Y por fin os dejo la actualización :3


capítulo 12º

La clase ha caído


Caeremos pesadamente

Sufriremos

Pero teme, oh, teme.

Porque me volveré a levantar.


La caída de los Uchiha quemó los medios de comunicación.

Salieron a la luz todas las partes oscuras y más de la mitad de sus congéneres resultaron detenidos. El cabeza principal, Fugaku Uchiha, también, con distintos cargos entre los que resaltaban corrupción, trata de blanca y maltrato. Además, de añadirse el cargo de asesinato a última hora al confirmar con pruebas irrefutables el asesinato de años atrás contra uno de los líderes de la compañía Hyûga y absorbiendo esa parte de la compañía ilegalmente.

Todas las empresas que hasta ahora habían apoyado las empresas Uchiha, cerraron contratos y cancelaron subvenciones. La más notoria de todas ellas fue el cierre del soporte de empresas Hyûga. Salieron a la luz el forzado enlace entre hijos casaderos de la familia a costa de robar los bienes, la explotación infantil en la que Fugaku había mantenido a sus dos hijos, así como se descubrió la verdad tras un hecho del pasado, como el robo de un famoso dinero por el cual acusaron al hijo mayor como el causante de sus pérdidas, mientras que aquel dinero, fue a parar a costos de compra y venta de tecnología militares de países extranjeros.

Itachi Uchiha quedó libre de cualquier sospecha al demostrar las pruebas que un hombre anónimo aportó.

Hasta ahora, se mantiene en el anonimato cualquier filtración de la posible identidad. También, gracias a las declaraciones del líder del clan Hyûga y su hija, ha quedado libre de cargos por secuestro Itachi Uchiha, quien mantenía una firme custodia por la policia.

Las posesiones limpias han pasado a manos de los herederos bajo vigilancia, dado que la situación psíquica de la esposa es dudable tras diversos trastornos marcados por violencia de género.

Por ahora, la situación es bastante delicada.

La condena ha sido marcada de cárcel con cadena perpetua sin posibilidad de libertad por buena conducta.

Esperemos en próximas noticias, tener más información de este caso.

Noticias de Konoha.

.

.

Apagó la televisión con un suspiro.

No podía calcular cuántos años hacía que no pisaba esa sala de estar, pero sí recordaba la última vez. No podía decir que era un placer. Al menos, sí podía respirar. Ya no sentía esa presión en la nuca cada vez que se movía o la angustia de qué iba a pasar. No fue un camino fácil y muchas lágrimas se habían derramado para llegar a lo que era en ese momento: libre.

Y no era el único.

Miró hacia la habitación. La cama estaba deshecha y un walkman descansaba sobre la almohada. Algunos posters adornaban la pared. Libros descansaban abiertos de cualquier forma sobre el escritorio y un bolígrafo amenazaba con caerse por el filo de la mesa.

Aquella, estaba seguro, era la primera noche en mucho tiempo que Sasuke pudo dormir a pierna suelta.

Al menos, no tenían ya a la prensa ni a la policía encima. Aconsejó a su hermano quedarse aquel día en casa y descansar, pero Sasuke se negó y se marchó a clases.

Lo más doloroso de ver la casa vacía es que había esperado muchas veces ser recibido por su madre cuando regresara. Nunca habría pensado hasta qué punto estaba agotada mentalmente.

Se miró al espejo de la entrada. Él había sido la causa de todo aquel silencio. Era por lo que había vuelto. Erradicar el mal de su familia. Más tarde tuvo que explicarle a Sasuke todo cuanto había pasado mientras era desconocedor de la verdad.

Tuvo que moverse por zonas peligrosas para descubrir que su padre fue el asesino del hermano de Hiashi Hyûga. Sacar a relucir documentos donde confirmaban las compras de productos militares en mal estado y venta de productos en perfecto estado a la competencia. Gastos no declarados al gobierno y un sinfín de cosas más que garantizaba que su padre no iba a regresar.

Sasuke era libre.

Cuando el timbre resonó, casi sintió cierta añoranza por ese sonido. Miró de nuevo la sala de estar, recordando aquel día en que su padre decidió que la marca de su cinturón quedaría bien sobre su espalda y todavía tenía marcas que le recordaban aquel suceso. La noche en que Itachi decidió que todo había terminado.

Abrió la puerta para encontrarse a Hiashi Hyûga frente a él.

—Señor —saludó haciéndose a un lado invitándolo a entrar.

El hombre no dudó y lo hizo estrechándole después la mano.

—Siento todo esto, Itachi, has tenido que jugarte mucho. Incluso pasando información a mi sobrino —se disculpó.

—No se preocupe. Sabía por qué lo hacía y lo que conseguiría después. Mi hermano es el que tuvo que soportar muchas cosas.

—Intenté protegerlo poniéndolo como prometido de mi hija mayor, pero desgraciadamente, conseguí justo lo contrario —confesó el hombre sacudiendo la cabeza—. A cambio, sólo gané que mi hija me odiara más y que ese niño se sintiera más furioso con todo. Pensé que Hinata conseguiría ablandarlo, pero ella también estaba pasando cosas muy duras.

Por supuesto que no. Sasuke no era el tipo de hombre que se dejara ablandar por una mujer. Al menos, que él supiera. Quizás por unos puñetazos, como había pasado con Naruto, sí.

Sabía que Kisame había obedecido su orden de enviarle a la heredera Hyûga* un mensaje en caso de que Sasuke estuviera en peligro y, por lo que supo en la última reunión, lo hizo, pero quien apareció fue Naruto Uzumaki para socorrerlo. Dudaba que Hinata le hubiera dicho nada, así que debió de ser su hermano. Sí. Era el hombre en quien confiaba.

—¿Qué ocurrirá ahora? —preguntó Itachi.

—Mi sobrino heredará la parte proporcional que le tocaba como heredero —respondió—. El enlace entre tu hermano y mi hija quedará roto.

Asintió. Era lo mismo que había escuchado en las noticias.

—Y…

Se mostró interesado.

—La parte que ha heredado tu hermano y tú, si os parece bien, me gustaría que volviera a ser socia de la mía. Por supuesto, mi empresa pagará los gastos necesarios para levantarla. Así, ambos tendréis ingresos. Puedes tomarlo como el pago por tus esfuerzos y sufrimiento.

Itachi estaba con la boca completamente abierta.

—Si quieres, por supuesto. Como tu hermano es menor todavía, tendrás que hacerte cargo de todo el papeleo y demás, por supuesto. No pediré nada a cambio, como matrimonios ni cosas estúpidas. Mi hija… quiero que encuentre un hombre al que amar. Es lo único que puedo darle a cambio de lo que ha estado sufriendo.

Había hombres que no consideraban una disculpa suficiente. Se preguntó si su hija sería de esa clase de persona. Lo dudaba.

