Editado 2022


ºRoturasº


Y lentamente...

Los cambios en ti mismo son algo que ni siquiera eres consciente hasta que sucede lo que menos esperabas de ti.


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Hundió la mano entre el hielo, sintiendo los pedacitos quemarle la piel. Por un instante, le pareció curioso que algo helado quemara, pero no tenía tiempo de pensar en las clases que se había perdido para poder comprender aquel estado en su piel.

El pequeño USB chocó contra sus dedos justo en el mismo momento en que temió no poder aguantar más la sensación. Tiró del objeto y suspiró aliviado, sacudiendo manos y dedos en busca de que su circulación regresara a ser la misma. El aparato fue directo al bolsillo de la camisa y dos pequeños cubitos al vaso que había fingido rellenar.

Rebuscó el móvil dentro de su pantalón y casi sudó al ver la pantalla llena de tantas llamadas perdidas. Maldijo entre dientes y caminó de regresó hasta su mesa, sentándose y llevándose el móvil hasta la oreja.

—Hanabi. ¿Qué ocurre?

La voz de su prima menor era contraria a lo frecuente. Temblorosa, susurrante, como si no deseara que nadie la escuchara.

—¿Hanabi? — cuestionó rebuscando su cartera.

Su prima emitió un ligero suspiro.

—Han vuelto a secuestrarla.

Neji detuvo su mano en medio del camino de su cartera a la mesa. Las sienes le palpitaron con fuerza y la voz se le congeló.

—¿Neji-nii-sama? — Hanabi susurró.

—Voy para allá.

—No, espera. Aquí tenemos un caos de demonios. Papá casi mata a Naruto y ahora ha venido su madre. También está Sasuke aquí y por la pinta, no está nada contento. La policía también está intentando averiguar qué pasa.

Neji se frotó el ceño, confuso.

—¿Cómo que Naruto está ahí? ¿Por qué?

—Trajo la mochila de Hinata a casa.

—¿Qué? — exclamó dejando el dinero finalmente sobre la mesa— ¿Qué demonios hacia Naruto con las cosas de Hinata-sama?

Hanabi se tomó su tiempo en responder. Una mujer se chochó contra él y cuando logró salir al exterior casi quedó atrapado en el cumulo de personas de la calle central. Miró a su alrededor en busca de un lugar apartado.

—Al parecer fue el último que la vio antes de desaparecer.

Neji puso los ojos en blanco.

Hinata estaba completamente enamorada del rubio desde hacía años. Aunque la muchacha se había esforzado terriblemente por, no solo hacer feliz a su padre, esconder lo que sentía por él y romperse en mil pedazos a medida que todo sucedía. Aceptó un casamiento que no la haría feliz y acalló las diferentes acusaciones de su progenitor. Neji se había enfocado en protegerla con intenciones de evitarle cualquier herida más. Y para un condenado día que su tío le pide hacer otra cosa…

—Maldita sea— gruñó.

Golpeó la pared a su lado, escuchando un grito de sorpresa y mientras parpadeaba, su brazo fue apresado con fuerza y su cuerpo echado hacia delante. Unos segundos más tarde reaccionó, dejando caer el móvil e impidiendo que, fuera quien fuera, terminara de efectuar la llave sobre él.

Clavó sus ojos sobre el sujeto, deteniendo el golpe de su puño justo a tiempo. Ambos se miraron con sorpresa, jadeando.

—¿Tenten? — ladró incrédulo bajando el puño—. ¿Qué haces?

La muchacha tenía las mejillas enrojecidas y los ojos abiertos como platos. En su mano derecha sostenía un cuchillo tuneado y personalizado para sus pequeñas manos. Con un rápido movimiento, lo guardó en el bolsillo del pantalón, sin apartar la mirada de él.

—¿Vas a quitarme las manos de encima?

Neji reaccionó. Apartó las manos de ella y arqueó las cejas.

—Pensé que eras uno de esos que buscan cosas extrañas de las chicas— murmuró la joven pasándose una mano por la nuca—. Golpeaste de un puñetazo la pared. Me asusté.

—Y tu casi me cortas la nuez— contrarrestó dando un paso atrás. Algo crujió bajo su pie—. Maldición.

Su móvil acababa de perecer bajo su propio peso. Miró hacia los restos, maldiciendo, cogiéndolo e intentando en vano que funcionara.

—¿Ocurre algo? — Tenten volvió a entrar en su rango de atención.

—No— gruñó guardándoselo en el bolsillo—. Tengo que regresar.

Tenten levantó una mano, sosteniéndole el hombro.

—Me ha llegado un mensaje de advertencia por parte de los profesores. ¿Es cierto que han secuestrado a Hinata?

Neji sopesó por un instante qué sucedía. Hinata, Tenten, teléfonos, tarjetas de usb. Todo le daba vueltas en la mente. Tenía fama de genio, de saber de todo y ser capaz de resistir en equis situaciones, pero en ese momento, estaba perdido.

—¿Has recibido un mensaje del instituto? — cuestionó. Tenten asintió.

—La directora se ha encargado de hacérselo saber a todas las chicas de la clase. Nos han enviado mensajes personales. ¿Por qué?

Neji entrecerró los ojos, mirándola con suma fijeza. Si fuera Hinata, no tardaría en abrazarse a sí misma y farfullar cualquier cosa que alejara su interés de ella. Pero Tenten simplemente enarcó una ceja, manteniendo las manos en sus caderas en espera.

—¿Por qué estás fuera entonces?

Su pequeña boca se torció, un gesto que había aprendido que hacía cuando la descubrían en algo.

—Estaba… buscaba unas cosas que dejé.

Neji miró por encima de su hombro hacia el interior del callejón. No tenía salida y sin puertas. El único objeto que podría albergar cualquier material, era un contenedor de basura que pertenecía a la cafetería que él había abandonado momentos antes.

—¿En la basura?

Tenten se tensó de tal forma que sus labios perdieron color. Neji volvió a mirar hacia el contenedor y luego a ella, esperando una respuesta clara. La chica torció el gesto y rápidamente se ocultó bajo su cascarón de protección.

—No, claro que no. De todas maneras, ¿no deberías de estar con tu familia? Tu prima ha sido secuestrada, ¿recuerdas?

Claramente, Tenten deseaba disuadir la conversación hacia el punto que le interesaba. Neji simplemente frunció el ceño, pero tuvo que reconocer que tenía razón. No podía estar preocupándose por una chiquilla que tenía demasiados secretos, problemáticos, desde luego, pero secretos. Su prima y su tío eran siempre su primordial preocupación. Los necesitaba si deseaba venganza.

