Bien, después de que me tardara 2 días leyendo el fic de nuevo para que no se me escapara nada xD, acá la actualización.


Os dejo un resumillo:

Finalmente ha salido a la luz la verdad tras los Uchiha y eso ha provocado que tanto Sasuke como Hinata puedan romper su compromiso y ser libres. Sasuke tuvo un momento de oscuridad, cargado de todo y dijo unas palabras muy crueles a Sakura que la afectarán de sobremanera. Hinata había decidido renunciar a su amor por Naruto tras escuchar los esfuerzos verdaderos que hacía su padre y ver que su matrimonio con Sasuke continuaba, pero ahora finalmente es libre para amar. ¿Qué hará?

Neji y Tenten se ven envueltos en un mar rumor por culpa de Lee y ahora todo el mundo cree que están saliendo juntos. Gaara quiere quitarse de encima a Matsuri porque sabe que está cambiándole de alguna forma, trayendo viejos recuerdos a su mente y amenaza con violarla pese a que no lo haría. Cuando se quedan a solas, Matsuri cae desmayada a causa del dolor de sus días y Gaara demuestra que era algo de boquilla, ayudándola.

Temari tiene un enfrentamiento con Tayuya a causa de que esta última no quiere que le diga a Shikamaru que la pilló a punto de acostarse con su hermano. Tayuya pierde y además, es escuchada por Shikamaru, quien obviamente rompe con ella y se va con Temari para darle las gracias y ayudarla con sus heridas.

Ino descubre que Deidara la estaba utilizando y corta con él dramáticamente, lo que ocasiona que Deidara decida tomar venganza y arrastre a Pain en ello. Secuestran a toda la clase, torturan a Sai y estuvo a punto de violar a Ino.

Ahora, la clase quería venganza…


ºRoturas cap 13º

Miedo y orgullo


El miedo hace que la persona fuerte caiga.

El orgullo que la persona más simple erre.


La sala de urgencias era un caos.

La enfermera los reconoció. Eran los mismos chicos que habían estado ocupando la habitación de Haruno cuando estuvo ingresada. Y ahora todos estaban en camillas, vomitando y mareados. Algunos intentaban levantarse, furiosos hasta tal punto que tuvieron que maniatarlos.

El más grave estaba siendo operado y todos se empeñaban en ir hasta el lugar de espera. Sabía que la misma Tsunade, la directora de la prestigiosa universidad, estaba operándolo, así que imaginaba que era un caso especial y peligroso.

Lo primero que había pensado es que se trataba de drogas. Una fiesta que se había ido de las manos y la intoxicación se esparció entre todos ellos. Que las cosas se habían ido de la mano y por eso el chico herido.

Sin embargo, los análisis indicaban que fueron drogados y por lo que había escuchado, el chico al que operaban estaba maniatado cuando lo bajaron.

—Escucha, ven rápido. El chico rubio vuelve a estar activo. Tendremos que…

Una mujer pelirroja se acercó a ellas como un huracán. Golpeó la mesa con ambas palmas y hasta el pez que cuidaban se escondió en su pequeña cueva.

—Ese chico rubio que nombran, es mi hijo. Yo le calmaré.

—Señora, esto es urgencias, no puede…

—Si me lo impide mi hijo os llevará por delante. No conozco los detalles todavía, pero por sus gritos sé que está furioso. Soy la mejor opción.

En eso debía de darle la razón. Hizo a un lado la puerta para darle permiso mientras su compañera abría mucho los ojos.

Cuando la mujer entró, el muchacho clavó la mirada en ella. Estaba colorado por el esfuerzo de soltarse y pese a que amenazaba con desmayarse, su boca se abrió.

—Juro que me vengaré —dijo.

La mujer asintió y se acercó para tomarle con sumo cariño las mejillas.

—Lo sé, pero ahora no puedes ir a una guerra sin armas ni soldados. Mira a tu alrededor, Naruto. ¿Crees que eres el único que busca aclarar esto? Mira bien.

El muchacho miró a su alrededor, más calmado. A su lado había otro chico moreno que también causó algunos problemas mientras los traían, queriendo asegurarse de que todos estaban dentro y olvidándose por momentos de él. Su cuerpo estaba dañado por otras heridas, pero parecía menos intoxicado que los demás y más despierto.

Al otro lado, otro chico moreno mantenía los puños apretados sobre sus piernas, sentado. Fue un poco más racional y no tuvieron que maniatarle, pero igualmente parecía dispuesto a saltar si el chico rubio decía que saltaran.

Muchos otros estaban tensos en la cama, incluso algunas chicas. La única que había llegado despierta y mucho menos herida estaba esperando noticias sobre el paciente grave, hecha un manojo de nervios y llorando a mares.

—Sí, perdón, yo también pasaré.

Un hombre que se asemejaba mucho al chico de la segunda camilla entró mostrando una placa de policía. Se acercó hasta el chico y le dio una palmada suave en el hombro. Algo de hombres, muy suyo. Aunque se notaba la preocupación paternal en sus ojos.

—Tenéis que contarme lo que ha ocurrido —dijo pausadamente—. Os han secuestrado y eso es cosa de la policía.

—Esta vez no —negó el chico rubio.

El policía suspiró pero no presionó. Miró al que parecía ser su hijo, que cabeceó afirmativamente y se encogió de hombros.

—Esto seguramente no le gustará a Tsunade.

Ninguno dijo nada, ni siquiera la mujer pelirroja. La enfermera, por supuesto, no entendía por qué le daba tanta libertad a su hijo con amenazas y promesas de venganza. No, a todos. Porque todos tenían la misma mirada. Menos una de las chicas. Parecía la más sensata y tranquila. Y un poco niña de mamá y papá, cosa que confirmó cuando un hombre de aspecto severo y su mujer aparecieron.

—Quiero ver a mi hija, Hinata Hyûga —aseveró de tal forma que la enfermera no pudo negarse.

Lo guió hasta el lugar y en el camino, el hombre se detuvo frente al policía inclinando la cabeza.

—Gracias por avisarme, Nara.

El nombrado inclinó la cabeza como toda respuesta y retomaron sus pasos hasta la cama. La chica se había puesto más pálida de lo que ya estaba y estaba empezando a disculparse cuando el severo hombre la abrazó. Tan repentino que hasta a la chica se le escaparon las lágrimas.

—¿Papá?

—Está bien, Hinata. Está bien.

Cerró la cortina para darles intimidad. Se volvió hacia los otros dos adultos.

—¿Algún familiar más que venga? —cuestionó con cierta reticencia—. Los tendrán que atender ustedes. No puedo tener tanta gente entorpeciendo a mis enfermeras. La salud de sus hijos está en juego, así que espero que puedan comprender.

Nada más decir eso se percató de que en la puerta había otra persona. Suspiró acercándose.

—¿Los chicos de 2-B?

El hombre sonrió bajo la máscara.

—Sí, por favor.

.

.

Ino colgó tras avisar a sus padres. Kakashi le sonrió amablemente y le dio una palmada de ánimo aceptando su móvil de regreso. Se sentía horrible y no sólo por el cansancio. Emocionalmente estaba rota. Cada vez que recordaba lo sucedido o cerraba los ojos no podía ver otra cosa que a Sai, gravemente herido y después… a Deidara sobre ella.

Dios santo, si Sasuke no hubiera intervenido yo…

Le daría las gracias en cuanto lo tuviera delante.

—¿Han dicho que regreses? —cuestionó el profesor sacándola de sus pensamientos.

En realidad, desde que había llegado para ver cómo se encontraba le resultaba como un salvavidas para no caer en más en el llanto que no podía detenerse.

Asintió con la cabeza y se sentó a su lado.

—Les he dicho que no. Estoy bien —aseguró. Incluso la enfermera lo había confirmado y aconsejado de la posibilidad de necesitar ayuda profesional. — Estoy esperando a que algún familiar de Sai aparezca.

Kakashi cambió la postura y colocó su pierna sobre la otra masculinamente.

—No vendrá nadie —explicó. Ino no ocultó su sorpresa—. Sai tenía un hermano mayor que le mantenía. Murió hace unos años.

—Y cómo ha… —farfulló sorprendida. No sabía nada.

No, se había esforzado en no querer saber nada. Seguramente, si le hubiera preguntado Sai se lo habría contado. A ella sí.

—Vendiendo lo que mejor sabe hacer.

Kakashi le entregó la carpeta que había mantenido a su lado. Hasta ahora no se percató de que era de Sai, así como la mochila a su lado. La abrió con cierta duda.

