Lo siento, estaba sin ordenador. Espero ponerme al día con todas las cosas que debo. No sé si recuerdan las que me siguen en face que avisé que este fic iba a tener más de 10.000 palabras. Lo siento xD.


Resumen para estar al día:

Los chicos siguen revolucionados y no solo por las hormonas. La vida está dándoles más bofetadas sin que puedan detenerla. La vida de todos y cada uno de ellos va en avance y sin detenerse.

Con la detención de Itachi Uchiha, hermano de Sasuke Uchiha e hijo prófugo, todo parece estar a punto de explotar en la cara de todos. Especialmente, Hinata, Sasuke y Neji.

Sakura volvió a intentar declararse a un Sasuke recibiendo una negación profunda que va a dejar una huella entre ellos. ¿Cómo afectara eso a Naruto? Shikamaru y Sasuke parecían empezar a llevarse bien o al menos, tener algo en común. ¿Afectara en algo la detención de Itachi? Neji y Tenten están en medio de un toma y daca de chantaje que podría terminar en algo más.

Deidara no va a dejar que Ino se le escape de las manos. ¿Quizás tenga intenciones ocultas? Sai sigue rondando sin comprender del todo por qué.

Kushina encuentra a alguien misterioso y que parece conocer. ¿Tendrá un aspecto importante en su vida?

Y Gaara parece estar cambiando poco a poco. ¿A causa de Matsuri?


Roturas 9

Caos


Me duele porque siento

Me duele porque eres tú

Me duele porque te quería

Me duele porque eras tú.


El caos probablemente había comenzado cuando salió en las noticias. O al menos, eso quería pensar. Con una taza de café en la mano que se le había enfriado y los ojos clavados en la pantalla del televisor sin poder creerse lo que estaba viendo. Su padre, a su espalda, había soltado un bufido y ya podía imaginarse lo ocupado que iba a estar ese día.

—Uchihas —siseó Neji acercándose a ella.

Podía comprender la forma en que expresó sus palabras. Nunca se había llevado bien con Sasuke. Menos se preocuparía por otra parte de su familia. Los Uchiha para su primo eran cucarachas que no debieran de existir.

Le entendía a la perfección. Y era tan triste…

—Pensé que Itachi-san había desaparecido —recordó preocupada.

—Solo estaba escondiéndose —respondió Hiashi tras ella—. Según su padre era un hijo traicionero que se fugó de casa tras vaciarle algunas cuentas bancarias y destruir su hogar. Por eso nos ofreció a Sasuke en vez de a Itachi para tu boda. Porque lo borró como heredero.

—Supongo que hoy debe de tener un día de perros —opinó su madre dándole un toque a Hanabi para que adelantara su desayuno—. Será horrible para ese niño.

Hiashi se frotó la barbilla, pensativo. En silencio, se levantó.

—¿Cariño?

—Esto puede servirnos.

Hinata miró la pantalla de nuevo. No tardarían en aparecer los rumores. En suposiciones y diferentes opiniones. Y lo peor de todo, es que eran capaces de llegar a asuntos más oscuros y secretos, como su futuro matrimonio con Sasuke Uchiha. Observó a su padre tenso, hablar por teléfono con el ceño fruncido y como si tuviera a la persona delante.

Tras la conversación que había escuchado aquella noche de sus padres, algo en ella había cambiado en respecto al hombre, pero muchas otras preguntas habían nacido y que no se atrevería nunca a pronunciar.

Ahora comprendía por qué tenía que ser una carta de cambio. Neji también lo era. Ambos debían de cargar con el peso del pecado de sus progenitores y ni siquiera las lágrimas serían suficientes para pagar lo que el destino tenía preparados para ellos.

—¿Realmente creéis que Itachi Uchiha robó a su padre?

Se volvió hacia Hanabi, que masticaba un trozo de pan mientras sus ojos seguían fijos en la pantalla, en la fotografía de un joven moreno y de rasgos curiosos. Hiashi se acercó a ellos cruzándose de brazos.

—¿Por qué lo dices, Hanabi?

—Porque si un hijo roba dinero a su padre, y teniendo en cuenta que es mucho, no hubiera tenido problemas para vivir y tampoco habría regresado a Konoha. Estaría viviendo en países que no tuvieran en cuenta la ley. La extradición esa.

La familia intercambio miradas de curiosidad. Hanabi simplemente continuó comiendo y se terminó la leche.

—Me voy a clases.

Hinata dio un respingo al recordar.

—Ah, nosotros también —anunció.

—Hinata.

Se detuvo para mirar a su padre. Hiashi había fruncido el ceño y tenía los labios tensos.

—Si esto se dispara, regresa a casa. No quiero que esto cause un caos en nuestra familia por un error tuyo.

Hinata inclinó la cabeza.

—Por supuesto, padre.

Neji, Hanabi y ella fueron en silencio durante todo el camino. Lo agradeció. No quería hablar. Realmente pensar en lo que sucedía, buscar una pista de todo aquello, era lo que más deseaba en ese momento.

—No te preocupes, Hinata-sama.

Levantó la vista hacia Neji, quien la ayudaba a salir del coche y mantenía la vista clavada en las paredes del edificio escolar.

—Si algo pasara, la sacaría de aquí sin dudar.

Le sonrió en agradecimiento.

—Lo sé, Neji-nii-san. Pero tú también has de tener tus propios problemas con esto.

—Al contrario —negó observándola fijamente—. Ver caer a los Uchiha no es algo que me atemorice. Lo que me preocupa es que la arrastren con ellos.

—No pasará. Tranquilo.

Le dio una palmada suave en el hombro y se adentraron. No había cámaras, ni miradas curiosas. Probablemente pocos eran los que escuchaban la televisión o les interesaría la vida de los demás. Algunas veces, los rumores llegaban tarde.

Pero cuando entraron en la clase, el peso de algo que conocían cayó sobre ellos . Tragó y avanzó hasta su puesto, con Ino acercándose rápidamente hacia ella, seguida por los demás.

—¿Cómo te encuentras?

—¿Eh?

Ino suspiró tocándose el ceño.

—Es la primera vez que vuelves a clase tras el secuestro. Sakura no ha podido venir todavía, está recuperándose.

—Ah. Ya veo —murmuró ciertamente aliviada—. Me gustaría poder verla.

—Cuando quieras, cuando quieras.

—Ino, no invites a la gente a la casa de los demás cuando no es tuya —regañó Choûji mordisqueando unas patatillas—. Siempre haces lo mismo.

—¿Qué importa? Naruto siempre dice que su casa es la de todos. ¿O no es verdad?

Hasta ese momento, Hinata no se había percatado de su presencia, cosa que era realmente extraña. Estaba sentado sobre su mesa con las manos dentro de los bolsillos y las piernas encogidas a tal punto que sus rodillas se mantenían contra su pecho.

Sus ojos azules se posaron en ella para desviarse luego hacia Ino.

—Siempre.

Ino sonrió y le dio una palmada en la espalda.

—¿Ves? No te cortes. Te vienes conmigo luego de clases y le damos la tabarra de ser necesario.

Hinata sintió la mirada de Neji en su espalda. Desde su horario reciente hasta la tarde podrían pasar mil cosas y una de ellas podría ser que se expusiera su relación con Sasuke Uchiha. Habría preferido abrirse con Ino y Sakura antes de que se hiciera Público. Ambas eran conscientes de la persona que de verdad le interesaba.

Desvió la vista de nuevo hacia él. Naruto y Shikamaru estaban enfrascados en una conversación en susurros. Naruto permanecía con el ceño fruncido y mirándose la mano que no cesaba de abrir y cerrar, como si tuviera un tic nervioso. Probablemente para los demás no sería nada. Hinata se percató de que no era verdad. Había algo que lo torturaba y, sin embargo, quizás no fuera solo lo que había salido por las noticias.

Sasuke Uchiha no estaba por ninguna parte. Ni si quiera sus cosas. Naruto no había mirado ni una sola vez hacia su escritorio y por la tensión en sus hombros casi parecía una bomba a punto de explotar.

Hinata deseó poder tener la capacidad de calmarlo, pero por otro lado, la angustia de volver a tener un corazón roto la invadía. Si Naruto se enteraba de que ella estaba prometida a su mejor amigo seguramente le daría palmaditas de felicitación y a Sasuke lo retaría a alguna absurda pelea de amigos por no haberle contado ese detalle.

Hinata sentiría de nuevo su corazón pateado.

En realidad, todo eso estaba siendo como una montaña rusa. Se inflaba de felicidad. Se deshinchaba de decepción. Le rajaban el corazón. Lo volvían a cuidar con gentileza. Pero jamás pensó que la gentileza pudiera hacer tanto daño.

Ella no quería que Naruto fuera gentil porque debía de serlo. Ella quería que lo fuera porque la amaba.

La verdad también era como un cuchillo que la atravesaba. Ese deseo nunca sucedería.

—¿Hinata?

Las voces se callaron al escuchar su nombre. Notaba la mirada de todos clavadas en ella, incluso Naruto la había mirado por fin con curiosidad. Neji extendió su brazo hacia ella, sujetando un pañuelo entre sus dedos. Ino la miraba preocupada y hasta Tenten había avanzado hacia ella.

—¿Qué ocurre? —cuestionó sin comprender.

Entonces lo notó. Algo húmedo resbalar por sus mejillas. La humedad en sus ojos. Las lágrimas provocando que su visión fuera borrosa. Su cuerpo demostrando el dolor silencioso de sus pensamientos.

Se llevó las manos a las mejillas y aceptó el pañuelo de Neji, limpiándolas sin mucho éxito.

—¿Qué? ¿Por qué?... No dejan de salir.

Ino frunció el ceño y le rodeó los hombros.

—Será mejor que vayamos al baño a limpiarte la cara, Hinata.

Neji apartó la mano cuando ella asintió. Su primo no era tonto y sabía que cuando Ino decía aquello claramente se trataba de una asamblea de mujeres en busca de información. Por supuesto, su primo era capaz de esperarla en la puerta, pero fue gratificante que no las siguiera. Al menos, hasta que la puerta se abrió bruscamente.

Sasuke Uchiha estaba de pie frente a ella, con los ojos brillantes, furiosos. Desvió la mirada por todos ellos y la clavó sobre Naruto y Shikamaru.

—Teme —farfulló Naruto poniéndose en pie.

Pero para su sorpresa, no fue el cuello de Naruto el que sostuvo y tampoco fue su rostro el que golpeó. Shikamaru dio de lleno contra las sillas y mesas tras él, mientras todos miraban atónitos la escena.

—¡Serás cabrón! —expresó Sasuke volviendo a aferrarlo y golpearlo.

Shikamaru levantó las manos para cubrirse, pero fue lento y apenas pudo esquivar algunos golpes hasta que lograron quitarle a Sasuke de encima. Hinata jadeó sorprendida en el mismo instante en que Naruto se interpuso entre ellos, empujando a Sasuke contra la pared y reteniéndolo con su cuerpo.

Sasuke continuó debatiéndose, buscando el modo de volver a lanzarse sobre Shikamaru, quien había logrado sentarse gracias a Temari y, sorprendentemente, Tayuya. Por la sangre que le caía del labio, se lo había roto y la ceja tenía un corte horroroso.

—Llevároslo de aquí —ordenó Naruto entre forcejeos—. Maldita sea, Teme. ¡Basta, ttebayo!

Sasuke no perdió de vista a Shikamaru mientras caminaba, frotándose la sangre para detenerla. Se detuvo antes de salir, mirando hacia Sasuke con las cejas fruncidas.

—Yo no fui.

—No te creo —espetó Sasuke fríamente.

Le heló hasta la sangre.

Shikamaru chasqueó la lengua y accedió al empujón que Tayuya le dio, obligándolo a continuar. Hinata volvió a centrar su visión en Naruto y Sasuke. El moreno continuaba forcejeando contra Naruto, quien se retiró encogido cuando un puñetazo le dio de lleno en las costillas.

—No te metas en esto, Naruto.

Le dio la espalda para salir, pero Naruto lo aferró del hombro, reteniéndolo. Los ojos le brillaban de dolor y preguntas.

