Naruto lo acribillaba con preguntas.

Sakura se acercó hasta la Hyûga y susurró:

—Ese era tu padre. ¿Verdad? — Hinata la miró horrorizada. — Le hemos visto salir junto al padre de Sasuke.

—S-sí. — La chica se dispuso a jugar con sus dedos, nerviosa.

—Vete.

Ambas clavaron la mirada en la otra cuando escucharon aquella orden. Hinata fue la primera en desviar su visión hacia Sasuke. Sakura tardó algo más, tragando. ¿Tanto era su odio hacia ella?

Sin embargo, sus oscuros ojos no la miraban a ella, si no a Hinata. El odio no iba reflejado hacia sus ojos verdes, sino a los perlas. Hinata tragó, dejó la tapadera de la bandeja sobre la silla vacía y tras hacer una reverencia, se marchó. Sakura se quedó incrédula, con los pies clavados al suelo y sin saber qué hacer exactamente.

—¡Oye, Teme! — Fue la voz de Naruto la que la hizo volver en sí. — ¿Qué demonios haces? ¡Hinata no estaba haciendo nada malo!

Sasuke simplemente miró hacia la ventana, como si fuera una película sumamente importante. Un instante después Naruto tenía una rodilla apoyada en el colchón y con sus manos sostenía del cuello del pijama del hospital al Uchiha. Sasuke no se inmutó.

—¿Me estás escuchando? ¡Hinata no ha hecho nada malo para que la trates de ese modo!

—No sabes nada — siseó el moreno.

—¿¡Cómo voy a saberlo si para arrancarte una palabra tengo que partirte la cara!? ¡Traeré a Hinata de vuelta! ¡Y más te vale disculparte!

Como un torbellino Naruto salió de la habitación. Sakura tuvo que sujetar la mesa para que no se cayera toda la comida. Incrédula, miró de la puerta hacia el paciente. Sasuke simplemente la miró una vez y después se concentró nuevamente en el exterior.

Sakura suspiró. No entendía que estaba pasando, pero sí que Sasuke estaba de un terrible mal humor. Aún así, sentía que no debía de marcharse. Dejarle solo era como si fuera lo que necesitaba para hundirse hasta lo más hondo de la oscuridad en la que su padre lo llevaba.

—También…

—Vete. Lo sé — le cortó. Sasuke desvió la mirada del exterior para clavarla en ella, como si nunca hubiera esperado que ella fuera capaz de cortarle. — Siempre es lo mismo. Aléjate, vete. No te metas en mis asuntos. Eres una molestia. Etc.

Sasuke apretó los labios y miró hacia la bandeja, pero Sakura estaba segura de que no veía realmente la comida. Estaba sorprendido. De que alguien que no fuera Naruto pudiera ver a través de él.

Si Sasuke llevara observándola el mismo tiempo que ella lo hacía con él, se daría cuenta hasta de cuando no llevaba maquillaje. Pero era un amor no correspondido, así que él nunca se fijaría en algo tan simple.

Sacó el tenedor de la bolsita y se lo dejó sobre la bandeja. Se lo acercó más.

—Es el pan mío de cada día, Sasuke-kun. Pero Hinata no soy yo. Ella está enamorada de Naruto, así que no te llevará a la parte trasera del edificio y se te declarará.

Entonces, todo pasó demasiado deprisa.

Algo crujió y Sakura tardó en darse cuenta de que fueron los dientes del moreno. La bandeja voló por los aires cuando él la golpeó con el brazo y todos los ingredientes de la comida le cayeron encima, manchándola hasta en las pestañas. Sakura se quedó petrificada, viendo como algunos de ellos resbalaban por la cama incluso, y como el moreno la fulminaba con aquellos preciosos ojos oscuros que tanto le gustaban.

El sollozo se acumuló en su garganta y las lágrimas amenazaron con estallar en sus ojos. Apretó los puños y cerró los ojos con fuerza. Respiró ruidosamente por la nariz y se giró sobre sí misma.

Era suficiente.

Estaba harta.

Cerró la puerta tras ella y le dejó atrás.

(…)

Naruto corrió por todo el hospital hasta que la encontró. En la zona de las ambulancias, a punto de girar la esquina para abandonar el recinto. La reconoció por las puntas de sus cabellos, que se balanceaban cada vez que daba un paso contra su espalda. Era un gesto precioso que le quedaba bastante bien.

—¡Hinata!

La chica frenó en seco y miró hacia atrás, asustada. Parecía no ser capaz de creerse que él la hubiera llamado. Cuando llegó hasta su altura temió que se desmayara. En su lugar, tragó desesperadamente y meneó las manos nerviosa delante de su cuerpo, como si quisiera mantener las distancias.

—¡L-lo siento, Naruto-kun! Tengo prisa, así que… he de irme y…

Al chico estaba empezando a ponerle nervioso tanta agitación frente a su persona. Tomó ambas manos con una misma de las suyas y las bajó para poder mirarla a la cara. Serio, clavó su mirada en ella.

—Disculpa al Teme, Hinata. No está muy bien que digamos. Está raro. — Miró por encima de su hombro hacia las ventanas del hospital, aunque no estaba seguro de en cuál de ellas se encontraría su mejor amigo en esos momentos—. En la edad del pavo, como diría mi madre.

Hinata pestañeó con sorpresa y negó con la cabeza. Naruto sonrió.

—Volvamos para que se disculpe.

—¡No! — gritó lo más que pudo y volvió a forcejear con él. Naruto se sorprendió y tuvo que soltarla antes de que le tomaran por un acosador.

Estaba seguro de que su vestimenta, algo macarra como la catalogaba su madre, no sería de gran ayuda para defenderse. Y mucho menos, cuando vieran su historial. Aunque estaba seguro de que Hinata nunca lo vendería.