—Regresa al dormitorio de la escuela— ordenó para desgana de la muchacha. Neji giró sobre sus talones en busca de una rápida llegada hasta la altura de su moto—. No necesito preocuparme por nadie más.

Y se alejó.

(…)

Tayuya revisó el mensaje en su móvil y maldijo entre dientes. Esa condenada escuela cada vez la ponía de peor humor. No tenía suficiente con ser presa de sus paredes durante casi todo el día, que en sus horas libres tenían que vigilarla. Oh, y desde luego, imponer su política, recomendándola quedarse en casa para su seguridad.

Si había algo que le diera más coraje, es que alguien le dijera qué tenía que hacer. Había huido muchas veces de su casa por el mismo motivo. Las calles eran más su hogar que ese condenado nido donde su madre solo sabía gritar y sacudir la escoba como si de una vieja bruja se tratara.

Apoyó la espalda contra la pared, sintiendo la flauta encajarse en su costado. Aquel era el único recuerdo que tenía de un tiempo feliz. Un tiempo al que sí, estaba totalmente aferrada.

—¿No vas a hacer caso al mensaje, Tayuya?

Giró la cabeza y sonrió, negando. Extendió la mano y aceptó el cigarrillo que le ofrecían.

—¿Por qué has tardado tanto, Kabuto?

El joven de cabellos grises y gafas se subió las lentes por encima del tubo de la nariz. Un gesto característico en él cuando quería dar emoción a sus palabras.

—Tuve un percance en casa del primo de Sasori. Creí que iba a vender y al final, solo fue un desliz adolescente— explicó mirándola con suma atención—. ¿Qué hay de ti? ¿Progresos?

Tayuya sacudió la cabeza.

—Todavía no. Han puesto de delegado a ese maldito Nara y a Temari. Encima es por semana que cambian turnos. Este mes le tocaba a Karin, pero el Nara estaba con ella, así que no he podido convencerla.

Kabuto se recostó junto a ella contra la pared, ofreciéndole el mechero para encender el cigarro. Tayuya se lo permitió.

—¿Qué tienes contra ese Nara? — cuestionó mientras guardaba el mechero en la parte trasera de los vaqueros.

Tayuya bufó.

—Nada que te importe.

—Venga— animó Kabuto exponiendo aquella sonrisa falsa que también se le daba con los demás. Tayuya le golpeó con el codo en las costillas—. Solo es curiosidad.

—Es muy inteligente. Mientras él siga de delegado, será difícil para ti entrar.

Kabuto suspiró y echó la cabeza hacia atrás.

—A él no le gustará que seas tan ineficiente con estas cosas, Tayuya. ¿Sabes cuántos años lleva detrás de esa institución?

La joven maldijo entre dientes, tirando el cigarrillo en el suelo y pisoteándolo.

—¿Acaso crees que no lo sé? Maldición, por mí le abría las puertas ahora mismo. Pero sin una llave es imposible. Además— añadió, mirándole por encima del hombro—. Ha atenido muchos años para poder entrar. ¿Por qué ahora?

El joven se acarició los labios, divertido.

—Porque ahora está el tipo de alumnado que mejor se le da.

Y mientras Tayuya se mordía el labio para contener una maldición hacia su persona, él desapareció.

Miró al cielo, entrecerrando los ojos. ¿Cómo demonios había terminado en esto?

El sonido de algo caer su llamó su atención. Giró la cabeza para descubrir a la chica de moños de su clase, rebuscando tras un contenedor de basura. Incrédula, sonrió de lado, acercándose.

La basura tenía eso. Apestaba estuviera donde estuviera.

(…)

Hanabi apretó los dientes mientras observaban el video que había llegado hacía nada a las manos de Shikaku Nara. El policía se había rascado la nuca, incrédulo y miraba a su alrededor en busca de alguna opinión. Pero su madre estaban tan pálida como desconcertada y su padre no cesaba de pasear de un lado a otro, con el cuerpo en tensión. Kushina era la única que había chasqueado la lengua y daba golpecitos en el suelo, cruzando los brazos frente al pecho.

Al principio, le había asustado la conducta de esa mujer, sin embargo, después fue más como un huracán que necesitaba. Gritaba por cualquier cosa y remarcaba todo, mientras entre dientes, gruñía por su hijo.

Sasuke, el prometido de su hermana y el rubio alborotador, habían desaparecido poco después de que llegara aquella llamada advirtiendo que otra chica había sido raptada y ver el principio del video. Y, por lo que vieron en las imágenes, se trataba de una amiga de su hermana a la que solo había visto algunas veces en que su padre y ella recogieron a Hinata en el instituto.

En esos momentos, se podía decir que estaba la calma antes de la tormenta. Llamó a su primo con la esperanza de que llegara lo más pronto posible, pero la conversación se había cortado y el chico no respondía a sus llamadas. Era como si la tierra se lo hubiera tragado.

Unos minutos antes de que le cinta llegara a la casa, la mujer peligrosa y su padre se habían gritado cuando su padre tuvo la mala suerte de gritar que dejaran hacer lo que quisieran a un hijo inepto como el rubio.

Era natural, pensaba, que Kushina Uzumaki se enfadara. ¿Qué madre no lo haría si otro acusaba a su hijo de inepto? Su padre podría ser muy cruel cuando quería.

Se mordió el labio inferior, fijándose mejor en las escenas donde su hermana se agachaba con la chica y después entraba. Su hermana había entrado tranquilamente, pero la otra había efectuado un gesto de sorpresa característico de conocer a la persona. O mejor dicho, de aterrarle.

—La chica de cabellos rosas conoce al sujeto— señaló, mirando hacia los adultos. Ninguno le hizo caso.

Rodó los ojos, maldiciendo. Por eso le gustaba Hinata. Porque aunque estuviera rodeada de más personas siempre le haría caso.

La mujer pelirroja suspiró y miró hacia ella, parpadeando.

—¿Has dicho algo? — cuestionó.

Hanabi sintió su corazón latir frenéticamente.

—Sí. Que la chica de cabellos rosas parece conocer a la persona que hubiera dentro del coche.

Shikaku miró entonces con más detenimiento las imágenes, fijándose.

—Sí. Eso parece— asintió—. Por otro lado, ya hemos dado parte para que sigan la señal del móvil de Haruno. Esperamos que localicen la señal más pronto que tarde. Y…

Un ruido brusco llegó desde la entrada. Hanabi giró sobre sus pies para asomarse junto a los demás. Su primo entró, jadeando, limpiándose el sudor con el dorso de la mano y mirando hacia su padre inquisitivamente.

