Empezamos de nuevo con las actualizaciones de Naruto x3.


ºRoturasº


Amistad.

Por muy lejos que estes, siempre habrá alguien que te recuerda.


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La enfermera se asomó por cuarta vez, mirándoles bajo la montura de sus gafas y chistando. Una mirada de advertencia a la par que escondía la irritable pregunta de por qué tantos adolescentes en una sola habitación. Deberían de estar en clases en vez de dando vueltas por el hospital.

Primero aquellos dos chicos altos, uno rubio y otro moreno que no se separaban de la paciente ni a la de tres. Y después, empezaron a llegar uno tras otro y lentamente, se armó el cacao. La visita del médico terminó bien, gracias a que el doctor conocía a la mujer que se encargaba de la jovencita. Pero para ellas estaba siendo un sufrimiento.

Cuando entró en la habitación para preguntar a la jovencita qué comería del largo repertorio que el médico le indicó, todos empezaron a burlarse de ella reclamando comida para ellos y a cual más disparatada.

Las carcajadas resonaban por los pasillos y por más silencio que demandara, aunque alguno que otro chasqueaba la lengua y susurraba un Os lo dije, los demás hacían oídos sordos y continuaban.

Pero lo que la enfermera desconocía es que aquellos adolescentes eran como una familia.

Sakura Haruno tenía a su alrededor justo a las personas que deseaba tener.

(…)

—Secuestrada— repitió el hombre con el gesto pasmado, como si le costara entender del todo lo que había escuchado—. Intoxicada.

—Así es.

Kushina apretó entre sus manos la lata de café caliente, calentándose así las manos. Necesitaba algo de cafeína. Era un sin parar esos días en vivencias en aquel hospital. Entre Sasuke y Sakura, empezaba a rezar porque su hijo no terminara también entre esas paredes.

La suerte era que, al contrario que los Uchiha, los Haruno habían llegado cuando pudo ponerse en contacto con ellos. Tras ver a Sakura un instante y cuando los chicos empezaron a llegar, bajaron a la cafetería para más tranquilidad.

Kushina les explicó todo cuanto sabía. Había tenido una larga charla con su hijo nada más que este despertara y aunque le había costado arrancarle todo, la historia era bastante liosa. Además, después de lo vivido en casa de los Hyûga, podía enlazar todo perfectamente.

Lo mismo les contó a ambos padres, que se miraban sin comprender. La mujer había fruncido el ceño y el padre continuaba como si no terminara de creérselo.

—Dígame, señora Uzumaki— comenzó el hombre echándose hacia delante, como si deseara contarle un secreto—. ¿Así es como llaman ahora el hecho de que tu hija aparezca en una nave abandonada, con la tasa de alcohol más alta de su historia, tras pasar la noche en brazos de a saber qué chaval?

Kushina enarcó una ceja.

—¿Disculpe? — cuestionó en busca de una respuesta aclarativa.

El hombre frunció el ceño, cruzándose de brazos.

—Creo que los tres en esta mesa conocemos la fama que tiene su hijo, señora. No es mi intención ser irrespetuoso, pero mi hija, antes de conocerle, era de un modo diferente. Más feliz, sonriente. Una dulzura. Pero cambió drásticamente cuando conoció a su hijo y al resto de la clase.

La mujer se adelantó antes de que Kushina tuviera tiempo de protestar, apretando la mano de su esposo.

—La verdad es que llevamos tiempo queriendo hablar con usted. Queríamos pedirle que obligara a su hijo a dejar de ver a nuestra hija. Desde hace tiempo está terriblemente inaguantable. No sale de su habitación, nos pide dinero para tonterías. Y desde que empezaron las clases, está todavía peor. ¿Cómo puede querer esa institución que una chica que ya debería de estar trabajando, hasta de empezar a pensar en su casa, vuelva a estudiar?

Kushina apretó la lata con fuerza entre sus manos, respirando lentamente por la nariz. Un gesto que en antaño su marido le recomendara para esos casos.

—¿Están ustedes, por suposición mía, diciendo que mi hijo es una mala influencia para su hija? ¿Insinúan que, mi hijo, quien se ha dejado los nudillos, corrió desde el barrio este hasta el sur, quien peleó contra un montón de chicos que estaban a punto de violar a su hija, es la mala influencia?

La pareja parpadeó, dudosa. Kushina hubiera deseado que no asintieran con la cabeza.

Apretó la lata más fuerte a la par que se ponía en pie, tirándoles el café en la cara. Ambos abrieron la boca horrorizada. El consejo de Minato dejó de funcionar. Al cuerno con respirar y tranquilizarse.

—Si creen que me voy a quedar de brazos cruzados viendo como dos padres ineptos que son incapaces de contestar a una llamada de teléfono cuándo su hija está en el hospital, creyendo que era una broma de su hija, insulten y denigren a mi hijo de ese modo, están locos. ¡Mi hijo fue quien la salvó! ¡Y ha sido mi casa quien ha recogido muchas veces a su hija de quedarse en plena noche, tirada como un perro, porque usted o su marido han decidido que era una molestia para dejarla entrar a las doce de la noche!

La cafetería quedó en silencio, mientras el matrimonio se ponía tan colorado que las orejas les ardían. No podía comprenderlo. Ni aceptarlo tampoco. Dos padres que habían criado con tanto amor a su hija, que podía compartir juntos el hecho de verla crecer, de ver cómo se convertía en una mujer hecha y derecha, y lo perdían todo por orgullo y tonterías.

Los Haruno poseían algo que ella anhelaba con todas sus fuerzas.

Era insufrible cuando pasaba la mano por la noche en la cama, esperando encontrar el calor de un cuerpo que nunca estaría ahí. O cuando se veía tan agotada de problemas y no podía compartirlos con nadie. Muchas veces se preguntaba si ella estaba educando correctamente a su hijo. En esos momentos se daba cuenta de que sí.

Ella podía ir con la cabeza bien alta cuando a Naruto se trataba.

—Su hija fue secuestrada.

Giró la cabeza hacia la derecha. El murmullo en la cafetería había regresado, con cada mesa y comensal en medio de sus conversaciones. De pie, justo al lado de la suya, se encontró con Hiashi. Algo que no esperaba.

Cruzado de brazos, miraba con aquel gesto altanero hacia los Haruno y ella, como si su mera presencia fuera algo especial.

—¿Perdone? — cuestionó Kizashi Haruno arqueando las cejas.

Hiashi no se inmutó.

—Su hija fue secuestrada. Uzumaki no está mintiéndoles— aseguró. Kushina tragó, sorprendida.

Mebuki Haruno se echó hacia adelante, curiosa.

—Disculpe, ¿quién es usted?

—Hiashi Hyûga. Líder del clan Hyûga— se presentó.

