Hola, hola. Los que me sigan en la página de face ya sabían que llegaba actualización y viene bien hinchada. Para que no os perdáis mucho, os dejo un resumencillo, como siempre:

Las clases continúan para estos adolescentes, que no cesan de tener más y más problemas que las hormonas. Hinata ha decidido rendirse con su amor por Naruto y Sakura aclara que no siente nada hacia él en asuntos de amor. Sasuke, por su parte, estaba furioso con Shikamaru al creer que el chico de cola piña había chivado a la policía la localización de su hermano, hasta el punto de golpearlo y, después, desaparecer. Naruto no cesa de buscarlo y promete a Sakura traerlo de vuelta, aún con el corazón roto por la negativa de Sakura. Shikamaru y Tayuya han comenzado a salir para sorpresa y dudas de todos. Ino sigue cabezonamente empeñada que Deidara es mejor que Sai. Gaara le ha dado un ultimátum a Temari para quitarse de encima a Matsuri, ya que crea sentimientos en él. Neji ha pasado a chantajear a Tenten. Itachi ha salido de la cárcel y ha comenzado a moverse, buscando a cierto personaje para su fin, mientras que Deidara sigue queriendo corromper a Ino para fastidiar a Sai. Por otro lado, Kushina sigue empeñada en hacer amistad con Karin.


Roturas


Verdad


Duele y mucho pero es la verdad.

Duele como si te golpearan, pero es la realidad.

Cree en la verdad aunque duela.

Todo llega.


Cuando la puerta se abrió las dos mujeres estaban esperando ya, con los brazos cruzados y una posición aterradora. Kushina y Sakura daban miedo cuando se enfadaban a la vez. Su hijo podía dar fe de ello. No era la primera vez que ella y Sakura regañaban a Naruto a la par y ver el rostro marcado de terror de su hijo a veces era hasta divertido. Aunque esa vez apenas duró.

Las miró con culpabilidad.

—No sé dónde está —explicó al notar que ella ya sabía parte de la historia—. No he podido dar con él.

Kushina suspiró y le tiró de la ropa.

Ves a darte un baño caliente y cambiarte de ropa antes de que termines pescando un buen resfriado. La cena estará lista dentro de nada.

Naruto miró el reloj sobre la mesita de café.

—Es tarde…

—No te irás a la cama sin comer. Al menos, no en mi casa —advirtió.

Sakura les sonrió y se encogió de hombros.

—Anda, ven —invitó—. Mientras coges tu ropa, prepararé el baño.

Kushina sabía que era una simple excusa para marcharse y hablar de lo sucedido sin que ella se enterase. Pero los adolescentes a veces olvidaban que las madres poseían cierto sentido o una capacidad innata para saber qué ocurría.

A veces esto era suerte, como haberte encontrado al joven Uchiha justo con Karin.

La joven pelirroja con la que compartía sangre le había estado explicando la situación en esos días escolares y parte del porqué a veces se sentía excluida pese a esforzarse en ello y llamar la atención.

Que Naruto y Sasuke fueran el núcleo de todo no le extraño, pues estaban acostumbrados a ello desde que eran pequeños.

Kushina podía recordar perfectamente cómo se fue llenando poco a poco su casa de niños hasta casi serle imposible controlarlos a todos. Y aunque por aquel entonces todavía tenía a Minato, cuando murió empezó a ser algo desesperante, hasta que se dio cuenta de que era un alivio distraerse con ello. Lo malo que eso conllevaba muchas responsabilidades hacia sus padres, por supuesto.

Lástima que la mitad de ellos no fueran capaces si quiera de criar nada.

Lo siguiente que le explicó es que estaban sucediendo cambios de lo más inesperados. Por ejemplo, que Sakura se mostrara más tranquila y silenciosa que nunca. Que Ino se echara novio nada más entrar, que Shikamaru también hubiera empezado una relación con una chica que siempre lo maltrataba —cosa que realmente la había sorprendido, pues siempre había tenido al hijo de Shikaku como ser muy inteligente—, la situación misteriosa de Tenten, los problemas de Sai para relacionarse…

Y cuando llegó a Hinata Hyûga se estremeció.

Recordaba a la chica casi arrancarse el alma al decir que iba a dejar de amar a Naruto. Su hijo era un chico demasiado tonto y lento para esos temas, al igual que su padre. Hasta que no le había gritado a Minato que estaba completamente loca por él en aquella playa, no pareció entenderlo del todo, así que quizás con Naruto hacía falta lo mismo. Un efecto de choque.

Porque esa niña lo amaba. Lo adoraba con toda su alma. Y lo había visto y comprobado. Sin embargo, estaba cegada en refrenar sus sentimientos. Como si eso fuera posible, había pensado sonriendo socarronamente, una vez que te enamoras de la sangre de Minato, no puedes dejarla jamás.

La cuestión era algo que Karin no sabía y eran las reglas del clan Hyûga. Lo estricto que era ese clan le retorcía el estómago a más no poder y que su hijo estuviera siendo expuesto cada vez más a él empezaba a irritarla. Pero jamás podría impedirle a su hijo tener nada con esa niña. Y no era porque se hubiera ganado su corazón simplemente por ver cómo se destrozaba a sí misma al querer negar algo.

Hinata Hyûga era todo lo contrario a su padre y mucho mejor incluso que él. El problema es que era una niña asustada bajo la sombra de un progenitor al que no le importaba venderla como vientre a cambio de a saber qué dichosa cosa. La que fuera que buscaran los Hyûga de los Uchiha.

Si lo pensaba detenidamente, antiguamente y en realidad en el presente, continuaban existiendo los matrimonios concertados. Pero era sumamente hilarante ver que ocurría delante de sus narices y que el lider de Hyûga no se enterase.

Quería casar a su hija con Sasuke Uchiha, un hombre al que no amaba, pues amaba a un Uzumaki. El Uzumaki estaba coladito por una Haruno. Una chica normal, sin ningún tipo de linaje importante en su sangre. Haruno estaba enamorada del prometido de Hyuga, Uchiha.

Y Kushina, que era muy buena observadora gracias a su marido y sus años de pandillera, se había percatado de algo que nadie más parecía notar.

Y es que antes de todo aquel cacao con la desaparición de Sasuke, este estaba comportándose bastante extraño en referencia a Haruno. Claro que, si ese era su modo de demostrar amor, era bastante doloroso y horrible. Pero ya sabía que había personas que demostraban su amor de un modo complejo algunas veces. No obstante, quizás Sasuke aprendió lo que había conocido irremediablemente en su casa.

Existían ciertas cosas que en realidad sabía y sin embargo, no podía contarlas. Menos a su hijo. Naruto no era tonto, desde luego. Todavía recordaba el día que llegó a su casa asustado, arrastrando consigo a Sasuke de la mano. No debían ni de superar su cadera, pero Naruto la miró fijamente con aquellos ojos tan parecidos a los de su padre, con la inocencia de un niño que cree que ella, su madre, podría hacer lo imposible y le suplicó que escondiera a Sasuke en el armario donde nadie lo encontrara jamás, especialmente sus padres.

Sasuke había estado tan ido que apenas reaccionó y lo peor de todo, es que ella tuvo que devolverlo a su casa al día siguiente, con todo el dolor de su alma.

Habló con Shikaku a cuenta de denunciar a los padres por maltratos, pero este se negó rotundamente, alegando que la denuncia iría directamente a la papelera. Kushina se había enfadado muchísimo en su momento, pero no sirvió de nada.

Lo único que se consiguió era que la amistad entre ambos chicos aumentara hasta hoy en día.

El problema quizás era que los adultos eran estúpidos muchas veces y cuando crecían, solo recordaban esa época con la típica frase: cuando yo era joven…

Olvidaban que el tiempo avanzaba para todos. Y que también cambiaban las situaciones.

—¡Cierto, Sakura-chan, Mama! —escuchó a su hijo gritar desde lo alto de la escalera.

Sakura estaba casi al pie de las escaleras y miró hacia arriba para apartar la mirada.

—¡Diablos, Naruto! ¡Ponte algo!

—Llevo mi toalla de Snoppy —protestó el chico inocentemente.

—Pues desde aquí abajo te veo las joyas, idiota —reprochó Sakura bajando del todo y dándole la espalda.

Naruto se miró sin comprender, pero cubrió más sus partes con la toalla. Kushina no pudo evitar sonreír en ese momento, pero salió con la espumadera en la mano para gritarle que cogería frio.

—¡Que sí, que sí, ttebayo! Pero quiero saber qué ocurrió con Hinata.

Sakura y ella intercambiaron una mirada y una sonrisa divertida.

—¡No te diremos!

—¿¡Eeeh!? —exclamó en protesta—. ¡Quiero saber!

—A la ducha —ordenó—. O tiraré de la toalla y veré lo único que podía congelarse en el suelo del hospital. ¿Recuerdas?

Le sonrió con malicia y Naruto apretó los labios echando a correr escaleras arriba. Kushina volvió su atención hacia Sakura.

—¿Estás segura de no querer decírselo?

Sakura dudó por un instante. Tenía mejor aspecto, aunque la preocupación por Sasuke le estaba creando algunas ojeras bajo los ojos.

—Sí. Creo que es una buena oportunidad para que Hinata avance y Naruto se de cuenta de las cosas que suceden a su alrededor.

—Pero ya escuchaste lo que ella dijo, de rendirse —recordó.

Sakura le sonrió.

—También escuché lo que dijiste, Kushina-san y me pareció demasiado hermoso como para dejar que esto termine.

—Ya —dijo girándose hacia la cocina.

Lo que Sakura no sabía eran los problemas que había detrás de su idea. Ella la apoyaba, desde luego. No había una cosa que una madre no quisiera como la felicidad de su hijo. Era lo importante y primordial.

Naruto, sin embargo, parecía que para ser feliz en cuestiones de amor iba a tener que batallar mucho. Peleas arriba y peleas abajo. Aunque ahora mismo su interés principal seguramente sería buscar a Sasuke.

Si tan solo le hubiera detenido en ese momento… quizás las cosas serían diferentes. Podría haberle obligado a ir con ella a casa, obligado a cambiarse de ropa y que se tomara un respiro.

¿Luego qué? ¿Qué ocurriría?

Volvería al mismo bucle de destrucción psicológica al que estaba siendo sometido. Aunque sospechaba que había otras cosas. Nadie te mandaba al hospital como le había sucedido por nada. Sasuke, desde luego, no había abierto la boca. No era un chico de esos.

Batallar sus propias peleas por sí sólo era lo que le preocupaba. Naruto siempre había sido alocado y saltaba, más que nada porque detrás de él siempre había alguien. O eso es lo que había creído siempre Kushina.

Pero Sasuke estaba solo en esos momentos. Y eso arrastraría consigo a su hijo.

—Ah, me olvidé mi móvil en la habitación —suspiró Sakura.

Kushina dejó el plato sobre la mesa y miró escaleras arriba.

—Iré a por él —dijo sonriéndole.

Así como su hijo no tenía demasiados reparos en ir por el mundo como ella lo trajo al mundo, Sakura no quería encontrarse con él y lo comprendía.

—Gracias.

Kushina lo descartó con una mano y subió escaleras arriba, abriendo la puerta tras llamar. Naruto estaba junto a la cabecera de su cama, atándose la cinturilla del chándal que usaba como pijama mientras miraba con el ceño fruncido hacia la fotografía de ellos cuando eran niños.

—Naruto. ¿Has visto el móvil de Sakura? Ah, no importa, ya lo veo.

Se inclinó sobre la mesita para recogerlo. Naruto continuaba de espaldas a ella y parecía leer algo.

—Mamá —llamó.

—¿Hmn?

—¿Qué es esto? —cuestionó volviéndose hacia ella. Sujetaba un trozo hoja entre los dedos—. ¿Hinata? ¿Se fue enfadada o algo? —inquirió.

Kushina suspiró.

—Es de Hinata —explicó—. La dejó para ti cuando se fue al parecer. No me dijo nada, pero dado que Sakura está aquí y te lo podría decir en persona, es lo que deduzco.

Naruto aferró con más fuerza el papel entre los dedos.

—¿Ocurre algo con ella?

Naruto apretó los labios.

—Mamá, si fuera a verla…

—Ni hablar —interrumpió antes de que continuara—. Baja a cenar y duermes. Ya has estado dando tumbos por todos lados el tiempo suficiente. Y mañana la verás en clases. ¿No?

Y estaba segura de que se armaría un buen jaleo si Hiashi Hyûga descubría a su hijo colándose en el dormitorio de su hija mayor. Los rumores, la policía de nuevo deteniéndole… No. Ya era suficiente.

Naruto debió de presentir su negativa firme, porque dejó el papel donde lo había encontrado y salió para bajar a cenar. Las voces de ambos adolescentes le llegaron desde el salón.

(Flashback)

Siempre puedo llamar a tu padre y decirle que te quedas aquí —ofreció mirando a la joven mientras se calzaba.

Hinata enrojeció y negó a la par que por sus ojos pasaba una sombra de terror ante la idea.

No será necesario, muchas gracias —dijo educadamente—. Mi primo está en camino.

Kushina no había querido presionarla de más. Conocía el temperamento incoherente de su padre. Cortar las alas de sus hijas era una idiotez.

Hinata. ¿Puedo hacerte una pregunta?

Se arrodilló a su lado para quedar a su altura y la joven parpadeó confusa, pero asintió con la cabeza.

¿Qué planes tienes para cuando te logres graduar? Porque creo que vas a aprovechar al máximo esta nueva oportunidad que os han dado.

Sí, me gustaría.

Le sonrió y se puso en pie. Hizo una reverencia antes de salir. La limusina ya la esperaba fuera. Kushina se quedó mirando mientras desaparecía.

Pero no me has respondido… ¿Es porque no tienes una respuesta o porque no puedes hacer lo que quieres para ti misma?

(Finflasback)

Claro que ella no había notado lo de la nota que había dejado. Sakura tampoco, al parecer. Sin embargo, como Naruto no regresaba y Sakura empezaba a impacientarse ante la falta de noticias, Kushina y ella habían tenido tiempo de tener una larga charla entre mujeres.

(Flashback)

¿Se ha ido?

Sí —informó suspirando y cerrando la puerta—. Hinata lo tiene tan difícil.

Se detuvo al verla contraer el rostro.

No —se corrigió—. Todos lo tenéis difícil.

Caminó hasta el sofá, sentándose a un lado y dando palmadas para que se acercara a su lado. Sakura se sentó en silencio.

¿Qué ha pasado? Aparte de la desaparición de Sasuke, claro.

Sakura dudó, por supuesto.

Kushina le dio un suave apretón a su mano.

Sakura. Soy yo. Sabes que en mí puedes confiar.

¡Lo sé, lo sé! —exclamó ella rápidamente—. Es sólo que… es complicado porque…

Atañe a mi hijo —dedujo.

Sakura movió la cabeza en una afirmación, mordiéndose el labio inferior. Sus mejillas se tiñeron de un suave rosado que hacía juego con sus cabellos. Todavía recordaba el día que se la encontró acurrucada en un lado del camino, escondida entre una valla y unas cajas. Naruto se había quedado algo apartado de ellas, mientras que Sakura les miraba y juraba que su cabello no era teñido.

Naruto había desaparecido cuando quiso darse cuenta y volvió lleno de magulladuras. Los chicos de la riera jamás volvieron a dudar de que Sakura tuviera el cabello teñido o no. Por las cosas que Sakura le había contado, aunque fueran consideradas cosas de niños, estos habían hecho cosas horribles para averiguar si Sakura poseía ese color original o no.

Kushina había tenido una buena bronca también con los padres de algunos de los niños de aquella zona porque se quejaron de que Naruto los había golpeado porque sí. Por suerte, no llegó a más.

Yo… —musitó Sakura regresándola al presente—, rechacé a Naruto cuando se declaró.

Kushina lo veía venir. Sintió pena por su hijo y habría esperado que su hijo se deprimiera como el día en que se le cayó al suelo su plato favorito de Ramen sin querer. Pero tampoco sabía muy bien cómo estaba, ya que continuaba buscando fuera a Sasuke.

Sakura se cubrió el rostro con las manos, temblando.

No debí de hacerlo, pero es que no puedo corresponderle.

¿Y por qué no ibas a deber hacerlo? —cuestionó sin esperarse esa clase de declaración—. Si no le amas, no se puede hacer nada. Mira, entre nosotras, Sakura.

Le tomó la mano para poder verle la cara.

Soy una madre muy egoísta. Quiero que amen a mi hijo por encima de todo. Así que, si un día él encuentra a la mujer perfecta para vivir juntos, se casen o no, tengan hijos o no, yo seré feliz de saber que esa mujer le ama. Amor. Eso quiero para él. ¿Entiendes qué quiero decir?