—¿Qué demonios pasa, Sasuke? ¿Por qué? ¿Por qué te has peleado con Shikamaru de ese modo? ¿¡Por qué demonios tenías que hacer que Sakura llorara de esa manera!?

Sasuke se tensó, deteniendo el paso. Se volvió tan rápido que apenas fueron conscientes hasta que atrapó a Naruto del cuello.

—No me jodas ahora preocupándote cuando ni siquiera eres capaz de ver que a la chica que te gusta algo le ocurre, imbécil.

Lo soltó y salió dando un portazo. Naruto apretó los puños y pateó la mesa más cercana, gritando de rabia. Antes de que ninguno pudiera detenerle, saltó por la ventana.

Hinata miró al suelo, forzándose por retener las lágrimas. Temblaba como un flan. Aturdida.

Las palabras de Sasuke no habían sido un golpe tan solo para Naruto.

Para ella también.

—Será mejor ir al baño, Hinata —intervino Ino haciéndola volver en sí. Acercó su boca a su oído—. No te derrumbes aquí.

Iba a dejar que Ino la arrastrara, hasta que vio que llevaba su maleta. Ino le guiñó un ojo.

—Vayamos a ver a Sakura. Seguro que algo podemos hacer. ¿Te importa, Neji? Prometo cuidarla.

Su primo la miró antes. Luego asintió.

—Ten cuidado.

—Lo tendré—susurró.

Y permitió que Ino la arrastrara hasta la calle, con el viento helándole las lágrimas en las mejillas y enfriando un poco más su corazón.

Sakura las miró con sorpresa cuando entraron en la casa. Acababa de darse una ducha y estaba sentada en el sofá, negándose a pasar más tiempo en una habitación que no le pertenecía, abrazándose las piernas y pensando en nada mientras hacía zapping.

Verlas le hizo gracia al principio, pues la idea de Hinata Hyûga saltándose las clases era algo digno de enmarcar. Mientras pensaba en bromear acerca de dónde estaría su móvil para fotografiarlo, el rostro de la joven la detuvo y automáticamente, sintió que algo no iba bien.

Ino cerró la puerta tras ellas.

—Sakura-chan. Me alegro verte —saludó educadamente Hyûga.

Sakura se levantó y en silencio, la abrazó.

Aquel gesto pareció detonar algo en ambas y las lágrimas se derramaron mientras que Ino las miraba de hito en hito y cuando Kushina asomó la cabeza para ver qué ocurría, la acompañó a por chocolate y clínex a borbotones antes de desaparecer escaleras arriba.

Una taza de chocolate después y tres clínex inservibles, Sakura por fin pudo dejar de hipar y sonreírle.

—Vaya par de bobas estamos hechas. Ponernos a llorar como si nada.

—Bueno, al menos os habéis desahogado un poco —opinó Ino encogiéndose de hombros—. Aunque un poco más y lloro yo con vosotras. ¿Seguro que no tenéis la regla?

Hinata se ruborizó adorablemente y Sakura le tiró un pañuelo que Ino luego se quitó de encima con cara de asco.

—Esto da mucho asquito, frentona.

—No te quejes, Ino-cerda —bufó cruzándose de brazos—. ¿Y bien? ¿Qué es lo que ha pasado?

Hinata dio un respingo, mirándose las manos. Parecía cohibida al haberse recuperado y Sakura sonrió internamente al recordar dónde se encontraban.

—Podemos ir a la habitación si te sientes más cómoda —propuso con cierta picardía.

Hinata enrojeció y levantó las manos para negar, desviando la mirada hacia un lado, delatando, estaba segura, que le apetecía un montón. Pero siempre tan educada, no se dejaría llevar por su fanatismo a ese extremo.

—De verdad, es mejor que no —demandó suavemente—. Ya me han roto varias veces el corazón como para hacer que el dolor sea más grande.

Sakura e Ino intercambiaron una mirada interrogante. Sakura acarició la mejilla blanquecina y le sonrió.

—Nosotras somos tus amigas, Hinata. Cuéntanoslo todo, anda —incitó dulcemente.

—Siempre me ha parecido que cargas con muchas cosas, Hinata, sinceramente —terció Ino rascándose la nuca—. Pero nunca te apoyas en nosotras y a veces parece que te olvidas que estamos aquí para ti. Cuando lo necesites.

—Oye, yo me subí a un coche contigo con intenciones de ayudarte. Que saliera mal era otra cosa —recordó Sakura frunciendo los labios—. Aunque no salió mal del todo. Naruto vino a salvarte —elogió.

Hinata parpadeó y las húmedas pestañas brillaron sobre su nívea piel. Sakura siempre había sentido envidia de ella en ese sentido. Hinata era hermosa. Completamente hermosa a su modo, sin tener que esforzarse. Era la princesa. Su piel era brillante, blanca y sin una sola marca a simple vista. Y sin embargo, se ocultaba bajo el peso de la sociedad que le impedía ser ella misma.

Si tan solo Naruto se diera cuenta…

—Chicas… yo… quiero desenamorarme de Naruto.

Ambas la miraron como si acabara de anunciar que estaba embarazada y no conociera la identidad del padre. Por la forma en que sus ojos se entrecerraban, Sakura comprendía lo que su determinación le dolía.

Se echó hacia atrás y suspiró.

—Vaya por dios. Parece que ambas somos únicas para enamorarnos de chicos complicados.

—Bueno, lo mío tampoco es fácil —reconoció Ino.

Las tres suspiraron derrotadas.

—Y dinos. ¿Por qué renunciar a él?

Ino se golpeó la frente y le dio una patada. Sakura dio un respingo, sorprendida.

—No creo haber preguntado nada malo, diablos, Ino-cerda.

—Es que nunca te enteras de nada. Hinata quiere renunciar a Naruto porque está enamorado de ti.

Sakura se tensó y miró hacia Hinata con la boca abierta. La tomó de las manos.

—Hinata, no es algo correspondido. Deberías de saberlo de sobras. Hablaré con él y le dejaré las cosas claras. No puedo verte así. Tendría que haberlo hecho mucho tiempo antes, pero… —se mordió el labio para interrumpirse—. No puedo deciros el motivo, realmente no puedo, pero… hasta ahora no he podido negarme a ciertas cosas con Naruto. No quiero decir que hayamos hecho algo indebido, no puedo corresponderle, pero… tampoco quiero herirle más tiempo el corazón. Él merece una persona que le quiera de verdad y que sea buena.

—Tú eres buena —objetó Hinata sorprendida.

—No lo soy. Si conocieras la verdad detrás de mí, tú misma me mirarías con desprecio.

—Yo lo hago y no me dices nada —bromeó Ino cruzándose de brazos.

Sakura solo le sonrió como respuesta. Estaba agotada de mentir. ¿Cómo podían hacer las otras dos para vivir sin mentir?

—De todas maneras, aunque tú no le correspondas, no puedo seguir enamorada de él.

—¿Y por qué?

Las tres se miraron entre sí y levantaron la mirada hacia las escaleras. Kushina estaba bajando lentamente, con una coleta alta, en vaqueros y camisa. Hinata desvió la mirada hacia sus manos, inquieta.

—Yo…

Kushina suspiró y avanzó hasta su altura. Sin brusquedad, echó el flequillo de Hinata hacia atrás y sonrió. Una sonrisa semejante a la de su hijo.

—Sé que mi hijo es un cabeza hueca que tiene una suerte del copón al tener una chica como tú tras él, pero déjame darte las gracias por querer hasta el lado malo de mi hijo. Eso sí, si te ha hecho algo, yo misma me encargaré de cargármelo, que para eso le di la vida. Pero, Hinata, corazón. No te hagas daño a ti misma por el hecho de que tu padre quiera gobernar tus riendas. Eres y siempre serás, la única que puede manejar las riendas de tu vida. Si es amar a mi hijo, estaré encantada. Si es patearlo, te ayudaré. Pero si es matarlo, te juro que te mataré yo antes.

Se dio unas manotadas en los vaqueros y les sonrió.

—Haré la vista gorda como que estáis haciendo pellas, pero chicas, aseguraros de no meteros en líos o me moriré. ¿Vale?

Y tras guiñarles un ojo, se marchó. Ino tragó y respiró agitadamente, como si hubiera estado aguantando todo el tiempo la respiración.

—Por dios. Kushina es un amor, pero a veces da miedo.

—Normal —murmuró Sakura estirándose—. Es lo que hay; los residuos de que fuera una pandillera.

Ino y Hinata abrieron la boca de tal forma que podría haber entrado un enjambre de moscas y ni se enterarían. Bajó los brazos para mirarlas con una sonrisa.

—¿No lo sabíais?

—¡Claro que no! —negó Ino escandalosamente—. ¡Nunca hemos hablado de eso!

—Bueno, a mí es que me dio un escarmiento cuando casi caigo en un grupo. ¿Recuerdas?

Sakura había intentado convertirse en una pandillera cuando tenía quince años. Todavía recordaba a Kushina persiguiéndola, con el cabello rojo sacudiéndose y los ojos brillándole. Sonrió divertida, aunque en aquel momento había temido por su vida.

—Para evitar que yo siguiera ese rumbo me contó su experiencia, como un ejemplo a seguir y para que me diera cuenta de que no siempre es igual y que hay otro camino.

Ino se echó hacia delante, interesada. Hinata se sentó cómodamente y con discreción, puso la oreja. Sakura sonrió, divertida.

—Me contó cuando conoció a su marido, Minato, el papá de Naruto. Juraría que antes había una fotografía en el altar. Hemos pasado muchas veces y pocas veces lo hemos reverenciado. En fin. Dijo que ella era una pandillera que estaba metida en algo muy chungo. Conoció a Minato cuando la detuvieron y al parecer, se escapó o algo así. Minato la persiguió y entre una cosa y otra, se terminaron liando. Se quedó embarazada de Naruto, pero su familia no quiso saber nada y ambos fueron repudiados. Por eso vive sola.

Dio una palmada.

—Y fin.

Hubo un corto silencio que Ino rompió con un chirrido de dientes, jadeando. Había estado conteniendo la respiración.

—¿Eso es todo? —exclamó—. ¿Y las partes candentes? ¿Y lo emocionante?

Movió los dedos como si apretara una pelotita de estrés entre ellos. Sakura esbozó una pícara sonrisa.

—Eres una pervertida.

Ino enrojeció al instante.

—¡No hablaba de esos puntos candentes! —se defendió cruzando los brazos bajo ambos senos—. Me refería a alguna pista vital que nos dijera por qué hemos llegado a esto. Diablos.

—Oh, el tema era que os había acojonado cuando le explicó a Hinata que no había ningún error en amar a Naruto —explicó sonriendo hacia Hinata.

La susodicha se coloreó como las granadas. Sacudió las manos negativamente.

—Ya lo he decidido —murmuró—. Yo no puedo seguir así. No es solo porque él te ame, Sakura, no es eso. Podría tener un amor unilateral de algún modo y tener esperanzas, pero es que es imposible, porque yo…

La puerta de la entrada se abrió con tal azote que la confesión de Hinata quedó en un murmullo. Las chicas dieron un respingo y giraron las cabezas hacia la entrada. Ino se había puesto en pie, para soltar una palabrota.

—Joder, Naruto, no nos asustes así —regañó.

El chico se detuvo con sorpresa al verlas. Tenía el ceño fruncido y los ojos entrecerrados. Los labios tensos y su voz, generalmente amigable, retumbó con frialdad.

—Ino, Hinata. ¿Podéis iros a casa?

Sakura se puso en pie al escucharle tan sorprendida como las otras dos.

Hinata rápidamente echó mano hacia su bolso pero Ino se demoró.

—¿Naruto? —preguntó antes de que ambas rodearan el sofá o él se hiciera a un lado para dejarlas pasar. Al ver que no abría la boca, suspiró—. Bien, también me iré.

Avanzó junto a las otras dos hasta su altura. Naruto la aferró rápidamente del brazo, tirando hacia atrás.

—Tu no, Sakura-chan.

Sakura levantó la cabeza hacia él con brusquedad. Su mirada clavada en ella, ignorando a las otras dos chicas. Pareciera increíble que Naruto hubiera sido capaz de cargar a Hinata como si de una princesa se tratara o que se sentara muchas veces entre las piernas de Ino para dejar que ella le hiciera peinados horrorosos o trencitas.