—Ah, es cierto. Has dicho que tienes cosas que hacer — recordó rascándose la nuca—. Te acompañaré.

A Hinata pareció que le iba a dar un ataque al corazón. Repentinamente, una voz autoritaria interrumpió cualquier posible frase que fuera a salir de los labios de la chica.

—Hinata.

Ambos se volvieron y el hombre que momentos antes había caminado junto al padre de Sasuke se encontraba en la puerta de un vehículo, del cual, Naruto estaba muy lejos de soñar si quiera que pudiera tener en toda su vida. Hinata tragó y se colocó recta, arreglándose la ropa con nerviosismo.

—P-padre.

—No tartamudees. Ya sabes que no me gusta esa acción — observó el hombre con el ceño fruncido.

—¡Sí! — exclamó la chica rápidamente.

Naruto los miró de hito en hito. El hombre desvió la mirada de su hija para posarla sobre él. Naruto se vio repentinamente desnudo, como si aquellos ojos fueran capaces de ver más allá de él. Pese a compartir ese rasgo con su hija, Hinata tenía los ojos cálidos y sinceros. Ese hombre tenía la clase de mirada que más odiaba Naruto; la superioridad de los adultos era irritante.

—Namikaze, imagino.

—Uzumaki.

Naruto miró por encima de su hombro y descubrió a su madre sujetando con fuerza el bolso con una mano mientras se acercaba hasta ellos. El hombre arqueó una ceja y crujió los brazos.

—Desde luego — afirmó clavando la mirada esta vez en su madre.

Kushina levantó el mentón, metiéndose la mano libre dentro del bolsillo del vaquero que se amoldaba perfectamente a sus formas. El hombre suspiró y volvió a clavar la mirada en Hinata.

—Volvamos. Hanabi debe de estar esperando.

Hinata asintió y caminó unos pasos hasta quedar delante de madre e hijo. Después hizo una reverencia.

—Nos… vemos el lunes, Naruto-kun.

Naruto sonrió abiertamente.

—¡Pues claro!

Y acto seguido, padre e hija subieron al coche. Hasta que no se hubo alejado lo suficiente su madre no dejó escapar tan horroroso taco que Naruto se encontraría mañana como pago cincuenta euros dentro de la lata de los castigos.

(…)

Kushina golpeó una piedra con la punta de las deportivas bajo la atenta mirada de su hijo que la observaba casi con la boca abierta. Aunque el chico debería de estar acostumbrado ya a sus cambios de humor, Kushina se dio cuenta de que, por un momento, se había dejado llevar demasiado por la rabia y que sus viejos instintos salían a la luz. Si le miraba bien, Naruto tenía la misma cara de bobo que su padre tiempo atrás.

—¿De qué conoces a esa chica? — cuestionó.

Hasta ahora, nunca había tenido que cuestionar las amistades de su hijo. Aunque no lo diera a entender, entendía perfectamente que algunos adolescentes les costaba hacerse entender. Y dado el pasado de Naruto muchos de sus amigos tenían que haber estado hundidos en su mundo incomprendido, como sucedía con Sasuke Uchiha. Sin embargo… esa familia era demasiado problemática para su hijo.

—Es mi compañera de clases — respondió el chico metiendo las manos en los bolsillos— ¿Por qué?

—¿Qué? — exclamó incrédula.

¿La pequeña Hinata estaba en el mismo grupo que su hijo? ¿Había repetido curso al igual que él? ¿Cómo era posible? ¡Por el amor de Dios! ¡Ella era Hinata Hyûga! Su padre era incluso más famoso que el viejo Sarutobi. Incluso había hecho grandes donaciones a la policía y se llevaba la mar de bien, según últimos informes, con el jefe de las empresas Uchiha. Hoy mismo se había enterado del futuro matrimonio entre hijos herederos de ambas empresas.

¿Y su hijo estaba interesado en esa chica?

Dios mío, Minato… ¿qué debo de hacer?, se dijo frotándose el entrecejo.

—Vamos.

Se giró en dirección al hospital. Naruto le siguió arrastrando los pies mientras miraba todavía la carretera por la que el coche había desaparecido.

—¿Por qué diantres todos los padres son tan estrictos? — gruñó y guiñó los ojos con aquel gesto zorruno—. Papá…

—Papá era estricto en lo que debía, pero sin pasarse demasiado. Nunca hubiera hecho la maldita mierda que tienen estos estúpidos en su cabeza. — Apenas podía controlar su vocabulario cuando se trata de los Uchiha y de los Hyûga.

Si su marido hiciera lo mismo que hacía Fugaku con su hijo, estaba segura de que le habría cortado los colgantes de oro antes de que tuviera tiempo de si quiera escupirle. Y en cuanto a hacerle lo que le hacía a su mujer… ¡Ja! Minato era incapaz de levantarle la mano a una mujer. Ni a un hombre si no era necesario. Su primer paso era hablar, encontrar una solución y luego llegaba el resto si era necesario.

Kushina podía llevar la cabeza bien alta cuando de su hijo y marido se trataba. Era cierto que Naruto había salido demasiado rebelde, que a veces era algo incontrolable, pero estaba segura de que ponerle la mano encima a una chica jamás había sucedido. Y cada vez que logró descubrir los motivos de sus disputas, Kushina tenía que armarse de su mejor paciencia para no felicitarle.

Kushina sonrió pese al mal humor que sentía.

(Flashback)

¿Crees que tengamos un buen hijo?

Kushina miró hacia la cuna donde su recién nacido descansaba. Minato se encontraba inclinado sobre ésta, observando a su retoño tan semejante a él. El aspecto físico de su hijo no dejaba a cuestiones de su fidelidad, como mucha gente deseaba.