Todos se estrecharon la mano ante la atónita mirada de Kushina. Hiashi miró a su alrededor y suspiró, sentándose junto a ella tras pedir permiso. Colocó las manos bajo su kimono y miró a ambos Haruno con el ceño fruncido.

—Debida a la importancia de mi apellido, es frecuente que mis familiares estén bajo las miras de cualquier atentado. De ahí que mi hija sufriera un nuevo secuestro. Desgraciadamente, como daño colateral, su hija se vio envuelta en algo peligroso.

Ambos progenitores se miraron, sorprendidos. Como si todavía no terminaran de entender la situación.

—Como padre, puedo comprender que una disculpa no será suficiente para que me perdonen. A cambio, les pido que me permitan cargar con todos los gastos necesarios de la hospitalización de su hija.

Kushina se mordió el labio inferior. Su hijo también había sido herido por proteger a Hinata y ni siquiera se había dignado en preguntar sobre su situación. Hiashi solo sabía comprar a las personas. Era detestable. Seguramente ni siquiera estaba tan preocupado por su hija.

Frunciendo el ceño, se levantó con brusquedad.

—Discúlpenme. Este no es un tema en el que yo deba de participar. Iré a ver cómo están comportándose los chicos. Con permiso.

Los otros tres asintieron y Kushina abandonó la cafetería con el sabor agrio de las palabrotas encajándose en su boca.

(…)

Sakura tenía ojeras bajo los ojos. El labio enrojecido e hinchado por los tubos. La piel pálida y el camisón que llevaba el doble de grande que ella. En el brazo derecho llevaba la vía y la pulsera que la catalogaba como paciente.

Estaba sentada en la cama, con dos almohadas enormes en su espalda y con el cuerpo recostado de forma que remarcaba su cansancio. Aún así, por nada del mundo querría estar sola en esos momentos.

Aunque tenía mucho que pensar y meditar, cosa que no deseaba y, además, se sentía demasiado feliz con todos ellos ahí.

La única que faltaba era Hinata junto a su primo, Neji. La chica había recibido el alta y el médico privado de su familia se encargaría de ella. Según les había explicado Shikamaru, que se encontraba recostado contra la pared junto a la ventana, Hiashi Hyûga prefirió que su hija estuviera custodiada en su casa, para garantizar mayor seguridad. Pese a todo, Neji se había pasado antes de marcharse para ver cómo se encontraba. Solo que Sakura todavía dormía.

Cuando Kushina se lo había contado, estaban ambas solas en la habitación. No existía rastro de sus padres y tampoco de Naruto ni de Sasuke. Según la mujer, ambos habían salido con la llegada de Neji y no volvieron hasta que la gente empezó a llegar en tropel.

En esos momentos, Naruto estaba sentado en el suelo, con las largas piernas estiradas y la espalda apoyada contra las piernas de Ino, que estaba sentada en uno de los sillones para las visitas. La rubia estaba enrollando descuidadamente los cabellos del otro entre los dedos, en forma de trencitas que no terminaban de quedársele, mientras ignoraba descaradamente a Sai y hablaba con Shikamaru acerca de algo.

Naruto, sin embargo, intercambiaba la emoción de la lucha con Kiba y Chôji, que no paraba de devorar una bolsa de patatillas. En una de las esquinas, algo alejadas, Tayuya y Tenten hablaban entre susurros, mirando de reojo hacia Temari. Esta las ignoraba e intentaba mantener una conversación con Lee y Karin.

Y Sasuke, por su parte, estaba apoyado en el quicio de la puerta de salida, cruzado de brazos mientras fruncía el ceño y escuchaba a Sai comentar algo acerca de un buen lugar en la ciudad.

Cada vez que la enfermera había entrado, todos se habían encargado de hacerla sentir incómoda de un modo u otro, como si se estuvieran esforzando en dejarle claro que si no la trataba bien, lo pasaría realmente mal.

Sakura sonrió con cansancio. Deseaba estrecharlos a todos entre sus brazos.

—Vamos, chicos. Menos ruido, anda— pidió la voz de Kushina entrando y mirando a todos con cierta diversión. Luego se fijó en su hijo—. ¡No te sientes en el suelo, cogerás frio!

Naruto se levantó, entre risas y miró hacia su madre.

—Lo único que me puede coger frio ahí ya sabes que son.

Kushina enarcó una ceja, colocando las manos en las caderas.

—No lo sé. Hace tanto que no te veo desnudo, que capaz no tienes nada ahí, mocoso. Anda, salir un rato a dar una vuelta o algo. Por otro lado: ¿No deberíais de estar en clases?

—Así es, deberían.

Todos volvieron la vista hacia la puerta. Sasuke se había echado hacia atrás para dejarle pasar. Era muy alto, ahora que se daba cuenta. Kakashi Hatake estaba de pie, con los brazos cruzados y un libro en la mano derecha, colgando. Los miró a todos con el ceño fruncido y después inclinó la cabeza hacia Kushina.

Esta le miraba perpleja.

—Entrar en mi clase y ver que nadie ha ido. Muy bonito. Especialmente, vosotros dos.

Miró directamente hacia Shikamaru y Temari alternadamente. Ambos se miraron. Temari bufó y Shikamaru se rascó la nuca, murmurando su predilecta frase.

Los chicos se mantenían callados e inquietos.

—Anda, esperad fuera y nos iremos a clase. Al menos tendréis alguna clase que otra.

Fueron saliendo poco a poco, arrastrando los pies, armando murmullos y protestas por haber sido pillados. Kushina sonrió y Sakura suspiró. Tenerlos a ellos ahí la estaba ayudando demasiado a no pensar.

Kakashi se volvió hacia ella, mirándola con interés.

—¿Qué tal te encuentras?

Sakura dudó.

—El colegio ya ha sido informado de todo lo sucedido. No te preocupes. No tienes por qué preocuparte. Nadie saldrá sancionado.

Sakura se estremeció. Apretó entre sus dedos la manta sobre sus caderas.

—¿Naruto y Sasuke-kun?

Kakashi negó.

—No hicieron nada malo. Estaban fuera de horario escolar, para empezar. Ambos se sacrificaron. Es cierto que debieron de advertir a la policía en vez de ir como cabras locas, pero, — sonrió—, ambos son héroes. Tú y Hinata están a salvo.

Haruno sintió sus mejillas arder. Era como si estuviera siendo elogiada ella misma. Pero miró con firmeza al profesor antes de hablar.

—Ambos son grandes chicos.

Kakashi no borró su sonrisa, se puso el brazo sobre el hombro, apoyando el libro contra el lugar preciso, gesto que le había visto hacer siempre que hablaba con un alumno.

—Lo sé.

Después hizo un gesto hacia Kushina y ambos abandonaron la habitación. En la soledad de la habitación, Sakura se estremeció.