—Esos son algunos de los dibujos. Pero creo que otros no pensaba venderlos jamás —le susurró.

Puso una mano en su hombro y se levantó.

—Iré a ver cómo van las cosas con los demás —dijo antes de marcharse—. Después volveré.

Asintió sin prestarle mucha atención, ignorando la sonrisa cargada de intenciones de su profesor.

Abrió la carpeta lentamente y empezó a pasar con mucho cuidado los dibujos. Desde paisajes hasta chicos uniformados. Un dibujo en cuestión llamó su atención. Reconocía el árbol donde le vio rebuscar y. Un chico estaba sentado en el suelo magullado y otros tres estaban de pie frente a él. Reconocía la coleta de Deidara, el cabello característico del otro chico y al chico pelirrojo que viera una vez hablar con Temari y otra con Naruto, algo más apartado y con un aspecto desinteresado.

Ahora comprendía sus palabras, sus advertencias.

Y ella había sido tan tonta de no darse cuenta, de mal pensar las cosas, que las acciones de Sai tenían un porqué.

—Oh, Sai…

Pasó la hoja lentamente, sorbiendo por la nariz. Una nueva imagen aparecía, pero un lienzo sin terminar. Era una chica de cabellos largos mirando por la ventana de una clase. De espaldas al dibujante. Parecía la típica escena de un shojo en el que alguien caracterizaba a la chica que le gustaba.

Acercó más el dibujo. Parpadeó. Incluso se frotó los ojos para disipar las lágrimas por si no veía bien.

No importó cuanto lo hizo: la chica soñadora era ella.

Intentó hacer memoria. Era un recuerdo antiguo, antes de que la expulsaran del anterior colegio. Era verano y ella se había quedado para copiar los deberes de Shikamaru con la esperanza de mejorar sus notas. Se distrajo mirando al exterior por un instante. No recordaba que Sai estuviera ahí ni que la viera.

Pasó a más imágenes de aspecto antiguo, con algunas marcas borradas o repasadas para conservar el dibujo. Una de ella sentada junto a otras chicas, sonriente, en uniforme deportivo. Una en su floristería dando la bienvenida a alguien.

Y luego, ya eran bocetos distintos. Iba perdiendo calidad en cuanto al rostro se trataba, hasta que aparecían los que no tenían cara y, finalmente, algunos sin terminar. Repetidos incluso. Como si fuera la frustración de un artista que no sabe cómo continuar.

Seguramente ocurriera en el tiempo que insistía en pedirle que modelase para él. Y ella había pensado como una idiota que era insistente, que no tenía importancia y que él no valoraba o veía como realmente era.

¡No había hecho otra cosa más que verla realmente! Incluso mejor que ella misma se veía.

No pudo retener las lágrimas de nuevo y esa vez, fue por tantas cosas, por Sai, por lo tonta que era, que no podía pararlas.

La luz de operación se detuvo y Tsunade salió a los pocos minutos, en uniforme y con cara de agotamiento. Se sentó a su lado y puso su mano en su hombro.

—Está vivo, Ino. Está vivo.

Y ella asintió sollozando.

.

.

Una vez más, todos comenzaron a llenar la habitación del paciente. La enfermera no daba a basto con las miradas en advertencia, pero todos estaban en un mutismo que asustaba. Ninguno de ellos abrió la boca para exigir comida, para recalcar que sus cuidados no eran suficientes. Permanecían en silencio junto al joven y sólo salieron cuando acudieron para cambiarle los vendajes.

Estaba hasta asustándole su comportamiento. Ellos deberían de haber regresado a sus hogares para que sus padres pudieran abrazarlos y alegrarse de que continuaran vivos y, sin embargo, estaban ahí como si de un funeral se tratara.

Incluso les había advertido que eso podría hacer mal al paciente y ellos no se inmutaron. Sólo se movieron para poner la mano en el hombro de la estudiante que no se alejaba del muchacho y que parecía un alma rota.

Cuando finalmente ellos se movieron al unísono fue cuando amaneció.

El rubio alborotador se apartó de la pared en la que había estado apoyado.

Sólo tuvo que decir una palabra:

—Vamos.

Desaparecieron lentamente, en silencio, asintiendo silenciosamente. Sólo la chica se quedó ahí. Los demás fueron fantasmas que apenas parecieran que estaban.

.

.

Itachi se lo había dicho y no mentía.

Habían despertado a un demonio dormido. La fama que poseían no era mentira.

Pain había peleado mucho tiempo. Batallas que siempre había ganado y que no le costaron demasiado de ganar. Siempre apoyado por los demás. Y, sin embargo, estaba cayendo a sus pies, de rodillas, mientras que sólo quedaba un vencedor.

Y había estado ganando mucho antes. Estaba seguro de lograrlo hasta que pasó aquello. Podía entenderlo como hombre enamorado pero jamás pensó que fuera tan intenso hasta el punto de hacerle morder el polvo.

Maldito fuera Deidara por convencerle. Maldito fuera él por no escuchar ni a Konan ni a Itachi.

.

.

1 hora antes.

Sasuke se detuvo al escuchar su voz. Un leve susurro, pero fue suficiente para que llegara a sus oídos. Había esperado que ese momento llegase en algún instante. Suponía que, ahora que ambos eran libres la cosa debía de ser muy diferente y aunque lo había rumiado mucho, llegó a la conclusión que disculparse podría ser posible.

El secuestro de la clase la había llevado también a estar presente y si lo pensaba detenidamente, Hinata Hyûga tenía muchos más problemas que estar sólo prometido con él.

Ella le sorprendió cuando se detuvo para rebuscar algo dentro del bolsillo de su falda. Al parecer, había estado guardándolo con sumo cuidado. Cuando se lo mostró, casi soltó una carcajada irónica.

—Lo siento, lo mantuve conmigo esperando la ocasión para entregártelo.

Sasuke miró su móvil entre sus dedos.

—Lo tienes desde entonces —murmuró estirando el brazo para tomarlo.

—Sí, lo siento.

Negó con la cabeza.

—No necesitas disculparte. Tampoco lo habría usado y fue mejor no tenerlo.

Ella no lo comprendió, por supuesto. No entendía lo que había tenido que pasar. La oscuridad de la soledad que lo llevó a dejar atrás incluso a su mejores amigos, a dañarlos. Un móvil no habría marcado la diferencia nada más que ver las llamadas reflejadas de aquellos a quienes le importaban. Y, por supuesto, eso le habría afligido todavía más.

El no tenerlo le había salvado también, así que Hinata había hecho un buen acto sin saberlo.

No le extrañaba que Naruto estuviera interesándose en ella.

Hasta ahora no había querido mirarla ni prestarle atención. Cualquier cosa que tuviera que ver con su presencia le irritaba. Y ahora, se daba cuenta de lo idiota que había sido. La había rechazado porque ella también era capaz de crear ese efecto calmante en él.

—Puede que sea un idiota —dijo sin pensarlo mientras le daba la espalda—, pero ten paciencia.

Hinata no sabía a qué se refería por la forma en que su rostro se mantenía perplejo. Sasuke esperaba que más tarde lo comprendiera, al menos. No era de decir frases porque sí y menos dar esperanzas.

Se imaginó que Hinata regresaría a su casa y que no les seguiría en busca de la venganza prometida. Sasuke no podía olvidar lo que había pasado y el hecho de haber estado despierto antes que los demás y ser un inútil. Estuvo a punto de costarles una vida.

Diablos, en el hospital había uno de los suyos que estuvo cerca de la muerta y otro que no podía cesar de llorar.

Así que se preguntó por qué ella los estaba siguiendo. Hinata no había peleado nunca y tampoco solía formar parte de esas cosas. Miró al primo esperando que decidiera que era mejor no meterla en eso, pero este estaba caminando junto al resto y por la postura que su cuerpo iba acomodando estaba dispuesto a pelear como los demás.

Sakura también estaba allí y realmente no la quería ahí.

Era algo confuso y complejo porque siempre había estado cerca de sus peleas y generalmente tenía que detenerlas de algún modo. Esa vez no.

Había caído sin poder protegerla y se dio cuenta que eso nunca había pasado antes y que le dolía más en el orgullo que nunca. Esa vez prefería que algo así no pasara.

Caminó hasta llegar a su altura. Ella dio un respingo al percatarse de su presencia.

Sasuke se metió las manos en los pantalones.

—Deidara es mío —le prometió.

