Perdón, tuve que releerme los capis (quién me manda a mí hacerlos tan largos xD)
Roturas
Todo se mueve
Todo tiene un porque mas no tiene que ser el que quieres.
La traición siempre está donde menos lo esperas.
Kushina no pudo evitar sonreír pese al jaleó que se escuchaba escaleras arriba de su casa. Estaba sirviendo tantos vasos de zumo como preparando Sándwiches para un regimiento. Pero es que lo que tenía en su casa era algo semejante en plena edad hormonal.
Terminó de llenar el último vaso, cargó la pesada bandeja y subió las escaleras para detenerse delante de la puerta del dormitorio de su hijo. Las pegatinas que había pegado tiempo atrás todavía brillaban y algunas nuevas llamaban más la atención que otra. Curiosamente, no era un niño que hubiera puesto una señal de advertencia para echar a sus padres de su cuarto. Pese a todo, Kushina había aprendido que no era del todo bueno entrar al dormitorio de su hijo en ciertos momentos, —su hijo no era ya un niño exactamente—, y aunque cuando llegaba tarde a clases entraba como un huracán, el resto de veces procuraba llamar.
Esa vez, la puerta solo estaba medio encajada y las risas salían como una sonata del interior.
Empujó con el pie la puerta y alguien terminó de abrirla. Reconoció la rubia cabeza de Ino y su coleta cayendo hacia un lado. Una sonrisa se dibujó rápidamente en su rostro.
—¡Kushina-san! —nombró sorprendida—. ¿Por qué no me avisó? Podría haberla ayudado.
—No tiene importancia. Me encanta que estéis todos aquí arriba y la cocina es demasiado pequeña para dos personas.
Dejó la bandeja en la mesa del centro del cuarto nada más que Shikamaru y Kiba escondieran las revistas peligrosas de su visión. Solo tuvo que apartarse un momento para que las manos fueran rápidamente hacia la comida y las bebidas. Logró atrapar un vaso y un sándwich antes de que se terminaran y se volvió hacia la cama de Naruto.
Sakura estaba recostada contra los cojines y cubierta por las ropas de cama. Su rostro todavía era pálido y pese a todo, mantenía una sonrisa agradecida en su rostro. Naruto estaba sentado a sus pies y ya mordisqueaba el sándwich que había atrapado para él.
—Ten, come esto —pidió entregándoselo a la chica.
—Se lo agradezco —expresó la joven tomándolo con cuidado de no derramarlo. Dejó la bebida a un lado de la mesita y mordisqueó el aperitivo.
—En serio que tiene una mano maravillosa con la comida, señora Uzumaki —halagó Kiba ganándose un buen frote de sus cabellos.
—Mastica bien o te atragantarás —recomendó.
—Puaj. No. No quiero tener sus babas chorreando por mi merienda —protestó Ino alejándose del chico.
Los demás rieron mientras un colorado Kiba fingía escupirle. Kushina se apartó para observarles. No es que estuvieran todos, pero aquellos eran tan ruidosos que valían para una clase entera. Además, Naruto parecía hincharse siempre que estaba con ellos.
Su hijo no había tenido una infancia fácil. Había conocido lo que era la soledad y perdido muchas cosas a lo largo de su vida. Le veía cada día luchar por ser respetado, caminar con sus pasos torpes y chocarse de bruces contra una pared. Pero aún así, siempre iba con la cabeza en alto porque él era orgulloso de sí mismo.
Y podía sentirse tan orgullosa de él porque era capaz de salvar a la mujer que amaba sin preocuparse de nada.
Era tan parecido a su padre si lo pensaba…
Un pellizco de dolor se le acomodó en el pecho. Echaba tanto de menos a Minato y no tener nada de él era doloroso.
En un arranque de furia se había desecho de su ropa y había guardado todo lo que fuera de su pertenencia. Incluso alquiló un trastero para meter todo aquello que fuera demasiado grande y difícil de dar, donar o vender. Quizás es que ella misma no quería darlo del todo.
—¿Ocurre algo?
Levantó los ojos hacia Ino. Se había agachado a su lado para recoger en la bandeja los platos que los demás iban dejado descuidadamente por la habitación. Al notar su preocupación, negó con una sonrisa.
—No, no. Solo estaba pensado qué debería de hacer para cenar. Sakura necesita proteínas y fuerzas, así que iré a comprar algo.
Sakura se incorporó, preocupada.
—No es necesario que se moleste. Cualquier cosa vale. No tiene que preocuparse.
Kushina levantó una mano para acallarla. Ya conocía sus excusas. Las había escuchado cuando llegaron del hospital. Sakura no había luchado contra la idea de que nada más salir fuera a su casa a descansar. Probablemente la chica no tenía ninguna gana de batallar con sus padres. Pero el dilema había llegado a la hora de dónde colocarla.
Minato y ella habían comprado esa casa con la idea de solo tener un hijo al que mimar y no gozaban más que de dos habitaciones junto a un trastero. La casa no es que fuera para tirar cohetes. Necesitaba unas reparaciones urgentes que no podía permitirse porque eran demasiado caras para su presupuesto.
Así que solo vio como posibilidad ocupar la habitación de Naruto. Naruto había accedido de gusto hasta que le dijo que lo quería durmiendo consigo misma. Su hijo en su vida había abierto tanto la boca por la sorpresa. Ni siquiera el año que le trajeron aquel condenado robot en forma de Ninja con el que dio tanto la tabarra.
Ya soy todo un adulto, mamá, no puedo dormir contigo. ¡Es vergonzoso, Ttebayo!