Se miró la mano derecha y entrecerró los ojos, llenándosele los ojos de lágrimas.

Esa noche, cuando despertó, no fue capaz de decir nada a nadie. Tan solo pudo observar cómo sus dos mejores amigos estaban dormidos a cada lado de su cama. Mientras que Naruto estaba a su derecha, fue su mano izquierda quien la traicionó y con una ternura increíble, acarició los oscuros cabellos.

(..)

Kakashi suspiró aliviado al salir al exterior de la habitación, seguido por Kushina. Hacía muchos años que no la veía y esa mujer parecía no haber cambiado nada. Miró hacia sus alumnos para asegurarse de que todo marchaba bien. Y cómo no hacerlo con Rin encargándose de ellos.

Seguramente habrían pensado en escapar mientras él estaba en la habitación. Al encontrarse con Rin debió de caérseles las intenciones al suelo. Rin levantó el pulgar desde su altura, indicándole que todo iba bien de ese modo. Kakashi asintió y después se centró en la mujer a su lado.

—¿Quién iba a decir que tú terminarías enseñando a mi hijo, Kakashi?

Hatake clavó la mirada en ella, asintiendo, rascándose el cabello.

—Supongo que el destino realmente es impredecible.

—Sí— suspiró la mujer. Luego miró hacia los niños.

Su hijo rodeaba con los brazos a Sasuke y Shikamaru mientras reían de algo. Frente a ellos, Ino y Temari caminaban, hablando de algo entre ellas. Choûji parecía estar atento a algo que Aburame comentaba y que Kiba quería evitar que sacara ahí mismo. Rin iba de uno a otro, llamando rápidamente la atención de todos. Con un gesto, le indicó que los empezaría a llevar a clase.

—¿Cómo va? — cuestionó la mujer preocupada.

Kakashi lo comprendió. Desde la muerte de su marido, la educación de Naruto probablemente era una de las cosas que más preocupada la tenía. Tras conocer más detalles, comprendía por qué el comportamiento del rubio y desde luego, de sus compañeros. Ahora que sabía quién era su madre, todavía más.

—Es un chico interesante— respondió y sonrió de aquella forma en la que nadie solía preguntar más después.

Kushina suspiró y se echó hacia atrás algunos cabellos rojos.

—Tengo miedo de que se vaya por otro lado, Kakashi.

—No lo hará— aseguró rápidamente—. No con nosotros.

Le dio una suave palmada en el hombro y se alejó. Temía que, si dejara por más tiempo a Rin con ellos, terminara llevándoselos a tomar unas coca colas y ver una película en el cine.

Los encontró tras cruzar el primer semáforo, casi en fila o en grupos. Rin se aseguraba que ninguno se alejara y a veces gritaba para que los de atrás pudieran escucharla, extendiendo una mano para que vieran por donde iba.

Parecía más una azafata de un grupo turístico que una profesora.

Llegó hasta su altura.

—¿Cómo van?

—No he perdido ninguno— animó—. Estoy contenta de que Tsunade me haya permitido venir. Me gusta más conocer a los chicos en medio de su apogeo que sentados tras un pupitre, firmes y de forma aburrida.

Kakashi miró por encima de su hombro y se fijó en los alumnos. Libres, divertidos, como chicos despreocupados.

—No me digas que no, Kakashi. Nosotros éramos así. Libres. Estos chicos han sufrido mucho. Sé eso con solo verlos.

—Más de lo que te imaginas, Rin— expresó rascándose la nuca—. ¿Has leído sus historias?

—Anoche lo hice— asintió—. Pero esos papeles solo me saben a mierda. No encuentro nada coherente. Fallos por todos lados. Ideas incoherentes. Como si solo hubieran sido escritos para hacer daño.

—Es que así fue. Solo para asegurarse de que su futuro fuera pura basura. Pero ya conoces a Tsunade.

—Tiene la política del viejo Hashirama.

Kakashi asintió.

Tsunade era la nieta del fundador de la institución. Ella había añadido más asignaturas y la universidad, aventajándose a los tiempos. Y hoy día, continuaba en pie. Además de directora, puntuaba que era la mejor médico de sus tiempos y enseñaba en su propia universidad.

Tan solo esperaba que esos chicos demostraran a esos estúpidos docentes de antaño los útiles que eran.

Sin darse cuenta, habían llegado hasta el recinto escolar. Los alumnos entraron arrastrando los pies, alegando que no habían traído material alguno. Kakashi sonrió mientras las verjas se cerraban tras ellos.

—No os preocupéis. Estoy seguro de que tenemos bolígrafos y folios para todos. Entrad, anda.

Los estudiantes comenzaron a entrar en silencio al interior del edificio y subir las escaleras hasta su aula correspondiente. Shikamaru se quedó rezagado para pedir las llaves.

Rin sonrió a su lado, con las manos tras su espalda y mirando a los adolescentes.

—Quién diría que tú ibas a ser capaz de enseñar y dirigir. ¿Qué era eso de "yo soy mejor de lo que necesitan aquí"?

Kakashi cerró los ojos por un instante. Casi podía verse a sí mismo años atrás, con la mochila al hombro, acompañado por los otros dos mientras subían la escalera. Una recomendación importante entre sus manos. El ceño fruncido y negándose a, en el futuro, formar parte de ese lugar. Él tenía otros planes.

Y ahora, esos planes ya no eran importantes.

Especialmente, porque ella estaba ahí.

(…)

Tenten miró hacia la mesa de Tayuya. Esta se enfurruñaba una vez más que el Nara tenía un contacto sin querer con ella, ganándose una púa por su parte. La pelirroja estaba de un humor de perros, pero sus palabras eran lógicas.

Ayer la descubrió mientras buscaba algo de comida. Restos de los que en antaño le dejaban. Debería de dejar de hacerlo, pues el ofrecimiento de Tsunade llevaba consigo alimento, pero era ya una manía que no podía quitarse tan fácilmente.

Estaba acostumbrada a las calles, tanto, que hasta dormir el primer día le había costado hasta descubrir que era más cómodo tirar el colchón al suelo. Eso sí, agradecía la oscuridad de su habitación.

Tayuya no la menospreció por haberla descubierto de ese modo. Después del esfuerzo que hiciera por ocultárselo a Neji, que ella lo supiera, esperaba que todo el mundo se terminara enterando en la clase. Pues desde hacía un tiempo no sabían nada de su cambio de vida.

Para todos, la naturaleza de su vida era totalmente un secreto, o al menos, eso intentó.

Pero la pelirroja se preocupó por ella, mostrándose interesada en su situación. Aunque ella había mantenido ciertos puntos ocultos, le contó la gran mayoría de las verdades de su vida. Las noches en las calles, tener que correr para sobrevivir. Alimentarse de contenedores. O simplemente pasar días sin poder disfrutar de una buena ducha de agua caliente.