Avanzó hasta dejarla atrás para llegar a la altura de Naruto. Sabía que su amigo estaba furioso, que no atendería a razones y que contaba con ellos.

—Deidara —le dijo mientras caminaba.

Uzumaki sólo asintió lentamente.

—Ino lo merece —añadió Shikamaru desde el otro lado—. Cuento contigo, Sasuke.

Solo cabeceó una afirmación que fue suficiente. No se alegraba de lo que le había hecho a Shikamaru en su momento. Sabía que era un cerdo impetuoso que se equivocó. Quizás unas palmadas y un estrechamiento de manos fueran valorados, pero luego había un camino nuevo que recorrer para volver a ganarse el respeto y no pensaba fallarles.

Cuando llegaron al parque, Itachi estaba esperándoles. Su hermano suspiró.

—No vayas a detenernos —le dijo. Itachi se encogió de hombros.

—Soy un mero espectador —aseguró. Le dio una palmada en el pecho a Kisame, que estaba con él, y ambos se apartaron.

Deidara, Pain y su grupo comenzaron a llegar.

Itachi seguramente había concertado esa reunión y por la forma en que miraba a uno y otros comprendió que sí.

Pain era claramente el cabecilla, el hombre que seguramente terminaría peleándose con Naruto.

Deidara, sin embargo, permanecía a un lado, de costado a ellos y con el mentón levantado. Ese condenado parecía no tener una pizca de culpabilidad en el cuerpo. Apretó los puños cuando los gritos de Ino regresaron a sus oídos, los quejidos de Sai mientras estaba siendo maltratado.

A Sakura mirándolo asustada.

—Las chicas será mejor que las quites de en medio, Uzumaki.

Pain señaló hacia ellas. Tenten arrugó los labios en protestas pero siguió a las demás cuando Neji las guió, concentrándose en Hinata.

Uno de los chicos del otro equipo, pelirrojo, pasó de largo.

—¿Sasori? —gruñó Deidara al verle.

Shikamaru parecía haberse tensado mirándole con una fijación extraña.

—No voy a pelear por culpa de tu estupidez e incomprensión de que las personas no son obras de artes que puedes manejar a tu antojo, Deidara —respondió el nombrado—. Además, afectaría a mi prima.

Al decir eso, miró hacia Shikamaru, dedicándole una sonrisa petulante.

—Y tengo trabajo.

Deidara estuvo un buen rato soltando tacos hacia él mientras se alejaba. Incluso le dio una patada a una lata en el suelo que le golpeó el hombro. Sasori sin embargo lo ignoró.

Las dos mujeres que estaban en el grupo de Pain también se separaron y se sentaron en uno de los bancos, junto a Itachi. Incluso una de ellas que parecía conocer bien a su hermano intercambió algunas palabras que logró sacar una muy leve sonrisa a Itachi. Sin embargo, sus ojos no tardaron en fijarse en Pain.

Nadie dio una señal de comienzo. No la necesitaron.

Ellos estaban llenos de resentimiento. El equipo de Pain de orgullo.

Cuando golpeó, Deidara no parecía estar siquiera preparado para ello. Si pensaba que iba a retenerse sólo por haber llegado hasta eso de una forma organizada, estaba muy equivocado.

Deidara se levantó escupiendo la sangre.

—Digno hermano de Itachi —felicitó—. Dime. ¿Tanto te ha molestado que tocara a esa mujer, hn? ¿Qué crees que quería hacer ella conmigo? Se puso sola en bandeja.

Sasuke simplemente le miró sin interés.

—Y ese estúpido mirándome por encima del hombro, creyendo que era mejor que yo el muy estúpido. Se lo merecía.

En realidad, no podía decir mucho de si Sai se merecía una paliza o no. Por suerte o por desgracia, su relación no había sido tan cercana como para llegar a entender del todo al chico. Pero sí había visto cómo miraba a Ino y cómo se había comportado con Naruto. Eso bastaba.

Y era suficiente como para volver a golpearle. Una y otra vez.

Lo había sujetado de la garganta cuando escuchó un grito general. Al volver la mirada vio a Naruto atascado contra uno de los árboles. Su ropa se había quedado atascada por las ramas sobresalientes y mal cortadas. Un poco más y podría haber sido atravesado por ellas. Se aferraba el estómago con ambas manos y tenía cara colorada por el esfuerzo.

Sasuke no podía creerse que estuviera perdiendo.

Por culpa de su distracción, Deidara golpeó con el codo sus costillas y fue algo que le hizo ver las estrellas por un instante, dejándole sin respiración. La patada en su barbilla no ayudó y de ver el suelo pasó a ver el cielo cuando su espalda dio de lleno contra el suelo.

Kiba y Shikamaru no estaban en mejor situación y aunque Chouji parecía estar ayudándole en lo mejor que podía, les estaba costando, especialmente, tras que escucharan el suspenso por Naruto.

Neji pasó por encima de él para golpear a otro sujeto y echarlo hacia atrás. Aquel tipo continuaba siendo bueno. Se olvidó de Naruto concentrándose en su presa y como si los demás entendieran, retomaron sus peleas.

Sasuke decidió que era mejor dejarse de gilipolleces. Si quería tirarse a tomar el fresco y ver nubes como Shikamaru podía hacerlo cualquier día.

En ese momento tenía que patearle el trasero a un imbécil egoísta.

.

.

Naruto no había esperado que fuera tan fuerte. Ni siquiera la rabia que estaba cargando dentro de él parecía suficiente. O quizás era eso, estaba tan furioso que era incapaz de pensar coherentemente. Hinata no podía ver más cómo Pain tomaba ventaja de su situación, atrapado contra el árbol y usarlo como saco de boxeo.

Que Neji no estuviera reteniéndola y que los demás estuvieran completamente absortos en las demás peleas o sorprendidos porque Naruto estuviera perdiendo quizás le dieron las alas suficiente.

La base principal era lo que sentía por él.

Actuó sin pensarlo.

Alguien gritó su nombre detrás de ella, no estaba segura, parecía Sakura. Sus manos no llegaron a detenerla y aunque las miradas se centraron en sus acciones, nadie logró pararla.

El puñetazo le dio de lleno en la mejilla pese a que logró empujar al mayor hacia un costado. Cayó de bruces contra el suelo.

—¿¡Hinata!?

La voz de Naruto resaltó entre los demás. Hinata se incorporó para mirarle, llevándose las manos al vientre donde sus heridas parecían haberse abierto y el labio que sangraba.

—Naruto-kun, tú no eres así, no has perdido nunca de este modo. Piensa, por qué lo estás haciendo, lo que han causado y no te dejes llevar sólo por la rabia. No estás solo en esto. Los demás saben arreglarse bien y se levantarán las veces que haga falta para luego tenderte una mano. Sé mejor que nadie cómo eres, los esfuerzos, el dolor que cargas. En esta batalla no estás solo.

Naruto guiñó los ojos varias veces. Sus palabras parecían haber disipado la cortina que cubría sus emociones. Le sonrió.

—Lo sé bien, porque yo siempre te he observado. Porque tú… tú me…

Antes de que pudiera terminar su frase Pain le tiró del cabello. La mantuvo en alto y sus ojos se clavaron en ella con sumo desinterés.

—Y por esto las mujeres deberían de permanecer lejos de las batallas. Algunas creen que pueden ganarlas sólo con palabras.

—¡Suéltala! —exclamaron dos voces a la vez.

Naruto y Neji. El segundo recibió un puñetazo de su atacante que lo hizo reaccionar. Naruto forcejeaba con los agarres del árbol. Cuando se libró fue como un huracán amarillo moviéndose contra Pain.

Hinata no logró ver todo. Al caer de bruces una vez más el dolor de sus heridas provocó que perdiera el sentido. Cuando despertó, Sakura estaba sobre ella apretándole el vientre con cuidado y gritando algo que no comprendió. A sus pies, Naruto estaba de espaldas a ella, con la camisa del uniforme ondeando al viento y frente a él, Pain, de rodillas antes de caer sobre sí mismo (1).

La mujer que se apartara de ellos momentos antes corrió hacia él, abrazándole y gritando que era suficiente. Hinata parpadeó, al ver que Naruto miraba a su alrededor.

Los demás chicos fueron reuniéndose y acercándose. Neji se arrodilló junto a ella para sostenerla y Sakura la abandonó tras asegurarse que estaba bien para acercarse a Naruto y Sasuke. El moreno asió del hombro a Uzumaki y Sakura del brazo, echándolo hacia atrás. Hinata no podía verle la cara desde su posición pero pensó que aquello debía de ser necesario.