—¿Hinata?

Hiashi negó. Neji maldijo entre dientes.

—No. — Su madre levantó la voz y la clavó sobre su sobrino—. Ya tenemos bastante con dos adolescentes corriendo como locos por la ciudad. Neji, te quedarás aquí.

Neji no era de los que protestaban especialmente. Pero quizás en ese momento, sopesó Hanabi, estaba demasiado enfadado como para pensar a quién estaba dirigiéndose.

—¡Pero…!

Su madre dio una palmada, demandando silencio. Era un acto que siempre lograba lo que quería cuando ella y Hinata reían demasiado fuerte los fines de semana y ella ansiaba tranquilidad. Especialmente, para que su padre no despertara.

—Entiendo cómo te sientes, Neji. Pero tienes que pensar que, si desgraciadamente le ocurre algo a Hinata, tú eres nuestro único heredero. Por favor, se paciente.

Hanabi se mordió el labio inferior, apretando las manos en la ropa. Por supuesto. Ambas eran mujeres. Ninguna podía hacer sentir a su padre orgulloso sin ser un varón. Hinata estaba más que en edad casadera y ella todavía no.

—Qué ridiculez.

Clavó la mirada en nada, girándose lentamente hacia la pelirroja. Esta sacudía un pie sobre la madera y rechinaba los dientes, cruzada de hombros. Sus padres clavaron la mirada en ella.

—¿Perdone? — cuestionó su madre. Hiashi suspiró.

—Déjalo, mujer. No sirve de nada explicarle.

Y de nuevo, regresó el caos. La madre del alocado rubio empezó a gritar. Su padre no se achantó y su madre se vio envuelta sin quererlo, mientras el policía intentaba calmar la situación sujetando a la mujer de los hombros, echándola hacia atrás.

Hanabi descendió hasta estar cerca de su primo. Neji miraba hacia la puerta con los dientes apretados.

—Esto es un caos— murmuró. Neji descendió los ojos tan parejos a los suyos hasta ella.

—Sí, lo es. Un completo caos.

Y se miró las manos, impotente, atrapando una gota de lluvia en la palma al cerrarla. Hinata era su mayor preocupación.

(..)

Sakura clavó los ojos en la pared frente a ella. Hacía frío y la lluvia caía en el exterior con fuerza, como una cascada. Le dolía el costado de estar siempre en la misma postura. Con las piernas recogidas, los brazos hacia atrás y los hombros inclinados. Las muñecas le dolían por culpa de las cuerdas que la aferraban y según qué movimiento hiciera con el cuello, la tela que le cubría la boca le taponaba la nariz, impidiéndole respirar.

La cabeza le daba vueltas por culpa del terrible dolor y el mareo. Olía a naftalina de las que usaban en las lavanderías. Y la pared tras su espalda, pese al frio, estaba caliente. Eso indicaban que, pese a su desorientación principal, estaba cerca de la ciudad. En algún sitio al lado de la una lavandería para ser exactos. Pero, ¿de qué le servía?

Todavía estaba intentando asimilar lo que había sucedido.

(Flashback)

Hinata entró primero en el coche, mientras todavía sentía el estómago revuelto. Apretaba el pañuelo que le había dado entre los dedos, presionando la suave tela y maldiciéndose a sí misma por ensuciar algo tan delicado. ¿Qué clase de persona era ella? Todo lo arrasaba.

Había entrado en el coche, con la esperanza de poder llegar antes a su casa y darse una ducha más lavarse los dientes como nunca. Sin embargo, tras sentarse, la presencia de aquel sujeto fue lo primero que la sorprendió. Tuvo que parpadear dos veces para darse cuenta de que no era quien creía, pero cuando intentó escapar, éste le cerró la puerta tras sus narices y se vio acurrucada contra Hinata.

La muchacha había temblado a su lado, tomándola de la mano con ideas de tranquilizarla, pero por su mirada, ella necesitaba más paz. Tragó y giró el rostro para poder ver de nuevo a su secuestrador.

El parecido era tan grande…

¿Qué es lo que quieres? — cuestionó rechinando los dientes.

El sujeto se miró la mano enguantada, como si pudiera ver pelusa entre sus dedos.

De ti nada. Solo eres un lastre que he permitido a Hinata tener. Un juguete como premio por portarse bien.

Sakura desvió la mirada del sujeto hacia Hinata. La chica se mordió el labio inferior con culpabilidad. Una gota de sudor resbalaba por su mejilla y estaba más pálida que de costumbre.

¿Qué quieres de Hinata, entonces?

Él se pasó una mano por los cabellos oscuros, indiferente. Arrogante.

Haces demasiadas preguntas, juguetito.

¡Serás…!— Hinata detuvo su protesta, agarrándola de la mano.

Por favor, Sakura… e-espera un poco. Yo te lo explicaré todo más tarde.

Sakura desvió la mirada de ella hacia él, alternadamente. Hinata parecía conocerle o al menos, comprender qué quería.

¿Dinero? — supuso—. ¿Es eso? Hinata, no es la primera vez. Seguro que tu padre hace algo… O hasta los Uchiha.

Pronunciar el apellido de Sasuke fue como una patada directa a su vientre. Pero tras ver a ambos padres juntos en el hospital, suponía que una grata amistad los unía. Por mucho que el padre de Sasuke fuera un ser despreciable, si Hiashi le pedía ayuda, se la concedería.

¿Verdad?

Ellos son los mejores en empresas militares. Seguro que tienen contactos y…

Tsk, ruidosa.

Giró la cabeza para encararlo, con el mentón levantado. Si al menos conseguía meter algo de miedo en su cuerpo…

Pero él había alargado una mano con un pañuelo contra su boca, cubriendo su nariz y labios, impidiéndole respirar. Unos segundos más tarde, perdía el sentido.

(Fin del flashback)

Una de las veces que había recuperado el sentido, alcanzó a ver a Hinata sentada en una silla frente a una mesa, un vaso de agua y a su raptor. Este había atrapado entre sus dedos uno de sus largos cabellos y se lo había llevado al rostro para olerlo. Para su sorpresa, Hinata estaba completamente rígida, como si aquel gesto no estuviera sucediendo con ella.

Abrió la boca, queriendo gritar el nombre de la Hyûga, pero de nuevo, fue vencida por la oscuridad.