En ese momento, era asfixiante imaginarse que no había nadie más para él que ella.

Esbozó una palabra de disculpa hacia Hinata, quien solo atisbó a sonreír y permitir que Ino la estrechara en un abrazo de confort. Pero nadie más que Naruto podría realmente aliviar el daño que presionaba en su pecho, porque era el corazón lo que estaba sangrándole.

Pero esa noche había aprendido que no podía obligar a una persona a amar a otra.

Y Sasuke era la prueba.

—Me haces daño —protestó dando un tirón a su brazo.

Naruto abrió su mano y la soltó, suspirando una disculpa.

—¿Puedes subir a mi cuarto? —cuestionó.

Sakura rodeó el sofá y se sentó.

—No. No tengo ganas de volver a estar encerrada ahí. Olvídalo. Más bien, deberías de estar en clases. ¿Qué pasa hoy que todo el mundo hace pellas*?

Naruto tardó un instante en seguirla. Con las manos en los bolsillos y mirando a su alrededor.

—Tu madre no está —informó—. Solo estamos nosotros.

Finalmente, se sentó en el sofá junto a ella, frotándose el rostro con ambas manos.

—Después me disculparé —prometió.

—¿Con quién?

—Con Hinata e Ino —aseguró, mirándola por encima del hombro—. Perdón.

Sakura suspiró y le miró con una ceja arcada.

—¿Qué ha ocurrido? Estás más sombrío que nunca.

Naruto tragó y Sakura se percató repentinamente que sus facciones cada vez eran más maduras, más masculino. No era de extrañar que Hinata se sintiera atraída por él. Naruto era condenadamente guapo si te iban los hombres como él, claro.

¿Por qué no podía ser su tipo?

—Se ha armado una buena en clases —explicó finalmente—. Por culpa de… Sasuke.

Sakura se tensó ante el nombre. Su corazón se detuvo un solo instante antes de latir tan fuerte que los odios le latieron.

—¿Qué ha…? ¿Qué le ha…?

Tragó, intentando controlarse.

—No sé qué ha pasado exactamente, pero llegó a clases para liarse a golpes con Shikamaru. El otro día eran como buenos amigos y hoy se mataban. Sasuke no me cuenta nada y encima… ha dicho algo que de verdad no me he dado cuenta, maldición.

Sakura no comprendía a qué se refería. ¿Acaso Sasuke estaba haciendo cosas a espaldas de Naruto como para que este finalmente se hubiera dado cuenta? ¿Pelearse con Shikamaru? Si el cola de piña era la pereza en persona. No levantaba la voz ni siquiera un poco porque era cansado. ¿Cómo iba a pelearse con Sasuke?

Se llevó las manos al rostro, sin comprender.

—Sakura-chan… a ti… ¿a ti te ocurre algo, ttebayo?

Sakura soltó una exhalación de sorpresa.

—¿Qué? —masculló—. ¿Si me ocurre algo?

—Cuando intenté pararlo me dijo que no me estoy dando cuenta de qué ocurre delante de mis narices con la chica que me gusta —susurró y pese a todo, Sakura lo escuchó claramente—. Por eso, porque ambos sabemos que soy muy lento para darme cuenta, decidí preguntarte directamente.

Clavó la mirada en ella, firme, azul, limpia y tan pura que Sakura sintió que se le clavaba como puñales.

—¿Qué te ocurre?

Sakura tuvo que acordarse de respirar. Desvió la mirada y se frotó el rostro.

—Fui secuestrada y casi muero envenenada. No pude hacer nada por salvar a Hinata y solo pude ver cómo tú y Sasuke os dabais de tortas con unos sujetos que no tenían nada que ver con quien nos secuestró. ¿Cómo quieres que me sienta?

Uzumaki frunció el ceño y Sakura deseó con todas sus fuerzas que se tragara esa mentira.

Pero Naruto había dejado atrás muchos años de dolor como para tragarse tan fácilmente esa mentira.

—No voy a discutir que eso te cause dolor, Sakura-chan —indicó—. Pero tiene que haber algo más. Y empiezo a estar bastante harto de que Sasuke lo explote para hacerte daño.

Sakura boqueó cual pez.

—¿De qué estás hablando?

Naruto se rascó la nuca, un gesto que Sakura conocía a la perfección. Un gesto de disculpa.

—Os escuché anoche. Me hice el dormido cuando entraste.

Sorprendida, se llevó una mano a la frente y la descendió por su rostro hasta cerrarla sobre su cuello.

—Por eso no puedo corresponderte, Naruto —confesó finalmente—. Estoy enamorada de Sasuke desde que éramos niños. La primera vez, o cuando ocurrió, seguramente fue en su casa, aquella vez que su hermano nos hizo salir antes de que su padre hiciera algo. Yo no puedo olvidar y jamás lo haré, la cara de terror de Sasuke. Desde entonces, supe que quería protegerle, amarle, darle algo que nadie más podía entregarle. Sé que es así. Lo siento.

El silencio se cernió sobre ellos. Solo el leve cuchicheo de la televisión de fondo. Sakura esperó que le recriminara confesar sus sentimientos, que la odiara. Porque debía de hacerlo. Había algo más que no le había contado a Naruto y no era el momento.

—De algún modo siempre lo he sabido —murmuró esbozando una sonrisa que iluminó su rostro—. Pero igualmente debía de intentarlo y hablarlo seriamente. Años atrás esto hubiera sido imposible, ttebayo. Realmente nosotros ya no somos niños. ¿Verdad?

—No lo somos —aseguró—. Ni siquiera tendríamos que tener esa oportunidad que estamos teniendo. Pero alguien nos ha dado una nueva oportunidad, no la desperdicies, Naruto. No al menos, pensando en mí. Sé que hay chicas que te quieren. Estoy segura de que solo tienes que mirar.

Naruto estiró las piernas, suspirando y llevándose las manos a la cabeza.

—Hubiera sido peor si me hubieras engañado. Declarándote falsamente o algo.

Sakura se miró las uñas.

—He estado tentada a hacerlo. Muchas más veces de las que crees. No soy una santa, Naruto. A veces siento que quiero que alguien me ame y se esfuerce por mí. Pero siempre que me imagino a alguien así a mí lado, solo puedo ver a una persona.

—Sasuke —puntuó él—. ¿Qué diablos le veis todas? Hasta Ino estuvo colada por él durante un tiempo.

Sakura rio y le dio una palmada en la pierna.

—Ya te dije mi situación, pero Ino creo que fue antes que yo. En la fuente, podría ser, donde nos conocimos. A saber en qué piensa ahora. Ahora le gusta ese senpai o al menos, está interesada con tal de quitarse de encima a Sai.

Naruto bufó y levantó la vista hasta clavarla en la televisión. A tientas, recogió el mando y subió el volumen. Sakura siguió sus gestos y se congeló al ver la noticia. Ambos intercambiaron una mirada de comprensión.

—Dijiste que se pelearon…

—Sí.

—Shikamaru es hijo de un inspector de policía… que iba tras Itachi. Y creo que está enlazado también al secuestro. Si creen que Itachi fue el culpable… Sasuke debe de estar completamente confuso y herido, Naruto.

—Pero Itachi no lo hizo —confirmó. Sakura asintió para corroborarlo.

—¿Crees que Shikamaru…?

—Jamás —aseguró—. Ese tipo puede ser un vago, pero es muy fiel. He de encontrar a Sasuke ahora que sé qué ocurre. Sakura, quédate aquí por si acaso viniera alguien buscándome.

—¿Y qué les digo?

—Enviadme un mensaje si es urgente.

Sakura asintió y le observó por encima del respaldo mientras corría hacia la puerta.

—Naruto…

Él se volvió para sonreírle. Levantó el pulgar.

—Traeré de regreso a ese idiota, lo prometo.

Shikamaru despertó ante el sonido melodioso de una flauta. Pequeñas notas que podrían haberle relajado en cualquier otro momento, en ese, le irritaban como nunca. Tayuya estaba sentada en la silla junto a la cama en la que había estado durmiendo, toqueteando su flauta mientras soplaba manteniendo los ojos cerrados en completa concentración. Si no le doliera el labio y la mejilla, podría haber pensado que era algo plácido de escuchar. Pero con Tayuya uno nunca sabía.

Al fin y al cabo, esa mujer le odiaba sin sentido.

Lo que no terminaba de comprender era por qué, si le odiaba, estaba ahí sentada junto a él. Bueno, era una buena excusa para saltarse las clases, pero que fuera ella la primera que saltara para llevarle a la enfermería le daba un cierto mal presentimiento.

Si lo pensaba detenidamente, seguía sin recordar algo que hubiera hecho para que ella le odiara. Para ser más exactos, su relación siempre fue bastante cargada de tirantez. Y él se dedicó a ignorarla más que nunca a medida que iban creciendo y sabía que las palabras no iban a surtir efecto o que terminaría recibiendo algún tipo de golpe que sería más molesto que la explicación o el motivo en sí.

La música se detuvo y él desvió la mirada del techo hacia ella. Tayuya le observaba con el ceño fruncido. Sacudió la flauta ágilmente entre sus dedos y suspiró.

—Eres un niño problemático, pero no eres un llorón.

Shikamaru se cubrió el rostro con el brazo, bufando.

—Claro que no. Sasuke pega más fuerte que esto. Es diferente al dolor que debe de cargar ahora mismo. Duele más que un puñetazo.

—¿Dolor?

Shikamaru no era de los que se sinceraban o contaba sus problemas a la primera de cambio. Pocos eran los que podían mirarle y entender qué le ocurría. Su padre era una de esos tantos. Ino cuando se empeñaba o Chôji cuando dejaba de masticar.

Poco más.

—Cree que le he traicionado.

Tayuya esbozó una sonrisa de medio lado que rellenó de crueldad sus facciones.

—No es el único.

Shikamaru clavó la vista en ella, enarcando una ceja. Podía ser realmente inteligente, pero a veces se le escapaban asuntos que tuvieran que ver con los sentimientos de otras personas. Podía ser capaz de pillar algunas cosas más sencillas u obvias. Quizás no debería de burlarse tanto de Naruto, posiblemente no eran tan diferentes.

—Mira —comenzó incorporándose—. No sé qué he…

—Sé que no lo sabes. O finges no saberlo. Siempre lo has dicho, tantas veces que casi o es una repetición bien improvisada o es que de verdad no lo sabes.

—Tsk. ¿Y qué quieres que haga? Simplemente olvido las cosas hasta por importante que sean porque son problemáticas.

Se apartó los cabellos del rostro y buscó su coletero. Tayuya extendió la mano hacia él y vio la oscura cuerda de goma que solía usar. Enarcó una ceja cuando al ir a atraparla ella se movió.

—Siempre puedes hacer algo para compensarme.

Alargó los brazos para recogerle el cabello. Su cara quedó a la altura de sus senos. Tragó, preguntándose a dónde debía de mirar un hombre cuando tenía el busto de una mujer completamente frente a sus ojos.

Cuando hubo atado su cabello, se apartó para mirarle con una sonrisa torcida.

—Sé mío.

Tenten esperó a que saliera del cuarto de baño para encararlo. Neji se detuvo para mirarla un solo instante antes de suspirar y cruzarse de brazos. Tenten maldijo entre dientes. Si tan solo no le hubiera enviado una nota indicándole que se encontraran durante el primer descanso, no tendría que haber estado esperando junto al cuarto de baño de hombres mientras que estos la miraban con curiosidad, vergüenza y hasta alguno que otro reía de una forma que dejaba claramente ver que mal pensados podían llegar a ser los tíos.

—¿Para qué me has citado frente al cuarto de baños de hombres? ¿Tienes idea de lo que seguramente han pensado de mí?

Neji ni siquiera la miró cuando respondió.

—Que eras una pervertida o un perrito esperando por tu amo. Sígueme.

Tenten pateó el suelo con enfado.

—¿Por qué diablos debería?

Neji se volvió lentamente. Tenía el ceño fruncido y la mirada más fría, algo que se había instalado en su rostro desde que Hinata se hubiera marchado con Ino esa mañana. La arrinconó contra la ventana, apoyando cada mano a cada lado de su cuerpo.