El mejor.

Minato había sonreído cuando, en sueños, Naruto extendió un bracito hacia delante y atrapó el índice de su padre, demasiado grande para él y que abarcaba toda su diminuta palma. El bebé bostezó y continuó dormido.

Su marido volvió la mirada hacia ella sin que aquella orgullosa sonrisa desapareciera.

Es tu hijo — halagó.

La expresión de Kushina se torció dentro de su cansancio. Aunque deseaba dormir, no podía dejar de mirar a su pequeño.

El hijo de una…

Una mujer increíble que no le importó entregar su vida por él — terció Minato firme.

Y su sonrisa y confianza iluminó el mundo.

(Fin del flashback)

Sí. Naruto podía parecerse a su padre físicamente, pero interiormente era como ella.

—¿¡Sakura-chan!?

Kushina no se había dado cuenta de que la chica había pasado junto a ellos. Tenía comida enganchada a los cabellos y algunos trozos en las mejillas. Los ojos rojos y la boca temblorosa. El resto de su cuerpo también estaba sucio. Naruto se acercó a ella rápidamente y empezó a quitarle restos sin importarle lo más mínimo que ella protestara.

—Mamá — habló con una seriedad inesperada en él—. Llevaré a Sakura-chan a su casa. Luego nos vemos.

Kushina asintió y los dejó marcharse.

Quizás había pensado de más y su hijo todavía sentía algo por Sakura, lo suficiente, como para que no se fijara en aquella adorable chica de cabellos largos que había heredado los mismos ojos de su padre.

Sin embargo, Kushina sabía que, si un buen día Naruto la traía aferrada de su brazo y la presentaba como su futura mujer, ella estaría realmente feliz por él.

(…)

Naruto sostuvo con firmeza la cintura de su mejor amiga y, de la chica que siempre había estado enamorado. Había estado tan estúpidamente concentrado en Hinata, que se había olvidado por completo que dejó a Sakura a solas con un malhumorado Sasuke. Si él a veces era incapaz de tratarlo, menos Sakura. Y ella no se merecía ese trato. Porque estaba seguro de que todo aquel desastre lo había hecho Sasuke de algún modo.

Maldición, si tan solo hubiera estado atento…

Pero desde que había pasado aquello con Hinata no podía quitársela de la cabeza. Es más, en esos momentos no cesaba de darle vueltas sobre si estaría bien o no. Su padre parecía demasiado estricto y le preocupaba que fuera capaz de golpearla. Aunque no todos tenían que ser como el padre de Sasuke, o al menos, eso esperaba.

—Naruto.

Volvió en sí al escuchar a la chica. Se habían detenido frente a la casa de esta, sin darse cuenta del largo camino mientras sus pensamientos se repartían de un lado a otro. De un brinco, liberó su agarre y levantó las manos a tiempo de esquivar un golpe que nunca llegó. Parpadeó e inclinó la cabeza mientras la veía meter la llave dentro de la cerradura y girarla.

Momentos después ella subía escaleras arriba mientras que él cerraba la puerta de la calle y saludaba a la madre para subir tras ella. Nada más llegar la primera prenda de ropa le golpeó la cara y algunos restos de comida se le pegaron a la piel, asqueado, se quitó lo que resultó ser la camiseta de Sakura y un trozo de pasta.

Sakura continuó desnudándose delante de él, golpeando la ropa contra el suelo y quedándose en ropa interior. Naruto primero tuvo que luchar con su lado adolescente que le gritaba y hasta tiraba fuegos artificiales, felicitándose a sí mismo por la suerte que tenía, pero, por otro lado, su instinto, por muy estúpido que fuera a veces, le gritaba que había visto suficiente.

Dejó caer la prenda y se acercó hasta la cama. Con un rápido tirón aferró el edredón entre sus dedos y un momento después, éste la cubría. Justo a tiempo, pues Sakura ya tenía intenciones de continuar con la ropa interior.

Temblaba y parecía intentar evitar que el llanto escapara a su control.

—Sakura-chan. No sé qué ha pasado, Dattebayo, pero Sasuke no está en su mejor momento.

La soltó y se pasó una mano por el rostro. Estaba sudado y también le temblaban las manos. Demonios, la mujer de la que estaba enamorado se había desnudado delante de él, había sido herida por su mejor amigo y no podía partirse entre ambos.

—…. Ta..

Naruto volvió la cabeza hacia ella y arqueó una ceja.

—¿Qué?

Sakura asomó la cabeza por encima del edredón que había amortiguado su voz. Los ojos verdes brillaban por las silenciosas lágrimas, pero pese a todo, su mirada fue firme.

—Gracias — dijo sin embargo. Naruto guiñó los ojos sin comprender.

Sakura pasó por delante de él y corrió hasta adentrarse en el cuarto de baño. Un instante después se escuchó el agua golpear contra la bañera. Naruto se frotó el rostro una vez y se sentó sobre la cama tieso como un resorte. No podía calmarse.

No estaba seguro del todo, pero algo sí había entendido de ese susurro. No era sencillo, pero siempre había contado con buen oído.

Me gustas…

La imaginación de Naruto comenzó a pasarle malas jugadas. De verse a sí mismo intentando luchar contra la tentación, se vio teniendo una plena fantasía ahí mismo. Sakura envuelta en el edredón, se giraba para mirarle y sensualmente sus labios se movían y susurraban aquellas dos deliciosas palabras.

Sin embargo, algo extraño pasó, obligándolo a ponerse en pie de golpe y frotarse las manos en los pantalones.