—No vuelvas a tocar a nadie de mi familia —gruñó Naruto mirando desde su postura a Pain. Su voz sonaba algo más gutural, tanto que hasta ella se estremeció—. Y reza porque Sai no muera, Deidara.

El nombrado estaba tirado sobre el césped, por su mejilla resbalaba sangre y una de sus muñecas estaba girada de una forma realmente dolorosa. Shikamaru se acercó hasta ellos.

—Llamaré una ambulancia —informó y al verla—. ¿Pido también para ti?

Hinata negó antes de que Neji hablara.

—La enfermería será suficiente.

Nara asintió y les dio la espalda sacando el móvil. Se percató que su rival estaba dentro de una zanja intentando salir. No entendía bien cómo Shikamaru fue capaz de meterlo ahí dentro, pero no iba a dudar de sus tácticas. Al fin y al cabo, aunque Naruto había terminado ignorándolo al final, Shikamaru les había ido dando pautas a seguir mientras avanzaban hasta el parque.

Era un buen estratega. O el mejor.

—Vale. Creo que ya os habéis vengado lo suficiente —dijo Itachi levantando la voz—. Ahora, iros a clase. Yo me encargaré de ellos.

Sasuke lo miró y tiró de Naruto para arrastrarlo en dirección a la escuela. Ella se incorporó con ayuda de Neji y Kiba, quien le ofreció el hombro.

—¿Estás bien, Hinata? —cuestionó Tenten caminando cerca de ellos.

—Sí. Lo estoy.

Naruto avanzaba delante de ellos como si no fuera capaz de ver realmente hacia dónde iba. Jadeaba y apretaba las manos en puños que luego abría. Sakura tomó una de ellas y sopló sobre sus nudillos.

—También vas a ir a la enfermería —ordenó.

Naruto asintió a regañadientes. Hinata se dio cuenta de que no miró a Sasuke en ningún momento. No. Más bien se esforzaba por no hacerlo. Quizás había cosas que a ella se le escapaban. Al fin y al cabo, aquel día en que decidiera que era suficiente de amar al Uzumaki, Sakura también les abrió su corazón y también parecía dispuesta a rendirse.

Se preguntó si aquello sería culpa de ella y Sasuke, de sus padres, por el fallido compromiso que ahora le parecía una pesadilla lejana. Incluso Sasuke parecía más aliviado, más amable incluso. Y aunque sus palabras continuaban rondando por su mente y no las comprendía, Hinata presentía que habían querido decirle algo importante que debía de descifrar.

—Por cierto —señaló Choûji repentinamente—. Temari no estaba por ningún lado. ¿Verdad?

Fue Shikamaru quien respondió.

—A ella no llegaron a secuestrarla. El tipo que me cogió a mí le escuché decir a Gaara que a ellos los dejaban en paz. Seguramente por Sasori.

—Espera. —Kiba levantó una mano rascándose la cabeza—. ¿Has visto a Gaara?

Shikamaru asintió como si intentara recordar aquello de forma más clara.

—Eso creo.

—¿No estaba enfermo? —cuestionó Shino al que apenas había notado—. Al menos, eso dijo Temari el primer día.

—Sí —recordó Neji.

Shikamaru sólo se encogió de hombros y no le dio más importancia a la conversación. Hinata se percató, en silencio, que todos tenían sus propias cosas. Cargaban con una mochila en la espalda llena de piedras y cada una de ellas tenía una palabra escrita. Algunas eran dolorosas, más pesadas que otras, más ligeras, pero ahí estaban.

Ella llevaba la suya propia y hasta ahora era muy pesada. Se había aligerado de sobremanera hasta el punto en que finalmente podía abrazar a su padre y llorar en sus brazos sin sentir miedo. En perdonarle pese a todo, comprendiendo que siempre hubo un motivo detrás.

Existía una piedra que continuaba ahí que jamás se iría y probablemente, si jamás sucedía, sabía que la resguardaría para toda su vida.

Y esa piedra se llamaba Naruto Uzumaki.

.

.

Por supuesto que los profesores les regañaron y también les hicieron ir a clase. El único que no les había regañado y aprovechaba la ausencia era Kakashi, que se había quedado con Ino y Sai en el hospital como representante. La psicóloga nueva, Rin, fue su sustituta y debían de admitir que era incluso un poco más divertida que Kakashi.

Para ser Psicóloga, claro.

Aunque ella se había entretenido en la enfermería para acompañar a Naruto y Hinata, los demás fueron de rápidas curas que aun así habían puesto nerviosa a Shizune. Cuando sólo quedaban ellos dos, la mujer ya estaba suspirando resignada.

—Creo que vosotros dos siempre vais a estar pululando por mi enfermería —aseveró y aunque dedicó una mirada amable a Hinata, a Naruto le dio un coscorrón—. Chico, no sé qué has estado golpeando pero te has dejado los nudillos en carne viva. Va a escocerte.

Pero Naruto no abrió la boca para protestar, ni siquiera chisto. Su boca sí que se tensó.

Sakura le conocía lo suficiente como para saber que estaba dándole vueltas a todo. Haciéndose preguntas que sólo le presionarían más. Se fijó en que había observado a todos y cada uno de ellos a medida que salían de la enfermería. Frunciendo el ceño si alguno llevaba más vendajes que los esperaba.

Y que también se estaba carcomiendo por Sai.

Sasuke y ella habían tenido que detenerle de continuar golpeando a Pain. Realmente el tipo no era el culpable de todo el lío que se había armado, pero era el líder y apoyó el secuestro y el maltrato a Sai. Deidara era la mano gobernante realmente detrás, el que los había azuzado y cuando Naruto pareció recordar eso miró hacia Deidara, pero este veía las estrellas desde el suelo tras haber peleado con Sasuke.

Eso bastó para que Naruto no continuara y que también lo empujaran a volver en sí.

Quizás no sólo era la situación de Sai, Ino y ellos lo que lo había calentado.

Miró de reojo hacia la cama donde Hinata esperaba para ser atendida. Cuando sus miradas se encontraron le sonrió amablemente y Sakura le devolvió el gesto, prometiéndole ir después con ella.

El acto de valentía o de locura de Hinata también ayudó. Ninguno hubiera esperado que hiciera algo así. Los gritos desde luego no estaban ayudando a Naruto y eso fue… sorprendente a ojos de los demás. Ella sabía por qué lo había hecho.

Estaba enamorada de Naruto y cuando una mujer lo está, a veces hace locuras y se arrastra de muchas formas por el hombre que ama. Incluso si tienen que golpearla.

—Listo —anunció Shizune—. Ya puedes volver a clase.

—Bien.

Uzumaki se levantó y la miró apretándose las muñecas por la tensión de las vendas.

—¿Qué harás?

—Me quedaré con Hinata a hacerle compañía y luego iremos juntas a clase.

Él cabeceó y le dio la espalda, alejándose.

Sakura fue a sentarse junto a Hinata, quien la miró preocupada.

—Está enfadado conmigo por intervenir. ¿Verdad?

Sakura miró la puerta cerrarse y lo meditó por un instante.

—Creo que está avergonzado, más bien. Y enfrascado en lo que ha ocurrido. Tiene que darle un par de vueltas antes de volver a ser él mismo. Especialmente, que Sai despierte. Parece que no, pero él y Sai eran más amigos de lo que parecía. Aunque siempre anden chillándose y burlándose el uno del otro a cuenta de sus ya sabes qué.

Hinata enrojeció al captar la ironía.

—Vale, vamos a poner un poco de hielo ahí y ver si hay que hacer algo más —explicó Shizune apareciendo tras las cortinas con un trozo de gasa mojada por un cubito—. Y veamos cómo se ha abierto la herida. Esto también va a ser una costumbre para ti si sigue así, eh.

Hinata sostuvo el hielo contra el labio sintiéndose culpable.

—No has hecho nada malo, Hinata —reiteró—. Es más, creo que ambas tenemos que ponernos un poco al día con nuestras cosas, pero ya te digo que ciertas han cambiado.

No quería hablar demasiado delante de Shizune y Hinata pareció comprenderlo, porque asintió con la promesa de tener una charla después, quizás cuando las aguas se calmasen.

—Vale, esto está. Déjame ver el labio.

Hinata se retiró el hielo y Shizune asintió.