Esa noche, ambas habían compartido habitación mientras hablaban. Tenten se había sentido incómoda al tener otra persona ocupando su mismo espacio, y aunque no había conseguido dormir con tranquilidad, Tayuya no le había dado ningún motivo para dudar.

Sin embargo, la chica no cesaba de hablar a cuenta de cómo habían cambiado las cosas. Por más que los demás no quisieran aceptarlo, un año separados contaba mucho. Según Tayuya, aunque Sasuke y Naruto siempre estuvieran juntos, Sakura se había distanciado de ellos. Hinata estaba más presionada por su primo, quien parecía haber olvidado su amistad con Lee. Ino se dedicaba más al tonteo con hombres que de preocuparse porque su amiga estuviera pasándolo mal y hasta le tiraba la caña a su amigo de la infancia, Shikamaru. El cuál, pese a que Tayuya parecía esconder más motivos que los que contaba, alegaba que se había vuelto un perro faldero de Temari, quien, a su vez, tenía un problemón con su hermano menor y que el asunto de drogas estaba entre medias.

Tenten no cesaba de preguntarse cómo sabía tantas cosas, pero Tayuya continuó con la charla acerca de cada uno de los chicos de esa clase. En algún momento, terminó ignorándola y perdió el hilo de la conversación. Pero observándoles, se había dado cuenta de que era totalmente cierto.

Antes eran más movidos, con más ajetreo y con mejor diversión. La pelirroja alegaba que sería buena idea hacer algo divertido que llamara la atención y removiera las cosas, pero en ese instante, con Sakura en ese estado, comenzaba a pensar que no iba a ser nada bueno hacerlo. No obstante, Tayuya ya lo tenía todo preparado.

(…)

Las clases estaban siendo tan pesadas como aburridas. Aunque intentaron hacerlas más amenas, como si desearan que olvidaran que otro de ellos estaba en el hospital, continuaban siendo un rollazo. Estaba seguro que hasta con los problemas y demás, era mejor quedarse en el hospital con Sakura que aguantando todo eso.

Al menos, perdieron tres clases y solo tuvieron que sufrir cuatro de ellas. Con la esperanza de poder llegar pronto a su casa para tomar una buena siesta, recogió las cosas. Temari se había marchado antes de tiempo con la excusa de que tenía que atender al fontanero, así que se había quedado solo.

Alguien dio dos golpes en la puerta. Levantó la cabeza y miró hacia la puerta. Neji estaba de pie junto a esta, mirándole.

—Ey— saludó—. ¿Qué tal Hinata?

—Bien— respondió con aquel gesto seco característico de él—. Vine a buscar la llave de clase. Me envía Kakashi. Me dará folletos y demás y me dijo que esperase aquí.

Shikamaru asintió, aliviado. Hubiera temido tener que esperar. Se acercó a él y le entregó la llave, echando un último vistazo antes de marcharse. Confiaba en Neji lo suficiente como para dejarle a cargo de algo y también, si era Kakashi el que había dado las órdenes. Ese profesor empezaba a caerle bien.

Bajó las escaleras, encontrándose en el rellano a Tenten y una siempre enfadada Tayuya, conversando con un chico al que no reconoció. Tenten se veía incomoda, pero aun así, ni siquiera le miró en busca de una señal de auxilio, así que, simplemente, pasó de largo, ignorándolas y dejó los cuadernos con las listas de clase en la ventanilla de secretaría.

Nada más salir, Asuma lo esperaba en la entrada, siempre con el cigarrillo en la boca y esa mirada tan segura de sí mismo.

—Voy a llevarte a un lugar.

Shikamaru metió las manos en los bolsillos, frunciendo el ceño.

—Creía que los profesores no podían tener contacto con los alumnos.

Asuma sonrió.

—Esos son los profesores que no tienen permiso de los padres.

Nara arqueó una ceja, incrédulo. Aún así, su instinto le guio a confiar.

—Es más. Tu padre está esperándonos. Me pidió consejo— continuó mientras caminaban—. De tu amiga. Creí que deberías de estar presente.

—¿Hinata? — inquirió mientras se ponía a su altura—. Su secuestro— dedujo.

Él lo confirmó con un asentamiento de cabeza. Luego, al girar la esquina, se rascó la nuca y aceleró el pasó.

—Perdón, el chico tardaba en salir.

Shikamaru miró hacia la pared. Kurenai estaba apoyada contra esta y sacudía un pie nervioso. Al verlos, suspiró y giró sobre sus pies. El joven empezó a preguntarse si aquel profesor había decidido llevárselo con ideas de que fuera su guarda durante un intento de cita.

Él no era ninguna excusa para que otro se llevara a la chica.

Pero al llegar a la cafetería se sorprendió al ver a su padre allí, quien estrechó la mano de ambos adultos y a él le dedicó una palmada, invitándoles a sentarse.

—Gracias por venir, Asuma— agradeció su progenitor—. Hubiera hablado con Kakashi, pero parece estar en otro mundo estos días.

—Quizás tenga que ver con el regreso de Rin— indicó Asuma entregándole la carta a Kurenai—. Ha regresado.

—¿Esa chica?

—Bueno, ya no es una chica exactamente. Además, a mí no me importa.

Shikaku sonrió, divertido.

—Os ha obligado Tsunade, ¿verdad?

Ambos cabecearon afirmativamente y suspiraron a la par. Shikamaru los miraba de hito en hito, intentando comprender qué sucedía. Era inteligente, pero cuando algo no le interesaba…

¿Por qué su padre conocía a Kakashi, además de a la nueva psicóloga? Conjuntamente, ¿qué hacía Kurenai ahí?

—Bueno. Imagino que Jiraiya ya os ha puesto al corriente de algunas cosas. Sé que sigue trabajando para ella, por más que diga. Incluso consigue información antes que la policía.

Pese a que se encontraban sentados en un rincón alejado de la muchedumbre, su padre bajó la voz tanto que él tuvo que echarse hacia delante, asombrándose de que los otros dos simplemente se quedaran en su sitio, mirando mientras su padre hablaba.

—El caso es que creemos que estos ataques hacia la familia Hyûga están siendo demasiado obvios por algún motivo. La chica no quiere comentar nada al respecto y creo que una tumba hablaría más. No sabemos qué pasó. Pero esto está pasando ya de las barreras de los Hyûga, por más que el cabeza de la familia quiera desmentirlo.

—Lo dices por Haruno— intervino Kurenai.

Shikaku asintió.

—Esa chica, sin quererlo o no, estuvo en medio. Y esto llevó a que Naruto Uzumaki estuviera metido en todo. Además del segundo hijo de los Uchiha.

—Bueno, esos chicos tienen fama de problemáticos— puntuó Asuma mirándole de reojo. Shikamaru no pudo más que asentir—. Y siempre han estado con Haruno. ¿Qué ves de extraño?