No era Sakura quien terminaba de aparecer en su fantasía. No eran aquellos cabellos rosas o el aroma a cerezos. Lentamente, el cuerpo de la chica crecía en volumen bajo el cobijo del edredón. Sus cabellos se oscurecían y alargaban, lacios y suaves. Y su mirada verdosa se convertía en perlas cálidas.

Hinata había terminado por ocupar todo el lugar de Sakura.

Y aquello no era bueno. Nada bueno… Porque… ¿Se podía cambiar de sentimientos de la nada?

(Flashback)

Naruto lanzó la mochila sin pensárselo dos veces. Incluso con el peso de los libros la rabia que le entró fue suficiente como para que su brazo soportara el peso y diera de lleno a su objetivo. El chico se frotó el hombro dolorido y giró la cabeza para encararle, sin embargo, otro objeto salió volando en su dirección y estalló contra el centro de su frente. Una flauta cayó en el suelo y cuando giró para ver quién había sido, Sasuke se encontraba a su lado, agachándose para recoger el instrumento musical que se encargó de guardar después lentamente en su estuche.

Ignoró a su mejor amigo para fijarse en la chica. Tenía los cabellos revueltos de los tirones de pelo, la cinta del pelo de lado y casi arrancada. Un moratón en la mejilla derecha y el labio le sangraba. Retrocedió cuando se fue a acercar a ella, pero él no decayó. La tomó de la mano y sonriendo, tiró de ella hasta la fuente.

La chica se mostró algo reacia al principio y hasta Sasuke se vio dándole un suave empujón para animarla, aunque fuera gruñendo.

La chica se lavó la cara e hipo varias veces mientras agradecía que la protegieran. Naruto se había rascado la nuca, avergonzado y mientras alegaba que no había sido nada, la chica, para sorpresa de los dos chicos, besó a cada uno en el carrillo.

¡Sakura! — Una chica rubia corría hacia ellos mientras saludaba con la mano izquierda levantada. La susodicha al verla, se le iluminó el rostro y corrió en dirección de esta, abrazándola con todas sus fuerzas.

¡Gracias! — Les gritó antes de desaparecer.

(Fin del flashback)

Ahí fue cuando conocieron a Sakura por primera vez. Y sospechaba que aquella chica rubia era Ino. Luego más tarde, cuando ambas llegaron a clases, fue como si el destino le hubiera traído una gran oportunidad y confirmara su gran amor por ella. Aunque su peli rosa nunca le daba pie con bola, estuvo seguro de que solo era tiempo lo que necesitaba.

Lo único que atormentaba ahora mismo sus sentimientos, es que su cuerpo palpitaba. Y no era el recuerdo del edredón contra su cuerpo, si no el suave y marcado cuerpo de Hinata cuando la había tenido contra la pared un día atrás para marcar su prioridad.

(…)

Su hermana no solía cocinar. Tampoco solía estar en casa los sábados hasta la noche. Y que aquel ritual hubiera cambiado era algo que podía haberle molestado por un instante. Especialmente porque le cortaba sus planes. Sin embargo, lo que más le mosqueó era que en la entrada no solo estaban los zapatos de Temari. Unos zapatos grandes, de hombre, se encontraba junto a las botas de calle de su hermana mayor.

Además, olía condenada bien. Como entre semana cuando ella cocinaba para ambos y él terminaba comiéndose la comida fría, que después vomitaba al sentarle como una patada en el estómago, o la tiraba en la papelera.

—Gaara.

Sasori habló tan cerca de él que su aliento le golpeó la nuca. Si hubiera estado más preocupado por otras cosas le habría garantizado un codazo en las costillas para mantener la lejanía de sus cuerpos. Sin embargo, había dirigido la mirada hacia la única luz que salía de toda la casa: de la cocina.

Se quitó las botas y las dejó caer de cualquier manera en la entrada, mientras su primo hacía lo propio, entró más hacia el interior. Sin encender luz alguna, llegó hasta la cocina. Escuchó a su hermana gruñir alguna frase y como alguien le contestaba, arrastrando las palabras. Para su sorpresa, no era una voz de hombre, sino de mujer.

Sasori estaba ya a su lado. Extendió la mano derecha para indicarle que fuera a su habitación y le esperase, pero Sasori pareció entenderlo mal, porque se adelantó a él y entró directamente a la cocina, asomándose. La voz de Temari fue la que se escuchó en alto esa vez.

—¿Sasori-Kun? — cuestionó con sorpresa a la par que se levantaba de la silla y apoyaba sus manos en la mesa—… ¿Gaara?

Gaara entrecerró los ojos y entró. La condenada manía que tenía su hermana de que cada rincón tuviera luz a veces era irritante.

Sasori se acercó hasta la mesa para picar algo de lo que había en ésta. Fue entonces cuando la vio. Una chica. Realmente la visita era una chica. Entonces, ¿por qué botas de hombre? Lo comprendió cuando pudo verla mejor al echarse Sasori hacia atrás mientras masticaba un trozo de galleta de té entre los dientes.

Pelo castaño, ojos negros y tez ligeramente pálida que resaltaba su mirada. Su ropa, de sudadera gris y pantalones militares de hombre encajaban perfectamente con las botas que había visto antes. Se encontraba sentada en el otro lado de la mesa, frente a una taza de té y con un trozo de galleta que sostenía en su mano izquierda, la cual resbaló cuando sus ojos se encontraron.

—Vaya. ¿Quién es el gatito asustado? — cuestionó Sasori agachándose para recoger a la par que ella el trozo de galleta. La muchacha frunció el ceño.

—No soy un gato asustado. Soy Matsuri — se presentó poniéndose en pie como un resorte y alejándose de su primo.

Temari suspiró y se frotó el ceño.

—Sasori, no la asustes — demandó. Su primo torció ligeramente la cabeza, aburrido.