Sí… pero…

No hay peros que valga —regañó acariciándole los cabellos—. Yo tuve la suerte de casarme con el hombre que amaba. ¿Perdí algo a cambio? Muchas cosas, como grandes comodidades, dinero, felicidad familiar. Pero a cambio gané muchas otras cosas que colmaron todas esas. Me di cuenta de que no necesitaba un gran sueldo en la mesa para ser feliz. No quiero decir con esto que no lo necesite para lo básico, claro que sí. Pero no era lo que me hacía feliz cuando veía a mi marido entrar por esa puerta y sonreírme mientras mostraba el sobre con su pequeña paga al principio.

Tomó un instante para mirar hacia la puerta. Casi le pareció ver a Minato aparecer con un pequeño paquete, sonriente como si acabaran de entregarle un millón en mano.

Lo que me hacía feliz era verle a él regresar a casa. ¿Felicidad familiar? Estuve muy equivocada mucho tiempo —continuó sonriéndole—. Creía equivocadamente que mis padres, mis primos y el resto de mi familia eran los que me hacían feliz. Era mentira claramente. Yo tenía que buscar la felicidad con mi propia familia. Lo aprendí cuando tuve a Naruto y Minato continuaba ahí. Éramos tres, sí, pero la cantidad de risas que llenaban estas paredes eran muchas.

Abrió los brazos para señalar a su alrededor.

Y eso es lo que quiero para Naruto. Yo no voy a estar siempre ahí para él y la vida es muy dura. Más de lo que os está pareciendo ahora mismo, tesoro —aseguró. ¿De qué servía mentirles? —. No obstante, todos podemos encontrar un hueco para sentirnos felices por un momento. Minato siempre decía que le hacía feliz regresar a casa y mirar la cara de Naruto dormido. A mí me hacía verlos a ambos dormidos, juntitos. Porque más de una vez Minato se ha quedado dormido de pie al lado de la cuna.

Ambas rompieron a reír ante ese recuerdo. Kushina sintió que el corazón se le encogía.

Y lo mismo que quiero para Naruto, quiero para los demás. Estáis creciendo todavía. Tenéis mucha vida por delante. Es bien cierto que en otros países ya seríais mayores de edad, pero aquí continuáis siendo nuestros cachorros. Puede que los adultos que os han tocado encontraros hayan salido ranas, pero no todos son así.

Guardó un instante de silencio, sabiendo que Sakura era muy inteligente y comprender esto le iba a ser más sencillo que a Naruto, cuando le dio casi la misma charla.

¿Por qué no piensas qué clase de adulto te gustaría ser? ¿Uno como los que te has estado encontrado? ¿Diferente?

Los ojos verdes brillaron como si de una promesa se tratara y Kushina había sonreído.

Bien. Con esto quiero decir que no has de sentirte culpable por ser sincera y decirle la verdad a mi hijo. Ese cabeza hueca debería de haberse dado cuenta de tus sentimientos antes.

Sakura abrió la boca con sorpresa.

¿¡Kushina-san!?

Soltó una carcajada.

Sí, lo sé. Ese Sasuke Uchiha es un rompe corazones.

Sakura sonrió con cierta amargura. A saber la cantidad de cosas que había tenido que ver y cuántas veces le había roto Uchiha el corazón.

Estiró las piernas, tocándose las rodillas y sonrió, sintiéndose como una colegiala.

Al menos, mi hijo tiene una maravillosa pretendienta. Me pregunto desde cuándo está enamorada de él.

Desde que nos conocimos, me parece. Sinceramente, no estoy segura de eso. Sólo sé que un día empezó a sonrojarse más que con los demás. Hasta que finalmente se convirtió en costumbre. Lo raro es que Naruto no se haya dado cuenta.

Porque era igual de lento que su padre, al parecer. O que ella. Se disculpó mentalmente con Hinata por eso, así como tuvo la decencia de no continuar presionando a Sakura por más información. Estaba segura de que realmente sabía desde cuando había comenzado el enamoramiento de esa muchacha por Naruto, pero por supuesto, su amistad no le permitiría contárselo a ella.

Ah —suspiró—. Tendré que ser sólo una espectadora más mientras suceden los acontecimientos y crecéis.

Le acarició los cabellos y se acercó a la ventana. Justo vio la rubia cabeza de su hijo.

Sakura, Naruto ha regresado.

(Finflasback)

Se unió a ellos en la cena, observándoles mientras comían en silencio. Generalmente, habría disputas por la última croqueta o por quién había comido más carne, para finalmente terminando comiéndosela ella como castigo. Ese día había silencio. Porque había una silla vacía y para todos era símbolo de que alguien faltaba.

Más tarde, cuando se aseguró de que la casa estuviera bien cerrada y las luces apagadas, vio a su hijo sentado en el sofá donde todavía dormía tras ceder su cama a Sakura una vez más. Sostenía el papel que Hinata había dejado para él entre los dedos. Lo cerró en un puño y miró su móvil en la otra mano.

Cuando se recostó, cerró los ojos con cansancio, pero Kushina sabía ya de antemano que iba a ser una noche muy larga para él. La más larga que nunca.

.

.

Cuando Karin entró en clase ya estaba abierta y deseó salir fuera en el mismo momento. Les dio la espalda, soltando una maldición mientras la otra pelirroja de la clase se cagaba en todo lo que llevara su cara, su apellido y su sangre.

Aunque no era su culpa y, desde luego, no había esperado encontrarse ese panorama en plena clase.

—Podrías haber venido más tarde, diablos. Nunca eres la primera en llegar.

Si bien eso era cierto, no era algo que necesitara escuchar precisamente de ella.

—Cállate, Tayuya —siseó dando golpecitos en el suelo. Empezaba a perder la paciencia—. La clase no es ningún picadero* y tengo el mismo derecho que tú de llegar a clase cuando se me antoje. Pedí la llave en secretaria y me dijeron que ya había sido tomada, así que di por hecho que era o él o Temari.

Shikamaru Nara estaba recostado contra la mesa, cerrándose la camisa mientras maldecía entre dientes el tener que pasar esos problemas. Tayuya, sin embargo, entró en su campo de visión, tirándose de la falda.

—Aguafiestas —escupió, girándose para marcharse.

Karin simplemente levantó el dedo corazón como respuesta antes de dirigirse a su asiento.

—Me parece increíble que de todos, tú hayas hecho esto.

Shikamaru se rascó la nuca, culpable.

—Yo también. Iré al baño.

Se levantó y tras acomodarse el pantalón, salió.

¿Quién hubiera dicho que no era piedra?

Al quedarse a solas, bostezó y sacó el móvil para revisar los mensajes. Había conocido a un chico por internet bastante interesante y al que no parecía importarle nada de quién era familia o su carácter. Casi siempre la picaba y escuchaba cuando ningún otro lo hacía.

No. Ahora había encontrado a otra persona que lo haría de ser necesario. Claro que era un adulto y debía de tener cuidado con algunas cosas. Especialmente, si se interesaba en sus compañeros de clase.

Pero había sido una sorpresa por todo lo alto volver a encontrarse con Kushina Uzumaki. Ya cuando supo que Naruto era su primo lo fue. Indagó mucho acerca de si eran realmente familiares o no y aunque esto nunca quedó en claro, siempre había sospechado quién era, especialmente cuando su familia le negó decir su apellido al saber que compartía clases con Naruto. Incluso habían pensado en cambiarla de instituto, pero por entonces, ya estaba en la lista negra de profesores por algo que ni siquiera cometió.

No se había acercado a Naruto más de lo necesario, sin embargo, sí se había interesado como el resto en su mejor amigo. Sasuke Uchiha. Sin embargo, para él solo había sido un simple rollo de usar y tirar. Y ni siquiera había podido proclamarlo especialmente porque él jamás lo admitiría y del modo en que la trataba, tampoco nadie la creería.

Pero había ocurrido.

Siempre corría detrás de él, lo incitaba y presumía el mejor sexo de su vida. Sasuke aceptó finalmente tras un cambio extraño en el que no le reconocía. Ni siquiera mostró interés en cuidar el lugar donde sería su primera vez, porque ninguna mujer querría perder su virginidad en un hangar al lado de una lavandería.

Habían tenido sexo nada más entrar, encima de su chaqueta del colegio. Y ni siquiera se había molestado en cuidar si le dolía. Nada. Y después, tras tirar el condón, la dejó ahí sola para que se buscara la vida al regresar.

Lo había maldecido aquella vez. Deseando que nunca encontrara alguien que le amara. Y, sin embargo, al día siguiente lo había visto con otra chica en otro lugar diferente, remarcando así que para él ella no fue más que otra más.

Él sólo tenía ojos para dos personas en el mundo, estaba segura de ello.

Naruto y Sakura. Esos dos eran su mundo. Ni se te ocurriera decir nada de ellos, porque la mirada que te dedicaba te dejaba con ganas de esconderte bajo tierra y no salir en la vida.

Sólo se le ocurrió una vez decir algo de Sakura en su presencia. No volvió a hacerlo. Y de Naruto, ni pensarlo.

Y ahora volvía a ver desde lejos lo que sucedía sin poder hacer nada más que esperar a las consecuencias.

[Sui] 7:45 ¿Qué haces levantada tan temprano? Te van a salir más arrugas en tu fea cara.

Sonrió al ver el mensaje a la vez que sentía ganas de estrangularlo. Era una cosa extraña. Quería saber más y a la vez, deseaba también golpearlo. Y era algo frecuente que no podía evitar.

Movió los dedos por encima del teclado para explicarle que no había podido dormir y lo que había pasado al llegar a clases.

[Sui] 7:49 Eso es lo que suelen hacer los novios. ¿Sabes?

—Cállate, idiota.

Pero sonrió. Como una idiota mientras le respondía.

Al menos esperaba que los hombres sinceros no fueran tan idiotas como los que no eran capaces de comportarse como hombres o que eran paredes que no demostraban sus sentimientos.

—No he abierto la boca.

Levantó la vista del móvil hacia Shikamaru, que había regresado del baño y estaba al lado del escritorio de Kiba.

—No era a ti —descartó sacudiendo una mano hacia él—. Pensé que te habías ido con tu novia.

Él chasqueó la lengua y arrastró los pies hasta su escritorio, bostezando.

—¿Para qué?

Karin bufó.

—Para seguir lo que estabais haciendo hace un momento sobre ese escritorio, por ejemplo.

Él lo descartó con una mano, como si le resultara tremendamente pesado hacerlo.

Sinceramente, no comprendía qué esperaba Tayuya saliendo con un chico tan vago. No quería ni pensar en cómo sería como novio y la pereza que contribuiría en ciertas cosas.

Repentinamente, se escuchó un golpe en la puerta, apareciendo Temari, jadeando.

—¿Qué diablos? —masculló entre estertores—. La llave no estaba en su lugar y pensé que la habrían tomado para hacernos algún tipo de putada.

—No, el delegado fue quien la tomó —respondió.

Temari primero la miró a ella y luego a Shikamaru, señalándole.

—¿Tú has abierto la puerta antes de las ocho? ¿Se ha roto el mundo y no me he enterado?

—Tsk, otra más —gruñó Shikamaru rascándose la nuca.

—Ha venido a enrollarse con su novia —informó Karin echándose hacia atrás—. Ha sido todo un shock. Mis pobres retinas.

Temari abrió la boca como si fuera a soltar algo, pudo notar una sombra oscura en sus ojos y no dijo nada. Se adelantó hasta su puesto, dejando las cosas en silencio.

Shikamaru y ella intercambiaron una mirada de duda. Eso era demasiado raro. Pero tampoco tuvo tiempo de indagar más. Por la hora, el resto de la clase fue llegando y a cuál más ruidoso.

Hinata y Neji entraron a la par, como costumbre. La chica parecía más cansada que nunca y dirigió una mirada hacia los asientos vacíos al final de la clase. Karin recordó la mirada que Sasuke les diera a Kushina y ella la tarde anterior.

Un rato después, Sakura y Naruto entraron. La chica parecía estar mejor de salud, aunque no podía borrar la preocupación de su rostro. Naruto también estaba marcado en el rostro, que cambio a sorpresa y determinación cuando vio a Hinata.

Extendió un brazo hacia ella, haciendo que la chica diera un respingo al gritar su nombre.

—¡Hinata! ¡Tenemos que…!

—Ah, ya estáis aquí —interrumpió Kakashi asomándose por encima de Naruto—. Ya que te ha llamado Naruto a pleno pulmón, no tengo que hacerlo yo. Hinata. ¿Puedes venir? La directora quiere verte. Tienes una visita.

—¿¡Qué!? —exclamó Naruto revolviéndose—. Nosotros tenemos que hablar.

—Oh. Hablaremos después que lleve a Hinata al despacho. No tardaré, Naruto —contestó el profesor haciendo un hueco a Hinata para que saliera—. Sé un buen chico.

Naruto apretó la mano en un puño.

—¡Me refería a…!

—Ya, Ya, Naruto —vedó esa vez Sakura—. Vamos a clases. Luego hablas con ella. Tienes todo el día.

—Pero, es que yo quería… —balbuceó.

Sakura ya le tiraba de la oreja para retenerlo.

Karin suspiró. Naruto había heredado mucho de Kushina, al parecer. Quizás para él Sakura fuera como el marido de esta fue para ella. Claro que su clan poco amaba a Minato Namikaze.

Su móvil vibró sobre el escritorio. Lo miró con cierta sorpresa.

[Sui] 8:07 ¿En qué escuela dijiste que estabas?

Le respondió justo cuando Kurenai entraba. La respuesta de él la dejó a cuadros por aquel entonces.

.

.

Hinata había suspirado aliviada cuando Kakashi apareció para detener su conversación. Sabía por qué Naruto lo había dicho y era algo que no le permitió dormir en toda la noche y tampoco dejaba de torturarla en ese momento.

Había tomado esa decisión finalmente.

No solamente se lo dijo de boquilla a Ino y Sakura y aunque las palabras de Kushina la habían enternecido hasta el punto de comprender que amar a Naruto no era malo, no podía olvidar la conversación que había escuchado de sus padres aquella noche y menos todavía que amar a Naruto crearía un sinfín de conflictos que no podía solucionar en ese momento.

Había supuesto erróneamente que todo terminaría con la hoja que dejó junto a la fotografía. Qué tonta había sido. Naruto era siempre de los que prefería las cosas a la cara. Quizás porque era demasiado despistado para comprender las indirectas o tal vez porque nunca pensaba dos veces las cosas antes de hacerlas.

Esperaba poder hacerle frente cuando llegara el momento, porque estaba segura de que no había terminado todo ahí.

—Adelante.

Esperó a que la puerta se abriera y Kakashi, tras hacer una inclinación, se marchó.

El despacho de la directora era espacioso pero lleno de estanterías y ficheros. Un enorme escritorio regía el centro y tras él, Tsunade se mantenía tras un montón de folios y la pantalla de un ordenador de sobremesa.

—Ah, Hyûga Hinata —saludó por encima de la pantalla y echándose hacia atrás—. Perdona hacerte venir tan temprano —se excusó—. Necesito hablar contigo de algo importante.

—Sí es por el secuestro… —murmuró.

—No, no, tranquila. Eso ya lo hablé con tus padres y la policía. Si bien es cierto que hemos aumentado la vigilancia por posibles nuevos intentos de secuestro, no tienes que disculparte por ello. No es como si tú te hubieras entregado de buena fe a ello.

Claro que no.

Aunque nadie podía nunca negar que fue ella quien llevó a Sakura a él. Ni tampoco hacerle olvidar lo vivido. La conversación ni el rostro de aquel hombre.

—Por lo que te he hecho venir es por otra cosa. Y Kakashi seguro que ya te lo habrá dicho, pero tienes una visita.

—Sí —confirmó mirando alrededor. No había nadie presente.

—Espero que comprendas que esto lo hago porque sé que es buena persona. Si no fuera así, nunca lo haría —garantizó Tsunade—. Y, por otro lado, te rogaré que por favor lo mantengas en silencio.

Empezaba a acostumbrarse a hacer eso. Demasiada gente empezaba a exigirle eso o ella misma sentía la necesidad de mantenerse callada en referente a sus sentimientos.

Recordaba la pregunta de Kushina Uzumaki rondar en su mente y todavía no había encontrado la respuesta a ella.

Mientras estaba en sus pensamientos, la puerta volvió a abrirse tras ella y retrocedió, sorprendida, al ver al hombre que entraba. Lo vio cerrar la puerta con tranquilidad y volverse hacia ella lentamente. Cuando sus ojos se encontraron, casi se le cayó el mundo a los pies.

Tsunade, tras ella, cambió de postura.

—Espero que te des prisa con esto. No vamos a poder cubrirte mucho más o cuando la policía quiera ver las próximas grabaciones, tendremos un problema. Bastante con que anoche se cayeran todas las cámaras y que los ordenadores estén todos desconectados.