Kushina había sonreído divertida.
También eres adulto para dormir con Sakura y, además, quiero que ella se sienta como en casa. Dormir en una habitación sola será lo mejor.
Naruto había puesto morros y pateado el suelo con un pie. Por suerte, el berrinche había terminado cuando Sakura se ofreció a dormir en el sofá y su hijo recapacitó, alegando que entonces él dormiría ahí.
—Está bien. Quiero hacerlo, así que no te preocupes —pidió poniéndose en pie—. Naruto, encárgate de bajar la bandeja y limpiar las cosas después. Y vosotros, aunque Sakura haya salido del hospital, necesita descansar, así que en un ratito a casa. Que tampoco os quiero pululando por las calles como si nada.
Todos asintieron a la par y aunque generalmente los demás los consideraran rebeldes, Kushina podía alegrarse de que siempre le hacían caso. Alguna que otra regañina hacía falta, pero ella al menos podía brindarles un poco de amor y seguridad que sus padres no les daban.
Recogió su bolso y sus llaves y se acercó a la puerta. Miró hacia el altar como siempre que iba a salir y frunció el cejo. Se frotó el ojo y sospesó que quizás Naruto hubiera cogido la fotografía.
Salió a la calle y se estremeció al sentir el helado viento. Aferró el abrigo y cerró tras ella. No había caminado demasiado cuando vislumbró una figura que no esperaba encontrarse.
—¿Kushina-san?
—Tú eres…
-.-
Ino se despidió de Kiba y Choûji con la mano mientras bostezaba. Estaba muerta de cansancio. Su padre la había hecho trabajar más horas de lo normal en la floristería y encima, la mantuvo llevando pedidos a diferentes lugares de la ciudad.
Solo podía pensar en llegar a su casa, ponerse un pijama y enrollarse en el edredón. Estaba tan cansada que le pesaban hasta las pestañas. Miró a Shikamaru de reojo.
—Si te pido que me lleves… —murmuró.
—Te diré que camines— zanjó bostezando con la misma intensidad que ella.
Ino chasqueó la lengua y protestó.
—Eres realmente un vago.
—Y tú una caprichosa —terció.
Frunció el ceño y le observó. Shikamaru estaba más alto que ella ya. Le superaba por una o dos cabezas. Más fuerte corporalmente hablando. Ya no era el espárrago enganchado a una cabeza de piña de años atrás. Y aunque eran vecinos, no había sido el típico chico problemático que hacía ruido en su casa como para llamarlo ruidoso.
Desde que le conocía, siempre le había visto bostezar, arrastrar los pies como si fuera un anciano y mirar al cielo. Siempre veía alguna nube interesante con la que embobarse por horas. Le gustaba tirarse sobre el césped y quedarse las horas sin hacer nada. Y aún así, era el chico más inteligente que conocía y podía considerarlo como su mejor amigo.
Por eso, podía notar que había algo que estaba molestándolo.
—Cuéntamelo: ¿Qué es lo que ocurre?
Shikamaru pareció perplejo, pero tan pronto como la miró ese gesto desapareció de su cara. Meneó la cabeza.
—Es mucho mejor que no te metas en esto, Ino. Mucho mejor.
La chica frunció el ceño todavía más. Se detuvo y Shikamaru la imitó unos pasos más adelante cuando no la sintió caminar a su lado.
—Lo digo en serio. Es mejor que no te metas.
—¿Desde cuándo es mejor? —inquirió—. ¿Desde que están pasando cosas tan extrañas? Hemos vuelto a clases cuando en teoría en otros países ya somos mayores de edad. Nos hemos separado de una forma fría y ahora siento como si estuvieras demasiado lejos de mí. ¿Tan poco te fías?
Shikamaru se frotó el cabello y desvió.
—No se trata de eso. Prefiero que estés ajena porque estarás a salvo.
Ino apretó los labios. Odiaba eso. Shikamaru siempre guardándose cosas para él. Del mismo modo que tampoco nunca le contaría qué ocurría entre él y Tayuya, tampoco le contaría lo que ahora le hacía fruncir el ceño y pensar que ella era una frágil mariposa a la que proteger.
Un claxon interrumpió su protesta. Ambos miraron hacia la carretera donde un coche se había detenido. Una rubia cabeza se dejó ver a través de la ventanilla. Ino sintió un escalofrío.
—¡Ino! ¿Qué haces a estas horas en la calle, hn? ¿Por qué no vienes a dar una vuelta conmigo y luego te llevo a casa?
Deidara sonrió de esa forma ladina tan suya. Ino miró hacia él con el ceño fruncido. Shikamaru se metió las manos en los bolsillos.
—Olvídalo Ino, regresemos a casa.
Ino se tensó. Echó los hombros hacia atrás y avanzó hacia el coche.
—No, regresa tú a casa, Shikamaru. No necesito que me protejas tanto.
Y dejando al chico estupefacto, caminó hasta el coche donde Deidara ya le tenía la puerta abierta. Se acomodó y colocó el cinturón. Lo último que vio de Shikamaru fue su figura alejándose mientras el coche avanzaba.
—¿Quién es el menda?
Ino miró hacia Deidara. Apretaba el volante con una mano y la otra descansaba sobre la palanca de cambios, mirándola de reojo. La sonrisa petulante no abandonaba su rostro.
—Un amigo de la infancia —explicó—. Pero no tengo ganas de hablar de él. Creí que me llamarías —recordó con los dientes apretados. Apretó las puntas de su cabello entre sus dedos descuidadamente.