—No querrás que la escuela sepa de ti algo que no debería —susurró lo suficiente alto para que ella pudiera escucharle.

Tenten supo que estaba contra la espada y la pared. Tragó y maldiciéndose entre dientes, lo siguió por los pasillos hasta el exterior.

Neji se detuvo frente al gimnasio, observando una lista a la que posiblemente ni siquiera veía realmente en la que diferentes clubs deportivos buscaban miembros para el futuro evento deportivo de la escuela.

Tenten estaba por ponerse a leer, cuando él se volvió, cubriendo con su altura el cartel.

—¿Cuán de buena eres rastreando a gente?

—¿Qué?

—Responde a mi pregunta —bufó.

Tenten lo sopesó. Su padre la había hecho seguir algunas veces a algunos de sus contactos y luego usaba su información para sacar provecho durante sus ventas. Pero jamás había pensado volver a usar su habilidad.

Suspiró y se llevó las manos a las caderas.

—Así que el genio es solo boquilla.

—¿Qué? —masculló sorprendido.

—Quieres que me cuele en el despacho del profe para chivarte las preguntas del examen. ¿No?

Si podía haber un rostro más incrédulo, no podría hacer competencia con el de Hyûga. Tenten tuvo que sacudir una mano para llamar su atención, hasta que casi la aferró del cuello con ambas manos, apartándola hasta esconderse tras un gran árbol.

—Claro que no —habló atropelladamente—. Quiero que investigues a cierta persona, no que robes las preguntas del examen. No soy como tú. No las necesito.

—Diablos, pues habla claro. Y suéltame.

Neji apartó lentamente las manos de ella para cerrarlas en puño a sus costados.

—¿Si hago esto me dejarás en paz?

—Daré por zanjado el asunto del móvil. —Inclinó la cabeza afirmativamente.

Tenten suspiró y extendió la mano derecha.

—Nombre.

—Itachi Uchiha.

—¿Uchiha? —cuestionó—. ¿Es algún familiar de Sasuke Uchiha?

—Algo así —respondió encogiéndose de hombros—. Generalmente podría buscar información yo, pero por ciertos asuntos que no te conciernen, no puedo y recurro a ti. No me decepciones.

—Eres la pura amabilidad, desde luego —ironizó.

Neji clavó los ojos tan extraños en ella que podían ser hermosos si no la mirase con tanta frialdad.

—No te necesito para ser amable.

Tenten lo abofeteó ahí mismo. Antes de que pudiera exigirle un motivo o devolvérsela, se alejó.

Si había algo que odiaba en la vida era ser tratada de ese modo.

Ella no era ningún objeto de usar y tirar. Ya había sido utilizada muchas veces. No iba a hacerlo por un hombre como él.

Volvió a clases a regañadientes, con el nombre del sujeto bailándole en la punta de la lengua. Lo que menos quería era investigar a un tipo que tuviera algo que ver con un compañero de clases.

Y hablando de compañeros de clases, si había algo que le llamara la atención más que nada y la dejara atónita, fue ver como Tayuya y Shikamaru aparecían por la puerta, tomados de la mano.

Pareciera que el mundo estuviera volviéndose cada vez más loco.

Deidara suspiró y le entregó la cartera mientras él simplemente miraba hacia la nada, como si no hubiera paredes entre medias. Se la guardó en el pantalón y bostezó antes de cerrarse la chaqueta.

—Me rompen la puerta de la casa. He estado a punto de ser robado. Me llamas para que venga a sacarte de la cárcel. ¿Vas a explicarme algo, hn?

Itachi le miró durante un instante y Deidara supo que la respuesta era clara. No. No hablaría.

—Te he pagado la fianza, diablos.

—No han podido acusarme. No pueden culpar a alguien inocente sin pruebas que lo inculpen.

Deidara se llevó la mano al bolsillo y rebuscó un trozo de su arcilla. Años atrás descubrió que mantener las manos ocupadas le tranquilizaba lo suficiente como para no echárselas al cuello al primer tipo que le cabreara.

—Ya. Pero no van a quitarte los ojos de encima —supuso—. ¿Vas a seguir quedándote en mi casa? No es que quiera echarte, ojo, pero tengo una nena que me gustaría hincarle el diente. ¿Sabes?

—Tengo que hacerlo —respondió encogiéndose de hombros con indiferencia—. He dado esa dirección como mi lugar de residencia. Me iré cuando vayas a estar con ella.

—Buff…

Iba a protestar de nuevo cuando la mirada de Itachi se desvió de él hacia la puerta de salida. Si Deidara no hubiera visto al hombre que les esperaba años atrás, hubiera pensado que era un hombre tan desgraciado y amargado como una planta mustia.

Su rostro serio y la mirada severa que clavó sobre ellos no descartaba el parentesco entre el hombre que estaba a su lado y el que estaba frente a ellos.

—Joder. Si iba a venir tu padre me lo hubieras dicho, hn.

Itachi cerró los ojos un instante, un simple segundo que bastó para que tomara fuerzas, y avanzó a paso firme. Deidara pensó que se detendría, pero continuó, ignorando al hombre.

—¡Itachi! —exclamó tan furioso que Deidara tuvo que taparse los oídos—. ¡Itachi!

Pero el nombrado no se detuvo. Avanzó y cerró la puerta nada más que él saliera frente a las narices del otro.

Mientras avanzaban hacia su coche, supo que no sería suficiente para detenerlo y cuando los atrapó al bajar los escalones de la comisaria, Deidara sopesó que tendría que volver a pagar una fianza como Itachi decidiera hacerle una nueva cara a su padre.

—¿A qué demonios juegas? ¿Quién te crees que soy? —siseó aferrándolo del brazo.

Itachi miró despectivo la mano y de un tirón, logró soltarse.

—Lo siento, no le conozco.

—¿Qué diablos estás diciendo?

Fugaku volvió a cerrar la mano alrededor del brazo de Itachi, lo más que pudo, al menos, y tiró nuevamente. Itachi no se movió de su sitio y con la mano libre, buscó las gafas de sol de su bolsillo.

—He de denunciarle por agresión, al parecer, para que comprenda que no tengo ningún interés en usted. Ya no soy aquel niño que disfrutaba torturar. Y he tardado demasiado en regresar, gracias a las muchas trabas que puso en mi camino, señor Uchiha.

Se colocó las gafas lentamente y volvió a liberarse de un rápido gesto.

—Y pienso llevarme a mi hermano conmigo.

Avanzó hasta la puerta del copiloto, abriéndola. Deidara rodeó el coche y abrió la puerta del piloto, preguntándose si Fugaku era el tipo de hombre que realmente se dejaría amenazar como si nada. Pero cuando se acercó al coche para impedir que su hijo cerrara la puerta, comprendió que no era así.

—No puedes llevarte a Sasuke. Todavía no es mayor de edad como para que yo deje de tenerlo bajo mi casa. Y le necesito.

Itachi suspiró.

—Algún día aprenderás que ninguno de tus hijos somos tus perros.

Y cerró.

Deidara silbó cuando entró y encendió el motor.

—Tu viejo los tiene bien puesto para venir, pero creo que tú no te quedas corto. ¿Estás seguro de todo lo que estás haciendo? ¿Hundir a los Uchiha? ¿Sacar a tu hermano? Por cierto, lo he visto en el colegio, hn. Es bastante popular. Pain tiene cierto interés en él.

Se entretuvo en explicarle lo poco que sabía y que Ino le había contado.

Sasuke y ella eran los nuevos, la clase revoltosa que había levantado mucho interés en los demás y cuando Pain se enteró de que había algunos problemáticos, más interés se cernió sobre ellos. Aunque él empezaba a pensar que cierto personaje de esa clase estaba tocándole demasiado las pelotas.

En realidad, había muchos con potencia de ser interesantes, pero Pain se había negado a dejarles mover las manos, pues por ahora quería investigar e informarse, especialmente, con el hermano de Itachi rondando por ahí. Puede que no lo pareciera, pero Pain respetaba en cierta medida a Itachi. O eso esperaba.

Porque no podía ser él el único idiota que continuaba haciéndolo.

Conoció a Itachi, se pelearon, se hicieron amigos y ahora, había una especie de respeto que Itachi disfrutaba de destrozar a medida que pasaba el tiempo cada vez más. Pero ahí estaba.

No obstante, había un pasado tras este del que nadie hablaba, ni si quiera se preguntaba.

—Necesito que busques a alguien, Deidara.

—No soy tú putita de los recados.

—Es un viejo colega mío.

—¿Tú me escuchas cuando hablo?

—Te daré su dirección. Será fácil de reconocer.

Rodó los ojos y maldijo entre dientes.

—¿Por qué no vas tú, hn?

—Porque la policía me estará vigilando. No puedo moverme tan libremente. Tú sí.

—¿Sabes que podría terminar siendo sospechoso de lo que se te acuse? —cuestionó bufando.

—No.

—¿Cómo estás tan seguro?

—Porque tú no tienes nada que ver con Hinata Hyûga.

Deidara se detuvo en seco frente al semáforo. Alguien seguramente se estaría cagando en él, pero no le importó.

—¿Hinata Hyûga? Oye… ¿esa no es la hija del presidente de las empresas Hyûga? Con la que ibas a…

—Sí —respondió secamente—. No te metas en esto más de lo necesario, Deidara.

Oh, desde luego que no iba a hacerlo. Ni hablar. Con esa mujer ni de coña.

Su móvil vibró dentro del bolsillo y sonrió al ver el nombre de Ino Yamanaka en la pantalla con una invitación la mar de interesante.

—Oye, dame la dirección del hombre que quieres que busque, o su teléfono, he de salir. Te dejo en casa y me piro.

Itachi enarcó una ceja.

—¿La novia?

—No, tío. Mi presa. Hn.

Ino suspiró y dio golpecitos sobre la mesa mientras revisaba la respuesta que Deidara le diera cinco minutos atrás. No esperaba que fuera capaz de saltarse las clases con ella, pero al fin y al cabo, tenía un permiso gracias a su exposición. Había dejado a Hinata en un taxi y negándose a volver a su casa para trabajar, se dedicó a rondar diversas tiendas hasta que se hartó lo suficiente como para necesitar más compañía. Y había tenido las ganas suficientes como para ver al hombre que en esos días la traía loca.

Deidara era mucho más maduro que el resto de hombres a los que estaba acostumbrada y después de ver el panorama de su clase, más todavía. Había olvidado ya su fácil enamoramiento hacia chicos inútiles o que jamás le darían la seguridad que ella necesitaba.

—¿Has esperado mucho?

Levantó la vista de su Trinaranjus de limón y sonrió al verle.

—Un poco —respondió sinceramente—. Creí que vendrías volando.

—Era mi idea, pero tenía un peso extra.

—¿Un peso extra?

Deidara se sentó a su lado, tomándola de la mano y besándosela.

—Sí, pero no te preocupes. No era otra mujer —bromeó.

Ino bufó y soltó una carcajada segundos después, antes de que él decidiera dejar sus dedos y ocuparse de sus labios.

—¿Por qué querías verme con tanta prisa? Además, has hecho un salto a las clases, por lo que veo.

Alargó la mano para coger la carta. Ino se concentró en sus anillos, en sus dedos largos y finos cuyas uñas remarcaban el uso de la arcilla.

—Me las he saltado. La clase hoy no está como para aguantarla.

—¿Y eso?

Levantó una mano para llamar al camarero.

—Sasuke Uchiha la ha armado esta mañana. Hinata y yo nos hemos dado el piro cuando Naruto ha saltado por la ventana. Así que aquí estoy, aburrida.

—¿Sasuke Uchiha la ha armado? —se interesó.

—Sí. No sé qué mierdas ha pasado, pero se ha liado a hostias con Shikamaru. Ah, es el tipo del otro día, que no quería que fuera contigo. Se lo merece por un lado, pero Shikamaru realmente no suele hacer daño a nadie. Es buen tío.

Deidara enterró su nariz entre su oído y su cabello.

—¿Debería de preocuparme, hn?

Ino esbozó una pícara sonrisa como respuesta mientras el camarero le dejaba sobre la mesa su pedido. Un café con una tostada.