Y ahora despertaba de ese modo.

Por lo que podía ver, seguían en el mismo lugar. La mesa había desaparecido y solo Hinata estaba en medio de la sala, sentada en la misma silla, maniatada a esta. Tenía el uniforme escolar abierto y los hombros le temblaban.

Intentó nombrarla aún a riesgo de ahogarse. Hinata levantó la cabeza e intentó mirar por encima de su hombro. Sus ojos estaban anegados de lágrimas.

—Sakura-chan— nombró temblorosa—. T-todo irá bien. S-solo no te esfuerces. Seguro que alguien nos encuentra y…

Calló y dio un respingo. Frente a ella se abrieron las pesadas puertas de metal y un grupo de adolescentes entraron. Sakura abrió los ojos con sorpresa. Demonios… conocía a todos ellos.

—Mirad qué tenemos aquí. ¿No es la rica heredera del clan Hyûga que siempre nos miraba por encima del hombro? — cuestionó uno de ellos dando pasos hacia Hinata. Otro se unió a él.

—Sí que lo es. Pero por aquel entonces tenía los cabellos cortos y siempre seguía a aquel rubio que te dio la paliza.

El primero golpeó al segundo con una patada, tirándolo contra el suelo. Desde su altura, lo fulminó con la mirada.

—A mí al menos me ganó un tío. Pero a ti… ¿quién fue? Ah, sí. La hija de Arenas S.A.

Se escuchó una carcajada general. Sakura intentó moverse pero solo logró entumecerse las piernas más y que sus zapatos chirriaran sobre el suelo. Los gritos cesaron y entonces, se percataron de su presencia. Entrecerró los ojos cuando notó que todos, como buitres, posaron su atención en ella.

Si así Hinata pudiera escapar…, se dijo.

—Ey, tío— exclamó otro de los macarras—. ¿Esa no es…?

—Haruno. Es Haruno. — Un cuarto habló desde detrás, subiéndose unas gafas pasadas de moda y rotas por el tabique nasal. Claramente, robadas—. Es la putita de cabellos rosas que siempre rondaba alrededor de aquel despreciable Uchiha y del rubito. También iba con una chica rubia, si mal no recuerdo. Aquella nena tenía buenas domingas en crecimiento.

Alguien rió y el resto se unió.

El primer chico que había entrado se acercó a ella, arrodillándose. De un tirón, le bajó el trapo que cubría su boca y miró su rostro, apretándole las mejillas y sujetándole con firmeza del mentón.

—De cara estás preciosa, Haruno— murmuró hundiendo el pulgar sobre sus labios. Entre el mareo, el olor y la situación, sintió deseos de vomitar—. Sin embargo…

Bajó la mano más, presionando justo entre sus senos y soltando una carcajada.

—Estás plana, querida. Bueno, no, espera.

Y apretó entre sus dedos sin el menor de los cuidados uno de sus senos. Sakura maldijo entre dientes, soportando en su garganta un grito de dolor. Echó la cabeza hacia delante y golpeó con esta al tipo. Algo sonó crack, de un modo bastante feo y sintió la sangre manar sobre su ropa. Sorprendida, miró hacia arriba.

El tipo se había llevado las manos hasta el rostro, apretando entre sus dedos la nariz. La sangre era de él, goteando de esa parte exacta de su cuerpo. Cuando sus ojos se encontraron, Sakura ya sabía lo que vendría. El golpe la hizo morderse el interior de la mejilla y caer contra el suelo.

—Maldita zorra.

Echó el pie hacia atrás, pero antes de que la puntera llegara a su vientre, alguien gritó. El tipo se volvió justo a tiempo de ver como otro de sus matones le caía encima. Ambos rodaron por el suelo hasta chocar contra la pared. Sakura encogió los pies y los golpeó con las plantas cuando vio que uno de ellos todavía quería levantarse.

Jadeando, disfrutó de la sensación de hacerle perder el sentido y, un poco, su venganza.

Uno a uno, los pandilleros empezaron a gritar y salir disparados. Uno de ellos tiró al suelo a Hinata, que gritó de dolor. Entonces, lo vio. Una sombra de destello amarillo.

—Naruto…— jadeó.

Y a su lado, el único hombre capaz de seguirle el ritmo.

Cerró los ojos un instante, deseando poder enfocar mejor y le vio, con el rostro serio y frio, dejando en el suelo a uno de los matones. Sus ojos se cruzaron en medio del revuelto. Negro contra verde. Y algo en su pecho estalló. Las lágrimas se acumularon en sus ojos y la visión fue borrosa a medida que ambos jóvenes se encargaban de sus captores.

Ni siquiera supo exactamente cuándo Naruto se abrió paso para dejar a Hinata a su lado hasta que ella empezó a desatarla. El alivio de sus miembros libres de cualquier atadura la hizo jadear. Se frotó los ojos y miró hacia su compañera.

—Hinata, ¿estás…?

La frase quedó cortada.

La joven tenía magullado el labio inferior, con una herida ensangrentada y el uniforme hecho trizas. La chaqueta de Naruto cubría sus hombros y Hinata tiraba de ella, avergonzada, queriendo cubrirse. Sakura se quitó su propia chaqueta, colocándosela por encima, abrazándola.

Hyûga tembló contra sus brazos.

—Lo si-siento, Sakura… te expuse al peligro. Lo siento santo— sollozó.

Sakura negó, apartándole los húmedos mechones del rostro y haciendo un esfuerzo por sonreír. Entre los sonidos de los golpes, gemidos y maldiciones, ambas volvieron a abrazarse, asustadas, terriblemente asustadas.

Cuando todo quedó en silencio, se miraron y tras tragar, giraron la cabeza a la par. Frente a ellas, ambos adolescentes jadeaban, mirándose con satisfacción y una sonrisa espléndida les surcaba la cara. Con un gesto rápido, ambos chocaron nudillos antes de caer de culo en el suelo.

(…)

Hinata tuvo que maldecirse a sí misma, porque pese al peligro que habían pasado, pese a las heridas, no pudo evitar pensar que Naruto estaba más guapo que nunca en ese momento. Ahí sentado, con las manos hacia atrás y las piernas abiertas, jadeando. Los cabellos rubios siempre de punta caían sobre su frente, húmedos de sudor y pese a los moretones que ya empezaban a formarse en su rostro, la sonrisa que cruzaba su rostro relucía y aumentaba su atractivo.

Sentía el peso de su chaqueta en su espalda y aunque también tenía la de Sakura sobre su pecho, el calor de Naruto parecía estar todavía pegado a su prenda. Y era la agradable sensación de ser abrazada por él.