—Lo iba a hacer, pero tengo un caos en mi casa que no me lo ha permitido. Encima, hoy tenía que ultimar los detalles de una exposición que voy a hacer junto a un colega mío mañana.
Ino se interesó de inmediato.
—¡Vaya! ¿A qué hora?
Deidara asintió.
—Después de clases, claro, hn. Cualquiera aguanta a la vieja Tsunade si falta a clases por algo así.
—¿No os apoya en eso?
Deidara torció el gesto.
—Nos apoyaría más si fuera algo de medicina, pero no está mal tampoco. Muchos médicos importantes gustan del arte y compran bien. Espero que uno de ellos compre una de mis creaciones, hn.
—Claro que sí —afirmó positiva—. Seguro que lo logras.
Había logrado ver un poco de sus obras y aunque para ella eran completamente incomprensibles, él había asegurado que era arte y del caro. No iba juzgarlo. Ella no entendía de esa materia. En realidad, poca experiencia lejos de las clases de plástica y lo poco que Sai había tenido la paciencia de explicarle por tal de que posara para él.
El recuerdo del chico la hizo enfadar. Así como Shikamaru, Sai era otro de esos sujetos que tendían a hacerla rabiar.
—¿Te gustaría tomar algo?
Ante la voz de Deidara volvió en sí. Asintió y esbozó una sonrisa cómplice. No iba a echar a perder una buena oportunidad estando todo el tiempo en babia.
—Mañana iré a verte. ¿Dónde es?
—La galería sur, hn. Espero verte ahí.
Ella sonrió todavía más y miró hacia la carretera, donde las luces brillaban como locas por la carretera. O quizás, es que ella se sentía demasiado aletargada.
De repente, recordó todo el cansancio que tenía encima y, sin darse cuenta, terminó dormida.
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Cuando Naruto entró en la clase todos guardaron silencio, clavando la mirada en él de forma interrogativa. Se llevó las manos al cuerpo y fingió sonrojarse.
—Ay, no me miren así que me van a sacar los colores. Ya sé que estoy todo bueno y eso, pero no es para comerme con los ojos.
Alguien soltó una carcajada tremenda. Otro lo mandó a paseo y finalmente, Ino bufó acercándose a él.
—¿Cómo está Sakura?
—Bien. Se ha quedado acostada y cuando ha intentado venir a clases mi madre casi la ha atado a la cama. Traigo un justificante, pero no sé si será válido.
—¿Por qué no iba a ser válido?
Kakashi se asomó por encima de su hombro. Naruto dio un respingo y saltó hacia un lado. Mientras que generalmente era capaz de presentir cuando alguien estaba tras su espalda, Kakashi Hatake se había movido tan despacio que no había conseguido sentir su presencia.
El profesor extendió la mano.
—El justificante de Haruno, por favor.
Naruto lo rebuscó a regañadientes en la mochila y se lo entregó. Kakashi lo leyó y lo guardó dentro de su carpeta, para volverse hacia Temari y Shikamaru.
—Acordaros de que no hace falta que pongáis una falta a esta chica. La escuela ya sabe sus motivos. Ah, tampoco a Hinata.
Mientras que ambos asentían, Naruto volvió la mirada hacia el escritorio vacío de Hinata. Neji estaba junto al de ella, con la mirada clavada en la pizarra y los brazos cruzados. Hinata realmente había recibido menos golpes y no se había intoxicado como Sakura, pero no era de extrañar que no se sintiera con fuerzas para ir a clases.
Volviendo hacia su sitio, se percató de que Sasuke tampoco estaba. Había esperado encontrárselo en la plaza como cada mañana, mas no estaba. Y tampoco sus cosas ni su presencia en toda la escuela.
Después de esa noche en que Shikamaru y él hablaron a sus espaldas, Uchiha había cambiado de un modo que le hacía sentir como si estuviera dejándolo atrás en algo sumamente importante.
Ni siquiera Sakura parecía saber qué podría ser el tema del que hablaran Nara y Uchiha. Cuando se lo contó, la chica estaba tan sorprendida y perdida como él mismo. Aunque no era de extrañar como estaban las cosas últimamente entre ellos. Sasuke todavía le debía una disculpa a Sakura y, a su parecer, más que bien merecida.
En cuanto al tema de ocultarle cosas a él… ese ya era otro tema muy diferente que en su momento probablemente ya solucionaría.
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Sasuke se acomodó mejor dentro de la chaqueta. El reloj de la ciudad resonó y marcaba la hora justa de entrada a una clase a la que no asistiría. No era la primera vez en su vida que hacía pellas, pero sí la primera que se sentía culpable de hacerlas. Y especialmente, por no haberle dicho nada a Naruto.
Era su compañero y mejor amigo, pero cuando lo apartó de la conversación con el Nara, se dio cuenta de que Naruto se había ofendido terriblemente. No al límite de no volver a hablarle, pero sí hasta el punto de que tarde o temprano eso saldría a luz y se lo tiraría a la cara. Por eso, tenía que solucionarlo cuanto antes.
No era algo que quisiera hacer, pero tenía que poner los puntos sobre las íes de ser necesario.
—Nunca pensé que el gran Sasuke Uchiha me llamaría.
Sasuke miró hacia su derecha con el ceño fruncido. El hombre frente a él no podía borrar esa sonrisa socarrona de su rostro debido a su interés. Se llevó las manos a la barbilla, pensativo.
—¿Sabe tu padre esto? ¿O el gran Uchiha lo ignora?
—Mi padre no se mezcla en mis asuntos —terció—. Y tú me debes un favor.