—No lo hacía. — Luego volvió su interés hacia su prima—. Te queda bien el uniforme.

Temari arqueó una de sus rubias cejas sin comprender, hasta que su mente rebeló la realidad.

—Se me había olvidado que estabas en ese instituto— musitó.

—Tampoco te interesó verme.

Gaara bufó, se acercó hasta la nevera y observó una fiambrera con restos de pollo con arroz. Lo sacó y aferró dos cubiertos para dirigirse hacia la salida. Casi tuvo que arrastrar a Sasori hasta su dormitorio.

—Con ellas aquí no podremos hacerlo — protestó el otro pelirrojo observando la comida sobre su revuelto escritorio—. ¿No vas a comer?

—No — gruñó.

Sasori le observó de arriba abajo, como si pudiera ver debajo de la sudadera, de la camiseta y de los oscuros pantalones vaqueros. Gaara se vació los bolsillos y dejó caer sobre la cama la bolsita, el mechero y la jeringuilla.

—Oí… ¿Y si tu hermana entra? — exclamó su primo abriendo ya la fiambrera. El olor de la comida le revolvió el estómago.

¿Cuánto hacía que no comía en condiciones? Ni lo recordaba.

—No entrará — respondió buscando en el cajón de su mesilla de noche la goma elástica—. Tiene visita.

Cosa que le extrañaba. ¿Quién demonios era ella? Le sonaba de algún lugar. De haberla visto en algún instante de su vida. Quizás cuando todavía iba a clases, pero aquel recuerdo era vago y algo confuso. No recordaba al resto de sus compañeras y pocas veces había tenido un contacto primordial con las pocas mujeres a las que había recurrido necesitando un sofoco masculino. Y las podía contar con las manos.

Se levantó la manga de la sudadera mientras sostenía entre sus dientes la goma elástica. Cuando la llevó casi hasta la axila, empezó a atarse la gomilla alrededor del brazo de forma que bailara alrededor de este. Luego, se inclinó hacia el paquete y lo revisó.

—Es fuerte — advirtió Sasori masticando ya la mitad del plato—. Por eso, deberías de esperar a que tu hermana no estuviera. No sabes qué pasará.

—¿No tienes una mierda de exposición o algo? — Su primo realmente lo estaba cabreando ese día.

—Con Deidara, pero se ha cancelado — bufó el otro mordisqueando un trozo de pollo—. Al parecer, ha encontrado una diversión especial y se le ha olvidado.

Gaara conocía a la perfección lo que su primo llamaba "diversión especial". Era su forma de dirigirse a las mujeres cuando solo eran desechables por alguno de sus compañeros. Sin embargo, nunca había visto a su primo estar con una. Ni siquiera las miraba directamente si estaba excitado. Gaara había llegado a preguntarse si era gay, pero su hermana se había encargado en negárselo cuando un día en que él se encontraba viendo la televisión de forma aburrida y con un tremendo zapping, que, según sus tíos, su primo estaba viéndose con una chica en esos días.

Gaara nunca la había visto.

Por ese mismo motivo también le había sorprendido que coqueteara de aquella forma con... ¿Cómo demonios había dicho que se llamaba?

—Mierda, el mechero no va — gruñó.

Se quitó la goma frustrado y bajándose la manga salió en dirección nuevamente a la cocina. Se la encontró ahí sentada, sola, mirando la taza como si fuera la cosa más interesante del mundo. Al escuchar los pasos levantó la mirada hacia él, parpadeó y luego volvió a centrarse en la taza.

Gaara caminó en dirección al mechero de la cocina, descansando sobre su soporte junto a la hornilla.

Matsuri.

El nombre le vino a la cabeza justo cuando tocaba el mechero entre sus dedos. Lo cogió y se llevó una mano hasta el bolsillo donde guardaba el tabaco. Al sacar un cigarrillo y volverse, se encontró con sus ojos clavados en él con sorpresa. Gaara arqueó una ceja mientras se ponía un cigarrillo en la comisura de los labios.

—¿Vas a fumar? — Una tímida vocecilla fue lo que salió de ella.

—¿Por qué? — gruñó.

Y se preparó para recibir un sermón. Que si fumar mata, que si te hace oler mal, que si te pone los dientes amarillos, etc. Sin embargo, la chica sacudió la cabeza.

—Fumar cuando se está resfriado no es bueno. Puede venirte un ataque de tos y terminar por ahogarte.

Casi se le cayó el cigarro de la boca.

—¿Qué?

La chica levantó las manos, como si creara una barrera entre ambos pese a las distancias. Demonios, tendría que pasar la mesa para poder llegar hasta su altura.

—Temari dijo que estabas constipado y por eso habías dejado de ir a clases.

Vaya. Aquello sí que fue una sorpresa. Su hermana continuaba con la esperanza de que él volviera a sentarse frente a un escritorio como un niño bueno y estudiara. Quizás hasta ya podía verle sentando la cabeza, largándose del lugar con una buena familia y unos niños que la llamarían tía.

Encendió finalmente el cigarrillo y caminó hacia la salida ante la atenta mirada de la chica.

—Eres de la clase — dedujo. Ella asintió y cubrió su pequeña boca para toser. Gaara expulsó el humo hacia el comedor.

—Sí. La primera vez que nos vimos te sentabas cerca de la ventana en la parte trasera.

Él la miró en espera. Ella sonrió con timidez.

—Yo me sentaba en primera fila, porque por aquel entonces llevaba gafas. Luego, Temari y tú dejasteis de venir a clases. Desde entonces, no supe nada más hasta ahora. Bueno, en realidad eso no es del todo verdad.