—Será un placer —aceptó—. Pero desgraciadamente, no tengo los conocimientos financieros ni militares para llevar a cabo el trabajo que hacía mi padre. Además, muchas familias respetables que no tenían nada que ver con su obsesión se han quedado en la calle.

—No necesitas preocuparte por ellas, responderé por vosotros, como he dicho, hasta que seas capaz de manejarte por ti mismo. Ahora tendrás que demostrarles a muchos promotores que no eres tu padre. En cuanto a los estudios. ¿Por qué no pruebas en la escuela dónde van los niños?

Itachi lo sopesó. No sería una mala idea apuntarse a unas cuantas clases nocturnas.

—Por cierto —añadió—. ¿Su sobrino está de acuerdo con esto?

Hiashi se cruzó de brazos lentamente.

—Tendrá que aprender a perdonar y sacar lo mejor de él: la paciencia.

Itachi cabeceó afirmativamente. Ya sabía que eso era cierto incluso en muchas otras situaciones. No todo el mundo, sin embargo, tenía nervios de acero para eso.

—Bueno, no te entretengo más. Cuando puedas, ven a mi despacho, sin cita previa, y tendremos una charla y firma de documentos.

Le extendió la mano.

—¿No le supone un problema estrecharle la mano al hijo del hombre que asesinó a su hermano?

Hiashi se tomó un momento para responder.

—Desgraciadamente, nada podrá cambiar el hecho de que tu padre tiene las manos manchadas con mi sangre. Tú, no obstante, no las tienes. Ni tu hermano. Culparos sería algo injusto y negligente por mi parte. Además, dudo que vosotros culparais a Hinata o Hanabi por mis errores.

Negó y se encogió de hombros.

—Sin embargo, los hijos siempre cargaremos con el peso de las acciones de nuestros padres. Ha sido así siempre.

Hiashi apretó los labios y se volvió hacia la salida, mirando la casa.

—Es un buen hogar.

—A partir de ahora, sí.

O al menos, eso esperaba.

.

.

Cuando Sasuke se asomó por el umbral, todos los ojos estaban puestos sobre él. Puede que la mitad de los alumnos no, pero los de aquella clase sí eran conscientes de quién era y qué estaba pasando. Muchos habían desconocido su situación familiar, pero otros sí la conocían y ver que aparecía había sido tanto un alivio como una sorpresa.

Karin no estaba muy puesta en el tema, sólo lo que sabía de oídas y desde luego, Sasuke no se había abierto a ella nunca como para saber exactamente qué pensaba.

Aunque era gracioso ver cómo los hombres empezaban a rodearle alrededor de la puerta, encajándose para todos poder llegar hasta él, darle palmadas de ánimo.

Sólo Shikamaru, quien dormía sobre la mesa y hasta roncaba, no se había despertado para ir. Su cola de piña resaltaba todavía más. Aunque Karin dudaba que no estuviera haciéndose un poco el dormido, ya que cuando Tayuya había entrado y dado una patada a la mesa, ni siquiera se había inmutado.

Eso o estaba muerto.

Volvió a enfocar a Uchiha, que intentaba entrar en la clase, ignorando las sacudidas de Naruto o las preguntas inacabadas de Kiba. Hasta Choûji le ofreció un paquete de patatillas que descartó.

Pero no fue Sasuke lo que continuó llamando su atención. Al contrario que el resto de la gente, sus ojos enfocaron al exterior donde no podía estar segura al cien por cien, pero la figura que acababa de pasar le era profundamente conocida.

Se levantó de sopetón y se acercó al grupo, empujándolos a base de codazos y gruñidos, asomándose.

Lo vio subir las escaleras.

Su primer intento era ir tras él, pero repentinamente, una mujer apareció ante sus ojos, sonriente.

—¿Qué hacéis todos en la puerta? Adentro.

Karin gruñó y se vio arrastrada por los chicos hacia dentro, separándose de la aglomeración hasta sentarse. Ino despertó a Shikamaru a su espalda y este bostezó ruidosamente, miró a su alrededor y, cuando vio a Sasuke, levantó la mano.

Sasuke le devolvió el gesto.

Puso los ojos en blanco. ¿Cómo podían los chicos solucionar algo tan fácilmente?

A veces los envidiaba.

—Bueno, venga, venga. Sentaros todos en vuestros puestos —ordenó la mujer—. Algunos ya me conocen de haber estado en la enfermería. Para los que no, soy Shizune y aparte de ser la secretaria de la directora, me encargo de la salud de los estudiantes.

—¿Nos van a repartir condones? —bromeó Kiba desde el otro lado de la clase.

La mujer parpadeó, inocente.

—¿Los necesitas? De ser así, hay una máquina expendedora en los vestuarios masculinos y femeninos. Puedes hacerte con unos de tu talla.

Kiba enrojeció por la respuesta, carraspeando. La clase estalló en carcajadas.

Shizune sonrió amablemente.

—Venga, chicos. Que ya no sois niños —animó—. Lo que vamos a hacer durante las primeras clases es ir al gimnasio para pasar vuestra inspección médica y actualizar los datos de vuestro historial médico. Y antes de que hagas otra broma que te saque los colores, Inuzuka, no vamos a necesitar la medida de vuestros miembros, gracias.

Kiba abrió la boca mientras los demás reían, levantándose de las mesas para seguir a Shizune.

—Ni siquiera he abierto la boca —protestó mirando a Hinata, quien le dio unas palmaditas en la espalda de ánimo.

Karin sacudió la cabeza.

Para algunos parecía que el crecimiento se les había detenido en el…

—¿No eres Karin?

Se detuvo, mirando por encima de su hombro al hombre junto a Kakashi. El mismo que había visto y tal y como temía, era él.

—¿Suigetsu? —cuestionó.

—Sí —confirmó este acercándose a ella—. Dios, sólo te conozco de fotos. No eres muy diferente.

Genial. Su maldito contacto del móvil estaba ahora ahí, de pie frente a ella y no era justo lo que se había imaginado. Sí, había fotos suyas, pero estas no le hacían para nada justicia.

—¿Qué haces aquí? —dijo enarcando una ceja. Alguno que otro se había detenido para mirar con curiosidad la situación.

—Voy a ser el profesor de natación —se presentó al ver que había más caras interesadas—. Soy Suigetsu, encantado.

Karin se cruzó de brazos, desinteresada y empezó a caminar para seguir a Shizune. Se sentía como un flan y a la vez, enfadada. Suigetsu dejó de prestarle atención para hacerlo con los demás. Levantó la mirada al notar que alguien la escrutaba, sorprendiéndose al notar que Sakura no se había movido.

—¿Estás bien? —preguntó.

Karin desvió la cara.

—Métete en tus asuntos.

No era culpa de ella, desde luego, pero a veces ocultar su genio era difícil. Sobre todo, cuando estaba estresada.

—¡Karin, nos vemos luego!

Ignoró el llamado y continuó avanzando.

¡Eres un profesor, idiota!