—Probablemente, porque alguien entró ayer aquí con ideas de robar —dijo él—. Sólo quiero hablar con ella. No le haré daño.

Hinata apenas podía mantener el aliento dentro, expulsándolo con tanta fuerza que sintió que se mareaba. Se apoyó de la silla más cercana, sentándose.

Tsunade fue a levantarse y él se lo impidió.

—No, tranquila. Últimamente parece que todos sufren la misma expresión que ella. Cuando hablé con Sakura Haruno fue lo mismo. Sólo que ella estaba monitorizada y fue algo más difícil.

Él sonrió. Con amabilidad. Como si conociera a Sakura de toda la vida o a ella misma.

—Yo esperaré fuera —indicó Tsunade levantándose—. Porque veo que, si sigo aqui, no harás las preguntas pertinentes.

—No —reconoció él sin borrar la sonrisa.

Una vez que Tsunade salió, Hinata comenzó a ponerse más nerviosa. Sin embargo, el hombre no se movió de su puesto.

—Siento esto, pero la vigilancia en tu casa es muy delicada como para colarme. Y no creo que sea bueno que entre en el dormitorio de una chica, así como así —se excusó—. Hablé con Sakura cuando estuvo ingresada. No conseguí sacar mucho de ella, pero esperaba que tú tuvieras más información.

—¿Por qué le interesa mi secuestro? —cuestionó—. Usted…

—No puedo darte los motivos, pero creo que la persona que está tras tu secuestro, podría estar detrás también de otros sucesos que están ocurriendo en la oscuridad de la ciudad. Sucesos que están atrapando a algunos compañeros tuyos e incluso… a tu prometido.

—¿Sasuke…? —inquirió sorprendida.

—Sí. Sé de tu próximo matrimonio con él. Y…

Se escuchó un grito desde las afueras. Hinata dio un respingo, corriendo hacia la ventana. Justo sobre los matorrales que había alrededor del edifico, se perfilaba una figura extendida de una forma algo extraña. Pudo ver a otra, más castaña, inclinarse sobre el que había gritado.

Hinata no necesitaba tener una vista excelente para reconocer esos cabellos o la forma de mirar de esos ojos.

Se llevó las manos a la boca para ahogar un gemido, mientras las lágrimas se acomodaban en sus ojos, dispuestas a desbordarse.

—¡Naruto-kun!

Se volvió al escuchar el sonido de la puerta cerrarse, volviéndose para ver que el hombre había desaparecido. Tsunade entró un segundo después, corriendo hacia ella y asomándose.

—¡UZUMAKI, INUZUKA! ¡A mi despacho! ¡Ya!

Hinata tembló retrocediendo. Tsunade continuaba gritando hacia el exterior mientras ella miraba a su alrededor, angustiada.

La persona que menos quería que se enterase de su matrimonio lo había hecho. Nunca hubiera esperado que Naruto se dedicara a trepar y espiar conversaciones ajenas.

—Hinata —dijo Tsunade—. Por favor, ve a la sala magna. Él te estará esperando.

Asintió para salir. Todavía sentía la angustia en el pecho y cuando llegó a lo alto de la escalera, se congeló al escuchar la voz de Kiba y Naruto.

—Te dije que no era buena idea subir hasta ahí para espiar. ¡Tonto, Naruto! —protestaba Kiba—. Ahora, por tu culpa, yo también estoy castigado. ¿Qué te apuestas? Justo ahora que tengo un cachorro de perro adoptado. Maldita sea.

Naruto no abrió la boca mientras subía los peldaños lentamente. Tenía las manos en los bolsillos y miraba hacia el suelo, ignorando las protestas de Kiba. Hinata no pudo moverse.

Ni siquiera para dejarles pasar cuando llegaron a su altura. Naruto desvió parte de su cuerpo para no tocarla y, con los ojos cerrados, pasó por su lado.

Aquello le dolió más que si la hubieran abofeteado. Preferiría mil veces ser secuestrada y volver a sufrir los cortes en el vientre antes de que sufrir el desprecio de Naruto. Ser ignorada de esa forma era doloroso. Muy doloroso.

—¿Cómo diablos os habéis escapado de la clase de Kurenai? —escuchó a Kakashi protestar.

—Dijimos que íbamos a buscar sus papeles —respondió Kiba—. Y nos dejó salir.

—¿Y te sientes orgulloso por haberla defraudado, mocoso? —escuchó a Asuma gruñir. Se había detenido tras los chicos y la vio—. Hinata, tienes que irte. ¿Verdad?

Recordó que aquel hombre todavía la esperaba. Asintió con la cabeza y empezó a bajar los peldaños poco a poco, hasta terminar corriendo en dirección al aula. Al entrar, cerró tras ella y se dejó caer de rodillas, cogiendo aire, mientras el corazón le ardía de dolor.

—Siento eso —dijo él apareciendo—. No era mi intención que nos escucharan. Ni siquiera esperé que él fuera capaz de trepar un muro por alguien. No. Por ti.

Hinata negó, con las lágrimas golpeándole las mejillas.

—Naruto-kun se preocupa por todos —explicó—. Siempre nos ve como si fuéramos parte de su familia. Él es así. Si está preocupado por uno de nosotros, trepará si hace falta. Nunca se rendirá.

Levantó la mirada hacia él, firme.

—Si mi prometido está metido en algún lio, él lo sacará. Lo sé.

El hombre sonrió cansadamente.

—Este lio en el que se está metiendo no es para que unos niños se inmiscuyan.

Se puso en pie, haciendo una reverencia.

—Por favor, no subestime nunca a Naruto-kun.

Se incorporó para ver la sorpresa en su rostro. Apretó los labios.

—Lo siento, no puedo dar más detalles de los que le di a la policía.

—¿Te están chantajeando con algo? —cuestionó él llevándose una mano al mentón, disipando cualquier otro sentimiento que la conversación anterior pudiera haber causado—. Sí, lo hacen.

Lo dedujo seguramente por su gesto. Todavía recordaba las palabras de aquel sujeto, que le estremecieron hasta el alma.

—No puedo decirle nada.

El reloj en la muñeca del hombre emitió unos pitidos y él lo apagó rápidamente.

—Maldita sea, no puedo quedarme más.

Se volvió de espaldas a ella.

—Mira, sé que te han hecho daño y que temes porque le hagan daño a alguien más. No sé si es a Sakura o cualquier otra persona, pero no dejaré que suceda.

Se encaramó por una de las ventanas, deteniéndose antes de saltar para mirarla.

—Ah, por favor. No le digas a nadie que me has visto. Ni siquiera a Sakura. Ella se derrumbaría si sabe quién soy. Guárdame el secreto. Te lo devolveré.

Asintió lentamente, tragando. Él desapareció.

Ella volvió a hundirse en la tristeza.

.

.

—Cuéntame que has averiguado.

Neji miró hacia su proyecto mientras esperaba que Lee terminara de hablar con la profesora y respondiera algún tipo de pregunta que claramente él podría haber respondido de quererlo. Hasta Tenten se había dado cuenta que lo había hecho adrede para quitárselo por un momento de encima.

Había querido preguntarle a Tenten los resultados nada más entrar en clases, pero la llegada de Kakashi y de Kurenai lo había estropeado todo. Que la chica estuviera bostezando cada dos por tres no ayudaba, o que le mirase como si fuera el culpable de que el aire se extinguiera en el mundo.

—¿Ahora? —cuestionó Tenten irónica—. Nos escucharán y la verdad, no tengo muchas ganas de llamar la atención más de lo que la llama que estés encima de mí.

Le dio con el codo para echarlo hacia atrás y se percató de que casi se había sentado en la silla de ella para poder escucharla bien. Algunos carraspearon risitas, especialmente Yamanaka, que nunca perdía detalle alguno de cualquier posibilidad de formar alguna pareja a su alrededor.

Esa mocosa podía meter sus narices donde él sabía.

—Lo siento, Lee. Hay errores en todos los ordenadores del colegio. No sabemos qué ha pasado, así que no podremos utilizarlos y no puedo darte una muestra de lo que me pides. Ven esta tarde si quieres a mi despacho y te lo mostraré —dijo Kurenai mientras daba golpecitos a la pantalla del ordenador, como si eso solucionara cualquier problema que pudiera tener.

Neji sospechaba que Tenten había hecho algo en los ordenadores cuando entró aquella noche. Y por la forma en que miraba a su alrededor como un conejillo enjaulado, supuso que su ayudante formaba parte de ellos. Cosa que le irritó.

¿Quién diablos podría estar tan desesperado como Tenten para querer robar los ordenadores de la escuela?

Miró a su alrededor. Naruto y Kiba no estaban porque salieron a buscar los papeles de Kurenai. Sakura estaba inclinada sobre su proyecto, parecía que concentrarse la ayudaba a olvidar otras cosas y si mal no recordaba, siempre fue buena en ciencias. Y tampoco tenía una vida necesitada de dinero. De Karin poco sabía, pero la había visto entrar a restaurantes de lujo, así que no.

Por supuesto, Hinata y él quedaban descartados y también creía que Yamanaka no se metería en esos berenjenales. Shino ni pensarlo, además, las formas de aquella otra persona se le antojaban femeninas. Con lo cual, Temari y Tayuya también quedaban incluidas en la duda.

El problema era que Tenten se reunía con las chicas menos que antes. Sí, sabía que podía haberse llevado bien con Temari, pero dudaba que esta última, que siempre parecía ir con unas prisas demasiado asfixiantes, tuviera tiempo para eso. Ah, y no debía de olvidarse de Matsuri. ¿Acaso esa chica no vivía también en la pobreza?

Se quedó mirándola fijamente durante un momento. Estaba concentrada en su trabajo y de vez en cuando daba miradas rápidas al único escritorio al que nadie osaba acercarse, el que les recordaba que faltaba una pieza del puzle.

Y luego estaba Tayuya, pero esta se había empecinado en demostrar a todo el mundo que era dueña y señora de Shikamaru Nara, así que ni siquiera había tenido un acercamiento de más con Tenten.

De todas maneras, no descartaba a estas dos últimas.

Lee regresó a la mesa suspirando derrotado. Lo vio levantar la cabeza y mirar hacia Sakura. Su amor no correspondido a veces era lastimoso.

Él no podría amar así a nadie. Nunca de esa forma.

No es que se sintiera superior a Lee o a los demás hombres. Ni que estuviera seguro de que el día que sucediera fuera ser correspondido. Es que hasta ahora había estado tan ajeno a ello que no veía necesario encontrar una media naranja para poder vivir. Además, le entorpecería.

Sin embargo…

Ahí estaba de nuevo, con sus ojos dirigiéndose hacia Tenten y que esta le frunciera los labios como respuesta.

Cuando el timbre sonó, la arrastró fuera de la clase, llevándose por delante a Naruto y Kiba, quienes gruñeron. Kiba se quedó mirándolos, pero Naruto entró en completo silencio. Podría haberle preocupado, de no ser porque en ese momento necesitaba información.

Se detuvo cuando estuvieron más alejados.

—Habla.

Tenten miró hacia abajo y enarcó una ceja. Él siguió la dirección, encontrándose con sus manos enlazadas. La soltó rápidamente.

Ella suspiró y se limpió la mano en la ropa, sacándole un gruñido de protesta.

—No he dormido nada en toda la noche por tu culpa. Al menos podrías ser más agradecido.

Neji iba a abrir la boca para soltarle una franca y seca palabra que denotara su poca preocupación, cuando se percató que algunos alumnos tradujeron esas palabras de otro modo. Tenten continuó replicando, ajena a las miradas masculinas que empezaban a suscitar posibles encuentros amorosos entre ellos.

—Basta —gruñó asiéndola del hombro—. De lo importante y en voz baja.

Tenten bufó, guiñando un ojo por dolor.

—Oye —protestó—. Casi pareciera que vuelves a ser el chico que se peleó con Naruto años atrás. ¿Qué te pasa?

Neji se percató de la brusquedad de sus actos, deteniéndose y pasando una mano por sus cabellos. Era cierto. Por un momento volvía a ser aquel idiota empecinado que terminó a puñetazos con Naruto al poco de conocerle. Había envidiado la libertad de Naruto y su facilidad para ver el mundo y hoy día, continuaba del mismo modo.

Pero eso ya era algo que darse de puñetazos con Uzumaki no serviría del todo.

—Como sea —continuó ella descartando sus pensamientos—. Estuve investigando. Tiene policías muy buenos vigilándole. Vive en casa de un chico que me suena mogollón de haber visto por aquí. Ahora no caigo donde, a todo esto. Se reúne un montón de gente allí, por cierto. Y de chicos que también me parece haber visto.

—Te repites.

—Es que es verdad —gruñó cruzándose de brazos por debajo de ambos senos—. Me frustra que me suene de algo y no sea capaz de recordar de dónde.

—Eso puede significar que los has visto bastantes veces como para que tu mente piense eso —supuso—. Estate atenta por ello.

—Ni que fuera un perro. Con haberte dado estas pistas es suficiente. Un móvil no vale tanto riesgo.

Neji le dio la espalda para regresar a la clase.

—No estás pagando ya mi móvil. Si no mi silencio.

Tenten gruñó tras él.

—Rastrero.

Lo era. Tenía que serlo.

El clan Uchiha le debía una vida.

.

.

Deidara golpeó la puerta dos veces mientras suspiraba y guardaba la otra mano dentro del pantalón. Era una jodienda deberle favores a Itachi y que este hiciera con él lo que le diera la gana. Lo tenía de gorrón en su casa, le pagaba la fianza y después le mandaba a hacer un absurdo recado como ese.

Al menos era una buena chacha.

Levantarse esa mañana con el desayuno hecho y la casa limpia fue un plus que no esperaba. Itachi lo había fulminado con la mirada, avisándole de que si decía algo estaría muerto, así que simplemente había tragado como un poseso el desayuno, se enfundó una sudadera y unos vaqueros y se largó antes de que terminara a más.

Él tendría que estar yendo para el local de la exposición. Debería de estar preparando el taller para empezar a modelar a su nueva conquista, enviar otra invitación a ese idiota enfermo y mostrarle que había conseguido lo que él no. Era cuestión de honor

Todavía recordaba la petulancia con la que siempre hablaba, como si conociera a Ino mejor que ella misma. No, mejor dicho, era capaz de confundirla. Debería de estar comiendo en su mano y, sin embargo, todos los hombres que la rodeaban parecían ser demasiado especiales para ella.

También lo había visto con aquel imbécil de cola de piña.

—¿Quién diablos eres?

Volvió en sí para darse cuenta que la puerta se había abierto y que frente a él había un hombre muy alto y, si tenía que compararlo con alguien, con un pescado sería una buena referencia.

—Me envía Itachi —respondió—. Estoy buscando a uno de sus compañeros. Tengo un mensaje para él.

El grandullón hizo una mueca de importarle un diantre lo que estuviera diciendo hasta que escuchó el nombre de Itachi. Detuvo la mano que había levantado hacia él.

—Itachi. ¿Eh?

Hizo una risita extraña y se hizo a un lado.

—Es curioso que tengamos precisamente a otro Uchiha por aquí.

Entonces lo vio; al moreno que había visto en aquel grupo de chicos nuevos junto al chico bullicioso que había intercambiado palabras con Sasori. No lo había reconocido como un Uchiha y tampoco se había centrado de más.

—Hn. Yo solo dejo el mensaje y me voy.

El grandullón parpadeó sorprendido y extendió una sonrisa afilada. Sí, definitivamente, parecía un tiburón.

—¿Y bien? ¿Cuál es el mensaje?

—Sí. Palabras textuales: "cuida de mi hermano y si vuelves a darle una paliza, me vengaré. A cambio, quiero tu ayuda".

Pensó que iba a recibir una paliza ahí mismo. Ese hombre se quedó estático, tenso y con la boca formándole una línea recta. Cuando comenzó a reírse apenas podía creérselo.

Dio un puñetazo a la palma extendida y se volvió hacia el otro Uchiha.

—Bien, Sasuke. Parece que dentro de nada tendremos un plan.

Deidara les dio la espalda. No tenía intención de saber más de lo necesario y tenía unas obras que vender.

Así que no corto ni perezoso les dejó en su mundo para inmiscuirse en el suyo. Claro que nadie le había dicho que ese día iba a empeorar muchísimo, hasta que escuchó la voz de Sasori con la misma apatía de siempre.

—Mi idea es mostrarlas, no venderlas.

Primero se interesó y luego recordó que, si Sasori no vendía, quizás él sí, así que aumentó el paso.

—¿Por qué no? Son geniales. Especialmente esta.

Se le congeló drásticamente cada parte de su cuerpo. Hasta el trasero, estaba seguro. Giró por la figura que ocupaba el centro de la sala hasta ver las dos personas detenidas frente a las tres marionetas que representaban a los hermanos Arena.