El hombre se rascó la barbilla tras manoseársela. Su voz estridente en una carcajada irritante.
—Eso de que tu padre no se mete en tus asuntos lo discutiremos otro día. ¿Qué quieres de mí?
Sasuke lo sopesó. No necesitaba mucho. Solo información.
—¿Dónde está mi hermano?
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Tenten mordisqueó su labio una y otra vez. Estaba segura de que lo tendría hasta sin color de tantas veces que lo había hecho. Las palabras de Tayuya se repetían una y otra vez en su mente sin cesar. Era una idea tan chiflada que ni ella misma se veía capaz de llevarla a cabo.
¿Seducir a Neji? Dios. Si ese hombre no tenía ojos para otra mujer que no fuera Hinata. Y aunque la chica no estuviera en clases, la forma en que miraba el escritorio delataba toda su preocupación. También por el modo en que mantenía en el entrecejo fruncido.
Tayuya ya le había hecho gestos diversas veces, incitándola. Pero Tenten se negaba. Sus principios continuaban ahí y también estaba el miedo de que él decidiera que estaba harta de ella y pensaba denunciarla, por el bien de Hinata, desde luego. No había una sola cosa que no hiciera ese hombre que no fuera por ella.
Por otro lado, Tenten tenía la pregunta irónica de qué hacía ese chico en el aula a esas horas. No podía pensar en otra cosa que no fueran las malas intenciones que Tayuya y ella habían tenido. Pero Neji no se veía de esos hombres capaces de hacer algo para ensuciarse las manos. Si él quería un ordenador, seguro que solo tenía que soltarle un par de lágrimas a su tío.
—Tenten.
Levantó el trasero del susto de la silla al escuchar su nombre. Temari la miraba con el ceño fruncido mientras sostenía entre sus dedos una hoja que sacudía frente a su nariz.
—El profesor Hatake me pidió que te entregara esto. Tsunade lo quiere firmado antes de la noche y quiere que se lo lleves tú misma.
Tenten asintió y cogió la hoja para mirarla por encima. Era una simple inscripción por la habitación. Nada importante. Por un instante había tenido el corazón encogido y la ligera sospecha de que la llamaran para testificar o peor, encerrarla para siempre en la cárcel. Tayuya parecía estar pensando lo mismo, así que cuando sus miradas se encontraron, ella le sonrió lo más tranquila que pudo para disipar su preocupación.
Cuando la alarma del recreo sonó, ella se entretuvo en quedarse, firmando los papeles y apuntando lo necesario. No fue hasta que sintió la sombra sobre ella que no reaccionó.
Ese día, desde luego, estaba teniendo muy poca seguridad.
Neji se sentó lentamente en el asiento frente a ella, con las piernas separadas y dejando el sillín entre estas. Sus ojos dieron con el papel y frunció el ceño.
Tenten se echó hacia atrás, tragando y notando que el aula estaba vacía salvo por ellos dos.
—¿Vas a huir hoy también?
Miró el folio. No veía las letras de lo poco concentrada que estaba.
—¿De qué?
Neji cruzó los brazos sobre el asiento.
—De mí.
Se atrevió a mirarle y fue un graso error. Tayuya había dicho que podría engañarle, que todo hombre podía caer bajo el influjo de una mujer. Ella no estaba segura de que eso fuera cierto. Ese hombre siempre parecía ver más allá de lo que los demás creían. Era como si su alma fuera desnudada poco a poco.
—Si no me atosigaras no tendría que huir.
—Te atosigo porque me debes un móvil.
Aquello la dejó a cuadros.
—¿Perdona?
—Me debes un móvil —repitió enarcando una oscura ceja castaña sobre su ojo—. ¿O no lo recuerdas?
Tenten tartamudeó. Era raro en ella perder la compostura de ese modo, pero ese sujeto parecía ser capaz de destruir todas sus defensas.
—Yo no te he roto ningún móvil —espetó incrédula—. Tú mismo lo pisaste con el pie.
—No se me habría caído al suelo si alguien, tú, no me hubiera atacado de improvisto.
En eso tenía que darle la razón. Volvió a mordisquearse el labio.
—No tengo dinero para pagártelo —confesó—. ¿Por qué crees que estoy aceptando una habitación escolar?
Neji se encogió de hombros. Se puso en pie a medida que hablaba.
—No lo sé, pero vas a tener que pensarlo. Porque me lo debes.
Se inclinó hacia ella. Sus dedos apoyados sobre la mesa.
—Y creo que no solo me debes un móvil. Si no también mi silencio.
La estudió con la mirada y Tenten se preguntó si tendría la cara tan atónita como se sentía. Pero por la forma en que su boca se estiró muy levemente de un costado, supo que así era.
Luego, cuando salió, Tenten sintió que el mundo se le caía encima.
¿Cómo era eso de que una mujer podía hacer que un hombre estuviera bajo sus pies? Ella no podía hacerlo.
Más bien, había sucedido justo al revés.
.
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Era cuarta hora cuando el móvil en su pantalón resonó. Asuma no solía dejar las clases a medias a menos que fuera una llamada importante y esa claramente debía de serlo. Cuando vio el nombre de Shikaku en la pantalla, comprendió que era así.
Tras excusarse con los alumnos de tercero, salió al pasillo y contestó.
—Shikaku —saludó.
—¿Puedes hablar?
—Supongo que sí —respondió apoyándose contra la pared—. ¿Tienes algo?
—Sí. Sé dónde está Itachi Uchiha. ¿Te apetecería ponerte las armas por una tarde?