.

.

—Muy bien, las chicas iréis a un lado y los chicos al otro —indicó Shizune señalando los biombos—. Y el que ose pasarse un pelo y mirar donde no debe, les enviaré con la directora y me ha dicho que los castigos serán realmente duros.

Los señaló con una mano.

—Y yo también os castraré a todos de hacerlo —añadió—. Tengo licencia y la usaré.

No pasó por alto que parecía satisfecha con esa frase. Puso los ojos en blanco y se dirigió al lado de las chicas con las demás. Ino y Sakura no tardaron en dar el cante, como siempre.

—¿Crees que te habrán crecido algo, frentona? —bromeaba la rubia señalándole el pecho—. Apuesto a que no.

—Cállate —protestó la otra levantando el puño—. El pecho no lo es todo en una mujer. El cerebro sí.

—Claro, claro —asintió irónica Ino girándose hacia los chicos—. ¡Kiba!

Se apretó los senos cuando miró, guiñándole un ojo y lanzando un beso al aire. EL chico, al instante, se cubrió la nariz y casi se desmayó, colorado.

—¡Ino-cerda! —regañó Sakura poniéndose colorada al notar que Lee la miraba emocionado al imaginarse que ella también lo haría—. ¡Eres un demonio!

—Di lo que quieras, pero es cierto. Al hombre no le importa lo sexy que sea tu cerebro cuando estés en la cama, cariño.

—Ni que tuvieras una gran experiencia.

Ambas se volvieron hacia ella a la par. Ino con la boca abierta y Sakura, apretando los labios. Karin sacudió la cabeza.

—Ino, ni siquiera has conocido varón y hablas como si te hubieras cepillado a toda la escuela. Y Sakura, es bien cierto que no a todos los tipos les ponen el cerebro, pero el cuerpo mueve mucho. Lo que has de hacer es explotar los encantos de tu cuerpo para ti, más que para ellos. Algunos tíos, te montan y luego se marchan como si no fueras más que una cualquiera.

Esto último se le escapó. Al sacudirse los cabellos, sin embargo, se encontró con Sasuke mirándola fijamente y no supo si acababa de cavar su propia tumba o no.

.

.

—Creo que voy a llegar al metro ochenta como siga creciendo así, ttebayo.

—¡Venga ya! —protestó Kiba con voz gangosa debido a los algodones que llevaba en la nariz.

Neji sacudió la cabeza mientras los veía discutir a cuenta de la estatura a medida que iban saliendo de detrás de los biombos. Miró su propio papel informativo. Un metro setenta y dos. No era raro, pues la mitad de los varones de su familia eran altos. Aunque para él, su padre siempre lo fue mientras vivía.

El recuerdo le apretó el corazón.

Se apartó del grupo para apoyarse en la pared bajo las cristaleras, fingiendo leer los resultados.

Desde que las noticias y la verdad habían salido a la luz, sentía cierto aire de libertad. No había esperado que fuera tan rápido** y la sorpresa de conocer la verdad tras todo lo que había supuesto, fue desbordante. Incluso ver a su tío inclinándose y pedirle perdón por haberle hecho pasar todo aquel sufrimiento lo descolocó.

De tal forma que se había visto como un inútil sin palabras. Y, aunque imaginaba que cuando viera a Sasuke Uchiha reaccionaría de forma negativa—, cosa que también le había preocupado a Hinata—, no. De él percibió un chico al que habían estado llevando a la oscuridad sin ser capaz de luchar. Casi como fue era él por aquel entonces.

Otra jugada por culpa de los mayores.

Si los miraba de lejos, todos habían sido heridos por ellos. Aunque había casos que no conocía del todo.

Se fijó en su prima, que salía junto a Ino y Sakura de detrás del biombo, colorada como un tomate mientras que Ino le daba palmaditas en los hombros.

—¡Venga, Hinata! No te lo tomes tan a pecho —gritó Ino. A su parecer, adrede—. ¡No es tan grave que te haya crecido aún más el pecho y tengas una talla tan grande!

Hinata parecía querer morirse pero Ino consiguió lo que buscaba. La atención de la gran mayoría de los chicos de la clase se puso sobre ella. Especialmente, se percató, de Naruto Uzumaki.

En seguida, Sakura dio una palmada y un merecido capón a la rubia para desviar las miradas mientras acompañaba a su prima hacia un rincón. Mientras que los demás chicos habían dejado de observarla, Uzumaki continuaba siguiéndola con la mirada, hasta que Kiba soltó otra de sus bravuconerías.

—¿Cuánto mides?

Dio un respingo al escuchar la voz, volviéndose hacia su izquierda. Tenten estaba de puntillas, queriendo ver su puntuación.

—Uno setenta y dos. Es mucho —dijo—. ¿Por qué los chicos siempre sois tan altos? Ni que llevarais un paraguas en el culo.

—En la naturaleza, la gran mayoría de especies cuentan con un macho más grande que la hembra para la reproducción —respondió.

—Bueno, buscaré un chico que sea más bajo que yo para demostrar que eso no es necesario.

—¿Ahora te interesan los hombres? —cuestionó.

Tenten le sacó la lengua.

—¿Acaso pensabas que era lesbiana o qué?

Neji se encogió de hombros.

—Eso no es algo que me importe.

Tenten gruñó como respuesta.

—Estás relajado. ¿Verdad? —preguntó mirando hacia el grupo de chicos reunidos—. Es como si acabaras de quitarte un peso de encima que te impedía respirar.

—Puede.

La chica puso los ojos en blanco.

—Ya, lo soso no se te ha quitado, eso sí.

Neji sacudió la cabeza, casi sonriendo. ¿Sonriendo? Dios, sí que se había liberado.

—¿Y bien? —cuestionó una vez más. Neji la miró sin comprender, enarcando una ceja—. Mi libertad. Te he estado ayudando estos días, me la merezco.

Neji no alcanzó a responder. Uno de los biombos se cayó y la parte de las chicas quedó expuesta, con Tayuya maldiciendo a la enfermera mientras daba patadas a parte del instrumental médico.

—¡Tayuya! —nombró autoritaria Shizune. La pelirroja la ignoró, recogió sus cosas y se volvió hacia la salida—. ¡Espera, has de…!

No sirvió de nada. La muchacha se marchó, cerrando la puerta del gimnasio con un severo portazo.

Tenten silbó a su lado.

—Parece que no está de buen humor. Ayer le dieron una buena paliza —explicó Tenten—. Creo que fue contra Temari.

La nombrada estaba ayudando a Shikamaru a poner en pie el biombo. A simple vista, podía juzgar que no tenía gran cosa más que la que la tirita en su mejilla.

—Perdió —dedujo.

—Sí.

El resentimiento en su voz le hizo recordar los tiempos pasados, donde Tenten y Temari también pelearon y la primera perdió.

—Esa mujer es más fuerte de lo que parece. Meterse con ella fue claramente un error.