—No es tan grave como se ve a simple vista. Te pondré algo para protegerlo y listo. Se hinchará un poco, así que no te asustes. Luego volverás a ser tan guapa como siempre.

Le acarició la barbilla con un dedo y se alejó para volver para curarle el labio. Un poco después ambas abandonaban la enfermería y la visión frente a ellas era casi hilarante.

Neji y Sasuke estaban apoyados contra la pared frontal, cruzados de brazos y con las manos en los bolsillos respectivamente. Tenían tiritas en sus caras y sus miradas se clavaron en ellas cuando salieron.

Neji se adelantó.

—¿Te encuentras bien, Hinata-sama?

—Sí, gracias, Neji-nii-san —confirmó—. Puedo hacer clase normal, no pasa nada.

Sakura asintió cuando Neji la miró interrogativamente y finalmente aceptó, ofreciéndole su brazo como apoyo. Hinata pareció dudar, pero sonrió lo mejor que pudo y lo aceptó.

Iba a seguirles cuando sintió su mano en su hombro. No necesitaba girarse para reconocer su tacto. Lo conocía desde que eran niños y aunque eran escasos los momentos, su alma y cuerpo conservaban la sensación como si fuera ayer.

—Sakura.

Se permitió un momento para disfrutar su voz. El tono que siempre empleaba especialmente para ella, la delicadeza que parecía poner pese a que marcaba una distancia dolorosa.

Te juro que te violaré.

Las palabras le golpearon con la realidad. Miró a su alrededor. Neji y Hinata ya estaban algo lejos y no había nadie más en el pasillo.

Sakura retrocedió y se quitó la mano con cuidado. Sasuke parecía perplejo.

—Tengo que irme —anunció.

Él la retuvo del brazo por inercia.

—Espera. He de…

Sakura cerró los ojos apretándole la mano.

—¡No!

Abrió los ojos y los clavó en él. Sasuke estaba sorprendido y la soltó lentamente. Sakura aprovechó el momento para huir.

El llanto escapó de sus ojos.

.

.

Sasori dio de bruces con ella al no esperarla. La chica de cabellos rosas y carácter fuerte que viera en el hangar. Fue Hidan quien la trajera y se había estado jactando de que su trasero era lo suficientemente suave como para respaldar el hecho de que no tuviera tetas.

Se imaginó que por su presencia ahí es que la pelea había terminado. Sin Pain ni ninguno de los otros rondando por el edificio es que no había ido bien para ellos y sí para los de 2-b. Sasori no se esperaba algo así.

Sí sabía por parte de su prima que las cosas no eran como parecía en esa clase y que los chicos eran más fuertes de lo que creían. Sin embargo, verla llorar le hizo preguntarse si al menos alguno había terminado también en el hospital.

Pero cuando vio al pelinegro acercarse a ellos y fruncir el ceño, comprendió que no.

—¿Estás huyendo? —preguntó.

Ella asintió limpiándose las lágrimas. Seguramente no se había percatado de quién era.

La ayudó a levantarse y tiró de ella echando a correr. Uchiha no les siguió o quizás perdió el rastro cuando entraron en la sala de arte, solitaria a esas horas escolares.

Cerró la puerta para darles algo de intimidad y esperó a que dejara de sollozar. Nunca le había gustado que las chicas llorasen. Su primo siempre había bromeado con esas cosas.

Diablos, si lo pensaba, echaba de menos a ese condenado. Era el único que lograba entender bien su arte y aunque Deidara era bueno en lo suyo, modificar arcilla no les hacía un dueto perfecto. Más bien, a veces quería matarlo y en esos momentos, se preguntaba si Pain estaría lo suficiente cabreado como para recalcar lo mal que había hecho y todos por celos.

Joder, un chico podría morir en el hospital. Aunque él estaba algo anticuado en noticias.

—Ese chico. ¿Ha sobrevivido?

La chica se puso en pie al mirarle. Finalmente, las lágrimas le permitían enfocarle correctamente y por supuesto que le estaba reconociendo.

—Oh, Dios. Eres uno de ellos —puntualizó lo obvio.

—Sasori —se presentó con desinterés—. El primo de Temari.

—Y socio de Deidara y Pain —recalcó apretando los dientes. También cerró su puño en advertencia.

—No me he inmiscuido mucho. Sólo ayudé en una cosa y por interés personal.

Ella le miró inquisitiva. No era algo que quisiera esconder.

—Nara. Me molesta su existencia.

—¿Shikamaru? —exclamó sorprendida—. ¿Ese Shikamaru Nara? ¿El mismo que prefiere tirarse a la bartola a ver nubes que pelear?

—Pues hoy le he visto muy dispuesto a pelear. ¿Contra quién ha sido? —se interesó.

—No sé su nombre —respondió ella—. Alto, hablaba muy raro, como si siempre tuviera que estar rezándole a un Dios o algo así.

—Hidan —indicó encogiéndose de hombros—. Está loco hasta para nosotros.

Ella pareció relajarse un poco.

—¿Por qué te marchaste?

—Como he dicho, no estaba interesado en pelear por algo como los celos por una mujer que no me aporta absolutamente nada. Es una tontería. Pain quería pelear porque vuestro líder estaba ganando demasiada fama y ya le tocaba la moral el modo en que os comportáis. Como si todo fuera vuestro.

Ella se tensó. Estaba atacando a los suyos verbalmente, así que era natural. Interesante también, desde luego.

—¿Acaso tú pelearías una causa sin sentido y herirías a otros por simple placer de desquitarte?

—No —negó—. Si peleo tiene que existir una causa que lo provoque. Por ejemplo, que quieras tocar a mis mejores amigos, a mi familia. Y esos a los que tu amigo pensaba que estaban quitándole terreno, lo son. Un chico que es un poco torpe, pero bueno, estaba cerca de morir y mi mejor amiga está llorando a lágrima viva porque lo ha visto ser torturado por su causa, además de que…

La vio apretar los puños.

—Casi la violan delante de todos, como si fuera un condenado trapo simplemente por despecho.

—No lo aprobé —aseguró—. Y Konan intentó detenerle.

—Sólo con palabras. ¿Verdad? —cuestionó irritada—. Ninguno se levantó para protegerla, ninguno habría impedido que le quitara las bragas.

Sasori tuvo que darle la razón. No aprobaba las actitudes de Deidara, pero tampoco se movió de su lugar para impedirlo. Y Konan tampoco.

—Ese chico que te perseguía sí lo hizo —recordó.

Ella pareció perpleja.

—¿Qué? —balbuceó.

—Sí. Levantó la voz por encima de la nuestra y, aunque no recuerdo qué fue lo que dijo exactamente, molestó a Deidara hasta que se enfocó en él y después lo golpeó. En realidad, fue gracias a tu amigo que ella no fue... ultrajada.

La chica no parecía creer lo que estaba contándole. Le daba igual. Estaba contándole la verdad.

—¿Por qué huías de él? —se interesó casi sin darse cuenta de ello. —No, olvídalo —dijo levantando una mano—. Ni siquiera sé cómo te llamas.

—Sakura —respondió sorprendiéndole—. Y en cuanto a lo otro, es complicado.

Ladeó la cabeza algo más intrigado. Ella le sonrió.

—Si te pregunto por qué odias al Nara exactamente. ¿Qué dirías?

—Que es complicado —repitió.

Le daba un punto de razón. Existían cosas que no podían contar de simple a buenas y menos con una persona que acabas de conocer.

Sakura caminó hasta la puerta para asomarse, luego volvió para mirarle.

—Gracias por esto.

Sasori se inclinó con indiferencia.

—Cuando quieras.

Ella se marchó un momento después sin más palabras. Sasori volvió la mirada hacia las pinturas que le rodeaban. Kankuro y él pasaron muchas horas en esa sala aprendiendo temas de colores, telas y la flexibilidad humana.

Era tan triste pensar que ya no estaba.

Al menos todavía existían cosas de él. Sus hermanos era una de ellas.

Recordó a Gaara en el callejón. La ansiedad de desear drogarse para escapar del mundo y no hacer frente a la realidad. Lo comprendía. Él mismo había recurrido a ello al principio, cuando el dolor era asfixiante e irremediable. Aprendió que trabajar y mantenerse ocupado haciendo lo que siempre le gustó y seguir su legado era importante.

Quiso mostrárselo construyendo la obra que Kankuro dejó a medias. Pero Gaara no quería escuchar hablar de títeres, ni de colegios ni de cualquier cosa que le recordara a su hermano. Podía imaginarse que mirar a Temari también le estaba costando.