—Kurotsuchi —siseó arrastrando las sílabas.

Deseó calcinarla ahí mismo. Darle una patada en el trasero. Sobre todo, cuando la mujer se volvió al escuchar su nombre y apareció aquella sonrisa petulante en su boca.

—Oh, Dei-ni —saludó ella con total familiaridad—. Tiempo sin verte. Me enteré de tu obra gracias a mi abuelo. Eres un aguafiestas con no invitarme.

—Piérdete —espetó señalando la puerta.

Ella le sacó la lengua como respuesta y Sasori bufó.

—Podrías ser más respetuoso con una persona capaz de entender el arte de mis obras, más que en las tuyas —regañó.

Deidara levantó el dedo corazón a cambio.

—¿Con ella? Ni de coña. Esa mujer es la piedra de mi riñón. El chino en mi zapato. El cabello que se te engancha en el coletero cuando te lo vas a quitar. La espinilla que te sale en pleno día de cita. El callo malayo que te jode el caminar.

Sasori y Kurotsuchi le miraron con muecas que parecían soportar carcajadas. Empezó a enrojecer de furia.

—¡Largo!

Ella levantó las manos, casi corriendo de puntillas.

—Volveré más tarde con el abuelo. Bye, bye, Sasori-san, Dei-ni.

Deidara se estremeció como un gato.

—Ni de broma. ¡Sasori! Que pongan algún tipo de bomba en la entrada que no le permita entrar y la haga desaparecer.

Sasori simplemente lo ignoró y se inclinó para enganchar un hilo en una de las marionetas que formaba el cabello de la mujer.

—Debes de arreglar tus viejos asuntos, Deidara. A mí no me inmiscuyas.

Deidara se alejó echando pestes. Seguramente, si la arcilla hubiera sido moldeable y explosiva, estarían todos volando por los aires.

.

.

Sintió que tiraban una vez más de ella hacia el interior del gimnasio y empezaba a estar realmente harta de ello. Antes de que pudiera encarar al culpable y pensando que era Neji una vez más con sus tonterías, preparó una sarta de insultos que se tragó al reconocer a la chica de cabellos rojos y flauta en mano.

—Tayuya —exclamó sin poder reprimir el suspiro de alivio—. Pensaba que eras…

—¿Neji, quien te está explotando? —cuestionó cruzándose de brazos.

Asintió bostezando. Buscó un lugar donde sentarse, imaginándose que aquello iría para largo.

—Me lo imaginé. Por su culpa no podemos hablar más veces. Creo que sospecha de que alguien más de la clase estaba contigo aquel día y como se entere de que fui yo, estaremos bien jodidas. Tendrá a los dos culpables y como tenga alguna pista, iremos derechitas a la calle o puede que a la cárcel también.

Tenten se estremeció al escuchar eso. No quería ir a la cárcel. Ni pensarlo. No quería ser como su padre. Y empezaba a gustarle su habitación pese a no haber tenido tiempo del todo para ello. Al menos, no tenía que salir huyendo.

Una noche por su incomodidad. Otras por Tayuya y la última, por estar haciendo de chivo expiatorio para Neji. Las clases no ayudaban y se había querido colar por el gimnasio para dormir.

—¿Por qué no has usado ya tus encantos con él? —inquirió Tayuya dando golpecitos con el pie.

Tenten puso los ojos en blanco.

—¿No has visto cómo es? Ese chico no tiene sangre en las venas. Sólo reacciona con su prima. Y, no sé si te acuerdas, pero su comportamiento está empezando a dar tanto miedo como cuando éramos pequeños.

—Yo no estaba por aquel entonces —descartó la pelirroja.

—Ah, cierto —recordó—. Como sea. No funciona. Y es él quien me está chantajeando a cambio de no contarle a nadie lo que pasó.

—Es un hombre, debería de funcionar. Son inútil en estas cosas —siseó Tayuya.

Tenten enarcó una ceja.

—¿Lo dices por Shikamaru? Ya he visto que os habéis hecho muy amigos. Es increíble.

—Les das un poco de carne y pican el anzuelo. Es simple —declaró Tayuya encogiéndose de hombros—. Sólo le hice caer y funcionó.

—¿No le odiabas?

—Sí, le odio —aseguró enfurecida—. Hay muchas formas de hacer daño a los hombres. ¿Sabes?

Tenten negó, desinteresada en el tema. Porque eso no iba a quitarle de encima al Hyûga.

—Por cierto. Tú antes eras muy amiga de Temari. ¿No es así?

Lo sopesó.

—Algo parecido.

Porque aquello no se le podía haber llamado amistad. Temari siempre estaba metida en peleas o con sus hermanos. Sí, hablaron y congeniaron un poco en cuanto a ciertos puntos. Sin embargo, todo acabó cuando tiempo atrás terminaron peleándose hasta el punto de llegar a las manos.

Tenten no había sentido jamás tanta humillación hasta ese momento y salir como un perro con el rabo entre las patas, no había sido de mucha ayuda para su orgullo. Desde entonces, las cosas no eran las mejores para ambas.

Eso sí, consideraba que a Tayuya esos datos no eran los que le importaban.

—¿Qué ocurre? —se interesó.

Tayuya se había llevado una mano al mentón, pensativa.

—¿Te acuerdas de su hermano?

—¿El pequeño de ellos? —Cuando Tayuya afirmó, ella movió la cabeza afirmativamente—. Le recuerdo. Era algo tímido por aquel entonces, siempre se llevaban genial los hermanos y era el mimado de ellos. Luego cambió cuando murió su hermano mayor. Temari también.

Sí, Gaara siempre había sido así y cuando cambió, dejó de venir a clases hasta el punto de desaparecer sin más. Los profesores no se preocuparon por él y Temari cada vez fue creando más espacio entre las mentiras.

—¿Por qué me preguntas por él?

Notó que Tayuya dudaba, jugando con uno de sus largos mechones rojizos.

—Necesito acostarme con él.

Tenten creía no haber oído bien, así que se incorporó para mirarla directamente a la cara. Tayuya continuaba impasible y al notar su mirada, enarcó una ceja inocentemente.

—¿Qué?

—¿Qué has dicho?

—Que necesito acostarme con él —repitió y bufó, cambiando de postura—. Mira, tengo que hacerlo por trabajo, por un motivo del que no te contaré nada porque bastante cagada hicimos ya. Supongamos que Gaara es un cliente muy preciado de mi jefe y no quiere que este termine de largarse. Ayer estuvimos a punto, pero Temari apareció justo y cortó todo el rollo.

Tenten no lo entendía del todo.

—¿Por qué quieres acostarte con alguien que está enfermo?

—¿Enfermo? —cuestionó sorprendida Tayuya—. Ah. La mentira de Temari. Gaara está perfectamente sano. Algo descuidado y delgado, pero funcional. No sé si me explico.

—Igualmente. ¿Por qué?

—Como dije: trabajo.

Tenten arrugó la nariz.

—Tienes una idea equivocada de hacer el uso del trabajo. No te respetas nada. Tu cuerpo, especialmente —acusó.

—Mi cuerpo está sano —respondió Tayuya con toda tranquilidad.

—De todas maneras. ¿No estás saliendo con Shikamaru? ¿Por qué acostarte con otro hombre? Y no pongas de excusa que sólo es trabajo. ¿Qué escondes hacia Shikamaru?

Tayuya se movió hasta las barras de salto, aferrándose a ellas y subiendo de un salto.

—Te demostraba que era fácil dominar a los hombres, para darte un ejemplo con Neji.

Pudo notar la mentira en sus palabras. Se echó hacia atrás para recostarse sobre la colchoneta.

—Vale, si no quieres contármelo, no lo hagas. Pero estás creando un berenjenal a tu alrededor. Acostarte con Gaara y que Temari no diga nada a Shikamaru, va a ser un problema. Lo estás poniendo como un cornudo.

—Algo irónico si recuerdas que su familia era dueña de un coto de ciervos —bromeó Tayuya.

Tenten no le rio la gracia. Realmente no le encontraba ninguna chispa a eso. Shikamaru igual estaba emocionado con la idea de que Tayuya fuera su pareja. Quizás hasta era la primera chica con la que salía, porque nunca le había visto con nadie.

—¿Y Temari?

Tayuya torció el gesto, llevándose la flauta hasta la boca y tocando algunas notas.

—Supongo que le habrá dicho que soy de la clase. Dudo que Gaara se frene por eso. Mira, Tenten, cuando un hombre es un hombre, le da igual el hoyo donde la meta. Hazte a la idea. Por eso, alucino con que no seas capaz de dominar a Neji. ¡Usa tus encantos!

Empezaba a estar harta de eso. Se incorporó, llevándose las manos hasta las caderas. Vale. Si Tayuya quería jugar a pinchar, ella era la mejor con los cuchillos. La señaló descaradamente.

—Primero, deja de decirme qué tengo que hacer y qué no. Y segundo: no pienso engatusar a Neji con ninguna parte de mi cuerpo, porque mi cuerpo es mío y no para hacer que los tíos se crean bajo sus deseos carnales y naturaleza que es de uso libre. Si tú quieres acostarte con todo el colegio. ¡Es tú puñetero problema! Pero no me arrastres contigo.

Salió dando un buen portazo.

Estaba furiosa. Furiosa con Tayuya. Furiosa consigo mismo. Furiosa con Neji. Furiosa con el mundo.

Y eso empezaba a no ser nada bueno.

.

.

—¿Qué has dicho, Ino-cerda?

Sai no pudo evitar escuchar la exagerada reacción de Sakura. Probablemente ni él ni media escuela. Las vio en una parte de la cafetería, sentadas entre las mesas y que disimuladamente se encogían para seguir cuchicheando. Aún así, Sai tenía el suficiente buen oído como para haber escuchado el motivo del grito de Haruno.

Se encontró con la mirada de Ino, quien la desvió enseguida para fingir que ni siquiera eso había pasado.

Se inclinó para recoger sus cosas lentamente y le entregó parte de su bocadillo a Kiba, quien le miró enarcando una ceja.

—¿Te vas?

—Sí —respondiéndole sonriéndole—. Tenemos una hora libre después y voy a ir a la sala de arte.

—Ah, diablos —protestó Kiba llevándose una mano a la cabeza—. Yo tengo que cumplir mi castigo con Naruto de antes. Por cierto. ¿Le habéis visto?

—No —respondió.

Naruto había salido mucho antes de clase que él y tampoco le había prestado mucha atención.

—¿Sai? —cuestionó Choûji dejando de masticar el enorme bocadillo de fideos fritos que había comprado—. ¿Estás bien?

Inclinó la cabeza afirmativamente, sin borrar la sonrisa de su rostro y les dio la espalda.

Antes de salir, vio a Ino levantarse del sillón que había compartido con Sakura, enfadada para dirigirse a la mesa donde él había estado momentos antes. Shikamaru protestó por su llegada y, nuevamente, el ruido comenzó a llenar la cafetería.

Estaba empezándose a ser ridícula su obsesión hacia ella.

Quería dibujarla, sí, pero la idea de que otro lo hiciera, de que viera sus mejores expresiones y no fueran para él, por algún motivo le retorcía las tripas.

Entró en la sala y se inclinó hacia el profesor. Era un hombre mayor con mucho orgullo y algo cascarrabias que el primer día le había retado a traerle el dibujo de una figura muy extraña. La encontró por suerte por internet y lo convenció lo suficiente como para permitirle utilizar la sala siempre y cuando no creara problemas.

—¿Qué vas a dibujar hoy? —le preguntó cuándo instaló el lienzo.

Dudó por un instante.

—Algo trágico. Doloroso, quizás.

El anciano emitió un gruñido.

—Claro. Estás en esa edad. Bien, bien. Tienes que expresar tus sentimientos como mejor te vaya y, quizás el arte, es un modo de hacerlo. He visto muchos chicos que les pasaba como a ti. Algunos aprendieron un arte diferente y otros creen que su arte es el mejor del mundo, aumentado su ego y plasmándolo tristemente en sus obras. Pero una obra sin sentimientos, no sería absolutamente nada.

Le sonrió, mostrándole los dientes mientras su bigote se separaba a cada lado de sus mejillas.

—Lo estaré esperando.

Sai inclinó la cabeza y le devolvió la sonrisa.

A continuación, preparó los enseres de pintura y comenzó primero a marcar. Un boceto extraño. Con líneas y cuando se percató, era el rostro de una mujer que lloraba a lágrimas. Dejó caer el carboncillo, sorprendido.

—Vaya, eso es doloroso. Muy doloroso.

Sai dio un respingo para levantar la cabeza. Por encima de su altura vio a una joven mujer, bastante atractiva, debía de reconocer, pero de las que parecían golpear muy bien también.

— Ah, Kurotsuchi, no te había escuchado entrar —saludó el anciano —. No pensé que vendrías tan pronto.

La chica le guiñó un ojo y se volvió hacia el anciano.

—Lo siento, abuelito. No pude reprimirme y fui a ver el arte de Dei-ni y Sasori. Promete mucho y que Tsunade-sama accediera a beneficiarles la galería, es fantástico. Una gran oportunidad.

El anciano suspiró.

—Seguro que os habéis terminado peleando.

—Él se terminó peleando, no yo —murmuró la chica haciendo una mueca con la boca —. De todas maneras, deberías de ir considerando que también exponer cuadros va a resultar. Este chico tiene buenas manos.

Sai miró su cuadro con ojo crítico. No le gustaba. No cuando representaba algo que no deseaba ver. Dolor. Sí, sentía. De algún maldito modo sabía que era así. El dolor estaba ahí, haciendo un hueco en su pecho.

—¿Y si le das un poco de color? Como si solo rellenaras un poco.

Sai asintió algo ido. Casi ni se dio cuenta de que cambiaba de colores y cubría los cabellos de manchas rubias y los labios de un suave tono rojizo.

—Preciosa —halagó Kurotsuchi —. No sé quién sea la chica, pero la ves con unos ojos que la hacen verse hermosa.

Sai abrió mucho los ojos ante esas palabras.

—Justo eso —dijo más para sí.

El problema era que Ino no lo entendía y prefería que otro hiciera lo que él había querido hacer durante mucho tiempo.

—¿Sai?

Se echó hacia atrás para ver a Sakura en la puerta. Miraba hacia los desconocidos con ciertas dudas. Él sonrió y cubrió el cuadro para acercarse a ella.

—¿Ocurre algo? —preguntó Sakura alargando una mano y posándola en su mejilla.

Aquello lo pilló con la guardia baja.

—¿Eh?

—Quizás fuera suposición mía, pero cuando has salido de la cafetería parecías herido.

—No tengo ningún tipo de herida —respondió esbozando una sonrisa rápida.

Ella negó. Sus dedos rozaron su mejilla en una caricia extrañamente cálida. Aún así, no llegó hasta su corazón.

—No es una herida física, Sai. Tenemos muchos tipos de dolencias y las del corazón, mente y alma, a veces son más dolorosas que las físicas.

Sai ladeó la cabeza.

—Pareces saber mucho de esto. ¿Ya te has dado cuenta de que le haces daño a Naruto o a Sasuke con tus expresiones?

El rostro de la chica cambió. De preocupación a dolor y terror. Retiró la mano rápidamente y la llevó a su brazo, apretando por encima de la camisa del uniforme.

—No debí de preguntarte.

En un silencio incómodo, se alejó.

Kurotsuchi apareció a su lado, apoyando un brazo sobre su hombro.

—Dios, eres todo un galán de lo más delicado. Es sarcasmo, por cierto —puntuó al ver que le sonreía como respuesta —. Y deja esas sonrisas de plástico. Dan grima.

.

.

Tsunade levantó la mirada de los papeles al ver a Shizune entrar junto a Kiba. Naruto Uzumaki seguramente se habría dado el piro y no se presentaría para cumplir con su castigo. ¿En qué cabeza hueca cabía la idea de trepar para espiar en su despacho? Y encima, se había caído —por suerte — sobre los matorrales que tanto le gustaban, estropeándole las flores y arriesgando su vida.

El momento tampoco era el oportuno. Cuando él había aparecido para pedirle su colaboración casi no podía creérselo y tampoco pudo negarse. No había querido indagar demasiado en el tema y tampoco quería que sus alumnos se metieran donde no les importaba. Especialmente Naruto.

—¿Cuál será mi castigo? —cuestionó Kiba, que parecía frustrado con la idea de comerse el marrón él solito —. ¿Pegar sellos con la lengua?

—No —negó sintiendo que una vena se le hinchaba en el cuello —. Irás a la piscina. Te encargaras de la limpieza durante tres días.

A Kiba le brillaron los ojos de la emoción.