Neji le dio la razón.

—Dudo que Tayuya haya huido por eso, la verdad.

Clavó la mirada en ella, curioso. Tenten suspiró.

—Vale. Consideraré mi trato cerrado una vez te diga esta información. No volverás a chantajearme por lo del móvil o por lo de la otra noche —advirtió señalándolo. Apoyó la misma mano en su hombro hasta llegar a su oído—. Tayuya era mi acompañante esa noche y tiene tratos con drogas.

Se apartó, llevándose consigo el olor a canela de champú que le había cosquilleado en la nariz.

—Si dices algo de que te lo dije yo… no te lo perdonaré jamás.

Neji apretó los labios.

—No diré nada.

—¿Mi deuda?

Suspiró, cediendo.

—Eres libre.

Tenten dio un salto, sin poder evitar un grito que captó la mirada de los demás. Lee fue quien se acercó a ellos emocionado.

—No me digan que ustedes están saliendo —anunció a plato y bombillo—. ¡Es genial que ella te pidiera salir!

Ambos abrieron la boca con incredulidad.

—¿Ah?

Espera. ¿Por qué diablos estaba pensando que una mujer sería la que llevara la delantera con él?

Y había otra cosa: de nuevo tenía que ver algo con esa mujer. Toda la clase ya estaba riendo y aplaudiéndoles.

Hasta las profesoras.

Con vergüenza, tuvo que soportar que el famoso condón de Kiba, se lo dieran a él.

Iba a matar a Lee.

.

.

Temari suspiró mientras se bajaba la camiseta. Shizune había revisado el moretón en su espalda al que apenas le quedaba nada de tiempo y tanteado su espalda por si acaso. También la herida en su mejilla y tomado medidas y sangre igual que a los demás.

El escenario que había montado Tayuya para los demás consistía sólo en un biombo caído, pero ella había visto como se había negado rotundamente a que le hiciera una muestra de sangre y, cuando Shizune lo hizo a escondidas, empezó a destrozar todo. Y eso que no había abierto la boca de la causa de los moretones de su cuerpo. Temari nunca habría pensado que terminara haciéndole tanto daño.

Aunque años atrás estuvo a punto de partirle la espalda a Tenten, eran casos diferentes.

Shizune apuntó las últimas medidas en su hoja y se la entregó, sonriéndole amablemente.

—Recuerda ponerte lo que te he dicho en las heridas y, por favor, revisa donde pisas. Si vuelves a caerte en la escuela, ven a verme.

—Lo haré.

Le había mentido. El moretón de la espalda no se lo había hecho al caerse por las escaleras del colegio pero jamás inculparía a su hermano. El de la mejilla claramente era por la flauta de Tayuya. Por suerte, la compresa fría que Shikamaru le diera ayudó mucho a bajar la inflamación y evitar que su cara hoy pareciera un pan hinchado.

—Por cierto. ¿Qué sucede con Matsuri? —cuestionó Shizune mirando por encima de su hombro.

—Ah, no podrá venir —avisó—. Ayer se encontraba enferma y hoy no vendrá.

—Vale, pero dile que llame a la directora cuando pueda. ¿De acuerdo?

—Se lo diré.

Se había encontrado a Matsuri durmiendo en el sofá de su casa en una postura muy rara, cubierta por una manta, una taza vacía que podría haber sido algo de hierbas y, en la papelera del baño que estaba limpia sólo había la funda de una compresa. Si Gaara quedaba descartado y ella no estaba en sus días, sólo quedaba pensar que Matsuri sólo había logrado prepararse eso antes de desmayarse en el sofá. Pero cuando le preguntó, Matsuri se sonrojó y juraba y perjuraba que había sido cosa de su hermano.

Al principio, no se lo había podido creer, pero cuando Gaara regresó aquella noche y le preguntó, captó a ver un leve sonrojo en sus mejillas antes de cerrarle la puerta en las narices.

Quizás Matsuri sí lograra algo que ella no.

Vio que todos estaban enfrascados en mirar a Tenten y Neji, quienes se esforzaban en negar algo que no había logrado captar.

—¿Qué ocurre?

—Al parecer, ambos están saliendo —respondió Shikamaru chasqueando la lengua antes de bostezar—. O algo así.

Temari le observó por un instante, indicando con la cabeza el biombo.

—Menudo huracán de ex. ¿Eh?

—Sí —asintió—. He retrocedido en el tiempo y de nuevo he pasado a ser el que recibe patadas.

Temari no pudo retener una risilla.

—Al menos, no llores.

Él la estudió con la mirada por un instante, como si estuviera sorprendido por algo que no alcanzaba a comprender. Se llevó una mano a la mejilla, recordando el golpe.

—Ah. Gracias a lo que me diste está bien y Shizune no ha preguntado de más. Así que no necesitas preocuparte.

Él parpadeó, como si regresara de un sueño extraño.

—Ah, sí, claro. Cuídate eso.

Se alejó, rascándose la nuca y se unió al resto de los chicos.

—Eh, Temari. Ven, ven —invitó Ino sacudiendo una mano.

Dudó. A veces deseaba estrangular a esa rubia mujer.

—¿Qué nota te han dado? —cuestionó una vez estuvo en su corrillo que parecía haber decidido ignorar el salseo de la pareja. Algo raro, teniendo en cuenta que Ino Yamanaka era la número uno en chismes.

—¿Nota?

—Sí, tus medidas, mujer —respondió impaciente—. Sakura va perdiendo en busto, pero gana en caderas y trasero y peso.

—Cállate, diablos —gruñó la nombrada cruzándose de brazos.

—¿Es una competición? —cuestionó notando que Hinata continuaba echándose aire desde que la viera—. O es que te encanta hacer que las demás llamemos la atención de algún modo.

—Bueno, lo de Hinata sí ha sido adrede —confesó sintiéndose orgullosa—. Pero lo tuyo es por curiosidad. Más que nada porque eres mayor que nosotras y queremos saber si aún creces. No por ofenderte a ti, si no por…

Mira a Sakura de reojo, que le sacó la lengua como respuesta.

—Ah, ya —dedujo—. He crecido, sí —respondió simplemente—. Las mujeres crecemos hasta una edad menor que los hombres. Supongo que ya no crecerá más.

—¿¡Ves!? —exclamó Ino dándole una buena palmada a Sakura en la espalda—. Es cosa tuya y de que no te alimentas bien entonces. ¡Haz algo! O así nunca podrás llamar la atención de Sasuke.

—¿Ese chico tiene alguna preferencia? —se interesó buscándolo con la mirada. Como siempre, acompañado por Naruto—. Nadie lo diría. Siempre han sido chicas diferentes.

—Bueno, cuando éramos pequeñas escuchamos el rumor de que le gustaban las chicas de cabellos largo y por eso cierta persona lo dejó crecer.

—Como que tú no —acusó Sakura sonrojada—. De todas maneras, ya no importa.