Momentos antes la había cargado en brazos, pateando a diestro y siniestro, impidiendo que fuera golpeada con su cuerpo, reteniendo los golpes y pegándola contra su cuerpo para impedir que cayera, hasta llegar a Sakura. La dejó con la promesa de salvarlas y así había sido.

Tragó e intentó colocarse sobre sus piernas, pero no pudo inclinar su cuerpo del todo. Aún así, lo intentó. Las risas de ambos chicos se detuvieron.

—Mu-muchas gracias. A los dos… por salvarnos.

—Hinata…— balbuceó Sakura poniéndole una mano sobre el hombro—. Levanta.

Hinata la miró de reojo, preocupada.

—Ten-tengo que darles las gracias— objetó lamiéndose los labios.

No podía desechar a Uchiha. Él también había peleado para protegerla. Él también había sufrido heridas.

—Hinata, estos chicos tienen cerebros de músculos. Sí, nos han salvado, pero míralos. Están demasiado excitados como para recordar por qué exactamente han peleado. Levanta tu cabeza, anda.

Hinata lo hizo, mirando hacia ellos. Ambos habían terminado escurriéndose por el suelo, de espaldas y miraban el techo mientras reían y memoraban los golpes que habían dado. Sasuke se había llevado una mano a las vendas. En una de ellas tenía algo de sangre.

—Tenemos que llamar a la policía— indicó Sakura poniéndose en pie.

Temblaba. Había estado maniatada demasiado tiempo y también drogada. Hinata lo sentía mucho por ella, pero prefería que hubiera sido así. No tuvo que ver todo…

—Y… decirles que…— Haruno se llevó una mano al rostro, frotándoselo. Sudaba y temblaba de sobremanera. Pálida.

—¡Sakura-chan!

Para su sorpresa, Naruto y Sasuke se habían puesto en pie a la vez y sus brazos ya estaban listos para sostenerla. No fue de extrañar que cuando cedió, ambos usaran sus cuerpos para sostenerla. Pese a las heridas, incluso el Uchiha sostuvo la mitad del peso.

Le vio rebuscar en el bolsillo del pantalón y con un gesto brusco, le lanzó el móvil.

—Una ambulancia— ordenó.

Hinata asintió y con dedos temblorosos, marcó el número de emergencias. Un instante después, las sirenas sonaban alrededor del almacén. Hinata miró tras ella cuando un olor curiosamente familiar llegó hasta su nariz. Desde una obertura de la pared llegaban rastros de la lavandería justo al lado del almacén en el que se encontraban.

Sorprendida, abrió la boca, encontrándose con las paramédicos entrando tras la policía.

—¡Naftalina! — consiguió gritar a uno de ellos cuando uno de los policías se arrodilló a su lado para revisarla—. ¡Ella ha estado oliendo todas estas horas ese olor!

El paramédico asintió y después, dejó poder prestarle atención a la joven. Miles de preguntas empezaron a caer sobre ella como un torrente cruel. Sin darle tiempo si quiera a responder una sola, fue cubierta por una manta y arrastrada al exterior. Otra ambulancia esperaba por ella y nada más sentarse, vio pasar una mujer de cabellos rojos por delante.

Gritaba el nombre de Naruto.

Su madre se asomó un momento después, acompañada por Neji. La estrechó entre sus brazos, mientras que, tras darle un rápido vistazo, Neji clavó la mirada en la salida del almacén. Naruto salía rascándose la nuca y Sasuke era reclamado por un paramédico que intentaba sanar sus heridas, intentando ser convencido por la mujer pelirroja.

—¿Y mi padre? — Logró preguntar.

Su madre le apartó un sucio mechón de la frente.

—En casa. Seguro que más tarde se reúne con nosotros en el hospital.

La sonrisa era la máscara de su madre. Hinata tragó cuando vio como Neji desviaba la mirada con culpabilidad. Por supuesto. Su padre no iba a ir a buscarla. Nunca se mostraría preocupado por sus hijas más allá de lo necesario. Ella solo era una pieza en su movimiento de ajedrez. Si la perdía, siempre le quedaba Neji.

Nunca había tenido el pensamiento de convertir a Uchiha en su heredero, aún casado con ella. Siempre fue Neji su primera pieza.

Si no hubiera tenido el labio tan dolorido, se lo habría mordido con todas sus ganas.

—Hinata— nombró su madre acariciándole un hombro. La manta que la cubría había resbalado hacia atrás, dejando ver el rasgado uniforme. Su madre tenía los ojos abiertos de par en par, en pánico—. ¿Te han…?

La joven tardó en segundo en comprender.

—¡No! ¡N-no! — Levantó una mano para sostenerla antes de que cundiera el pánico—. No, mamá. No me han…

Ni siquiera la palabra salía de su boca. La primera vez que fue raptada fue una de las primeras cosas que llegaron a preguntarle. Su padre siempre preocupado porque su preciosa hija fuera sana y perfecta. Si no, ¿cómo iba a vender su mercancía? No por nada su primo estaba siempre con ella. Esperándola en cualquier parte. Siempre ojo avizor.

—Siento interrumpir la reunión. — Un policía semejante a Shikamaru Nara se adelantó hacia ellos, libreta en mano y rascándose el cuello de la misma forma que había visto hacer al Nara—. Soy Shikaku Nara, Hinata. Estoy seguro de que conoces a mi hijo, Shikamaru— se presentó sentándose a su lado lentamente.

Hinata asintió, posando la gasa que le habían dado para limpiarse la sangre, sobre el labio. Una pequeña corriente de dolor le atravesó la boca.

—Sé que ahora mismo estás asustada y muy cansada. También creo que ya sabes que igualmente querré hablar contigo después de que te traten en el hospital. Pero si me das ahora mismo un nombre o alguna pequeña pista, saldré a buscarla de inmediato y no volveremos a vernos hasta que estés más tranquila.

Hinata suspiró. Ya conocía el procedimiento. El policía insistiría en querer sacarle algo. Ella empezaría a ponerse nerviosa y el paramédico terminaría llevándosela. Al no haber podido dar ninguna pista coherente, el detective y su ayudante se presentarían en la habitación del hospital para querer saber más. Incluso acudirían a su casa de ser necesario.

Pero desgraciadamente, aunque en ese momento quería ayudarles, darle los datos que necesitaban. No podía.