Asuma miró hacia el exterior. Hacía años que no trabajaba en campo y había dejado todo eso para ser un profesor. Pero Itachi Uchiha podría ser la causa de muchos problemas a sus nuevos alumnos.
—Ahí estaré.
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Matsuri miró hacia el escritorio vacío por última vez antes de irse. Nadie se sentaba. Nadie lo tocaba. Es como si todos respetaran a su dueño. Como si esperasen a que cualquier día acudiera a clases y quisieran que se lo encontrara en perfectas condiciones. Ni siquiera lo usaban para sentarse o se movió cuando el profesor de música los hizo a todos mover los escritorios para formar un perfecto cuadrado con sus pupitres.
Era el escritorio de Gaara.
—Matsuri; ¿sales?
Dio un respingo al escuchar la voz de Temari. Se había quedado a ayudarla cuando Shikamaru le informó de que no podía quedarse a recoger. Matsuri se ofreció en seguida y Temari y ella habían terminado con la clase en un parpadeo.
Mientras que la mayor se había dedicado a llevar unos papeles a la sala de profesores, Matsuri se permitió un momento para fijarse en el escritorio.
Corrió hacia la salida, sonriente y esperó a que Temari cerrara.
—¿Te dio más problemas mi hermano la otra noche?
Matsuri casi sintió que Temari pudiera leerla.
—No demasiado —confesó—. Pero da igual lo que haga. Seré muy pesada y lo terminaré convenciendo. Ahí hay un escritorio que espera por él.
Temari sonrió soñadora.
—Ojalá que sí. Mierda —masculló al mirar hacia la salida.
Había un joven esperando a los pies de la escalinata. Iba en vaqueros y una camisa negra que caía de cualquier forma sobre su cuerpo, con trozos de tela suelta por los brazos. Matsuri le había visto como uno de aquellos mayores que siempre iban en manada y que le habían recomendado ignorar. Pero también le conocía por otros motivos.
—Sasori —nombró Temari como salutación. El chico clavó los ojos en ellas.
—Te estaba esperando, primita.
—No necesito que me lleves a casa. Conozco el camino.
Sasori se encogió de hombros y descartó el tono de advertencia de Temari.
—No te esperaba para llevarte a casa. Más bien, me gustaría que vinieras conmigo a la obertura de la galería. Ya que es imposible que Gaara venga, pensé que al menos tú, querrías ver algo de lo último que tu hermano dejó en mis manos. Son cosas maravillosas que necesitas ver.
El rostro de Temari se llenó de una tristeza inesperada. Matsuri se preguntó cuánta carga llevaba en soledad y si de verdad se había permitido descansar alguna vez.
—Para que veas que no lo hago con otras intenciones: ¿por qué no traes a tu amiga?
Temari intercambio una mirada con ella que no supo descifrar. ¿Estaba rogándole por una negación? ¿Quería que ella se negara? Pero antes de que pudiera hacer nada, Temari asintió.
—Iremos.
Sasori pareció satisfecho. Hizo un gesto con la cabeza y tras que Temari dejara las libretas y las llaves, ambas se encaminaron tras él.
La galería todavía no había abierto cuando llegaron. Les sorprendió encontrarse con Ino, quién las saludó desde la zona de las obras de cerámica, alguna más estrafalaria que otra, según pudo ver al pasar.
La sección a la que Sasori los llevó era la zona de marionetas. Matsuri recordaba que el hermano mayor de los hijos de las Arenas se había enfrascado en este curioso arte, siendo realmente bueno pero que, desgraciadamente, tras su prematura muerte muchas obras quedaron inconclusas, recayendo esa tarea en su primo.
Matsuri no estaba segura de si realmente aquello era arte especial o no. Algunas de ellas le daban miedo. Parecían creadas especialmente para matar y sentía que con solo mirarlas serían capaces de hacerlo.
Sin embargo, a medida que atravesaban la ancha galería, algunas obras fueron tomando un curso diferente. Incluso le pareció ver un niño pequeño siendo abrazado por otras dos adultas. Algunas eran representativas de gobernadores de años atrás.
Se detuvieron sobre una tarima que todavía tenía cubierta las figuras con una gruesa cortina rojo sangre. Temari apretó los dientes y buscó su mano.
Cuando Sasori tiró de la tela el corazón se le disparó y Temari sollozó.
En la imagen de esas marionetas aparecían tres personas. Dos más altas que una tercera. La del medio era abrazada por las otras dos. La del medio tenía una mirada cruel, pero su sonrisa era ternura. La mujer de la derecha era idéntica a Temari.
—Son…
—Ellos. Los tres hermanos —terminó Sasori por ella—. Kankuro estaba trabajando en ellas porque las quería terminar en especial para el cumpleaños de Gaara en aquellos tiempos. No lo consiguió. Yo encontré apropiado terminarla ahora, cuando queda poco para su cumpleaños.
Matsuri se sorprendió.
—¿Cuándo es?
—El diecinueve de enero.
Matsuri echó cuentas, suspirando. Podía hacerlo a tiempo. O eso esperaba.
—¿Te importa que le saque una fotografía? Prometo no difamar ni exponerla en internet —aseguró.
Sasori frunció el ceño, pero sus ojos brillaron con diversión.
—Adelante. No sé qué tramas, pero me hago una idea.
Temari pareció reaccionar. La tomó de la mano cuando iba a presionar la tecla de la fotografía.
—No, Matsuri. Mi hermano hasta ahora ha sido algo… delicado. Por decirlo de algún modo, se está controlando. Pero como te sobrepases, no será capaz de parar.