—Para nada. Somos amigos de infancia —explicó—. Y no es el tipo de hombre en el que me fijaría. Más bien, creo que ese tipo es incapaz de enamorarse. Todos los años que tiene y no le he visto nunca una novia.

—Puede que sea de la otra cera, mujer —expresó indiferente.

—¿Homosexual? ¿Shikamaru? Nah. Eso sí que no.

Le quitó el azúcar para abrirlo y entregárselo. Deidara lo echó sobre el oscuro líquido.

—¿Cómo estás tan segura?

—Porque no ha tenido novia, pero sí mira y hasta para pajearse te aseguro que usa revistas de mujeres.

—Podría ser una fachada.

—Qué va. Estoy segura. Pero basta de hablar de él, anda.

Deidara asintió mientras daba un sorbo al café.

—¿Tan sorprendente es que Sasuke Uchiha se metiera en líos?

—Qué va. Él y Naruto son los expertos en ello. ¿Una pelea? Quizás veas una cabeza rubia y otra morena pelearse a la par. Pero esta vez hasta ellos dos parecen estar enfrentados. No sé qué mierdas ha pasado, pero vamos, ya se pasará. Aunque no tiene pinta de ser de esas cosas que se olvidan fácilmente.

—Así que sois una clase problemática. Los rumores son ciertos.

Ino se encogió de hombros.

—No es algo que ocultemos.

—¿Qué hiciste tú? Hn, no me lo digas, espera. ¿Intentaste seducir a un profesor? —inquirió—. Y te pillaron.

—Para nada —negó bufando—. Más bien faltaba mucho a clases por ayudar a mis padres. Mi situación es realmente vergonzosa y poco interesante. Pero mis profesores decidieron que era mejor expulsarme y dejar de tener un pupitre vacío los jueves y viernes.

—Vaya, ese colegio era la peste. El nuestro precisamente todo lo que pueda darnos un futuro lo aprueban y hasta te hubieran puesto clases extras o hecho ir de noche.

—Lo sé. Por eso me encanta —reconoció con una sonrisa—. Y no puedo desperdiciar esta oportunidad, aunque en realidad, yo entré con otro ideal.

—Interesante. Pero no vas a contármelo. ¿Verdad?

Ino negó, apoyando la barbilla en las manos coquetamente.

—En un futuro, quizás.

—Así que eres más mala de lo que cuentas, hn. Me gusta.

Ino parpadeó coquetamente, aferrándose de su brazo.

—Eso es genial. Hará que te enamores más de mí.

Deidara solo soltó esa sonrisa retorcida que causaba confusión en ella. La derretía y le daba miedo a la vez.

Era curioso. Sentirse atraída y asustada a la vez por una persona. Había algo excitante y peligroso dentro de todo. Pese a que buscara una estabilidad que los chicos de su edad no podían otorgarle, Deidara no estaba tan lejos de haber dejado de ser lo que ella era por aquel entonces, Naruto, Sasuke o incluso Sai eran en el presente.

—¿Has pensado en lo que te pedí?

Ino suspiró.

—Sí.

—¿Y?

Se lamió los labios lentamente antes de responder.

—Posaré para ti.

Temari descendió la última ventana y suspiró. Estaba agotada. Completamente. Se había pasado la hora que formaban los descansos hablando con los profesores para evitar que Naruto y Sasuke fueran expulsados. Para nada. Ninguno de los dos había regresado a clases para disculparse y dudaba que lo hicieran próximamente.

Por suerte para ella, Asuma Sarutobi había intercedido defendiendo a la clase y todo había terminado. Sin embargo, se había quedado con Shikamaru para aclarar ciertos asuntos a los que claramente, ella no estaba invitada. Con lo cual, al final había terminado que limpiar la clase completamente sola porque los encargados, Naruto obviamente no estaba, y Karin había salido tan rápido como le fue posible de escapar.

Matsuri se había ofrecido, pero ya llegaba tarde a su casa para limpiar y aunque estaba inquieta porque Gaara pudiera estar ahí, no podía quitarse de la cabeza el dolor que tenía. Lo que menos quería en ese momento era tener que lidiar con él. O peor, que su primo estuviera pululando por su casa en busca de algo más que una negativa.

Suspiró, girándose para recoger su mochila justo cuando la puerta se abrió. Shikamaru la miró enarcando una ceja y chasqueando la lengua.

—No he llegado a tiempo, mierda —protestó—. Los profesores me retuvieron demasiado. Lo siento.

—No tienes la culpa —aclaró—. Y, sí, ya está terminado.

Caminó hacia su altura y esperó a que se apartara para cerrar la puerta.

—¿No vas a irte?

—Sí —respondió echándose las manos a la nuca—. Solo te esperaba, tsk.

Temari se detuvo en seco, sorprendida.

—¿A mí? Pero si deberías de irte a casa con tu novia. ¿O no?

Shikamaru y Tayuya había entrado en clase tomados de la mano tras que este despertara de reposar en la enfermería. Todavía llevaba una tirita en la mejilla y la herida enrojecida en su labio. Además, la piel estaba poniéndose morada. Todos les habían mirado con la sorpresa dibujada en la cara, pero ninguno dio explicaciones y entraron como si nada, soltándose y sentándose en sus asientos.

Temari, desde luego, no iba a preguntar, aunque le resultaba confuso que Tayuya hubiera salido disparada de clases nada más tocar el timbre. Primero pensó que habría ido a buscar a Shikamaru en busca de información acerca de por qué su novio no regresaba a clases. Pero que Shikamaru estuviera ahí, ignorante, quería decir que lo había dejado atrás.

—Se ha ido antes —respondió. Aunque pareció más una pregunta que otra cosa Temari no ahondó en ello—. ¿Vas a entregar los cuadernos de lista?

—Sí. Iré a ello. Puedes irte si quieres. No necesitas esperar.

—Está bien, esperaré.

Se apoyó contra la pared y silbó distraídamente mientras miraba por la ventana. Temari terminó por entrar en la sala de profesores preguntándose a qué demonios jugaba ese chico.

¿Acaso quería jugar a dos bandas? Ya tenía suficientes problemas como para verse envuelta en un lio amoroso.

—Está todo —informó a Kakashi nada más entregarle los cuadernos.

—Bien, gracias, Temari-san —agradeció el hombre tan sonriente como siempre—. ¿Me permites una pregunta personal?

Temari se preparó.

—Sí.

—¿Cómo le va a tu hermano?

Y ahí estaba.

—Recuperándose.

Lo sabía. Mejor que nadie. Las mentiras no ayudaban. Tarde o temprano se sabría que Gaara no quería volver. Le quitarían la plaza y su futuro. ¿Por qué no había forma de que comprendiera la maravilla que tenía delante de él? Egoístamente quería que Gaara tuviera un futuro, que demostrara que no era realmente como los rumores creían. Que no era el monstruo por el que había tenido que cerrar su puerta con llave muchas noches.

Kakashi sin embargo no insistió. Solo deseó que su hermano mejorara y le dio permiso para marcharse.

Cuando salió, Shikamaru continuaba apoyado contra la pared y bostezaba. Sin mediar palabra, ambos salieron y se enfrascaron entre las diferentes personas que caminaban por la ciudad con un rumbo fijo. Cuando se percató de que el suyo era incoherente, fue cuando Shikamaru tiró de ella.

—Te matarás si cruzas el semáforo en rojo.

Volvió en sí para descubrir que estaba en la otra punta de su casa. Maldijo entre dientes.

—Mierda, me descuidé.

—¿No quieres volver a casa?

—No es eso. Simplemente iba pensando en otras cosas —protestó—. Si te molesta. ¿Por qué no te has ido?

—Si lo hubiera hecho ahora serías papilla. Qué problemática eres, diablos.

Tenía que reconocer que era cierto.

—Vale. Gracias. ¿Era lo que querías?

—No —negó enarcando ambas cejas—. ¿Por qué crees que he de querer algo a cambio?

—Todos los hombres queréis algo a cambio. Me has salvado la vida, así que supongo que ahora querrás que sea tu esclava o algo así. Pero te aviso, vas fresco. Ya tengo suficientes cosas de las que ocuparme como para que encima tú…

Calló al escuchar su móvil vibrar. El tono de llamada que Matsuri se había encargado de gravarle para reconocerla cada vez que la llamara, la alertó. ¿En qué diablos estaba pensando? Ella estaba sola con su hermano. Y últimamente, Gaara parecía tener algún tipo de interés en ella que le preocupaba.

Descolgó rezando interiormente. Lo que menos necesitaba ahora es que su hermano la hubiera… No. Gaara no podía llegar a esos extremos. ¿Verdad?

—¿Matsuri?

La escuchó jadear y soltar un taco antes de empezar una perorata que no terminó de comprender. Cuando captó algunas palabras sueltas, suspiró.

—Quédate ahí. Iré enseguida. —Colgó y levantó la mirada hacia Shikamaru—. Vuelvo a casa. Matsuri me necesita.

Shikamaru asintió y giró en la dirección opuesta.

—¿No regresas a casa?

—No. Tengo que ir a otro sitio. Hay alguien con quien tengo que hablar.

No le dio más importancia y se alejó. Shikamaru había sido amable con ella y en cierto modo, aquello había sido tan sorprendente como agradable. Quizás era diferente al resto de hombres.

Ah, pero él ya tenía pareja. Y Temari tenía una clara regla con eso.

Jamás te metías con el hombre de otra mujer.

Cuando llegó al portal de su casa se encontró a Matsuri sentada en las escaleras, con el ceño fruncido y haciendo los deberes ahí mismo. Temari cogió aire antes de acercarse a ella.

—Lo siento. Tenía la cabeza en otra parte y me olvidé de que venías.

—No tiene importancia, pero me fastidia no poder entrar. Tengo que trabajar. Y sin la llave maestra no se puede entrar.

—Lo sé. ¿Por qué no vas a casa hoy? No le diré nada a mi padre y lo podrás cobrar como un día de vacaciones.

—Ni hablar —negó sorprendida—. Eso heriría mi orgullo. Déjame al menos que haga los baños y la cocina.

Temari había aprendido que discutir con ella era un no acabar. Así que sacó sus llaves y abrió el pestillo. Era raro que Gaara cerrara el pestillo de llave maestra. Solo ella y él tenían llaves. Nadie del servicio la tenía, de ahí que Matsuri se hubiera quedado en la calle hasta ese rato. Además, como dato curioso, podía decir que era un tipo de cierre que solo se podía colocar por dentro de la casa y jamás desde fuera. Con lo cual, Gaara estaba en casa y había ignorado deliberadamente la llamada de Matsuri y podía apostar que no había sucedido una sola vez por el cabreo que llevaba la chica.

Ambas se adentraron y el olor a tabaco les cosquilleó en la nariz. Llegaban risitas femeninas desde el pasillo y casi pudo escuchar los dientes de Matsuri castañear.

—Creo que tendré más trabajo del que creía —dijo caminando hacia el cuarto de baño que había junto la entrada—. En seguida me pongo a ello.

La mesita de café estaba llena de colillas y había resto de bebida empapando la madera. A claras vistas, Gaara parecía haber dado una buena fiesta.

Enfadada, abrió las ventanas y caminó hacia el pasillo. La puerta de su hermano estaba abierta de par en par y la risa se pronunció más clara y fuerte. Hasta familiar.

—Espera. Me parece haber oído pasos.

—La puerta tiene el pestillo. Cállate y muévete.

—Impaciente.

Temari se congeló en el sitio.

Reconocería esa voz sin dudar. Si Matsuri la veía, se armaría una buena y no solo por el hecho de que pareciera sentir algo por su hermano. Además, ¿desde cuándo su hermano tenía interés por ella? Si ni siquiera habían hablado una vez y tampoco…

Un gemido acalló hasta sus pensamientos.

Retrocedió lo suficiente.

—¿Gaara? ¿Estás en casa?

Una maldición seguida de bruscos sonidos. Temari les dio el tiempo suficiente para vestirse y avanzó de nuevo en el pasillo. Cuando ella apareció en el umbral de la puerta de su hermano tuvo deseos de apretarle el cuello hasta que se quedara sin aliento una de las dos.

—Vaya, Temari —saludó con una sonrisa fingida en el rostro—. Qué casualidad verte.

—No es casualidad. Vivo aquí. Tú no —añadió—. ¿Qué haces aquí?