Shikaku se llevó las manos hacia el mentón, pensativo. Luego rebuscó dentro de su chaqueta y extendió un archivo frente a ellos. Asuma le concedió los honores a Kurenai, quien lo abrió. Dentro, había una fotografía y varios papeles. Desde su puesto, Shikamaru no pudo ver quién estaba en la fotografía.

—Este chico es…— Se sorprendió Asuma echándose hacia atrás y soltando un silbido.

—¿Quién? — insistió Kurenai guardando los papeles y fotografía nuevamente.

—Es Itachi Uchiha.

Shikamaru se tensó. Conocía ese nombre. Era el hermano mayor de Sasuke que había desaparecido años atrás sin un motivo aparente. Los malos rumores alegaban que había intentado robar en la casa de los Hyûga, además de algunos delitos graves que también se le acusaron.

—¿Crees que esté detrás de esto? — terció Kurenai arqueando dos perfectas cejas negras—. Que secuestró a las chicas sin más.

—No puede ser— intervino. Los adultos le miraron con sorpresa por un instante, luego, como si realmente hubieran estado esperando que interviniera tiempo atrás—. Hinata puede que no, pero Sakura conocía a Itachi. Sasuke Uchiha es su hermano menor. Estoy segura de que si, esos rumores fueran ciertos y ella los conoce, no se habría montado con él en el coche.

—La chica mostró una cara de sorpresa cuando vio al sujeto frente a ella. E hizo aman de salir— expresó Shikaku pensativo.

—Eso nos da una pista de que podría ser él.

—Pero no cuadraría esto, Asuma— interrumpió Shikaku chasqueando la lengua—. Por más que me gustaría que el caso se resolviera tan fácilmente, tiene cuartada.

—¿En serio? — cuestionó Asuma sin ocultar su sorpresa expulsando el humo del cigarro—. No me digas que estaba tranquilito en casa de algún colega que le de refugio.

—No. Estaba en el aeropuerto. La misma fotografía que habéis visto es su cuartada. La fotografía la sacaron justo cuando Sakura Haruno se subió al coche. A menos que tenga un doble, dudo que pueda estar en dos sitios a la vez. Y no— añadió cuando Kurenai abrió la boca—, no estaban trucadas las cámaras. Ya las investigamos.

—Entonces. — Alargó la mano y abrió el archivo para revisar los papeles y la fotografía—. ¿Por qué sospechar de él simplemente porque anteriormente hubiera intentado robar? Si no estaba allí.

—¿Un secuaz? — propuso Asuma.

—No. Sería ridículo. Siempre ha efectuado él sus actos de robo. Nunca usó a nadie— aclaró Shikaku.

Shikamaru se frotó el ceño, pensativo. Lentamente, dejó las hojas sobre la mesa y unió sus dedos uno contra otros. Cerró los ojos y aguardó. Mientras su mente absorbía todo y empezaba a atar cabos.

—¿Qué se sabe de sus cuentas bancarias? Porque esos coches eran caros.

Abrió los ojos, mirando hacia Kurenai. Giró la cabeza en espera de la respuesta de su padre.

—No ha amansado una gran fortuna. Más bien, mientras vivió fuera de Japón, se encargó de hacer varios trabajos para subsistir. Finalmente, optó por un trabajo fijo. Nada del otro mundo, pero le garantizó tener al menos algo para llevarse comida a la boca. Por más que tenga ahorrado, no podría permitirse alquilar ni las ruedas de ese coche.

Shikaku terminó de hablar y Shikamaru bufó. Todas las pruebas apuntaban a un sujeto que, en realidad, parecía más inocente de lo que esperaba. Entonces, ¿por qué continuaban con la insistencia de sospechar de él?

Volvió a repasar los informes.

Y entonces lo vio. Ese era el motivo por el cual su padre no podía descartarlo tan fácilmente.

(…)

Neji se sentó tras la mesa del profesor tras cerrar la puerta y asegurarse de no tener moros en la costa. Había conseguido sacar la información del USB, pero debido al caos armado con el secuestro de Hinata, no pudo conseguir nada que le facilitara la ayuda necesaria para sacar todos los archivos. Especialmente, con los ordenadores de su casa pirateados por la policía.

De ese modo, no le quedó más remedio que buscar la solución más cercana. Y ese era el ordenador del profesor en las clases.

Tras teclear unas cuentas veces, romper la seguridad y buscar lo que necesitaba, vio ante sus ojos el archivo. Datos importantes. Detalles y fechas de suma importancia y algo que le ayudaría en el futuro.

Las luces del edificio empezaban a apagarse cuando el ordenador se apagó totalmente. Maldijo entre dientes y sacó la memoria para guardarla en el bolsillo. Apoyándose en el respaldo, intentó memorizar todo cuanto había visto con las intenciones de detallárselo a su tío.

Escuchó la puerta de la entrada cerrarse y después, la verja. Salir de ahí esperaba que fuera tan fácil como había pensado. No deseaba pasar la noche entre esas paredes. Bastante tiempo perdía ya.

Otro ruido cercano le hizo enderezarse. Pasos.

Quizás un bedel.

Se levantó a toda prisa y buscó el mejor lugar para esconderse. La esquina junto a la mesa final del Uzumaki. La columna y las mesas cubrirían su sombra, así que se agazapó, esperando. Si le cerraban la puerta podría abrirla por dentro sin problema.

La puerta se abrió, pero ninguna luz llegó a inundar la clase. Solo unos precavidos pasos y un susurro.

Aquí también tenemos este. Si lo hacemos con los demás y con este no, sospecharán.

Alguien respondió.

Sospecharán igual. Tráelo.

Y los que estuvieran con la figura, empezaron a caminar, pues el sonido de sus pasos llegó hasta él. Vio a la sombra caminar hasta la mesa del profesor y trastear con los cables del ordenador. Fue entonces cuando lo comprendió.

Iban a robar.

Bufó. Porque lo que más le cabreaba es que, tras la última frase, por ese golpe iban a echarles igualmente la culpa a ellos.

Decidió que no iba a darle más problemas a su tío y menos, a Hinata. Fue así como abandonó las sombras con claras intenciones de hacer frente al ladrón. Llegó hasta su altura sin el menor de los ruidos y le apretó el hombro.

La persona dio un respingo y con una habilidad sorprendente, le golpeó el brazo y lanzó una patada que apenas estuvo a punto de esquivar. Se agachó, golpeando el pie que sostenía a la sombra provocando así que cayera al suelo de espaldas. Antes de que tuviera tiempo de reaccionar, saltó sobre ella y lo golpeó en la cara.

Una linterna los iluminó y alcanzó a ver la cara del sujeto. Alguien le golpeó las costillas y tiró de este mismo para sacarlo casi a rastras.