Matsuri le devolvió una sonrisa.
—Sé cuidarme tranquila.
—Mi hermano no es alguien que con cuidarse baste —presionó.
Matsuri se soltó lentamente de su mano. Agradecía su preocupación, pero Matsuri no podía echarse atrás.
—No te preocupes, no pasará nada.
Estaba segura de ello. Porque en aquella mirada agresiva todavía quedaba algo de amor.
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Tayuya golpeó el suelo con la punta de sus zapatos mientras esperaba, recostada, contra la pared. En su mano derecha jugaba con su flauta y la izquierda, la que tenía dentro del pantalón, apretaba la pequeña navaja que guardaba para casos especiales.
Este era uno de ellos. O al menos, así lo presentía.
Cuando escuchó los pasos proceder de su derecha, suspiró. Kabuto salió de entre las sombras, con esa sonrisa petulante entre sus labios.
—Lo de la otra noche fue una mierda, Kabuto.
—No necesitas decírmelo —concedió él—. Pero sacamos algo de interés, así que solo por eso él ha sido conmiserativo hacia ti y te ha pagado.
Sacó un sobre con dinero frente a su rostro. Tayuya se lo quitó a regañadientes y fingió contarlo.
—Recuerda darle la mitad a tu amiga —aconsejó.
Tayuya asintió y se guardó el dinero en la cintura del pantalón por dentro.
—Esa chica realmente no sirve. Nos vio un chico de clase y está que se caga por las patas para abajo. Pero guardará el secreto. No hicimos nada complicado tampoco. El que me preocupa es él.
—¿Quién es? —curioseó Kabuto.
—Neji Hyûga. Pero ese chico tiene más problemas que preocuparse por Tenten.
—Un chico de la élite —murmuró el otro frotándose los labios pensativo—. Quizás sea así. De todas maneras, no le quites el ojo de encima. Sería una lástima tener que deshacernos de tal chica.
—Es una patata andante —expresó mordiéndose el labio inferior—. Pero ágil y sabe meterse como una rata por los lugares menos inesperados. Solo que siempre tiene miedo de algo. Dentro de lo que cabe, ha vivido dentro de algodones.
—¿Por qué lo dices?
—Es incapaz de usar su cuerpo para algo. Le dije que engatusara al chico para tenerlo fácilmente engañado, pero es una inútil.
Kabuto soltó una risita entre dientes. De esas que ella odiaba a más no poder.
Se volvió hasta encajarla contra la pared. Una mano apoyada contra el cemento tras ella. Sus ojos fijos en su rostro.
—No todo el mundo tiene la misma frialdad que tú con su cuerpo, Tayuya.
Ella bostezó, aburrida. No necesitaba que nadie le recordarse nada. Se movió más hacia atrás y atrapó unos mechones entre sus dedos.
—No estoy de humor para ello, Kabuto.
Él no se apartó. La sujetó del mentón.
—Me da igual si no lo estás. Necesito que lo hagas. Por alguien en especial. Ese tipo necesita una mujer y me ha comprado varias veces algo de droga, así que ya sabes, un plus extra: una mujer. Y tú siempre quieres más dinero. ¿Verdad?
Tayuya maldijo entre dientes.
—¿Cuánto?
—Diez mil pavos.
—Está bien. Lo haré —aceptó con un suspiro—. ¿Quién es?
—Gaara de la Arena.
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Shikamaru abrió la puerta con cierta pereza. Odiaba quedarse solo en casa por esas razones. Era un coñazo tener que levantarse del sofá para abrir la puerta, hacerse de comer o simplemente ir a coger un vaso de agua.
Cuando vio a Sasuke frente a su puerta lo primero que pensó fue que a Naruto le había ocurrido algo, pero cuando el Uchiha simplemente inclinó la cabeza como salutación comprendió que no. Si algo hubiera sucedido con el rubio probablemente estaría más pálido de lo normal y hasta sudoroso. Pero lo más importante: no estaría llamando a su puerta.
Se hizo a un lado para dejarlo pasar.
—¿Quieres tomar algo? —cuestionó solo por cortesía.
Sasuke se negó y lo agradeció mentalmente. Le daba una pereza increíble tener que ir a la cocina.
—¿A qué has venido entonces?
No es que quisiera presionarle, aunque la cama lo llamaba un montón para echarse una buena siesta antes de la cena.
—Sé dónde está mi hermano.
Shikamaru enarcó una ceja. Nunca hubiera pensado que Sasuke decidiera acudir a él para contarle algo tan delicado. Tras ir a avisarle de que iban tras su hermano, Sasuke se tomó muy en serio lo de esforzarse por descubrir algo que estaba enredado hasta con los Hyûga.
Aunque Sasuke no iba a hablar de más, que confiara en él en ese tema le demostró cuán de confiable era para él.
—¿Estás seguro de ello?
—Totalmente.
Shikamaru asintió y se apoyó contra la pared.
—¿Qué piensas hacer?
—Iré. Tiene muchas cosas que responder.
—¿Por qué no has ido directamente? —se sorprendió.
—Necesito que distraigas a Naruto por mí. Si sabe a lo que voy, seguramente querrá venir y actuará sin darme tiempo a nada. No lo quiero al lado.
La forma de amar de Sasuke algunas veces podía verse como algo retorcido y destructible. Shikamaru comprendía los deseos de mantener a Naruto fuera de todo. Realmente, si el Uzumaki supiera dónde estaba metiéndose Sasuke, probablemente armaría un escándalo. Especialmente, si era un tema que, además, enlazaba el secuestro de Hinata y de Sakura.