Levantó los ojos hacia Naruto y Sasuke. Ambos sentados en otra ambulancia donde les estaban curando las heridas menos graves. La mujer pelirroja había desaparecido a la vez que la ambulancia que llevaba a Sakura. Imaginó que se habría ido con ella.

Clavó los ojos en ambos chicos y suspiró. La voz de aquella persona retumbó en su cabeza.

Él no sabrá que es una advertencia para sí mismo. Seguramente ni lo sopesará. Pero lo será. Lo es. Y, si tú desvelas mí identidad antes que yo, irá a la tumba mucho antes de lo que tengo pensado para él. Así pues, Hinata Hyûga. ¿Quién será más importante para ti? ¿Él o esa chica ahí tumbada? Puedo rellenar todas las tumbas que hagan falta.

Tragó y miró al policía. En sus ojos pudo ver la misma chispa de inteligencia que observaba cada vez que miraba a su hijo.

—Lo siento, señor. Pero esta vez, va a tener que valerse solo con las pruebas. No voy a poner a nadie en peligro.

Apretó los ojos y se dio cuenta que le dolían los párpados. El hombre la miraba con sorpresa y su madre no cesaba de tirar de la manta con deseos de cubrirla. Neji se echó atrás cuando los paramédicos entraron para llevársela.

De un último vistazo, clavó la mirada en Sasuke y Naruto. Ambos miraban fijamente como la adentraban en la ambulancia.

(…)

Naruto arqueó una ceja cuando la puerta de la ambulancia de Hinata cerró y las luces indicaron la salida del vehículo de la zona. El padre de Shikamaru caminó hacia ellos, sacudiendo la cabeza. Cuando llegó a su altura, se colocó una mano en la cintura y los señaló con la libreta.

—¿Cómo demonios os disteis cuenta que este era el lugar? — cuestionó.

Naruto tragó y miró a Sasuke de reojo. Quizás el trato con el padre de Shikamaru era más fuerte gracias a que siempre estaban metidos en su casa. Que alguna que otra vez el hombre se había detenido a jugar con ellos una partida de Xbox. Pero cuando era un policía, era tan capullo como el resto de adultos.

Sasuke bufó y se rascó la nuca con molestia cuando el paramédico terminó de cubrirle el torso con las vendas adecuadas.

—Es un buen sitio para hacer botellón— respondió finalmente Naruto—. Además, Sasuke se dio cuenta antes. Las señales de tráfico. Solo es una dirección por la calle en la que iban. Y es este lugar.

Shikaku clavó la mirada sobre el Uchiha. Sasuke le devolvió la mirada, firme, sin retroceder.

—Tienes unos buenos ojos, hijo.

Naruto guiñó los suyos propios y apretó los labios. El gesto tan característico que siempre acudía a su rostro cuando no comprendía algo. Solo podía recordar a ver visto como Sasuke miraba la pantalla rápidamente, apretando los labios a medida que veía como ambas chicas subían al coche. Después, se giró y simplemente salió corriendo detrás de él, ignorando los gritos de su madre a su espalda.

(Flashback)

El moreno empezó a correr calle abajo, girando por varias bifurcaciones y saltando muros. En uno de aquellos saltos, Naruto pudo atraparlo finalmente, pues se había detenido para jadear, llevándose la mano hasta las costillas.

Teme— gruñó, jadeando y sosteniéndolo del hombro—. ¿Por qué demonios estábamos corriendo así, Ttebayo?

Sasuke le miró con un ojo guiado mientras intentaba controlar el dolor en el pecho.

Hasta que al padre de Shikamaru se dé cuenta, ellas podrían estar…— Sacudió la cabeza, como si no deseara si quiera imaginarse tal suceso—. Sé dónde están. Y tú también.

Naruto intentó hacer memoria, cruzando los brazos en el pecho. Sentía la cabeza pesada por culpa de todo lo que estaba sucediendo. En su mente no cesaban de enlazarse dos preocupaciones como si estuvieran luchando en una balanza. Por un instante, había estado tan concentrado en Hinata, que casi olvidó que Sakura había entrado en aquel vehículo con ella. Por supuesto, Sasuke no iba a preocuparse por Hinata.

Si lo miraba bien, ellos nunca habían tenido más de dos palabras y siempre que estaban juntos, era como tener dos cables tensados a punto de romperse. Sin embargo, ellos habían compartido demasiado con Sakura.

Sasuke bufó, y miró hacia la carretera que habían llegado. Era de las tantas lejanas al barrio de los ricos y que llevaba al polígono de la ciudad. Solo existían dos carreteras que podían ir, terminando en un camino sin salida. Mejor dicho, en un almacén que no tenía salida y que de noche, nadie utilizaba, pues la lavandería cerraba durante la noche.

Y sí, recordaba aquel lugar. Fue en el primer sitio donde ambos se emborracharon tiempo atrás. Donde por primera vez comprendió lo que era el sabor de una mujer y lo horrible que se sentía despertarte con resaca y con una mujer a la que no amabas sobre tu cuerpo.

Mierda— masculló.

Y sin más, echó a correr.

(Fin del flashback)

No iban a contarle al policía cómo era que conocían el lugar exactamente. Suficiente con que supiera que era un buen lugar donde conseguir alcohol. Y aunque ya no era un buen lugar desde que las paredes empezaron a agrietarse, les había servido de mucho.

Nunca pensó que cuando regresaría, sería para encontrarse el panorama que vio.

Lo primero fueron dos tipos fuera que rápidamente dejaron k.o. y cuando las puertas se abrieron, era un corro de pandilleros alrededor de alguien y un poco dispersos. Entre dos de ellos, pudo ver a Hinata, que intentaba mirar hacia atrás, con cara de espanto. El labio inferior le sangraba.

La furia le inundó al instante y al primero que atrapó más cerca de Hinata lo lanzó contra el que parecía el líder. Sasuke todavía arrastraba a uno de los guardianes de la entrada, pero no podía prestarle mucha atención a su compañero. Se enfocó tanto en proteger a Hinata que solo le preocupaba mantenerlos lejos de ella y cubrirla con su propio cuerpo.

Si lo pensaba, por tal de protegerla, había recibido más golpes de los que nunca obtuvo en otras batallas. Cuando la dejó junto a Sakura, volvió a la batalla.

Un momento después, estaba tan enfrascado en esquivar y dar golpes que cuando terminó, todo su cuerpo se relajó, con cansancio.

Y después, Sakura se desvaneció.

Había querido ir con ella en la ambulancia, pero su madre se lo impidió y de nuevo, ella tuvo que encargarse de proteger a uno de sus amigos.