—Formarás del parte de limpieza y acataras cualquier orden que te den relacionado con ello. Ya tenemos profesor de natación y se incorporará pronto. Hay que preparar las instalaciones. Y si recibo una sola queja de rebeldía o incompetencia, te enterarás. ¿Ha quedado claro?

Kiba se estremeció, asintiendo repetidas veces mientras se formaba.

—Bien. Cuando encuentres a Naruto, dile que no me importa lo que diga: ha de unirse a ti.

El muchacho asintió y silbando, salió del despacho.

Shizune se acercó a ella y le entregó unos folios. Los miró de arriba abajo y suspiró.

—Ya llegó esa época. ¿Eh?

—Sí —confirmó la mujer —. Tenemos viajes de estudios, referencias de trabajo y los clubs escolares. Por supuesto, 2-b entra dentro de estos criterios porque dan el cupo suficiente de clase para ello.

—Y porque no pensaba dejarlos fuera —gruñó —. Ya está bien de excluirlos como si fueran patatas en un mal guiso. Encárgate de hacer suficientes fotocopias y enviarme a sus respectivos delegados para que hablen con ellos. Los quiero a todos en distintos clubs. Diles que les darán puntos para fomentar su interés.

Shizune asintió mientras recogía de nuevo los papeles.

—Y también es una buena forma de asegurarse que están cansados y menos en peleas.

—No, Shizune. Peleas habrá siempre mientras estén en esta etapa. Ahora mismo, están tensos y delicados.

—Comprendo.

—Por cierto. ¿Hemos tenido noticias de Sasuke Uchiha?

—No —negó Shizune encogiendo los hombros—. No ha venido a clases. Jiraiya está curioseando, como siempre. Al parecer, los sucesos ocurridos con su hermano y la presión de su familia lo han llevado hasta el punto límite.

Tsunade unió las manos bajo su barbilla.

—No me extrañaría que esto desencadenara una disputa con los chicos de 2-b. ¿Qué se sabe también de la intromisión?

—No robaron ningún ordenador, pero los historiales estaban revueltos. Parecía que hubo más de una persona en el recinto. Las cámaras fueron bloqueadas.

—¿Cuándo fue la última vez que tuvimos un robo o intromisión? —cuestionó.

—Cuando los de tercero estaban en primero. ¿Recuerda a Pain, Nagato, Deidara…?

—Ah, cierto. Intentaron controlar mi despacho pensando que así le daría más libertades —recordó—. Al final consiguieron unas buenas palmadas en el trasero y muchas horas de castigo. No han vuelto a dar problemas, así que casi me huelo a que lo que ha sucedido era un intento de culpabilizar a la nueva clase.

—Precisamente eran sus historiales los que estaban revueltos.

—Sí —recordó—. Y si uno de ellos hubiera querido modificar alguno, sería más obvio.

—Es preocupante que quieran incriminarlos tanto —murmuró Shizune tristemente.

—Lo sé —dijo tras un momento de silencio—. A veces me pregunto si alguno de ellos no estará frustrado por ser obligado a venir nuevamente a clases. Es algo que tampoco podemos descartar. Pero vamos paso a paso arreglando los problemas que otros causaron.

—Tenten, por ejemplo, es una buena referencia de nuestros pasos —felicitó Shizune—. Aunque tiende a saltarle la hora de llegada muchas veces. Anoche me dijo la jefa de los dormitorios de mujeres que no estaba durmiendo en su cuarto cuando fue a revisar.

—Supongo que hay costumbres que no podemos cambiar tan rápido como nos gustaría —suspiró.

Shizune negó, pero sonrió.

—Es una buena niña —aseguró—. Tengo fe en ello. Por cierto. Les daré también papeles informativos de que haré una revisión médica para actualizar sus informes. ¿Tengo su permiso?

—Por supuesto.

—¡Gracias!

Shizune se marchó sonriente. Ella se echó hacia atrás en el sillón y miró hacia el exterior.

—Niños obligados a madurar de forma incorrecta. ¿Eh?

.

.

Itachi abrió la puerta y lo primero que vio fue un puñetazo directo a su cara. Lo esquivó de milagro, pero no lo suficiente como para que su piel no sintiera algo de escozor. El siguiente lo detuvo y saltó hacia atrás.

—Madre mía. Jamás pensé que viviría lo suficiente como ver a Itachi recibir la paliza de su vida y de mano de su hermano menor. Es fantástico.

—Cállate, cara pez —soltaron a la vez ambos hermanos.

Sasuke había crecido muchísimo desde la última vez que lo viera y no podía negar que hubiera heredado la guapura de los Uchiha. Aunque él la había considerado durante mucho tiempo una maldición.

Tenía algunas tiritas cubriendo parte de su rostro, sin embargo y por debajo de la camiseta alcanzaba a notar unas vendas.

Clavó la mirada en Kisame, fría. Le vio temblar.

—¿Qué hiciste?

—Yo… sólo quise jugar —respondió éste encogiéndose de hombros—. Tío, te largaste y a mí me metieron dos meses en la cárcel por ser cómplice tuyo. Y ni siquiera vi un jodido duro.

—Porque yo no lo hice —respondió dándoles la espalda.

Se agachó para recoger una estatua pequeña en forma de zorro que se había caído. Se le había roto una de las nueve colas. Deidara iba a matarlo.

—Estarás furioso —dijo de espaldas a su hermano.

Sasuke continuaba impertérrito en el lugar donde se había quedado y pese a no mirarle a la cara, sabía que estaba furioso con él.

—Me hubiera gustado acercarme a ti antes, pero debido a que me reconocieron en el aeropuerto vinieron a por mí al pensar que yo había secuestrado a Hinata Hyûga esta vez.

Kisame soltó una risita irónica con aquella voz irritante.

—Siempre en líos cuando de esa mujer se trata. ¿Eh, Itachi? ¿Acaso no huiste para evitar casarte con ella? Aunque he visto fotos suyas y darle un bocado no estaría mal.

Sasuke le cerró la puerta en todas las narices de una patada.

Itachi se quedó mirando por la sorpresa, mientras que Kisame protestaba porque le dejaran de nuevo entrar. Su hermano jadeaba, sorprendido por sus acciones.

—Déjale entrar —ordenó—. Le necesito para el plan.

—¿Qué plan? —cuestionó finalmente Sasuke abriendo la puerta y siguiéndole hasta el interior del piso.

Itachi se tomó su tiempo en responder, sentándose mientras veía a los otros dudar un instante. Kisame enseguida se acomodó y hasta comenzó a comer una de las tostadas que habían sobrado del desayuno.

—Demostrarle al mundo la podredumbre de los Uchiha.

Kisame dejó de comer para mirarle y Sasuke detuvo sus intenciones de sentarse para enarcar una ceja.

—Ya debes de saber de lo que se me acusó en antaño. Supuestamente robé dinero de la cuenta de nuestros padres y me marché, llevándome ese dinero. También, según parece, intenté robarle a los Hyûga.

—Y una mierda —siseó Kisame echándose hacia atrás y apoyando un brazo por encima del sofá y el otro señalándole—. Estuve ahí y no robaste nada.

—Tu testimonio nunca sería válido —descartó. Luego continuó—: sabes de sobra qué clase de hombre es nuestro padre. El dinero que se gastó fue para armamento tecnológico privado, sin dar cuentas al gobierno y para venderlo a otros países y fomentar las guerras. Los contratos que ha efectuado con los Hyûga y aprovechando que tiene solo hijos varones, le otorgarán el poder que necesita. Primero lo intentó conmigo y ahora quería hacerlo contigo antes de que cumplieras la mayoría de edad.

—Para poder controlarle —dedujo Kisame—. Qué bonito padre el vuestro.

Claro que Kisame no sabía la mitad de lo degenerado que era su progenitor. Sasuke sí. Lo había tenido que vivir siendo solo un niño y por más que le hubiera gustado llevárselo consigo en el pasado, habría sido imposible.

—¿Cómo planeas hacerlo? —inquirió Sasuke.

—Con pruebas. Las tengo. ¿Crees que he estado simplemente huyendo estos años? No. He estado haciendo mi trabajo. Tengo pruebas suficientes para demostrar una parte de la historia como verídica. Puede que no pueda limpiar mi nombre, pero al menos, evitaré que nuestro padre siga encima nuestra y romperé así tu matrimonio.

Sasuke entrecerró los ojos.

—La cosa es muy grave, Sasuke —recalcó—. Por culpa de nuestro padre ha muerto gente. Gente buena que intentó detenerle hace mucho tiempo. Y esa gente tenía hijos, hermanos y mujeres. Le pedí a este idiota que te cuidara y lo único que se le ocurrió fue darte una paliza.

Kisame se rascó la nuca culpablemente.

—Este chico siempre está metido en peleas, así que pensé que sería bueno darle un susto y ver si así evitaba que continuara dándose tortas a diestro y siniestro. Pero a mis compañeros se le fue un poco la mano y casi lo castran incluso. Le dejé una pista sobre ti, pero se la pasó por alto, al parecer. Al menos, no me delató a la policía. Es bastante leal.

—Cállate —gruñó Sasuke cambiando de postura al haberse sentado finalmente.

—Sasuke —nombró para llamar su atención—. ¿No deberías de estar en clase?

—Paso —respondió echándose hacia atrás—. Hagamos el plan. ¿Qué tengo que hacer?

Itachi guardó silencio. Se frotó el cejo con los dedos y suspiró.

—Irte a clases.

O al menos, eso quería que hiciera, justo cuando sonó el timbre una vez más y esa vez, tuvo que volver a esquivar otro puñetazo directo a su cara.

.

.

Ino arrugó la nariz con desagrado cuando les vio. Tayuya soltó una palabrota y Shikamaru clavó la mirada en ella para separarse de la nueva lapa que le había salido. Diablos, esa mujer parecía más una condenada cadena en vez de su novia. Los había pillado en lo que llevaban de día tres veces y por lo que había escuchado hablar en clase, Karin se los encontró en una postura bastante problemática al entrar a clases.

Por el rostro de la pelirroja, empezaba a estar frustrada de ser siempre interrumpida, pero por la mirada de Shikamaru, empezaba a estar harto de tenerla siempre encima. Había pasado de odiarle a comerle completamente toda la boca cada vez que podía.

—Shikamaru. ¿Podemos hablar?

—No —negó Tayuya antes de que abriera la boca—. ¿No puedes leer el ambiente?

Ino se cruzó de brazos, levantando la barbilla.

—Puedo leerlo perfectamente, que me importe es otra cosa. ¿Me devuelves a mi mejor amigo? Gracias.

Hizo un gesto parecido al que cualquiera haría para espantar una mosca. Sólo que esta mosca era humana y le golpeó el codo al salir, cuando Shikamaru harto de sus disputas, se rascó la cabeza y decidió que sería mejor escucharla.

—No puedes negar que te acabo de salvar el culo —dijo sentándose a su lado.

Shikamaru chasqueó la lengua. Tenía los labios enrojecidos por los besos y algunas marcas empezaban a mostrarse en su cuello. También tenía todavía la marca del golpe que recibió de Sasuke.

—Shikamaru. ¿Por qué crees que buscamos a las personas? —cuestionó.

Shikamaru pareció tomárselo en serio y mientras meditaba, ella le recolocó la tirita que se había soltado. Él le dejó que lo hiciera, guiñando un ojo cuando ejerció más presión.

—No lo sé —respondió mirándola directamente a los ojos—. Pero puedo confirmar que no cualquier persona nos sirve. Si no, tú y yo…

Ino sonrió irónica.

—Sí, tú y yo —repitió.

Se miraron por un tiempo antes de estallar en carcajadas.

—¿Te imaginas? —cuestionó ella teniendo que llevarse las manos a la barriga—. Ir a tu casa para ver pelis. Tú a la floristería a pasar las horas mientras hablamos de nada y todo. A tomar un helado. Al cine. Tener que besarnos y tomarnos de la mano.

No podía reprimir las carcajadas y él no estaba mejor. Hasta que se acabaron con un suspiro agotador.

—Una vez lo intentamos —recordó él mirando hacia las nubes—. ¿Recuerdas?

—Sí —rememoró—. Nos besamos para probar y recuerdo que no sentí absolutamente nada. Y tú te burlaste de mí diciendo que era complicada hasta para besar a un chico. Tu madre entró en el cuarto cuando intentaba asfixiarte con la almohada. Casi se muere del susto.

Soltaron algunas risitas, hasta que Shikamaru miró hacia el suelo.

—Así me siento con Tayuya. No. Incluso más vacío.

Se acomodó para apoyar su mejilla en su hombro, abrazándose las piernas.

—¿Por qué entonces?

Shikamaru no respondió al instante. Era de los chicos que necesitaba meditar mucho sus respuestas en cuanto a sentimientos se trataba. O quizás es que lo encontraba demasiado fastidioso como para explicarlo.

—Siento algo de culpabilidad hacia ella.

—Claro, porque la besas sin ganas y…

—No, es algo más. Algo que no consigo recordar por más que me fuerce a ello —expresó rascándose la cabeza—. Es como si cada vez que intentara recordar qué pasa se me fuera de la cabeza. Y es raro.

—¿En ti? Mucho. Si fuera Choûji, que no piensa más que en las nuevas patatillas que han salido…

—Lo sé.

—¿Por qué no cortas entonces? No puedes forzarte a estar con alguien que no quieras estar. Aunque como chico reaccionas bien.

Hizo un gesto vulgar con el dedo que él prefirió ignorar.

—Lo mismo podría decir de ti —dijo—. ¿Por qué sales con ese senpai cuando claramente no te gusta del todo? Te subiste en su coche solo para no escucharme. Fue ridículo para mí el pensar que podría pasarte algo por cabezona.

—Lo siento —se excusó escondiendo su rostro en el pliegue del cuello masculino—. No sé qué me pasa con él.

Shikamaru lo sopesó antes de hablar.

—¿Y si no te pasa con él?

Ino se separó para buscar su mirada.

—¿Qué quieres decir?

—¿Y si el problema no es con él, pero sí con otro? —propuso—. Sai, por ejemplo.

El solo escuchar su nombre le irritaba. Se cruzó de brazos, apartándose para sentarse más rígida.

Todavía recordaba la mirada de ofendido que había visto en su rostro en la cafetería porque había escuchado lo que Sakura y ella habían estado conversando. Incluso se peleó con Sakura por la misma conversación en que le recomendaba no posar para Deidara.

—No sé por qué todo el mundo me dice lo mismo y, sin embargo, veis bien que pose para Sai.

—¿Nunca has escuchado el dicho que dice que más vale lo bueno conocido que lo malo por conocer? —cuestionó Sikamaru—. Sai es de lo nuestros y sabemos de qué pie cojea. Ese senpai no.

—Es injusto esa acusación solo porque no le conocéis bien.

—Ino —regañó Shikamaru—. Ese chico no me da buenas sensaciones. Es como si tan sólo lo hiciera para joder a Sai, en pocas palabras.

—¿Él? —Bufó echándose un mechón tras la oreja—. Sai se presentó incluso a la apertura de su galería para insistir en que posara para él. Dijo que tenía hasta una invitación o algo así.

Shikamaru enarcó una ceja.

—¿Invitación?

—Sí, lo dijo —confirmó—. Estoy segura.

—Ino, para entrar en la galería no necesitas invitación y de ser necesario un pase, basta con mostrar el carnet de escolaridad, ya que es un evento patrocinado por la escuela.

—Pero eso…

Dudaba. Muchísimo.

De Sai habría esperado esa forma retorcida de hacerle ver las cosas o de no aclararlas. Pero Shikamaru siempre había visto donde los demás no, analizaba y lo peor de todo, es que sus respuestas siempre eran lógicas y acertadas. Puede que fuera un vago integral, pero era de fiar.

Y se conocían desde hacía mucho tiempo como para dudar de él.

Se puso en pie repentinamente.

—¿Dónde vas?

—Voy a la galería. Iré a hablar con él.

Dio unos pasos, deteniéndose para mirarle por encima del hombro.

—¿Me acompañas?

—Tsk, problemático —gruñó.

Pero se levantó para seguirla.

Shikamaru era esa clase de persona y la adoraba por ello. Por eso no terminaba de comprender qué pasaba entre él y Tayuya cuando tenía esa clase de sentimientos tan incompatibles hacia ella.

Y ella… ¿Realmente era tan tonta o había confiado correctamente? A veces se sentía como la protagonista tonta de una historia, donde los demás parecían ver cosas que ella no de lo cegada que estaba.

—Por cierto. ¿Dónde habrá ido Naruto? —cuestionó mientras salían al exterior y ponían rumbo a la galera—. Se fue y no dijo ni adiós.

Shikamaru se frotó el mentón, pensativo.

—Ayer fue a hablar con mi padre por el tema de Sasuke. Cuando llegué a casa me lo dijo. No sé qué le contó o qué pistas le dio a Naruto. Quizás le ha dicho algo que a los demás se nos escapa.