Temari fijó la vista en ella.

—¿Cómo que no importa?

—Es complicado de explicar —respondió desviando la mirada—. Sólo eso.

Ino suspiró y desvió su atención hacia Hinata.

—¿Qué hay de ti? ¿Qué harás?

Hinata se señaló, confusa.

—Hace poco dijiste que ibas a dejar de amar a Naruto. ¿No?

El rostro de la chica pasó de pregunta a un gesto doloroso de aceptación. Se apretaba las manos, nerviosa, y movió su cabeza para afirmar lo que ya podían leer.

—No me lo puedo creer. Que lo hagas —remugó Ino.

—¿Qué hay de ti? —intervino Karin que había permanecido callada hasta entonces—. Siempre yendo de flor en flor. Hace poco salías con un superior. ¿No?

—Eso es historia —bufó sacudiéndose la larga coleta—. No tengo tiempo que perder con ex molestos. Hay muchos otros peces en el mar.

—Como Sai —puntualizó Sakura señalando al chico, que levantó una mano mientras sonreía hacia ellas—. Es un pez interesante.

—Para ti —recalcó Ino dándoles la espalda—. Olvidadlo, iré a enterarme del chisme de Neji y Tenten. ¡Aburridas!

Temari sacudió la cabeza.

—Cuando le toca a ella, escurre el bulto.

—No lo sabes bien, Temari. No lo sabes —confirmó Sakura arrastrando la voz.

—A ver, chiscos, pónganse en lista —pidió Shizune levantando la voz y dando palmadas.

Se colocaron en fila, como si estuvieran en pleno entrenamiento militar, hombro con hombro.

—¿Me escucháis bien todos? —asintieron a la vez—. Vale. Estos resultados estarán ya en vuestro historial médico. En esta semana os estaré llamando de ser necesario por vuestras analíticas. Os recuerdo que la enfermería está abierta siempre y que también hay una psicóloga a la que ya conocéis.

Señaló a Rin, que permaneció apartada y levantó una mano hacia ellos.

—No estamos locos —protestó Kiba.

—Nadie lo ha dicho —respondió Rin—. La psicología no es sólo para tratar "locos". Que las personas tengan problemas no significa que estén locos, a todo esto. Si eso es lo que os han contado, os pido que abandonéis esa idea. Las personas que necesitan ayuda no son débiles, están cansadas de lo fuerte que han tenido que ser para que nadie piense que son inútil, débil o cualquier otro adjetivo dañino que consideréis como si fuera importante para las relaciones.

Hubo un silencio arrasador. Todos fingían desviando miradas, moviendo los pies, cambiando de posturas. Todos sabían que sus palabras tenían razón.

—Vamos, vamos, que no os estoy echando la bronca —continuó Rin amablemente—. Pero creo que no os sentiríais cómodos de ir creyendo una cosa que no es. Todos tenéis sueños que cumplir, no podéis permitir que os cuelguen esos sueños en un perchero para no tocar nunca. Pero para comprender y aceptar estos sueños, debéis de empezar a ver el lado positivo y negativo de lo que está bien y mal.

—Y para tener un buen ritmo —añadió una voz desde la puerta. Un borrón verde se movió hasta donde estaban ellos. Lee, a su lado, se emocionó—. ¡Necesitareis experiencia deportiva y cultural!

El profesor de Gimnasia se mostró ante ellos levantando el pulgar. Siempre que lo veía le producía escalofríos.

—Para eso, os vais a estar apuntando a clubs.

Empezó a repartir folletos. Cuando llegó a Lee, le miró a los ojos.

—¡Te espero en el club de lucha, campeón!

—¡Cuente conmigo, Sensei!

Temari puso los ojos en blanco y cuando le extendió el folleto arrugó la nariz sin tomarlo.

—Ya soy delegada y tengo una casa a cargo, no puedo entrar en un…

—Sube nota —interrumpió él.

Temari casi se lo arrancó de las manos.

Silbando feliz, continuó repartiendo, deteniéndose ante Shikamaru.

—A ti te esperan en la sala de ajedrez japonés.

Shikamaru no protestó.

Se detuvo frente a Naruto y Sasuke.

—Y vosotros dos…

—No iremos al club de lucha —negaron a la par.

—Me lo imaginaba. Se ha de tener mucha sangre y fuerza. Escoged bien. De vosotros depende vuestra juventud.

—Tenéis toda esta semana para decidir dónde apuntaros. Podéis ir probando pero nada de armar peleas —advirtió Shizune—. Os sube nota, pero puede bajárosla del mismo modo.

Temari miró el folleto con las diferentes opciones. Eran muy variables y bastante tentadoras. Necesitaba una que no le llamara la atención ni robara demasiado tiempo. Lo importante era ganar ese por ciento de nota.

Y estaba dispuesta a graduarse como fuera.

.

.

Sai mostró el folleto frente al anciano, quien sonrió emocionado.

—¿Estás seguro? Eres joven, quizás quieras jugar detrás de un balón o tirar canastas.

—No, quiero esto —confirmó.

Lo había estado sopesando durante todas las clases que les quedaron tras la revisión y las diferentes preguntas acerca de esta oportunidad que era casi obligatoria. Sólo, descubrió, Matsuri quedaba exenta por tener trabajo y a Ino le rebajaban los horarios de asistencia debido a su deber de ayudar a sus padres en la floristería. Los demás debían de apechugar.

Kiba y Naruto habían querido llevárselo a deportes, pero él lo descartó rápidamente y ninguno se sorprendió cuando les expresó su deseo de entrar en el club de arte. Más bien, casi lo empujaron a seguir adelante.

Cuando el timbre sonó para que abandonaran las clases, no se lo pensó demasiado y fue a apuntarse. Tal y como había imaginado, el viejo Ônoki sonrió satisfecho.

—Bienvenido entonces, muchacho. Aquí no habrá pincel que no encuentres o lienzo en el que no dibujar.

—Gracias —dijo sinceramente.

Se volvió hacia la clase, observando los cuadros de las paredes, los caballetes, taburetes y pinceles.

Aquello era una fantasía pura.

Escuchó una risita provenir del pasillo, pero al mirar, sólo alcanzó a ver un poco de cabello rubio. Extrañamente, el corazón acababa de darle un vuelco.

Pero cuando se asomó al pasillo no había nadie que le interesara.

No, hasta que alguien lo aferró de la parte trasera del cuello.

Su sonrisa resplandecía y sus ojos brillaban con una promesa que sería dolorosa.

—Vamos, gatito. Hablemos a parte, hn.

.

.

Naruto se mantuvo a una distancia prudente mientras caminaba tras ellos. De nuevo, se saltaba el castigo de la vieja Tsunade. No podía negar que no lo hacía aposta, pero es que no tenía la cabeza para pensar en fregar azulejos de piscina o sucios desagües.

