¡Gracias SkuAg!
.
.
TONTERÍAS A DOS
Fecha: 14/2/21
Pareja: Kenyako
Tiempo: 20m y 25s
—San Valentín—
¿Debía hervir? Era tarde para pensar en ello porque ya estaba hirviendo, así que su ágil cerebro, al que no le gustaba perder el tiempo, pronto pensó en el siguiente paso: ¿Cuánto debía hervir?
Pasó el dedo por la pantalla en busca de respuesta y si allí se hallaba no pudo encontrarla, quizá porque la manchó de chocolate, quizá porque el humo le había opacado las lentes.
No era culpa suya de todas formas. Ella nunca había preparado chocolate antes, lo que no significaba que nunca hubiera regalado chocolate. Lo había hecho, por supuesto, a lo largo de los últimos diez años: a sus amigos, a sus allegados, a Ken Ichijouji... culpable de que este año estuviera en la posición de tener que elaborar chocolate casero.
Curioso también era, que nunca había comprado chocolate: ni para sus amigos, ni para sus allegados, ni por supuesto para Ken Ichijouji. Tener vía libre para tomar todos los chocolates necesarios (dentro de lo razonablemente establecido), era una de esas ventajas de un konbini familiar.
—¡Estoy en casa!
—¡Bienvenido!
Sus pensamientos se detuvieron con la misma brusquedad con la que tapó esa cacerola que hacía rato que no se había removido. Sonrió exageradamente mientras se recolocaba las lentes. El recién llegado, o lo que era lo mismo, Ken Ichijouji, hizo un gesto contrariado.
—¿Huele a quemado?
—¡No es el chocolate!
Miyako se excusó, empujando la cacerola cuyo humo, cada vez más ennegrecido, reclamaba un poco de atención. Se percató entonces de la bolsa que Ken depositó sobre la mesa con el logotipo del konbini que su familia llevaba.
Ken sonrió por el sorpresivo gesto de su novia.
—Me llamó tu padre y cuando fui tenía esto preparado.
Sacó chocolates de todo tipo, sabor y forma. No, Miyako nunca le había hecho ni comprado chocolates a Ken, pero eso no significaba que no hubieran elaborado una pequeña tradición en todos sus años de amistad, la cual consistía en saborear juntos cada extravagante novedad que llegaba al konbini por estas fechas.
—¡No deberías haberlo recogido! Te estoy preparando chocolate. —Miró la cazuela donde escondía su fracaso y gimió—. ¡Se supone que debo prepararte chocolate!
Pero Ken ya había desenvuelto un bombón.
—Prueba.
Miyako lo tomó en sus labios, porque era humanamente imposible negarse a tomar un bombón de los dedos de tu novio, pero sí logró mantener su entrecejo fruncido como muestra de su disconformidad.
—¿De qué es? —preguntó, masticándolo.
—De paella —le mostró él la caja, lo que no hizo que Miyako cambiara de expresión.
—Está asqueroso. —Pero la curiosidad ganó a la repulsión (y al enojo, y al fracaso y a la tradición), al ver a Ken probar otro—. ¿Ese de que es?
—No lo sé, pero pica mucho.
Sus mejillas encendidas, sus ojos llorosos y sus precipitados movimientos en busca de agua, hicieron a su novia estallar en carcajadas. La olla hirviendo pasó al olvido, consciente de que no formaba parte de esta tradición, mientras Miyako se preguntaba... ¿a que sabría ese otro con forma hexagonal?
.
.