Sasori le había protegido todo cuanto pudo para evitar que cayera más hondo, así que no esperaba verlo en el callejón en ese momento. Se había concentrado tanto en el Nara que se olvidó de él prometiéndose echarle un buen rapapolvo después. Pero él jamás podría suplir a Kankuro para Gaara.

Y, desde luego, no quería ser un hermano para Temari.

Tampoco quería que ese Shikamaru Nara continuara avanzando.

Claro que él no era Deidara. Existían otros métodos.

.

.

Itachi le ayudó a recostarse en la cama mientras que Konan iba en busca del botiquín.

—Sería mejor que te hubieras ido en la ambulancia con Deidara y los demás —gruñó mientras soportaba el peso hasta que se sentó lo mejor que pudo—. Si te ha roto una costilla…

—Deja de actuar como si fueras mi padre, joder —protestó Pain repentinamente. Lo empujó con la mano, protestando y llevando la mano hasta sus costillas.

—Yo me encargaré, Itachi.

Nagato avanzó hacia ellos. Estaba en la facultad de medicina, aunque parecía increíble con lo enfermo que parecía él mismo que quisiera hacer algo así. Claro que para él Pain era simplemente un sujeto de pruebas, pero esperaba que al menos le aliviara el dolor.

—Os advertí —dijo retirándose.

Pain clavó los ojos en él.

—No me mires así, es verdad. Tú quisiste averiguar si era verdad o no. Lo has hecho. Te has puesto de rodillas.

Konan entró en la habitación justo en ese momento y le entregó a Nagato el botiquín. Nagato lo abrió con dedos experto y rebuscó lo necesario.

—No pensé que ese tipo enloquecería de esa forma —gruñó Pain cuando Konan le levantó la camiseta para quitársela.

Itachi suspiró.

—No es la primera vez que Naruto actúa así —recordó—. Eran unos críos cuando mi hermano y él se metieron en una pelea a dúo. Sasuke tuvo que venir a buscarme para poder pararle. Y ha seguido peleando todo este tiempo, haciéndose más fuerte. ¿Qué esperabas? ¿Que pegara como una niña?

Pain no respondió.

—Habéis actuado como idiotas. No, te has dejado llevar por Deidara y su estúpida venganza orgullosa —recriminó.

Pain no abrió la boca y fue agradable ver que al menos a alguien sí le hacía caso. Esos tres habían crecido juntos y a veces le recordaban a Sasuke, Naruto y Sakura. Konan siempre era la que les regañaba y ninguno de los dos osaría hacerle nada ni siquiera chistarle.

—Deidara siempre está buscando peleas por cualquier absurdidad —continuó Nagato a media voz—. Ama destruir pese a que sus manos son capaces de crear cosas hermosas.

—Nagato, no te engañes. Todo ha sido porque una chica se percató de sus intenciones y lo abandonó —puntualizó Konan.

—Sí y justamente fue a escoger a la chica equivocada —añadió Itachi echándose hacia delante—. Encima, por lo que tengo entendido quiso hasta sobrepasarse con ella y no levantaste un dedo por impedírselo.

Aquel recuerdo parecía avergonzar a Pain de algún modo. Desvió la mirada de Konan, quien asintió y apretó la venda que Nagato le extendió con demasiada fuerza, sacándole una queja.

—Ya sé que pasará cuando intenten hacérmelo a mí —dijo. Estaba furiosa y podía comprenderla.

—Eso no es… —farfulló Pain repentinamente. Cerró la boca al percatarse de que ellos continuaban ahí—. Te lo diré después —gruñó desviando la mirada.

Konan sonrió agachando la cabeza. Una sonrisa secreta de felicidad.

—¿Qué haréis ahora? —se interesó.

—Seguramente estar expulsados durante un tiempo —respondió Pain permitiendo que Konan volviera a ponerle otra camiseta y aguantando un quejido entre dientes—. Dudo que Tsunade lo deje estar como si nada. Eso si la policía no viene a buscarnos por lo del chico pintor ese.

—En realidad fue Deidara quien hizo todo —recalcó Nagato.

—Sí, pero nosotros también secuestramos a los chicos —recordó Konan mirándole—. Tu hermano estaba allí.

Itachi no pudo evitar sonreír con cierto orgullo.

—Es el que estaba modificándole la cara a Deidara.

Konan asintió y se sentó junto a Pain.

—Creo que es peligroso también —señaló.

—Si tocas lo que es suyo cualquier animal peligroso morderá. Secuestrásteis a su mejor amigo y a su mejor amiga, de la que creo que está enamorado. ¿Qué esperábais?

—¿Le gusta esa chica? —indagó Kisame que hasta ahora había permanecido escuchando—. Quién lo diría. Tu hermano tiene gustos… extraños.

Hizo un gesto en referencia a su busto que Itachi prefirió ignorar.

—¿Están juntos? —se interesó Konan.

Él se encogió de hombros.

—Creo que ambos se gustan —dijo—, pero ninguno lo sabe.

.

.

—Entonces. ¿No estáis saliendo?

Tenten suspiró por tercera vez. No sabía cuántas veces le habían hecho la misma pregunta una y otra vez. Que Lee fuera el causante esa vez la irritaba más. ¿De quién había sido al fin y al cabo la culpa de que pensaran que estaba saliendo con Neji Hyûga? ¡De él! Y ahora se hacía como el que no sabía nada. ¿Inocente? ¡Y un cuerno!

—NO —gritó para ver si le entraba en la mollera lo suficientemente claro.

Lee suspiró abatido.

—¿Y ahora qué te pasa? —preguntó incrédula—. Ni que fuera el fin del mundo que no estuviéramos saliendo. ¿O es que has hecho algún tipo de apuesta?

Porque esa clase de cosas solían suceder tan a menudo que hasta le daba miedo.

—No, no, tranquila —negó moviendo las manos negativamente—. Es sólo que me imaginé que nosotros podríamos tener una cita doble o algo así.

—¿Nosotros? —cuestionó.

Lee parecía emocionado con la idea.

—¿Eres consciente que generalmente las parejas son dos y no quieren un tercio?

El chico parpadeó hasta que captó la idea.

—¡No, no, no! Me refiero a tener una cita doble, con cuatro personas. Tú, Neji, yo y Sakura-chan.

El último nombre lo dijo con un deje ensoñador que le puso la piel como escarpias. Tenten se frotó a sí misma los brazos y giró sobre sus pies. Justamente, vio salir a la chica protagonista de su conversación de la sala de arte. Era extraño, porque si mal no recordaba Sakura odiaba esa asignatura como para unirse al club de arte para conseguir ese punto extra de nota.

Lee también se percató de ella y casi la arrastró para ir en su búsqueda.

—¡Sakura-chan! —canturreo con corazones apareciéndose por todos lados—. ¡Justo quería verte! —exclamó—. Le hablaba a Tenten de tener una cita doble entre nosotros. ¿Qué te parece?

Tenten estaba preparándose para las calabazas. Incluso buscaba un pañuelo para dárselo cuando se echara a llorar.

—Me parece bien.

Se quedó a cuadros. ¿Sakura Haruno acababa de aceptar una cita a Lee? ¿Era el fin del mundo?

Dio un respingo al escuchar un golpe provenir desde el aula. Sasuke Uchiha retrocedía del umbral hacia dentro, uniéndose al resto de chicos.

Tenten empezaba a preguntarse si aquello no sería lo peor del día.

Aunque ver la cara de Neji una hora después, cuando se lo dijeron en gimnasia fue lo mejor. No pudo aguantar la risa y ni sus manos retuvieron la carcajada que se le escapó. La lástima era no haber tomado una fotografía para ello.

Le dio unas palmaditas tras quedar en un lugar esa misma tarde y todavía estaba riéndose cuando Gai-sensei entró como un huracán para darles una charla.

.

.

Matsuri la vio ir de un lado a otro de la casa. No podía estarse quieta y no era para menos. Ella misma estaba mordiéndose las uñas y que Temari estuviera casi a punto de tener un ataque de pánico no ayudaba a calmarse.

Se había quedado a dormir después del ofrecimiento de Temari al comprender cómo se encontraba de salud y ambas despertaron con la llamada de que no fueran al día siguiente a clases. No comprendían por qué ni el motivo y aunque Temari había intentando llamar al resto ninguno contestó. Y a esas horas ya no importaba mucho llamarles.

Ya debían de haber salido de clases o estar en ello.