—¿Yo? —cuestionó irónicamente—. Solo de visita. Me preguntaba qué pasaba con tu hermano, pero veo que está muy sano.

Soltó una carcajada, guiñó un ojo hacia el interior del dormitorio y se alejó, meneando las caderas y sacando la dichosa flauta que siempre traía consigo. Se marchó dando un portazo.

Cuando miró hacia el interior de la habitación, Gaara estaba poniéndose las botas.

—Podías haber tardado más.

—Es mi casa. Al menos, la próxima vez asegúrate de que no sea una compañera de clases y que fastidie mi mentira. O que hiera a otras personas tus acciones, por una vez, Gaara.

Su hermano la miró perplejo y Temari no supo bien si era porque por primera vez le había plantado cara con firmeza o simplemente porque estaba enfadada. Pero cuando la pregunta escapó de su boca apenas pudo creérselo.

—¿Es de la clase?

—Sí y además, está saliendo con uno de los chicos. Felicidades. Has conseguido que alguien sea un cornudo. Si hubieras ido a clase sería algo que sabrías de sobras.

Le vio pasarse una mano por los cabellos y mirar luego esta misma como si acabara de sentir asco de lo que momentos antes hubiera estado haciendo con ella.

Bien por él, pensó, pero qué lástima por Shikamaru.

Tayuya acababa de inquietar su vida. Porque acababa de meterla en un berenjenal** increíble.

—Temari —llamó Matsuri desde el salón.

Gaara levantó la cabeza al instante, clavando la mirada sobre ella. Temari suspiró y le cerró la puerta.

—Voy.

Desde luego, no salía de ningún lio para meterse en otro.

Solo esperaba que su hermano escarmentara.

—¿Le has encontrado?

Kiba negó limpiándose el sudor bajo la barbilla. Naruto maldijo entre dientes y sintió que de repente, toda la ciudad era inmensa. Buscar a Sasuke era jodidamente difícil. Cuando él no quería ser encontrado no importaba cuantas piedras levantaras.

—¿Qué diablos está sucediendo? —cuestionó Kiba—. No me importa buscarle, porque es nuestro colega, pero de ahí a hacerlo sin un motivo. Además, está el tema de haber golpeado a Shikamaru por toda la cara.

—No. Creo que ahora sí que tenía un motivo. Pero Shikamaru no está en su casa, así que no puedo preguntárselo directamente. Pero te diré que ha venido su hermano, lo han detenido. Y te aseguro que la idea de que Itachi esté presente en su mundo es un caos para él. Muchas cosas han pasado, ttebayo.

Y ni siquiera lo entendía del todo. Cuando había visto la noticia junto a Sakura, mientras intentaba hacerse a la idea de que había sido rechazado por su primer amor, tenía que buscar al tipo del que ella estaba enamorada y al que, si no fuera su mejor amigo, no querría ver para nada en esos momentos, pero tampoco podía dejarlo tirado.

Itachi había marcado un principio y un fin en la vida del Sasuke que era ahora. Siempre herido, siempre contra el mundo. Como si fuera el único que pudiera cargar con todo, aunque ello le estuviera destrozando.

¿Por qué? ¿Por qué había actuado por su cuenta en vez de contárselo? ¿Y por qué él no se había percatado de que algo le sucedía? Parecía que todos a su alrededor podían estar sufriendo y él sin enterarse de nada. ¿Qué clase de amigo era entonces?

Sakura, ahora Sasuke y probablemente los demás. Ninguno se quejaba. Ninguno le decía nada. Y él los consideraba una familia a la que cuidar.

Qué idiota era. Incapaz de proteger a su familia.

—Tengo que encontrarlo —gruñó—. O no podré arreglar nada.

—Pues veamos en otra zona. ¿Seguro que no está en su casa?

—No. Ya estuve ahí y su madre hasta me dejó mirar en el interior. Está tan preocupada como nosotros.

En realidad, Mikoto Uchiha estaba aterrada. Naruto se había percatado por primera vez en lo delgada que estaba o el comienzo de una marca morada en su cuello. Había llorado suplicando que encontrara a Sasuke antes de que hiciera alguna tontería. Y él estúpidamente se lo había prometido al igual que a Sakura.

Solo esperaba que su promesa no fuera en vano.

Giró sobre sus pies y su cuerpo cedió a la gravedad, dándose de bruces contra el suelo. Kiba estalló en carcajadas tras él, pero le ayudó a levantarse un instante después.

—Tío, vas a tener que descansar o terminarás tan agotado que no servirás de nada de ayuda.

—Tengo que buscarle… o será tarde.

Intentó ponerse en pie, cayéndose de nuevo. Unos zapatos aparecieron en su campo de visión y siguió por sus piernas hasta dar con la tela de una falda de uniforme. El mismo de su escuela.

—¿Naruto-kun?

—Ah. ¿Hinata? —cuestionó Kiba—. ¿Qué haces aquí?

Naruto se forzó a sentarse y mirarla. Estaba de cuclillas, con el rostro fruncido en una mueca de preocupación. Y pensar que media hora antes la echara de su casa para confesarse y ella, sin embargo, estaba frente a él hablándole tranquilamente, como si nada.

Inclinó la cabeza.

—Siento lo de antes, Hinata.

Una tímida sonrisa escapó de sus labios y extendió una mano hacia él.

—¿Por qué no nos sentamos mejor en un banco para que puedas descansar? —propuso.

Kiba tiró de su brazo a la par que ella se incorporaba. Naruto le miró sin comprender mientras la chica se adelantaba.

—Más te vale comportarte con ella. A Hinata le cuesta horrores hablarte, así que si le debes una disculpa, hazlo bien. Yo seguiré buscando a Sasuke. Si sé algo, te avisaré.

—Vale. Cuento contigo, Kiba.

El chico asintió antes de alejarse. Naruto se recostó contra el respaldo del banco y suspiró.

—Deja que…

Desvió la mirada hacia ella. Hinata alargó una mano con un pañuelo entre los dedos. La punta de la tela le rozó la mejilla.

—Estás todo sudado —explicó.

—Lo siento —se excusó rascándose la nuca—. Pero estoy buscando a Sasuke. ¿Le has visto?

Hinata negó y aquel fruncimiento extraño en su cejo se pronunció. Algo que siempre ocurría con Sasuke de por medio. Es más, si lo sopesaba, Hinata parecía sentir siempre miedo hacia él.

—Hinata. Parece ser que realmente no me doy cualmente de lo que sucede a mi alrededor. Siempre me he dicho que vosotros erais mi familia y sin embargo, nunca me doy cuenta de nada. Sakura y tú fuisteis secuestrada y por poco no podemos hacer nada. Shikamaru y Sasuke estaban metidos en un lio que no comprendo del todo y ahora solo puedo buscarlo sin saber a dónde diablos he de ir realmente. Sakura también sufre y sigue sin querer contarme la verdad, basándose en una mentira a medias para cubrir su dolor. ¿Realmente soy…?

—Eres muy buena persona, Naruto-kun —interrumpió—. Tú mismo tienes tus propios problemas. No puedes esperar cargar en tu espalda con los problemas del resto. Sasuke es tu mejor amigo, pero tú precisamente, como yo lo veo, eres la luz que no desea mancillar. Sé que es algo difícil de entender y descarado de mi parte, pero… e… eres realmente genial. Lo sé. Naruto-kun nunca dejará a nadie en la estacada.

Se miró las manos mientras jugaba con sus dedos. Las mejillas estaban rojas y sus ojos se cerraron con fuerza. Naruto solo alcanzó a sonreír. Hinata era una mujer muy rara. Siempre parecía estar metida en algún lio y si le quitaba la vista, era como si se la fueran a quitar. Además, después de haberse confundido aquel día en que la chica a su lado suplanto a Sakura, quien se suponía que le gustaba, estaba realmente confuso.

Pero sí había algo de lo que estaba completamente seguro: esa chica era fantástica.

Sin darse cuenta tenía una sonrisa como un tonto en el rostro y estaba cargado de energías una vez más.

—¡Gracias, Hinata! —exclamó tomándola de las manos y besándole la frente en un acto impensable—. Volveré a buscar a Sasuke. ¿Hinata? ¿¡HINATA!?

La chica se había desmayado en sus brazos y por más que la sacudía, parecía no querer despertar. Angustiado, se la echó a la espalda y corrió hacia su casa. No podía hacer otra cosa. Temía que si regresara a casa de la muchacha, se armara un buen lio.

Sakura le abrió la puerta, pálida y esperanzada.

—Lo siento, Sakura-chan. Todavía no lo he encontrado, pero…

—¿Hinata?

—Sí. Me la he encontrado en el parque y una cosa llevo a otra y ahora no sé por qué se ha desmayado, ttebayo.

—Bueno… no sé qué es esa cosa que llevó a otra, pero llévala a tu cama. Yo me encargaré de ella.

Naruto asintió e ignoró la sonrisa intrigante que había en el rostro de Sakura. Abrió su cama y dejó a la chica en ella, girándose para continuar con la búsqueda de Sasuke. Sakura le detuvo en la entrada.

—¿Has mirado en la policía, Naruto?

—Sí. Fuimos Kiba y yo. Queríamos preguntarle a Shikamaru por su padre, pero no sabemos dónde está y tampoco responde al móvil. Y por supuesto, tampoco nos darán la dirección de Itachi.´

En realidad, estaba encajonado.

—Bueno, al menos tenemos algo bueno.

—¿El qué? —se interesó.

—Hinata despertará feliz —susurró cerrándole la puerta en las narices.

Naruto no comprendió por qué. No se le podía juzgar demasiado cuando era tan despistado.

Así que concentró todas sus energías renovadas en buscar a Sasuke. Hinata tenía razón. Podía no darse cuenta de las cosas, pero no era el tipo de hombre que se detendría.

Se encontró con Kiba nuevamente frente la casa de Shikamaru.

—Acabo de hablar con su madre. Dice que no ha venido y que no ha avisado de que iría algún lado. Ya sabes cómo es Shikamaru, así que sus padres no le controlan para nada.

—Es más problemático que su frase problemática —protestó.

—Oye —recordó Kiba repentinamente—. ¿Sabes dónde vive Tayuya?

Naruto guiñó los ojos sin comprender.

—¿Qué tiene que ver?

—Ah, claro. No lo sabes porque te habías pirado ya. Al parecer están saliendo. Así que capaz y está con ella… ya sabes.

Hizo un gesto obsceno con el índice de una mano y el pulgar y el índice de la otra. Naruto abrió los ojos de par en par sin poder creérselo.

—¿Estás bromeando?

—No. Aparecieron en clase cogiditos de la mano y claramente, saliendo.

Naruto blasfemó de tal forma que probablemente su madre le habría cacheteado de estar delante. Kiba silbó y él maldijo a Shikamaru y sus hormonas. Si ese jodido estaba mojando el churro mientras ellos estaban ahí, sudando la gota gorda, no se lo perdonaría.

—¿Qué estáis haciendo frente a mi casa? Parecéis dos acosadores.

Naruto se volvió rápidamente para encarar a Shikaku. El hombre se frotaba la nuca y parecía estar tan cansado que hasta no consiguió reprimir un bostezo. Kiba y Naruto intercambiaron una mirada cómplice. Quizás no consiguieran información del hijo pero sí del padre.

—Por favor, cuénteme que ha pasado con Itachi Uchiha. ¡Descubrir dónde está Sasuke podría depender de ello!

Se detuvo frente la sofá para observarla. Estaba inclinada sobre la mesita de café, tomando con cuidado las colillas y tirándolas en una bolsa de plástico. Llevaba guantes y por la forma en que su frente estaba arrugada el olor al tabaco la angustiaba.

Se frotó la mejilla con la parte libre del guante azulado y suspiró.

—Diablos, dejé todo tan limpito ayer…

—Eso dan más ganas de ensuciarlo.

La chica dio un respingo, pero no se volvió a mirarle. Hubiera esperado alguna reacción furiosa o que le gritara que dejara de hacer esas cosas, pero nunca que decidiera ignorarle.