La cosa comenzaba a ser molesta. Se frotó el pecho y miró hacia la puerta de su dormitorio. Necesitaba ese chute urgentemente. Quitarse de encima todo. Antes de que los recuerdos regresaran. Antes de que su consciencia le pateara de nuevo el trasero y le recordara las muchas promesas que nunca más cumpliría.

—Te vi de refilón…— ella continuó, ajena a todo—… en el funeral de tu hermano.

Entonces todo se volvió lentamente negro. Apretó entre sus dientes el filtro y estaba ya cerca de ella cuando una mano le aferró el hombro. Se volvió en busca de la persona que le había sostenido y se sorprendió al encontrarse la verdosa mirada de su hermana.

—Gaara, es suficiente.

Por un instante estuvo a punto de empotrarla contra la pared, de gritarle que todo terminaría cuando se muriera, sin embargo, suspiró. Lanzó el cigarrillo sobre la mesa para que ambas mujeres se entretuvieran en encargarse de que la mesa no se incendiara y regresó al dormitorio.

Sasori estaba inclinado sobre el paquetito, moviéndolo entre sus dedos cuando él le lanzó el mechero.

—Hazla rápido.

(…)

Temari había pasado un miedo increíble. Pero más que por ella, por Matsuri. La chica estaba perpleja y había volcado la taza de té con el codo. Temari se afanó en recoger el líquido, la colilla y disculparse. Su hermano podía ser un demonio cuando menos lo esperaba. Y quizás era culpa suya. Temari solía marcharse los fines de semana a cualquier parte por tal de quitarse de en medio. De no tener que ver cómo su hermano se hundía por sí solo en lado oscuro de la vida.

Ya había tenido suficiente el otro día. Aun le dolía las lumbares.

—Ha sido culpa mía — murmuró Matsuri cuando Temari secaba la mesa—. Dije algo que no debía.

Temari arqueó una ceja y recogió el trapo cuando vio suficientemente seca la mesa.

—Hablé del… funeral sin pensarlo. Seguramente él no me recuerda, pero acudí a él como uno de los tantos trabajadores de vuestra empresa.

Temari lo recordaba. Por aquel entonces, Matsuri era más delgada, con los cabellos largos, el flequillo cubriéndole los ojos para ocultar las gafas de montura que afeaban sus rasgos. Por ese motivo le había costado tanto reconocerla y hasta esa mañana en que ambas se habían encontrado en las compras del mes, no se había percatado. Temari se había disculpado por no haberse fijado más en sus compañeras de clase, así, no habría hecho el ridículo.

Aquel día, pese a los nervios, las lágrimas y la revolución que sentía en el cuerpo, recordaba haber visto a la chica rondar por entre los tantos trabajadores y portando el respectivo traje oscuro para esas ocasiones. Gaara probablemente no lo recordaba.

Su hermano había estado de pie durante largas horas frente a la tumba, soportando a sus espaldas las críticas de familiares y no. La frase más bonita que Temari recordaba le estrangulaba el corazón.

(Flashback)

El cura dio su último discurso justo cuando el primer ensordecedor estruendo cruzó el cielo. Temari se preguntó por qué siempre tenía que llover en los funerales. Por un instante pensó que era bueno imaginarse que el cielo también lloraba, pero ni siquiera eso era un consuelo. Porque por más que el cielo llorase, su hermano no iba a regresar. Sus huesos estaban apretados en un ataúd, bajo la tierra que ahora empezaban a echar encima antes de poner la fría lápida que marcaría aquel lugar como la morada de reposo eterna del cuerpo de su hermano.

Los cuchicheos empezaban a marcharse también a medida que la arena cubría cada vez más la fosa. Su padre se encontraba a un lado, de pie, observando fríamente como su heredero terminaba sus días en el mundo terrenal.

Alguien levantó la voz.

Es una verdadera lástima. Ese chico no merecía morir. Era el mejor de los tres. Hubiera sido mejor que el pelirrojo muriera. Ese chico endemoniado que fue capaz de matar a su madre. Ahora, entierra a su hermano.

Temari había apretado los labios mientras los hombros le temblaban. Su hermano no se inmutó. Estaba de pie frente a la tumba, sin molestarse en echarse hacia atrás. Dejando que la tierra manchara sus zapatos nuevos y parte del traje. Tenía las manos dentro de los bolsillos pero Temari podía imaginar que mantenía los puños apretados.

Gaara no soltó ninguna lágrima. Su rostro frio e imperturbable, como si llevara puesta una máscara.

(Fin del flashback)

Desde entonces su hermano había mantenido esa careta en su rostro. No se inmutaba si no era cuando se volvía loco. A veces le parecía un demonio, como si llevara un monstruo en su interior. Y eso la aterraba. Eran pocas veces las que "despertaba", y cuando lo hacía, era como un caos en plena calma.

Y últimamente no le reconocía. Estaba segura de que su hermano había sido tierno. Que alguna vez se había metido bajo sus faldas por miedo. Que siempre correteaba detrás de su hermano mayor en busca de consuelo o hasta de consulta. Y cuando comenzaron el instituto, Gaara se apoyó sumamente en él. Esperaba fervientemente que el futuro le llevara a hacer algo grande que, a ojos de su padre, fuera tan maravilloso y capaz de hacerle sentir orgulloso como su hermano.

—Gaara está en una etapa difícil, solo eso. — intentó excusarle—. Es un buen chico, te lo aseguro.

Matsuri sonrió y descartó con un movimiento de la mano.

—En realidad, no tiene que disculparse por esto. Yo soy una trabajadora más. — Sonrió y se levantó—. Y vine a su casa para incomodarle. Fue una comida deliciosa, de verdad. Pero será mejor que me marche ya.