Pero lo que tenía alterada a Temari no era eso, sino la desaparición de Gaara.

Llamaron a Sasori en busca de información pero éste les negó haber visto a Gaara desde el día anterior en un callejón en muy malas condiciones. Temari le había explicado que Gaara siempre solía regresar aunque fuera un rato a tocar la guitarra, dormir o ducharse. No solía pasar las noches fuera del todo y generalmente, de hacerlo, aparecía antes de que ella se marchara a clases. Así que su ausencia era preocupante.

En un acto de locura e información Temari había entrado en el dormitorio de su hermano. Matsuri recordó la bolsa de droga que vio y la vez que al limpiar encontró la misteriosa goma. Si sumaba podía llegar a una conclusión y no había podido mantenerlo en secreto.

Temari desde entonces estaba histérica.

—No aguanto más —exclamó.

Antes de que Matsuri dijera nada abrió la puerta de la calle desesperada y la vio desaparecer escaleras abajo.

Se llevó las manos al rostro, desesperada también.

.

.

Shikamaru bostezó y al instante le dolió la mandíbula gracias al único puñetazo que había recibido. Se tocó la zona con los dedos y maldijo entre dientes aquel condenado día y esa mañana. No le importaba haber ayudado y tampoco podía negar que se sentía algo mejor después de desquitarse un poco, pero también se agotaba demasiado y eso no le gustaba.

Además, recordaba perfectamente la voz de quién le había secuestrado y cuando le vio alejarse hubo algo dentro de él que maldijo por no poder vengarse.

Sasori se la tenía jurada y estaba por apostar que todo comenzó cuando le dedicó aquella mirada al despedirse de Temari a los pocos días de entrar a clases.

No podía hacer nada. No siempre podías caerle bien a todo el mundo. Y aunque quisieras hacerlo con una persona no puedes forzar la máquina. A él no le importaba que Sasori le odiara, lo verdaderamente problemático eran las consecuencias.

Ni que él fuera a quitarle su chica. Aunque diablos, Temari no estaba saliendo con su primo. Era una mujer libre y podía entrarle si quería.

—¡Shikamaru!

Dio un respingo al escuchar la voz.

Hablando del rey…

Temari corría hacia él, pálida, con el cabello suelto de cualquier forma que se enredaba alrededor de su rostro. Si no fuera por su mirada de terror podría hasta haberle parecido hermosa. Temari no se detuvo hasta estar a su altura, apoyándose de sus brazos para tomar aire.

Shikamaru no comprendía bien qué pasaba, hasta que el nombre escapó de sus labios. Lo recordó.

En el callejón y con mal aspecto.

—Gaara. No encuentro a Gaara.

El deje de su voz rompiéndose. El llanto escapando de sus ojos. La fortaleza hecha pedazos de una mujer que era fuerte por regla general, que no tenía miedo de mandar a alguien a volar de ser necesario.

Le rompió el corazón.

.

.

Temari aceptó la taza de té con manos temblorosas. Escuchaba la voz de Shikamaru detrás de ella mientras hablaba por teléfono y aunque quería estar atenta a qué sucedía sentía la cabeza a punto de estallarle.

Dios, quería a su hermano aparecer por la puerta y que les mirase preguntándose qué estaba pasando para tener tanta gente extraña en su salón. Que soltara alguna de sus groserías y hasta la empujara de nuevo si osaba tocarle.

Cualquier cosa era mejor que imaginarse dónde podría estar.

Sabía que estaba muy oscuro pero no tanto. La oscuridad a la que se había ido era peor de lo que ella imaginaba. Y aunque últimamente parecía cambiar a ratos y otros saltar como un gato, no imaginó que fuera a causa de ello.

Matsuri se sentó a su lado con otra taza e intentó sonreírle sin conseguirlo. Ambas se tomaron de las manos.

—Vale, he llamado a los chicos —dijo Shikamaru apagando el móvil y guardándolo en el bolsillo a la par que ambas le miraban—. Naruto y los demás van a empezar a buscar. También…

Temari enarcó una ceja y esperó a que tomara aire antes de continuar.

—He avisado a mi padre por si ha terminado en algún calabozo o…

Shikamaru apartó la mirada sin terminar la frase pero Temari sabía a qué se refería y el llanto estuvo a punto de jugarle una mala pasada. Dejó la taza sobre la mesa y se puso en pie.

—También iré a buscarle —informó al ver que ambos la miraban estupefactos.

—No —negó Shikamaru sujetándola de los hombros—. Necesitamos a alguien conocido en casa por si regresa. Temari.

Ella le miró casi sin verle.

En otro momento no lo habría hecho. Jamás. Estaba segura.

Ella no podía estar abrazando a ese condenado cola de piña completamente rota.

.

.

Neji estaba preparándose mentalmente ante la idea de tener que compartir una cita con tres personas a las que no tenía ninguna ganas de ver. A Lee lo veía demasiado. No se llevaba bien con Haruno, más bien ni había entablado una conversación coherente y Tenten… bueno, ella era un caso aparte.

Cuando se lo habían contado quería estrangularlos a los dos. Como si no hubiesen tenido un día y noche ajetreados y ellos querían ir a tomar algo, cenar o a esas cosas absurdas que se suponían que hacían las parejas.

Pero condenada mierda, ellos ni siquiera estaban saliendo.

—Siento la espera.

Levantó la mirada hacia las escaleras de los dormitorios femeninos y se quedó a cuadros. Tenten. Sí, era ella. Sólo que algo diferente. No. Algo se quedaba corto. Muy diferente.

Se había soltado el cabello, cosa que le quedaba de maravilla, y llevaba un vestido de estilo chino que reafirmaba zonas a las que ni siquiera debería de estar mirando.

Si el móvil no hubiese vibrado en su pantalón estaba seguro que empezaría a poner una cara muy estúpida.

Cuando descolgó descubrió que no eran buenas noticias y que la locura de esos días no había terminado.

—¿Qué ocurre? — preguntó ella al estar ya a su lado.

Neji se lo contó mientras guardaba su móvil. Que Shikamaru y Temari pidieran ayuda era muy extraño y especial. Y aunque su cercanía con Gaara era casi nula, algo le recordaba.

—Vuelve dentro y avisa a Lee por mí. Sakura seguramente esté todavía en casa de Uzumaki.

Antes de alejarse ella le detuvo.

—Espera —ordenó sacando dos gomas del pelo y recogiéndose el cabello como costumbre—. Iré contigo. Te aseguro que nadie se conoce estas calles mejor que yo.

Neji no podía decir un halago pero lo pensó. No debería de ser lo correcto, por supuesto. Ninguna persona tenía que vivir de ese modo y aunque era algo que no debiera de recordar, estaba seguro de que Tenten más de una vez se habría alimentado de las sobras de los contenedores en los restaurantes.

—Está bien —aceptó—. Tú mandas.

Ella sonrió y echó a correr.

.

.

Karin vio el mensaje brillar en la pantalla de su móvil pero lo ignoró. No tenía ganas de entablar ningún tipo de conversación con él. No es que estuviera furiosa porque le mintiera o algo así. Bueno, quizás un poco. ¿Por qué no le había dicho nunca que era profesor? Ahora no podía tener el mismo trato con él.

Iba a ser su profesor de natación. Porque encima, antes de saberlo se había apuntado al club ya que era algo que echaba de menos hacer de su anterior colegio.

Por supuesto, él continuaba queriendo hablar con ella y aunque sus mensajes prometían una buena explicación no era tan tonta como para no saber qué ocurriría en caso de que un escándalo como un alumna-profesor ocurriera.

Su móvil sonó nuevamente cuando giraba el picaporte de su casa y anunciaba su llegada. Esa vez era un mensaje general de Shikamaru rogando por ayuda. Se detuvo un momento para leer cuando una mano tiró de ella hacia dentro de su casa. Vio los ojos antes que nada y primero pensó que estaba viendo mal, hasta que sonrió.

No era la misma sonrisa. No era la misma sensación.

Era aterrador.

.

.

Lo dejó en el suelo de cualquier forma, sonriendo mientras le daba con su flauta en las mejilla para más o menos, despertarlo. Se inclinó para acercar su boca a su oreja, besando su mejilla de paso.

—Ey, al menos lo disfruté contigo.

Él le dio un manotazo como respuesta antes de rodar hacia el costado y ella lo dejó ahí, tirado. En medio de su inmundicia.

.

.