Jadeante, tocándose las costillas con una mano, se quedó mirando el techo mientras recobraba el aliento.

Aquello no podía ser cierto.

Nadie echaba tierra bajo su propio tejado.

(…)

Temari y Matsuri se miraron con cierto placer de satisfacción. Aquel gesto que uno ponía cuando conseguía algo que le había costado mucho y con éxito. Ambas sonrieron y se levantaron, limpiándose el sudor que corría por cada parte de su rostro.

El fontanero había gritado mientras se marchaba y ellas habían saltado de alegría mientras se decidían a terminar al cien por cien con ese dichoso cuarto de baño. Con desagrado de Temari, habían descubierto que la persona que estaba supliendo no era tan limpia como se esperaba.

Si no hubiera sido ayudada por su compañera de clases, nunca lo habría terminado.

Miró su reloj y lanzó una palabrota mientras limpiaba el cristal de este con deseos que no marcara realmente la hora que ponía.

—¿Qué ocurre? — cuestionó Temari cerrando la puerta del baño.

—No llego para comprar la cena de hoy— bufó—. Y encima, tenía una oferta buenísima.

La rubia frunció el ceño, llevándose una mano al mentón, pensativa.

—La verdad es que ya es bastante tarde.

Matsuri asintió mientras se quitaba los guantes y los dejaba en el cubo en el que cargaba los enseres necesarios de la limpieza.

—¿Por qué no te quedas a cenar y, ya de paso, a dormir?

Matsuri se la quedó mirando atónita. Temari le sonrió como respuesta.

—Ponemos un futón de más en mi dormitorio y listo. Te puedo prestar ropa.

Matsuri sintió cierta presión de felicidad en su corazón. Hacía años que no podía compartir habitación con nadie. La emoción de quedarse a dormir en casa de otra persona era pura ilusión. Pero ante el último comentario, sintió un escalofrío.

Temari no lo sabía y esperaba que continuara siendo indiferente en ello, pero todavía tenía en su dormitorio la camiseta que tomó prestada de su hermano. Esa noche había pasado la noche en vela mientras abrazaba la camiseta contra ella y le daba vueltas a lo vivido en aquella habitación.

Por más que lo pensara, iba a continuar con lo que esperaba poder hacer por él. No iba a rendirse.

—¿Te supone un problema, Matsuri? — inquirió Temari al no recibir respuesta.

La joven dio un respingo, negando.

—¡No para nada! Me quedo, me quedo.

Temari sonrió, como si una negación hubiera sido algo terrible. La guio hasta su dormitorio, aunque ella ya sabía de sobras donde estaba, abriéndole las puertas del armario, rebuscando en los cajones.

—Tengo ropa interior sin estrenar, mira, en su plástico y todo. Así que puedes usarla con toda comodidad.

Le extendió el paquete precintado y luego volvió a rebuscar entre la ropa, sacando un pijama blanco con topitos azules como decoración.

—Ale. Puedes ir tú duchándote que mientras haré yo la cena.

—¡Espera! — exclamó aferrando la ropa a medida que se la entregaba—. Debería de hacer yo la cena. Deja que me encargue. Al fin y al cabo, debería de ser mi trabajo.

Temari frunció el ceño, colocándose las manos en las caderas.

—¿Estás diciendo que porque eres mi empleada debería de ordenarte hacer la cena cuando te he invitado como amiga y compañera de clases? ¿En serio?

Matsuri sintió que sus mejillas ardían. Apretó el pijama contra su pecho y sonrió, girándose sobre sus pies.

—¡Iré a ducharme!

Y salió corriendo en dirección al cuarto de baño.

Estaba tan feliz que apenas podía borrar la sonrisa de su cara. Se miró al espejo, pellizcándose las ya enrojecidas mejillas que lentamente regresaban al color natural de su piel.

—¡Bien! — exclamó.

Se desnudó rápidamente, doblando con sumo cuidado su propia ropa y preparó la bañera. El agua caliente era gloriosa cuando casi siempre tenías que abastecer con el agua fría de un termo que en ocasiones funcionaba.

Estaba tan concentrada en sentir aquella sensación, frotándose el jabón, aclarándose, perdiéndose en el ruido del grifo de ducha que ni siquiera escuchó el ruido hasta que alguien tosió.

Lo primero que pensó fue que sería Temari trayéndole las toallas o algo, así que abrió la cortina ligeramente, dejando su cuerpo a salvo y miró hacia fuera con una sonrisa amplia.

—¡Muchas grac…!

Calló cuando en medio del vapor vio al joven pelirrojo.

Estaba sacándose la camiseta por encima de la cabeza, con los brazos hacia arriba y mirando hacia ella. Ni una mota de inseguridad, sorpresa o simplemente, culpabilidad. Se quedó ahí un instante, como si intentara encajar qué demonios hacia ella allí, pero nada más.

Matsuri estaba a punto de gritar, con la saliva en la garganta y preguntándose si tendría que hacer algo en vez de haberse quedado mirando su cuerpo. Tenía pequeñas zonas de bello rojizo bajo el ombligo que descendía hacia sus caderas y pese a no alimentarse bien, su cuerpo no estaba mal. No tenía una tonificación increíble, pero era agradable a la vista.

Él enarcó una pelirroja ceja.

—¿Tengo que bajarme los pantalones para que veas?

—Sí— respondió sin darse cuenta, embelesada, hasta que recayó en lo que había dicho—. ¡No! ¡Oh, Dios, no!

E intentó cubrirse la cara con la cortina. Una muy tenue sonrisa socarrona se dibujó en el rostro masculino. Sin si quiera ponerse la camiseta, —la lanzó sobre las ropas de ella—, se acercó.

Matsuri se cubrió más con la cortina, retrocediendo.

—¿Qué haces?

Él no respondió. Cuando sus rodillas dieron con la bañera, ella emitió un quejido, avergonzada. Gaara simplemente se quedó dónde estaba, alargando la mano y aferrando algo tras ella. Matsuri tembló, guiñando un ojo.

—Topitos— murmuró.

Y se volvió de espaldas a ella, saliendo del cuarto de baño. Escuchó la voz de Temari llegar antes de que la puerta se cerrara y alcanzó a ver una maquinilla de afeitar en la mano del chico. Muerta de vergüenza, resbaló por la bañera, terminando por echarse agua en la cara sin cesar.

Cuando salió más tarde, Temari la esperaba en la cocina, con la mesa puesta y el ceño fruncido. La mirada que le dedicó era una mezcla entre alivio y preocupación.

—No sabía que mi hermano estaba en casa, perdona, Matsuri.

La chica negó.

—No tiene importancia. Solo se confundió.

Temari frunció aún más el ceño.

—¿Y le dio tiempo a quitarse la camiseta y coger su máquina de afeitar?