—Cuánta cantidad de chusma— exclamó un policía que acababa de meter a uno de los pandilleros dentro del coche, acercándose hasta la altura de Shikaku—. ¿Qué crees que harán con ellos?

Shikaku miró fijamente a su compañero, guardándose la libreta en el bolsillo mientras suspiraba.

—Hacer lo que sus padres no se atreven a hacer. Ah, y por cierto— clavó sus pequeños ojos negros en él—. Algún día serás padre y esto no te parecerá entonces una chusma. Vuelve a tu puesto.

El hombre se cuadró, colorado hasta las orejas y nada más que Shikaku le dio permiso, se alejó a toda prisa.

Naruto sabía qué harían con todos los que se habían llevado. La mitad de ellos, como pudo ver después, habían sido compañeros suyos de colegio. Ya había peleado anteriormente con ellos. Y la gran mayoría, eran mayores de edad. Más de uno pasaría la noche en el calabozo.

No sintió pena por ninguno de ellos.

Especialmente, porque recordaba cómo de desnuda estaba Hinata cuando la vio. Se había quitado la chaqueta, maldiciendo porque estuviera toda sudada, y poniéndosela por encima con intenciones de cubrirla. Si lo pensaba en frio, en ese momento, él mismo había visto demasiado.

Y joder. Sí. Esa mujer, porque claramente Hinata ya era una mujer a sus dieciocho años, tenía unas formas alucinantes.

Sacudió la cabeza, mirando al padre de Shikamaru que intercambiaba unas palabras con los paramédicos. Necesitaba quitarse esa imagen de la cabeza o tendría serios problemas con su parte de adolescente atolondrado que todo se le desvía hacia la parte baja de sus pantalones. Justo donde se podía formar perfectamente una tienda de campaña llamativa. Y después de la pelea, la excitación iba a ser grande.

—La ambulancia os llevará al hospital para las últimas curas, chicos— informó el hombre—. Chicos, antes de que os marchéis… ¿Tenéis idea de quién pudo secuestrar a Hyûga?

Naruto desvió la mirada hacia Sasuke, quien negó a la par.

—Ella fue secuestrada con antelación, pero tenemos ciertas dudas de que sean los mismos sujetos— explicó Shikaku rascándose la nuca—. Estos pandilleros, creemos que ha sido una distracción. El vehículo en el que iban ambas chicas, no era uno barato especialmente. Estaremos investigando todas las empresas que alquilaran limusinas estos días a ver si tenemos suerte.

Suspiró con cansancio y les miró casi suplicante.

—Si sabéis algo…

Pero no terminó la frase. Naruto ya se había levantado, dándole la espalda para entrar dentro de la ambulancia. Sasuke le imitó.

—Supongo que no— dedujo el hombre captando su negativa.

Desde luego. Ellos continuaban sin confiar en los adultos.

(…)

La ambulancia entró el hospital con una brusca sacudida. Se detuvo bajo la entrada de emergencias y dos celadores aparecieron con sillas de ruedas que ambos negaron. Sasuke ya había pasado suficiente tiempo sentado en una mientras le bajaban de la habitación para hacerle pruebas. Y conocía el sentimiento de estar sobre una cama demasiadas horas.

En ese momento, tanto él como su rubio compañero solo podían en una cosa. A medida que se acercaban al hospital la preocupación era compartida por miradas y silencios inquietos. Y no era Natural que Naruto pasara demasiado tiempo pensado. Quizás se sentía tan agotado como él por la carrera, la lucha y el bajón luego de esta.

Los paramédicos y enfermeros finalmente entendieron que ninguno necesitaba más atención de la recibida y ambos se dirigieron al interior de urgencias. Encontraron a Kushina Uzumaki inclinada contra una gabina de teléfono, colgando justo en ese momento.

—Chicos— exclamó al verlos y corrió hacia ambos para posar sus manos sobre sus mejillas. Si algo le gustaba a Sasuke de esa mujer, es que siempre que le tocaba estaba llena de calidez, algo totalmente ajeno para él en referencia materna—. Estáis bien. Menos mal.

Naruto asintió y miró hacia la gabina, arqueando una ceja.

—Mi móvil murió— explicó la mujer mostrándoles el móvil con la pantalla oscurecida—. Llamé a los padres de Sakura para informarles. Pero no contestaba nadie. Espero que el hospital haya tenido mejor suerte que yo.

—¿Cómo está? — se aventuró Naruto. La mujer asintió.

—Tiene algunos moratones leves por las cuerdas que la aferraban. Lo más peligroso fue la intoxicación que están tratando. Pero no es tan grave como parece. Han podido detener las toxinas antes de que fuera demasiado tarde. Se pondrá bien— terminó simplificando.

Ambos asintieron a la vez. Naruto buscó una silla, estirando su largo cuerpo sobre una y tras dedicarle una tierna sonrisa, Kushina se unió a él. Sasuke rebuscó su móvil, pero maldijo, al recordar que Hinata no se lo devolvió. La chica continuaba con él en su posesión.

Buscó una máquina expendedora y sacó dos botellas de agua, regresando a la sala de espera y tirando una de las botellas contra el estómago del Uzumaki. Naruto saltó, insultándole y eso calmó el temor a que el bajón de energía fuera tal que se volviera más tonto de lo que ya era.

Él también empezaba a sentir que la energía desaparecía de su cuerpo. La tensión de la pelea y demás estaba saliendo de su cuerpo como un colchón que se desinflaba.

Y temía que las heridas le terminarían doliendo a medida que su cuerpo cayera más en la flojedad. No las había sentido durante la pelea, porque por su mente solo pasaba una cosa.

Sakura.

Si le llegara a suceder algo por culpa de esa Hyûga…

—Familiares de Haruno Sakura, diríjanse al mostrador, por favor. Repito: Familiares de Haruno Sakura, diríjanse al mostrador.

Los tres miraron hacia el altavoz y levantaron sus traseros de un respingo de las sillas. Kushina fue delante de ellos, casi dando brinquitos hasta llegar al mostrador. Naruto y él se quedaron atrás mientras una enfermera parecía explicar detalles a la madre del rubio.

Kushina se volvió hacia ellos, sonriente.

—Al parecer, ha tenido tal mejoría en cuanto a las toxinas que van a subirla a planta para tenerla en observación. Vamos. Ya me han dicho cuál es— explicó a medida que los guiaba—. Es genial. ¿No es así, chicos?