—Iré a su casa a ver qué hago. Sakura está ahí, así que tendrá con qué distraerse.
Aunque le diera una pereza increíble el hecho de tener que ir.
—¿Estarás bien?
Sasuke se frotaba el centro del pecho de una forma extraña. Como si se diera cuenta de ese detalle, alejó la mano y asintió. Shikamaru se extrañó.
—¿Te duele el pecho?
—No. Me iré —avisó.
Shikamaru lo vio salir de su casa ese día con cierta mala espina. Pero no era algo que se pondría a pensar demasiado. Aferró sus llaves y se alejó, dispuesto a ir a entretener un rato a un, demasiado para su gusto, enérgico rubio.
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Deidara sonreía como si no hubiera mañana mientras sostenía la mano en la cintura de Ino y esta coqueteaba totalmente descarada con él.
Sai estaba seguro de ello, de que sus coqueteos eran claros y visibles porque, o quería marcar terreno sobre alguna otra mujer, o claramente pensaba que con ello él iba a ceder lo suficiente como para dejar de insistir.
Y aunque todavía tenía que disculparse pese a que no comprendiera la verdadera naturaleza del motivo, continuaba en sus treces con querer dibujarla.
Por eso, quizás fue a meterse demasiado en la boca del lobo por aquel entonces.
—Ino.
La chica dio un respingo al escuchar su voz. Sus ojos se abrieron de par en par y se llevó una mano al rostro mientras suspiraba.
—Sai —masculló—. ¿Cuándo vas a dejar de seguirme a todos lados?
Sai lo sopesó.
—En realidad no te seguía. Tuve una invitación a la galería.
Mostró la tarjetita que había aparecido en el buzón de su casa sorpresivamente. No lo había esperado y aunque tenía cierta sospecha, fue. El arte le gustaba, eso era un hecho. Mas no esperó encontrarse a Ino ahí hasta que vio al rubio junto a ella.
Claramente aquello había sido una broma y por la forma en que Deidara sonreía, no le cabía duda. Quizás es que Sai era demasiado tonto para andarse por las ramas o quizás es que no sabía comprender las situaciones. Eso era cierto. Siempre fue un negado con las relaciones.
—Eso es una excusa —picó Ino señalándolo con un dedo—. Tú ya sabías que yo vendría.
Sai borró su sonrisa de su rostro.
—¿Por qué debería de saberlo? —dudó.
Ino chasqueó la lengua.
—Realmente pienso que hablar contigo es perder mi tiempo. Vete, haz el favor.
Sai no se movió.
—¿Qué parte de vete no has entendido? —siseó Ino incrédula.
—La parte de que realmente no deseas que me vaya.
Ino abrió la boca con sorpresa. Sus ojos se ensancharon y aún así, él solo pudo pensar que quería dibujar esa expresión. Plasmarla en un lienzo. Enmarcarla. Guardarla como un tesoro.
Deidara se interpuso entre ellos para su desagrado.
—Creo que no has entendido a la chica, mocoso. Te ha dicho claramente que te largues. ¿Tengo que decírtelo yo? Porque estaré encantado de hacerlo, hn.
Sai le miró como si acabara de verlo. Aquello creó una arruga molesta en el ceño de Deidara. Ino intervino, colocando una mano sobre el pecho del joven y mirándole a él con cejo
—No hace falta, Deidara-senpai. Ya se marcha. Es más, yo lo acompaño a la salida.
Sai retrocedió cuando lo empujó hacia el exterior. Ino daba pasos tan fuertes que el suelo retumbaba bajo sus pies.
—No sé en qué demonios estás pensado, Sai. Pero más te vale que te largues de aquí. Te voy a dar una respuesta: no voy a posar para ti. Largo.
Lo empujó hacia la salida. Los dos guardias en la puerta lo miraron fijamente en advertencia.
Sai tuvo vedada la entrada en ese mismo instante. Pero si pensaba que todo había terminado ahí; estaba realmente equivocado.
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Itachi miraba la puerta con el ceño fruncido. Había visto los coches de policía y no era tan idiota como no suponer lo que vendría una vez abriera la puerta. Mas no iba a huir. Él era completamente inocente.
Abrió la puerta y levantó las manos automáticamente. Dos policías se abrieron paso hacia él. Uno de ellos llevaba pasamontañas pero el olor a tabaco lo delató. Itachi solo sonrió levemente mientras le esposaban las muñecas y el metal helado le recordó a aquellos viejos tiempos en que había intentado hacer cosas por su padre. Antes de que decidiera que era suficiente. Antes de que, sin darse cuenta, frustrara la vida de su hermano de un modo que no hubiera marcha atrás.
—Asuma, juraría que te habías retirado.
El hombre se tensó. Reconoció a Shikaku a su lado que tiró de él bruscamente. Pero el nombrado levantó una mano para retenerle, quitándose el pasamontaña. Asuma Sarutobi le observó con una sonrisa socarrona en los labios.
—Veo que sigues igual de bueno que siempre, Itachi.
—No como crees —respondió encogiendo los hombros—. Eso sí. Esta vez no he hecho nada.
—Eso ya lo veremos —intervino Shikaku tirando nuevamente de él—. Vamos. Te leeré tus derechos.
Mientras la voz del policía le resonaba en los oídos, fue sacado al exterior. Antes de entrar al coche de policía alcanzó a ver algo. Un resquicio leve, una figura en la oscuridad de un callejón.