Matsuri sintió que los colores regresaban a su cara. Nerviosa, alargó la mano hasta su taza de té, bebiendo y sentándose.

—Sí, seguro.

La otra suspiró y se sentó frente a ella. Junto al fregadero descansaban dos tarrinas con comida que Matsuri dedujo, serían para Gaara. ¿Cuánto hacía que no comía con su hermana? ¿Qué era para él la familia?

Temari estaba a punto de llevarse la comida a la boca cuando se detuvo, mirando hacia la puerta de la cocina, incrédula, como si acabara de ver un fantasma. Gaara bostezaba mientras entraba y apartaba la silla libre para sentarse.

—¿La cena? — cuestionó.

Temari casi lloró cuando empezó a servirle.

(…)

No es que deseara comer con su hermana o compartir un momento familiar. Simplemente es que aquello estaba siendo divertido de algún modo.

No podía quitarse de la cabeza la imagen de ese cuerpo pequeño encogido con la cortina del baño cubriendo partes de carne, pero aun así, con las marcas de su sexo y senos notándose como zonas oscuras.

Mierda, más bien no podía mentirse a sí mismo. No podía quitarse esa chica de la cabeza desde el primer día que la encontró en su habitación. Quizás era su cuerpo lo que le llamaba. Si se centraba en serio, llevaba más de tres meses sin sexo. Pero un sexo vacío, algo que él nunca buscaba realmente. Y estaba tan drogado la mayoría de veces que no tenía ni idea de quién era la chica.

Temari le puso la comida en silencio, sentándose de nuevo en su sitio. Gaara miró la comida con el ceño fruncido, preguntándose si esa vez se quedaría dentro de su estómago. No había consumido desde la última vez y aunque las pesadillas estaban ahí, no sentía esa necesidad tan picuda como en antaño.

Quizás, porque su mente estaba en esos momentos cubierta por curiosidad. No importaba.

La muchacha, Matsuri según había señalado su hermana mientras le echaba la bronca por entrar en el cuarto de baño sin llamar, era como se llamaba.

Aquel nombre le traía a su mente cierto recuerdo. Algo que había bloqueado tiempo atrás pero que no conseguía visualizar correctamente. No terminaba de comprender qué era.

—Gaara-kun.

Levantó los ojos de su comida hacia la chica.

—¿Por qué no regresas a clase?

Dios, cómo empezaba a estar hasta los cojones de esa preguntita. Dirigió la mirada hacia su hermana, pero Temari miraba con los ojos muy abiertos a Matsuri, como si no hubiera esperado esa pregunta para nada, al igual que él. Entonces, eso significa que era cosa de la chica.

—Las cosas no están como antes. Es diferente. Los profesores son majos y además, estamos todos juntos de nuevo. Es curioso que nos hayan puesto juntos de nuevo. Esperaba, sinceramente, que Neji, por ejemplo, o Shikamaru, estuvieran en otro lugar.

Gaara reconocía esos nombres pero no podía ponerles cara. No. Más bien no quería saber nada de aquellos tiempos.

El estómago empezó a protestar del único bocado que se había llevado a la boca. Dejó la cuchara sobre el plato y desmigó un trozo de pan, creando una bola con el migajón. Empujó la silla con los muslos y se puso en pie, inclinándose lo suficiente para que la miga terminara en el escote del pijama de la chica.

—Preocúpate por ti, topitos.

Y salió, mientras Matsuri y su hermana echaban pestes por su comportamiento.

(…)

Sasuke se echó hacia atrás en la silla, frotándose los ojos. Kushina y Naruto tardaban demasiado. Ambos habían regresado a su casa a cambiarse y que la mujer descansara por unas horas. Los padres de Sakura se habían pasado tan solo para echarle la bronca en voz baja y poner más nerviosa a la chica. Hasta que no se marcharon, no pareció tranquilizarse, pero aún así, daba vueltas algo en su mente.

A él le incomodaba estar a solas con ella.

Estaba seguro que de algún modo tenían que tener una conversación por todo lo vivido, pero realmente pasaba de ello.

El primer punto es que no podía explicar la rabia que había sentido al enterarse de que fue secuestrada. Ese primer punto tenía dos partes del esquema. Uno de ellas era echarle las culpas a Hinata. Esa condenada mujer parecía estar siempre que algo de su vida cambiaba o le jodía. Por otro lado, Naruto. ¿Cómo podía haber sido tan cazurro como para no darse cuenta de que algo malo le sucedía a Hinata? ¿Por qué no prestaba más atención a Sakura que a él? ¿Acaso no era la mujer que amaba?

Demasiadas preguntas sin respuestas. Porque ese condenado rubio era lo más impredecible del mundo.

El segundo punto era qué había sentido al verla ahí, rodeada de esos tipos que no parecían tener demasiadas buenas intenciones. Y después, cuando se desvaneció, se vio sorprendido al extender sus brazos para retenerla. Y aunque las heridas le dolieron como una patada en los cojones, en ese momento sintió un alivio extraño.

Porque ella estaba salvo.

Entrecerró los ojos para abrirlos cuando escuchó un ruido raro provenir de la cama. Sakura había echado hacia atrás las sábanas, dejando ver sus blancas piernas. Por un instante temió que la chica volviera a las suyas de seducirlo de algún modo y su mente ya empezaba a cavilar cualquier respuesta concisa y clara. Pero la vio alargar la mano hacia el palo del gotero.

—Sakura— nombró.

Ella le miró, como si se acabara de percatar que él estaba ahí.

—Ah. Solo quiero ir al servicio— explicó y empujó su cuerpo con ideas de levantarse.

Cayó de culo contra el colchón, jadeando, sorprendida.

Sasuke se levantó, pasándose una mano por los cabellos y rodeó la cama. Cuando llegó, se acercó lo suficiente para que su pecho rozara su hombro y pasó el brazo por su cintura. Pequeña y prieta.

Maldición.

Dio un tirón para ayudarla a levantarla y aguantó hasta que estuvo estable.

Sakura siempre había sido algo más pequeña que él, pero anteriormente superaba en altura a Naruto. ¿Cuándo se había vuelto tan pequeña y frágil?

—Creo que ya está bien, Sasuke-kun.

Miró hacia ella y asintió.

El camisón le quedaba grande. Era azul y apenas ocultaba las formas de su cuerpo. Sí. Sakura había crecido y optaba a una figura adecuada a ella. La miró en espera, alerta por si un mal traspié acontecía. Pero ella continuó ahí, mirándole como si esperara algo de él. Era un gesto que las mujeres parecían expertas en hacer, esperando que el hombre entendiera solo con señas.

Empezaba a sentirse estúpido.

—Tengo la parte trasera del camisón abierta, Sasuke-kun— murmuró. Aunque lo dijo con cierta vergüenza, parecía indignación su tono de voz.