Ino se llevó un dedo a la mejilla, pensativa.

—Sakura no sabe nada tampoco y Hinata, le pregunté antes algo referente a Naruto y por poco se echa a llorar, mientras me gritaba que no volviera a hablarle de él.

—¿Hinata? —exclamó Shikamaru abriendo mucho los ojos—. Eso es nuevo. Bueno, quizás no.

Ino se detuvo, llevándose las manos a las caderas.

—¿Qué es lo que sabes, Shikamaru?

El chico dio un respingo, como un gato asustado.

—No —negó antes de que se acercara más a él—. No puedo contarte nada. Primero arreglemos lo tuyo y después lo demás. Todo poco a poco y paso a paso.

Ino entrecerró los ojos, sujetándolo de la manga al entrar en la galería tras andar el buen trecho que los separa y que Shikamaru continuara con la boca cerrada a cal y canto.

—No vas a escaparte —prometió.

Shikamaru sólo le devolvió una sonrisa cansada mientras avanzaban entre las obras. Ino había estado ahí muchas más veces que Shikamaru, que ahora lo miraba todo como si fuera la primera vez.

Encontraron a un chico pelirrojo inclinado sobre una de las obras expuestas en la zona de marionetas, que levantó la cabeza al verlos y se quitó algunos hilos de los dedos, sacudiendo las manos.

—Si buscas a Deidara, lleva toda la mañana remugando en su taller.

Señaló la dirección y volvió a inmiscuirse en su trabajo. Tiró de Shikamaru, que se había quedado intrigado con lo que estaba haciendo y caminaron hasta una puerta encajada. Se escuchaban golpes desde dentro y la voz de Deidara. Ino esperó.

—Tenía que venir hoy esa condenada de Kurotsuchi a tocarme la moral, hn. De todos los días… me había preparado mentalmente para utilizar a Ino y joder a ese paisajista por sus dibujos y ni la arcilla se doblega hoy a mis manos.

Dejó caer algo de arcilla seca contra el suelo, que sonó casi como un petardo. Ino, sin embargo, ni siquiera se inmutó.

Shikamaru a su lado la tomó de la mano para hacerla volver en sí. Con sus ojos le decía claramente que se lo había dicho y hasta podía ver a Sakura en su mente, como si pudiera entrar dentro de ella, riéndose con una mueca ladina de superioridad.

Empujó la puerta y Deidara ni se movió.

—Sasori. No estoy de humor. Ino tiene que estar al llegar y no…

—Ah. No. Ino se va a marchar, que no es lo mismo.

Deidara se volvió bruscamente hacia ellos. Pálido y con los ojos muy abiertos. Al verles tomados de las manos, su gesto cambió radicalmente. Ino no se soltó.

—¿Qué dices? —cuestionó Deidara —. ¿Y por qué vas de su mano, hn?

Ino esbozó una sonrisa traviesa, de esas que siempre tiraba cuando algo se le escapaba de las manos y estaba por echar a correr o llorar.

—Te acercaste a mí con el propósito de fastidiar a Sai —acusó.

Él cambio de postura para poder mirarles mejor.

—¿Qué estás diciendo?

—Acabas de decirlo —recordó Shikamaru.

—Tú cállate —exclamó Deidara señalándolo —. Ino. ¿Por qué no entras y hablamos de esto? Puede que al principio fuera así pero…

—No —negó dando un paso atrás —. No quiero saber nada de ti, senpai. Ya no.

Le dio la espalda y Shikamaru se acomodó para caminar a su lado.

—¡Espera! —Deidara llegó hasta su altura, sujetándola del hombro y obligándola a mirarla —. Puede que lo que haya hecho te fastidie, pero realmente ese tipo no es nada bueno como crees. Pídele que te enseñe sus dibujos. Iba a utilizarlos para fastidiarme este evento junto a Sasori. Se los iba a entregar a Tsunade y el único modo de tenerlo ocupado y distraído era quitándole lo que…

—¿Lo qué? —animó soltándose.

—Lo que le da inspiración. Ese idiota ni siquiera lo sabe ni comprende el arte como debería.

—¿No vas a disculparte ni por haberme utilizado? Incluso nos besamos y hasta podríamos haber ido a más de… —calló al recordar que Shikamaru estaba ahí, escuchando demasiadas cosas que no le concernían —. Olvídalo. Soy mujer y sé que siempre se sale escaldada con los hombres.

Le dio la espalda una vez más, sacudiéndose el cabello.

—Se perdió lo que se daba, senpai.

Shikamaru la acompañó todo el trayecto de vuelta, sujetándola de mano y guardando silencio mientras lloraba.

Sí. Era una idiotez hacerlo.

Pero ser utilizada jamás era plato de buen gusto.

.

.

—Naruto.

Se levantó del sillón para caminar a pasos lentos hasta la puerta. Su hermano se había frotado la mejilla contraria a la que él había llegado a rozar y miraba hacia el chico con precaución, totalmente dispuesto a no dejarse sorprender de nuevo.

Los ojos azules se desviaron de Itachi para clavarse en él.

—¡Sasuke! —gritó señalándolo con el índice —. Tenemos que hablar, maldito Teme.

Itachi se llevó una mano al cejo.

—¿Quién demonios más sabe que vivo aquí y cómo ha podido enterarse?

—Eso no importa —descartó Naruto sin apartar la mirada de él. Parecía bastante furioso y sabía a donde llevaría eso —. ¡Vamos, sal! ¿Tienes idea de cuánto tiempo llevo buscándote?

Sasuke bufó mientras caminaba hasta su altura.

—Vamos fuera —ordenó.

Naruto lo siguió a regañadientes, cerrando la puerta tras ellos con una sacudida.

Caminaron hasta estar lo suficiente lejos del piso y cuando se dieron cuenta, estaban en el parque donde Kisame decidió saludarle de aquella forma. Se frotó el vendaje con cierta rabia.

—Casi pensé que iba a tener que buscarte por alrededor del mundo, de un país a otro para traerte de regreso de tirones de orejas —acusó Naruto —. Y estabas aquí con tu hermano, escondido.

—No del todo —susurró metiendo las manos en los bolsillos —. ¿Y? ¿Qué querías?

—Cómo que qué quería —respondió aferrándolo de la camiseta —. Golpeaste a Shikamaru, después que pareciera que os habíais hecho súper amigos, y te largaste. Volviste a hacer llorar a Sakura-chan y te largaste. Y luego desapareces como si el mundo entero se te cayera encima.

—No es…

—¡Es mi problema! —interrumpió.

—Tsk.

Naruto ignoró el gesto de enfado que se formó en su rostro.

—Siempre tienes la manía de cargar con todo y callártelo, aunque te duela. Sé lo que sucede en tu casa porque lo vi con mis propios ojos. Sé cuando estás furioso o sé cuando tienes ganas de meterte bajo un hoyo. Siempre hemos estado juntos y de la nada, empiezas a cambiar. A cargar con todo el peso. Avanzar y dejarnos atrás.

Claro. No era sólo de él quien hablaba. Sus palabras podían ser acertadas, pero el peso se compartía.

—Sakura. ¿Eh?

—¡No hablo sólo de Sakura, Dattebayo!

Apretó los puños como si fuera a golpearle y Sasuke se sintió completamente fuera de lugar. ¿De quién estaba hablando entonces?

Naruto cerró los ojos, apretando los labios.

—¿Por qué no me dijiste que estabas prometido con Hinata? ¿por qué has hecho sufrir a Sakura durante este tiempo si ibas a casarte con Hinata? ¿Por qué… Hinata? Sakura-chan te ha…

—Dobe —interrumpió —. ¿Acaso Hinata te…?

Ya había visto algunas acciones que le había hecho dudar desde que las salvaran en el secuestro. Pero había pensado que simplemente eran cosas que Naruto hacía con todas. Al fin y al cabo, hasta su comportamiento con Ino podría dar similitudes a sentir algo.

Tampoco nadie debería de culparle por no percatarse de nada de ello, al fin y al cabo, intentaba ignorar a Hinata lo más posible. Y ahora, su hermano, sin embargo, traía datos nuevos que le habían hecho subir la bilis a la boca. Podría haberse enterado de más, pero Naruto tenía que venir, golpear y gritar sin preguntar. Como siempre.

Lo extraño era el silencio de Naruto. Había cerrado los ojos, como si meditara su pregunta.

—No sé qué es lo que te ven tanto las chicas —protestó recordándole al chico de diez años que conocía a la perfección —. Pero Sakura-chan y Hinata están sufriendo por tu comportamiento estos días. Y yo ni siquiera lo sabía. No sabía que ibas a casarte con ella.

Clavó los ojos en él, brillantes, con determinación o quizás dolor. En ese momento no supo cómo interpretarlo correctamente y ya de por sí estaba bastante confundido.

—En este momento… no me interesan las mujeres —explicó cruzándose de brazos —. Ni el dolor de Sakura ni los problemas que pueda causar a Hinata. Simplemente, eso no me interesa. Y tú tampoco.

—¡Deja de decir tonterías! —explotó — ¡Sasuke!

El primer golpe le dio de lleno en la mejilla. Retrocedió, derrapando las deportivas por encima de la gravilla en el suelo. El segundo lo esquivó y él mismo asestó uno en las costillas. Naruto cayó de rodillas, llevándose las manos al lugar.

—Teme… —masculló —. ¿Realmente no somos importantes para ti? Puede que Hinata no… pero Sakura y yo… hemos estado siempre contigo. Siempre.

—Y eso quizás es lo que me estuvo haciendo débil todo este tiempo. Siempre que peleaba era a tu lado, cubriéndome las espaldas. El día que no estuviste, estuve a punto de morir. Mi viejo decidió mi futuro sin que pudiera rechistar y ni Sakura ni tú podéis hacer nada por ello.

—¿Ser fuerte o débil? ¡No me jodas!

Volvió lanzarse contra él, asiéndolo de los hombros y golpeando su cabeza contra la suya. Sasuke no se esperaba aquello y el dolor le recorrió hasta la columna. Cerró los ojos por un instante, abriéndolos cuando notó algo húmedo resbalar por su nariz. Vio la sangre gotear y la mirada azulada con determinación.

—No se es fuerte estando sólo. Vivir solo, luchar solo. ¡Es triste! Todo lo que nosotros hicimos, cada paso que diste, poco a poco… ¡Fuiste fuerte porque estábamos ahí, ttebayo!

—¡No sabes nada de mi dolor! —gritó a la par, asiéndolo de los hombros también —. ¡No tienes ni idea!

—¡La tengo!

—¡No!

—¡Sí! —exclamó cabezonamente —. ¡La tengo! Sé perfectamente qué ocurre y odio que no podamos valernos todavía por nosotros, pero no siempre va a ser así. No sé qué mierdas te habrá contado Itachi, pero no tienes que hacer esto solo. Y dudo que tu hermano haya regresado para dejarte caer en la oscuridad.

Ambos jadearon, siseando palabrotas y clavándose la punta de los dedos.

—Algún día nosotros seremos adultos y tendremos que educar a una nueva generación. Tú has vivido el dolor de lo que es parecer tener de todo y no tener nada. ¡Podrás enseñárselo! Y yo se lo enseñaré a lo que venga. Les mostraré lo que es no tener nada y aún así, luchar por todo. Les hablaré de ti, de Sakura-chan, de mi madre… ¡Todo!

Lo empujó, obligándole a retroceder.

—Dices muchas veces que no quieres ser como el mierda de tu padre. ¡Pues demuéstralo! Porque hasta ahora sólo te he visto patalear, pelearte con gente y hasta hacer daño a las mujeres.

Si Naruto le hubiera golpeado más veces físicamente no le habría dolido tanto. Sabía que tenía razón. Mucha. Y era hasta ridículo que fuera él quien estuviera sermoneándole. Echó la cabeza hacia tras y literalmente, se carcajeó.

Podría parecer un loco, quizás así es como lo estaba.

De nuevo, Naruto volvió a emprender a golpes contra él. Se los devolvió del mismo modo. Llevaban mucho tiempo peleando juntos como para no saber cómo lo hacían o cuánto daño eran capaces de hacer.

Cuando se dio cuenta, estaba en el suelo de espaldas, jadeando como si nunca hubiera entrado aire en sus pulmones hasta esa vez. Le dolían partes de su cuerpo más que cuando Kisame le golpeó y estaba seguro de que tendría que revisarse los vendajes y tomar algo para el dolor nuevamente.

—¿Vas a regresar? —cuestionó Naruto.

Estaba a su lado y no tenía mejor aspecto que él. Comenzaba a hinchársele el ojo derecho y apenas formaba una franja azulada.

Miró hacia el cielo en vez de responder.

—¿Teme?

—Voy a ayudar a mi hermano con esto. Quiero liberarme de mi padre y sus mierdas.

Naruto se apoyó en los codos para mirarle.

—¿Qué pasará con Hinata y Sakura?

—Ya te he dicho que no tengo tiempo para pensar en ellas. Cuando esto acabe…

Se guardó los pensamientos para él.

—Me declaré —soltó Naruto repentinamente —. Quería contártelo y que me acompañaras a beber algo o a alguna pelea. Eres mi mejor amigo y mi rival, así que no pensé en nadie más.

—Dobe…

Naruto se puso en pie, limpiándose sudor y sangre de la barbilla.

—Sakura-chan no me quiere de ese modo. El único que es capaz de tocar su corazón eres tú. Tenlo presente.

Sasuke apretó el puño con fuerza.

—Yo…

—Y no estoy completamente seguro de lo de Hinata. Ella me ha dicho que no quiere verme, así que creo que planea concentrarse en vuestro matrimonio. Antes de caer en otro amor unilateral, quizás decida hacer otras cosas.

Sonrió abiertamente, de esa forma tan característica en él. Sasuke pudo ver las dudas que había en su rostro. Y también que continuaba siendo un idiota rematado que no se había dado cuenta de que Hinata Hyûga estaba realmente enamorada de él. De los pies a la cabeza. Si le había pedido que se mantuviera alejada de ella, claramente era porque sus sentimientos la asfixiaban y no le permitían pensar coherentemente en la situación en la que estaban metidos.

Pero si Itachi lograba su meta… quizás ambos fueran libres finalmente y su amor por Naruto no sería ningún tipo de problema.

—Dobe —nombró.

—¿Hm? —Naruto le miró desde su altura, dándose golpecitos en la espalda como si de un viejo se tratara —. Acabas de golpear a un enfermo. ¿Lo sabes?

Naruto dio un respingo.

—¡Oye, que tú te lo has buscado con tu cabezonería! —acusó señalándolo.

Sasuke apenas logró reprimir la sonrisa en sus labios. Una mueca que le pareció de todo extraña, pero que apareció como por arte de magia.

—¿Seguro que no te gusta Hinata?

—¡Cállate, teme! —exclamó frotándose el pecho —. ¡Ven mañana a clases, diablos!

Y se alejó a grandes zancadas.

Sasuke se quedó un momento ahí, mirando al cielo.

¿Siempre había sido tan azul?

.

.

Maldijo entre dientes mientras bajaba los escalones con las manos completamente ocupadas. Estaba agotada de estar todo el día haciendo el trabajo que se suponía tenían que hacer entre dos. Pero Shikamaru había desaparecido por completo todas las veces que había intentado encontrarlo y a última hora, hasta Tayuya parecía haberlo perdido y estaba de un completo humor de perros. Porque al salir y ver que Shikamaru no regresaba, había tirado parte de las mesas y ella había tenido que recogerlas antes de ir a la reunión de profesores para enterarse de que iba a estar más ocupada, si era posible, en los siguientes meses.

—¿Quieres que te ayude?

Se sorprendió al ver a Karin Uzumaki a los pies de la escalera. Ya llevaba la mochila colgando de un hombro y se subía las gafas con cierto nerviosismo. No era muy dada a las relaciones y aquel día le había tocado encargarse de parte de la limpieza, así que eso explicaba por qué estaba todavía ahí.

—Me harías un gran favor —dijo entregándole parte del papeleo.

Ella lo miró por encima.

—Vaya. ¿En serio nos van a dejar apuntarnos a todo esto? ¿Acaso no somos la clase conflictiva?

Temari también tuvo esa clase de pensamientos cuando Kakashi le había entregado los papeles e informado de lo que tendrían que explicar en las siguientes semanas. El profesor parecía haber leído su mente, porque rápidamente le había sonreído y prometido que no era ninguna clase de trampa.

—Según Kakashi-sensei, somos una clase como cualquier otra y tenemos derecho a ello. Es más, los clubs dan un uno por ciento de nota, así que no está mal.

—Bueno, tú siempre has sido buena en las materias —halagó.

Temari la miró con sorpresa mientras abría la taquilla de delegados y guardaba parte de los papeles. Aceptó los que Karin le dio, quien se encogió de hombros, descartando su sorpresa.