Y les dio dos fuertes golpes a ambos en los hombros que casi perdieron el equilibrio. Eso era esa mujer. O una increíble fuente de calidez o de repente, una terminator escondida en su interior.

Llegaron al tercer piso y se detuvieron frente a la puerta 314. Dos enfermeras salían justo de ella y se entretuvieron en hablar con Kushina. Ambos se colaron tras ella, ignorando las sonrisas y miradas curiosas de ambas enfermeras.

Sakura estaba extendida sobre la cama, pálida, con los cabellos cayendo a cada lado de su rostro. Respiraba con tranquilidad, pero una mascarilla cubría su boca y nariz. Un gotero descansaba a su lado, perdiéndose las vías bajo las mantas, donde descansaban sus brazos.

Naruto se acercó y él aferró los pies de la cama entre sus dedos. ¿Era normal aquella extraña sensación de preocupación? ¿Sería por el tiempo que habían pasado juntos?

Miró de reojo la silla vacía en el lado derecho de la joven. Naruto se había sentado en otra y miraba el rostro de Sakura con el ceño fruncido, como si a base de fruncirlo fuera a despertarla. Se acercó hasta la silla y se dejó caer. Las fuerzas estaban marchándose totalmente.

Bostezó y miró hacia el frente.

El Uzumaki había inclinado la cabeza justo sobre el hombro de Sakura y cerrado los ojos. Por el gruñido que salió de sus labios, se había quedado completamente dormido. Fue a despertarle, pero ninguno de sus músculos le hicieron más caso del necesario. Apoyó la cabeza sobre sus propios brazos y suspiró.

Vencido por el sueño, cerró los ojos.

Cuando la mujer entró de nuevo en la habitación, ni siquiera la oyó. Así como tampoco sintió cuando una manta cubrió su espalda. Y, mucho más tarde, alguien acarició con una ternura extraña sus cabellos.

Y aquello… oh. Aquello fue realmente agradable.

(…)

Deidara frunció el ceño mientras miró los platos sucios en la pila esperando para que alguien los fregara. Se llevó las manos a la cintura y rechinó los dientes.

—Aquí todo el mundo come como cerdos pero nadie friega, Hn.

Una risita llegó desde atrás. Alguien levantó una cerveza para él.

—Olvídate de eso, ven. Estamos de celebración.

Pain le entregó la cerveza que había levantado. Deidara gruñó y la abrió, disfrutando del refrescante sonido y del líquido pasar por su garganta. Se sentó frente a la mesa y suspiró.

Cuando sus amigos decidían celebrar una reunión, era cruel para su departamento de arte. Sus obras, aunque cubiertas por trapos para evitar que las hirieran, despertaban con alguna que otra roncha sospechosa siempre y después, ninguno aceptaba su culpa.

Pain se encontraba sentado justo al lado de su obra en forma de ave rechoncho que tanto le había costado de hacer. Encima de él, Konan bebía con tranquilidad de su propia lata de cerveza y le daba manotazos cuando intentaba sobrepasarse. Aun así, el chico de cabellos naranjas y ojos extraños no cesaba de intentarlo.

En otra punta, Sasori miraba distraído un catálogo de telas nuevas que él mismo había encontrado en los almacenes esa tarde. A Sasori le interesaba todo aquello por el tema de sus marionetas. Era un buen artista, pero no aceptaba que otros criticaran sus obras, especialmente, si tenían que ver con su fallecido primo.

En algún momento exacto, Nagato, el más delgado y tranquilo de ellos, se había quedado dormido en el sofá y alguien le había echado una manta. Algo realmente curioso y difícil de creer, teniendo al lado al ruidoso de Hidan, que no cesaba de protestar ante un inexpresivo Kazuku que negaba tener que pagar ese mes, el salario que compartían por un piso en alquiler.

Deidara, frustrado, giró la cara hacia la ventana. Había dejado de llover hacia un rato y solo quedaban restos de una tormenta pasajera. Se acercó hasta ella y miró al exterior. Alguien se acercó hasta él, mirando con el mismo desinterés el exterior.

—¿Has escuchado las noticias? — cuestionó—. Volvieron a secuestrar a Hinata Hyûga.

—Sí— respondió el hombre a su lado encogiéndose de hombros.

Deidara vació la lata de grandes tragos y clavó sus ojos sobre ella.

—Van a sospechar de ti, ¿lo sabes?

El hombre se encogió de hombros, dejándose caer sobre uno de sus cojines. El que solía usar cuando deseaba pensar.

El sujeto se echó hacia atrás, presionando sus ojos.

—Va a llover.

Deidara enarcó una ceja.

—¿Qué dices? — inquirió—. Ya está pasando y…

Las gotas golpearon fuertemente contra el cristal una vez más. Incrédulo, miró hacia él.

—Itachi, definitivamente eres un genio— puntualizó Pain.

El nombrado, giró la cabeza hacia ellos, encogiéndose de hombros. Sus oscuros cabellos cayendo de un lado de su hombro, atados en una gomilla oscura. Algunos mechones rebeldes por su frente. Ojos oscuros y penetrantes. Marcas de cansancio en los ojos.

Todavía podía recordar cómo había entrado en su casa aquella noche, fastidiándole su encuentro con aquella preciosa rubia a la que, se prometió, volvería a interceptar pronto. Pero con Itachi viviendo con él, iba a ser difícil por un tiempo.

—¿Cuándo vas a volver a tu casa? — cuestionó con cierta irritación.

Itachi Uchiha se echó más hacia atrás en el cojín y unió sus manos sobre sus caderas, cerrando los ojos.

—Pronto. Muy pronto.


n/a

¡Otro capítulo más!

Siento haberme tardado.

En este capítulo Hinata fue rescatada gracias a la agudeza de los ojos de sasuke (guiño, guiño) y luego, a fuerza de ambos chicos. Sasuke va dándose cuenta de que Sakura no es alguien tan indiferente para él y Naruto, de que Hinata es más una mujer que un familiar como él la considera. Pero, estos chicos los une una amistad tan fuerte que siguen preocupándose por Sakura cosa mala.

Y... ¡Itachi apareció! (Por si no se dieron cuenta o no recuerdan, es el chico encapuchado que entró en casa de Deidara, cortándole el rollete con Ino xD).

Seguimos con más intrigas: ¿Quién secuestró a Hinata (no se ha resuelto)? ¿Qué querrá Kabuto exactamente de Tayuya y está de Tenten? ¿Y el resto? ¿Qué será de ellos?

¡Muchas gracias por rw y apoyo!

¡Os amodoro!