Naruto maldijo entre dientes cuando la vio salir. Estaba enfadado por muchas cosas ese día y más consigo mismo. No podía perdonarse el haber sido tan débil y ser capturados. El hecho de no haber podido hacer nada por Sai o cuando se enteró por la boca de Sasuke que estuvieron a punto de violar a Ino. Luego, que Hinata interviniera para ayudarle fue vergonzoso. No por su orgullo, sino por el hecho de que pensara que era débil, incapaz de proteger a nadie. Y aunque escuchó sus palabras y fue lo que en parte le dio alas para continuar peleando, se había visto incapaz de mirarla a la cara.

Y ahora, Sakura le decía que se iba a una cena con Neji, Tenten y Lee. Puede que fuera rechazado pero sabía que algo no iba bien. Especialmente, porque aunque se había visto cobijado por sus dos mejores amigos no sentía la misma comodidad de antes y no era porque supiera que a Sakura le gustaba Sasuke, es que más bien parecía que existiera una tormenta entre ellos.

Y precisamente eran estos sentimientos de Sakura, los que la habían llevado a rechazarla, los que lo confunden. ¿Acaso no estaba enamorada de Sasuke? ¿Por qué iba entonces a una cena con Lee como pareja?

Encima, Sasuke había estado furioso desde última hora y no soltaba más que gruñidos y monosílabos.

—¡Naruto!

Sakura había vuelto y le sorprendió tras la puerta, con tan mala pata que se dio de lleno con la cabeza contra esta. La chica primero le miró confusa, como si estuviera preguntándose qué diablos hacía detrás de esta como un espía.

—¿Ibas a seguirme? —cuestionó irritada—. No importa. ¿No te ha llegado un mensaje?

Se tanteó los bolsillos en busca de su móvil. Su madre trabajaba esa noche, así que no era tan fácil como gritar por ella y pedirle que hiciera su magia, esa que las madres poseían para encontrar las cosas cada vez que amenazaban con darte con estas como las encontrasen.

Se asomó por encima del sofá y estaba por subir por las escaleras cuando Sakura lo sujetó de la camiseta para retenerle.

—Olvídalo. Llévate el mío.

—¿Llevármelo?

Ella sonrió cansada y caminó hasta girar el sofá y sentarse.

—Sé que saldrás corriendo en su búsqueda. No lo rompas y no lo pierdas. No te preocupes, me quedaré aquí. Creo que la cena ha sido cancelada.

Naruto no lo comprendía así que miró la pantalla para buscar respuestas a las dudas. Había un mensaje de Shikamaru en el que pedía ayuda.

Había que encontrar a Gaara.

Tal y como Sakura suponía echó a correr.

Su historia con Gaara era complicada en cierta parte. No lo veía desde que fue expulsado tiempo atrás y aunque esperaba encontrarlo de nuevo en el curso no apareció y hasta él empezaba a darse cuenta que las mentiras de Temari eran cada vez más obvias.

Que Shikamaru pidiera ayuda significaba que Temari también estaba de por medio. Se preguntó si esos dos estarían saliendo o algo. Esas cosas a veces se le escapaban aunque estuvieran delante de sus narices. Se lo preguntaría la siguiente vez que los viera.

Sacó el móvil y marcó a Shikamaru. Podía correr por toda la ciudad y no tener una condenada idea de por dónde se movía Gaara.

Se hizo a un lado entre los callejones para amortiguar el ruido y caminó más a fondo. Shikamaru respondió al poco tiempo.

—¿Sakura?

—No —negó—. Tengo su móvil conmigo.

—Naruto —nombró—. ¿Le has encontrado?

—No —respondió entre jadeos—. ¿Tienes algún tipo de pista que pueda guiarme? Estamos dando palos de ciego.

Hubo un momento de silencio que fue roto cuando Temari habló. No pudo escucharla bien, así que sopesó que había dado su consentimiento.

—Naruto, Gaara no está bien —comenzó Shikamaru—. Verás, él…

El sonido de una melodía llamó su atención más que la voz de Shikamaru. Vio a alguien desaparecer al final del callejón. No supo bien por qué, pero avanzó más hasta que estuvo a punto de tropezar con algo.

Se percató de que era un cuerpo.

Apretó el móvil entre sus dedos y se agachó. Al tocar a la persona le dio un manotazo como respuesta.

Naruto apretó los labios antes de recordar que Shikamaru continuaba en el teléfono.

—Lo he encontrado. Tengo a Gaara.

.

.

—Me estás diciendo que alguien va a modificar los papeles y mi sistema personal y he de permitírselo. ¿En serio?

La figura asintió sin salir de las sombras. Tsunade suspiró mientras se echaba el rubio flequillo hacia atrás.

—¿Por qué?

—Es parte del plan. Sé que podrías detenerle y desenmascararle antes de tiempo. No puedes hacerlo. Hay muchas cosas en juego y mucho dolor… para él y para ella.

—Es injusto cuando podrías detenerlo antes que pase.

—No puedo —negó él—. Porque hay más de una serpiente tras esto. Lo sabes.

Suspiró.

—Ya he hecho la vista gorda demasiado. Hoy mis alumnos han tenido una batalla campal que ha terminado con varios en el hospital. Uno de ellos casi muere ayer precisamente por culpa de lo que provocó esta pelea. Y ahora me pides que vuelva a hacer la vista gorda con algo que afecta a mis sistemas privados.

—Sé que te pido mucho…

—Si no fuera por quién eres… Lo haré —aceptó sin embargo.

Él inclinó levemente la cabeza antes de desaparecer. Tsunade no supo si aquello iba a ser bueno o no. Miró la carpeta con las peticiones extraescolares que Shikamaru Nara había entregado en secretaría antes de marcharse.

Los chicos se habían ido uniendo a diferentes clubs. Nara mismo se había inscrito en el de ajedrez junto a Asuma. Sai en el club de arte. A Ino Yamanaka y Shino Aburame se les concedió el trabajo de sus padres como club. Lee estaba en el club de Lucha. Karin Uzumaki se metió en Natación incluso antes de tener profesor. Kiba Inuzuka se apuntó a fútbol y Sakura Haruno a Voleibol.

Naruto Uzumaki y Sasuke Uchiha eran de los pocos que no habían entregado nada.

Su móvil sonó con el tono pintoresco que Jiraiya había vuelto a ponerle. Odiaba los aparatos.

—¿Qué? —ladró.

—Tengo los resultados de la analítica de sangre de Tayuya, directora. —Shizune hablaba desde el otro lado—. Como nos temíamos, hay drogas de por medio. No en gran cantidad, pero sí. Ah y Jiraiya acaba de llamar. Nara Shikaku le informó de que uno de nuestros estudiantes, Gaara había desaparecido desde ayer. Lo han encontrado.

—Bien, que lo lleven a nuestro hospital de ser necesario. Correremos con los gastos. Imagino que su padre no querrá saber nada.

—Seguramente… Avisaré a Nara.

—Perfecto.

Colgó y buscó una botella cercana.

Esos días estaban siendo de locos.

Continuará…


(1): Hace referencia al: 1 hora antes...


n/a:

¿Y ahora qué? La clase ha conseguido su venganza sí, pero aún así queda cierto resquemor con cómo saldrá Sai. Está fuera de peligro, pero las secuelas están ahí. Naruto se culpa de ello, con demasiada culpa sobre sus hombros y encima, ha despertado un lado oscuro suyo que Itachi recordaba de cuando eran niños. Esto ha causado que no sepa cómo hablar con Hinata. ¿Se arreglarán?

Por otro lado, Sakura no quiere estar cerca de Sasuke a causa de sus palabras y ha hecho la huición y justamente con quien menos esperaba y descubierto que es un chico con el que se puede hablar. Pero no todo lo que es oro reluce. Y encima, Sasuke se mosqueó cuando vio que aceptaba la cita de Lee. ¿Cómo arreglarán esto estos dos? Porque Sasuke dijo algo muy doloroso, claro.

Tenten y Neji siguen en su toma y daca, aunque el chico casi tiene un desmayo al verla de otra forma muy distinta (¡Kyah!).

Temari ha sido rota. Se nota que ama mucho a su único hermano y no puede evitar entrar en pánico. Que Shikamaru la ayudara es un plus que jamás olvidará. Además, los problemas no han terminado para ella…

Y… ¿quién será el tipo que está tras la puerta de Karin y el otro que habla con Tsunade? ¿Qué pasará con Tayuya ahora?

¡Nos leemos en el siguiente!