—Observo más de lo que os creéis.

Realmente había cambiado. En antaño, Karin era la típica fangirl insoportable a la que más de una vez había querido callar empotrándole la cara contra un escritorio. Siempre detrás de Sasuke. Pero tras aquel tiempo en que no se vieron y al volver a clase, su comportamiento se había vuelto más maduro. Era cierto que continuaba teniendo su carácter, pero se había opacado un poco. Como si estuviera deprimida.

Y tampoco se había vuelto a acercar a Sasuke.

La vio rebuscando a su alrededor.

—¿Qué buscas? —cuestionó cerrando con llave la taquilla.

—Generalmente tienes a alguien rondando a tu alrededor. Matsuri —recordó —. Hoy no la he visto muy fuerte que digamos.

Temari sintió que el cuerpo se le helaba. Había intentado hablar con ella durante todo el día, pero las obligaciones no se lo permitieron y al final, se le había hecho demasiado tarde como para advertirle de que no fuera a su casa.

Miró el reloj, aterrada.

—¿Ocurre algo?

—Karin. ¿Puedes cerrar por mí, por favor? —suplicó —. Tengo algo urgente que hacer.

La pelirroja se encogió de hombros.

—Claro. A mí no me espera nadie de todas formas.

—Lo siento, te devolveré el favor.

Volvió a las clases para recoger su bolsa y sus pertenencias, echando a correr hacia la salida. Justo cuando estaba a punto de salir, alguien tiró de su mano.

.

.

Matsuri se sentía completamente horrible e incómoda.

Llevaba todo el día sintiéndose del mismo modo y, además, le dolía la barriga y empezaba a sentir que el medicamento dejaba de hacer efecto. Se frotó la zona con el dorso de la mano y se levantó, cargando con el cubo de fregar.

Había querido advertir a Temari de no ir ese día por los malestares, pero no había tenido oportunidad. Tampoco había querido cargarla con más cansancio del que parecía tener, así que decidió olvidarse de su problema femenino e ir a trabajar.

Estos días deberían de estar pagados y poder permanecer en casita, acurrucadas alrededor de una fuente inagotable de chocolate y videojuegos.

Suspiró y tiró el cubo del agua por el retrete, dejándolo ahí para escurriera y regresó al salón.

Se detuvo para mirar el sofá y la mesita de café. Aquel día no había colillas y tampoco estaba el cenicero sucio. No se había atrevido a entrar en el dormitorio de Gaara, que tenía la puerta cerrada, así que no sabía si estaba en la casa o no.

Recordaba lo mucho que se había enfadado con él, con que no respetara sus horarios de trabajo y la dejara en la calle sólo por estar con… a saber quién.

No era ingenua. Gaara tenía la edad suficiente como para conocer mujer. Jamás pensó que vería eso en algún momento y menos, le dolería tanto.

Era ya hasta normal entender por qué le había hablado con tanta petulancia cuando se trataba de intentar seducirla. Ya tenía experiencia de sobras.

Seguramente, fingir para él debía de ser algo fácil, sencillo.

Más con una chica como ella.

Sintió de nuevo aquel maldito dolor en su vientre y maldijo a Gaara y a toda aquella persona nacida varón entre dientes. Caminó hasta la entrada en busca de su bolso para sacar algo de medicamento, cuando la puerta se abrió de golpe y la golpeó en el hombro, obligándola a perder la estabilidad y caer de bruces contra el suelo.

Lo primero que pensó fue que Temari habría regresado al fin, sin embargo, cuando la figura se agachó a su lado, vio las botas oscuras y los pantalones rojos vaqueros.

—¿Besando el suelo, topitos?

Dio un respingo, girándose para quedar cara a cara con él, pero su mano quedó enganchada en la moqueta y cayó de espaldas.

—¡No estoy…!

Él le cubrió la boca. Tenía los ojos entrecerrados y olía a tabaco.

—Cállate —ordenó secamente —. ¿Acaso Temari no te lo ha dicho?

Ella parpadeó sin comprender y negó. Gaara suspiró y bajó la mano de su boca hasta el centro de sus senos. No tenía mucho busto, pero igualmente no fue un acto cómodo por su parte. Atrapó la muñeca masculina y él devolvió la mirada a su rostro.

—No sé qué tenía que decirme Temari —dijo, tragando —. Pero estoy aquí para limpiar y no soy una cualquiera a la que puedas manosear libremente.

Él pareció sopesarlo un momento. Luego soltó una carcajada aterradora.

Se movió tan rápido que apenas fue consciente de ello hasta que estuvo sentado sobre ella, presionando su cadera contra la suya y marcando su masculinidad.

—Me importa un huevo.

Se inclinó y le mordió el mentón. El corazón se le detuvo y no estaba segura en ese momento si era de terror.

—Por… favor… —suplicó sin querer hacerlo.

¿Acaso no era coherente? ¿No era obvio cómo estaba sintiéndose?

—Para —ordenó con la voz más firme que pudo —. No puedo hacer esto.

Él se detuvo sólo para mirarla.

—La idea de esto es que no lo puedas hacer. Por eso se le llama…

—¡Es que estoy menstruando! —exclamó demasiado acalorada.

Se sentía avergonzada por decirlo, por el dolor y por el malestar. ¿Por qué no podía comprenderla?

Además, la cabeza comenzó a darle tantas vueltas que, sin darse cuenta, terminó cediendo a la oscuridad.

.

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Gaara estaba atónito. Con todas las letras de esa palabra.

¿Acaso ella le estaba queriendo detener porque estaba…? Diablos. ¿Es que ni siquiera se había dado cuenta de que quería hacerle? Aunque, en realidad, su idea principal era asustarla, esperar que le abofeteara o golpeara en alguna parte sensible y echara a correr para no regresar.

Pero que le colgaran. Aquella mujer era totalmente impredecible.

Hasta el punto de haberse desmayado debajo de él.

—Demonios… ahora podría hacerte cualquier cosa —siseó apartándose.

Se miró la mano y se tocó los labios. Su piel era suave. Su busto lo suficiente pequeño como para haber podido tocar su centro y aún así, la idea de haberla poseído de forma correspondida le provocaba ardor de piel.

Con un suspiro, se levantó y la cargó hasta el sofá. Si la llevaba a su dormitorio sería, seguramente, peligroso una vez más. Tenía un límite.

Tocó su frente y la notó algo caliente, pero su calculo de la temperatura humana era bastante susceptible dado que siempre tenía las manos frías.

Suponía que no se encontraba bien por la… no. Ni siquiera pensaría esa palabra. No era tan idiota como para no saber qué era o qué sucedía en esos días. Diablos, vivía con Temari y aunque solía ser muy discreta en esas cosas, compartir baño era lo que tenía. Por ejemplo, encontrarse una compresa en su papel erróneamente mientras buscaba la crema de afeitado o que los cambios de humor hacían que llorara por cualquier cosa, se viera películas moñas o su carácter emporara.

Así que sólo podía hacer una cosa y si alguien alguna vez preguntaba por ello, diría que era una mentira como una casa.

Cuando se marchó de la casa, sobre la mesita de café había una taza caliente de hierbas relajantes, una tableta de chocolate, pastillas de las que sabía que tomaba Temari y una compresa en su papel doblado.

Que le colgaran si lo admitía.

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Tayuya estaba lo suficientemente irritada como para hacer eso y más, de ser necesario. Por eso la arrastró consigo hasta la calle trasera y la empujó contra la pared. Temari actuó sorprendida al principio y hasta parecía tener prisa, porque le recomendó dejarlo para otro día de ser necesario. Tayuya deseó meterle la flauta por la boca y sacudirla un montón de veces, a ver si dejaba ya de tener esos dichosos aires de superioridad hacia ella.

—Deja de joderme, Temari —advirtió señalándola con la flauta.

Temari enarcó una ceja, levantando la mirada del reloj para clavarla sobre ella. Sus ojos verdes brillaban y empezaba a marcarse el rictus de advertencia de que si la buscaba la iba a encontrar.

Pero a Tayuya no le preocupaba absolutamente nada de eso. Hacía mucho tiempo que Temari había dejado de ser la mujer impresionante para convertirse nada más que un perro ladrador que luego no hacía absolutamente nada. Hasta su hermano había asegurado que Temari había perdido mucho durante ese tiempo.

Y precisamente la había pillado a ella con un humor de perros.

Vale, la culpa no era de Temari exactamente, si no de Ino por llevarse a su presa lejos.

Si cada vez que iba a intentar acostarse con el Nara alguien los interrumpía, para qué mierdas servía hacer todo aquel paripé. Ella solo quería vengarse y si se lo impedían de ese modo, claro que iba a reaccionar.

Y luego estaba el otro tema. Quería, no, necesitaba acostarse con Gaara para inyectarle una nueva dosis de droga que le hiciera querer más. No entendía por qué mierdas las estaba dejando antes de volverse tan necesitado que su cuerpo pidiera por más y más. Su trabajo era ese, debía de hacer que la gente se enganchara hasta el punto de endeudarse de ser necesario.

Le pagaban para ello.

—No tengo tiempo ni ganas para escuchar tus sermones, Tayuya. Te lo advierto, no es un buen día. Además, no te he jodido nada.

—Sí, lo has hecho —gruñó empujándola nuevamente contra la pared.

Y quizás ese fue su error.

Temari dejó caer su cartera al suelo y con ambas palmas, la golpeó en los hombros, haciéndola retroceder. Había cambiado su postura y mantenía una pierna hacia tras, sujetándose de la otra como apoyo. Cuando el golpe llegó, Tayuya logró retroceder y esquivarlo, golpeándola con la flauta en toda la cara.

Temari retrocedió, tocándose el lugar con el pulgar.

—¿Realmente crees que acostarte con mi hermano va a servirte de algo, estúpida? —cuestionó fulminándola con la mirada —. ¿No tienes a Shikamaru?

—¡Eso es una cosa y lo otro, otra! —respondió —. Acostarme con tu hermano sólo va a ser un bache en mi camino. Es tan fácil calentarlos, que abrirme de piernas para ellos es como simplemente montar en moto. Ahora, hazme el favor y deja que te desfigure esa carita guapa que tienes.

Temari negó con la cabeza, encogiéndose de hombros.

—Te gusta siempre cavar tus propias tumbas. ¿Eh?

Tayuya no comprendía a qué se refería hasta que levantó la mano para señalarla. No. Señalaba a su espalda.

Se volvió, pensando que alguien estaría ahí para ayudarla. Sin embargo, se encontró con dos pares de ojos que miraban la escena con mucha curiosidad. Unos femeninos. Otros masculinos.

Y estos últimos no deberían de haberla visto.

Así como tampoco ella debería de haberse girado. Cuando se quiso dar cuenta, Temari estaba de nuevo encima de ella.

Y en ese momento supo por qué la gente solía decir que parecía que utilizara el viento como arma.

.

.

Shikamaru la vio agacharse para recoger su maleta con total tranquilidad. Se la echó al hombro tras hacerlo y sus ojos se encontraron. Había cierta culpa en ellos.

—Parece que los bastardos siempre se juntan —escupió Ino mirando desde su altura a Tayuya, que había caído de cualquier forma sobre el capó de un coche. No. Había volado hasta caer ahí. Estaba seguro.

Temari les dio la espalda.

—Ino —nombró sin poder dejar de mirar a la mayor.

—¿Hm? —cuestionó esta, cogiendo un palito del suelo para darle golpecitos a Tayuya —. Tranquilo, que no está muerta.

—No me importa —descartó. Realmente no estaba interesado —. Encárgate de ella. Acompañaré a Temari.

Ino iba a protestar, pero cerró la boca. Asintió le dio un toque en el hombro, como si acabara de pasarle el peso del engaño. Porque si no había escuchado mal, Tayuya estaba engañándole con el hermano de Temari.

Llegó a su altura rápidamente. No es que corriera, es que su madurez de dieciocho años le había dado unas buenas piernas largas.

Temari no dijo nada, tocándose la mejilla en la que empezaba a formarse la marca de un golpe. Probablemente, Tayuya la había golpeado con la flauta. No había podido verlo del todo bien, porque ellos habían estado más atrás. Fue Ino quien le alertó de que su novia estaba discutiendo con alguien y al llegar, no solo se enteraron de con quién era.

—Lo siento.

La miró sin poder ocultar la sorpresa.

Se habían detenido frente a un semáforo.

—No es tu culpa —dijo encogiéndose de hombros.

Temari se mordisqueó el labio y él chasqueó la lengua.

—Problemático todo esto.

Luego, sus ojos dieron con algo.

La tomó de la muñeca, evitando que continuara avanzando cuando el semáforo se puso en verde para los peatones y la arrastró.

—¿Qué? ¡Espe…!

Entró en el establecimiento que había visto y, al salir, le entregó una compresa fría y una tirita. Temari alternó su mirada de las cosas a él y desvió la mirada, avergonzado.

—Sólo úsalo.

Ella sonrió y agradeció entre dientes.

Tras ponérselo, retomaron el camino. Temari comenzó a andar más deprisa, como si acabara de recordar algo, pero se detuvo al mirar hacia la acera de enfrente. No faltaba mucho para su casa y él siguió la mirada. Reconoció a Gaara.

—No estaba enfermo. ¿Eh?

Ella dudó.

—No —confirmó —. Mentí para que no le quitaran esta nueva oportunidad. Pero está empecinado en no ir a clase. Su comportamiento no es como el que conocíais, así que también me daba algo de miedo de que fuera. Sin embargo, no quiero que se pierda esta oportunidad.

Shikamaru observó al chico pelirrojo hasta que desapareció tras una esquina. Temari sacó las llaves y se detuvo en el umbral.

—Shikamaru.

—¿Hm?

Temari jugó un rato con las llaves hasta que levantó la cabeza y le sonrió. Brillante. Hermosa.

—Gracias.

Y tan pronto como le deslumbró de aquel modo, desapareció dentro de su casa.

Shikamaru se quedó un rato ahí, mirando la puerta cerrada y preguntándose por qué demonios era tan complicado todo aquello. Las mujeres eran un incordio y un lio sin remedio.

Por ejemplo, su vida amorosa en ese momento consistía en haber tenido por primera vez una novia y haberlo dejado en el record de tan solo un día.

Se metió las manos en los bolsillos y silbó, alejándose.

Se había sorprendido de que llegaran en el momento oportuno para que Ino abriera los ojos. Pensaba que esas cosas sólo sucedían en los libros o telenovelas. Sin embargo, ese día había comprobado que hasta podía ocurrir dos veces. Al menos, él no se preocupaba tanto como Ino de hasta donde habían llegado o no. Ino no había querido contarle mucho más, mientras sollozaba.

Los hombres son todos unos idiotas —tu no, Shikamaru —, unos cerdos, aprovechados y unos descarados. No tienen en cuenta mis sentimientos y creen que pueden jugar con mi cuerpo como si fuera un juguete. ¡Esos mal nacidos! —de nuevo te digo que tú no —.

El caso es ahora mismo él pensaba un poco eso de las mujeres. Decían que ellos eran siempre eran malos y complicados.

Pues anda que ellas.

Lo raro es que él no quería llorar. Se sentía completamente aliviado.

Fue entonces cuando los recuerdos llegaron a él.

(Flashback)

Shikamaru, no te comas mi trozo de tortilla.

Choûji casi salivaba mientras miraba aquel trozo dorado dentro de su propia fiambrera. Shikamaru alternó las posibilidades y decidió que era mucho mejor tener a la fiera alimentada, así que se lo dio.

Ya se compraría él algo.

Por eso, cuando pudo escabullirse de Choûji, buscó la máquina expendedora más cercana y presionó el botón donde un paquete con galletas de chocolate esperaba para que él se diera un festín.

Se agachó sin preocuparse de mucho más y aferró las galletas. Sintió que algo rebotaba contra su trasero y un grito femenino llegaba desde el suelo.

Al volverse, la vio. Una chica pelirroja llena de vendas que sujetaba una flauta entre sus manos.

La niña le miró con ojos suplicantes de ayuda y él pensó que ayudarla a levantarla sería suficiente. Pero ella continuó mirándole así incluso después, con aquel pijama sucio de hospital y el único ojo visible bajo las vendas.

Miró su bolsa de galletitas y suspiró, entregándoselas.

Ese día se había quedado sin comer nada más.

Levantó la mano y antes de que ella decidiera pedirle algo más con la mirada, se marchó. Antes de perderla de vista, la chica se encontraba sujeta de la mano de un hombre muy alto, que tiraba de ella en dirección al hospital. Sus galletas fueron directas a la papelera por la parte adulta.

La niña continuaba mirándole suplicante, antes que sus ojos cambiaron en un momento, volviéndose de furia.

(Finflasback)

Se detuvo en seco.