Temari no pudo más que darle la razón. Se echó una chaqueta por encima y la acompañó hasta la misma puerta. El frio le caló hasta los huesos y se apretujó más en el abrigo mientras Matsuri levantaba una mano como despedida y prometía verla el lunes en clases. Temari asintió y se quedó observando como la chica se marchaba.

Se alegraba de habérsela encontrado cuando compraba y haber tenido tiempo de charlar de cualquier cosa que la hiciera olvidar de su situación real. Aunque hubieran sido cosas triviales mientras comían y bebían té. Y estaba segura de que, si Gaara no lo hubiera echado todo a perder, continuarían hablando, aunque fueran cosas banales.

Se abrazó a sí misma al sentir una helada corriente de aire frio.

—Pescarás un resfriado, prima.

Giró la cabeza para encontrarse con su primo. Sasori era irritante algunas veces y la otra gran mayor parte era imposible saber qué pensaba. A veces, parecía estar dentro de una de esas tantas marionetas que a su hermano y él le gustaban fabricar. Sasori se había quedado con la mayor parte de su hermano cuando éste falleció al llevar la pequeña empresa entre ambos. Sasori todavía estaba estudiando y por ese mismo motivo, fue Kankuro quien se cargó de casi todo.

Ahora, todo le pertenecía a él. Y Sasori era muy serio en cuanto a continuar su legado.

Esa era la única parte que le gustaba de su primo. El resto, era una completa capsula que presentía que, si la abría, encontraría un fango que la atraparía y la arrastraría con él. Pese a todo, Sasori siempre fue un buen primo mayor para Gaara. Aunque sospechaba que últimamente lo ayudaba a ir por el mal camino, en cierto modo, se alegraba de que estuviera a su lado.

—¿Y Gaara? — cuestionó frotándose los brazos.

—Le he dejado dormido.

Aquello le sorprendió. ¿Gaara durmiendo? Su hermano era el Rey de permanecer despierto. Sasori emitió una leve sonrisa, esas de las que eran escasas y solo colocaba cuando estaba siendo travieso, otorgándole un aspecto incluso más joven. A veces Temari sospechaba que fuera capaz de utilizar el mismo componente que usaba en sus marionetas consigo mismo.

El pelirrojo levantó una mano como despedida. Temari no tardó demasiado en regresar. Nada más entrar comprobó que su primo no mentía. Gaara estaba tumbado en su cama, a oscuras, con un brazo estirado y una pierna cayendo a un lado de su cama. Emitió un leve ronquido antes de que ella cerrara la puerta.

Aquello realmente era una sorpresa.

(…)

Hinata miró preocupada la puerta de su habitación. Esperaba ver entrar a su padre en cualquier momento, hecho una furia o dispuesto a soltarle alguna frase que le recordara que ella estaba ahí para llevar a cabo su plan. Incluso temió que Neji entrara para echarle en cara haber estado con Naruto.

Pero es que era imposible no pensar en el rubio. Llevaba enamorada de él desde la primera vez que le viera. Cualquier cercanía, cualquier sorpresa, era algo que provocaba que ella vibrara hasta el fondo de su alma.

Y aunque la situación no era la más idónea, se había sentido inmensamente feliz de que él hubiera corrido para buscarla en el hospital. Aunque su padre hubiera interrumpido su oportunidad de estar juntos unas horas más.

La puerta crujió cuando se abrió, pero no fue ni su padre ni su primo quien la atravesó. Hanabi le sonrió divertida mientras entraba y cerraba tras ella. En un instante estaba en la puerta y en el otro, estaba subida sobre la cama, dando saltitos.

—¿Y bien? ¿Le has visto?

Hinata tardó en comprender que su hermana se refería a Sasuke y no a Naruto. Había estado a punto de hablarle sobre él, pero Hanabi estaba sumamente interesada en el moreno desde que le viera tiempo atrás, cuando acudió a su clase para llevarle algo que Hinata se había olvidado. Cuando su hermana se enteró de que estaba prometida con él Hanabi empezó a hacerse ilusiones y cada vez que tenía oportunidad, no dudaba en decirle lo interesante que le parecía su cuñado.

Si no fuera porque Hinata no deseaba que Hanabi viviera la misma experiencia que ella, le habría cambiado el puesto con gusto. Ella no quería al oscuro Sasuke. Ella amaba al brillante Naruto.

—S-sí — respondió. Los ojos de Hanabi brillaron—. Pero no fue cómodo. Con papá y su padre ahí…

—Tu suegro — corrigió su hermana frunciendo el ceño—. He escuchado que es un hombre bueno con las mujeres. Así que te tratará bastante bien. Su mujer vive como una reina, fíjate.

—Eso no lo sabes, Hanabi — reprendió.

—No te dejes llevar por los rumores — atajó la pequeña tomándola de las manos—. ¡Imagínate! Ese chico tiene que ser un diez como marido. Si ha aprendido de su padre, seguro que tú también vivirás como una reina.

Hinata lo dudaba. Sasuke actuaba como si la odiara. Como si encontrarse en esa situación fuera lo más horrible del mundo. Era consciente de que no era una mujer diez, que quizás no fuera de su gusto, pero de ahí a que la despreciara como si fuera la mujer de otro al que no debía de tocar, era horrible.

Hanabi se hartó de hablar maravillas sin cesar del susodicho, desconociendo cómo era realmente el chico. Hasta ella misma se daba cuenta de que apenas conocía otro lado que no fuera el despreciable del Uchiha. Pero Hanabi lo veía todo de forma maravillosa, como en un cuento de hadas. La realidad no tenía nada que ver.

Cuando su hermana decidió que ya le había dado bastante murga por el día de hoy, se marchó. Fue entonces cuando Hinata tomó su teléfono y revisó el mensaje que había recibido la noche anterior.