Sonrió y cerró los ojos, acomodándose en el asiento trasero del coche de patrulla.
Vaya por dios. No quería encontrarnos así… Sasuke.
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Sakura…
Sakura se sentó sobre la cama, asustada. Tardó en recordar donde se encontraba y saber lo más importante; que estaba a salvo. Entonces ¿por qué sentía ese aguijón extraño? Como si alguien la estuviera llamando en la lejanía.
Incómoda, retiró las mantas y caminó hacia la ventana. Apartó la pesada cortina amarilla y escudriñó en el exterior. No había más que sombras alrededor de la luz de la farola. Ningún coche estaba activado. Tampoco había personas. A simple vista, no pasaba nada.
Volvió a sentir esa punzada, preguntándose qué sería. ¿podría ser la ansiedad tras todo lo que había pasado?
Estarás bien, Sakura. En el futuro las cosas estarán algo revueltas, pero tú estarás bien.
Sacudió la cabeza para hacer desaparecer esas palabras. Las mismas que aquel sujeto le dijera en el hospital antes de marcharse. ¿Qué importaba si ella estaba bien o no? Eran Naruto y Sasuke los que debían de estar protegidos.
Volvió a fijarse en el exterior, mordiéndose el labio inferior. Fue entonces cuando lo vio. Una figura en la oscuridad. No necesitó mirar demasiado para reconocerla.
Giró sobre sus piernas, torpes y cansadas por el tiempo en cama y abrió la puerta del dormitorio. Bajó las escaleras haciendo el menor ruido posible. Incluso tuvo cuidado del sexto escalón que Naruto le recomendó no pisar nunca si iba a escabullirse, ganándose un capón por aquel entonces por su parte, y que ahora le agradecía.
Lo vio despatarrado en el sofá, roncando y rascándose el vientre. En cualquier momento perdería el equilibrio y terminaría cayendo sobre la alfombra. Necesitaba moverse antes de que eso pasara.
Abrió la puerta con todo el cuidado del mundo, deteniéndose a escuchar antes de hacer cualquier otra acción. Naruto continuaba roncando y que Kushina no hubiera encendido las luces para pillarla infraganti seguro que quería decir que continuaba a salvo.
Cuando finalmente atravesó el portal, el corazón le latía a mil por hora. Sin acordarse de sus pies descalzos corrió hacia la calle frontal, deteniéndose con el aliento y el corazón revolucionados.
—Sasuke.
El chico parecía completamente confundido y alternaba las miradas del cristal de su ventana a ella, como si no diera crédito a su presencia. Tenía la parte baja de los ojos oscurecida y si Sakura no le conociera, podría haber jurado que había estado llorando.
Tal y como llegó su gesto de confusión desapareció por el rostro frio que tanto conocía y la mirada severa que le dedicaba cada vez que estaban a solas. Sakura ya conocía las distancias. Mejor que nadie. Ese dolor era tan interrumpido y frecuente que era casi hasta natural.
—¿Por qué has salido?
—Creí que me llamabas —soltó mientras intentaba recuperar el aliento—. Sasuke. No estás bien.
La afirmación de sus palabras llegó con un tic en la barbilla.
—Eso no tiene que importarte.
Sakura se frotó los brazos. Sentía frio y no podía saber si era por sus palabras o porque realmente hacía frio en pleno enero.
—Me importa y sabes por qué.
Sasuke frunció el ceño.
—No sabes nada de mí.
—No me dejas saberlo.
—No necesitas hacerlo —terció cabezonamente.
Sakura había soportado muchos años el dolor como para retenerse.
—Sí tengo que hacerlo. Quiero saber todo de la persona que…
Al igual que antaño, Sasuke cubrió su boca con la mano, reteniendo esas palabras que siempre había querido decirle. Aquellas que él se negaba a diestro y siniestro por detener. Como si sus sentimientos fueran algo tan poco importante, algo que le dañara hasta el alma.
—La persona a la que has de mirar está en esa casa, cuidándote. Yo te hubiera dejado tirada en la calle a la primera de cambio, mientras que Naruto te ha ofrecido su hogar y su corazón. Deja de perseguirme. De fijarte en mí. Olvídate de todo eso, Sakura.
Sakura sintió que el corazón se le detenía y que el llanto caía sobre su mano. Tan cruel. Esas palabras dolorosas que rasgaban su corazón. Se acercó a su oído lo suficiente para que su aliento le golpeara la carne.
—La próxima vez que estemos a solas, te juro que te violaré.
Se alejó lentamente de ella mientras el pánico estallaba en su pecho. Tragó y las palabras aún así no salieron. Quería gritarle que eso era mentira. Que él jamás haría algo así. Pero algo en él era todavía más oscuro. El miedo era real. La promesa también.
Cuando lo vio alejarse, muerta de miedo, solo atisbó un momento de claridad a ver cómo se llevaba la mano que había estado cubriendo su boca y llenándose de lágrimas a los labios. Luego, su figura se adentró en medio de la oscuridad.
Si Sasuke había ido buscando una salvación, ella no era la que podía hacerlo.
Nunca.
Continuará...
Notas de autora:
Más gente que aparece, otras que se muestras. Más intrigas y traiciones. Estos niños no pueden tener una vida escolar normal, no...
Esta vez faltó Hinata, pero es que la pobre solo está descansado y no ha tenido mucha cercanía con nadie. Pero su historia sigue, ojo. Que tiene que decidir qué hacer con el tema de Sasuke, su padre y Naruto. En el próximo capítulo se verá.
¡Gracias por leer y comentar! Ya me contaréis =)