Sasuke reaccionó y levantó los ojos hacia la pared, bufando.

—No tienes nada diferente a las otras.

Sakura bufó a su vez y la escuchó caminar hasta el baño, con sus pies haciendo ventosa sobre el suelo y el aire del camisón al moverse.

Gruñó al sentarse de nuevo, atentó por si sus piernas decidían fallarla una vez más.

Era ridículo estar siempre del mismo modo con ella. Pero no iba a volver atrás sobre sus pasos. Además, ¿De qué serviría por más que quisiera fijarse en ella? Él estaba prometido a una mujer que no amaba. Y se negaba rotundamente a ser como su padre. Llevaba la sangre de un mal nacido. Estaba destinado a no hacer feliz a ninguna mujer.

Además, Sakura era la mujer de su mejor amigo.

¿O no?

Sintió cierta picazón en el pecho. Algo molesto que no tenía nada que ver con sus heridas.

Escuchó la cisterna y el grifo del agua, para después la puerta. Se levantó y la ayudó de nuevo a acostarse.

Sus ojos se fueron equivocadamente hacia sus muslos una vez más y tropezaron con el escote que el camisón formaba gracias a haber resbalado por su hombro. Diablos. ¿Cómo demonios vestían las enfermeras a las mujeres?

Cubrió rápidamente sus piernas, gruñendo y regresó hasta el asiento para descubrir que estaba más incómodo de lo esperado.

—Sasuke-kun. Tú conoces a Naruto-kun más tiempo que yo, ¿verdad?

Aquella pregunta le hizo regresar a la tierra. Cruzó una pierna masculinamente encima de la otra y asintió. Sakura parecía querer decir algo, pero con la policía siempre rondando por ahí, era natural que se sintiera incómoda. Él mismo estaría furioso de tenerlos siempre encima, como lapas. Si tan solo había ido a luchar y aun así les acribillaron a preguntas.

—¿Desde cuándo más o menos? No es por curiosidad. Solo… necesito aclarar una cosa.

Sasuke intentó hacer memoria.

Conoció a Naruto cuando entró en la guardería. Ambos eran los chicos nuevos y al instante, los chicos se hicieron amigos de él gracias a su desparpajo, mientras que él se llevó de calle a las chicas.

Desde entonces, habían estado juntos. Peleas, pérdidas. Miedos y roturas. Chicas. Especialmente eso.

—Parvulario.

Sakura asintió y de nuevo, quedó sumida en el silencio. Algo raro en ella. Pero es que desde que habían regresado a las clases, Sakura no era ella misma.

Alguien llamó a la puerta y acto seguido, Naruto y su madre irrumpieron en la habitación. Se levantó y se desemperezó.

—Ey, Teme— llamó Naruto levantando una mano—. Vamos a mi casa. Kiba me ha dejado un juego nuevo que quiero que veas.

Sasuke asintió, aburrido. Era mejor ir a esa casa que regresar a la suya propia. Ya se imaginaba lo que le quedaba.

Miró por encima del hombro por última vez hacia Sakura. Esta no le miraba a él, como era frecuente. Tenía los ojos clavados en la espalda de Naruto, quien había levantado una mano como despedida.

Gruñendo, salió al exterior.

Iba a tener que hacer algo con esa dichosa punzada en el pecho.

(…)

Una sonrisa cruzó su rostro. La noche cubría su sombra mientras rebuscaba entre los historiales. Esa institución tenía que tener un punto débil que pensaba encontrar. Mientras las chicas se encargaban de robar equis cosas de poca importancia, él se abastecía de lo importante: información.

Les había costado mucho tiempo entrar entre esas paredes. No iba a desaprovechar la oportunidad. Su maestro no se lo perdonaría. Si después de tantos esfuerzos, llegaban a ello, su castigo sería terrible y el caos se divulgaría por doquier.

Apretó entre sus dedos los dosieres, apuntando con la linterna que atrapaba entre sus dientes los historiales.

—Es algo importante lo que llevas ahí.

Dio un respingo, girándose. Con la linterna, enfocó a su alrededor, deteniéndose sobre uno de los escritorios de los profesores. Un joven permanecía sentado sobre la mesa, cruzado de piernas mientras lanzaba una manzana arriba y abajo.

—¿Quién eres? — cuestionó. El sujeto mordió la manzana. Sus dientes brillaron.

—Lo mismo debería de preguntarte a ti. Pero no me dirás quién eres, del mismo modo que yo tampoco te lo diré a ti.

Dio más mordiscos y lanzó la manzana hacia la papelera. Aún así, él continuó enfocándolo, sin perder detalle.

—¿Qué quieres de esa clase?

Frunció el ceño.

—¿Por qué debería de decírtelo? — cuestionó a su par, subiéndose las gafas con el dedo índice. Aquello empezaba a no gustarle.

El chico siseó un suspiro.

—Porque esa clase es mía. 2- B me pertenece. No puedo permitir que interfieras en mis planes.

En un rápido momento, una pistola apuntaba directamente hacia él.

—Así que, vamos a entendernos. Tú me llevas hasta tu jefe y vives. Me traicionas y mueres. ¿Lo necesitas más sencillo?

Levantó las manos, suspirando.

—No, creo que lo he pillado.

—Bien— zanjó el misterioso hombre—. Tú nombre.

Sacudió la cabeza y volvió a recoger los dosieres.

—Kabuto. Soy Kabuto. ¿El tuyo?

El chico volvió a sonreír, sacudió la cabeza en negación y caminó hacia la puerta.

—Veo que no lo has pillado del todo. Tu jefe, Kabuto, es lo que me interesa.

Kabuto miró hacia la salida. No podía escapar de ningún otro modo. Las ventanas contenían verjas. No podría llegar a tiempo al respiradero y seguramente, el tipo tendría hombres esperando fuera de la puerta.

Había sido capturado.

Salió con él, descubriendo que, al menos, las chicas no estaban. Con algo más de tranquilidad, puso rumbo hacia el lugar que le demandaban. Quizás resultara una buena alianza. Fuera como fuera, todos iban a estar muertos si el trato no garantizaba satisfacción para su jefe.

Continuará…


n/a

¡Muchas gracias por leer y por sus rw! Gracias, en serio, por su apoyo.

Ya respondí algunos de su rw en video nwn.

Por otro lado: ¿Qué será lo que esté rumiando Sakura? Recuerden que Tanto Hinata como ella vieron la cara de su secuestrador, que no es otro que el que sale al final del capítulo chantajeando a Kabuto. ¿Qué querrá este de la clase? ¿Será solo por Hinata? ¿Qué le ocurre a Sasuke en el pecho? ¿Qué pasará entre Hinata y Naruto? ¿Quién golpeó a Neji? ¿Qué ocurrirá con Gaara y Matsuri?

¡Más cositas pronto!