Se había alegrado mucho al ver que Sasuke aparecía ese día en clases y no había querido separarse de él, esperando que fuera capaz de salir corriendo en cualquier momento o montar algún pollo diferente.

Había esperado también que repentinamente, como por arte de magia, Sakura y él empezaran a reír y hablarse como dos idiotas enamorados. Y se percató de que con eso pasaban dos cosas: no le dolía tanto como pensaba y no estaba sucediendo.

Sakura y Sasuke parecían dos completos desconocidos que caminaban uno al lado del otro sin ser conscientes. Más bien, si lo pensaba, cuando Sasuke había entrado por la puerta, Sakura no se había acercado como los demás. Se había mantenido a una distancia prudente.

Sasuke tampoco había hecho nada por acercarse, desde luego.

Y lo peor de todo es que estaba tan consciente de ellos que no fue a hablar con Hinata, a la que, por cierto, no conseguía sacar de su cabeza por una condenada razón que no entendía del todo. Quería muchas explicaciones, la primera de todas, el motivo de aquella nota que no había tirado y que sí metía la mano, continuaba rondando por el bolsillo de su pantalón.

Pero si no tenía sus sentimientos claros, no podía esperar que Hinata también. Quizás, ella también estaba sufriendo debido a la causa de haber estado comprometida con ese imbécil de Sasuke. Que sí, que lo respetaba mucho como amigo y compañero de peleas, pero en cuanto al tema de las mujeres debía de reconocerte que lo odiaba un poco mucho.

Había asuntos que tenía que poner en orden. ¿Por qué le había molestado tanto saber que Hinata y Sasuke estaban comprometidos? Aunque ahora ya no, claro. ¿Había sido porque Sasuke no se lo contó, como había pensado inicialmente, o tenía que ver con la extraña punzada que sentía en el corazón?

¿Era realmente tan sencillo cambiar de sentimientos? Porque hacía nada estaba muriéndose por los huesos de Sakura y ahora estaba poniéndose muy cabreado porque esos dos no parecían dar ninguna señal de gustarse.

Además. ¿Por qué Hinata había escrito esas palabras en aquel papel? ¿Por qué estaba rehuyéndole cada dos por tres? Vale, él se había comportado algo frio cuando se enteró de que estaba comprometida, con Sasuke, pero eso no era suficiente como para crear la situación en la que se encontraban.

¿Y por qué cuernos no podía quitársela de la cabeza?

Suspiró, frustrado más consigo mismo que con los otros dos.

Frotándose los cabellos, miró hacia ellos justo cuando Sakura extendía una mano hacia él, algo le golpeó la cabeza. Lo último que vio fue a Sasuke tirar su mochila al suelo y correr hacia él.

.

.

Sakura los vio caer. A los dos.

Sasuke no resistió ni el primer ataque que fue de lleno a sus costillas. Ambos hombres centraron entonces la atención en ella. Atónita, no pudo hacer más que intentar escapar y llamar a la policía. Pero al volverse, su cara dio de lleno contra el pecho de alguien más.

Lo abofeteó con todas sus fuerzas, con el puño cerrado. No sirvió de nada. La apretó de la muñeca y el pañuelo fue directo contra su cara.

Cuando perdió el sentido, él ya la cargaba en brazos.

.

.

Ino dio golpecitos sobre el mostrador mientras veía a su padre ahuecar las flores del jarrón tras cambiarles el agua. El hombre tarareaba alguna canción antigua que le daba cierto dolor de cabeza, pero que había sido una cadena de reacción porque también escuchaba a su madre en la trastienda cantándola.

Aquel día era muy raro. Esperaba llorar más tras lo sucedido con Deidara y era justo, al contrario. Tras llorar lo suficiente con Shikamaru, se le secaron las lágrimas. Lo único que podía sentir era cierta rabia porque ser tan tonta como para dejarse llevar y no darse cuenta de las pistas. Shikamaru había tenido razón: Deidara se la había jurado a Sai y todo porque al parecer, este había visto algo que no debía.

—Papa —nombró. El hombre enarcó un hombro.

—Dime, cariño.

—¿Por qué me negaste dejar que mi compañero de clases me permitiera dibujarme? —cuestionó.

Su progenitor la estudio con la mirada antes de responder.

—Porque parecías muy asustada con la idea y pensé que ese chico sólo quería desnudarte para exponer cuadros de ti en paños menores.

Ino se dio cuenta de lo ridícula que era esa teoría. Sai nunca mostró interés en desnudarla. Sin embargo, Deidara…

Se frotó el rostro, furiosa.

—Me equivocaba. Ese chico es muy bueno en lo que hace.

Estaba segura. Había visto sus obras y se tomaba muy en serio lo que le gustaba. Lo había descubierto sin querer cuando fue a unirse al club de jardinería en el colegio. La oficina estaba justo al lado del club de arte. Sai se había unido, descartando cualquier otro club deportivo y su rostro se había iluminado de un modo muy diferente y por una vez, una sonrisa muy sincera.

Le había parecido hasta atractivo.

—Ahora quiero que me dibuje —confirmó. Miró a su padre—. ¿Te importa?

—Mientras no te quite horas de trabajar en la tienda y no haga nada que tu desees, no hay problema.

Su padre le dedicó una sonrisa amable antes de meterse en la trastienda. La puerta se abrió con el característico tintineo.

—Bienvenidos a… Tú. ¿No eres uno de…?

.

.

Shikamaru estaba seguro de que era él: el hermano de Temari. No entendía bien qué estaba pasando, pero verlo tampoco era para quedarse de brazos cruzados. Había salido tarde tras que Asuma lo retuviera en el club de ajedrez japonés y su plan de recordar dónde diablos le dijo Tayuya que vivía para ir a darle una explicación de lo que sucediera cuando eran niños se había ido completamente al traste.

Especialmente, porque no podía hacer oídos sordos cuando estaban dándole una paliza. O al menos, hasta que el pelirrojo decidió que era suficiente y estampó la cabeza de su acosador contra la pared dejándolo en ese mismo momento completamente en k.o.

Jadeante, se volvió hacia él, limpiándose la barbilla con el dorso de la mano. Cuando sus ojos se encontraron, pareció esperar que le echara algún tipo de bronca o sermón. Pero Shikamaru simplemente decidió que no necesitaba más ayuda y que él solo se valía.

Estaba tan concentrado en él que no percibió la figura detrás de él hasta que sintió el pinchazo en el brazo.

Su cuerpo dejó de obedecerle y sus piernas se volvieron como flanes, dando de bruces contra el suelo. Gaara le miró desde su altura, alejándose cada vez más, volviéndose más borroso.

—Tranquilo, tú no estás en clase y tampoco nos llevaremos a tu hermana. Eres libre.

.

.

Gaara se miró el brazo donde le habían pinchado, apretándolo. Jadeaba, mientras intentaba encontrar el camino de vuelta a su casa. Necesitaba acostarse, encerrarse, evitar caer como cualquier desgraciado en la calle.