En realidad, él no había fumado ni uno solo de esos cigarrillos. Todos eran de Tayuya y su acompañante. Cuando ambos se habían presentado en su casa, Gaara no había comprendido el por qué hasta que, tras fumar a raudales y explicárselo junto a una forma muy sensual de ofrecerle a la mujer, todo quedó aclarado.

Gaara no se lo había pensado demasiado. Ni siquiera se fijó en la hora que era o en quién era la chica en cuestión. Había bloqueado tanto sus recuerdos de aquella clase que tener a sus compañeras delante seguramente sería inútil intentar descubrir quiénes eran.

Cuando el compañero de Tayuya se marchó para dejarlos solos, Tayuya no había dudado en buscar su dormitorio y se había desnudado poco a poco, seduciéndolo. Cuando Gaara quiso darse cuenta tenía una erección y el rostro enterrado entre sus senos.

No quería ni pensar lo que había hecho.

Se había dado una ducha y continuaba sintiéndose sucio. Por algún motivo que no comprendía.

—Oye…

—Llamé muchas veces. Muchas. Si estabas en casa podrías haber abierto. Yo estaría limpiando y tú… tu podrías haber seguido haciendo lo que estuvieras haciendo.

Clavó la mirada en él, dolida. Sintió un escalofrío recorrerle la espalda. ¿Qué clase de mujer era esa?

—¿Debía de dejar de follar para abrirte la puertecita? Vamos, no me jodas.

Tal y como dijo las palabras ella las absorbió y fue peor que si le hubiera golpeado. Le tiró el trapo de limpiar al pecho y quitándose los guantes, los dejó sobre la mesa del comedor.

—¡Lo peor que hice fue confiar en que recordarías!

Y cerró la puerta con brusquedad. Temari apareció segundos después, en albornoz y mirándole con los ojos abiertos de par en par.

—¿Qué le has hecho? —exigió—. Matsuri no es el tipo de chica que deja todo a medias porque sí, Gaara. ¿Qué le has hecho?

Gaara bufó frustrado.

—Despídela.

—No voy a despedirla simplemente por tu capricho. No conoces su situación, así que no…

Se volvió bruscamente contra ella. Temari podía estar empezando a sacar su carácter con él, pero continuaba temiéndola.

—La despedirás. Hoy mismo. Puedes echar en culpa que no ha terminado de limpiar, me la suda. Pero no quiero volver a verla en casa.

—No voy a…

Gaara apresó su rostro entre sus manos. Temari tembló, furiosa, sujetando su muñeca.

—Si no lo haces, la próxima vez que la vea, la violaré.

Si había aprendido algo del mundo de las mujeres era que solían ser una piña en cuanto a esos temas. Desde luego, no pensaba cumplir su promesa pero para Temari era suficiente como para comprender y obedecerle.

La soltó para caminar hacia la salida. No podía permitirse tener a ese chica rondando por su casa. No, cuando era capaz de cambiarle. Y él no quería cambiar.

—¿Cuánto tiempo llevas ahí?

El chico levantó la cabeza hacia él. Bostezó y se rascó una oreja.

Asuma Sarutobi sonrió y abrió la puerta.

—Imagino que no has comido. ¿Verdad?

—No lo he hecho. Has tardado demasiado.

—Anda, pasa, Shikamaru.

Cerró la puerta tras ellos y dejó la cartera y demás cosas en la entrada de su pequeño piso. El resto podía pensar que alguien como él, descendiente de uno delos políticos más importantes de Konoha iba a vivir en un piso de lujo. Pero él se conformaba con su pequeño hogar. Una habitación, cocina, baño y saloncito era todo lo que necesitaba.

Por eso, cuando Shikamaru pareció sorprendido, no pudo evitar sonreír con diversión.

—No todo es lo que parece siempre, chico. Espera, ponte cómodo y haré algo de comer.

Shikamaru asintió y mientras se entretenía revisando su colección de vinilos, Asuma improvisó algo en la cocina para ambos.

Podía hacerse una idea de por qué el chico estaba en su casa. Aunque era algo peligroso para la escuela si salían rumores impropios y para nada adecuados. Así que se llevó la mano al bolsillo mientras se cocía la comida y echó un par de ingredientes más tras enviar un mensaje.

Preparó la mesa y cuando estaba colocando el último plato, el timbre sonó.

Se limpió las manos en el delantal y abrió. Kurenai enarcó una ceja al verle.

—De chacha estás realmente gracioso.

—Qué halago viniendo de ti. Creía que las mujeres se morían por un hombre en delantal —bromeó.

—Bueno, creo que no entro en ese grupo. ¿Puedo pasar?

Asuma se hizo a un lado y mordisqueó el filtro de su cigarro con diversión. Esa mujer era puro fuego. Al menos, a su modo. No iba a negarlo: le gustaba. Muchísimo.

La dejó quitándose el bolso y los zapatos y se asomó para avisar a Shikamaru. Este se acercó a ellos arrastrando los pies y bostezando. Al ver a Kurenai enarcó una ceja.

—No soy un aguanta velas —avisó.

—Lo sé, lo sé —susurró carraspeando—. Necesitaba otro profesor conmigo para que no crean que hay algo entre un alumno y yo si por casualidad te ven entrar o salir de mi casa. Así que la invité a ella.

—¿Y por qué no a Kakashi?

—Porque desde que llegó Rin no está disponible.

—¿Rin?

—La profesora de Psicología. En realidad es vuestra psicóloga. Pero ella prefiere que no la veáis como algo así.

—Parece que conoce a Kakashi de años atrás —opinó Kurenai uniéndose a ellos en la cocina.

—Sí. Ambos estudiaron juntos en nuestra escuela. Se les conocía mucho, pues Kakashi y Obito, el otro integrante, tenían mucha fama con las mujeres. Pero ningún chico podía osar acercarse a Rin. Era divertido.

—Puedo imaginármelo —bufó Shikamaru rodando los ojos—. Aunque eso no es lo que me importa ni para lo que estoy aquí. Sería demasiado complicado conocer historias de romances de profesores.

Asuma clavó la mirada en el chico después de intercambiarla con Kurenai.

—Imagino por qué estás aquí. No. Sé por qué.

—Entonces…

—No puedo decirte…

—Me utilizasteis. Es lo menos que podéis hacer —interrumpió apretando tan fuerte el tenedor que sostenía entre sus dedos que palidecieron.

Kakashi y Rin ya se lo habían dicho en su momento. Esos chicos eran como pequeñas roturas en el tiempo que cada vez se iban rompiendo más y más hasta crear un abismo entre ellos y el mundo.

Eran como flores delicadas que bailaban en un mundo de oscuridad. Cualquier mal riego podrían pudrirlas, destrozarlas o destruirlas. Hasta la flor más hermosa podía tener algún tipo de espina.

—¿Es por lo que ha sucedido esta mañana durante clases? —intervino Kurenai mientras cortaba su trozo de carne—. El historial de Sasuke Uchiha lo marca como una persona violenta y destructiva. Sin embargo, nunca había golpeado a uno de sus compañeros hasta ahora.

—Todo tiene que ver con los Uchiha —explicó Asuma suspirando—. ¿Recuerdas las noticias que llevan todo el día dando por la televisión? Las que vimos durante la hora de la comida.

—Sí. ¿Itachi Uchiha?

—Sí. Es el hermano de Sasuke Uchiha. Si no fuera hijo del jefe de las empresas militares Uchiha sería como cualquier otro personaje, pero al ser el hijo de alguien así, cualquier noticia es como miel para osos para la prensa. Si Sasuke las ha visto, seguro que ha explotado y ha dado por hecho que tú—. Señaló directamente hacia Shikamaru—, le has traicionado o algo así.

—Sí —respondió el chico chasqueando la lengua—. Y yo nunca os dije su localización ni nada. Solo os informé de quién era para nosotros.

—La información acerca de dónde estaba la sacamos de otro sitio. Pero no ha servido de nada. Tiene cuartada. En realidad, todo fue una pequeña pantomima. No sé los detalles de todo, eso tendrás que hablarlo con tu padre. Si es que encuentra producente contarte algo.

—¿Por qué los adultos siempre sois así?

—Shikamaru —advirtió—. No es lo que crees. Nosotros queremos ayudar a ese muchacho. Más de lo que crees.

Suspiró, frotándose el ceño.

—Mira, le prometí a tu padre que guardaría el secreto, pero antes de que te hiera es preferible contártelo.

Kurenai dejó la servilleta a un lado del plato.

—¿El cuarto de baño?

Asuma sonrió.

—Nada más salir de la cocina.

Esperó a que ella saliera y suspiró una vez más mientras encendía un cigarrillo.

—Bonita forma de hacer que no sabe nada. Si no está presente, nadie la puede juzgar. Ahora, a lo nuestro.

Dio golpecitos al tabaco sobre el plato vacío.

—La familia Uchiha es una de las corporaciones más oscuras que existe desde que el clan existe. Puedo decirte que hasta en la época feudal ya estaban corrompidos hasta la médula. Gobiernan gran parte del poder empresarial de las fuerzas armadas y con ello, sus armas de destrucción. No hay un solo tanque en este lugar que no lleve la marca Uchiha. El gobierno está preocupado porque los gastos cada vez son más extraños y la cuenta bancaria de la familia Uchiha contiene un hueco que no se explica. Además, hace cosa de unos cuantos años se unieron a las empresas Hyûga y el líder de aquella empresa murió misteriosamente y Uchiha corp. absorbió sus empresas y derechos monetarios así como sus investigaciones.

—Espera. ¿Hyûga?

—Así es. Hinata Hyûga y Neji Hyûga conocen a los Uchiha más de lo que crees. No conocemos del todo los detalles y por ahora, las cuentas de los Hyûga están limpias. Sin embargo, el hueco monetario que existe dentro del clan Uchiha es un misterio sin resolver, pues es un dinero que el gobierno entregó para la creación de nuevo arsenales. Y ahí es donde todo esto lo enlaza a Itachi Uchiha.

—Creía que todo esto tenía que ver con el secuestro de Hinata y Sakura.

—Y tiene que ver. Puede que Sakura fuera algo colateral que nadie esperaba. Pero Hinata Hyûga es la heredera de uno de los clanes más importantes y de una familia sumamente rica. Te vas a sorprender cuando te cuente esto, pero también has de prometerme que no vas a decir nada, Shikamaru. Cuento con tu discreción.

—Sí.

—Hinata y Itachi estaban prometidos. Ambas empresas iban a unirse en base al matrimonio. Pero Itachi Uchiha desapareció y justo en ese momento, pocos días o más, desapareció el dinero del que estábamos hablando. Por supuesto, el secuestro y la desaparición del dinero no podía hacer pensar a la policía que no tuvieran algo que ver. Así que por eso se ha detenido a Itachi Uchiha. Si no lo tenían bajo arresto no podrían entrar en sus cuentas bancarias o investigarle a fondo.

—¿Cuál ha sido el resultado?

—Según me ha dicho tu padre, está limpio. No fue quien secuestro a Hinata y Sakura y, a menos que sacara el dinero de algún modo que lo convirtiera en un fantasma, es completamente inocente de tal desaparición. Sin embargo, tampoco podemos acusar como si nada a su padre, pues no hay pruebas que lo incriminen.

—Sasuke probablemente desconozca todo esto y tenga una idea equivocada…

—Seguramente. ¿Vas a contarme por qué te golpeó?

Shikamaru se miró las manos por un instante.

—Le advertí. Le dije que su hermano estaba en Konoha. Creo que fue a buscarle y vio cómo le detenían. Cree que yo le delaté.

—Todo un error. Tú no nos dijiste mucha información, si he de serte sincero. Los niños desconocéis las cosas que los mayores podemos a hacer y jugar con la mente de ustedes es algo que se puede hacer fácilmente. Pero Shikamaru, ni tu padre ni yo o Kurenai tuvimos esa intención en el momento en que te informamos de todo. Precisamente porque sabemos que eres demasiado inteligente es que contamos contigo.

Shikamaru se puso en pie.

—¿Te vas?

—Sí. He de encontrar a Sasuke y disculparme.

—Ya te he dicho que no puedes…

—Uno de mis compañeros está sufriendo. Vale que Sasuke y yo no somos muy cercanos, pero sigue siendo una persona importante para mi clase. Y si él se derrumba, arrastrará consigo a muchas otras personas. Si no quieres que esa clase vuelva a ser un desastre, más vale que pueda explicárselo correctamente.