Sasuke terminará en el hospital. Cuídalo. Hiashi y Fugaku irán a verle el sábado, que es el único día en que ambos hombres encontrarán tiempo para sus tareas como progenitores. Procura estar con él.

Miró el remitente de nuevo y la palabra "desconocido" continuaba ahí. Ninguna firma, ningún aviso. Ningún nombre. Solo una dirección.

Había corrido hasta el parque con la loca idea de que Naruto pudiera estar ahí. Y estaba, cuando llegó, pero no era el herido. Si no Sasuke. Naruto cargaba a su amigo hasta un taxi. Hinata se había quedado mirando el suelo ensangrentado y se preguntó si no sería de personas horribles pensar que se sentía aliviada.

Volvió a su casa arrastrando los pies. Su mayordomo advirtió a su padre y éste ya la esperaba junto a la chimenea, con una taza de té en la mano y la mirada severa de siempre.

(Flashback)

Eres consciente de la hora qué es.

Hinata asintió a la par que apretaba las manos en la bata que no había tenido cuidado de quitarse.

¿Por qué, entonces?

Hinata tragó saliva. Había comprendido que el mejor modo de tratar con su padre desde la muerte de su hermano era siempre diciéndole la verdad.

Recibí un mensaje en mi móvil, advirtiéndome de que Sa-Sasuke-kun estaría herido en el parque…

Hiashi entrecerró los ojos.

Y tú has tenido que acudir.

Hinata mordió su labio inferior y cabeceó. Por muy honrada que quisiera ser ante su padre, estaba por mentirle. Y su boca habló antes de que ella pudiera ser consciente de que lo hacía.

No… podía dejar de pensar que mi prometido podía estar muerto… herido de muerte o… a saber cómo.

Hiashi dejó la taza de té sobre la repisa de la chimenea y cruzó los brazos, cubriéndolos con las amplias mangas de su kimono.

Ha sido demasiado temerario de tu parte. Podría haberte ocurrido cualquier cosa a ti misma… ¿Por qué no pensaste si quiera en llevarte a tu primo? Si han sido capaces de darle una paliza de ese tamaño a un chiquillo como Uchiha, imagina lo que habrían hecho contigo, Hinata.

Hinata negó y apretó más los dedos contra su ropa.

Neji-nii-chan podría haber estado en peligro.

Su progenitor frunció el ceño de tal forma que Hinata cerró la boca con tanta fuerza que se mordió la lengua. Tuvo que hacer su mejor esfuerzo para no gemir y protestar de dolor.

Hinata, no sabes cuánto te esfuerzas en decepcionarme. Por ese mismo motivo decidí que fueras tú, y no Hanabi, quien ocupara tu lugar. Sé que los Uchiha no son lo mejor del mundo, pero sus empresas militares sí. Está bien que te esfuerces como futura esposa, pero dedícate a conservar tu cuerpo para crear un heredero que termine absorbiendo ambas empresas y sea mejor que tú. Bastante herida estás ya.

Estupefacta, mientras su padre abandonaba la instancia, solo pudo saborear el propio sabor metálico de su propia sangre.

(Fin del flashback)

Se llevó una mano al vientre, donde las gasas remarcaron su lugar todavía ahí. Sonrió amargamente mientras se tumbaba sobre la cama. ¿Conservar su cuerpo? ¿Por qué los adultos solo podían verlos como trozos de carne que manejar a su antojo?

Estaba completamente segura que si Uchiha tenía que apartar las ropas para verla desnuda, la cara de asco que pondría sería lo que llevaría al divorcio lo más rápido posible.

Ella sería repudiada, encerrada probablemente de por vida.

Y jamás volvería a verle.

Desvió la mirada de la pared hasta la mesita de noche. La fotografía de aquel día en la piscina estaba en un cuadro. Su padre se la había permitido mantener porque Sasuke salía en ella.

Ella la conservaba porque Naruto aparecía.

(…)

Kakashi pasó página nuevamente. Aquellos historiales estaban cargados de mentiras y más mentiras. A cuál más nefasto para su clase. Cuando las sienes empezaron a dolerle dejó la carpeta a un lado. Fuera llovía y los cristales se empañaban.

Tsunade había insistido en que echara un vistazo al historial del Uchiha, especialmente. Sin embargo, con tantas mentiras no le encontraba lógica a nada. Y en tan solo tres clases no había sido capaz de comprenderles del todo. Esos chicos estaban cerrados a los adultos y no les culpaba.

Un gemido llegó a sus pies. Pakkun levantó una pata para rozarle su pierna. Kakashi le puso una mano en la cabeza como caricia y miró hacia el exterior. Estaba siendo tarde.

Se giró para levantarse con ideas de acostarse, cuando se percató de la luz encendida en el contestador. Presionó el botón y esperó. La cinta se rebobino y luego la voz tan familiar salió de él. Tuvo que apoyarse contra la mesa para sostenerse.

—Kakashi… soy yo. Sé que hace mucho tiempo ya. Pero voy a regresar. Gracias por la recomendación para Tsunade. Nos veremos pronto. … Te quiero.

Se llevó una mano hasta la mandíbula. Dios santo, se había olvidado por completo de aquella recomendación. Fue antes de que nada pasara, antes de que los de 2-b estuvieran en proyecto si quiera.

Ahora se sentía completamente ridículo.

Continuará…


n/a

¡Muchas gracias, antes que nada, por sus rw, follows y demás!

¡Gracias por hacerme crecer! Nwn

Bueno, sé que este capítulo parece que no tiene nada, pero tiene mucho. Muchas cosas se han desvelado, otras se han enredado. Muchas intrigas continúan.

¿Qué será lo que siga?