No estaba muy seguro de qué había pasado con Shikamaru, ni siquiera habría sido capaz de seguirlo de quererlo.

El mundo empezaba a ponerse demasiado borroso a su alrededor y su cuerpo no le respondía.

Se tambaleó hacia delante y alguien retuvo la caída. Parpadeó para intentar reconocerle.

—Vaya, grandullón, me dijeron que te iban a dejar listo, pero nunca pensé que sería así. Anda, vamos a casa.

Reconoció los rojizos cabellos y la mueca de superioridad. Su primera opción fue empujarla para alejarla de él, pero Tayuya no se lo permitió y tampoco la droga que zumbaba dentro de su organismo.

Cuando lo metieron dentro del taxi, su mente giraba demasiado.

.

.

Tenten abrió la puerta a regañadientes, apretándose la toalla contra su cuerpo. Caían gotas de agua por su cuerpo y empezaban a empapar la moqueta. Sólo esperaba que no fuera alguna otra idiota que apareciera para preguntarle si realmente estaba saliendo con Neji Hyûga. Empezaba a estar ya harta de eso.

Todo por un condenado mal entendido y Lee metiendo las narices donde no debían.

Pero cuando vio quién estaba delante de la puerta no se lo esperaba. Ni siquiera el spray que apuntaron hacia su cara y apenas pudo esquivar. Chocó contra su cama antes de desmayarse.

.

.

Hinata suspiró aliviada cuando su padre y su madre abandonaron su dormitorio. Nunca hubiera esperado que su padre se disculpara de esa forma y tampoco, escuchar aquellas palabras que repentinamente le parecían mágicas.

La palabra era muy divertida y no pudo contenerse, soltando una carcajada y cayendo sobre su colchón.

Era libre. Libre para amar a quien quisiera. Su padre nunca se opondría. Se lo había prometido con aquella cara tan seria que confirmaba que era cierto.

Aunque, si lo pensaba por un momento, quizás tuviera que retractarse. ¿Acaso no existía un motivo por el que su padre y la madre de Naruto se odiaban?

Claro que pensar en ser correspondida si quiera la ponía como un tomate. Nunca había pensado en cómo sería ser su novia fuera de la imaginación porque no había tenido oportunidad o, más bien, no había querido seguir dañándose el corazón ya que iba a tener que compartir vida con otra persona que no fuera el hombre que amaba.

Pero ahora, había cosas que se le escapaban.

¿Cómo empezaba una a salir con un chico? ¿Qué se hacía en una cita? ¿Ella debía de decirle de salir? ¿Debía de llevar comida? ¿Tomarse de las manos? ¿¡BESARSE!?

Estaba tan concentrada en eso, que no se percató de la sombra que acababa de entrar por su ventana hasta que no perdió el sentido.

.

.

Tayuya lo tiró sobre la cama, limpiándose el sudor y jadeando. Parecía que no, pero era bastante pesado, al menos para ella. Escuchó los pasos a su espalda y la respiración entrecortada de Kimimaro.

—Ese tío se ha defendido hasta cuando la droga le hacía efecto, ten cuidado.

Tayuya solo le dedicó una mirada antes de quitarse la blusa.

—Sí, sí. Ahora, si no te importa.

Hizo un gesto cortante que él interpretó y obedeció.

—Bien, hermoso pelirrojo, ahora serás mío.

.

.

Estaban todos. Menos Temari y Matsuri. Desmayados alrededor del único que estaba a un lado, contra la pared. Eran custodiados por varios, entre ellos dos mujeres. Era irónico que de un solo puñetazo sus costillas decidieran dejarle sin oxígeno y perder tanto la dignidad como el orgullo para terminar formando parte de la mierda que fuera esa.

Si tan solo pudiera moverse. Les habían debido de suministrar algún tipo de droga extraña. Y una buena carga como para que Naruto no se despertara tras que lo tiraran como un saco de patatas contra el suelo.

La última a la que trajeron fue a Hinata. Seguramente, porque les habría costado más burlar su seguridad. Hasta Neji estaba ahí y había llegado en un momento diferente, por lo tanto, no estaban juntos cuando sucedió.

Al menos, todos estaban bien, excepto dos a los que no habían dormido.

—¡Basta! ¡BASTA!

Ino forzaba por soltarse de las correas que la maniataban. Estaba echada hacia delante, de rodillas, con la larga cola cayendo a un lado de su cabeza. Su rostro estaba anegado de lágrimas y lloraba desconsoladamente.

Frente a ella, atado en la pared como si fuera un Jesucristo, Sai. No podía verlo bien por culpa de la figura que no dejaba de usarlo como saco de boxeo. Aunque no era muy alto, sus puñetazos acertaban en lugares muy problemáticos.

Y por la forma en que estaba machacándole, a Sai no debía de quedarle mucho tiempo consciente, eso, si no le había roto algo que peligrara su vida.

Intentó moverse pero su cuerpo continuaba sin responder. Era ridículo. Toda su vida peleando y ahora, que de verdad importaba, estaba impotente.

—¡Lo vas a matar!

—Bien, pues que se muera, hn.

—No te pases —dijo otra voz por encima de los llantos y súplicas de Ino—. Ten un límite.

El chico rubio gruñó pero obedeció tras darle un último puñetazo. Luego se volvió hacia Ino, aferrándola del cabello.

—Es tu culpa, cariño. Todo esto. Si te hubieras quedado a escucharme y no me hubieras dejado…

—Esa excusa es patética —dijo una de las mujeres a la que no alcanzaba a ver.

—¿¡Qué sabrás tú!? Llevas con el mismo hombre toda tu vida, esperando el amor con él, aunque te duela.

Esas palabras le hicieron acordarse de Sakura, quien dormía a su lado.

No había tenido tiempo de arreglar nada desde que detuvieron a su padre. Tampoco podía encontrar las palabras exactas. Y de todas maneras, ella era la que estaba actuando ahora de un modo extraño.

Ino volvió a gritar y esa vez, no fue por Sai.

El hombre la había aferrado de la coleta, arrastrándola hasta que quedó frente a Sai, quien se forzaba por mantenerse cuerdo. Le abrió las piernas a base de fuerza y se encajó entre estas.

—Ya, ya, Ino. Estuviste a punto de dármelo gratis. ¿Qué importa si ahora lo consigo así? Y que él lo vea todo, hn.

—Oye —murmuró la mujer—. No pienso colaborar en eso.

—¡Pues lárgate! —gruñó el rubio—. Os metisteis en esto con la idea de ayudarme hasta el final y darles una jodida lección a estas mierdas. Llegan al colegio y se creen dueños de todo, hn.

—Hum. Yo de ti no lo haría.

Notó que las miradas se posaban sobre él. Al cuerno. Al menos lo entretendría mientras pensaba en otra cosa.

—Vaya, este está despierto —anunció uno de los presentes.