Asuma parpadeó sorprendido. Sin poder evitarlo esbozó una sonrisa divertida y dejó que se marchara. Kurenai se asomó y le miró con una ceja alzada y los brazos cruzados bajo el pecho.

—¿Has hecho una buena obra?

—Eso espero. Sí. Oye. ¿Quieres café?

—El chico ya no está. No hay motivo para que esté aquí.

—Oh. Sí que lo hay —aseguró.

Apagó el cigarro sobre el plato y se levantó.

Le daría una buena excusa.

—¿Por qué sigues empeñada en verme?

Kushina removió su taza de café sin poder borrar la sonrisa de su rostro.

—Porque estoy feliz de poder hablar contigo. ¿No quieres hablar conmigo?

La joven emitió un gruñido como respuesta y cruzó las piernas mientras daba un sorbo a su bebida. Fuera había empezado a llover. Quería volver a su casa y ver cómo iban las cosas con Sakura y las demás chicas y, como madre, quería asegurarse de que su hijo no estaba mojándose en la calle. Sería divertido ver a la chica tímida junto a su hijo, esforzándose porque no se notara lo que sentía por él.

Le había parecido adorable con esa timidez. Hasta a ella le habían dado ganas de estrujarla y pellizcarle las mejillas o soltar algo que la hiciera sonrojar. Y pensar que en el pasado ella era el tipo de persona que hacía bulling a las personas como ella y ahora le parecían la mar de adorables y fuertes…

Cómo cambiaba el tiempo. No. Más bien era el hecho de haber conocido a Minato lo que la hizo cambiar. Y se alegraba por ello. Ahora podía ver el mundo con otros ojos.

—Si buscas información no tengo nada que ofrecer.

Kushina enarcó las cejas.

—¿Por qué querría sacarte información?

La jovencita suspiró.

—Conozco tu historia. Eras la oveja negra del clan Uzumaki. Es normal que nadie quiera saber de ti, sobre todo, después de las cosas que hiciste. Lo único que puedo decirte es que tus padres murieron en un accidente de tránsito.

En lugar de enfadarse, sonrió. La chica se mostró sorprendida, pero Kushina no podía culparla. Si esas palabras habían sido expuestas con la idea de herirla ya era muy tarde para conseguirlo. Había perdido a aquello que más había amado y ahora, la única cosa que podían destruir era a su hijo y no existía algo peor el mundo que una madre cabreada.

—Supongo que en la familia han contado las cosas como les ha dado la gana. Puedes decirlas todas, si quieres, cariño, pero no van herirme. Yo misma sé cómo he vivido mi vida, mis actos y mis decisiones. No me arrepiento de nada excepto de una sola cosa.

La joven frunció el ceño sorprendida. Jugó con su cabello y luego suspiró.

—Bueno, yo tampoco soy una joya.

—¿Y por qué? —cuestionó interesada—. ¿Acaso no estás con mi hijo en su clase? O eso me has dicho.

Karin Uzumaki se mordisqueó el labio inferior. Cuando Kushina se la encontró le había parecido una chica más delicada de lo que aparentaba. Esa forma de alejar al mundo, de gritar silenciosamente. O de sufrir heridas que le hacían sufrir en silencio.

Se había dado cuenta de que tenía marcas en la piel extrañas, como si fueran mordeduras y se tiraba de la ropa para cubrirlas. Kushina no sabía qué había pasado, pero el solo hecho de pensar que otra persona había pasado por un calvario parecido al suyo, la irritaba.

—Ya sabes cómo es el clan Uzumaki. Tenemos que ser siempre perfectos porque venimos de alguien importante que se casó con uno de los fundadores de la ciudad —ironizó—. Da igual lo que pase. Da igual a quién ames. Da igual lo que quieras ser. Eres lo que eres y eso es tu sangre y tu apellido.

—Sí, me conozco el lema. Demasiado asfixiante. Nosotras no tenemos la culpa de que una antepasada se enamorara de un hombre y que este decidiera ser un fundador.

Karin asintió y clavó la mirada en ella.

—Pero tú te has casado con alguien de bien. ¿Por qué no lo aceptaron?

—¿No te lo han contado? —cuestionó. La muchacha negó—. Vaya, supongo que para hablar mal siempre tienen tiempo, pero cuando han de contar cosas buenas se acaban los minutos.

Cogió aire. Hablar de Minato siempre era doloroso. De una forma dulce.

—Cuando conocí a Minato estaba de pruebas. No era inspector ni tampoco tenía el futuro que los demás querían. Él quería ser jefe de policía. Ser el mejor. Pero no era suficiente para el clan. Ellos querían un gobernador. De todas maneras, yo estaba en una etapa rebelde y le causé muchos problemas a Minato, así que el pobre no pudo subir tan rápido como quería. Encima, me quedé embarazada de Naruto antes de casarnos, así que las habladurías crecieron. Un hijo fuera del matrimonio. Qué horror. Pero a mí me dio igual —aseguró—. Minato y yo seguimos luchando, Naruto nació y ya le conoces.

Karin afirmó con la cabeza y esbozó un gesto hastiado.

—Es difícil no conocerle cuando es tan ruidoso.

—Desde luego —aseguró ella esbozando una sonrisa maternal—. ¿Acaso tú no tienes a nadie que te guste por el que lucharías?

La joven se sonrojó con sorpresa. Tiró de sus gafas una y otra vez y comenzó a balbucear.

—Claro que sí —se respondió a sí misma—. Qué divertido ser joven de nuevo.

—No lo es tanto. Ya me lo han prohibido.

—Claro. Ellos quieren lo mejor. Pero tú eres tú.

—De todas maneras, ese chico nunca me daría ni una oportunidad.

—¿Por qué?

—Porque estoy segura de que siente algo por otra chica. Solo que ni siquiera él lo sabe. Es estúpido. Pero igualmente me comporto como si fuera una condenada fangirl con él. Para nada. Solo sufro mala miradas o ignorancia.

—Eso suena a un amor más bien tóxico, cariño.

—Lo sé. Pero el corazón no manda.

—Hasta que alguien llegue y tiré sus barreras. Ya llegará el hombre perfecto.

Le dio unas palmaditas en la mano.

—Mi casa siempre estará abierta, a todo esto. Cuando quieras escapar, ven.

—¿Con Naruto Ahí? —expresó alarmada.

Kushina sonrió.

—Con Naruto ahí. ¿Te prohibieron acercarte a él?

—Sí. Incluso negaron a mis profesores decir mi apellido en alto o que yo misma lo dijera. Es horrible. Tienes a tu primo ahí y es vetado.

—Puedo imaginármelo. Pero a mí no me importa. Eres mi familia. Y la de Naruto también.

Como si acabara de abrirle el cielo, la chica sonrió. Kushina se alegraba de haber encontrado otra Uzumaki.

Satisfecha por haber recuperado algo de su pasado, desvió la mirada hacia los cristales. Las gotas habían cubierto ya gran parte de ellos e intentó memorizar si habría dejado alguna ventana abierta justo cuando lo vio.

Se puso en pie y ante la atónita mirada de Karin, corrió hacia la calle, deteniéndolo del hombro. La mirada que le dedicó fue escalofriante.

—¿Qué haces aquí?

Karin emitió un jadeo tras ella y fue lo suficiente como para distraerla y que él se marchara.

—¿Qué le ocurre? —cuestionó mirando fijamente hacia su familiar.

Karin se mordió el labio inferior.

—Creo que será mejor que entres. Va para largo.

Se detuvo frente a la puerta antes de llamar. Sentía irritación por todo el cuerpo, tensión y hasta ganas de gritar. Esa condenada de Temari había tirado al traste por completo todo su trabajo y ahora tendría que atenerse a las consecuencias. Aunque no fuera su culpa.

Lo único bueno que había logrado en ese día era claramente su posesión sobre Shikamaru. Cuando le había pedido que fuera suyo nunca pensó que él aceptara o que simplemente se dejaría llevar.

Era tan sencillo engatusar a esa clase de hombres… Y sin embargo, Gaara había sido difícil. SI no fuera porque dejara las intenciones claras, no habría conseguido ni que se le moviera un pelo. Y aún así, era frustrante saber que solo ella había conseguido disfrutar y él había continuado inerte y sin pizca de atracción hacia ella.

Primero pensó que le estaba costando reaccionar por la falta de drogas, pero luego se fijó en el desinterés. Ella solo era una mujer que estaba ahí, nada más. No había pasión. Ni amor, ni juegos. Había reído con la intención de animar la cosa y fue justo cuando Temari interrumpió sus esfuerzos.

Esa dichosa mujer…

Temari no había sido nunca fe de su devoción. Era la típica mujer peligrosa de la que sabías que tenías que apartarte o terminarías con más heridas de las necesarias. Siempre Había estado respaldada por sus hermanos, pero ahora que estaba sola solo le parecía una metiche, una gruñona y hasta una insípida chica.

Mas, así como ella había sido incapaz hasta ese momento estar cerca de Shikamaru, Temari parecía tener un imán para atraer al chico. De algún modo, empezaba a pensar que todo se había estropeado y sería a causa de esa dichosa rubia.

No podía expresar correctamente sus sentimientos, pero Shikamaru tendría que sufrir hasta que quedara satisfecha. Debía de pagar por lo que hizo tiempo atrás.

Finalmente, dejó caer sus nudillos sobre la lisa superficie y esperó que la invitaran a entrar.

El hombre estaba tras el escritorio, con una bata blanca cayendo por encima de sus ropas y subiéndose las gafas con desinterés. Tayuya despreciaba esos momentos.

—¿Ha ido todo bien? ¿Gaara está satisfecho?

Tiró sobre la mesa la jeringuilla que había estado ocultado todo el tiempo y él la miró con una ceja enarcada.

—Generalmente suele estar vacía cuando regresas.

—Esta vez no. Nos interrumpieron y encima, ese chico no es de los rápidos. Le costó levantarse.

El hombre llevó una mano a la barbilla, pensativo.

—Quizás es que no eres su tipo.

—Se supone que los tíos os calentáis en nada.

—Si no tienen pareja, suelen tener necesidades, sí. ¿Sabes si hay alguna chica de la que esté interesado?

—Ni idea. De todas maneras, no me importa. Si quieres chutarle algo, tendrás que hacerlo tú solo. Conmigo no funciona. Además. ¿Por qué?

—Ha dejado de consumir —explicó él rodeando la mesa—. Y ya sabes que los que lo dejan o trabajan para nosotros o han de volver a consumirla. Es así de simple.

Se encogió de hombros y colocó ambas manos sobre los de ella.

—Has de volver a verle. Inyectársela. Aún si no quiere.

—No querrá verme de nuevo. Seguro que su hermanita le ha contado quién soy —expresó.

Él le rozó la piel del cuello con los pulgares.

—Ay, pequeña, se te olvida que tienes muchos recursos para usar. Úsalos.

Tayuya se lamió los labios, interesada.

—¿Aunque tenga que usar ciertos métodos?

—Sí.

Se inclinó sobre ella, besándola. Tayuya sonrió contra sus labios.

La puerta se abrió con un brusco empujón antes de que las manos se cerraran sobre su cuello. La socarrona sonrisa en el rostro frente a él le revolvió las tripas.

—Nunca creí que vendrías a verme, chaval.

Dejó que lo empujara hacia el interior del garaje. El olor a gasolina mezclado con tabaco y otra sustancia en la que prefería no pensar, fue nauseabundo.

Avanzó hasta detenerse frente a un sofá.

—Cuando te di la paliza pensé que sería tu hermano quién vendría a vengarse. Y sin embargo, el vengador parece ser otro: tú. Cómo giran las tornas. He.

—Cierra la boca. Te apesta a pescado, Kisame.

—Eres tan horroroso, Sasuke Uchiha.

El primero sonrió abiertamente. El segundo se dejó caer sobre el sofá, cruzando los brazos.

La tormenta fuera estalló en su plenitud.

Continuará...


Notas:

*: Saltarse las clases. Otros ejemplos: hacer campana, fullarse, ratearse del colegio, hacer la cimarra, etc.

**: Lio, embrollo, etc.