Por aquel entonces él había sido demasiado niño para comprenderlo.

Tayuya le había pedido otro tipo de ayuda muy diferente al levantarse o unas galletas de chocolate. Y él se había largado corriendo, dejando que aquel hombre se la llevara.

.

.

Sakura casi gritó al verle. Naruto sonreía de medio lado mientras se rascaba la nuca y parecía totalmente preparado para sus regaños. Lo primero que pensó fue que se había metido en alguna clase de lio, como otra pelea a sus espaldas con algún otro grupo de pandilleros.

—¿No vas a contármelo? —preguntó mientras abría el botiquín para sacar vendas y betadine para curarle—. Porque tu madre seguramente preguntará qué te ha pasado cuando regrese de trabajar y creo que a ella le harás más caso o terminarás inventado una mentira en la que no podré seguirte si no sé nada de ello.

El muchacho se echó hacia atrás en el sofá para resistir los toquecitos del algodón con el antiséptico en las heridas.

—He encontrado a Sasuke.

La respiración se le atoró por un momento.

—¿Qué? —cuestionó—. Espera. ¿Os habéis peleado?

Naruto pareció dudar, más que nada quizás, porque temía que fuera ella quien le golpeara en ese momento. Al final, asintió.

Ella suspiró, habiéndoselo esperado.

—¿No estás enfadada? —tanteó él.

—Siempre os estáis peleando cuando pasa algo con uno de los dos. Siempre. Y siempre soy yo la que tiene que curaros luego las heridas y regañaros. A veces sois como niños.

Mientras Naruto reía en disculpa, Sakura recordó las palabras de Sai en la sala de arte. Había dado de lleno. Aunque el chico no entendiera del todo lo que había tras sus sentimientos, acertó básicamente en la diana y muy cerca del centro.

Era duro. Muy duro. Ver como ambos hombres disputaban siempre y pareciera que sólo los puños podían hacerles abrir la mente, era una cosa que no entendía del todo. Ino le había dicho muchas veces que eso era el romance masculino que las mujeres no conseguían entender. Pero Sakura no entendía del todo a Ino esos días, así que quizás también ellas lo poseían y de una manera doblemente complicada.

—No he podido traerlo aquí a casa —se excusó Naruto—. Pero volverá. Sólo ten paciencia, Sakura.

La tomó de las manos por sorpresa y le sonrió. Esa sonrisa pura y abierta que ella no se merecía.

—Te aseguro que todo se arreglará —juró dándose un suave golpetazo en el pecho—. Pero las cosas van a estar muy movidas para Sasuke en estos días. Sólo podemos esperar y ver desde lejos. Después, podremos pegarle todo lo que tú quieras.

Sakura estaba muy lejos de comprender a qué se refería exactamente. Naruto hablaba seriamente, como si predijera algo que fuera a ser una bomba para Sasuke.

Suspiró y le devolvió el apretón antes de tomar más tiritas para ponérselas en los nudillos.

—Dudo que Sasuke-kun quiera que yo haga algo en referencia a él. No hay forma de que…

Vio caer la primera lágrima sobre la mano masculina antes si quiera de sentirla. Naruto y ella se miraron a la vez. Sólo que Naruto estaba muy nublado. Ni siquiera podía verle con claridad. Se llevó la mano hasta los ojos para disipar algunas lágrimas.

—Lo siento, yo…

Naruto tiró de ella hasta abrazarla. Se aferró a su hombro, intentando retener las lágrimas.

—Está bien, Sakura-chan. Puedes llorar. Lo entiendo.

No pudo frenarlas por más tiempo. Salieron. Por ella. Por Sasuke. Por Naruto. Por Hinata.

Y por el pasado. Especialmente por eso.

.

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Naruto retuvo a Sakura en su regazo todo el tiempo en que su llanto duró. Su corazón todavía dolía por tenerla tan cerca. Todavía le gustaría enterrar su nariz en su cabello y oler su perfume.

No obstante, no podía obviar la verdad: no era correspondido. Y esas lágrimas no eran por él, si no por Sasuke Uchiha.

Encontrarse con él no había sido lo que había calculado hacer. En realidad, hubiera preferido esperar un poco más y encajar todo hasta que llegara el momento de traerlo de vuelta de la oreja de ser necesario.

Pero había tenido que meter las narices donde no debía y terminó descubriendo algo que lo había puesto de muy mal humor.

¿Por qué Sasuke había mantenido en secreto que iba a tener que casarse con Hinata? ¿Por eso ella había decidido apartarse? Él no tenía nada que ver en ello y, sin embargo, también le molestaba.

No comprendía por qué.

Sasuke le había preguntado si Hinata le gustaba.

Él no podía confirmarlo al cien por cien porque todavía sentía cosas por la mujer a la que estaba abrazando.

Aunque esos últimos días estaba siendo muy consciente de Hinata. Y había cosas que no podía olvidar. Como que Sakura se convirtiera en Hinata aquella noche. O el hecho de haber querido marcar terreno frente a aquellos imbéciles a los que luego dio una paliza. El temor a que la hubieran violado cuando fue secuestrada y el alivio de saber que no y entonces, empezar a sentirse un completo pervertido por recordar que había visto mucho antes de ponerle la chaqueta encima.

Y luego, cuando todo seguía siendo como un torbellino en su interior, pasaba lo de Sasuke, su declaración rechazada y el alejamiento incomprensible de Hinata que no hacía más que irritarle y darle más ganas de tenerla más cerca.

—Hum…

Cuando se dio cuenta, Sakura se había quedado dormida en su regazo. La apartó un poco para acomodarla mejor y a él mismo y suspiró. No era la primera vez que se dormía con ella así. Sasuke generalmente también estaba por ahí en esas veces. Se había sentido querido por Haruno, pero quizás solo era su mente enamorada dándole malas ideas y falsas esperanzas.

En ese momento, no las sentía del todo. Era como si una luz en su interior fuera extinguiéndose lentamente.

Su móvil sonó justo en ese momento y maldiciendo entre dientes, lo abrió antes de que el tono la despertara.

Sakura solo removió un poco.

—¿Eso es el gemido de una mujer, Naruto?

—Cállate, Kiba —gruñó—. ¿Qué ocurre?

El otro ladró una carcajada.

—¿Qué ocurre? Que me he mamado tus horas de castigo por no presentarte y he tenido que limpiar la mitad de esta condenada piscina yo solo. Más vale que mañana vengas a cumplir el castigo como hombre que eres o te partiré la cara —gruñó—. Pero no sólo es por eso. ¿Has visto las noticias?

—¿Las noticias?

—Sí tío. Acaba de llamarme Shino para contármelo. ¿Tú sabias eso de los Uchiha y los Hyûga?

Buscó el mando a distancia con la mirada y encendió la televisión al encontrarlo, manteniendo a Kiba a la espera.

La notica era la primicia de esa tarde.

—No del todo —respondió finalmente.

¡Sasuke!

.

.

Bostezó mientras abría la puerta. Konan se encogió bajo su cobija y solo podía verse sus cabellos encima de la almohada. Por un momento pensó en lo delicioso que sería ignorar el timbre y regresar ahí. Podía enterrar sus labios en su cuello y volver a…

—Madlita sea, Pain, abre. Sé que estás ahí, hn.

Abrió a regañadientes y cerró la puerta del dormitorio para evitar que Deidara viera de más.

Deidara entró hecho una furia.

—¿Qué ha pasado?

El rubio se detuvo para mirarle fríamente. Hacía mucho tiempo que no veía esa clase de mirada frustrada en sus ojos.

—Necesito que me ayudes a darle una paliza a toda la clase de 2-b.

Pain dudó por un instante. No podía negar que empezaban a tocarle las narices. Especialmente, cuando se creían los dueños y señores del colegio. Y había alguno que otro que llamó su atención.

También llevaba mucho sin acción.

—Lo haré.

.

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Hiashi miró la televisión fijamente y se cruzó de brazos. Las noticias sobre las empresas Uchiha habían estallado.

—Neji.

Su sobrino levantó la cabeza del libro que leía, dejándolo a un lado para reunirse con él.

—Quizás sea hora de que nosotros apoyemos eso y mostremos nuestras cartas. Especialmente, las que has conseguido.

Neji asintió y le dio la espalda.

—No sirvió de nada pedirle que espiara.

—¿Cómo has dicho? —cuestionó mirándole por encima del hombro.

Neji dio un respingo, como si acabara de descubrir que había pensado en voz alta. Negó con la cabeza.

—Iré a por los papeles.

—Bien. Yo me encargaré de los abogados y la prensa. ¿Dónde está Hinata?

—En su habitación con Hanabi —respondió su esposa, acercándose a él—. ¿Irá todo bien?

—Eso espero. Por ahora, no la dejes salir de casa. Ni siquiera a clases. Habla con la directora de su colegio.

—Lo haré, cariño —confirmó su mujer—. Pero… acuérdate que después tendrás que hablar con ella. ¿De acuerdo?

Hiashi suspiró antes de tomar el teléfono. Esperaba de corazón que finalmente pudiera decir que ambos eran libres.

.

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Kakashi silbó desde el sofá mientras observaba las noticias. Sabía que Tsunade estaría subiéndose por las paredes en ese momento. Más que nada, por tener un Uchiha en su institución y dos Hyûga. Tendrían que prepararlo todo para poder evitar a la prensa de ser necesario.

—¿Han dicho algo más?

Apartó la mirada de la televisión para clavarla en la mujer en el quicio de la puerta. Rin se frotaba los cabellos con una toalla, mientras miraba ansiosa la tele. Kakashi sintió la necesidad de tragar antes de que otra parte de su cuerpo decidiera que volvía a sentirse como un idiota adolescente.

—Se repiten por ahora. Pero han dicho que aparecerán nuevos datos pronto, así que habrá más jaleo con ello.

—Ya veo —murmuró Rin mirándole entonces a él—. Gracias por dejarme usar la ducha, por cierto.

—No hay problema —descartó.

—Mira que no darme el gas mi casero. Y eso que dijo que hoy lo tendría todo preparado. Entre eso y la luz, estoy apañada. Por cierto —continuó—, estuve echándole un vistazo al historial de todos los chicos. ¿Puedes creerte las tonterías que se inventaron?

—No las creo —aseguró—. Sólo has tenido que verles una vez para comprender que son una piña. Aunque como siempre, los adolescentes pueden parecer que están matándose y en nada son amigos del alma.

—Lo sé. Me recuerda mucho a vosotros dos. Os estabais peleando todo el tiempo y, de golpe y porrazo, os reíais a carcajadas de a saber qué.

Rin desconocía muchas cosas, como, por ejemplo, el hecho de que Obito y él continuaran ahí era ella. Que se pelearan y rieran después sólo era porque terminaban acordándose de cómo les regañaría después.

Se sentó a su lado y llegó el aroma de su propio jabón mezclado con el aroma natural femenino de Rin. Cuando sus hombros se rozaron, cambió de postura y cambió de canal, como si nada sucediera. Rin se había agachado para recoger los historiales de los chicos de 2-b.

—Veamos… Choûji Akimichi. Lo expulsaron por casi dejar en coma a otro alumno. Según este informe, sus compañeros lo respaldaron alegando que había sido en defensa propia. El tutor asegura que lo único que hizo fue llamarle gordo.

—Es susceptible a eso, sí —confirmó.

Rin pasó la página.

—Ino Yamanaka. Su expulsión fue por acumulación de faltas y trabajo externos de la escuela.

—Ayudaba a sus padres, que regentan una floristería. Algunos padres no comprenden que sus hijos necesitan un permiso de la escuela y, la escuela, que en esos casos de necesidad existen clases nocturnas. Por ahora, no ha faltado a ninguna de mis clases.

—Sai ya lo hablamos —dijo al pasar la página—. Le he visto en clase de arte muchas veces y el viejo Onoki está encantado con él. A ver… Kiba…

—Trajo animales a la institución cada dos por tres. Los recoge y luego los lleva a su casa. Su familia tiene una reserva. Le dijo a los profesores, por lo que sé, que su madre iría a buscarlo y que no debían de preocuparse. EL profesorado se lo quitó y lo expulsó. Cuando regresó a buscar el animal lo habían echado en la incineradora de la escuela.

—¿Estás de broma? —La voz de Rin tembló.

—No. Jiraiya ha investigado esto muy a fondo y Tsunade ha comenzado a mover los abogados. Así que sí. Es verídico.

—Serán… —masculló—. ¿Tienes idea de lo que pudo causarle a este chico saberlo? Acababan de aplastar su creencia de que salvar animales era lo correcto. Y lo es.

—Bueno. Por ahora no ha traído ninguno a clase, así que no puedo asegurar si tuvo ese shock o no.

—Algo debió —aseguró convencida—. Shino Aburame. Algo parecido a lo de Ino Yamanaka. La misma excusa e idiotez. Matsuri… ¿Sabe la escuela que trabaja?

—Sí. Ella dejó de ir a clases cuando sus padres murieron en un accidente. Se vio implicada. Arena cubrió sus gastos y dejó a la chica como empleada. Al entrar, se hizo su respectivo contrato y hasta se le ofreció un dormitorio que rechazó. Es buena estudiante también. Muchos de los exámenes de prueba que hicimos, sacó una buena nota.

—Ya veo… Tenten también sabemos ya qué pasa. Neji y Hinata están por el mismo camino… Temari fue expulsada por meterse en muchas disputas. Gaara, su hermano. Dejó repentinamente de venir a clases.

—Eso huele feo y creo que Tsunade ya sabe que es así. Supongo que sólo queda esperar —. Señaló el perfil de Shikamaru Nara—. El preferido de Asuma. No le toques al chico que muerde.

Rin sonrió divertida.

—¿Quizás sea por paternalista?

—¿Quién sabe? —contestó indiferente mientras se encogía de hombros—. Karin Uzumaki. Su familia pagó para que la escuela mantuviera su perfil bajo y que especialmente, no entrara en contacto con Naruto. Algo difícil, desde luego. Pero hasta ahora no ha pasado nada.

—¿Por qué?

—¿Lo sabes? —cuestionó—. O quizás no te acuerdas. Kushina, la que vimos en el hospital era la mujer de mi profesor de artes marciales y por el que iba a ser policía. Nos entrenó a Obito y a mí, junto a Asuma. También es una Uzumaki. Una Uzumaki repudiada.

Rin cerró la boca que había abierto con sorpresa.

—Malditas familias ricas.

—Lo sé —corroboró—. Uzumaki. Hyûga. Uchiha…

Rin se mordió el labio inferior.

—Obito lo era. Dejó todo eso por irse conmigo.

—Sí —confirmó sacando los últimos expedientes—. Los complicados. Estos días estará muy alborotada la cosa por Sasuke. Naruto se verá atrapado en el berenjenal, por supuesto, Sakura con ellos.

—Esta chica… —murmuró Rin llevándose una mano al mentón—. Según esto… Faltó a clases tras un accidente en el que estuvo involucrada y después, fue expulsada junto a Naruto Uzumaki finalmente.

—Sí —admitió Kakashi frotándose la nuca—. Naruto fue acusado de esto y ella lo defendió confirmando su coartada. Ese mismo profesor, por cierto, fue el que aseguró expulsar a Sasuke por pillarlo fumando en clases.

Rin volvió a tomar los expedientes, poniéndolos en fila sobre la mesita de café.

—Kakashi… todos están firmados por el mismo hombre. ¿Te habías fijado?

—Sí.

—Su nombre… me da mala espina.

Kakashi se echó hacia atrás, pensativo.

—A mí también.

Continuará…


¡GRACIAS POR LEER Y SUS RW!

Cositas:

-se ha arreglado lo de Ino y Dei, pero siguen los problemas con Sai.

-Sasuke y Naruto han tenido su encuentro a puñetazos, para no variar, y se ha arreglado la huida de Sasuke. No del todo, pero sí en parte. (Esto casi es como la parte normal de lo que vendría siendo sus encuentros en el manga. Ok no).

-Siguen las pesquisas, no obstante, tras los hombres misteriosos, que son tres. Unos trabajan con Tayuya y Kabuto, otro se cuela en casa de los Uzumaki y parece que Hinata y Sakura saben quién es, especialmente esta primera. El tercero, se ha ganado la confianza de Tsunade incluso, habló con Sakura en capítulos anteriores y ahora con Hinata.

¿Qué ocurrirá ahora con la caída de los Uchiha? ¿Hinata finalmente será libre? ¿Neji verá completada su venganza? ¿En qué afectara a Itachi y Sasuke? ¿A qué clubs se unirán los chicos? ¿Y ese próximo viaje?

¿Quién será el profesor malvado? ¿Quién será esos tres ocultos tras las sombras?

¡Nos leemos!

*Lugar donde adolescentes y adultos únicamente usan para tener relaciones sexuales.