—¿Ah? —cuestionó el pequeñajo mirándole—. ¿Y qué? Dormirle de nuevo. Tengo que follarme a esta tipa.

Ino continuó forcejeando.

—¿Ves ese rubio de ahí? —continuó señalando a Naruto con la barbilla—. Tiene cierta cosa que no entiendo del todo con las chicas de la clase. ¿Qué crees que te hará si se entera de que has violado a una de ellas?

El rubio dejó a Ino para saltar por encima de los demás hasta llegar a él, arrodillándose, levantándolo de la camiseta.

—¿Crees que me importa una puta mierda lo que le pase a este tipo con las chicas? Por mí como si cree que todas son de su propiedad o monjitas de la caridad. Voy a follármela, hasta que le sangre tanto el coño que no pueda ni ponerse en pie, hn.

Suspiró. Notaba que parte de su musculatura sí respondía.

Y lo hizo.

Echó la cabeza hacia atrás por las sacudidas, cogiendo impulso, le golpeó en toda la cara.

El abusador cayó al suelo de culo, cubriéndose la cara con ambas manos.

—¡Hijo de puta!

La sangre goteaba hasta por estas.

—Voy a…

—¿Por qué hay tanto ruido aquí?

Sasuke se tensó al escuchar la voz.

—¿Itachi? —exclamó el rubio abriendo mucho los ojos y con voz gangosa—. Mierda. Iros.

Los demás empezaron a desaparecer, escabulléndose entre las sombras. El mismo imbécil también se marchó. Su hermano abrió la pesada puerta de hierro y su figura quedó en medio de la luz que entraba.

—¿Qué diablos? —masculló entrando.

Lo primero que vio fue a tantos alumnos dormidos y reunidos en un mismo lugar. Al percatarse de Sakura y Naruto, lo buscó y al encontrarlo, corrió hacia él.

—No —ordenó señalando con la cabeza hacia la pared—. Llama a una ambulancia. Sai necesita una puta ambulancia.

Ino estaba a su lado. Su llanto había menguado pero el dolor continuaba en el aire.

.

.

Kushina abrió la boca por la sorpresa, mientras que Shikaku Nara hacia una rigurosa reverencia. Era raro que el policía acudiera a su hogar y el terror empezó a abrumarla.

—Mi hijo…

—No, no —cortó el hombre antes de que fuera a más—. No es Naruto. Al menos, yo no estoy aquí por eso. Más bien, es otro tema.

—Ah —suspiró aliviada llevándose una mano al pecho—. ¿Entonces?

—¿Puedo pasar?

—Sí, por supuesto.

El hombre lo hizo y tras descalzarse, caminó hasta estar en el salón. Kushina le siguió, preguntándose qué habría ocurrido y si no tenía que ver con Naruto, empezó a pensar que fueran problemas de matrimonio, pero la seriedad del rostro del Nara no ameritaba a ello.

—Kushina. ¿Cuánto hace que no vas al cementerio a verle?

La pregunta la dejó sin aliento. No esperaba algo así.

—Perdona la franqueza, pero necesito saberlo —explicó Shikaku.

—Yo…

Se sentó en el reposabrazos del sofá, pálida.

—Hace bastante. Dejé de ir por ciertas causas, por Naruto y… porque es doloroso.

Nara asintió.

—Eso significa que hace poco no —recapituló. Kushina asintió, mirándole a los ojos.

—¿Por qué?

Shikaku pareció vacilar por un momento.

—Hace poco recibimos una llamada del cementerio. Nos llamaban porque una tumba fue abierta sin consentimiento. La losa fue rota y el ataúd estaba fuera.

Se llevó las manos a la boca, con las lágrimas quemándole en los ojos.

—Era la de Minato Namikaze y su cuerpo no estaba en ella. Te juro que, si yo mismo no lo hubiera enterrado, pensaría que es de locos. Ni siquiera sé quién diablos querría robar su cadáver. O para qué.

—¿¡Y pensaste que yo haría la locura de llevármelo!? —explotó—. ¿¡Te crees que estoy tan loca!? Dios, amaba a mi marido. ¡Pero no hasta el punto de llevarme su cadáver! Más te vale que encuentres quién se dedica a robar cuerpos del cementerio y lo empapeles, Shikaku.

—E-Ese es el problema, Kushina —tartamudeó asustado—. Fue el único cadáver que se llevaron.

Kushina no lo comprendía. Para nada. Tenía la cabeza embotada con muchas supersticiones. La primera, hasta que su familia quisiera hacerla sufrir incluso entonces.

Estaba a punto de proponérselo cuando el móvil de Shikaku sonó. El detective le dio la espalda para responder, soltando un taco y mirándola.

—¿Lo han encontrado?

—No —negó colgando—. Lo que han encontrado es a Naruto, mi hijo y toda su clase encerrados en uno de los edificios de la escuela, drogados y maniatados.

Kushina se volvió hacia la puerta, quitándose el delantal y tirando la espátula sobre el sofá.

—¿Qué esperas? ¿Una invitación? —gruñó hacia el hombre—. ¡Vamos!

Lo de su marido podía esperar.

Al fin y al cabo, él ya estaba muerto.

.

.

—Cuando dijimos de asustarles, no era esto —protestó Konan cruzándose de brazos—. Lo que estabas a punto de hacer… ¿Has enloquecido?

—No necesito que me des explicaciones —protestó Deidara mientras que le curaban la herida—. Joder, duele, hn. Si Itachi no hubiera llegado…

Pain sacudió la cabeza y miró a su novia de reojo, que no paraba de farfullar en voz baja. Deidara tenía la nariz rota y a simple vista, iba a quedarle una secuela de ello.

—Además, la rubia hablara y el pintor también. Te recomiendo marcharte de la ciudad antes de que todo estalle. O, al menos, antes de que Itachi quiera partirte la cara, por ejemplo.

—Mejor que no se mueva de donde está.

Pain miró por encima de hombro hacia los árboles. Mientras que las luces de las ambulancias y los profesores corrían en dirección al edificio, Itachi estaba de espaldas a él y no necesitaba un libro de explicaciones para saber que estaba muy cabreado.

Deidara palideció pero Itachi no se movió.

—¿No vas a golpearme? —cuestionó.

—No —negó—. Aunque no me falten ganas.

—¿Entonces? —cuestionó Pain.

—Mi hermano te avisó. ¿Verdad? —inquirió tranquilamente—. Habéis querido jugar con unos chiquillos, pero habéis cogido a la clase equivocada.

Pain dudó. Por un solo instante.

Si Itachi tenía razón, aquello iba a ser una batalla.

Continuará…


*: Para los que no lo recuerda, en anteriores capítulos Hinata recibió un mensaje una noche que no podía dormir y fue la noche en que le dieron la paliza a Sasuke.

**: en realidad ha tardado 11 capítulos en salir a la luz, no es tan corto como parece XD.